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CUBA

La Revolución Cubana comenzó en 1953 con el asalto al cuartel Moncada dirigido por Fidel Castro. Tras varios años de lucha armada, Castro derrocó al dictador Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959, estableciendo el gobierno revolucionario. La revolución adoptó eventualmente el comunismo y se consolidó bajo el liderazgo de Castro.
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La Revolución Cubana comenzó en 1953 con el asalto al cuartel Moncada dirigido por Fidel Castro. Tras varios años de lucha armada, Castro derrocó al dictador Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959, estableciendo el gobierno revolucionario. La revolución adoptó eventualmente el comunismo y se consolidó bajo el liderazgo de Castro.
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Autores: Binocur, Petras y Mires

La Revolución cubana 1953- 1959


La Revolución Cubana comenzó en 1953 con el asalto al cuartel Moncada, liderado por Fidel Castro y otros
revolucionarios. Sin embargo, el triunfo defini vo de la Revolución se produjo el 1 de enero de 1959, cuando Fidel
Castro y sus fuerzas derrocaron al régimen del dictador Fulgencio Ba sta, estableciendo así el gobierno
revolucionario en Cuba.

Introducción

La Revolución Cubana es un evento de gran relevancia en la historia la noamericana. Si bien es


cierto que la mención de una "Revolución Cubana" puede parecer redundante, es importante
destacar que al referirnos a ella como una revolución la noamericana, reconocemos la
necesidad de analizarla considerando los procesos comunes a otros países de la región. Sin
embargo, también es crucial entender que, al ser una revolución específica de Cuba, debemos
tener en cuenta las par cularidades de su historia, la cual es única y dis nta de la historia de
otros países la noamericanos como Argen na, Brasil, Venezuela, Perú o Bolivia. Para
comprender mejor esta revolución, es fundamental explorar la situación de Cuba a mediados
del siglo XX y cómo se gestaron las condiciones que llevaron al triunfo de esta revolución, que
si bien no comenzó siendo comunista, eventualmente adoptó esa ideología.

Ascenso y dictadura de Fulgencio Ba sta

La Revolución Cubana ene sus raíces en el contexto polí co y social de Cuba durante la
primera mitad del siglo XX. La crisis económica de 1929 golpeó fuertemente a Cuba, cuya
economía estaba fuertemente ligada a la industria azucarera y dependía en gran medida de las
exportaciones de azúcar, que se vieron afectadas por la crisis. Esta situación condujo a un
aumento del desempleo y la agitación social, lo que eventualmente llevó al derrocamiento de
la dictadura de Gerardo Machado en 1933.

Tras la caída de Machado, se formó un gobierno provisional liderado por Ramón Grau San
Mar n, que implementó algunas medidas reformistas, como la jornada laboral de 8 horas y el
salario mínimo para los trabajadores de la caña de azúcar. Sin embargo, el poder real pronto
cayó en manos de Fulgencio Ba sta, un sargento taquígrafo del ejército que emergió como una
figura influyente.

Ba sta consolidó su poder y eventualmente se convir ó en presidente de Cuba en 1940. Su


régimen se caracterizó por su orientación pro-estadounidense y su compromiso con mantener
el statu quo económico que beneficiaba a los intereses estadounidenses en la isla,
especialmente en la industria azucarera y el turismo.

A pesar de su origen en la revolución de 1933, Ba sta pronto se volvió contra las aspiraciones
populares y se alineó con los intereses oligárquicos y estadounidenses. Su régimen fue
marcado por la corrupción, la represión polí ca y la falta de democracia.

Lucha armada: Asalto al cuartel Moncada y desembarco del Granma. Creación del Movimiento
26 de Julio

Ante la creciente dictadura de Ba sta, varios grupos de oposición comenzaron a surgir en


Cuba. Uno de los eventos más significa vos fue el asalto al cuartel Moncada en San ago de
Cuba el 26 de julio de 1953, liderado por un joven abogado llamado Fidel Castro. Aunque el
asalto fue un fracaso y Castro fue encarcelado, su discurso en el juicio, tulado "La Historia me
Absolverá", se convir ó en un manifiesto para la oposición al régimen de Ba sta.
Después de su liberación, Castro se exilió en México, donde conoció a Ernesto "Che" Guevara,
un médico argen no que se unió a su causa. En marzo de 1956, anunciaron la creación del
Movimiento 26 de Julio, una organización revolucionaria comprome da con derrocar a Ba sta
y establecer un gobierno democrá co en Cuba.

El 2 de diciembre de 1956, Castro, Guevara y un grupo de revolucionarios desembarcaron del


yate Granma en las costas de Cuba, con la intención de iniciar una guerra de guerrillas contra el
régimen de Ba sta. Aunque el desembarco inicial fue un fracaso y muchos de los
revolucionarios fueron capturados o muertos, Castro y un pequeño grupo lograron escapar y
refugiarse en las montañas de la Sierra Maestra, desde donde lanzaron una campaña de
guerrillas contra el gobierno.

La toma del poder: La Reforma agraria y la reforma urbana. La revolución comunista.

Después de casi dos años de lucha en las montañas, el Movimiento 26 de Julio logró ganar
apoyo popular y derrotar al ejército de Ba sta. El 1 de enero de 1959, Ba sta huyó del país y
Castro y sus seguidores entraron triunfalmente en La Habana, poniendo fin a la dictadura.

Una de las primeras medidas tomadas por el nuevo gobierno revolucionario fue la
implementación de una reforma agraria, que redistribuyó las erras en manos de grandes
terratenientes entre los campesinos. Esta medida fue muy popular entre la población rural y
contribuyó a consolidar el apoyo popular al gobierno de Castro.

Además de la reforma agraria, el gobierno revolucionario también implementó una serie de


reformas urbanas, incluyendo la construcción de viviendas y la mejora de los servicios públicos
como la salud y la educación. Estas medidas fueron financiadas en parte por la nacionalización
de empresas estadounidenses y otras propiedades extranjeras en Cuba, lo que provocó
tensiones con los Estados Unidos y eventualmente llevó al embargo económico de Cuba por
parte de los Estados Unidos.

A medida que la revolución avanzaba, Castro declaró abiertamente su adhesión al comunismo


y su intención de establecer un estado socialista en Cuba. Esto llevó a una creciente hos lidad
por parte de los Estados Unidos y eventualmente a la ruptura de relaciones diplomá cas entre
ambos países.

Desarrollo y consolidación: La influencia del comunismo en la Revolución. Conflicto interno y


reconfiguración polí ca. La consolidación del gobierno de Castro y su liderazgo.

La influencia del comunismo en la Revolución Cubana fue significa va desde sus primeras
etapas. Si bien inicialmente la revolución no se iden ficaba abiertamente como comunista, la
cercanía ideológica de Castro con el comunismo se hizo evidente a medida que el gobierno
revolucionario implementaba polí cas socialistas y se alineaba con la Unión Sovié ca.

La consolidación del gobierno de Castro y su liderazgo se vio fortalecida por varios factores. En
primer lugar, la popularidad del régimen entre la población cubana, especialmente entre los
sectores más marginados y empobrecidos, proporcionó una base sólida de apoyo para el
gobierno revolucionario. Además, la represión de la oposición polí ca y el control del aparato
estatal por parte del Par do Comunista de Cuba ayudaron a consolidar el poder de Castro.

A nivel internacional, la alianza con la Unión Sovié ca y otros países comunistas proporcionó a
Cuba apoyo económico y militar, así como una red de solidaridad internacional que le permi ó
resis r el embargo y otras formas de presión por parte de los Estados Unidos y sus aliados.
A pesar de los desa os y las crí cas, el gobierno de Castro logró mantenerse en el poder
durante décadas, resis endo numerosos intentos de desestabilización y subversión por parte
de los Estados Unidos y sus aliados. Su liderazgo carismá co y su compromiso con los ideales
revolucionarios lo convir eron en una figura icónica no solo en Cuba, sino en toda América
La na y el mundo.

El primer acto del texto de Mires se sitúa en el contexto de la lucha por la independencia de
Cuba, un período tumultuoso y complejo que culminó con la Guerra Hispanoamericana de
1898. Este conflicto bélico marcó el fin del dominio español sobre la isla, sin embargo, también
abrió las puertas a una nueva forma de influencia extranjera: la de Estados Unidos. La
independencia de Cuba, aunque lograda en términos polí cos, quedó condicionada por la
presencia y los intereses estadounidenses en la región.

La firma del Tratado de París en 1898 puso fin formalmente a la guerra, otorgando a Estados
Unidos el control sobre territorios previamente bajo dominio español, entre ellos Cuba. Sin
embargo, la relación entre Cuba y Estados Unidos quedó definida de manera más específica
por la Enmienda Pla , añadida a la Cons tución cubana de 1901 y finalmente ra ficada en
1902. Esta enmienda concedía a Estados Unidos el derecho a intervenir militarmente en Cuba
para preservar la estabilidad y la independencia del país, estableciendo así un vínculo de
dependencia polí ca que socavaba la soberanía cubana recién conquistada.

Paralelamente, durante este primer acto, se observa el ascenso de la burguesía azucarera


cubana, cuyos intereses económicos estaban estrechamente vinculados con los de Estados
Unidos. Esta clase social emergente mantenía una estrecha relación con el poder económico y
polí co estadounidense, consolidando así la influencia de este úl mo en la isla. La economía
cubana se encontraba cada vez más ligada al mercado estadounidense, especialmente en lo
que respecta al cul vo y exportación de azúcar, lo que consolidaba aún más la dependencia de
Cuba respecto a su vecino del norte.

En este primer acto, por lo tanto, se establece un escenario de incer dumbre y vulnerabilidad
para Cuba, donde si bien se logra la independencia polí ca de España, se abre paso a una
nueva forma de dominio extranjero representado por Estados Unidos. La presencia de la
Enmienda Pla y la creciente influencia de la burguesía azucarera delinean las tensiones y
desa os que marcarán el devenir histórico de la isla, sentando las bases para los eventos
posteriores que desembocarán en la Revolución Cubana.

Segundo acto: La Revolución Cubana es un fenómeno complejo arraigado en la historia y la


sociedad cubanas del siglo XX. Para comprender su contexto, es crucial examinar los eventos
que precedieron directamente a su estallido, incluida la dictadura de Gerardo Machado.
Gerardo Machado fue un presidente autoritario que gobernó Cuba desde 1925 hasta 1933.
Durante su mandato, implementó polí cas represivas y autoritarias que generaron
descontento y protestas en la población cubana.

La crisis económica mundial de 1929 exacerbó las tensiones existentes en Cuba, especialmente
en su economía dependiente del azúcar y dominada por intereses estadounidenses. La caída
de los precios del azúcar afectó gravemente a la economía cubana, causando desempleo y
agitación social.

El descontento popular contra la dictadura de Machado culminó en una revuelta que


finalmente lo derrocó en 1933. Esta revolución, conocida como la "revolución de 1933", marcó
un punto de inflexión en la historia cubana y sentó las bases para desarrollos polí cos
posteriores, incluido el ascenso de figuras como Fulgencio Ba sta.

Por lo tanto, es esencial considerar el periodo de la dictadura de Machado como parte del
trasfondo histórico que condujo eventualmente a la Revolución Cubana de 1959.

Tercer acto: Desde 1930, Cuba estuvo estrechamente ligada a la figura del militar Fulgencio
Ba sta, cuya carrera ascendente lo llevó a la presidencia cubana en 1940.

Tras concluir su mandato, Ba sta mantuvo el control en la isla y el 10 de marzo de 1952, llevó a
cabo un golpe militar, suspendiendo las garan as cons tucionales, derogando la Cons tución y
cerrando el Congreso. Además, reprimió con dureza cualquier manifestación opositora y
fortaleció los lazos con Estados Unidos.

Estas acciones an democrá cas y la creciente intervención estadounidense en Cuba


despertaron la indignación de un grupo de estudiantes universitarios, ac vos en la Federación
Estudian l Universitaria (FEU), y simpa zantes del Par do Ortodoxo. Decidieron formar una
vanguardia para iniciar la lucha armada contra Ba sta, liderada por Fidel Castro Ruz, un joven
graduado en Derecho.

Durante su estadía en México, se unieron al Movimiento 26 de Julio (M26), donde recibieron


entrenamiento en tác cas de guerra de guerrillas y reclutaron a otros jóvenes
la noamericanos como el argen no Ernesto "Che" Guevara.

El 26 de julio de 1953, con Fidel Castro a la cabeza, un grupo de 170 hombres, entre
estudiantes universitarios y trabajadores urbanos, asaltó el cuartel de Moncada en San ago de
Cuba, con el obje vo de apropiarse de las armas y convocar al pueblo a derrocar a Ba sta.
Aunque el intento fracasó y algunos insurrectos fueron fusilados, este evento marcó un hito y
el discurso de defensa de Fidel, conocido como "La historia me absolverá", lo consolidó como
líder de la oposición a Ba sta.

Tras su liberación gracias a una amnis a, Fidel y sus compañeros se exiliaron en México, donde
fundaron el M26. Después de entrenarse y reclutar más miembros, planearon su regreso a
Cuba para el 30 de noviembre de 1956. Sin embargo, un levantamiento civil en San ago de
Cuba y el retraso del yate Granma, junto con el apoyo logís co de EE. UU., frustraron sus
planes.

Un grupo de revolucionarios, liderado por figuras como Castro, Guevara y Camilo Cienfuegos,
logró escapar y establecerse en la Sierra Maestra, al oeste de Cuba, desde donde lanzaron una
guerra de guerrillas para avanzar en su lucha revolucionaria.

Durante este período, el Ejército Rebelde, como se conoció a las fuerzas insurrectas, libró
numerosos enfrentamientos contra las fuerzas gubernamentales desde principios de 1957
hasta finales de 1958. Al mismo empo, establecieron vínculos con las comunidades
campesinas locales y contaron con el respaldo de estudiantes universitarios y trabajadores
afiliados al M26 en las ciudades, quienes llevaron a cabo actos de sabotaje y resistencia civil.

En 1958, el Ejército Rebelde inició una campaña contra la propiedad y la producción agrícola
para socavar el apoyo económico al régimen dictatorial. Bajo el lema "O Ba sta sin la zafra o la
zafra sin Ba sta", llevaron a cabo la destrucción de campos de cul vo.

A medida que la situación se intensificaba, Estados Unidos, que anteriormente había


proporcionado armas a Ba sta, decidió cesar su apoyo al régimen debido a su incapacidad para
controlar la situación, lo que ponía en peligro la estabilidad social en la isla.
Hacia finales de 1958, los guerrilleros lograron cercar a las fuerzas gubernamentales en la
ciudad de Santa Clara, un acontecimiento que inclinó la balanza a favor de los insurgentes. El
30 de diciembre de 1958, las fuerzas de Ba sta se rindieron ante la 4.ª Columna del Ejército
Rebelde, liderada por Ernesto "Che" Guevara. Ese mismo día, el Movimiento 26 de Julio y el
Par do Socialista Popular declararon una huelga general. Ba sta huyó de la isla y el 8 de enero
de 1959, Fidel Castro y los revolucionarios entraron triunfantes en La Habana, recibidos con
entusiasmo por la población.

La consigna más repe da durante los primeros meses de la revolución era: "¡Sacude la mata,
Fidel, para que caigan los frutos podridos de la administración!". El pueblo exigía al líder una
depuración profunda de todos aquellos que, de una forma u otra, habían par cipado en un
pasado vergonzoso que la revolución quería dejar atrás. Por lo tanto, una de las primeras
medidas tomadas por los líderes revolucionarios fue una ley de confiscación de bienes
obtenidos de manera ilícita y el enjuiciamiento de aquellos acusados de torturas y asesinatos
durante la dictadura de Ba sta. Centenares de acusados en estos "juicios revolucionarios"
fueron hallados culpables y ejecutados.

Fidel Castro designó a Manuel Urru a Lleó, representante de las clases medias urbanas, como
presidente, a José Miró Cardona como primer ministro, y se reservó el cargo de comandante en
jefe de las Fuerzas Armadas. Acompañaron a estos líderes un gabinete de ministros con
diversas orientaciones ideológicas. En febrero de 1959, Miró Cardona dejó su cargo y Castro
asumió en su lugar.

A medida que las medidas revolucionarias avanzaban y alteraban profundamente la realidad


socioeconómica cubana, los sectores moderados comenzaron a re rar su apoyo. En julio de
1959, cuando Urru a anunció su intención de convocar elecciones, Castro lo des tuyó y
designó en su lugar a Osvaldo Dor cós Torrado, un dirigente comunista que ejerció la
presidencia hasta 1976.

Hubo varios casos de personas que inicialmente apoyaron la revolución pero luego se
distanciaron. Por ejemplo, en octubre de 1959, Huber Matos, uno de los destacados líderes
revolucionarios, fue encarcelado después de renunciar como comandante del Ejército debido
al giro cada vez más izquierdista del proceso revolucionario. Un año después, Miró Cardona
abandonó el país y asumió el liderazgo del exilio cubano en Estados Unidos.

La revolución había definido su rumbo y estaba consolidando su iden dad socialista. El 28 de


sep embre de 1960 se formaron los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), integrados
por hombres y mujeres de la sociedad civil, cuya tarea era vigilar los barrios para detectar y
denunciar acciones contrarrevolucionarias. Además de su labor de vigilancia, los CDR realizaron
ac vidades comunitarias como campañas de vacunación, trabajo voluntario y solidaridad
internacional.

Los cambios polí cos en la isla culminaron en 1961 con la fundación de un nuevo par do
comunista, que eventualmente se convir ó en el único par do gobernante. Surgió de la fusión
del Movimiento 26 de Julio, el viejo Par do Comunista, el Par do Socialista Popular y el
Directorio Revolucionario, una organización fundada en 1956 que se unió a la guerra de
guerrillas.

Desde el inicio mismo del gobierno revolucionario, se implementaron medidas radicales que
generaron desconfianza, en primer lugar, y luego malestar en los Estados Unidos. Este malestar
se intensificó a medida que las autoridades cubanas fortalecían sus lazos económicos y
polí cos con la URSS, profundizando el proceso de nacionalización de la economía de la isla.

La tensión entre Cuba y los Estados Unidos aumentó durante el año 1960, marcado por
acciones como la firma del primer acuerdo económico con la URSS, la confiscación de las
refinerías norteamericanas Standard Oil y Texaco debido a su rechazo a procesar crudo
sovié co, así como la expropiación y confiscación de propiedades, industrias y en dades
bancarias estadounidenses.

La respuesta de los Estados Unidos no se hizo esperar: suspendieron la importación de azúcar


cubana y prohibieron la mayoría de las exportaciones hacia la isla. Finalmente, en enero de
1961, rompieron relaciones diplomá cas con Cuba. A par r de entonces, el gobierno
estadounidense buscó desestabilizar al gobierno cubano u lizando diversas estrategias. Para
ello, contaron con la colaboración de un importante número de exiliados cubanos,
mayoritariamente provenientes de las clases altas y medias urbanas, asentados principalmente
en la ciudad costera de Miami. Apoyados por el gobierno estadounidense, estos exiliados
lograron un nivel significa vo de organización y unidad, mostrándose dispuestos a par cipar en
cualquier inicia va que promoviera el derrocamiento de Castro y sus aliados. El presidente
Eisenhower aprovechó esta disposición y los incorporó a su plan: la invasión de la isla.

De Bahía de Cochinos a la crisis de 1962

En enero de 1961, asumió la presidencia de los Estados Unidos el demócrata John F. Kennedy.
Si bien el flamante presidente no frenó la inicia va de la invasión, estableció como condición
que no par ciparan de ella soldados norteamericanos. El plan de los exiliados (muchos de los
cuales habían recibido entrenamiento militar en Guatemala y Nicaragua) era desembarcar con
un Consejo Revolucionario liderado por Miró Cardona que, luego de hacerse fuerte en la isla,
solicitaría ayuda a los Estados Unidos con el obje vo de derrocar a Castro. En abril de 1961, la
expedición invasora ingresó a la isla por la Bahía de Cochinos, pero rápidamente fueron
aplastados por las fuerzas revolucionarias. Este acontecimiento expuso internacionalmente los
verdaderos intereses de los Estados Unidos, que ya habían realizado una maniobra similar en
Guatemala 7 años atrás, aunque con mejor suerte. Por otra parte, el hecho supuso un
importante triunfo para Castro, que supo repeler el intento de contrarrevolución sin la
injerencia directa de la URSS.

La crisis de los misiles

La presencia de Cuba en la escena mundial con nuó de diversas maneras. Esta presencia
adquirió ribetes extraordinarios en el mes de octubre. Efec vamente, el día 17, el mundo se
enteró, gracias a las tareas de inteligencia norteamericana, de la instalación, en erra cubana,
de 42 misiles sovié cos de mediano alcance. Esta situación provocó una crisis polí ca que puso
al mundo al borde de una guerra nuclear. Estados Unidos optó por un accionar cauteloso que
combinó un bloqueo marí mo a Cuba y negociaciones secretas con la URSS. Durante los trece
días que duró el conflicto, el gobierno cubano se mantuvo alejado de las negociaciones.
Finalmente, Kruschev, el máximo dirigente sovié co, optó por re rar los misiles a cambio de la
promesa norteamericana de no invadir Cuba. La crisis de los misiles dio por terminada la
pretensión norteamericana de intervenir en la polí ca de Cuba y permi ó que esta con nuase
su proceso revolucionario. Al mismo empo, esta crisis permi ó ver los límites del apoyo
sovié co a Cuba: si bien es cierto que intercedió a su favor, las negociaciones y la decisión final
fueron llevadas a cabo en forma unilateral; además, de este modo, ofreció a la opinión
internacional una imagen del gobierno revolucionario cubano como un "satélite sovié co". A
par r de entonces, Cuba debió prac car una conducta muy cuidadosa si pretendía recibir la
ayuda sovié ca.

Construyendo una Cuba socialista

La revolución de 1959 transformó el orden económico y social del país mediante acciones
como la reforma agraria, la expropiación de las empresas extranjeras y la nacionalización de la
economía cubana en general. El agente fundamental del cambio fue el Estado, quien asumió el
papel de propietario y administrador directo de las ac vidades produc vas.

Las primeras acciones tomadas por el gobierno revolucionario buscaron disminuir la


desocupación, aumentar los salarios y bajar el costo de los alquileres y servicios públicos. Sin
embargo, la medida más trascendental fue la firma del decreto de reforma agraria, hecho que
tuvo lugar el 17 de mayo de 1959. Esta norma va puede sinte zarse del siguiente modo:

- Prohibición de la tenencia extranjera de la erra.

- Establecimiento de un máximo de 30 caballerías de erra (405 hectáreas) para una persona,


natural o jurídica.

- Indemnización a los propietarios de las erras repar das con cédulas denominadas Bonos de
Reforma Agraria.

- Acceso gratuito a la propiedad de las erras que trabajaban para casi 200.000 familias
campesinas, con un máximo de 67 hectáreas.

- Creación de fincas coopera vas que con posterioridad se transformarían en granjas estatales.

- Prohibición de arrendamiento y venta de erras repar das gratuitamente.

- Creación del Ins tuto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), organismo encargado de
ejecutar todas las medidas relacionadas con la Reforma Agraria, y de controlar las propiedades
nacionalizadas.

Además de llevar adelante la Reforma Agraria, el Estado revolucionario intentó modificar su


perfil de país motocultor y exportador de azúcar. No obstante, para alcanzar el pretendido
desarrollo industrial y la diversificación agrícola, eran necesarios recursos materiales, dinero y
experiencia, todo lo cual escaseaba en la isla y se agravaba por el bloqueo comercial impuesto
por los Estados Unidos. En estas circunstancias, Cuba se volvió cada vez más dependiente de
los aportes económicos de la URSS.

Durante 1962, la producción de azúcar, que había sido descuidada mientras el gobierno trataba
de intensificar la producción de sectores poco explotados, entró en crisis. Ante estas
dificultades, el gobierno abandonó el énfasis puesto en la pesca, la avicultura, la minería de
níquel y otros sectores, y volvió a fomentar la producción de azúcar como recurso económico
primordial.

Asimismo, la revolución produjo cambios en las condiciones de vida de las clases trabajadoras.
El ámbito educa vo fue una de las mayores realizaciones revolucionarias. Más de 1.000.000 de
personas (el 23,6% de la población) no sabía leer ni escribir, y el 50% de los niños en edad
escolar jamás había asis do a la escuela. Ante este panorama, el gobierno se propuso varias
tareas, de las cuales fue prioritaria la erradicación del analfabe smo. Por ejemplo, los lugares
más apartados fueron alcanzados por las "Brigadas Alfabe zadoras", que lograron, a fines de
1961, alfabe zar a más de 700.000 personas de un total de 979.000. Además, con el empo, se
evidenciaron progresos notables en los niveles educa vos medio y superior.
También se hicieron cambios visibles en el área de la salud. El acceso a la atención médica, la
aplicación de una medicina preven va y la garan a de una nutrición básica para toda la
población provocaron un aumento considerable de las expecta vas de vida y una disminución
notable de la mortalidad infan l.

A nivel de derechos polí cos, se recortó la libertad de prensa y se encarcelaron cientos de


opositores. Por otro lado, el par do se dedicó a promocionar valores como la familia, la
integridad y el trabajo, y sostuvo en sus inicios una posición conservadora sobre asuntos de
género.

Estados Unidos responde...

Fracasada la invasión en Bahía de Cochinos y ante el temor de que el ejemplo de la Revolución


Cubana se concretara en el resto de los países la noamericanos, los Estados Unidos tomaron
diversas medidas para frenar su difusión.

En agosto de 1961, Kennedy lanzó un plan de ayuda económica para los países
la noamericanos. Conocido como la Alianza para el Progreso, el programa pretendía, mediante
la inversión de 20.000.000.000 de dólares, la implementación de reformas estructurales, que
debían permi r la consolidación o la instauración de regímenes democrá cos en la región.

Se trataba de un ambicioso plan decenal que perseguía obje vos como el aumento del
Producto Bruto Nacional por habitante de al menos 2,5% al año, la elaboración de programas
de reforma agraria, la distribución más equita va de las riquezas nacionales, la eliminación del
analfabe smo, la escolarización primaria obligatoria y la construcción de alojamientos a bajo
precio.

Amparado en las palabras del propio Kennedy -"quienes hacen imposibles las revoluciones
pacíficas convierten en inevitables las revoluciones violentas"-, Estados Unidos alentó a los
países la noamericanos a realizar sus propias revoluciones pero en frío.

No obstante, la realidad la noamericana resultaba más compleja que la imaginada por el país
norteamericano y los resultados no fueron los esperados. De esta manera, si bien el PBN
aumentó durante los primeros 7 años, el incremento de la población la noamericana en un 3%
hizo de aquello algo demasiado pequeño. También fracasó en sus ambiciones de sostener la
democracia: entre 1962 y 1965 se realizaron numerosos golpes de Estado contra gobiernos
elegidos cons tucionalmente.

Además de la Alianza para el Progreso, los Estados Unidos intentaron presionar a Cuba por
medio de la vía diplomá ca. De este modo, desarrollaron una ac va polí ca para expulsar a
Cuba de los organismos supranacionales como la OEA y la ONU.

El primer obje vo lo lograron en la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones


Exteriores de Punta del Este (Uruguay). Allí, con 14 votos a favor, 1 en contra (Cuba) y 6
abstenciones (Argen na, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y México), se marginó a Cuba del ámbito
de la OEA.

Finalmente, los Estados Unidos aplicaron la Doctrina de la Seguridad Nacional. Esta ideología,
nacida al calor de su enfrentamiento con la URSS, se desarrolló en forma ac va en las décadas
de 1960 y 70 con la intención de mantener a la región bajo su control. Entre sus principios se
destacaba el papel que debían asumir los militares la noamericanos en el contexto de la
Guerra Fría. Con el obje vo de evitar un posible accionar del "enemigo interno", es decir, la
presencia de un foco de subversión comunista que pretendiera imitar lo acontecido en Cuba,
las fuerzas armadas de la región debían custodiar las "fronteras ideológicas de sus respec vos
países". Esto implicó la vigilancia de las conductas polí cas de la ciudadanía y la represión de
aquellas manifestaciones que a sus ojos se consideraran alteradoras del orden y alejadas de los
valores occidentales que decían defender. Esta misma doctrina, por otra parte, las habilitó a
perpetrar golpes de Estado contra gobiernos democrá cos que fueran considerados
simpa zantes de la ideología comunista o incapaces de controlar su presencia en el país. Se
trataba, así, de prevenir un posible contagio revolucionario.

Autores: Ross, Vilas, Mires y Klare

Revolución Nicaragüense

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