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Mujeres en Política Ecuador 1998-2020

La participación política de las mujeres en Ecuador ha aumentado en los últimos veinte años, pasando de muy poca presencia a ocupar cargos como vicepresidenta y presidenta del Congreso. Varias reformas legales han contribuido a este incremento requiriendo cuotas para mujeres en cargos electos.

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Mujeres en Política Ecuador 1998-2020

La participación política de las mujeres en Ecuador ha aumentado en los últimos veinte años, pasando de muy poca presencia a ocupar cargos como vicepresidenta y presidenta del Congreso. Varias reformas legales han contribuido a este incremento requiriendo cuotas para mujeres en cargos electos.

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Antología de la democracia ecuatoriana

Ximena Sosa

lA PArticiPAción PolíticA de lAs mujeres en


ecuAdor 1998 - 2020

La participación de las mujeres en la política ecuatoriana en los últimos veinte


y dos años ha tenido un incremento en contraposición de décadas anteriores.
Este aumento no solo ha visibilizado al sector femenino, sino también ha con-
tribuido a que la política ecuatoriana incorpore un poco más los asuntos de
importancia para las mujeres, sobre todo de discriminación y violencia. Según
el Banco Mundial, en 1980 había un población total en el país de 7 874 551.
En 1998 cuando la mujer ecuatoriana se hace más presente en la participación
política con la vice-presidenta Rosalía Arteaga, la población total era de 12
044 439. En 2006 cuando la candidata presidencial Cynthia Viteri adquiere
protagonismo, la población total es 13 851 361 y finalmente, cuando el poder
de la asamblea nacional estaba bajo tres mujeres en 2013, la población total
era de 15 540 403. En la actualidad, en 2020 hay 17 309 682. Entonces, si se
considera solo este aumento, hay un incremento de 9 435 131 de población
total. No se ha encontrado estadísticas de la división de la población por sexo
entre 1997 y 2009.

365
Antología de la democracia ecuatoriana

Según el Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos, en 2009 habitaban en


el país, aproximadamente 14.000 personas, de las cuales 49,4% eran hombres
y el 50.6% eran mujeres, esto corrobora que había más mujeres que hombres
en la población total. Estos datos también son importantes al observar un in-
cremento en la participación de la mujer en los procesos electorales. De 2009
creció de 76.8% a 87% en la segunda vuelta de las elecciones generales en
2017. Estas cifras indican el incremento de la población en más de un 200%,
lo que incidió en el aumento de mayor número de mujeres que participaron en
la política a través del voto. Esto a su vez, probablemente, incrementó la posi-
bilidad de que las mujeres lleguen a puestos de poder político.

No hay consenso en “qué significa representar los intereses de las mujeres”


(Martínez, 2014, 163). De acuerdo con las autoras Marta Lois e Isabel Diz,
estos intereses van de acuerdo a la ideología. Así las mujeres de derecha están
más concentradas en atender “la defensa de la familia, la igualdad de oportu-
nidades, el empleo y la lucha contra la violencia de género”, mientras que las
mujeres de la izquierda dan mayor valor a “la legalización del aborto, los méto-
dos anticonceptivos, la educación sexual o las cuotas” (2006, 43). Este estudio
se concentra en las principales figuras femeninas que fueron electas que tienen
ideologías tanto de derecha como de izquierda. Entre ellas se analizan personas
que lograron llegar a puestos de poder como la vicepresidenta y luego presi-
denta Rosalía Arteaga, la vicepresidenta María Alejandra Vicuña, y la candida-
ta presidencial Cynthia Viteri, actual alcaldesa de Guayaquil. Adicionalmente,
constan presidentas del Congreso o Asamblea como Nina Pacari y Gabriela
Rivadeneira. Finalmente, asambleístas como Mae Montaño y Lourdes Tibán
por ser representativas de sus poblaciones de origen.

Este capítulo trata sobre siete lideresas que han sido pioneras en los cargos
públicos que han ocupado, esto ha contribuido a que la participación formal de
la mujer en la política sea visible. En algunos casos han representado o defen-
dido los intereses de las mujeres. Todas han sido elegidas dentro de la lista de
partidos políticos, lo que les ha condicionado a mantener una línea ideológica
ya trazada. Sin embargo, hay temas que han estado presentes como la discri-
minación, corrupción y violencia.

366
Antología de la democracia ecuatoriana

Introducción

El voto femenino, otorgado en 1929, fue el primer peldaño para que la mujer
participe en el ámbito político masculino. El hecho de tener este derecho no
fue suficiente para que la mujer entrara totalmente en este círculo de hombres.
Desde 1929 hasta 1967, el voto de la mujer fue facultativo. En este último año
se modificó para ser obligatorio. Durante muchos años, la mujer ecuatoriana
no tuvo la oportunidad de ser considerada como una candidata a puestos de
poder más importantes y visibles como la presidencia o vicepresidencia de la
república. Sin embargo, hubo candidatas a la presidencia del país. Entre ellas
están: dos candidatas en 1998, Rosalía Arteaga por Partido Alianza Popular
y María Eugenia Lima del Movimiento Popular Democrático, Ivonne Baki,
en 2002 por el Movimiento Esperanza, Transformación y Acción, y Cynthia
Viteri en 2006 y 2017 por el Partido Social Cristiano y Madera de Guerrero.

Adicionalmente, están las presidentas del congreso como Susana González en


2000, Gabriela Rivadeneira en 2013-2017 y Elizabeth Cabezas en 2018-2019.
Y las vicepresidentas del Congreso o Asamblea Nacional, Nina Pacari en 1998,
Roxana Alvarado y Marcela Aguiñaga en 2013-2017. En las elecciones sec-
cionales para prefecturas, alcaldías, concejalías urbanas y rurales y vocalías de
juntas parroquiales en 2009 y 2014 hay un porcentaje de un 42% con diferen-
cias de milésimas (El Comercio, 2014).

Según estos datos tomados del CNE, los porcentajes no han variado, se mantie-
ne un 42% de la representación de la mujer, siendo las juntas parroquiales las
que mayor porcentaje de mujeres electas han obtenido. En el siguiente cuadro
se evidencia los resultados de las elecciones seccionales.

367
Antología de la democracia ecuatoriana

Representación de hombres y mujeres en los Gobiernos Autónomos Des-


centralizados: 2014 – 2019

MUJERES % MUJERES HOMBRES % HOMBRES TOTAL

PREFECTURAS 2 8.70% 21 91.30% 23

ALCALDÍAS 16 7.84% 188 92.16% 204*

JUNTAS PARROQUIALES 948 25.46% 2.776 74.54% 3.724

Fuente: Consejo Nacional Electoral, tomado de [Link]


cion-politica-de-la-mujer-en-el-ecuador-experiencias-inclusivas-en-la-funcion-electoral/

Los movimientos de mujeres, que no serán tratados en este capítulo, han con-
tribuido enormemente a visibilizar a la mujer. Según la socióloga e historia-
dora Silvia Vega, los años noventa tuvieron dos temas que fueron tratados por
estos movimientos femeninos. Uno, la prevención de la violencia contra la
mujer y dos, la equidad de género en la participación política formal y la ins-
titucionalización estatal para la atención de los derechos y necesidades de las
mujeres (Vega, 2004, 70-71). En cuanto a la participación en la política formal
se aprobaron varias leyes que fueron favorables. Así, se instituyó la ley de
Amparo Laboral de la Mujer en 1997 que establecía la inclusión de un mínimo
de 20% en las listas plurinominales nacionales y provinciales, como también
en las Cortes provinciales de Justicia, notarios y registradores. Sin embargo, su
observancia fue aplicada solo en tres provincias: Guayas, Pichincha y Manabí.
Es decir, de un total de 68 asambleístas, solo siete mujeres fueron elegidas
(Ágora Política, 2012). La constitución de 1998 incorporó la igualdad de opor-
tunidades, la participación equitativa de género en los procesos de elección
popular etc. En el 2000 se dio la reforma de Ley Orgánica de Elecciones con
la cual se podía incrementar gradualmente desde un 5% en cada elección hasta
llegar al 50%. De esta manera, en 2002 se aumentó el 35%, en 2004, el 40% y
en 2007, 50%. Adicionalmente, se estipuló la alternancia y la secuencialidad
entre sexos en las listas plurinominales. De este modo, por lo menos un 30%
de mujeres debían presentarse entre los cargos titulares y otro 30% entre los

368
Antología de la democracia ecuatoriana

suplentes. Las listas debían tener una forma sucesiva entre hombres y mujeres.

Es decir, esta alternancia y secuencialidad podía ser por grupos de género:


dos o tres hombres alternan con grupos de dos o tres mujeres. En consecuen-
cia, parecía que la cuota de género estaba consolidada en el marco legal, no
obstante, hubo muchas interpretaciones y no se logró un consenso sobre estas
disposiciones (Archenti y Tula 2014, 54-55).

Una vez que Rafael Correa ganó las elecciones presidenciales en 2006 hubo
otra reforma constitucional. Se ratificó la paridad para la elección de cargos
públicos representativos. Es así que el artículo 116 considera como paridad de
un binomio a un hombre/mujer o viceversa y la alternancia entre sexos. Final-
mente, en 2009, se decretó restricciones “para ser candidatos/as cuando han
ejercido violencia de género o incumplido con las obligaciones alimentarias”.
Además, estableció que cuando hay empate entre los candidatos de distinto
sexo por un último escaño se debe nombrar a una mujer (Ibid. 55).

Todas estas reformas han contribuido a que el número de las mujeres hayan
incrementado significativamente en las elecciones legislativas. Por ejemplo,
se puede observar en el siguiente cuadro que el número de mujeres aumentó
desde el periodo de 1998-2003 de un total de 16 mujeres (12,30%) entre 130
legisladores, a 56 mujeres, es decir, el 38.20%. El número de hombres se redu-
jo, entonces, de 114 hombres (87,70%) a 89 hombres que da un 61.80%. Hay
un aumento de un 25.9 % de asambleístas mujeres.

369
Antología de la democracia ecuatoriana

Representación de hombres y mujeres en el Legislativo: 1998 – 2017

PERÍODO TOTAL DE
MUJERES % HOMBRES %
LEGISLATIVO LEGISLADORES

1998 – 2003 130 16 12,30% 114 87,70%

2003 – 2007 180 39 21,66% 141 78,34%

2007 – 2011 99 27 27,27% 72 72.73%

Asamblea
Constituyente 130 45 34,62% 85 65,38%
2007

2009 – 2013 124 40 32,25% 84 67,75%

2013 – 2017 144 56 38,20% 89 61,80%

Fuente: Consejo Nacional Electoral tomado de [Link]


cion-politica-de-la-mujer-en-el-ecuador-experiencias-inclusivas-en-la-funcion-electoral/

Una vez que las cifras han evidenciado la participación formal de la mujer en la
política, en el siguiente acápite se examina las figuras femeninas más relevan-
tes, sin el ánimo de que las demás no hayan tenido una aportación importante.

La cima del poder: las vicepresidentas

Rosalía Arteaga Serrano

La primera mujer que logró ser candidata presidencial fue la abogada cuencana
Rosalía Arteaga como binomio de Abdalá Bucaram en 1996. Su carrera polí-
tica comenzó cuando fue nombrada Ministra de Educación en la presidencia
de Sixto Durán Ballén (1992-1996). Ganó prominencia cuando renunció por
desacuerdos con el ex presidente al querer establecer la religión católica en
el sistema educativo público. En 1996 fue directora nacional del Movimiento
Independiente para una República Auténtica (MIRA), el cual se alió con el
partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) para las elecciones de 1996. Durante
tres días fue presidenta del país y renunció involuntariamente a favor de Fabián
Alarcón. En 1998, se postuló como candidata presidencial por Partido Alianza
Popular y obtuvo un poco más del 5% en las elecciones.

370
Antología de la democracia ecuatoriana

Bucaram, en su discurso de posesión, manifestó “el área social vamos a en-


tregarle el esfuerzo y liderazgo en materia de educación, salud y trabajo a
una gran mujer, a una gran luchadora: la doctora Rosalía Arteaga, la primera
vicepresidenta en la historia de nuestro país” (El Comercio, 11 de agosto de
1996). Esta cita manifiesta un pensar muy común en los años noventa, las mu-
jeres que llegaban al poder debían encargarse de áreas como educación, salud
y trabajo como los espacios que se consideraban de intereses de mujeres. En
ese sentido, hay una división sexual del trabajo en la que las mujeres podían
involucrarse en política, pero solo en ciertos ámbitos. Por ejemplo, los asuntos
económicos no eran de su incumbencia. Según el sociólogo, Carlos de la Torre
(2015,80-81), el binomio de Arteaga y Bucaram fue visto como la unión de
dos regiones, la de la costa de Abdalá con la de la sierra con Rosalía y además
como una conquista de un hombre de pueblo a una mujer de clase alta. De
esta manera se unían las dos regiones más importantes del país y las clases
sociales para gobernar el Ecuador. Esta conquista por parte de un hombre de
clase popular representaba que la mujer, en este caso Arteaga, estaba presente
para domesticar y educar a Bucaram, como la mujer que tenía la fuerza moral
superior al hombre. Todos estos elementos se pueden leer como la representa-
ción de la imagen femenina que simboliza valores, credibilidad y honestidad
(Franceschet, 2005, 2). Esta imagen que personalizaba Bucaram fue reiterada
en su actuación durante la caída de su mandato. No solo Arteaga ya se había
distanciado del ex-presidente en noviembre de 1996, sino que también su pos-
tura se definía de forma diferente, en sus propias palabras:

El hecho de llegar a la vicepresidencia de la república no necesaria-


mente significa que uno sea una política igual a los demás. Tal vez
podría identificárseme como una política atípica, en el sentido de que
no llegué con esos compromisos con los que normalmente suelen llegar
las personas al poder, de que no había tenido esas manchas, ni las ten-
go tampoco, de corrupción, de usar elementos indignos en el ejercicio
del poder, sino más bien mucha mayor frontalidad, mucha diafanidad,
y deseos altruistas relacionados con el bien común (1997, 39).

En esta declaración, Arteaga se separa de los políticos, no solamente de Bu-


caram sino de todos aquellos hombres en las esferas públicas que llegan “con

371
Antología de la democracia ecuatoriana

esos compromisos con los que normalmente suelen llegar las personas de po-
der”. Básicamente, está excluyéndose del clientelismo que todos los políticos
necesitan para llegar al mando. Se considera “atípica” y por lo tanto estaba
interesada en “deseos altruistas relacionados con el bien común”. En ese senti-
do, Arteaga construía su imagen como una mujer que defendía los intereses del
pueblo. De ahí que estaba convencida de que los ecuatorianos estaban cons-
cientes de que ella era distinta a Bucaram. Así, manifestaba:

Había muchos criterios que decían que mi diferenciación con Bucaram


no había sido lo suficientemente explícita, a pesar de que realmente
la gente sabía que a mí no me podían involucrar con ningún tema de
corrupción (Arteaga, 1997, 23).

En esta declaración, Arteaga apela a la cultura política de concebir que la mujer


tiene valores, credibilidad y honestidad y que por lo tanto no puede ser puesta
al mismo nivel que Abdalá Bucaram. En sus propias palabras:

Cuando analizo mi accionar político general y lo que en particular


ocurrió en esos días de febrero, debo reconocer que en mi caso hubo
mucho de ingenuidad, término que no debe confundirse con inexperien-
cia o falta de conocimiento, sí no más bien como aquella capacidad que
nace de la limpieza de intenciones y de esa obligación moral que tene-
mos todos, de creer en la buena fe de los demás (Arteaga, 1997, 39).

El reconocimiento de que ella alcanzó la vice presidencia por su capacidad y


más aún con “limpieza de intenciones” y “obligación moral… de creer en la
buena fe de los demás” le ubica en un plano superior en el que la ingenuidad
le condujo a involucrarse sin saberlo con personas que no tenían las mismas
intenciones políticas. Además, deja en claro que era una persona con experien-
cia y conocimientos, que habían sido demostrados en sus títulos académicos
tanto de abogada, periodista y pedagoga, y en sus puestos particularmente en
educación, destacándose el haber sido Ministra de Educación.

A pesar de que le correspondía ascender a la presidencia de la república, una


vez que Bucaram fue destituido por incapacidad mental por el Congreso, fue

372
Antología de la democracia ecuatoriana

designada por tres días como presidenta del país y luego como vicepresidenta.
Sin el apoyo de los representantes de los partidos políticos y aduciendo que
había un vacío constitucional, Arteaga se ve obligada a aceptar el puesto de
presidenta interina para luego declinar y nombrar al presidente del Congreso,
Fabián Alarcón, como presidente constitucional con una mayoría simple de
diputados.

Este hecho inconstitucional fue justificado como una salida para una situación
política compleja. En última instancia, a pesar de los intentos de Arteaga de no
involucrarse con Abdala Bucaram, los políticos de este momento consideraban
que la vicepresidenta debía renunciar. Por ejemplo, Heinz Moeller, el nuevo
presidente del Congreso, declaró “Lo más oportuno habría sido que Arteaga
renunciara cuando Bucaram fue cesado”. Napoleón Saltos, presidente de la
comisión de fiscalización del Congreso manifestó que “se necesitan dejar las
bases para que un nuevo gobierno pueda trabajar en las mejores condiciones”.
Finalmente, León Febres Cordero, ex presidente de Ecuador (1984-88) y líder
del Partido Social Cristiano apuntó “Me parece sin embargo que lo mejor y
lo más digno para ella, dadas las condiciones, es que presente su renuncia”
(González, 1997, IPS). De ahí que sin el apoyo de los políticos más influentes,
la carrera política de Rosalía Arteaga no tenía más alternativa que acogerse a
sus mandatos.

La corta participación política de la primera vicepresidenta y presidenta Ar-


teaga evidenció que la democracia ecuatoriana no era completamente trans-
parente y más aún que sin un apoyo del sector masculino político, una mujer
no podía mantenerse en el mando que le correspondía. Sin embargo, también
contribuyó a que este sector de la población se visibilizara en este campo tan
varonil y que su presencia ayudará a “incrementa[r] la autoestima de las mu-
jeres y su capacidad para asumir roles de liderazgo” (Lois y Diz, 2006, 40).

María Alejandra Vicuña

La segunda vicepresidenta que el país ha tenido es la guayaquileña María Ale-


jandra Vicuña, quien fue nominada por el presidente actual Lenin Moreno,
una vez que el vicepresidente electo, Jorge Glas, fue destituido de su cargo

373
Antología de la democracia ecuatoriana

por corrupción. Vicuña se involucró en la política en el movimiento Alianza


Bolivariana Alfarista (ABA) en el que uno de los fundadores fue su padre,
Leonardo Vicuña. El incorporarse en la política de la mano de su progenitor
es el caso más común de como la mujer puede participar en este campo mas-
culino. El apoyo incondicional de su padre le garantizaba la posibilidad de
ascender dentro del partido político para convertirse en una lideresa. Una de
las estrategias que usó ABA fue apoyar al movimiento Alianza PAIS en las
primeras elecciones presidenciales de Rafael Correa en 2006. Este respaldo
tuvo frutos al poco tiempo de comenzar el gobierno de Correa, ya que Vicuña
fue designada como coordinadora regional de Talento Humano del Servicio de
Rentas Internas. Una vez que ABA se fusionó con Alianza PAIS, Vicuña ganó
las elecciones en 2009 y luego fue reelegida en 2013 como asambleísta nacio-
nal en representación de Guayas (Vistazo, 4 de octubre de 2017).

En 2017, ya en la presidencia de Moreno, Vicuña es nombrada Ministra de


Desarrollo Urbano y Vivienda para desarrollar la misión “Casa para todos”,
con una meta de 325.000 casas a nivel nacional. En el mismo año, Vicuña es
nominada como vicepresidenta encargada con la idea que Moreno mandaría
una terna para que la Asamblea Nacional eligiera a la vicepresidenta.

En enero de 2018 fue elegida por la Asamblea Nacional como vicepresidenta


Constitucional de la República, con 70 votos a favor de los 106 asambleís-
tas que asistieron. En el discurso de aceptación de la vicepresidencia, Vicuña
agradeció a Moreno “por la confianza puesta en las mujeres ecuatorianas, la
misma que se ha expresado de forma clara y frontal al conformar la terna”.
“Sorteando todos los desafíos de lo que implica ser mujer en la política hemos
dado nuestro mayor esfuerzo y dedicación en la construcción de una nación
del tamaño de los sueños de su pueblo” (Vistazo, 7 de enero de 2018). Adi-
cionalmente, manifestó que asumía “con humildad y compromiso militante
y con toda responsabilidad, como cofundadora de este proceso político y con
toda la responsabilidad y el compromiso patriótico con el pueblo ecuatoriano”
(Vistazo, 2017, octubre 4).

La elección de Moreno para que Vicuña fuera su vicepresidenta tiene varias


explicaciones. Primero, a pesar que en 2019 se aprobó que los binomios pre-

374
Antología de la democracia ecuatoriana

sidenciales sean de un hombre y una mujer o viceversa, era prudente nominar


a una mujer. Su imagen era vista como una persona que brindaba “confianza”
y además como lo expresa Vicuña, la mujer, en este caso ella, estaba presente
para sortear “todos los desafíos de lo que implica ser mujer en la política” y al
mismo tiempo otorgar “nuestro mayor esfuerzo y dedicación en la construc-
ción de una nación”. Segundo, Vicuña era una política relativamente descono-
cida y al serlo no tenía un pasado que podía ser perjudicial en momentos en que
el vicepresidente antecesor, Glas había estaba siendo juzgado por corrupción.
Tercero, se evidencia que había todavía una coalición entre partidos, Alianza
PAIS y ABA.

En enero de 2018, la separación entre los correistas y morenistas era evidente y


el Tribunal Contencioso Electoral (TCE) reconoció a la directiva de la facción
de Moreno, como los legítimos representantes del Movimiento Alianza PAIS.
Los correistas se desafiliaron masivamente del movimiento y Vicuña declaró
que era necesario fiscalizar la administración precedente (Vistazo, 17 de enero
2018). Este respaldo a Moreno, no solo le permitió mantenerse en el poder,
aunque fuera por poco tiempo, sino también conseguir el apoyo del movi-
miento político cuando comenzaron las acusaciones a su persona por presunto
cobro de cuotas a uno de sus ex asesores cuando fue asambleísta.

El comunicado de Alianza PAIS manifestaba que tenían “irrestricto respeto


con la ética de la política, con la defensa de los valores democráticos y… con
la estabilidad y paz social que se requiere para trabajar por el pueblo ecua-
toriano” y que la vicepresidenta tenía “una larga trayectoria de servicio a la
comunidad, una incansable lucha por el cambio social y una férrea lucha por
alcanzar una sociedad de libertades y derechos” (Alianza PAIS, 30 Nov, 2018).

Sin embargo, a los pocos días, el presidente Moreno relevó de funciones a


Vicuña. Además, el Pleno de la Asamblea demandó la renuncia a la vicepresi-
denta con 77 votos, el 29 de noviembre de 2018. Vicuña se declaró inocente;
justificó el cobro de los diezmos por estar encargada de recibir las colabora-
ciones voluntarias a ABA, ya que este movimiento político no tenía persone-
ría jurídica desde que se unió a Alianza PAIS. El 30 de enero de 2020, la ex
vicepresidenta fue declarada culpable de concusión por la Corte Nacional de

375
Antología de la democracia ecuatoriana

Justicia y sentenciada a un año de prisión y al pago de $ 173 118 por indemni-


zación (El Comercio, 2020). Vicuña está apelando su caso.

La corrupción en Ecuador y en América Latina es un tema recurrente. Desa-


fortunadamente, aunque haya leyes en contra de este fenómeno perverso, no
hay observancia a las mismas. Según el politólogo Bautista, uno de los proble-
mas que se presenta es “la ausencia de filtros que impidan que los aspirantes
corruptos accedan a los cargos públicos” Y agrega “para participar del juego
de la política basta con formar parte de un partido y tener un respaldo econó-
mico, personal o proporcionado por otros (he aquí el origen de compromisos
o deudas políticas) (2012, 55). De ahí que los funcionarios públicos creen que
sus comportamientos no serán juzgados porque tienen respaldos. Una de las
soluciones que propone el politólogo mencionado es “la educación y el fomen-
to de los valores convierten en prósperos a los pueblos y esta meta se obtiene
a través de inversión de tiempo, recursos y esfuerzos, con interés y voluntad
política a través de políticas y medidas continuadas que no sean abandonadas
tras cada cambio de gobierno” (Ibid, 60). Esta propuesta todavía no ha sido
cumplida en nuestro país.

La candidata presidencial

Cynthia Viteri

La primera mujer abogada guayaquileña que lanzó su candidatura para dos


comicios presidenciales, en 2006 y 2017, fue Cynthia Viteri. Su trayectoria po-
lítica comenzó en 1997 dentro del Partido Social Cristiano bajo las directrices
de dos políticos experimentados como: León Febres Cordero, ex presidente
de la república (1984-1988) y Jaime Nebot Saadi, ex alcalde de Guayaquil
(2000-2019). El discurso político de Viteri no resultó convincente frente a la
del candidato presidencial, Rafael Correa, tanto en su primera como en su se-
gunda campaña. En la primera campaña presidencial, Correa se presentó como
la persona que tenía nuevas ideas, que no estaba involucrado en la política
anterior de los partidos ya constituidos, y que tenía un alto carisma tanto en su
aspecto físico como en sus credenciales académicas. Viteri apeló a su situación
de madre soltera y al legado político de su progenitora como primera Inten-

376
Antología de la democracia ecuatoriana

denta de policía de Guayas. Sin embargo, la situación política que vivía el país,
sobre todo el desencanto de los partidos tradicionales y el discurso poco inno-
vador de Viteri, consiguieron que quede en quinto lugar en la primera elección.
La segunda campaña electoral tampoco tuvo buenos resultados. El escenario
político era parecido, Correa, luego de diez años en el poder, había logrado
descalificar a los partidos tradicionales al compararles con su gestión en la
que el segundo boom del petróleo tuvo una influencia decisiva. Por ejemplo,
comentarios como Jaime Nebot: “es muy astuto porque sabía que iba a perder
y acabar su vida política con una tercera derrota en elecciones presidenciales
hubiera sido terrible para él” (Vistazo, 29 de junio 2016). Esto implicaba que
según Correa, Nebot le designaba a Viteri, como una opción que sabía que no
hubiera triunfado.

Por otro lado, la propuesta unión entre los partidos y movimientos sobre todo
de derecha no se consolidó y Viteri quedó con solo el apoyo del partido Social
Cristiano y Madera de Guerrero. Uno de sus planteamientos que fue muy cri-
ticado fue su concepción de manejo de la economía “desde el hogar, desde las
familias. Si mejoran las familias, mejora el Estado y la sociedad en general.
En cada una de nuestras propuestas el resultado final es empleo”. Estas ideas
fueron leídas dentro de una concepción de subalterna ya que la actividad eco-
nómica doméstica de la mujer es vista como una que no tiene valor económico.

Sin embargo, es importante porque está relacionada con la crianza y educación


de los hijos, pero solo en la medida de que ellos se conviertan en trabajadores
productivos para que contribuyan a una sociedad determinada. De ahí que se
explica la afirmación de Correa al decir que Viteri no debe hablar de economía
sino de maquillaje. Y agregó “Se la ve más falsa que un billete de USD 2,50,
porque aparece sin una arruga, sin un barrito, muñequita de pastel y así nos
quieren impresionar. Puro maquillaje” (Vistazo, 8 octubre, 2016).

Otro de los intentos de acercamiento al sector femenino fue con uno de sus slo-
gans: “una propuesta con rostro de mujer y soy la única mujer en la papeleta”.
Este sector no acogió sus lemas en un sentido positivo. Más bien, le ocasiona-
ron reclamos con dos candidatas a la vice presidencia: Monserrat Bustamante,
binomio de Paco Moncayo y Doris Quiroz, binomio de Iván Espinel (Molina,
2018, 134-135).

377
Antología de la democracia ecuatoriana

La imagen de Viteri desde su primera candidatura presidencial apeló a dis-


tintivos aspectos femeninos. En una entrevista realizada por Vistazo, Viteri
aseguró que su principal defecto es la credulidad y que sus rasgos de carácter
son lealtad, persistencia y sensibilidad. En este sentido, Viteri puede compa-
rarse con los mismos principios que regían a Arteaga. Ambas profesaban la
credulidad, lealtad y persistencia. Ambas han demostrado esto a través de su
trayectoria política. Arteaga se lanzó a ser candidata a presidenta en 1998 y
Viteri en dos ocasiones. Empero, Arteaga ha dejado la política formal mientras
que la segunda continúa.

La persistencia de Viteri en su carrera política fue demostrada en la candidatu-


ra por la alcaldía de Guayaquil en 2018. Su opositor fue Jimmy Jairala del mo-
vimiento Centro Democrático. Jaime Nebot, como su tutor político, presentó
su candidatura y explicó que Cynthia Viteri no era Nebot. Esta aclaración fue
realizada con la idea de separar a Viteri del alcalde que mayor número de años
había permanecido en el cabildo. Adicionalmente, al presentar a una mujer,
como lo había hecho en dos ocasiones anteriores para la candidatura de la pre-
sidencia, era necesario exponer que la mujer que el partido había escogido era
capaz de sustituirle en sus labores municipales. Con el apoyo de Nebot y con
la fortaleza que había creado en casi dos décadas de su gobierno, Viteri logró
derrotar al candidato masculino. Su discurso se centró en mantener las políti-
cas llevadas a cabo por su sucesor y “sobre trabajo, seguridad, obras y sobre
la droga que está matando a nuestros hijos y destruyendo familias” (Vistazo,
Agosto 15, 2020). En este sentido, Viteri tuvo el apoyo del líder más fuerte de
su partido, tiene un nivel de educación alto, y tiene una trayectoria política sig-
nificativa. Elementos que han contribuido a que su presencia como una mujer
conservadora sea relevante.

378
Antología de la democracia ecuatoriana

La participacion de las mujeres en cargos legislativos

Presidenta de la Asamblea

Gabriela Rivadeneira

Rivadeneira es la primera mujer que fue vicealcaldesa de Otavalo y goberna-


dora de la provincia de Imbabura en 2012 pero renunció a este último cargo
para ser candidata a asambleísta por Alianza PAIS; ganó y fue elegida presi-
denta de la Asamblea Nacional por dos periodos desde 2013 hasta 2017. Fue
la asambleísta más votada con más de tres millones y medio de votos. Adi-
cionalmente, fue Presidenta del Parlamento Latinoamericano y Caribeño. Su
trayectoria política está básicamente ligada a Alianza PAIS. En sus palabras:

Hace 9 años, como vicealcaldesa de mi ciudad, Otavalo, tuve la opor-


tunidad de recibir en su primera visita oficial al nuevo Presidente de
la República. Ese día, una vez cumplida la agenda de la mañana, me
pidió ir a un sitio tradicional. Su pedido causó desconcierto en la segu-
ridad y en protocolo, que ya tenían previsto el almuerzo en un hotel de
la ciudad. Cuando llegamos a probar el plato típico del Yamor, antes
de sentarse a la mesa, rompió nuevamente el protocolo y entró a la
cocina. Todos quienes estaban ahí, haciendo las tortillas, repujando las
empanadas y preparando la chicha, se sorprendieron de su presencia:
no podían creer que el Presidente de la República estuviera allí y, con
la harina todavía en sus manos, recibieron su abrazo fraterno y lleno
de esperanza (Rivadeneira, 2016).

Desde esta primera vez que Rivadeneira se unió al movimiento correista, se


impactó con la figura política de Correa, como un líder que no seguía “el pro-
tocolo” y entró en la cocina a dar un abrazo a los empleados. Esta imagen de
un ser humano que se acercaba al pueblo se une con la del político que había
cambiado el país. Era importante resaltar la figura de Correa, ya que como
muchos de los partidos o movimientos políticos, cuando una mujer aspira a
un cargo, la decisión está en los partidos o en los jefes de los partidos. En este
sentido, es parecida a la situación de Viteri. Rivadeneira surge con el apoyo de

379
Antología de la democracia ecuatoriana

Correa y Viteri, con el apoyo de Nebot.


Esta exaltación al líder y su movimiento es evidente en el mismo discurso en
2016 ya que Rivadeneira considera que,

¿Recuerdan cómo hace algunos años el presidente, vicepresidente y


presidente del Congreso competían por el poder? ¡Cómo ha cambiado
mi país! ¡Qué imagen tan potente y qué mejor muestra de unidad, ver
aquí, como al inicio de este camino, junto a Rafael Correa, a Jorge
Glas, a Lenin Moreno y a todos los compañeros que seguimos siendo
leales a un mismo proyecto político que ha cambiado y seguirá cam-
biando la vida de millones de seres humanos.

En este pasaje, Rivadeneira considera que las autoridades estatales tanto del
ejecutivo como del legislativo compiten por el poder. Al contrario de pensar
que en una democracia los poderes del Estado deben ser independientes. Cuan-
do se da demasiado poder al ejecutivo, se torna en un hiper-presidencialismo
y al decir del sociólogo Guillermo O’Donnell “es peligroso dotar a los indi-
viduos de demasiado poder”. Entonces en los poderes ejecutivo, legislativo y
judicial hay jurisdicciones especificadas en normas legales con “límites legal-
mente definidos que ellas no deben transgredir”. Lo que significa que es “un
sistema de controles mutuos” que también “organiza el flujo de poder y autori-
dad en el gobierno y el estado; cuando funciona adecuadamente” y “por ende
facilita el desempeño de sus respectivas responsabilidades” (2004, 20-21). De
ahí que en el caso ecuatoriano, al legislativo, que contaba con una mayoría
correista, le fue muy viable aprobar 47 leyes, es decir, quince leyes por año
entre las que se cuentan: el Código Penal, el Código Financiero, las leyes de
incentivo productivo, las leyes de protección laboral y de reconocimiento a
las mujeres trabajadoras no remuneradas del hogar, la ley de aguas, de tierras,
la ley de consejos de igualdad, entre otras. Todas en función de “alcanzar ese
Estado Constitucional de Derechos y de Justicia que proclamamos hace apenas
9 años”, como manifestaba Rivadeneira. (2016).

Como todas las mujeres que han participado en política también, esta primera
presidenta de la Asamblea tiene un discurso sobre los problemas que afec-
tan a la mujer. Entre ellos está la violencia. Así habla de cómo esta violencia

380
Antología de la democracia ecuatoriana

“asume diversas formas y grados, abarca un conjunto amplio de conductas y


estructuras sociales que expresan la dominación patriarcal, lo que comúnmen-
te llamamos la cultura machista” Y va más allá al decir que “tiene siempre
una dimensión simbólica y psicológica, que puede expresarse en la humilla-
ción sistemática, en la descalificación permanente y en diferentes maneras de
destitución”. Estas ideas parecerían que no concuerdan con la actuación del
líder de su propio partido y ex presidente de la república, Correa, cuando por
ejemplo al referirse al festejo de fin de año de 2012 expresó “no sé si la equi-
dad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado
la farra impresionantemente; ha mejorado el buen vivir porque se armó una
farra”…“¡Qué asambleístas que tenemos! Guapísimas, ¿ah?” y más aún con-
tinuó “, hay que aumentarles el sueldo, ¿eh?, porque no tuvieron plata para
comprar suficiente tela y todas con minifaldas, Dios mío…”. Según el Obser-
vatorio de Medios del Ecuador (OME), un proyecto de la ONG Fundamedios,
solo entre 2013 y 2016, “en total se contabilizaron 95 situaciones de agravio
contra las mujeres en 81 enlaces.” Entre las mujeres que lideran la mayoría de
agravios están “la ex asambleísta y candidata a la Presidencia de la República
por el Partido Social Cristiano (PSC) Cynthia Viteri, con 12 agravios; la ex
asambleísta y candidata a parlamentaria andina por Pachakutik Lourdes Tibán,
con 11 agravios; la ex presidenta de la Unión Nacional de Educadores (UNE)
y candidata a la Asamblea por el partido Unidad Popular, Mery Zamora, con
9 agravios”. Con estos últimos datos, es contradictoria la lucha de la mujer en
contra de la violencia, si realmente Rivadeneira estaba defendiendo sus intere-
ses debía protestar por los comentarios de Correa. Sin embargo, si lo hubiera
hecho, hubiera roto su conexión política.

Adicionalmente en sus discursos, Rivadeneira asegura

Para prevenir y erradicar la violencia de género es preciso entenderla


como resultado de una subordinación y discriminación, características
de una sociedad machista, moldeada en los parámetros del patriar-
cado. Si no combatimos esa desigualdad, no iremos nunca al fondo y
al origen de la violencia contra la mujer. La condición subordinada y
la violencia contra la mujer son las dos caras de una misma moneda.
Aquella es el caldo de cultivo donde ésta se desarrolla. Es un problema

381
Antología de la democracia ecuatoriana

que no se puede ni se debe minimizar. A algunas mujeres les cuesta la


vida, a otras las hiere definitivamente, dejándoles secuelas irremedia-
bles (.19.08.2014).

Y considera que,

Desde el Poder Legislativo, hemos dado a la sociedad ecuatoriana nor-


mativas fundamentales en este sentido. Con la aprobación de la Ley de
Consejos de Igualdad, hemos contemplado la creación de un Consejo
Nacional para la Igualdad de Género con la misión de transversalizar
el enfoque de género en todas las entidades y en todas las políticas pú-
blicas, así como también evaluar y hacer un seguimiento de las mismas.

Aquí hay un divorcio entre sus discursos y su actuación a favor de la mujer.


Este es un discurso que evidencia que las mujeres electas no necesariamente
defienden o representan los intereses de sus iguales, en este caso la violencia,
y consideran que al aprobar una ley, como la igualdad de género es suficiente
para lograr una meta, que está muy lejos de la realidad.

Vicepresidenta del Congreso

Nina Pacari Vega

La primera mujer indígena en América Latina que fue diputada en la Asamblea


Nacional del Ecuador en 1998, vicepresidenta de la Asamblea y ministra de
Asuntos Exteriores en el gobierno de Lucio Gutiérrez y fue elegida jueza del
Tribunal Constitucional en 2007, hoy Corte Constitucional, es Nina Pacari. Su
nombre original fue María Estela Vega, pero lo cambió a los 24 años por Nina
Pacari. Nina significa luz, fuego, calor y Pacari, amanecer en Kichwa. Enton-
ces se puede interpretar como amanecer de una luz o conciencia. Es nativa de
Cotacachi y la mayor de once hermanos; decidió embarcarse en la tarea de
educarse y no casarse como era la costumbre. Estudio leyes en la Universidad
Central de Quito. Una vez que se graduó se involucró en las comunidades indí-
genas con el objeto de obtener derechos laborales y de tierras. Luego continúo
luchando por reformas legales para el reconocimiento de las nacionalidades

382
Antología de la democracia ecuatoriana

indígenas, la lengua kichwa y la defensa de las tierras de sus coterráneos. A


partir de asesoramiento legal a la CONAIE, Pacari se visibiliza más en la lucha
por los intereses de los indígenas, al punto de que en la constitución de 1998 se
reconoce el carácter de Estado plurinacional y multiétnico (Becker y Fernán-
dez, [Link]
La triple discriminación: el ser mujer, indígena y abogada se plasma esta expe-
riencia contada por Pacari:

Cuando fui profesional, primero hubo un asombro de los propios abo-


gados. ¡Una indígena abogada! En una audiencia, el abogado no sé si
supo que era yo la abogada o no, pero cuando me tocaba intervenir y
empecé a decir unas palabras, me interrumpió: «Espere, espere, hijita»
(Nina Pacari en El País Semanal, nº 1.389: 11/05/2003: 15).

El ser abogada en un mundo masculino ha sido un proceso en el cual Pacari


ha tenido que luchar contra la infantilización de sus colegas hombres, que se
reflejaban en el uso de términos como “hijita”, que también simbolizaban un
trato inferior por ser mujer y sobre todo indígena.

Sin embargo, Pacari había ya sufrido de discriminación desde temprana edad


cuando no fue elegida “por ser india”. Así relata para el periódico, El País,
“Estudiaba en un colegio de religiosas y seleccionaban para el concurso a las
que mejores notan sacaban. A mí no me llamaron nunca a pesar de obtener
siempre excelentes calificaciones” (El Pais, Febrero, 20, 2020). Esta experien-
cia probablemente marcó su vida y le enseño que no debía rendirse ante la
discriminación y que debía utilizar estrategias para subsistir en un mundo mes-
tizo. Una de ellas fue unirse a los demás indígenas universitarios para lidiar en
contra de la exclusión. Por ejemplo: “Si queríamos acceder a un restaurante
debíamos llevar los libros en las manos para que vieran que, aunque éramos
indígenas, éramos cultos”. De lo contrario no les permitían la entrada (El País,
Febrero, 20, 2020). Esto se puede enlazar con sus declaraciones cuando llega a
tener poder político, “no puedo dejar de ser indígena por el hecho de ocupar un
cargo político”. En ese sentido, la vestimenta del indígena ha sido un símbolo
que ha tenido varios significados. Por un lado, es una forma de identidad de la
persona que lo usa y se siente orgullosa de llevarlo. Y por otro lado, se utiliza

383
Antología de la democracia ecuatoriana

la vestimenta para acentuar que la mujer indígena debe mantener la tradición


de los pueblos, más que los hombres que pueden vestirse de mestizos. En este
sentido, Pacari sigue utilizando su vestimenta: falda negra, blusa blanca, co-
llares dorados y un chal negro anudado a los hombros, que personifican su
orgullo indígena y al mismo tiempo desafían a sus compañeros indígenas a
usar sus propias vestimentas.

Más allá de su vestuario, Pacari es el ideal de mujer no solo indígena, sino


profesional que está preparada para romper las imágenes de los latinoamerica-
nos que la ven solo como “proveedora por excelencia de materia prima para el
científico social”. Y sobre todo de la mujer que estaba mirada como “la campe-
sina indígena, pobre, analfabeta, y víctima de violaciones a los derechos huma-
nos”. Pacari busca que su identidad esté relacionada con la imagen de una lide-
resa política que transgrede y se convierte en una intelectual (Rodríguez Maes,
2008). En este sentido, está consciente de su identidad y de sus capacidades
intelectuales, al pronunciar: “se acabó el dar testimonio, ahora toca adoctrinar:
vengo a la Universidad para explicarles cómo es nuestro mundo, no a contar-
les mi vida” (El País, Bilbao 17 JUL 2017). Así, Pacari representa una figura
distinta de la mujer indígena que necesita de una portadora para explicar su
vida, como fue el caso de Rigoberta Menchú de Nicaragua o Domitila Barrios
de Chungara de Bolivia que contaron sus vidas a los académicos extranjeros.
Pacari no necesita de portavoces, ella misma es su propia portavoz.

De esta manera, Pacari se diferencia con un discurso de defensa de la partici-


pación política de los pueblos y de las mujeres indígenas. De ahí que uno de
los planteamientos a través de la CONAIE fue una reforma constitucional para
que hubiera un legislador adicional que fuera elegido por los pueblos indíge-
nas. Esta reforma propuesta en 1994 no fue acogida. Por lo tanto, los indíge-
nas, a través del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, participaron
en las elecciones en 1996. Ocho legisladores fueron elegidos.

La participación de las mujeres en Pachakutik ha sido casi nula. Pacari aduce


a seis razones. Una, pocas mujeres se postulan como candidatas. Dos, la gran
mayoría de mujeres son analfabetas. Tres, no hay capacitación para mejorar
la gestión. Cuatro, hay una falta de experiencia política. Cinco, Pachakutik no

384
Antología de la democracia ecuatoriana

tiene una fuerza política representada en sus candidatos elegidos. Seis, no hay
un cultura de consenso para una eficiencia en la gestión (Pacari, 2002, 6-7).
Estas razones en general han sido válidas pero se destaca una mujer, Lourdes
Tibán, que sí ha contribuido a los intereses de los indígenas.

Las asambleistas

Lourdes Tibán

Otra mujer indígena que ha tenido protagonismo en la política nacional es


Lourdes Tibán. Nació en Salcedo y se educó en jurisprudencia y luego obtuvo
una maestría en Ciencias Sociales de la FLACSO-Ecuador. Inicio su carrera
política como asesora del diputado Leonidas Iza y fue asambleísta por Coto-
paxi, y también a nivel nacional por Pachakutik, A principios de 2017 fue nom-
brada miembro del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU
para el periodo 2017-2019.

Lourdes Tibán continúa la tarea de Nina Pacari en el sentido de seguir con


la lucha por los derechos de los indígenas. Uno de ellos es la visión indígena
sobre el desarrollo sustentable, que considera que la naturaleza es un todo,
es decir incluye lo material, lo espiritual y lo humano. Por lo tanto, hay que
cuidar y respetar al conjunto de seres vivientes, mantener y alimentar la tierra,
proteger los productos y los recursos no renovables. Así se puede mejorar el
nivel de vida de la familia y de la comunidad (Tibán, 2014, 113). Otro dere-
cho es el poder tener su propio sistema de justicia. Las características son las
siguientes. Una, las autoridades deben pertenecer a cada comunidad, pueblo
o nacionalidad. Dos, tienen un procedimiento propio, basado en un derecho
consuetudinario. Tres, la sanción tiene un carácter social, curativo que permite
la reintegración y la rehabilitación. Cuatro, hay una participación a través de la
decisión colectiva de la comunidad para resolver un caso determinado. Cinco,
es gratuita, oral y en la lengua de los miembros de la comunidad. Seis, uno
de los objetivos es “la restitución inmediata de la armonía y la paz comunal o
colectiva” (Tibán, 2008, [Link]). De ahí que considera que en el país
hay una creencia de que hay un solo derecho jurídico y por lo tanto, “distor-
sionan todas las prácticas de justicia indígena considerando como salvajismo,

385
Antología de la democracia ecuatoriana

primitivismo, ignorancia o brutalidad” (Ibid). Tibán se presenta como una de-


fensora de los derechos de los pueblos indígenas, así como lo hizo Pacari.

La imagen de Tibán es distinta a la de Pacari. Por ejemplo, en su vestimenta


hubo un cambio para no ser discriminada. Así lo relata:

El Dr. Humberto de la Torre (+) profesor de Introducción al Derecho


en su primer día de clases me quedó mirando y me dijo: “tú, hijita, sá-
cate el gorro, aquí no estás en tu corral de borregos”. Tuve tanto miedo
que me terminé sacando el sombrero y por cuatro años consiguientes
no lo volví a usar;… me hice rubia y cada mes me cortaba el cabello
y me cambiaba de look… para supuestamente dejar de ser indígena
(Tibán, 2016, 58).

Este cambio es interesante porque es parte de una estrategia para no ser dife-
renciada pero una vez que es reconocida por sus estudios, casi al terminar su
carrera, vuelve a su traje de indígena como si ya tuviera la fuerza para luchar en
contra de esa discriminación. Así lo reconoce “cuando uno no está consciente
de su identidad, esconde lo que es y termina “chinkarishka (pérdida de identi-
dad), cambié de vestimenta porque pensé que por ser indígena hasta corría el
riesgo de perder el año” (Tibán, 2016, 58). Mientras que Pacari, utilizó otra es-
trategia, la de unirse a otros indígenas universitarios para no ser tan relegados
y presentar un imagen de ser cultos.

Por otro lado, al ser Tibán casada tiene una concepción de su feminidad más
apegada a la comunidad indígena. En sus propias palabras:

...no se debe poner de lado a los hombres, sino caminar junto al hom-
bre, cocinando, lavando, planchando, casándome, teniendo un hogar
maravilloso como el que yo tengo, no puedo quejarme del esposo más
lindo que he conseguido…

Y agrega:

Yo he estado en varios eventos de feminismo, yo respaldo la lucha fe-

386
Antología de la democracia ecuatoriana

minista, es extraordinaria en la medida que ayuda a superar ciertas


desventajas que tiene la mujer en la sociedad, yo he estado en algunos
eventos, yo apoyo a los eventos del feminismo, pero me fui a un evento
en Holanda, me invitaron me pagaron y me fui; pero, yo vine asustada
porque en el seminario, todas las mujeres que exponían, era de que al
hombre no hay que darle el mínimo chance que te ofrezca matrimonio,
no tienes necesidad de juntarte con los hombres, porque tienes que pa-
rir, porque tienes que tener en tu vientre nueve meses ese peso maldito
de creer que tu cuerpo es una bolsa, que tu cuerpo es un costal, donde
alguien pueda eyacular y sale un niño, yo me quede asustada, desde ahí
dije no...(Tiban en Ortiz Lemos, 2017,151).

En esta declaración está presente la concepción indígena del matrimonio que


históricamente considera a la mujer en una posición simétrica en la que su
función es “caminar junto al hombre”, es decir apoyarle, así como el hombre
también le apoya. Sin embargo, Tibán vivió en unión libre, antes de casarse,
por lo que rompió el patrón cultural en que los padres del novio debían hacer
el pedido y concretar el matrimonio (Tibán, 2016, 69).

Por otra parte, manifiesta que apoya al feminismo pero no al extremo de no


creer que la gestación de la maternidad es “tener en tu vientre nueve meses ese
peso maldito de creer que tu cuerpo es una bolsa”. De ahí que si bien es cierto
ha luchado por los derechos de los indígenas, no se ha alineado a los intereses
de las feministas….

Mae Montaño

Montaño es la primera asambleísta afro-ecuatoriana que ha sido elegida por


dos ocasiones en 2013 y luego en 2017. Tiene varios títulos académicos en
educación, ingeniería comercial y periodismo. Se vinculó al movimiento
CREO (Creando oportunidades) como vicepresidenta nacional y directora po-
lítica desde 2012. Sin embargo se desvinculó de CREO para desempeñarse
como asambleísta independiente hasta que cumpla su periodo en 2021.
Su interés ha sido:

387
Antología de la democracia ecuatoriana

Mi lucha siempre será para apoyar a los menos favorecidos: a los empren-
dedores, a los jóvenes, a las mujeres, a los afros, a los indígenas, a los tra-
bajadores; a todos los que están en condiciones de desventaja, para que
alguna vez este sea el país de las oportunidades y no el país de las desigual-
dades ([Link] consultado, Febrero 2, 2020).

Este interés nació desde su infancia por sus dificultades económicas lo que le
llevó a pensar que la educación es la mejor arma para combatir las desigualda-
des que ella misma las había pasado. El hecho de ser mujer, afro-descendiente
y soltera hace que estas diferencias sean aún más complejas. De ahí que de-
cidió ingresar al campo de la política que generalmente está reservado para
hombres. Así lo relata:

Después de muchos años de haber sido maestra me involucré en lo


social, de manera especial en los temas de no violencia a la mujer. En
esta posición entendí que, desde el activismo social y las organizacio-
nes sociales no se pueden tomar grandes decisiones si quieres cambiar
profundamente la vida de la gente. Entonces tomé la decisión de entrar
en la política (El Telégrafo, 2018).

Su batalla por los grupos discriminados se ha basado en integrar a los grupos


sociales más pobres: los pueblos indígenas y los afro-ecuatorianos. Una de sus
luchas ha sido eliminar esta discriminación a través de derechos económicos
para poder nivelar estos grupos e integrarlos de una forma productiva.

En su corta trayectoria en la política, está consciente que el gobierno de Co-


rrea, “cortó los liderazgos de las mayores organizaciones sociales” por lo que
“estos grupos han perdido fuerza y visibilidad”. Adicionalmente, “un consejo
de participación ciudadana hizo que la participación se convirtiera en un es-
pacio burocrático y no uno de dinamismo para las comunidades y los distin-
tos grupos sociales” (El Telégrafo, 2018). Estos dos mecanismos utilizados
por el gobierno anterior han debilitado a la sociedad civil y sobre todo han
contribuido a que sus necesidades sociales se hayan relegado sin tener mucha
posibilidad de lucha.

388
Antología de la democracia ecuatoriana

Finalmente, está convencida que el incremento de mujeres en los círculos de


poder en el gobierno de Rafael Correa tiene una razón fundamental: “esas mu-
jeres no estaban allí por una trayectoria feminista, sino como vacías figuras
útiles” (Ibid.). La figura de Montaño ha tomado preponderancia porque su ac-
tuación ha sido coherente con su discurso político, al contrario de las que ella
considera como figuras útiles.

Conclusiones

Este trabajo es solo una entrada a un tema que debe ser más estudiado. Se nece-
sita hacer entrevistas a las mujeres que han podido ser elegidas para puestos de
poder así como también entrevistas a quienes no han sido elegidas. Se requiere
hacer un seguimiento de sus discursos políticos para entender mejor las postu-
ras de estas mujeres sobre los temas que defienden. Se necesita también com-
prender cuáles son sus intereses y si estos están o no ligados a las demandas de
grupos de mujeres. Y finalmente, se debe conocer desde sus partidos políticos
el tipo de liderazgo que tienen para saber cuáles pueden ser sus aportaciones
a la política.

En todo caso, este estudio ha intentado sistematizar la participación política en


el área formal de siete mujeres que han sido pioneras. Las mujeres examinadas
tienen similitudes y diferencias. Todas tienen títulos universitarios, lo cual im-
plica que sus credenciales académicas han sido relevantes para competir con
los hombres políticos. El título de abogada está presente con Rosalía Arteaga,
Cynthia Viteri, Nina Pacari, y Lourdes Tibán. Otras disciplinas, como psico-
logía clínica está ligada a María Alejandra Vicuña; Gestión para el Desarrollo
Local Sostenible, a Gabriela Rivadeneira, y en Educación, Ingeniería Comer-
cial y Periodismo, a Mae Montaño. La profesión en Derecho es la más común,
ya que históricamente tiene su asidero en la política. Las mujeres que se han
involucrado en la política en los últimos años tienen otras profesiones, lo que
implica que hay otros intereses que les inclina a este campo.

El estilo de liderazgo está asociado a los partidos políticos que les apoyaron
para ganar las elecciones. A primera vista, estas mujeres siguieron las directri-
ces de sus líderes de partido político. Por ejemplo, Cynthia Viteri mantiene un

389
Antología de la democracia ecuatoriana

discurso en la línea de Nebot; María Alejandra Vicuña se alinea a Moreno y


Gabriela Rivadeneira, a Correa. Pacari y Tibán pertenecen a Pachakutik pero
no necesariamente están siguiendo los preceptos de un líder en particular, sino
más bien del partido. Mientras que otras, como Arteaga no tiene un padrino
político por lo tanto cuando se lanzó sola en 1998 a la presidencia tuvo pocas
posibilidades de ganar y Montaño estaba afiliada a CREO, pero ahora como
asambleísta independiente, no se conoce a ciencia cierta si seguirá o no en la
política.

Estos casos examinados corroboran que las mujeres ecuatorianas todavía no


pueden ingresar solas en este ámbito masculino porque están condicionadas a
no poder tener una agenda femenina. El aumento de población femenina apta
para votar y el sistema de cuotas ha tenido un efecto positivo en el sentido de
que hay más presencia de mujeres. Sin embargo, el hecho de que estas mujeres
han podido ser visibles en puestos de poder a nivel formal no ha significado
necesariamente que hayan podido aprobar leyes y sobre todo implementarlas
para la defensa de los intereses del sector femenino. Empero, las reformas al
Código de la Democracia publicadas el 3 de febrero de 2020 incluyen la pa-
ridad de género en la conformación de las listas pluripersonales. Es decir, las
mujeres deber llegar a presidir el 50% de estas listas. Además, “el porcentaje
mínimo de encabezamiento de mujeres en las listas a nivel nacional por orga-
nización política, será del 15%.” Y “el porcentaje de listas encabezadas por
mujeres a inscribirse por la organización política para elecciones pluripersona-
les y unipersonales, será mínimo del 30%”(Registro Oficial, febrero 3, 2020,
35). Estas reformas fueron respaldadas por lideresas, movimientos de mujeres
y por partidos/movimientos políticos como Alianza PAIS, Partido Social Cris-
tiano-Madera de Guerrero (PSC-MG), CREO, Pachakutik e Izquierda Demo-
crática. De hecho, estos partidos ya están cambiando las estrategias para dar
cumplimiento para la paridad. Este es un logro importante ya que en el pasado,
las mujeres que participaban en estas listas solamente estaban en segundos o
cuartos lugares, lo cual les inhabilitaba a tener mayor impacto en la toma de
decisiones. Adicionalmente, Ecuador está entre los cinco países latinoamerica-
nos, Argentina, México, Bolivia y Costa Rica que han reglamentado la paridad
en el sistema político. Por lo tanto, este país está llegando a un proceso de
paridad lento, progresivo y positivo.

390
Antología de la democracia ecuatoriana

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Vega Ugalde, Silvia.2004. “Movimiento de mujeres ¿Cuál es el “Nuevo Mo-


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392
Antología de la democracia ecuatoriana

Periódicos consultados

El Comercio
El País
El Telégrafo
Revista Vistazo

393

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