Bodegones y Floreros: Arte Español 1600-1800
Bodegones y Floreros: Arte Español 1600-1800
SALAS DE EXPOSICIONES
PALACIO DE BIBLIOTECAS Y MUSEOS
OVlEMBRE 1983 I ENERO 1984
MINISTERIO DE CULTURA
DIRECCIÓ GENERAL DE BELLAS ARTES Y ARCHIVOS
PINTURA ESPAÑOLA DE BODEGONES Y FLOREROS
DE 1600 A GOYA
ILUSTRACIÓN DE CUB IERTA
PINTURA ESPAÑOLA DE
BODEGONES Y FLOREROS
DE 1600 A GOYA
MINISTERIO DE CULTURA
DIRECCION GENERAL DE BELLAS ARTES Y ARCHIVOS
ISB N , 84-500-9335-X ! Ocp. Legal, M-36246-1983
PALABRAS PRELIMINARES
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PRESENTACIÓN
7
La exposición de 1935 incluyó artistas de muy entrado el siglo XIX, que
trabajaron hasta los años de 1880, y que rebasaban ampliamente la sensibilidad
romántica, para entrar de lleno en el gusto de la burguesía de la Restauración.
En esta ocasión, se ha preferido limitar lo expuesto a los siglos XVII y XVIII,
cerrando idealmente la exposición con Goya, cuya actitud ante la naturaleza
muerta abre las puertas de un muy personal romanticismo dramático. Algún
artista más joven que Goya está representado también (López Enguídanos, Parra,
Lacoma, Montalvo ... ), pero siempre con obras anteriores a 1828, fecha de la
muerte del gran aragonés, y en cualquier caso, piezas de una estética inmersa
en la tradición dieciochesca. El sigl9 XIX, objeto en la actualidad de tan reno-
vada atención crítica, merece y exige una consideración independiente, que quizás
pueda dedicársele en una ocasión no lejana. ·
Un proyecto como el que ahora se hace realidad, ha necesitado infinidad
de ayudas y colaboraciones. Ante todo, los propietarios de las obras y los di-
rectores y conservadores de los museos españoles y extranjeros, que han prestado
algunos de sus tesoros, al igual que los de ciertas instituciones, como el Patri-
monio Nacional, las Reales Academias de San Fernando de Madrid, San Carlos
de Valencia y San Jorge de Barcelona, la Fundación Santamarca o el Banco de
España, que han accedido también a desprenderse por algún tiempo de sus
piezas más significativas. A ellos, cuya relación detallada se incluye en otro
lugar, debe ir el agradecimiento de todos. Sin su generosidad, el esfuerzo del
Museo del Prado hubiera quedado evidentemente incompleto.
De entre todos ellos se hace preciso subrayar algunas menciones expresas:
Irene Martín, Directora en funciones del Meadows Museum de la Southern
Methodist University, de Dallas, no sólo ha prestado generosamente algunos
de sus lienzos, sino que ha accedido a responsabilizarse del traslado de otros
cuadros procedentes de EE. UU. para hacer menos oneroso el correspondiente
capítulo presupuestario; Ricardo Urbano, Secretario Contador de la Funda-
ción Santa Marca, ha dado toda clase de facilidades y ha asumido, con cordial
generosidad, las molestias del taller improvisado para la restauración de algunas
obras de la Fundación, hecha realidad por la generosidad de la Fundación Banco
Exterior; Felipe Garín Llombart, Director del Museo de Valencia, se ha esfor-
zado en que algunos de los lienzos de aquella procedencia fuesen restaurados
«ex profeso» para esta ocasión; J. M. de Azcárate, Conservador del Museo de
la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ha sabido vencer las dificul-
tades que la situación actual de la Academia entraña, para que sus lienzos pu-
dieran estar puntualmente dispuestos, y D. Matías D íaz Peña, Decano de la
Facultad de Ciencias Químicas, simplificó los trámites de préstamo y facilitó
la obtención de fotografías de sus lienzos.
Mención especial requieren, también, algunos maestros, colegas, amigos y
colaboradores que han prestado una más directa atención a nuestras demandas
y han ayudado a resolver muchas de las mil incidencias que la larga gestación
de este proyecto ha llevado consigo y a quienes deseo agradecer, más personal y
directamente, su impagable ayuda.
A D. Diego Angulo, maestro de todos, a cuya enseñanza, consejo y estímulo
se debe, como en tantas otras ocasiones, el punto de partida de mis estudios
sobre este aspecto de la historia de nuestra pintura; a Enrique Valdivieso, tan
buen conocedor del bodegón español, que ha ayudado a resolver infinidad de
dificultades en Sevilla, juntamente con J. M. Benjumea y J. Miguel Serrera,
siempre generosos en la colaboración; a Jesús U rrea, que ha cumplido análogo
papel en Valladolid, insustituible en ciertas amistosas gestiones; a Marta Medina,
a cuya gestión personal deben su presencia algunas de las obras que aquí se
exhiben; a F. Sanz Vega que ha suministrado, en un tiempo récord, material
gráfico imprescindible de su archivo personal; a Isabel de Armas, que nos puso
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en la pista de ciertas piezas singulares, y a Francisco Rocha, cuya dedicación
y asistencia continua en la preparación del Catálogo rebasa con mucho lo que
suele comprenderse bajo la fría denominación de coordinación y maqueta.
Y, por supuesto, también debe quedar constancia expresa de la colaboración
de todo el personal del Museo del Prado, tanto del de carácter científico, como
del subalterno que, en la difícil situación actual, ha afrontado la nada cómoda
tarea de mover repetidas veces lienzos almacenados para las in1prescindibles
verificaciones y revisiones, y del Taller de restauración en pleno, que ha reali-
zado, con entusiasmo y eficacia, la limpieza y puesta a punto de muchas de las
piezas almacenadas de antiguo y necesitadas de tratamiento.
La prudente dirección de Manuela Mena, su constante e inteligente aten-
ción a toda esa labor, y su colaboración y consejo en muchas otras ocasiones,
han sido siempre inestimables, así como la paciente y eficaz labor de Felicitas
Martínez en el copiar y revisar varias veces el manuscrito del Catálogo y la de
Dolores Muruzábal en atender, desde mi Secretaría, la infinidad de pequeñas -y
grandes- cuestiones que la larga preparación de la exposición han llevado consigo.
Una exposición de este volumen hubiese sido deseable que se exhibiera en
las propias salas del Museo, propietario de casi un tercio de las piezas que se
exponen. La situación actual, con las obras de climatización muy avanzadas,
pero en pleno desarrollo, han desaconsejado que así se hiciese, pues forzaría a
descolgar una vez más y hacer invisibles buena parte de los fondos en la ac-
tualidad expuestos, que son ya - como es bien sabido- sólo una parte de su rico
patrimonio. La Dirección General de Bellas Artes, a través de su Servicio de
Exposiciones, ha asumido la instalación en las Salas Picasso del Palacio de Bi-
bliotecas y Museos, y el Prado se felicita de esta iniciativa que quizás sea nece-
sario repetir, en alguna otra ocasión, ante proyectos semejantes, mientras duren
las obras y no disponga el Museo de instalaciones propias para exposiciones
temporales de este volumen.
El panorama de la pintura española de Bodegones y Floreros que aquí se
presenta, constituirá para muchos una deslumbrante sorpresa. Desde la grave
severidad de las humildes hortalizas de Sánchez Cotán hasta el desgarrado dra-
matismo de los anin1ales muertos de Goya, desfila toda la producción española
de un género tenido en su tiempo y casi en el nuestro por menor y vulgar, pero
en el que los artistas españoles pusieron, como dijo Charles Sterling: «le plus
d'ame avec le plus de style» .
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CATÁLOGO Como podrá advertirse, el orden seguido en las papeletas del Catálogo se ciñe por entero
a los textos de introducción de modo que, en realidad, puede considerarse la Exposición
como una introducción a la historia del género de bodegón entre nosotros, de la cual
las obras que se exhiben constituyen la ilustración.
En las fichas descriptivas del catálogo, las dimensiones de los cuadros se dan en metros,
y la altura precede siempre a la anchura. Las abreviaturas L (lienzo), T (tabla) y C (cobre)
se emplean para designar el soporte de las pinturas, siempre al óleo, a menos que se
indique lo contrario.
BIBLIOGRAFfA La bibliografía de las piezas expuestas se indica en forma abreviada (autor, año, página).
Puede encontrarse completa en la Bibliografía General, recogida al final del volumen.
FOTOGRAFÍA Buena parte de las fotografías reproducidas han sido obtenidas en el Laboratorio foto-
gráfico del Museo del Prado; algunas proceden del Archivo Mas de Barcelona y otras
han sido facilitadas por los propietarios de las respectivas piezas. Obviamente y por
razones de urgencia, muchas de las fotografías muestran las obras en su estado previo
a la limpieza y restauración que se ha realizado expresamente para esta ocasión.
En algún caso, las ilustraciones que acompañan a los textos introductorios han sido re-
producidas de las publicaciones en que fueron dadas a conocer las obras en cuestión o de
antiguas fotografías conservadas en los archivos del Museo del Prado o en la fototeca
del Instituto Diego Velázq~ez del C. S. l. C.
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PINTURA ESPAÑOLA DE BODEGONES Y FLOREROS
DE 1600 A GOY A
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EL GÉNERO DE BODEGÓN Y SU SENTIDO
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EL GÉNERO DE BODEGÓN Y SU SENTIDO
4 Pedro Soto de Rojas, Paraíso cerrado para sin aludir, en ningún caso, a otros significados ocultos. Para Soto de Rojas 4
muchos, jardines abiertos para pocos. G ranada, «Ledesma en sus fruteros / buelve a engañar los pájaros ligeros»; Lope de Vega,
1652.
a propósito de Van der Hamen, hace quejarse a la Naturaleza que «dixo que
vuestro ingenio peregrino / le hurtó para hacer frutas los pinceles; / que no pintais,
sino criais claveles, / como ella en tierra, vos en blanco lino» y en otra ocasión,
«Sepa la envidia, castellano Apeles / que en una tabla de tus flores llena, cantó
5 Son dos los sonetos qu e Lope dedica a Van una vez, burlada, Filomena / y libaron abejas tus claveles 5 .
.der Hamen: un o lo reproduj eron Palomino y Parece, pues, que los contemporáneos estrictos veían en estas obras una her-
Ceán Bermúdez y cuantos se han ocupado
de este artista. El otro, de las Obras sueltas
mosa imitación de lo visible, y cuando ponderan a los mejores maestros del gé-
recogidas en 1630, lo pubücó Sánchez Can- nero, es la excelencia en la imitación lo que más se elogia con términos tantas
tón en sus Fuentes pttra la historia del Arte veces apoyados en los tópicos de vieja tradición clásica. Recuérdese que el engañar
Español T. V, p. 399. a los pájaros con frutas pintadas se dice de Zeuxis, desde Plinio 6• La expresión,
6 Pünio, Natura/is Historiae, übro 35, capítulo 10. tantas veces empleada por Palomino, de «la superior excelencia», se refiere siem-
pre, en estos casos, a lo imitativo.
Si, además, repasamos los más antiguos escritos de aquellos pintores que han
dejado testimonios literarios, nos encontramos siempre con una actitud, como
de diversión y condescendencia al cultivar este género, tenido indudablemente
por menor. Pacheco comenta que «me aventuré una vez a agradar a un amigo ...
y le pinté un lencecillo con dos figuras del natural, flores y frutas y otros ju-
guetes». Parece que sólo le preocupa de este género la mayor o menor dificultad
en el logro de la imitación: «Verdad sea que los peces y aves y cazas muertas
más fácilmente se alcanza su imitación, por que en la postura que se elige al
principio guardan, todo lo que quiere el pintor, y en todas las cosas de comer
o beber, siendo lo mismo, como en los vasos y frutas ».
Sus palabras parecen definir ya algunos de los grupos, que por comodidad
se han venido haciendo luego dentro del género y que Palomino clasifica junto
al' «argumento racional», en «argumentos» sensitivo (animales vivos), vegetativo
(vegetales, flores, frutas y paisajes), inanimado («edificios, arneses, aparadores,
instrumentos, vestuarios y otras riquezas y alhajas semejantes») y mixto.
Para Pacheco: «Es muy entretenida la pintura de las flores imitadas del na-
tural en tiempo de primavera y algunos han tenido eminencia en esta parte,
particularmente en Flandes ...
Tampoco falta en este tiempo quien se aficione al entretenimiento de esta
pintura, por la facilidad con que se alcanza y el deleite que causa su variedad, y
entre los que lo han hecho con fuerza y arte se puede contar Juan Vander Hamen ...
Puede haber maestría en los vasos de vidrio, de barro, de plata y oro, y
cestillos en los que se suelen poner las flores y en la elección de las luces y dis-
minución y apartamiento de las cosas entre sí. Y alguna vez se pueden divertir
en ellos buenos pintores, aunque no con mucha gloria ...
Por el mismo camino va la pintura de frutas, si bien pide más caudal y tiene
más dificultad su imitación por servir en algunas ocasiones a graves historias ...
Y no se pueden dar reglas en esta pintura sino que se use de finos colores
y de puntual imitación ... ».
«Ütros se han inclinado a pintar pescaderías con mucha variedad; otros aves
7 Pacheco, Arte de la Pintura, Edición de Sán- muertas y cosas de caza; otros bodegones con diferencia de comida y bebida» 7 .
chez Cantón, Madrid, 1956, Vol. Il, p. 133 Su actitud, aunque distante y respetuosa con las jerarquías de los géneros,
y SS.
tiene que ser amplia y generosa por la proximidad de su yerno V elázquez, maes-
tro en el género: «¿Pues qué? ¿Los bodegones no se deben estimar? Claro que
sí, si son pintados como mi yerno los pinta, alzándose en esta parte sin dexar
8 Ibídem, p. 137. lugar a otro, y merecen estimación grandísima» 8.
Las agrias palabras de V. Carducho, tan próximas en el tiempo, parecen
referirse, más que a los lienzos de bodegón, tal como los consideramos hoy, a
los cuadros de composición caravaggista, al modo de la «manfrediana methodus»,
pero vale la pena recordarlas, pues, en lo que se refieren a obras de nuestro asun-
14
EL GÉNERO DE BODEGÓN Y SU ENT/DO
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El GÉNERO DE BODEGÓN Y S U SENTIDO
«Muchas flores abiertas, picadas por abejorros y una azucena en capullo, libre
de ellos» parecen sencillos floreros de Arellano, pero en realidad simbolizan tam-
bién la Inmaculada Concepción:
En tates les flors que estan
patents, pica el borinot
mes en lo lliri non pot.
«Un candelabro con todas las velas apagadas, menos una que simboliza la Virgen
(Ardens atque lucens, Gen. 14) »:
Por mas que de estos horrores
todos la miren cercada
la María es preservada.
«Encima de otra mesa se pintó una bolsa que franqueaba muchos doblones»,
(Bursa redeptionis Maria):
Borsa de la redenció
fonch Maria e del pecat
no tingue garrama (contribución) o gat (falso).
14 Dr. Vicente Carbonell, Célebre Centuria, que En la Célebre Centuria 14 de Alcoy, en la que se recogen las fiestas del cen-
consagró la Ilustre y Real Villa de A /coy en tenario de unas sagradas formas profanadas, también se describen «sutiles gero-
honor y culto del Soberano Sacramento del
A ltar. Valencia, 1672. Hay edición facsúnil, glíficos» de «Alcoianos ingenios», que no son en realidad sino cuadros de género
con estudio y notas de R afael C oloma. Ali- o bodegones simples a los que dota de sentido la ocasión y el ingenio de quie-
cante, Caja de Ahorros Provincial, 1976. nes los eligieron.
«Pintase una vela encendida, cuyo pie era un hermoso candelabro y una
16
EL GtNERO DE BODEGÓN l' SU SENTIDO
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EL Gt.NER O DE BODEGÓN Y SU SENTIDO
EL PROBLEMA DE LA TERMINOLOGÍA
18
EL GJ'.NERO Of. BODEGÓN )' SU SENTIDO
19
ORIGEN Y DEFINICIÓN DEL GÉNERO EN ESPAÑA
P. AERTSEN. Mercado.
Madrid. Propiedad panicular
21
ORIGEN Y DEFIN ICIÓN DEL GÉNERO EN ESPAÑA
22
ORIGEN Y DEflN/C/ ÓN DEL Gf.NERO EN ESPARA
v. CA MPI. Pescadería.
Cuenca. M useo Provincial.
Depósito del Museo del Prado
23
OR IGEN Y DEFIN ICIÓN DEL GÉNERO EN ESPA/\IA
C. A . PROCACCINI.
Descanso en la huída a Egip to.
Londres. Trafalgar Galleries
24
ORIGEN l' DEFINICIÓ DEL GÉNERO EN ESPAÑA
25
LA APARICIÓN DEL GÉNERO ·EN CASTILLA
LUIS DE VELASCO.
Detalle de San Blas entronizado.
Toledo. Catedral
27
LA APARICIÓN Df.L Ct.NF.RO f.N CASTILLA
40 Fernando Marías, M aestros de la Catedral. otras cosas». Con mucha razón Fernando Marías 40 ha considerado esta obra,
Artistas y artesanos. Datos sobre la pintura menor y complementaria, como una «efímero bodegón». Aunque escape un tanto
toledana de la segunda mitad del siglo X VI.
«A. E. A. », 1981, p. 337.
a nuestro asunto, es testimonio de su conocimiento de este género de pinturas,
en un año en que ya consta la especialización en él de un verdadero maestro:
JUAN SÁNCH EZ COTAN.
Con Sánchez Cotán comenzamos a pisar con más firmeza, pues conserva-
mos suficientes obras suyas, algunas incluso fechadas o fechables con toda pre-
cisión. Nacido en Orgaz (Toledo) en 1560, se formó en Toledo, siendo, según
todos los testimonios, discípulo de Blas de Prado, a quien estuvo muy ligado
profesional y amistosamente. En 1603 decide ingresar en la Cartuja y abandonar
su carrera de pintor que hasta entonces le había hecho realizar abundantes re-
tablos en la zona toledana y manchega, así como retratos. Hace entonces un
testamento muy minucioso, y el inventario de sus bienes nos describe su taller
en el que figuran obras abundantes del género que nos ocupa. El Bodegón del
Duque de Hernani (n.º 3), firmado en 1602, permite conocer su estilo en estos
años toledanos que vienen a ser definitivos en su producción bodegonista.
Pasó a la Cartuja de Granada, donde realiza abundante obra religiosa y de
donde parece proceder algún otro bodegón de gran calidad y técnica análoga
a los toledanos, y divide el resto de su existencia, hasta su muerte en 1627, entre
la Cartuja granadina y la madrileña de El Paular.
Con Cotán, y en fecha sorprendentemente temprana, queda definido un
modo de representación de la naturaleza muerta que va a ser específicamente
español, y en el que se ha querido ver una serie de implicaciones simbólicas
41 Sobre Cotán: Angulo-Pérez, Pintura toledana de sentido teológico, cuando menos discutibles 41 •
de la primera mitad del siglo X VII, Madrid, Pero, sea cual sea su sentido profundo, es absolutamente evidente que la
1972, pp. 39-102 (con toda la bibliografía
precedente), y J. G udio l Ri cart, Natures mar-
concepción de Cotán, con su limpidez casi mágica, su simplicidad elemental y el
tes de Sánchez Cotán (1561-1627), «Pantheon », subyugante uso de una luz de intensidad sobrenatural, ha logrado para el bode-
IV (octubre-no viembre, 1977), pp . 311-318. gón español una consideración crítica y una estimación de primerísimo orden.
U na interpretación teológica, a todas luces Los objetos, casi siempre productos de la Naturaleza, elementales y en abruma-
excesiva, la ofrece D on D enny, Sánchez Co-
tán, Still-life with Carrots and a Cardoom, dora mayoría vegetales, se muestran ante un hueco, que ha sido generalmente
«Pa ntheon», enero-febrero 1972, pp. 48-53. interpretado como ventana, pero que más lógicamente será una especie de fres-
quera o cantarera, hueco abierto en las cocinas rurales al hilo de las corrientes
de aire, para mantener frescos botijos y cántaros y oreados ciertos comestibles.
Frutas como el melón, los membrillos, las manzanas, penden suspendidos, como
era frecuente colocarlos, para conservarlos a lo largo del año, sustrayéndolos a
los contactos y golpes que podían determinar su podredumbre. También se
muestran allí aves de caza, igualmente pendientes, mientras en el antepecho se
apoyan cardos, zanahorias y otras verduras o frutas resistentes.
El fondo oscuro y la fuerte iluminación prestan a estos objetos cotidianos
-dibujados con precisión casi alucinante, seguramente de precisión flamenca,
pero bien ajenos a la usual acumulación nórdica- una verdad tan intensa, obsesiva,
que devienen, a nuestros ojos, objetos casi mágicos, cargados de una intensidad
misteriosa. Parece obligado, desde luego, evocar las palabras y los conceptos
de los místicos, desde las de San Juan de la Cruz, que al hablar de las criaturas
y del Amado, éste «yéndolas mirando, con sólo su figura, vestidas las dejó de
42 Citada por O rozco Díaz, El pintor cartujo su hermosura» o la experiencia de Sor Cecilia del Nacimiento 42, que veía en-
Sánchez Cotán y el realismo español en «C la- tonces «todas las cosas con tal nitidez y agudeza que parecía que las contemplaba
vileño », 1952, n. 0 16, p. 28.
a través de los ojos de un lince».
En el Bodegón del Museo de San Diego, los objetos se disponen en una
sutilísima curva, de perfil hiperbólico, desarrollada no en un plano paralelo a la
superficie del lienzo, sino de dentro hacia fuera, en habilísima disposición, ní-
tidamente perceptible.
Esta austeridad se frena un tanto en el Bodegón de Chicago, que repite los
mismos elementos y añade una serie de aves de caza, y adquiere matices de
28
LA APARICIÓN DEL Gi!NERO EN CASTJLL ,1
29
LA APARICIÓN DEL GP.NERO EN CASTILL A
ANÓNIMO
1 Ciruelas en frutero de cristal Aunque hayan de permanecer anónimos por ahora, estos fruterillos corresponden,
L. 0,275 X 0,275 sea cual sea su autor, a un momento inicial de la historia de la naturaleza muerta y habrán
Madrid. Fundación Santamarca de fecharse muy a comienzos del siglo XVII.
Su extraordinaria sobriedad y elegancia, y su disposición frontal y simétrica, hacen
pensar todavía en las decoraciones de grutescos y candelabros de carácter renacentista,
ANÓNIMO
lo mismo que el refinado preciosismo de las piezas de cristal, que reflejan modelos to-
2 Peras en frutero de cristal davía del siglo XVI. El efecto luminoso, de marcada intensidad, pero sin el dramatismo
L. 0,275 X 0,275 caravaggiesco, nos lleva también a un tiempo próximo a Sánchez Cotán, si es que fuesen,
Madrid. Fundación Santamarca como creemos, españoles. Fuera de España es en el norte de Italia, Cremona o Milán,
donde habría que pensar para encontrar algo semejante.
30
L A Al'AR ICIÓN DEL GÍ.NERO EN CASTILL A
31
LA APAR ICIÓN DEL GÉNERO EN CASTILLA
32
LA i/Pi/ RIC/ÓN DEL GÍ.Nf.RO EN CA Tlllil
33
LA APAR ICIÓN DEL Gl!NERO EN CAS TILL A
34
Lll 111'1/RICIÓN DEL GÍ.NERO EN CnS71LUI
FELIPE RAMÍREZ
7 Bodegón Es obra capital que, de no estar firmada, podría pasar por obra de Sánchez Cotán.
L. 0,72 X 0, 92 En realidad el cardo copia hasta en sus menores detalles el del lienzo del pintor cartujo
Firmado: «Philipe Ramirez / fa. 1628» de 1602, que aquí también se expone (n. 0 3), pero el resto de la composición presenta
Madrid. M useo del Prado (n.0 2802) algunos elementos -la rica copa, especialmente- ajenos a lo que conservamos de Cotán,
aunque quizás, como sugiere Bergstrom, pudiera darnos idea de cómo fuese los lienzos
PROCEDENCIA, El lienzo reapareció en las incauta-
de flores perdidos del maestro. La disposición en el hueco del muro, la ilwninación in-
ciones de la guerra civil y en 1940 fue adqu irido tensamente tenebrista y el amoroso mimo con que están tratados los pormenores de las
para el Prado, dándolo a conocer Cavestany. frutas, las flores y el cardo, son los mismos que sirven para definir el estilo de Cotán
y Ramírez viene a ser, pues, su más fiel discípulo, aunque ignoremos por completo la
CATALOGos, Museo del Prado, 1942-1973, n.º 2802.
posible relación personal.
EX POSICIONES, Burdeos, 1978, n. 0 69. El cuadro ha de ser el que Ceán Bermúdez describe en su Diccionario, pues coincide
BIBLIOGRAFÍA, Ceán, 1800, N, p. 146.-Cavestany, enteramente con lo que allí se dice, salvo en que la perdiz es una sola y Ceán dice «perdices».
1936-40, p. 81.-Id., 1942, p. 100 y ss.-Soria,
1945, p. 229.-0rozco, 1954, p. 28.-Bergstrom,
1970, p. 88.-Torres Martín, 1971, p. 112, lá-
mina 12.-Angulo, 1971, p. 24.-Angulo-Pérez
Sánchez, 1972, p. 108, n. 0 2, lám. 75 .- Gudiol,
1976, p. 317, lám . 6.- Camón Aznar, 1977,
pp. 207-208.-Torres Martín, 1978, fig. 2, p. 32.-
Stilleben, 1979, p. 142, n. 0 134.
35
LA APARICIÓN DEL GENERO EN CAS TILL A
ALEJANDRO DE LO ARTE
8 Bodegón de caza y frutas Este bodegón, la primera en fecha de las obras conocidas del artista, es obra capital
L. 0,84 X 1,05 entre las de su autor y aun entre todas las naturalezas muertas españolas de esas fechas.
Firmado: «Alexandro de Loarre, f. at 1623 » Su ordenación, tan rigurosamente simétrica, es bien característica de este momento inicial
Madrid. Fundación Santamarca del género, regido por un deseo de orden y equilibrio matemático en el que Sterling ha
querido ver un deseo de «ennoblecer», con este recurso clásico y numérico, un género
considerado inferior.
PROCE DE c 1A, Don N icolás de Vargas, 1800 (?).- Loarte se muestra aquí dueño de todos sus recursos para traducir las calidades de
Duques de Nájera. D onado por la Duquesa a las cosas con una pincelada precisa y definidora. El color, dentro de una reducida gama
la Fundación Santarnarca. tonal, de dominante terrosa, al modo toledano, se muestra intenso y preciso, bajo la luz
EXPOS IC IONES, Madrid, 1935, n. 0 3.- Id ., 1978-79, violenta y dirigida, de carácter tenebrista.
n. 0 80. La severa disposición y la presencia de los elementos colgados, evoca las ordena-
BIB U OGRAFfA, Ceán Bermúdez, 1800, III, p. 43.- ciones de Sánchez Cotán, pero es obvio que ha desaparecido toda referencia mística,
Mayer, 1927, p. 116.-Méndez Casal, 1934, y que se insiste en el carácter absolutamente realista y material de las cosas.
p. 193.-Lafu ente Ferrari, 1935, p. 175.- Caves- Tanto Mayer como Méndez Casal, pensaron que puede ser el lienzo que, en 1800,
tany, 1935-40, p. 40, lám. 10.-Lafuente Ferrari , menciona Ceán Bermúdez en casa de don Nicolás de Vargas («un lienzo de caza pintado
1953, p. 228.- Mayer, 1947, p. 424.- Angulo, por Loarte en 1623»).
1971 , p. 24.- Bergsrréin:i, 1970, p. 58, fig. 41.-
Angulo-Pérez Sánchez, 1973, p. 221, n. 0 94,
lám. 162.- Carnón Aznar, 1977, p. 208.-Pérez
Sánchez, Cat. Pereda, n.0 80.
36
LJI Jll'ARICIÓN DEL GJ!NERO EN CASTILL A
ALEJANDRO DE LOARTE
9 Bodegón de frutas Entre toda la obra conocida de Loarte, es quizás éste el Bodegón que mejor encarna
L. 0,82 X 1,18 el singular papel del pintor como enlace entre el mundo de Sánchez Corán, con su severa
Firmado: «Alexandro de Loarte / fat. 1624» monumentalidad, preñada de entrevistas significaciones de sentido religioso y la simple
Madrid. Propiedad particular y gozosa profanidad de Van der Hamen, que traduce el buen vivir ciudadano y corte ano
más que la cerrada intinudad de los claustros.
EX POS IC IONES , Sevilla, 1982, n. 0 6. Loarte aquí respeta los elementos espaciales de Cotán y el fascinante efecto de las
frutas colgadas. Incluso el melón abierto se coloca de modo muy próximo al del famoso
BIBLIOG RAF ÍA, Méndez Casal, 1934, pp. 195-196.-
bodegón de San Diego. Pero la disposición sin1étrica, con la opulenta sensualidad del cesto
Bergstri:im, 1.970, p. 33.-Angulo-Pérez Sánchez,
1972, p. 222, n. 0 98.-Valdivieso, 1982, p. 14,
de frutas en el centro y la nota colorista y juguetona de los jilguerillos qu e se precipitan
n. 0 6. sobre ellas, muestra una sensibilidad diversa, desprovista del tono casi sacral del cartujo.
ALEJANDRO DE LOARTE 10
10 Bodegón de cocina Es éste otro de los más significativos logros del artista en su representación de la
L. 0,81 X 1,08 realidad comestible con toda su inmediatez y crudeza, insistiendo con absoluta maestría
Fdo.: «+ Alexanclro de Loarte / fat. 1625 » en la diversa calidad de las cosas. Como en el lienzo de la Fundación Santamarca, dos
Madrid. Propiedad particular años anterior, la preocupación por la simetría es constante, aunque rehuye muy sabia-
mente el excesivo rigor frontal y obtiene sus efectos más por compensación de volúmenes
BIBLI OG RAF Í A , Cavestany, 1942, pp. 97-99.-
y masas de color, que por simple repetición de elementos.
Angulo-Pérez Sánchez, 1972, p. 221, n. 0 93. Es curiosa, aunque quizá sea excesivo buscarle intención simbólica, la separación entre
los objetos vegetales (repollo, cardo y una especie de escarola) que están en la repisa, abajo
y en primer término, y las carnes animales (gallina, embutidos, jamón y cuarto de ternera)
que penden de los ganchos, perfectamente visibles, de la espetera que cierra el hueco.
La disposición no deja de evocar a Sánchez Cotán, aunque el hecho de qu e se insista
en mostrarnos con precisión de dónde penden las cosas, elinllne el punto de nlisterio
inquietante, presente siempre en las obras del cartujo.
37
LA APARICIÓN DEL CP.Nf.RO EN CASTILL A
ALEJANDRO DE LOARTE
11 La Gallinera
L. 1,60 X 1,30
Firmado : «Alexandro de Loarte Ft. 1626»
Madrid. Propiedad particular
PROCE DENCIA, A. Martínez H eredia, Toledo, Es ésta la última obra conocida de Loarte, una de las más complejas, y desde luego
1626 (?).-Bernardo Iriarte, Madrid, 1802.- de las más significativas. En su testamento parece referirse a ella al señalar en poder de
Marqués de Santa Marta, 1875.- Duques de Antonio Martínez Heredia «un lienzo de dos varas y media de una gallinera firmado de
Valencia. mi nombre, el cual no está concertado». Aunque las dimensiones parecen ser mayores
Madrid, 1935, n.0 6.-Madrid, 1960,
EX P SICIONES' (2 varas y media son 2,07 m.) el hecho de decirse firmado y la fecha (el testamento es de
n.º 4.-Estocolmo, 1960, n. 0 67. 9 de diciembre de 1626), parecen confirmarlo. Sorprendentemente ha aparecido reciente-
BIBLI OG RA PfA, Cruz Baharnonde, T . X (1812), mente otro ejemplar, igualmente firmado y de dimensiones algo mayores (1,66 x 1,28) que
p. 571 .-Poleró, 1875, p. 82, n. 0 150.-Id., 1898, hace dudar de cuál sea el citado en el inventario.
p. 22.-Méndez Casal, 1934, pp. 188-189, 198, La obra, en cualquier caso, y a través de los dos ejemplares que ahora conocemos, se
lárn . VII.-Cavestany, 1935-40, p. 150, lám . XIII.- muestra como extraordinariamente significativa. Aunque la iluminacióm es muy intensa y
Oña lribarren, 1944, pp. 25 y 91.-Ch. Sterling, denuncia el recuerdo tenebrista, la acción se sitúa al aire libre. Se trata sin duda de un puesto
1959, p. 71, nota 167.- Lafuente Ferrari, 1953,
p. 228, lárn. 139.-Soria, 1959, p. 235.-Bergstrorn,
de mercado y las arquitecturas del fondo serán, seguramente, la plaza de Zocodover toledana.
1970, p. 59, fig. 42.-Angulo, 1971, p. 24, fig. 7.- El tratamiento de los personajes y las telas evocan los modos de Tristán, con quien
Angulo-Pérez Sánchez, 1972, p. 222, n. 0 97, seguramente hubo de mantener contacto en To ledo.
lárn. 163.-J. Camón Aznar, 1977, pp. 208-209.- La gama de color, tostada -con blancos, rojos, marrones y negros-, es también
Stilleben, 1979, p. 143, n. 0 135.- H eld, 1980, p. 383. enteramente toledana. La habilidad en la representación de los animales y las cosas culmina
aquí, en la variedad de aves colgadas, en las vivas, que se amontonan en la cesta con red
del primer término, y en el plato de menudillos, cuya lúcida verdad hizo evocar a Veláz-
quez a Méndez Casal, al darlo a conocer. Efectivamente, algo hay aquí del Velázquez
sevillano, con su intensidad de vida y su sobriedad de paleta, aunque como es lógico, con
una cierta rudeza, no exenta de encanto. Hay también, en la disposición general, una
evidente conexión con obras del mundo norteitaliano de Passarotti y de Campi, que
debieron ser conocidos en España en los primeros años del siglo y marcaron con su
influencia a ciertos maestros del género. De todos modos, Loarte ha seguido el esquema
compositivo, pero ha esquivado la ruidosa gesticulación de sus modelos. El gesto mesurado
y silencioso de sus personajes da un tono de «gravedad española» incluso a una vulgar
escena de mercado.
Un último pormenor sorprendente es el de la presencia en la firma, en.los dos origi-
nales conservados, de una pequeña calavera coronada de laurel. Aunque puede tener varia~
significaciones alegóricas o simbólicas, cabe pensar que sea un añadido puesto en el taller
a su fallecimiento, en ese mismo año de 1626, para indicar que la fama de su habilidad
(el laurel) harán sobrevivir su nombre de la muerte.
38
LA APARICIÓN DEL GENERO EN CASTILLA
JI
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LA 1/PARICIÓN DEL GÉNERO EN CAS TILL A
ALEJANDRO DE LOARTE
11 La Gallinera
L. 1,60 X 1,30
Firmado: «Alexand ro de Loarte Ft. 1626»
Madrid . Propiedad particular
PR O EDENCIA : A. Ma rtínez H eredia, Toledo, Es ésta la última obra conocida de Loarte, una de las más complejas, y desde luego
1626 (?).-Bernardo lriarte, Madrid, 1802.- de las más significativas. En su testamento parece referirse a ella al señalar en poder de
Marqués de Santa Marta, 1875.-Duques de Antonio Martínez Heredia «un lienzo de dos varas y media de una gallinera firmado de
Valencia. mi nombre, el cual no está concertado». Aunque las dimensiones parecen ser mayores
0
EX POSJCIO ES: Madrid, 1935, n. 6.-Madrid, 1960, (2 varas y media son 2,07 m.) el hecho de decirse firmado y la fecha (el testamento es de
n. 0 4.-Estocolmo, 1960, n.0 67. 9 de diciembre de 1626), parecen confirmarlo. Sorprendentemente ha aparecido reciente-
BJBLI OGRAFfA , C ru z Baharn onde, T. X (1812), mente otro ejemplar, igualmente firmado y de dimensiones algo mayores (1,66 x 1,28) que
p. 571.- Poleró, 1875, p. 82, n.0 150.-Id ., 1898, hace dudar de cuál sea el citado en el inventario.
p. 22 .-Méndez Casal, 1934, pp. 188-1 89, 198, La obra, en cualquier caso, y a través de los dos ejemplares que ahora conocemos, se
lám. VII.-Cavestany, 1935-40, p. 150, lám. XIII.- muestra como extraordinariamente significativa. Aunque la iluminacióm es muy intensa y
O ña Iribarren, 1944, pp. 25 y 91.-Ch. Sterüng, denuncia el recuerdo tenebrista, la acción se sitúa al aire libre. Se trata sin duda de un puesto
1959, p. 71 , nota 167.-Lafu ente Ferrari, 1953,
p. 228, lám . 139.-Soria, 1959, p. 235.-Bergstrom, de mercado y las arquitecturas del fondo serán, seguramente, la plaza de Zocodover toledana.
1970, p. 59, fig. 42.-Angulo, 1971, p. 24, fig. 7.- El tratamiento de los personajes y las telas evocan los modos de Tristán, con quien
Angulo-Pérez Sánchez, 1972, p. 222, n.º 97, seguramente hubo de mantener contacto en Toledo.
lám. 163.- J. Camón Aznar, 1977, pp. 208-209.- La gama de color, tostada -con blancos, rojos, marrones y negros-, es también
Stilleben, 1979, p. 143, n.º 135.-Held, 1980, p. 383. enteramente toledana. La habilidad en la representación de los animales y las cosas culmina
aquí, en la variedad de aves colgadas, en las vivas, que se amontonan en la cesta con red
del prin1er término, y en el plato de menudillos, cuya lúcida verdad hizo evocar a Veláz-
quez a M éndez Casal, al darlo a conocer. Efectivamente, algo hay aquí del V elázquez
sevillano, con su intensidad de vida y su sobriedad de paleta, aunque como es lógico, con
una cierta rudeza, no exenta de encanto. Hay también, en la disposición general, una
evidente conexión con obras del mundo norteitaliano de Passarotti y de Campi, que
debieron ser conocidos en España en los primeros años del siglo y marcaron con su
influencia a ciertos maestros del género. De todos modos, Loarte ha seguido el esquema
compositivo, pero ha esquivado la ruidosa gesticulación de sus modelos. El gesto mesurado
y silencioso de sus personajes da un tono de «gravedad española» incluso a una vulgar
escena de mercado.
Un último pormenor sorprendente es el de la presencia en la firma, en los dos origi-
nales conservados, de una pequeña calavera coronada de laurel. Aunque puede tener varia~
significaciones alegóricas o simbólicas, cabe pensar que sea un añadido puesto en el taller
a su fallecimiento, en ese mismo año de 1626, para indicar que la fama de su habilidad
(el laurel) harán sobrevivir su nombre de la muerte.
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L A APARICIÓN DEL Gi1NERO EN CASTILL A
11
39
EL AMBIENTE CORTESANO Y SUS INTÉRPRETES HASTA 1650
41
EL AMBIENTE COR TESANO Y SUS INTÉRPRETES HASTA 1650
En las últimas obras suyas que conservamos, fechadas entre 1626 y 1629,
aparece un motivo compositivo nuevo. Los elementos se ordenan ahora en va-
rios planos escalonados, tanto en sentido lateral, como en profundidad, creando
una multiplicidad de niveles, que permiten mostrar los habituales cestos de fru-
tas, vasijas de vidrio, cajitas de dulces o bandejas de plata, con toda claridad, sin
interferencia alguna. Como es lógico, esta disposición escalonada es absolutamente
asimétrica, pero debe tenerse en cuenta que estas composiciones, que hoy vemos
aisladas, estuvieron originalmente dispuestas en parejas, que, juntas, se equilibra-
ban y componían conjuntos perfectamente simétricos por compensación.
Algo de esta disposición escalonada hay en la ya citada Cocina de Pietro
42
El AMB IENTE CORTESANO )' SUS INTl1RPRETES HASTA 1650
Paolo Bonzi (n.º 14), que ignoramos cuándo pudo llegar a España, pero que ha
de ser tenida en cuenta en la historia española del género. Sin duda, por ese
conducto se expandió el artificio en el mundo italiano y algo semejante llega
hasta los Recco, en la Nápoles de la segunda mitad del siglo, sin que sea forzoso
pensar en que obras españolas llegasen a ser conocidas y estudiadas en Italia,
como sugiere Causa.
Fue Van der Hamen personaje perfectamente inserto en la vida intelectual
madrileña, amigo de pintores y artistas (casó con una Herrera, de la familia de
los.Herrera Barnuevo, escultores y pintores), de escritores (Lope de Vega, Pérez
de Montalbán) y de hombres de letras, y protegido por la nobleza que poseía
abundantes obras suyas, viviendo en acomodada holgura y disponiendo de un
amplio taller en su obrador de la calle de los Tintoreros, de donde saldrían,
junto a las obras enteramente de mano del maestro, las muchas copias e imi-
taciones de carácter a veces casi industrial, que comparecen con frecuencia en
el mercado.
Junto a él, y representando quizás una actitud enteramente diversa, hay que
situar a un artista, aún enigmático, cuya personalidad apenas ha comenzado a
}. F. LABRADOR. Frutero. perfilarse en los últimos años, deshaciendo una leyenda de casi dos siglos: JUAN
Col. Reina de Inglaterra
FERNÁNDEZ EL LABRADOR. A través de la única obra firmada, en 1636, de las en
cierto modo documentadas de la colección real británica, y de la documenta-
ción que lo presenta en contacto con una clientela de nobles ingleses en los
años de 1629-1635, se perfila una figura que nada tiene que ver con la imagen
transmitida por Palomino, de un Juan Labrador, extremeño, discípulo de Morales
45 El conocimiento de Juan Fernández el La- y muerto hacia 1600 45 • Juan Fernández el Labrador (de cuyo prestigio son prue-
brador se ha renovado a través de las pu- bas las cartas de Sir Arthur Hopton interesándose por adquirir obras de su mano
blicaciones de E. du Gué Trapier, Sir Arthur
Hopton and the interchange efpaintings between
para enviarlas al rey de Inglaterra y el hecho de que sea elogiado en 1666 por Feli-
Spain and England in the 17th. Century, bien, que nada sabe -ni parece in1portarle- del arte español) debió ser perso-
«Connoiseur», 1967, n. 0 164, pp. 239-243; nalidad curiosa, que tienta rela'cionar con esa actitud, literaria y vital, de «me-
E. Valdivieso, Un florero firmado por juan nosprecio de corte y alabanZa de aldea», que aparece en ciertas comedias de
Fernández el Labrador, «A. E. A. », 1972,
pp. 323-24, y E. H arris, Las flores en El La- nuestro teatro clásico (El villano en su rincón, de Lope, Del rry abajo ninguno
brador juan Fernández, «A. E. A.», 1974, o Labrador más honrado García de Castañar, de Rojas Zorrilla), y que traduce
pp. 162-164. el viejo principio de la «honra» del labrador, descendiente de cristianos viejos, que,
como dice Fray Luis de León: «con pobre mesa y casa/ en el campo deleitoso /
a solas la vida pasa / con solo Dios se acompasa / ni envidiado ni envidioso».
Lord Hopton dice que «nunca viene aquí (Madrid) sino en Semana Santa»,
lo que hacía difícil disponer de sus obras, sin duda buscadas y conocidas por
los aficionados. El propio Hopton se jacta de haberle hecho pintar flores, «las
cuales todavía no he visto; si ellas resultan tan buenas como sus frutas, enviaré
a su señoría algunas de ellas».
Salvo esa resistencia a vivir en la ciudad y esa voluntad decidida de hacerse
conocer por «El Labrador», bien poco sabemos de su vida personal, pues aunque
se ha supuesto que sea el <<juan Fernández Labrador», que falleció en Madrid
en 1657 y cuyas pinturas fueron tasadas por Lucas Zamudio pintor, el 14-XII-1657,
46 La noticia documental, en M. Agulló, 1978, no hay elementos suficientes para considerarlo seguro 46.
p. 182. La identificación la proponen E. Una escueta mención del inventario del Marqués de Leganés (1655), donde
Harris y P. Troutman, en el Catálogo de la
Exposición de Nottingham, 1981, n. 0 35.
se recoge una obra suya, nos dice dónde solía habitar, pues le llama: el «labra-
dor de l<t;s Navas». Probablemente se trate de las Navas del Marqués, hoy en la
provincia de A vila, o cualquier otra de las localidades de este nombre, no le-
janas de Madrid.
Labrador es ya un consciente caravaggiesco. La violenta iluminación de sus
frutas en los lienzos de la colección real inglesa, que son, sin duda, los enviados
por Hopton a Lord Cottington, y la insistencia en lo humilde, subrayado de
modo enérgico en el jarrillo desportillado que lleva las flores en la pequeña
tabla, firmada, de colección holandesa, son suficientemente expresivos.
43
El AMBIEN TE COR TESANO Y SUS IN TÉRPR ETES HASTA 1650
Florero.
}. F. LA BR A DOR.
La Haya. Propiedad panicular
44
El AMB IENTE CORTESANO l ' SUS INTERl'RETES HASTA 1650
45
E.l AMBIENTE. CORTE.SANO Y SUS INTl!RPRE. TES HASTA 1650
46
El AMBIENTE CORTESANO Y SUS INTJ! RPRE:TES HASTA 1650
F. PALACIOS. Bodegones.
Viena. Col. Harrach
47
EL AMB IENTE CORTESANO Y SUS INTÉR PR ETES H ASTA 1650
OSIAS BEERT
13 Bodegón de ostras
T. 0,43 X 0,54
Firmado: «Ü. Beert F. »
Madrid. Museo del Prado (n.0 1606)
Es ésta una de las más importantes y significativas obras del pintor, donde mejor se
expresa su refinada calidad técnica y su sutil sentido del color en gama restringida, donde
los grises plateados de las ostras y el rojo de la copa de vino se armonizan sobre el verde
del tapete y el castaño dorado de las cajas y del fondo .
Su relación formal con Van der Hamen, al menos en lo que se refiere a los objetos
(cajas de dulces, cuenco de frutas, copas de cristal veneciano), no puede negarse, pero sin
embargo el espíritu y el tratamiento luminoso son bien distintos.
48
EL AMBIENTE. CORTESANO Y SUS INT[RPRETE.S HASTA 1650
14
Desde que fue dado a conocer por Cavestany, reproduciéndolo aunque sin estudiarlo ,
ha sido considerado pieza importante en la historia del bodegón naturalista. Battisti lo
fechó en torno a 1606, en un momento de estricta dependencia caravaggiesca en cuanto a
la iluminación y la calidad de las cosas bajo la luz. La composición tan rigurosa y casi
geométrica y la tendencia a sintetizar los volúmenes en formas de casi abstracto formalismo
han sido ya mostradas por Battisti, así como Bottari ha señalado, en las figuras humanas,
un cierto contacto con el arte toscano de Pietro Paolini.
Cabe subrayar también que el aspecto compositivo, casi de muestrario de tienda más
que de cocina, con la multitud de productos expuestos al espectador, relacionan un tanto
esta composición con las de los Campi lombardos y, por supuesto, con sus antecedentes
flamencos de un Aertsen o un Beuckelaert.
Respecto a la firma, Sterling ha señalado lo anómalo de la grafía, lo extraño de la
inclusión del sobrenombre «Gobbo» (jorobado) y la diferencia con otras conocidas. Es
Detalle con la firma posible no que sea firma en sentido estricto, sino inscripción ajena para dejar constancia
de la atribución de la obra, evidente por otra parte, juzgando por los solos caracteres
estilísticos.
Ignoramos la fecha de venida de este Bodegón a España, pero dadas las relaciones
de Bonzi con los Crescenzi, es fácil suponerla en fecha temprana. Recuérdese que Juan
Bautista Crescenzi, que cultivó también la naturaleza muerta, estaba en Madrid en 1617.
Es fácil pensar la influencia que pudo ejercer en Van der Hamen y otros bodegonistas
madrileños, e incluso en Zurbarán, en su viaje madrileño de 1634.
49
El AMBIENTE CORTESANO Y SUS INTt. RPR ETES H ASTA 1650
15 16
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EL AMB IENTE CORTE ANO Y SUS INTÉ RPRErES HASTA 1650
18
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EL AMBIENTE CORTESANO Y SUS INTflRPRETES HASTA 1650
moria los versos con que en el teatro de Lope de Vega o Tirso de Molina se describen
los galantes convites o refrescos. Jordán ha recordado los versos de El cuerdo en su casa:
«Una caja de perada,
algun vidrio de jalea,
cidra en azucar, jalea
o con ambas nuez moscada
es lo que habeis de tener
para honradas ocasiones».
Son frecuentes las menciones, en los viejos inventarios, de bodegoncillos de dulces
de tema y tamaño próximos a éste.
Tocios los elementos de la composición se repiten en el lienzo que fue de la colección
Guitarte, hoy en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (Bergstrom, 1970, fig. 16)
cuya calidad, más dura y áspera, hace pensar más bien en un copista de taller.
También las cajas de dulces, con el frasco de las guindas, se repite en el gran bodegón
que fue del Marqués de Moret (Cavestany, 1936, 80, lám. XVI), firmado en 1622. Sin duda,
la gran demanda forzaba al pintor a utilizar, permutándolos, los elementos más caracte-
rísticos de su repertorio.
19
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El AMB IEN TE CORTESANO l' SUS !NTl'. RPRETES HASTA 1650
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El AMBIENTE CORTESANO Y SUS IN TERPRETES HASTA 1650
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El AMB IENTE CORTESANO !' SUS INTtRl'RETEiS HASTA 1650
24
Dentro de la obra del pintor, este curioso lienzo introduce algunos elementos no
usuales, que lo singularizaron y marcan un contacto con el modo de Alejandro de Loarte,
sobre todo por el recurso que hace visible la tabla con garfios de donde penden los embu-
tidos, carnes y pescados. La rica taza cerámica con armadura de bronce, que centra la
composición, enlaza ésta con los núms. 19, 22, 23, 25, 28 y 29, así como las cajitas de dulce
y eharrito de vidrio (aquí con la inscripción «guindas ») lo hacen con los núms. 18 y 28.
Quizás su fecha no esté demasiado distante de 1621 en que parece hallarse firmado el n. 0 18.
25
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EL A MB IENTE CORTESANO Y SUS IN TERPRETES HASTA 1650
26
De calidad un tanto seca, que hace pensar en cierta intervención de taller, pero de
muy elegante disposición, este bodegón repite la composición de otro, firmado, hoy en
colección privada bercelonesa (Bergstrom, 1963, p. 31) en el cual sin embargo, los objetos,
virtualmente los mismos, se presentan más prietos, llenando por entero la superficie del
lienzo. Aquí, se ha valorado más sutilmente el vacío, dando un mayor misterio al canas-
tillo de cerezas y habas tiernas, y se ha dado también mayor superficie al antepecho
obteniendo así una más nítida definición de las cosas. Magistral es el reflejo de los cristales.
56
EL AMB IENTE CORTESANO Y SUS INTtRl'RETES HASTA 1650
PROCEDE NC IA' Colecciones Reales. Inventario del Compañero del anterior. El cachorrillo de perro que juega con una pelota en el
Buen Retiro, 1794: «n.0 415 . Un florero y un primer término, fue considerado erróneamente gato en el inventario del Prado.
perrito de dos varas y tres quartas de alto vara
y quarta de ancho». Inventario del Museo del
Prado, 1854, n. 0 354.
BlBLJOGRAFfA , Orihuela Maeso, 1982, pp. 11 -14.
57
El AMB IENTE CORTESANO Y SUS INTÉRPR ETES HASTA 1650
31 Canasto de uvas y floreros Este curioso y bello lienzo es pareja de otro, hoy perteneciente a diverso propietario,
L. 0,63 X 0,85 que se halla firmado «Espinosa ft. ». Probablemente será del mismo artista y plantea la
Madrid. Propiedad particular duda respecto a su autor. Por la simetría rigurosa de la composición y el tratamiento
de los cristales y las azucenas, tan próximas a los modos de Van der Hamen, obligaría
a considerarlo obra de fecha bastante temprana en el siglo XVII, muy marcado por la
PROCEDENCIA, Colección Duquesa de Valencia.
influencia de aquel maestro. Esto inclinaría a pensar en el Juan Bautista Espinosa muerto
EXPOS IC IONES' Madrid, 1935, n.º 28. antes de 1641. Ahora bien, el tratamiento de las uvas, con sus zarcillos, es análogo a los
BJBLJOGRAFfA, Ca vesta o y, 1936-40, pp. 76 y 154, de los otros lienzos firmados «Juan de Espinosa» que nos inclinamos a creer obra del artista
n.º 28. que aún vivía en 1651, por la mayor libertad de su composición y la relativa luminosidad
y claridad de sus fondos .
El problema sigue abierto y quizás la confrontación directa de las obras en la expo-
sición ayude a resolver el problema.
58
EL AMB IENTE CO R TESANO Y SUS I ' TERl'RETES HASTA 1650
JUAN DE ESPINOSA
32 Bodegón de flores y frutas. Es obra notable que enlaza estilística.mente con la producción madrileña de los
L. 0,85 0,62
X años 1630-40.
Firmado : <<Juan de Espinosa» muy perdido. No sería improbable que sea éste el cuadro de Frutas firmado «J. Espinosa F. 1645»
Parece que existen restos de fecha, ilegibles que se vendió en París en 1868 en la Venta Pereire bajo el n .0 19.
París. Museo del Louvre Si así fuese, tendríamos la confirmación de que se trata del segundo de los pintores
homónimos que conocemos en Madrid, que aún vivía en 1651. Su estilo, entonces, se nos
PROCEDENCIA, Donado al Louvre en 1973, por ofrece como un tanto rezagado, pero no demasiado diferente al de un Antonio Ponce,
M. Riechers. entre sus contemporáneos. Su gusto por la iluminación, aun de raíz tenebrista, y el precio-
sismo en el tratamiento de las calidades de las cosas, tan precisan1ente dibujadas, subraya
BIBLIOGRAFÍA, «Gazette des Beaux-Arts», Febre-
ro 1974, p. 9, fig. 25.-Y. Bottineau, 1975, un cierto gusto nórdico y una formación en los años 20-30.
pp. 213-222.
32 .l3
JUAN DE ESPINOSA
33 Bodegón de frutas Este lienzo es, con toda evidencia, de la misma mano que la naturaleza muerta firmada
L. 0,76 0,59
X del Museo del Louvre (n. 0 32). Se advierte en este extraordinario bodegonista una rara
Estuvo firmado, según el Catálogo de 1872 maestría en la representación de frutas, uvas especialmente, tratadas con una limpidez de
Madrid. Museo del Prado (n. 0 702) piedra preciosa, y en el tratamiento de los característicos barros rojos, análogos a los
empleados a veces por Pereda, Ponce o Palacios. La fuerte iluminación es aún de tradición
PROCEDENCIA' Colecciones Reales.
tenebrista, pero el gusto por los colores luminosos parece situarnos en una fecha hacia
1630 o algo posterior.
CATALOGos, Museo del Prado: Inventario 1849, Mayer creía ver en él, anticipado, algo del estilo de L. Menéndez, y Madrazo (Catálogo
n. 0 55.-Catálogos, 1854-1858, n. 0 55.-1872-
Prado, 1872) lo suponía de fines del siglo XVII y principios del XVIII.
1907, n. 0 725 .-191.0-1972, n.0 702.
EXPOSICIONES' Madrid, 1978-79, n. 0 75.
BLBLIOGRAFíA, Mayer, 1947, p. 461.-Soria, 1959,
p. 235 .-Torres Martín, 1971, p. 35, fig. 3.-
Bottineau, 1975, p. 314.-Pérez Sánchez, Catá-
logo Pereda, n. 0 75.
59
El AMBIENTE CORTESA N O Y SUS INTERPRETES HAS TA 1650
JUAN DE ESPINOSA
34 Bodegón de frutas Atribuido tradicionalmente a Espinosa en el Prado, parece indudablemente de la
L. 0,50 X 0,39 misma mano que el n. 0 32, firmado, y que el n. 0 33, especialmente por la soberbia calidad
Sevilla. Museo de Bellas Artes de las uvas, y el elegante caracoleo de los zarcillos virtualmente idénticos.
Depósito del Prado (n. 0 703) La pintura de uvas debió constituir su especialidad. Todos los lienzos de su mano
que conocemos las muestran con ;déntica belleza de ejecución, y entre los muchos
«bodegones», «fruteros» y floreros que de mano de Juan de Espinosa poseía en 1662
PROCEDENC IA: Colecciones Reales.
don Francisco Merchant de la Zerda (Agulló, 1981, p. 213) figura precisamente «un racimo
0
CATÁLOG OS: Inventario Prado, 1849, n. 512.-
de uvas con su marco negro», como todos los demás.
Catálogos Prado, 1843-1858, n.0 512.-1872-
1907, n. 0 726.-1910-1972, n. 0 703.
EXPOS ICIONES: Sevilla, 1970, p. 12, fig. 34.
BIBLIOGRAFfA : Soria, 1959, p. 235.
JUAN DE ESPINOSA
35 Bodegón con pájaro muerto
L. 0,23 X 0,30
Madrid. Museo del Prado (n. 0 1989)
35
Procedente de las colecciones reales, sin que hasta ahora haya sido identificado con
PROCEDENCIA Colecciones Reales. Al Prado llegó
en 1847 desde el Palacio de Aranjuez.
precisión, este cuadro fue inventariado en el Prado como de «escuela flamenca del si-
glo XVII» y como tal depositado en Córdoba en 1931 (O.M. de 31 de octubre de 1831).
CATÁLOGOS: Museo del Prado: Inventario 1849,
Volvió al Museo en 1978.
n. 0 2861.-Catálogos 1854-1858, n. 0 1966.-1872-
Un examen atento del cuadro, por otra parte en muy pobre estado de conservación,
1907, n.0 1947.-1910-1920, n.0 1989.
permitió, en 1978, devolverlo al todavía enigmático Juan de Espinosa, de quien presenta
EXPOS ICIONES: Madrid, 1978-79, n.º 76. todos los elementos hasta ahora señalables, desde el tratamiento tan personal de las uvas,
BIB LI OGRAFÍA: Gaya Nuño, 1955, p. 227.-Pérez tersas y luminosas, a la rosada concha, idéntica a la del lienzo del Louvre, o la vasija de
Sáncbez, Catálogo Pereda, n.0 76. barro rojo tan característica.
60
EL AMB IENTE CORTESANO Y SUS INTt RPRETES HASTA 1650
ANTONIO PONCE
36 Cestillo de frutas y granada
L. 0,45 X 0,61
Firmado: «Ant0 Ponze / fe año 1642»
Madrid. Colección particular
36
Ejemplo muy significativo del estilo de su autor, todavía muy cerca de la tradición
de comienzos del siglo, interpretada con una intensidad luminosa qu e hace vibrar las
diversas calidades de las cosas. La relación con Van der Hamen es evidente, tanto en la
disposición general como en el tratamiento del cestillo y los granos de la granada.
ANTONIO PONCE
37 Cestillo de frutas y copa de cristal Compañero del anterior.
L. 0,45 X 0,61 El virtuosismo en el tratamiento de los cristales y la presencia del saltamontes sobre
Madrid. Colección particular el antepecho mantiene el recuerdo de la influencia flamenca de comienzos de siglo en el
medio cortesano y de la tradición de Van der Hamen.
37
61
El AMBIENTE CORTESANO Y SUS INTÉRPR ETES HA STA 1650
ANTONIO PONCE
38 Bodegón de frutas
L. 0,645 X 0,450
Madrid. Colección B/M. Su estrecha analogía con el n.º 41 , firmado por Ponce, tanto en la disposición del
marco pétreo, como en el tratamiento de las uvas, y las hojas de vid, y la gama de color,
ANTONIO PONCE permiten atribuírselos con cierta seguridad y considerarlos de fecha muy próxima.
39 Cesto de frutas
L. 0,645 X 0,450
Madrid . Colección B/M.
JB
ANTONIO PONCE
40 Bodegón de cocina Aunque sin fechar, este importante bodegón se sitúa cronológicamente entre la tra-
L. 0,56 X 0, 94 dición del primer tercio del siglo y el impulso barroco que muestran las obras de Pereda
Flrmado: «Antº Ponze / feci» de la década de 1650. Su disposición, todavía frontal y paralela, su iluminación de recuerdo
Segovia. Colección Lafora tenebrista, que acentúa los volúmenes y las sombras, y su reducida gama de color, donde
predominan los tonos terrosos, le vinculan a un Loarte o al Van der Hamen último. Sin
EX POS IC IONES' Madrid, 1966, n.0 326.-Madrid,
embargo, el relativo amontonamiento. de los objetos, una cierta tendencia a la diagonal
1967, n. 0 14. compositiva, y los fondos relativamente más claros, donde se recortan ya algunos ele-
mentos a contraluz, como las hojas que salen del cesto, a la izquierda, o la vasija de cobre
BIBLIOG RAF{A , Torres Mart[n, 1971 , lám. 66.
de la derecha, anuncian ya el estilo más avanzado, de acumulación plenamente barroca.
Es notable cierta proximidad a las obras napolitanas de los Recco o Ruoppolo, pro-
bablemente contemporáneas.
62
F.L AMBIENTE CORTESANO l' SUS INTÉRl'RF.TF.S HASTA 1650
ANTONIO PONCE
41 Bodegón de frutas
L. 0,62 X 0,83
Firmado: «Am 0 Ponze / far. 1651 »
Barcelona. Colección particular
41
63
EL AMBIENTE CORTESANO Y SUS INTS RPRETES HASTA 1650
FRANCISCO BARRERA
45 Invierno Fiel a la tradición iconográfica, la escena se desarrolla ahora en un interior, que permite
L. 1,66 X 2,50 ver, a través de una ventana, un paisaje nevado. El personaje anciano se calienta las manos
En la parte infe rior: en un hornillo de asar castañas, tal como es habitual, y las viandas evocan el mundo invernal
• DEZLEMB RE. ENERO . FEBRERO •
y navideño con abundantes embutidos, el cerdo desollado, gallinas desplumadas, un gran
Sevilla. Propiedad particular pavo, besugos, y dulces navideños (roscos, turrones, mazapanes, etc.) junto a las vasijas
de hacer y guardar mermeladas y arropes.
l'ROCEDENC1A, Véase el n.0 42. Compañero de los anteriores.
EX l'os1c10 NEs, Sevilla, 1982, n. º 25.
BIBLIOGRAFÍA, Mayer, 1910.- Cavestany, 1935-40,
p. 73.-Soria, 1959, p. 235.- Angulo, 1971,
p. 263 .- Vald.ivieso-Serrera, 1982, p. 84.
46
66
EL AMBIENTE CORTESANO Y SUS INTt!Rl'RETES N ASTA 1650
47
67
EL MUNDO ANDALUZ HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
69
EL MUNDO ANDALUZ H ASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
70
EL MUND O AND ALUZ H ASTA MEDIADOS DEL SI GLO XVII
Ledesma, pero el casi mágico silencio, la iluminación, que resulta tenebrista sin
serlo del todo, contrastada en luces y sombras, pero ajena aún al caravaggismo
estricto, y sobre todo, la manera de dibujar los lirios, virtualmente idénticos a
los que aparecen en las Inmaculadas del pintor cartujo, hacen pensar que existió
una sugestión innegable del toledano sobre el granadino.
Junto al lienzo de Atlanta, pueden situarse algunos pocos cuadros de análoga
disposición e incluso de muy próxima sequedad. Muy significativos son los dos
que se exponen (núms. 53-54). Aunque resultan algo más pobres de ejecución que
el lienzo firmado, su absoluta identidad de concepción y su evidente derivación
de modelos decorativos, con ordenación de «candelieri», permiten su vinculación
B. DE LEDESMA. Frutero.
a Ledesma, y a cuanto es previsible fuese su obra.
Museo de Atlanta. Estados Unidos Carácter enteramente diverso tienen otros cuadros que se le han atribuido,
agrupados en torno a unos lienzos, aparecidos en el mercado madrileño y bar-
celonés, y presuntamente firmados. En algunos casos se ha podido comprobar
que se trataba de firmas absolutamente falsas, y a juzgar por su composición y
los motivos representados con frecuencia en ellos, parece evidente que se trata
de pinturas de fecha mucho más avanzada de cuanto las noticias de Ledesma
permiten suponer. En algunos de ellos los contactos con el mundo de Van der
Hamen y sus sucesores es innegable; en otros la calidad, absolutamente ínfima,
les niega todo valor artístico y les confirma en el límite de los lienzos «ordina-
rios» que aparecen a veces en los inventarios con tasaciones ridículas.
Pero en el conjunto de todo el material globalmente atribuidos al pintor, hay
una curiosa serie de lienzos de cierta calidad y ejecución muy homogénea que
reclaman consideración y que traducen una personalidad, por hoy desconocida,
que debió pintar hacia 1630-40. De este desconocido maestro -que probable-
mente no es andaluz- se presenta aquí una obra significativa en la que brillan
los elementos que podemos considerar definitorios de su estilo: cierta lucidez
de origen flamenco, gusto por los colores claros y esmaltados, aunque las som-
bras se acusen con fuerza - lo que le asocia también al tenebrismo o caravaggismo
nórdico de las primeras generaciones- y el uso repetido de las vasijas de ce-
rámica de Delf, que como es sabido entraban en España especialmente a través
de Sevilla, Cádiz o Portugal, pero que hemos visto también en alguna obra
temprana de Van der Hamen.
Por razones cronológicas, se hace preciso, antes de pasar adelante, hablar
de un pintor andaluz, que probablemente procedía o al menos mantuvo con-
tactos con el mundo castellano, toledano seguramente, pero cuyas obras se hallan
firmadas y fechadas en Úbeda (Jaén): JUAN ESTEBAN. Ponz lo menciona a través
de las obras religiosas que vio en el hospital de Úbeda (firmadas en 1611) y en
la Catedral de Baeza. Cavestany dio a conocer un «Puesto de caza, fruta y ver-
duras», es decir, un verdadero Bodegón, con abundantes elementos y cuatro
personajes, firmado: <<]oannes Stephanus / faciebat Ubete 1606».
En el lienzo hay elementos próximos, aunque con notable anticipación, a
JUAN ESTEBAN. Bodegón. lo que Loarte hará en su Gallinera de 1626. Hay también, muy rudamente in-
Paradero desconocido terpretados, elementos que usa Cotán de muy diferente y exquisita manera, en
el Bodegón de Hernani de 1602 (el cardo, las perdices, la caña con los pajarillos
ensartados), y hay sobre todo un tipo de agrupación de lo inerte y lo humano,
sorprendido éste en una cierta gesticulación, o al menos «acción», que es en
cierto modo nueva, y que sólo puede hundir sus raíces, como dijimos, en el
mundo italiano de Bartolomeo Passarotti, el joven Aníbal Carracci y, sobre todo,
del lombardo Vincenzo Campi (h. 1530-1591).
Juan Esteban trabajó también para la corte, pues en 1597, llamándose «es-
57 Pérez Pastor, Noticias y documentos relativos tante en Madrid», tenía hecho concierto con otros artistas aún más oscuros,
a la historia y la literatura españolas, Volu-
men XI, de las «Memorias de la Real Acade- para un retablo de la Cofradía de Santa Lucía s7 _ Hay otras noticias madrileñas
mia Española», 1914, p. 73, n.º 356. de un don Juan Esteban de Muxares, licenciado, presbítero y pintor, entre 1654
71
EL MUNDO ANDALUZ H ASTA MEDIADOS DEL SIGLO XV//
58 M. Agulló, 1978, pp. 66 y 69.-Id., 1981, y 1695 ss, pero la fecha, demasiado tardía, asegura que no se trata del mismo
pp. 78 y 220. artista. Puede tratarse, apurando la hipótesis, de un hijo homónimo, que con-
cluyese por recalar en la corte, pero lo único que sabemos de su actividad (pin-
taba «perspectivas, en piedra») nada nos dice de su educación primera.
Del viejo FRANCISCO DE HERRERA (h. 1590-1(¡56), figura importante en la Se-
villa de la primera mitad del siglo, sabemos, por Palomino, que también «tuvo
singular gusto en pintar bodegoncillos con diferentes baratijas de cocina, hechas
por el natural, con tal propiedad que engañan». Ninguno ha sido identificado
hasta ahora y ya en tiempos de Ceán eran raros «por haberlos llevado los
extran¡eros».
Pero sin duda, las figuras culminantes del género en el ambiente sevillano
de los primeros años del siglo, son Francisco de Zurbarán y Diego Velázquez,
de tan diversas trayectorias personales. Apenas un año más joven, se hace pre-
ciso, sin embargo, comenzar por VELÁZQUEZ, ya que su evolución, bien conocida,
le alejó del ambiente de estricto naturalismo que sus obras sevillanas denuncian.
En realidad, y aunque se haya repetido mil veces, las obras del V elázquez sevi-
llano, al menos las que conocemos, no son bodegones en el sentido que hoy
damos al término, pero sí responden perfectamente a lo que por «bodegón» se
entendía en el siglo XVII: lienzos de cosas de comer, con quien las vende o las
consume. El propio Pacheco, en el famoso texto ya comentado, señala cómo
su yerno los pinta, merecedores de toda estimación, «alzándose con ésta parte
sin dexar lugar a otro y merecen estimación grandísima».
VEL ÁZQUEZ.
Cristo en Emaús («La Mulata»).
Dublín. Col. Beit
Sin duda se refiere a los lienzos del tipo de la Vieja friendo huevos (1618)
de Edimburgo, los Hombres comiendo del Wellington Museum, los Almuerzos
de Budapest y Leningrado o el mismo Aguador de Sevilla, famosísimo. Es po-
sible incluso que las obras, tan peculiares, que presentan temas religiosos bajo la
envoltura de un cuadro de género de este tipo, entrasen, por su singulari-
dad, en esta consideración (Cristo en Casa de Marta, de la National Gallery,
Cristo en Emaús o La Mulata de la colección Beit, etc.). Muchos testimonios
antiguos nos ratifican cómo era bien conocida y estimada esta actividad bode-
gonista del gran maestro. En 1655 se citan, en Sevilla, tres «bodegones» de Diego
Velázquez; un hijo de Murillo poseía otro en 1709. Palomino describe pun-
tualmente algunos de los lienzos de este carácter que eran conocidos y estima-
dos como suyos en su tiempo llamándolos, en las llamadas marginales de la
primera edición, «pinturas de hosterías», y «bodegoncillos», subrayando en el
72
H MUNDO AND. ILUZ H ASTA MEDIADOS DEL SIGLO X\!//
texto que «inclinóse al pintar, con singularísimo capricho y notable genio, ani-
males, aves, pescaderías, y bodegones con la perfecta imitación del natural, con
bellos países y figuras: diferencias de comida y bebida, frutas y alhajas po-
59 Palomino, ed. 1947, p. 893, sobre Veláz- bres y humildes ... » 59.
quez, es ingente la bibliografía. Una inteli- La fama y prestigio de estas obras juveniles y singulares de V elázquez fue
gente revisión de su etapa sevillana la ofrece
Julián Gállego, Velázquez en Sevilla. Sevilla,
pronto grandísima. En 1765, ya advierte Preciado de la Vega que todos los
1974. cuadros de su primera manera que estaban en Sevilla, «representando ordina-
riamente medias figuras, en 'bambochadas' con manera bastante colorida yaca-
bada, según el gusto de Caravaggio, fueron llevados por los extrangeros a otros
países».
Este expolio continuaría en los años siguientes, hasta el extremo de que, en
la actualidad, ni uno sólo de esos lienzos sevillanos de mano de V elázquez se
conserva en nuestra patna.
A través de esos testimonios y del estudio de las obras subsistentes, es pre-
ciso ver en el gran maestro el mejor intérprete del género de bodegón, etimo-
lógicamente entendido. Su estilo parece reflejar, efectivamente, algo de cara-
vaggiesco en el uso de la luz dirigida, que hace emerger personas y objetos de
una sombra misteriosa y unida, que les confiere intensidad de primer plano ci-
nematográfico.
En cuanto a la composición, se ha señalado sobradamente la relación, en
los modelos y la organización de la escena, con obras flamencas, tanto en la
tradición del último manierismo a lo Aertsen o Beuckelaert -especialmente en las
composiciones de asunto religioso semioculto tras la evidencia de una vulgar escena
de cocina o mercado- , como con algunos del primer naturalismo, ya casi ru-
60 I. Bergstri:im, 1971, pp . 53-59, fig. 38. beniano, de un Snyders 60 •
Pero no sólo el tratamiento luminoso, de origen caravaggiesco, los distingue
de los «modelos» flamencos, sino que también hay entre ellos una profunda
diferencia de sensibilidad, de actitud y, si se quiere, también de contorno humano
y social, que se evidencia en las creaciones del sevillano.
73
El MUNDO ANDALUZ HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
VELÁZQUEZ.
Cristo en casa de M arta y M aría.
Londres. N ational Gallery
74
EL MUNDO ANDALUZ HASTA MED IADOS DEL SIGLO XVII
75
EL MUN DO ANDAL UZ HASTA MEDIA DOS DEL SIGLO X VII
61 El Bodegón en cuestión compareció en 1930, El citado Bodegón de la Norton Simon Foundation 61, firmado en 1633, es sin
en la Exposició n Gli antichi p ittori spagnoli lugar a dudas la pieza capital en el género y la única que le puede ser atribuida
della Collezione Contini Bonacossi, R oma,
GaUeria d'Arte Moderna, n.0 65, con texto
con seguridad absoluta. Compuesto con severo rigor simétrico, sobre un ante-
de Longh.i y Mayer. F ue inmediatamente pecho, se ordenan un cesto con naranjas entre las cuales se advierten ramillas
considerada un a de las obras capita les de su florecidas de azahar; a ambos lados, una taza sobre un plato metálico, donde
autor y así ha pasado a toda la bibliografía apoya una rosa, y otro plato con gruesos limones o cidras. El fondo oscuro hace
posteri or (Soria, 1955; G uin ard, 1960, GáUe-
go-G udiol, 1976, etc.) . U n estudio especifico emerger con grandiosa rotundidad los objetos. Los contenidos tonos amarillos
sobre Z urbarán bodegonista es el de Helmunt y rosados de sus frutas, el verde jugoso de las hojas y el blanco del azahar,
Seckel, Francisco de Zurbarán as a painter of junto a los brillos metálicos de los platos, constituyen un armonioso y ordenado
Still-life, «Gazette des Bea ux-Arts», 1946, II,
pp. 298-300.
conjunto, que desde que Mayer lo dio a conocer, ha sido visto siempre con algo
de religioso misterio. El contraste con las mesas de bodegón de V elázquez o
Loarte, resulta evidente y conocida la religiosidad de Zurbarán, no parece desca-
bellada la interpretación de homenaje mariano que Gállego ha expresado con
62 J. GáUego, Visión y símbolo, 1972, pp. 238-39. nobles palabras 62 . Ahora bien, lo cierto es que evidentemente la mayor semejanza
formal puede establecerse con los bodegones de Van der Hamen, que le preceden
en el tiempo y que pudo perfectamente conocer, bien en Sevilla, pues los contac-
tos de la nobleza sevillana con la corte eran estrec~os y nada impide que obras
del pintor cortesano se conociesen allí, bien en el propio Madrid, adonde quizá
hiciese algún viaje antes de recibir el encargo de participar en la obra del Buen
Retiro, en 1634.
Si es cierto que puede haber ese contenido «cuasi religioso » que Cavestany
señalaba para casi todo el bodegonismo español y que Gállego subraya en este
caso concreto, también es cierto que esta severa ordenación de piezas comunes
podría, como en Van der Hamen, no ser otra cosa que la elegante trasposición
de un severo aparador de aposento.
ZUREARÁN. Bodegón. Junto a este lienzo magistral, se han agrupado algunos otros, más o me-
Pasadena (Estados Unidos) .
nos próximos en belleza, maestría y misterio, de los cuales los más conocidos
N orton Simon Foundation
son el Bodegón del Prado, con cuatro sencillos cacharros ordenados en fila,
y su réplica del Museo de Barcelona, procedentes ambos de la colección
Cambó.
También en este caso la mayor semejanza se decanta hacia el lado de Van
der Hamen. La posible influencia de Sánchez Cotán, que se ha querido subrayar
a veces, aunque desde el punto de vista de la mágica severidad que aparece pre-
ñada de presencia simbólica, pudiera aceptarse, no es sin embargo definible en
términos formales.
76
EL MUNDO ANDALUZ H ASTA MEDIADOS DEL SIGLO X\111
63 Sobre Juan de Zurbarán y su labor bodego- JUAN DE ZURBARÁN (1620-1649), el hijo malogrado en plena juventud, también
nista véanse: César Pemán, J uan de Zurbarán, ha dejado algunos ejemplos de su actividad como bodegonista 63, como es ló-
«A.E.A.», 1958, pp. 193-211, y M. S. Soria, gico en la línea de su padre, de quien procede el modo de presentación sobre
Notas sobre algunos bodegones esp aíioles del
siglo XV!l «A.E.A. », pp. 273-280. una tabla, mesa o antepecho, y la iluminación tenebrista. Los objetos, sin em-
bargo, a juzgar por el cuadro firmado en 1640, del Museo de Kiev, pierden la
fuerza solemne y monumental que nace del severo aislamiento en que los muestra
Francisco, y tienden a agruparse en composiciones complejas, de esquema trian-
gular en profundidad. En realidad, sólo ese lienzo y un pequeño cobre con un
plato de estaño con uvas, firmado en 1639, de propiedad particular de Burdeos,
pueden considerarse suyos con seguridad. Pero se le han atribuido otros, tan
próximos a lo que representa el lienzo de Kiev, que pueden aceptarse como
suyos apenas con ciertas reservas. Uno se expone ahora (n.º 59). En todo ello
está curiosamente ausente el sentido de religiosa y silenciosa unción de la obra
de su padre y todo resulta mucho más profano, terrenal y sensual, al modo de
los bodegones holandeses.
JUAN DE ZUREARÁN. Uvas.
Tras los Zurbarán, los bodegonistas sevillanos más importantes son Pedro
Burdeos. Propiedad particular de Camprobín y Luis de Medina Valbuena, ambos ya pertenecientes en buena
parte al tercer tercio del siglo. Pero en ambos hay, sin embargo, un evidente
arcaísmo, un gusto por las composiciones contenidas, equilibradas y severas que
se relacionan con las de comienzos de siglo, así como -especiaLnente en Me-
dina- un interés por la iluminación contrastada del tenebrismo.
PEDRO DE CAMPROBÍN PASSANO es, además, otro nexo entre Castilla y An-
dalucía. Nacido em ALnagro (Ciudad Real) en 1605, de padre platero, su madre
era de familia genovesa, emparentada con los también genoveses Juan Bautista
y Esteban Peroli, los pintores de El Viso del Marqués, de formación manierista
tardía. En 1619 entra en el taller toledano de Luis Tristán, como aprendiz, y en
1630 aparece en Sevilla, con Alonso Cano como fiador, pasando su examen
JUAN DE ZUREAR ÁN. Bodegón. para entrar en el Gremio de los pintores de in1aginería. A partir de este mo-
Museo de Kiev mento disponemos de documentación sevillana que nos lo sitúa como pintor
en aquella ciudad, realizando obras de todo tipo, muchas de carácter secunda-
rio, y perteneciendo a diversas congregaciones piadosas. En 1660 figura entre
los pintores que acompañan a Murillo, Herrera el Mozo y Valdés en la funda-
ción de la Academia de Dibujo y Pintura, en la que continúa hasta 1674, año
64 Sobre Camprobín, siguen siendo fundamen- de su muerte 64 .
tales los datos reunidos por Cavestany. La Se conserva un cuadro religioso de su mano (La Magdalena, de 1634, en
fecha de su muerte la proporciona E. Val-
divieso (Catálogo de la exposición, La época
la parroquia de El Salvador, de Sevilla), pero lo fundamental de su producción,
de Murillo. Sevilla, 1981, p. 74). extensa, son los bodegones y floreros, con los que obtuvo su éxito y su re-
nombre. La primera obra que conocemos, el Bodegón de Dallas (n.º 60), se fecha
en 1623, y es por lo tanto extremadamente juvenil. La ordenación, escalonada,
le relaciona un tanto con Van der Hamen, e incluso le precede, pues como
hemos visto, es a partir de 1626 cuando se hace general en sus composiciones.
Cabría pensar que en esos años en blanco, entre 1622, en que presumiblemente
concluiría su contrato con Tristán, y 1630, en que aparece en Sevilla, se formase
en contacto con Loarte (en Toledo hasta su muerte en 1629) o con Van der
Hamen en la corte, tan próxima. Algo en relación con Van der Hamen per-
vive en sus obras posteriores, incluso en las más tardías, como ciertos com-
plejos cuadros con fondos de arquitecturas e instrumentos musicales, uno de
ellos firmado en 1666, y corresponde ya a un momento en que la preocupación
por la profundidad espacial y la sugerencia escenográfica que determina el cor-
tinaje, parecen ocupar lugar predominante, y en los que podría quizás adver-
P. CAMPROBÍN. Bodegón. tirse un eco de la sensibilidad del bergamasco Evaristo Baschenis, cuyas obras
Madrid. Propiedad particular ignoramos cómo pudo llegar a conocer, pero de las que parece haber un cierto
eco en estos misteriosos lienzos. Junto a delicadas composiciones en que utiliza
con elegancia los elementos usuales, como las tradicionales cestillas de frutas,
77
EL MUNDO ANDALUZ HA STA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
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EL MUNDO ANDAL UZ H ASTA MED IADOS DEL SIGLO XIII/
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íl 1
,[], 10 1
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[]
1 1 20
[]
1 1 25 íl
1
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EL MUNDO ANDALUZ HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
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EL MUNDO ANDALUZ H ASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
En realidad las escenas de la Biblia, las alegorías y los emblemas del Salón no están
demasiado acordes con las obras conocidas de Mohedano. Pero sin embargo los festones
vegetales y los bodegoncillos de la Galería sí que parecen corresponder l:iien a todo lo
que de modo tan preciso elogia Pacheco. La técnica, como de sarga, fluída, ligera y mate,
la perfección de los frutos, la riqueza e inventiva de los roleos, que tanto deben a la tra-
dición del grutesco, encajan perfectamente en lo que transmiten las fuentes. Cabría incluso
pensar en que la atribución que recogió Ceán se refiera a la Galería y se hiciese extensiva
luego al Salón, evidentemente de otra mano.
En cualquier caso, la importancia de estos lienzos decorativos es muy singular y hay
qu e ver en ellos un fundamental antecedente de los frutos zurbaranescos. Piénsese especial-
mente en los membrillos de Zurbarán (n. 0 58) y en los que aparecen aquí.
82
EL MUNDO ANDALUZ HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
BLAS DE LEDESMA
53 Canasto de berenjenas Este lienzo y su compañero (n. 0 54) son quizás los únicos que pueden considerarse
L. 0,60 X 0,80 con cierta seguridad como obra de Blas de Ledesma, granadino, entre los muchos que le
Madrid. Marqués de Deleitosa han sido atribuídos en los últimos años. Su semejanza de composición, concepción y
dimensiones con el lienzo, firmado, del Museo de Atlanta, única obra segura del pintor,
parecen acreditarlo y aunque la calidad sea ligeramente más pobre (su conservación, por
BLBLI OG RAF í A, Torres Martú1, 1971, fig. 11.-
Id., 1974, p. 223 .-Id., 1976, Cat. 47.-Id., 1978, otra parte, tampoco es buena, y la supeificie ha sido seguramente varias veces planchada
n.0 101, p. 120, lám. 24. y restaurada) puede aceptarse la atribución.
Especialmente significativa es la presencia, tras el antepecho, de los tallos verdes con
frutas o flores, que en el lienzo de Adanta son lirios y espuelas de caballero y ·aquí no
resultan tan fácilmente identificables.
Su rigurosa simetría obliga a recordar la formación de Ledesma como pintor de
grutescos. Todo tiene también aquí, desde luego, un cierto carácter simplemente decorativo,
pero provisto de un evidente encanto simple y sensual, nada vulgar, aun en su torpeza.
Proceden de una colección sevillana -como el lienzo de Adama- y pasaron por el
mercado anticuario madrileño. Los dio a conocer Torres Martín en 1971, atribuyéndolos
a Pedro de Medina. Posteriormente los atribuyó a Bias de Ledesma, de quien pu eden
considerarse, sin más reservas que las expuestas frente a su calidad.
53
BLAS DE LEDESMA
54 Cesto de frutas y flores Compañero del anterior, responde en todo al mismo esquema. Las frutas se han
L. 0,60 X 0,80 supuesto albaricoques, aunque quizás se trate de alguna especie de manzanas, dada su
Madrid. Marqués de Deleitosa textura tersa y no aterciopelada. Las flores que aparecen tras el antepecho, de modo tan
típico, son claveles, y las grandes frutas del primer término (lo más maltratado del lienzo)
parecen naran¡as.
BLBLI OG RAFíA , Torres Martín, 1971 , fig. 13.-
Id., 1974, p. 223.-Id., 1976, n.º 48.-Id., 1978,
n.0 102, lám. 25.
83
EL MUNDO ANDALUZ HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
ANÓNIMO 1630-1650
(ATRLBUJDO A BLAS DE LEDESMA]
55 Bodegón de frutas y flores Es éste un ejemplar significativo de la obra de un bodegonista por ahora de persona-
L. 1,00 X 0,77 lidad desconocida, que se ha venido identificando con Blas de Ledesma, sin razón alguna.
Madrid . Colección B/M. Su calidad es notable, especialmente por su cuidadosa insistencia en .los pormenores
y por la disposición un tanto ingenua y elemental de los elementos sobre un plano inclinado
para mejor hacerlos visibles, al modo de los primeros bodegonistas holandeses. Pero su
desmaña le lleva a contradicciones perspectívicas verdaderamente aberrantes, como el plato
con ciruelas del primer término o el cuenco de uvas de la derecha, que, al mostrarse casi
de perfil, no se apoyan en el plano sino que parecen flotar en el vacío.
Se trata pues, sea quien sea su autor, de un modesto decorador, dotado de una
notable capacidad imitativa y de un sentido del color grato y armonioso.
No es fácil fecharlo con precisión, pero seguramente debió vivir hacia 1630-50. La
relativa complicación de los planos del fondo, el uso de efectos de oscuro contra claro,
y cierto gusto acumulativo lo separan de las obras de comienzos del siglo.
Algunos de los elementos del lienzo -los higos, en un cuenco cerámico, en vez de
la cesta de aquí, la rama de higuera a la izquierda y algunos de los melocotones, despla-
zados al primer término- reaparecen, idénticos, en otro cuadro también atribuido a Blas
de Ledesma, publicado por Torres Martín (1978, p. 115, n. 0 85) que sorprende por su
formato vertical, nada habitual en este tipo de bodegones.
55
DIEGO VELÁZQUEZ
56 Cuerna de venado Olvidada, sin atribución, durante muchos años en el palacio de Riofrío, esta impor-
L. 1,22 X 1,46. tante pieza fue descubierta en 1966 y publicada «in extenso» por Angulo.
Dimensiones originales : 1,07 X 1,25 Aunque modificada con adiciones que alteraron su aspecto y dimensiones, debe
Al dorso: «Y. N . C. n. 0 7» tratarse del «lienzo al óleo de una quema de venado que pintó Diego Velázquez con un
«Compra Salamanca n.0 197»
rótulo que dice: lo mató el rey nuestro señor Phe. quarto el año de 1626» que aparece
Madrid. Patrimonio Nacional. Palacio Real recogido en los inventarios reales de los siglos XVII y XVIII, desde 1636 hasta 1735.
En esa última fecha, inmediatamente después del incendio del Alcázar, se describe, entre
PROCEDENCIA: Véase texto. los cuadros salvados, «Otro de vara y media de ancho y vara y tercia de alto de una
BlBLIOGRAFfA: Ponz, ed. 1947, p. 561.-Breñosa-
cabeza de un venado de Diego Velázquez». Se le pierde luego la pista en Palacio y reaparece
Casrellarnau, 1884, p. 322, n.0 563.-Saltillo,
1951 , p. 48 .-Angulo, 1966, p. 85.-Id., 1967,
pp. 13-25.-Gudiol, 1973, n.º 54, fig. 81.
84
EL MUNDO A ND A L UZ HASTA MEDIADOS DEL SIGLO X\111
56
buen cazador. Los herederos del Infante D. Luis la vendieron en 1845 . al Marqués de
Salamanca, y éste, a su vez, a Isabel II, volviendo así a las Colecciones Reales.
Las panes añadidas son todas de excelente calidad y habrá que atribuirlas a un pintor
de habilidad, buen conocedor de la técnica seiscientista, quizás Juan García de Miranda,
que consta trabajó en la restauración de los lienzos dañados por el incendio.
La pintura original se reduce a la cuerna, la piedra en que se apoya y el papel blanco,
sin inscripción alguna. Sobre el fondo liso, de tonalidad castaña ligeramente verdosa, se
proyecta la sombra de las enormes astas, con una maestría excepcional que sugiere espacio
y aire, ambiente de modo inequívocamente velazqueño.
La técnica y el colorido dominante emparentan la obra con lo realizado por V elázquez
hacia 1629, inmediatamente antes de su primer viaje a Italia. Angulo, al publicarla, pensó
que, aunque la cacería real de que habla el inventario de 1636, fu ese en 1626, quizás la
ejecución del lienzo se retrasase un tanto, pues parece de factura algo más avanzada que
Los Borrachos, que se viene fechando precisamente en 1626.
85
EL MUNDO ANDALUZ HAS TA MEDIAD OS DEL SIGLO XVII
FRANCISCO ZUREARÁN
57 Bodegón de cacharros A pesar de su desconocida procedencia y de su atribución establecida solamente sobre
L. 0,46 X 0,84 bases estilísticas, atendiendo a la semejanza de sus objetos de barro y metal con los que
Madrid. Museo del Prado (n.0 2803) aparecen en algunos de sus cuadros religiosos, esta soberbia naturaleza muerta ha conocido
estos últimos años una extraordinaria popularidad y ha venido a ser por antonomasia
«el bodegón» de Zurbarán, al menos en España, y esto a pesar de no estar firmado como
lo está el que fue de la colección Contini, mucho menos conocido por el público español.
57
PROCEDENCI A: Colección Nemes, Munich.-Barce- Todas las características, a menudo repetidas, del maestro -simplicidad, austeridad en
lona, Colección Cambó. D onado por éste al la disposición, y gusto misterioso de presentar los objetos más cotidianos bajo una luz
Prad o en 1940. abstracta- triunfan en éste, muy sobrio, de objetos de mesa en los cuales las calidades
París-La Haya, 1966, n.0 18.-Lon-
EX POSICIONES : opuestas -materias y colores- se ordenan con una severa contención, casi ritual, que según
dres, 1976, n.0 39.-París, n.0 67.-Leningrado- la admirable definición de Longhi, evoca la disposición de los objetos litúrgicos en un
Moscú, 1980, n. 0 13. altar. Camón Aznar expresó bellamente la sobriedad grave de estos «bodegones sin
CATÁLOGOS : Museo del Prado: 1942-1 972 , n.0 2803. dramatismo ni opulencia. Con la simetría como base del equilibrio. Con serena quietud,
BIBLI OGRAF fA: Seckel, 1946, pp. 28 7-288.-Soria,
digamos que símbolos del sosiego castellano. Irradiantes sólo de paz, de conceptual calma
1953, n.0 73.-C. Pemán, 1958, pp. 193-211 , y espíritu».
fig. 7.-Guinard, 1960, n.º 609 .- Torres Martín, Nadie ha podido pronunciarse definitivamente sobre su fecha. El «Bodegón» de la
1963, p. LXXXIII, n.º 107.-Bergstrorn, 1970, antigua colección Contini, hoy en la Norton Simon Foundation de Los Angeles, es de 1633.
p. 41, fig. 23 .- T orres Martín, 1971 , p. 70.- En una naturaleza muerta firmada por el madrileño Francisco Palacios, en 1648, de la
Brown, 1973, p. 110.-Guinard-Fratti, 1974, colección Harrach de Viena, aparece una vasija de barro rojo idéntica a la que aquí se ve,
n. 0 103.-A. E. Pérez Sánchez, Catálogo L on- que no es de un tipo frecuente en los pintores andaluces. Cabe pensar que Zurbarán haya
dres, 1976, n.0 39.- Id., Catálogo París, 1976,
n. 0 67.-Gallego-Gudiol, 1976, n. 0 541.-J. Camón
pintado este cuadro durante una estancia en Madrid antes de 1634, bajo la influencia de
Aznar, 1977, p. 26 1.-Stilleben, 1979, p. 147.- Van der Hamen.
Catálogo M ünster-Baden Baden, p. 396.-Torres Una réplica exacta, de las mismas dimensiones, que perteneció, como éste, a Cambó,
Martín, 1978, fig. 1O. figura hoy en el Museo de Barcelona, C. Pemán piensa que se trata de una réplica que
realizó Juan de Zurbarán, hijo del maestro, para ejercitarse en el género de la naturaleza
muerta. El comentario de Pemán ha sido mal interpretado y se ha creído que él atribuía
a Juan el cuadro del Prado. Soria dudaba del valor autógrafo de este último, considerando
los dos ejemplares como derivados de un original perdido.
86
EL MUNDO ANDALUZ HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XIII/
FRANCISCO ZUREARÁN
58 Bodegón de membrillos
L. 0,35 X 0,40
Barcelona. Museo de Arte de Catalu ña
JUAN DE ZUREARÁN
59 Bodegón Por sus elementos agrupados con cierta desmaña, aunque con aciertos excelentes
L. 0,51 X 0,74 en algunos pormenores, como la chocolatera, y por el tipo de iluminación, demasiado
Besans:on. Museo de Bellas Artes violenta y desequilibrada, es preciso rechazar la atribución que alguna vez se ha hecho a
Francisco Zurbarán y aceptar como obra de Juan este curioso ejemplo de bodegón burgués,
que sólo alude a los preparativos del chocolate y que no nos parece pueda interpretarse en
ExPos1c 10NES, Besans:on, 1956, Natures mortes
d'hier et d'aujour d'hui, n. 0 35.-París, 1957,
clave alegórica o mística, aunque, al parecer, M. de Mirirnonde haya creído ver en él «todos
Besanfon, le plus ancien musée de France, n.º 43 .- los elementos simbólicos de un regalo de esponsales.
París, 1963, n.º 107.
BIBLIOG RAFfA, Ghilarov, 1938, p. 196 y ss.-
Mirimonde, 1963, p. 275, lám. 12.-Torres
Martín, 1971, p. 70, lárn. 27.-Id., 1978, fig. 17.
87
EL MUNDO ANDALUZ H ASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
PEDRO DE CAMPROBÍN
60 Bodegón con aves muertas Es ésta la obra más antigua que poseemos de Camprobín, y el testimonio más directo
L. 0,685 X 0,768 de su relación con el medio castellano, antes de su traslado a Sevilla. La disposición, en
Fdo.: «Pº de Camprobin Passano fa. año 1623 una especie de murete o repisa escalonada, es análoga a la de ciertos bodegones de Van
Dallas. The Meadows M useum der H amen de fecha muy próxima, a la vez que el violento claroscuro y el modo de tratar
las plumas y la gran vasija de cobre se relacionan muy directamente con Loarte, cuyas
obras hubo necesariamente de conocer en Toledo.
Jordan, 1974, pp. 24-25, fig. 7,
BIBLJ OGRAFIA:
n.0 6.-E. Young, 1976, p. 207, fig. 15.-Id. Actas Aunque es el único bodegón de asunto de cocina que conservamos, es preciso recordar
Granada, 1976, pp. 299-303.-Stilleben, 1979, que Cruz Bahamonde, Conde de Maule, poseía en 1813 una «cabeza de carnero y utensilios
p. 182. de cocina firmado con el nombre de este autor, bastante bueno», lo que acredita que debió
cultivar este género con cierta asiduidad.
PEDRO DE CAMPROBÍN
61 Florero
L. 0, 91 X 0,70
Fdo.: «P. de Camprobin P. F.» (muy perdida)
Madrid. Propiedad particular
60
Ejemplo excelente del arte refinado y sutil de Camprobín que, partiendo de la preci-
sión objetiva de las composiciones de principios de siglo, encuentra en su madurez un
lenguaje propio, hecho de un sutil equilibrio entre el volumen, que se define con precisión
por un juego luminoso que no renuncia a recursos del tenebrismo, al arabesco lineal de
tallos y flores, y la elegancia del color, mantenido siempre en una gama reducida, sobre
la que hace cantar tonalidades claras y enteras. Son constantes también sus jarrones metá-
licos, gallonados y decorados con cartelas y chatones, de los que éste es un buen ejemplo.
88
EL MUNDO ANDALUZ HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVII
PEDRO DE CAMPROBÍN
62 Floreros
L. 1,10 X 1,37
Firmado: «Pº de Camprovin Passano f. »
Madrid. Propiedad particular
PEDRO DE CAMPROBÍN
63 Floreros
L. 1,10 X 1,37
Madrid. Propiedad particular
62 63
Son estos lienzos compañeros, dos de los más exquisitos ejemplos del arte de Cam-
brobín. Concebidos para constituir una unidad, la asimetría de cada uno de ellos por
separado, se convierte en un equilibradísimo conjunto cuando se yuxtaponen. La larga
mesa que soporta a los jarrones y las delicadas vasijas de vidrio, centra la composición y,
a los lados, dos mesas más bajas, una de ellas cubierta con un tapete, soporta otros floreros
menores. Las mariposas que revolotean, están sorprendidas en su vuelo, como suele hacer
el pintor, y asemejan clavadas con alfileres sobre el fondo grisáceo.
La belleza de las materias, el refinadísimo sentido del color y la elegancia del dibujo
de los ramilletes o de las flores caídas con sutil abandono, hacen de estas piezas magis-
trales, obras de las más bellas de su tiempo. Los jarrones de bronce con chatones son
todavía de recuerdo manierista y el eco de Zurbarán que se ha señalado siempre en
Camprobín, toma aquí unas resonancias casi cortesanas en su atildada perfección, un poco
diversas del tono rústico y monacal del pintor extremeño.
89
El MUNDO //ND//LUZ f/ //ST// MEDIADOS DEL S IGLO XVII
PEDRO DE CAMPROBÍN
64 La Muerte y el galán
L. 1,00 X 1,62
Sevilla. Hospital de la Caridad
64
90
EL MU 'DO ANDALUZ H ASTA MEDIADOS DEL SIGLO X\111
65
91
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
Durante los primeros lustros del siglo XVII fueron, como hemos visto, los
modelos flamencos de fines del XVI o sus ecos italianos en la Lombardía de
los Campi, los que marcaron el punto de partida de buena parte del bodego-
nismo español. Casi a la vez, fue cristalizando un peculiar sentido de lo cor-
póreo, una intensificación expresiva del objeto, a través de su aislamiento y de
un uso de la luz, que, mágicamente intuído por Cotán, alcanza su culminación
en Van der Hamen y en Zurbarán, tras el conocimiento de lo caravaggiesco.
En la segunda mitad del siglo, serán también italianos y flamencos los que
orienten y enriquezcan el gusto español, pero al hilo de la transformación su-
frida en sus propios países.
En la década de 1630-40 se reciben en Madrid, para la decoración del nuevo
palacio del Buen Retiro y del palacete de la Torre de la Parada, una cantidad
considerable de obras decorativas: floreros, bodegones, paisajes con trofeos de
caza, lienzos de animales y perspectivas arquitectónicas, llamadas a tener amplia
repercusión en el arte español.
El B1:1en Retiro acogió, en fecha relativamente tremprana, los floreros de
M. CERQUOZZ!. Mario Nuzzi o Mario dei Fiori (1603-1673), llamado a ejercer una influencia
Muchachos cogiendo fruta. decisiva en la pintura española del género. Quizá llegasen también algunas de
Museo del Prado las opulentas naturalezas muertas de Michelangelo Cerquozzi (1602-1660), de las
cuales alguna se conserva aún en España. A la vez, los bodegones napolitanos
se comienzan a difundir por los ambientes nobiliarios y por el propio mundo
c0rtesano. Obras de Luca Forte (doc. entre 1625-1655), de Giovanni Battista
Recco (h. 1615-1660) o de Paolo Porpora (1617-1673) hubieron de conocerse
pronto en Madrid, como lo aseguran las obras conservadas y su evidente in-
fluencia en el desarrollo posterior del bodegón madrileño. Quizá también, aunque
no haya constancia de ello, pudieron llegar algunas obras del bergamasco Eva-
risto Baschenis (1617-1677), el gran maestro de los instrumentos musicales, algo
68 Aunque exigiendo muchas prec1s1ones, es de cuyo estilo puede resonar en Camprobín, como hemos apuntado 68.
aún fundamental el acopio de material que Simultáneamente, la avalancha del opulento mundo flamenco rubeniano, se
supuso, para el género de Naturaleza Muerta
en Italia, la gran exposición La Natura Marta hace manifiesta sobre todo en las soberbias series de bodegones de caza y cocina
italiana, Nápoles, Palacio Reale, 1964. que Frans Snyders (1579-1657), Adrian de Utrecht (1599-1652),Jan Fyt (1611-1661)
o Peter Boel (+ 1674) realizan para la Torre de la Parada, que se instalan entre
1636 y 1640, y deslumbran de inmediato con su opulencia sensual, su disposi-
ción desordenada y dinámica y su riqueza colorística, desusada entre nosotros.
También las guirnaldas en torno a motivos religiosos o alegóricos, se renuevan
con mayor dinamismo y libertad, a través de las obras de Daniel Seghers
(1590-1661), Van Thielen (1618-1667), los Ykens, Frans (1601-1693) y Catalina
69 Véanse los capítulos correspondientes en el (1659-después de 1696), o Joris van Son (1623-1667) 69. Muchas colecciones
Catálogo de la gran exposición Stilleben in aristocráticas se enriquecen también con obras de este carácter y es lógico que
Europa, Münster-Baden Baden, 1981, con ex-
tensa bibliografía actualizada. la imitación de estas riquezas tiente de inmediato a los bodegonistas españoles
y rompa con los severos esquemas comentados. Debe tenerse en cuenta también
que Sevilla en estos años tuvo una importante colonia de comerciantes y ban-
queros holandeses y flamencos, que sin duda alguna, colaboraron en la trans-
93
f.L APOGEO Df.L BODEGÓN BA RR OCO
MADRID
94
El APOGEO DEL BODEGÓN IJARROCO
PEREDA. Bodegón.
Moscú. Museo Pushki.n
95
El APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
PEREDA. Vanitas.
Florencia. Uffizi
El lienzo de los Uffizi retoma el esquema y los motivos del de Viena, con
la técnica de estos años, incorporando a la composición un cuadro con el tema
del Juicio Final, resuelto en una manera abreviada, idéntica a la del que aparece
en un San jerónimo de 1668 (Vitoria, colección Verástegui). Sin embargo, la
intensidad y concreción (armaduras, calaveras, joyas, monedas. etc.) perviven
en estas últimas obras con idéntica perfección y fidelidad a su primera formación.
Junto a Pereda, destaca la obra de MATEO CEREZO (1626-1666), más joven
y muerto en plena juventud, cuyos «bodegoncillos» elogia Palomino. De los que
han llegado a nosotros, están firmados los del Museo de la Academia de México,
fechados además en 1664. Discípulo de Carreño, su formación se hace ya en un
ambiente de pleno barroco, en que las sugestiones flamenco-holandesas y la revi-
talización de la técnica veneciana, abierta y libre en su pincelada, son ya de
general validez. Los dos Bodegones de México, y los que pueden agruparse a su
alrededor con cierta seguridad, responden bien a esa situación estilística. La
composición, ya decididamente asimétrica, con agrupación triangular descendente,
la sugerencia de un fondo que se carga de objetos en penumbra, y la vibrante
y libre ejecución, con pinceladas desunidas de tradición veneciana, hacen de
estos Bodegones de cocina (carne en uno, pescados en otro, quizá en contrapo-
sición cargada de significado) obras muy significativas de su tiempo y, como ya
indicó Angulo al darlos a conocer, de lo más perfecto de la pintura española
71 Angulo Iñiguez, L a Academia de B ellas A rtes en su género (núms. 74-75) 71 .
de México y sus p inturas españolas, «Arte en De su éxito, da fe la existencia de copias de taller, de ambos lienzos, una de
América y Filipinas », I, 1936, pp. 1-70.
ellas, en la Fundación Santamarca, curiosamente atribuída a Recco, sin más razón,
seguramente, que la presencia de los peces y los cacharros de cobre, pero muy
significativa, pues parece evidente que en las fechas en que Cerezo pinta sus lien-
zos (1666) eran ya bien conocidas en España las obras del gran especialista en
96
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
97
El APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
ARELLANO. Floreros.
Londres. Propiedad panicular Su segunda mitad va a ser el momento culminante de la pintura de flores,
en la que emerge un indiscutible maestro: JUAN DE ARELLANO (1614-1676), de
quien poseemos una producción importante, en buena parte fechada con pre-
cisión, que permite su análisis. Formado con Juan de Salís, de quien sólo co-
nocemos algunos paisajes de modesta calidad, sus primeras obras (núms. 82-84)
aseguran una profunda admiración por lo flamenco, tanto de la ya remota tra-
dición de Jan Brueghel, como de la más actualizada y dinámica de Gerard
Seghers. La disposición de guirnaldas ahusadas en torno a cartelas manieristas
y la minucia con que son interpretadas flores e insectos así lo acreditan. Pero
pronto la influencia de Mario Nuzzi se advierte en sus obras, y una ligereza
de toque y un cuidadoso desorden invaden sus floreros, aéreos, fluídos, ele-
gantísimos, poseídos además de un cierto sentido dinámico que encrespa algunas
flores, las vuelve sobre sí mismas en una agitación incesante, ayudado también
por el magistral modo de entrecruzar los tonos y los brillos de las propias flores
utilizadas. Es muy frecuente que estos floreros se conciban como parejas o en
grupos de cuatro, con un sutil efecto de compensación compositiva y tonal.
98
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
99
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARRO CO
también cestillos- prefiere los jarrones de bronce decorados con relieves mito-
lógicos, procedentes sin duda de repertorios grabados, y unas flores más sueltas .
aún en su disposición, pero más tersas y ceñidas en su individualidad, vistas
desde un punto de vista ligeramente bajo, que impide ver la superficie donde
apoyan los vasos.
La fuerte evocación de Nuzzi y de algunos especialistas de flores italianos,
como Paolo Porpora (1617-1673) o Giuseppe Recco (1634-1695), napolitanos,
o Giovanni Paolo Spadino, entre los romanos, hacen que la atribución de algu-
nos de los floreros que se le atribuyen, tanto en el Prado como en otras co-
78 Especialmer.te problemáticos son los núme- lecciones, haya de quedar en un prudente suspenso 78. También parece que debe
ros 1048, 1049 y 1050 del Prado, obras ita- mucho a Margarita Caffi, cuyos floreros de formato apaisado eran frecuentes en
lianas casi con seguridad.
España (núms. 103-107), aunque ignoramos la fecha precisa en que comenzaron a
llegar, y conoció también a Andrea Belvedere, con quien coincidió en la corte.
Especialidad suya parecen ser las guirnaldas encuadrando un medallón con
escena piadosa. Arellano las había hecho en ocasiones (n.º 82, con grupo alegó-
rico de Camilo), y sabemos que Bartolomé Pérez le había pintado a veces las
figuras. Por ello, es de suponer que sean suyas en sus propias obras. El Prado
guarda alguna firmada y otras atribuidas de antiguo, de notable calidad, aunque
los fondos se han oscurecido en exceso, seguramente por un uso excesivo de
79 Tampoco hay estudi o actualizado de su los betunes en las sombras 79.
personalidad . Abundantes docum entos bio- El tercer nombre de pintor de flores conocido en el Madrid de fines de
gráficos prepa ra para su publicación M.
Agulló. siglo es el de GABRIEL DE LA CORTE (1648-1694), quizás hijo de Juan de la Corte
(pues nada se sabe del «Francisco de la Corte pintor de perspectivas» de quien
80 Noticias biográficas dio Cavestany, 1936-40, Palomino le cree hijo, y lo más probable es que se trate de un lapsus calami) so,
p. 139. que hizo abundantes cestillos, jarrones y guirnaldas en un estilo derivado de
Arellano, con alegre colorido y técnica un tanto simplificada, pero eficaz. Suyas
son las guirnaldas que envuelven unas composiciones de San Joaquín y Santa
Ana, de Matías de Torres, hoy en colección particular americana y unas sober-
bias guirnaldas decorativas (núms. 99-100) que muestran su avance en una dirección
que podríamos llamar predieciochesca.
SEVILLA
La segunda mitad del siglo XVII en Sevilla está marcada por las personali-
dades de Murillo (1619-1682) y de Valdés Leal (1622-1690), contrapuestas en
tantos aspectos, y casi compendiadoras de dos actitudes bien diversas y radicales.
MURILLO, de temperamento sereno, afectivo y sentimental, está abierto a las no-
vedades de todo tipo y sus relaciones con la clientela de flamencos y holande-
ses; tan abundantes en Sevilla, le permite avanzar en una dirección burguesa,
acomodada y reflejadora de las gracias de la existencia, en un tono que preludia
el siglo XVIII y explica su éxito internacional, en una época en que nada se
sabía de España y su arte, fuera de sus fronteras. Valdés Leal, violento, apasio-
nado, áspero e intransigente en su vida y en su actividad profesional, encarna
un cierto y cerrado sentimiento de hostilidad al exterior, y una radical inmersión
MUR!LL O. en la corriente más violenta del pesimismo barroco a la manera española. Ambos
D etalle de El sueño del Patricio. cultivaron ocasionalmente el bodegón o la pintura de este carácter. De Murillo
Museo del Prado
- de quien consta la existencia de dos floreros y dos fruteros de su mano, entre
los bienes de su hijo Gaspar Esteban, y que seguramente sería el autor de varios
lienzos de ese carácter que figuran en su propio inventario- no se ha conservado
ninguna obra independiente y segura, pero amplios fragmentos de sus compo-
siciones, especialmente de sus lienzos profanos de escenas infantiles, nos pueden
informar de su maestría, que debe mucho a la tradición flamenca, siempre vive
en Sevilla. Las maravillosas cestas de frutas de sus composiciones de niños pi-
100
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
MURILLO.
Detalle de Santas j usta y Rufina.
Sevilla. Museo de Bellas Artes
101
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
. 102
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
VALENCIA
103
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
104
EL APOGF.O DF.L BODEGÓN BARROCO
RESTO DE ESPAÑA
105
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO
arte rudo y didáctico, apoyado sin duda en estampas, pero fuertemente ex-
93 E. Valdivieso, Una Vanitas del pintor Fran- presivo 93 .
cisco Velázquez Baca, «Boletin Seminario de En Zaragoza, que en las últimas décadas del siglo llegó a vivir una cierta ac- .
Arte y Arqueología de la Uni versidad de
Valladolid», 1973, pp. 478-483.
tividad artística, muy en conexión con el mundo de la corte, trabaja un POLO,
probablemente el Bernardo, autor de «floreros » y «fruteros », que en el siglo
94 Palom ino (ed. 1947, p. 1087) lo elogia «en XVIII estaban en la colección de doña Antonia Fernández de Hijar 94 y cuyas
las flores ». El Inventario de la Colección flores elogia especialmente Palomino, y JERÓNIMO SECANO (1638-1710), formado
Fern ández de Hijar, lo publicó Card erera
como apéndice a los D iscursos Practicables de
en Madrid, de quien se han elogiado también las flores y las frutas, aunque
Jusepe Martínez, Zaragoza, 1853. ninguna se conserve, como tampoco las de PEDRO LABETÁN, enteramente des-
conocido, aunque citado como aragonés por el Marqués de San Felices y Poleró.
Se ha recordado siempre, también, al vasco JUAN ANTONIO LIZASOAIN, autor
de algunos discretos lienzos de frutas y flores, firmado alguno en 1692 y 1696,
que se guardan en distintas casas solariegas del País Vasco, pero que no han
95 Cavestany, 1936-40, p. 90. sido aún debidamente publicados 95.
En tierras de Murcia deben recordarse las guirnaldas que se vienen atribu-
yendo a MATEO GILARTE (h. 1625-1675), un oriolano allí establecido, de tono un
96 A. E. Pérez Sánchez, Mateo Citarte, un casi tanto arcaico 96, y las obras del lorquino PEDRO CAMACHO FELICES (1644-1716),
zurbaranesco, «A.E.A. », 1964, pp. 139-154 que pintó gran cantidad de floreros y fruteros aún por identificar y estudiar
y J. Carlos Agüera Ros, Un ciclo p ictórico del
600 murciano, M urcia, 1982. Torres Martín
debidamente 97. Un BLAS MUÑOZ, que firma algunos flor eros fechados en 1672,
ha publicado como de Gilarte un bodegón y que se ha supuesto lorquino, parece más bien ser toledano, según todas las
de carne, qu e no conozco directamente y referencias 98 . Por último, y aunque la mayor parte de su obra se realizase fuera
cuya aa·ibución parece mu y dudosa. de su patria, debe recordarse al mallorquín GUILLERMO MESQUIDA (1675-1747),
97 A. Baquero Almansa, Los profesores de las que en su «libro de razón» recoge gran número de cuadros de floreros, frutas
B ellas Artes murcianos, Murcia, 1913, pági- y animales, pintados en su larguísima etapa italiana y alemana. Discípulo de
na 129 y ss. Carlo Maratta en Roma, su estilo se forma en la opulencia romana de esos años,
98 Angu lo-Pérez Sánchez, Pintura toledana de
pero es bien poco lo que se conoce con precisión de su extensa labor, realizada,
la primera mitad del siglo X VJI, Madrid, 1972, por otra parte, ya en el siglo XVIII.
pp. 201-206.
106
EL APOGEO DEL IJODEGÓN BARROCO. MADRID
ANTONIO DE PEREDA
66 Nueces Aun cuando la forma de enlazar las dos iniciales no sea habitual, la soberbia calidad
Tabla circular. 0: 0,207 y el peculiar modo de traducir la textura de las cosas, con un virtuosismo de precisión
Firmádo: «AP (enlazadas). 1634» casi flamenca, y sin embargo con una evidente monumentalidad, hacen obligada la atribu-
ción a Antonio de Pereda.
En el soberbio Bodegón del Reloj del Museo Pushkin de Moscú, firmado en 1652,
es decir, dieciocho años más tarde, comparecen unas nueces realizadas con idéntica técnica
y casi mágica precisión que aseguran la atribución aunque se trate, lógicamente, de obra
de técnica algo más avanzada. Estas pequeñas pinturas circulares, sobre lienzo o tabla,
debieron ser relativamente frecuentes, pues se suelen recoger en los inventarios de colec-
ciones, con una simple mención descriptiva.
Inédita, esta tabla constituye, aun en sus reducidas din1ensiones, un muy evidente
enriquecinuento de nuestro conocinuento del arte de Pereda en sus prin1eros años -tendría
23 años al pintarlo-, dentro del círculo de Crescenzi, y con su interés experimental hacia
el nuevo naturalismo.
67
ANTONIO DE PEREDA
67 Vanitas La atribución a Pereda, tradicional, se confirmó en ocasión de la exposición de 1978
L. 0,31 X 0,37 y tras la restauración a que fue entonces sometido.
Zaragoza. Museo Provincial El cráneo iluminado, especialmente, puede hermanarse con los de sus composiciones
más famosas. De hecho, es casi idéntico al que figura en el centro del famoso Niño de
las Calaveras de la iglesia de Arc-Senans, y el reloj de cuerda, tratado también con su
PROCEDENCíA: Donado, con su compañero, al manera habitual, comparece en la gran Vanitas de los Uffizi, que ha sido atribuída a
Museo de Zaragoza en 1908 por don Luis Be- Valdés Leal, pero es con seguridad obra tardía de Pereda, glosando el lienzo de Viena.
tegón de la Portilla.
El dibujo del cráneo, de tan precisa exactitud, se ha puesto recientemente en relación
EXPOSICIONES: Madrid, 1978-79, n.º 38.-Valla- con ciertos grabados del alemán Barthel Beham (The Illustrated Bartsch, T. 15.8, 1978,
dolid, 1979, n. 0 42.- Caracas, 1981, n. 0 51. p. 19 y 20) que pudo perfectamente conocer.
CATALOGOS: Museo de Zaragoza, 1929, p. 90, Se ha subrayado la sorprendente concentración de elementos que denotan un excep-
n.º 247.-1964, p. 66, n.º XLIII. cional «talento sintetizador» que alcanza, en este primerísimo plano expresivo, una casi
BLBLIOGRAFfA: Gaya Nuño, 1955, p. 791.-L. M. F., alucinante intensidad. En realidad, ese efecto había sido reforzado por un viejo repinte
1957, p. 186.-Hernández Perera, 1959, p. 31, que oscureció totalmente el fondo ocultando otro cráneo que, a la izquierda y en un
lám. VII.-Gállego, 1972, p . 247.- Pérez Sán- segundo término, se yuxtaponía al principal. Cabe incluso la sospecha de si se tratará
chez, Cat. Pereda, 1978, n.º 38.-Díaz Padrón y de fragmento de una composición compleja, recortada y modificada, pues son muchos
otros, 1981, n.º 47.-Id., Madrid, 1981-82, n. 0 47. los viejos repintes que alteraban su entera estructura.
En el Museo de Zaragoza se acompaña de otro bodegón de Vanitas de casi las
n1ismas dimensiones, pero evidentemente de distinta mano, que fue, sin embargo, con-
siderado su pareja.
107
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
ANTONIO DE PEREDA
68 Bodegón de frutas y hortalizas
L. 0,75 X 1,43
Firmado: «pereda f. 1651»
(la última cifra, de difícil lectura)
Lisboa. M useu Nacional d'Arte Amiga
68
PROCEDENCIA: Colección de la Reina Carlota Constituye, con su compañero, ejemplo soberbio del estilo de Pereda, como pintor
Joaquina de Portu gal. Incorporado al Museo de bodegón, Bergstréim descubre en ambos una cierta influencia flamenca, pero es indudable
en 1859. que en la disposición horizontal, sobre una mesa o mostrador, en la iluminación acusada
EXPOSICIONES : Madrid, 1978-79, n.0 16. y en los efectos de buscado relieve, casi de «trompe l'oeil», del mango del cuchillo, la
CATALOGOS : Museo de Lisboa : 1938, n.º 140,
espiga o el papel y la alcachofa, se prolongan efectos del naturalismo de principios del
p. 120, lám. IV.- 1956, p. 112, n. 0 275 .-1966, siglo tal como los entendía Van der Hamen.
p. 67, n.0 273. La riqueza de color y la precisión de la materia hacen de estos bodegones verdaderas
obras maestras.
s muoGRAF fA: Cavestany, 1935-40, p. 78.-0ña
Iribarren, 1.944, n. º 14.-Mayer, 1947, p. 457.-
Lafuente Ferrari, 1953, p. 361.-Gaya N uño,
1958, p. 268, n. 0 2181.-Soria, 1959, p. 282.-
Bergstrom, 1970, p. 69, fig. 50.-Torres Mar-
tín, 1971, pp. 78-79, lám. 64.- Angulo, 1971,
p. 223.-Camón Aznar, 1977, p. 404.-Pérez
Sánchez, Cat. Pereda, 1978 , n.º 16.-Stilleben,
1979, p. 206.
108
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADR ID
ANTONIO DE PEREDA
69 Bodegón de cocina
L. 0,74 X 1,43
Firmado: · PEREDA F./165 1»
Lisboa. Museu Nacional d'Arte Amiga
69
PROCEDENCIA, Colección de la Reina Carlota Aunque no es seguro que estén fechados en el mismo año y la grafía de las firmas
Joaquina de Portugal. Incorporado al Museo es bien distinta, parece sin embargo compañero del anterior por su disposición y dimen-
en 1859. siones y es, como él, ejemplo excelente de su maestría como pintor de las calidades de
CATALoGos, Museo de Lisboa, 1938, n. 0 138, las cosas. La tactilidad con que están conseguidas las raicillas de los ajos o la textura de la
p. 119, lám. II.-1956, p. 112, n.0 276.-1966, coliflor, así como los brillos de los metales o los barros vidriados, bastaría para subrayar
p. 67, n. 0 274. su valor excepcional como bodegonista.
EXPOSICIONES, Madrid, 1978-79, n. 0 17. Como su compañero, aun sin negar las semejanzas, con composiciones flamencas
que señala Bergstrom, es preciso recordar también las análogas «cocinas» italianas, en las
srnuoGRAFfA, Cavestany, 1936-40, p. 78.-0ña
Iribarren, 1944, n. 0 15.-Mayer, 1947, p. 457.- que la disposición horizontal y el intenso contraste luminoso están muy cerca de los
Lafuente, 1953, p. 361.-Gaya Nuño, 1958, empleados aquí por nuestro artista. Debe recordarse cómo en el inventario del Palacio
p. 268, n. 0 2182.-Soria, 1959, p. 282.-Bergs- del Buen Retiro de 1794 se atribuyeron a Pereda algunos bodegones de cocina que, con-
trom, 1970, p. 69.- Angulo, 1971, p. 223.- servados en el Prado, han de atribuirse con seguridad a los Recco.
Camón Aznar, 1977, p. 404.-Pérez Sánchez, Una réplica con algunas variantes, firmada y fechada también en 1651, se guarda en
Catálogo Pereda, 1978, n. 0 17. una colección particular de Helsinky, se expuso en Estocolmo en 1959-60 (Stora Spanska
Miistare, n. 0 80) .
109
El APOGEO DEL BODEGÓN BAR ROCO. MADRID
11 0
EL APOGEO DEL BODEGÓN BA RROCO. MADRID
70
111
El APOGEO DEL BODEGÓN BARRO CO. MADRID
ANDRÉS DELEITO
71 Bodegón de carne
L. 1,04 X 1,64
Firmado: «Andres D e leito Fe»
Barcelona. lnstinito Arnatller de Arte
Hispánico
No se sabe nada sobre la historia de estos cuadros; que constituyen una significativa
pareja, dotada quizás de valor simbólico, al contraponer carne y pescado. Ambos resultan
muy significativos de la hábil técnica de Deleito, que parece estar inspirado en modelos
toscanos -de un Ceceo Bravo, de un Livio Meus o de un Orazio Fidani-, con los que
se emparenta muy curiosamente por la técnica fogosa y el brillo espumante de los acce-
sorios que, en Deleito, constituyen el ejemplo esencial de sus suntuosas composiciones.
Otra pareja muy próxima, de dimensiones ligeramente superiores (1,05 x 1,65), se
encuentra en una colección particular madrileña; uno de los cuadros representa un conjunto
de carnes y frutas con dos personajes, y el otro, también con dos figuras, carnes y vajilla
rica (Torres Martín, 1971, p. 79-80, láms. 67 y 68).
ANDRÉS DELEITO
72 Bodegón de pescado
L. 1,04 X 1,64
Firmado: «Andres Deleito Fe»
Barcelona. Instituto Amatller de Arte
Hispánico
EXPOSICIO ES o Londres,
1976, n.º 76.-París, 1976,
n. 0 13.-Madrid, 1978-79, n.º 57.
BIB LI OGRAF IA, Angulo, 1971, pp. 320 y 322,
fig. 337.-Pérez Sánchez, Catálogo Londres, 1976,
n. 0 76.-ld., Catálogo París, 1976, n. 0 13.-
E. Young, 1976, p. 213, fig. 19.- Pérez Sán-
chez, Catálogo Pereda, 1978, n.0 57.-Stilleben,
1979, p. 185.
72
112
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARRO O. MADRID
ANDRÉS DELEITO
73 Vanitas
L. 0,73 5 X 0,935
Firmado en capitales:
«ANDRES DE/LEITO F.» en un papel doblado
Madrid. Propiedad particular
7J
EXPOS ICIONES, Madrid, 1960-61, n.º 148.-Id., 1978- Obra muy significativa, de lo mejor y más característico del estilo del pintor, empa-
1979, n. 0 56. rentada estrechamente con dos cuadro~ de análogo asunto y composición qu e pertene-
BLBLI OGRAFiA, Oña Iribarren, 1944, pp. 49 y 95, cieron a la Casa del Infamado en cuyo castillo de Viñuelas se guardaban hace unos años
n.º 52.- Catálogo Velázquez y lo velazqueño, (Foto Mas, núms. 31452 y 31453). La significación alegórica, evidente, se subraya aún más
1961 , pp. 119-120.-L. M. E., 1961 , p. 64.- con la presencia del tema de la D éesis, es decir, la mediación de la Virgen y San Juan
Pérez Sánchez, Catálogo Pereda, 1978, n.0 56. Bautista ante Cristo Juez, en el trance supremo del Juicio Final.
Los elementos alegóricos son los tradicionales, con valor simbólico ambiguo, o al
menos admitiendo lecturas múltiples. El reloj, que alude siempre al Tiempo devorador,
había sido en la Edad Media atributo de la Templanza. El espejo y el cofrecillo, que habi-
tualmente representan la Vanidad (además, el primero, es símbolo usual del sentido de la
Vista), pueden representar la Prudencia; las joyas y el dinero son siempre expresión de
la riqueza y el poder, y el libro abierto se refiere directamente al saber. El retrato femenino
en miniatura, alude seguramente al amor mundano, pues se trata de lo que Palomino
define «como retratos pequeños, que llaman de faltriquera y por otro nombre amatorios».
El erudito pintor señala que, sin ser deshonestas, suelen ser estas pinturas «accidental-
mente provocativas». Su presencia aquí, como en Pereda, es una llamada a la honestidad,
a la virtud y a la renunciación, ame la presencia del Juicio Final, suprema verdad.
113
EL A PO GEO DEL BODEGÓN BARRO CO. M A DRID
MATEO CEREZO
74 Bodegón con carnes
L. 0,74 X 0,97
F irmado: «D. Matheo Zer. .. »
México D. F. Museo de San Ca rlos. INBA.
PRO EDEN JA, A l parecer procede - como su com- Como señaló Angulo al darlo a conocer, se trata de uno de los más importantes
pañero, n.º 75- de la [mporranre colecció n y bellos lienzos de este género de toda la pintura española: «Los trozos de carne están
Fagoaga, que se reunió en México a comien- interpretados con verdadera maestría y su intensidad cromática constituye una de las
zos del siglo XIX y que, en gran parte, pasó notas más atractivas del cuadro. El color amarillo del cesto es de una calidad casi holandesa
a la Academia de San Carlos.
y la composición total del bodegón, dentro de la falta de artificio propio de la escuela
ATÁLOGos, M useo Nacional de Arres Plásticas. española, se distingue por el arte con que están dispuestos sus diversos elementos.
Catálogo de Pinturas. Secció n E uropea. 1934, Se conoce una repetición o copia antigua, al parecer excelente, con muy escasas
n.0 75.
variantes, que en 1935 estaba en el comercio madrileño y dio también a conocer Angulo.
EX POSICIONES, México, 1980, n. 0 26 . Su perfecta técnica y su peculiar sentido del color y de la composición enlazan un
BJBLJOG RAl'fA, Alvarez, 1917.-Gabelentz, 1926, tanto con Pereda, y son magnífico ejemplo de la manera de interpretar el natural en Madrid
p. 152.-Angulo , 1935, p . 69 y ss., fig. 21.- a mediados de siglo, aprovechando y enlazando con suma habilidad motivos de la tradición
M . Toussaint, 1946.-GayaNuño, 1958, n. 0 601.- de principios de siglo y una ordenación escalonada de modo flamenco.
E. F. G ua], 1960, p. 33.-Angulo, 1971, p. 293.-
E. Yo ung, 1976, p. 212.
74 75
MATEO CEREZO
75 Bodegón de pescados Parece ser compañero del anterior, aunque las dimensiones sean ligeramente diversas.
L. 0,79 1,02
X Quizá la contraposición carne-pescado, pueda tener alguna significación simbólica en
Firmado: «Matheo Zerezo Fec. 166(4)» consonancia con lo ya comentado en la introducción. Su excelente calidad y su técnica
México D. F . M useo de San- Carlos. lNBA. vibrante le aproximan a las obras de ciertos bodegonistas napolitanos, lo que explica que
una copia antigua que se guarda en la Fundación Santamarca de Madrid, haya sido atri-
PROCEDENCIA, Véase n.0 74.
buída a Giuseppe R ecco.
Otra copia excelente, que se ha pensado pudiera ser réplica autógrafa, ha pasado por
CATALoGos, Museo Nacional de Artes Plásticas. el comercio barcelonés recientemente.
Catálogo de Pinturas. Secció n Europea. 1934,
n. 0 74.
EX POSICIONES, México, 1980, n. 0 25.
BJBLJOG l\AFiA Alva rez, 1917.-Gabelentz, 1926,
p. 152.- Angulo, 1935, p . 71, fig. 23.-M. Tous-
saim, 1946.-Gaya N uño, 1958, n.º 600.-
E . F . Gual, 1960, p . 33.-Angulo, 1971 , p. 293,
fig. 307.-E. Young, 1976, p. 212.-Boletín M u-
seo de San Carlos, V-4, 1980, po rtada.
114
EL Al'OGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
MATEO CEREZO
76 Bodegón de cocina D e procedencia desconocida, esta naturaleza muerta, adquirida en el comercio madri-
L. 1,00 X 1,27 leño en 1970, es obra ejecutada en Madrid hacia mediados del siglo XVII. Se pensó atri-
Mad1~id. Museo del Prado (n. 0 3159) buirla a Antonio de Pereda en relación con algunas de sus obras pintadas hacia 1650
(véase núms. 68 y 69), pero las evidentes diferencias de técnica en el tratamiento de las
calidades de las cosas y en la manera de agrupar los objetos parecen excluir esta idea.
CAT ÁLOGOS: Inventarios del Prado. Nuevas Ad-
quisiciones, n.º 1922.-Catálogo del Prado, 1972, Mucho más verosúnil es la atribución a Mateo C erezo, ya generaLnente aceptada.
p. 908, n.0 3159. Las dos naturalezas muertas firmadas por él que conserva la Academia de San Carlos,
de México, y ahora se exponen (núrns. 74 y 75), parecen particularm ente próximas a la
EXPO SICIONES :Londres, 1976, n. 0 78.-París, 1976,
expuesta aquí, aunque aquéllas sean de dimensiones algo más reducidas y composición
n.0 74.-Madrid, 1978-79, n. 0 110.-Caracas,
1981, n. 0 57. menos compleja. La disposición ordenada en dos planos, sobre escalones de piedra según
parece, es muy semejante y quizás tenga su origen en los esquemas de Van der Harnen .
Pérez Sánchez, Catálogo Londres,
BIBLIO GR AFÍ A:
La manera de pintar las piezas de carne es la misma y el tratamiento de los utensilios
1976, n.0 78.-Id., Catálogo París, 1976, n.º 74.-
E. Yo ung, 1976, p. 212, fig. 28.-X. de Salas,
de cobre, casi idéntico. Como detalle particularmente significativo, el contraste pictórico
1978, pp. 13-14.-Pérez Sánchez, Cat. Pereda, entre la hogaza de pan y el lienzo blanco sobre el que está colocada es prácticam ente
1978-79, n. 0 11 0.-Díaz Padrón y otros, Cal. idéntico en el bodegón fechado en 1664 y en éste.
Caracas, 1981, n. 0 57. Se ha señalado la fuerte influencia flamenca, al modo de Snyders o Fyt, que presenta
el tratamiento de las plumas de las aves, cosa que no puede sorprender en el an1biente
madrileño de hacia 1660 en que creo puede fecharse este lienzo.
76
GillSEPPE RECCO
77 Peces y tortuga Se trata de una de las obras m ás significativas de su autor entre las conservadas en
L. 0,75 X 0,91 España. Podría fecharse en su plena madurez, en torno a 1680, y muestra m uy bien la
Firmado: «G. R .» maravillosa perfección del pintor al traducir los brillos y los reflejos del agua sobre las
Madrid, Museo del Prado (n.º 319) escamas de los peces. D e D ominici elogia especiaLnente, además, la maestría de Recco al
presentar: «Massi.mamente i frutti le Biccine e le Conchiglie, ma piu i Granchi e le Testuggini
PROCEDENCI A : Colecciones Reales. Probablemente
del mare, che eccellentemente sono de lui dipinte, avendo i suoi pesci un lucido cosi bello,
Palacio del Buen Retiro. che piutosto vivi che dipinte rassembrano » (De Dominici, Vitte de'Pittori, Napoli, 1743,
CAT ÁLOGOS: Prado:
Inventario de 1849, n.0 1882.-
m, p. 296).
La tortuga reaparece, muy semejante, en otro lienzo que se guarda en Capodirnonte.
Catálogos de 1872-1907, n. 0 353.-1910-1920,
n. 0 319. Buena parte de los lienzos de peces que se han atribuido a Herrera el Mozo son sin duda
de Recco o de su más inmediato círculo, y es evidente que sus obras fueron conocidas
EX PO SICIONES: Madrid, 1970, n.º 145. en España y ejercieron cierta sugestión en las dos últin1as décadas del siglo XVII.
BIBLI O GRAFÍA : S. Bottari, 1961, p. 360.-G. De-
logú, 1962, p. 194.-Pérez Sánchez, 1965,
p. 428, lám . 154.-Id., 1970, n.º 145.-R. Causa,
1972, p. 1021.
115
EL APOGEO OEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
DANIEL SEGHERS
78 Guirnalda con la Virgen y el Niño
L. 0,86 X 0,62
Madrid. Museo del Prado (n. 0 1905)
78
Ejemplo soberbio del tipo habitual de guirnaldas envolviendo una cartela de asunto
religioso, que constituyen la especialidad de Seghers y que tuvieron tanta difusión, ejerciendo
influencia muy directa sobre ciertos artistas madrileños.
La figura de la Virgen, de evidente evocación vandic;:kiana, se suele considerar obra
de Diepenbeck o de Cornelio Schut el viejo, habituales colaboradores de Seghers.
La guirnalda se relaciona directamente con otras análogas conservadas en el Vaticano,
Viena y Museo Boymans de Rotterdam.
DANIEL SEGHERS
79 Guirnalda de rosas Es un ejemplo excelente y de muy fina calidad de cierto tipo de guirnaldas del pintor,
T. 0,39 X 0,65 de forma aovada y suspendida por cintas -aquí de bellísima seda azul- que se pintaron
Madrid. Museo del Prado (n. 0 1911) en series para decoraciones de interior.
De hecho, ésta formaba parte de una serie de seis piezas que se recogen en el inven-
tario de La Granja en 1746.
PROCEDENCIA: Colecciones Reales. Palacio de La
Granja, 1746.
Obras de este tipo fueron bien conocidas en Madrid desde fecha temprana, en torno
a 1630-35, e influyeron evidentemente en Arellano (núms. 83 y 84).
CATALOGOS: Prado. Inventario 1849, n.º 1802.- Una composición análoga se conserva en el Museo Real de Arnberes.
Catálogos 1854-1858, n.0 1802.-1873-1907,
n. 0 1850.-1910-1972, n. 0 1911.
BIBLIOGRAFIA: M . L. Hairs, 1955, p. 80, edic.
1965, p. 411.-Id., 1964, IV, p. 205.-Díaz
Padró n, 1975, p. 348, lám. 222.
79
116
EL Al'OGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
MARIO NUZZI
80 Florero de plata volcado Procedente del Palacio del Buen Retiro, juntamente con el que ahora se expone
L. 0,84 X 1,57 (n. 0 81), y otros dos que se encuentran depositados en el Palacio de Pedralbes (Prado,
Madrid. Museo del Prado (n.0 252) núms. 250 y 251), constituyen un importante jalón para el estudio de la obra del pintor,
pues aparecen ya en 1700, como obra «de Mario», lo que dada la escasez de obras seguras,
le confiere singular importancia.
PROCEDENCIA, Colecciones Reales. Palacio del
Buen Retiro. Inventarios 1700 y 1794.
Por sus dimensiones y carácter se trata, sin duda alguna, de lienzos de sobrepuertas,
y como tales se describen en los inventarios. Su soberbia calidad, que puso al descubierto
CATÁLOGos, Inventario del Prado, 1849, u.º 2310. la restauración a que se sometió en 1969, ha confirmado la influencia que hubo de ejercer
Catálogos del Prado, 1854-1858, n. 0 2310.-
sobre los artistas madrileños del momento de Juan de Arellano, que en ocasiones utilizó
1872-1907, n. 0 301.-1910-1920 n. 0 252.-No
recogido en los catálogos posteriores. también el recurso del jarrón volcado y el contraste de flores y lujosas telas.
EXPOSICIONES, Madrid, 1970, n. 0 132.
BIBLIOGRAFIA, Pérez Sánchez, 1965, p. 314, lá-
mina 88.-Id., 1970, p. 408, n. 0 132.- J. T.
Spike, 1983, p. 131, n. 0 33.
80
MARIO NUZZI 81
81 Floreros y cebollas Compañero del anterior y obra de calidad muy notable donde se manifiesta aún
L. 0,83 X 1,54 la directa vinculación a la tradición del primer bodegón naturalista, a través de la fuerte
Madrid. Museo del Prado iluminación y el intenso realismo de las cebollas, lógicos en un sobrino de Mao Salini.
También aquí parece evidente que este tipo de bodegón hubo de dejar su huella en los
pintores madrileños, desde Pereda (véanse sus cebollas en el n. 0 69) hasta Arellano o
PROCEDENCIA, Colecciones Reales. Palacio del
Buen Retiro . Inventarios 1700 y 1794 (n.º 584,
Bartolomé Pérez.
aún visible sobre el lienzo) . No pasó nunca a los Catálogos impresos del Prado y pudo, por eso, en 1965, con-
siderarse perdido al encontrar su mención en los inventarios del Buen Retiro de 1700 y
CATÁLOGos, Inventario del Prado, 1849, n .0 2706.
de 1794.
No llegó a recogerse en ningún catálogo impreso.
BlBLIOG RAFiA, Pérez Sánchez, 1965, p. 317.-
Id., 1970, p. 410, n.º 133.-J. T. Spike, 1983,
p. 131, n. 0 32.
117
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
82
EXPOS ICIONES' Sevilla, 1982, n. 0 1o. Por otra parte, y en lo que respecta a Arellano, es ésta la primera obra fechada con
BLB LIOGRAF fA, Valdivieso, 1979, pp. 479-482.-
precisión, que conservamos de su mano.
Id ., 1982, p. 22, n.º 10. En la guirnalda, se reconocen lirios, azucenas, azafranes, dalias, jazmines, margaritas,
hortensias, tulipanes, narcisos, crisantemos, jacintos, anémonas, claveles, rosas, etc. entre
las que bullen abundantes insectos (mariposas, abejas, libélulas y orugas) así como. caracoles
e incluso pájaros de diversas especies. Su disposición prieta, densa y tupida, enlaza muy
directamente con los modelos flamencos de los primeros lustros del siglo XVI, muy espe-
cialmente con las obras últimas de Jan Brueghel de Velours, cuya influencia en el joven
Arellano parece indudable.
En el medallón, cuyos tipos humanos de cabeza redonda y cuerpos alargados son
muy característicos de Camilo, se representa una escena cargada de significado: Un niño
desnudo que apenas inicia sus pasos, contempla cómo otro alado, sin duda un genio o
quizás Cupido, hace pompas de jabón con una pajilla. Otro niño o geniecillo, en segundo
término, sostiene un molinillo de papel. Sobre una especie de ara o pedestal decorado con
una piel de carnero hay un reloj de arena con alas, y una palmatoria con la vela apagada.
En el suelo, en primer término, una calavera.
Todos son, como es fácil de advertir, símbolos de la caducidad y brevedad de la vida.
La pompa de jabón, desde los tiempos latinos de Varón y Lucano, ha simbolizado la
fugacidad de los placeres de la vida y de la vida misma. Los tópicos del «horno bulla est»
y «vita quasi fumus, bubulla flasque pecit» que Valdivieso adujo al respecto, subrayando
118
EL APOGEO DEL BODEGÓN BA RR OCO. MADRID
que la comparación entre la breve duración de la vida y la de las flores da sentido unitario
a la guirnalda que envuelve el medallón, se corroboran a través de una estan1pa de Hendrick
Golzius (Bartcht n. º T. 5.63) que muestra a un niño desnudo, apoyado sobre un cráneo,
haciendo pompas de jabón junto a un pedestal en que se extingue, humeante, una lámpara
al lado de una vara de azucenas. El lema «Quis evadet? » y un texto poético latino, que
alude a la vida como flor que rápidan1ente se marchita y como burbuja que se desvanece
en el aire es suficientemente explícita y quizás Camilo conociese la estampa, de mu y directa
conexión formal con su composición.
Los restantes elementos son igualmente expresivos. El reloj de arena con alas es el
r
tiempo fugaz, el molinillo de viento es la inconsistencia versatilidad de la condición
humana, e incluso el relieve con la piel de carnero podía ser, como sugirió Valdivieso,
el vellocino de oro de Jasón, símbolo del poder y la riqueza que tantas veces mueven la
conducta del hombre.
D esde el punto de vista formal, por su delicadeza y maestría es ésta, sin duda, pieza
singular en todo el barroco español.
83 84
JUAN DE ARELLANO
83 Guirnalda de flores y cartela Constituyen ambas una de las más interesantes parejas de lienzos decorativos de su
con paisaje autor, notables también por su fecha relativamente temprana, cuando Arellano tiene 38 años
L. 0,58X 0,73 e inicia su madurez.
Firmado: «Juan de Arellano. 1652» La disposición, de origen flamenco sin duda alguna, enlaza con las de Daniel Seghers
Madrid. Museo del Prado (n. 0 2507) (1590-1661) y, como en ellas, parece presente todavía un homenaje al creador del género,
Jan Brueghel, de quien procede el gusto y la complacencia por los pormenores casi de
JUAN D E ARELLANO
miniaturista de los insectos, o de los menudos accidentes de espinas, nervaduras, etc.
El complicado marco o cartela decorativa que envuelve el paisaje procede del reper-
84 Guirnalda de flores y cartela torio manierista nórdico, que años más tarde servirá de germen al rococó, y en los deli-
con paisaje cados paisajes que encuadran, se advierte también la constante presencia de lo flamenco,
L. 0,58X 0,73
en la ordenación de la naturaleza, las montañas y los árboles, con detalles de observación
Firmado: «Juan de Arellano, 1652»
naturalista en el caserío rústico que en este lienzo aparece en primer término.
Madrid. Museo del Prado (n. 0 2508) Sólo la presencia, con importancia creciente, del antepecho pétreo sobre el cual caen
y se apoyan algunas flores o insectos más singularizados, subraya el conocimiento de
PROCEDENCIA, Donados al Prado en 1930 por modelos italianos que comenzaban a ser conocidos a través seguramente de las obras de
D. Xavier Laffite. Mario Nuzzi (1603-1673) que iban llegando al Palacio del Buen Retiro.
CATÁLOGos, Inventario del Prado: Nu evas Ad-
quisiciones, núms. 1522 y 1523. Catálogos del
Prado, 1933-1972, núm s. 2507 y 2508.
EX POS ICIONES, Tokio 1980, n .0 21 (solamente el
n.0 84).
BIBLIOGRAFiA, Cavestany, 1935-1940, p. 82.-
Bergstrom , 1970, p. 62.
119
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
JUAN DE ARELLANO
85 Florero
L. 1,26 X 1,06
Firmado: «Juan de Arellano f. »
La Coru ña. Museo M uni cipal
JUAN DE ARELLANO
86 Florero
L. 0,83 X 0,63
Firmado : «Ju an de Arellano/ 1668»
85
Madrid . Propiedad particular
Esta importante obra -una de las más complejas del artista, que suele limitarse con
frecuencia a presentar un solo ramillete o cestillo en disposición central y simétrica-, debe
seguramente tener alguna especial significación alegórica. El cestillo reflejándose en el espejo
significará - ya que las flores están plenamente abiertas, es decir, próximas a su fin-, la
vanidad de la belleza.
Una reciente limpieza hizo visible la firma. La fecha es difícil de precisar, pero su
disposición escalonada y el modo de realizar las flores, más deshechas, recuerdan los
cuadros, firmados en 1665, publicados por Bergstrom (1970, láms. 43-44) y permiten
considerarlo de fecha próxima.
Fechado con precisión, en fase muy avanzada de su carrera, este excelente florero,
muestra, en un bello vaso tansparente y sobre una mesa de piedra maltratada, el repertorio
habitual de sus flores. Se reconocen bien lirios, o iris, claveles, narcisos, tulipanes, rosas,
anémonas gigantes y campanillas en un conjunto de refinada elegancia.
120
EL Al'OGf.0 DEL BODEGÓN BA RR OCO. MADRID
JUAN DE ARELLANO
87 Canastilla de flores
L. 0,84 X 1,05
Firmado: «Juan de Arellano »
Madrid. Museo del Prado (n. 0 3138)
JUAN DE ARELLANO
88 Canastilla de flores
L. 0,84X 1,05
Firmado: «Juan de Arellano »
Madrid. Museo del Prado (n. 0 3139)
88
PROCEDENCIA: Fueron donados al Prado en 1969, La espléndida pareja de lienzos formada por estos dos cuadros constituye uno de los
con otros lienzos, por la Condesa Viuda de más hermosos ejemplos conocidos del arte de Arellano en su momento de máxima per-
los Moriles . fección, hacia 1665-70, dueño ya de sus recursos en modo magistral. La composición
CATALOGOS: Prado, 1972, p. 859, núms. 3138 y de las canastillas, con las flores tan libres y agitadas por una especie de viento que desflora
3139. sus pétalos, es de clara influencia italiana, en el estilo de Mario Nu zzi, cuyas obras eran
EXPos1c10N ES: Las Palmas de Gran Canaria, 1973, bien conocidas en España, y consta que fueron estudiadas y copiadas por Arellano. Sin
n.º 2.-Buenos Aires, 1980, p. 98.-Munich- embargo, en la presencia y el modo de tratar los insectos (abejorros, abejas, mariposas,
Viena, 1981, n.0 3. libélulas) que revolotean en torno a las flores y en las dos lagartijas qu e corren sobre la
BIBUOG RAPIA: X. de Salas, 1978, p. 9. repisa, sigue presente un homenaje a los modelos, ya remotos, de la tradición fl amenca de
Jan Brueghel de Velours.
121
El APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
JUAN DE ARELLANO
89 Flores en un jardín Inédito, este lienzo es un curioso ejemplo de un tipo de composición nada frecuente
L. 0,635 X 0,890 en la producción de Arellano, pero conocido por ejemplares de otros artistas, tanto italianos
Restos de firma: «... Arellano ...» (Margarita Caffi) como franceses (J. B. Oudry). Al presentar las flores no ordenadas en el
Madrid. Colección B/M. vaso o canastillo, sino en su estado natural, viéndolas sobre sus tallos, nutriéndose de la
naturaleza, el cuadro adquiere otro sentido, fundiendo el impulso de lo vivo con la inequí-
voca artificiosidad del jardín. En este caso Arellano se inclina del lado más elemental y
nos presenta un rosal a la izquierda, y a la derecha un lirio, tulipanes, anémonas y narcisos.
Quizá el hecho de que todas las flores estén ya abiertas por completo y a punto de desho-
jarse, como la presencia de las mariposas, cuya breve vida es proverbial, doten al lienzo
de un carácter admonitorio sobre la brevedad de la belleza, más explícito en otros floreros
del artista (véase n. 0 85).
89
JUAN DE ARELLANO
90 Florero Es éste un ejemplo significativo del tipo más sencillo de florero cultivado por Arellano.
L. 0,60 X 0,45 El vaso globular de vidrio liso, con unas pocas flores de colores intensos y sabiamente
Firmado : «Juan de A.rellano» contrastadas, proporcionan una sensación de vida apasionada y vibrante.
Madrid . Museo del Prado (n.º 597) Sorprendentemente, esta viva sobriedad, intensamente expresiva, aparece también no
sólo en ciertos floreros italianos, que serán seguramente su punto de partida, sino también
PROCEDENCIA: Colecciones Reales. Inventario Buen
en obras de artistas franceses de formación común. Especialmente estrecha es su semejanza
Retiro, n.0 349. con obras de Nicolas de Baudesson (Troyes, 1611-1680), su estricto contemporáneo,
0
formado en Roma aunque establecido luego en París.
CATÁLOGOS: Inventario del Prado, 1857, n. 1979.
Catálogo Prado, 1872-1907, n. 0 636.-1910-
1972, n. 0 597.
Exros1c101ES: Las Palmas de Gran Canaria, 1973,
n. 0 1.
lllBLJOGRAFfA: Bergstréim, 1970, p. 63, fig. 45.-
Camó n, 1977, p. 214, fig. 179.
JUAN DE ARELLANO
91 Florero
L. 0,60 X 0,46
Madrid. Museo del Prado (n. 0 596)
1872-1907, n.0 635 .-1910-1972, n. 0 596. Compañero del anterior, responde como él al tipo más sencillo en cuanto a la com-
Bergstréim, 1970, p. 63 .-Camón,
BIB LJ OGRAFfA: posición, aquí sólo un lirio, y unas pocas rosas y tulipanes en un vaso de cristal. Su belleza
1977, p. 214. de color y lo libre y vibrante de su ejecución le dan puesto notable en su obra.
122
f.L APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
BARTOLOMÉ PÉREZ
92 Canasto de flores Procedente del Museo de la Trinidad, es decir de algún convento de la comarca madri-
L. 0,54 0,83
X leña, se recogió como anó nimo valenciano en el Catálogo de Cru zada Villaamil, pero la
Firmado : «Barme Perez/fac » firma debió advertirse al pasar al Prado, ya qu e desde su incorporación al mismo, e inven-
Madrid . Museo del Prado tarió bajo la correcta atribución a Bartolomé Pérez.
Sin embargo, su pareja (Trinidad, n. 0 210. D epositado en la Universidad de Barcelona
PROCEDENCIA, Museo de la Trinidad.
desde 1883) ha sido considerado de Juan de Arellano (S. AJcolea, Pinturas de la Universidad
de Barcelona. Catálogo. Barcelona, 1980, p. 114-115, n. 0 174).
CATÁLOG os, Museo Nacional , 1865, n.º 211. En realidad debe tratarse de obra relativamente temprana, muy ligada al arte de su
Museo del Prado, 1910-1972, n.º 1058.
suegro y maestro, de quien proceden tamo la composición del conj un to, con el can astillo
BIBUOGRAFiA, Cruzada, 1965, p. 171. muy calado, como los tipos de flores (rosas, tulipanes, dalias, claveles, narcisos, etc.). La
iluminación, sin embargo, resulta algo más acusada y el color m ás intenso, aunq ue el fondo
probablemente se encuentra alterado por haber trepado la preparación oscura.
BARTOLOMÉ PÉREZ
93 jarrón de flores
L. 0,62 X 0,84
Madrid. Museo del Prado (n. 0 1055)
9J
La presencia del ancho jarrón de bronce, a diferencia del cestillo que solía usar Arellano,
parece ser característica de Bartolomé Pérez, que repite con frecuencia estas vasijas decoradas
con abultados relieves de niños y guirnaldas, com o aquí y, en otras ocasiones, con motivos
mitológicos procedentes casi siempre de repertorios grabados. Las flores son, como habi-
tualmente, rosas, tulipanes, nardos y algunas otras, tratadas con intenso colorido y vivaz
claroscuro un tanto diverso del anterior.
123
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MAD RID
BARTOLOMÉ PÉREZ
94 Florero Procedentes, al parecer, del Convento de San Diego, de Alcalá de Hernares, esta
L. 0,75 X 0,56 pareja de lienzos se emparehta !huy directamente, por su técnica y los tipos de flores
Madrid. Museo del Prado (n.0 1052) empleados (rosas, claveles, tulipail.es, pasionarias), con las guirnaldas firmadas por Barto-
lomé Pérez. ,
Los ricos jarrones dorados on decoración repujada son un tanto singulares y di-
BARTOLOMÉ PÉREZ
fieren de los que su ~le emplear, cbn figuras mitológicas en alto relieve. El fuerte contraste
95 Florero luminoso se ha acentuado, ademJs, por la alteración de los fondos, hoy más oscuros que
L. 0,75 X 0,56 . 1
cuando se pmtaron. 1
Madrid. Museo del Prado (n. 0 1053)
94
BARTOLOMÉ PÉREZ
96 Guirnalda de flores con San Antonio Este hermoso lienzo, ~htradb en el Prado con el legado de la Duquesa de Pastrana
L. 0,65 X 0,84 t
(1889), es ejemplo excelente muy significativo del arte de Bartolomé Pérez, que formado
Firmado: «Bme. Pérez F. » con su suegrp Arellano, y afururador· estudioso de los floreros italianos, especialmente de
Madrid. Museo del Prado (n. 0 3655) Mario Nuzzi, transforma definitivamente la pintura floral madrileña. El concepto de la
guirnalda es aún en buena parte flamenco, pero el tratamiento y colorido, con la intensa
PROCEDENCIA' Duques de Pastrana, legado al
acentuación luminosa que dá movimiento y variedad casi tenebrista al conjunto, derivan
Prado en 1889 (Inventario N uevas Adquisicio- más abiertamente de los rrÍbdelds italianos, y puede advertirse que ha desaparecido la
nes, n. 0 871). cartela o mal-co a que oblig~ba la tradición de Seghers. En la figurilla del Santo, que pro-
bablemente será suya, pues h bemos que pintaba las que su suegro necesitaba, se advierten
EXPOSICIONES, Buenos Aires, 1980, p. 96.
ecos de la píhtura madrileña de mediados del siglo, y responde muy bien a la devoción,
BIBLIOGRAFfA, A. E. Pérez Sánchez, 1980, p. 96. un poco corÍ encional, de sV tiempo. D ebe ser obra de su madurez, aunque en realidad
conocemos thuy mal la ev lución de su estilo.
124
EL APOGEO DEL IJODEGÓN BARROCO. MADRID
BARTOLOMÉ PÉREZ
97 Guirnalda con Santa Teresa de jesús Muy, caracferís tico del mo¡:lo más tradicional de representación de guirnaldas en torno
L. 0, 95 X 0,73 a una reRresen ación sacra, en fl.Ue destacó tanto Bartolomé Pérez. La imagen de la Santa
Madrid. Museo del Prado (n. 0 1057) se representa en un lienzo oc~avado con marco de ébano, y a su alrededor se extienden
las anémoq.as, rqsas, tulipanes, adormideras dobles y algunas otras flore ) en guirnalda
muy suel a, bien distinta de las ordenaciones, bien trabadas, de la tradición flamenca de
Seghers Th~lden. No es fácil avanzar una fecha para este lienzo, qu e como su com-
PROCEDENCIA, Museo de la Trinidad. Inventario 1
manuscrito del Museo Nacional, n.º 462.
CATÁLOGOS, Prado, 1873-1907, n. 0 2174 f.-1910-
pañero (f 98) procede del :o~vento de San_Diego, de Alcalá de Henares. Se ha s u~u esto
que pue9¡in ser de fecha proxu'na a 1676, ano de la muerte de A.rellano, por considerar
1972, n. 0 1057. 1
muy próf irno s1:t estilo al de este maestro, pero realmente conocemos muy poco de la
EX POSICIONES' Madrid, 1971, n. 0 27.-Madrid, evolució cronológica de Pérez.
1981-82, n. 0 49. En ~l inveniario manuscrito del Museo de la Trinidad, de donde proceden, no figura
BLBLIOGRAFíA, Díaz Padrón y otros, Catálogo atribuciór¡. alg{ma pero al incorporarse al Prado en 1872, aparecen ya, desde el Catálogo
Calderón, 1981-82, n.0 49. de 1873, pajo fl hombre de Pérez que aparece perfectamente adecuado.
98
BARTOLOMÉ PÉREZ
98 Guirnalda con San Francisco Javier Compañero del anterior.
L. 0,95 X 0,73 Cruzada Villaamil, que lo recoge como anorumo de la «escuela valenciana» en el
Madrid. Museo del Prado (n. 0 1056) Catálogo del Museo Nacional, apunta, sin embargo, con interrogante, la atribución al
madrileñq Bartolomé Pérez. Considera al Santo «de la orden de clérigos menores». Lu ego
al pasar ql Prado se le consideró San Ignacio hasta que la edición de 1963 recoge ya, por
PROCEDENCIA, Mu seo de la Trinidad.
indicación del Padre Batllori S.]., la correcta identificación con San Francisco Javier, que
CATÁLOGos, Museo Nacional de la Trinidad, medita junto al mar, sobre el Crucifijo que le había arrebatado una tempestad y le de-
n .0 604.-Museo del Prado, 1873-1907, n. 0 2174 e.- volvió ud cangrej,o.
1910-1972, n. 0 1056. 1 '
EXPOSICIONES, M adrid, 1981-82, n. 0 50.
BIBLIOGRAFfA, Cruzada, 1865, p. 173, n. 0 604.-
Díaz Padrón y otros, 1981-82, n. 0 50.
125
El A POGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
GABRlEL DE LA CORTE
99 Guirnalda de flores
L. 1,07 X 0,85
Firmado: «gre 1 de la Cor/te fbt año de 1687»
Madrid. Uni versidad Complutense.
Facultad de Ciencias Q uímicas.
GABRlEL DE LA CORTE
100 Guirnalda de flores
L. 1,07 X 0,85
Madrid. Universidad Complutense.
Facultad de Ciencias Químicas
100
99
126
f.L APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
PROCEDENCIA, Colecciones R eales: Inventarios Estos dos grandes lienzos son con toda probabilidad obra de su estancia madrileña
del Buen Retiro, 1772 y 1794.-Palacio Real entre 1694 y 1700.
Nuevo, 1814. Aunque han sido tratados con cierta desdeñosa displicencia como «expertas pero vacías
CATALOGos, Inventario del Prado, 1849, n. 0 1106.- imitaciones del estilo de Mario del Fiori» Q". T. Spike), son obras de importancia y calidad
Catálogos Prado, 18S4-18S8, n. º 1106.-1872- notables que aunque se apoy.an, evidentemente, en la doble tradición napolitana y romana,
1907, n.º S99.-1910-1972, n. º SSO. anticipan, por su fondo más claro y su estilo ligero y decorativo, efectos y sensibilidades ya
EX POSICIONES, Madrid, 1970, n. 0 14. plenamente dieciochescos. Su influencia en el ambiente español debió ser considerable, y a
ellos se remiten muchos de los pintores de flores de la etapa académica de la segunda
BJBLJOGRAFiA, Pérez Sánchez, 196S, pp. 378-9,
lám. 126.-Id., 1970, p. 6S, n. 0 14.-R. Causa, mitad del siglo XVIII.
1964.- Id., 1972, p. 102S, fig. 439.-J. T. Spike,
1983, p. 128, n.0 8.
127
El APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
MARGARITA CAFFI
103 Florero Aunque se supuso que este cuadro y su compañero (n. 0 104) procedían de la colec-
L. 0,75 X 1,03 ción Godoy, incautada en 1808 y pasada luego a la Academia, el estudio del Inventario
Firmado: «Marg. Caf. F. » manuscrito de ésta, de 1804, demuestra que en esa fecha se encontraban ya en ella. Es obra
Madrid. Real Academia de San Fernando muy bella, de técnica fluída y deshecha y elegantísima disposición, que hubo de influir en
los pintores madrileños de fin de siglo, especialmente en Bartolomé Pérez y Gabriel de
CATÁLOGOS: Academia: 1818, p. 7, n.0 36.-1819, la Corte.
p. 8, n. 0 37.-182 1, p. 17, n. 0 99.-1824, p. 19,
n. 0 1.- 1829, p. 12, n.0 19.-1929, p. 64.
EX l'OS ICIONES: Madrid, 1935, n. 0 133.-Madrid,
0
1970, n. 22.
BIBLI OG RAF IA : Cavesrany, 1936-40, pp. 47 y 166,
n. 0 133, lám. LXI.-Pérez Sánchez, Inventario
Academia, 1964, p. 59.-Id., 1965, p. 344.-
Id., 1970, p. 92, n. 0 22.-J. T. Spike, 1983,
p. 129, n. 0 18.
103
MARGARITA CAFFI
104 Florero Compañero en todo del anterior, figura como él en el Inventario Manuscrito de 1804,
L. 0,74 X 1,03 excluyendo así la identificación, antes propuesta, con los floreros que figuraron en la
Firmado: «Marg. Caf. F. » colección Godoy incautada en 1808.
Madrid. Real Academia de San Fernando
,
'
104
128
El APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADRID
MARGARITA CAFFI
105 Cestillo de flores Compañero del siguiente, constituyendo ambos excelentes ejemplos del arte de Mar-
L. 0,94 X 1,275 garita, con una muy refinada calidad en el toque y en la ejecución. Su disposición a imé-
Firmado: «Margª Caf. F. » trica difiere muy considerablemente de los cestillos de Arellano, y preludia la que ha de
Madrid. Fundación Santamarca ser más usual en el siglo XVIII.
Lleva al dorso etiqueta que dice fue restaurado y forrado por Brun, restaurador
BIBLIOGRAFfA : Cavestany, 1936-40, p. 93. prestigioso en Madrid hacia 1880. Procede de la colección del Marqués de Santamarca y
Duquesa de Nájera, que constituyeron la Fundación de aquel título.
105
MARGARITA CAFFI
106 Florero Compañero del anterior, sustituye el cestillo por un jarrón de bronce y presenta el
L. 0,94 X 1,255 motivo, usado con frecuencia en la pintura francesa, de la bandeja volcada. ·
Madrid. Fundación Santamarca
106
129
El APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. MADR ID
MARGARlTA CAFFI
107 Flores
L. 1,52 X 1,96
Mad rid. Museo del Prado (n. 0 3997)
130
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. SE\llLLA
108
131
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. SEVILLA
CATÁLOGOS: Museo de Sevilla, 191 2, n. 0 284. Son estos lienzos ejemplos muy significativos del género de trampantojo de fines del
0
lllBLIOGRAPfA: Gestoso, 1912, p. 103, n. 285.-
siglo XVII, y de la tradición de las guirnaldas flamencas al modo de Daniel Seghers. Del
Angulo, 1975, p. 25.- Id., 1981, II, p. 152. primero tienen el fondo de madera, que los emparenta con los cuadros de rincón de
taller y el efecto de relieve insistido de los marcos de ébano. De la segunda, la estructura
toda de la guirnalda, los tipos de flores y su vivaz colorido.
Su singularidad fue ya señalada por Angulo, que advirtió, además, cómo la Virgen
con el Niño de este lienzo repite la de Murillo en el Dulwich College de Londres
(Angulo, Murillo, 1981, n. 0 155) con una ligera variante en la posición de los brazos del
Niño, que se repite en alguna otra copia de aquella composición.
Es imposible, por ahora, sugerir atribución alguna, pero la calidad de los lienzos es
considerable y atestiguan la vigencia de un género apenas estudiado hasta ahora.
Estuvieron depositados algunos años en la iglesia de San Bernardo de Sevilla.
109
132
EL APOGEO Dél BODEGÓN BARROCO. SE\f/LLA
FRANCISCO GYSBRECHTS
111 Trampantojo
L. 1,19 X 0,87
Firmado: «F. Gysbrechts»
Patrimonio Nacional.
Riofrío. Museo de la Caza
Ejemplo soberbio del arte del trampantojo, fue adquirido seguramente para Isabel de
Farnesio en Sevilla, pues el inventario de sus cuadros de La Granja de 17 46 lo describe,
juntamente con· otro, compañero, que representa un armario abierto, como «de autor se-
villano». Luego, de modo inexplicable, se mencionan ambos en Riofrío, como obra de «Conca».
Su ejemplo sería seguramente definitivo para el ulterior éxito del género en la propia
ciudad andaluza.
133
El APOGEO Df.l BODEGÓN BARROCO. VA LENCIA
TOMÁS HIEPES
112 Bodegón de higos
L. 0,29 X 0,43
Firmado: «H IEPES F.»
Este lienzo, con su compañero ahora también expuesto, y otros varios, entraron en
el Museo del Prado en 1889, con el legado de la Duquesa de Pastrana, sin que hasta el
presente hayan sido tenidos en cuenta por quienes se han ocupado del Bodegón español.
Aunque un tanto maltratados y restaurados de antiguo, son piezas significativas de cuanto
se conocía y estimaba como de Hiepes en el siglo XVIII y muestran esa cuidadosa aten-
ción al natural que Marco Antonio Ortí en 1656 ya subrayaba al decir que Y epes «es el
pintor que en razón de este linaje de imitación de frutas ha sabido adquirir muy sin-
gular opinión y crédito».
TOMÁS HIEPES
113 Uvas
L. 0,29 X 0,43
Fdo.: « HIEPES F. 1649» (en parte rehecha)
Madrid. M useo del Prado
134
EL APOGEO DEL BODEGÓN BA RROCO. VALENCIA
TOMAS HIEPES
114 Florero de claveles
L. 0,84 X 0,67
Firmado en el pie del florero:
«THOMA S HIEPES FEClT» y fechado en la
banda superior del mjsmo: «1664»
Madrid . Colección particular
114
Este tipo de floreros, con frecuencia agrupados en parejas, parecen constttmr una
de las especialidades del pintor. En algún caso logra en ellos verdaderas obras maestras,
como la gran pareja que se expuso en 1935 (Cavestany, n. 0 90) y pasó hace pocos años
por el mercado madrileño, donde la relativa rigidez del conjunto y su rigor geométrico
se atempera por la belleza del color y la calidad del pormenor, que traduce de modo
magistral las telas, las cerámicas y las flores.
En otras ocasiones, como en el presente lienzo, la simplificación llega a los límites
de la dureza, pero no se pierde nunca el elegante sentido decorativo y un refinado gusto
caligráfico que ha hecho evocar «un cierto sabor oriental» a su respecto. El vaso cerámico
gallonado, de tan característico perfil, y la disposición de las varillas que sostienen las
plantas, resultan enormemente atractivas.
135
El APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. VALENCIA
TOMÁS HIEPES
115 Bodegón de dulces
L. 0,66 X 0,95
Madrid. Propiedad particular
115
136
EL Al'OGEO DEL BODEGÓN BA RROCO. VALENCIA
TOMÁS HIEPES
116 Bodegón
L. 1,02 X 1,57
Firmado en capitales:
«THOMAS IEPES FECIT 1668»
Madrid. Museo del Prado (n .0 3203)
11 6
137
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. VALENCIA
MIGUEL MARCH
117 El Oído (?)
L. 0,70 X 0,94
Firmado en capitales : «M IGUEL M ARC F. »
PROCEDENCIA: Legado Martínez Vallejo. Firmado con precisión, este lienzo permite conocer sin error el modo de March al
EXPOS ICIONES:
0
Granada, 1956, n. 49. tratar estas composiciones de bodegones con figuras, dotadas, sin duda, de un inequívoco
carácter alegórico, de procedencia seguramente flamenca a juzgar por su opulencia formal
BIBLIOGRAFÍA:Tramoyeres, 1915, p. 31.-Tormo, y por la complacencia en el elemento exótico suministrado aquí por el papagayo.
1932, p. 45, n.0 417.-Soria, 1945, pp. 119-120,
Durante mucho tiempo se creyó, que este cuadro -como uno de sus compañeros
fig. 16.-Camón, 1958, n. 0 38.- Angulo, 1971,
p. 250.- S. Sebastián, 1981, p. 34, fig. 8. (veáse n.º 118)- formaban parte de una serie, trunca, de las estaciones y que representaba
el Otoño. La presencia de las uvas, frutas otoñales, y la melancolía de la música, permitían
suponerlo.
Recientemente S. Sebastián ha sugerido, seguramente con razón, que tres de los
lienzos del Museo valenciano son representaciones de los Sentidos Corporales, resto sin
duda de una serie de cinco. Éste representaría, pues, el Oído, a través de la flauta y del
papagayo, animal dotado de una fina capacidad auditiva que le permite imitar la voz
humana. Incluso el relieve fingido en el fondo, de claro sentido erótico (una ninfa abrazando
una herma de Pan), podría aludir quizás a la música como vehículo amoroso.
Soria, de modo absolutamente gratuito, afirmó que el ·modelo del muchacho era el
propio Miguel March, a través del dibujo hecho por su padre Esteban, hoy en el Prado.
11 7 11 8
MIGUEL MARCH
118 El Gusto (?) Compañero del anterior, había sido tradicionalmente considerado como el Invierno,
L. 0,70 X 0,94 ya que recoge la iconografía habitual del anciano calentándose al amor de la lumbre.
Valencia. Museo de Bellas Artes La sugerencia de S. Sebastián que ve en él la representación del Gusto, es perfectamente
aceptable, pues es evidente que los elementos comestibles ocupan destacado papel en la
composición y le prestan precisamente ese valor de bodegón singular.
PROCEDENCIA: Legado Marúnez Vallejo.
Es obra muy característica de la técnica abreviada y un tanto seca del pintor.
EXPOS ICIONES: Granada, 1956, n. 0 48.
BIB LI OGRAFÍA: Tramoyeres, 1915, p. 30.-Tormo,
1932, p. 45, n. 0 146.-Soria, 1945, pp. 119-120,
fig. 18.-Camón, 1958, n. 0 36.- Angulo, 1971 ,
p. 250, fig. 249.-S. Sebastián, 1981, p. 35, fig. 10.
138
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. VALENCIA
MIGUEL MARCH
119 La Vista (?)
L. 0,70 X 0,94
Valencia. Museo de Bellas Artes
PRO CEDENCIA: Legado Martinez Vallejo. Compañero de los anteriores, había venido considerándose alegoría de la A varicia,
EXPOS ICIO N ES: Granada, 1956, n .0 47. que suele representarse a través de una figura -generalmente femenina- , que examina con
atención monedas en w1 interior nocturno, a la luz de una vela.
BIBLIOGRAFIA: Tramoyeres, 1915, p. 17.- Tormo,
Ahora bien, la existencia de los anteojos que suelen aludir al sentido de la Vista y la
1932, p. 45, n. 0 412.-Soria, 1945, pp. 119-120.-
Camón, 1958, n. 0 37.-Angulo, 1971, p. 250.- presencia de otros objetos ricos de evidente complacencia visual, permiten aceptar la pro-
S. Sebastián, 1981, p. 32, fig. 6. puesta de S. Sebastián que ve en el lienzo la representación de ese sentido, en relación sin
duda con sus compañeros.
11 9
120
MIGUEL MARCH
120 El Tiempo Compañero de los tres anteriores por sus dimensiones y procedencia, resulta, sin
L. 0,70 X 0, 94 embargo, difícil de ligar conceptualmente a ellos, pues representa sin lugar a dudas al
Valencia. Museo de Bellas Artes Tiempo, anciano alado, con sus atributos tradicionales: la guadaña, el reloj de arena, la
corona y el cetro (el Tiempo como soberano de todo lo que existe) y la corona de laurel,
alusión a la gloria, único modo de escapar a su poder omnímodo.
PROCE DE NC IA: Legado Martú1ez Vallejo.
Es obra sumamente atractiva, tras la limpieza a que ha sido sometida, y muy signi-
EX POSI CIONES: Granada, 1956, n. 0 46. ficativa de su estilo, un tanto áspero, pero de intensidad singular, en su reducida gama
BIBLI OGRAFi A: Trarnoyeres, 1915, p. 17.-Tormo, de color.
1932, p. 44, n. 0 407.-Soria, 1945, pp. 119-120,
fig. 15.-Camón, 1958, n. 0 39.- Angulo, 1971,
p. 250.
139
El APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. VALENCIA
VICENTE VICTORIA
121 Armas y pertrechos de caza
L. 0,69 X 0,95
Inscripción al pie: «Dn Diego Velazquez Fe. »
Madrid. Museo del Prado (n. 0 2934)
121
PROCEDENCIA , Donado al Museo del Prado por Ejemplo excelente de trampantojo, de calidad soberbia, al que una restauración reciente
don José María Stoup en 1917. ha devuelto su admirable capacidad de ilusión óptica y su sutil refinamiento de color, que
rNVENTAR10, Prado. Nuevas Adquisiciones, n.0 1480. explican de algún modo la atribución a V elázquez con que llegó al Prado, apoyada en la
inscripción, evidentemente antigua, que quizá haya que entender como una humorada
BIBLIOGRAFfA, Cat. Colec;ción d'Estoup. Murcia,
1865, p. 91, n.0 438.-Cavestany, 1954, p. 8.- del pintor.
Hernández Perera, 1958, lám. V.-J. Camón Az- La colección Estoup o Estor de Murcia, de donde procede, se formó en el siglo XIX
nar, 1964, p. 329.-Bondi, 1969, n.º 167.-J. Eva- principalmente en aquella ciudad y en Valencia, pues es muy grande, como se ha señalado
risto Casariego, La caza en el arte español. (A. Martínez Ripoll, Catálogo de la pintura de la antigua colección d'Estoup de Murcia.
Madrid, 1982, p. 177 (como atribuido a Ve- Murcia, 1981, p. 12), la cantidad de pinturas valencianas que figuraron en ella.
lázquez). Esta probable procedencia valenciana corrobora un tanto la atribución al canónigo
Victoria que aquí se propone, recogiendo los elogios que se le tributaron en este campo
y la descripción del lienzo que fue de la Colección O'Cruley. Carece de sentido la atribu-
ción a Mazo hecha por Cavestany, recogiendo la suposición de «algunos» que no precisa.
140
EL APOGEO DEL BODEGÓN BARROCO. VALENCIA
VICENTE VICTORIA
122 Armero
L. 1,86 X 2,78
Sevilla. Colección Duquesa de Osuna
122
VICENTE VICTORIA
123 Armero
L. 1,86 X 2,87
Sevilla. Colección Duquesa de Osuna
123
EXPOSICIONES, Sevilla, 1971.-Sevilla, 1982, n.0 18. La soberbia pareja de lienzos, de tan magnífica ejecución y efecto de verdad, ha sido
Cavestany, 1954, p. 8.- Falcon, 1976,
BIBLIOGRAFfA,
largamente atribuída a V elázquez de modo enteramente gratuito, quizás por conocer la
p. 185.-Valdivieso, Cat. Sevilla, 1982, n.0 18. existencia del cuadro hoy en el Prado (n. 0 121) que lleva inscripción con el nombre del
gran pintor. Luego, y sin crítica alguna, se sugirió el nombre de Mazo, de quien nada
autoriza a pensar que cultivase este género.
Lo más probable es que se trate de dos obras de Victoria, análogas a la que poseía
en Cádiz, en 1795, O 'Cruley, de dimensiones muy semejantes («un lienzo apaisado con
un estandarte de Armas, Tambor, Clarín, Bandera, etc. obra de Victoria, que guarda muy
bien el claro y oscuro, de suerte que todo parece natural»). Medía 71 por 89 pulgadas,
es decir, unos 1,80 x 3,20 m. Las armas, por otra parte, parecen corresponder a fecha
próxima a 1700.
141
LA TRADICIÓN BARROCA EN EL SIGLO XVIII
143
LA TRADICIÓN BARROCA EN El SIGLO XVIII
rúo, quizás, de una corriente de carácter arcaizante, devota del tenebrismo como
especialmente adecuado a la representación de la realidad vulgar, de que había
sido importante eslabón Pedro de Medina.
En la corona de Aragón encontramos una figura singular, cuyo tono de
continuación sin ruptura con la tradición seiscentista es bien manifiesta. El
catalán ANTONIO VILADOMAT (1678-1755) constituye un caso singular en una re-
102 Santiago AJ colea, La pintura en Barcelona gión, Cataluña, que no tenía apenas antecedentes inmediatos. Sus bodegones 102
durante el siglo XVIII, «Anales y Boletín de son de un fuerte y áspero naturalismo y potente iluminación de tradición te-
los Museos de Arte de Barcelona», Vols. XIV
y XV, 1959-60 (publicados en 1969). Recoge nebrista, que enlaza con lo napolitano (núms. 136-138) .
toda la bibliografía precedente y noticias En Valencia, aparte la personalidad del citado Victoria, representante del
documentales sobre Viladomat. trampantojo más riguroso y en contacto con la tradición romana y boloñesa,
cabe recordar al ya citado segundo de los Eximeno, muerto hacia 1754, de quien
se conserván en la iglesia del Pilar valenciana unos lienzos religiosos, flanqueados
por enormes ramilletes de flores, de intenso valor decorativo y discreta ejecu-
ción, que hacen recordar la manera un tanto seca de Hiepes.
Aunque la pintura de bodegón no había sido en Valencia especialmente
cultivada, como vimos, el siglo XVIII V'.1 a ser sin embargo enormemente fe-
cundo, sobre todo en su segunda rrútad y en la especialidad de las flores, al
calor de la industria sedera que reclama guirnaldas, ramilletes y florecillas como
modelos para su decoración tejida.
144
LA TR A DICIÓN BARR OCA EN EL SIG LO XVIII
124
145
LA TRAD ICIÓN BARROCA EN EL SIGLO XVIII
125
PROCEDENCIA, V éase n. 0 124. La estructura de la composición, con la repisa centrada y los objetos pendientes de
EXPos1c 10NEs, París, 1961 , Museo de Artes D eco- la pared de madera, es virtualmente idéntica a la que presenta una pareja de lienzos de
rativas. L e Tabac dans l'Art, l'Histoire et la Vie, Benedetto Sartori, su estricto contemporáneo (Alberto Veca, Inganno e Realtá, Bérga-
n. 0 114.-París, 1963, n .º 127. mo, 1980, láms. XXX y XXXI), lo que corrobora el intercambio que debió existir entre
BIBLIOGRAFfA, Gaya N uñ o , 1958, n .0 1665.-
los artistas sevillanos, que parecen ser los «especialistas» del género entre nosotros, y los
Catálogo París, 1963, n.0 127.-Angulo, 1975, cultivadores del mismo en el resto de Europa, aunque quizás todo pueda explicarse por
p. 25. la común dependencia de los modelos flamenco-holandeses.
146
LA TRADICIÓN IJARROCA EN EL SIGLO XVIII
PEDRO DE ACOSTA
126 Trampantojo Nada se sabe de este pintor, conocido solamente por las firmas de una serie de
L. 1,02 0,79
X «trampantojos» firmados con claridad y fechados entre 1741 y 1755. Parece ser sevillano.
Firmado: «P edro de A/ costa f,, Corresponde con precisión a lo que se ha llamado «rincón del tallen>. Lo que se
en un papel a la derecha muestra, clavados sobre un fondo de tablas, son grabados de los que habitualm ente e
Sevilla. Museo de Bellas Artes hacía uso en los talleres de pintura, desde el Caballo de Antonio T empesta, a composi-
ciones de paisaje flan1enco , un papel con cuentas y tanteos de dibujo y un calendario
PROCEDENCIA, Colección Ceballos, de Madrid. («Libro Nuevo. Año de 1741. Se bende en Sevilla») que permite fechar el lienzo con
Adquirido en 1972, con su compañero (nú- precisión.
mero 127) y otro más, de dim ensones diversas,
con destino a la Casa de Murillo.
EXPOSICIONES' Sevilla, 1973, n. 0 5.-Id., 1975, n. 0 12.
srnu oGRAFíA, Torres Martín, 1971, p . 64, lám . 49.-
Angulo, 1975, p . 26.
l',\~ l ().j¡\.
.....";'_.,....,,,..
D F. I, CON I~
oous
J¡l.,. .J,l1f1
126 12 7
PEDRO DE ACOSTA
127 Trampantojo Compañero del anterior.
L. 1,02 X 0,79 Aunque no se halla firmado, los elementos son los mismos y muestran bien lo que
Sev illa. Museo de Bellas Artes era habitualmente entre los pintores menores sevillanos. La «Comedia famosa del Conde
deses » (sic) publicada en 1641, cuya portada se incluye en el lienzo, debe ser la obra de
Antonio Coello, El Conde de Essex o dar la vida por su dama, que fue muy representada
PROCEDENCIA, Colección Ceballos, de Madrid.
durante más de un siglo.
EXPOSICIONES, Sevilla, 1973, n .0 6.-Id., 1975,
n. 0 13.
BIBLIOGRAFfA, Torres Martín, 1971, p. 64.
147
LA TRAD ICIÓN BARROCA EN El SIGLO XVIII
PEDRO D E ACOSTA
128 Trampantojo
L. 0,92 X 1,24
Firmado dos veces: «Acosta» en un papel,
en la parte superior izquierda y en otro
papel grande, a la derecha, bajo las
pistolas: «B" Lº D e ...Po ACosta 1755»
Madrid. Real Academia de San Fernando
128
PEDRO DE ACOSTA
129 Trampantojo
L. 0,92 X 1,25
Firmado: «P º de Acosta f. »
Madrid. Real Academia de San Fernando
129
148
LA TRADICIÓN BARROCA EN EL SIGLO XVI//
PEDRO DE ACOSTA
130 Trampantojo
L. 0,92 X 1,25
Firmado: «Pº de Acosta f. »
En un papel: «Al Liz.do Dn. Agustín
Sanz/y Constanzo G.Ue Dios m.s as/Madrid»
Madrid. Real Academja de San Fernando
130
CARLOS LÓPEZ
131 Trampantojo de aves muertas Análogo en todo a las obras de Pedro de Acosta (núms. 128-130) hasta el extremo de
y grabados haberse considerado también suyo en las referencias fotográficas de Archivo Mas (Foto
L. 0,84 X 0,72 n.° C 94812) . La firma que ostenta nos permite conocer otro pintor del género, segura-
Firmado al dorso de la tela: mente también sevillano o al menos trabajando en aquella zona.
«Carlos López fecit» Una de las estampas que se reproducen muestra la inscripción «N. Berchen inv. »
Madrid. Real Academia de San Fernando corroborando la continua presencia de estampas holandesas en los talleres españoles del
siglo XVIII.
BIBLIOGRAFiA, Pérez Sánchez, 1964, Inventario
Academia, n. 0 126.
..·'.'
131
149
LA TR ADICIÓN BARROCA EN El SIGLO XV/11
FRANCISCO GALLARDO
132 Trampantojo La firma de este lienzo permite identificar a un artista de evidente calidad en el género
L. 0,635 X 0,850 del trampantojo, tan cultivado en Sevilla.
Firmado: «Francisco Gallardo fe cit 1764» El lienzo corresponde, como sus compañeros, al tipo de «rincón de estudio», sobre
en un papel el habitual fondo de tablas a las que se fijan, con puntas y alfileres, cordelillos y cintas,
Madrid. Colección particular objetos de uso en el taller.
Aquí se muestran varios grabados y lienzos. Uno de éstos, desclavado parcialmente
BlllLJOGRAFfA: Cavestany, 1936-40, p. 96. del bastidor, es una escena de taberna de tipo flamenco u holandés; el otro es un florero
del que se advierte un tulipán.
132
De los libros, uno de ellos es la «comedia famosa de Eurídice y Orfeo de Don Anto-
nio Solís». Una tableta para la enseñanza del abecedario; una adivinanza con un grabado
(«Dos son tres, tres son cuatro, siete son cinco / adivina borrico»), una partitura musical
y una carta, completan el conjunto. La carta, que se dirige a «Dn Bernardo Ruíz guarde
Dios muchos ... años como deseo ... Cádiz», nos permite suponer que el pintor fuese
gaditano o al menos que allí trabajase. Nada se ha podido saber de su persona, pero desde
el punto de vista estilístico esta obra y sus compañeras (núms. 133-135) parecen próximas
a las de Bernardo Lorente Germán (núms. 124-125).
150
LA TRADICIÓN BA RR OCA EN EL SIGLO X \11/J
FRANCISCO GALLARDO
133 Trampantojo
L. 0,635 X 0,850
Firmado en un grabado: «Gallardo f. et ynvenit»
Madrid. Colección particular
133
151
LA TRADICIÓN BARROCA EN EL SIGLO XVIII
FRANCISCO GALLARDO
134 Trampantojo
L. 0,635 X 0,850
Firmado en un grabado: «Gallardo fecit»
Madrid. Colección particular
134
152
LA TR ADICIÓN BARR OCA EN EL SIGLO XII///
FRANCISCO GALLARDO
135 Trampantojo
L. 0,635 X 0,850
Madrid. Colección particular
135
153
LA TR A DICIÓN BARR OCA EN EL SIGLO XVIII
ANTONIO VILADOMAT
136 Bodegón del pavo muerto
L. 0,65 X 1,00
Barcelona. Museo de Arte de Catalu ña
136
Compañero de los dos siguientes, forman una de las más interesantes series de
bodegones de su tiempo, pues constituyen un cierto enlace ideal entre las obras napoli-
tanas de fines del siglo XVII y lo que ha de ser el bodegón dieciochesco, anticipando
además, ciertos aspectos de rigor compositivo de un Meléndez, aunque servido con técnica
absolutamente diversa, más suelta y libre de ejecución y más sorda de paleta.
Éste, que Fontanals llamaba «Bodegón de Navidad», con el gran pavo en primer
término, parece anticipar, por su fuerza realista y en cierto modo dramática, con tan
violenta iluminación tenebrista, el cuadro análogo de Goya, casi un siglo posterior, a la
vez que la geométrica disposición del ángulo izquierdo, parece presentir ciertos rigores
matemáticos de Meléndez. Existe otro ejemplar de esta composición (Foto Mas G 38206,
Colección Galofre de Barcelona) que será uno de los que Santiago Alcolea menciona
en 1961 como propiedad de miembros de la familia Ferrater, réplicas de los del Museo.
A través de la fotografía y de su pésima conservación, parece más bien tratarse de una
repetición de taller o copia antigua de inferior calidad. Todavía debieron existir otras
versiones o copias, que cita Fontanals (apud Alcolea, 1969, I. p. 296, n.º 191 y p. 298,
n. 0 204).
154
L A TR ADI CIÓN BA RR OCA F.N F. /. SI GLO XVIII
ANTONIO VILADOMAT
137 Bodegón de caza
L. 0,65 X 1,00
Barcelona. Museo de Arte de Cataluña
137
ANTONIO VILADOMAT
138 Bodegón de verdura y peces Compañero de los anteriores, también aquí sorprende la abreviada sequedad de la
L. 0,65 X 1,00 ejecución y el vivísimo recuerdo de lo napolitano, así como la sobria estructura de la com-
Barcelona. Museo de Arte de Cataluña posición. Como de los restantes, también de éste se conoce una réplica o copia, de
inferior calidad (Foto Mas G 38207), de la misma serie que los anteriores.
PROCED EN CIA, Véase n.º 136.
EXPOSICIONES, Barcelona, 1902, n. 0 1537.
BIBLIOGRAFfA, A. Maseras, 1935, p. 387.-S. Al-
colea, 1969, I, p. 296, n.º 184; Il, p. 205.
155
LOS MODELOS CORTESANOS Y EL ARTE ACADÉMICO
157
LOS MODELOS CORTESA N OS Y El ARTE A CAOÍ.MICO
ciclo de unos pocos cacharros, unas frutas y poco más, hacen de él un artista
enormemente sugestivo, en el que, a veces, parece resucitar algo del misterio
que encarnaban los bodegones de Cotán o Zurbarán, aunque, evidentemente
105 Sobre Meléndez: E. T ufts, Luis Meléndez. ahora, en clave enteramente profana 10s.
D ocuments on bis L ije and Work, «The Art En un memorial de 1770, solicitando puesto de Pintor de cámara, que
Bulletin », marzo 19772, pp . 63-68. Id., L uis
Meléndez Still-life painter sans pareil «Ga-
nunca obtuvo, habla de su intención de pintar «las quatro Estaciones y más
zette des Beau x-Arts», 1982, pp. 143-166. propiamente los cuatro Elementos a fin de componer un dibertido gabinete con
J. J. Luna, Catálogo de la exposición, L uis toda la especie de comestibles que el clima Español produce en los dichos quatro
Meléndez. Bodegonista español del siglo XVIIJ.
elementos, de lo que solo tiene concluido lo perteneciente a los Frutos de la
Madrid, Museo del Prado, 1982.
tierra ... » . Esa serie, que en gran parte se guarda hoy en el Prado, estuvo col-
gada en el comedor del palacio de Aranjuez, donde se recoge en el inventario
de 1818, inmediatamente antes de pasar al Museo (núms. 144-150).
Bastante más joven que Meléndez, LUIS PARET Y ALCÁZAR (1746-1799), hijo
de padre francés, y pintor de muy amplio registro, con cultura literaria nada
común, cultivó también la pintura de flores en exquisitos ramilletes de delicado
tono rococó, en los que se hace inevitable sospechar un oculto sentido galante,
106 J. A. Gaya N uño, Luis Paret y Alcázar, en el que juega sin duda el secrt{,to lenguaje de las flores 106. Junto a estos dos
«Bol. Sociedad Española de Excursiones», grandes maestros hubo otros muchos cultivadores del género que en ocasiones
1952. Osiris Delgado, Paret y Alcázar, Ma-
dr id, 1957. J. Baticle, L es A ttachesfranfaises alcanzan las dignidades académicas. Proceden, en muchos casos, de la periferia
de Luis Paret y Alcázar, «La Revue du peninsular, pero como habrá de acontecer ya en lo sucesivo, la atracción de la
Louvre», 1966, pp. 157-164. corte les hace concentrarse en Madrid. .
En 1772, ingresa en la Academia un JOSÉ GARCÉS, quizás valenciano, autor
de un Florero de refinada calidad y transparente colorido. En 1774 lo hace RAMÓN
DE CASTELLANOS, con un Cestillo de frutas, de finísima ejecución, donde parecen
fundirse la tradición seiscentista y la nueva sensibilidad francesa.
A la vez, la Real Fábrica de Tapi ces de Santa Bárbara reclama modelos para
las decoraciones palaciegas y en muchas ocasiones los motivos de caza ofrecen
verdaderos bodegones como tema de los cartones que se han de tejer en ~llos.
Artistas como el citado Mariano Nani, el también italiano Barbazza, o el ma-
drileño JOSÉ DEL CASTILLO (n.º 157) realizan composiciones de caza muerta que
no son sino excelentes bodegones de clara dependencia flamenca.
Años más tarde, dos valencianos se singularizan también en el ambiente
madrileño. Uno, JUAN BAUTISTA ROMERO (1756 - después de 1802), es persona-
lidad huidiza, de la que se conoce poco, pero cuya calidad sorprende por su
perfección y su gracia equilibrada. Los floreros de la Academia de San Ferna~do,
fechado uno de ellos en 1796, igualan a lo más exquisito francés, y sus curiosos
107 Cavestany, 1936-40, p. 100. S. Aldana, Pin-
bodegones de servicio de chocolate y postres expresan un mundo de refina-
tores valencianos de flores, Valencia, 1970, miento y exquisitez, de sedas, encajes y porcelanas, un tanto singular en nues-
p. 200 y SS. tra pintura 107 .
JOSÉ LÓPEZ ENGUÍDANOS (1760-1812), es el segundo de estos artistas levantinos
108 Cavestany, 1936-40, p. 101. Sobre su im-
establecidos en la corte. Pintor de cámara en 1806, sus bodegones son de tipo
portante labor como grabador, Antonio
Gallego, Historia del grabado en España, más tradicional, en la línea de la manera napolitana en la composición y en
Madrid, 1979. la iluminación, pero de ejecución más seca y hasta un tanto acartonada 108 •
}. B. ROMERO. Bodegón.
Paradero desconocido
158
LOS MODELOS CORTESANOS Y EL ARTE ACADEM/CO
GIACOMO NANI
139 Bodegón de flores y hortalizas
L. 0,87 X 0,75
Firmado: «Giacomo'Nani f. »
Madrid. Real Academia de San Fernando
GIACOMO NANI
140 Bodegón de flores y hortalizas
L. 0,87 X 0,76
Madrid. Real Academia de San Fernando
GIACOMO NANI
141 Bodegón de ensalada
L. 0,35 X 0,47
Firmado: «Giacomo Nani f. »
Patrimonio Nacional. Palacio de Riofrío
141
Este lienzo y los dos siguientes forman parte de una extensa serie de bodegones de
Nani, compuesta por veinticuatro lienzos de idénticas dimensiones, que pertenecieron a
Isabel de Farnesio, y se conserva aún completa en el Palacio de Riofrío.
Éste es el que en el inventario de 17 46 se recoge como «una ensalada aderezada con
huevos duros y anchoas».
En general, la serie no ha sido bien considerada por los comentaristas. Cavestany
la califica «de escaso mérito» y Sánchez Cantón la ignora por completo. Aunque es
evidente que su calidad no es sobresaliente y que queda muy lejos de la admirable precisión
de Meléndez, con quien a veces han querido relacionarlo los críticos italianos, no debe sin
159
LOS MODELOS COR TESANOS Y El ARTE ACADÉMICO
embargo ignorársela como importante eslabón en la historia española del género, sobre
todo por lo temprano de su presencia en España.
La tradición napolitana es evidente siempre en la constante referencia luminosa al
tenebrismo, pero la simplificación de los elementos, la insistencia en la calidad diversa
de las cosas y una cierta sobriedad en la agrupación son, desde luego, un nexo innegable
con cuanto haría Meléndez más de veinte años después. Urrea ha señalado la «frialdad
inespacial» de estas composiciones, quizá nada gratas, pero que pueden llegar a resultar
fascinantes por su intensidad, su agrio colorido y su extraña vulgaridad, más chocante aún
en un ambiente cortesano.
GIACOMO NANT
142 Bodegón de almejas y otros moluscos
L. 0,35 X 0,47
Fi rmado: «Giacomo Nani f, ,,
Patrimonio Nacional. Palacio de Riofrío
l42
GIACOMO NANT
143 Bodegón de gallina
L. 0,35 X 0,47
Patrimonio Nacional. Palacio de Riofrío
143
160
LOS MODELOS CO RTESANOS l' El ARTE ACADEMICO
LUIS MELÉNDEZ
144 Bodegón: Manzanas, peras, cajas de dulce y recipientes
L. 0,36 X 0,49
Firmado: «Ls Mz Dº Ai'lo 1759»
Madrid. Museo del Prado (n. 0 936)
144
PROCEDENCIA, Colecciones Reales. Palacio de Forma parte -como todos los que siguen- de la extensa serie de lienzos qu e, pro-
Aranjuez. cedentes del Palacio de Aranjuez, guarda el Prado, firmados casi todos ellos y fechados
CATÁLOGo s, Inventario del Prado, 1849, n. 0 1977.- entre 1760 y 1772 (o 1774, si se acepta esta lectura en el Prado n.º 930). A este conjunto
Catálogos Prado, 1854-1958, n. 0 1850.-1872-1907, se refiere sin duda el propio artista, cuando en 1772, declara, en el famoso memorial, qu e
n. 0 840.-1910-1972, n. 0 936. tenía proyectada una serie de lienzos «con toda especie de comestibles, que el clima español
EX POSICIONES' Madrid, 1982, n. 0 1.-Barcelona, produce en los Cuatro Elementos», habiendo entonces concluído sólo lo referente a los
1983, n. 0 l. frutos de la tierra.
De fecha controvertida -pues la que muestra, ha sido leída 1739 (Soria), 1759 (Luna)
nrnuoGRAFfA, Soria, 1948, p. 216.-Sánchez de
Palacios, 1965, p. 52.-Tufts, 1971, p. 175.- y 1769 (Tufts)- parece sin embargo, que debe aceptarse la de 1759, más facilmente legible
Id., 1982, p. 154, n. 0 35.-J. J. Luna, 1982, n. 0 l. tras la limpieza a que fue sometido en 1981. En cualquier caso es uno de los más tem-
pranos que conocemos y presenta su estilo, de tan intensa lucidez, ya enteramente formado .
Su disposición recuerda los bodegones seiscentistas, e incluso elementos como las circulares
cajas de mazapán o jalea y los frutos secos, traen a la memoria a Van der Hamen, Pereda
o Burgos Mantilla.
La minucia, insistente y casi fría en el pormenor, se evidencia en el obsesivo cuidado
en marcar las picaduras de las manzanas, que quizás, en otro contexto, harían pensar en
una preocupación por mostrar su caducidad y corruptibilidad, en la misma dirección
moralizante que se ha señalado en el Canasto de frutas de Caravaggio.
161
LOS M ODELOS COR TESANOS Y El A R TE ACADÉMICO
LUIS MELÉNDE Z
145 Bodegón: Limas, caja de dulces y otros objetos
L. 0,35X 0,48
Firmado: «L. M z _,,
M adrid. Museo del Prado (n. 0 925)
145
PROCEDENCIA, Colecciones Reales. Palacio de Como se ha señalado, resulta curiosa y en cierto modo nueva en la obra de Meléndez,
Aran juez . la presencia de la mariposa que viene a ser un homenaje al siglo anterior y a la vieja tradi-
CATALoGos, Inventario del Prado, 1849, n. 0 273.- ción flamenca. Lo admirable en este bodegón es la lucidez con que está tratada la materia
Catálogos Prado, 1854-1858, n .0 273.-1872-1907, de las vasijas, del estupendo barro vidriado de la orza o la plata del frutero o la curiosa
n .0 829.-1910-1972, n.0 925. taza decorada que parece americana por su decoración.
EXPOSICIONES, Madrid, 1982, n. 0 17.-Barcelona,
1983, n. 0 17.
BIBLI OGRAFfA, Soria, 1948, p. 217.-E. Tufrs, 1971,
p. 172.-ld., 1982, n. 0 24.-J. J. Luna, 1982,
n. 0 17.
162
LOS MODELOS COR7HANOS l' EL ARTE ACADEMICO
LUIS MELÉNDEZ
146 Bodegón: Peritas, pan, jarra, frasca y vasijas
L. 0,47 X 0,34
Firmado: «Ls Mz Dzo AÑO 1760»
Madrid. Museo del Prado (n.0 912)
146
PROCEDENCIA, Colecciones Reales. Palacio de Es éste uno de los más atractivos bodegones del pintor, por el magnífico efecto
Aranjuez. luminoso que consigue la jarra de barro blanco, de una monumentalidad visual elemental,
CATALOGos, Inventario del Prado, 1849, n. 0 591.- pero muy efectiva. Se ha supuesto que la vasija sea de barro blanco de Andújar.
Catálogos Prado, 1854-1858, n. 0 591.-1872-1907, La fecha de 1760, la sitúa también entre las obras de fecha más temprana conocidas,
n. 0 816.-1 910-19.72, n. 0 912. resuelta ya la composición, sobria y compacta, del modo que le ha de ser habitual.
EXPOSICIONES, Madrid, 1982, n. 0 2.-Barcelona,
0
1983, n. 2.
BlBLIOGRAFfA, Soria, 1948, p. 216.- E. Tufts, 1971 ,
p. 168.-Id., 1982, p. 150, n. 0 11.-J. J. Luna,
1982, n.0 2.
J
163
LOS MODELOS CORTESANOS Y El ARTE ACADÍ.MICO
LUIS MELÉNDEZ
147 Bodegón: Caja de dulce, rosca y otros objetos
L. 0,49 X 0,37
Firmado: «E~ L~ M~ R~ D? I. S? P~ 1770.
Madrid . Museo del Prado (n.0 906)
147
PROCEDENCIA: Colecciones Reales. Palacio de Este lienzo constituye un verdadero alarde de cualidades técnicas del pintor para
Aranjuez. lograr los reflejos, brillos y calidades de las cosas con metálica perfección.
CATÁLOGOS: Inventario del Prado, 1849, n. 0 91.- Por su fecha corresponde a período avanzado en la vida del artista, y es el que
Catálogos Prado, 1854-1858, n. 0 91.-1 872-1 907, presenta la firma en modo más completo, ya que la larga serie de abreviaturas puede
n. 0 810.-1910-1972, n. 0 906. leerse como: «Egidio Luis Meléndez Rivera Durazzo y Santo Padre».
Londres, 1954-55, n. 0 11.-Estocol-
EXPOSICIONES:
Se ha señalado su carácter algo más refinado en cuanto a la calidad de los objetos
mo, 1960, n. 0 71.-Madrid, 1982, n.0 22.-Bar- que muestra. La bandeja y el frutero, de plata probablemente, el tenedor y el tarro enfriador
celona, 1983, n. 0 8. de bebidas, hablan desde luego un lenguaje más acomodado, que el simple aroma rural
BIBLIOGRAF fA: Soria, 1948, p. 216.- G. Kelly, 1955,
de frutas, hortalizas y arrope que le son frecuentes.
p. 99.-E. Young, 1960, p. 48.- E. Tufts, 1971,
p. 166.-Id., 1977, p. 142.-Id., 1982, n.º 5.-
J. J. Luna, 1982, n. 0 22.
164
LOS MODELOS CO RTESANOS l' El ARTE ACADf.1\ 1/CO
LUIS MELÉNDEZ
148 Bodegón: Ciruelas, brevas, pan y recipientes
L. 0,35 X 0,48
Firmado: «L. Mz»
Madrid. Museo del Prado (n. 0 924)
148
PROCEDENCIA, Colecciones Reales. Palacio de También es éste otro de los más afortunados ejemplos de la magnífica maestría de
Aranjuez. Meléndez en las calidades de las cosas inertes y en la sutil vibración de la piel de las frutas .
0
CATALoGos, Inventario del Prado, 1849, n. 272.- Las ciruelas especialmente, en este caso, deslumbran por su inmediatez táctil, y la rotunda
Catálogos Prado, 1854-1858, n. 0 272.-1872-1907, jarra talaverana impone, junto a la calidad crujiente del pan, la solidez de su materia.
n. 0 828.-1910-1972, n. 0 924.
0
EXPOSICIO NES , Londres, 1954-1955, n. 14.- Esto-
colmo, 1960, n.º 72.-Madrid, 1982, n.0 16.-
Barcelona, 1983, n. 0 16.
BlllLI OGRAFfA, Soria, 1946, p. 217.-Lastic, 1955,
p. 41.-Chueca Goitia, 1958, fig. 163.-Sánchez
Camón, 1965, fig. 210.-M. Sánchez de Palacios,
1965, p. 40.-E. Tufts, 1971, p. 171.-Id., 1982,
n. 0 23 .-J. J. Luna, 1982, n. 0 16.
165
LOS MODEL OS CORTESANOS Y El AR TE ACADJ1MJCO
149
LUIS MELÉNDEZ
149 Bodegón: Besugos y naranjas Es éste uno de los más conocidos y populares bodegones del pintor, compuesto con
L. 0,42 X 0,62 extraordinario rigor y monumentalidad, insistiendo como se ha señalado repetidas veces,
Firmado: «Ls. Mz. Dº 1772» en su gusto por las formas geométricas elementales. La intensidad de la luz, que proyecta
Madrid. Museo del Prado (n. 0 903) enérgicas sombras, presta también una lucidez casi mágica a los peces, protagonistas plás-
ticos evidentes de la ordenación del conjunto.
PROCEDE CIA: Colecciones Reales. Palacio de Obra de sus últimos tiempos, esa severidad en su ordenación le ha hecho ser consi-
Aranjuez. derada como típica de un cierto espíritu ya neoclásico.
CATÁ LOGOS: Inventario del Prado, 1849, n.º 59.-
Carálogos Prado, 1854-1858, n. 0 59.-1872-1907,
n.0 807.-1910-1972, n. 0 903.
EXPOSICIONES: Londres, 1972, n.º 190.-Madrid,
1982, n. 0 41.-Barcelona, 1983, n. 0 41.
BIBLIOGRAFfA: Lafuente Ferrari, 1935, p. 169.-
Soria, 1948, p. 216.-G. de Lastic, 1955, pá-
ginas 44-55.-Id., 1955, n. 0 9, p. 23.-Sánchez
Cantón, 1965, fig. 211.-McGraw-Hill, 1970,
fig. 255.-J. Bergsrrom, 1970, p. 157.-E. Tufts,
1971, p. 165.-Id., 1982, n.0 2.-J. J. Luna, 1982,
n. 0 41.
166
LOS MODELOS CORTESANOS l' EL A R1'E ACADÍ.MICO
LUIS MELÉNDEZ
150 Frutas en un paisaje Obra también de las últimas conocidas del artista, presenta este curioso frutero algunas
L. 0,62 0,84
X . singularidades respecto al común de la producción de Meléndez. Ante todo la concepción
Firmado: «Ls Eg Mz Dº AÑO 177 .. » al aire libre, con fondo de paisaje aborrascado, aunque con celajes de deslumbrante azul,
Madrid. Museo del Prado (n.º 923) y la disposición en acusada diagonal, que lo emparenta con la tradición napolitana de finales
del siglo XVII, a partir de Abraham Brueghel (1631-1697; en Nápoles desde 1675) .
PROCEDENCIA, Colecciones Reales. Casita del Prín-
De todos modos, y aun existiendo esos innegables vmculos, la acumulación, ostentosa
cipe de El Escorial (?).-Palacio de Aranjuez. y barroca, de los modelos napolitanos, cede aquí a una relativa sin1plicidad y a u.na acusada
monumentalidad, que subrayan las rotundas curvas de las sandías, a la derecha. La gama
CATÁLOGos, Inventario del Prado, 1849, n. 0 235.-
encendida, pero fresca, del rojo de la pulpa de la fruta, singulariza también el lienzo, frente
Catálogos Prado, 1854-1858, n.0 235 .-1872-1907,
n. 0 827.-1910-1972, n. 0 923. a los tonos predominantemente sobrios de los restantes lienzos, y preciosismos como el de
las gotitas de agua, remiten también a la tradición italiana.
EXPOSICIONES' Madrid, 1982, n. 0 27.-Barcelona,
Por su formato y dimensiones, este lienzo se despega de la mayoría del conjunto de
1983, n. 0 27.
los lienzos del Prado. Probablemente es pareja de otro, tan1bién con frutas (granadas, uva
BIBLIOGRAFiA, Soria, 1948, p. 217.-E. Tufts, 1971, y peras) en un paisaje, que guarda el Prado (n. 0 922), firmado de igual modo, en 1771, y
p . 171.-ld., 1982, n.0 22.-J. J. Luna, 1982, que lleva al dorso la inscripción «Pº Nrº Sºr» (Prmcipe Nuestro Señor) que portan los
n. 0 27.
cuadros que reunió Carlos IV prmcipe, en su Casita del Prmcipe de El Escorial, lo que
permite suponer, que de allí procedan, al igual que otra pareja (Prado, núms. 939 y 940)
también con frutas en un paisaje, y que lleva idéntica inscripción.
Ha permanecido en depósito en la Embajada de España en Lima, desde 'l948 a 1981.
ISO
167
LOS MO DELOS CORTESA NOS Y El A RTE A CA DÉM ICO
MARIANO NANI Es éste el lienzo que valió al pintor el título de Académico de Mérito en la Academia
151 Bodegón con cordero y aves de San Fernando. Es obra compleja en la que la presencia del gato introduce un elemento
L. 1,40X 1,10 de acción y movimiento que viene directamente de los modelos flamencos que Nani
Firmado: «Mariano Nani f. 1764» conocía muy bien. El lienzo muestra su extraordinaria maestría técnica en el modo de
Madrid. Real Academia de San Fern ando traducir las diversas texturas de las cosas, con alardes de trampantojo como el del clavo
en la pared, que repitió en alguna otra de sus composiciones.
CATÁLOGOS: Academia, 1819, p. 31, n. 0 258.-
Se ha hablado a su respecto de «hispanización» de su arte, pero lo indudable es que
1821, p. 33, n. 0 261.-1824, p. 47, n. 0 64.-1829, la tradición napolitana es en cierto modo común, y algunos de los elementos estilísticos
p. 44, n. 0 78.-1929, p . 66, n.0 9. proceden sin duda de lo flamenco.
Análogos a este lienzo son los dos curiosos que guarda el Patrimonio Nacional en el
EXPO ICIONES: Madrid, 1935, n. 0 131.
Palacio de Aranjuez (E. Valdivieso, en «Reales Sitios», n. 0 52, 1977, p. 12 y ss.).
urnu oGRAFIA: Tormo, 1929, p. 109.-Cavestany,
1936-1940, pp. 48 y 167, n.º 131, lám . LXII.-
Pérez Sánchez, 1964, Inventario Academia, nú-
mero 558.
152
MARIANO NANI
152 Bodegón de caza Aunque los Inventarios y Catálogos del Museo del Prado lo han venido considerando,
L. 0,67 X 0,46 al igual que a sus compañeros, obra de Giacomo, J. Urrea lo devolvió correctamente a
Madrid. Museo del Prado (n.º 263) Mariano, tal como ya había intuido Cavestany.
Aunque no coinciden exactamente las dimensiones, seguramente por haberse medido
con marco, hq_ de ser el descrito en el Inventario del Palacio Real de 1814: «Vara de alto,
CATÁLOGOS: Inventario del Prado, p. 18, n. 0 389.-
Catálogos Prado, 1854-1858, n.0 389.-1872-1907, dos tercios ancho, una perdiz y una liebre colgadas: Nani», y lo más probable es que sea
n. 0 315.-1910-1972, n. 0 263. uno de los pintados para la Reina María Luisa.
La técnica deriva con toda precisión de los modelos flamencos que tuvo que copiar
BIBUOGRAFIA: Cavestany, 1935-40, p. 100.-
J.Urrea, 1977, pp. 167-168.
para los tapices, muy especialmente de Fyt, cuyo peculiar tratamiento del pelo y la pluma
de los animales ha sabido hacer suyo, aunque el colorido deriva hacia una gama más fría,
característicamente dieciochesca.
168
LOS MOD ELOS CO RTESANOS Y EL A RTE ACADf!1\l/CO
MARIANO NANI
153 Bodegón de caza Muestra varias aves muertas, algunas ya desplumadas, unas atada y pendientes de
L. 0,72 0,48
X un tronco, otras en el suelo. Se distinguen bien un ganso, una perdiz y una codorniz,
Firmado: «Nani f. » ante un fondo de paisaje.
Madrid. Museo del Prado (n.0 264) Compañero del anterior y del siguiente, será seguramente uno de los pintados para
María Luisa. Es notable, junto a la técnica al modo flan1enco en el tratamiento de las
PROCEDENCIA, Colecciones R eales. plumas y las carnes, el refinamiento del paisaje lejano, tratado en gama fría de grises y
verdes, muy próximo al estilo de Paret, su estricto contemporáneo. Quizás sea uno de los
CATÁLOGOS , In ve ntario d el Prado, n.0 747.- lienzos inventariados en 1814 en el Palacio R eal: «Tres cuartas largo, dos tercios alto,
Catálogos Prado, 1854-1858, n.0 747.-1872-1907,
n. 0 316.-1 910-1972, n.0 264.
una ave sobre un tronco y varias yerbas, país con varias codornices en el suelo, Nani».
15j 15<
MARIANO NANI
154 Bodegón de caza Compañero de los anteriores, también muestra el contacto y la influencia con la
L. 0,72 0,48
X tradición flamenca, especialmente a lo Fyt. Es notable el desarrollo del paisaje, que U rrea
Firmado : «Nani f. » considera «muy sumario y luminoso, enteramente goyesco». En realidad, el tratanúento
Madrid. Museo del Prado (n.º 265) de hojas, troncos y ranúllas, de tonalidad fría y toque menudo, más bien evocan, como
en el caso anterior, a Paret.
PROCEDENCIA, Colecciones R eales. Será seguramente el que el inventario de Palacio de 1814 describe como : «402. Vara
CATALOGo s, In ventario del Prado, 1849, n. 0 750.- de alto, más de media de ancho, caza muerta pendiente de un tronco : una liebre y algu nos
Catálogos Prado, 1854-1858, n. 0 750.-1 872-1907, paxaros».
n. 0 317.- 1910-1972, n.0 265.
BIBLIOG RAF[A, Cavestany, 1936-40, p. 100.-
J. Urrea, 1977, p. 167, lám . XXXIX, 2.
169
LOS MODELOS CORTESANOS Y EL ARTE ACADÉMICO
JOSÉ GARCÉS
155 Florero Se trata, sin duda, de la obra presentada a la Academia en ocasión de su nom-
L. 0,73 X 0,58 bramiento como Académico en 1772.
Firmado: «José Garcés 1772» La disposición del jarrón de porcelana, sobre una mesa de mármol, recuerda aún
Madrid. Real Academia de San Fernando un tanto las formas tradicionales de los floreros de la línea Arellano-Corte, pero el color,
de ligereza considerable y el fondo claro, sutilmente matizado, hacen de la obra un ejem-
EXPOS ICIONES : Madrid, l 935, n.0 144. plo muy característco de sensbilidad dieciochesca, que parece conocer obras francesas
de tiempos de Luis XIV.
srnuoGRAFIA: Tormo, 1929, p. 105.-Cavestany,
1935-40, p. 99, n. 0 144.-Pérez Sánchez, 1964,
n. 0 720.
156
RAMÓN DE CASTELLANOS
156 Ce'stillo de frutas Apenas nada se sabe de este más que discreto pintor que fue nombrado Académico
L. 0,40 X 0,56 de Mérito de San Fernando por la Pintura el 6 de noviembre de 1774. Los dos cestillos de
Firmado: «Ramón de Castellanos f. » flores y frutas que entregó en aquella ocasión a la Academia, donde se conservan, son lo
Madrid. Real Academia de San Fernando único que de él conocemos. Son obras de extraordinaria calidad y delicadeza de ejecución,
que denotan conocimientos del arte francés, más que de lo napolitano, que parece pre-
EXPOSICIONES: Madrid, 1935, n.º 139. dominar en sus contemporáneos.
0
Fue, con otro, compañero, de idénticas dimensiones, donado a la Academia en ocasión
CATÁLOGOS: Academia, 1818, p. 11, n. 64.- 1819,
de la recepción del autor en 1774.
n. 0 159.-1824, p. 34, n.0 26.-1829, p. 20,
n.0 17.-1929, p. 53, n. 0 48. Su delicadeza preciosista es claramente de origen francés y se remonta, quizás, a
modelos flamencos.
Tormo, 1929, p. 50.-Cavestany,
sm u oGRAFIA:
1936-40, pp. 98 y 167.-Pérez Sánchez, Inven-
tario Academia, 1964, n. 0 643 .
170
LOS MODELOS CORTESANOS Y EL ARTE ACADSM!CO
157
Recogido durante mucho tiempo en los catálogos del Museo como obra anónima
hacia 1770, es en realidad, como ha demostrado Sambricio, que publicó el tapiz, obra de
José del Castillo.
El documento de la Real Fábrica lo describe: « ... representa varias aves con una liebre,
agrupadas con fruta y ruinas de fábrica; su precio 1000 reales de vellón».
Se preparó para una de las sobrepuertas de la Cámara del Príncipe de Asturias en el
Palacio de El Escorial y se entregó en 20 de enero de 1774. El tapiz se conserva en la
actualidad en el Palacio Real.
Se trata de un excelente ejemplo de cómo, en el ambiente de la Real Fábrica de
Tapices, se seguían utilizando modelos inspirados en la tradición flamenca, en cierta rela-
ción con lo que realiza Mariano Nani.
La habilidad y refinamiento de Castillo, quedan de manifiesto en la elegante compo-
sición apirarnidada y en el amplio celaje, muy consciente de su valor decorativo.
171
LOS MODELOS CORTESANOS Y El ARTE ACADÉMICO
I SS
172
LOS MO DELOS CO RTESANOS !'El A RTE ACA DÓMICO
159
173
LOS MODELOS CORTESANOS Y El ARTE ACADÉMICO
Compañero del anterior, muestra como él, las excelentes condiciones de pintor de
Romero y su refinadísima técnica, que parece resucitar primores de los comienzos del
siglo XVII, en las gotitas de rocío que aparecen sobre las flores.
174
LOS MODELOS CORTE ANOS l' EL A RTE ACADÉMI CO
162
175
LA ESCUELA VALENCIANA DE FLORES Y ORNATOS
Y SU INFLUENCIA
177
LA ESCUELA VA LENCIANA DE FLORES Y ORNATOS
178
LA ESCUELA \IA LENCIANA DE FLORES l' ORNA1'0S
BENITO ESPINÓ S
164 Guirnalda de flores con Minerva
y Mercurio
T . 1,01 X 0,71
Firmado: «Benito Espinós F. »
Jaén. Museo Prov incial
(D epósito del Museo del Prado)
164
Es ésta una de las obras ambiciosas del pintor, en la qu e mu estra sus pretension es
eruditas y su educación académica en el alarde de reprodu cció n de mármoles clásicos,
ricamente tallados.
Las flores representadas son bolas de nieve, francesillas, tulipanes, alhelíes, pasionarias
y, por supuesto, rosas.
BENITO ESPINÓS
165 Guirnalda de flores De composición análoga al n. 0 164 y como él lleno de recuerdos académicos en el
T . 1,01 X 0,71 tratamiento de los elementos arquitectónicos, es sin embargo bastante singular el contenido
Firmado: «Benito Espin ós f.» del cuadro que envuelve la guirnalda. En vez de un motivo mitológico de estirpe erudita,
Valencia. Museo de Bellas Artes se representa en él un tema «de género » de directa inspiración en la pin tu ra flan1enca
(Propiedad de la R eal Academia u holandesa.
de San Carlos)
179
LA ESCUELA VALENCIANA DE FLORES Y ORNATOS
BENITO ESPINÓS
166 Florero Es éste un excelente ejemplo del arte de Espinós en lo que pockía llamarse su primer
T. 0,78 0,55
X estilo. Debe ser el Florero con el cual obtuvo, el año 1783, el primer premio en los con-
F irmado : «Lo inve ntó y pintó cursos de la Academia de San Carlos valenciana y que figura con el n. 0 9 en el Inventario
Benito Espinós en Valencia el año 1783 »
de la Academia publicado por S. Aldana (1970, pp. 173 y 301).
Valencia. M useo de Bellas Artes El fondo claro sobre el cual se recortan flores y zarzillos, con elegancia caligráfica e
(Propiedad de la R eal Acaderrú a intenso colorido, evoca directamente su actividad como diseñador de motivos florales para
de San Carlos)
tejidos, actividad que ya ejercía en esa fecha, al servicio de la Fábrica de los Cinco Gremios
Mayores.
urnuoGRAFfA, T ramoyeres, 1915, p. 21.-T ormo,
1932, p. 46.-Aldana, 1968, p. 31 y ss., fig. 2.-
Id., 1970, pp. 173 y 254, n.º l.
BENIT O ESPINÓS
167 Florero
T. 0,453X 0,328
Firmado: «Benito Espinós f. »
Salarnan cá. M useo de Bellas Artes
(D epósito del M useo del Prado)
166
Corresponde ya a una fase más avanzada de su estilo. La técnica, muy resuelta y vi-
brante, hace palpitar las flores (rosas y adormideras, principalmente) sobre un fondo oscuro,
buscando los efectos de luz, y dejando adivinar, además, un paisaje crepuscular a la derecha.
167
180
LA ESCUELA VALENCIANA DE l'LORE:S Y ORNATOS
BENITO ESPINÓS
168 Florero
T . 0,60 X 0,42
Firmado: «Benito Espinós f. »
Madrid. Museo del Prado
(Casón del Buen Retiro)
168
Debe corresponder también a fase algo más avanzada, sobre fondo oscuro, demos-
trando su estudio de los floreros del siglo XVII. Las flores representadas (rosas, nardos,
tulipanes y alhelíes), están tratadas con pincelada vibrante y ligera, y la jarra de cristal,
evoca también los vasos de Arellano.
181
LA ESCUEL A VA LENCIANA DE FLOR ES Y ORNA TO S
BENITO ESPINÓS
169 Florero D e delicada ejecución, corresponde también a etapa avanzada en la producción del
L. 0,35 X 0,25 pintor, por el fuerte contraste luminoso y la sugerencia de paisaje crepuscular.
Firmado: «B. Espinós»
Barcelona. Reial Academia Catalana de
Belles Arts de Sant Jordi
169
170
BENITO ESPINÓS
170 Ramo de azahar Curioso y bello ejemplo de estudio del natural, nada elaborado, del tipo de los que
L. 0,42 X 0,29 era frecuente realizar en la escuela de Flores y Ornatos.
Firmado: «Benito Espinós f. » La técnica, de tan segura precisión, sigue evocando, a pesar del tiempo transcurrido,
Barcelona. Reial Academia Catalana de la tradición flamenca.
Belles Arts de Sam Jordi
182
LA ESCUELA VALENCIANA DE FLORES l' ORNATOS
JOSÉ. FERRER
171 Florero
L. 0,282 X 0,372
Firmado: «ferrer fo,
Barcelona. Colección particular
171
JOSÉ FERRER
172 Florero
L. 0,282 X 0,372
Firmado: «ferrer ft ,,
Barcelona. Colección particular
172
Inéditos, estos dos floreros son excelente ejemplo de lo más fino de la producción
de su autor, mostrando una dependencia ideal de los modelos de la tradición seiscentista,
a la manera de Arellano o Bartolomé Pérez a quienes debió estudiar con atención,
reinterpretándolos en una gama de color muy dieciochesca.
183
LA ESCUELA VALENCIANA DE FLORES Y ORNATOS
JOSÉ FERRER
173 Florero
T. 0,27 X 0,34
Firmado: «Jhp. Ferrer pin. »
Barcelona. Reial Academia Catalana de
Belles Arts de Sant Jordi
173
JOSÉ FERRER
174 Florero
T. 0,27 X 0,34
Firmado: «Jhp. Ferrer pin.»
Barcelona. Reial Academia Catalana de
Belles Arts de Sant J ordi
174
184
LA ESCUELA VALENCIANA DE FLORES Y ORNATOS
JOSÉ · FERRER
175 jarrón de flores Compañero del siguiente, es notable el carácter rigurosamente neoclásico del jarrón.
T. 0,28 X 0,41
Firmado: «Josef Ferrer / Año 1780»
Barcelona. Reial Academia Catalana de
Belles Arts de Sant J ordi
175
JOSÉ FERRER
176 Florero Por su fecha corresponde al momento en que cultiva con m ás asiduidad la pintura
T . 0,28 X 0,41 de flores con cierta independencia respecto a la aplicación para tejidos. En 1780 había
Firmado: «Josef Ferrer ft Val. año 1780» obtenido el Premio del Estudio de Flores, en una confrontación difícil y polémica por
Barcelona. Reial Academia Catalana de ciertas presiones del Colegio de Arte Mayor de la Seda (Aldana, 1970, pp. 67-69). Aquí
Belles Arts de Sant J ordi retorna al motivo del canastillo de mimbres, con evidente delicadeza rococó, y técnica un
tanto abreviada.
BIBLJOGRAFfA, Aldana, 1970, p. 179.
185
LA ESCUELA VA LENCIANA DE FLORES Y ORNATOS
MIGUEL PARRA
177 Cesto de flores Es sin duda una de las obras más refinadas del pintor, compuesta en una diagonal
L. 0,80 X 0,58 que le confiere considerable dinamismo y jugando con extraordinaria delicadeza con el
Firmado: «Parra» variado color de las flores entre las que se reconocen rosas, adormideras, campanillas,
Valencia. Museo de Bellas Artes azucenas, claveles y anémonas.
(Propiedad de la Real Academia El gusto por los elementos arquitectónicos clásicos son sin duda recuerdo y presencia
de San Carlos) de su educación académica.
JOSÉ ROMA
178 Florero
L. 0,83 X 0,61
Firmado: «José Romá fo,
Valencia. Museo de Bellas Artes
(Propiedad de la Academia de San Carlos)
177
Dentro de la tradición de Benito Espinós y Parra, esta 'obra de Romá muestra una
gama de color algo más grisácea y fría, aunque la ordenación escalonada y el gusto por
los accesorios - jarrones, arquitecturas- revelen la común formación.
178
186
LA ESCUELA VALENCIANA DE FLORES )' ORNATOS
179
187
Lll ESCUELA Vll LENCIANll DE FLORES Y ORNllTOS
SALVADOR MOLET
181 Composición de flores
T. 0,57 X 0,85
Firmado: «Salvador Molet»
Barcelona. Reial Academia Catalana de
Belles Arts de Sam Jordi
181
Obras de 1825, demuestran una vez más su maestría y su relación con Espinós en
su gusto por las composiciones arquitectónicas, jarrones y ruinas que parecen preanunciar
un cierto espíritu romántico, nutrido aún de evocaciones del pleno barroco.
SALVADOR MOLET
182 Composición de flores
T. 0,57 X 0,85
Firmado: «Salvador Molet»
Barcelona. Reial Academia Catalana de
Belles Arts de Sant Jordi
182
188
LA ESCUELA \IALENCIANA DE FLORES Y ORNATO
SALVADOR MOLET
183 Florero Ejemplo muy significativo del aspecto más neoclásico de la obra del pintor que, en
T. 0,35 X 0,23 el jarrón y en el basamento, tieri.de a subrayar una cierta monumentalidad arquitectónica.
Firmado: «S. M.» Según la docmnentación de la Academia, se pintó, como sus compañeros, en 1825.
Barcelona. Reial Academia Catalana de
Belles Ans de Sant J ordi
183 184
SALVADOR MOLET
184 Florero
L. 0,35 X 0,23
Firmado: «S. Molet»
Barcelona. Reial Academia Catalana de
Belles Arts de Sant Jordi
CAT ÁLOGOS: Real Academia de San Jorge, 1913 . Ejemplo excelente de la perfecta asimilación por parte de Molet de los modelos
Gudiol, Aleo lea y Cirlot, Historia de
BIBLIOGRAFÍ A: y técnica de Benito Espinós, a quien evidentemente sigue aquí, casi literalmente, y con
la pintura en Cataluña, Madrid, s. a., p. 192.- considerable maestría.
J. Subias Galter, 1951, p. 62. Obra de 1825 como sus compañeros.
189
GOYA Y LA IRRUPCIÓN DEL ROMANTICISMO
Con todo este panorama colorista, superficialmente brillante, sin otra preo-
cupación que el brillo decorativo y la expresión de un bienestar gozoso y ya
burgués, viene a contrastar, de modo abrupto y dramático, la obra de Goya,
que abre una dirección diversa, e invade, con su terrible y casi feroz sin1plicidad,
el ámbito, hasta entonces sereno, de la naturaleza muerta.
Aparte algunas composiciones iniciales, concebidas para cartones de tapices,
con útiles de caza (n.º 185) o jaulas de aves de reclamo, que apenas se diferencian
de lo que consiguieron sus compañeros de tarea en la Real Fábrica de Tapices,
hay que llegar a los últimos años de su producción para encontrar una de-
dicación continuada al género de bodegón interpretado con esa novedad y fuerza
113 Sobre este aspecto concreto del arte de Goya, singulares con que el viejo maestro acometió todos los géneros l 13 .
véase: J. López Rey, Goya's Still-life, «The
Art ·Quaterly>>, 1948. Los más recientes
catálogos críticos de la obra de Goya son
los de Gassier-Wilson (Barcelona, 1970) y el
de J. Gudiol (Barcelona, Polígrafa, 1970).
F. COYA. Detalle de
El cacharrero.
Madrid. Museo del Prado
191
GOYA Y LA IRR UPCIÓN DEL ROMANTICISMO
violencia que iguala a lo más rudo del siglo XVII, y rodajas de salmón de vibran-
te colorido, constituyen su repertorio. La sensación de muerte, de violencia en su
sacrificio, de abandono casi humano, de estos seres que parecen conservar aún
-y es lo que les hace tan hirientes- algo de la vida y de su palpitación, es
lo que sorprende y arrebata en estas obras menores y grandiosas.
Goya abre otro mundo. Un mundo de intensidad expresiva, de violencia
cruel, que corresponde a una realidad nueva y diferente. La herencia de estos
bodegones habrá que buscarla ya en nuestro siglo XX, como sucede con tantas
otras invenciones goyescas. Kokoschka y Soutine son, en realidad, sus verda-
deros herederos.
Sus estrictos contemporáneos e incluso los modestos artistas que le suceden
inmediatamente y pudieron formarse a la vista de sus realizaciones, se asustaron
quizá de tanta violencia o no llegaron a conocer estos lienzos conservados pri-
vadamente -como las pinturas negras- para su propia delectación.
Los que podemos fechar en esos años iniciales del siglo XIX, son modestos
y tímidos en su ejecución y cuando aciertan, a lo más que pueden llegar es a
evocar, empobrecidos, recursos y sabidurías clásicas de otro tiempo. Tal es el
caso de Bartolomé Montalvo (1769-1846), modesto evocador de los esquemas
de Meléndez o del casi desconocido Andrea Rossi, que parece un aplicado es-
A. ROSSI. Bodegón.
tudioso de los Recco o de Mateo Cerezo, convertidos ya en información casi
Madrid. Propiedad particular erudita, imitados seguramente con conciencia de rehacer «lo antiguo».
192
GOYA l' LA IRRUPCIÓ 1 DEL ROJ\lllNTIC/SJ\10
FRANCISCO DE GOYA
185 Perros y útiles de caza
L. 1,12 X 1,70
Madrid. Museo del Prado (n. 0 743)
185
CATALoGos, Museo del Prado, 1900-1907, nú- Es obra documentada de Goya, entregada en la Real Fábrica de Tapices el 24 de
mero 743 e.-1910-1972, n. 0 753. mayo de 1775, con el título «Perros en traílla», para tejer un tapiz para el comedor del
EXPOSICIONES' Madrid, 1946, 11. 19. Príncipe de Asturias (futuro Carlos IV) en El Escorial. Le habían de acompañar allí otros
temas de caza, hoy conservados en el Prado (Cazador y sus perros, Caza con mochuelo y
BJBLJ OGRAriA, Cruzada Villaamil, 1870, pp. 62-63
y 147.-Von Loga, 1921, n.º 603.-Beruete,
red), en el Ministerio de Educación (Cazador cargando la escopeta) y el Palacio Real (Caza
1917, n. 0 107.-Sambricio, 1946, n. 0 2.-Mayer, de jabalí).
1923, n. 0 727.-Gudiol, 1970, n. º 53.-Gassier- Éste y su compañero (Caza con mochuelo y red) eran sobrepu ertas, como bien indica
Wilson, 1970, n. 0 58. su tamaño y proporción.
Es uno de los primeros cartones preparados para la Real Fábrica y apenas se diferencia
en estilo y realización, de los que hacían sus compañeros de tarea, los Bayeu, o José del
Castillo, pero conocida la afición de Goya a la caza y su obsesión por las armas de fuego,
que su correspondencia íntima nos ha revelado, adquiere, si no en la for ma, sí en su sig-
nificado último, una singular importancia.
Fue uno de los cartones robados de los almacenes de Palacio en 1869 (!lustración
de Madrid, 12 de febrero ce 1870); llegado a manos de Rai.mundo de Madrazo, lo donó
al Museo en 1895.
193
GOYA Y LA IRR UPCIÓN DEL ROMANTICISM O
FRANCISCO DE GOYA
186 Pavo muerto
L. 0,45 X 0,63
F irmado «G oya»
Madrid. Museo del Prado (n. 0 751)
186
PROCEDENCIA, Adquirido para el Museo del Prado Este lienzo y los tres siguientes son seguramente parte de la serie de doce «bode-
en 1900, juntam ente con su compañero (n. 0 188) gones», que figuran en el inventario de bienes de Goya, hecho. en 1812 a la muerte de
en el mercado anticuario madrileño. su esposa, mencionada conjuntamente bajo el n. 0 11, y valorados en 1.200 reales el lote.
INVENTAR ios, Museo del Prado, N uevas Adquisi- D e esta serie se han identificado hasta ahora diez piezas de varios propietarios, que tienen di-
ciones, n. 0 1283. mensiones prácticamente iguales (0,45 x 0,63) y caracteres estilísi:icos homogéneos, fecha-
CATALocos, Museo del Prado, 1903-1907, nú- bles hacia 1808-1811, ya que la fecha del inventario proporciona un término seguro
mero 743 g.-1910-1972, n. 0 751. «antequem». Durante algún tiempo se creyó que algunas de estas naturalezas muertas
corresponderían a lo que refiere Matheron de que en Burdeos, en sus últimos años
EXPOSICIONES' México, 1978, n. 0 41.
(1826-1828), pintó «gran número de cuadritos de naturaleza Muerta», «paseándose len-
BIBUOGRAFfA, Mayer, 1923, n. 0 731.-Beruete, II, tamente por los mercados, deteniéndose a contemplar los puestos más ricos y vistosos y
1917, p. 174.-López Rey, 1948, pp. 251-259.-
luego entraba en su casa donde hacía su cuadro de un solo golpe, en el espacio en que
D esparmet-Fitzgerald, 1928-50, n.0 177.-Gudiol,
1970, n.0 589.-Gassier-Wilson, n. 0 904.-De
se tarda en fumarse dos cigarrillos». Sin embargo, la seguridad de su toque y el estilo
Angelis, 1974, n.0 501. de la serie parecen más bien relacionarse con las obras pintadas en torno a los años de 1808.
Es probable que la serie fuese vendida por Mariano Goya en 1846 al Conde de Yumuri,
que tenía en el comedor de su quinta de Carabanchel, en 1865, diez de ellos. Allí figuraba
«un pavo sin pelar» que será seguramente este lienzo.
Es una de las obras más intensas de Goya en este género, notable sobre todo por
la audacia de su ejecución y la sobriedad del colorido, forzadas desde luego por el asunto,
pero resueltas con maestría excepcional en el tratamiento de los negros.
194
GOl' A Y LA IRRUPCIÓN DEL ROMANTICISMO
FRANCISCO D E GOYA
187 Pavo muerto y desplumado
L. 0,45 X 0,63
Firmado: «Goya»
Munich. Bayerische Sradgemaldesammlungen.
Alte Pinakothek
187
PRO CEDENCI A: Pasó por el mercado anticuario Compañero de los anteriores, en cuanto a su origen primero. Será seguramente el
fran cés y en 1909 fu e adquirido para la Aire que en la colección del Conde Yumuri se describía como «un pavo pelado».
Pinakothek. Es sin duda una de las naturalezas muertas más impresionantes de Goya y aun de
EX POSIC ION ES: Basilea, 1953, n.0 36. toda la pintura de su tiempo. El recuerdo de las cocinas del siglo XVII puede haber sido,
Mayer, 1923, p. 732.-López Rey,
srnu oGRAFf A:
quizá, el punto de partida de la composición, pero la fuerza expresiva del pintor, su
1948, p. 251 y ss.- Gaya Nuño, 1958, n. 0 911.- audacia en · el toque y el colorido, simplificado al modo de lo que serían, poco tiempo
Soehner, 1963, p. 72, n.0 8575.-Gudiol, 1970, más tarde, las pinturas negras, singularizan la composición entre todas las de la serie.
n.º 593 .-Gassier-Wilson, 1970, p. 906.
195
GOYA Y LA IRRUPCIÓN DEL ROMANTICISMO
FRANCISCO DE GOYA
188 Pájaros muertos
L. 0,46 X 0,64
Madrid. Museo del Prado (n. 0 752)
PROCEDENCIA: Adquirido para el Museo del Prado Compañero de los anteriores (véase), López Rey ha señalado que la agrupación de
en 1900, juntamente con su compañero en el estas aves muertas -seguramente gallinas- que parecen mantener algo de los gestos de su
mercad o anticuario madrileño. primitiva vitalidad, evoca los de ciertas estampas de los Desastres de la Guerra, grabados
INVENTAR IOS: Museo del Prado. N uevas Adquisi- por los mismos años. El fuerte sentido dramático de estos bodegones es realmente singular
ciones, n.0 1284. y abre una dirección expresiva nueva.
CATALOGOS:Museo del Prado, 1903-1907, nú-
mero 743 h.-1 910-1 972, n. 0 752.
Mayer, 1923, n.º 730.-Beru ete, Il,
BIBLI OGRAFfA:
n. 0 175.-López Rey, 1948, pp. 251-259.-Des-
parmet-Fitzgerald, 1928-50, n.º 176.- Gudiol,
1970, n.0 590.-Gassier-Wilson, 1970, n.0 905.-
D e Angelis, 1974, n.0 506.
196
GO l'A Y LA IRR Ul'CIÓN DEL ROAIAN71CISMO
FRANCISCO DE GOYA
189 Becadas muertas
L. 0,45 X 0,63
Dallas. Meadows Museum
189
PROC EDENC IA, Fue de la Colección Terbeck de Compañero de los anteriores en su origen (será el que en la colección del Conde
Compiegne (París) hasta 1877 y luego, tras pasar de Yumuri se titulaba «Tres chochas muertas». Debió pasar a Francia en fecha relativa-
por varios propietarios y por el comercio de mente temprana.
Nueva York (Wildenstein), fue adquirido en
1971 para el Meadows Museum.
EXPOS IC IONES, Indianapolis-Providence, 1963, nú-
mero 29.-Londres, 1963-64, número 125.-
N ewark, 1965, n.0 11.
BIBLI OG RAFfA, López Rey, 1948, pp. 25 1-259.-
Desparmet-Fitzgerald, 1928-50, II, p. 286,
n.0 252 y ss.-Gaya N uño, 1958, n. 0 1134.-Gu-
diol, 1970, n.º 587 .-Gassier-Wilson, 1970,
n.0 910.-De Angelis, 1974, n.0 508.-W. Jordan,
1974, fig. 65, p. 114, o.º 27.
197
GOYA Y LA IRRUPCIÓN Dél ROMANTICISMO
BARTOLONlÉ MONTALVO
190 Bodegón de caza
T. 0,55 X 0,72
Madrid . M useo del Prado
(Casón del Buen Reti ro)
190
198
BIOGRAFÍAS / BIBLIOGRAFÍA I EXPOSICIONES / ÍNDICES
199
INDICE BIOGRÁFICO
126- 130 AGOSTA, Pedro de Conocido solamente por las firmas de una serie de «trampantojos » firmados con claridad
y fechados entre 1741 y 1755, parece ser sevillano, y quizás pariente del escultor Cayetano
de Acosta (1718-1789), de origen portugués, qu e trabajó en Sevilla en un estilo de acusado
barroquismo dieciochesco, que indignaba a Ceán Bermúdez.
82-9 1 ARELLANO, juan de Nacido en Santorcaz (Madrid) en 1614, es la figura más conocida entre los pintores de
{1614-1676} flores del Siglo de Oro español. Discípulo de Juan de Soüs, y habiendo cosechado poco
éxito con los cuadros de composición, se especializó en la pintu ra de flores, en la que
alcanzó pronto gran prestigio. En este género, sus prin1eras obras derivan de modelos
flamencos, pero más tarde se inspira en modelos italianos, sobre todo de Mario Nuzzi
o de Margarita Caffi, a quienes iguala a menudo en calidad y en ocasiones supera. Llegó
a adquirir una evidente personalidad que influenció y determinó la labor de algunos dis-
cípulos notables como José de Arellano, su propio hijo (activo entre 1670 y 1705), y
Bartolomé Pérez, su yerno. Murió en Madrid el 13 de octubre de 1676.
42-45 BARRERA, Francisco Aunque a veces ha sido considerado sevillano, todos los documentos biográficos que de
[Doc. 1625-1657} él poseemos, lo señalan como madrileño, o como establecido en la Corte desde fecha
temprana, al menos desde antes de 1625, en que figura ya como avecindado en ella. Entre
1632 y 1657, poseemos diversas noticias documentales, siempre en Madrid, y algunos
lienzos, todos ellos del género de bodegón, firmados y fechados. Parece haber sido hombre
de cierta estimación y prestigio, que gozó de evidente desahogo económico, pues poseía
varias casas, y que asumió la defensa de la pintura en el enojoso asunto de la Cofradía
de los Siete Dolores y en uno de los pleitos para la excepción de los pintores en el pago
de derechos y alcabalas, que se ganó en 1640.
Sabemos de sus trabajos para el Buen Retiro, en colaboración con otros pintores, entre
ellos el también bodegonista Antonio Ponce. Ignoramos su relación familiar con un Jusepe
Barrera, pintor también, que vive en Madrid por las mismas fechas.
Como artista no es mucho lo que puede definirse de su hacer. Parece haberse formado en
el círculo inmediato a Van der Hamen, pues de éste proceden algunos de los elementos
compositivos que utiliza, aunque parece, como es lógico, que ha conocido y empleado
modelos de época más avanzada, con un indudable progreso en dirección barroca.
Los bodegones con figuras que ahora se exhiben, fechados en 1638, muestran su cono-
cimiento de lo que se había hecho en Flandes a fines del siglo XVI y en Italia del Norte
en los primeros años del siglo XVII.
201
13 BEER T, Osias Pintor flamenco , de quien consta que era, en 1615, miembro de una academia literaria de
[H. 1580-1 624] Arnberes, ciudad en la que murió.
Es uno de los más tempranos pintores de bodegón, en una técnica de precisa minucia
y delicada armonía de color unificada en tonos castaños dorados. Ha sido a veces con-
Ol3EE,T F fundido con otro pintor homónimo -quizá hijo suyo- de fechas mucho más tardías
(1622-1678).
Se ha señalado en ocasiones su posible papel e influencia en los primeros tiempos del
bodegón español, discutiéndose especialmente su posible relación con Van der Hamen.
10 1- 102 BELVEDERE, Andrés Nacido en Nápoles, es el último y más refinado representante de la tradición bodegonista
[H. 1652-1732} napolitana, que tras su muerte en 1732, parece casi apagarse. Trabaja en Nápoles desde
1674 y su estilo aparece formado en el círculo de Pablo Porpora y G. Battista Ruoppolo,
sufriendo también la influencia del flamenco Abraham Brueghel, establecido en Nápoles
hacia 1671. Famoso sobre todo por sus cuadros de flores, es llamado a la Corte de
Madrid, donde reside entre 1694 y 1700. Vuelto a Nápoles, abandona casi la pintura y
se dedica a actividades teatrales, como autor dramático, decorador y empresario. Suele
colaborar como especialista de flores con pintores de figura como Giordano o Solimena,
a la par que realiza independientemente sus grandes floreros, de un exquisito refinamiento
colorista que preludia el rococó.
14 BONZI, Pietro Paolo Nacido en Cortona y muerto en Roma, es artista importante, de silueta aún muy impre-
[1576-1636] cisa. Tocios los testimonios documentales lo sitúan en la órbita de los Carracci, siendo
generalmente conocido como «Gobbo del Carracci», pero, a la vez, se ha podido precisar
su 'papel en las primicias del bodegón naturalista, de iluminación tenebrista. Su vincu-
lación al medio de los decoradores al fresco romanos ha quedado ampliamente demos-
trada por Hess al analizar los frisos de vegetales en el Palazzo Mattei, de Roma, y en
las raras naturalezas muertas firmadas, muestra un dibujo preciso y un conocimiento de
todos los recursos del bodegón naturalista. Su actividad como pintor de figura aún queda
por determinar. Parece indudable que sus obras debieron ejercer temprana influencia en
nuestro país.
12 BRUEGHEL, j an Nacido en Arnberes -hijo de Pieter Brueghel, el Viejo, el famosísimo pintor flamenco
[1568-1625] del siglo XVI-, y muerto en la misma ciudad, es Jan Brueghel -llamado «de Velours»
(terciopelo) por la exquisita delicadeza y suavidad de su técnica- un<J, de las más caracte-
rísticas personalidades de un arte refinado, exquisitamente sensual, que, apartándose del
fuerte contenido moral y crítico del aparente realismo de su padre, define muy bien un
B1'Vt.GHEL · tE'161~ tono cortesano de carácter internacionalizado, que aprovecha la técnica realista y minu-
ciosa de la tradición flamenca para ponerla al servicio de la descripción de lo primoroso
y delicado.
Viajó por Europa (Nuremberg y Praga), llegando a Italia, donde el cardenal de Milán,
Federico Borromeo, le protegió. En Arnberes a su regreso, colaboró en múltiples ocasio-
nes con Rubens y fue pintor de los Archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia.
Su producción, abundantísima y frecuentemente imitada y copiada, comprende paisajes,
alegorías, naturalezas muertas y floreros.
En España se conservan de antiguo muchas obras suyas y ejerció influencia indudable en
los orígenes del género del Bodegón y Flores.
202
46 BURGOS MANTILLA, Francisco de Nacido en Burgos, hijo de un abogado de aquella Real Audjencia, fue ruscípulo en Madrid
[H. 1610-1672} de Pedro de las Cuevas, y debió también, durante algún tiempo, mantener contacto de
ruscipulaje con Velázquez, según el testimonjo de su contemporáneo y amigo Lázaro
Díaz del Valle.
Una serie de noticias documentales sitúan su actividad en la Corte, entre 1631, en que
firma el importante bodegón que al10ra se exhibe, y 1672, fecha de su fallecimjento . Casó
tres veces y la documentación del último de sus matrimonios, en 1648, aporta impor-
tantes noticias sobre su actividad. Uno de sus hijos, Isidoro, fue pintor también.
A través del Inventario de su taller, hecho en 1648, se ha porudo formar jujci sobre su
actividad que abarcó todos los géneros. Como pintor religioso parece especializado en la
copia de obras devotas de fines del siglo XVI, en el más ortodoxo rigor contrarr fonnista,
y cultivó también el retrato seguramente en la linea de V elázquez de los primeros tiempos
madrileños. Díaz del Valle ruce textualmente, al respecto, qu e su actividad más conocida
era «hacer retratos por el natural como lo manifiestan muchos que ha hecho en esta villa
de Madrid de diferentes señores », añaruendo, además, que a Velázquez «siempre le ha
procurado imitar en la admirable manera».
Pero aquí interesa especialmente como pintor de naturaleza muerta, ya que el único
cuadro que de él se conserva es el Bodegón de 1631, y en el citado inventario se recogen
también algunos otros («un lienzo de bara de figuras y flores, original»; «un ramilletero »;
«un racimo de uvas negras con sus hojas, original», y «otro ramilletero de arrucenas y
rosas, pequeño ») . Especial interés tiene la presencia de «Un lienzo de tres quartas de
flores y granadas, copia de Balderamen» que parece atestiguar relación de dependencia
con el maestro, tal como el lienzo de 1631 deja suponer.
103-107 CAFFI, Margarita Personalidad interesantísima, conocida por sus abundantes obras, aunque escaseen los
[Doc. 1680-1700} documentos biográficos. Margarita Caffi ocupa un puesto de importancia en la historia
europea de la pintura de flores a fines del siglo XVII. Probablemente nacida en Vicenza,
pues en algún caso firma como «vicencina» y en algunos viejos inventarios se le llama
«veneciana», la única referencia datada con precisión lo está en 1680, y un lienzo se fecha
en 1700. Su actividad se desarrolló sobre todo entre Lombardía y el Véneto (Cremona,
Vicenza, Brescia y Venecia). Era hija de un pintor de naturalezas muertas Vi.ncenzo Voló,
y casó con un Francisco Ludovico Caffi, del que tomó el nombre, pintor también, nacido
en Cremona y especializado, al parecer, en pintura de bodegones con flores y tapetes ricos.
Sus obras fueron muy estimadas en las cortes europeas de fines del siglo. En Florencia
se conservan abundantes ejemplos, procedentes de la colección de los últimos Mérucis;
consta su actividad para la Corte del Ti.rol y, en España -aunque no haya porudo pro-
barse documentalmente su venida, como supuso Cavestany-, la abundancia de obras
firmadas y de gran calidad en nuestras colecciones, atestiguan su estimación.
Aunque debió conocer modelos flamencos, creó un estilo propio, ligero de toque, con
colores claros y vibrantes sobre un fondo sombrío, que ha oscurecido en exceso, pre-
firiendo los formatos lige~amente apaisados con delicadeza y gracia que anuncian aspectos
de la pintura del siglo XVIII y que ejercieron influencia evidente en los pintores españoles.
203
60-64 CAMPROBIN, Pedro de Nacido en Almagro (Ciudad Real) , sabemos que a los catorce años (1619) firmó contrato
{i605-1674] de aprendizaje con Luis Tristán en Toledo, iniciándose sin duda en el naturalismo de fuerte
impronta tenebrista que el pintor toledano cultivaba y que contrastaba decididamente con
lo que cabe presumir fuese su educación infantil, pues consta el parentesco de su madre,
Juana Passano, con las esposas de los hermanos Juan Bautista y Esteban Peroli, los pin-
tores genoveses que decoraron el palacio de El Viso del Marqués en estilo de tan fuerte
tradición manierista.
En 1630, se examina ante el gremio de pintores de Sevilla, y a partir de esa fecha está
ampliamente documentada su actividad en Sevilla, contratando diversos trabajos de muy
variada importancia, desde la restauración de retablos (1652), hasta la realización de series
de floreros para diferentes conventos. Figura en 1660 entre los fundadores de la Academia
de pintura de Sevilla, junto a Murillo, Herrera el Mozo, Valdés y otros, permaneciendo
en ella el resto de sus días . Falleció en Sevilla el 22 de julio de 1674.
Nuestro conocimiento de su obra se ha enriquecido en los últimos años con aportaciones
importantes que han completado su perfil. La obra más antigua que conservamos de su
mano es el Bodegón de Dallas, ahora expuesto (1623), obra muy juvenil, en relación
estrecha con el ambiente toledano de esos años. Luego, a través de su período sevillano,
parece haberse interesado por el arte de Zurbarán, tanto en los lienzos de figura (Magda-
lena, 1634, Sevilla, El Salvador), como en sus característicos lienzos de flores, de una
elegante y contenida expresividad, servida con una gama de color sobria y reducida, en
la que ciertos elementos de procedencia flamenca (mariposas e insectos) se someten a
una medida y contención extraordinariamente personales.
156 CASTELLANOS, Ram6n de Nombrado Académico de Mérito de San Fernando por la Pintura el 6 de noviembre
[D oc. 1774] de 1774, sólo se conocen de él los dos cestillos de flores y frutas que entregó en aquella
157 CASTILLO, José del Nacido en Madrid, de modesta familia, inició su formación en las clases de dibujo que
[1 737-1793] impartía la Junta preparatoria para el establecimiento de la Academia de San Fernando y
allí obtuvo la protección de don José Carvajal y Lancaster, primer ministro de Fernando VI,
que le pensionó (1751) para estudiar en Roma con Corrado Giaquinto, a quien acompañó
a su venida a Madrid en 1753, continuando vinculado a él y participando en los concursos
de la Academia recién creada, lo que le valió otra pensión para Italia, en donde perma-
neció de nuevo desde 1757 a 1764. A su regreso solicita trabajo en Palacio y, ahora bajo
la dirección de Mengs, se incorpora a la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, pro-
porcionando cartones, al comienzo sobre composiciones de Giordano y Giaquinto, pero
años más tarde sobre asuntos de cacerías y tipos madrileños de singular encanto popular,
que lo aproximan a veces al Goya más joven. Como pintor de composiciones religiosas
oscila entre el elegante y grácil rococó aprendido con Giaquinto y cierto equilibrado
clasicismo, un tanto frío, que Mengs impuso. Murió en 1793.
204
74-76 CEREZO, Mateo Nacido en Burgos, hijo de un pintor modesto de igual nombre, aparece en Madrid hacia
[H. 1626-1666} 1641, entrando en el taller de Carreña, de quien pasará a ser uno de lo más promete-
dores discípulos y, probablemente, colaborador en algunos de sus encargos de mayor
envergadura en los años en torno a 1645.
/lfff;fo Artista de sensibilidad bien abierta, debió observar y aprovechar cuanto veía en su alre-
dedor madrileño y, aunque no consta que trabajara para Palacio, es evidente que tu vo
ocasión de estudiar a Van D yck y a Tiziano y aprovechar, sobre todo en ciertos tipos
CEE-( femeninos y en la técnica -de tan ligera influencia veneciana-, la lección del gran flam enco
y del maestro de Cadore. La evolución de su estilo le lleva hacia una transformación de
L o._)· su toque cada día más fluído y un color, cada vez más claro. Murió en 1666, malográn-
dose una prometedora carrera.
Consta que cultivó el Bodegón, con éxito notable. Palomino alude a sus «bodegoncillos»
J66J bien conocidos en su tiempo y pintados, dice, «con tan superior excelencia, que ningunos
le aventajaron, si es que le igualaron algunos». Los del Museo de México que ahora se
exhiben, son los únicos firmados y fechados (en 1664) que de él conocemos, pero su
estilo es tan personal, que permite atribuirle otros con cierta seguridad.
99-100 CORTE, Gabriel de la Nacido en Madrid. Palomino le dice hijo de un «Francisco de la Corte» pintor de perspec-
{1648-1694] tivas, del que no existe referencia alguna. Ceán Bermúdez pensó, segu ram ente con razón,
que se trataba de confusión con Juan de la Corte, el conocido pintor de batallas y com-
posiciones mitológicas, y así se ha venido repitiendo aunque no haya constancia docu-
mental cierta.
Según Palomino, pintó mucho y por poco precio, llevando una vida sumamente pobre.
Hizo guirnaldas para pequeñas composiciones de Castrejón y Matías de Torres, y se
conservan algunas obras suyas firmadas con toda precisión, de calidad muy sobresaliente,
con tonos claros y luminosos, sobre fondos oscuros de irnprin1ación rojiza.
Murió en Madrid el 9 de agosto de 1694.
71-73 DELEITO o DELEYTO, Andrés Pintor de biografía virtualmente desconocida, de quien apenas puede hoy aducirse otra
[Do c. 1680] cosa que lo que ya Ponz y Ceán Bermúdez dijeron: Que trabajaba en Madrid hacia 1680,
y que pintó juntamente con José de Sarabia los lienzos del claustro de los franciscanos de
Segovia, con la vida del santo fundador «y mejor gusto de color que corrección de dibujo ».
Cruzada Villaamil, que sólo conoció un lienzo suyo (la Expulsión de los Mercaderes del Museo
del Prado) y leyó mal la firma, le llama Delito, y le creyó influido por «el mafüadado
ANDrESDE Luca fa presto» (Luca Giordano), acusándole de «poca conciencia y mucho descuido»,
pero advirtiendo que debió alcanzar los tiempos de Carreña y Coello «porqu e algo hay
LEÍTOf. todavía de aquella buena escuela».
Palomino, que llegó seguramente a conocerle personalmente aunque no le dedique bio-
grafía, pondera de modo indirecto sus bodegones, y efectivamente es en este género donde
presenta D eleito una personalidad más acusada a través de su escasa obra conocida. Espe-
cialmente sus Vanidades, de cálido color y suntuosa materia, presentan algunas analogías
con el estilo de Pereda, hasta haber hecho sospechar más de una vez que hubiera sido
su discípulo.
205
164-170 ESPIN ÓS, Benito Nacido en Valencia, hijo de José Espinós, pintor, grabador, coleccionista y miembro fun-
[(1748-1818} dador de la Academia de Santa Bárbara, que precedió a la de San Carlos, se educó con
su padre, y se especializó muy pronto en pintura de carácter decorativo, poniéndose al
servicio de la fábrica de tejidos de Seda que los Cinco Gremios Mayores de Madrid tenían
establecida en Valencia, suministrándole dibujos para los tejidos y bordados de lujo que
~~to,e;'einéif.t allí se hacían.
En 1783 se presentó al concurso que organiza la Academia de San Carlos entre los alumnos
de la Sala de Flores y Ornatos, creada el año anterior, y obtiene un primer premio, y en
AÑOJ789 1784, es nombrado Director de la Escuela de Flores y Ornatos. Ya había tenido contactos
con la Corte, recibiendo encargos de Floridablanca. En lo sucesivo estos contactos aumen-
tarán, viajando en varias ocasiones a Madrid, para regalar floreros, en 1788, al Príncipe
de Asturias, el futuro Carlos IV y en 1802 al propio monarca. .
La guerra de la Independencia apenas afectó a su trabajo y su prestigio, pues conservó
sus cargos. En 1814 sufrió un ataque de apoplejía que redujo considerablemente sus facul-
tades, obligándole a pedir la jubilación al año siguiente, y falleció en marzo de 1818.
füpinós es, sin duda, el más significativo de los artistas valencianos de flores, y el que
ejerció una mayor influencia desde su puesto de Director de la Escuela de Flores y
Ornatos. Son delicadísimos y de técnica exquisita con colorido de refinadísima armonía
sus floreros, a veces de tono rococó, con fondos claros y motivos de arquitecturas o
esculturas, y otros con fondos más oscuros, contrastes más audaces de color, y técnica
de más grueso empaste, que hace pensar en una especie de remeditación sobre los grandes
maestros del barroco, como Arellano.
3 1-35 ESPINOSA, j uan Bautista Figura todavía enigmática y de biografía por definir, que debió ocupar lugar de impor-
[Primera mitad siglo XVII] tancia en los comienzos de la historia de la naturaleza muerta. La imprecisión de su figura
se hace aún más enmarañada por la ~xistencia documental de varios pintores del mismo
nombre en Madrid y Toledo por los años en que verosímilmente trabajaba el bodegonista
que nos mteresa.
Sólo en Madrid, pueden citarse un Juan Bautista de Espinosa, que ya había muerto en 1641,
y otro, homónin10, vecino de Madrid en 1651. En Toledo se guardaba un lienzo religioso
firmado «Juan bautista de Espinosa pintor del Rey 1626»; en Londres, una naturaleza
muerta, muy simétrica de disposición, se firma «Joannes Bap.ta Despinosa faciebat anno
Di 1624», y otros bodegones, firmados simplemente «Espinosa f», poseía en 1935 la
Duquesa de Valencia, uno de los cuales se exhibe ahora. Si se añade además la existencia
de otro Juan de Espinosa, en Navarra y la Rioja, muerto en 1653 en San Millán de la
Cogolla, puede advertirse lo problemático de esta personalidad.
El autor de los bodegones que aquí se exponen es figura importante de hacia 1620-30,
conocedor del tenebrismo y en cierto modo paralelo a Juan Fernández «Labrador» y a
Van der Hamen.
206
30 FERNÁNDEZ, EL «LA BRADOR", j uan Enigmático pintor de flores y frutas, que gozó de un enorme prestigio en su tiempo y
[Do c. 1629-1636} que ha dado lugar a una verdadera leyenda en torno a su figura, impidiendo por mucho
tiempo su correcta definición. A través de Palomino, se le suponía extremeño, nacido en
Jaraicejo (Cáceres) en el siglo XVI y discípulo de Morales. Su muerte se fijaba hacia 1600
y se elogiaban sus frutas.
La publicación de una serie de documentos que aluden a sus trabajo para Sir Francis
Cottington, embajador inglés en Madrid desde 1629, que regaló dos cuadr s a Carlos 1
- segura.mente los aún catalogados bajo su nombre en Han1pton Court-, y la identifi-
cación de una pequeña pintura redonda con un florero, firmada al dorso : «el labrador
Juan Fernández, 1636», han perfilado mejor su personalidad que, sin duda, es una de las
más significativas en la historia de la naturaleza muerta española en la primera nutad del
siglo, dentro del tenebrismo, con un sutil refinamiento de técnica y color.
Se ha fijado su muerte en 1657, suponiendo que sea un «Juan Fernández, Labrador» que
falleció en Madrid dicho año,. y cuyas pinturas tasó el 14-Xll-1657 un desconocido Lucas
Za.mudio, pintor.
171-176 FERRER, José Nacido en Alcora, es hijo de Vicente Ferrer, pintor de ceránuca al servicio de aqu ella
[1 746-1815} manufactura, que al parecer también cultivó la pintura de flores. En 1767, figura ya entre
los primeros alumnos de la recién creada Academia de San Carlos y, tras un fallido intento
de acceder a la condición de Acadénuco, siguió presentándose a los concursos trienales
en 1776 y 1779.
En 1780 concursa a la Sala de Flores y Ornatos alegando, en un memorial, que en 1775
el «Cuerpo o Colegio de fabricantes de tejidos de seda le había elegido y nombrado por
Director General de 'una acaden-lla para el estudio de flores propio de dicha fá brica' »,
lo que indica que la preocupación por esta cuestión es anterior a la creación oficial de
la Escuela. Aunque fue pren-llado, se mantuvo por varios años lejos de la Acaden-lla valen-
ciana, sin duda trabajando en Alcora, y por fin en 1795 es creado Acadénuco de San
Carlos y en 1799 director de la Manufactura alcoreña. Murió en 1815.
Como pintor, se conocen algunos excelentes floreros, de carácter muy naturalista, casi
siempre de tamaño reducido y color intenso.
132-1 35 GALLARDO, Francisco No poseemos de este curioso artista otras noticias que las que proporcionan los cuatro
[Do c. 1764} lienzos que ahora se exponen, fechados en 1764, probablemente en Cádiz, ciudad que se
menciona en el sobre de carta que aparece en el n. 0 132. Su formación y estilo son ente-
ra.mente sevillanos, muy próxin1os a lo que muestran las obras de Pedro de Acosta y las
de Bernardo Llorente Germán en este género. Resulta interesante la decidida afición a la
~J/o:rdo j eyuent, literatura que subrayan estos lienzos, llenos de referencias cervantinas y textos poéticos.
Cavestany, que los conoció, creyó de la misma mano otros cuadros que no hemos visto,
«uno con libros de Caballerías citados en el Quijote.. . y el otro también con libros de
lujosas encuadernaciones», que serán seguramente los que han pertenecido a la colección
Andre Hípola de Madrid, reproducidos por Torres Martín.
207
1ss GARCÍ.S, José Se sabe muy poco de este pintor que, a juzgar por la única obra hasta ahora conocida
[Doc. 1772] y que aquí se expone, es artista de considerable maestría en el tratamiento de las flores,
con delicadeza de color y ejecución notables.
En 1772 obtuvo nombramiento de Académico de San Fernando y consta que en 1802
había ya muerto. En las listas de artistas de la Fábrica de Alcora se cita a un pintor del
mismo nombre, que quizás pudiese ser el mismo en su juventud.
185- 189 GOYA, Francisco de Goya es sin duda la figura capital de la pintura española - y quizás europea- entre los
[1746-1828] siglos XVIll y XIX y uno de los puntos de partida incuestionables de la sensibilidad pic-
tórica moderna, muchas de cuyas más radicales formulaciones anticipa.
Desde la técnica, que alcanza en ocasiones ligerezas no sobrepasadas por el impresionismo
más audaz, hasta la efusión de un atormentado mundo interior, en el que se vuelca el
subconsciente, de modo que preludia los descubrimientos del surrealismo, pasando por
el más tenso y desgarrado de los expresionismos, Goya puede considerarse -y de hecho
así lo han reconocido algunos de sus creadores- el padre del arte contemporáneo.
Como retratista, su implacable capacidad de análisis, que le permite evidenciar las más
reconditas complejidades sicológicas, ha logrado algunas de las más impresionantes efigies
de toda la historia de la pintura. Como observador de la realidad circundante ha dejado
inolvidables visiones de la vida española, desde el amable juego decorativo de sus cartones
para tapices hasta las dramáticas imágenes de sus pequeños lienzos de madurez, ya ente-
ramente románticos.
Como grabador, de enorme y variada riqueza de recursos, su labor, en series inolvidables,
supuso un revulsivo total para ese arte, en buena parte limitado en su tiempo a la mecá-
nica reproductiva. Y también como bodegonista, ha dejado en su madurez algunos ejem-
plos de una poderosa y violenta fuerza, que son, quizá, las «naturalezas muertas » más
verdadera y dramáticamente muertas, de toda nuestra pintura.
111 GYSBRECHTS, Francisco Pintor de los Países Bajos, documentado en 1638-39 en la Guilda de pintores de Amberes;
[Doc. 1638-1677] en 1674 se hallaba en Leyden y entre 1676 y 1677 vuelve a aparecer en Amberes. Se
ignora la fecha de su muerte, que no rebasará en mucho la última citada.
Probablemente será próximo pariente del mucho más conocido Cornelius Norberto
Gysbrechts (doc. entre 1656 y 1678).
208
112-116 HIEPES, o YEPES, Tomás Pintor valenciano cuya personalidad, aún poco estudiada, ocupa un puesto relevante en
[H. 1610-1674} el panorama artístico de su región, donde viene a ser el más interesante de los pimore
que cultivan especialmente el género de bodegón. Poseemos obras suya fechadas desde
1642 hasta 1668, aunque difiere mucho su calidad y carácter cuando realiza bodego nes
de cierta entidad, de cuando traza floreros de tono exclusivamente decorativo.
fuoMAS HiEPEs. Sus bodegones de cocina o sus cestos de flores y frutas fueron estin1adísimos en Valencia
y su reino. Orellana le elogió especialmente subrayando cómo en su tiempo era el único
nombre conocido en el género, hasta el extremo de que «no se ven canastas con fruta,
flores, etc. bizcochos, empanadas, quesos, tartas, cubiletes, muebles o alunas de repostería
y otras cosas semejantes, bien executados conforme al natural, que luego no se crea y
estime por cosa de Yepes». Murió en Valencia en 1674.
Sus bodegones y fruteros son de un adnlliable naturalismo, servido con una téc1uca
precisa y densa que hace valorar muy bien las distintas calidades de las cosas, y se vale
de una gama de colores cálidos, de don1inantes tostados y rojizos, de tono muy valen-
ciano, semejante a veces a la de Espinosa en sus lienzos religiosos. Junto a estas obras de
relativa complejidad se conservan también algunas flores de carácter más simple, conce-
bidos sin duda con una intención puramente decorativa, y servidos con una téc1uca más
sumaria, disponiendo las flores de un modo casi arcaico, en un solo plano, y con una
presentación muy simétrica, no desprovista sin embargo de cierto encanto.
179- 1so LA COMA Y FONTANET, Francisco Nacido en Barcelona, hijo de un modesto pintor artesano, se formó en la Escuela de
{1784-1849} Dibujo de la Lonja, obteniendo frecuentes recompensas en la pintura de Flores y Adornos.
La Junta de Comercio decidió, en 1804, enviarlo a París, pensionado por cinco años, para
perfeccionar su arte y aprender charoles y dorados. La guerra de la Independencia le
sorprendió allí, pero debió establecer un modo de vida, ya que participa en los Salones
y obtiene algunas recompensas. Hubo de conocer y tratar a D avid, a Gross y al pintor
Lacoma. belga Gerard van Spaendonck que influyen en sus propias obras.
Su situación en Francia determinó su desisiva actuación en las gestiones para co nsegu ir
la devolución a España de las obras de arte salidas durante la invasión napoleónica. La
intervención de Lacoma fue de suma importancia y le valió, junto a una recompensa, el
nombramiento de Acadén1ico de Mérito de San Fernando en 1819. Vuelto a París, se
integró por entero en la vida parisina y allí murió en 1849.
De su obra, que abarcó también el retrato y la composición, destacan sobre todo sus
excelentes bodegones y floreros, de gran calidad, que evocan obras francesas del siglo XVIII,
y retoman motivos flamencos y holandeses del siglo XVII (mariposas y otros insectos,
limones a medio pelar, etc.) con una lucidez de color y una minucia en el trazo, que
los hacen muy atractivos.
209
53-54 LEDESMA, Bias de Bias de Ledesma, seguramente granadino, o al menos avecindado en Granada, era pintor
[Doc. 1602-1614] conocido en esa ciudad, en 1602, fecha en que compra dos casas al escultor Antonio
Gómez, que se había establecido en Málaga y se deshacía de sus pertenencias. Años más
tarde, en 1614, sabemos que realiza un dibujo para una bóveda elíptica de yeso con ador-
nos para una sala de la Alhambra. La única obra segura, firmada con precisión (el Frutero
BLA S DE. LE.DUMA . f_sra.nad.ct . del Museo de Atlanta, EE.UU., que no ha sido posible obtener para esta exposición) está
firmada «en Granada».
Su formación y definición estilística se hace difícil de precisar, pues sólo puede aceptarse
con seguridad esa obra, ya que otras muchas presuntamente firmadas, aparecidas en el
mercado anticuario, resultan sumamente sospechosas, o en todo caso dudosas.
Las palabras de Soto de Rojas («Viendo de Zeusis el pincel fecundo, / Que aplaudido en
los términos del mundo, / Por mano de Ledesma en sus fruteros / Buelve a engañar los
pajaros ligeros») hacen pensar que se especializó en frutas, de fuerte carácter naturalista.
Y por una interpretación pedestre y errónea de esos versos, se ha venido a crear una
imagen de Ledesma como pintor de ostentosos fruteros picoteados por pájaros, sin advertir
que el mito de Zeuxis se refiere al engaño de que son víctimas las aves reales, frente a las
frutas pintadas, no a la pintura que reproduce una escena cotidiana de aves y frutas en el
mismo plano de realidad simulada.
El libro y los artículos que Ramón Torres Martín dedicó a Bias de Ledesma y se recogen,
a título informativo, en la bibliografía, carecen de todo rigor y han contribuido a entur-
biar la imagen del pintor.
s- 11 LOARTE, A lejandro de Hijo de un modesto pintor de oficio, de nombre Jerónimo, vecino de Madrid -que le
[H. 159011600-1626] sobrevivió-, debió nacer entre 1590 y 1600. Ignoramos el lugar de su nacimiento, aunque
lo más probable es que fuese en la propia Villa y Corte. Su biografía, escasamente conocida,
lo sitúa en Madrid en 1619, cuando contrae matrimonio, y luego, en fecha imprecisa, pero
anterior a 1624, hubo de establecerse en Toledo, donde fallece en 1626.
ALEX.AND~O .. Aunque cultivó la pintura religiosa, en un estilo que se vincula modestamente al de Luis
T ristán, su interés excepcional se centra en su labor de bodegonista, de la cual nos han
DELOARTE __ quedado algunas obras fundamentales, que pueden ser consideradas capitales en la historia
f.T t62 b_ de nuestra naturaleza muerta, en un estilo de severa gravedad, que enlaza de una parte
con Sánchez Cotán, su antecedente más directo, y por otra parte con Van der Hamen,
su estricto contemporáneo.
162-163 LÓPEZ ENGUÍDANOS, José Nacido en Valencia, pasó a Madrid y estudió en la Academia de San Fernando, obte-
[1760-1812] niendo premios en los concursos de 1781 y 1784. La propia Academia conserva algunas
obras de composición suyas, de calidad muy mediocre. Pronto se especializó en el género
de bodegón obteniendo notables éxitos y consiguiendo por ellos y con la protección de
Godoy, el nombramiento de Pintor de Cámara en 1806. Murió en Madrid en 1812. Cul-
tivó también el grabado, con corrección y clara intención didáctica, como su Colección de
figuras anatómicas, la Cartilla de principios del dibujo o la Colección de vaciados de estatuas
antiguas que posee la Real Academia de .San Fernando (1794).
En el género que nos interesa, José López Enguídanos se muestra como un hábil bode-
gonista, conocedor de Meléndez, a quien en ocasiones parece imitar. Se le ha reprochado
una cierta dureza y acartonamiento que quizás no sea sino el reflejo de la triunfante
técnica neoclásica de su tiempo.
210
124-125 LORENTE Y GERMAN, Bernardo Nacido en Sevilla, se formó con su padre, pintor muy modesto, pero sobre todo copiando
[1680-1759} e imitando las obras de Murillo. Se conservan obras suyas de intensa derivación murillesca
aunque de cierta personalidad, y otras en las que se advierte la utilización de estan1pas
de las más diversas procedencias, desde modelos manieristas hasta composiciones italianas
estrictamente contemporáneas suyas.
Durante mucho tiempo se le llan1ó «el pintor de las pastoras» por su maestría en la
representación de la Divina Pastora, devoción franciscana muy difundida en Sevilla a
comienzos del siglo XVIlI y en cuya fijación iconográfica debió tener parte in1portante
Lorente Germán. Fue también retratista notable, obteniendo cierto éxito con su retrato
del Príncipe D. Felipe, futuro duque de Parma, en ocasión del paso de la Corte por Sevilla
en 1729. Sin embargo, renunció al título de pintor del rey para no abandonar su ciudad,
donde murió en 1759. No obstante, en 1756 solicitó y obtuvo de la Academia de San
Fernando los honores de Académico de Mérito.
Como pintor de Bodegón o naturaleza muerta, sólo conocemos los dos Trampantojos
del Museo del Louvre que ahora se exponen, ejemplos excelentes de la tradición sevillana
del género.
m-120 MARCH, Miguel Hijo del pintor Esteban March, bien conocido por sus lienzos de batallas y su arbitrario
[H. 1635-H. 1670] carácter, Miguel March nació en Valencia, hacia 1635, educándose con su padre y pasando
a Italia, según el testimonio de Orellana, tras la muerte de éste y completando su educa-
ción en la escuela de Maratta, cosa muy problemática, pues nada hay i:lel estilo de éste en
'
MIGVEL
las obras que conocemos.
Vuelto a Valencia, murió hacia 1670, en plena juventud.
MARCH
•
Pintor de excelentes y variadas condiciones y recursos, junto a los lienzos religiosos y
retratos ha dejado algunas interesantes naturalezas muertas, de amplio desarrollo en ocasio-
INVENTOR nes, como los lienzos de caza muerta en paisaje, fechados en 1661 de la colección del
J:, I6ó1,, Marqués de Montortal, en los que se funden ecos de lo napolitano contemporáneo y de
lo flamenco de tradición rubeniana. En otros casos, como en los lienzos alegóricos que
aquí se exponen, parece dominar el recuerdo napolitano con cierta insistencia en el por-
menor, y una iluminación tenebrista muy acusada.
144-150 MELÉNDEZ o MENÉNDEZ, Luis Nacido en Nápoles, hijo del pintor miniaturista asturiano Francisco Meléndez -establecido
[1716-1780) en Italia desde 1699, pero vuelto a España en 1717- , y sobrino de Miguel Jacinto, también
pintor, Luis Meléndez inició su educación en Madrid, asistiendo a las clases de la Junta
Preparatoria para la Academia de San Fernando, en la que su padre tuvo, al comienzo,
destacada participación, pero ante la actitud violenta de éste frente a la marcha del pro-
L . M~ D~lS~º P.ANO 1772',
yecto de Academia, fue formalmente expulsado de los estudios en 1748.
Por diversos documentos sabemos que trabajó como ayudante de su padre, pintando
miniaturas para joyas, y que asistió también como discípulo de Van Loo, adiestrándose
en el retrato. Viajó a Italia, a sus expensas, visitando Roma y N ápoles, y a su regreso,
en 1753, se empleó principalmente como miniaturista, pintando los libros de Coro de la
Capilla de Palacio durante cinco años y medio, y especializándose luego en el género de
naturaleza muerta o bodegón,. en el que _alcanza una extraordinaria calidad, iniciando «un
divertido gabinete con toda especie de comestibles que el clima_español produce», serie
de lienzos para el rey, conservados hoy en el Prado, que constituyen lo más valioso del
género en su tiempo, con una solidez de dibujo y una casi obsesiva perfección en el
detalle que le han ganado una admiración extraordinaria en nuestros días. Tras varios
intentos fallidos de obtener nombramiento de Pintor del Rey en 1760 y 1772, murió en
la miseria en 1780.
211
183- 184 M OLET, Salvador Nacido en Barcelona en 1773, su formación comenzó en la escuela de dibujo de La
[1773-1836} Lonja, donde obtuvo diversos premios y se inició en la pintura de Flores. En 1790 solicitó
ayuda para pasar a Valencia a estudiar con Benito Espinós en el recién creado Estudio de
Flores y Ornatos, obteniendo de la Junta de Comercio, previo informe de P. Pablo Moles,
lo que solicitaba. Ya en Valencia, obtuvo premios en 1791 y 1792, y se reintegró a Barce-
lona, obteniendo en 1794 una plaza de Subteniente de la Escuela de Dibujo de La Lonja,
especializado en pintura de flores y adornos, preparada sin duda para él, con la intención
de que enseñase en su ciudad lo que había aprendido en Valencia.
Falleció en Barcelona en 1836.
Su estilo, que deriva del de Espinós, con cierta ampulosidad y viveza de color y sin la
elegancia de su maestro, lo conocemos bien a través de los Flo reros del Museo de Barce-
lona, ahora expuestos.
190 M ONTAL VO, Bartolomé Nacido en San García (Segovia) y discípulo de Zacarías González Velázquez, parece que
{1 769-1846} hubo de estudiar también en Italia. En la Academia de San Fernando se inscribió como
alumno en 1785 y destacó como pintor de paisaje y de bodegones. Ingresó en la Academia
como Académico de Mérito en 1814 y en 1816 fue nombrado Pintor de Cámara de Fer-
J3. ~ontalbo.
nando VII. Trabajó como decorador en El Escorial, pintando las marinas y paisajes de
la Sala de maderas finas del Palacio y gran cantidad de bodegones de caza y cocina en la
tradición seiscentista con evidente conocimiento de lo hecho por Meléndez. Falleció en
Madrid el 11 de agosto de 1846.
139-143 NANI, Giacomo Nacido en Nápoles fue, al parecer, discípulo de Gasparo López (+h. 1732) el «Gasparino »,
{1698-1770} pintor de flores, quizás de origen español, que ha dejado opulentos floreros y jarrones en
paisajes, de superficial carácter decorativo y monumental. Su obra, muy abundante, debió
ser muy pronto conocida en España, pues el inventario de La Granja de 1746 recoge
entre los cuadros de Isabel de Farnesio, hasta veinticuatro pinturas de Jacobo Nani, en
buena parte conservadas todavía en el Palacio de Riofrío.
Consta que hizo dibujos y pintó flores y frutas para las fábricas de Porcelana de Capo-
dimonte, donde también introdujo a su hijo Mariano, que había de venir a España años
más tarde, Falleció en 1770.
Su arte, de tradición naturalista y cierta opulencia barroca, resulta con frecuencia un tanto
rudo y seco, aunque de intenso colorido, buscando efectos de decoración bastante
primarios. En ocasiones, sin embargo, consigue algunos efectos de sobria intensidad que
le han hecho ser considerado como precedente -inmediato- de nuestro Meléndez.
212
151-15 4 NANI, Mariano Nacido en Nápoles, hijo de Giacomo, conocido bodegonista de tradición naturalista
[H. 1725-1804} (1698-1770), debió formarse con su padre e iniciar su labor en el ambiente de la fábrica
de porcelanas de Capodimonte, al menos desde 1746, según su propia declaración. Vino
a España hacia 1759, trabajando en la manufactura del Buen Retiro y llegando a dar
clases de dibujo al Infante D. Luis.
En 1764 solicitó ser admitido como Académico de Mérito en la Real Academia de San
Fernando presentando un lienzo «que por lo común se llanu bodegón» -que aún se
conserva- siendo admitido. En los años sucesivos continúa trabajando para la manufac-
tura del Retiro, aunque con cierta desgana, pues solicita repetidas veces licencia para pintar
al óleo, e incluso, en 1772, para regresar a Nápoles. No obstante, permaneció en Madrid
y en su puesto, hasta que Mengs le reclamó para la Real Fábrica de Tapices, donde,
desde 1775, aparece suministrando cartones junto con Goya, Calleja, los Bayeu, etc. Estos
cartones son, en general, de motivos de caza, de muy fuerte influencia flamenca. Allí per-
manece los años sucesivos hasta, al menos, 1787 en que se lamenta de su poca salud.
No obstante, hay noticias posteriores de una serie de seis bodegones pintados para la
reina María Luisa y, al parecer, falleció en 1804.
Su estilo se forma en el naturalismo de su padre, y, sin duda, en el estudio de los pintores
flamencos, de Snyders, Fyt y Paul de Vos, tan abundantes en la colección real, adqui-
riendo una evidente personalidad y en ocasiones una intensidad expresiva análoga a la de
Meléndez.
80-81 NUZZI, Mario, Nacido en Penna Fermana en 1603, se debió formar en Roma, con su tío Mao Salini
llamado «Mario dei Fiori» (h. 1575 + 1625) artista de la primera oleada naturalista, de quien Baglione dice que fue
[1603-1673} el primero en pintar flores en vasos, del natural, «con diverso inventioni molto capriccione
a bizarre», aunque sea muy poco ·10 que de él se conserva. A él debió seguramente Mario
su inclinación al género por el que fue, y es, universahnente conocido, aunque sean escasas
las obras que pueden atribuírsele con seguridad, y gran parte de lo que se le adjudica
será obra de sus muchos imitadores. Académico de San Lucas en 1654, era miembro de
la Congregación dei Virtuosi al Panteón desde 1647 y fue regente de ella en 1665. Murió
en 1673.
Su estilo, exuberante y rico, de pleno barroco, guarda siempre la huella de su formación
naturalista en el pormenor y en la iluminación, y un evidente recuerdo de lo flamenco
(Seghers, sobre todo) que conoció y estudió con atención.
La escasez de sus obras seguras, presta enorme interés a las que se le atribuyen de
antiguo en los inventarios españoles, así como a las referencias literarias (Palomino, espe-
cialmente) que subrayan su importancia para la formación de Arellano.
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158-159 PARET Y ALCÁZAR, luis Hijo de padre francés y madre española, nació en Madrid en 1746, se educó en la Real
[1746-1799] Academia de San Fernando y, bajo la protección del Infante don Luis de Borbón, hizo
en 1763 un viaje a Roma, donde permaneció tres años, completando su formación artís-
tica y literaria que incluía el conocimiento del latín y el griego. A su regreso (1766)
obtuvo premios en la Academia y probablemente enriqueció su educación con un viaje
a Francia o al menos con un estudio profundo del arte francés del momento, bajo la
dirección de Charles de la Travese (muerto en 1787), discípulo de Boucher, que se hallaba
entonces en Madrid. A partir de 1770 su fama y su prestigio crecen y trabaja en el am-
biente del Infante don Luis, al cual servía incluso en cosas no muy dignas, que le valieron
el destierro a Puerto Rico (1775-1778). A su regreso, desterrado aún de la Corte, trabaja
en Bilbao, donde contrae matrimonio y realiza una serie de vistas de paisajes de los puertos
del Cantábrico que le valen el perdón real y su regreso a Madrid en 1787, incorporándose
a la Academia, para la que había sido elegido en 1780, y de la que llegó a ser Vicese-
cretario. Paret es sin duda alguna el más interesante artista español de su tiempo, aparte
Gaya, de espíritu tan distinto. Hombre de compleja formación, buen conocedor del arte
europeo contemporáneo, es quizá el más «rococó» de todos los españoles, pero también
-alerta a la evolución general de las artes fuera de las fronteras- muestra un cierto neo-
clasicismo elegante, sobre todo en algunos de sus exquisitos dibujos. Sus paisajes, poblados
de deliciosos personajes menudos, las escenas de costumbres, cargadas de intencionalidad
crítica y de vida centelleante, o los exquisitos ramilletes de flores que conservamos de su
mano, hacen de él uno de los más significativos - y desconocidos- maestros del XVIII
europeo. Murió en Madrid en 1799.
177 PARRA, Miguel Nacido en Valencia, se educó en la Academia de San Carlos, obteniendo recompensas
[1780-1846} desde muy pronto, en 1795, 1798 y 1801. Discípulo de Espinós en la Escuela de Flores,
pintó también composiciones y retratos, bajo la influencia de Vicente López, que fue
su cuñado.
En 1803 es nombrado Académico de Mérito de San Carlos por las Flores, y en 1811 por
la Pintura de Historia. En 1812 obtiene el puesto de Teniente de pintura en la Academia
y en 1814 aspira a la plaza de Director del Estudio de Flores y Ornatos vacante por la
jubilación de Espinós, sin conseguirla. Un viaje a Madrid en 1815, le franquea las puertas
de Palacio y le hace obtener el título de Pintor de Cámara y en 1818 el.de Académico de
San Fernando. En Valencia, obtiene en 1821, la dirección de Pintura, de la Academia de
San Carlos, a la muerte de Luis Antonio Planes, y en 1823 la dirección General de la misma.
Su actividad en esos años es intensa, cultivando todo género de pinturas, pero su prestigio
y su fama nacen de su extraordinaria sensibilidad para las flores, que trata con una cierta
acumulación barroca en la composición, pero con refinadísima calidad y frescura de color
y de toque.
Murió en 1846 en Madrid, adonde se había trasladado acompañando a su hijo José Felipe,
también pintor bodegonista estimable, que iba a presentar un lienzo a la reina gobernadora.
214
66-70 PEREDA, Antonio de Nacido en Valladolid, hijo de un modesto pintor local, pasó de niño a Madrid al quedar
[1611-1678} huérfano, y estudió en el taller de Pedro de las Cuevas. Protegido primero por D. Fran-
cisco de Tejada, Oidor del Consejo Real, y luego por Juan Bautista Crescenzi, Marqués
de la Torre, su formación se completa en el estudio de las coleccion.es reales y la frecuen-
taciór{ del ambiente artístico, tan al día en las novedades del naturalismo creciente, del
noble italiano. A la ayuda de éste se debe sin duda su participación en la decoración del
salón de la Reinos del Buen Retiro, con el soberbio Socorro a Génova, del Prado. La
muerte de su protector le cerró las puertas de Palacio, y en lo sucesivo hubo de centrarse
en la producción religiosa, para iglesias y conventos, con éxitos considerables, escalonados
a lo largo de su vida, hasta su fallecimiento en 1678.
Junto a una extensa labor de pintor devocional de considerable intensidad naturalista,
aunque un tanto impermeable a los avances del barroco triunfante que llegó a conocer
y que intentó inútilmente incorporar a algunas obras de su último período, Pereda desa-
rrolló una extensa labor de bodegonista y de pintor de Vanitas, que constituye quizás
la parte hoy más atractiva de su producción, con algunas de las obras maestras absolutas
del género.
Son obras en las que se han superado ya por entero los esquemas rigurosos, matemáti-
camente mágicos o severamente simétricos de Cotán o Van der Hamen, aunque esté pre-
sente en ellos la preferencia por las disposiciones horizontales, la distribución de los objetos
en zig-zag sobre una mesa o antepecho, y la fuerte iluminación dirigida, pero la presencia
de elementos acumulativos de origen napolitano, flamenco e incluso holandés, S<';ñalan
un evidente avance estilístico, y le definen en este caso como hombre de su tiempo. Su
gusto por el pormenor, su maestría en la traducción táctil e inmediata, de las calidades de
las cosas, y su sensibilidad para el color y los mutuos reflejos, con precisión flamenca y
suntuosidad veneciana, hacen de él uno de los maestros universales del género.
92-97 PÉREZ, Bartolomé Nacido en Madrid en 1634, fue discípulo de Juan de Arellano, con cuya hija casó. Aw1que
[1634-1693} cultivó la pintura religiosa en un estilo relacionado con el del pleno barroco madrileño,
al modo de Francisco de Solís o Claudio Coello, se especializó en el género de flores,
cultivado por su suegro, y participó como escenógrafo en el teatro cortesano de El Buen
Retiro, obteniendo por ello el nombramiento de Pintor del R ey en 1689. Sus obras más
conocidas son floreros y canastillas, al modo de los de Arellano, y guirnaldas encuadrando
alguna escena religiosa. Con frecuencia, sus jarrones se decoran con motivos mitológicos,
procedentes de grabados, y consta que, para Palacio, hizo biombos o «paravent» de rna-
dera, pintados por ambas caras sobre fondos dorados.
Murió en Madrid en 1693, al caer de un andamio mientras pintaba en el Palacio del
Duque de Monteleón.
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36-4 1 PONCE, Antonio Nacido al parecer en Valladolid en 1608, se instaló con su familia muy pronto en Madrid,
[H. 1608-después de 1662] y tenemos abundantes noticias documentales suyas en la Corte, desde 1634 hasta 1662.
Se ignora la fecha exacta de su muerte. Hacia 1639 casa con una sobrina de la mujer de
Van der Hamen, lo que permite suponer relación de discipulaje con el gran maestro.
Su actividad artística debió atender con frecuencia obras de carácter decorativo, pues
sabemos de su trabajo en el Buen Retiro en 1638, juntamente con Francisco Barrera, y
consta que en 1649, con motivo de la entrada de la Reina Doña Mariana de Austria,
intervino con otros pintores y decoradores en la decoración de las gradas de San Felipe
el Real.
Las obras que de él conservamos, muestran a un artista de evidente calidad, interesado
por los efectos de luz, de tradición caravaggiesca, pero abierto a otras preocupaciones de
intención decorativa más avanzada.
De dibujo muy preciso -que llega a ser duro en ocasiones- y un tanto sordo de color,
sus composiciones enlazan con la tradición de Van der Hamen, de modo análogo a
Barrera, y anuncia el barroquismo de las de Pereda o Cerezo en cuanto a su disposición
y a la incorporación de elementos lujosos de tipo flamenco.
7 RAM ÍREZ, Felipe No poseemos otros testimonios de la personalidad de este artista que las firmas de dos
[Doc. 1628-1631} lienzos, uno de ellos el Bodegón (1628) que aquí se expone, y la antigua atribución de
dos dibujos. En todo ello se muestra un artista educado en el ambiente toledano de tra-
dición escurialense, con muy estrecha relación con Sánchez Cotán.
El Cristo flagelado (1631), de colección particular belga, repite un lienzo de la Catedral
de Toledo que parece de fines del siglo XVI y los dibujos también se refieren a modelos
de esos años.
Nada permite creerlo sevillano como supuso Ceán y repite Orozco Díaz, pensando sin
duda en un posible parentesco con otros Ramírez documentados en Sevilla.
Su calidad como bodegonista, tal como la muestra el lienzo del Prado, es excepcional,
y es de lamentar que no conservemos otras obras seguras de su mano, pues la otra, pu-
blicada recientemente y que no conocemos directamente, firmad¡¡ al parecer en 1629,
difiere demasiado del bodegón del Prado, para poder aceptarla sin reserva.
77 RECCO, Giuseppe Pintor napolitano, miembro de una familia de artistas especializados en la naturaleza
[1 63 4-1695] muerta. Hijo de Giacomo, uno de los primeros pintores del género en Nápoles, y sobrino
. de Giovanni Battista, autor de obras absolutamente magistrales, de intenso tenebrismo.
Nacido en 1634, se educó muy niño en el ambiente familiar, e hizo un viaje a Lombardía
donde hubo de conocer las obras de Baschenis y de Bettera. Se conocen abundantísimas
obras suyas, con frecuencia firmadas e incluso fechadas, que debieron llegar relativamente
pronto a España. En 1659 está firmado un gran lienzo de la colección Medinaceli (Casa
de Pilatos, Sevilla) que muestra ya enteramente formada su peculiar personalidad. Se
especializó en la pintura de peces, y sus obras ejercieron evidente influencia entre nosotros,
siendo con frecuencia imitados y copiados. Invitado a venir a España, murió en Alicante
en 1695. Sus hijos Elena y Nicolo Maria prolongaron sus modos estilísticos en los pri-
meros lustros del siglo XVIII.
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11s ROMÁ, José Nacido en Valencia en 1784, se formó en la Acadenua de San Carlos con Be1uto Espinós
[1784-h. 1847] y con Vicente López. En 1807 y 1810 obtiene los premios segundo y prim ero respecti-
vamente en la clase de Flores y Ornatos; en 1817 es nombrado Académico de Mérito en
Flores, y en 1826 Acadén-llco de Pintura. Durante muchos años ejerció la ensei1anza de
Flores, como suplente de José Zapata, y en 1837, a la jubilació n de éste, fu e nombrado
Director de la Sala de Flores y Ornatos. Murió hacia 1847, últin1a fecha documentada
de su existencia. Cultivó también el retrato y en ocasiones el cuadro de composición.
160-161 ROMERO, juan Bautista Valenciano, nacido en Ruzafa en 1756. En 1783 figura entre los concursantes al prenuo
[1756-después de 1802] del Estudio de Flores y Ornatos de la Acaden-lla de San Carlos, sin éxito, y el año siguiente,
ya creada oficialmente la «Escuela de Flores y Ornatos», bajo la dirección de Be1uto Espinó ,
figura en una relación de alumnos de la Academia que solicitan, en septiembre, incorporarse
ta a la nueva enseñanza, con excelente éxito, pues el año de 1785 obtiene el primer pren-llo.
ba.u, romero Debió haber residido algunos años en Madrid, pues alegó haber estudiado en la Real
Acaden-lla de San Fernando.
Volvió a Madrid en fecha que ignoramos, trabajando en la fábrica del Buen R etiro, como
pintor de porcelana, entre 1800 y 1802. Se ignora la fecha de su mu erte.
Su obra, que ya Cavestany destacó por su calidad, incomparablemente superior a su escasa
nombradía, presenta un interés excepcional tanto en las flores, de exquisita delicadeza y
gracia, como en los bodegones de dulces y postres, de encanto muy dieciochesco, pero
de técnica precisa y objetiva de tradición, como en el caso de Meléndez, enteran1ente
seiscentista.
3-6 SÁNCHEZ COTÁN, j uan Nacido en Orgaz (Toledo) en 1560, se educó en Toledo con Bias de Prado, y en 1603,
[1560-1627] tras una ya amplia carrera como pintor, decide hacerse monje trasladándose a Granada,
donde profesa en la Cartuja el año siguiente. Hasta su muerte en 1627 divide su actividad
entre las Cartujas de Granada y El Paular y realiza amplios ciclos monásticos e infinidad
de cuadros de devoción.
Su estilo presenta dos facetas muy diversas. Como pintor religioso -aspecto del que cono-
cemos especialmente su obra de madurez, posterior a su ingreso en la Cartuja-, presenta
un interés secundario, prolongando hasta fechas muy tardías, y sin apenas modificaciones
formales, el estilo escurialense de su época de formación, con ecos muy directos de Luca
Cambiasso y de los Bassano, de quienes proceden, sin duda, en diversa medida, el gusto
por los volúmenes netos y elementales, las ordenaciones compositivas de rigor arquitectó-
nico y el interés por efectos de luz nocturna y contrastes violentos de luz y sombra que,
superficialmente, hacen pensar en un cierto tenebrismo . También evoca, con frecuencia,
el sentido patético piadoso y determinados esquemas compositivos de la tradición gótico-
flamenca.
Como pintor de naturalezas muertas, se muestra uno de los maestros absolutos, no sólo
en el ámbito de la pintura española, sino de todo el arte europeo, dando en fecha tan
temprana como 1602 (n.0 3) ejemplos soberbios de su mágica capacidad de fijación de
lo real, bajo una luz intensa, casi metafísica, al decir de Sterling, que hace emerger los obje-
tos (frutas y verduras casi siempre) de una sombra intensa y n-llsteriosa, cuya relación
con lo caravaggiesco continúa siendo un enigma aún no resuelto de modo satisfactorio.
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78-79 SEGHERS, Daniel Nacido en Amberes, se formó en Holanda, pero en 1610 se instala en Amberes y frecuenta
[1590-1661} el taller de Jan Brueghel, especializándose en la pintura de flores . Ingresó pronto en la
Compañía de Jesús y viajó por casi todas las· ciudades de Bélgica, pasando a Roma en
1625. La experiencia italiana configuró definitivamente su personal modo de interpretar
el tema de las cartelas rodeadas de guirnaldas, que constituyen su especialidad, agrupando
las flores con mucha mayor libertad en grupos de evidente ligereza, sobre cartelas de dise-
ño aún manierista, con frecuencia decorados con motivos figurativos en grisalla. Colaboró
habitualmente con Erasmus Quellinus, T . Willeboirts, Cornelio Schut e incluso con Rubens.
Murió en 1661 en Amberes, y sus obras, que gozaron de un gran prestigio en toda la
Europa católica, son abundantes en España e influyeron decisivamente en la evolución
del género, especialmente en el círculo cortesano y - ya en el siglo XVIlI- en Valencia.
108 VA LDÉS LEA L, j uan de Nacido en Sevilla en una familia de origen portugués, hizo su aprendizaje en Córdoba,
[1622-1696} sin duda en el taller de Antonio del Castillo, donde realiza algunas composiciones de cierta
aspereza naturalista marcadas todavía por el gusto tenebrista en los contrastes de luz y
sombra. entre 1653 y 1654 pinta un ciclo de Historias de Santa Clara, hoy dispersas,
donde aparecen ya los caracteres más originales de su estilo, el dinamismo casi habitual
de ciertas composiciones y su personal sentido del color. En 1657 se instala en Sevilla
y realiza la serie del Convento de San Jerónimo de Buenavista, también dispersa y una
de sus obras maestras, que mejor denota su personalidad, aquí de una relativa austeridad
y equilibrio, aunque siempre intensamente expresiva. A partir de esta fecha, su estilo se
hace cada vez más apasionado hasta casi el expresionismo, libre e incorrecto en el dibujo,
violento y casi febril en el toque del pincel. El conjunto de los Carmelitas de Córdoba
(pintado a partir de 1658) y sobre todo· los lienzos del Hospital de la Caridad de Sevilla
(1672), representando los célebres Jeroglíficos de las Postrimerías, interpretados en un tono
de fúnebre y sombrío realismo, constituyen quizá la parte más original y más apasionada
de su obra. Un viaje a Madrid hacia 1664 le había permitido conocer el ambiente madri-
leño, lo que explica que a veces le hayan sido atribuidos algunos lienzos de artistas de
la Corte (Rizzi, Camilo, etc.), que presentan una técnica y un colorido semejantes.
Estricto contemporáneo de Murillo, encarna una actitud espiritual y una sensibilidad
opuesta por completo a la de este maestro, desinteresándose totalmente de la belleza física
y de lo amable, buscando una intensidad expresiva y dramática que no desdeña lo de-
forme o lo feo, y que alcanza notable intensidad en sus Vanitas.
1s-29 VAN DER HAMEN Y LEÓN, juan N acido en Madrid, de padres flamencos, y muerto ~n la misma ciudad, es Van der Hamen
[1596-1631} figura de primer orden en el inicial naturalismo madrileño, tanto en los cuadros de natu-
raleza muerta, género en el que es sin duda uno de los maestros fundamentales, como
en la pintura de composición, en la cual (lienzos del convento de la Encarnación de
Madrid) ha dejado algunos interesantes ejemplares de precoz tenebrismo. Como bodego-
nista, se han señalado a veces relaciones dudosas o poco convincentes con las naturalezas
muertas flamencas, pero sus obras más maduras señalan el conocimiento y el estudio de
los ºbodegones de Sánchez Cotán y, en los de fecha más tardía, hay ya un seguro estudio
del mundo italiano postcaravaggiesco, probablemente a través de Crescenzi, en España
desde 1616, y de las obras de Bonzi, presentes en colecciones españolas..:.
Su importancia en la evolución del género debió ser muy grande. Hubo de tener un
amplio taller y consta que se hicieron abundantes copias de sus composiciones que ejer-
cieron, sin duda, profunda influencia en los artistas de las generaciones inmediatamente
postenores.
Hermano de un escritor, Lorenzo, mantuvo amistosas relaciones con hombres de letras,
especialmente con Lope de Vega, que le dedicó elogios poéticos en v~ias ocasiones.
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56 VELÁQUEZ, Diego Veláquez es, sin duda, el más grande de los pintores españoles y uno de los «dioses
[1599-1660} mayores» de toda la historia universal de la pintura. Nacido en Sevilla en 1599, su educa-
ción juvenil se realiza -tras un breve episodio en el taller de Herrera el Viejo- con
Francisco Pacheco, con cuya hija contrajo matrimonio. Excepcionalmente dotado, su
labor juvenil. en Sevilla, dedicada en buena parte al cuadro de género y al bodegón, repre-
senta uno de los puntos más altos de la pintura naturalista europea, bajo una indudable
influencia caravaggiesca.
En 1623 se instala en la Corte, provisto de cartas de presentación para el Conde Duque
de Olivares y otros nobles sevillanos y se inicia su larga carrera de honores que le lle-
varán a desempeñar en Palacio toda suerte de puestos, hasta culminar en el de Aposen-
tador Mayor de Palacio, y Caballero de Santiago.
Excepcional retratista, su labor se centra en esos aspectos, pero cultiva a la vez el lienzo
mitológico, el histórico y, en ocasiones, el religioso.
Su técnica evoluciona prodigiosamente en contacto con la pintura veneciana de las colec-
ciones reales y sus viajes a Italia concluyen por configurar su personalísimo estilo de
maravillosa perfección, hecho de casi impalpables pinceladas, donde la ligereza de toque
veneciana y su portentoso sentido de la luz y el aire consiguen la realidad a través de
los reflejos de las superficies iluminadas adelantando algo de lo que luego sería el impre-
s10msmo.
Murió en Madrid, en 1660, y su huella fue definitiva en la historia de la pintura, tanto
en su siglo como - y sobre todo- en el XIX.
121-12 3 VICTORIA, Vicente Nacido en Denia (Alicante) de padre italiano, estudió Gramática, Teología y Filosofía en
[1650-1713} Valencia, a la par que se inició en la pintura. D espués de 1679 pasó a Roma, donde fu e
discípulo de Carlo Maratta y llegó a obtener cierta fama y prestigio entre pintores y
eruditos.
Regresó a Valencia en 1688, pintando importantes obras al fresco y en lienzo, en su
mayor parte perdidas, y obteniendo una canongía en la Colegiata de Xátiva. Hacia 1700
volvió a Roma, donde falleció en 1713. En sus últimos años romanos, formó parte de la
Academia de los Arcades, publicó alguna obra de signo erudito y polémico, frecuentó
la amistad de hombres de letras y reunió una importante colección de dibujos de los que
han sobrevivido algunos volúmenes. Escribió también una importante obra sobre la historia
de la pintura que permaneció inédita.
Según sus biógrafos, una de sus habilidades era la de pintar trampantojos con suma maes-
tría. Palomino refiere «una tabla fingida en un lienzo, sobre el cual pendían algunos papeles,
dibujos y otras baratijas, que yo confieso con ingenuidad que me engañé. Como también
un trozo de librería fingido para llenar un vacío de la que tenía, muy selecta, que yo, no
hallando diferencia entre la fingida y la verdadera, pues una y otra estaban tocadas de una
misma luz y con un mismo relieve, la juzgué toda una». O rellana recuerda también un ama
o Dueña sentada y cosiendo, colocada como antipara en un recibidor «que se llevó muchas
salutaciones y preguntas de si el amo estaba en casa». Y en 1795, en Cádiz, O'Cruley
poseía «un lienzo apaisado con un estante de Armas, tambor, clarín, Bandera, etc. obra
de Victoria que guarda más bien el claro y oscuro, de suerte que todo parece natural».
Por todo ello, parece no demasiado arriesgado atribuirle obras de este carácter y período .
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136-138 VILA DOIVIA T, Antonio Nacido en Barcelona, es Viladomat la figura más significativa de la pintura catalana en
[1678-1755} las postrimerías del siglo XVII y en toda la primera mitad del XVIII, ya que vivió hasta
1755, falleciendo en Barcelona.
Su actividad, extensa, se centró sobre todo en la pintura religiosa, viniendo a ser un tardío
representante del barroco tradicional, con amplias series monásticas (Vida de San Francisco,
en el Museo de Barcelona) o evangélicas (Capilla y Cofradía de los Dolores, en Santa
María de Mataró), en las que, como es lógico, se desliza algo de las novedades del tiempo.
Como pintor profano, se conservan algunas interesantes alegorías (las Cuatro Estaciones
del Museo de Barcelona, concebidas como paisajes con escenas de género) y ciertos bode-
gones de intenso carácter realista e iluminación contrastada, que algo se relacionan con
la pintura napolitana inmediatamente anterior.
57-58 ZUREA RÁN, Francisco Nacido en Fuentedecantos (Badajoz), se educó en Sevilla con un Pedro Díaz de Villa-
[1598-1664} nueva, por hoy, desconocido, pero tuvo que conocer también a Pacheco, y anudar en su
casa su juvenil amistad con Velázquez. Tras larga estancia en Llerena, en 1629 se esta-
blece en Sevilla, para donde, desde 1626, había recibido importantes encargos, pero donde
surgen agrios incidentes con el gremio de pintores capitaneados por Cano. En 1634 hace
j ali. de<J!,r Íaran un viaje a Madrid, invitado sin duda por Velázquez, para participar en la decoración del
Buen Retiro. De regreso a Sevilla y enriquecido su caudal artístico con lo visto en Madrid,
comienza sus obras más importantes y de mayor calidad, especialmente los conjuntos de
Guadalupe y la Cartuja de Jerez. A partir de 1645, cuando se inicia la curva ascendente
59 Z UREA RÁN, juan de Hijo del primer matrimonio de Francisco, nació en 1620 en Llerena. Trasladado a Sevilla
[1 620-1649} con su padre, se educó con él y es de suponer que colaborase ampliamente en el taller
paterno, hasta su propia boda en 1641. En 1644, en ocasión del tercer matrimonio de
su padre, se declara como «pintor», lo que indica seguramente que tenía ya taller inde-
pendiente. Murió en la epidemia de peste de 1649:
La personalidad artística de Juan de Zurbarán resulta sumamente problemática por la
escasez de datos y obras seguras y por la previsible fidelidad a los esquemas paternos.
Sus dos únicas obras firmadas con precisión son dos bodegones. Uno, un plato con uvas,
de colección particular en Burdeos, está fechado en 1639. Otro, bodegón de cocina, del
Museo de Kiev, lo está en 1640. Ambos dependen de los modos de Francisco, aunque sin
su rotunda precisión y su misterioso aislamiento. La composición del bodegón de Kiev
tiende a una multiplicidad de elementos que nunca se ordenan con la claridad y simetría
del padre. La herencia de Van der Hamen, se advierte con claridad y debe pensarse que
todas las obras que se le atribuyen corresponden a los últimos años de su corta vida.
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229
EXPOSICIONES
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Sala Parés, mayo, 1947.
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PAU, 1876 Catalogué Abregué des Tableaux Exposés dans le salons de l'ancien asile de Pou aportenant aux heritiers
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Museo de Murillo.
SEVILLA , 1973 Caravaggio y el naturalismo español. Sevilla. Sala de Armas de los Reales Alcazáres.
TOKIO, 1976-77 Exposición de Pintura Española desde el Renacimiento hasta nuestros días. Tokio, Hyogo y Kitayushu.
VALLADOLID, 1979 Exposición conmemorativa del 111 centenario de la muerte del pintor Antonio de Pereda (1611-1678).
232
ÍNDICE DE PRESTADORES
Relación de personas y entidades que han hecho posible esta Exposición con la generosa
cesión de obras de su propiedad o de las que son depositarias:
Xavier Vila
JAÉN Museo
Banco de España
JOSÉ RAMÓN ÁLVAREZ RENDUELES. Gob,mador
233
MADRID J. María Barraca Sipán
Marqués de Deleitosa
Alfonso Fierro
Marqués de Legarda
Rosend o Naseiro
Palacio Arzobispal
CA RLOS AM IGO BADEJO. Arzobispo
234
ÍN DICE
5 PALABR AS PRELIM IN AR ES
7 PR ESENT ACIÓN
COMISARIO DE LA EXPOSICIÓN
Alfonso E. Pérez Sánchez
SECRETARIA
Dolores Muruzábal
Felicitas Martínez
TRÍPTICO INFORMATIVO
Fernando Sanz Vega
TRANSPORTES
Mapa, S.A.
REALIZACIÓN Y MONTAJE
Macarrón, S. A.