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Consagración a San José: Crecimiento Espiritual

Este documento habla sobre la devoción a San José y los beneficios de consagrarse a él. Explica que al consagrarse a San José, una persona puede crecer espiritualmente y acercarse más a Jesús y María, al igual que José los cuidó y protegió. También presenta una oración llamada la Letanía de San José, la cual prepara a una persona para la consagración a San José enseñándole sobre sus virtudes.

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Consagración a San José: Crecimiento Espiritual

Este documento habla sobre la devoción a San José y los beneficios de consagrarse a él. Explica que al consagrarse a San José, una persona puede crecer espiritualmente y acercarse más a Jesús y María, al igual que José los cuidó y protegió. También presenta una oración llamada la Letanía de San José, la cual prepara a una persona para la consagración a San José enseñándole sobre sus virtudes.

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1

La devoción a San José es una de las gracias más selectas


que Dios pueda darle a un alma, ya que es equiparable a revelar
todo el tesoro de las gracias de Nuestro Señor. Cuando Dios desea
elevar a un alma a mayores alturas, la une a San José concediéndole
tener un amor mucho más fuerte por el buen santo.
~ San Pedro Julián Eymard

2
CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ

LAS MARAVILLAS DE
NUESTRO PADRE ESPIRITUAL

Por Donald H. Calloway, MIC

3
DÍA 1
¿Por qué consagrarse a San José?
Cuando Dios desea elevar a un alma a mayores alturas, la une a San José dándole un gran amor por
el buen santo.1
— San Pedro Julián Eymard

¿Q uieres ascender a mayores alturas en la vida espiritual? La consagración a


San José lo logrará.
Muchos cristianos se han consagrado a la Santísima Virgen María para unirse
más a Jesús. Sin duda, la consagración a María es una de las mejores cosas que
puedes hacer por tu vida espiritual. Lo esencial de la consagración mariana es
que te ayuda a convertirte en “otra María” para Jesús; es decir, en una compañía
fiel, amorosa y confiable del Salvador. La consagración a San José tiene un
efecto similar.
LA CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A CONVERTIRTE EN “OTRO JOSÉ”
PARA JESÚS Y MARÍA. Es decir, cuando te entregas totalmente a San José, ¡te
conviertes en una compañía fiel, amorosa y confiable de Jesús y María!
En el Nuevo Testamento leemos que “Jesús iba creciendo en sabiduría, en
estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.” (Lc 2,52) bajo el atento
cuidado de sus padres. Ese “crecimiento” puede también sucederte si te
encomiendas al cuidado paternal de San José. San Bernardo de Claraval explica
en qué consiste esto:
Quién y qué clase de hombre fue este bendito José, que por su nombre se puede deducir que —
excepcionalmente — mereció ser tan honrado que se lo reconoció y llamó el padre de Dios. Esto se
puede inferir de su propio nombre cuyo significado es “el que hace crecer.”2

San José es, pues, “el que hace crecer.” No sólo te ama paternalmente, sino
que tiene el poder de hacer crecer la presencia de Dios en tu vida y elevarte a
mayores alturas en tu vida espiritual. Durante siglos, este “secreto” de San José
estuvo oculto, aunque los Santos, los místicos y un puñado de Papas lo sabían.
Ahora te toca a ti descubrirlo.
¡AHORA ES EL TIEMPO DE SAN JOSÉ! La Iglesia y el mundo tienen una gran
necesidad de San José. Lo necesitamos para que nos ayude a regresar al amor de
Jesús y para llevar una vida llena de virtudes. Asimismo, necesitamos
desesperadamente la protección de San José. La familia — que es el fundamento

4
de la sociedad — se encuentra bajo ataque. La familia de Dios — la Iglesia
Católica — también sufre ataques violentos del mundo, de la carne, del demonio
y de algunos de sus propios hijos. Necesitamos que San José nos proteja. Él es
nuestro amoroso y misericordioso padre espiritual; un hombre santo, fuerte y
siempre dispuesto a ayudar. San José está unido eternamente a Jesús, a María y a
la Iglesia. Así como protegió a la Sagrada Familia, nos protegerá a nosotros
siempre que nos encomendemos a su corazón paternal y a sus cuidados
espirituales.
SAN JOSÉ ES TU PADRE ESPIRITUAL. Todos los hijos se parecen a sus padres, y si
tú eres hijo(a) de San José, tienes que parecerte a él, especialmente por la
imitación de sus virtudes y por su fidelidad a Jesús y María. San José cumple un
rol vital (dador de vida) en nuestro crecimiento espiritual y nuestro bienestar.
Ésta es la escencia de la consagración a San José. El Beato Guillermo José
Chaminade lo explica muy bien. Afirma:
San José no fue un instrumento pasivo en la gran obra de nuestra salvación; cumplió un rol muy
activo, y por este motivo fue parte de los consejos misericordiosos de la Sabiduría Encarnada. 3

El amor misericordioso de Dios te dio a San José para que sea tu padre
espiritual. ¿Estás listo para ascender a mayores alturas en la vida espiritual?
¿Estás preparado para acercarte más a Jesús y María, para vivir y crecer en la
virtud? Entonces, ¡a buscar a José!
Nos vamos a consagrar a San José. Pondremos a sus pies todo lo que somos y todo lo que tenemos.4
— San Pedro Julián Eymard

Rezar el Veni, Sancte Spiritus Pág. 208


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

5
DÍA 2
La Letanía de San José
Conociendo por experiencia propia la increíble influencia que tiene San José con Dios, quisiera
persuadirlos a todos de honrarlo con particular devoción. Siempre he visto que aquellos que lo
honran de manera especial progresan grandemente en la virtud, porque este protector celestial
favorece de una manera sorprendente el avance espiritual de las almas que se encomiendan a él. 1
— Santa Teresa de Ávila

Q uizás hayas escuchado hablar de San Maximiliano Kolbe, el heroico


sacerdote que dio su vida por otro prisionero en el campo de concentración
de Auschwitz. San Maximiliano era un ferviente promotor de Nuestra Señora y
de la consagración mariana. Fundó el Ejército de la Inmaculada en 1917 para
difundir la devoción a Nuestra Señora por todo el mundo; pero, ¿has oído hablar
del Padre Joseph Kentenich, otro gran promotor de la devoción a Nuestra
Señora?
En 1941, el Padre Kentenich fue arrestado por la Gestapo y puesto en prisión
en Alemania. Por razones médicas, los nazis no tenían la intención de enviarlo a
un campo de concentración. Sin embargo, con fervor hacia Nuestra Señora, el
Padre Kentenich pidió que se le enviara a un campo de concentración en Dachau.
Quería ofrecer su sufrimiento por el movimiento mariano que había iniciado en
1914, llamado Schoenstatt. Fundó el Movimiento de Schoenstatt con el objeto de
enseñarle a la gente las virtudes de Nuestra Señora y transformar el mundo
mediante la consagración mariana. El Padre Kentenich pasó tres años en Dachau.
El método de consagración mariana del Padre Kentenich es conocido como la
“Alianza de Amor.” Creía que una alianza de amor con María transformaría al
mundo haciendo que los miembros de Schoenstatt fuesen “apariciones de
María.” No apariciones literales por supuesto, sino que, imitando las virtudes de
María, los miembros de Schoenstatt se convertirían en reflejos de María,
“apariciones” de Nuestra Señora en el mundo. ¡La Iglesia y el mundo necesitan
esas apariciones!
La Iglesia y el mundo también necesitan “apariciones” de San José: hombres y
mujeres que irradien las virtudes de San José, especialmente su amor fiel de esposo
y padre. En un mundo plagado con ideología de género y confusión sobre el
matrimonio y la familia, las reflexiones sobre María y San José son muy
necesarias. La Consagración a San José y la imitación de sus virtudes harán que
eso sea posible.
6
LA LETANÍA DE SAN JOSÉ TE PREPARARÁ PARA UNA CONSAGRACIÓN TOTAL A TU PADRE
ESPIRITUAL Y TE ENSEÑARÁ CÓMO IMITAR SUS VIRTUDES. La Letanía se remonta al
menos al siglo XVI y ha sido rezada por incontables santos. La versión que vas a
rezar fue aprobada con indulgencia por el Santo Papa Pío X en 1909. A través de
la Letanía de San José aprenderás las virtudes y maravillas de tu padre espiritual
para que puedas convertirte en una “aparición de San José” en el mundo.
Me refugio en tus brazos [San José], para que tú me guíes por la senda de la virtud. 2
— San Clemente María Hofbauer

SAN JOSÉ ES MODELO PARA AMAR A JESÚS, A MARÍA, Y A LAS ALMAS.


Los
modelos están para ser emulados. Imitando las virtudes de San José, podrás
asemejarte a tu modelo y causar un gran impacto en el mundo. Las virtudes de
San José se convertirán en tus virtudes para que puedas llegar a ser “otro José.”
Sus eminentes virtudes [de San José] constituyen su mérito y se convierte de ese modo en nuestro
modelo.3
— Beato Guillermo José Chaminade

San José es nuestro guía y modelo. Porque nuestra vocación es como la suya, debemos vivir su
vida, practicar sus virtudes, y asimilar su espíritu. 4
— San Pedro Julián Eymard

Amemos a Jesús por sobre todas las cosas. Amemos a María como nuestra Madre, pero también,
¿cómo podríamos no amar a José que estuvo tan íntimamente unido a Jesús y a María? ¿Y cómo
podríamos honrarlo de mejor manera que imitando sus virtudes? Ahora bien; ¿qué más hizo durante
toda su vida sino contemplar, estudiar, y adorar a Jesús, incluso en medio de sus labores cotidianas?
Vean, pues, a nuestro modelo.5
— Santa Magdalena Sofía Barat

Rezar la Letanía de San José Pág. 205


Rezar el Memorare a San José Pág. 208

7
DÍA 3
Dios, Padre celestial
Ten misericordia de nosotros
Nuestro Padre celestial ha tenido sólo un santo para representarlo en la tierra. Por ello, a ese santo
favorecido le concedió todo lo posible, y lo equipó con todo lo que necesitaba para ser su digno
representante.1
— San Pedro Julián Eymard

D ios Padre te ama. Es tanto el amor que te tiene, que envió a su Hijo al
mundo para salvarte. Pero salvarte no es el único propósito por el que
envió a su Hijo. Lo envió para salvarte y, además, hacerte hijo(a) de Dios. A
través de Jesús puedes tener una relación filial con Dios Padre. A través de Jesús
puedes clamar “¡Abba, Padre!”
La razón por la que fuimos creados es para ser hijos de Dios; es el propósito
mismo de nuestra existencia, y hay un solo camino para llegar al Padre:
Jesucristo (ver Jn 14, 6). Sólo Jesús tiene el poder de llevarnos al Padre. Sin
embargo, en el amor misericordioso de Dios, San José juega un rol muy
importante en nuestro crecimiento espiritual y camino hacia el Padre.
LA CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ INCREMENTARÁ LA PRESENCIA DEL PADRE EN TU
VIDA. Conocemos esta verdad por la vida del mismo Jesús. Cuando el Padre
celestial envió a su Hijo al mundo para salvarnos y hacernos sus hijos, eligió a
un santo para que lo representara en la tierra: San José. Al vivir bajo el techo de
San José y ser su Hijo, Jesús nos dio un ejemplo personal de confianza en San
José. Jesús amó, obedeció e imitó a su padre terreno. San José es el único hombre
a quien Jesús llamó padre; Jesús se deleitaba con saberse “hijo de José” (ver Jn
6, 42). Nosotros también debemos sentirnos honrados de ser sus hijos. Si,
conforme a los planes del Padre, Jesús necesitaba de San José, ¡cuánto más
habremos de necesitarlo nosotros!
LA PATERNIDAD DE SAN JOSÉ INCREMENTÓ LA PRESENCIA DEL PADRE CELESTIAL
EN LA VIDA DE JESÚS. Claramente sabemos que San José no es Dios. No puede
añadir nada a la comunión divina y eterna entre Dios Padre y Dios Hijo, tampoco
puede aumentar el poder de Jesús, como Persona divina, de contemplar
eternamente al Padre Celestial en su presencia. Más bien, San José fue elegido
para ocupar el lugar del Padre Celestial en lo que atañe a las exigencias de la

8
naturaleza humana de Jesús.
Dios Padre no tiene una naturaleza humana. Cada vez que Jesús miraba a San
José, lo escuchaba hablar, lo observaba en su trabajo, o era testigo de su casto
amor por María, su humanidad presenciaba un reflejo perfecto del Padre
celestial.
Dios eligió a José para ser su más tangible imagen en la tierra, el depositario de todos los derechos
de su paternidad divina, el esposo de esa noble Virgen que es Señora de los Ángeles y de los
hombres.2
— Beato Guillermo José Chaminade

LO QUE HIZO EL PADRE CELESTIAL POR JESÚS, TAMBIÉN LO QUIERE HACER POR
TI. Dios Padre quiere que te confíes al cuidado paternal y amoroso de San José,
de una manera semejante como Él le encomendó a San José la naturaleza
humana de Jesús. Dios planeó estos encargos, tanto el de Jesús a San José, como
el de los miembros de la Iglesia a San José, desde toda la eternidad; no se
hicieron fortuitamente. San José es la sombra del Padre celestial. Para Jesús, fue
la imagen y el reflejo del Padre. Dios Padre también quiere que aceptes a San
José como tu padre espiritual. Jesús es el único en quien vemos la más perfecta
imagen de la misericordia y el amor de su Padre celestial (tal como Él lo dijo:
“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” [Jn 14,9]), pero Jesús también quiere
compartir con nosotros quien fue para él la imagen terrena de su Padre celestial.
Este hombre santo [San José] tuvo tan alta dignidad y gloria, que el Padre Eterno muy
generosamente le otorgó semejanza de su propia supremacía. 3
— San Bernardino de Siena

Leer “Nuestro Padre Espiritual” Pág. 74


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

9
DÍA 4
Dios Hijo, Redentor del Mundo
Ten misericordia de nosotros
El santo ejemplo de Jesucristo que mientras estuvo en la tierra honró altamente a San José
obedeciéndole durante toda su vida, debería ser suficiente para inflamar todos los corazones de
devoción a este santo.1
— San Alfonso María de Ligorio

familiarizado con la frase “A Jesús por María?”. Es una maravillosa


¿E stás
expresión de devoción acuñada a principios del siglo XVIII por San Luis
de Montfort. En su libro Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima
Virgen María, este santo enseña que María es el camino más seguro, más fácil y
rápido de ir a Jesús. Para grabar este mensaje en los corazones de los fieles, San
Luis promovió fervientemente el Rosario y la consagración mariana. Pero es
interesante hacer notar que, en todos los escritos de San Luis, sólo menciona un
par de veces a San José. ¿Por qué? ¿Acaso no amaba a San José? Por supuesto
que sí, y lo amaba mucho. Todos los santos han amado a San José, pero la razón
por la cual no ofreció ninguna enseñanza significativa sobre San José fue que la
Iglesia todavía no había desarrollado una teología sobre él.
La comprensión sobre la grandeza de San José no comenzó a florecer en la
vida devocional de la Iglesia sino hasta mediados del siglo XIX, 100 años
después de San Luis de Montfort, pero si este gran santo estuviese hoy en día
predicando en las calles de Francia, seguramente se le escucharía exaltar las
maravillas de San José, y quizás incluso añadiría a San José en su famosa frase,
diciendo: “¡A Jesús por María y José!” Jesús quiere que conozcas y ames a su
madre y a su padre.
María y José forman la imagen más fiel de Jesús; y por esta razón puedo formular el camino más
corto a la santidad: “Para mí, la vida es Jesús, es María y es José.”2
— Venerable François Xavier Nguyễn Văn Thuận

Los dos santos más grandes de la cristiandad son María y José. La


consagración a San José se sigue naturalmente de la consagración bautismal a
Jesucristo y de la consagración filial a María. Ciertamente, la consagración a San
José, tu padre espiritual, ¡permite que tu vida esté consagrada a cada persona de
la Sagrada Familia!
En nuestros días, el matrimonio y la familia están bajo ataque. Jesús y María

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quieren que te consagres a San José porque no hay padre o esposo que sepa más
que él sobre la sacralidad del matrimonio y la familia, o sobre el sacrificio
amoroso que se requiere de los padres y esposos. Su misión paternal continúa
desde el cielo. Él es nuestro guardián, protector y valiente defensor. Él es el
modelo de la santa paternidad. Después de Cristo, San José es el modelo de la
masculinidad heroica y el defensor del matrimonio, de la castidad y de la vida
misma. La consagración a San José es la clave para superar la confusión
antropológica tan común de nuestros tiempos. Bajo los atentos y amorosos
cuidados de San José, ¡todas las ideologías y los ídolos se harán pedazos y se
derrumbarán ante Jesucristo!
Cuánto te alegraste [San José] de tener siempre cerca de ti a Dios mismo, y ver cómo los ídolos de
los egipcios caían postrados al suelo ante Él. 3
— Beato Gennaro María Sarnelli

LA CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ ¡AUMENTARÁ TU AMOR POR JESÚS! Toda la vida y


misión de San José apunta hacia Jesús; San José jamás se señala a sí mismo. Su
papel es conducir a todos hacia Jesús, así como lo hace María, quien fue
predestinada para ser la Inmaculada Madre del Salvador. San José fue
predestinado para ser el padre terreno del Salvador y tu padre espiritual, a quien
se le han concedido todas las gracias necesarias para llevar a cabo su misión, una
misión que tiene el propósito de intensificar tu relación con Jesús.
José cargó a Jesucristo primero a Egipto, y después a Judea, trazando así para nosotros el camino de
los apóstoles que predicaron su nombre a los judíos y a los gentiles.4
— San Hilario de Poitiers

San José fue el custodio de Jesús y de María, y naturalmente, también ayudó a que las almas que
anhelaban unirse más a ellos pudieran hacerlo. 5
— Beato Jean Joseph Lataste

Leer “Privilegio de la devoción a San José” Pág. 82


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 5
Dios Espíritu Santo,
Ten misericordia de nosotros
¡Qué grandiosa su unión [de San José] con Dios, qué sublime su don de oración, qué maravillosa la
dirección del Espíritu Santo!1
— Beato Guillermo José Chaminade

E l Espíritu santo quiere que conozcas y ames a San José. Con excepción de la
de Nuestra Señora, el Espíritu Santo estuvo más activo en la vida de San
José que en la de cualquier otro santo. El padre terreno de Jesús jamás hizo nada
sin buscar la dirección del Espíritu Santo. La docilidad de San José al Espíritu
Santo hizo posible que se pudiera comunicar con Dios ¡incluso mientras dormía!
SAN JOSÉ ESPÍRITU SANTO PARA QUE PUEDAS SER
QUIERE QUE SEAS DÓCIL AL
CONDUCIDO POR LOS CAMINOS DE LA SANTIDAD. ¿Y qué es la santidad? ¿Es acaso
una cima espiritual inalcanzable para nosotros? No, de ninguna manera. La
santidad es una íntima y amorosa comunión con Dios. Más específicamente, la
santidad es observar los dos grandes mandamientos de amar a Dios y al prójimo
evitando el pecado, llevando una vida virtuosa, permaneciendo en estado de
gracia, pero nada de eso es posible sin la ayuda del Espíritu Santo.
Donde San José esté presente, allí estará el Espíritu Santo, y él mismo te diría
que si quieres estar lleno del Espíritu Santo, hay una sola cosa que es
absolutamente necesaria: la oración. Sin la oración jamás podrás tener intimidad
con Dios. Sin la oración, no podrás seguir la dirección del Espíritu Santo.
Para ser santo necesitas imitar a San José. Necesitas mantener un corazón
ardiente de amor por Dios y por el prójimo a través del compromiso de una vida
interior devota. No entres en pánico después de leer esto. No tienes que
convertirte en monje o monja ya que todos estamos llamados a la santidad. Sin
embargo, no importando cuál sea tu vocación en la vida, la santidad sólo la
adquieren los que oran, los que llevan una vida interior activa, enardecida de
amor, sostenida por los Sacramentos, y los que practican una vida de oración y
caridad.
SAN JOSÉ ES UN MODELO DE VIDA INTERIOR PARA TODOS SUS HIJOS.
San José no
fue sacerdote y, sin embargo, es más santo que todos los sacerdotes, incluyendo
al santo Patrono de los sacerdotes parroquiales, San Juan María Vianney.

12
Después de Jesús y de María, San José es la persona más santa, devota y virtuosa
que jamás haya vivido. Evitó cualquier cosa que pudiese disgustar al Espíritu
Santo. ¿Cómo lo hizo? Con la oración. A través de la oración, San José ejercitó
perfectamente las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, así como las
virtudes morales de la prudencia, la templanza, la justicia y la fortaleza.
Consideren que San José llevó una vida totalmente interior y escondida en Dios, tan poco conocida
por el mundo, que sólo unos cuantos escritores santos lo mencionan en algunos lugares, y de su
muerte no dan ninguna información. La suya fue una vida de oración, trabajo silencioso y constante
sacrificio, pero al mismo tiempo, una vida radiante con el esplendor de todas las virtudes.2
— San José Sebastián Pelczar

Jamás ha habido nadie que se parezca a San José, y jamás lo habrá. Sin
embargo, tú puedes ser “otro José” en el mundo. Puedes convertirte en una
“aparición” de José para los demás. Si imitas la dedicación de San José a la
oración y la vida interior, podrás asemejarte a tu padre espiritual.
LA CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ HARÁ QUE CREZCA LA PRESENCIA DEL ESPÍRITU
SANTO EN TU VIDA. A través de la consagración a San José, el Espíritu Santo
reconocerá a San José en ti y derramará gracias extraordinarias en tu corazón, tu
mente y tu alma. ¡Puedes alcanzar la santidad! Pídele al Espíritu Santo que te
convierta en “otro José.” Pídele al Espíritu Santo que te colme de gracias
semejantes a las que se le otorgaron al corazón paternal de San José.
Las almas más sensibles a los impulsos del amor divino han identificado con toda certeza en José
un brillante ejemplo de la vida interior. 3
— San Juan Pablo II

Leer “Los dones del Espíritu Santo” Pág. 85


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

13
DÍA 6
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Ten misericordia de nosotros
Él [San José], es cabeza de la Sagrada Familia, padre de la trinidad terrena que es muy parecida a la
Santísima Trinidad celestial.1

— San Pedro Julián Eymard

L a Santísima Trinidad es una familia, una familia santa que desea que tú seas
miembro de ella. Para hacer esto posible, ha establecido una réplica trinitaria
en la tierra — una trinidad terrena. La trinidad en la tierra está formada por
Jesús, María y San José. En cierto sentido, ellos son la primera iglesia.
Pertenecer a esta familia te preparará para participar de la familia eterna de Dios
en el cielo.
SAN JOSÉ ES EL PADRE DE LA TRINIDAD TERRENA. Muchos santos han comparado
la trinidad terrena (Jesús, María y José) con la Trinidad celestial (Padre, Hijo y
Espíritu Santo). Por supuesto que la comparación tiene sus limitaciones: María y
José no son divinos, y el Espíritu Santo no es una madre. Sin embargo, la
comparación es importante porque nos enseña algo sobre la familia trinitaria de
Dios. San Francisco de Sales nos ofrece una gran reflexión sobre este tema.
Escribió:
No hay duda de que San José fue revestido con todos los dones y gracias necesarias para el cargo
que el Padre Eterno quiso encomendarle con respecto a todas las necesidades domésticas y
temporales de Nuestro Señor y la dirección de su familia formada sólo por tres personas que
representan para nosotros el misterio de la adorable Santísima Trinidad. No es que haya una
verdadera comparación a este respecto, excepto en relación a Nuestro Señor quien es una de las
Personas de la Santísima Trinidad porque los otros eran creaturas; con todo, podemos seguir
afirmando que fue una trinidad terrena que representaba de alguna manera a la Santísima Trinidad.2

En esta afirmación, San Francisco de Sales nos enseña una verdad muy
importante articulando hermosamente que la trinidad de Nazaret (Jesús, María y
José) representa la Trinidad celestial (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y que, por lo
tanto, se compone sólo de tres personas. En otras palabras, Jesús no tuvo ni
hermanos ni hermanas biológicas, y esto es lo que la Iglesia Católica siempre ha
enseñado; pero la Iglesia también ha enseñado siempre que la Trinidad celestial
y la trinidad terrena desean que seas miembro de su familia ¡a través de la
adopción!

14
Hay que aclarar, sin embargo, que jamás serás una persona divina. Tú y yo no
somos Dios y jamás lo seremos, pero Dios quiere atraernos hacia su vida familiar
trinitaria y divina mediante la adopción espiritual, lo cual sucede cuando somos
bautizados. Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia,
quedamos insertados en la familia terrena de Dios, la Sagrada Familia, y esta
participación nos prepara para pertenecer a la Sagrada Familia celestial.
SI QUIERES SER MIEMBRO DE LA FAMILIA TRINITARIA CELESTIAL, TIENES QUE SER
HIJO(A) DE SAN JOSÉ EN LA TIERRA . San José, tu padre espiritual, te ayudará a
convertirte en un verdadero hijo del Padre celestial. San José te enseñará a amar,
a rezar, a hacer sacrificios y a trabajar. Te enseñará a hacer la voluntad de Dios.
El camino al cielo se construye con virtudes, y San José te dará un ejemplo
paternal de santidad. Con su santa asistencia, tu transición a la Trinidad celestial
será fácil. Pertenecer a la familia de Nazaret — aceptando a San José como tu
padre, a María como tu madre, y a Jesús como tu Hermano — es la forma más
segura, fácil y rápida de pertenecer a la familia trinitaria celestial.
Qué honor fue [para San José] entrar en una alianza con la familia del Padre celestial, convertirse en
la tercera persona de la trinidad creada.3
— Beato Guillermo José Chaminade

Leer “Oratorio de San José” Pág. 87


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

15
DÍA 7
Santa María
Ruega por nosotros
Todos los cristianos pertenecen a San José porque Jesús y María le pertenecieron. 1
— San Leonardo de Puerto Mauricio

P erteneces a Jesús. Él quiere que crezcas en virtud y santidad; es decir, en


verdadero amor a Dios y al prójimo. Para que eso sea posible, debes imitar a
Jesús, particularmente en su total abandono a María y San José.
Jesús no se ofende cuando la gente se encomienda a María y José. ¿Cómo
podría hacerlo, si Él fue el primero en poner toda su confianza en ellos? Él, más
que nadie, quiere que ames a María y San José. Quiere que los ames y te
asemejes a ellos.
Qué hermano se sentiría ofendido si sus hermanos menores expresaran
reverencia hacia su madre y padre? ¿Qué hombre se sentiría ofendido si otra
persona escribiera una canción sobre su madre o pusiera rosas a sus pies?
Asimismo, ¿qué hijo se sentiría perturbado si alguien alabara las virtudes de su
padre? Si ese alguien honra a su padre, no sería condenado por el hijo de éste, al
contrario, sería reconocido y recibiría grandes favores del hijo. Bueno, eso es
exactamente lo que Jesús hará por aquellos que honren a María y a San José;
Jesús les dará todo. ¡Jesús está listo para darte todo!
Ahora bien; si un hijo está dispuesto a recompensar a la persona que honra a
su madre y a su padre, ¿qué clase de recompensa daría un esposo a quien honre a
su esposa? Lo único que tenemos que hacer es mirar a San José y descubrirlo.
San José vaciará el tesoro del cielo para aquellos que honren a María, ¡su esposa!
SAN JOSÉ BENDECIRÁ EN ABUNDANCIA A LOS QUE AMEN Y HONREN A MARÍA. La
Virgen María es la esposa de San José, su reina y la delicia de su corazón. Ella
era la única mujer que podía satisfacer su casto corazón. Así como Adán no
podía sentirse pleno hasta tener una creatura similar a él mismo (Eva), José se
sintió en paz solamente después de haber hallado a María. Cuando tomó la mano
de María en matrimonio, se consagró a ella y prometió atesorar su femineidad,
especialmente su bendita virginidad. Él fue su amado proveedor, protector y
siervo. San José desea fervientemente que ella sea honrada y amada por todos.

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SAN JOSÉ HARÁ QUE CREZCA TU AMOR POR LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. San
José ama tanto a María, que quiere que todos reconozcan su belleza. ¿Qué esposo
no querría esto para su esposa? ¿Acaso no desean todos los esposos que sus
esposas sea amadas y honradas por los demás? ¿Qué esposo no haría todo lo que
está en su poder para que crezca la reverencia debida a su esposa? Si tú permites
que San José aumente tu amor por su Reina, él vaciará los tesoros del cielo para
ti. ¡Él tiene acceso a todos los tesoros del cielo!
¡LA CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ TE CONVERTIRÁ EN UN CABALLERO DE LA SANTA
REINA! San José sabe que por María vale la pena vivir, luchar y morir. Ella es la
Reina del cielo, y luchar por ella es luchar por el Rey. San José, el más valiente
de todos los caballeros, sabe que el camino más seguro, fácil y rápido para llegar
al Rey es a través de la Reina. Su misión es revelar esta verdad a las almas.
Por su parte, María tiene plena confianza en el amor respetuoso de San José,
su caballero, en quien confía totalmente. San José también te enseñará cómo ser
un caballero de la santa Reina, haciéndote capaz de conquistar los corazones
para el Reino de los Cielos.
Un siervo de María tendrá una tierna devoción a San José, y mediante su piadoso homenaje de
respeto y amor, se esforzará en merecer la protección de este gran santo. 2
— Beato Guillermo José Chaminade

Oh mi querido padre San José, quiero amarte con el amor que María te tiene.3
— Beato Bartolo Longo

Leer “El Caballero Consagrado” Pág. 90


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 8
San José
Ruega por nosotros
Vemos que tanto al inicio del Nuevo Testamento como del Antiguo hay un matrimonio, pero
mientras que Adán y Eva fueron la ocasión del mal que sobrevino al mundo, José y María son el
pináculo desde el que se esparce la santidad sobre la tierra. El Salvador comenzó su obra de
salvación a través de esta virginal y santa unión. 1
— Santo Papa Pablo VI

E l matrimonio está en el centro de la creación y de la redención. Como lo


afirma el Santo Papa Pablo VI, Adán y Eva estaban presentes al comienzo
de la creación (Antiguo Testamento), mientras que José y María estuvieron
presentes al comienzo de la re-creación obrada por Dios (Nuevo Testamento).
Jesús mismo describe el reino de los cielos como una fiesta de bodas (ver Mt 22,
2).
La afirmación del Santo Papa Pablo VI citada anteriormente es
increíblemente profunda. En cierto sentido, él presenta la idea de que San José es
la cabeza de la familia de la nueva alianza, así como Adán fue la cabeza de la
familia de la primera alianza. Esta es una idea fascinante que ha sido
escasamente explorada en los estudios teológicos, porque normalmente cuando
pensamos en la nueva cabeza de la familia humana (el nuevo Adán), pensamos
en Jesús (ver 1 Cor 15, 45), y con justa razón; Jesús es Dios y sólo Él regenera a
la humanidad; sin embargo, como jefe de la Sagrada Familia, San José fue la
cabeza de nuestra Cabeza. Él es el padre de Nuestro Salvador, Patrono de la
Iglesia Universal y nuestro padre espiritual.
SAN JOSÉ ES UN NUEVO ADÁN. Después de Cristo, San José es la nueva cabeza
de la familia humana. Como tal, estamos obligados a obedecer el Cuarto
Mandamiento que nos dice: “Honrarás a tu padre y a tu madre” (Ex 20,12). El no
amar y honrar a San José es una ofensa contra Dios. De hecho, la paternidad de
San José es tan importante para nosotros, que nuestro crecimiento espiritual
depende de ello. Si Jesús mismo creció en sabiduría y conocimiento mediante la
paternidad de San José, necesitamos su paternidad para que nos ayude a adquirir
“el traje adecuado” y necesario para entrar en el banquete de la boda celestial
(ver Mt 22, 12).
SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A LLEGAR AL BANQUETE DE BODAS CELESTIAL. Ya que
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sabemos que San José nos ama y por eso nosotros también lo amamos y
honramos, podemos estar confiados de que nos ayudará a llegar al cielo. Lo más
grande que puede hacer un padre por sus hijos es ayudarlos a llegar al cielo.
Nuestro primer padre (Adán) arruinó esta posibilidad para todos sus hijos. La
desobediencia de nuestro primer padre causó la caída de toda la creación y nos
impidió la entrada al cielo. Por otro lado, la paternidad de San José nos elevará,
nos ayudará a santificarnos y, gracias a su gran amor, nos guiará por el único
camino que nos conducirá al cielo: Jesús.
SAN JOSÉ ES LA DELICIA DE LOS SANTOS. Todos los santos han amado a San José.
Sería improbable encontrar a algún santo que no haya amado a San José. Si bien
la devoción a San José se ha desarrollado lentamente con el correr del tiempo,
ningún santo lo ha menospreciado. Es imposible tener un verdadero amor a Dios
y al prójimo — es decir, ser santo — si se desprecia al esposo de María y padre
terreno de Jesucristo. Para entrar al cielo necesitas imitar el amor firme de tu
padre espiritual, y él te ayudará a adquirir el atuendo adecuado, que son las
virtudes y la santidad, ¡absolutamente necesarias para entrar en el banquete de
bodas celestial!
Esto es lo que dice la Escritura: El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente; el último
Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida. Pero no existió primero lo espiritual sino lo
puramente natural; lo espiritual viene después. El primer hombre procede de la tierra y es terrenal;
pero el segundo hombre procede del cielo. Los hombres terrenales serán como el hombre terrenal, y
los celestiales como el celestial. De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del
hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial.
— 1 Cor 15, 45-49

Leer “Delicia de los Santos” Pág. 93


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 9
Noble Retoño de David
Ruega por nosotros
Él [Dios] dispuso que José naciera de la familia real. Quería que fuera noble, incluso de nobleza
terrena; la sangre de David, de Salomón, y de todos los reyes de Judá fluye por sus venas.1
— San Pedro Julián Eymard

E n los Evangelios de Mateo y Lucas se nos dice que San José es del linaje de
los reyes davídicos. Los profetas del Antiguo Testamento siempre
enseñaron que el Mesías provendría del linaje davídico. Es muy probable que
María, nuestra Madre espiritual, también haya sido descendiente del Rey David,
pero sus ancestros no se mencionan en el Nuevo Testamento. Mateo y Lucas
presentan el linaje de José porque los ancestros davídicos del Mesías necesitaban
ser mostrados a través del linaje paterno. Por lo tanto, Mateo y Lucas enfatizan
que aun cuando Jesús no es el Hijo biológico de José, sí es su Hijo por ley y
como tal, Jesús tiene derecho a ser llamado descendiente del Rey David.
Los esponsales entre José y María son un episodio de gran importancia. José era del linaje real de
David, y al contraer matrimonio con María le confiere al hijo de la Virgen — al Hijo de Dios — el
título legal de “Hijo de David,” cumpliendo así las profecías.2
— Papa Benedicto XVI

SAN JOSÉ FUE REY DE LA SAGRADA FAMILIA. San José no fue rey de Nazaret, ni
de Israel ni nada por el estilo, sino rey de su casa como lo es cualquier hombre
de la suya. En la casa de Nazaret San José era el rey, María la reina y Jesús el
príncipe a la espera del Reino que su Padre Celestial había preparado para Él.
Por supuesto que Jesús es Rey de reyes y Señor de señores, pero el amor
providencial de Dios desea que reconozcamos el reinado de San José en la
Sagrada Familia. Jesús mismo nos dio un ejemplo de amor filial y reverencia que
le debemos a San José, nuestro padre espiritual.
SAN JOSÉ ES UN “SEÑOR” DE LA NOBLEZA. Con gran frecuencia no pocos santos
se han referido amorosamente a San José como a su “señor,” y Santa Teresa de
Ávila se distingue especialmente por ello. Sin embargo, al utilizar este término
ningún santo infiere ni remotamente que San José sea Dios, porque no lo es. Los
santos en ocasiones utilizan este término de “señor” refiriéndose a San José con
respeto, tal y como se dirige uno a dignatarios y gobernantes. Los santos se

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destacan por su piedad y expresan su relación filial con María y San José en un
lenguaje devocional. Por ejemplo, a María se le llama “Madonna” (que se deriva
del latín mea domina que significa “mi señora” y es la forma femenina de
“señor.”)
Ya que Dios ha querido obedecerte [San José], permíteme estar a tu servicio, honrarte y amarte
como a mi señor y maestro. 3
— San Alfonso María de Ligorio

Toda la Iglesia reconoce a San José como patrono y guardián. Durante siglos muchas características
de su vida han llamado la atención de los creyentes, y por eso ya desde hace muchos años me ha
complacido dirigirme afectuosamente a él como “nuestro padre y señor.”4
— San Josemaría Escrivá

Referirse a San José como “señor,” también tiene fundamentos bíblicos.


¿Recuerdan a José del Antiguo Testamento, aquél que fue vendido como esclavo
por sus hermanos? Bueno, sus hermanos terminaron llamándolo su “señor” (ver
Gen 44) cuando al volver a encontrarlo él salva a su familia de la hambruna. Para
nosotros, San José es más que un hermano; él es nuestro noble padre espiritual;
es nuestro amado padre espiritual y señor.
Noble San José, me alegra que Dios te haya hallado digno de realizar tan importante encargo,
porque al ser elegido como padre de Jesús, pudiste ver a Aquél cuyas órdenes el cielo y la tierra
obedecen sujetándose Él mismo a tu autoridad.5
— San Alfonso María de Ligorio

Leer “Hijo de David” Pág. 100


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DÍA 10
Luz de los Patriarcas
Ruega por nosotros
¡Cómo me encanta llamar a San José Patriarca de los cristianos y de los elegidos de Dios! ¿Cómo
podríamos no darle ese venerable título a quien de forma tan especial jugó un papel importantísimo
en los misterios de nuestra regeneración espiritual?1
— Beato Guillermo José Chaminade

a palabra “patriarca” significa padre. Lo que todos los patriarcas del


L Antiguo Testamento prefiguraron, y lo que todos los padres cristianos están
llamados a reflejar, es la luz paternal de Dios brillando a través de la paternidad
de San José. Después de Cristo, San José es el más grande de todos los
Patriarcas; ¡es el más grande de todos los padres!
Imagina la santidad de todos los patriarcas antiguos, esa larga línea de sucesivas generaciones que
es la misteriosa escalera de Jacob, culminando en la persona del Hijo de Dios. Ve cuán grande fue
la fe de Abraham, la obediencia de Isaac, la valentía de David, la sabiduría de Salomón. Después de
que te hayas formado la más alta opinión de estos santos, recuerda que San José está en la parte alta
de la escalera, a la cabeza de los santos, los reyes, los profetas, los patriarcas. Que es más fiel que
Abraham, más obediente que Isaac, más generoso que David, más sabio que Salomón; en una
palabra, superior en gracia porque está cerca de la fuente, de Jesús que duerme entre sus brazos.2
— Beato Guillermo José Chaminade

SAN JOSÉ ES UN REFLEJO DEL PADRE DE LAS LUCES. En la carta de Santiago,


leemos:
Toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, en quien
no hay cambio ni sombra de rotación.
— Sant 1,17

En el principio, Dios creó las grandes luminarias en los cielos: el sol, la luna y
las estrellas. Sin luz, la creación estaría en tinieblas. En el Nuevo Testamento, el
Padre estableció una nueva creación en Cristo. A través de Cristo, el Padre
derrama su vida divina, amor y luz en nuestros corazones. San José y su
paternidad juegan un rol muy importante en el maravilloso plan de Dios. San
José es el reflejo perfecto del Padre de las luces, y nos ayuda a recibir la luz de
Cristo. San José es un portador de luz; él nos trae a Jesús, la verdadera luz del
mundo.
SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A VIVIR EN LA LUZ DE DIOS. Tú eres hijo(a) de la luz.

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Como cristiano, Jesús te hace participar de su luz para que seas luz del mundo
(ver Mt 5, 14-16).
Todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las
tinieblas.
— 1 Tes 5, 5

Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora
bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad.
— Ef 5, 8-9

EL “LUMEN PATRIARCHARUM” ATERRORIZA A SATANÁS. En la versión latina de la


Letanía de San José, el título de “Luz de los patriarcas” aparece como “Lumen
Patriarcharum.” El demonio odia a San José y su luz. El otro nombre de Satanás
es Lucifer, que significa “portador de luz”. Lucifer perdió la luz por su soberbia
y desobediencia a Dios. Ahora Satanás vive en perpetua oscuridad y aborrece la
luz. Satanás le teme a tu padre espiritual porque San José es una humilde creatura
de carne y sangre, el reflejo perfecto del Padre de las luces. San José es un
verdadero y eterno portador de luz, un icono de Dios Padre. Después de Jesús y
María, no hay ninguna persona que Satanás deteste más que a San José.
¡Mantente cerca de San José y camina en la luz!
Deseo ofrecer una particular palabra de aliento a los padres para que tomen a San José como su
modelo. Aquel que vigiló al Hijo del Hombre puede enseñarles el significado profundo de su propia
paternidad.3
— Papa Benedicto XVI

Leer “¡Ite ad Ioseph” Pág. 102


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DÍA 11
Esposo de la Madre de Dios
Ruega por nosotros
Cuánto habrá orado [San José] para llegar a conocer y aumentar su amor por su Inmaculada
esposa.1
— Beato Gabriele Allegra

J amás ha existido un hombre más enamorado de una mujer como San José de
María. ¡Qué dignidad y santidad se requirió de San José para ser el esposo de
María! En su corazón de mujer, María sabía que estaba segura con la virilidad de
San José; él fue su caballero y guerrero. Toda mujer desearía un esposo así: un
caballero, un protector, y un buen padre.
Las mujeres merecen hombres que sean fuertes y protectores, pero al mismo
tiempo delicados, amorosos y confiables. Toda mujer quiere encontrar seguridad
en los brazos de un hombre que esté dispuesto a dar su vida por ella. La Iglesia y
el mundo necesitan hombres como San José; él es el modelo de un buen esposo.
San José fue el esposo de María. A cada padre de familia se le confía igualmente, mediante su
propia esposa, el misterio de la mujer. Como San José, queridos padres de familia, cada uno respete
y ame a su esposa, y guíe a sus hijos hacia Dios, hacia donde deben ir, con amor y con una presencia
responsable.2
— Papa Benedicto XVI

Cada corazón católico quiere pastores como San José, así como sacerdotes y
obispos — padres espirituales — que sean caballerosos, guerreros, protectores y
defensores. Los católicos esperan que sus sacerdotes y obispos sean personas de
oración, confiables, gentiles, compasivos y virtuosos. La esposa de Cristo, la
Iglesia, merece tener líderes que estén dispuestos a pelear para alejar a los lobos
por amor al rebaño, matar a los dragones espirituales y predicar la verdad con
pasión, con caridad cristiana y entusiasmo. San José es el modelo de toda
paternidad. Sin mirar al modelo de San José, ningún esposo, padre o sacerdote
podrá comprender plenamente lo que significa ser un hombre de sacrificio, un
esposo y padre amoroso y un verdadero santo.
SAN JOSÉ ES EL MODELO DE ESPOSO Y DE PADRE. La vocación de todo hombre es
estar al servicio de quienes han sido encomendados a su amor y cuidado.
Actualmente muchos hombres han olvidado esto, pero San José les ayudará a
recordar. Él ayudará a los hombres a volver a ser santos y caballerosos. Todos

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los hombres descubren en San José un modelo de fortaleza, fidelidad, heroísmo
y virtud. Si los hombres — esposos, padres, sacerdotes y obispos — siguen el
ejemplo de San José, las familias serán amorosas y seguras, los esposos serán
santos, los sacerdotes serán cazadores de dragones, y los obispos volverán a ser
pastores de almas y pilares de la verdad.
SAN JOSÉ ES UN MODELO PARA TODOS LOS HOMBRES. Los verdaderos hombres
son caballeros al servicio de los demás. Los verdaderos hombres aman. Los
verdaderos hombres protegen a las mujeres y los niños contra cualquiera y todas
las amenazas. Los verdaderos hombres están dispuestos a morir por sus esposas
e hijos. Los sacerdotes y obispos santos están dispuestos a sufrir y morir por las
almas encomendadas a su cuidado. Los sacerdotes y obispos de este calibre no
temen al ridículo, la calumnia, la pobreza o la prisión. Los hombres como San
José están dispuestos a luchar por lo que aman, lo que es bueno, verdadero y
hermoso. ¡Que la Iglesia y las familias vuelvan a estar llenas de esa clase de
hombres!
A ti acudimos en nuestras pruebas, oh bendito San José, y habiendo pedido la ayuda de tu santísima
Esposa, confiadamente también pedimos tu protección.3
— Papa León XIII

¡Bendito sea San José, su castísimo esposo!

Leer “El joven esposo de María” Pág. 105


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DÍA 12
Casto Guardián de la Virgen
Ruega por nosotros
Era necesario que la Divina Providencia la encomendara [a María] a los cuidados y protección de
un hombre absolutamente puro. 1
— San Francisco de Sales

L a castidad es una virtud; una virtud muy importante.


Ser casto es tener dominio de sí mismo, es saber controlar las propias
pasiones y la sexualidad. Contrario a lo que mucha gente piensa, una persona
que ejercita la castidad no está reprimiendo o rechazando la belleza de la
sexualidad humana. La castidad reserva el corazón y el cuerpo humano para una
auténtica entrega de sí mismo. Todas las personas, sin importar su vocación en la
vida, están llamadas a la castidad, virtud que nos previene de la esclavitud de
nuestras pasiones y de actuar como animales irracionales.
Por otro lado, el celibato es una forma especial de castidad. Dios llama a
algunos hombres y mujeres a ser célibes por el Reino de los Cielos. San José era
las dos cosas: casto y célibe. Fue llamado a desposar a una virgen consagrada a
Dios en mente, cuerpo y alma. San José fue el Casto Guardián de la Santísima
Virgen.
San José y María vivieron lo que comúnmente se denomina “matrimonio
josefita.” Siendo verdaderos cónyuges por el lazo matrimonial, jamás tuvieron
relaciones sexuales porque su vocación era estar unidos de corazón, mente y
alma, mas no de cuerpo. Estando los dos consagrados a Dios, sacrificaron un
bien natural por el mayor bien de todos: la salvación de las almas.
SAN JOSÉ ES PURO DE CORAZÓN. Ser casto es tener el corazón puro. Si el corazón
de una persona no está puro es incapaz de ver a Dios. El corazón de San José es
excepcionalmente puro. San José pudo contemplar el rostro de Dios durante
décadas en la Persona de su Hijo. Muchas veces los poetas han afirmado que los
ojos son las ventanas del alma; si esto es cierto, San José debió tener los ojos
más castos y puros de todos los esposos que han existido. Sus ojos y su corazón
tenían intenciones puras, castas e inflamadas de amor por Jesús y María.
El hombre moderno se ha enceguecido por la impureza. El mundo alienta las
relaciones prematrimoniales, la cohabitación, la contracepción y muchas otras
prácticas inmorales, al grado que actualmente la castidad es una virtud olvidada.

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Incluso las parejas casadas viven con la idea de que son libres para hacer lo que
deseen con el cuerpo de su pareja. Sin embargo, esto no es verdad. En el
matrimonio también se requiere la castidad para que las parejas puedan amarse
realmente, para que puedan conservar su dignidad y el respeto mutuo.
TU PADRE ESPIRITUAL ES UN CABALLERO . San José es el primer caballero
cristiano; después de Jesús, es el ejemplo más excelso de la castidad masculina.
Estuvo casado con la mujer más hermosa que haya existido, a quien trató con
respeto, dignidad y reverencia. Si los hombres de hoy se parecieran más a San
José, protectores y defensores de la belleza, y no hombres que usan y abusan del
misterio femenino, qué mundo tan diferente sería el nuestro.
Dios quiere que todos los hombres sean como San José. Él es el primer casto
guardián de la Virgen. La mayoría de los hombres serán llamados al matrimonio,
mientras que otros serán llamados al celibato consagrado. Ambas vocaciones son
necesarias porque sin el matrimonio no hay hijos, y sin sacerdotes no hay
Sacramentos. Los hombres casados tienen que ser castos en el matrimonio; los
sacerdotes y obispos tienen que ser castos como San José en su amor por la
Iglesia virginal, es decir, guardianes, defensores y protectores de la belleza que
se les ha confiado, y no hombres que usan y abusan de los sagrados misterios.
José, el hombre justo, es designado para ser el guardián de los misterios de Dios, el paterfamilias y
guardián del santuario que es María, la esposa, y el Logos que porta en su vientre. Por lo tanto, él
(José) se convierte en el icono del obispo con quien se desposa la novia; ella no está a su disposición
sino bajo su protección.2
— Papa Benedicto XVI

Leer “Festividad de los Santos Esposos” Pág. 111


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DÍA 13
Padre Nutricio del Hijo de Dios
Ruega por nosotros
La función de San José de ser esposo y padre adoptivo nos ofrece un testimonio de la dignidad que
tiene la paternidad.1
— Venerable José Mindszenty

L os cristianos utilizan muchos términos para describir la paternidad de San


José. Es llamado padre adoptivo, legal, putativo, espiritual y virginal de
Jesús. Si bien ninguno de estos títulos se encuentra en el Nuevo Testamento,
todas son formas legítimas de describir la paternidad de San José. De entre estos
títulos, el de padre adoptivo es el más común, y la razón es que en la antigua
tradición judía, el nombre que se le ponía al niño era responsabilidad legal del
padre.
Aunque tú, [San José] no eres necesario para la concepción y nacimiento [del niño], sí serás
necesario para proveer su sustento; y tu primera tarea será ponerle el nombre. 2
— San Alberto Magno

La responsabilidad legal de San José de ponerle nombre al Niño que sería el


Cristo, le fue otorgada por Dios cuando el Ángel le reveló que no tuviera miedo
de tomar a María — y al Niño que llevaba en su vientre — bajo su techo y
cuidados. El encargo que se le dio a San José de ponerle nombre al Salvador es
extremadamente importante, porque tiene el propósito de indicarle al mundo que
él es el padre legal de Jesús.
La dignidad de San José surge del privilegio de ser el padre legal del Hijo encarnado de Dios. Por lo
tanto, aquí hay un hombre a quien el Hijo de Dios llama padre, uno a quien Él [Jesús] sirve y
obedece, y ante quien se arrodilla para recibir la bendición paternal.3
— San Pedro Julián Eymard

El rol de San José como “Padre adoptivo” de Jesús podría parecernos como
algo meramente contractual, pero el título en latín nos brinda una reflexión más
profunda del rol que tuvo San José, ya que Filii Dei Nutricie, padre adoptivo,
literalmente significa “el que alimenta al Hijo de Dios.” Como podrán ver, el
título de padre adoptivo es una traducción muy pobre del latín original. Por
supuesto que llamar a San José padre adoptivo de Jesús es válido, pero es
necesario enfatizar que la paternidad de San José fue algo más que una

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paternidad legal; la paternidad de San José se caracterizó por su autoridad,
afecto, fidelidad y condición perpetua.
LA PATERNIDAD ESPIRITUAL DE SAN JOSÉ ES PARA SIEMPRE. La amorosa relación
entre un padre espiritual y un hijo(a) es para siempre. En otras palabras, en el
cielo Jesús sigue siendo el Hijo de José. Si bien en el paraíso San José ya no
ejerce una paternidad “legal” sobre Jesús, su amor, afecto y fidelidad hacia Jesús,
así como a su Cuerpo Místico, continúa. A diferencia del matrimonio que no
permanece en la eternidad (ver Mt 22, 30), la paternidad espiritual de San José
en relación a Cristo y su Cuerpo Místico perdura para siempre.
La paternidad espiritual al igual que la maternidad espiritual es eterna. De no
ser así, la Iglesia tendría que dejar de invocar a Jesús como el “Hijo de José,” y
también tendría que dejar de invocar a María que está en el cielo como nuestra
Madre espiritual.
SAN JOSÉ SIEMPRE SERÁ TU PADRE ESPIRITUAL. Lo que es válido para Jesús
también lo es para ti: San José siempre será tu padre espiritual, y de la misma
forma que cuidó a Jesús mientras estaba en la tierra, te cuidará mientras
peregrinas por este mundo. San José es tu amoroso proveedor, educador y
protector. Cuando termine tu vida sobre la tierra, San José seguirá siendo tu
padre ya no a un nivel terreno, sino a nivel espiritual. En el cielo siempre serás
conocido como hijo(a) de San José.
¡Nadie podrá jamás acabar de alabar dignamente a José a quien tú, oh verdadero y único Hijo del
Padre Eterno, te has dignado tener como padre adoptivo! 4
— San Efrén el sirio

Leer “Padre Virginal de Jesús” Pág. 113


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DÍA 14
Ferviente Defensor de Cristo
Ruega por nosotros
Él [San José] protege a los que lo veneran acompañándolos en su camino por esta vida, así como
protegió y acompañó a Jesús mientras crecía. 1
— San Josemaría Escrivá

D esde el momento en que el Ángel le reveló a San José que habría de ser el
padre del Mesías, hasta el momento en que exhaló su último aliento en los
brazos de Jesús y de María, San José defendió celosamente a Jesús.
San José siempre defendió a su Hijo de cualquier amenaza. Fue un obediente
centinela que no sólo protegió, defendió y sacrificó todo por Jesús y su
seguridad, sino que hizo lo mismo por su querida esposa. San José veló por su
esposa con gran fidelidad, y por su Hijo como el padre más amoroso.
En algunas traducciones de la Letanía de San José, el título “ferviente
defensor de Cristo” (en latín Christi Defensor Sedule) se traduce como “diligente
defensor de Cristo” o “atento defensor de Cristo.” Ambas traducciones son
aceptables y tienen significados similares, es decir, que San José defendió a
Jesús. Al ser hijo(a) de San José, tendrás la total confianza en que tu padre
espiritual también quiere defenderte fervientemente.
SAN JOSÉ TE DEFIENDE FERVIENTEMENTE. La misión paternal de San José no se
ha terminado. El trabajo del padre jamás se termina hasta que sus hijos están
seguros en casa. En el cielo, San José ya no tiene que cuidar y proteger a Jesús,
pero tú aún no estás en el cielo; necesitas la protección de San José. Tu padre
espiritual sabe lo que daña tu alma y quiere cuidarte y ayudarte a llegar a salvo a
casa. San José jamás te abandonará. Tu papel es encomendarte a su atento
cuidado y jamás volver atrás.
Nuestro destino está en las manos de José. José, el guardián de su Señor y esposo de su Reina; José,
el padre adoptivo de Jesús y cabeza de la Sagrada Familia, en su bondad se ha dignado aceptarnos
como hijos suyos y nos permite llamarle padre.2
— Beato Guillermo José Chaminade

Con San José a tu lado no tienes nada que temer. ¿De qué habríamos de temer
con tan fervoroso padre que nos ama y defiende? San José tuvo en sus manos al
Hacedor del universo. San José alimentó al Creador de los cielos. En su papel de

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padre terreno de Jesús, San José amorosamente dio instrucciones al Hijo de
Dios. El cielo y la tierra lo obedecieron. ¡Todo el infierno tiembla ante él!
El nombre de José nos protegerá totalmente durante toda la vida. 3
— Beato Guillermo José Chaminade

Como cristianos, debemos honrar a San José; agradecerle por su protección; rezar con fervor y
confianza; a esforzarse por reproducir en nuestra conducta las virtudes que él practicó con tanta
perfección.4
— Venerable Nelson Baker

SAN JOSÉ INCREMENTARÁ TU FERVOR POR CRISTO. Como tu padre y modelo, San
José te enseñará cómo defender celosamente a Cristo. Si eres un fiel discípulo de
Jesucristo, serás criticado, odiado y ridiculizado por el mundo — a menudo por
tu propia familia y amigos. Tu sufrimiento será grande, pero tu testimonio de la
verdad — tu testimonio de Jesús — será aún mayor. San José te ayudará a ser un
ferviente testigo de la verdad de Jesucristo.
TU DEFENSA DE CRISTO DEBE SER GRANDIOSA . Siempre has de esforzarte por
defender a la Persona y al nombre de Jesucristo contra toda blasfemia, insulto y
sacrilegio. Deberás defender a la Iglesia, así como sus enseñanzas y Sacramentos
de todos los ataques, herejías y falsedades. Defender a la Iglesia es defender a
Cristo. Deberás parecerte a tu padre espiritual, siempre dispuesto a sacrificarte
por amor a la verdad. Como San José, tú también podrás llevarle muchas almas a
Jesús.
¡Qué felices y bendecidos son aquellos a quienes tú [San José] amas y a quienes tomas bajo tu
protección!5
— Beato Guillermo José Chaminade

Leer “Salvador del Salvador” Pág. 121


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DÍA 15
Jefe de la Sagrada Familia
Ruega por nosotros
Jesús y María no sólo doblegaron sus voluntades ante la de José por ser la cabeza de la Sagrada
Familia, sino que le entregaron amorosamente sus corazones. 1
— San Pedro Julián Eymard

ctualmente se desaprueba que se diga que un hombre es “cabeza” de la


A familia. Sin embargo, a Dios no le preocupa la corrección política. Él
estableció a la familia y designó a los padres como cabezas de sus familias, pero
eso no significa que los hombres sean mejores que las mujeres. La persona
humana más grandiosa que jamás haya vivido no fue un hombre sino una mujer:
María, la Madre de Dios (Jesús es una Persona divina). Tanto Jesús como María
se sentían felices de que San José fuese la cabeza de su hogar.
¿Por qué actualmente tantas personas se sienten ofendidas por esta
terminología? Tristemente, muchas veces se debe al hecho de haber sido
emocional, física o sexualmente abusado por una figura paterna. Este tipo de
abusos rompe el corazón de Dios. Sin embargo, la crisis de la masculinidad se
puede corregir si los hombres comienzan a imitar a San José. Su paternal ejemplo
muestra que la fortaleza, autoridad y liderazgo deben estar al servicio de los
demás.
En José, los jefes de las familias son bendecidos con el inigualable modelo de los cuidados y la
vigilancia paternal.2
— Papa León XIII

LOS ESPOSOS Y LOS PADRES TIENEN QUE IMITAR A SAN JOSÉ. Las familias de todo
el mundo experimentarán una revolución de santidad si los esposos imitan a San
José. Pasajes importantes del Nuevo Testamento ya no se verán como ofensivos
sino como dadores de vida.
“Sométanse los unos a los otros, por consideración a Cristo. Las mujeres deben respetar a su marido
como al Señor, porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza y el Salvador de
la Iglesia, que es su Cuerpo. Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera las
mujeres deben respetar en todo a su marido. Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la
Iglesia y se entregó por ella, para santificarla. El la purificó con el bautismo del agua y la palabra,
porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino
santa e inmaculada.
Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su

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esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida.
Así hace Cristo por la Iglesia, por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo. Por eso, el
hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es
un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia. En cuanto a ustedes, cada uno debe
amar a su mujer como así mismo, y la esposa debe respetar a su marido.

— Ef 5, 21-33

HAZ QUE SAN JOSÉ SEA CABEZA ESPIRITUAL DE TU FAMILIA. Obtén una estatuilla
o una hermosa imagen de San José para tu hogar. Colócala en un lugar
importante y, en familia, invoca frecuentemente la intercesión de San José.
Verás la diferencia que hace este gran santo.
Queridos hermanos y hermanas, esposos y padres, el sacramento que los une, los une en Cristo. Los
une con Cristo. «¡Gran misterio es éste!» (Ef 5, 32). Dios «les dio su amor». Viene a ustedes, está
presente en medio de ustedes y habita en sus almas, en sus familias, en sus casas. Lo sabía muy bien
san José. Por eso, no dudó en encomendarse a Dios él mismo y a su familia. En virtud de ese
abandono, cumplió a fondo su misión, que Dios le confió con respecto a María y a su Hijo.
Sostenidos por el ejemplo y la protección de san José, den ustedes un testimonio constante de
entrega y generosidad.3
— San Juan Pablo II

Leer “La Santa Casa de Loreto” Pág. 130


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 16
José Justísimo
Ruega por nosotros
Él [San José] se ganó el título de “hombre justo,” y por ello sobresale como modelo viviente de esa
justicia cristiana que debe reinar en la vida social.1
— Papa Pío XI

¿Q uéproporciona
significa llamar a San José hombre justo? San Josemaría Escrivá nos
grandes respuestas afirmando:
San José fue una especie de hombre ordinario en quien Dios confió grandes cosas. Él hizo
exactamente lo que el Señor quería que hiciera en todos y cada uno de los eventos que conformaron
su vida. Por esa razón, la Escritura alaba a José como “un hombre justo.” En hebreo, un hombre
justo significa un siervo de Dios bueno y fiel, alguien que lleva a cabo la voluntad divina (cf. Gn 7,
1; 18, 23-32; Ez 18, 5ss; Prov 12, 10) o quien es honorable y caritativo con su prójimo (cf. Tob 7, 6;
9, 6). Por lo tanto, un hombre justo es alguien que ama a Dios y prueba su amor guardando sus
mandamientos y dirigiendo toda su vida al servicio de sus hermanos, sus semejantes.2

¿Qué hay de ti? ¿Eres una persona justa? ¿Amas a Dios, guardas sus
mandamientos y actúas con honor y caridad con tu prójimo?
SAN JOSÉ HARÁ CRECER EN TI LA VIRTUD DE LA JUSTICIA. Los teólogos definen la
virtud de la justicia como “dar al otro lo que le corresponde.” Por ejemplo, en
nuestra relación con Dios, le debemos a Él nuestro agradecimiento por nuestra
existencia y nuestra alabanza por su bondad. Actuamos con justicia ante Dios
dándole lo que le corresponde cuando lo adoramos, especialmente participando
en la Santa Misa los domingos y los días festivos de precepto. Si fallamos en
estas cosas no estamos amando a Dios, no actuamos con justicia ante Dios, no le
damos aquello que le corresponde.
Para San José, ser un hombre justo implicaba observar las normas de la
religión judía, y eso requería que tuviese que viajar tres veces al año a Jerusalén
— una larga distancia desde Nazaret — para participar en viarios rituales y
ceremonias. Tú, por tu parte, es muy probable que vivas a poca distancia de una
iglesia católica. Si no dedicas una hora a la semana para dar gracias y alabar
Dios, no estás amándolo o no le estás dando lo que le corresponde; no eres una
persona justa.
La Santa Misa no se trata del sacerdote, de la gente o del coro. Se trata de
responder con amor al amor, y de dar a Dios lo que corresponde. Es cierto que
los sacerdotes deben preparar bien sus homilías, que la música de la liturgia debe
34
ser sagrada e inspiradora, y que siempre da gusto ver rostros conocidos durante
la Santa Misa; sin embargo, aunque sientas que el sacerdote no es tan edificante,
que la música te resulta una distracción, y que la congregación se percibe
espiritualmente muerta, tienes que recordar que no se trata de ellos; se trata de ti
obrando con justicia y con amor hacia Dios. No existe una manera más
extraordinaria y completa de decirle a Dios “te amo,” de agradecerle y adorarlo
por sus bendiciones, que mediante el Santo Sacrificio de la Misa. “Eucaristía”
significa “acción de gracias.”
Pero Dios no es con el único con quien debemos actuar con justicia por amor;
también hay que dar a los demás lo que les corresponde. ¿Lo haces? ¿Amas,
veneras y honras a María, tu Madre espiritual? ¿Amas, veneras y honras a San
José, tu padre espiritual? ¿Tratas a los miembros de tu familia con amor, respeto
y dignidad? ¿Qué hay de tus vecinos, compañeros de trabajo, y todos los demás
con los que te relacionas diariamente? Si tienes empleados, ¿ofreces salarios
justos? Recuerda la regla de oro: “Hagan por los demás lo que quieren que los
hombres hagan por ustedes” (Lc 6, 31). Tu padre espiritual actuó con justicia y
amor con todos; tú también deberías hacerlo.
¿Quieres saber por qué a San José se le llama justo? Porque poseyó de manera perfecta todas las
virtudes.3
— San Máximo de Turín

Los Evangelios describen a San José como un hombre justo. No podría aplicarse a un hombre una
mayor alabanza por su virtud, ni atributo más alto por su mérito. 4
— Santo Papa Pablo VI

Leer “Hombre justo y reverente” Pág. 137


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 17
José Castísimo
Ruega por nosotros
¿Quién podrá jamás entender cuán grande tuvo que ser [San José] en esta virtud de la virginidad,
aquél que el Padre Eterno había destinado a ser custodio, o más bien compañero, de la virginidad de
María?1
— San Francisco de Sales

n la Letanía de Loreto, María es llamada “Madre castísima.” En la Letanía


E de San José, nuestro padre espiritual también es llamado “castísimo.” Ningún
otro santo puede ser invocado como castísimo, justísimo, prudentísimo,
valientísimo, obedientísimo, fidelísimo, o cualquier otra virtud. Tanto María
como San José comparten estas cualidades superlativas, en parte porque sus
corazones conyugales son uno solo.
“Allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.” (Lc 12, 34). San
José tiene tres tesoros: Jesús, María y tú. Ninguna otra cosa puede ocupar el
corazón de San José que esos tres tesoros. El corazón de San José es el de un
padre amoroso, y tú puedes acceder a su corazón; el casto corazón de San José es
tu hogar.
En el catolicismo, cuando hablamos de la devoción a los corazones de Jesús y
María, nos referimos esencialmente a la devoción a las personas de Jesús y de
María. Amamos los sagrados e inmaculados corazones — y con frecuencia los
representamos en el arte — porque amamos a las personas de Jesús y de María.
Si bien la devoción a los corazones de Jesús y de María está bien establecida en
la Iglesia — cada una con su fiesta litúrgica — la devoción al corazón de San
José no se ha desarrollado plenamente en la Iglesia. Quizás algún día haya una
festividad litúrgica en honor del corazón de San José, pero sólo Dios conoce el
futuro. Ya sea que suceda o no, todos los hijos desean un padre cuyo corazón
(persona) sea fuerte, protector y amable. San José tiene ese corazón. Tiene el
corazón de un padre, de un rey, de un guerrero y de un caballero casto, y ese
corazón late amorosamente por ti.
SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A TENER UN CORAZÓN CASTO. La lujuria es el vicio
predominante que habita en el corazón de los hombres y las mujeres de esta época.
El mundo está lleno de acciones inmorales y lujuriosas que ofenden sobremanera a
Dios, arruinan a las familias y claman justicia al cielo. ¿Acaso

36
Nuestra Señora no advirtió a Jacinta, la pastorcita de Fátima, que muchas almas
van al infierno por los pecados de la carne?
En la batalla por la pureza, todos necesitamos acudir a San José. Si un hombre
o una mujer luchan contra la lujuria, lo mejor es pedir ayuda a San José. Si las
tentaciones contra la pureza golpean tu mente, tu corazón y tu alma, ve corriendo
con tu padre espiritual. ¡Mantente cerca de San José! Tu padre espiritual es capaz
de hacer crecer la virtud de la castidad en tu corazón y guiarte hacia un verdadero
y virtuoso amor a Dios y al prójimo.
Saldrás victorioso contra la lujuria y triunfante sobre el pecado si te refugias
en el manto paternal de San José. La oración se torna difícil cuando te asaltan las
tentaciones contra la pureza, pero con solo invocar su santo nombre, San José
luchará por ti.
Los hombres, en particular, necesitan imitar el casto corazón de San José. El
mundo necesita hombres que amen a sus esposas como San José amó a María. Si
los hombres respetan a sus esposas como templos santos, las familias se
renovarán, los dragones caerán, y los demonios de nuestra era que atacan la
dignidad de la persona humana serán aniquilados. La imitación de San José
encenderá una revolución de santidad sobre la tierra.
Para que Dios otorgue su favor a nuestras oraciones y responda con generosidad y prontitud en
auxilio de su Iglesia, consideramos del todo necesario que el pueblo cristiano, con gran piedad y
confianza, pida continuamente la misericordia de Dios unido a la virginal Madre de Dios y a su
castísimo esposo, el Bendito José.2
— Papa León XIII

Leer “Santo Anello” Pág. 148


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 18
José Prudentísimo
Ruega por nosotros
¡Cuánta prudencia era necesaria para educar a un Dios hecho niño, dispuesto a obedecerlo (a San
José) durante treinta años! 1
— Beato Guillermo José Chaminade

¿Q ué es la prudencia? En estos tiempos muchas personas la consideran un


vicio o un defecto. Cuando una persona es precavida o cautelosa en cuestiones
morales se la suele llamar mojigata. Sin embargo, la prudencia es una
virtud extremadamente importante.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos da una definición muy clara de la
prudencia afirmando:
La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro
verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo... No se confunde ni con la timidez o el
temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada auriga virtutum (auriga de las virtudes):
conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. 2

Santo Tomás de Aquino enseñó que la prudencia es la “principal de todas las


virtudes.” Su función es gobernar a las demás virtudes cardinales
(preeminentes), que son la templanza, la justicia y la fortaleza. Sin la prudencia,
una persona sería o demasiado permisiva o demasiado severa. La prudencia
actúa como guía y “auriga” ayudando al alma a evitar extremos equivocados.
LA PRUDENCIA ES LA VIRTUD DE LOS REYES Y LOS GOBERNANTES. Sin la
prudencia, ningún líder puede ejercer la templanza, la justicia y la fortaleza. San
José, rey de la Sagrada Familia y padre espiritual tuyo, es (después de Jesús), el
más prudente de todos, por lo que es modelo de prudencia en todas las
situaciones de la vida. San José oró y esperó a que el Señor le revelara los
misterios del embarazo de su esposa. Educó al Hombre-Dios, y en cada situación
permitió que la prudencia gobernara sus acciones.
La prudencia de San José fue sobrenatural. 3
— Beato Guillermo José Chaminade

La prudencia sobrenatural es diferente de la prudencia humana. La prudencia


humana lleva a una persona a evitar la dificultad, el sufrimiento y los trabajos
extremos, mientras que la prudencia sobrenatural no busca evitar el sufrimiento,

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sino que abraza la cruz por amor, esforzándose siempre por lograr el mayor bien.
La prudencia de San José, por la gracia de Dios, fue sobrenatural y heroica.
Antes de que la sabiduría de la cruz le fuese revelada al mundo, San José abrazó
generosamente el sufrimiento por el bien de los demás. Antes de que el misterio
del sufrimiento corredentor fuese revelado a las almas, San José lo vivió por
amor.
SAN JOSÉ HARÁ QUE CREZCA EN TI LA VIRTUD DE LA PRUDENCIA. San José te
ayudará en el ejercicio de la prudencia sobrenatural. En cada situación te
enseñará a guiarte por la virtud de la prudencia para que siempre hagas el mayor
bien por amor a Dios y al prójimo, sin importar el grado de sufrimiento que
tengas que padecer.
San José nos enseña que la prudencia es conocer correctamente las cosas que se tienen que hacer; o
dicho más ampliamente, el conocimiento de las cosas que se deben hacer y de aquellas que se tienen
que evitar.4
— Siervo de Dios John A. Hardon

Un hombre de prudencia humana jamás se habría levantado de su descanso


para huir a Egipto con su esposa e hijo como respuesta a un sueño. Un hombre
de prudencia humana habría reprendido de inmediato a cualquier hombre que le
hubiese dicho a su esposa que su corazón sería atravesado por una espada, y que
su Hijo sería causa de división; pero San José no era un hombre ordinario. Por el
poder del Espíritu Santo, él es un hombre de prudencia sobrenatural que pondera,
reza, discierne y actúa; la prudencia lo guía. Con San José, también a ti te guiará
la virtud de la prudencia sobrenatural.
Aun siendo maestro, [San José] siempre se mantiene como siervo prudente y fiel. San José, de la
familia de los reyes de Judá, lleva una vida pobre y escondida, y porque su destino era convertirse,
por así decirlo, en gobernador y padre de un Dios débil y humilde, era apropiado que se le
asemejara.5
— Beato Guillermo José Chaminade

Leer “Los siete Dolores y Gozos” Pág. 150


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 19
José Valientísimo
Ruega por nosotros
Tan perfectamente estaba [San José] muerto al mundo y a la carne, que no deseaba nada más que
las cosas del cielo.1
— Santa Brígida de Suecia

S an José no deseaba nada más que las cosas del cielo. Vivió enteramente por
amor a Jesucristo y, después de María, es el discípulo más fiel de Jesús. San
José es el padre de Jesús, pero también es su discípulo. Se necesita valor para ser
un fiel discípulo de Jesús. Muchos están dispuestos a seguir a Jesús cuando la
situación es agradable, pero no muchos están dispuestos a seguirlo cuando la
situación es difícil y llena de tristezas. San José fue siempre fiel, siempre
valiente.
En diferentes traducciones de la Letanía de San José, el título “Valientísimo”
a veces se interpreta como “el más intrépido” o “el más fuerte.” En esencia, las
tres expresiones significan lo mismo: San José era valiente y de gran coraje. No
tenía ningún otro miedo que el de ofender a Dios, y obró con extraordinaria
fortaleza para proteger a Jesús y a María. La fortaleza es una virtud cardinal que
sostiene firmemente la voluntad de la persona y la ayuda a resolver
decididamente hacer la voluntad de Dios, incluso en medio de un gran
sufrimiento.
SAN JOSÉ ES UN HOMBRE VALIENTE. La palabra valiente proviene del latín valens
que significa fuerte, robusto, que no tiene miedo. Ser valiente es amar más el
bien que temer el mal y el sufrimiento. Un hombre valiente es decidido, audaz y
luchador en medio de las pruebas. Nadie puede negar que San José tenía estas
virtudes. San José tuvo que ser valiente para llevar a su familia a territorio
enemigo (Egipto). Sabía que quizás tendría que defender a su esposa e Hijo
contra los asaltos físicos y estaba dispuesto a hacerlo. Ningún hombre fácil de
intimidar se habría embarcado en un viaje de tal envergadura; a San José no lo
intimidaba nadie.
SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A SER VALIENTE. Hay que ser valiente para ser santo. Si imitas
a San José, no dudarás en entrar a territorio enemigo o sufrir en el combate
espiritual. A Egipto se le conocía por ser tierra de ladrones, rituales

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paganos, ídolos y hechiceros. San José no le tuvo miedo a ningún hombre porque
Dios estaba con él. ¡Tu padre espiritual es un hombre que arde de amor a Dios!
“Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom 8, 31).
SAN JOSÉ HARÁ QUE CREZCA EN TI LA VIRTUD DE LA FORTALEZA. ¿Recuerdas el
pasaje de la Escritura en el que Jesús se acerca a sus discípulos caminando sobre
el agua? Los discípulos estaban aterrados y Jesús tuvo que calmar sus espíritus
diciendo: “Tranquilícense, soy yo; no teman.” (Mt 14, 27). ¿Qué dices de ti? ¿De
qué tienes miedo? ¿De perder tu trabajo? ¿De sacrificar tu buen nombre y los
honores mundanos? San José sacrificó todo por amor a Jesús y María. Tu padre
espiritual fue un hombre pobre sin ningún valor para el mundo, sin embargo, los
demonios y los hechiceros de Egipto estaban aterrorizados por el valiente
corazón de San José.
Jesús mismo aprendió a ser valiente por el ejemplo que le dio San José. Jesús
fue testigo de la valentía de su padre en Egipto, Nazaret, Jerusalén y los muchos
otros lugares por los que viajaron juntos. San José le dio a su Hijo un ejemplo de
amor, valentía, fortaleza y fuerza varoniles. Con San José como tu padre
espiritual, tú tampoco tendrás nada que temer. Nuestro Señor mismo, justo antes
de su sufrimiento y muerte, instruyó a sus discípulos para que actúen con valentía
varonil, diciéndoles: “En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he
vencido al mundo” (Jn 16, 33). Dirige tu rostro hacia la Jerusalén celestial ¡y
jamás mires hacia atrás!
Oh José, padre virginal de Jesús, purísimo esposo de la Virgen María, ruega por nosotros
diariamente al Hijo de Dios para que, armados con las herramientas de su gracia, podamos luchar en
esta vida como debemos, y a la hora de la muerte seamos coronados por Él.2
— San Bernardino de Siena

Leer “Los hombres viejos no caminan a Egipto” Pág. 152


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DÍA 20
José Obedientísimo
Ruega por nosotros
Si quieres conocer la obediencia de San José, mira cómo se levantó en la noche a la voz del Ángel
y, no importándole el hambre, los trabajos, o el frío, salió hacia Egipto en donde tuvo una vida
difícil hasta el siguiente mandato de Dios. 1
— San José Sebastián Pelczar

L a obediencia es una virtud mal entendida. Muchas personas piensan que la


obediencia a las autoridades limita su libertad requiriendo que entreguen sus
derechos a otros, pero ese no es el caso. De hecho, la obediencia a las leyes es
parte cotidiana de la vida humana. Una señal de tránsito, por ejemplo, no le quita
la libertad a una persona. Las señales de tránsito y otras leyes legítimas están
diseñadas para dar a la gente verdadera libertad y felicidad. Cuando conduces
puedes desobedecer el alto que te indican los semáforos, pero obedecer la señal
de alto es lo que te permite a ti y a los demás llegar seguros a su destino.
Tanto la ley natural como la divina no son inhibidores de la libertad. En el
plan de Dios, el propósito de estas leyes es ayudar a alcanzar el último destino:
el cielo. Aquellos que no obedecen la razón y las disposiciones divinas,
terminarán psicológica, antropológica y espiritualmente frustrados, y correrán el
riesgo de no llegar al cielo.
SAN JOSÉ ES UN MODELO DE OBEDIENCIA . La obediencia requiere confianza. La
falta de confianza por parte de nuestros primeros padres (Adán y Eva) fue lo que
ocasionó que toda la humanidad cayera en el pecado. En el Jardín del Edén,
nuestros primeros padres fueron engañados por la serpiente para desobedecer a
Dios. El demonio instiló dudas en sus mentes sobre la confiabilidad de Dios.
“¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?” (Gn 3,
1). Nuestros nuevos padres, María y San José, confiaban en Dios y estaban
dispuestos a sufrir por obedecerle. María y José estaban seguros de que Dios
tenía en mente sus intereses y necesidades.
¿Por qué San Mateo fue tan enfático al subrayar la confianza de José en las palabras que recibió del
mensajero de Dios, si no fue para invitarnos a imitar esa misma confianza amorosa?2
— Papa Benedicto XVI

SAN JOSÉ HARÁ CRECER EN TU VIDA LA VIRTUD DE LA OBEDIENCIA. Quizás

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conozcas las revelaciones celestiales que recibió Santa Faustina sobre el mensaje
y la devoción de La Divina Misericordia. ¿Sabías que Santa Faustina también
tuvo visiones de San José? Ella amaba mucho a San José y con frecuencia le
pedía su poderosa intercesión, pidiéndole ayuda para hacer la voluntad de Dios y
mantenerse fiel a su misión de difundir la devoción a la misericordia de Dios.
Con la ayuda de San José, Santa Faustina pudo llevar a buen término su misión y
ser obediente a sus superiores, ¡incluso cuando la enviaron a una evaluación
psicológica!
La virtud de la obediencia no sólo es para religiosas y sacerdotes. Todos
necesitamos ser obedientes, tanto a las leyes naturales como a las divinas.
Obedecer los 10 Mandamientos, las enseñanzas de la Iglesia Católica, asistir
fielmente a la Santa Misa los domingos y los días de precepto, y acudir a la
Confesión cuando uno cae en pecado, son formas de demostrar que confiamos
en Dios y le obedecemos.
Todos tenemos que confiar en Dios y obedecer también la ley natural. La
persona que defiende el matrimonio como una institución entre un hombre y una
mujer está obedeciendo la ley natural. Proteger a los niños que están en el vientre
materno votando por candidatos que estén inflexiblemente a favor de la vida,
también es una señal de obediencia a la ley natural. Resistir al sinsentido de la
ideología de género es otra manera de obedecer la ley natural. Si se burlan de ti,
te ridiculizan y provocan sufrimiento por tu confianza y obediencia a las leyes
naturales y divinas, no estás lejos del Reino de los Cielos.
José, en obediencia al Espíritu Santo, encontró en el Espíritu Santo la fuente del amor. 3
— San Juan Pablo II

Leer “San José dormido” Pág. 154


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DÍA 21
José Fidelísimo
Ruega por nosotros
La Iglesia admira la simplicidad y profundidad de su fe (de San José).1
— San Juan Pablo II

E l Venerable Fulton J. Sheen decía que en el matrimonio hay tres anillos: el


anillo de compromiso, el anillo de bodas, y el anillo del sufrimiento. Los
que están casados saben que eso es cierto. El matrimonio no es fácil. Comienza
con una luna de miel, pero estará lleno de muchas tribulaciones, dificultades y
pruebas. Para que un matrimonio funcione, se necesita amor mutuo, sacrificio y
fidelidad.
La relación cristiana con Dios es un matrimonio espiritual que también
requiere amor mutuo, sacrificio y fidelidad. Aquellos que están espiritualmente
desposados con Dios tienen que ser fieles en la prosperidad y en la adversidad,
en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. San José siempre le
fue fiel a su esposa y a Dios.
SAN JOSÉ ES UN MODELO DE FE . La fe es una de las tres virtudes teologales (fe,
esperanza y caridad). Pero ¿qué es exactamente la fe? ¿Cómo se define? La Carta
a los Hebreos nos da una buena definición, diciendo que: “La fe es la garantía
de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven”
(Heb 11, 1). La fe cristiana reconoce quién es Jesús, adhiere a su enseñanza, y
confía en sus promesas.
José era profundamente piadoso; rezó mucho por la llegada del Mesías. 2
— Beata Ana Catalina Emmerich

Un cristiano está llamado a tener fe en Jesús y a confiar en Él. Reconocer


quién fue Jesús no es suficiente. Los demonios también lo reconocen (ver Mt 8,
29; Mc 5, 7; Lc 8, 28), pero ellos no lo aman ni confían en Él. San José, por otro
lado, es un modelo de fe y confianza. Él sabe quién es Jesús y confía en Él. San
José se apegó a las palabras de Jesús aun cuando su mente y sentidos eran
incapaces de comprender completamente lo que Jesús quería decir. San José
ejerció una fe activa, confiada y fervorosa.
San José jamás dudó de la divinidad de Jesús o de su poder para vencer el
mal. Para el mundo, Jesús aparentaba ser un niño común, pero San José sabía

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que Él era Dios. Adoró a Nuestro Señor en la cuna, en el hogar de Nazaret, en el
Templo de Jerusalén, y ya de adulto, en su taller donde trabajaba. San José
siempre estuvo consciente de que, al ver a Jesús, estaba contemplando a Dios
Todopoderoso.
San José fue fiel a Jesús en los momentos buenos y en los malos (cuando
Jesús nació en Belén y cuando se perdió en el Templo de Jerusalén). San José
fue fiel a Jesús en la salud y la enfermedad (le enseñó a ser un buen carpintero, y
exhaló su último suspiro en sus brazos). San José le fue fiel a Jesús en la riqueza
y la pobreza (cuando los Magos le llevaron oro a Jesús, y cuando el oro se
terminó y vivieron en la pobreza en Egipto).
SAN JOSÉ HARÁ QUE TU FE AUMENTE. Actualmente no es fácil ser fiel a Jesús. El
mundo no quiere que confíes en Jesús, que tengas esperanza en sus promesas o
que lo ames. Si vives en conformidad con las enseñanzas de Jesús, serás
ridiculizado y vilipendiado por el mundo, y quizás incluso por tu familia y
amigos. ¿Tienes que padecer el exilio y aislamiento por amor a Jesús? Él lo vale.
¿Te toca tener que sufrir una pérdida financiera por amor a la verdad? Dios te
recompensará. Si eres menospreciado, calumniado o se habla mal de ti por tu
postura en contra del aborto, del “matrimonio” homosexual y la anticoncepción,
tu recompensa será grande en el cielo.
Imita la fe y la amorosa confianza de San José. Sé inquebrantable, confiado e
intrépido en tu fe.
Es precisamente la intrépida fe de San José lo que necesita la Iglesia de hoy para dedicarse con
valentía a la urgente tarea de la nueva evangelización. 3
— San Juan Pablo II

Leer “Adorador de Cristo” Pág. 156


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 22
Espejo de Paciencia
Ruega por nosotros
Esta flor de Israel (San José) tuvo la fe de Abraham, la piedad de David, su ancestro, la sabiduría de
los profetas, una paciencia más heroica que la de Job y de Tobías, y un celo más grande que el de
Elías por la gloria de Dios.1
— Beato Gabriele Allegra

L a paciencia es una virtud que a muchas personas les resulta difícil de


practicar. Permanecer en paz y en calma puede ser un gran reto cuando te
enfrentas a una situación que está completamente fuera de tu control. Sin duda,
hay un sinnúmero de cosas en la vida que van a poner a prueba tu paciencia.
En los tiempos modernos, los avances de la tecnología han puesto casi todo
en la vida al alcance de la mano. Nuestras comidas, entretenimiento, música y
contactos están disponibles en un instante. Con esta capacidad, puede ser muy
difícil esperar y adquirir la virtud de la paciencia, pero si quieres ser como San
José, debes aprender a ser paciente.
Benditos todos aquellos que esperan en el Señor.
— Is 30, 18

SAN JOSÉ ES MODELO DE PACIENCIA . La vida no fue fácil para San José. Su
misión requirió mucha espera. Si San José no acompañó a María en su viaje a la
casa de Isabel, tuvo que esperar tres largos meses para volver a ver a su esposa.
Cuando San José vio que su esposa estaba encinta, tuvo que esperar a que el
Señor le revelara lo que Él quería que hiciera en respuesta al maravilloso
embarazo. Esas pruebas debieron haber sido extremadamente desafiantes para
San José, pero él las utilizó como una oportunidad para crecer en paciencia y
santidad, y aprovechó cada oportunidad.
San José exhibió una paciencia heroica en Egipto. Llevar a su esposa y al
recién nacido a un país con un idioma, una cultura, una religión y una moneda
diferentes, debió haber llenado su corazón de ansiedad. Encontrar trabajo en
Egipto y proveer comida y techo para su familia no pudo haber sido fácil. ¿Qué
esposo o qué padre no estaría en un constante estado de ansiedad ante esa
situación? No tenía idea de cuánto tiempo tendría que estar en Egipto; sin
embargo, en cada situación San José siempre se mantuvo en paz, amable,
tranquilo y abandonado a la Divina Providencia.

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Ejercitar la paciencia no significa que una persona estará libre de las
ansiedades de la vida. Cuando María y José perdieron a Jesús durante tres días
en Jerusalén, buscaron a su amado Hijo con gran ansiedad (ver Lc 2,48). Estaban
sumamente preocupados, pero confiaban infinitamente en la Divina Providencia.
SAN JOSÉ HARÁ CRECER TU PACIENCIA . Tú también experimentarás muchas
dificultades en la vida que pondrán a prueba tu amor y tu paciencia. Te guste o
no, tu paciencia será probada. Difícilmente pasará un día en el que no se te dé la
oportunidad de adquirir la paciencia. Dios permite estas dificultades porque
quiere que crezcamos en la virtud.
Una forma concreta en la que puedes ejercitar la virtud de la paciencia en tu
vida es siendo misericordioso con los demás, especialmente cuando conoces sus
errores. San José vivió con dos personas perfectas, pero debió haber conocido a
muchas personas desagradables y difíciles: empleadores, compañeros de trabajo,
cobradores de impuestos, políticos, etc. Tú también experimentarás esto en la
vida. En tales circunstancias, imita la paciencia de San José. Pídele a Dios la
gracia de amar a tu prójimo. Sé amable, pacífico y misericordioso.
En el trabajo, ofrece perdón por las ofensas. Cuando manejes, sé paciente y
cortés. Con familiares y amigos difíciles, sé agradable y misericordioso.
Ejercitar la paciencia y la misericordia siempre resulta en un bien. La persona
amablemente paciente y misericordiosa siempre sale victoriosa, ¡en esta vida o
en la próxima!
Él [San José] siempre se mostraba imperturbable, incluso en las adversidades. Configurémonos con
este sublime ejemplo y aprendamos a permanecer en paz y tranquilos en todas las circunstancias de
la vida.2
— San José Marello
Leer “El Canon Romano” Pág. 163
Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 23
Amante de la Pobreza
Ruega por nosotros
Realmente no dudo que los Ángeles, absortos y en adoración, llegaran en incontables multitudes a
ese pobre taller a admirar la humildad de aquel que custodiaba a ese querido y divino Niño, aquel
que trabajaba en su oficio de carpintero para mantener al Hijo y a la madre encomendados a sus
cuidados.1
— San Francisco de Sales

A los ojos del mundo, San José no era una persona pretenciosa. No tenía
ambiciones mundanas o deseos de reconocimiento.
A lo largo de los siglos la gente frecuentemente se ha preguntado cuál sería el
estado económico de la Sagrada Familia, o cuáles serían sus condiciones de vida.
Para responder a esta pregunta no es necesario buscar más allá del Nuevo
Testamento: la Sagrada Familia era pobre, muy pobre.
San José era tan pequeño y pobre a los ojos del mundo, que los Magos que
entraron en el establo de Belén ni siquiera se percataron de su presencia (ver Mt
2, 11). Cuando la Sagrada Familia viajó al Templo de Jerusalén a participar en el
ritual judío de la purificación para una nueva madre, José ni siquiera pudo
comprar un cordero para la ofrenda (ver Lev 12, 6-7); los corderos eran caros.
San José sólo pudo ofrecer la ofrenda de un hombre pobre: dos tórtolas o dos
pichones (ver Lev 12, 8).
La Sagrada Familia vivía de la Divina Providencia. Si los Magos no le
hubiesen ofrecido al bebé Jesús oro, incienso y mirra en Belén (ver Mt 2, 11), es
muy probable que San José no hubiese tenido dinero para comprar comida y
otras cosas necesarias para su familia cuando viajaron a Egipto. Cuando
partieron de Nazaret para Belén para cumplir con el censo, no llevaron muchas
cosas con ellos porque esperaban regresar a Nazaret. Los regalos de los Magos
fueron la forma providencial en que Dios cuidó a la Sagrada Familia. Años
después, cuando regresaron de Egipto a Nazaret, la Sagrada Familia vivió allí
casi 30 años en una casa sencilla y pequeña.
“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los
cielos.” (Mt 5, 3). ¿Alguna vez te has preguntado qué significa eso? ¿Jesús está
diciendo que la pobreza es maravillosa? No, eso no es lo que está diciendo, sino
que aquellos que están desapegados de las cosas de este mundo no están lejos del
Reino de los Cielos. Cuando la persona está desapegada de las cosas de este

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mundo, la pobreza se entiende como una virtud. La persona que está desapegada
de las cosas materiales es verdaderamente bendecida en espíritu y es rica ante los
ojos de Dios. Esto explica por qué San José es llamado “Amante de la pobreza.”
Él confió en la Divina Providencia para todas sus necesidades.
SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A SER POBRE DE ESPÍRITU. San José te enseñará a
desapegarte de las cosas materiales y abandonarte a la Divina Providencia.
Jamás encontrarás la verdadera felicidad en las cosas materiales. Aquellos que
permiten que su relación con Dios dependa de los bienes materiales están
destinados a la infelicidad. Por otro lado, la persona pobre de espíritu puede
proclamar: “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre
del Señor!” (Job 1, 21).
El silencio de San José da testimonio de su grandeza y pobreza de espíritu. A
todo el mundo le gusta presumir de sus logros y que otros le reconozcan su
trabajo; sin embargo, San José nunca vio los resultados de su arduo trabajo y
sacrificio. Confiaba en que Dios produciría buen fruto de su labor y años de
servicio a Jesús y a María. Dios lo hizo con creces, mucho más de lo que San
José habría podido imaginar. Era pobre en el mundo, pero rico en el Reino de los
Cielos.
Él [San José] vivió contento en su pobreza. 2
— San Buenaventura

¡Jesús, María, José, mis más dulces amores, puedo vivir, sufrir y morir por ustedes! 3
— Santo Papa Juan XXIII

Leer “Adoración Perpetua” Pág. 166


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 24
Modelo de los Obreros
Ruega por nosotros
En la mesa de trabajo en la que realizaba su oficio junto con Jesús, José acercó el trabajo humano al
misterio de la Redención.1
— San Juan Pablo II

E l demonio odia a un trabajador honesto y diligente. Al comienzo de la


historia de la humanidad, la malvada serpiente inició su ataque a la familia
humana en el lugar de trabajo, es decir, en el jardín que Dios entregó a Adán y
Eva para que lo atendieran y conservaran. Lucifer odia el trabajo, en particular
desprecia el hecho de que, por amor, Dios se haya humillado a sí mismo
convirtiéndose en un hombre capaz de realizar trabajos manuales. Jesús pasó
muchos años en el taller de San José trabajando diligentemente. Fue una
preparación para volver a entrar en el taller original del hombre: un jardín;
específicamente, el Jardín de Getsemaní, donde llevaría a cabo la obra de nuestra
redención.
Jesús es Dios. Junto con el Padre y el Espíritu Santo, Él hizo los cielos y la
tierra. La habilidad de Nuestro Señor para crear excede, por mucho, cualquier
cosa que podamos imaginar. Cuando se hizo carne, Jesús santificó el trabajo
humano elevándolo a un nivel de grandeza que no existía antes de su
Encarnación. Aunque divino, Dios se humilló a sí mismo, se hizo hombre y
trabajó como hombre. En su humanidad, aprendió a trabajar como hombre
imitando el ejemplo de su padre terreno, San José.
SAN JOSÉ ES EL MODELO DE LOS OBREROS. Si San José enseñó al Hombre-Dios cómo
trabajar, es más que capaz de servir también como nuestro modelo. El trabajar duro
beneficia a la persona, a la familia y a la sociedad.
San José perteneció a la clase obrera y experimentó personalmente el peso de la pobreza en sí
mismo y en la Sagrada Familia, de la que era padre solícito y abnegado. 2
— Papa Pío XI

El trabajo no siempre es fácil y agradable. Un día de trabajo exhaustivo puede


minar la mente, el cuerpo y el alma. Algunas veces el trabajo puede resultar
sumamente pesado. Jesús, como carpintero, lo sabía por experiencia propia. Él
ofrece consuelo a todos los que se ganan la vida con el sudor de su frente.

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Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi
yugo, y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón; y así encontrarán alivio. Porque
mi yugo es suave y mi carga liviana.
— Mt 11, 28-30

SAN JOSÉ TE ENSEÑARÁ A SER UN TRABAJADOR DILIGENTE. Durante muchos años


Nuestro Señor quiso hacer trabajo manual antes de iniciar su ministerio público.
¿Por qué lo hizo? Lo hizo porque quería santificar el trabajo y enseñarnos que el
trabajo es honorable y agradable a Dios. Sin embargo, ni Jesús ni San José eran
adictos al trabajo. Los adictos al trabajo no se benefician a sí mismos, ni a la
familia o a la sociedad. Dios no se complace en un adicto al trabajo.
Jesús aprendió en su vida cuál es el lugar que debe ocupar el trabajo, gracias
al amoroso ejemplo de San José quien le dedicaba tiempo a Dios, a la familia, a
la recreación y al descanso. San José fue modelo para Jesús en estos aspectos de
la vida humana. Te enseñará también a ti estas importantes lecciones.
San José también es un modelo a seguir para aquellos que trabajan por la
salvación de las almas, especialmente los diáconos, sacerdotes, obispos y
religiosos. Las almas consagradas deben trabajar diligente y fielmente en la viña
de Dios. Este trabajo también puede ser difícil y pesado. Los sacerdotes,
diáconos y religiosos consagrados son humanos; necesitan descanso y recreación
como todos los demás. En ocasiones excepcionales, Dios da gracias
extraordinarias a una persona para realizar penitencias, ayunos y mortificaciones
heroicas. Sin embargo, Dios no desea que sus trabajadores acaben totalmente
extenuados por un agotamiento extremo. Él quiere que se deleiten en los arroyos
de las montañas, los bosques y los crepúsculos. Él quiere que los sacerdotes y
religiosas que son como San José, amorosos, piadosos y trabajadores, sin temor
al descanso.
Pidamos a San José fomentar vocaciones firmes para Nuestro Señor. 3
— San Pedro Julián Eymard

Leer “San José Obrero” Pág. 168


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 25
Gloria de la Vida Doméstica
Ruega por nosotros
José amaba a Jesús como un padre ama a su hijo, y le demostró su amor dándole lo mejor que
tenía.1
— San Josemaría Escrivá

E n el siglo XVI, Santa Teresa de Ávila ayudó a reformar la rama femenina de


la Orden Carmelita. Tenía una tremenda devoción a San José, y a la mayoría
de sus conventos reformados les puso su nombre. Para proteger a los conventos
(y a sus monjas), enterró medallas de San José alrededor de ellos como signo de
pertenencia a Dios y a San José. En el siglo XX, San Andrés Bessette hizo algo
similar.
San Andrés quería edificar un santuario dedicado a San José en Montreal,
Canadá. Encontró el lugar perfecto y puso medallas de San José alrededor del
terreno como una manera de pedirle al santo bendecir y obtener la propiedad.
¡No hace falta decir que la obtuvo!
SAN JOSÉ DESEA BENDECIR TU HOGAR. Si acoges amorosamente a San José en tu
hogar, invocas su intercesión y lo honras con devociones piadosas, él bendecirá
inmensamente tu vida doméstica, y donde está presente San José, también están
Jesús y María.
San José quiere estar presente en tu casa y en tu vida familiar. Aunque te
mudes, él quiere ir contigo. Hablando de mudanza, permíteme decirte
rápidamente algo sobre una práctica que me preocupa: No hay necesidad de que
entierres una estatuilla de San José para vender tu casa. Enterrar una pequeña
estatua en un esfuerzo por vender una casa es un fenómeno moderno. Santa
Teresa de Ávila y San Andrés Bessette jamás enterraron estatuillas de San José.
Estatuas, a diferencia de las medallas, no se hicieron para enterrarse porque al
representar a una persona, son hechas para ser veneradas sobre la tierra, no
puestas bajo tierra. Coloca una estatua de San José adentro de tu casa y eleva tu
oración frecuentemente por tus necesidades domésticas, incluyendo la venta de
tu casa. No entierres una estatua de San José en tu jardín.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y
no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero,
para que ilumine a todos los que están en la casa.

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— Mt 5,14-15

Cualquier cosa que decidas hacer, jamás entierres una estatua de San José
boca abajo. Hay quienes en ocasiones realizan esta práctica extraña como una
forma de chantaje espiritual, prometiendo volverla a la posición correcta sólo
cuando su casa se haya vendido. Este tipo de prácticas es semejante a tratar una
estatuilla de San José como un talismán o un amuleto de la buena suerte. San
José es tu padre espiritual, no una chuchería. No hay necesidad de enterrar una
estatuilla de él. Háblale, él te escucha.
SAN JOSÉ AMA LA VIDA DOMÉSTICA . San José es el santo de los años ocultos de
Jesús. Esta realidad es algo increíble que habría que reflexionar. Considera tus
propios recuerdos de cuando vivías en casa: las salidas familiares, los
cumpleaños, las celebraciones religiosas, cuando jugaban juntos o cantaban, etc.
Lo más seguro es que hayas vivido en la casa de tus padres unos 20 años más o
menos. Nuestro Señor, sin embargo, vivió con María y José durante 30 años. El
amor, la intimidad y familiaridad que Jesús, María y San José compartieron ¡es
increíble! San José reconocía los pasos de Jesús, conocía el sonido de su
estornudo, su risa y su voz elevada en cantos. Conocía sus ademanes, sus rutinas
matutinas, posturas, su sonrisa, su bostezo y sus comidas y bebidas favoritas.
Estos son recuerdos valiosos que permanecen profundos en el corazón y la mente
de San José.
Jesús y María obedecen y respetan a José porque reconocen lo que la mano de Dios le otorgó, es
decir, la autoridad que tiene un esposo y padre. 2
— Papa Pío XI

Leer “El taller de San José” Pág. 170


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DÍA 26
Guardián de las Vírgenes
Ruega por nosotros
Yo le rezaba a San José para que me cuidara. Desde mi infancia, mi devoción a él se mezcló con mi
amor por la Santísima Virgen. Todos los días rezaba la oración, “Oh San José, padre y protector de
las vírgenes.” Me parecía que yo estaba bien protegida y completamente segura de cualquier
peligro.1
— Santa Teresa de Lisieux

S an José tiene un amor especial por los que se consagran a Dios a través de
los votos religiosos. San José ama a todos, claro está, pero en su corazón
tiene un lugar especial para las vírgenes. San José, siendo él mismo virgen,
conoce de primera mano la intimidad que una persona virgen es capaz de tener
con Dios. San José vivió durante 30 años con los vírgenes más excelsos que
agraciaron este planeta: Jesús y María. La virginidad es un tesoro, un tesoro que
San José custodia y quiere que otros conozcan.
¡ACUÉRDATE, OH SAN JOSÉ! Muchas personas conocen la oración del Memorare
a la Virgen María, pero son pocos los que conocen el Memorare a San José, que
es casi idéntico al Memorare mariano. El Memorare a San José dice lo siguiente:
Acuérdate, oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San José, que jamás se
ha oído decir que ninguno que haya invocado tu protección e implorado tu auxilio, no haya sido
consolado. Confiando plenamente en tu poder, ya que ejerciste con Jesús el cargo de Padre, vengo a
tu presencia y me encomiendo a Ti con todo fervor. No deseches mis súplicas, antes bien acógelas
propicio y dígnate acceder a ellas piadosamente. Amén.

La comunidad religiosa de Santa Faustina, las Hermanas de Nuestra Señora


de la Misericordia, recitan el Memorare a San José diariamente. La misma Santa
Faustina tenía una tremenda devoción a San José y diariamente pedía su
intercesión por su vocación y misión. Ella escribió:
San José me alentó a tenerle una constante devoción. Él mismo me dijo que recitara tres oraciones
(el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria) y el Memorare (a San José) una vez al día. Me miró
con gran ternura y me hizo saber cuánto está apoyando esta obra (de misericordia). Él me ha
protegido y ha brindado su ayuda especial. Rezo todos los días las oraciones que me pidió y siento
su especial protección.2

SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A SER GUARDIÁN DE LA VIRGINIDAD Y LA PUREZA. Si


mantienes cotidianamente una relación amorosa con San José, tus ojos,
intenciones, corazón y relaciones serán agradables a Dios y estarán libres de

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cualquier cosa que vaya en contra de la pureza. Si caminas con San José, cada
vez hallarás menos placer en películas sucias y perversas; ese tipo de
“entretenimientos” asquearán tu alma. La música contaminada que degrada a la
mujer y ofende a Dios tampoco te llamará la atención. Eso no significa que sólo
debas escuchar música cristiana o ver películas cristianas, pero sí significa que
podrás distinguir la luz de la oscuridad.
Todas las personas, en mayor o menor medida, están expuestas a la tentación
de pecar contra la pureza, pero en San José tienen un guardián y protector. En
momentos de tentación acude a él y crecerás en inocencia y pureza. Pide
frecuentemente su intercesión para mantener tu corazón puro y casto.
He tomado como mi abogado y protector al glorioso San José, a quien me he encomendado con
todo el fervor de mi corazón, y por quien he sido visiblemente ayudada. Este tierno padre de mi
alma, este amoroso protector se ha precipitado a arrebatarme del miserable estado en el que mi
cuerpo languidecía, porque me había liberado de mayores peligros de otra naturaleza que
amenazaban mi honor y mi salvación eterna. 3
— Santa Teresa de Ávila

Ruego al gran San José, en quien tengo gran confianza, que venga en mi auxilio. 4
— Santa Isabel de la Trinidad

Leer “Una escalera milagrosa en Nuevo México” Pág. 172


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DÍA 27
Pilar de las Familias
Ruega por nosotros
Aquellos que son asiduos a la oración deberían, de una manera especial, apreciar la devoción a San
José. No sé cómo alguien puede reflexionar sobre los sufrimientos, las pruebas y las tribulaciones
que la Reina de los Ángeles padeció mientras cuidaba a Jesús en su infancia, sin valorar, al mismo
tiempo, los servicios que San José le brindó al Divino Niño y a su Bendita Madre.1
— Santa Teresa de Ávila

J esús, María y José aman a las familias. Sus tres corazones están muy
preocupados al ver que las familias de hoy se desmoronan.
El hombre moderno se ha distanciado de Dios intentando redefinir el
significado de la familia. Como resultado, las tasas de divorcio han ido en
constante aumento; la mayoría de las parejas casadas utilizan anticonceptivos; el
aborto es legal, y es socialmente aceptable que los niños crezcan con dos papás o
dos mamás. La familia está al borde de un gran precipicio.
En nuestros días, ciertos programas sostenidos por medios muy potentes parecen orientarse por
desgracia a la disgregación de las familias. A veces parece incluso que, con todos los medios, se
intenta presentar como «regulares» y atractivas — con apariencias exteriores seductoras —
situaciones que en realidad son «irregulares». En efecto, tales situaciones contradicen la «verdad y
el amor» que deben inspirar la recíproca relación entre hombre y mujer y, por tanto, son causa de
tensiones y divisiones en las familias, con graves consecuencias, especialmente sobre los hijos. Se
oscurece la conciencia moral, se deforma lo que es verdadero, bueno y bello, y la libertad es
suplantada por una verdadera y propia esclavitud.2
— San Juan Pablo II

San Juan Pablo II tiene toda la razón. Dios estableció a la familia para ser una
escuela de amor, algo hermoso, placentero y dador de vida, y el demonio y sus
agentes quieren destruirlo. ¿Cómo vamos algún día a poder revertir esta
situación? ¿Cómo podemos regresar al orden? La única manera de lograrlo es
presentando a la Sagrada Familia como modelo y sello de las familias. Cuando
en la sociedad se encumbre y celebre a la Sagrada Familia, volveremos a conocer
la santidad de la maternidad, el heroísmo de la paternidad y la bendición de los
hijos.
SAN JOSÉ QUIERE SER EL PILAR DE TU FAMILIA. Un pilar es un cimiento. Para que tu
hogar esté firmemente asentado y sea inamovible, tu familia necesita a San José
para que le enseñe la importancia de la oración, del respeto mutuo, la

56
pureza, la honestidad, el perdón, el amor; y lo más importante, a poner a Dios
por sobre todas las cosas.
¡SAN JOSÉ AMA A LA FAMILIA! San José, el pilar de la familia, nos enseña la
importancia de la maternidad, de la paternidad y de los hijos. Él es el santo de la
niñez y los años ocultos de Jesús. Él enseña al hombre moderno que la única y
verdadera definición de familia es aquella que consiste de una madre, un padre y
los hijos. La noción de la “familia moderna” es un engaño del demonio. La
redefinición del matrimonio y de la familia causa la ruptura de la sociedad, de la
cultura, de la moral y de los verdaderos valores familiares.
En la persona de San José los hombres pueden aprender lo que significa ser
un esposo y padre. Deben sacrificarse por la mujer, los hijos y por el bien común.
Para los hombres es un honor sacrificarse por los demás. La masculinidad y la
paternidad se perfeccionan a través del amor, el sacrificio y la fidelidad a aquellos
que han sido encomendados a su cuidado. El ejercicio de dicha masculinidad
hace que los esposos y padres se conviertan en pilares de la civilización y se
santifiquen. Un mundo lleno de hombres como San José renovará el orden social
y la moral.
Vi a Jesús ayudando a sus padres en todas las formas posibles, y también en las calles, y donde se
presentaba una oportunidad servía con alegría y gran disposición ayudando a todos. Le ayudaba a
su padre adoptivo en su oficio y se dedicaba a la oración y la contemplación. Era un modelo para
todos los niños de Nazaret. 3

— Beata Ana Catalina Emmerich

Leer “Testigo Silencioso” Pág. 174


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 28
Consuelo de los Afligidos
Ruega por nosotros
Nada le será negado (a San José), ni por Nuestra Señora ni por su glorioso Hijo. 1
— San Francisco de Sales

C onsolar a los afligidos es una obra de misericordia. La Iglesia tiene siete


Obras Espirituales y siete Obras Corporales de Misericordia. Las obras de
misericordia nos ayudan a ser fieles devotos de Jesucristo mediante el servicio a
los demás; nos ayudan a ser como San José.
SIETE OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA
Dar de comer al hambriento
Dar de beber al sediento
Vestir al desnudo
Dar techo a quien no lo tiene
Visitar a los presos
Confortar al enfermo
Enterrar a los difuntos
SIETE OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA
Enseñar al que no sabe
Rezar a Dios por vivos y muertos
Corregir al que se equivoca
Dar buen consejo al que lo necesita
Consolar a los afligidos
Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
Perdonar al que nos ofende
El título en latín Solatium Miserorum generalmente se traduce como
“consolar a los afligidos,” pero también se puede interpretar como “consolar a
los miserables” o “consolar a los que están en miseria.” Experimentar la miseria
o sentirse miserable no es agradable; sin embargo, la realidad es que todos vamos
a tener momentos miserables en la vida. Este mundo es un valle de lágrimas y
todos vamos a sufrir; esto es inevitable.

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Sean problemas financieros, dificultades matrimoniales, luchas psicológicas,
dificultades en las relaciones, la muerte de los seres queridos, o miles de otras
tribulaciones, todos experimentaremos miseria en la vida. Es bueno tener a
alguien a quien acudir para recibir consuelo y apoyo en esos momentos.
SAN JOSÉ TE CONSOLARÁ EN LOS TIEMPOS DIFÍCILES. La vida está llena de
muchas tristezas. Los seres queridos fallecen, los hijos a veces se rebelan, y el
tiempo, irremediablemente, se llevará tu juventud haciéndote viejo e inmóvil.
Sin importar lo que la vida traiga, San José siempre será tu consuelo, soporte y
refugio, porque él conoce muy bien las dificultades de la vida. Él es un padre
amable y amoroso que consuela a todos los que se acercan a él en tiempos de
aflicción. Su paternidad es incomparable.
Encomendémonos a nuestro buen padre San José, patriarca de los afligidos, ya que él mismo
atravesó tantas tribulaciones. 2
— San José Marello

Un padre amoroso consuela a sus hijos, especialmente cuando atraviesan


dificultades. La sabiduría y presencia de un padre dan seguridad y aliento en la
vida. El saber que siempre puedes acudir a tu padre en tiempos difíciles te da la
confianza de que todo saldrá bien aun cuando tu mundo parezca desmoronarse.
Desafortunadamente, muchas personas jamás han experimentado este tipo de
amor por parte del padre. En la actualidad mucha gente ha crecido con padres
emocionalmente abusivos, distantes y menos que virtuosos. Eso ha ocasionado
que las personas experimenten gran ansiedad y temores en la vida, así como una
terrible sensación de inseguridad.
Dios quiere que te apoyes en la paternidad de San José quien jamás te
abandonará. Sin importar cuál haya sido tu experiencia paternal, San José
siempre estará allí para ti. Él es tu padre espiritual y te ama, jamás te causará
daño. Daría su vida por ti un millón de veces.
Cuando la vida te decepcione, acude de inmediato a tu padre espiritual,
extiende tus brazos hacia él y cuéntale tus problemas. San José es el más
amoroso de los padres y siempre estará allí para ti, siempre atento, siempre
comprensivo.
Si os asalta el desánimo, pensad en la fe de José; si os invade la inquietud, pensad en la esperanza
de José, descendiente de Abrahán, que esperaba contra toda esperanza; si la desgana o el odio os
embarga, pensad en el amor de José, que fue el primer hombre que descubrió el rostro humano de
Dios en la persona del Niño, concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.
Bendigamos a Cristo por haberse hecho tan cercano a nosotros y démosle gracias por habernos dado
a José como ejemplo y modelo de amor a Él.3
— Papa Benedicto XVI

59
Leer “Unión piadosa de San José” Pág. 182
Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 29
Esperanza de los Enfermos
Ruega por nosotros
La Liturgia de la Iglesia enseña que él (San José) “cooperó, en la plenitud de los tiempos, en el gran
misterio de salvación” y es verdaderamente un “ministro de salvación.”1
— San Juan Pablo II

D ios ha sanado a muchas personas por la intercesión de San José, como a


Santa Teresa de Ávila, quien en varias ocasiones le dijo a la gente cómo
estando ella tan enferma y considerada ya medio muerta, experimentó una
sanación milagrosa después de haber rezado a San José.
Santa Teresa de Lisieux habría muerto de pequeña si no hubiera sido por la
intercesión de San José. Sus padres, los santos Louis y Zélie Martin, eran muy
devotos de San José, y a dos de sus hijos les pusieron su nombre, pero
desafortunadamente fallecieron al nacer. Cuando Zélie volvió a embarazarse,
creía que el bebé en su vientre era un niño y planeó ponerle José, pero al nacer
cuando vieron que era una niña decidieron ponerle Teresa.
Poco después de nacer, Teresa enfermó gravemente sin que nadie supiera la
causa de la enfermedad. Su madre, que ya había padecido la muerte de otros
hijos, se sentía sumamente triste, aunque se entregaba a la santa voluntad de
Dios. Temiendo la muerte de la pequeña Teresa, Zélie se hincó ante la estatua de
San José que tenía en su dormitorio pidiéndole al santo que sanara a su hija.
¡Milagrosamente Teresa se curó! Su madre escribió lo que había sucedido con su
pequeña Teresa:
Subí a mi cuarto (la pequeña Teresa estaba en el primer piso con una nodriza), me arrodillé a los
pies de San José y le pedí la gracia de sanación para la pequeña, aunque aceptaba la voluntad de
Dios. No acostumbro llorar, pero mientras rezaba lloraba. No sabía si bajar, pero al final decidí
bajar y ¿qué fue lo que vi? La bebé estaba mamando vigorosamente y no dejó de hacerlo hasta la 1
p.m. Escupió un poquito y se dejó caer hacia atrás en los brazos de la nodriza como si estuviese
muerta. Cinco personas estábamos a su alrededor, todos pasmados. Una empleada lloraba, y sentí
que se me helaba la sangre. La bebé parecía no respirar. Como no veíamos ningún signo vital, no
nos inclinamos para tratar de sentirlo, pero ella se veía tan calmada, tan en paz, que le agradecí a
Dios por haberle permitido morir de forma tan suave. Después de un cuarto de hora, mi pequeña
Teresa abrió los ojos y comenzó a sonreir. 2

SAN JOSÉ OFRECE ESPERANZA EN TIEMPOS DE ENFERMEDAD. Si tú o alguien que


conoces está enfermo, recurre a San José. Jesús quiere que acudas a tu padre
espiritual y le pidas ayuda y sanación. Dios sabrá si otorga la salud o no, pero no

61
es malo pedir como lo hizo Santa Zélie por su pequeña Teresa.
Si tú o un ser querido reciben sanación, no olvides que seguirás sufriendo en
la vida. Santa Teresa fue sanada de pequeña, pero sufrió muchos otros trastornos
en la vida, y eventualmente sucumbió a la muerte. Incluso Lázaro, a quien Jesús
resucitó de entre los muertos, volvió a morir. Por lo tanto, sea que experimentes
una sanación física o no, San José siempre ofrece esperanza de llevar una vida
libre de enfermedades en el cielo. San José te ayudará a abandonarte a la Divina
Providencia.
Como San José, vivamos cada día de acuerdo a las disposiciones de la Providencia, haciendo todo
lo que Dios sugiera.3
— San José Marello
Leer “Misas votivas” Pág. 184
Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 30
Patrono de los Moribundos
Ruega por nosotros
El nombre de José será nuestra protección durante todos los días de nuestra vida, pero
especialmente a la hora de la muerte. 1
— Beato Guillermo José Chaminade

S an José tuvo una feliz y santa muerte. Falleció contemplando a Jesús y


descansando en los brazos de María. ¿Qué mejor muerte podría
experimentar una persona? Dios ha designado a San José Patrono de los
moribundos porque él quiere que experimentemos una muerte santa y feliz como
la de San José.
Si bien la muerte es parte de la vida, no es una parte fácil de vivir.
Abandonarse y decir adiós a familiares y amigos resulta muy complicado. En
muchos monasterios hay carteles que dicen “Memento Mori” (recuerda que vas
a morir). Estos carteles no están colocados con una intención morbosa, sino
como recordatorio de que nuestra vida en la tierra llegará a su fin y tenemos que
estar preparados para la muerte porque Satanás siempre intenta llevar a un alma
a la desesperación para que se aleje de nuestro amoroso Dios en esa última hora.
Pregúntale a cualquier sacerdote y te dirá que a la hora de la muerte el alma
libra un combate espiritual, y por eso tenemos que invocar a nuestro padre
espiritual para que nos fortalezca, nos proteja y nos llene de confianza en el amor
y la misericordia de Dios.
Jesús le concedió [a San José] el privilegio especial de proteger a los moribundos en contra de los
engaños de Lucifer, de la misma forma que a Él [a Jesús] lo había salvado de los planes de Herodes.2
— San Alfonso María de Ligorio

SAN JOSÉ ES TU PATRONO PERSONAL. San José es el patrono personal de cada uno
porque todos vamos a morir, nadie estará aquí para siempre, por lo que cuentas
con un amoroso padre espiritual que te ayudará a prepararte para la muerte. En
su lecho de muerte, el mismo San José ha de haber estado preocupado por el
futuro de su esposa e Hijo. ¿Sufrirán? ¿Serán tratados cruelmente por los demás?
¿Su futuro será feliz? Pero San José tenía una infinita confianza en el amor y la
misericordia de Dios, y falleció confiando en que la Divina Providencia de Dios
cuidaría de su esposa y de su Hijo. Con San José en tu vida tampoco tendrás que

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temerle a la muerte, porque cuando llegue tu hora San José te ayudará a tener
una feliz y santa muerte.
La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte. En la Letanía de los Santos, por
ejemplo, nos pide rezar: “De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor,” a pedir a la Madre
de Dios que interceda por nosotros “en la hora de nuestra muerte” (Avemaría), y a confiarnos a San
José, patrono de la buena muerte.3
— Catecismo de la Iglesia Católica

El Catecismo nos dice que para prepararnos a morir, debemos


“encomendarnos a San José.” En otras palabras, ¡consagrarte a San José! Para
prevenir una muerte desdichada, una muerte que nos sorprenda sin preparación,
sin los últimos Sacramentos, hay que consagrarse a San José y llevar una vida de
santidad; de esa forma la muerte no nos llegará estando desprevenidos. En
nuestros días mucha gente no está preparada para morir, no piensan en su
mortalidad, viven como si fuesen inmortales e inmunes a la tumba. La muerte
para esas personas será una tortura.
En cuanto a ti, te aconsejo que lleves una vida piadosa unido a la Iglesia,
manteniéndote en estado de gracia mediante la Confesión y la Santa Comunión
frecuentes. ¡Entrégale todo a San José!
Esa persona [devota de San José] le rogará le consiga la gracia de morir como él: con el beso de
Jesús y en los brazos de María. 4
— Beato Guillermo José Chaminade

Dichoso serás si mueres asistido por San José. Entonces no te importará si las llamas te devoran, las
aguas te inundan, o la enfermedad te mata; las oraciones a San José te cubrirán con su manto
protector para defenderte.5
— Venerable Nelson Baker

Leer “Patrono de la Buena Muerte” Pág. 187


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 31
Terror de los Demonios
Ruega por nosotros
Jesús, María y José siguieron su camino atravesando los pueblos de Egipto y expulsando a los
demonios no sólo de los ídolos, sino de cantidad de cuerpos poseídos por ellos, curando a los que
estaban gravemente enfermos y en peligro de muerte. 1
— Venerable María de Ágreda

L os demonios le temen a Jesús, le temen a María, pero ¿sabías que también le


temen a San José? Esto es cierto; los demonios le tienen absoluto terror a
San José.
Los espíritus malignos se aterrorizan ante San José porque es el único esposo
de la Inmaculada y el padre de Jesucristo. San José es la puerta para ir a Jesús y
a María. Todo lo que lo toca se convierte en una reliquia. San José libró al
Salvador del mundo de las manos de Herodes, pasó décadas en adoración, ejerció
la autoridad paternal sobre Jesús, e hizo posible que Jesús y María ofrecieran su
sacrificio en el Calvario. Los demonios tienen gran temor a San José. ¡Él es
poderoso!
¡SAN JOSÉ EXTERMINA A LOS DRAGONES! El título “Terror de los Demonios” es el
título más singular de San José. Es un título imponente y autoritativo, es el título
de un guerrero. El lirio que sostiene San José en su mano es una poderosa arma
espiritual, una espada de pureza. Tiene el poder de atravesar dragones lanza
fuegos (demonios) y vencer todo tipo de inmundicia y oscuridad. El lirio que
empuña es una amenaza para todos los inmundos ejércitos de Satanás.
Los demonios se aterrorizan con la simple mención del nombre de San José.
Le temen a todo lo que tenga que ver con San José. Preguntarás “¿qué tan
aterrorizados pueden estar?” ¡Lo suficiente como para tenerle miedo hasta
cuando duerme! Cuando San José duerme ¡habla con Dios! No importa si su
mente y cuerpo están descansando. El espíritu de San José siempre está atento y
listo para proteger, defender y luchar por Jesús, María y las almas. Cuando San
José se levanta, los demonios saben que de inmediato hará la voluntad de Dios y
bloqueará sus malvadas intenciones. Ya sea que San José esté despierto o
dormido, todo el infierno tiembla ante el padre y rey de la Sagrada Familia.
San José es un hombre tranquilo, pero no es un tímido. Una mirada de sus
ojos hace que todo el infierno huya. ¡Una palabra de su boca derrota las fuerzas

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de las tinieblas como un hacha tala un bosque de árboles! ¿Quién puede estar
contra ti, si aquel que es Terror de los Demonios te protege?
SAN JOSÉ TE PROTEGERÁ CONTRA SATANÁS Y SUS DEMONIOS.
Ni Satanás, ni los
espíritus malignos ni los demonios son un mito. El mundo considera que estas
creaturas son cuentos de hadas y leyendas, pero no, son muy reales. Estamos en
una guerra espiritual y Satanás y sus demonios andan libres queriendo engañarte.
San Pedro brinda la siguiente descripción del demonio y lo que significa su
amenaza infernal:
Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente,
buscando a quién devorar. Resístanlo firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos dispersos por el
mundo padecen los mismos sufrimientos que ustedes.
— 1 Pe 5, 8-9

Para vencer al enemigo necesitas a Jesús, María, San José, y las enseñanzas y
Sacramentos de la Iglesia Católica. Cada cristiano necesita la verdad y la fuerte
paternidad espiritual de San José.
Eres un hijo(a) de San José. No importa si tienes 6 o 60 años. Jesús mismo,
estando a las orillas del Mar de Galilea, se dirigió a hombres adultos llamándolos
niños (ver Jn 21, 5). Jesús es Dios, y Él ha designado a San José para ser tu
amoroso padre espiritual. En momentos de miedo, de opresión, en peligro de
muerte y en la tentación extrema, corre hacia tu padre espiritual y él luchará por
ti. ¡El Terror de los Demonios está listo para aniquilar a esos dragones que te
acechan!
San José, te pido que tú y tu Inmaculada esposa me asistan en la batalla final. 2
— San Juan Neumann

Leer “Terror de los Demonios” Pág. 195


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

66
DÍA 32
Protector de la Santa Iglesia
Ruega por nosotros
La Iglesia invoca a San José como su Patrono y Protector por su inquebrantable confianza en aquél
a quien Cristo quiso confiar el cuidado y la protección de su propia niñez humana y frágil, desde el
cielo continuará realizando su tarea protectora para guiar y defender el Cuerpo Místico de Cristo
que es débil y que siempre está bajo ataque y en riesgo constante.1
— Santo Papa Pablo VI

L a Iglesia necesita la protección de San José. Conforme a los designios de la


Providencia, la Iglesia siempre ha necesitado su protección, pero hoy en día
la necesita más que nunca. La Iglesia está siendo atacada por aquellos que están
fuera (Satanás y el mundo) y por los que están dentro (muchos de sus propios
hijos). Tristemente, la Iglesia también tiene que ser protegida de sacerdotes y
obispos heterodoxos y espiritualmente débiles.
¿No me creen? El 29 de junio de 1972, el Santo Papa Pablo VI afirmó que “el
humo de Satanás ha entrado en la Iglesia,” y estaba en lo correcto; la Iglesia está
hecha un desastre. El humo de Satanás ha infiltrado incluso los niveles más altos
de la jerarquía. La única forma de eliminar ese humo y hacer que la Iglesia
vuelva a ser tan hermosa como era, es mediante el arrepentimiento y el retorno al
orden, no hay otra manera.
Jesús nunca prometió que todos los que estuviesen en la Iglesia serían santos.
La cizaña y el trigo crecen juntos. La Iglesia en su esencia es santa porque es la
esposa de Cristo, pero hay muchos miembros de la Iglesia que no son santos y
que estropean la belleza de la esposa de Cristo por sus acciones pecaminosas y
criminales. En el tiempo de Dios, la cizaña y el trigo serán separados. Nuestro
papel es mantenernos cerca de San José; de esa forma seremos trigo, no cizaña.
Para ser fieles y humildes colaboradores del plan divino en nuestra vida, necesitamos, además de la
protección de la Virgen María, la de San José, poderoso intercesor.2
— Santo Papa Juan XXIII

SAN JOSÉ PROTEGE A LA IGLESIA. Los tiempos en que vivimos están plagados de
escándalos, confusión y división. No es fácil mantener la fidelidad, el fervor y la
esperanza, pero tenemos razones para mantenernos esperanzados porque Dios
jamás nos abandonará, y San José tampoco lo hará. Él sabe lo que está pasando
en la Iglesia y quiere corregirlo.

67
San José es siempre el director del coro que entona la canción, pero a veces permite algunas notas
desafinadas.3
— San José Marello

En la Iglesia contemporánea hay muchas notas fuera de tono, pero ¡no


abandones el barco! A su debido tiempo, el Padre celestial les pondrá fin y
veremos nuevamente la gloria de la Iglesia. Todo está en manos de la Divina
Providencia; hay que confiar.
En México, en los tiempos de la persecución de la Iglesia, el Beato Miguel
Pro recurrió a San José pidiendo su ayuda. Su primer Misa la había celebrado en
un altar de San José. Más tarde daría su vida como mártir ante una tropa de
fusilamiento llevando un crucifijo en una mano, un rosario en la otra, y a San
José en su corazón. El Beato Miguel nos ofrece palabras de consuelo para los
tiempos difíciles que vivimos. Él afirma:
El esplendor de la resurrección [de la Iglesia] ya está en camino porque ahora la niebla de la pasión
[de la Iglesia] está en su punto más alto.4

Sosténganse fuertemente de Jesús, María y San José. Ellos están con nosotros.
Confíen en la Divina Providencia.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Ten misericordia de nosotros.

Leer “Patrono de la Iglesia Universal” Pág. 202


Rezar la Letanía de San José Pág. 205

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DÍA 33
Lo hizo Señor de su Casa
y administrador de todas sus posesiones
Así como Dios Todopoderoso designó a José, hijo del patriarca Jacob, a que guardara grano para el
pueblo en toda la tierra de Egipto, de igual forma en la plenitud de los tiempos, decidió enviar a su
único Hijo a la tierra, al Salvador del Mundo, eligiendo a otro José a imagen del primero para que
fuese señor y gobernador de su casa y posesiones, guardián de sus tesoros más valiosos.1
— Beato Papa Pío IX

¡N uestro padre espiritual San José es señor, jefe y guardián de los tesoros del
cielo! Muchos santos creen que Jesús habló de la grandeza de San José en
sus predicaciones. Ocurrió cuando la madre de Santiago y Juan le preguntó a
Jesús si sus hijos podían sentarse junto a Él en su reino. El texto dice lo siguiente:
Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él
para pedirle algo. «¿Qué quieres?», le preguntó Jesús. Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se
sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». «No saben lo que piden», respondió
Jesús. «¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?». «Podemos», le respondieron. «Está bien, les dijo
Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí
concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre». Al oír esto, l os
otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben
que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de
ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no
vino para ser vendido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».
— Mt 20, 20-28

¿Qué concluimos de la afirmación de Jesús? ¿Qué personas ha preparado el


Padre para que se sienten al lado de Jesús en el cielo? Obviamente, María, la
Madre de Jesús, se sienta a la derecha de Jesús. Ella es la Reina Madre en el
reino de Dios. ¿Y el lado izquierdo? ¿Para quién está reservado ese sitio? Tiene
lógica que esté reservado para San José. Es apropiado que Dios ponga a San José
del lado izquierdo de Jesús porque ¡no hay ningún santo más grande que el padre
de Jesucristo!
Es un crimen monstruoso que un padre sea pobre mientras el hijo(a) vive en abundancia. ¿Quién
podría imaginar que el Hijo de Dios, que es maestro de todas las virtudes, olvidaría a José a quien
amó y valoró como su padre? Él [Jesús] no debe haber escatimado ningún esfuerzo para
enriquecerlo.2
— Beato Guillermo José Chaminade

69
Sentado a la izquierda de Jesús en el Reino celestial, San José distribuye
todos los tesoros del cielo.
La devoción a San José es una de las gracias selectas que Dios puede darle a un alma, porque es
equiparable a revelarle todo el misterio de las gracias de Nuestro Señor. 3
— San Pedro Julián Eymard

SAN JOSÉ ES TU REFUERZO. Permite que él refuerce y haga crecer tu intimidad


con Jesús y María.
José es un intercesor muy poderoso y, por tanto, hacemos bien en tenerle gran devoción, honrarlo y
consagrarnos a él, algo sumamente agradable a Jesús y a María, quienes consideran que se hace a
ellos lo que se hace a San José.4
— San Pedro Julián Eymard

¡No sabemos con precisión cuánto le debemos a [San José]. Es un secreto que no se nos revelará
hasta el gran día; pero no dudemos de que aquel a quien Dios confió el cuidado de toda su casa, nos
ha concedido favores especiales que requiere nuestro más sincero agradecimiento.5
— Venerable Nelson Baker

Rezar la Letanía de San José Pág. 205


Leer “Día de la Consagración” Pág. 71

70
Día de la Consagración
Oh Dios, que en tu amorosa providencia elegiste a San José para ser esposo de tu santísima Madre,
concédenos la gracia de tener como nuestro intercesor en el cielo a aquél que veneramos en la tierra
como nuestro protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

¡F elicidades! Hoy te consagrarás por entero a San José.


Un programa integral de consagración a San José se ha estado desarrollando
desde hace tiempo. Ha tomado siglos para que el arma secreta de la consagración
a San José se desarrollara. Ahora que ha sido revelada, Dios te eligió para recibir
esta enorme bendición en tu vida espiritual. Has sido elegido(a) en este momento
de la historia para ser parte de la Consagración a San José. ¿Estás consciente de
lo bendecido(a) que eres?
En otros tiempos los santos habrían estado felices de tener un método
completo de preparación y consagración a San José. Sus santos instintos sabían
de la grandeza y maravillas de San José, y cada uno a su manera buscó la forma
de honrarlo y amarlo con devoción filial, pero eres tú quien aparecerá entre los
primeros en la historia de la Iglesia que vivirán en una extraordinaria era de
devoción a San José. ¡La era de San José!
La Santísima Trinidad quiere que San José sea más conocido y amado. Has
sido invitado a imitar las virtudes y santidad del corazón puro de San José. Con
San José a tu lado, la virtud y santidad se incrementará en tu vida. Cubierto por
el manto paternal de San José, estarás protegido de cualquier daño espiritual; no
hay nada que temer. Tu padre espiritual es el padre de Jesús, el esposo de la
Madre de Dios y ¡el Terror de los Demonios!
El que honra a su padre expía sus pecados…Honra a tu padre con obras y de palabra, para que su
bendición descienda sobre ti.
— Ecl 3, 3; 8

Por el resto de tu vida ama, confía y honra a San José. Acude a él en tiempos
de bonanza, en tiempos de pobreza, en tiempos buenos y malos. Él será tu
guardián, tu fortaleza, y tu certeza de que no te perderás. Si te sientes
preocupado, acude a José. Si te sientes ansioso, acude a José. Si te sientes solo,
si sufres una pérdida, o si tienes tentaciones, ¡corre hacia José! Él jamás estará
lejos de ti. Él escuchará tu voz y será tu pronta defensa. Cual intrépido guerrero,
tu padre espiritual correrá a tu lado y te protegerá.
Dios exige mucho de ti, pero te favorecerá generosamente en esta tierra y te exaltará si decides
imitar a San José en sus virtudes. 1

71
— San José Sebastián Pelczar

Nunca olvides lo que has aprendido en estos días de preparación. Renueva tu


consagración frecuentemente. Esfuérzate por agradar al amoroso corazón de tu
padre espiritual. Evita el pecado y vive como un fiel miembro de la Iglesia con
tu mirada puesta en Jesús, María y San José, aunque los escándalos persistan.
Ellos jamás te decepcionarán, jamás te abandonarán, siempre te amarán y estarán
a tu lado.
Le he pedido a Nuestro Señor que me conceda tener a San José como padre, así como me entregó a
María como Madre; que ponga en mi corazón esa devoción, esa confianza, ese amor filial de un
tutelado, de un devoto de San José. Confío en que el buen Maestro escuchó mis plegarias porque
ahora siento mayor devoción hacia este gran santo, y estoy lleno de confianza y esperanza.2
— San Pedro Julián Eymard

Rezar un “Acto de Consagración a San José” Pág. 207

72
73
Nuestro Padre Espiritual
Inspirados por el Evangelio, los Padres de la Iglesia de los primeros siglos enfatizaron que, al igual
que San José cuidó amorosamente de María y se dedicó alegremente a la educación de Jesucristo,
también vigila y protege el Cuerpo Místico de Cristo, es decir, la Iglesia.1
— San Juan Pablo II

¿A lguna vez has pensado en San José de forma paternal? ¿Se te ha ocurrido
que Jesús quiere que tengas a San José como tu padre espiritual? La Iglesia
siempre ha comprendido la maternidad espiritual de María en la Iglesia, pero no
siempre lo ha hecho con la paternidad espiritual de San José en relación a la
Iglesia. Para ver las razones de esto, primero hay que analizar cuál ha sido la
doctrina de la Iglesia sobre la paternidad que ejerció San José en Jesús.
En los primeros siglos del cristianismo, muchos de los fieles, incluyendo a los
Padres de la Iglesia, no estaban seguros de que realmente a San José se le pudiera
llamar padre de Jesús. Independientemente del hecho de que las Escrituras
nombran claramente a San José como padre de Jesús (ver Lc 2,33,48), muchos
cristianos primitivos opinaban que de ningún modo se le podría llamar así a San
José, porque tenían que cuidar que ese título no fuese a confundir a la gente
pensando que San José era el padre biológico de Jesús. En esencia, no querían
manchar de ninguna forma la creencia en la virginidad de María. No fue sino
hasta la predicación de San Agustín en el siglo IV, que la paternidad de San José
fue claramente explicada por la Iglesia. En uno de sus sermones, San Agustín
afirma que San José, aunque no era el padre biológico de Jesús, fue un verdadero
padre para Él porque ejerció una paternidad afectuosa, fiel y de autoridad.
Después de esta aclaración sobre el asunto de la paternidad de San José sobre
Jesús que hizo San Agustín, jamás se volvió a cuestionar el tema. Si San José es
realmente el padre de la Cabeza del Cuerpo Místico de Cristo, es necesariamente
el padre del resto de los miembros del Cuerpo de Cristo. Esta comprensión de la
protección y paternidad de San José sobre la Iglesia, comenzó lentamente a
abrirse paso en los escritos de los santos y místicos.
Por las Escrituras sabemos que San José cuidó y protegió a Jesús como un
padre. Por la Tradición sabemos que San José cuida y protege como padre
espiritual el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, pero ¿qué significa
personalmente para ti? Después de todo, eres miembro de la Iglesia. ¿Acaso
Jesús no quiere que San José te cuide con el mismo amor, autoridad, afecto y
fidelidad paternal como lo hizo con Jesús? La respuesta es “¡sí!”
En el siglo XIX, Jesús mismo le ordenó explícitamente a la Sierva de Dios,
Sor María Martha Chambón referirse a San José como “padre.” Esta santa monja
74
recibió gracias extraordinarias de Jesús, María y San José, y se le conoce como
la “mística de las santas heridas.” Jesús le dijo a Sor María Martha lo siguiente:
Debes referirte a San José como tu padre, porque yo le he dado el título y la bondad de un padre. 2

Mediante el Bautismo, te convertiste en hijo(a) de Dios y miembro de la


familia de Dios. Jesús es tu Señor, tu Salvador y tu Hermano. El Hijo de Dios se
convirtió en tu Hermano por una razón muy específica: Él quiere que participes
de su relación filial con el Padre celestial. Ésta es una verdad cristiana
fundamental. También es una verdad que nos ayuda a comprender la paternidad
espiritual que San José ejerce sobre ti.
Esto es a lo que me refiero:
Si Jesús es tu Hermano, sus padres se convierten en tus padres. No
físicamente, por supuesto, sino espiritualmente. Específicamente, la Madre de
Jesús se convierte en tu madre. El padre de Jesús se convierte en tu padre. Si
María es tu madre y Jesús es tu Hermano, San José tiene que ser tu padre.
Cualquier hombre que se case con tu madre es tu padre. Repito, la relación filial
que tienes con San José no es biológica — tampoco lo fue para Jesús — pero eso
no significa que la paternidad de San José no sea real, al contrario, es muy real.
Si la paternidad espiritual no fuese real, el llamar al Padre celestial de Jesús tu
Padre celestial, no tendría sentido.
Para tener una mejor apreciación de la paternidad espiritual de San José, San
Josemaría Escrivá nos ofrece una cándida observación.
Hay algo que no acaba de gustarme en ese título de padre adoptivo que a veces se le da a José,
porque da la impresión de que la relación entre José y Jesús era algo frío y externo. Ciertamente
nuestra fe nos dice que él no era su padre según la carne, pero ésa no es la única clase de paternidad. 3

Si bien no hay nada de malo en llamar a San José padre adoptivo de Jesús,
que además es uno de los títulos oficiales de la Letanía de San José, y San
Josemaría lo sabía y lo aceptaba, sí tiene toda la razón en que la paternidad
biológica no es la única clase de paternidad que existe.
Con absoluta certeza podemos afirmar que la primera vez que el Bebé Jesús
miró a San José y le habló, no le habría dicho: “¡Padre adoptivo!” No, el divino
Niño habría expresado con gran alegría (en arameo) “¡padre!”, o incluso
“¡papito!”. Repito, no hay nada malo en el término de padre adoptivo, pero hay
que reconocer que el Nuevo Testamento nunca se refiere a San José como “padre
adoptivo” de Jesús.
He aquí un ejemplo concreto: En una ocasión, María y San José perdieron al
Niño Jesús durante tres días. Los padres de Jesús lo buscaron ansiosamente, y
cuando finalmente lo encontraron, su madre le dijo: “tu padre y yo, angustiados,
75
te andábamos buscando.” (Lc 2,48). María no le dijo a Jesús: “Tu padre adoptivo
y yo te andábamos buscando.” La paternidad de San José fue más que una
custodia legal. Su relación paternal con Jesús era personal, autoritaria, afectiva,
moral y amorosa. Éste es el tipo de paternidad que San José también quiere tener
contigo.
San José es el mejor de los padres, y su paternidad espiritual fue planeada
desde toda la eternidad.
Hay una sola paternidad: la de Dios Padre, único Creador del mundo, de todo lo visible e invisible.
Sin embargo, al hombre creado a imagen de Dios se le ha concedido una participación en esa única
paternidad de Dios (Ef 3,15). San José es un caso admirable porque ejerció la paternidad sin ser
padre según la carne. Aunque no fue padre biológico de Jesús, cuyo Padre sólo es Dios, San José
vivió su paternidad a total plenitud. Ser padre significa, sobre todo, estar al servicio de la vida y del
crecimiento. San José, en este sentido, dio pruebas de gran devoción.4

— Papa Benedicto XVI

Quizás te preguntes, “¿por qué Jesús necesitaría en algo la paternidad de San


José teniendo a Dios como Padre?” Es una buena pregunta. Esencialmente, Jesús
necesitaba a San José como padre porque la naturaleza humana de Jesús lo
requería. Cuando el Hijo de Dios se encarnó se sometió a los requerimientos
antropológicos (humanos) de necesitar un padre humano para que lo amara, lo
alimentara, lo educara, le diera un techo, lo vistiera y lo protegiera. Jesús, la
Palabra Encarnada, no es un ser puramente espiritual; es Dios-Hombre, con una
naturaleza divina y una humana.
En su naturaleza humana, Jesús tenía necesidades físicas, emocionales y
psicológicas. Dios Padre no tiene cuerpo, emociones o pasiones porque jamás se
encarnó como lo hizo su Hijo. El Padre celestial no puede tocar físicamente,
caminar con alguien o abrazar a su Hijo encarnado. Por lo tanto, Dios Padre
confió a su Hijo a los cuidados amorosos y atentos de un padre humano. San
José toma el lugar del Padre celestial. Se le ha confiado cuidar la naturaleza
humana, el crecimiento y el desarrollo de Jesús. A través de la paternidad de San
José, Jesús creció plenamente hasta su edad adulta.
El progreso de Jesús en “sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52)
se llevó a cabo dentro de la Sagrada Familia a los ojos de José que tuvo la importante tarea de
“educar” a Jesús; es decir, de alimentarlo, vestirlo, y educarlo en la Ley y en el oficio, cumpliendo
las labores de un padre.5
— San Juan Pablo II

La naturaleza divina de Jesús no necesitaba nada de San José, pero la


naturaleza humana de Jesús sí necesitaba la paternidad de San José. Cuando el
Hijo de Dios se humilló a sí mismo tomando la naturaleza humana, se sometió a
76
las leyes del crecimiento y desarrollo humanos. Con el objeto de crecer
plenamente como hombre, Jesús necesitó una madre, un padre y tiempo. Todos
los niños necesitan esto.
El Venerable Fulton Sheen proporciona una interesante estadística en relación
a este tema, afirmando:
Dejen que aquellos que piensan que la Iglesia pone demasiada atención a María, se percaten del
hecho de que Nuestro Santísimo Señor mismo le entregó diez veces más su vida a ella que a sus
apóstoles.6

En otras palabras, los apóstoles estuvieron con Jesús tres años, ¡pero María
pasó más de 30 años con Él! ¿Por qué esto es importante? Es importante porque
la naturaleza humana de Jesús necesitaba aprender ciertas cosas del amor
maternal y ejemplos de su madre. Nuestro Salvador no es un robot o un ángel.
En su naturaleza humana, necesitaba una madre que le enseñara sobre la vida
humana, pero su Madre no fue la única que le enseñó. Pese a la importancia que
tiene la madre en el desarrollo humano de un hijo(a), su enseñanza llega hasta
cierto grado, especialmente cuando se trata de un niño.
Jesús era un niño, y como niño necesitaba de un padre que le enseñara lo que
es ser hombre. Jesús necesitaba la paternidad de San José como modelo de
masculinidad para poder imitarlo. Sólo un padre puede hacer eso por un hijo.
¿Cómo aprendió Jesús a hacer sacrificios como hombre? Siendo testigo del
ejemplo cotidiano de su padre. ¿En dónde aprendió Jesús a trabajar como
hombre? Lo aprendió en la carpintería de su padre. ¿Cómo aprendió Jesús a rezar
y adquirir los ademanes de un caballero? Jesús aprendió todas estas cosas de su
padre, San José.
Conforme al plan divino, un padre terreno, humano, era absolutamente
necesario en la vida de Jesús. Sin duda has escuchado el refrán, “como es el
padre, es el hijo.” Bueno, es cierto. En su predicación, el mismo Jesús habló del
poder que ejerce el buen ejemplo del padre. En el Evangelio de Juan, Jesús dice:
“En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino
lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo.”
(Jn 5,19). Nuestro Señor dijo estas palabras refiriéndose a su Padre celestial,
pero también se aplican a esos aspectos de la naturaleza humana de Jesús que se
fortalecerían por el ejemplo de San José.
José cumplió con todos los aspectos de su rol paterno. Sin duda habrá enseñado a Jesús a orar, junto
con María. En particular, José debió haber llevado a Jesús a la sinagoga para celebrar los ritos del
sábado, así como a Jerusalén para las grandes fiestas del pueblo de Israel. José, de acuerdo con la
tradición judía, habría dirigido las oraciones en casa todos los días por la mañana, por la noche,
durante las comidas, así como en las principales fiestas religiosas. Al ritmo de los días que vivió en
Nazaret, en aquel hogar sencillo y en el taller de José, Jesús aprendió a alternar la oración con el
77
trabajo, y ofrecerle a Dios sus labores para ganar el pan que la familia necesitaba.7
— Papa Benedicto XVI

Jesús pasó décadas aprendiendo las virtudes de la masculinidad de su padre


terreno San José queriendo ser como él. Jesús tiene a San José en concepto tan
elevado, que Él quiere que tú también seas un hijo(a) de San José y que te
asemejes a él en sus virtudes.
Pero ¿por qué necesitamos la paternidad de San José si ya tenemos un padre
biológico que comparte nuestra naturaleza y que se supone cuida de nosotros?
Permíteme responderte haciéndote algunas preguntas:

¿Es tu padre biológico el Esposo de la Madre de Dios y padre de Jesucristo?


¿Tu padre biológico tiene un nivel extraordinario en todas las virtudes?
¿Es tu padre biológico la Cabeza de la Sagrada Familia, el Patrono de la Iglesia Universal, y el
Terror de los Demonios?

Jesús quiere que tengas la paternidad espiritual de San José porque no existe
hombre más capaz de modelar una verdadera paternidad para ti que San José. Su
amorosa paternidad espiritual tiene el poder de llevarte muy cerca de los
Corazones de Jesús y María, incrementar tus virtudes, protegerte de Satanás y
ayudarte a alcanzar el cielo.
Habiendo afirmado eso, también necesito aclarar que la paternidad espiritual
de San José no tiene la intención de reemplazar la paternidad de tu padre
biológico, de la misma forma que la maternidad espiritual de María no intenta
reemplazar el lugar de tu madre biológica. El parentesco espiritual de San José y
María están destinados a complementar el testimonio de amor de tus padres
terrenos, ayudándote a crecer en la vida espiritual, especialmente en las virtudes
y la santidad.
Esperemos que tus padres biológicos hayan hecho su mejor esfuerzo en
amarte, educarte, alimentarte, darte un techo, vestirte, protegerte y corregirte. Si
tus padres han sido virtuosos y piadosos, debes considerarte una persona
sumamente bendecida. Tristemente, hoy en día muchas personas no han tenido
esa experiencia. Vivimos en un mundo caído, y la mayoría de la gente ha visto y
experimentando las debilidades e imperfecciones de sus padres. Sin embargo,
con San José y María como tus padres espirituales, has sido bendecido con
padres y modelos perfectos.
Indudablemente somos hijos de María, y ésta es nuestra gloria y consuelo; pero también somos
hijos adoptivos de San José, y no es razón menor para la confianza que hemos puesto en él. 8
— Beato Guillermo José Chaminade

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Jesús quiere que aceptes a San José como tu padre espiritual. Esto es cierto ya
sea que hayas tenido un padre biológico piadoso o pecador. San José es el más
grande, amoroso y santo de todos los padres. Es el padre de los cristianos y el
modelo perfecto del amor paternal.
Él (San José) es el padre de los cristianos ya que es el depositario de la semilla de gracia que
engendró a los cristianos. Si San José es nuestro padre, imitemos sus obras. 9
— Beato Guillermo José Chaminade

Si la paternidad espiritual de San José es tan importante, ¿por qué Jesús no


nos hizo comprender la paternidad espiritual de San José hace 2,000 años? La
respuesta más sencilla es que eso nos habría confundido. Cuando Jesús les habló
a sus discípulos del Padre celestial, hubiese sido muy confuso para ellos si
también les hubiese hablado de la paternidad espiritual de San José.
Seguramente esa es la razón por la cual Jesús no inició su ministerio público sino
hasta después de la muerte de San José. Jesús quería que sus discípulos supieran
las virtudes, maravillas y paternidad espiritual de San José, pero por el bien de su
misión, tuvo que dejar la revelación de este misterio al Espíritu Santo y a la
Iglesia.
El hecho de que Jesús no hubiese hablado a sus discípulos sobre San José, de
ninguna forma nos indica que Jesús pensó poco en su padre, al contrario; el
silencio de Jesús sobre su padre adoptivo revela la extrema santidad de San José.
Jesús comprendía tanto a San José, que sabía que él estaba más que dispuesto a
apartarse de la escena para que Jesús diese prioridad a hacer la voluntad de su
Padre celestial. Por amor a Jesús, San José aceptó llevar una vida casi oculta sin
importancia aparente porque él deseaba una sola cosa: que Jesús llevara a cabo
la misión que le había encomendado su Padre celestial. A San José no le
importaba estar al centro del escenario, y Jesús apreció en gran medida esa
actitud de San José. ¡La humildad de San José es testimonio de su grandeza!
Pero en nuestros tiempos ha llegado la hora de que, por el bien de la
humanidad, el Espíritu Santo ha querido revelar plenamente las virtudes,
maravillas y paternidad espiritual de San José a todas las naciones. Este gran
misterio ha sido reservado para en un momento en que la Iglesia y el mundo lo
necesitan más.
¡Ahora es el tiempo de San José!
En nuestra era, Jesús quiere que la Iglesia conozca, ame, honre y busque
refugio en la paternidad espiritual de San José. No ha habido un tiempo en la
historia en que el pueblo de Dios haya necesitado más a San José. ¿Por qué?
Dicho sencillamente, la mayoría de los hombres ya no saben o comprenden lo

79
que significa ser un caballero, ya no se diga lo que significa ser un buen padre.
Los niños han crecido con pobres ejemplos de paternidad, y eso si es que han
crecido con un padre. Anticoncepción, pornografía, aborto, confusión de género,
depravación moral, iglesias vacías, clérigos moralmente corruptos y caos
cultural, son sólo algunos de los frutos de una sociedad que carece de verdaderos
hombres y padres. Jesús quiere atraer nuestra atención sobre la paternidad
espiritual de San José para corregir estos errores y volver a poner orden en la
Iglesia y en el mundo.
¿Qué deberíamos, pues, esperar de la paternidad espiritual de San José? ¿Qué
hará él por nosotros? San José nos ama y gustoso hará exactamente las mismas
cosas que un padre biológico hace por sus hijos, sólo que a un nivel espiritual.
Espiritualmente nos alimentará, nos dará techo, nos vestirá, educará, protegerá, y
corregirá; ése es su papel de padre. Exceptuando la corrección, San José hizo
todas esas cosas por Jesús, nuestro Hermano, y por supuesto que San José
proveyó todas las necesidades físicas de Jesús durante muchos años.
Si José estuvo tan comprometido, de corazón y alma, en proteger y proveer a esa pequeña familia
en Nazaret, ¿no crees que ahora desde el cielo seguirá siendo el mismo padre amoroso y guardián
de toda la Iglesia, de todos sus miembros, como lo fue de su Cabeza en la tierra? 10
— Venerable Papa Pío XII

Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la madre de Jesucristo, es la madre de todos los
cristianos a los que dio a luz en el monte Calvario en medio de la agonía suprema de la Redención;
Jesucristo es, en cierto modo, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la
redención son sus hermanos. Y por tales razones, el Bendito Patriarca (San José) considera a la
multitud de cristianos que componen la Iglesia como especialmente confiados en su confianza.11
— Papa León XIII

Como el mejor y más amoroso de los padres, San José está listo para
protegerte en la seguridad de los Sacramentos y enseñanzas de la Iglesia
Católica, vestirte con virtudes, educarte en la vida interior, protegerte bajo su
manto paternal y corregirte en caso de que te desvíes.
Si alguien no puede encontrar un maestro que le enseñe cómo orar, que elija a este glorioso Santo
(José) como su maestro, y no se desviará. 12
— Santa Teresa de Ávila

El ponerte bajo el manto paternal de San José es una gran bendición en la vida
espiritual. En la tradición carmelita, el manto de San José es un tema muy
importante en las representaciones artísticas de San José. Su manto es un
símbolo de seguridad y protección paternal. Así como María protege a sus hijos
bajo su manto, San José también protege amorosamente a sus hijos bajo su manto
paternal. En la devoción católica, los que aman a San José algunas veces rezan
80
la Novena al Manto Sagrado. Por lo general las novenas son de nueve días, pero
la Novena al Manto Sagrado consiste de 30 días de oración en honor a los
30 años que San José vivió con Jesús. La Novena al Manto Sagrado está
considerada como una de las novenas más eficaces del tesoro de la Iglesia.
Resguárdate bajo el manto paternal de San José. Abre tu corazón a la
paternidad espiritual de San José y experimenta el amor del mejor de los padres.
Es, entonces, natural y digno que mientras el Beato José atendiera todas las necesidades de la
familia en Nazaret y lo ceñiera con su protección, ahora debería cubrirse con el manto de su
patrocinio celestial y defender la Iglesia de Jesucristo. 13
— Papa León XIII

Glorioso San José, esposo de la Virgen María, te rogamos por el corazón de Jesucristo, nos
concedas tu paternal protección.14

— San Francisco de Sales

81
Privilegios de la devoción a San José
Ama mucho a San José. Ámalo con toda tu alma porque él, junto con Jesús, es la persona que más
ha amado a Nuestra Bendita Señora y ha estado más cerca de Dios. Él es la persona que más ha
amado a Dios, después de Nuestra Madre. Él merece tu afecto y te hará bien conocerlo porque él es
el Maestro de la vida interior y tiene un gran poder ante el Señor y ante la Madre de Dios.1
— San Josemaría Escrivá

J esús quiere que ames a San José. Nuestra Señora quiere que ames a San José;
ambos lo quieren para que aumenten tus virtudes y tu santidad. Sin importar
cuál sea tu vocación o tu estado de vida, serás bendecido si mantienes una
devoción ferviente a San José. Los privilegios de la devoción a San José son
tremendos y ¡están a tu disposición!
La devoción a San José es poderosa porque él da su protección, su ejemplo y su bendición. 2
— San Jorge Preca

La Beata María Teresa de San José amaba mucho a este santo y recibió
gracias extraordinarias del cielo por confiar en su intercesión. Ana María
Tauscher van den Bosch (su nombre antes de entrar a la vida religiosa) nació en
Alemania en 1855. Fue criada en una fervorosa familia protestante y su padre era
ministro luterano. Al paso del tiempo, Ana María se enamoró de las enseñanzas
católicas y le hizo saber a su padre que quería convertirse al catolicismo. Su
padre, nada contento con su decisión, le dijo que se sentía avergonzado de ella
por querer abandonar su educación protestante, e incluso le dijo que ya no la
quería viviendo en su casa.
En una ocasión, viviendo ya por su cuenta, pero antes de ser católica, su padre
la visitó con la intención de persuadirla a unirse a la Iglesia Católica. Durante
esa visita, el padre descubrió un libro de San José en la habitación de su hija, y le
echó un rápido vistazo dejándolo de nuevo allí. Más tarde, durante la cena,
ridiculizó y se burló de San José enfrente de su hija. En su autobiografía, Ana
María hace un recuento de aquel evento, escribiendo:
Durante la cena mi padre dijo: “¿Cómo puede alguien rezarle a un hombre tan extraño como ése?”
Esta expresión de “extraño” o “extravagante” me causó una gran impresión. Pensé más y más en
San José, y adquirí tan grande y tierna devoción al querido Padre San José — como yo lo llamo —
que pensé que debería hacer reparación por la frialdad de todos los que no creen en él.3

Después de su conversión al catolicismo, el supervisor de Ana María en el

82
trabajo, un luterano, la despidió por haberse hecho católica, y fue tan cruel
después de despedirla, que siguió hablando mal de ella con otros, de tal manera
que ella no pudo encontrar trabajo en ningún lado, por lo que Ana María no tenía
dinero ni lugar dónde vivir. Sin embargo, su gran amor por San José no
disminuyó. Diariamente buscó consuelo en el amor de su padre San José.
Eventualmente, se le dio permiso de cambiarse a un convento agustino y hacer
trabajos menores como una forma de pagar su cuarto y comidas. Escribió:
El recuerdo de mi papá preguntando cómo alguien podía rezarle a una persona tan “extraña” penetró
profundamente en mi corazón, y de allí me surgió un gran amor y confianza en él (San José). Me
encomendé todavía más a su cuidado paternal y muchas veces San José me dio pruebas de su
atención por mí.4

Eventualmente, Ana María se convirtió en monja tomando el nombre de


Hermana María Teresa de San José. Con el tiempo encontraría una nueva
comunidad religiosa: las Hermanas Carmelitas del Divino Corazón de Jesús, y
también estableció institutos caritativos alrededor del mundo. Durante toda su
vida se refirió a San José como “Padre San José,” atribuyendo a la intercesión de
su padre espiritual todo cuanto había podido lograr. El Papa Benedicto XVI la
beatificó en el 2006.
En el siglo XVII, la Venerable María de Ágreda escribió sobre las
extraordinarias gracias que Dios concede a los devotos de San José. La
Venerable María de Ágreda fue una mística y aclamada autora de la obra que
detalla la vida de la Virgen María, intitulada Mística Ciudad de Dios. Su trabajo
es una verdadera obra maestra de devoción. En el libro escribió ampliamente
sobre San José, y recibió muchas revelaciones e intuiciones sobre las
bendiciones que aguardan a los devotos de San José. Ella escribió:
Pero algunos privilegios he entendido que, por su gran santidad, le
concedió el Altísimo a los que le invocaren por su intercesor, si
dignamente lo hacen.
El primero es para alcanzar la virtud de la castidad y vencer los
peligros de la sensualidad carnal.
El segundo, para alcanzar auxilios poderosos para salir del pecado y
volver a la amistad de Dios.
El tercero, para alcanzar por su medio el amor y la devoción a María
santísima.
El cuarto, para conseguir una buena muerte y la defensa contra el
demonio en aquella hora.

83
El quinto, que temiesen los mismos demonios al oír el nombre de San
José.
El sexto, para alcanzar salud corporal y remedio en otros trabajos.
El séptimo privilegio, para alcanzar sucesión de hijos en las familias.
Estos y otros muchos favores hace Dios a los que debidamente y como
conviene le piden por la intercesión del esposo de nuestra Reina San José;
y pido yo a todos los fieles hijos de la Santa Iglesia que sean muy devotos
suyos, y los conocerán por experiencia, si se disponen como conviene para
recibirlos y merecerlos.5
¡Los siete privilegios de devoción a San José son estupendos! La Venerable
María de Ágreda escuchó a Nuestra Señora misma referirse a ellos, diciendo:
Hija mía, aunque has escrito que mi Esposo San José es nobilísimo entre los santos y príncipes de la
celestial Jerusalén, pero ni tú puedes ahora manifestar su eminente santidad, ni los mortales pueden
conocerla antes de llegar a la vista de la divinidad, donde con admiración y alabanza del mismo
Señor se harán capaces de este sacramento; y el día último, cuando todos los hombres sean
juzgados, llorarán amargamente los infelices condenados no haber conocido por sus pecados este
medio tan poderoso y eficaz para su salvación, ni haberse valido de él como pudieran, para granjear
la amistad del justo juez. Y todos los del mundo han ignorado mucho los privilegios y prerrogativas
que el Altísimo Señor concedió a mi Santo Esposo y cuánto puede su intercesión con Su Majestad.
… lo que pide mi Esposo en el cielo concede el Altísimo en la tierra y a sus peticiones y palabras
tiene vinculados grandes y extraordinarios favores para los hombres, si ellos no se hacen indignos
de recibirlos. Y todos estos privilegios corresponden a la perfección columbina de este admirable
santo y a sus virtudes tan grandiosas, porque la divina clemencia se inclinó a ellas y le miró
liberalísimamente, para conceder admirables misericordias para él y para los que se valieren de su
intercesión.6

En el siglo XX, la Beata Concepción Cabrera de Armida, una famosa mística


mexicana, escribió meditaciones con el propósito de instruir e inspirar a los
fieles. En una meditación, la Beata Concepción ofreció una perspectiva de la
importancia de la devoción a San José, poniendo las siguientes palabras en los
labios de Nuestra Señora:
Ámalo [a San José], hija mía, y haz que lo amen mucho. Si quieres complacerme, no puedes hacer
nada que me haga más feliz que tenerle una devoción filial, que lo honres en tu hogar y que imites
sus virtudes. Tómalo como patrono de tu vida interior y espiritual, y avanzarás mucho en la
perfección.

84
Los dones del Espíritu Santo
Hay una regla general en relación a las gracias especiales que se conceden a cualquier ser humano.
Siempre que el favor divino elige a alguien para recibir una gracia especial o aceptar una vocación
sublime, Dios adorna a la persona elegida con todos los dones del Espíritu necesarios para realizar
la tarea encomendada. Esta regla general se cumplió de manera muy especial en el caso de San
José.1
— San Bernardino de Siena

S an José tuvo la más sublime de las vocaciones, la más grandiosa de las


misiones. Fue llamado para ser esposo de la Virgen María y padre de
Jesucristo. Su misión requirió de los siete dones del Espíritu Santo (sabiduría,
entendimiento, consejo, ciencia, piedad, fortaleza y temor de Dios).
Considera que el Espíritu Santo eligió únicamente a José para que fuera el protector de la Santísima
Virgen, para ser su verdadero esposo y, por lo tanto, ningún ser creado puede igualar la gloria de
este gran santo.2
— Beato Guillermo José Chaminade

San José no sólo fue elegido para ser el protector de María, sino también para
ser el protector de Jesús, ¡y de ti! Jesús y María están en el cielo, pero tú no. Eso
significa que la misión de José es continua. Desde el cielo él vigila a los que se
le han encomendado a su cuidado amoroso y le pide al Espíritu Santo que
derrame gracias sobre sus hijos.
Tienes una misión: santificarte amando verdaderamente a Dios, y a tu prójimo
con misericordia. Necesitas en tu vida los siete dones del Espíritu Santo que te
ayudarán a parecerte a tu padre espiritual y llegar al cielo.
¿Pero qué es lo que específicamente hacen en nosotros los siete dones del
Espíritu Santo? La Congregación de los Padres del Espíritu Santo nos dan la
respuesta. Los Padres del Espíritu Santo (también llamados espiritanos) es una
comunidad religiosa dedicada a difundir por todo el mundo una novena muy
poderosa al Espíritu Santo que contiene un excelente resumen de lo que son los
dones y lo que hacen en nosotros. Con la autorización de los Padres del Espíritu
Santo, transcribimos la descripción de los siete dones del Espíritu Santo que se
incluyen en la novena, así como una hermosa oración:
El don de ciencia permite al alma valorar las cosas creadas por lo que valen en su relación con Dios.
El conocimiento desenmascara la pretensión de las creaturas, revela su vacío y apunta a su único y
verdadero propósito como instrumento al servicio de Dios. Nos muestra el amoroso cuidado de
Dios incluso en la adversidad, y nos dirige a glorificarlo en todas las circunstancias de la vida.
Guiados por su luz, ponemos lo más importante en primer lugar y apreciamos la amistad de Dios
por encima de todo lo demás.
El don de entendimiento nos ayuda a comprender el significado de las verdades de nuestra santa
85
religión. Por la fe las conocemos, pero al comprenderlas aprendemos a apreciarlas y disfrutarlas.
Nos permite penetrar el significado profundo de las verdades reveladas y, a través de ellas,
apurarnos a renovar nuestra vida. Nuestra fe deja de ser estéril e inactiva, pero inspira una forma de
vida que da un testimonio elocuente de la fe que está en nosotros.
El don de consejo confiere al alma una prudencia sobrenatural permitiéndole discernir rápida y
correctamente lo que ha de hacerse, especialmente en circunstancias difíciles. El consejo aplica los
principios proporcionados por la ciencia y el entendimiento a los innumerables casos concretos que
nos confrontan a lo largo de nuestras tareas cotidianas como padres, maestros, servidores públicos y
ciudadanos cristianos. El consejo es un sentido común sobrenatural, un tesoro invaluable en la
búsqueda de la salvación.
El don de fortaleza sostiene al alma contra el miedo natural y nos impulsa a cumplir nuestras tareas.
La fortaleza le transmite a la voluntad perseverancia y firmeza para que realice, sin dilación, las
tareas más difíciles, enfrentar peligros, pasar por encima de los respetos humanos, y a soportar sin
queja el lento martirio de, incluso, toda una vida de tribulaciones.
El don de piedad engendra en nuestros corazones un afecto filial por Dios como Padre amoroso.
Nos inspira a amar y respetar, en su nombre, a personas y cosas consagradas a Él, así como aquellos
que están investidos con su autoridad, a su Madre, a San José, los santos, la Iglesia y su cabeza
visible, a nuestros padres y superiores, a nuestro país y sus gobernantes. El que está colmado con el
don de piedad, considera la práctica de su religión no como una carga pesada, sino como un servicio
muy preciado.
El don del temor nos llena de un soberano respeto por Dios y hace que nuestro mayor temor sea
ofenderlo por el pecado. Es un temor que surge no del pensamiento del infierno, sino de
sentimientos de reverencia y sumisión filial a nuestro Padre celestial. El temor es el comienzo de la
sabiduría que nos desprende de los placeres mundanos que pueden, de una u otra forma, separarnos
de Dios.
El don de la sabiduría abarca todos los demás dones, así como la caridad abarca todas las virtudes.
La sabiduría es el más perfecto de los dones. De la sabiduría está escrito: “todas las cosas buenas
me llegaron con ella, e innumerables riquezas a través de sus manos.” El don de la sabiduría es el
que fortalece nuestra fe, fortifica la esperanza, perfecciona la caridad y promueve la práctica de la
virtud en el grado más alto. La sabiduría ilumina la mente para discernir y saborear las cosas divinas
en cuya apreciación las alegrías terrenales pierden su sabor mientras la Cruz de Cristo produce una
dulzura divina.

Oración por los siete dones del Espíritu Santo


Oh Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para terminar
tu obra en las almas de tus apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo para
que perfeccione en mi alma la obra de tu gracia y amor. Concédeme el espíritu de sabiduría para
despreciar las cosas perecederas de este mundo, y que aspire sólo a las cosas eternas. Concédeme el
espíritu de entendimiento para iluminar mi mente con la luz de tu divina verdad. Concédeme el
espíritu de consejo para que siempre elija el camino más seguro de agradar a Dios y ganar el cielo.
Concédeme el espíritu de fortaleza para soportar mi cruz contigo y superar con valentía todos los
obstáculos que se opongan a mi salvación. Concédeme el espíritu de conocimiento para conocer a
Dios y me conozca a mí mismo, para crecer perfectamente en la ciencia de los santos. Concédeme
el espíritu de piedad para que me sea dulce y agradable servir a Dios. Concédeme el espíritu de
temor para que mi amorosa reverencia a Dios sea plena y tema cualquier forma de ofenderle.
Márcame, amado Señor, con la señal de tus verdaderos discípulos y aliéntame en todas l as cosas
con tu Espíritu. Amén.

86
Oratorio a San José

Mi única gran devoción es hacia San José, quien me guía y me da plena confianza.1
— San Andrés Bessette

Los santos son héroes, y cada héroe merece un lugar de honor. Esto es especialmente
cierto de San José. Él es el mayor santo, el héroe más grandioso y ¡merece una basílica
en su honor! La realidad es que hay muchos santuarios alrededor del mundo dedicados
a San José (ver aquí para una lista). Sin embargo, hay uno que se destaca sobre todos
los demás: El Oratorio de San José en Montreal, Canadá. El Oratorio de San José es
una basílica mundialmente aclamada como el principal centro internacional de
devoción a San José.

El Oratorio de San José fue fundado por San Andrés Bessette (también conocido
como hermano Andrés). Este increíble santo nació cerca de Montreal en 1845. Su
nombre de pila era Alfred, y sus padres eran católicos devotos; él fue el hijo número
ocho de doce hijos. Años más tarde cuando entró a la vida religiosa, tomó el nombre
de Andrés.

El padre de Alfred era leñador de oficio, y murió trágicamente al caerle encima


un árbol cuando el pequeño tenía sólo 9 años. Dos años después, la madre de Alfred
falleció de tuberculosis, por lo que el niño quedó huérfano a la edad de 12 años.
Habiendo perdido tanto a su padre como a su madre a tan corta edad, Alfred desarrolló
una fuerte devoción a San José y le encomendó totalmente su vida. Nunca gozó de
buena salud y tampoco tuvo una buena educación. Cuando era joven se trasladó a los
Estados Unidos y pasó algún tiempo en Connecticut trabajando en varias fábricas de
textiles.

Después de un tiempo, ingresó a la Congregación de la Santa Cruz y se convirtió


en hermano lego; nunca fue ordenado sacerdote. Debido a su falta de educación, al
hermano Andrés (Alfred) se le dio la sencilla tarea de portero de un colegio
administrado por su comunidad religiosa en Quebec. Se mantuvo en ese puesto durante
más de 40 años. Era un hombre tan humilde, que con frecuencia se refería a sí mismo
como “el perrito de San José,” pero Dios tenía grandes planes para él.

Aunque era un humilde portero, el hermano Andrés rápidamente fue conocido


en todo Canadá como un hombre muy santo y piadoso. Pasaba incontables horas
rezando con la gente que se acercaba a la puerta a verlo. A todos les ofrecía aceite
devocional que colectaba de la lámpara que estaba al lado de una estatua de San José,
87
y recomendaba que le encomendaran a San José todas sus necesidades. Por la
intercesión del hermano Andrés ocurrieron incontables milagros, pero él siempre los
atribuyó a la amorosa intercesión de San José.

Frecuentemente el hermano Andrés sufría burlas y era ridiculizado por su


sencillo amor a San José, su piedad y devoción. Tristemente, incluso miembros de la
Iglesia expresaban disgusto por él, especialmente por la atención que daba a todas las
personas enfermas que llegaban a verlo. Muchos miembros de la Iglesia se sintieron
celosos del hermano Andrés porque no pocos lo consideraban un santo. En promedio,
el hermano Andrés recibía más de 80,000 cartas al año de la gente que le pedía
oraciones. Las cartas eran tan numerosas, que necesitaba cuatro personas para ayudarlo
con el correo. La sabiduría contenida en su correspondencia siempre fue sencilla y
directa: ¡Acudan a José!

Cuando uno invoca a San José, no hay que hablar mucho, porque el Padre celestial sabe lo que necesitamos
y también lo sabe su amigo San José. Hay que decirle, “Si tú estuvieras en mi lugar San José, ¿quéharías?”2
— San Andrés Bessette

En agradecimiento por todas las maravillas que ocurrían a través de la


intercesión de San José, el hermano Andrés quiso establecer un santuario en su honor.
Sus superiores religiosos le otorgaron el permiso para el proyecto, y con ayuda de otras
personas se erigió una pequeña capilla dedicada a San José en 1904. En 1924, comenzó
la construcción de una basílica en el lugar donde había construido su pequeña capilla
en 1904. La basílica quedaría terminada en 1967 y se conocería en todo el mundo
como el Oratorio de San José, el santuario más grande del mundo dedicado a este gran
santo. Desafortunadamente, San Andrés no vivió para ver terminada la basílica; murió
en 1937 a la edad de 91 años. Sin embargo, gracias a sus esfuerzos para difundir la
devoción a San José, se le conoce en todo el mundo como el más grande “Apóstol de
San José” del siglo XX. Fue tan amado y respetado, que más de un millón de personas
pasaron frente a su ataúd abierto antes de que la Misa fúnebre se celebrara. Fue
beatificado por San Juan Pablo II en 1982 y canonizado por el Papa Benedicto XVI en
el año 2010. En el calendario litúrgico universal, la festividad de San Andrés se celebra
el 6 de enero, el día que falleció. En Canadá, su fiesta se celebra el 7 de enero porque
la solemnidad de la Epifanía siempre es celebrada el día 6 de enero y las solemnidades
tienen prioridad.

Actualmente, más de 2 millones de personas visitan el Oratorio de San José


anualmente. La gente viaja en peregrinación al Oratorio de San José de todas partes
del mundo pidiendo gracias especiales por la intercesión de San José y de San Andrés
Bessette. Ya sea que pidan por la salud, asistencia en matrimonios difíciles, la
conversión de hijos extraviados, o cualquier otra situación que pesa en el corazón
humano, todos los que visitan la basílica encuentran paz, esperanza y consuelo en San
88
José.
Los restos mortales de San Andrés están preservados en la basílica y un relicario
especial contiene su corazón. En 1984, San Juan Pablo II visitó el Oratorio de San José
como peregrino mientras hacía una visita papal a Canadá, y ante la tumba del santo, el
Papa ofreció su corazón a San José y San Andrés. Transcribimos una parte de la
hermosa oración que San Juan Pablo II ofreció en esa ocasión:

Beatísimo [santo] hermano Andrés Bessette, portero del colegio y custodio del Oratorio de San José: dales
esperanza a todos aquellos que siguen buscando tu auxilio. Enséñales la confianza en la virtud de la oración, y con ello,
el camino a la conversión y a los Sacramentos. A través de ti y de San José, que Dios continúe derramando sus
bendiciones. Amén.3

89
El Caballero consagrado
Con gran amor, San José nos impulsa constantemente a amar, servir e imitar a la Reina de su corazón, la
Inmaculada Madre de Jesús. 1
— Beato Gabriele Allegra

San José es el santo más mariano de todos. Su amor por María es mucho más
grande que el de San Bernardo de Claraval, San Luis de Montfort, San Alfonso
María de Ligorio, San Maximiliano Ma. Kolbe y San Juan Pablo II juntos. Jamás ha
habido un santo mariano más grande que San José, y jamás lo habrá.
San José es el modelo de la consagración total a María. Mucho antes del evento
del Calvario, cuando Jesús instruyó a todos sus discípulos a acoger a María en sus
corazones y hogares (ver Jn 19,26-27), San José ya había acogido a María en su
corazón y en su hogar. Ella es su corazón, ella es su hogar. Todo lo que él hizo fue
por Jesús y María. Vivió y murió por Jesús y María.
Como José, no teman acoger a María en su hogar.2
— Papa Benedicto XVI

San José fue la primera persona humana en haber estado totalmente consagrado
a la Santísima Virgen María. Si tuvieses que preguntarle a Nuestra Señora qué
persona de toda la cristiandad la ha amado más, que haya sido la más devota a ella,
y que la haya servido con mayor fidelidad, sin duda te diría que San José. Él es el
prototipo, el sello, y el modelo de cómo vivir una vida de total consagración a María.
Las varias formas de consagración mariana promovida por los santos a lo largo
de los siglos — por ejemplo, la de San Luis de Montfort, el Beato Guillermo José
Chaminade, San Maximiliano Kolbe, el Siervo de Dios José Kentenich, y otros —
encuentran su plenitud y perfección en la persona de San José.
El programa de la consagración mariana de San Luis de Montfort enseña que
hay que ser esclavos de Jesús y María; el Beato Guillermo José Chaminade enseña
a los fieles que hay que ser como el talón de María que le aplasta la cabeza a Satanás;
el Siervo de Dios José Kentenich instruye a la gente para que se conviertan en una
“aparición” de María; y el método de la consagración mariana de San Maximiliano
María Kolbe enseña cómo convertirse en propiedad de María. Todas estas son
formas maravillosas de describir la única dimensión fundamental de todas las
consagraciones marianas: ser otro José para María.
Los grandes movimientos marianos (la Milicia de la Inmaculada, Schoenstatt,
la Legión de María, el antiguo Ejército Azul que ahora se llama Apostolado Mundial
de Fátima, y tantos otros, tienen como esencia la caballería, porque ser caballeroso
con María significa estar en el camino hacia la santidad. Una persona caballerosa es
90
noble, de buenos modales, valiente en la batalla, y es un refugio para los débiles.
San José es el más caballero de todos los cristianos y nos enseña que todos,
incluyendo mujeres y niños, pueden ser caballeros espirituales de la Reina del cielo.
Ciertamente, San José es el primer caballero consagrado de la Santísima Reina.
Durante siglos, los cristianos se han dirigido a la Virgen María como “Nuestra
Señora.” Es un término que reconoce el gran amor, respeto, honor y reverencia que
se le debe a María; un término caballeroso. No debería sorprender, pues, que San
José sea el primer hombre que se refiera a María como su Señora. María es la mujer
de San José quien, ante tal belleza y maravilla femenina, se inclina en amorosa
reverencia, y su misión es hacer que todos los corazones hagan lo mismo. Por eso
San José es el caballero más excelso de Nuestra Señora.
Durante la Edad Media hubo cantidad de historias y leyendas sobre caballeros
que viajaban largas distancias involucrándose en heroicas aventuras en busca del
Santo Grial, el cáliz que contuvo la Sangre de Jesús durante la Última Cena. En esa
época de caballería medieval, nadie fuera del sacerdote podía beber la Sangre de
Jesús en el cáliz durante la Misa. Por esa y muchas otras razones, las historias nos
cuentan que los caballeros salieron en busca del Santo Grial extraviado con la
creencia de que si tomaban del cáliz tendrían vida eterna. Si bien sus heroicas
aventuras eran nobles y bien intencionadas, eran del todo innecesarias. Todos los
católicos que en estado de gracia reciben el Cuerpo de Cristo durante la santa Misa
tienen asegurada la vida eterna, aunque no beban del cáliz. Sin embargo, deben
mantenerse en estado de gracia, observar los 10 Mandamientos y obedecer las
enseñanzas de la Iglesia. Pero las aventuras históricas de los caballeros medievales
también fueron innecesarias por otra razón, ya que lo único que tenían que hacer
para encontrar el verdadero cáliz de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor era mirar
a San José, ¡el primer y más grande caballero de Nuestra Señora! Él sabe en dónde
encontrar el cáliz vivo que contiene la sangre de Jesucristo dadora de vida. El Santo
Grial que posee San José no se ha perdido, y él está listo para dar este cáliz a todos
sus hijos espirituales.
Lo que San José enseña a sus hijos es que ¡la Virgen María es el Santo Grial!
Ella es lo que busca todo caballero cristiano. A diferencia del cáliz utilizado en la
Última Cena, este vaso no se ha perdido. María, el Santo Grial, se encuentra
fácilmente. Los que la encuentran a ella encuentran a Jesús, encuentran la religión
católica y su mayor tesoro: Jesús en la Santa Comunión. María desea llevar a todas
las almas a la Santa Misa en donde podrán recibir al Cordero de Dios y obtener la
vida eterna. Todos los que imitan a San José descubrirán a María y el misterio
salvífico de la santa Misa.
María, Madre mía; José, padre mío, préstenme sus ojos para contemplar a Jesús. Préstenme sus corazones y
espíritus para comprenderlo y sentirme apasionado por Él. 3
— Venerable François-Xavier NguyPn V-n ThuIn
91
Desde el cielo San José se sigue esforzando por llevar a todas las almas a Jesús
por María. Desde el cielo busca almas que estén dispuestas a ser caballeros de la
Santa Reina. Desea suscitar amorosos defensores y campeones heroicos de Jesús,
María y la fe católica. Quiere hombres, mujeres, niños, sacerdotes y monjas que
sirvan a María y guíen a otros al Reino de los cielos. Hoy en día se necesitan almas
valientes, almas que se parezcan a José, almas que se esfuercen apasionadamente
por guiar a otros a la fuente de la vida eterna.
¡A Jesús por María y San José!
Él (San José) siempre favorece y protege especialmente a las almas que se amparan bajo el estandarte de María.
4
— Santa María Magdalena de Pazzi
¡La intercesión conjunta de la Santísima Virgen y San José es sumamente poderosa! 5 — San Andrés Bessette
Concédenos que siguiendo tu ejemplo (San José), mantengamos nuestros ojos fijos en nuestra Madre María, tu
dulcísima esposa. 6
— Venerable Papa Pío XII

92
Delicia de los Santos
A excepción de nuestra amorosa Madre, San José está por encima de todos los santos.1
— San Maximiliano Kolbe

San José es un santo único. Es honrado y amado como el hombre máscercano a


Cristo. Sus virtudes y santidad son extraordinarias. — Muchos Padres de la Iglesia
— por ejemplo, San Jerónimo y San Agustín alabaron a San José como un ejemplo
de amor, humildad y dedicación a Jesús y María. San Gregorio Nacianceno
consideraba a San José tan santo, que lo llamaba el más luminoso de todos los santos.
Escribió:
El Todopoderoso ha concentrado en San José, cual sol de brillo incomparable, la combinación de luz y esplendor
de todos los demás santos. 2

Esta afirmación de San Gregorio Nacianceno es muy atrevida, y como Doctor


de la Iglesia, su enseñanza es perenne. ¿Está afirmando que la santidad de San José
excede incluso a la de Nuestra Señora? No, eso no es lo que está diciendo, sin
embargo, sí hay algo muy importante que aprender de la exaltada alabanza que San
Gregorio hace de San José.
Permítanme explicarlo.
Desde el inicio de la cristiandad, todos los seguidores de Jesús reconocieron la
superlativa santidad de María, la Madre de Jesús. Sin embargo, era raro para
cualquiera en la Iglesia primitiva referirse a María como una santa, y te preguntarás
por qué. Bueno, los primeros cristianos consideraban a María tan santa, que le dieron
una singular categoría de santidad. Su persona y privilegios son tan grandes, que le
dieron el título de “Santísima Madre de Dios.” Incluso al día de hoy es
extremadamente raro que un católico se refiera a la Virgen María como “santa”
María. Cuando los católicos utilizan ese título, es generalmente utilizado para un
edificio o una institución que se ha nombrado en honor de la Virgen María. Por
ejemplo, muchas iglesias, escuelas y hospitales se llaman “de Santa María.” En una
conversación diaria, sin embargo, casi no se escucha a un católico referirse a la
Virgen María como “Santa María.” Si un católico la llama así, es muy probable que
la persona sea convertida al catolicismo de una de las tantas denominaciones
protestantes.
Esto nos ayuda a comprender por qué los santos a lo largo de la historia se
refieren a San José como el más importante de todos los santos; entendiendo que la
Virgen María está en una categoría completamente diferente. En el Reino de Dios,
María es la más elevada de todas las creaturas, pero San José tiene mayor jerarquía
que todos los demás santos. Es muy importante que tengas presente esta distinción a
medida que avances con la lectura de este libro. En ocasiones, te puede parecer que
93
los santos, beatos y Papas afirman en sus declaraciones que San José es más santo
que María; sólo recuerda que no lo es. Muy bien. Entonces la Iglesia primitiva
comprendió que San José era la persona humana más santa después de María, pero
¿qué hay de la afirmación del mismo Jesús en relación a la grandeza de San Juan el
Bautista? ¿Recuerdas eso? En el Evangelio de Lucas, Jesús dice: “Les aseguro que
no ha nacido ningún hombre más grande que Juan (el Bautista)...” (Lc 7, 28). ¿No
está diciendo Jesús que San Juan Bautista es más grande que San José?
De hecho, eso no es lo que Jesús está diciendo en lo absoluto. En el siglo XVI,
San Lorenzo de Brindisi ofreció una respuesta bien pensada y articulada sobre esta
cuestión en particular, escribiendo:
Aunque no fue su padre (de Jesús) biológico, fue su padre (San José) por la educación que le dio, sus cuidados y
el cariño de su corazón. Por lo tanto, me parece que José es claramente el más santo de todos los santos, más santo
que los patriarcas, que los profetas, que los apóstoles, que todos los demás santos. No se puede objetar que el
Señor haya dicho de Juan el Bautista: Entre los nacidos de mujer, no hay ninguno mayor que Juan (el Bautista),
(Lc 7, 28; ver también Mt 11, 11). Así como esto no puede entenderse como que Juan es incluso más santo que
Cristo o la Santísima Virgen, tampoco puede entenderse en referencia a San José, el esposo de la Virgen María y
padre de Cristo, porque así como esposo y esposa son una sola carne, así también José y María tenían un solo
corazón, una sola alma, un solo espíritu, y de igual forma como en el primer matrimonio Dios creó a Eva para ser
como Adán, así en este segundo matrimonio Él hizo a José para parecerse a la Santísima Virgen en santidad y
justicia. 3
El razonamiento de San Lorenzo es brillante e impecable. Después de todo,
Jesús y María nacieron de mujeres. ¡No es posible que Jesús haya afirmado que San
Juan Bautista es más grande que el Hijo de Dios y que su Madre Inmaculada!
Para entender de mejor manera por qué Jesús no está diciendo que Juan Bautista es
más grande que San José, es importante examinar toda la declaración que hizo Jesús
en el Evangelio de Lucas. Leemos: “Os digo: entre los nacidos de mujer, no hay
ninguno mayor que Juan (el Bautista); sin embargo, el más pequeño en el Reino de
Dios es mayor que él.” (Lc 7, 28, énfasis añadido). Cuando se lee todo el pasaje, uno
se percata de que Jesús está haciendo esta afirmación antes de establecerse la Nueva
Alianza.
San Juan Bautista es la figura más grande del Antiguo Testamento porque es
el amigo del Novio. Es el más grande de los hombres no porque haya sido el hombre
más santo que haya vivido, sino porque es el “mejor hombre” en la boda del Mesías
(ver Jn 3, 29). Es el hombre más grande de la Antigua Alianza, no de la nueva.
¿Quién es la persona más importante en una boda: el mejor hombre o el novio?
La respuesta es obvia: el novio es el más grande. Entonces, lo que Jesús está diciendo
es que todos, aun la última persona en el Reino de los cielos (es decir, aquellos que
celebran la boda del Cordero), está esposado con Dios y, por lo tanto, es más grande
que el mejor hombre en la boda. En el cielo, incluso la última persona es más grande
de lo que Juan el Bautista fue en la tierra porque están eternamente esposados con
Dios.
94
Otra forma de entender la preeminencia de San José por sobre todos los santos,
incluyendo a San Juan Bautista, es reconociendo la suprema dignidad de la paternidad
de San José. Tan grande como pueda ser Juan el Bautista, no fue el padre de
Jesucristo. La paternidad tiene derechos y privilegios que acompañan sus tareas y
responsabilidades, y la misión paternal de San José requirió mayores gracias que
ningún otro santo haya recibido jamás.
En cualquier reino, el rey y la reina que brillan en el reino como el sol y la luna, así como las princesas o príncipes,
los duques, gobernadores, etc. del reino, y especialmente los padres y familiares de sangre del rey que también
brillan como estrellas en el cielo, todos ellos son honrados por los súbditos buenos y fieles del rey. Por lo tanto,
amigos míos, la razón ciertamente exige que en el reino de Cristo no sólo Cristo y la Santísima Virgen sean dignos
de alta estima, sino también todos los santos, y especialmente este santo hombre, José, el padre de Cristo y esposo
de la Santísima Virgen, sean tenidos con el mayor honor por Cristo mismo como su padre y por la Santísima
Virgen como su esposo. 4
— San Lorenzo de Brindisi
¡San Lorenzo es un extraordinario apologista de San José! Por cierto, San
Lorenzo también es Doctor de la Iglesia. En el mismo sermón, San Lorenzo ofrece
otra razón por la cual el exaltado lugar de San José en el Reino de los cielos es más
grande que el de cualquier otro santo:
Si Cristo está sentado a la derecha de su Padre en la gloria del paraíso por encima del coro de Ángeles porque es
el primero de todos los predestinados y fue el más Santo de los santos en este mundo, y si la Santísima Virgen
por razón de su propia santidad se encuentra en segundo lugar después de Cristo porque ella también es segunda
por razón de la predestinación desde la eternidad y gracia en el tiempo, me parece que en virtud de que José ocupa
el tercer lugar después de Cristo en la eterna predestinación y gracia en el tiempo, por esa misma razón él también
ocupa el tercer lugar en la gloria del paraíso. 5
San José es el santo más grande en el Reino de los cielos porque Dios lo
predestinó para ese puesto. ¡Esta realidad debería hacer que nuestros corazones se
sintieran sumamente gozosos!
Regocíjense, siervos devotos de San José, porque están cerca del paraíso; la escalera que llega hasta allí sólo tiene
tres peldaños: Jesús, María y José. 6
— San Leonardo de Puerto Mauricio
¿Quién no está consciente de que después de la Santísima Madre, San José es — de entre todos los santos — el
más querido por Dios?7
— San Alfonso María de Ligorio
La sublime posición en la que los Doctores de la Iglesia han puesto a San José
ha permitido una forma particular de describir el amor y la reverencia que le es
debida. Las siguientes distinciones fueron creadas por teólogos, y nos ayudan a
comprender la reverencia que le debemos dar a Dios y a sus santos.
Latría (adoración) ➙ a Dios
Hiperdulía (la más alta veneración) ➙ María
Protodulía (primacía y superioridad) ➙ a San José

95
Dulía (reverencia) ➙ A todos los demás santos
En una posición única y por encima de todos los demás está Dios, ya que sólo
Él es digno de adoración. En griego, la palabra para adoración es latría. Sólo Dios es
digno de latría (adoración). A la Virgen María, seguida de Dios, pero por encima de
todos los demás (incluyendo el más alto coro de ángeles), se le da una forma especial
de veneración cuyo nombre en griego es hiperdulía, que significa “la más alta
veneración.” San José, seguido de María, pero por encima de todos los demás santos,
se le otorga una forma de veneración cuyo nombre en griego es protodulía, que
significa “primacía y superioridad en la veneración” de entre todos los demás santos.
Por último, pero no menos importante, están los santos cuya santidad reconocemos
honramos con una especie de veneración que en griego es dulía, que significa
“reverencia.”
Una santa que amó y reverenció a San José de una forma extraordinaria fue
Santa Teresa de Ávila, otra Doctora de la Iglesia. En su autobiografía, Santa Teresa
cuenta la historia de cómo fue sanada de una grave enfermedad por la intercesión de
San José, y su sanación milagrosa la llevó a difundir con gran celo la devoción a este
gran santo. Estaba tan convencida del poder y eficacia de la intercesión de San José,
que desafió a la gente a poner a prueba esta devoción. ¡Santa Teresa de Ávila era una
mujer atrevida! Esto fue lo que escribió en su autobiografía:
Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos al glorioso San José, por la gran experiencia que tengo de los
bienes que alcanza de Dios. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es
cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los
peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para
socorrer en una necesidad, a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor
darnos a entender que, así como le fue sujeto en la tierra (que como tenía el nombre de padre, siendo ayo, le podía
mandar), así en el cielo hace cuanto le pide. Y esto lo han comprobado algunas personas, a quienes yo decía que
se encomendasen a él, también por experiencia. Sólo pido, por amor a Dios, que el que no me crea pruebe la
verdad de lo que digo, pues verá por experiencia la gran bendición que resulta encomendarse y ser devoto de este
glorioso patriarca. 8
Muchas personas han hecho caso del desafío devocional de Santa Teresa, pero
la confianza de Santa Teresa en San José también se basa en firmes fundamentos
teológicos. Varios siglos antes de Santa Teresa, Santo Tomás de Aquino, otro Doctor
de la Iglesia y aclamado universalmente como el mayor teólogo de la historia de la
Iglesia, afirmó que ¡el poder de intercesión de San José es ilimitado! Escribió:
Hay muchos santos a quienes Dios les ha otorgado el poder de ayudarnos en nuestras necesidades de vida, pero
el poder otorgado a San José es ilimitado, extendiéndose a todas nuestras necesidades, y todos aquellos que lo
invoquen con confianza sin duda serán escuchados. 9

A decir verdad, hay un número incontable de hombres y mujeres santos que


han exaltado y se han deleitado en la grandeza de San José; hacer una lista de todos
los que lo amaron y fueron devotos a él sería imposible, pero hay unos cuantos que
podríamos resaltar:
San Bernardino de Siena
96
San Lorenzo de Brindisi
Santa Teresa de Ávila
San Francisco de Sales
Venerable María de Ágreda
San Alfonso María de Ligorio
Beato Guillermo José Chaminade
Beata María Repetto San Pedro
Julián Eymard Beato Jean-Joseph Lataste
San Leonardo Murialdo
San Luis Guanella
Beata Ana Catalina Emmerich
San José Marello
Beata María Teresa de San José
Beata Petra de San José
San Andrés Bessette
Venerable Fulton J. Sheen
San Josemaría Escrivá
Beato Gabriele Allegra
Quizás estés familiarizado con algunos de los nombres de la lista, pero apuesto
que hay algunos que jamás habías escuchado; no te preocupes. En este libro
conocerás más de muchos de ellos. ¡Son los campeones de San José!
Los santos, beatos y místicos no son los únicos que han amado y se han
deleitado en San José. Cantidad de papas también han alabado la grandeza de San
José.
Beato Papa Pío IX
Papa León XIII
Papa Benedicto XV
Venerable Papa Pío XII
Santo Papa Juan XXIII
Santo Papa Juan Pablo II
La lista de papas es considerablemente más corta que la de los santos, ¿verdad?
La razón es que la promoción papal de San José, aunque no es del todo nueva, llevó
siglos en desarrollarse. Les tomó mucho tiempo a los líderes eclesiásticos reconocer
plenamente la grandeza de San José y proclamarla en documentos oficiales. Sin
embargo, una vez que el papado comenzó a promover a San José, ¡realmente eso se
disparó! Después del Beato Papa Pío IX, no ha habido ni un solo papa que no haya

97
alabado la grandeza y singular santidad de San José (ver aquí donde se describe el
arte comisionado representando a los 26 campeones de San José arriba mencionados).
¿Sabías que el Papa León XIII enseñó que la dignidad de San José es tan grande
que puede considerarse mayor que la de los Ángeles, incluso que la del coro más
alto? Escribió:
En verdad, la dignidad de la Madre de Dios es tan elevada que nada de lo creado puede estar por encima de ella,
pero como José se ha unido a la Santísima Virgen por los lazos del matrimonio, no cabe duda que se acercó más
que nadie a la dignidad eminente por la cual la Madre de Dios supera tan noblemente a todas las naturalezas
creadas, porque el matrimonio es la más íntima de todas las uniones que, en esencia, imparte una comunidad de
dones entre quienes se unen. Por lo tanto, al dar a José a la Santísima Virgen como cónyuge, Dios lo nombró no
sólo compañero de su vida, testigo de su doncella, protector de su honor, sino también, en virtud del lazo conyugal,
participante de su dignidad sublime. 10

¡Wow! La declaración teológica del Papa León XIII es una de las más
poderosas que jamás se hayan hecho sobre San José. ¡Tu padre espiritual es superior
a los ángeles!
En la teología católica, siempre se ha enseñado que el amor de la Santísima
Virgen María por Dios, y por lo tanto su dignidad y cercanía con Él, superan al de
todas las demás cosas creadas, incluyendo a los Ángeles. Su cooperación con Dios es
única porque colaboró materialmente (físicamente) en la Encarnación de la Segunda
Persona de la Santísima Trinidad. Durante siglos se pensó que, después de la gran
dignidad de María, los nueve coros de Ángeles estaban más cerca de Dios que todas
las demás creaturas por su rol y misión como siervos y ministros de la santa voluntad
de Dios. Sin embargo, conforme se ha ido desarrollando la teología de San José
haciéndose más prominente en la vida de la Iglesia, se ha ido haciendo más claro que
hay otra persona humana que está por encima de todos los coros de Ángeles: San
José.
Oh Dios, la gloria de José es conocida sólo por ti y por tus Ángeles. Los hombres no merecen conocerla. Este
admirable Santo está más arriba que los espíritus celestiales. 11
— Beato Bartolo Longo
La dignidad de San José es tan grande que nadie más puede ser más grande. 12
— San Jorge Preca
San José tiene una dignidad y cercanía con Dios que sobrepasa a la de todos
los santos Ángeles. Ellos están cerca de Dios porque son servidores de su voluntad;
San José está cerca de Dios porque ¡él es el padre de Jesús! El rol cooperativo de San
José en la redención requirió mayores gracias de las que ningún Ángel haya recibido
jamás. Aunque no fue padre biológico de Jesús (y por lo tanto no es alguien que haya
cooperado de la misma manera que lo hizo María en la Encarnación), San José, no
obstante, cooperó moralmente en la Encarnación educando al Hombre-Dios con
perfecto amor paternal. María no era una madre soltera cuando concibió al Salvador
del mundo en su vientre; estaba desposada con San José. La Encarnación se llevó a
cabo dentro del contexto del matrimonio de San José con María. El rol de San José
98
fue planeado desde toda la eternidad, incluso antes de la creación de los Ángeles.
Además, Jesús jamás llamó a ningún Ángel “padre.” Ningún Ángel, no importa
cuán encumbrado esté, jamás educó al Hombre-Dios; Dios no obedece a los Ángeles.
San José, por otro lado, no sólo educó a Jesús, sino que tuvo el privilegio de dar
órdenes al Hombre-Dios en su rol de padre del Mesías. Este amor, esta dignidad y
autoridad paternal estaba reservada a San José. Es un admirable privilegio que Dios
haya elegido a San José como padre espiritual de toda la humanidad, así como
Patrono de la Iglesia Universal. Ningún Ángel, sin importar su jerarquía en los coros
celestiales, ostentó tal dignidad.
La incomparable dignidad de la paternidad de San José es la razón por la cual
el Papa Pío XI afirmó que la intercesión de San José es “todo poderosa” ante Dios,
escribiendo:
La intercesión de San José es la de un esposo, la del padre putativo, la de la cabeza de la familia de Nazaret que
estaba compuesta por él mismo, María y Jesús, y como San José era realmente la cabeza o jefe de esa casa, su
intercesión no puede ser más que todo poderosa. Porque, ¿qué cosa podrían Jesús y María negarle a San José
quien durante toda su vida estuvo completamente consagrado a ellos y a quien realmente le debían los medios de
su existencia terrena?13
— Papa Pío XI

San José es la alegría de santos y papas; también debería serlo para ti.
Sin duda todos los santos glorificados merecen un honor y respeto particular, pero es evidente que, después de la
Santísima Madre, San José posee un título justo en un lugar más dulce, íntimo y penetrante en nuestros corazones,
que le pertenece sólo a él.14
— Santo Papa Juan XXIII
San José, después de María, es el mayor de los Santos y el más querido por Jesús.15
— Beato Bartolo Longo

99
Hijo de David
¡Qué grande es la dignidad de ese hijo de David, José, el esposo de María! 1
— Beato Gabriele Allegra

¡Q uése grande es realmente la dignidad de San José! En la Letanía de San José,


le da el título de “noble retoño de David.” En algunas traducciones el
título se traduce como “prestigioso retoño de David.” De cualquier forma, el
significado es el mismo: San José es un descendiente del Rey David.
Él (San José) era descendiente en línea directa de una estirpe de patriarcas, reyes y príncipes, de allí
es evidente que la dignidad de los patriarcas, reyes y príncipes terminaran en José.2
— Santa Bernardita de Siena

San José tiene sangre de reyes. En San José Jesús tuvo un padre de la nobleza
y también nosotros, porque nuestro padre espiritual ¡es descendiente de la
realeza! San José es el “hijo de David.”
El título “Hijo de David” es mesiánico. A Jesús se le llama “Hijo de David”
17 veces en el Nuevo Testamento. A diferencia de Jesús, San José no es el
Mesías, pero él es la única otra persona en el Nuevo Testamento a quien se le
nombra Hijo de David.
San José es llamado “Hijo de David” por el Ángel de Dios cuando le dice no
tener miedo de tomar a María y llevarla a su casa (ver Mt 1,20). ¿Por qué el
Ángel llama a San José “Hijo de David” especialmente a la luz del hecho de que
es un título asociado con el Mesías? La razón es que San José necesitaba que el
Ángel le recordara, en un momento crucial en la historia de la salvación, que él
era descendiente de la realeza. San José acababa de enterarse del embarazo de su
esposa, y no comprendiendo cabalmente el origen del Niño en el vientre de
María, en su gran humildad había tomado la decisión de separarse de ella y del
Niño, y por eso era necesario que el Ángel le recordara su linaje, hacerle saber
qué papel le había encomendado Dios en la venida del Mesías, y pedirle que no
se apartara de los divinos misterios, del llamado y la vocación para la que había
sido creado. En otras palabras, Dios planeó que su eterno Hijo fuese conocido
por los que le rodeaban como Hijo de un hombre de la casa de David, y ese

100
hombre era San José.
“José, hijo de David, no temas.” Porque de lo contrario, las tribulaciones mentales podrían hacer
que no comprendieras este misterio. “José, hijo de David, no temas.” Lo que ves en ella es virtud,
no pecado. Ésta no es una caída humana, sino un descenso divino. Aquí hay un premio, no culpa.
Esto es un alargamiento del cielo, no un detrimento del cuerpo. Ésta no es la traición de una persona,
sino el secreto del Juez. He aquí la victoria de Aquél que conoce el caso, no la penalidad de la
tortura. Aquí hay no una obra silenciosa de algún hombre, sino el tesoro de Dios. Aquí hay una
causa no de muerte, sino de vida. Por lo tanto, no temas. 3
— San Pedro Crisólogo

Las palabras de San Pedro Crisólogo además de hermosas nos invitan a la


reflexión, ya que él asume que San José desconfiaba de la fidelidad de María,
pero como veremos en la sección “Hombre justo y reverente,” muchos otros
santos nos dan una explicación más noble y virtuosa sobre el comportamiento de
José. Esos santos sostienen que San José estaba reverentemente admirado de lo
que sucedía en el vientre de María y se consideraba indigno de ser su esposo y
padre putativo del Niño. Él jamás sospechó que María hubiese hecho algo malo
o algo así, al contrario; San José sabía que estaba ante la presencia de un gran
misterio. Humilde y justo, planeó separarse de María en silencio con el objeto de
no interponerse en los divinos misterios. Sin embargo, antes de que pudiese
hacer algo, Dios envió a su Ángel para recordarle a José de su linaje real, un
linaje necesario para que el Salvador fuese considerado descendiente de David.
El Rey David, ancestro de San José perteneciente a la realeza, alguna vez él
mismo había tomado una decisión similar: considerándose indigno de tener el
Arca de la Alianza en su cuidad, el Rey David envió el Arca lejos durante tres
meses (ver 2 Sam 6). Para prevenir que algo parecido sucediera en el matrimonio
de María y San José, el Ángel aseguró a San José que Dios lo había elegido para
acoger al Niño y a su Madre en su casa. San José no debía enviar lejos al arca;
no debía hacer lo que hizo el Rey David. “José, hijo de David, no temas tomar
contigo a María tu mujer” (Mt 1,20).

101
Ite ad Ioseph!
Si quieres estar cerca de Cristo, hoy te volvemos a repetir, “Acude a José.”1
—Venerable Papa Pío XII

¿Cuál es la forma de estar más unido a Jesús en esta vida? La respuesta es


fácil: recibirlo en la Santa Comunión. No existe mayor intimidad con Jesús en
esta vida, que cuando lo recibimos en la santa Eucaristía durante la Misa. El
Santísimo Sacramento es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de
Jesucristo.
¿Sabías que sin la paternidad terrenal de San José no podrías recibir el Pan
de Vida? A San José se le dio la misión de mantener y proteger al sagrado pan de
vida para ti.
Permíteme explicarlo.
Probablemente conozcas la historia del Libro del Génesis sobre los hijos
de Israel que vendieron a uno de sus hermanos a la esclavitud. El hermano
vendido a la esclavitud se llamaba José. Los nuevos dueños de José se lo llevaron
a Egipto, muy lejos de sus familiares. Lo que aquellos hombres le hicieron a su
hermano fue horrible y vergonzoso, pero Dios tenía un plan.
Increíblemente, el Faraón, rey de Egipto, adoptó a José como miembro de
su propia familia, por lo que se tenía a José como hijo del Faraón. El rey le dio
gran autoridad a José poniéndolo al frente de todos los graneros de Egipto, que
en aquella época estaba considerado como la canasta de pan del mundo. José
realizó un trabajo muy eficiente almacenando trigo.
Y así José juntó una cantidad de trigo tan enorme como la arena del mar, hasta tal punto que perdieron la
cuenta, pues sobrepasaba todo cálculo.
— Gen 41,49
Aunque los hermanos de José lo habían vendido a la esclavitud, Dios tenía
planes maravillosos para José. Después de que José había almacenado una
cantidad inconmensurable de trigo, una terrible hambruna azotó Egipto y los
territorios circundantes. Como resultado de la escasez de comida, el Faraón
instruyó a todos en Egipto: “¡Vayan a José y hagan lo que él les diga!” (Gen
41,55). La hambruna llegó a tal extremo, que los propios hermanos de José, los
que lo habían vendido, viajaron a Egipto buscando comida.
Cuando los hermanos conocieron al hombre encargado de los graneros de
Egipto, había pasado tanto tiempo que no se dieron cuenta de que estaban parados
ante la presencia de su propio hermano a quien habían vendido en esclavitud años
atrás. Como todos los demás, ellos también consideraban a José de la realeza
102
egipcia, y se dirigieron a él como su señor. Sin embargo, José sí los reconoció.
Resumiendo, José ocultó su identidad, pero fue amable y misericordioso con sus
hermanos llenándoles sus sacos de granos para que pudieran llevar bastante a su
padre, Israel. Eventualmente, José les reveló su identidad y perdonó a sus
hermanos. Gracias a José y su función como administrador del trigo, incontables
vidas se salvaron de la hambruna y la muerte.
La historia del Antiguo Testamento es verídica y es una prefiguración de
un José más grande aun que mantendría seguro a su Hijo, el Pan del cielo, en
Egipto. ¡San José protegió una comida capaz de salvar a todo el mundo!
San José, nuestro padre espiritual, es mucho más grande que el José del
Antiguo Testamento. ¡Nuestro José fue el custodio del Pan del cielo! ¡Su deseo
en el cielo es que todos sus hijos coman el Pan de vida eterna!
El primer José (del Antiguo Testamento) era santo, recto, piadoso, casto, pero este José lo sobrepasa en
santidad y perfección, como el sol eclipsa la luna.2
—San Lorenzo de Brindisi
Dios envió a San José a Egipto para que de allí San José pudiera llevar el
Pan de Vida a las naciones. San José salvó a Nuestro Pan de Herodes; lo protegió
y lo cuidó en Egipto; y ahora Él quiere que recibamos el Pan de Vida en la Santa
Misa. A diferencia del José del Antiguo Testamento, el Pan celestial de San José
es más numeroso que las arenas del mar. Este Pan celestial puede alimentar a
todas las multitudes y satisfacer cada alma.
El Faraón, el poderoso rey de Egipto, exaltó a José y lo hizo el príncipe más encumbrado de su reino porque
almacenó el trigo y el pan salvando a la gente de todo su reino. Así José salvó y protegió a Cristo que es el
Pan vivo y da vida eterna al mundo.3
—San Lorenzo de Brindisi
Él (San José) diligentemente crio a Aquél a quien los fieles recibirían como el pan que bajó del cielo para
que pudieran obtener la vida eterna.4
— Beato Papa Pío IX
Si quieres hacerte una idea de la grandeza de San José, considera que por un privilegio divino mereció el
título de “Padre de Jesús.” También reflexiona que su propio nombre, “José”, significa un incremento.
Teniendo en cuenta al gran patriarca José vendido por sus hermanos en Egipto, comprende que nuestro santo
ha heredado no sólo su nombre, sino más aún, su poder, su inocencia y su santidad. Así como el patriarca
José almacenó el trigo no para sí sino para la gente en tiempo de necesidad, así José ha recibido una comisión
celestial de vigilar el Pan vivo no para él sólo, sino para el mundo entero.5
—San Bernardo de Claraval
Sin José no tendríamos el Pan vivo de la Eucaristía. María “amasó la masa” en su sagrado vientre; San José
amorosamente resguardó el Pan en Egipto, y continúa resguardando y preservando el Pan de vida en cada
tabernáculo del mundo. San José hizo posible que todos sus hijos recibieran el Pan de vida eterna.
¡A (San) José se le sigue atribuyendo la custodia del Pan vivo!6
—Venerable Fulton J. Sheen
Actualmente hay una hambruna espiritual y moral en todo el mundo. Las
almas están muriendo por falta de alimento espiritual. Los corazones están
103
destrozados, los matrimonios arruinados, las vidas destruidas, los niños son
asesinados en el vientre de sus madres, y la verdad y el sentido común son
escasos. La hambruna espiritual y moral del mundo está devastando a todas las
naciones y arrasando con la humanidad. No hay un solo país que no se haya visto
afectado por eso. ¿Qué debemos hacer? ¿A quién podemos acudir para encontrar
alimento para nuestras almas?
¡Acudan a José y hagan lo que él les diga!
— Gen 41,55

104
El joven esposo de María
No estoy de acuerdo con la representación tradicional de que San José era un hombre viejo, por más
que haya sido inspirada en querer enfatizar la perpetua virginidad de María. Lo veo como un
hombre joven y fuerte, quizás unos años mayor que Nuestra Señora, pero en la plenitud de su vida y
trabajo.1
— San Josemaría Escrivá

¿A lguna vez has leído una afirmación como ésta de un santo sobre la edad de
San José? San Josemaría está en lo correcto al decir que San José era un
hombre joven cuando se casó con Nuestra Señora, y San Josemaría no es el
único que piensa de este modo.
La Iglesia Católica no tiene ninguna enseñanza oficial o formal sobre la edad
de San José. Eres totalmente libre de creer que San José era un hombre viejo
cuando se casó con María si así lo quieres, o también creer que era un hombre
joven. Personalmente, me cuesta trabajo pensar en San José como un adulto
mayor, ya que las exigencias físicas de su misión hacen que esta probabilidad sea
casi nula.
Si pensamos en los títulos que la Iglesia le ha dado a San José en su Letanía,
tales como Guardián del Redentor, Casto Guardián de la Virgen, Guardián de
Vírgenes, Modelo de los Obreros, Terror de los Demonios, etc., todos éstos se
inclinan más hacia la idea de un San José joven y vigoroso y no un hombre viejo.
¿Acaso un hombre viejo es capaz de proteger vírgenes? ¿Puede un adulto mayor
ser modelo de obreros? Para ser guardián se requiere mucha fortaleza, para ser
obrero hay que tener salud. ¿Puede un hombre viejo hacer estas cosas? Como
dijo la Madre Angélica: “¡Los hombres viejos no caminan a Egipto!”, y tampoco
pueden ser guardianes porque necesitan agilidad y fortaleza. Por supuesto que
nada de esto implica que los adultos mayores no tengan una moral alta; el mundo
está lleno de incontables adultos mayores que son virtuosos, sabios, santos; sin
embargo, por lo regular no se distinguen por sus capacidades físicas para
desarrollar el tipo de cosas que San José necesitaba hacer por la Sagrada Familia.
Entonces, ¿por qué durante siglos la mayoría de las obras de arte han
representado a San José como un hombre entrado en años? La respuesta más
articulada a esta pregunta la proporciona el Venerable Fulton J. Sheen, diciendo:
¿Era él (San José) viejo o joven? La mayoría de las estatuas y representaciones de José que vemos
actualmente son de un hombre viejo con una barba gris que protegió a María y su voto con un
desapego que podría parecerse al de un doctor que levanta una bebé en una guardería. Por supuesto
que no tenemos ninguna evidencia histórica sobre la edad de José. Algunos relatos apócrifos lo
describen como un hombre viejo, y después del siglo IV los Padres de la Iglesia siguieron esta

105
leyenda casi de manera rigurosa…
Pero al investigar por qué el arte cristiano tuvo que representar a José como una persona mayor, se
descubre que se hizo con la intención de salvaguardar la virginidad de María, y de alguna manera
avanzó sigilosamente la suposición de que la senilidad era un mejor protector de la virginidad que la
adolescencia. Por lo tanto, el arte, inconscientemente, representó a un esposo casto y puro más por
su edad que por sus virtudes. Sin embargo, esto es tanto como asumir que la mejor forma de
demostrar que un hombre jamás volverá a robar es representándolo sin manos…
Pero más allá de eso, representar a José como un hombre viejo significaría que le quedaba poca
energía vital, en vez de un hombre que teniendo esa energía la supo manejar para mayor gloria de
Dios y sus santos propósitos. Hacer que José se vea como un hombre puro sólo porque su carne ha
envejecido, es tanto como glorificar un arroyo en las montañas que ya está seco. La Iglesia no
ordenaría al sacerdocio a un hombre que no esté en plenitud de sus potencias vitales. La Iglesia
quiere hombres que pueda moldear, más que aquellos que son dóciles porque carecen de la energía
para ser rebeldes; no debería ser diferente con respecto a Dios.
Sería razonable pensar que Nuestro Señor habría preferido elegir por padre adoptivo a un hombre
que hubiese hecho sacrificios voluntarios, en vez de uno que hubiese sido forzado a hacerlos. Existe
además el hecho histórico de que los judíos desaprobaban un matrimonio desproporcionado, lo que
Shakespeare llamaba “crabbed age and youth” (edad avanzada y juventud). El Talmud admite un
matrimonio desproporcionado sólo para viudos o viudas. Finalmente, parecería algo improbable que
Dios hubiese vinculado a un hombre viejo con una madre joven de unos dieciséis o diecisiete años
de edad. Si Él no desestimó entregar a su Madre a un hombre joven, Juan al pie de la Cruz, ¿por qué
le habría designado un hombre viejo estando en el pesebre? El amor de una mujer siempre
determina la forma en que un hombre ama; ella es la silenciosa educadora de sus facultades viriles.
En virtud de que María es lo que podría llamarse una “virginizadora” tanto de hombres como
mujeres jóvenes, y la más grande inspiración de la pureza cristiana, ¿no sería lógico que hubiese
comenzado por inspirar y “virginizar” al primer joven que quizás conoció en toda su vida, José el
Justo? María habría obtenido su primera conquista no disminuyendo la facultad de José para amar
sino elevándola, y en su propio esposo, el hombre que era hombre en todo el sentido ¡y no un
simple guardián senil!
Probablemente José era un hombre joven, fuerte, viril, atlético, guapo, casto y disciplinado. En lugar
de ser un hombre incapaz de amar, debió de haber estado ardiendo de amor. Así como daríamos
muy poco crédito a la Santísima Madre si hubiese hecho su voto de virginidad después de los
cincuenta años, de igual manera lo haríamos con José si se hubiese convertido en su esposo siendo
ya mayor. En aquellos días, las chicas jóvenes como María hacían votos para amar únicamente a
Dios, y también lo hacían los hombres, de entre los que José era uno tan prominente como para que
se le conociera como “justo.” Por lo tanto, en vez de ser fruta seca para servirse en la mesa del rey,
José era un capullo lleno de fortaleza y promesas. No se encontraba en el ocaso de su vida sino en el
amanecer, pleno de energía, fortaleza y pasión controlada. María y José ofrecieron en sus nupcias
no sólo sus votos de virginidad, sino también dos corazones de los que brotaban torrentes de amor
tan grandes que jamás conoció ningún pecho humano…
¡Cuánto más hermosos se tornan María y José al mirar en sus vidas lo que se podría denominar el
primer romance divino! Ningún corazón humano es movido por el amor del viejo por el joven; pero
¿quién no se siente movido por el amor del joven por el joven? Tanto en María como en José había
belleza, juventud y promesa. Dios ama las cataratas caudalosas y cascadas torrenciales, pero las
ama más no cuando se desbordan ahogando las flores que Él ha creado, sino cuando son controladas
y aprovechadas para iluminar a una ciudad y saciar la sed de un niño. En José y María no
encontramos una cascada controlada y un lago seco, sino dos juventudes que, antes de conocer la
belleza de uno y la atractiva fortaleza del otro, estuvieron dispuestos a renunciar a todo eso por
106
Jesús. Por lo tanto, los que se inclinaron sobre el pesebre del Niño Jesús no fueron la vejez y la
juventud, sino la juventud plena, la consagración de la belleza en una doncella y la entrega del
poderoso encanto de un hombre.2

¡Increíble! ¡Fulton Sheen es brillante! Hasta donde yo sé, fuera de Fulton


Sheen, no hay ninguna otra persona en la historia de la Iglesia que haya
articulado un argumento más convincente de un joven San José. Como lo afirma
tan claramente, la teología y el arte sólo representaron a San José como un
hombre viejo para proteger la virginidad de María.
Ahora bien; en toda justicia, la decisión de representar a San José como un
hombre viejo, ya fuese en prédica, en escritos, o mediante el arte, sí funcionó
para proteger la virginidad y pureza de María. Como un ejemplo extremo de eso,
un antiguo texto copto sobre la vida de San José ¡lo presenta como un hombre de
91 años cuando se desposó con María! Sin embargo, todos los historiadores y
teólogos reconocen que las fuentes para presentar a San José como un hombre
viejo provienen de documentos apócrifos, es decir, no canónicos. El hecho de
haber confiado en escritos apócrifos para ofrecer una edad de San José, produjo
que se le representara como un hombre ya entrado en años, disminuyendo sus
grandes virtudes, importancia y grandeza en las mentes de los cristianos. No es
de extrañar que tan pocas personas hayan puesto atención en San José a lo largo
de los siglos.
¿Cuál fue el drástico efecto de tener este tipo de acercamiento con San José?
Que al día de hoy raramente se incluye a San José en las clases que se imparten
en los seminarios sobre cristología, mariología, soteriología o eclesiología, de tal
forma que el hombre universalmente aclamado como el más amoroso, justo,
casto, prudente, valiente, obediente y fiel que haya vivido jamás, ni siquiera es
mencionado en las clases de virtudes teológicas o morales. ¡Eso necesita
cambiar! Hay que agradecer a Dios la sabiduría y reflexiones de personas como
San Josemaría Escrivá, Madre Angélica y el Venerable Fulton Sheen. La Iglesia
necesita volver a presentar a sus hijos una imagen de San José que sea fuerte,
masculina y joven. La constante presentación de José como un hombre viejo ha
deformado severamente nuestra comprensión del ¡más grande santo (después de
María) que haya caminado sobre la tierra! ¡Es hora de recuperar a San José!
Pero no hay que tomar esto de una forma equivocada; el Señor ama a los
ancianos. Dios ama los años de duro trabajo, servicio, generosa dedicación y
sacrificios de amor de un hombre. Las sociedades tranquilas, justas y pacíficas se
sostienen en los fundamentos que establecieron los ancianos. Sin embargo, esos
hombres construyeron los cimientos y pilares de la civilización cuando eran
jóvenes y no viejos. Del mismo modo, los años formativos de Jesucristo fueron
107
amorosamente gobernados por un padre joven y fuerte llamado José. Fue este
incansable, amoroso y virtuoso padre quien estableció los fundamentos para el
crecimiento y desarrollo humano de Jesucristo. Si bien no hay duda de que
cualquier adulto mayor es tan capaz de la santidad como cualquier joven, se
necesita un padre joven y fuerte para enseñar a un niño cómo manejar el hacha,
trabajar con madera, cargar leña, caminar grandes distancias y ganarse la vida
con el sudor de la frente.
Si las princesas terrenas consideran un asunto de la mayor importancia seleccionar cuidadosamente
un tutor adecuado para sus hijos, piensa si el Dios eterno, en su omnipotencia y sabiduría, no habría
elegido al hombre más perfecto de su creación (San José) para ser el guardián de su divino y más
glorioso Hijo, el Príncipe del cielo y de la tierra.3
— San Francisco de Sales

El Beato Guillermo José Chaminade hace eco de una idea semejante, pero
mirando la condición masculina de San José desde la perspectiva de su
matrimonio con Nuestra Señora. Escribe:
Si Dios te hubiese encomendado la honrosa tarea de elegir de entre los reyes un esposo para la
Santísima Virgen, ¿no le habrías elegido a la mente más grandiosa del mundo? Y si te hubiese dado
la orden de elegir a uno de los santos, ¿no le habrías escogido al mayor santo que jamás hubiese
caminado en la tierra? Ahora, ¿crees que el Espíritu Santo, que es el Autor de este matrimonio
divino, estaría menos interesado que tú de proveerle a la Virgen un esposo adecuado a sus méritos?4
— Beato Guillermo José Chaminade

Tiene mucho sentido, ¿verdad? Claro que sí. San José fue el amoroso esposo
de María, no un esposo “retirado” incapaz de trabajos manuales y largas
travesías a pie. San José era conocido por todos en Nazaret como el padre de
Jesús, no el abuelo de Jesús.
Como padre de Jesús, San José no sólo defendió celosamente y protegió a su
amado Hijo, sino que lo sacrificó todo — hasta los placeres del amor conyugal
— para llevar a cabo su misión de “guardián de la Virgen” y “guardián del
Redentor.” Por cierto, cuando los pontífices y santos se refieren a San José como
“guardián,” el significado va más allá de un simple legalismo; significa
protector, paternal y viril. Un guardián es una persona fuerte no sólo de mente y
corazón sino también físicamente. San Juan Henry Newman habló de la custodia
de San José de la siguiente manera:
Él (San José) era el querubín encargado de vigilar el nuevo paraíso terrenal de la intrusión de los
enemigos.5

Para que a un hombre se le pueda encargar vigilar la intrusión de cada


enemigo en un territorio, éste necesita ser físicamente fuerte, no un hombre ya
viejo que necesite bastón. Como poderoso querubín dedicado a proteger y servir
108
a la Reina de los Ángeles, a San José se le dio la tarea de vigilar el templo del
cuerpo de María y, en particular, su virginidad. El guardián de María tenía que
ser joven y fuerte para poder cumplir exitosamente con su misión. Un hombre
entrado en años probablemente no tendría la fuerza de proteger a una esposa
joven, y tampoco es factible que tuviese la energía necesaria para educar a un
hijo pequeño.
La hombría de San José era su escudo protector, la capa para proteger a la
Santísima Virgen. Ningún hombre o bestia podían hacerle daño a la Virgen
porque San José se mantenía atento y listo para defenderla, incluso al punto de la
muerte.
La nube (que) en la Antigua Ley cubría el Tabernáculo, es figura del matrimonio de San José con la
Santísima Virgen. “La nube cubrió entonces la Tienda del Encuentro y la gloria de Yahveh llenó la
Morada.” (Ex 40,34) El matrimonio de San José es un velo sagrado que cubre el misterio de la
Encarnación. Todo el mundo ve que María es madre, pero sólo José sabe que ella es virgen.6
— Beato Guillermo José Chaminade

Como joven esposo y padre, San José fue modelo de virilidad para su Hijo.
Todo niño debería poder mirar a su padre para comprender lo que significa ser
hombre. Si San José hubiese sido un hombre mayor, ¿habría visto Jesús en él
algún tipo de fortaleza física, o la práctica de un amor verdadero a través de la
castidad heroica, el trabajo arduo y gestos físicos de piedad como por ejemplo
ponerse de rodillas? Si San José hubiese sido dos o tres veces mayor que su
esposa, ¿qué habría visto Jesús en su padre? ¿Siestas vespertinas y olvidos
frecuentes? Repito, no hay nada de malo con la edad avanzada; hacerse viejo es
parte de la vida del hombre. El mismo José avanzó en años conforme pasó la
vida como sucede con todos los hombres, pero ¿habría confiado Dios la
educación y desarrollo de su Hijo — el León de Judá y Rey de Reyes — a un
hombre anciano y frágil? Probablemente no.
Lo que la Iglesia y el mundo pueden aprender de una descripción más juvenil
de San José, especialmente en la teología, la predicación, la literatura y el arte, es
que los hombres jóvenes pueden ser castos, heroicos y santos, y sin duda la
Iglesia cuenta con incontables ejemplos de jóvenes que se mantuvieron castos y
puros por el Reino de los cielos, y San José fue el más excelso de todos ellos.
San Josemaría Escrivá nos dice:
No tienes que esperar a ser viejo o carente de vitalidad para practicar la virtud de la castidad. La
pureza proviene del amor, y la fortaleza y alborozo de la juventud no son un obstáculo para el amor
noble. José tenía un corazón y un cuerpo joven cuando se casó con María, cuando se enteró del
misterio de su divina maternidad, cuando vivió en su compañía, respetando la integridad que Dios
quería darle al mundo como un signo más de que había venido a compartir la vida de sus creaturas.
Cualquiera que no comprenda un amor así, conoce muy poco del verdadero amor y es un total

109
extraño del significado cristiano de la castidad.7

En mi opinión, San José era un esposo joven, tierno y amoroso con su esposa
pero siempre casto, modesto y puro. María amaba a su José. Su amor masculino
por ella era fuerte y siempre controlado por la razón y la fe. Sus facultades
viriles, que mantenía siempre restringidas al servicio de la voluntad de Dios, lo
hizo el esposo y padre más virtuoso que haya caminado sobre esta tierra.
Ninguna mujer ha tenido jamás un esposo más virtuoso que San José.
Dios no le habría dado a San José como esposa a la Santísima Virgen si no hubiese sido un hombre santo
y justo. ¿Qué padre, estando cuerdo, daría en matrimonio a su amada hija a un hombre de categoría y
estado de vida inmoral e irreprochable? 8
— San Lorenzo de Brindisi

En conclusión, ¿qué puedes ganar de estas reflexiones sobre San José? ¿Estás
obligado a creer que San José era joven? Por supuesto que no, pero ¿al menos
comprendes, sobre la base de las exigencias físicas que inevitablemente habría
requerido su misión, por qué tiene más sentido que San José haya sido un hombre
joven y no un anciano cuando se casó con Nuestra Señora? Sin importar cuál
representación de San José prefieras, él es tu amoroso, fuerte y valiente padre
espiritual. Agradécele por todo lo que hizo por amor a Jesús y por tu madre
espiritual, María. Agradécele por todo lo que hace por amor a ti.
Te agradezco, oh santo patriarca José, porque nosotros, que incluso somos incapaces de saber cómo
amar a Jesús y a nuestra Madre Inmaculada, sabemos y nos alegramos de que al menos tú la amaste
como ella se mereció, como la digna y verdadera Madre de Jesús.9

— Beata Gabriele Allegra

110
Festividad de los Santos Esposos
Jamás ningunos esposos se han amado tanto el uno al otro como José y María. 1
— Venerable Fulton J. Sheen

¿S abías que hay una fiesta litúrgica que celebra el matrimonio de María y
José? Se llama “Fiesta de los Santos Esposos” (en ocasiones también se
denomina “Fiesta de los Esponsales de María y José”).
La Fiesta de los Santos Esposos tiene una larga historia que data del siglo XV,
y tradicionalmente se celebra el 23 de enero, aunque en ciertos países la fiesta
se celebra el 22 de enero o el 26 de noviembre, pero son algunas excepciones.
Nadie tiene la certeza de por qué se eligió el 23 de enero para celebrar la fiesta,
pero tenemos una fascinante reflexión sobre esta fecha en las visiones místicas
de la Beata Ana Catalina Emmerich (1774-1824).
En los relatos de sus visiones, la Beata Ana Catalina afirma haber sido
transportada a la ceremonia de bodas de María y José, ofreciéndonos detalles de
la boda y la mención explícita de la fecha en que se celebró. Ella escribe:
Los esponsales se celebraron, me parece, el 23 de enero en el Monte Sión de Jerusalén, en una casa
que se utilizaba para este tipo de fiestas.2

Otra mística, la Venerable María de Ágreda (1602-1665), también afirma


haber tenido visiones sobre las vidas de María y José. Escribió extensivamente
sobre sus experiencias místicas y dice haber estado presente en la boda de María
y San José. Su recuento de los esponsales proporciona descripciones detalladas
de cosas como el vestido que llevaba Nuestra Señora, el porte señorial y atractivo
de San José, y la alegría que experimentaban todos los invitados. La Venerable
María de Ágreda escribió el siguiente testimonio sobre la boda de María y José:
Por voluntad divina los dos esposos más castos y santos sintieron una incomparable alegría y
consuelo (el día de su boda). La princesa celestial, como una que es la Doncella de todas las
virtudes, amorosamente correspondió a los deseos de San José. El Altísimo también le dio a San

111
José nueva pureza y un control absoluto de sus inclinaciones naturales para que pudiera servir a su
esposa María.3

¿Por qué no hay más gente que conozca la fiesta litúrgica de los Santos
Esposos? Bueno, desafortunadamente la fiesta no se encuentra dentro del
calendario litúrgico universal de la Iglesia. La Fiesta de los Santos Esposos sólo
se celebra en algunos santuarios dedicados a San José, por ejemplo, el Oratorio
de San José en Montreal, Canadá, en unas cuantas diócesis donde el obispo local
la ha aprobado, y en varias comunidades religiosas dedicadas a San José. Una
notable comunidad religiosa que celebra la Fiesta de los Santos Esposos es la de
los Oblatos de San José. Fundada en Asti, Italia por San José Marello en 1878,
los Oblatos de San José son una maravillosa comunidad religiosa de hombres
que sirven a la Iglesia y celebran la fiesta anualmente el 23 de enero. Su
fundador, San José Marello, fue un obispo muy santo que tenía un gran amor y
devoción a San José. Fue canonizado por San Juan Pablo II en el 2011.
Un dato interesante es que en el año 2002 San Juan Pablo II ofreció al mundo
los Misterios Luminosos del Santo Rosario, que de hecho fueron creados en
1957 por San Jorge Preca de Malta. San Juan Pablo II los ofreció a la Iglesia
Universal para ayudarnos a recordar importantes verdades cristianas que están
bajo ataque en nuestros días. Por ejemplo, al meditar el segundo Misterio
Luminoso que son las Bodas de Caná, se nos recuerda que el matrimonio se
celebra entre un hombre y una mujer.
En virtud de que esta perenne verdad está siendo furiosamente disputada en
nuestros días, la Iglesia necesita una fiesta litúrgica universal que celebre el
matrimonio, y sería realmente maravilloso que se insertara la Fiesta de los Santos
Esposos en el calendario litúrgico universal como un recordatorio a todos los
hombres y mujeres sobre la santidad del matrimonio. ¡Qué alegría sería celebrar
litúrgicamente a la pareja más santa que ha vivido jamás! Oremos para que más
lugares soliciten permiso de celebrar la Fiesta de los Santos Esposos, y que algún
día se inserte en el calendario litúrgico universal.
Todo lo que se refiere a ese matrimonio (de María y José) sucedió por una íntima disposición del
Espíritu Santo.4
— San Buenaventura

112
Padre Virginal de Jesús
Va en total conformidad con la fe y el espíritu de la Iglesia honrar como vírgenes no sólo a la Madre de
Dios, sino también a José.1
— San Pedro Damián
La Madre de Jesús es virgen; posee una virginidad perpetua. Desde el principio,
la perpetua virginidad de María ha sido una enseñanza muy importante del
cristianismo. ¿Qué tan importante? Bueno, en el siglo IV un obispo llamado
Bonoso de Iliria (un territorio que hoy forma parte de Albania, Croacia, Serbia,
Bosnia y Montenegro) fue reprendido por sus hermanos obispos y despojado de
su episcopado por enseñar que María y José tuvieron más hijos después del
nacimiento de Jesús. El papa de aquel tiempo, San Siricio, escribió una carta a
los fieles obispos de Iliria agradeciéndoles haber disciplinado al
obispo descarriado, diciendo:
Ciertamente no podemos negar que tuvieron razón al corregir la doctrina sobre los hijos de María, y
tienen razón al rechazar la idea de que cualquier otro hijo pudo haber venido del mismo vientre
virginal del cual nació Cristo según la carne.2

La doctrina de la perpetua virginidad de María es una enseñanza tan


importante del cristianismo, que el Papa San Martin I la declaró dogma de fe en
el Concilio de Letrán en el año 649.
Con esto en mente, ¿sabías que hay una tradición en la Iglesia que afirma que
San José también fue virgen desde siempre? Es una tradición que se ha adherido
y ha sido promovida por santos, místicos y papas durante siglos. Antes de
profundizar en esta tradición, es necesario abordar las objeciones comunes que
con frecuencia surgen en contra de la virginidad de María, y con ello irá
emergiendo un panorama más claro de la virginidad de San José.
En primer lugar, algunos han afirmado que los pasajes del Nuevo Testamento
que se refieren a los “hermanos y hermanas” de Jesús (ver Mc 3,31; 6,3; Mt
13,55-56), son una clara indicación de que María no permaneció virgen. A
primera vista, estas afirmaciones parecerían contradecir la perpetua virginidad de
María, así como cualquier posibilidad de que San José fuese virgen. Sin
embargo, el Catecismo de la Iglesia Católica nos proporciona una respuesta
concisa a esta cuestión afirmando:
La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a otros hijos de la Virgen María; en
efecto, Santiago y José “hermanos de Jesús” (Mt 13, 55) son los hijos de una María discípula de
Cristo (cf. Mt 27, 56) que se designa de manera significativa como “la otra María” (Mt 28, 1). Se
trata de parientes próximos de Jesús, según una expresión conocida del Antiguo Testamento (cf. Gn
13, 8; 14, 16;29, 15; etc.)3
113
La sabiduría expresada en el Catecismo es el fruto de siglos de estudio de las
Escrituras. Expertos académicos bíblicos familiarizados con expresiones del
Antiguo Testamento siempre han sostenido que cuando se utiliza el término de
“hermanos y hermanas” en el Nuevo Testamento para describir a los familiares
de Jesús, no se refiere a sus hermanos y hermanas biológicas, sino que la
expresión “hermanos y hermanas” del Antiguo Testamento se abrió paso hacia el
Nuevo Testamento como una forma de describir a los primos de Jesús. Cualquier
académico bíblico sabe que en las versiones antiguas griegas del Antiguo y
Nuevo Testamento, la palabra que se utiliza para hermanos y hermanas es la
misma palabra usada para primos.
San Jerónimo, presumiblemente el experto bíblico más eximio en la historia
de la Iglesia, enfrentó este tema en el siglo IV ofreciendo las siguientes
reflexiones:
Ciertas personas que siguen los desvaríos de los escritos apócrifos, fantasean de que los hermanos
del Señor son los hijos de José y de otra esposa, e inventan una cierta mujer Melcha o Escha. Como
está contenido en el libro que escribimos en contra de Helvidio, entendemos como “hermanos del
Señor” no a los hijos de José sino a los primos del Salvador, hijos de María (esposa de Cleofás, la
que fue) tía materna del Señor, de quien se dice era madre de Santiago el menor, de José y Judas.
Ellos, según se lee, eran llamados hermanos del Señor en otro pasaje del evangelio. Ciertamente
toda la Escritura indica que a los primos se les dice hermanos.4

San Jerónimo señala varios puntos en esta afirmación. Subraya que


“hermanos y hermanas” de Jesús no eran sus hermanos biológicos sino primos, y
también puntualiza que la idea de que San José tuvo hijos de un matrimonio
previo encuentra su origen en documentos apócrifos (no canónicos y no
aprobados).
San Beda el Venerable, uno de los más grandes historiadores del siglo VIII,
hace eco de los pensamientos de San Jerónimo:
Hubo ciertamente heréticos que pensaban que José, el esposo de la siempre Virgen María, había
procreado con otra esposa aquellos que la Escritura llama los “hermanos del Señor.” Otros, con una
mayor astucia, pensaron que él (San José) habría procreado otros hijos de María misma después del
nacimiento del Señor. Pero, mis queridos hermanos, sin ningún temor a esta cuestión, debemos
saber y confesar que no sólo la Santísima Madre de Dios sino también el más santo testigo y
guardián de su castidad permanecieron libres de absolutamente cualquier acto marital; en el
lenguaje bíblico, los “hermanos y hermanas del Señor” se llama no a los hijos (de María y José)
sino a sus familiares.5

San Jerónimo y San Beda saben de lo que están hablando. Estos grandes
santos están no sólo defendiendo una verdad fundamental de la cristiandad, la
perpetua virginidad de María, sino que también están afirmando la tradición de
que San José permaneció virgen durante toda su vida.
Segundo, algunos han elevado la objeción de que María no pudo haber
114
permanecido virgen — y por asociación tampoco San José —porque varios
pasajes del Nuevo Testamento se refieren a Jesús como el “primogénito” de
María (ver Lc 2,7; Col 1,15). Una vez más, San Jerónimo ofrece una respuesta
bíblica a esta objeción, diciendo:
Ciertas personas han conjeturado perversamente que María (y José) tuvieron otros hijos, porque
aseguran que sólo aquel que es llamado “primogénito” tiene hermanos. Sin embargo, es costumbre
en la Santa Escritura llamar “primogénito” no a aquel cuyos hermanos le siguen, sino aquel que es
primeramente engendrado.6

En otras palabras, cuando la Escritura se refiere a Jesús como el primogénito


Hijo de María, no tiene la intención de implicar que hay un segundo, tercero, o
cuarto hijo. Al referirse a Jesús como el primogénito Hijo de María es
simplemente una forma bíblica de afirmar que María concibió a su primer hijo;
no significa que siguieron más hijos.
Tercero, algunos protestan contra la noción de que María y San José hayan
tenido un matrimonio virginal en virtud del pasaje del Evangelio de Mateo que
afirma que José no conoció a su esposa “hasta” que Jesús nació. El pasaje dice:
Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su
mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.
— Mt 1,24-25

A primera vista, el pasaje de Mateo da la impresión de que José tuvo


relaciones maritales con su esposa después de que ella dio a luz a Jesús: “Y no la
conocía hasta que ella dio a luz un hijo.” Sin embargo, como lo han afirmado a
lo largo de los siglos los académicos, santos, papas y teólogos, el uso de la
palabra “hasta” en la Escritura no necesariamente significa que una acción
subsecuente ocurrirá en el futuro.
Santo Tomás de Aquino, el más grande teólogo en la historia de la cristiandad,
atacó este tema en particular en su Summa Teológica, escribiendo:
“Hasta” no necesariamente tiene un sentido temporal determinado. Cuando el salmista dice: “así
nuestros ojos en Yahveh nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros.” (Sl 123,2), esto no significa
que, una vez que hayamos obtenido misericordia de Dios, quitaremos los ojos de Él. 7

Hay muchos otros pasajes de la Escritura que afirman que el uso de la palabra
“hasta” no implica necesariamente que seguirá una acción.

2 Sam 6,23: “Y Mikal, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte.” (¿Eso significa
que Mikal tuvo hijos después de haber muerto? ¡Por supuesto que no!)
1 Tim 4,13: “Hasta que yo llegue, dedícate a la lectura, a la exhortación, a la enseñanza.”
(¿Significa que Timoteo debe dejar de predicar a Jesús después de la llegada de Pablo? ¡Por
supuesto que no!)

115
1 Cor 15,25: “Porque debe Él (Cristo) reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus
pies.” (¿Esto significa que el reinado de Cristo terminará? ¡Claro que no!)
Mt 1,25: “Y no la conocía (San José) hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre
Jesús.” (¿Significa que San José tuvo relaciones con María después de que ella dio a luz a Jesús?
Ciertamente que no.)

La consistente enseñanza y tradición de la Iglesia es que María y José vivieron


un matrimonio virginal. Su matrimonio virginal perpetuo dio como resultado un
Hijo virginal perpetuo: Jesucristo.
La doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio virginal de María y San José es
la base de la tradición de que San José siempre fue virgen. De hecho, la tradición
que afirma que San José fue perpetuamente virgen también afirma que San José,
de una forma semejante a María, habría hecho un voto de virginidad a Dios en su
juventud.
Tanto María como José habían hecho un voto de permanecer vírgenes todos los días de su vida; y
Dios quiso que ellos se unieran con los lazos del matrimonio no porque se hubiesen arrepentido del
voto que ya habían hecho, sino para confirmarlos en ese voto y para que se alentaran mutuamente a
continuar en esa santa relación.8
— San Francisco de Sales

De tal forma María le pertenecía a José y José a María, que su matrimonio era muy real porque se
entregaron el uno al otro, pero ¿cómo pudieron hacerlo? He allí el triunfo de la pureza:
recíprocamente ofrecieron su virginidad y además se otorgaron un derecho mutuo. ¿Qué derecho?
El de salvaguardar la virtud del otro. 9
— San Pedro Julián Eymard

La idea de que San José era un viudo que llevó hijos de su primer matrimonio
a su matrimonio con María, nunca ha formado parte de la doctrina oficial de la
Iglesia Católica porque es opuesta a la tradición dominante de que San José fue
permanentemente virgen. Es muy importante recalcar que la idea de que San
José era un hombre previamente casado, padre de otros hijos engendrados con su
primera esposa, así como la afirmación de que era un hombre ya mayor cuando
se casó con María, se origina de fuentes apócrifas (no aprobadas).
En ocasiones la Iglesia se ha valido de las fuentes apócrifas para establecer
fiestas litúrgicas; por ejemplo, la fiesta de los padres de María, San Joaquín y
Santa Ana, pero estas instancias son raras y sólo son reafirmadas por la Iglesia
cuando van de acuerdo con la Tradición. No se puede negar que algunos Padres
de la Iglesia — especialmente en el Este — escribieron favorablemente que San
José habría tenido un matrimonio previo e hijos. Sin embargo, esto de ninguna
forma significa que la Iglesia acogió sus ideas o las promovió como una
enseñanza oficial, al contrario: la tradición dominante en esta materia sostiene
que San José no fue viudo sino virgen.
116
La constante tradición de la Iglesia sostiene que San José vivió una vida de castidad consagrada.
Algunos de los evangelios apócrifos lo retratan como un hombre viejo, incluso viudo; ésta no es la
enseñanza de la Iglesia. Hemos de creer, en cambio, que él era un hombre virgen que participó con
María de un matrimonio virginal.10
— Siervo de Dios John A. Hardon

La tradición de que San José fue siempre virgen nos proporciona una
tremenda reflexión sobre la grandeza y virtud de San José, y también nos ofrece
una idea de qué tan viejo habría sido al contraer nupcias con María. Presentar a
San José como un hombre virgen presupone que él era joven cuando se casó con
María; lo suficientemente joven como para sacrificar sus potencias viriles. Un
San José virgen transmite la imagen de un hombre joven que tuvo que exhibir
una virtud heroica y sobrenatural para mantenerse virgen; ¡se esposó con la
mujer más hermosa que pueda existir jamás! Un adulto entrado en años que se
casa con una joven virgen no requiere ningún sacrificio puesto que su virilidad y
pasión han disminuido. Por otro lado, un hombre fuerte, amoroso, juvenil y
virgen habría necesitado hacer un tremendo sacrificio de mente, cuerpo, sentidos
y corazón para esposarse con una mujer tan pura y encantadora.
Los santos, místicos, eruditos de la Escritura y teólogos no son los únicos en
afirmar la paternidad virginal de San José; varios papas en el siglo XX también
lo han hecho.
El 26 de noviembre de 1906, el Santo Papa Pío X aprobó una oración
invocando a San José como el padre virginal de Jesús, e incluso concedió una
indulgencia a todos los que recitaran la oración, que dice:
Oh José, padre virginal de Jesús, purísimo esposo de la Virgen María, ruega por nosotros todos los
días a Jesús, el Hijo de Dios, para que revestidos con las armas de su gracia, luchemos en la vida
como debemos y seamos coronados por Él a la hora de la muerte. Amén.11

El 4 de mayo de 1979, el Santo Papa Pablo VI, hablando ante un grupo en


Francia, afirmó que María y San José vivieron un matrimonio virginal, y llegó al
grado de presentar una imagen de San José y María como los nuevos padres de
la humanidad, un tipo de nuevo Adán y nueva Eva. Él dijo:
Mientras que Adán y Eva fueron la fuente de maldad que se desató en el mundo, José y María son
el pináculo desde donde se esparce la santidad sobre la tierra. El Salvador comenzó la obra de
salvación mediante esta virginal y santa unión. 12

Piénsalo: si Dios confió a la virgen Eva al cuidado de un esposo virginal


(Adán), ¿por qué habría de ser diferente entre María y San José? María y San
José son mucho más grandes que Adán y Eva. A diferencia de nuestros primeros
padres (Adán y Eva), la unión virginal de nuestros nuevos padres (María y San
José) no resultó en la caída de la raza humana sino en la elevación de la
117
humanidad. La unión virginal y amorosa de San José y María conduce a nuestra
redención. La unión virginal produjo un Hijo virginal, Jesucristo, el Salvador del
mundo.
La tradición católica siempre ha enseñado que el amor virginal de María por
Dios era tan grande, que le consagró su cuerpo desde temprana edad a través de
un voto de perpetua virginidad. María encomendó toda su persona a Dios y tenía
absoluta confianza en el plan que Él tenía para su vida. Ella no deseaba nada en
la vida más que hacer la voluntad de Dios. Su confianza en Él era tan grande,
que confió en Él cuando la llevó a desposarse con un hombre, segura de que le
habría elegido a alguien que amara realmente tanto a Dios como a ella y que por
lo mismo respetaría su voto; un hombre que estuviese completamente dedicado
al plan de Dios y protegiera su virginidad. Ella jamás dudó de Dios.
La Virgen (María) se ha desposado con el novio virginal (José). Sin embargo, ella, que se casó con
José por obediencia a sus mayores, no teme por su virginidad bajo la protección de José. Habiendo
puesto su confianza en Dios, delegó en un hombre la protección de su mayor tesoro. Ella, que
anteriormente había dedicado la flor de su virginidad a Dios en una ceremonia solemne, no tenía
ninguna duda de que tendría un esposo virgen.13
— San Estanislao Papczyński

En San José Dios preparó un esposo, un guardián y un caballero para María.


Tenía que ser así conforme al designio de Dios que no vino al mundo de ninguna
otra manera más que a través del matrimonio de un hombre y una mujer que se
mantuvieron vírgenes.
En San José, María experimentó un perfecto espejo y reflejo del amor de Dios
por ella. Cuando María conoció a San José, ella supo que Dios lo había elegido
para ser su amoroso (y amado) esposo. Confiando en el plan de Dios, se
enamoró de San José y le dio su corazón. El cuerpo de María estaba reservado
para Dios, pero tenía la libertad de darle su corazón a San José, el único hombre
digno de ella, el único hombre que reflejaba perfectamente el amor puro de Dios.
En la virtuosa virilidad de San José, María experimentó pureza, castidad,
modestia y amor sacrificial. El corazón y el cuerpo de María estaban seguros en
el amor conyugal de San José. Él es un espejo de la pureza de Dios Padre. Como
el Padre engendra eternamente un Hijo sin la unión física con otra persona, San
José es padre de un Hijo sin la unión física con María. El matrimonio virginal de
San José y María engendró maternidad espiritual, paternidad espiritual y
fecundidad virginal.
Las más extraordinarias mentes teológicas de toda la cristiandad han alabado
la paternidad virginal de San José:

118
Un hijo nació de la Virgen María a la piedad y amor de José, y ese hijo fue el Hijo de D ios. ¿No
debería, pues, el esposo aceptar virginalmente lo que la esposa dio a luz virginalmente? Porque, así
como ella era una esposa virgen, así también él era un esposo virgen; así como ella era una madre
virgen, así también él era un padre virgen. Por lo tanto, el que diga que “no debió haber sido llamado
padre porque no engendró ningún hijo,” está mirando la concupiscencia en la procreación de los
hijos, no los íntimos sentimiento del amor. Que su mayor pureza confirme su paternidad; que la
Santísima María no nos reprenda, porque ella no deseaba anteponer su nombre al de su esposo, sino
que dijo: “Tu padre y yo te hemos buscado con angustia”. En consecuencia, que ningún
murmurador perverso haga lo que la esposa virginal no hizo. Así como era un esposo virginal
también era un padre virginal. Así como era el hombre así también era la mujer. El Espíritu Santo,
reposando en la justicia de ambos, les dio a los dos un Hijo.14
— San Agustín

José también fue virgen a través de María para que de un matrimonio virginal pudiese nacer un Hijo
virginal.15
— San Jerónimo

Creo que este hombre, San José, estuvo adornado con la más pura virginidad, la más profunda
humildad, el más ardiente amor y caridad hacia Dios.16
— San Bernardino de Siena

Con el objeto de aumentar y apoyar la virginidad de María, el Padre Eterno le dio un compañero
virgen, el gran San José.17
— San Francisco de Sales

Él (San José) era virgen, y su virginidad fue el espejo fiel de la virginidad de María. 18
— San Juan Henry Newman

Santo Tomás también creía que San José era virgen. El Doctor angélico ofrece
una reflexión adicional sobre la paternidad virginal de San José, progresando en
el conocimiento de que era lo más apropiado que Jesús confiara su Madre virgen
a un esposo virgen, ya que la Madre virgen posteriormente sería confiada a un
apóstol virgen (San Juan Apóstol) al pie de la Cruz. Santo Tomás escribe:
Creemos que, así como la Madre de Jesús era virgen, así también José, porque Él (Dios) puso a la
Virgen bajo los cuidados de un virgen (San Juan Apóstol), y así como Él lo hizo al final (en la
Cruz), así lo hizo al principio (en el desposorio de María y José).19

El razonamiento de Santo Tomás de Aquino tiene sentido. Si tú fueras Dios,


¿no le encargarías a tu Madre a una persona virgen? ¿No querías que tu Madre
fuese protegida y honrada por un hombre absolutamente puro, casto, y un
perfecto reflejo del amor de Dios? ¡Por supuesto que sí! San Alberto el Grande
también lo pensaba. Él escribió:
Como esposo virginal, él (San José) protegió a su virginal esposa. 20

119
En el siglo XVII, la afamada mística Venerable María de Ágreda, escribió La
ciudad mística de Dios. El libro es una obra de arte devocional que nos retrata la
vida y maravillas de la Virgen María. La Venerable María de Ágreda reporta que
estaba enterada de conversaciones que sostuvieron María y San José. En una de
esas conversaciones, San José habló con su amada esposa sobre la alegría que le
causaba su virginidad, y le reveló que él también había hecho un voto de
virginidad en su juventud. El relato dice:
Señora mía, declarándome vuestros pensamientos castos y propósitos, habéis penetrado y
desplegado mi corazón, que no os manifesté antes de saber el vuestro. Yo también me reconozco
más obligado entre los hombres al Señor de todo lo criado, porque muy temprano me llamó con su
verdadera luz para que le amase con rectitud de corazón; y quiero, Señora, que entendáis cómo de
doce años hice también promesa de servir al Altísimo en castidad perpetua; y ahora vuelvo a
ratificar el mismo voto, para no impedir el vuestro, antes en la presencia de Su Alteza os prometo de
ayudaros, cuanto en mí fuere, para que en toda pureza le sirváis y améis según vuestro deseo. Yo
seré con la Divina gracia vuestro fidelísimo siervo y compañero; yo os suplico recibáis mi casto
afecto y me tengáis por vuestro hermano, sin admitir jamás otro peregrino amor, fuera del que
debéis a Dios y después a mí.21

San José es el esposo virginal de María y el padre virginal de Jesús. Él es


virgen para siempre.
¡San José es tu padre virginal!

120
Salvador del Salvador
Dar vida es el mayor de los regalos, y el que le sigue es salvarla. ¿Quién le dio vida a Jesús? Fue
María. ¿Quién le salvó la vida? Fue José. Preguntadle a Pablo que lo persiguió, a San Pedro que lo
negó. Preguntadle a todos los santos quién lo mató; pero si preguntamos “¿quién le salvó la vida?”,
callad patriarcas, callad profetas, callad apóstoles, confesores y mártires; dejad que hable San José,
porque su honor es sólo suyo. Sólo él es el salvador de su Salvador.1
— Beato Guillermo José Chaminade

“¿S alvador de su Salvador? Eso suena herético ¿no? No te preocupes; el


Beato Guillermo José Chaminade no está afirmando que San José es Dios
o más grande que Jesús. El Beato Guillermo José era un sacerdote muy santo y
le tenía una tremenda devoción a San José. Vivió en la época de la Revolución
francesa y padeció muchos sufrimientos durante una etapa sumamente anti
católica en la historia de Francia. El amor del Beato Chaminade por Jesús, María
y José le dio la fortaleza para resistir las malignas intenciones de los
revolucionarios.
En lo más álgido de la Revolución francesa, el Beato Chaminade difundió la
devoción a María y predicó fervientemente a San José. Animó a sus hermanos
religiosos a ser como el talón de María y aplastar la oscuridad de la Revolución.
También conocía el poder de San José y alentó a todos a buscar refugio bajo su
protección paternal.
Encomiéndale a él (San José) la protección de tu persona, pues salvó la vida de su Salvador.2
— Beato Guillermo José Chaminade

Para comprender y justificar la descripción que hace el Beato Chaminade de


San José como el “salvador de su Salvador,” veamos el Evangelio de Mateo:
Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
«Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga,
porque Herodes va a buscar al niño para matarle.» El se levantó, tomó de noche al niño y a su
madre, y se retiró a Egipto.
— Mt 2,13-14

A San José se le puede llamar el salvador del Salvador porque salvó a Jesús
de las malvadas intenciones de Herodes llevando a Jesús a Egipto. San José es el
único santo que tiene el privilegio de ser llamado salvador del Salvador; ni
siquiera la Madre de Dios tiene ese título. Dios quería que San José tuviese ese
título singular para él solo, porque es un título que muestra la grandeza de la
paternidad de San José, y nos enseña su importante rol paternal en el plan de
Dios.
A él (San José) se le encomendó el divino Niño cuando Herodes soltó a sus asesinos en su contra. 3
121
— Papa Pío XI

El Beato Chaminade no es el único que llamó a San José el salvador del


Salvador. Santa Magdalena Sofía Barat hizo una afirmación similar. Escribió:
Jesús quiso estar en deuda con San José por las necesidades de la vida, y sólo de este santo patriarca
se puede decir que salvó la vida de su Salvador.4

San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, fue más lejos afirmando
que sólo por la razón de que San José salvó al Salvador de Herodes, Jesús no le
negará nada a aquellos que acudan a San José pidiendo su intercesión. Escribió:
El apóstol Pablo escribe que en la próxima vida Jesucristo “dará a cada cual según sus obras” (Rom
2,6). ¡Qué grande gloria debemos suponer que le concederá a San José, quien lo sirvió y amó tanto
mientras vivió en la tierra! El último día Nuestro Salvador dirá a los elegidos: “Tuve hambre y me
dieron de comer; era forastero y me acogieron; estaba desnudo y me vistieron” (Mt 25,35). Sin
embargo, éstos han alimentado a Jesucristo, lo han acogido o vestido sólo en las personas de los
pobres, pero San José procuró comida, techo y vestido para Jesucristo en su propia persona.
Además, Nuestro Señor ha prometido una recompensa a quien da un vaso de agua a los pobres en
su nombre: “Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os
aseguro que no perderá su recompensa.” (Mc 9,41). Cuál, pues, debería ser la recompensa de San
José que le puede decir a Jesucristo: “no sólo te procuré la comida, el techo, y vestido, sino que te
salvé de la muerte librándote de las manos de Herodes.” Todo esto nos ayuda a incrementar nuestra
confianza en San José. Nos hace reflexionar que en virtud de tantos méritos, Dios no le rechazará
ninguna gracia que le pida San José para sus devotos clientes.5

¡Wow! ¡Cuánta confianza deberíamos tener en San José!


Después de todo, San José salvó la vida de Jesús para que Jesús nos pudiese
salvar. De su parte, Jesús está extremadamente agradecido con San José por todo
lo que padeció para hacer que su misión salvífica fuese posible: exilio, pobreza,
dificultades, fatiga, ridículo, y tantos otros padecimientos que enfrentó San José
por Jesús. Sin los sufrimientos de San José no tendríamos al Salvador para
liberarnos del pecado y de la muerte. Por todas estas razones Jesús concede todos
los deseos y súplicas de su amado padre virginal.
Los sufrimientos de San José raramente se mencionan en las homilías o
escritos sobre él, pero si lo piensas, haber sido el padre del Salvador no pudo
haber sido fácil. La misión paternal de San José implicó tremendos sufrimientos.
¡Qué participación tan grande no habrá tenido el glorioso San José en el cáliz de la pasión de Jesús
por los servicios que le prestó a su sagrada humanidad!6
— Santa María Magdalena de Pazzi

Los sufrimientos de San José comenzaron incluso antes del nacimiento de


Nuestro Señor. Cuando San José descubrió que su amada esposa estaba
embarazada, su corazón, mente y alma experimentaron un dolor insoportable. Su
sufrimiento no era por sospechar que María le había sido infiel; jamás dudó del

122
amor de María, su fidelidad y santidad, sino más bien su sufrimiento era porque
no se sentía digno de ser el esposo de una mujer tan santa, y tampoco se sentía
digno de ser el padre de un Niño celestial. Se daba cuenta de que María le
pertenecía por completo a Dios, y por justicia necesitaba darle a Dios lo que le
pertenecía distanciándose de María, pero este pensamiento le provocaba todavía
más sufrimiento en el corazón que cualquier mártir haya podido experimentar. A
diferencia del sufrimiento de los mártires que vertieron su sangre por amor a
Cristo, el sufrimiento de José era interior, y de tal intensidad que es más
meritorio que el sufrimiento de todos los mártires cristianos. Prepararse para
alejarse de María, la delicia de su corazón, le causó tan profundo dolor que Dios
tuvo que enviar a un Ángel para consolarlo e instruirlo de no tener miedo de
llevarla a su casa. Abraham fue hecho padre de una multitud de naciones por su
disposición a sacrificar a su hijo; San José fue hecho padre del pueblo de la nueva
Alianza por su disposición a distanciarse de su propia esposa amada.
El sufrimiento de San José continuó durante toda su vida de casado. Cuando
viajó con su esposa embarazada a Jerusalén para el censo, sufrió muchísimo por
no poder proveer a su esposa un lugar adecuado para que diera a luz. ¿Qué
hombre querría que su esposa diera a luz en un establo frío, sucio y oliendo a
animales? Y sin embargo, fue lo único que San José pudo conseguir. Los
hombres, por naturaleza, son proveedores, y si un hombre no tiene la posibilidad
de proveer tanto bienestar como él quisiera para sus seres queridos, muere por
dentro. San José moría a diario.
San José también experimentó gran sufrimiento cuando su Hijo fue
circuncidado. Cuando él y su esposa vieron la sangre correr por el cuerpecito de
su Hijo, supieron que era un presagio de lo que vendría. Cuándo y cómo, no lo
sabían, pero estaban tan conectados con los divinos misterios y las profecías del
Antiguo Testamento, que sabían que vendría más derramamiento de sangre, lo
cual sería confirmado cuando Jesús, María y José se presentaron ante el
sacerdote en el Templo de Jerusalén para el ritual de la purificación de una nueva
madre. En lo que supondría ser una ocasión gozosa, San José se enteró de que el
corazón de su esposa sería atravesado y que su Hijo estaba destinado para ser un
signo de contradicción.
Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María,
su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de
contradicción — ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! — a fin de que queden al
descubierto las intenciones de muchos corazones.»
— Lc 2,33-35

Las palabras de Simeón fueron dirigidas a María, pero San José las escuchó.
123
Cuando San José escuchó a Simeón anunciarle a María que Jesús sería causa de
división y que el corazón de María sería atravesado por una espalada, las
palabras proféticas penetraron el amoroso corazón de San José causándole un
indecible tormento, uno que llevaría en su corazón y alma por el resto de su vida.
¿Qué hombre quiere escuchar que su esposa e hijo sufrirán el ridículo y serán
odiados? ¿Qué esposo no sufriría torturas de corazón sabiendo que su esposa
será atravesada por una espada? La Escritura nos dice que María ponderó estas
palabras de Siemón en su corazón (ver Lc 2,19). San José tuvo que haber
ponderado también las palabras de Simeón en su corazón. Ningún hombre podría
alejarse sin turbación después de escuchar las impactantes afirmaciones sobre su
esposa e hijo. Los corazones del esposo y la esposa son uno. Lo que le angustia a
uno le angustia al otro. Durante décadas San José llevó la dolorosa profecía de
Simeón en su corazón, pero porque su amor es muy grande, su sufrimiento era
interior, intenso y duradero.
Oh sensibilísimo corazón de San José, quien, a semejanza del tierno corazón de María sentiste los
dolores de la Santísima Madre, dime, ¿qué fue lo que sentiste al escuchar la terrible profecía de
Simeón? Y, sin embargo, ¡con cuánta generosidad, con cuánto silencio e inalterable resignación
aceptaste de las manos de Dios incluso la espada de dolor por nuestro propio bien! ¿Cómo podría
agradecerte? O mi dulcísimo santo, deseo imitar tu generosidad, y a cualquier noticia doloroso diré
junto contigo: que se haga la voluntad de Dios.7
— Beato Bartolo Longo

De haber sido posible para San José prevenir que su esposa e Hijo sufrieran,
habría hecho todo lo que estuviese en su poder para protegerlos. Un esposo
bueno y amoroso está dispuesto a anteponerse a su esposa y dejar que la espada
penetre en su corazón antes que el de ella. Sin embargo, conforme al plan de
Dios, San José sabía que tenía que permitir que el corazón y el alma de su esposa
fuesen atravesados. Ese sufrimiento era necesario para que naciera una nueva
humanidad. Su inmaculada esposa no había sufrido los dolores del parto en el
pesebre de Belén porque al estar libre de la mancha del pecado original, también
lo estaba de sus consecuencias, pero la profecía de Simeón había predicho que
llegaría un día cuando la esposa de San José tendría que soportar un tortuoso tipo
de dolores de parto pero espirituales. La esposa de San José es la nueva Eva, y
Dios iba a utilizar su corazón como un vientre espiritual. Tendría que pasar por
los dolores espirituales del parto para que la humanidad volviera a nacer en
Cristo. Simeón lo había profetizado y San José sabía que tendría que suceder. Su
rol era preparar a su esposa e Hijo para el sacrificio.
Ningún sufrimiento de un mártir ha sido tan grande como el sufrimiento de
San José. La profecía de Simeón había sido dirigida sólo a María. San José sabía
por qué y eso le causó todavía mayor sufrimiento. San José comprendió que la
124
profecía de Simeón significaba que al llegar el momento de que el corazón de
María fuese traspasado, ella estaría sin San José. Desconocía el momento, lugar
y forma en que ocurriría, pero él comprendió que no estaría allí con María. A la
luz de la profecía de Simeón, debió de haber pasado su matrimonio consolando
amorosamente a María y preparándola para las horas en que ella sufriría una
agonía y tormentos sin paralelo: sus dolores de parto espirituales. Los dulces
consuelos de San José ayudaron a María a preparse para el sacrificio del
Calvario. Él no podía prevenir su sufrimiento maternal, pero sí podía prepararla
para ello. Sus años de amor y devoción fueron un gran consuelo para el Corazón
Inmaculado de María. San José es el mayor consolador del corazón de María.
Qué hermosa y sencilla viste (San José) a esta inocente paloma (María), y qué grande fue tu
sufrimiento con la visión de su martirio sin ti, la soledad de la esposa que tanto amabas. Oh, qué
martirio azotó tu alma ante la visión previa de la Pasión y las siete espadas que atravesarían el
Inmaculado Corazón de María. La soñaste sola, sola sin Jesús, y esta aflicción amargó tu feliz
vida.8
— Beata Concepción Cabrera de Armida

La espada que atravesaría el corazón de María en el Calvario, también


necesitaba atravesar el corazón de San José pero de una manera diferente. Él no
estaría presente en el Calvario, pero la espada necesitaba atravesar su corazón
paternal ya que era adecuado que el renacimiento de la humanidad involucrara
tanto a la madre como al padre. Los esposos no experimentan dolores de parto
como las mujeres, pero cada esposo está llamado a acompañar a su esposa en el
embarazo y prepararla para dar a luz. Como un buen esposo, San José se
encargaría de que su esposa estuviese bien preparada para su sufrimiento; pasó
décadas preparándola para el doloroso alumbramiento en el Calvario.
En el Calvario, María debió haber experimentado gran consuelo y fortaleza al
recordar todo lo que su esposo había hecho por ella y por su Hijo a lo largo de
los años. El consuelo brindado por el apóstol Juan, María Magdalena y varias
personas más debió palidecer en comparación con el consuelo ofrecido a María
por el hombre que ni siquiera estaba allí. Dios le evitó a San José las torturas del
Calvario, pero María lo llevó con ella en su corazón. Su Hijo crucificado, ante
quien se mantuvo de pie, también era Hijo de José. María recordó a su esposo y
se mantuvo fuerte en la fe, la esperanza y el amor.
Había muchos recuerdos de San José que habrían inundado el corazón de
María en el Calvario. Todos eran una fuente de consuelo y fortaleza para María.
El recuerdo de la propia fortaleza de San José en el sufrimiento habría
incrementado la determinación de María de atestiguar y sufrir con su Hijo
crucificado. Habría recordado la matanza de los inocentes y lo mucho que eso
125
había herido el corazón de su esposo. Recuerda: cuando el Ángel se le apareció a
San José instruyéndole que tomara al Niño y a su Madre a Egipto, no se le dijo
que los niños serían asesinados y que las madres serían testigos de la muerte de
sus hijos. María recordaría con cuánta amargura lloró San José por la pérdida de
tantos niños tan preciados. Fue una fuente de tremendo sufrimiento para San
José, pero permaneció firme en su decisión de hacer la voluntad de Dios. Al pie
de la Cruz, María hizo lo mismo.
José y María aún no habían cruzado las montañas que los separaban del desierto, cuando de pronto
los lamentos dolorosos, haciendo eco a través de las colinas, llegaron a sus oídos. Aquellos gritos
desgarradores de las madres de santos inocentes masacrados en sus pechos y brazos llenaron los
corazones de José y María de una indescriptible tristeza.9
— Beato Bartolo Longo

Al pie de la Cruz María recordó cómo San José, como cabeza de la familia,
los había llevado a ella y a Jesús a Egipto, y cuán fuerte había sido San José al
proteger y cuidar de su familia. Caminar a Egipto no pudo haber sido un viaje
seguro ni confortable para la Sagrada Familia. Egipto era un lugar muy peligroso
en donde abundaban bandoleros, asaltantes y prácticas paganas. Los años de San
José viviendo allí han de haber sido muy difíciles. Santo Tomás de Aquino y San
Buenaventura creen que la Sagrada Familia estuvo en el exilio en Egipto casi
siete años, que debieron haber estado llenos de mucho sufrimiento para San José.
María recordó esos años y lo fuerte que había sido San José por amor a Dios y a
su familia.
En el Calvario, María recordó todos los sufrimientos que San José había
soportado durante su estancia en Egipto. Según las revelaciones místicas de la
Beata Ana Catalina Emmerich, las tribulaciones de la Sagrada Familia en Egipto
fueron especialmente fuertes para San José porque él era el amoroso jefe de la
familia. La responsabilidad de cuidar a la familia era principalmente de San José.
Muchas veces imposibilitado de conseguir suficiente trabajo, comida, agua
limpia o una casa adecuada, el hombre de la casa sufrió grandemente porque no
podía proveer todo lo que su familia necesitaba.
En Egipto, San José estaba en una tierra que no sólo era extranjera, sino hostil a los israelitas. Los
egipcios resentían que los israelitas hubiesen escapado de su tiranía, y también que habían sido la
causa de que muchos de sus ancestros se ahogaran en el Mar Rojo. 10
— San Francisco de Sales

En las narraciones de las visiones místicas de la Beata Ana Catalina


Emmerich, se nos dice que en Egipto la Sagrada Familia padeció la aterradora
experiencia de haber sido rodeados por asaltantes con malas intenciones. En el

126
Calvario, María recordó lo valiente que había sido su esposo y cómo había estado
dispuesto a morir por amor a su familia. En estos recuerdos ella seguramente
encontró la fuerza para ser víctima con Jesús.
María también habría recordado el momento en que ella y su esposo habían
perdido a Jesús durante tres días. Perder a un hijo es la peor pesadilla que un
progenitor pueda enfrentar jamás. Durante tres días los corazones de María y
José estuvieron llenos de ansiedad y preocupación. Pero ella recordó que,
después de tres días de tremendo sufrimiento y angustia, ella y su esposo
encontraro a Jesús en el templo, y al encontrarlo sus corazones se llenaron de un
gozo inexplicable. De alguna manera haber perdido a Jesús durante esos tres días
era una preparación para el Calvario. Recordando este evento María nuevamente
habría encontrado fortaleza y consuelo en su dulce San José.
En el Calvario, el recuerdo de todo lo que había hecho San José por su esposa
y su Hijo debieron haber sido también un consuelo para Jesús. A través del rol
modelo que José le había proporcionado de un sufrimiento largo y fiel, Jesús
pudo ofrecer de mejor modo su propio sacrificio en el Calvario. Nuestro Señor
sabía muy bien que su padre lo había salvado de Herodes, que había llevado
temendas cargas de amor en su corazón, consolado a su madre y ayudado a María
a prepararse para su sufrimiento con Jesús. Dios no había requerido que San José
estuviese físicamente presente en el sacrificio del Calvario, pero Jesús sabía que
jamás habría podido llegar al Calvario sin él. Dios hizo el sacrificio del Calvario
dependiente de los sacrificios paternales que San José había ofrecido durante los
años ocultos de la Sagrada Familia. El fruto del amor y sufrimiento paternal de
San José lo convirtió en el padre espiritual de la familia de la nueva alianza. Al
igual que María, Jesús también habría tenido a San José en su mente y en su
Corazón en el Calvario.
Los Corazones virginales de Jesús, María y San José son uno. Así como sus
Corazones son uno, así también lo es su misión. Sólo Jesús es el Salvador del
mundo, pero él quiso que su madre y su padre tuviesen una singular participación
en la obra de la redención. La unión de los Corazones virginales y dolientes de
Jesús, María y San José en Nazaret, Belén, Egipto y el Calvario, fue el medio
principal que Dios eligió para que todos pudiéramos volver a nacer. Jesús, María
y José hicieron posible que seamos hijos de Dios.
Lo que aprendemos de la sacrificada paternidad de San José es que él es un
hombre que cuida de los que se le han encomendado sin importar el costo. Él
ofrece consuelo y fortaleza a todos sus hijos. Siendo tu padre espiritual, él quiere
cuidarte como cuidó a María y Jesús. Él quiere consolarte e incrementar tu

127
capacidad de realizar sacrificios de amor.
Dios te ha dado una misión como cristiano. Tu misión requerirá sacrificio,
sufrimiento y angustia. Experimentarás tu propio calvario. Con San José en tu
corazón, encontrarás consuelo paternal y la fortaleza para soportarlo todo por
amor.
San José sabe que mientras buscas hacer la voluntad de Dios, Satanás, un
Herodes espiritual, soltará a sus asesinos en tu contra, y necesitas a San José para
protegerte. Tu padre espiritual te cuidará amorosamente y jamás dejará de luchar
por ti. Con su ayuda, saldrás victorioso en el sufrimiento y vencerás al enemigo.
San Juan Pablo II enfatizó este punto en una homilía que dio durante una visita
papal al Santuario de San José en Kalisz, Polonia, diciendo:
El ángel le había advertido (a San José) que huyera con el Niño, porque estaba amenazado por un
peligro mortal. Del Evangelio que acabamos de leer, aprendemos sobre aquellos que estaban
amenazando la vida del Niño. En primer lugar, Herodes, pero también todos sus seguidores. De esta
manera, la liturgia de la palabra guía nuestro pensamiento hacia el problema de la vida y su defensa.
José de Nazaret, que salvó a Jesús de la crueldad de Herodes, se nos muestra en este momento como
un gran defensor de la causa de la defensa de la vida humana, desde el primer momento de la
concepción hasta la muerte natural. En este lugar, por lo tanto, deseamos encomendar la vida
humana a la Divina Providencia y a San José, especialmente la vida de los niños aún no nacidos, en
nuestra patria y en todo el mundo.11

Sufrirás en la vida. San José no puede prevenir todos tus sufrimientos, pero él
te puede preparar para ellos y consolarte cuando estés en medio del dolor y la
angustia, ofreciéndote el amor y la protección de un padre.
San José, con el amor y la generosidad con la que protegió a Jesús, también protegerá tu alma, y así
como lo defendió de Herodes, defenderá tu alma del Herodes más feroz: ¡el diablo! Todo el cuidado
que el Patriarca San José tiene por Jesús lo tiene también por ti y siempre te ayudará con su
patrocinio. Él te liberará de la persecución del malvado y orgulloso Herodes, y no permitirá que tu
corazón se aleje de Jesús. ¡Ite ad Ioseph! Acude a José con extrema confianza, porque yo no
recuerdo haber pedido nada de San José sin haberlo obtenido de inmediato.12
— San Pío de Pietrelcina

En el santuario dedicado a San José en Kalisz, Polonia, en donde San Juan


Pablo II predicó su inspiradora homilía a San José en 1997, en la cripta hay un
museo dedicado a San José en agradecimiento por su papel en salvar las vidas de
muchos sacerdotes católicos presos en el campo de concentración de Dachau
durante la II Guerra Mundial.
Según cifras oficiales, en ese campo de concentración había 2,579 sacerdotes
(y obispos) católicos, de los cuales 1,034 fallecieron allí. San José los ayudó en
su sufrimiento y les dio fortaleza para ofrecer sus vidas por amor a Jesús. De los
otros 1,545 sacerdotes que sobrevivieron a Dachau, todos le atribuyen su

128
liberación de ese campo el 29 de abril de 1945 a la poderosa intercesión de San
José.
Ésta es la historia.
Los primeros sacerdotes católicos llegaron a Dachau en 1939, y en los
siguientes meses y años los números siguieron creciendo porque los sacerdotes
eran transferidos de los campos de concentración en Auschwitz y Sachsenhausen
a Dachau. El 8 de diciembre de 1940, los sacerdotes en Dachau hicieron un acto
de consagración comunitario a San José pidiéndole ayudarles a sobrevivir aquel
calvario y salvarlos de la muerte. Se consagraron a San José particularmente
porque había sido él quien había salvado al Hijo de Dios de la muerte cuando
Herodes quería matarlo, y los sacerdotes sabían que él también podría salvarlos
de los Nazis.
El acto de consagración a San José fue renovado frecuentemente, y los
sacerdotes prisioneros también renovaron la consagración anualmente de una
forma más solemne. Además, los sacerdotes rezaban novenas a San José
pidiéndole ayuda en su terrible situación. Cuando en 1945 el campo fue
finalmente liberado, los sacerdotes que quedaban dieron testimonio de que había
sido San José quien los había mantenido vivos. En agradecimiento, muchos de
los sacerdotes — especialmente los de Polonia — organizaron una peregrinación
al Santuario de San José en Kalisz, Polonia, en 1948. La peregrinación fue un
evento tan memorable, que se organizó una segunda peregrinación en 1958, y a
partir de allí hubo más peregrinaciones. En 1995, los 37 sacerdotes restantes que
habían sobrevivido a Dachau estuvieron presentes en la peregrinación.
Actualmente todos los sacerdotes han muerto, pero su memoria y tributo a San
José vive en el museo adjunto a ese santuario.
San José salvó a Jesús de Herodes. San José protegió a María de los asaltantes.
San José consoló a Jesús y María y los preparó para el calvario. San José estuvo
en los corazones de Jesús y María en el Calvario. San José consoló a los muchos
sacerdotes que sufrieron y murieron en Dachau. San José ayudó a muchos
sacerdotes a sobrevivir el campo de concentración. San José, tu padre espiritual,
quiere protegerte, prepararte, consolarte y ayudarte a hacer de tu vida un
sacrificio para los demás.
Todos tenemos en él (San José) un modelo y protector. 13
— San Pedro Julián Eymard

Digámosle al gran Patriarca: “Aquí estamos, somos totalmente tuyos; que tú seas todo para
nosotros. Muéstranos el camino, fortalécenos en cada paso y condúcenos a donde la Divina
Providencia nos quiera llevar. 14 — San José Marello

129
La Santa Casa de Loreto
¿Alguna vez alguien ha visitado Loreto y que no haya visto con sus propios ojos y escuchado con sus
propios oídos las poderosas obras de Dios y las haya sentido en su propia alma? 1
— San Pedro Canisio

La casa más sagrada del mundo está en Italia. Lo leíste bien. Solía estar en
Tierra Santa, pero fue reubicada. La casa familiar de Jesús, María y José se
localiza en el pueblo de Loreto, Italia. ¿Cómo llegó allá? Bueno, lo que estás a
punto de leer es la verdadera historia de cómo la casa de la Sagrada Familia en
Nazaret fue transportada a Italia por los Ángeles. La historia es tan fascinante,
que probablemente quieras ir a Loreto después de leerla.

Según los historiadores, la casa de la Sagrada Familia permaneció en


Nazaret durante 13 siglos. Después, el 10 de mayo de 1291, ¡de pronto
desapareció! Lo único que quedó de la casa fueron sus cimientos. Toda la
comunidad de Nazaret se dio cuenta de la repentina desaparición de la casa y
quedaron absolutamente estupefactos, ya que resultaba imposible que una
persona o grupo de personas hubiesen removido la casa tan rápido sin que nadie
se hubiese percatado de ello.

Según la tradición, la Santa Casa fue transportada fuera de Nazaret por los
Ángeles. En los reportes de sus experiencias místicas, la Beata Ana Catalina
Emmerich habló sobre la transportación angélica de la casa, afirmando:
He visto muchas veces el traslado de la Santa Casa a Loreto. Yo no lo podía creer, a pesar de haberlo visto
varias veces en visión. La he visto llevada por siete ángeles que se cernían sobre el mar con ella. No tenía
piso, y en lugar de suelo tenía un fundamento de luz y claridad. Por ambos lados tenía como agarraderas;
tres ángeles la sostenían por un lado y tres por el otro para llevarla por los aires. Uno de los ángeles volaba
delante arrojando una gran estela de luz y resplandor. 2

¡Verdaderamente fascinante! Lo que la Beata Ana Catalina no observó en


sus visiones, sin embargo, es que los Ángeles primero llevaron la Santa Casa de
Nazaret al pueblo de Trsat, parte de la ciudad de Rijeka en la actual Croacia, que
en ese tiempo se conocía como Iliria o Dalmacia. ¿Por qué los Ángeles la
llevaron allí, y cuál habría sido el motivo de moverla del todo?

La Santa Casa fue reubicada en 1291, y la razón por la cual los Ángeles la
transportaron fuera de Nazaret se supo claramente tres años después. En 1294,
todo el pueblo de Nazaret fue saqueado por los invasores musulmanes. Si la
Santa Casa hubiese permanecido en Nazaret, los musulmanes la habrían
destruido por completo. Dios anticipó el acto sacrílego y envió a sus santos
Ángeles a reubicarla en otro lugar.
130
A lo largo de los siglos, Dios ha usado a personas tales como Santa Elena
para reubicar reliquias (objetos santos asociados con Jesús, María y los santos)
de Tierra Santa a lugares más seguros. San Juan Henry Newman alguna vez
visitó la Santa Casa, dando un argumento muy profundo sobre su reubicación.
Escribió:

Aquél que hizo flotar el Arca (de Noé) sobre el oleaje de un mar que cubría toda la tierra y encerró en ella
todas las cosas vivientes, que ha ocultado el paraíso terrenal, quien dijo que la fe podría mover montañas,
quien sustentó a miles durante cuarenta años en un desierto estéril, quien transportó a Elías y lo mantiene
oculto hasta el final, también pudo hacer esta maravilla. Y, de hecho, podemos ver todos los demás registros
de Nuestro Señor y sus santos reunidos en el corazón de la cristiandad desde los confines de la tierra mientras
el paganismo lo invadía (es decir, sus reliquias). San Agustín sale de Hipona; el profeta Samuel y San
Esteban dejan Jerusalén; el pesebre en el que estuvo Nuestro Señor sale de Belén con San Jerónimo; la Cruz
es desenterrada; San Atanasio se va a Venecia. En resumen, no me cuesta ningún trabajo creerlo.3

Pero ¿por qué fue primero a Croacia? ¿Por qué los Ángeles no la llevaron
directamente a Italia? En realidad, nadie sabe la respuesta. Quizás Dios quería
bendecir la tierra de Croacia con la presencia de la Santa Casa antes de llevarla a
su ubicación final. Jesús una vez sanó a un hombre sordo en etapas y no
inmediatamente. El que los Ángeles hayan movido la Santa Casa a varios lugares
antes de ponerla finalmente en Loreto tiene el efecto de brindar una multitud de
testigos de la milagrosa desaparición y aparición de la casa. Es decir, el que Dios
haya permitido que la casa se moviera varias veces antes de haberla puesto en
Loreto, muestra que no estaba siendo movida por el hombre, sino por los santos
Ángeles de Dios.

Veamos más de cerca todas las milagrosas transportaciones asociadas con


la Santa Casa. El 10 de mayo de 1291, el día que la Santa Casa desapareció de
Nazaret, la gente en la villa de Trsat, Croacia, fue testigo de la repentina
aparición de una nueva casa en el pueblo. Ninguna persona del pueblo sabía
cómo había llegado allí. Curiosamente, los pueblerinos observaron que las cuatro
paredes de la casa yacían en la tierra; la casa no tenía cimientos.

Después de estar en Croacia tres años, la casa milagrosamente volvió a


desaparecer el 10 de diciembre de 1294. Nadie en el pueblo vio a la casa irse. Lo
único que dejó en el lugar donde había estado la casa fueron las marcas de la
misma en la tierra. Al día de hoy, un monumento marca el lugar exacto en Trsat,
Croacia, donde la Santa Casa estuvo ubicada durante tres años.

¿A dónde fue la casa después de Croacia? Fue llevada por los Ángeles a
través del Mar Adriático al pueblo de Piceno, Italia. Increíblemente, lo mismo
ocurrió en ese pueblo de Piceno: nadie vio cuando llegó la casa, y nadie sabía de
dónde había llegado. La casa permaneció en ese lugar durante ocho meses, y eso
131
fue porque los asaltantes comenzaron a robar a los peregrinos (muchos llegados
de Croacia) que iban a visitar la Santa Casa. En agosto de 1295, la casa volvió a
desaparecer para aparecer en una colina no lejos del pueblo de Piceno. Sin
embargo, la colina donde había sido puesta era de dos hermanos y comenzaron a
pelear por la titularidad de la casa. Incapaces de resolver la disputa, los hermanos
comenzaron a explotar a los peregrinos para sacar ganancias económicas. La
Santa Casa permaneció en su propiedad sólo algunos meses, antes de que la casa
¡milagrosamente volviera a desaparecer!

Casi a finales de diciembre de 1295, la Santa Casa fue llevada por los
Ángeles a una distancia muy corta de su lugar anterior, pero suficientemente
lejos para no estar en la propiedad de los dos hermanos. A este lugar se le conoce
como Loreto, el pueblo donde la casa se ubica al día de hoy. (El milagro de la
Santa Casa siendo transportada por Ángeles cuatro veces, es la razón por la cual
la Iglesia Católica ha declarado a Nuestra Señora de Loreto la Patrona de la
aviación).

¿Cómo sabemos que todo esto es cierto? Bueno, en 1296, un año después
de que la Santa Casa llegara a Loreto, la Iglesia Católica designó 16 enviados a
investigar todo. Los enviados visitaron Loreto, Croacia y Nazaret, y realizaron
extensos estudios con el objeto de verificar los sucesos. Los enviados fueron
primero a Loreto.

En el lugar donde había estado la casa en Loreto, tomaron medidas precisas


de la casa anotando todos los detalles. De allí viajaron a Trsat, Croacia, donde
había estado la casa y tomaron medidas de las marcas que había dejado en la
tierra la casa. Después viajaron a Nazaret a comparar las medidas de Loreto y
Trsat con los cimientos originales. Increíblemente, ¡en los tres lugares (Loreto,
Croacia y Nazaret), las medidas eran exactamente las mismas! No había
discrepancias en lo absoluto. Todo concordaba perfectamente.

Siglos después, los científicos realizaron análisis químicos de las piedras


de las paredes de la Santa Casa en Loreto. También se realizaron estudios
químicos de la madera utilizada para el techo de la casa. ¿Qué crees que
descubrieron?

¡Las paredes de la Santa Casa están hechas con piedras que son exclusivas
del área de Nazaret, y la madera del techo de la casa proviene exactamente del
área de Nazaret! Incluso el mortero utilizado para la casa fue determinado ser de
un material originado en Tierra Santa.

132
Como resultado de los estudios, se comenzó a construir una iglesia más
grande alrededor de la casa para acomodar a tantos peregrinos que llegaban a
Loreto. Mayores testimonios de la veracidad de estos eventos milagrosos han
sido la visita de los peregrinos que han llegado a Loreto provenientes de Trsat y
Croacia cada año pidiendo al cielo llevar de regreso la Santa Casa a Croacia.
Después de que la Santa Casa llegara a Loreto, Italia, en 1295, casi 50 papas han
afirmado su transportación milagrosa por Ángeles, algunas veces refiriéndose a
la transportación como la “traslación” de la Santa Casa. En el siglo XV, dos papas
fueron milagrosamente sanados en la Santa Casa. En el siglo XVI, se completó
una basílica fortificada alrededor de la Santa Casa para protegerla de ataques
musulmanes. Posteriormente, para fortificar aún más la estructura, la Santa Casa
fue revestida de mármol de Carrara.
Casi todos los papas después de Pío II (uno de los papas del siglo XIII que fue sanado milagrosamente) han
hablado sobre su milagrosa traslación. 4
— San Alfonso María de Ligorio

¿Por qué Dios y la Iglesia han tomado tales medidas para preservar esta
casa?
¡Porque es el sitio de la Encarnación! La tradición afirma que María nació
y fue educada en la Santa Casa, y que fue en esa casa donde el Arcángel Gabriel
se le apareció a la Virgen, y el Verbo se hizo carne. ¡Es una casa de maravillas
sobrenaturales!
Se dice que ella (María) nació en la ciudad misma de Nazaret, y ciertamente en la misma habitación en la
que, cubierta por el Espíritu Santo, concibió después del saludo del Ángel.5
— San Jerónimo
Realmente es la casa de Nazaret la que se venera en Loreto. Esa casa muy querida por Dios por tantas
afirmaciones, construida originalmente en Galilea, separada de sus cimientos y llevada por el poder divino,
cruzando los mares, primero a Dalmacia y después a Italia. La bendita casa en donde la Santísima Virgen,
predestinada desde toda la eternidad y perfectamente libre del pecado original, fue concebida, donde nació
y creció, y en donde el mensajero celestial la saludó como la llena de gracia para convertirse en la Madre
del único Hijo de Dios.6

— Beato Papa Pío IX

La Santa Casa también fue donde vivió la Sagrada Familia en Nazaret. La


casa es comúnmente conocida como “Santa Casa de María,” pero también merece
ser llamada la “Sana Casa de José.” Cuándo y cómo obtuvo posesión San José de la
casa no se sabe a ciencia cierta, pero seguramente ocurrió como resultado de su
matrimonio con María. De hecho, recientes excavaciones cerca de la Basílica de
la Anunciación ofrecen pistas de cómo la casa de la infancia de María se convirtió
en la casa de la Sagrada Familia.
Cuando los peregrinos viajan a Tierra Santa, normalmente viajan a Nazaret
para ver la Basílica de la Anunciación (en donde solía estar la Santa Casa y
133
donde permanecen los cimientos de los aposentos de la Encarnación). Lo que
muchos peregrinos desconocen completamente es que muy cerca de la Basílica
está el taller de San José.
La tradición cuenta que cuando José y María se comprometieron, pero antes
de que vivieran juntos, José vivía y trabajaba en su propia casa cercana, y una
vez que María y José comenzaron a vivir juntos, decidieron vivir en la casa
donde María había crecido, y José utilizó la otra casa como su taller. Esto nos
ayuda a entender por qué San José no estaba presente cuando el Ángel visitó a
María durante la Anunciación; él no vivía con ella en ese tiempo.
La Santa Casa es una reliquia singular que cientos, si no es que miles, de
santos han visitado. Antes de ser transportada a Loreto, San Francisco de Asís y
Santa Elena visitaron la casa en Nazaret. Desde su transportación mística a
Loreto, incontables santos han peregrinado a Loreto para verla, incluyendo a:

San Ignacio de Loyola


San Francisco Javier (hizo una peregrinación a Loreto antes de salir
para su viaje misionero a la India).
San Francisco Borgia
San Carlos Borromeo
San Pedro Canisio (defendió la verdad de la Santa Casa contra los
protestantes que decían que era una leyenda).
San Luis Gonzaga
San Santiago de las Marcas
San Estanislao Kostka
San Francisco de Sales
San Luis Guanella
San Lorenzo de Brindisi
San Benito José Labré (es llamado el “Santo de Loreto” porque visitó
la Santa Casa muchas veces).
San Francisco Caracciolo
Beato Antonio Grassi (él creció cerca de la Santa Casa. En una
ocasión, mientras se hincaba en oración en la casa, fue alcanzado por
un rayo, y este hecho lo curó milagrosamente de un severo dolor de

134
indigestión que había tenido toda la vida. Como resultado de la
sanación, juró visitar la Santa Casa una vez al año en peregrinación).
San Alfonso María de Ligorio (una vez afirmó que “había dejado su
corazón” en Loreto).
San Maximiliano Kolbe
San Josemaría Escrivá (visitó la Santa Casa siete veces y consagró el
Opus Dei a María en Loreto).
Santo Papa Juan XXIII
San Juan Pablo II

Santa Teresa de Lisieux visitó la Santa Casa en 1887 de camino a Roma con
su padre, y escribió sobre su visita en su autobiografía:
No me extraña que la Santísima Virgen haya elegido este lugar para transportar a él su bendita casa.
Allí la paz, la alegría y la pobreza reinan como soberanas. Todo es sencillo y primitivo. Las mujeres
han conservado su vistoso traje italiano y no han adoptado, como en otras ciudades, la moda de
París. En una palabra, ¡Loreto me encantó! ¿Y qué puedo decir de la santa casa...? Me emocionó
profundamente encontrarme bajo el mismo techo que la Sagrada Familia, contemplar las paredes en
las que Jesús posó sus ojos divinos, pisar la tierra que José regó con su sudor y donde María llevó
en brazos a Jesús después de haberlo llevado en su seno virginal... Visité la salita donde el ángel se
apareció a la Santísima Virgen... Metí mi rosario en la pequeña escudilla del Niño Jesús... ¡Qué
recuerdos tan maravillosos...!7
La Santa Casa es una reliquia poderosa. Jesús, María y José vivieron,
durmieron, comieron y rezaron allí. Es tan poderosa que el diablo no quiere saber
nada de ella. El Beato Battista Spagnoli de Mantua (1447-1516), superior de la
Orden Carmelita de 1513-1516, sacerdote muy devoto de la Santa Casa, ofreció
el siguiente testimonio ocular de un exorcismo realizado en una mujer en la Santa
Casa de Loreto el 16 de julio de 1489:
No pasaré por alto algo que vi con mis propios ojos y escuché con mis propios oídos. Sucedió que
una dama francesa de buena posición y gentil nacimiento llamada Antonia, que llevaba largo tiempo
de estar poseída por malos espíritus, fue llevada al santo lugar por su esposo para que pudiese ser
liberada. Mientras un sacerdote llamado Esteban, hombre ejemplar, leía sobre ella el exorcismo
común, uno de los demonios que se jactó de haber sido el instigador de la masacre de todos los
Inocentes, habiéndole preguntado ante su confusión si éste había sido el aposento de la Virgen
Inmaculada, replicó que ciertamente lo había sido, pero que lo tenía (confesaba) contra su voluntad,
obligado por María a confesar la verdad. Además, señaló los lugares de la Santa Casa en donde
Gabriel y María habían estado cada uno.8
Incluso la Santa Casa tiene su propia fiesta litúrgica. El 12 de abril de 1916, el
Papa Benedicto XV emitió un decreto estableciendo el 10 de diciembre como la
Fiesta litúrgica anual de la Traslación de la Santa Casa. Hasta el día de hoy, la
135
Fiesta de la Traslación de la Santa Casa es celebrada con gran festividad cada 10
de diciembre en Loreto.
En esa sacratísima casa se llevó a cabo los comienzos de la salvación del hombre por el grande y
admirable misterio de Dios hecho hombre. Entre la pobreza de esta apartada morada vivieron esos
modelos de la vida doméstica y la armonía.9
— Papa León XIII

¿No es por un milagro sin igual que esta Santa Casa fue traída por tierra y mar de Galilea a Italia?
Por un acto supremo de benevolencia del Dios de toda misericordia, se ha colocado en nuestro
dominio pontificio donde durante tantos siglos se ha convertido en objeto de veneración de todas las
naciones del mundo y resplandece con incesantes milagros.10
— Beato Papa Pío IX

La Santa Casa de Loreto es la morada donde la Palabra divina asumió la carne humana, y que fue
trasladada por el ministerio de los Ángeles. Su autenticidad está demostrada por los monumentos
antiguos y la tradición inquebrantable, así como por el testimonio de los soberanos pontífices, el
consentimiento común de los fieles y los continuos milagros que están allí y que se siguen
suscitando incluso al día de hoy. 11
— Papa Benedicto XIV

136
Hombre justo y reverente
Ser justo es estar perfectamente unido a la divina voluntad, conformado con ella en todas las
situaciones sean de prosperidad o adversas. Que San José lo fue nadie lo puede negar. 1
— San Francisco de Sales

P ara ejercer las virtudes de la justicia como lo subraya correctamente San


Francisco de Sales, una persona necesita vivir en perfecta unión con la divina
voluntad enfrentando todo tipo de eventos sean favorables o adversos, darle a
Dios y a los demás lo que les corresponde.
La Iglesia siempre ha entendido que San José fue un hombre justo y santo,
que amó a Dios y al prójimo como se debe, pero no siempre ha comprendido el
profundo significado teológico de lo que esas palabras significan realmente,
especialmente cuando se aplican a las acciones de San José en el Nuevo
Testamento. A la Iglesia le ha tomado siglos desarrollar una teología de San José
que muestre su grandeza y santidad.
En nuestros días la Iglesia enseña que después de María, San José es el ser
humano más santo y el “más justo” de todos los santos. Él es nuestro padre
espiritual, el pilar de las familias, la gloria de la vida doméstica, el Patrono de la
Iglesia Universal, y el Terror de los Demonios. Por esta razón, ciertos pasajes del
Nuevo Testamento que presentan las acciones de San José necesitan ser
reexaminadas a la luz de lo que ahora enseña inequívocamente la Iglesia sobre la
verdad de San José; específicamente que San José, al enfrentar todo tipo de
situaciones favorables o adversas, siempre actuó de conformidad con la divina
voluntad y le dio a Dios y a los demás lo que les correspondía. Realmente vivió
ese amor a Dios y al prójimo que su Hijo enseñaría posteriormente.
¿Qué fue lo que él (San José) hizo en realidad? Amó. Eso fue todo lo que hizo, y fue suficiente para
su gloria. Amó a Dios sin límite y sin regatear. Ese fue su significado, esa fue su vida aquí abajo.
Por eso él ha sido amado sin medida. ¡Contemplen su gloria por toda la eternidad! Acudan a él sin
vacilar. Él tiene gran poder en el cielo. En cuanto a su bondad, no se puede negar que pasó su vida
en la intimidad de los corazones de Jesús y María, los corazones más amorosos y amables que
jamás habrán de existir.2
— Beato Jean Joseph Lataste

Una de las acciones más importantes de San José en el Nuevo Testamento es


su respuesta al descubrir que su esposa estaba embarazada, y es dentro del marco
bíblico de esa historia que a San José se le llama hombre justo.
La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y,
antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido
137
José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía
planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no
temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz
un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto
sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen
concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios
con nosotros.» Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó
consigo a su mujer.
— Mt 1,18-24

Este pasaje (en su versión inglesa) se ha tomado de la traducción de la


Versión Revisada Estándar Edición Católica (RSVCE por sus siglas en inglés),
porque aquí no se afirma que San José quería “divorciarse” de su esposa. ¿Sabías
que la Iglesia Católica siempre ha permitido múltiples interpretaciones de Mateo
1,18-24? En particular, la Iglesia permite una interpretación que no afirma que
San José deseaba divorciarse de su esposa. Desde los primeros siglos de la
historia de la Iglesia, ha habido tres teorías posicionadas sobre el plan de acción
de San José cuando descubrió que su esposa estaba embarazada. Las tres teorías
han sido sostenidas por varios santos y eruditos, y las tres teorías se originan en
la Iglesia primitiva; éstas son:
1) La teoría de la suspicacia. San José sospecha que María cometió adulterio
y decide divorciarse de ella. De acuerdo a la Ley judía, si un hombre justo
quiere divorciarse de su esposa porque ella le ha sido infiel, está obligado a
dilapidarla. San José, siendo un hombre justo, no quiere dilapidar a María
por lo que decide divorciarse en silencio. Esta teoría fue promovida en la
literatura apócrifa y sostenida por varios Padres de la Iglesia.
2) La teoría de la estupefacción. San José está perplejo y estupefacto con el
embarazo de María, pero no duda de su inocencia. Está atónito, pero no sabe
qué hacer. Confundido, decide divorciarse de María. Algunos Padres de la
Iglesia se adhieren a esta teoría y la promueven con entusiasmo. Se convierte
en la teoría más común y se le conoce como “la duda de José.”
3) La teoría de la reverencia. San José descubre que María está embarazada,
pero no duda de su pureza e inocencia, sino que duda de su falta de mérito y
habilidad para cuidar a María y al Niño. Siendo un hombre justo, sabe que
María pertenece a Dios y se considera indigno de vivir con María. Decide
separarse de ella silenciosamente por justicia a Dios y reverencia a María.
Está dispuesto a dejar la escena para no revelar su misterio. Algunos padres
de la Iglesia, así como muchos santos medievales, teólogos y místicos
promueven esta teoría.

138
¿Por qué la Iglesia permite tres teorías sobre este tema tan importante? Bueno,
todo se desprende de la traducción de la palabra griega apoluo, y los estudiosos
bíblicos concuerdan que es una palabra muy difícil de traducir. En griego, apoluo
puede tener múltiples significados dependiendo del contexto de un pasaje en
particular. Por ejemplo, según el contexto, apoluo puede significar “separar,”
“disimular,” “esconder,” “distanciarse de,” o “divorcio.” Curiosamente, la
mayoría de los que han traducido el Nuevo Testamento del griego a otros
idiomas han elegido traducir apoluo como “divorcio.” Sin embargo, ahora que
la Iglesia tiene una mayor comprensión de la santidad de San José, especialmente
en relación a sus privilegios, virtudes y maravillas, ¿esa traducción sería la
correcta? A la luz de lo que se ha sostenido como cierto de San José, ¿en verdad
podemos decir que San José tenía la intención de divorciarse de su querida
esposa? La Iglesia ha recorrido un largo camino para poder comprender a San
José, y en la opinión de muchos la idea de que él hubiese querido divorciarse de
María necesita ser reexaminada.
Ahora bien, siendo justos, los que a lo largo de la historia han traducido
apoluo como divorcio no lo hicieron con mala intención o malicia; hay que
recordar que divorcio con frecuencia es una traducción válida de la palabra de
acuerdo al contexto de un pasaje en particular. Sin embargo, la única razón por
la que la palabra divorcio se utilizó en Mateo 1,14-28, fue porque la Iglesia aún
no había desarrollado una teología de San José. Desafortunadamente, las
consecuencias de haber traducido apoluo como divorcio provocó que durante
siglos se minimizara la importancia de San José en la vida de la Iglesia. De
hecho, Mateo 1,18-24 casi siempre se describe como “la duda de José,” en vez
de la descripción más noble de la “anunciación de José.” De allí que sea fácil
entender por qué San José no ha sido tan amado como se merece recibiendo tan
poca honra, reverencia e imitación a lo largo de la historia.
Quizás te preguntes “¿y cuál es el problema con eso?”. Sin duda hay una gran
diferencia entre que San José haya querido divorciarse de su esposa, a que por
justicia y reverencia haya pensado distanciarse de ella, y esta reflexión hizo que
muchos eruditos bíblicos se inclinaran por una traducción de apaluo diferente a
la de divorcio. Actualmente, y a la luz de lo que la Iglesia ha discernido con toda
claridad sobre la verdad de San José, sostener la postura de que haya querido
divorciarse de su esposa resulta del todo incongruente con sus virtudes. Después
de todo, la idea de que San José haya intentado divorciarse de su esposa ¡hace
que el cimiento mismo de la Nueva Alianza de Jesucristo caiga por los suelos!
Divorciarse de María habría sido un acto extremadamente injusto por parte de
San José, porque María era inocente y no había hecho nada malo. ¿Cómo aquél
139
hombre que la Iglesia invoca como “pilar de las familias” y “gloria de la vida
doméstica” podría ser el mismo que hubiese querido divorciarse de Inmaculada
Madre de Dios, pura e inocente? No tiene ningún sentido.
¿Eso significa que durante 2,000 años la Iglesia se equivocó sobre un aspecto
muy importante de la Revelación divina? De ninguna manera. Hay que recordar
que desde el tiempo en que se escribió el Nuevo Testamento la Iglesia ha
permitido varias traducciones de apoluo en el Evangelio de Mateo, pero lo que sí
significa es que a la luz del desarrollo teológico que la Iglesia ha realizado sobre
San José, necesita reexaminar el tema y presentar una interpretación teológica
más exacta de Mateo 1,28-24, una interpretación que, por lo demás, ha estado
allí desde el principio.
¿Qué es entonces lo que la Iglesia comprende ahora como cierto de San José
que está causando que eruditos y teólogos teman traducir apoluo como divorcio?
¿Por qué muchos estudiosos están prefiriendo describir el plan de acción de San
José como “un distanciamiento” de María? La Iglesia, al reconocer la
extraordinaria obediencia, justicia, reverencia y humildad de San José, ha
logrado poner en un contexto real la correcta traducción de la palabra apoluo en
el Evangelio de Mateo. En esencia, al comprender la extraordinaria santidad de
San José le ha proporcionado la correcta interpretación de lo que él intentaba
hacer. La fe sobrenatural de San José le permitió saber que María efectivamente
había concebido por el Espíritu Santo, y ese gran misterio que se realizaba al
interior de María le hizo sentir temor. Su intención no era divorciarse de María;
más bien, él creía que su deber ante Dios, Autor de aquel misterio que se
desarrollaba en el vientre de su esposa, era distanciarse de ella y del Niño hasta
que le fuese dada otra revelación. El hecho de que la Iglesia permita esta
interpretación, y de que muchos de los Padres de la Iglesia, teólogos medievales,
santos y místicos ya hubiesen interpretado el pasaje de esta manera, es lo que
está causando que no pocos académicos y estudiosos se adhieran a la Teoría de
la Reverencia.
Por ejemplo, el Padre René Laurentin, aclamado a nivel mundial como el
mariólogo más excelso del siglo XX, realizó profundos estudios sobre Mateo
1,18-24, llegando a la conclusión de que teológicamente resulta problemático
sostener la afirmación de que San José deseaba divorciarse de su amada esposa.
¿Cómo podía un hombre realmente justo haber querido divorciarse de su
inocente esposa? Divorciarse de María no habría sido un acto justo sino un acto
¡totalmente injusto! El Padre John McHugh, uno de los académicos bíblicos más
eruditos del siglo XX llegó a la misma conclusión, así como el Padre John
Saward, sacerdote anglicano convertido y un académico de gran calibre.
140
Otro de los académicos, el Padre Ignacio de la Potterie, SJ, ampliamente
reconocido y respetado como extraordinario teólogo y académico bíblico,
después de realizar extensos estudios sobre Mateo 1,18-24 quedó tan convencido
de la verdad de la Teoría de la Reverencia, que escribió su propia traducción del
pasaje que es ¡toda una revelación! El Padre aclara cómo San José ejercitó
generosa y heroicamente la virtud de la justicia, y el profundo amor reverente
que le tuvo a María y al Niño que llevaba en su seno. La traducción del Padre de
la Potterie dice lo siguiente:
En relación a Jesús como el Mesías, el origen se llevó a cabo de la siguiente manera: Su Madre
María estaba comprometida con José, pero antes de llevar una vida en común, ella se encontró que
había engendrado (un hijo) en su vientre por obra del Espíritu Santo. Pero José, su esposo, que era
un hombre justo, que no quería descubrir (su misterio), resolvió separarse de ella en secreto. Pero
cuando así lo tenía planeado, he aquí que un Ángel del Señor se le apareció en un sueño y le dijo:
«José, hijo de David, no temas llevar contigo a María, tu esposa, a tu casa, porque ciertamente lo
engendrado en ella proviene del Espíritu Santo, pero ella dará a luz un hijo (para ti) y tú le pondrás
el nombre de Jesús, porque será Él quien salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió
para que lo que había dicho el Señor a través de la boca de un profeta se cumpliera: «Ved que la
virgen concebirá en su vientre y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel,» que
traducido significa: “Dios con nosotros.” Cuando José despertó del sueño sucedió como el Ángel
del Señor lo había prescrito y se llevó a su esposa a su casa.3

¡Qué gran traducción! En algunas partes se lee un poco extraña por ser muy
literal, pero es por mucho la mejor traducción que hay de ese pasaje, ya que
reconoce las virtudes sobrenaturales de San José conforme el contexto va
requiriendo una interpretación más noble. Imagínense que si esta traducción se
hubiese incluido en las Biblias, predicado en sermones, o se hubiese insertado en
las liturgias a lo largo de los siglos, sin duda los fieles habrían tenido una
comprensión teológica más exacta y espiritualmente edificante de la santa
personalidad de San José.
Repito que aquellos que a lo largo de los siglos han traducido apoluo como
divorcio no lo hicieron con mala intención; simplemente carecían de un
verdadero entendimiento de la grandeza sobrenatural de San José porque aún no
se había desarrollado una teología sobre él, y aunque no podemos cambiar la
historia, ahora que la Iglesia ha comenzado a comprender realmente esa
grandeza puede ofrecernos una dirección hacia el futuro. Ante la realidad de la
perfecta y amorosa unión de San José con la voluntad de Dios, así como su
justicia y reverencia, cualquier interpretación que afirme que él deseaba
divorciarse de su esposa debe descartarse en virtud de que resultaría
teológicamente insostenible a la luz de lo que ahora sabemos de cierto de San
José.
Examinemos la razón de por qué es así.
141
Teológicamente, la virtud de la justicia se define por la disposición de una
persona a dar siempre a Dios y a los demás lo que les corresponde. San José
siempre hizo la voluntad de Dios en todo tipo de circunstancias, favorables o
adversas, ejerciendo de manera perfecta la virtud de la justicia. Por lo tanto,
resulta teológicamente imposible afirmar que San José hubiese decidido hacer
algo que Dios detesta.
«Yo aborrezco el divorcio — dice el Señor, Dios de Israel —, y al que cubre de violencia sus
vestiduras», dice el Señor Todopoderoso. Así que cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros.
— Ml 2,16

(Ahora bien; cualquier persona que esté leyendo esto y haya tenido un
divorcio, por favor no entren en pánico. Dios odia el divorcio, no a la persona.
Es cierto que la Iglesia Católica, siguiendo la enseñanza del mismo Jesucristo,
dice que el divorcio es imposible en el caso de matrimonios sacramentales
válidos (ver Mc 10,2-12), y sólo tolera divorcios civiles en circunstancias
extremas (ver Mt 19,3-12; 1Cor 7,10-16). Una anulación católica no es lo
mismo que un divorcio. La anulación establece que nunca existió un verdadero
matrimonio; el divorcio, por otro lado, disolvería un verdadero lazo
matrimonial. La Iglesia permite la separación legal de los cónyuges válidamente
casados (que no es ni una anulación ni un intento de divorcio), siempre y cuando
los esposos separados no intenten cortar el lazo matrimonial. Repito: Dios no
te odia si has tenido un divorcio civil; él odia el divorcio. También es necesario
subrayar que no todos los que desean o se divorcian por la vía civil está
cometiendo un pecado o una ofensa moral contra Dios. La razón es porque puede
haber circunstancias únicas en cada caso particular. Ahora regresemos al
matrimonio de San José).
San José pasaba por una prueba. La virtud y cooperación de San José con la
gracia necesitaba ser puesta a prueba porque Dios quería hacer de San José un
nuevo Abraham, un padre espiritual para el pueblo de la nueva alianza. Si San
José pasaba la prueba mediante la amorosa disposición de sacrificarse
completamente, Dios lo bendeciría mucho más de lo que habría bendecido a
cualquier otro hombre sobre la tierra.
No es necesario decir que ¡San José pasó la prueba! Muchos Padres de la
Iglesia nos describen hermosamente cómo San José pasó la prueba gracias a su
justicia y reverencia sobrenatural.
José era justo y la Virgen inmaculada, pero su deseo de alejarse de ella se debió a que reconocía en
ella el poder de un milagro y un misterio tan grande al que él mismo se sentía indigno de acercarse
siquiera. Por ello, humillándose ante tan portentoso e inefable suceso quiso apartarte como cuando
Pedro se humilló ante el Señor diciendo, “Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador,” y como

142
aquél centurión que le dijo al Señor, “No soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas
de palabra y mi criado quedará sano,” o como Santa Isabel que le dijo a la Santísima Virgen: “y ¿de
dónde a mí que la madre de mi Señor venga a verme?”. De igual manera José, el hombre justo, se
humilló a sí mismo temiendo iniciar una unión con tan exaltada santidad.4
— Orígenes

José, al descubrir tanto el embarazo de María como su causa — es decir, que era del Espíritu Santo-
temió ser llamado esposo de una esposa de tal calado, por lo que quiso alejarla en privado por no
atreverse a revelar lo que en ella había ocurrido. Sin embargo, siendo un hombre justo deseaba la
revelación del misterio.5
— San Basilio el Grande

Pero especialmente, él pensó enviarla lejos para no cometer un pecado al permitirse que lo llamaran
padre del Salvador. Temió vivir con ella para no deshonrar el nombre del Hijo de la Virgen. Por eso
el Ángel le dijo: “No temas acoger en tu casa a María.”6
— San Efrén el Sirio

¡Oh inestimable tributo a María! José creyó más en su castidad que en su vientre, en la gracia más
que en la naturaleza! Él vio la concepción en toda su plenitud siendo incapaz de sospechar
fornicación. Creyó más probable que una mujer concibiera sin un hombre, que María hubiese
podido cometer un pecado. 7
— San Juan Crisóstomo

San Romano el melodioso, un poeta del siglo VI, escribió un hermoso poema
que describe el temor y reverencia de San José por el misterioso embarazo de
María.
Entonces José, que jamás conoció a la Virgen,
quedose paralizado, impactado por su gloria
y absorto con el esplendor de su forma, diciendo:
“Oh esplendorosa, veo que una llama y brasas encendidas te rodean.
Me atemoriza, María. Protégeme, ¡no me consumas!
Tu inmaculado vientre de pronto se ha convertido en un horno ardiente.
No permitas que me derrita, te lo ruego. Sálvame.
¿Deseas que como el antiguo Moisés me quite los zapatos,
me acerque más para escucharte y enseñado por ti exclame:
¡Salve, poderosa esposa inexplicable!? 8

El amor, la fe, la humildad, la justicia y reverencia de San José eran tan


grandes, que en ningún momento sospechó que María le hubiese sido infiel.
María era pura e inocente y él lo sabía. Tampoco consideró la posibilidad de que
otro hombre hubiese violentado a su esposa. Él estaba absolutamente seguro de
que María le pertenecía a Dios y que Él la cuidaría. Confiaba en Dios y confiaba
en María. Divorciarse de María habría significado abandonarla y tirar por la
borda el matrimonio que Dios le había dado. Por esa razón San José deseaba
distanciarse de María sabiendo que Dios, quien había procreado el Niño en su

143
vientre, la habría de cuidar a ella y al Niño.
San José amaba inmensamente a María y habría sido una tortura para él
apartarse de ella, pero amaba primero a Dios y su decisión inmediata fue darle a
Dios lo que él creyó que le pertenecía, es decir, distanciarse de María porque ella
le pertenecía a Dios. Por justicia y reverencia estaba dispuesto a borrarse del
mapa completamente, y esa actitud de San José movió el corazón de Dios
haciendo que su matrimonio se solidificara convirtiéndolo en nuestro padre en la
fe.
¿Por qué querría él (San José) abandonarla (a María)? Ahora escuchen ya no mi opinión, sino la de
los Padres (de la Iglesia). José quería dejarla por la misma razón que Pedro suplicó al Señor dejarlo
cuando le dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador,” y por la misma razón que el
centurión no dejó que fuera a su casa (diciendo): “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo.”
Por lo tanto, José, considerándose indigno y pecador, se dijo a sí mismo que un hombre como él no
debería vivir bajo el mismo techo con una mujer tan extraordinaria y exaltada, cuya maravillosa y
superior dignidad lo llenaba de asombro. Él vio con temor y estremecimiento que ella portaba los
más claros signos de la presencia divina, y como él no podía entender el misterio, quería apartarse
de ella. Pedro se sentía temeroso por la grandeza del poder; el centurión temía la majestad de la
presencia. También José, como ser humano, tenía miedo de la novedad del gran milagro, de la
profundidad del misterio, y por eso decidió alejarse en silencio. ¿Te sorprende que José se haya
juzgado indigno de la compañía de la Virgen embarazada? Después de todo, ¿no has escuchado que
también Santa Isabel no pudo soportar su presencia sin sentir temor y asombro? Como ella dijo:
“De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a verme?” Esta es la razón por la que José decidió
dejarla.9
— San Bernardo de Claraval

Según (San) Jerónimo y Orígenes, José no sospechaba de adulterio porque sabía que María era
modesta y casta. Además, había leído en la Escritura que la virgen concebiría y que “saldrá un
vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.” También sabía que María era
descendiente de la línea de David, por lo que era más fácil para él creer que la profecía de Isaías se
había cumplido en ella, que pensar que ella había caído en libertinaje. Por esa razón, considerándose
indigno de vivir con una persona de tan eximia santidad, quería enviarla lejos en secreto como
cuando Pedro le dijo a Jesús: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”10
— Santo Tomás de Aquino

José quería darle a la Virgen su libertad no porque sospechara que hubiese cometido adulterio, sino
(que) por respeto a su santidad él temía vivir con ella.11
— Santo Tomás de Aquino

En las revelaciones místicas a Santa Brígida de Suecia, la Santísima Virgen


en persona habló de la justicia y reverencia que San José había ejercido como
respuesta al descubrir su embarazo. Nuestra Señora dijo lo siguiente a Santa
Brígida:
Desde el momento en que yo (María) le di mi consentimiento al mensajero de Dios, José, viendo
que había concebido por el poder del Espíritu Santo y que estaba embarazada y que estaba
creciendo, se encontraba muy sorprendido, y porque él no sospecharía maldad alguna sino que

144
recordaría las palabras del profeta que predijo que el Hijo de Dios nacería de una virgen, se
consideró indigno de servir a tal madre, hasta que un ángel le ordenó en sueños no temer sino
servirme con caridad.12

Curiosamente, lo que María le dijo a Santa Brígida de Suecia es exactamente


lo que ella le habría dicho a San Mateo cuando éste escribía su Evangelio.
Piénsenlo: ¿De qué otra manera San Mateo podría haber sabido lo que
escribió en Mateo 1,18-24 si no fue por María? San Mateo no conoció a San José
y no estaba presente cuando todo sucedió aquello. La fuente de información tuvo
que haber sido María, y ella no le habría dicho que su esposo quería divorciarse
de ella, sino que le habría dicho exactamente lo mismo que le dijo a Santa
Brígida, es decir, que San José no sospechaba de ninguna cosa mala y sabía que
María había concebido del Espíritu Santo por lo que tenía miedo de tal santidad.
María no le dijo a San Mateo que su esposo quería divorciarse de ella, al
contrario; le dijo que su esposo se consideraba indigno de ese gran rol y deseaba
distanciarse de ella por justicia y reverencia.
¿San José comprendió cabalmente lo que estaba sucediendo en el vientre de
María? No, no lo entendía. No habría tenido toda la información necesaria para
dar un discurso teológico sobre cómo Dios estaba tomando una naturaleza
humana en el vientre de María, y él, un hombre fiel y judío del primer siglo,
ciertamente no habría entendido términos tales como “unión hipostática” o
“encarnación,” ya que esos emergieron en la Iglesia después de siglos de
reflexión, oración y discernimiento. Sin embargo, estaba convencido de que lo
que pasaba en ella procedía de Dios. Él no sabía cómo es que el Niño estaba en
el vientre de María, pero los santos y Padres de la Iglesia nos aseguran que él
jamás dudó de que María era pura o de que Dios obraba en ella. Él no dudaba de
María; dudaba de sí mismo, de su habilidad para ser el esposo de una mujer así y
el padre de un Niño tan importante.
La grandeza de San José es que estaba dispuesto a convertirse en un
vagabundo sin hogar por amor a Dios y a María. No quería difamar a María con
un divorcio, por muy discreto que éste fuera. Después de Jesucristo, San José es
el hombre más humilde que existe, y estaba dispuesto a salir de la escena y
desaparecer. Si Dios quería que él se mantuviera en la escena, se necesitaría una
revelación divina para hacérselo saber. Con la excepción de Jesucristo, por
supuesto, jamás ha habido un hombre tan generoso y heroico en amor, fe,
justicia, reverencia, y humildad como San José.
Ciertamente Dios ya sabía que en San José tenía el hombre perfecto, pero San
José necesitaba escucharlo del mismo cielo, y eso es exactamente lo que hizo el
Ángel cuando vino a él y le habló en sueños. Dios le hizo saber a San José que
145
Él necesitaba confiar en su disposición de hacer siempre su voluntad. Jesús
mismo necesitaría confiar en la humildad y en el amor sacrificial de San José
para poder llevar a cabo su misión salvífica. Vendría un tiempo en que San José
necesitaría ser quitado del panorama para que Jesús pudiese enseñar al mundo
sobre su Padre celestial, pero ese tiempo aún no había llegado. San José había
dado pruebas de ser un hombre confiable y obediente ante todo tipo de
acontecimientos, ya fuesen favorables o adversos; Dios podía confiar en él.
La Teoría de la Reverencia nos enseña que, en la mente y el corazón de San
José, Dios estaba en primer lugar. Si el darle a Dios lo que le pertenecía requería
que San José sacrificara su futuro con María, entonces así sería; Dios estaba
primero. Por amor a Dios, San José estaba dispuesto a padecer un sacrificio
mucho mayor que el que hubiera hecho cualquiera de los Patriarcas del Antiguo
Testamento o mártir del Nuevo Testamento. Dios quería que San José fuese un
nuevo Abraham, un hombre dispuesto a sacrificarlo todo por la santa voluntad
de Dios. Dios recompensó el amor, la obediencia, la justicia, reverencia y
humildad de San José confirmándolo como cabeza de la Sagrada Familia, el
padre de Jesucristo, el Terror de los Demonios y nuestro padre espiritual. San
José cosechó un tipo de paternidad espiritual sin paralelo alguno, ¡y sus hijos
serán tan numerosos como las estrellas del cielo! Dios lo hizo padre espiritual de
una nueva creación. ¡Dios lo convirtió en el incrementador!
Los santos, teólogos y místicos que han enseñado a lo largo de los siglos que
San José demostró un amor perfecto, justicia y piedad reverente hacia Dios y
María, nos dan una profunda interpretación de Mateo 1,18-24 que actualmente
está siendo afirmada en la doctrina eclesiástica sobre San José. Él es el más
grande de todos los santos, el “pilar de las familias” y la “gloria de la vida
doméstica.” Después de Jesucristo, ¡San José es el “más justo,” amoroso y
reverente de entre los hombres!
Mediante su total sacrificio personal, José expresó su amor generoso por la Madre de Dios
ofreciéndole el “don de sí mismo” de un esposo. Pese a su decisión de retirarse para no interferir en
el plan que Dios tenía para María, José obedeció el mandato explícito del Ángel y llevó a María a su
casa respetando el hecho de que ella pertenecía exclusivamente a Dios.13
— San Juan Pablo II

San José, nuestro padre espiritual, no es un hombre de dudas que haya


buscado divorciarse de nuestra Madre espiritual. Después de su Hijo, San José es
el modelo del amor, la fe, la justicia, la reverencia y la humildad sobrenatural. Él
es un virtuoso caballero cuya fe es pura y constante.
En cuanto a su constancia (de San José), ¿no la exhibió maravillosamente cuando al ver a Nuestra
Señora con el Niño, y no sabiendo cómo podía ser aquello, su mente fue sacudida de angustia,

146
perplejidad y preocupación? Y, sin embargo y a pesar de todo, jamás se quejó, jamás fue duro o
descortés con su santa esposa, sino que siguió siendo tan gentil y respetuoso en su comportamiento
como lo había sido siempre.14
— San Francisco de Sales
La respuesta de San José al embarazo de María es un modelo para nosotros.
Nuestro padre espiritual nos enseña cómo ser justos y reverentes de cara a todo
tipo de sucesos. Nos enseña a darle a Dios lo que merece, e incluso a estar
dispuestos, de ser necesario, a sacrificar todo lo que amamos. Nuestro padre
espiritual nos enseña que no debemos actuar a la ligera o con dureza cuando nos
encontramos en situaciones incomprensibles. Todo debemos llevarlo a la oración
y esperar a que el Señor nos dé luz y nos guíe. Si somos amorosos, fieles,
reverentes y justos, Dios nos revelará todo y nos hará abundantemente
fructíferos.
¿Quién era más santo que José? ¿Quién era más pura que la Santísima Virgen? Y, sin embargo, él
(San José) la quiso dejar en secreto, pero ¡con cuánta prudencia y rectitud quiso hacerlo! Él no
quiso separarse de ella abiertamente para no ser difamada, sino secretamente para que conservara su
buen nombre. Deberías aprender de este santo y justo hombre: aunque las obras de los demás te
parezcan malas y se digan imperfectas, has de juzgar en secreto y no abiertamente, y juzgarlas de tal
forma que ni tu consciencia ni su buen nombre sean dañados. Al hacerlo así, no te faltará la luz para
juzgar correctamente, del mismo modo que al justo esposo de la Santísima Virgen no le faltó la luz
para comprender la verdad sobre cómo había concebido ella.15

— San Estanislao Papczyński

147
Santo Anello
¡Unión divina entre Nuestra Señora y el glorioso San José! Por medio de esta unión, ese bien de los
bienes eternos, Nuestro Señor mismo, perteneció tanto a San José como a Nuestra Señora.1
— San Francisco de Sales

“¿S anto Anello?” ¿Quién es ése?


Bueno, en realidad Santo Anello no es una persona, sino una cosa: ¡es el
“santo anillo” que San José le dio a María el día de su boda!
Sí, leíste bien; el anillo de bodas que San José le dio a María sigue existiendo
al día de hoy, y se reserva en un relicario especial de oro y plata en la Catedral
de San Lorenzo en Perugia, Italia. Muchas personas que van de peregrinación a
Asís, Italia, sin saber que a tan sólo una corta distancia de allí (14 millas) se
encuentra el santo anillo.
El santo anillo ha estado en Perugia desde el siglo XIX, pero antes de haberse
quedado en ese lugar estuvo en varios lugares de Italia. Hasta hace poco, la
existencia del anillo era desconocida para muchas personas fuera de Perugia;
incluso muchos santos no sabían que existía el santo anillo.
Gracias a las visiones místicas de la Beata Ana Catalina Emmerich, la gente
de todo el mundo ahora tiene conocimiento del santo anillo y el lugar exacto
donde se encuentra. Es interesante que la Beata Ana Catalina jamás vio el anillo
en persona; sólo lo vio en sus visiones místicas, pero jamás supo en dónde se
encontraba. La información sobre su lugar preciso sólo se supo después de su
muerte.
He aquí el cómo.
Se reportó que el 29 de julio y el 3 de agosto de 1821, la Beata Ana Catalina
recibió visiones relativas al santo anillo. Antes de las visiones, ella no tenía idea
de que el anillo que San José le había dado a María seguía existiendo. Ella dijo:
(Julio 29, 1821) Vi el anillo de boda de la Santísima Virgen, que no es de oro, plata ni de ningún
otro metal; es de color oscuro e irisado. No es un aro delgado y estrecho, sino bastante grueso y
tiene como un dedo de ancho. Lo vi liso, pero marcado como por un embaldosado de triangulitos
regulares que dentro tenían letras. La superficie está lisa por el lado que queda por el lado interno de
la mano. El anillo está marcado con algo. Vi que lo guardaban con muchos candados en una
hermosa iglesia. La gente piadosa que quiere casarse hace que toquen con él sus alianzas.
(Agosto 3, 1821) Estos últimos días he visto muchas cosas de la historia del anillo de boda de
María, pero con tantos sufrimientos y molestias no soy capaz de contarlas de forma coherente. Hoy
he visto fiesta en la iglesia de Italia donde se encuentra este anillo de boda. Me pareció que estaba
colgado en una custodia encima del Tabernáculo. Había allí un altar soberbiamente adornado en el
que, a través de mucha plata, se podía mirar profundamente por los intersticios. Vi que tocaban la
custodia con muchos anillos.
Durante esta fiesta vi que María y José se aparecieron con sus trajes de boda a ambos lados del
148
anillo. Fue como si José pusiera el anillo en el dedo a la Santísima Virgen y entonces vi como si el
anillo se moviese y resplandeciera.2

Conforme a las visiones, la Beata Ana Catalina supo que el anillo de bodas
estaba en una iglesia en Italia, pero nunca supo qué iglesia o ciudad y murió sin
saberlo. Unos años después de su muerte, la gente comenzó a buscar los lugares
de muchas de las cosas que la Beata Ana Catalina había reportado ver en sus
visiones. ¡Increíblemente, el anillo y el lugar fueron descubiertos! El anillo fue
encontrado en la Catedral de San Lorenzo en Perugia, Italia. Se descubrió que se
encontraba en un hermoso relicario representando una custodia, exactamente
como la Beata Ana Catalina lo había afirmado. El anillo había estado allí algún
tiempo pero casi nadie fuera de Italia lo sabía. También fue cierta la descripción
que ella hizo del anillo, que es tornasol y oscuro, de un color ámbar o amarillo
oscuro. En ocasiones cuando hay mucha luz solar en la Catedral, el anillo se ve
como blanco lechoso.
Un aspecto fascinante de las supuestas visiones de la Beata Ana Catalina, son
las fechas en que ella vio el anillo que ocurrieron en sus visiones el 29 de julio y
el 3 de agosto. Sin que ella lo supiera, estas fechas coinciden con la época del
año en que los peregrinos visitan la Catedral de Perugia de camino a Asís para
asistir a la celebración anual de la Fiesta de los Santos Ángeles en la Porciúncula
el 2 de agosto. A finales de julio o principios de agosto, se ven grandes grupos
de personas venerando el anillo de una forma especial. Tanto a las parejas
casadas como a los que están por casarse se les permite tocar el santo anillo con
sus propios anillos para recibir una bendición en su matrimonio. Al parecer, ¡la
Beata Ana Catalina fue testigo de estos sucesos en sus visiones!
Actualmente peregrinos de todo el mundo viajan a Perugia para ver y venerar
la reliquia. El Beato Papa Pío IX veneró el anillo el 10 de mayo de 1857 cuando
visitó Perugia, y también celebró la Santa Misa en la Catedral.
¡Oh, qué amor tan puro se tuvieron los vírgenes esposos! Más que Adán y Eva en los primeros días
de su inocencia, José y María fueron la delicia del Señor, el éxtasis de los ángeles en el humilde
hogar de Nazaret, que era similar al Edén en los primeros días de la creación: ¡todo era santo, todo
era inocencia, todo era hermoso!3
— Beato Bartolo Longo

149
Los siete Dolores y Gozos
En virtud de que San José estaba asociado con María en sus gloriosos privilegios, tuvo que sufrir
como ella y su corazón también fue atravesado por siete espadas. 1
— San Pedro Julián Eymard

n el siglo XVI comenzó en la Iglesia una devoción a San José llamada “Los
E siete Dolores de San José.” Al parecer nadie sabe exactamente el origen de
esta devoción, pero se asemeja a la devoción popular de Nuestra Señora llamada
“Los siete Dolores de María.”
La devoción de Los siete Dolores de San José consiste en meditaciones
bíblicas de la vida de San José que le causaron dolor. Al meditar los pasajes
bíblicos se acostumbra rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
San José amaba mucho a Dios, pero fue afligido con grandes sufrimientos que soportó con una
maravillosa fortaleza.2
— San José Sebastián Pelczar

En el siglo XVIII, el Beato Gennaro María Sarnelli tomó la devoción de Los


siete Dolores de San José y le añadió otra dimensión: Los siete Gozos de San
José. En su predicación el Beato Gennaro contó la historia de cómo dos
franciscanos náufragos se perdieron en el mar durante varios días aferrados a un
tablón para no ahogarse. De pronto se les apareció un hombre que los guio con
seguridad hasta la orilla. Cuando los franciscanos le preguntaron quién era él, el
hombre respondió que él era San José. Después de revelarles su identidad, San
José pidió a los franciscanos honrar sus siete dolores y siete gozos durante los
siete domingos anteriores a su fiesta el 19 de marzo. Como resultado de la
predicación del Beato Gennaro sobre el naufragio de los franciscanos, la
devoción de Los siete Dolores y Gozos de San José se conoció como la Devoción
de los Siete Domingos a San José y rápidamente se difundió por toda la Iglesia.
Oh fidelísimo santo, que compartiste los misterios de nuestra Redención, glorioso San José, la
profecía de Simeón sobre los sufrimientos de Jesús y María te hizo estremecer de terror mortal, pero
al mismo tiempo, te lleno de una bendita alegría por la salvación y la gloriosa resurrección que,
según predijo, sería alcanzada por innumerables almas.3

— Beato Gennaro María Sarnelli

Los siete Dolores y Gozos de San José, las referencias bíblicas


correspondientes y su orden de acuerdo a la devoción de los siete domingos, es
el siguiente:
1° DOMINGO
150
1° Dolor: San José decide dejar a María en silencio (Mt 1,19)
1° Gozo: La Anunciación a San José (Mt 1,20)
2° DOMINGO
2° Dolor: La pobreza del nacimiento de Jesús (Lc 2,7)
2° Gozo: El nacimiento del Salvador (Lc 2,10-11)
3° DOMINGO
3° Dolor: La Circuncisión (Lc 2,21)
3° Gozo: El santo nombre de Jesús (Mt 1,25)
4° DOMINGO
4° Dolor: La profecía de Simeón (Lc 2,34)
4° Gozo: Los efectos de la Redención (Lc 2,38)
5° DOMINGO
5° Dolor: La huida a Egipto (Mt 2,14)
5° Gozo: Caída de los ídolos de Egipto (Is 19,1)
6° DOMINGO
6° Dolor: El regreso de Egipto (Mt 2,22)
6° Gozo: Vida con Jesús y María en Nazaret (Lc 2,39)
7° DOMINGO
7° Dolor: La pérdida del Niño Jesús (Lc 2,45)
7° Gozo: El encuentro del Niño Jesús (Lc 2,46)
Que él (San José) se encargue del asunto de tu salvación. Así como él guio al Hijo de Dios en sus
viajes, que también te guíe en tu viaje por esta vida hasta que llegues al cielo de la eterna felicidad.4
— Beato Guillermo José Chaminade

151
Los hombres viejos no caminan a Egipto
Nos preguntamos por qué el Evangelio habla tan poco de San José. ¿Pero no lo dijo todo cuando nos
enseñó que él era el esposo de María?1
— Beato Guillermo José Chaminade

En 1981, la Madre Angélica fundó la cadena televisiva “Palabra Eterna”


(EWTN por sus siglas en inglés). Su bendecida cadena es un apostolado
mediático católico extremadamente exitoso y fructífero. El sentido común, la
sencilla sabiduría y la firme ortodoxia de la Madre Angélica ha catequizado los
corazones y mentes de millones de personas alrededor del mundo. La Madre
Angélica falleció en 2016, pero EWTN continúa guiando a muchas personas
hacia Jesucristo y a la Iglesia Católica.
La Madre Angélica amaba mucho a San José. En una ocasión, durante un
programa en vivo, una persona llamó para hacerle preguntas sobre San José.
Decía algo así: “Madre Angélica, ¿Cree usted que San José era viejo o joven?”
La Madre Angélica respondió con su clásico ingenio, diciendo: “Bueno, querido,
esa es una buena pregunta. No hay una enseñanza oficial de la Iglesia sobre si
San José era viejo o joven, pero yo prefiero a un José joven. Todo lo que sé,
querido, es que ¡los hombres viejos no caminan a Egipto!”
La franca respuesta de la Madre Angélica tiene todo el sentido. Un hombre viejo
no sólo no habría sido capaz de caminar hasta Egipto, sino que tampoco habría
podido caminar las 80 millas de distancia que hay entre Nazaret y Belén por un
camino desértico y muy accidentado. San José necesitaba caminar mucho para
sustentar a la Sagrada Familia. Después de haber andado esas 80 millas de
Nazaret a Belén, San José recibió instrucciones de un Ángel de tomar al Niño y
a su Madre y llevarlos a Egipto, otro largo viaje para San José y su familia. La
distancia de Belén a la frontera de Egipto es de unas 40 millas. Ningún historiador
cree que la Sagrada Familia se asentara en la frontera; más bien, se adentraron en
la tierra de Egipto donde había posibilidades de trabajo, comida y algún tipo de
civilización. No sabemos exactamente en qué lugar de Egipto se asentaron Jesús,
María y José, pero seguramente necesitaron caminar mucho más allá de la
frontera.
¿Alguna vez has visitado Tierra Santa o el norte de África? Si lo has hecho,
sabrás que el terreno es accidentado, el calor muy intenso y hay muchos peligros.
Caminar a Egipto y quedarse allí durante años sin conocer a nadie y tratando de
sobrevivir no son cosas que se asocien a un hombre viejo.
152
Y después de muchos años de vivir en Egipto, San José supo por un Ángel que
Herodes había muerto, por lo que ahora San José necesitaba alistar a su familia
y caminar de Egipto de regreso a Nazaret; ¡eso es más de 120 millas! La distancia
de la ciudad de Nueva York a Filadelfia es de 92 millas; añade otras 30 millas, y
eso es lo que San José tuvo que hacer. No había ningún “Jersey Turnpike” (peaje
carretero en Nueva Jersey), con suaves autopistas y cómodas paradas para
descansar a lo largo del camino. Era subir, bajar, y rodear colinas.
La interminable caminata tampoco terminó cuando la Sagrada Familia llegó a
Nazaret. Como fieles judíos, los hombres de la casa estaban obligados a viajar a
Jerusalén tres veces al año para cumplir con la Ley del Señor. “Tres veces al año
se presentarán todos tus varones ante Yahveh, el Señor, el Dios de Israel.” (Ex
34,23). Recuerda: son 80 millas sólo de ida. ¡Eso es mucho caminar!
San José no pudo haber sido un hombre viejo cuando se desposó con María. Los
hombres viejos no caminan a Egipto, y tampoco caminan tres veces al año de
Nazaret a Jerusalén.
Buen Padre (San José), te agradezco por haber cuidado a mi Madre María mientras estuviste en la
tierra.2
— Sierva de Dios Sor María Marta Chambón

153
San José dormido
Es inútil que ustedes madruguen; es inútil que velen hasta muy tarde y se desvivan por ganar el pan:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
— Salmo 127,2

Dios ama el sueño. Él lo hizo.


Tu Padre celestial te diseñó para que aproximadamente una tercera parte de tu
vida la pases durmiendo. Él mismo descansó después de haber creado los cielos
y la tierra (ver Gn 2,2-3).
Dios es Padre. Se deleita en sus hijos cuando están dormidos. Dios se
comunica con sus hijos cuando están dormidos; es un hecho bíblico. En la vida y
misión de San José, Dios eligió hablarle mientras dormía. En cuatro ocasiones y
a través de un ángel, Dios le dio a San José mensajes muy importantes en sus
sueños (ver Mt 1,20; Mt 2,13.19.22).
El sueño de San José es tan importante y poderoso que Satanás le tiene miedo.
El cristianismo siempre ha sostenido que Satanás, una creatura rebelde, eligió no
servir a Dios declarando con gran arrogancia, “non serviam” (“no serviré”; Jr
2,20). En contraste, la Virgen María pronuncia su humilde “Fiat mihi secundum
verbum tuum” (“hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38). El gran San José
responde más con una acción obediente que con palabras: “Fecit sicut proecepit
ei ángelus Domini” (“hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado” (Mt
1,24). ¡El sueño de San José cambia las reglas del juego!
Según el Nuevo Testamento, el sueño de San José es la oración. En el cielo,
San José ya no duerme, por supuesto, pero en la eternidad sí “descansa en el
Señor.” ¿No es lo que se denomina “descanso eterno” después de la vida?
En tiempos recientes, se ha desarrollado en la Iglesia una devoción popular a
San José bajo el título de “José dormido” que consiste en obtener una estatua
representativa de San José dormido pidiéndole su intercesión para una intención
en particular, escribiendo la intención en un pedazo de papel y poniéndolo bajo
la imagen de San José dormido. Al hacerlo, la persona le está pidiendo a San
José llevar su intención a Dios. La devoción a San José dormido es una
maravillosa forma de mantenerse conectado con tu padre espiritual y pedirle que
ruegue (dormido) por tus intenciones.
El poeta francés Charles Péguy escribió acerca de la importancia del sueño en
un increíble poema intitulado The Portal of the Mystery of Hope (El pórtico del
misterio de la segunda virtud). El poema está escrito desde la perspectiva de Dios
y tiene el propósito de recordar al hombre moderno que Dios se deleita en sus
154
hijos cuando duermen. He aquí un extracto:
Sólo dormir. ¿Por qué la gente no hace uso de ello?
Le he dado este secreto a todos, dice Dios. No lo he vendido.
El que duerme bien, vive bien. El que duerme, reza.
El que trabaja, también ora, pero hay tiempo para todo,
tanto para dormir como para el trabajo.
El trabajo y el sueño son como dos hermanos,
y se llevan muy bien juntos.
Y el sueño lleva al trabajo, así como el trabajo lleva al sueño.
El que trabaja bien duerme bien, el que duerme bien trabaja bien.

155
Adorador de Cristo
¿Cuántas veces él (San José), como gorrión solitario, habrá anidado en el techo de ese santo templo
de la divinidad contemplando al divino Niño durmiendo entre sus brazos y pensando en su eterno
reposo en el seno del Padre celestial?1
— Beato Guillermo José Chaminade

Dondequiera que San José viajaba con su esposa e hijo, su hogar se convertía
en una capilla de adoración. Nazaret, Belén y Egipto son lugares donde San José
contempló la divina presencia de Jesucristo invitando a otros a hacer lo mismo.
En ese sentido, San José es el fundador de las capillas de adoración y, con su
esposa, es el primero en conducir una procesión con el Cuerpo y la Sangre de
Cristo.
Junto con Jesús y María, San José le dio al mundo la capilla de adoración más
grandiosa que haya conocido el hombre: la Iglesia Católica. Gracias a María y
San José, cada iglesia católica en el mundo tiene un tabernáculo donde se reserva
la Presencia Real de Jesucristo, Cristo presente en su Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad.
Nadie puede describir la adoración de esta alma tan noble (de San José). Él no veía nada y, sin
embargo, creía; su fe tuvo que perforar el velo virginal de María. ¡Así es contigo! Bajo el velo de
las sagradas especies tu fe debe ver a Nuestro Señor. Pídele a San José su fe viva y constante. 2
— San Pedro Julián Eymard

En Nazaret, meses antes de que el Ángel le revelara a San José que María
estaba embarazada con un Niño divino, San José estaba a unas pulgadas de la
presencia de Dios en el tabernáculo del vientre de María. La esposa de José era
un tabernáculo caminante. El Dios encarnado estaba viviendo y creciendo dentro
del vientre de la esposa de San José y ni siquiera lo sabía. Dios lo estaba
preparando a ser el padre amoroso del tesoro más grande que el mundo haya
conocido: el Hijo de Dios hecho carne.
Como todo recién casado, San José no quería apartarse ni un segundo de su
esposa. María tuvo que haber acudido a él y expresarle su deseo de visitar a su
pariente Isabel durante tres meses, y esto habrá sido una gran sorpresa para San
José. Cuando leemos este episodio en el Nuevo Testamento, tendemos a asumir
que María no le pidió a San José que la acompañara con Isabel. Sin embargo, el
texto sagrado no nos proporciona información de qué exactamente sucedió en
esa ocasión, y sólo dice que María se fue presurosa hacia la zona rural
montañosa. No se nos dice si San José fue o no.
Muchos santos y místicos — San Bernardo de Claraval, San Buenaventura,
San Bernardino de Siena, San Francisco de Sales, la Venerable María Agreda,
156
Beata Ana Catalina Emmerich y otros — creen que San José sí acompañó a
María a visitar a Isabel. ¿Por qué no habría ido con ella? ¿Qué clase de esposo
sería si hubiese dejado ir a su joven y hermosa esposa hacer un viaje tan largo
sin la compañía de su esposo? El Nuevo Testamento no nos dice explícitamente
que San José acompañó a María, pero tampoco nos dice específicamente que no
lo hizo. Desde una perspectiva marital, ¿cómo podría haber soportado alejarse de
ella durante tanto tiempo? De hecho tiene mucho sentido que San José hubiese
acompañado a María con Isabel, y quizás incluso quedarse allí con ella tres
meses. Es un viaje muy largo desde Nazaret a la zona rural montañosa en donde
vivía Isabel (casi 100 millas). Cosas horribles podrían haberle sucedido a la
hermosa esposa de San José en el viaje. ¿Qué recién casado no se habría
preocupado por un viaje así, especialmente uno que involucrara caminar y
dormir en lugares peligrosos? Ningún hombre cuerdo se hubiese quedado atrás.
En los escritos místicos de la Venerable María de Ágreda, María y San José
sostienen una encantadora conversación sobre la Visitación:
(María a San José:) “Señor y esposo mío, por la divina luz he conocido cómo la dignación del
Altísimo ha favorecido a Isabel mi prima, mujer de Zacarías, dándole el fruto que pedía en un hijo
que ha concebido, y espero en su bondad inmensa que siendo mi prima estéril, habiéndole
concedido este singular beneficio, será para mucho agrado y gloria del Señor. Yo juzgo que en tal
ocasión como ésta me corre obligación decente de ir a visitarla y tratar con ella algunas cosas
convenientes a su consuelo y su bien espiritual. Si esta obra, señor, es de vuestro gusto, haréla con
vuestra licencia, estando sujeta en todo a vuestra disposición y voluntad. Considerad vos lo mejor y
mandadme lo que debo hacer.”
(San José a María:) “Ya sabéis, Señora y esposa mía, que mis deseos todos están dedicados para
serviros con toda mi atención y diligencia, porque de vuestra gran virtud confío, como debo, no se
inclinará vuestra rectísima voluntad a cosa alguna que no sea de mayor agrado y gloria del Altísimo,
como creo lo será esta jornada. Y porque no extrañen que vais en ella sin la compañía de vuestro
esposo, yo iré con mucho gusto para cuidar de vuestro servicio en el camino. Determinad el día para
que vayamos juntos.”3

Aunque San José no se hubiese quedado con María en la casa de Isabel


durante tres meses, es muy probable que al menos haya acompañado a su esposa
con su prima Isabel para cuidar a María de los asaltantes y hombres con malas
intenciones. Habiendo llegado a la casa de Isabel con María, él se habría
regresado a Nazaret solo. Después de tres meses, él habría hecho el viaje de
regreso con la prima Isabel y escortado con seguridad a su esposa de regreso a su
casa en Nazaret. Si estas cosas sucedieron, San José, sin saberlo, ¡condujo la
primera procesión con el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor!
Para efectos de la meditación, digamos que San José al menos acompañó a
María a la casa de Isabel. ¿Qué habrá experimentado al llegar con Isabel? Bueno,
seguramente habrá escuchado el saludo lleno del Espíritu Santo que Isabel le dio
157
a María.
Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor
venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.
¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!
— Lc 1,42-45

¿Qué habrá pensado San José del saludo de Isabel? Sus palabras le habrán
parecido extrañas. No hay manera de que él haya comprendido su significado
teológico, porque no tenía ni idea de que su esposa estaba encinta. Sin embargo,
como un hombre de profunda oración, habrá ponderado sus palabras llevándolas
a la oración. En ese momento no habrá comprendido su significado, pero meses
después, cuando se percató de que María estaba embarazada, habrá recordado las
palabras de Isabel. Recordando que Isabel llamó a María “madre de mi Señor,”
los ojos de San José se habrán abierto a la plena realidad de lo que estaba
sucediendo en el vientre de su esposa. Siendo un judío devoto, San José no
ignoraba las Escrituras que afirman que una virgen daría a luz al Mesías (ver Is
7,14). Comprendiendo esta gran maravilla, se habrá sentido totalmente indigno
de ser el esposo y padre de tal mujer y el Niño.
La posibilidad de que San José haya acompañado a María y escuchado el
saludo de Isabel lleno del Espíritu Santo nos ayuda a entender por qué San José
jamás dudó de María o quiso divorciarse de ella. Así como Isabel, él también se
sentía abrumado por un temor reverencial con la revelación de que su amada
esposa estaba embarazada de un Niño divino. Hombre justo y temeroso de Dios,
San José no se consideraba digno de vivir bajo el mismo techo que María y servir
de padre del Niño que ella esperaba. ¿Cómo podría ser digno de ser el esposo de
una esposa así? ¿Cómo podría jamás llevar a tal Madre e Hijo a su casa y bajo
sus cuidados? Nada menos que un anuncio angélico sería lo que evitaría que se
quitara de la escena.
Por otro lado, si San José no acompañaba a su esposa a la casa de Isabel,
imagínate la soledad que habría sentido al estar sin María durante tres meses.
Una separación tan larga hubiese sido una tortura para su corazón, que habría
anhelado reunirse con su amada. Escuchar su voz habría estado en su mente día
y noche, y de qué manera le habría saltado el corazón de gozo con el regreso de
su reina después de tres meses de separación.
Y ya sea que haya acompañado a María con Isabel o no, es muy probable que
haya viajado con su esposa e Hijo a ver a Isabel, Zacarías y su hijo, Juan (el
Bautista), en posteriores “visitaciones.” Ese tipo de visitas familiares son
normales. La intuición católica siempre ha sabido esto y ha representado estas
visitaciones en el arte. Las escenas de María, San José, el Niño Jesús y Juan el
158
Bautista son diversas en el arte católico alrededor del mundo. Después de todo,
Jesús y Juan eran parientes. Habrán jugado y rezado juntos durante las muchas
visitas que tuvieron lugar a lo largo de los años. San José quizás no habría estado
presente para escuchar el saludo de Isabel, o presente para ser testigo del
nacimiento de Juan el Bautista, pero habría visto y hablado con Juan el Bautista
durante sus visitas familiares. San José y San Juan Bautista tuvieron que haberse
conocido.
Si la primera procesión con Jesús fue a la casa de Isabel, la segunda tuvo lugar
cuando San José viajó con su esposa embarazada a Belén para apuntarse en el
censo. En esta procesión, San José estableció la primera capilla de adoración del
mundo: Belén.
San José fue apresuradamente con María a Belén que significa “casa del pan,” para que el pan de la
vida eterna pudiese nacer allí.4
— Venerable José Mindszenty

Qué conveniente que esta primera exposición pública del Pan vivo bajado del
cielo tuviese lugar en Belén. Como lo afirma el Venerable José Mindszenty, la
palabra “Belén” en hebreo significa “Casa de pan.” En árabe, Belén significa
“Casa de carne” (animal o humana). Nuestro Jesús, el verdadero Pan bajado del
cielo, nació en la pobreza y fue colocado en un pesebre por una razón: Nuestro
Señor es un Rey humilde, y quiso que San José lo pusiese en un pobre pesebre
porque ese lugar es donde se alimentan los animales. En inglés, la palabra
pesebre “manger” se relaciona con la conocida palabra en italiano mangiare, es
decir, comer.
¡Oh familiaridad más íntima de estar siempre con Dios, de hablar sólo con Él, de trabajar, descansar
y conversar en la compañía y presencia de Dios! ¿Cuántas veces el feliz tutor del Niño Jesús, como
una casta abeja, recogió el néctar de la devoción pura de esta hermosa flor de Jesé? ¿Cuántas veces
él (San José), como la paloma, se escondió en el corazón de esta piedra?5
— Beato Guillermo José Chaminade

La primera capilla de adoración fue visitada por pastores locales, seguida muy
de cerca por los hombres sabios o “magos” que llegaron de una tierra lejana a
rendir homenaje al recién nacido Dios-Rey recostado en un comedero (pesebre).
Pero San José no sólo estableció la adoración en la Tierra Santa, sino que
estableció la segunda capilla de adoración en territorio pagano: Egipto. ¡San José
es atrevido!
Cuando Jesús nació, Egipto era tanto un territorio pagano como la canasta de
pan del mundo. ¡Qué apropiado que Dios mandara a San José a Egipto! Allí San
José fue responsable de educar a la Hostia viva que nutriría al mundo. El José
159
del Antiguo Testamento había salvado a su pueblo de la hambruna enviando
grano fuera de Egipto. El nuevo José le ofrecería al mundo el “grano” que
amorosamente ayudó a crecer en Egipto, ¡el pan vivo que da la vida eterna!
Después de haber permanecido un tiempo en Egipto, San José y María
caminaron de regreso a Nazaret con Jesús. Esta larga caminata era, y sigue
siendo, la procesión más grande del Cuerpo y Sangre de Cristo que se haya
conducido; ¡una procesión que cubrió más de 120 millas!
Una vez en Nazaret, San José y su esposa adoraron la divina presencia de
Jesús en su casa durante décadas. En cierto sentido era una casa de adoración
perpetua e ininterrumpida contemplación, aun cuando llevaban a cabo todas las
tareas cotidianas y responsabilidades de la vida doméstica. ¡La adoración duró
décadas!
Si los dos discípulos que iban de camino a Emaús fueron inflamados del amor divino por los pocos
momentos que pasaron en compañía de Nuestro Salvador y por sus palabras, tanto así que
exclamaron: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”, ¡qué llamas de amor
santo no deberíamos de suponer que se encendieron en el corazón de San José, quien conversó con
Jesucristo y escuchó sus palabras de vida eterna durante treinta años!6
— San Alfonso María de Ligorio

Aun cuando Jesús estaba fuera de casa, trabajando o de viaje, San José seguía
en la presencia de Dios al permanecer cerca de su esposa.
Permíteme explicar.
¿Has oído hablar de microquimerismo fetal, algunas veces también llamado
microquimerismo fetomaternal? Es un término largo y complicado, lo sé, pero
revela algo maravilloso sobre la conexión biológica entre una madre y el hijo. El
microquimerismo fetal es el término científico que describe un proceso en el que
las células vivas del feto permanecen en el cuerpo de la madre después del final
de su embarazo. A finales del siglo XX, los científicos descubrieron que cuando
una mujer se embaraza, y después de haber dado a luz, hay células de su bebé
que permanecen en el cuerpo de la madre. ¡Muchas de estas células permanecen
en su cuerpo por el resto de su vida! Los científicos e investigadores también han
descubierto que el intercambio celular también ocurre a la inversa; las células de
la madre son intercambiadas con los hijos y permanecen en los cuerpos de sus
hijos de por vida. ¡Esto es increíble!
Aunque San José no sabía nada de microquimerismo fetal, Dios siguió
bendiciéndolo con la presencia de Jesús dondequiera que él estaba en presencia
de su esposa. Estar cerca de María es estar cerca de Jesús, porque ¡Él vive en
ella! María tiene en su cuerpo algunas células vivas de su divino Hijo. Nuestro
Señor no necesitaba estar en la casa de San José para permanecer en la presencia
160
de Dios, porque donde estuviese María, allí estaba Jesús. La esposa de San José
es un tabernáculo viviente, una custodia caminante, un templo velado. No es de
sorprender que los demonios no se atrevan a acercarse a María: jamás está
desprovista de la divina presencia. ¡Dios vive en su cuerpo!
Si el lirio, al estar expuesto sólo unos días a la luz y calor del sol adquiere su increíble blancura,
¿quién podría concebir el extraordinario grado de pureza al que San José fue exaltado por estar
expuesto día y noche durante tantos años a los rayos del Sol de Justicia y a la Luna Mística que
irradia de Él [de Jesús] todo su esplendor? 7
— San Francisco de Sales

Te felicito, santísimo Patriarca, por esas preciosas horas que pasaste gozoso contemplando a Jesús,
disfrutando felizmente de la hermosura interior y exterior de María. Constantemente los estudiabas
sacando de sus corazones dulzura, paciencia y auto negación.8
— Beata Concepción Cabrera de Armida

Sacerdotes, monjes y monjas han tenido el privilegio de experimentar algo de


lo que habría sido ser como San José. Todos los monasterios y/o conventos
tienen un tabernáculo conteniendo la divina presencia; todos los tabernáculos
son básicamente una réplica del templo corporal de María. No importa si el
tabernáculo está velado o si las puertas están cerradas: Jesús sigue estando allí.
Era lo mismo en el santo hogar de Nazaret. Dios vivía en María en todo
momento, y San José estaba perpetuamente en la presencia de Jesús.
La marca del cristiano es la disposición de ver lo divino en la carne de un recién nacido recostado
en un pesebre; la continuación de Cristo bajo la apariencia del pan sobre el altar. 9
— Venerable Fulton J. Sheen

María, el tabernáculo de Dios, es replicado en cada tabernáculo de una iglesia


católica. Sin embargo, lo que casi siempre falta en frente de estos tabernáculos,
son almas que se parezcan a San José, almas que adoren a Jesús presente y
escondido en el tabernáculo. La Iglesia necesita más personas como San José.
Debemos rogar que haya buenos adoradores El Santísimo Sacramento los necesita para reemplazar
a San José y para imitar su vida de adoración. 10
— San Pedro Julián Eymard

Para ser como San José, tú también necesitas adorar a Cristo. Puedes ir a la
iglesia católica más cercana en donde Jesús está presente, Cuerpo, Sangre, Alma
y Divinidad, en el Santísimo Sacramento. La Eucaristía es Jesucristo. El
Santísimo Sacramento es la fuente y culmen de la fe cristiana, y San José quiere
conducirte a una relación más profundo con Jesús en la Eucaristía.
En 1997, San Juan Pablo II realizó una visita papal al Santuario de San José
en Kalisz, Polonia, y les dijo a los presentes que antes de cada una de sus Misas,
161
hacía la siguiente oración a San José:
Oh hombre feliz, San José, cuyo privilegio no fue solo ver y oír a ese Dios a quien muchos reyes
anhelaban ver, pero no vieron, anhelaron escuchar, pero no escucharon (cf. Mt 13,17); ¡sino
también llevarlo en tus brazos y besarlo, vestirlo y vigilarlo!
Dios, que nos ha conferido un sacerdocio real, te rogamos que nos des la gracia de ministrar en tus
sagrados altares con corazones tan limpios y vidas tan impecables como la de San José que se halló
sosteniendo entre sus brazos, y con toda reverencia, cargó a tu único Hijo nacido de la Virgen
María. Hoy permítenos recibir dignamente el Sagrado Cuerpo y Sangre de tu Hijo, y danos lo
necesario para ganar una recompensa eterna en el mundo futuro. Amén.11

Dedica un tiempo para estar en la presencia de Jesús en el Santísimo


Sacramento. Si en la iglesia de tu localidad hay Adoración Perpetua, anótate para
una hora santa a la semana. La adoración cambiará tu vida. Si no hay una iglesia
que tenga Adoración Perpetua cerca de tu área, algunas veces la parroquia tendrá
Adoración durante algunas horas al día o un día en particular a la semana. ¡Ve!
Si no puedes encontrar una iglesia que ofrezca exposición del Santísimo
Sacramento simplemente visita cualquier iglesia católica y reza ante el
tabernáculo. Jesús está allí día y noche y te está esperando. ¡Sé otro San José
para Jesús y María!
Cuando visite el Santísimo Sacramento, acércate a Jesús con el amor de la Santísima Virgen, de San
José y de San Juan.12
— San José Sebastián Pelczar

Oh Bendito José, adoro contigo las primeras palabras que brotaron de la boca del Verbo Encarnado.
Me postro contigo para besar con reverencia las primeras huellas dejadas por estos pies adorables.
Oh Dios infinito, te hiciste débil para darnos fortaleza; ¡quisiste hablar como los demás niños para
enseñarnos el lenguaje celestial! Oh Bendito José, inspírame con tus sentimientos por Jesús, y obtén
para mí la gracia de amar a Dios como tú. Amén.13

162
El Canon Romano
El santo Papa Juan XXIII, que le tenía una gran devoción a San José, instruyó que el nombre de José se
insertara en el Canon Romano de la Misa — que es el memorial perpetuo de la redención — después del
nombre de María y antes de los apóstoles, papas y mártires.1
— San Juan Pablo II

¿El nombre de San José fue insertado en el Canon Romano de la Misa? ¿Qué
significa eso? ¿Es San José un arma?
Pues sí, San José es un arma sumamente poderosa para la cristiandad, pero a lo
que San Juan Pablo II se refiere es al Canon Romano, no a un cañón romano. “¿Qué
es el Canon Romano?” te preguntarás. El Canon Romano es la antigua Plegaria
Eucarística utilizada por el sacerdote durante la Misa. Durante siglos, sólo había una
Plegaria Eucarística en el Rito Romano. Después del Concilio Vaticano II (1962-
1965), la Iglesia comenzó a utilizar cuatro Oraciones Eucarísticas, pero la Plegaria
Eucarística I retuvo el nombre de “Canon Romano.” Fue en el Canon Romano
(Plegaria Eucarística I), a la que el santo Papa Juan XXIII le insertó el nombre de San
José.

Siendo honestos, es difícil de creer que el nombre de San José no apareciera en


las oraciones de la Misa sino hasta el siglo XX. ¡No cabe duda que San José es espejo
de la paciencia! Sin embargo, la forma en que el nombre de San José llegó a ser
incluido en la Misa es muy inspiradora. He aquí la historia. En 1958 fue electo al
papado un obispo que le tenía una gran devoción a San José: Ángelo Roncalli. Amaba
tanto a San José, que había contemplado la idea de tomar el nombre papal de José
(Papa José), pero por respeto a su padre terreno, decidió tomar el nombre de Juan.
Como ya había habido muchos papas llamados Juan, se le conoció como Juan XXIII.
En 1962 el Papa Juan XXIII abrió el Concilio Vaticano II, confiando todos los
esfuerzos a San José. El 10 de noviembre de 1962, en una de las sesiones del Concilio,
un obispo llamado Petar Čule ofreció una presentación de San José a los demás
obispos. En su larga presentación, el Obispo Čule pidió que el nombre de José se
incluyera en el Canon de la Misa (el Canon Romano). Desafortunadamente, el Obispo
Čule no era muy conocido, y debido a su larga y repetitiva presentación, así como a su
nerviosismo e inhabilidad para articular bien las cosas, muchos de los cardenales y
obispos comenzaron a murmurar y burlarse de él por su piadoso y largo discurso. Llegó
un punto en que el moderador de la sesión pidió que el Obispo Čule terminara su
“elocuente y santo sermón” sobre San José. Las palabras de menosprecio del
moderador causaron que muchos de los cardenales y obispos se rieran, y el Obispo
Čule, arrastrando su viejo cuerpo, regresó a su asiento visiblemente vencido.
163
Escuchando el discurso por televisión de corto circuito, estaba el Papa Juan
XXIII. No le agradó el trato que se le había dado al Obispo Čule a quien conocía
personalmente. El papa sabía que el Obispo había sufrido mucho bajo el régimen
comunista en Yugoslavia, que había sido frecuentemente interrogado de manera cruel
por los comunistas, y que eventualmente había sido sentenciado a 11 años de duras
labores en un campo de concentración en Yugoslavia. Los comunistas incluso habían
intentado matar al Obispo poniéndolo en un tren que fue deliberadamente descarrilado
para matar a todos los que iban a bordo, y como resultado del descarrilamiento, el
Obispo había quedado con la cadera destrozada. Después de haber sido liberado del
campo de concentración, el Obispo sufrió ataques de nerviosismo y ansiedad, haciendo
que fuera difícil para él hablar sin repetirse a sí mismo. Juan XXIII sabía que la
presencia del Obispo en el Concilio había requerido muchos esfuerzos, y que el buen
Obispo había querido estar allí para dar testimonio de que había sido liberado de la
muerte por la intercesión de San José. El discurso del Obispo Čule sobre San José casi
hizo llorar al Papa Juan XXIII quien decidió actuar. El 13 de noviembre, tres días
después de que el Obispo Čule había hecho su presentación sobre San José, ¡el Papa
Juan XXIII decretó que el nombre de San José quedaría incluido en el Canon Romano
de la Misa! El decreto entró en vigor el 8 de diciembre de 1962.

Actualmente, el nombre de San José aparece en las cuatro Oraciones


Eucarísticas. Esto sucedió durante los pontificados de Benedicto XVI y Francisco. El
Papa Benedicto XVI intentó insertar el nombre de San José en las otras tres Oraciones
Eucarísticas, pero no pudo lograrlo antes de su abdicación al papado el 28 de febrero
del 2013. El Papa Francisco, siguiendo las intenciones del Papa Benedicto XVI,
oficialmente introdujo el nombre de San José en todas las Oraciones Eucarísticas el 1
de mayo del 2013.

La próxima vez que asistas a Misa, escucha con atención al sacerdote cuando
recite la Plegaria Eucarística y mencione el nombre de tu padre espiritual.

Reunidos en comunión con toda la Iglesia,


veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, San José…
— Plegaria Eucarística I (Canon Romano)

Ten misericordia de todos nosotros,


y así, con María, la Virgen Madre de Dios,
su esposo san José…
— Plegaria Eucarística II

164
Que él nos transforme en ofrenda permanente,
para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos:
con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José…
— Plegaria Eucarística III

Padre de bondad,
que todos tus hijos nos reunamos
en la heredad de tu reino,
con María, la Virgen Madre de Dios,
con su esposo san José…
— Plegaria Eucarística IV

Cuando el Papa Juan XXIII cerró la primera sesión del Concilio Vaticano II y anunció que el nombre de San José
sería incluido en el Canon de la Misa, un importante hombre de iglesia me llamó para decirme: “¡Felicidades! Al
escuchar el anuncio del papa pensé de inmediato en usted y cuán feliz se sentiría.” Y ciertamente me sentía feliz,
ya que en esa reunión conciliar que representaba a toda la Iglesia reunida en el Espíritu Santo, se había proclamado
el gran valor sobrenatural de la vida de San José.2
— San Josemaría Escrivá

165
Adoración Perpetua
Aunque él (San José) jamás adoró a Nuestro Señor bajo las especies eucarísticas y jamás tuvo la
dicha de comulgarlo (recibiendo la Santa Comunión), sí poseyó y adoró a Jesús en su forma
humana.1
— San Pedro Julián Eymard

S i San José vivió con Jesús durante 30 años, su vocación fue de adoración
perpetua. De muchas formas, el hogar de la Sagrada Familia de Nazaret fue
el primer monasterio cristiano.
San Pedro Julián Eymard escribió un increíble libro llamado The Month of St.
Joseph (El mes de San José) que ofrece increíbles reflexiones sobre la vida de
oración y adoración de San José en Nazaret. Es una obra de arte. He aquí un
extracto del libro de San Pedro Julián Eymard:
San José fue el primer adorador, el primer religioso. Aunque él nunca adoró a Nuestro Señor bajo
las especies eucarísticas y jamás tuvo la dicha de comulgar (recibir la Santa Comunión), sí poseyó y
adoró a Jesús en la forma humana.
San José conoció a Nuestro Señor más profundamente que todos los santos juntos; él vivió sólo
para Él. En eso reside su gloria especial, la clave de su santidad, y que por encima de todo, él sea
nuestro modelo; en eso también consiste su incomparable grandeza.
Cuando vemos la gran cercanía que José tuvo con Jesús, la forma en que fue totalmente
transformado en Él, comprendemos su verdadera grandeza, su verdadera santidad. Encontramos en
él (San José), el adorador perfecto consagrado completamente a Jesús, siempre trabajando cerca de
Jesús, dándole a Jesús sus virtudes, su tiempo, su vida misma; y por eso él es nuestro modelo y
nuestra inspiración.
Como padre adoptivo de Jesús y esposo de María, el rango de José se encuentra entre los de la elite
celestial. En la tierra merece el mismo reconocimiento, ya que su misión, que durará tanto como la
propia Iglesia, atrae a todos hacia su objetivo. Como adoradores tenemos el derecho a una gran
participación de sus gracias y protección, y un estudio cuidadoso mostrará que todos sus dones
especiales estaban destinados a hacerlo un buen adorador.
Desde su entrada (de Jesús) al mundo, aun estando envuelto en el seno de María como un copón
viviente, Jesús eligió a María y José para ser sus adoradores. José respondió regiamente, ya que
jamás dejó de adorar a Jesús en el vientre de su madre. Y después del nacimiento del Niño en Belén,
José y María lo adoraron ininterrumpidamente mientras yacía ante sus ojos. Ellos
representaban a toda la humanidad al pie de Cristo. Sin duda ¡Adán y Eva fueron bien
reemplazados!
En Nazaret los días de José estaban llenos de trabajo que (por) necesidad lo llevaban a veces a
alejarse de su Niño Dios. Durante esas horas María lo reemplazaba, pero cuando la noche lo llevaba
de vuelta a casa, pasaba toda la noche en adoración sin cansarse y simplemente feliz por la
oportunidad de contemplar las riquezas ocultas de la divinidad de Jesús, ya que él perforaba los
ásperos vestidos que llevaba el Niño hasta que su fe tocaba el Sagrado Corazón. En profunda
adoración se unía a las gracias especiales de cada uno de los eventos en la vida de Jesús. Ten
confianza, una confianza firme en él (San José). Elígelo como patrono y modelo de tu vida de

166
adoración.2

San Pedro Julián Eymard es conocido como el “Apóstol de la Eucaristía.” Fue


un celoso promotor de la Adoración al Santísimo Sacramento. San Pedro Julián
fundó dos comunidades religiosas para promover la Adoración al Santísimo
Sacramento: la Congregación del Santísimo Sacramento para hombres, y las
Siervas del Santísimo Sacramento para mujeres.
Cuando recibimos la Santa Comunión, consideremos que Jesús viene a nosotros como un pequeño
bebé, y después pidamos a San José que nos ayude a darle la bienvenida como cuando él lo sostenía
en sus brazos.3

— San José Marello

167
San José Obrero
Como todos los cristianos en ese momento, yo también me sentí feliz y agradecido por la decisión
de la Iglesia de establecer una fiesta litúrgica en honor de San José Obrero. Esta fiesta, que ratifica
el valor divino del trabajo, muestra cómo la Iglesia anuncia públicamente las verdades centrales del
Evangelio en las que Dios quiere que todos los hombres mediten, especialmente en nuestros
tiempos.1
— San Josemaría Escrivá

l “momento” que menciona San Josemaría Escrivá era el año 1955, el


E mismo año en que la Iglesia recurrió a su gran protector para combatir un
gran mal: el comunismo.
En la primera mitad del siglo XX, el comunismo había ganado apoyo de
muchos líderes del mundo, y naciones enteras habían sucumbido a sus ideas. En
1937, el Papa Pío XI se percató de la grave amenaza que suponía el comunismo
para el bien común, y le pidió a San José proteger a la Iglesia de sus muchos
errores. Escribió:
Ponemos la vasta campaña de la Iglesia en contra del comunismo mundial bajo la protección de San
José, su poderoso protector.2

Como resultado de las palabras del Papa Pío XI, los católicos comenzaron a
rezar fervientemente a San José, especialmente bajo el título de “Terror de los
Demonios,” para combatir las ideas ateas del comunismo. También se invocó el
auxilio de San José para la causa de los derechos de los trabajadores. Ambos
asuntos fueron de gran preocupación a mediados del siglo XX.
Por cierto, ¿sabías que a mediados del siglo XIX, el 1° de mayo era celebrado
por muchos países del mundo como una fiesta secular o civil? La llamaban “May
Day” (día de mayo), sin que se tratara de una fiesta religiosa o política.
Tristemente, a mediados del siglo XX, los comunistas querían apropiarse de la
fiesta secular y renombrarla “Día Comunista de los Trabajadores”. Renombrar la
fiesta y enfatizar las ideas del comunismo se consideraba una forma de
influenciar a las masas. Este proyecto preocupó en gran medida a la Iglesia
porque una celebración que honrara la idea comunista del trabajo, a largo plazo
afectaría a los trabajadores y tendría un impacto negativo en la sociedad y la
familia. En aquel tiempo, la amenaza del comunismo a nivel mundial era temida
por todos, incluyendo al Papa.
El Vicario de Cristo, Venerable Papa Pío XII, decidió acudir a San José como
lo había hecho su predecesor, denunciando las falsedades del comunismo y
elevando la dignidad de los trabajadores de una forma muy específica.
El 1° de mayo de 1955, el Papa Pío XII declaró el 1° de mayo como Fiesta

168
Litúrgica de San José Obrero, diciendo:
Nos complace anunciarles nuestra determinación de instituir — y de hecho instituimos — la fiesta
litúrgica de San José Obrero, asignándola al primer día de mayo. ¿Están complacidos con éste,
nuestro regalo, queridos obreros? Estamos seguros de que sí, porque el humilde obrero de Nazaret,
además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, es siempre el
próvido guardián de vosotros y de vuestras familias.3

San José es, sin duda, una luz en la oscuridad y modelo de los trabajadores. Él
lleva a la luz la malicia de los enemigos de la familia, ilumina la oscuridad de los
movimientos erróneos que buscan despojar a la gente de su dignidad humana y
eliminar a Dios de las mentes y corazones de las familias y naciones. San José es
el protector de la dignidad humana, ya sea confrontando el comunismo, fascismo
o cualquier otro tipo de ideología política. ¡San José es el Terror de los
Demonios!
Dios y Padre nuestro, creador y gobernante del universo, en cada época llamas a los hombres para
que desarrollen y utilicen sus dones para el bien de los demás. Con San José como nuestro ejemplo
y guía, ayúdanos a hacer el trabajo que nos has encomendado para que obtengamos las recompensas
que has prometido.
— Oración inicial para la conmemoración de San José Obrero

169
El taller de San José
S an José es la gloria de la vida doméstica porque amó, educó, alimentó y
protegió a su Hijo, dando toda su vida sirviendo amorosamente a Jesús y
María.
El 19 de marzo de 1963 (solemnidad de San José), San Josemaría Escrivá
impartió una homilía en su honor que se ha hecho muy famosa, intitulada “en el
taller de José,” en la que el santo describe la maravillosa relación de padre e hijo
que San José y Jesús tenían. Se transcribe una parte de la homilía:
José amaba a Jesús como un padre ama a su hijo y mostraba su amor al darle lo
mejor que tenía. José, cuidando al niño como se le había ordenado, hizo de Jesús
un artesano transmitiéndole su propia habilidad profesional, de tal forma que los
vecinos de Nazaret llamaban a Jesús faber y fabri filius: el artesano y el hijo del
artesano (ver Mc 6, 3; Mt 13, 55). Jesús trabajó en el taller de José y al lado de
José. ¡Qué debió haber sido José y de qué manera la gracia debió haber obrado en
él, para que pudiese cumplir la tarea de educar humanamente al Hijo de Dios!
Porque Jesús debió haberse parecido a José: en su forma de trabajar, en los rasgos
de su carácter, en su forma de hablar. El realismo de Jesús, su atención al detalle, la
forma en que se sentaba a la mesa y partía el pan, su preferencia por usar
situaciones cotidianas para impartir su doctrina; todo eso refleja su infancia y la
influencia de José.
No es posible ignorar este sublime misterio: Jesús que es hombre, que habla con
el acento de un distrito particular de Israel, que se parece a un carpintero llamado
José, es el Hijo de Dios. ¿Y quién puede enseñarle algo a Dios? Pero también es
verdaderamente hombre y vive una vida normal: primero, como niño, después
como joven ayudando en el taller de José, finalmente como hombre adulto en la
flor de la vida. “Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y
ante los hombres” (Lc 2,52).
En la vida humana, José era el maestro de Jesús en su contacto diario, lleno de
afecto refinado, contento de negarse a sí mismo para cuidar mejor a Jesús. ¿No es
esa razón suficiente para que consideremos a este hombre justo, este santo
Patriarca, en quien la fe de la antigua alianza da fruto, como un maestro de la vida
interior? La vida interior no es más que una conversación continua y directa con
Cristo para hacerse uno con Él, y José puede decirnos muchas cosas sobre Jesús.
Por lo tanto, nunca descuides la devoción a él: Ite ad Ioseph: “Ve a José”, como
lo expresa la tradición cristiana en las palabras del Antiguo Testamento.

170
Maestro de la vida interior, trabajador profundamente comprometido con su
trabajo, siervo de Dios que está constantemente en contacto con Jesús: ese es José.
Ite ad Ioseph. Con San José, el cristiano aprende el significado de pertenecer a Dios
asumiendo plenamente el propio lugar entre los hombres santificando al mundo.
Conoce a José y encontrarás a Jesús. Habla con José y encontrarás a María, quien
siempre infunde paz a su alrededor en ese atractivo taller de Nazaret.1

171
Una escalera milagrosa en Nuevo México
Él [San José] tomó las pequeñas manos de Jesús y elevándolas al cielo dijo: “Estrellas del cielo, he
aquí las manos que te crearon; oh sol, mira el brazo que te sacó de la nada.” 1
— Beato Guillermo José Chaminade

S an José es el guardián de las vírgenes. Como un buen padre, está pendiente


de sus necesidades. Un ejemplo de su protección paternal está evidenciado
en lo que hizo por un grupo de hermanas religiosas en Nuevo México en 1878.

En 1873, las Hermanas de Loreto operaban una academia de niñas en Santa


Fe, Nuevo México. La academia tenía mucho éxito, por lo que las hermanas
querían construir una nueva capilla. Contrataron a un conocido arquitecto para
llevar a cabo la obra que tomó cinco años en terminarse. Sin embargo, una vez
que la capilla quedó concluida, las hermanas se dieron cuenta de que la capilla
no tenía una forma de subir a la galería superior del coro sin utilizar una escalera
muy larga, la cual estaba a 20 pies arriba del piso principal. También se
percataron de que no había quedado un espacio en el área de la capilla principal
para construir una escalera debido a los muchos bancos, y las hermanas no
podían volver a contratar al hombre que había construido la capilla porque había
muerto poco después de haberla terminado. ¿Qué debían hacer?

Bueno, las hermanas le rezaron a San José pidiéndole su ayuda. Comenzaron


una novena a San José pidiéndole enviar un carpintero que les ayudara.
Increíblemente, el último día de la novena, un misterioso hombre llegó al
convento afirmando que estaba interesado en construir una escalera en la galería
del coro para las hermanas. El hombre pedía sólo una cosa: Quería trabajar solo
y a puerta cerrada. Las hermanas aceptaron de inmediato su oferta y lo
contrataron.

Le llevó al hombre tres meses construir la escalera, y una vez que el proyecto
fue terminado, ya no pudieron encontrar al hombre; simplemente desapareció del
pueblo. Nadie lo había visto irse y nadie sabía quién era. Las hermanas lo
buscaron por todas partes, pero no pudieron encontrarlo. Incluso pusieron un
anuncio en el periódico local tratando de localizarlo, pero no funcionó.

172
Sin éxito, las hermanas fueron al aserradero a preguntar quién había obtenido
la madera para la escalera, así como a pagar la misma, pero, al preguntar, ni una
sola persona del lugar sabía de lo que les preguntaban. Se les informó a las
hermanas que el aserradero nunca había vendido ninguna madera a un hombre
para la construcción de una escalera para la capilla.

Perplejas, las hermanas recordaron qué extraño había sido que el hombre sólo
tenía una escuadra, una sierra, un martillo y otras pocas herramientas básicas. Y
pensándolo bien, tampoco ninguna de las hermanas había visto llegar la madera
a la capilla. Intrigadas, las hermanas y otras personas del pueblo inspeccionaron
la escalera percatándose de que el misterioso hombre había construido algo
realmente único. Era una escalera en espiral que no interfería en lo absoluto con
las bancas del primer piso. Tenía 30 escalones, ningún centro de apoyo o
columna de soporte y parecía flotar sobre el aire. ¡Tampoco tenía un solo clavo!
Se halló que estaba ensamblada con clavijas cuadradas de madera. La escalera es
una maravilla arquitectónica. ¡La obra de arte de un carpintero!

¿De dónde, pues, salió la madera? Bueno, en 1996, se realizó un estudio


dirigido por Forrest N. Easley, silvicultor y tecnólogo en madera del Servicio
Forestal de los Estados Unidos, y el Laboratorio de Investigación Naval de ese
mismo país, y su extenso estudio encontró que la madera de la escalera era de
abeto, pero de un abeto único en el mundo. Se realizaron estudios adicionales, y
se determinó que el abeto que más se parece al tipo del de la escalera en espiral
sólo se encuentra en Israel.

¿Quién fue el hombre misterioso que construyó la escalera? Las hermanas de


Loreto creen que fue San José. Después de rezar y pedirle a su padre espiritual
que enviara a alguien a construir una escalera para ellas, San José se apareció en
persona para construirla para las vírgenes consagradas. Al día de hoy la escalera
permanece intacta.

173
Testigo silencioso
El Evangelio no registra una sola palabra de él [San José]; su lenguaje es silencioso. 1
— Santo Papa Pablo VI

H onramos a San José como el hombre que le enseñó a Jesús a hablar. Jesús
debió hablar en un estilo similar a su padre terreno, usando las mismas
expresiones coloquiales y teniendo el mismo acento de San José. Sin embargo,
no tenemos ni una sola palabra de San José registrada en el Nuevo Testamento.
Las acciones hablan más alto que las palabras.

El silencio y humildad de San José son el fundamento de su grandeza. De todos los


hombres que Dios pudo haber elegido para ser el padre terreno de Jesucristo, Dios
eligió a San José, el más silencioso de todos los hombres.
San José, siendo el más grande de todos los santos, es el más humilde y escondido de todos. 2
— San Pedro Julián Eymard

Se podría pensar que para proteger este precioso tesoro [Jesús], el Dios omnipotente lo habría equipado [a
San José] con rayos, pero eso sería un error. José ve en sus brazos a un Dios fugitivo y lo sigue. Encuentra
consuelo sólo en su sumisión y su confianza.3
— Beato Guillermo José Chaminade

San José nunca quiso estar al frente del drama de la salvación. Prefirió
mantenerse escondido, deseando que toda la atención se le diera a Jesús y a María.
El silencio y humildad de San José son únicos y revelan su poder, su grandeza e
influencia ante Dios.
En el siglo XVII, el obispo Jacques-Bénigne Bossuet, de Francia, exaltó las
maravillas del silencio y humildad de San José, escribiendo:
Jesús fue revelado a los apóstoles para que lo anunciaran en todo el mundo. Fue revelado a San José que debía
permanecer en silencio y mantenerlo oculto. Los apóstoles son luces para hacer que el mundo vea a Jesús.
José es un velo para cubrirlo; y bajo ese velo misterioso se nos oculta la virginidad de María y la grandeza
del Salvador de las almas. Aquél que glorifica a los apóstoles con la gloria de la predicación, glorifica a José
con la humildad del silencio.4

El Obispo Bossuet tenía en tan alta estima a San José, que lo consideraba el
más grandioso ser humano del cristianismo después de Jesús y de María. Aunque
la santidad de San José está oculta y escondida para muchos, el Obispo Bossuet
nos recuerda que el objeto más sagrado de la cristiandad es Aquél que está
escondido y velado. Afirma:
Lo más ilustre que tiene la Iglesia es lo que más esconde. 5

El Obispo Bossuet se refiere al Santísimo Sacramento oculto, reservado en cada


174
tabernáculo alrededor del mundo. Sin embargo, es interesante que conforme se ha
incrementado la exposición del Santísimo Sacramento, también San José ha sido
puesto en primera fila en la atención y devoción de la Iglesia.
El haberle quitado el velo a San José ha provocado la revelación de uno de los
mayores tesoros del cristianismo. Las generaciones anteriores habrían estado
encantadas con el desarrollo y comprensión de la Iglesia sobre el rol de San José y
su devoción en tiempos modernos, porque pese a que su entendimiento y devoción
estaba en una etapa rudimentaria, aun así lo amaban y hubieran acogido felices
mayor luz, de haber estado disponible en aquel momento.
En el pasado hubo “revelaciones” de la grandeza de San José. En el siglo XIV,
muchos santos y estudiosos proporcionaron a la vida y teología de la Iglesia una
mayor conciencia de las maravillas de San José a través de su propia devoción y
testimonio personal. En el siglo XVII, el mismo San José se hizo presente en una
aparición en Europa, que se haría famosa en todo el mundo, logrando que se
apreciara todavía más su importancia.
El 7 de junio de 1660, en Cotignac, Francia, San José se le apareció a un pastor,
le habló y obró milagros y maravillas de sanación. La historia cuenta que, a la mitad
de un extenuante día de calor, un pastor llamado Gaspard Ricard buscó refugio a
la sombra de unos árboles en el Monte Bessillon cerca del pueblo sudoriental de
Cotignac, Francia. Extremadamente sediento, Gaspard no sabía qué hacer para
saciar su sed. De pronto, un hombre de aspecto muy digno se le apareció y
señalando una piedra le dijo: “Soy José. Levanta esa piedra y beberás.” La piedra
era demasiado grande y Gaspard le dijo al hombre que no podría levantarla él solo.
Inamovible, el hombre le volvió a ordenar a Gaspard que moviera la piedra. De
mala gana, Gaspard se acercó a la piedra y, para su gran sorpresa, pudo moverla.
Al instante brotó agua cristalina del lugar donde había estado la piedra. Gaspard
tomó el agua con gran entusiasmo, y al levantarse para darle las gracias al hombre,
éste había desaparecido.
Sin saber dónde había ido aquel hombre, Gaspard corrió al pueblo a contarle a
la gente lo que había sucedido, plenamente consciente de que se burlarían de él y lo
ridiculizarían. Su historia fue tan intrigante, que mucha gente del pueblo lo siguió
y vio el manantial de agua cristalina que brotaba en ese lugar, notando que la gran
piedra había sido movida; pudieron ver también el lugar donde se encontraba la
roca antes. Para acceder más fácilmente al agua, los hombres del pueblo quisieron
alejar la piedra un poco más, pero ¡se necesitaron ocho hombres corpulentos para
hacerlo! Fue entonces cuando Gaspard tomó conciencia de que el gran San José
lo había visitado.
Conforme se fue difundiendo la noticia de lo ocurrido, la gente comenzó a llegar

175
al manantial proveniente de toda Francia, y muchos milagros tuvieron lugar allí a
causa de la fe la gente que oraba a Dios por su sanación. Dios obró maravillas en el
manantial milagroso por la intercesión de San José. El rey de Francia, Luis XIV,
escuchó lo que sucedía en el pueblo, y profundamente impactado consagró toda
Francia a San José el 19 de marzo de 1661, declarando la Fiesta de San José como
fiesta nacional. El sitio del milagro se hizo tan popular, que la gente del lugar
construyó alrededor del milagroso manantial un santuario a San José. Durante cien
años fue un lugar de gran peregrinación, pero en la época de la Revolución francesa
fue abandonado y cayó en ruinas. Fue restaurado en 1978, y actualmente está a
cargo de las monjas benedictinas.
En ocasiones, Dios también ha enseñado a la Iglesia sobre la grandeza de San
José a través de los escritos de santos y místicos, tales como Santa Brígida de
Suecia, la Venerable María de Ágreda y la Beata Ana Catalina Emmerich. Incluso
la Virgen María instruyó a Santa Brígida sobre la grandeza de San José,
especialmente enfatizando la maravilla de su silencio. Nuestra Señora le dijo a
Santa Brígida:
San José era tan reservado y cuidadoso en su hablar, que jamás salió de su boca una sola palabra que no
fuese buena y santa, ni nunca se entregó a conversaciones innecesarias o menos que caritativas. Fue muy
paciente y diligente en soportar la fatiga; practicaba la pobreza extrema; fue muy manso al soportar heridas;
fue fuerte y constante contra los enemigos; fue el testigo fiel de las maravillas celestiales.6

En tiempos modernos, Dios ha seguido revelando la grandeza de San José a


través de los escritos de dos de los santos más conocidos y amados de la Iglesia:
Santa Teresita de Lisieux y Santa Faustina Kowalska. Sus respectivas
autobiografías se encuentran entre los escritos más populares de los santos
modernos.
Santa Teresita describe su amor por San José en La Historia de un Alma. Les
dice a sus lectores que ella le tenía una tremenda devoción a San José desde su
infancia. Cuenta la historia de cómo, cuando era una niña pequeña, fue
milagrosamente sanada por la intercesión de San José. Más tarde, ya siendo monja
carmelita, Santa Teresita escribió sobre cómo le rezaba a San José todos los días,
atribuyéndole haberle concedido incontables favores.
En las apariciones de la Divina Misericordia a Santa Faustina Kowalska, San
José frecuentemente se hacía presente asegurándole su protección sobre la
importante misión de dar a conocer la misericordia de Dios y la confianza en Él. Al
igual que Santa Teresita, Faustina también rezaba a San José todos los días y
escribió sus experiencias en su Diario.
Sin duda alguna, los santos y místicos de la Iglesia han contribuido en gran
medida, revelando la grandeza de San José. Sin embargo, por encima de todos
176
ellos, es la misma Virgen María quien parece estar haciendo más que nadie para
que su esposo sea conocido y amado.
Piénsalo: hace siglos, María fue la primera persona en “descubrir” la grandeza de
San José, y fue ella quien le contó a San Mateo y a San Lucas los aspectos de la vida
de su esposo, que de otra forma no habrían sido conocidos, ya que San Mateo y San
Lucas jamás conocieron a San José personalmente; nunca lo vieron ni hablaron con
él, por lo que la explicación más probable de que San José aparezca en el Nuevo
Testamento es que María les hubiese hablado los apóstoles sobre él. La esposa de San
José es la fuente de información de San José en el Nuevo Testamento. María quería
que su esposo estuviese incluido en el Nuevo Testamento. San José no hablaba
mucho, pero su esposa hablaba por él.
Actualmente, es de nuevo María quien señala a San José a través de sus
múltiples apariciones en el mundo haciéndose acompañar por él, enseñándole a la
Iglesia y logrando que se reconozca la importancia de su esposo. Por supuesto que
todo esto ha sido voluntad de la Santísima Trinidad, pero no cabe duda de que
María se complace mucho en ello y así lo quiere. Parecería como si María, una vez
más, ¡le estuviese pidiendo a Jesús proveer más vino para la boda!
En nuestro tiempo, Nuestra Señora nos ha ayudado a comprender y amar a su querido y casto esposo San
José. Nos ha contado el misterio que lo rodea y su grandeza. Nos ha permitido conocer algo de su amor a San
José, ese amadísimo santo que durante años sostuvo al Verbo encarnado entre sus brazos.7
— Beato Gabriele Allegra

Veamos algunas de las apariciones referidas por el Beato Gabriele Allegra, así
como algunas que han ocurrido desde su muerte.
El 21 de agosto de 1879, la Virgen María se apareció a 15 personas en Knock,
Irlanda. La aparición se conoce popularmente como “Aparición de Nuestra Señora
de Knock”, pero San José y San Juan Apóstol también estaban presentes. No hubo
palabras o mensajes por parte de Nuestra Señora o de los otros visitantes
celestiales. La aparición ocurrió en medio de una lluvia torrencial y duró muchas
horas. Según el testimonio jurado de aquellos que presenciaron la aparición, San
José vestía de blanco, estaba descalzo y tenía sus manos juntas en oración con su
cabeza ligeramente inclinada hacia María como honrando su gran dignidad de ser
la Madre de Dios. Es una aparición misteriosa e intrigante, pero está plenamente
aprobada por la Iglesia.
En 1917, la Virgen María se apareció en Fátima, Portugal. El 13 de octubre de
1917, durante la última de las seis apariciones marianas a los tres jóvenes
visionarios, San José también se apareció. Al igual que en Knock, llovía a torrentes
ese día 13 de octubre cuando San José hizo su aparición, el mismo día que ocurrió
el famoso milagro del sol. Más de 70,000 personas fueron testigos de cómo el sol
177
giraba y se movía como si fuese a estrellarse sobre la tierra. Fue poco antes del
milagro del sol cuando San José apareció con el Niño Jesús en los brazos y juntos
bendijeron al mundo. Los tres videntes de Fátima dieron testimonio de que San José
y el Cristo Niño bendijeron al mundo simultáneamente.
El significado de que Jesús hubiese aparecido en los brazos de San José como
un Niño y ambos bendijeran al mundo, no puede ser subestimado o pasado por
alto. El mensaje de Fátima tiene gran relevancia para nuestros tiempos. La
Hermana Lucía, la vidente más longeva de las apariciones de Fátima, afirmó que
la batalla final entre el bien y el mal se daría en los matrimonios y las familias.
El 13 de octubre de 1917, el cielo nos enseñó que Jesús obra milagros, ofrece la
paz y bendice al mundo a través de San José. La presencia de San José en Fátima
también significa que una parte crucial del triunfo del Corazón Inmaculado de
María — una promesa hecha por Nuestra Señora durante su aparición del 13 de
julio a los tres niños videntes —es que el mundo reciba la bendición simultánea
de San José. Cuando la Iglesia reconozca la bendición de la paternidad de San
José, Jesús reinará en los corazones y el Corazón Inmaculado de María triunfará.
En 1968 hubo una serie de apariciones de Jesús, María y San José en Zeitoun,
distrito de El Cairo, Egipto. Se cree que el pueblo de Zeitoun fue uno de los
lugares que la Sagrada Familia visitó en su huida a Egipto siglos atrás.
Increíblemente, miles de habitantes de Zeitoun — incluyendo cristianos,
musulmanes, judíos y oficiales del gobierno — vieron las apariciones de la
Sagrada Familia. Como en Knock, no hubo palabras ni se dieron mensajes. Las
apariciones tuvieron lugar en el techo y los alrededores de una iglesia copta y
fueron aprobadas por las autoridades eclesiásticas coptas del lugar.
Quizás las más significativas de todas las apariciones de San José en tiempos
modernos, han sido las que presuntamente recibió la Hermana Mildred Mary
Neuzil (también conocida como Hermana Mary Ephren) en los Estados Unidos de
América en los años 1950s. Estas experiencias religiosas privadas son conocidas
como las — presuntas — apariciones de “Nuestra Señora de América.”Si bien una
comisión designada por los obispos de Estados Unidos investigó el asunto y
decidió que no es puede afirmarse que las visiones y revelaciones de la Hermana
Mary Ephem, en cuanto sucesos objetivos, sean de origen sobrenatural (non
constat de supernaturalitate), sin embargo, esas experiencias religiosas privadas
expresan la esencia de la verdad sobre San José que ya está siendo más y más
comprendida por toda la Iglesia.
En 1956 y 1958, San José mismo — supuestamente — habló a la Hermana
Mary Ephrem (estos eventos son descriptos por la comisión de los obispos como
“experiencias religiosas privadas subjetivas”).
178
San José le habló de su virginidad, pureza, obediencia y amor por su esposa.
También le informó a la Hermana Mary Ephren que Dios desea que el mundo
aprecie de mejor manera los sufrimientos del corazón de San José padecidos en
unión con los Corazones de Jesús y de María. San José habló de la importancia de
la devoción a su corazón y la paternidad espiritual, y cómo Dios desea bendecir toda
paternidad a través de él. El reconocimiento de las maravillas de San José es de una
importancia tal, que San José le dijo a la Hermana Mary Ephren que Dios quiere que
él sea honrado el primer miércoles de cada mes, especialmente mediante el rezo de
los Misterios Gozosos del Rosario y la recepción de la Santa Comunión.
Los mensajes de San José a la Hermana Mary Ephren el 18 y 19 de marzo de
1958 son de una importancia y magnitud espiritual tan grandes, que es necesario
presentarlos aquí de manera completa. La Hna. Mary Ephren escribió:
El 11 de marzo de 1958, Nuestra Señora me dijo: “San José vendrá en la víspera de su fiesta. Prepárate bien.
Habrá un mensaje especial. Mi santo esposo juega un papel importante en traer la paz al mundo.”
(marzo 18, 1958)
San José vino como fue prometido, y éstas son las palabras que dijo en esta ocasión: “Ponte de rodillas, hija
mía, porque lo que vas a escuchar y lo que vas a escribir llevará a incontables almas a una nueva forma de
vida. A través de ti, pequeña, la Trinidad desea que las almas conozcan su deseo de ser adorada, honrada y
amada dentro del reino, el reino interior de sus corazones. Traigo a las almas la pureza de mi vida y la
obediencia que la coronó. Toda paternidad es bendecida en mí a quien el Padre Eterno eligió como su
representante en la tierra, el padre virginal de su propio Hijo divino. A través de mí el Padre celestial ha
bendecido toda paternidad, y a través de mí continúa y continuará haciéndolo hasta el fin de los tiempos. Mi
paternidad espiritual se extiende a todos los hijos de Dios, y junto con mi esposa virginal los cuido con gran
amor y atención. Los padres deben acudir a mí, pequeña, para aprender la obediencia a la autoridad: a la
Iglesia siempre, como portavoz de Dios; a las leyes del país en el que viven, siempre y cuando éstas no vayan
en contra de Dios y del prójimo. La mía fue una obediencia perfecta a la Divina Voluntad, como me fue
mostrado y se me hizo conocer por la ley judía y la religión. El ser descuidado en esto es sumamente
desagradable a Dios y será severamente castigado en el próximo mundo. Que los padres también imiten mi
gran pureza de vida y el profundo respeto que le tuve a mi Inmaculada esposa. Que sean un ejemplo para
sus hijos y sus semejantes, jamás haciendo voluntariamente nada que cause escándalo entre el pueblo de
Dios. La paternidad viene de Dios y deberá tomar nuevamente su correcto lugar entre los hombres.”
Cuando San José dejó de hablar vi su purísimo corazón. Parecía estar sobre una cruz de color marrón. Me
pareció que, en la parte superior del corazón, en medio de las llamas que brotaban, había un lirio totalmente
blanco. Entonces escuché estas palabras: “He aquí este corazón puro tan agradable al que lo hizo.” San José
entonces continuó: “La cruz, pequeña mía, sobre la que descansa mi corazón es la cruz de la Pasión que
siempre estuvo presente ante mí causándome intenso sufrimiento. Deseo que las almas vengan a mi corazón
para que aprendan la verdadera unión con la Divina Voluntad. Es suficiente, hija mía; vendré de nuevo
mañana. Entonces te haré conocer cómo Dios desea que se me honre en unión con Jesús y María para obtener
paz entre los hombres y las naciones. Buenas noches, mi pequeñita.”
En la noche del día siguiente, el 19 de marzo de 1958, San José volvió a aparecer ante mí como lo había
prometido y se dirigió a mí con estas palabras: “Hija mía, deseo que se asigne un día para honrar mi
paternidad. El privilegio de haber sido elegido por Dios para ser el Padre virginal de su Hijo fue solamente
mío, y ningún honor, excepto aquel otorgado sobre mi santa esposa, jamás fue o será tan sublime o alto como
éste. La Santísima Trinidad desea, por lo tanto, honrarme para que en mi singular paternidad toda paternidad
pueda ser bendecida. Querida niña, fui rey en el pequeño hogar de Nazaret porque resguardé en él al Príncipe
179
de la Paz y a la Reina del Cielo. En mí buscaron protección y sustento y no les fallé. Recibí de ellos el más
profundo amor y reverencia porque en mí vieron a Aquél cuyo lugar tomé para ellos. Por eso, la cabeza de
la familia debe ser amada, obedecida y respetada, y a su vez ser un verdadero padre y protector para aquellos
que están bajo su cuidado. Al honrar de una manera especial mi paternidad, también honrarán a Jesús y a
María. La Divina Trinidad ha puesto a nuestro cuidado la paz del mundo. La imitación de la Sagrada Familia,
niña mía, de las virtudes que practicamos en nuestro pequeño hogar de Nazaret, es el camino para que todas
las almas tengan esa paz que proviene sólo de Dios y que nadie más puede dar.”
De pronto, al dejar de hablar, me vi favorecida con una visión única y maravillosa del glorioso San José.
Parecía suspendido, por así decirlo, a un poco distancia por encima de lo que aparentaba ser un mundo
grande con nubes que se movían alrededor. Su cabeza estaba ligeramente elevada, los ojos mirando hacia
arriba como si estuviese en éxtasis. Las manos estaban en una posición parecida a las del sacerdote durante la
celebración de la Santa Misa, sólo que se extendían un poco más hacia arriba. El color de su cabello y también
el de su barba, más bien pequeña y ligeramente dividida en dos, parecía de un marrón muy oscuro. Los ojos
parecían en color al pelo y la barba. Estaba vestido con una túnica blanca que llegaba a sus tobillos. Sobre
esto llevaba una especie de capa que no se juntaba en la garganta, sino que cubría los hombros y se envolvía
con gracia sobre cada brazo hasta el borde de la túnica. La capa a veces tenía, o parecía tener, la apariencia de
un tono marrón, a veces púrpura, o tal vez una ligera mezcla de los dos. El cinturón que ceñía su cintura era
de color dorado al igual que sus sandalias. Su apariencia, aunque bastante juvenil, daba al mismo tiempo la
impresión de una madurez inusual combinada con una gran fuerza. Parecía un poco más alto que la altura
media. Las líneas de su rostro estaban fuertemente marcadas y determinadas, suavizadas de alguna manera
por una suave serenidad. También vi su purísimo corazón en ese momento. Es más, vi al Espíritu Santo en
forma de paloma volando sobre su cabeza. Parados al lado, uno frente a otro, había dos ángeles, uno a la
derecha y el otro a la izquierda. Cada uno llevaba lo que parecía ser una pequeña almohada con una cubierta
de satín; en la almohada de la derecha había una corona de oro, y en la de la izquierda un cetro de oro. Los
ángeles eran completamente blancos, incluso sus caras y pelo. Era una blancura hermosa que me recordó la
pureza celestial. Entonces escuché estas palabras: “Así debe ser honrado a quien el Rey desea honrar.”8

¡Wow! Si no entendiste eso, vuélvelo a leer. Todo lo que el hombre moderno


necesita conocer sobre la grandeza de San José está contenido en el mensaje dado
a la Hermana Mary Ephren: La paternidad espiritual de San José, la paternidad
virginal, la apariencia juvenil, la realeza, la corona, el corazón y la capa. San José
habla de su protección a la familia, la importancia de la paternidad y el deseo
celestial de que se establezca una fiesta especial honrando su paternidad. ¡Dios
quiere que San José sea conocido y amado!
Amigos míos: ¿se dan cuenta de lo que esto significa? ¡La paternidad de San José
cambia las reglas del juego! El significado de una festividad en honor de la
paternidad de San José haría mucho bien espiritual a la Iglesia, a las familias y al
mundo. ¡San José merece que sea coronado por sus amados hijos!
Las experiencias religiosas privadas de la Hermana Mary Ephren también nos
enseñan que San José tiene un rol esencial para traer paz al mundo. San José es
evidentemente una parte integral del Triunfo del Corazón Inmaculado de María
(de allí su aparición en Fátima el 13 de octubre). El Corazón de Nuestra Señora
triunfará cuando se logre la restauración de la familia y el legítimo lugar de Dios en
ella. Nada de esto sucederá hasta que la paternidad de San José sea plenamente
reconocida por la Iglesia. ¡Ahora es el tiempo de San José!
180
“… el más pequeño de ustedes, ese es el más grande.”
— Lc 9,48

¡Permitámonos llenarnos del silencio de San José! En un mundo que a menudo es demasiado ruidoso, que
no alienta ni el recogimiento ni la escucha de la voz de Dios, lo necesitamos urgentemente.9

— Papa Benedicto XVI

181
Unión piadosa de San José
¿Será invocado en vano el gran santo a quien Jesús y María obedecieron, quien le dio a Jesús y a
María el pan de cada día? ¡No!1

— San Luis Guanella

S an José nunca es invocado en vano. Jesús tuvo total confianza en el amor


consolador de su padre virginal. Jesús también quiere que experimentemos
las maravillas de vivir en unión con San José.
¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una
serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre de
ustedes que está en el cielo dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!
— Mt 7,9-11

En este pasaje de la Escritura, Jesús nos enseña sobre el amor de su Padre


celestial; sin embargo, esta enseñanza de Jesús también se aplica a nuestro padre
espiritual, San José; él es un ícono del Padre celestial. Podemos confiar
plenamente en el inquebrantable amor de San José.
La vida y obra de San Luis Guanella nos ofrece un ejemplo de confianza plena
en San José. Nacido y criado en Italia, San Luis pasó todo su sacerdocio haciendo
obras de misericordia corporales y espirituales hacia los demás. Cuidó a los
huérfanos, atendió a personas con discapacidades mentales y físicas, ayudó a los
adultos mayores abandonados, vistió a los indigentes, y alimentó a los pobres.
Entusiasta por ayudar a todos los necesitados, fundó dos congregaciones
religiosas para continuar desarrollando obras de misericordia: la Congregación
de Hijas de Santa María de la Providencia, y la Congregación de los Siervos de
La Caridad, más conocidos como guanelianos.
La devoción a San José estaba en el centro de la vida y misión de San Luis.
Se aseguró de que las dos comunidades religiosas que había fundado se
esforzaran por estar en constante unión con San José, viéndolo como modelo y
patrón de todas sus obras de caridad. En los muchos hogares que estableció San
Luis para enfrentar las necesidades de los demás, enfatizaba que la devoción a
San José necesitaba florecer, especialmente la devoción a San José como
Patrono de los Moribundos, porque creía que las obras de misericordia eran
infructuosas si no ayudaban a la gente a adquirir una relación con el Señor y
experimentar una muerte santa y feliz como la de San José.
La devoción de San Luis a San José era tan conocida, que el Santo Papa Pío
X lo invitó a construir una iglesia cerca del Vaticano en honor a San José. San
Luis quedó encantado con la invitación del Papa y comenzó de inmediato la

182
construcción. No era de sorprender que San Luis dedicara la nueva iglesia
honrando la feliz y santa muerte de San José. La iglesia tardó cuatro años en
terminarse y fue consagrada el 19 de marzo de 1912.
La iglesia que San Luis construyó en honor de San José se encuentra en la
región Trionfale de Roma; se le conoce como Basílica de San Giuseppe al
Trionfale. El Santo Papa Pío X también animó a San Luis a iniciar un apostolado
que ofreciera oraciones diarias por los que sufren y los que agonizan. En 1913,
San Luis lanzó una asociación internacional de intercesores por los sufrientes y
agonizantes. A la asociación la llamó “Pía Unión del Tránsito de San José”, y el
Santo Papa Pío X se convirtió en el primer miembro oficial. La casa principal de
la Pía Unión del Tránsito de San José se encuentra justo al lado de la iglesia de
San Giuseppe al Trionfale. Las filiales internacionales de la Pía Unión de San
José se encuentran en todo el mundo. La sede en los Estados Unidos de América
está en Grass Lake, Michigan.
Mi querido San José, quédate conmigo mientras viva, quédate conmigo cuando muera, y obtén para
mí un juicio favorable de Jesús, mi Salvador misericordioso.2
— Papa León XIII

San José, mi querido padre, mírame desde el cielo. Ayúdame a desapegarme de todo lo terrenal.
Obtén para mí pureza de corazón, amor a Dios y la perseverancia final. 3
— Beato Bartolo Longo

183
Misas votivas
Los miércoles haz también algo para San José, como rezar las oraciones usuales, leer algún libro
sobre él, hacer alguna mortificación especial, en fin, ofrecer todo a él. 1
— Santo Papa Juan XXIII

E l Santo Sacrificio de la Misa es la más poderosa de todas las oraciones. Es la


oración de Jesús mediante la cual ofrece su Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad al Padre celestial por la humanidad pecadora.
La Iglesia tiene una larga tradición de designar, durante el Santo Sacrificio de
la Misa, un tema particular de meditación para cada día de la semana:
DOMINGO — Resurrección de Jesús
LUNES — Almas del Purgatorio
MARTES — Santos Ángeles
MIÉRCOLES — San José
JUEVES — Eucaristía
VIERNES — Pasión de Jesús
SÁBADO — Nuestra Señora
¿Por qué se dedica el miércoles a San José? Porque es el día que está en el
centro entre el domingo, día del Señor, y el sábado dedicado a honrar a María.
La Beata Ana María Taigi, que le tenía gran devoción a San José, en su honor
asistía todos los miércoles a la Santa Misa ofreciendo su ayuno durante todo el
día a pan y agua.
¿Alguna vez has asistido a Misa un miércoles en honor a San José? Es una
gran manera de honrar especialmente a San José a mitad de semana. En tiempos
pasados, todos los sacerdotes celebraban una Misa votiva los días miércoles en
honor a San José (siempre y cuando no coincidiera con alguna conmemoración
obligatoria). Actualmente muchos sacerdotes ya no siguen esta costumbre, no
tanto por falta de voluntad sino porque desconocen que alguna vez existió esta
tradición; sería maravilloso ver a más sacerdotes volver a esta práctica.
Sin embargo, sea que tu párroco celebre una Misa votiva los miércoles en
honor a San José o no, tú podrías tener la intención de asistir los miércoles a
Misa en su honor para acercarte más a tu padre espiritual pidiéndole por tus
necesidades particulares e intenciones. San José ha sido tan dejado de lado en la
vida espiritual, que él desea ayudar a todos aquellos que le entreguen su corazón.
184
A San José también se le dedica un mes específico: marzo. Así como a la
Virgen María se le honra especialmente en el mes de mayo, que es el mes de las
flores, por ser nuestra madre espiritual, San José es honrado durante el mes de
marzo como nuestro padre espiritual, celebrando el día 19 su fiesta, la
Solemnidad de San José.
¿Honras a San José de una forma particular durante el mes de marzo?
Deberías hacerlo. No tienes que hacer nada extravagante o costoso; simplemente
ponerle flores a una imagen de San José en tu casa o en tu parroquia, renovar tu
consagración a San José, rezar los misterios gozosos del Rosario con mayor
frecuencia durante ese mes, o hacer una peregrinación a algún santuario local
dedicado a San José. Éstas son formas sencillas en las que puedes honrar de
manera especial a San José durante su mes. Los sicilianos tienen una maravillosa
tradición llamada “El altar de San José.” Hace cientos de años hubo una severa
sequía en Sicilia y los lugareños le rezaron a San José pidiéndole ayuda. Para
sorpresa de todos, llovió y las cosechas comenzaron a crecer de nuevo. Para
conmemorar el evento, cada año los sicilianos decoran con flores, velas, comida
y pan altares dedicados a San José como una manera de recordar la ayuda que
les brindó en aquella ocasión. Generalmente, la comida que se le ofrece a San
José en los altares se la regalan a los pobres. La tradición siciliana se ha
difundido entre las culturas del mundo, y siempre se celebra el 19 de marzo.
Otro aspecto de la devoción a San José que muchas personas parecen
desconocer, es que él no sólo es Patrono de los moribundos, sino también un
tremendo intercesor por los que ya han fallecido y están en el purgatorio. Este
aspecto de la poderosa intercesión de San José es un tesoro que no se ha
explotado en la vida devocional de la Iglesia.
Una mujer muy santa del siglo XIX llamada Beata María de la Providencia,
nos ofrece un fuerte testimonio de la forma en que San José ayuda a las Benditas
Almas del purgatorio. La Beata María, habiendo recibido un carisma especial
para ayudar a las Benditas Almas del purgatorio, combinó ese gran don y
entusiasmo con su devoción a San José, fundando una comunidad religiosa
dedicada a ese propósito llamada Orden de las Auxiliadoras de las Almas del
Purgatorio, bajo el patrocinio de San José.

185
Los monjes de la Abadía de San José en Francia relatan la historia de cómo
San José ayudó a la Beata María a fundar su comunidad religiosa:
El 2 de noviembre de 1853, se diseñó un plan para establecer una congregación religiosa cuyo
principal propósito sería auxiliar a las pobres almas (del purgatorio) mediante el trabajo, la oración
y el sufrimiento. El santo Cura de Ars (San Juan Vianney), se deleitó con la idea dando todo su
apoyo y enviando frecuentemente consejos y asesoría a la santa fundadora que se convertiría en la
Beata María de la Providencia.
Se le prometió a San José que, si el trabajo tenía éxito, la primera estatua a ser colocada en la casa
madre de las religiosas que se consagraran enteramente a aliviar a las almas del purgatorio, sería la
suya. San José tomó muy en cuenta que no se olvidara aquella promesa. La providencia proporcionó
la oportunidad de que se adquiriera una residencia en París, y las hermanas adoptaron el nombre de
Auxiliadoras de las Almas del Purgatorio (Auxilatrices des Ames du Purgatoire.) Al siguiente día,
llegó un cartero llevando una estatua del santo que enviaba una persona que no sabía nada de la
piadosa intención ni de la adquisición. De esa forma San José quedó complacido de declararse
protector de esta heroica obra que apoya un ministerio oculto en el corazón de la gran ciudad de
Paris.2

Al igual que la Beata María de la Providencia, nosotros también tenemos que


invocar la santa intercesión de San José por las Benditas Almas del purgatorio,
ya que es un intercesor sumamente poderoso de quien también tendremos
necesidad a la hora de la muerte. En alguna ocasión San José le habló de esto a
la Sierva de Dios Hermana María Marta Chambón, asegurándole que todos los
que le habían sido devotos fieles en la vida recibirían su intercesión después de
la muerte. San José dijo lo siguiente:
Si el alma que me fue devota aún tiene deudas con el Soberano Juez, pediré gracias para ella. 3

Dios escucha las peticiones de San José y nada se le niega.


Recuerda honrar especialmente e invocar a San José los días miércoles,
durante el mes de marzo, y cuando pidas por las benditas almas del purgatorio.
Fue elegido por el Padre eterno para ser el guardián confiable y protector de su mayor tesoro, a
saber, su divino Hijo y María, la esposa de José. ¿Cuál es entonces la posición de José en toda la
Iglesia de Cristo? ¿No es un hombre elegido y apartado? A través de él y, sí, bajo él, Cristo fue
introducido de manera apropiada y honorable en el mundo. La Iglesia Santa en su totalidad está en
deuda con la Virgen Madre porque a través de ella fue juzgada digna de recibir a Cristo. Pero
después de ella, sin duda, debemos especial gratitud y reverencia a San José.4
— San Bernardino de Siena

186
Patrono de la Buena Muerte
Ya que todos vamos a morir, deberíamos apreciar la devoción especial a San José para que nos
obtenga una buena muerte. 1
— San Alfonso María de Ligorio

N adie sabe cuándo va a morir. Ni siquiera sabemos cuándo murió San José.
La tradición afirma que falleció en algún momento antes de que Jesús
iniciara su ministerio público, pero no sabemos el momento exacto. San
Bernardino de Siena ofrece algunos pensamientos perspicaces sobre la muerte de
San José. Dice:
Aunque en las Escrituras no leemos cuándo murió San José, se podría creer que quizás falleció
antes de la Pasión de Nuestro Señor, ya que, de haber estado vivo, no habría estado ausente de la
Cruz del Salvador; y tampoco habría sido apropiado que, desde la Cruz, Cristo hubiese dejado a
María bajo los cuidados de otra persona. 2

Las reflexiones de San Bernardino tienen mucha lógica. Si San José hubiese
estado vivo cuando crucificaron a su Hijo, seguramente él habría estado en el
Calvario para confortar a su esposa y ser una fuente de consuelo para Jesús.
Como lo señala San Bernardino, si San José hubiese estado presente en el
Calvario, el haber confiado a María al cuidado de San Juan habría sido muy
confuso para la Iglesia primitiva. El que Dios quitara a San José de la escena
antes del ministerio público y la Pasión de Jesús, era claramente parte del plan
divino.
Quizás te preguntes, “¿por qué Dios se llevó a San José antes de la Pasión de
Jesús?” Bueno, conforme al plan de Dios, era apropiado que San José ya hubiera
muerto para que Jesús pudiese encomendar a su madre con San Juan — y
también encomendar a Juan (simbolizando a todas las almas) a su madre. Si San
José hubiese estado presente en la crucifixión, confiar las almas a María como
nuestra madre espiritual no habría sido tan claro o entendible para los seguidores
de Jesús. La relación filial que cada alma está llamada a tener con María habría
quedado oscurecida de haber estado presente San José. Además, si San José
hubiese estado presente en la crucifixión, Jesús le habría tenido que decir al
apóstol Juan “he ahí a tu padre.” Tal cosa habría causado una tremenda confusión
a los seguidores de Jesús con respecto a la diferencia entre el Padre celestial y
San José. Jesús quería que sus discípulos tuviesen una relación filial con San
José, así como con María, pero el reconocimiento de la paternidad espiritual de
San José tendría que esperar hasta que la Iglesia fuese lo suficientemente madura
como para empezar a comprenderlo.
Así como convenía que San José falleciera antes de la Pasión de Jesús,

187
también convenía que falleciera antes de iniciar su ministerio público. Si San
José hubiese vivido durante el ministerio público de Jesús, para la gente habría
resultado confuso escucharlo decir que quería llevarlos al Padre. Con el objeto
de evitar oscurecer la primacía del Padre celestial, José tenía que morir antes de
que comenzara el ministerio público de Jesús.
Aunque no sabemos exactamente cuándo murió San José, los santos y los
santos místicos nos ofrecen algunas reflexiones sobre cómo habría fallecido.
Se podría piadosamente creer que al momento de su muerte [de San José], Jesús y la santísima
Virgen María, su esposa, estaban presentes. ¡Qué exhortaciones! ¡Qué palabras consoladoras! ¡Qué
promesas! ¡Qué palabras tan luminosas e inflamadas! En aquel momento de su paso a la eternidad,
¡qué revelaciones sobre los bienes eternos habrá recibido de su santísima esposa y de Jesús, el
amadísimo Hijo de Dios! Dejo a tu propia devoción la contemplación y consideración de todo esto.3
— San Bernardino de Siena

Él [San José] jamás predicó, pero dedicó toda su vida al servicio de Jesús y murió en sus brazos. Si
Jesús lloró por Lázaro, ¿no habría llorado por [la muerte de] San José?4
— San Pedro Julián Eymard

Cuando José estaba muriendo, María se sentó a la cabecera de su cama sosteniéndolo en sus brazos.
Jesús se mantuvo cerca de ella a la altura del pecho de José. Toda la habitación estaba llena de luz y
de ángeles. Después de su muerte, sus manos fueron puestas en forma de cruz sobre su pecho, fue
envuelto de la cabeza a los pies en una sábana blanca, depositado en un ataúd angosto y puesto en
una tumba muy hermosa, regalo de un buen hombre.5
— Beata Ana Catalina Emmerich

Las visiones místicas reportadas por la Beata Ana Catalina Emmerich sobre la
muerte de San José han intrigado a mucha gente. Su idea de que el cuerpo de
San José fue puesto en una tumba ha llevado a muchas personas a preguntarse si
todavía existe. Si bien es ciertamente probable que el cuerpo de San José fuese
puesto en una tumba, a la fecha no se tiene ni idea de dónde se localiza la tumba
de San José. Ninguna persona en toda la cristiandad ha reclamado jamás saber
dónde fue puesto el cuerpo de San José después de su muerte. ¿No es fascinante?
Sabemos dónde se localizan las tumbas de los antiguos patriarcas Abraham,
Isaac y Jacob porque se describen en detalle en el Antiguo Testamento, pero en
cuanto a la tumba de San José, no tenemos ni idea de dónde esté.
Si el cuerpo de San José está en una tumba, seguramente estará incorrupto
¿verdad? Así lo creía la Beata Ana Catalina Emmerich, y ofreció un interesante
pensamiento sobre ello, afirmando:
Sólo unos cuantos hombres siguieron el féretro [de San José] con Jesús y María, pero vi que iba
acompañado de ángeles y envuelto en luz. Los restos de José fueron posteriormente llevados a
Belén por los cristianos y sepultados allí. Creo que todavía puedo verlo allí yaciendo incorrupto. 6

Hmmm… interesante. La idea de la Beata Ana Catalina de que el cuerpo de


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San José podría estar incorrupto en una tumba en algún lugar de la tierra, ha
llevado a algunas personas a especular que el cuerpo incorrupto de San José será
descubierto algún día, y que cuando eso ocurra producirá en la Iglesia un gran
regocijo. ¿Te imaginas? ¡Qué día de enorme regocijo sería ese! Sin embargo,
aunque fuese un evento grandioso y maravilloso, hay una muy buena razón por
la cual no sabemos en dónde se localiza la tumba de San José. Lo más probable
es que el cuerpo de José no se encuentre incorrupto en ninguna tumba en lugar
alguno sobre la tierra. Lo más probable es que su cuerpo esté en el cielo con
Jesús y María.
Muchos santos creen que San José fue llevado al cielo de una forma semejante
a la Asunción de la Santísima Virgen María, y tiene mucho sentido si uno lo
piensa bien. En la tierra no existen reliquias del cuerpo de María — sólo tenemos
piezas de su velo, cinturón o algunos otros fragmentos de sus vestidos
— porque fue asunta al cielo en cuerpo y alma. De igual manera no hay reliquias
corporales de San José en ninguna parte — únicamente se tienen piezas de su
indumentaria o algunos otros elementos asociados a él como, por ejemplo, su
báculo — porque seguramente él también fue llevado al cielo en cuerpo y alma.
Si Jesús elevó al cielo el cuerpo de su madre, ¿por qué no habría de hacerlo por
el de su amado padre? ¿Qué hijo, teniendo el poder divino, llevaría el cuerpo de
su madre al cielo dejando el de su padre en una tumba?
San Bernardino de Siena apoyaba la creencia de que San José fue asunto al
cielo, y aunque aclaró que esta creencia no podría tenerse como doctrina (al
menos no en el tiempo de San Bernardino), reconoció que los fieles de su tiempo
sí podían creerlo piadosamente sin problema. Escribió:
Podemos piadosamente creer, mas no asegurar, que el Santísimo Hijo de Dios coronó a su padre
adoptivo con el mismo privilegio que le dio a su madre; que así como la llevó al cielo en cuerpo y
alma gloriosa, así también el día en que Él [Jesús] resucitó, se llevó a José con él a la gloria de la
Resurrección.7

Pocos siglos después de la vida de San Bernardino, San Francisco de Sales


llevó al siguiente nivel la piadosa creencia de la asunción corporal de San José.
La afirmación de San Francisco de Sales sobre el tema es quizás la más atrevida
que haya hecho un santo en relación a la asunción de San José al cielo. Él afirmó:
Jamás podremos dudar ni por un momento de que este glorioso santo tiene gran influencia en el
cielo con Aquél que lo llevó allí en cuerpo y alma, ¡un hecho más que probable ya que no se tiene
ninguna reliquia de ese cuerpo aquí abajo! Me parece que nadie podría dudar de que esto sea cierto
porque ¿cómo podría negarle esta gracia el que le fue tan obediente a San José durante toda su vida?
8

San Francisco de Sales amplió su reflexión afirmando lo siguiente:


Si es cierto, como estamos obligados a creer, que en virtud del Santísimo Sacramento que
189
recibimos, nuestros cuerpos volverán a la vida el día del juicio (Jn 6,55), ¿cómo podríamos dudar de
que Nuestro Señor elevó al cielo, en cuerpo y alma, al glorioso San José? Porque él tuvo el honor y
la gracia de llevarlo tan a menudo en sus benditos brazos, aquellos brazos en los que Nuestro Señor
se gozó tanto.9

En tiempos modernos, un papa muy santo, Juan XXIII, ha afirmado que San
José fue asunto en cuerpo al cielo. En una homilía ofrecida el 26 de mayo de
1960, Solemnidad de la Ascensión, afirmó:
[La Ascensión de Jesús] corresponde, pues, a los muertos del Antiguo Testamento, los más
próximos a Jesús — nombremos dos de los más íntimos en su vida, Juan Bautista, el Precursor, y
José de Nazaret, su padre putativo y custodio —, [La Ascensión] corresponde a ellos — así
piadosamente lo podemos creer — el honor y el privilegio de abrir este admirable acompañamiento
por los caminos del cielo.10

¿Por qué los santos y papas creerían que San José fue llevado al cielo en
cuerpo y alma? Bueno, hay varias razones; una se encuentra en el propio Nuevo
Testamento. El Evangelio de Mateo nos habla de un increíble evento que le
sucedió a mucha gente después de la Resurrección de Jesús. Dice:
Inmediatamente, el del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se
partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y,
saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a
mucha gente.
— Mt 27, 51-53

Es un pasaje intrigante, por decir lo menos. ¿Quiénes son los santos que
resucitaron de sus tumbas a la muerte de Jesús? Bueno, no sabemos con exactitud
quiénes fueron porque no se dan nombres, pero la Iglesia siempre ha pensado
que fueron los profetas del Antiguo Testamento, así como Juan el Bautista y San
José. Sin duda tiene sentido que San José hubiese estado entre ese número.
Si la gente resucitó de la muerte cuando Jesús murió — un hecho que está
claramente afirmado en el pasaje del Evangelio de Mateo — ¿no habría sido San
José uno de ellos? ¿Por qué Nuestro Señor habría resucitado a otros de la muerte
y dejar a su propio amado padre en la tumba? San José es más grande que todos
los profetas del Antiguo Testamento, incluyendo a San Juan Bautista. San José
es incluso más grande que los abuelos de Jesús, los Santos Joaquín y Ana. No
debería sorprender, entonces, que San Bernardino de Siena, San Francisco de
Sales, el Santo Papa Juan XXIII y San Jorge Preca creyeran que San José
resucitó de la muerte cuando murió Cristo y, después de aparecerse a muchos en
Jerusalén fue llevado al cielo en cuerpo y alma luego de la Resurrección de
Cristo.
Si la Resurrección de Cristo, como leemos en el Evangelio de Mateo, causó que los cuerpos de

190
ciertos santos se levantaran y aparecieran ante muchos, ¿no es probable que San José haya
participado de este privilegio ya que murió antes que Cristo? 11
— San Jorge Preca

Yendo un poco más lejos, si San José es uno de los santos mencionados en el
Evangelio de Mateo que resucitó de entre los muertos en la Resurrección de
Jesús y que entró a la ciudad santa de Jerusalén apareciéndose a muchos, ¿a
quién habría ido a ver con toda seguridad? ¡A su esposa, por supuesto! Todo esto
es especulación, pero es una meditación deliciosa. ¡Imagina la dulce reunión, el
abrazo casto y lleno de lágrimas!
Pero hay otra razón para creer que San José fue llevado al cielo. Viene de la
idea de que San José fue santificado en el vientre materno, como lo fue San Juan
Bautista en el vientre de su madre. Esta idea también ha sido afirmada por
muchos santos.
Si Dios, como creo firmemente, santificó a todos los patriarcas porque el Mesías iba a nacer de
ellos, y santificó a todos los profetas para predecir misterios sobre el Mesías, y santificó a Jeremías
en el vientre, y colmó a Juan el Bautista con el Santo Espíritu para ser el heraldo del Mesías, y sobre
todo santificó a la Santísima Virgen para ser la Madre de Cristo, ¿por qué no santificaría también a
José, el padre de Cristo?12
— San Lorenzo de Brindisi

Si Jeremías tuvo el privilegio de ser santificado antes de nacer, si San Juan Bautista recibió la
misma gracia en preparación para su servicio como precursor del Mesías, ¿no deberíamos creer que
aquél que sirvió como padre del Salvador y esposo de la Reina de las Vírgenes fue tratado con igual
amor y misericordia?13
— Beato Bartolo Longo

Es preciso aclarar que ni San José ni ningún otro santo experimentaron una
concepción inmaculada que se parezca en algo a la de Nuestra Señora. Después
de la caída del hombre, la Virgen María fue la primera en estar libre de toda
mancha de pecado desde el primer momento de su existencia. Solamente ella y
su Hijo tuvieron ese singular privilegio. Sin embargo, San Lorenzo de Brindisi,
el Beato Bartolo Longo y muchos otros han afirmado que Dios sí le dio dones
extraordinarios de santidad a ciertos santos inmediatamente después de haber
sido concebidos para la misión que Dios les encomendó. Ya que éste es el caso,
no sólo San José habría estado en la lista de los santos que fueron santificados en
el vientre materno, sino que habría sido “el más santificado” de todos ellos. Su
misión de amor fue mucho más grandiosa que la de cualquiera de los profetas
del Antiguo Testamento, e incluso más grande que la misión de San Juan
Bautista.
La creencia de que San José fue santificado en el vientre materno ha llevado a

191
mucha gente a ponderar la causa de la muerte de San José. Es decir, ¿de qué
falleció: de edad avanzada o de otras causas? Según muchos santos, hay mucho
más en la muerte de San José de lo que pensamos. Afirman que su muerte fue
tanto natural como sobrenatural. Falleció de una causa natural (enfermedad o
edad avanzada), pero también de una causa sobrenatural (amor).
El amor fue la verdadera causa de la muerte de San José. 14
— Venerable María de Ágreda

¿Qué significa eso? ¿Cómo puede morir una persona de amor? En realidad,
este tipo de muerte no debería sorprender. Poetas y músicos han escrito y cantado
sobre la muerte de amor desde tiempos inmemoriales. Para San José, más que
poético fue real.
Exploremos esto un poco más.
El principal propósito de San José en la vida era llevar a su esposa (la Nueva
Eva) y a su divino Hijo (el Nuevo Adán) al Calvario, donde podrían ofrecer su
sacrificio para redimir al mundo. Sin embargo, la presencia física de San José no
era necesaria en el Calvario. Dios requería que San José hiciera su sacrificio de
antemano. Claro que Dios podría haber mantenido a San José vivo para sufrir
con Jesús y María en el Calvario, pero Dios tuvo gran misericordia de San José
al evitarle ser testigo de la Crucifixión de su Hijo y ver el corazón de su esposa
traspasado por una espada. San José ya había terminado con sus sufrimientos.
Cumpliendo con el plan de Dios, San José ya había ofrecido su amoroso
sacrificio antes de que Jesús y María ofrecieran el suyo en el Calvario. Su misión
había requerido que él muriera a sí mismo todos los días con el objeto de llevar a
Jesús y a María al Calvario para que pudieran realizar su sacrificio. San José ya
había hecho todo lo que podía, y aunque su cuerpo seguramente ya estaba
desgastado debido a los límites de la naturaleza humana, su muerte fue más por
amor que cualquier otra cosa. Su mente, corazón, alma y cuerpo ya no
soportaban más sufrimientos. Estaba exhausto de amor. Durante décadas había
derramado todo su corazón por Jesús y María. El amor lo había consumido. El
amor lo había “matado.”
Nadie ha sufrido más por Jesús y María que San José. Te preguntarás “¿cómo
es eso posible? No fue un mártir, ni tampoco fue perforado por una lanza,
azotado, quemado o descuartizado como lo fueron otros mártires a lo largo de la
historia.” Sí, es cierto que no fue un mártir por la sangre; sin embargo, el
sufrimiento de San José por Jesús y María duró décadas y fue de tal intensidad
interior, que no hay sangre de ningún mártir que se pueda jamás comparar con el

192
amor sacrificial que el padre de Jesús ofreció durante tantos años. Vivió con el
eterno conocimiento de que el corazón de su esposa sería atravesado y su Hijo
sería burlado, ridiculizado y odiado. No ignoraba la profecía de Simeón; la
conocía bien y la llevó en su corazón durante décadas. Mientras más puro es tu
corazón, más puro es tu sacrificio. Mientras más grande es tu alma, más grande
es tu sufrimiento.
Después de María, San José es el más grande de todos los santos porque sufrió
más que cualquier otro por Jesús. Antes de que San Juan Bautista ofreciera su
cabeza al hacha, y los primeros cristianos abandonaran sus cuerpos a los leones,
San José ya había ofrecido su corazón y su alma como sacrificio por Jesús. Los
Padres del desierto observaron rigurosos métodos de penitencia y años de
ascetismo, pero el glorioso San José ya había vivido extrema pobreza, exilio y
penurias por amor a Cristo. San Francisco Javier navegó los altos mares para
evangelizar tierras lejanas sufriendo por el Evangelio en un país lejano, pero San
José ya había sido el primero y más grande misionero. Santa Teresita de Lisieux
le enseñó al mundo el “pequeño caminito” de santidad y la simplicidad de una
niña, pero San José, mucho antes que ella, ya había perfeccionado la
espiritualidad de la confianza como de niño en Dios. San José lo dio todo por
Jesús y María, se vacío totalmente. Cuando estuvo completamente agotado de
amor, murió de haber amado tanto.
Ciertamente se podría llamar a San José el mártir de la vida oculta, porque nadie sufrió como él.
¿Pero por qué tanta pena en su vida? Simplemente porque cuanto más santa es una persona, más
debe sufrir por el amor y la gloria de Dios. El sufrimiento es el florecimiento de la gracia de Dios en
un alma y el triunfo del amor del alma por Dios. Por lo tanto, San José, el más grande de los santos
después de María, sufrió más que todos los mártires. La fuente de su sufrimiento radica en su
profundo, tierno e iluminado amor por Jesús y en su veneración por la Virgen María. Todos los
elegidos deben subir la colina del Calvario, y sólo a través de las heridas de las manos y los pies (de
Cristo) es como llegarán a su Corazón. No se trata tanto de penitencia sino de amor; la penitencia
sólo paga una deuda, pero el amor va más allá y se crucifica con Jesús y por Jesús. Por lo tanto, es
cierto que cuanto más ama un alma, más sufre. Es por eso que el Calvario de San José duró treinta
años sin respiro alguno. Cuando fue honrado con la dignidad de ser padre adoptivo de Cristo, la
cruz fue colocada en su corazón y él trabajó a su sombra el resto de su vida.15
— San Pedro Julián Eymard

De haber sido la voluntad de Dios, San José habría deseado ansiosamente


quedarse en la tierra y sufrir aún más con Jesús y María en el Calvario. Sin
embargo, Dios no lo quiso así.
San José previó las lágrimas y la tristeza de María. Habrá deseado quedarse a su lado, y debió
haberle rogado a Jesús que le permitiera permanecer en la tierra para poder subir al Calvario y
sostener a María.16

193
— San Pedro Julián Eymard

Dios le aceptó a San José tantos años de sacrificio por amor, y colmó su
corazón de gracias tan extraordinarias, que murió de amor y fue liberado de las
torturas del Calvario. Jesús, como buen Hijo (sin duda ¡como el buen Hijo!)
mostró gran misericordia por su padre terreno. Jesús, el Hijo de José, no quiso
que su padre terreno fuera testigo del Calvario.
Dios se complació en llevar consigo a San José antes de la Pasión de Nuestro Salvador para evitarle
la abrumadora pena que le habría causado.17
— San Bernardino de Siena

José tenía que morir necesariamente antes que el Señor, porque no habría podido soportar su
Crucifixión; era demasiado bondadoso, demasiado amoroso. 18
— Beata Ana Catalina Emmerich

María, como la Nueva Eva y Madre de todos los vivientes, tenía que estar en
el Calvario; San José, un Nuevo Adán, ya se había entregado y había ofrecido su
amoroso sacrificio. A diferencia de San José, la presencia de María en la Cruz
era absolutamente necesaria. Ella tenía que estar allí para dar a luz a la lglesia.
Así como Dios (según una venerable tradición) había evitado que los ojos de San
José vieran el nacimiento de Cristo en Belén, así también (según la Escritura)
también ocultó a los ojos de San José la Crucifixión de su amado Hijo en el
Calvario. El Calvario habría significado una doble tortura para el corazón de San
José.
¡Pobre de San José! Tuvo que someterse a la muerte y dejar atrás a Jesús y a María. A Jesús, para
ser crucificado y abandonado por su gente; a María, para sufrir sola, sin ayuda. ¡De qué forma fue
crucificado su amor por ellos! 19
— San Pedro Julián Eymard

La Venerable María de Ágreda tuvo una visión, en la que era transportada


junto a la cama de San José para atestiguar su último aliento y las últimas
palabras que le dirigió a su amada esposa. En una afirmación que seguramente
tocará tu corazón y tu alma, la Venerable María de Ágreda relató que, antes de
morir, San José se despidió de María con estas palabras:
Bendita eres entre todas las mujeres. Que los ángeles y los hombres te alaben; que todas las
generaciones conozcan, alaban y exalten tu dignidad; y que el Altísimo sea eternamente alabado por
haberte creado tan agradable a sus ojos y a la vista de todos los espíritus benditos. Espero disfrutar
de tu vista en la patria celestial.20

194
Terror de los Demonios
Oh glorioso San José, ruega por mí, ayúdame y defiéndeme de Satanás. 1
— San Antonio María Claret

D espués de la Virgen María, los demonios le temen a San José más que a
ningún otro santo. El demonio le teme a San José más de lo que teme al
Papa. ¿Cómo es esto posible? ¿No es el Papa el Vicario de Cristo? Sí, pero el
Papa sólo es el Vicario de Cristo, no el padre de Cristo. El Vicario de Cristo
tiene autoridad sobre el Cuerpo Místico de Cristo (la Iglesia), pero San José tiene
el extraordinario don y poder de la intercesión paternal en el cielo.
El poder de San José es mayor que el del antiguo José, de Moisés, de Josué y de San Pedro. 2
— Beato Guillermo José Chaminade

El poder de San José es realmente extraordinario. Sólo él ostenta el título de


“Terror de los Demonios”. Lo que hace tan extraordinario este singular título de
San José es que San José no fue ni Papa, ni sacerdote, ni monje ni mártir. San
José era laico, y como la mayoría de los laicos era padre y esposo, y es
precisamente esa amorosa paternidad lo que de manera particular le otorga a San
José un extraordinario poder de intercesión.
¿Has oído hablar del Beato Bartolo Longo, que vivió a finales del siglo XIX y
principios del XX? Nació en Latiano, Italia, de una familia católica devota. De
joven estudió leyes en la Universidad de Nápoles. Después de ser arrasado por
varias ideologías políticas, se convirtió en un anti-católico, radicalmente opuesto
a lo que consideraba “cuentos de viejas” del catolicismo. En poco tiempo, de la
adhesión a ideologías nacionalistas pasó a involucrarse en el espiritismo,
asistiendo a “séances” o sesiones espiritistas, para finalmente ser ordenado
sacerdote de Satanás.
La participación de Bartolo en lo oculto y el espiritismo lo dejó vacío e infeliz.
Sufría de alucinaciones, tortuosas pesadillas, agotamiento nervioso, dolores
corporales y severa depresión. Buscando ayuda, acudió a un amigo y a un
sacerdote dominico, y comenzó a experimentar una conversión radical.
Temiendo por su alma, renunció al espiritismo y a sus prácticas, regresando al
catolicismo de su juventud. En agradecimiento por haber sido liberado de lo
oculto, se convirtió en dominico de la Tercera Orden y dedicó su vida a difundir
el Rosario, especialmente con la renovación de la fe católica en la antigua ciudad
de Pompeya y construyendo allí la Basílica de Nuestra Señora del Rosario. Era
muy devoto de San José, le rezaba diariamente, y se sentía particularmente
apegado a su título de “Terror de los Demonios.” Bartolo amaba tanto a San
195
José, que escribió un voluminoso libro de meditaciones y oraciones a San José
para ser usado en el mes de marzo. Bartolo Longo, el antiguo sacerdote satánico,
fue beatificado por San Juan Pablo II en 1980.
Es una gran bendición para las almas estar bajo la protección del santo que hace que los demonios
tiemblen y huyan.3
— Beato Bartolo Longo

Pronuncia con frecuencia y gran confianza los nombres de Jesús, María y José. Sus nombres traen
paz, amor, salud, bendiciones, majestad, gloria, admiración, alegría, felicidad y veneración. Sus
santos nombres son una bendición para los ángeles y los hombres, y provocan terror a los demonios.
Los cristianos siempre deben tener los nombres de Jesús, María y José en el corazón y los labios. 4
— Beato Bartolo Longo

La vida de Bartolo Longo nos da más pruebas de que las maravillas de San
José son incontables y que al demonio le aterrorizan todas ellas.
La paternidad de San José aterroriza al demonio.
La humildad de San José aterroriza al demonio.
La caridad de San José aterroriza al demonio.
La pobreza de San José aterroriza al demonio.
La pureza de San José aterroriza al demonio.
La obediencia de San José aterroriza al demonio.
El silencio de San José aterroriza al demonio.
El sufrimiento de San José aterroriza al demonio.
La oración de San José aterroriza al demonio.
El nombre de San José aterroriza al demonio.
El sueño de San José aterroriza al demonio.

De las maravillas, hay dos en particular que necesitan enfatizarse en nuestros


tiempos: la paternidad de San José y su pureza. Estas maravillas de San José
deben destacarse porque todos los hombres (laicos y clérigos) necesitan darse
cuenta del poder que la paternidad y la pureza tienen sobre las fuerzas de la
oscuridad.
Toda paternidad es una amenaza para Satanás. Durante siglos, el demonio “se
deleitó” en la realidad de que muy pocos cristianos oraban a San José pidiendo
su intercesión paternal. Actualmente, Dios quiere que se conozca y se imite en el
mundo la paternidad de San José; esto aterroriza a Satanás. El demonio sabe lo
que es capaz de hacer la intercesión de San José. Si los hombres imitan a San
José, el reino de Satanás será destruido.
Por supuesto que Satanás también odia la maternidad, especialmente
desdeñando y temiendo a la Virgen María. Las mujeres son portadoras de vida, y
el demonio odia la vida. Satanás odia la paternidad por el poder inherente que
tiene cuyo origen es Dios y que en San José encuentra su modelo terrenal más
perfecto. Toda paternidad tiene el poder de combatir el mal. Lucifer teme la
196
paternidad de San José más que ninguna otra paternidad de criatura, porque el
demonio sabe que no existe persona creada que tenga mayor participación en la
paternidad de Dios que San José.
Al demonio le enfurece que Dios se haya humillado a Sí mismo haciéndose
hombre y sometiéndose al Cuarto Mandamiento.
Honrarás a tu padre y a tu madre.
— Ex 20,12

Al tomar la naturaleza humana, la segunda Persona de la Santísima Trinidad


eligió someterse, obedecer y honrar a los mortales. El hecho de que el Rey de
Reyes y Señor de Señores haya sido obediente al Cuarto Mandamiento
sometiéndose a la autoridad de San José en la tierra, a Satanás le resulta
incomprensible. Dios se rebajó a Sí mismo para obedecer y servir a las creaturas
hechas de polvo. La obediencia filial de Jesús a San José se encontró con el
desprecio del demonio.
La paternidad de San José tiene poder, y el demonio odia que Jesús y María
hayan obedecido las amorosas directrices de San José. Ahora en el cielo, el poder
intercesor de San José significa una seria amenaza a los engaños del demonio, y
él lo sabe.
El Padre Eterno comparte con San José la autoridad que tiene sobre el Verbo Encarnado, así como
Dios compartió con Adán su autoridad sobre las criaturas. 5
— Beato Guillermo José Chaminade

En la Sagrada Familia, él [San José] representaba al Padre celestial. 6


— Beato Santiago Alberione

Los dos personajes más grandes que hayan vivido en esta tierra se sujetaron a él [San José]. 7
— Santa Magdalena Sofía Barat

San José fue llamado por Dios para servir directamente a la Persona y misión de Jesús mediante el
ejercicio de su paternidad. 8
— San Juan Pablo II

En la casa de Nazaret, las directivas de San José eran similares a las órdenes
paternas. En el cielo, Jesús continúa escuchando a su padre virginal porque los
deseos de San José siempre van de acuerdo con la santísima voluntad de Dios.
Satanás está aterrado de que San José continúe ejerciendo su influencia paternal
en el cielo mediante su extraordinaria intercesión ante el Hijo de Dios.
El demonio odia a Dios Padre y cualquier reflejo de su paternidad. Este odio
incita al demonio a destruir la paternidad en todos los hombres, laicos y
sacerdotes. Sin duda el demonio tiene un tremendo temor de los pontífices
197
fervientes, de los sacerdotes santos, y de la sangre de los mártires, pero también
teme mucho a los laicos que modelan su paternidad en San José. Lo último que
quiere el demonio es que los hombres sean apariciones de San José,
incrementando la presencia del esposo virginal en el mundo. Si un hombre se
permite ser una aparición de San José imitando sus virtudes, Satanás pierde su
poder en sus ataques contra la familia (la iglesia doméstica) y contra el Cuerpo
Místico de Cristo (la Iglesia). Cuando los laicos, sacerdotes y obispos conformen
su autoridad paterna a la de San José, la Iglesia experimentará grandes victorias
contra el mal. La amorosa y misericordiosa paternidad de San José sirve como
modelo para todos los hombres, enseñándoles el uso apropiado de la autoridad
paterna y la cooperación con Jesús y María en la salvación del mundo.
San José no sólo fue destinado para ser un alivio a la Madre de Dios que tuvo tantas tribulaciones en la
tierra, y no sólo fue el apoyo de Jesucristo, sino que también estaba destinado a cooperar, de algu na
forma, en la redención del mundo. 9

— San Alfonso María de Ligorio


La pureza de San José también aterroriza a Satanás.

Es una tragedia que gran parte del arte representativo de San José lo exponga
como un hombre ya viejo; y resulta más triste aún que en ocasiones hasta lo
represente como una persona muy suave y afeminada, porque eso está muy lejos
de lo que realmente fue San José como hombre. ¡San José aniquila dragones! Su
lirio no es la caña de un hombre viejo; ¡es la lanza de un caballero! Raro es el
artista que ha representado el lirio de San José como un arma filosa que atraviesa
al dragón serpiente. Lo que la Iglesia necesita actualmente son imágenes que
representen a San José como un exterminador de dragones. ¡Trabajó con
herramientas de hombre, como la madera cortada, y supo balancear el hacha
afilada! Este tipo de imágenes son las que actualmente necesitamos en las casas
y en las iglesias para transmitir la verdadera virilidad y hombría de San José (ver
las obras comisionadas).
La pureza de San José es un arma en contra de la inmundicia y perversiones
del demonio. Satanás es una criatura asquerosa, perversa y pornográfica. La
pureza le repulsa, lo perfora.
Actualmente, el pecado número uno entre los hombres es la impureza. Es una
plaga espiritual que está destruyendo las mentes y los corazones de los hombres
a escala global. La plaga espiritual de la impureza incluye la pornografía,
acciones inmorales con uno mismo, actos y estilos de vida homosexuales,
pedofilia, cohabitación, anticoncepción y aborto. Estos pecados debilitan al
hombre dejándolo espiritualmente impotente.
198
Los hombres impuros no tienen poder. Los hombres impuros no representan
ninguna amenaza para el demonio porque son espiritualmente impotentes. Esto
explica por qué tantos hombres contemporáneos no tienen fortaleza para luchar
contra la maldad; el demonio no teme a los hombres de esta generación. Satanás
no tiene nada que temerle a un hombre que con toda libertad ha decidido permitir
que los demonios entren a su vida mediante la lujuria, pornografía, deseos
inmorales y todas las demás formas de perversión. Un corazón inmundo
enceguece a la persona frente al rostro de Dios. Si los hombres quieren ver a
Dios y tener poder sobre la oscuridad, deberán esforzarse por imitar el corazón
casto y amoroso de San José.
Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.
— Mt 5,8
San José ve el rostro de Dios y tiene poder contra la maldad porque él es puro.
Durante su estancia en la tierra, contempló el rostro de Jesús durante décadas, y
en el cielo contempla eternamente el Rostro divino, haciendo que su propio
rostro radiante deje ciegos a los demonios del infierno.
¡La Iglesia y el mundo necesitan hombres que sean terror de los demonios!, y
eso únicamente sucederá cuando los hombres imiten la pureza de San José.
Cuando los hombres lo hagan, el mundo será renovado; cuando sacerdotes y
obispos lo hagan, la Iglesia será renovada. Cuando los sacerdotes y obispos
tengan corazones puros que reflejen un espíritu caballeresco y la pureza de un
guerrero como la de San José, las parroquias volverán a estar repletas con una
multitud de personas ansiosas por escuchar las cosas de Dios. Cuando los
obispos imiten la pureza, el celo y la paternidad de San José, la humanidad
volverá a ver a la Iglesia como la brújula moral del mundo. Todos los hombres
pueden llegar a ser terror de los demonios imitando a San José.
Valiente y fuerte es el hombre que, como San José, persevera en la humildad. Conquistará de
inmediato al demonio y al mundo colmado de ambición, vanidad y orgullo. 10
— San Francisco de Sales

Los hombres que aspiran a ser puros oran. Sin la oración, nadie (hombre o
mujer) puede ser puro. El Papa León XIII comprendía muy bien esto. A finales
del siglo XIX, Satanás desató un diluvio espiritual de inmundicia, inmodestia e
impureza en el mundo. El Papa León XIII deseaba combatirlo, y para ello sacó
dos de las armas espirituales más potentes que tiene la Iglesia en su arsenal: el
santo Rosario y San José. Este profético pontífice solicitó que se rezara la
siguiente oración a San José al final del Rosario en el mes de octubre:
A ti acudimos, bendito San José, en nuestra tribulación, y después de haber invocado el auxilio de

199
tu Santísima Esposa, ahora te pedimos con el corazón lleno de confianza, que nos protejas. Por ese
sagrado vínculo de caridad que te unió a la Inmaculada Virgen Madre de Dios, y por el amor
paternal con el que abrazaste al Niño Jesús, te suplicamos humildemente que mires con misericordia
la amada descendencia que Jesucristo adquirió con su Sangre, y que con tu poder y fortaleza nos
socorras en nuestras necesidades.
Protege, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, a los hijos elegidos de Jesucristo.
Aparta de nosotros, oh amadísimo padre, toda mancha de error y corrupción. Asístenos desde el
cielo, valientísimo defensor, en esta lucha contra los poderes de las tinieblas, y así como libraste al
Niño Jesús del peligro mortal, ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de los engaños del enemigo
y de toda adversidad. Cúbrenos con tu constante protección para que, apoyados en tu ejemplo y
fortalecidos con tu ayuda, podamos vivir una vida virtuosa, tener una muerte dichosa y obtener en el
cielo la bendición eterna. Amén.11

La Iglesia necesita invocar constantemente la ayuda de San José para derrotar


al demonio. ¡San José es más poderoso en el cielo de lo que fue en la tierra!
Es cierto que otros santos disfrutan de un gran poder en el cielo, pero piden como sirvientes y no
mandan como amos. San José, a cuya autoridad Jesús estaba sujeto en la tierra, obtiene lo que desea
en el cielo de su majestuoso Hijo adoptivo.12
— Santo Tomás de Aquino

¿Qué podría rehusarle Jesucristo a San José quien jamás le rehusó nada durante su vida mortal en la
tierra?13
— San Agustín

El Señor quiere que comprendamos que, así como Él estuvo sujeto a San José en la tierra — porque
al haber llevado el título de padre y ser el tutor del Señor, José pudo darle órdenes al niño — así, en
el cielo, Dios hace todo lo que él ordena.14
— Santa Teresa de Ávila

Ya que está escrito que Dios “hará la voluntad de aquellos que lo temen,” ¿cómo podría rehusarse a
hacer la voluntad de San José, quien lo alimentó durante tanto tiempo con el sudor de su frente?15
— San Ambrosio

Hemos de estar convencidos de que, en consideración a sus grandes méritos, Dios no le negará a
San José ninguna gracia que le pida para aquellos que lo honran. 16
— San Alfonso María de Ligorio

Cada vez que el favor divino elige a alguien para una gracia especial o un puesto elevado, dota a la
persona elegida con todos los dones necesarios para ella y para su tarea. Esto se verificó de manera
preeminente en San José, el padre adoptivo de Jesucristo y verdadero esposo de la Reina del Cielo y
Señora de los Ángeles. Fue elegido por el Padre como el fiel padre adoptivo y guardián de sus
principales tesoros, es decir, su Hijo y su esposa. Si lo comparas con toda la Iglesia de Cristo, ¿no
es él el hombre elegido y único a través del cual y bajo el cual Cristo fue traído al mundo con el
debido orden y honor? Entonces, si toda la Santa Iglesia está en deuda con la Virgen Madre, porque
a través de ella se hizo digna de recibir a Cristo, después de María, la Iglesia le debe a él gratitud y
singular veneración. Porque él es la clave del Antiguo Testamento en quien la dignidad de los
patriarcas y los profetas logran el fruto prometido. No puede haber ninguna duda de que en el cielo
Cristo no le negó a José esa familiaridad, reverencia y elevada dignidad que le ofreció como Hijo a
su padre mientras vivió entre los hombres. Más bien las aumentó y perfeccionó.17
200
— San Bernardino de Siena

San José, con el amor y la generosidad con la que protegió a Jesús, también protegerá tu alma, y así
como lo defendió de Herodes, defenderá tu alma del Herodes más feroz: ¡el diablo! Todo el cuidado
que el Patriarca San José tiene por Jesús lo tiene por ti y siempre te ayudará con su patrocinio. Él te
liberará de la persecución del malvado y orgulloso Herodes, y no permitirá que tu corazón se aleje
de Jesús. ¡Ite ad Ioseph! Acude a José con extrema confianza, porque no recuerdo haberle pedido
nada a San José sin haberlo obtenido fácilmente.18
— San Pío de Pietrelcina

Tu nombre, José, es la alegría del cielo, el honor de la tierra y el consuelo de los mortales. Tu
nombre vigoriza a los débiles, consuela a los afligidos, cura a los enfermos, ablanda los corazones
endurecidos, nos ayuda en la tentación, nos libera de los engaños del demonio, obtiene todos los
dones y comparte el poder de los santos nombres de Jesús y de María. 19

— Beato Bartolo Longo

San José, Terror de los Demonios, ¡ruega por nosotros!

201
Patrono de la Iglesia Universal
Él (San José), en la tierra fue jefe de la familia divina que tuvo, por así decirlo, autoridad paternal;
por su lealtad y protección se le ha encomendado a la Iglesia. Esta persona posee una dignidad tan
inigualable que no hay honor alguno que no se le deba rendir. 1
— Papa León XIII

¿S abías que la raíz de la palabra “patrono” es pater (“padre”)? ¿Sabías que


gracias a los esfuerzos de un apasionado sacerdote dominico, San José fue
proclamado Patrono de la Iglesia Universal en 1870 por el Beato Papa Pío IX?
Ésta es la historia:
El sacerdote dominico es el Beato Jean-Joseph Lataste (1832-1869). El Beato
Jean-Joseph era muy devoto a San José. Antes de entrar a la orden de los
dominicos, Jean-Joseph creía que su vocación era el matrimonio. Ya
comprometido para casarse, Jean-Joseph no sentía paz con la decisión que había
tomado, y después de un discernimiento vocacional, decidió que Dios lo llamaba
a ser sacerdote dominico. Al cabo de muchos años de estudio, fue ordenado al
santo sacerdocio y rápidamente se le conoció como un hombre muy piadoso, y
con una fuerte devoción a Nuestra Señora de Lourdes, a Santa María Magdalena
y a San José. Amaba tanto el mensaje de Lourdes, que viajó a ese lugar para
hablar personalmente con Santa Bernadette Soubirous. También le tenía una
gran devoción a Santa María Magdalena que lo inspiró a ejercer su ministerio
sacerdotal en una prisión para mujeres, y a fundar posteriormente una nueva
comunidad dominica para las mujeres que habían salido de prisión, denominada
Hermanas dominicas de Betania. Sin embargo, fue el gran amor que el Beato
Jean-Joseph le tuvo a San José, lo que inspiró al Vicario de Cristo proclamar a
San José como Patrono de la Iglesia Universal.
A la sazón, el pontífice era el Beato Papa Pío IX, responsable de declarar
dogma de fe la Inmaculada Concepción de María. La gente de todo el mundo,
incluyendo muchos obispos, habían escrito al papa pidiéndole considerar hacer
esta doctrina mariana un dogma. Después de mucha oración, investigación
teológica y consultas, el Beato Papa Pío IX se dio cuenta de que ese dogma era
verdadero y agradable a Dios, y accedió a la petición, haciendo la declaración el
8 de diciembre de 1854.
El Beato Papa Pío IX también era muy devoto de San José, y durante años
había estado recibiendo cartas de sacerdotes, obispos y laicos pidiéndole declarar
a San José como Patrono de la Iglesia Universal. El papa quería que San José
fuese más conocido y amado, y aunque se sintió muy inspirado por aquellas
peticiones, se sentía inseguro. ¿Era el momento correcto para esa proclamación?
202
¿Daría mayor gloria a Cristo y a su Iglesia? Todo eso cambiaría cuando recibió
una carta de un celoso sacerdote dominico.
Como muchos otros, el Padre Jean-Joseph Lataste le había escrito una carta al
papa pidiéndole proclamar a San José Patrono de la Iglesia Universal. La carta
del Beato Jean-Joseph se la entregaron al papa en 1868. El dominico estaba tan
convencido de que Dios quería esta proclamación para el bien de la Iglesia, que
le dijo al papa que le había prometido a Dios ofrecer su vida en sacrificio para
lograr el patrocinio de San José en toda la Iglesia. El papa se sintió muy
conmovido por la petición de Jean-Joseph y se convenció de que Dios le estaba
hablando a través del piadoso sacerdote dominico.
Este buen religioso (Jean Joseph Lataste) está ofreciendo el sacrificio de su vida para obtener la
declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal. En breve se le concederá al Padre
Lataste ese deseo. Hemos recibido más de quinientas cartas pidiendo que declaremos a San José
patrono de la Iglesia, pero el Padre Lataste es el único que ha ofrecido su vida. 2
— Beato Papa Pío IX

Con objeto de cumplir su promesa a Dios, el Beato Jean-Joseph hizo muchas


penitencias y heroicas mortificaciones con la intención de ver al papa declarar a
San José Patrono de la Iglesia Universal. El Beato Jean-Joseph falleció en 1869 a
la edad de 36 años. Increíblemente un año después, el 8 de diciembre de 1870
(solemnidad de la Inmaculada Concepción), el Beato Papa Pío IX proclamó a
San José Patrono de la Iglesia Universal.
Ese 8 de diciembre de 1870, sucedió ese breve, pero amoroso y admirable decreto pronunciado
Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), lo que ha suscitado un cúmulo de hermosas y enriquecedoras
inspiraciones en los sucesores de Pío IX.3
— Santo Papa Juan XXIII

El decreto oficial de la proclamación de San José como Patrono de la Iglesia


Universal dice:
Del mismo modo que Dios constituyó al otro José, hijo del patriarca Jacob, gobernador de toda la tierra
de Egipto para que asegurase al pueblo su sustento, así al llegar la plenitud de los tiempos cuando iba
a enviar a la tierra a su unigénito para la salvación del mundo, designó a este otro José, del cual el
primero era un símbolo, y le constituyó señor y príncipe de su casa y de su posesión y lo eligió por
custodio de sus tesoros más preciosos.
Porque tuvo por esposa a la Inmaculada Virgen María, de la cual por obra del Espíritu Santo nació
nuestro señor Jesucristo, tenido ante los hombres por hijo de José, al que estuvo sometido.
Y al que tantos reyes y profetas anhelaron contemplar, este José no solamente lo vio, sino que
conversó con él, lo abrazó, lo besó con afecto paternal, y con cuidado solícito alimentó al que el
pueblo fiel comería como pan bajado del cielo para la vida eterna.
Por esta sublime dignidad que Dios confirió a su siervo bueno y fidelísimo, la Iglesia, después de a
su esposa, la Virgen Madre de Dios, lo veneró siempre con sumos honores y alabanzas e imploró su
intercesión en los momentos de angustia.
203
Y puesto que en estos tiempos tristísimos la misma Iglesia es atacada por doquier por sus enemigos
y se ve oprimida por tan graves calamidades que parece que los impíos hacen prevalecer sobre ella
las puertas del infierno, los venerables obispos de todo el orbe católico, en su nombre y en el de los
fieles a ellos confiados, elevaron sus preces al Sumo Pontífice para que se dignara constituir a san
José por patrono de la Iglesia.
Y al haber sido renovadas con más fuerza estas mismas peticiones y votos durante el santo Concilio
Ecuménico Vaticano, Nuestro Santísimo Papa Pío IX, conmovido por la luctuosa situación de estos
tiempos, para ponerse a sí mismo y a todos los fieles bajo el poderosísimo patrocinio del santo
patriarca José, quiso satisfacer los votos de los obispos y solemnemente lo declaró Patrono de la
Iglesia Católica.
Y ordenó que se su fiesta del 19 de marzo se celebrara en lo sucesivo con rito doble de primera
clase, sin octava por motivo de caer en cuaresma. También dispuso que esta declaración se
publicara por el presente decreto de la Sagrada Congregación de Ritos en este día de la Inmaculada
Concepción de la Virgen Madre de Dios y esposa del castísimo José (8 de diciembre 1870).4

204
LETANÍA DE SAN JOSÉ
Señor, ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros, Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, óyenos, Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial, Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo, Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo, Ten misericordia de nosotros
Santísima Trinidad, un solo Dios, Ten misericordia de nosotros
Santa María, Ruega por nosotros
San José, Ruega por nosotros
Noble Retoño de David, Ruega por nosotros
Luz de los Patriarcas, Ruega por nosotros
Esposo de la Madre de Dios, Ruega por nosotros
Casto Guardián de la Virgen, Ruega por nosotros
Padre Nutricio del Hijo de Dios, Ruega por nosotros
Ferviente Defensor de Cristo, Ruega por nosotros
Jefe de la Sagrada Familia, Ruega por nosotros
José Justísimo, Ruega por nosotros
José Castísimo, Ruega por nosotros
José Prudentísimo, Ruega por nosotros
José Valientísimo, Ruega por nosotros
José Obedientísimo, Ruega por nosotros
José Fidelísimo, Ruega por nosotros
Espejo de Paciencia, Ruega por nosotros
Amante de la Pobreza, Ruega por nosotros
Modelo de los Obreros, Ruega por nosotros
Gloria de la Vida Doméstica, Ruega por nosotros
Guardián de las Vírgenes, Ruega por nosotros
Pilar de las Familias, Ruega por nosotros
Consuelo de los Afligidos, Ruega por nosotros
Esperanza de los Enfermos, Ruega por nosotros
Patrono de los Moribundos, Ruega por nosotros

205
Terror de los Demonios, Ruega por nosotros
Protector de la Santa Iglesia, Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten piedad de nosotros.
V. Lo hizo Señor de su Casa
R. Y administrador de todas sus posesiones
Oremos: Oh Dios, que en tu amorosa providencia elegiste a San José para ser
esposo de tu santísima Madre, concédenos la gracia de tener como nuestro
intercesor en el cielo a aquél que veneramos en la tierra como nuestro protector.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

206
Acto de consagración a San José
por Padre Donald Calloway, MIC
Yo, , hijo(a) de Dios, te acepto a ti, San
José, como mi padre espiritual. Confío en que Jesús y María me guiaron hasta ti
para que te conozca, te ame y me consagre totalmente a ti.
Por eso, habiendo llegado a conocerte y amarte, me consagro del todo a ti,
San José. Te quiero en mi vida, te necesito en mi vida. ¡Adóptame como hijo
espiritual tuyo, oh grandioso San José! No quiero perderme nada de tu
paternidad protectora.
Fuiste esposo providente de María, mi Madre espiritual, y te agradezco
haberle sido siempre fiel; gracias por amarla tanto y por ofrecer toda tu vida en
su servicio.
Como padre virginal de Jesús, cuidaste de mi Señor y lo protegiste de los
hombres malvados; gracias por proteger la vida de mi Salvador. Gracias a ti,
Jesús pudo derramar su Sangre por mí en la Cruz. Gracias a ti, San José, tengo
esperanza en la vida eterna celestial.
Como mi padre espiritual, sé que tú me guiarás también y me protegerás. Te
pido que me instruyas en los caminos de la oración, de la virtud y de la santidad.
Quiero ser como tú, San José. Quiero ser puro, humilde, amoroso y
misericordioso.
Ahora que ya soy tuyo y tú eres mío, prometo nunca olvidarte. ¡Sé que nunca
me olvidarás, y esto me da una inmensa alegría! ¡Soy amado por San José! ¡Yo
le pertenezco!
Alabada sea la Santísima Trinidad que te bendijo y te elevó a la mayor
santidad después de María. Alabada sea la Virgen que te ama tanto y quiere que
las almas te amen. ¡Alabado seas, San José, mi padre, mi custodio y mi todo!
¡Amén!

207
Memorare a San José
Acuérdate, oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San
José, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya invocado tu protección e
implorado tu auxilio, no haya sido consolado. Confiando plenamente en tu
poder, ya que ejerciste con Jesús el cargo de Padre, vengo a tu presencia y me
encomiendo a Ti con todo fervor. No deseches mis súplicas, antes bien acógelas
propicio y dígnate acceder a ellas piadosamente. Amén.

Veni, Sancte Spiritus


(Ven Espíritu Santo)
Ven Espíritu Santo
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma,
suave alivio de los hombres.
Tú eres descanso en el trabajo,
templanza en las pasiones,
alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu Santa Luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.

208
Suaviza nuestra dureza
elimina con tu calor nuestra frialdad
corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles
que confían en Ti,
tus siete sagrados dones.
Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.
Amén. Aleluya

209

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