Perdone y libérese
Perdone y entienda como funciona el perdón a la luz de la Biblia. Artículo de este fin de año.
Interesante.
Aprender sobre el perdón bíblico ayuda a vivir una vida libre de culpas y sin remordimiento.
La noticia que leí por la mañana es parte del canal de chismes y tiene poca relevancia, pero me dio pie
para escribir esta columna. Una presentadora de TV fue a un programa de un colega de emisora y actuó
fríamente porque él mostró algunas fotos antiguas de la presentadora desnuda.
Vivir sintiéndose culpable o herido es uno de los mayores dramas de toda la humanidad. Es como vivir
con un peso atado al cuello que molesta todo el tiempo. Hay personas que están atormentadas y no
saben cómo librarse de esa situación. Lidiar bien con el perdón es una necesidad para los seres
humanos. ¡Pero es difícil! Parece que muchas heridas abiertas se resisten a la cicatrización.
Hay una salida para ese problema. Existen tres claves que encontré en la Biblia, que me ayudan a vivir
una vida libre de culpas y sin remordimiento.
1.a clave: Despójese de su rencor y perdone. En la oración del Padre nuestro (Mateo 6:9-13), Jesús dice
que yo seré perdonado de la misma manera en la que perdono (versículo 12). Por lo tanto, la norma de
vida es: perdone. No importa lo que le hayan hecho, perdone. Jesús mismo mostró el ejemplo cuando le
pidió al Padre que perdonara a los que lo estaban condenando y matando.
En Efesios 4:31-32, Pablo nos invita a dejar “toda amargura, enojo, ira...”. Ofrecer el perdón es el camino
bíblico aunque usted sea la parte ofendida; el consejo bíblico es ir hasta la parte ofensora y
reconciliarse. Esto no tiene sentido para nuestra naturaleza humana pecadora, ¡pero tiene sentido con
la óptica del Señor!
Todo ciclo de odio debe quebrarse con hechos de amor. Quien no soluciona el problema, lo agrava más.
Todos somos heridos y también herimos, a veces sin saberlo. Recuerde que usted jamás miró a los ojos
a una persona que no era importante para Dios. Y esto es válido hasta cuando se mira en el espejo.
Cuando entendemos esto en la práctica, comenzamos a tratar a las personas de manera diferente.
2.a clave: Libérese de la conciencia culpable. Dios no minimiza el pecado. Él perdona. Y muchas veces
permanecemos ligados al sentimiento de culpa de algo que sucedió en el pasado. ¿Cómo puedo
liberarme de esto?
Existen dos maneras de lidiar con la culpa: (1) Huir: este fue el modo al que recurrió Judas. Se martirizó;
una autocondenación: o (2) confesarle todo a Dios: este fue el modo utilizado por Pedro, pues le contó
todo a Dios. Después de haber negado a Jesús, se encontró con él y le confesó que lo amaba. Confesó su
arrepentimiento, buscó el perdón.
La conciencia culpable siempre se pone difusa y solamente encontrará alivio al confesarse. Confiese lo
que hizo mal en el pasado. Cuando vaya a Dios, confiese. Si fuera a alguien, busque a esa persona y
confiese.
3.a clave: Abandone el lamento y adore a Dios. el sufrimiento es un compañero inevitable. Todos
pasamos por pérdidas: al nacer perdemos el calor del útero materno, el cordón umbilical que nos
alimenta y entramos en una nueva travesía. Esa es la primera pérdida que pasamos, pero tarde o
temprano enfrentamos otras.
Entienda que no está mal lamentarse: “Bienaventurados los que lloran...” (Mateo 5:4). Lo que está mal
es lastimarse. Cuando algo nos lastima, nos aislamos (termino levantando un muro a mi alrededor) y, en
vez de construir puentes, pongo barreras.
En 2 Samuel 12, se narra un evento de David que en aquella época tenía demasiado tiempo y muy poca
disciplina. Betsabé se estaba bañando. Alguien le tocó la puerta y cambió por completo su futuro, y
también el futuro del rey. Ella quedó embarazada de David mientras su marido estaba en la guerra. El
rey mandó a sacar al marido de circulación para que esa situación no le complicara aún más la vida.
Urías muere y Betsabé se convierte en esposa del rey. El niño nace, se enferma y muere, incluso con el
ayuno del rey David.
¿Cómo trató David con esa culpa? En 2 Samuel 12:20, la Biblia nos dice que David, después de que el
niño murió, se levantó, se bañó, abandonó sus ropas de luto y entró al santuario para adorar a Dios.
¿Mi consejo para este fin de año? ¡Pare de lastimarse y adore a Dios! Abandone el rencor, adore a Dios.
La mejor terapia para un corazón roto es el diálogo sincero con Dios, las acciones positivas y la práctica
del evangelio.
“Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros...” (2 Crónicas 20:20).
EL PERDÓN
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre
celestial»; (S. Mateo 6:14 RVR60)
Mientras vivamos en este mundo siempre habrá personas que necesiten nuestro perdón. Un hijo
adolescente con conducta desordenada, ese compañero de trabajo o vecino que te irrita
constantemente, esa persona que te criticó sin motivo.
Por lo general perdonar es difícil, no es algo natural en el ser humano. Lo normal es que las raíces del
dolor, la amargura y el resentimiento son demasiado profundas y hacen que pensemos en una persona y
situación en momentos que no viene al caso y esto nos llene de amargura.
El acto de perdonar no es natural. El perdón viene antes de la confesión. No lo producen las palabras de
arrepentimiento y contritas del ofensor. Es una actitud antinatural que nace en el persona ofendida y es
lo que hace que, independientemente de la actitud del ofensor, tu sientas paz y olvides lo sucedido.
«Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonando os unos a otros, como Dios también
os perdonó a vosotros en Cristo». (Efesios 4:32 RVR60)
En este texto debemos centrarnos en la palabra «como» más que en «porque». Debemos perdonar
«como» Cristo nos perdonó, es decir con el mismo amor y humildad, no sólo «porque» el nos perdonó.
Sólo podrás perdonar definitivamente a quienes hayan ofendido cuando tu corazón este llenó del amor
de Jesús.
Hay un test muy interesante que podemos hacernos para saber si necesitamos perdonar a una persona:
. Allá en lo secreto de tu corazón, esperas que alguien reciba lo que merece.
. Encuentras imposible dar las gracias a Dios por tu ofensor?
. Hablas negativamente de esa persona a otros?
. Disfrutas pensando en vengarte, aunque no lo lleves a cabo?
. Frecuentemente te enojas, amargas o deprimes?
. Encuentras difícil ser abierto y confiar en las personas?
. Culpas a las personas por la clase de conducta que manifiestan?
. Que sientes cuando al que te ofendió le suceden cosas buenas?
. Dedicas tiempo a pensar en lo que esa persona te hizo?
«Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento;
perdónale.» (S. Lucas 17:3, 4 RVR60) El perdón es ilimitado y el mayor beneficiado es el ofendido que
perdona.
Perdonar a quienes no podías perdonar es señal de que eres ciudadano del reino de Cristo y que has
comenzado y de que has comenzado a vivir una vida nueva. Es una señal de que has sido limpiado por la
sangre de Jesús y de que eres guiado por el poder de Espíritu Santo.