Guía para Cuidar Suculentas Fácilmente
Guía para Cuidar Suculentas Fácilmente
Desde chiquito junto a las suculentas. Acá con tres años en el jardín de mi abuela junto a un Agave
americana variegata.
Prólogo
ace diez años que estoy enamorada de las suculentas. Vivo en California, Estados
S una estrella de mar por algún motivo se fragmenta y pierde uno de sus brazos tiene la
capacidad de regenerarlo. Y no solo eso, sino que el brazo perdido logrará generar una
nueva estrella. Lo mismo pasa con las escobas de Fantasía, el clásico de Disney, donde
una escoba dividida pronto serán dos escobas. Las suculentas parecen haberse inspirado en
las estrellas de mar, partiendo de una sola planta podemos en muy poco tiempo tener
decenas de clones.
Mi intención no es dictarles información sino que me acompañen en mis experimentos y
observaciones, para que juntos comprendamos este maravilloso mundo de las plantas
suculentas. Casi no dan lugar a verdades absolutas, así que no esperen muchos “siempre” y
“nunca” ya que son plantas a las que parece gustarles las excepciones a las reglas. Como
todo en la naturaleza, dejemos el asombro y la sorpresa a flor de piel y disfrutaremos así
muchísimo más la experiencia de tenerlas de invitadas a las que sin duda se convertirán en
las estrellas del hogar. Ellas literalmente transforman espacios y si somos lo suficientemente
perceptivos, nos modifican a nosotros también con sus enseñanzas. Crecen donde nada
crece, viven donde poco vive.
El mayor secreto de las suculentas se los voy a revelar ya mismo y es tan simple como que
hay que observarlas. Es tan cierto como falso que son fáciles de cuidar y ya veremos por qué.
Dicho esto, vayan sabiendo que no son mágicas y que no les voy a decir cada cuánto tienen
que regarlas (eso no sirve y también entenderán por qué) pero les aseguro que al terminar
de leer el libro van a tener la seguridad y confianza para saber ustedes mismos cuándo,
cuánto y cómo regar sus plantas para que estén espléndidas. Tampoco esperen un enfoque
muy tradicional porque no es mi estilo, lo que sí les aseguro es que si me siguen se van a
divertir aprendiendo a cuidarlas y multiplicarlas. Y que van a aprender a hacer muchos
objetos originales, dar rienda suelta a la creatividad y enamorarse, si es que aún no lo están,
de estas plantas tan particulares.
Estaré eternamente agradecido a todos los que hicieron que sea posible escribir este libro,
quiero que sepan antes de leerlo la profunda alegría que me produjo hacerlo. Espero que
ahora que es una realidad, puedan disfrutarlo y recorramos juntos este –a veces
extraterrestre– mundo suculento.
El aprendizaje no empieza ni termina con este libro, de hecho seguro los va a dejar con más
preguntas, pero si logra animarlos y les sirve para conectar con la naturaleza y acercarlos a
las suculentas, me doy por hecho. Todos podemos tener un espacio verde en nuestras casas,
vivamos donde vivamos y cómo vivamos. Pretendo darles una mano para conseguirlo.
Sepan mucho o nada sobre plantas, solo tienen que animarse.
Cactus añosos en su hábitat (Salar de Uyuni, Bolivia).
CAPÍTULO 1
También generan adicción y es algo muy curioso. Al meterse en el mundo de las suculentas,
rápidamente empiezan a ganar terreno en nuestro hogar. Empezamos con dos o tres y al
tiempo ya tenemos miles. Y queremos más, seguimos comprando. Se mueren, se recuperan,
las multiplicamos, compramos nuevas… Para mí no son figuritas de un álbum, aunque me
encanta tener nuevas y seguir descubriendo infinitas variedades, siento que aprendí que la
clave está en buscar un equilibrio. No intento tenerlas todas, he tenido más de lo que pude
cuidar y no es bueno ni para las plantas ni para mí. Calidad sobre cantidad y todos felices.
Sempervivum bajo la nieve, perfectamente adaptado al clima de San Martín de los Andes, Argentina.
CAPÍTULO 2
Míticas suculentas
Las suculentas son tan maravillosas como polémicas. Despiertan pasiones y tanta pasión
también genera controversia. En internet se puede encontrar muchísima información y
también mucha desinformación. Elegí algunos ejemplos que tal vez les sorprendan, pero que
tengo ganas de aclarar.
Es lo primero que quiero desterrar. Basta de fotos de suculentas divinas, compactas, sanas y
coloridas en interiores donde claramente no van a vivir bien. No es raro ver en redes
sociales este tipo de fotos sobre la mesita de luz, en un baño, sobre una biblioteca, etc. No se
dejen engañar, muchas de estas imágenes no son más que fotos tomadas para vender o
ambientar un espacio con fines publicitarios o quién sabe para qué. Que no está mal
tampoco, son divinas para decorar. Lo que está mal es si les hacen creer que allí van a poder
vivir bien, porque eso solo les traerá frustración cuando lo intenten.
Salvo algunas excepciones de variedades que se adaptan mejor al interior, y por supuesto
teniendo en cuenta el clima donde habiten, las suculentas viven mejor en exterior (veremos
esto en detalle en el capítulo de cultivo, donde también les sugeriré formas de tenerlas en
interior si no existen las condiciones ideales).
Sempervivum seco en cápsula de café.
CASI NO SE RIEGAN,
NECESITAN POCA AGUA
Seguramente hayan escuchado que los cactus traen mala suerte. ¡No creo para nada en esto!
Según pude averiguar, esta mala reputación viene del Feng Shui, que ubica a los cactus en el
grupo de plantas negativas (por sus espinas). Dicen que las puntas y espinas representan
flechas… También van a escuchar que no ubiquen cactus en una cocina porque entonces la
comida tendrá sabor amargo. No soy quién para pedirles que no lleven el apunte a nada de
esto, pero lo haré. Ubiquen sus plantas donde más les guste –siempre que el lugar tenga las
condiciones apropiadas, claro– y que el objetivo sea disfrutarlas. Si no descuidan la comida,
no tendrá sabor amargo; si no se tropiezan sobre un cactus, no les traerá mala suerte.
También se dice que absorben las ondas electromagnéticas y que deberíamos ubicarlos
junto a una computadora, por ejemplo. Hasta donde yo sé y pude investigar, no hay ningún
estudio científico serio que fundamente esto. De nuevo, ubíquenlos junto a una
computadora si eso les trae alegría (Marie Kondo aprueba este párrafo) y el espacio es el
correcto para la planta, no me cansaré de decirlo.
REPOSAN EN INVIERNO
No es del todo falso, pero no es tan así. Primero porque si bien en su hábitat sí lo hacen, en
nuestras manos somos nosotros los que elegimos respetar o no estos períodos. Es una
decisión que tenemos que tomar.
Yo sigo regando cactus y suculentas en invierno, con mucho menos frecuencia, pero no
porque estén descansando sino porque con las lluvias que caen considero suficiente riego.
Solo intercalo algún riego más esporádico si lo creo necesario (por ejemplo, si no llueve
durante varias semanas y se presenta un día cálido). El punto que hay que tener en cuenta es
que hay plantas que crecen o están más activas en invierno y otras que lo hacen en verano.
Entonces hay quien prefiere multiplicar un Kalanchoe cuando está en su época más activa,
porque se supone más rápido todo el proceso, pero no es imposible ni “prohibido” hacerlo
en otro momento.
SUCULENTAS COMESTIBLES
¿Sabían que se pueden comer las hojas de Graptopetalum paraguayense? Se suelen ver en
los mercados mexicanos y asiáticos bolsas de hojas refrigeradas (para evitar que sigan
brotando y echando raíces). Se comen crudas y son muy usadas en ensaladas en Japón y
otros lugares de Asia. Son crujientes y algo agrias, yo me animé a probar la ensalada de la
foto y no aporta demasiado sabor, aunque sí textura y frescura.
Las hojas de Aloe (vera o saponaria) tienen en su interior una sustancia gelatinosa, firme,
transparente y casi sin sabor. Pueden pelarlas con cuidado de no pincharse y descartar todo
lo verde, solo se usa el gel. Lo probé en smoothies pero sé que lo usan en ensaladas,
salteados, salsas, jugos. Como les decía antes, no altera el sabor porque es insípida y
podemos aprovechar sus múltiples propiedades. Algunos chefs mexicanos utilizan la flor,
también comestible, en sus platos gourmet.
Otra parte comestible de algunas suculentas son sus frutos. La pitaya, también llamada fruta
del dragón, es el fruto de los cactus Selenicereus o Hylocereus. Algunos son de color
fucsia/rojo y otros amarillentos. La pulpa es firme y dulce, y puede ser blanca o rosa, con
muchas semillas. Hace algunos años se está produciendo en la Argentina, en la provincia de
Formosa. Otro fruto de cactus, mucho más conocido aquí, es el comúnmente llamado tuna o
“higo de tuna”. Es el fruto de una variedad de Opuntia llamada ficus-indica. ¡Tengan cuidado
al pelarlo porque tiene muchas espinas superfinas, parece una pelusa y pincha muchísimo!
Pueden hacerlo bajo la canilla raspando las espinas con un cuchillito filoso, el agua las
arrastrará. Vale la pena, fresco y maduro es muy sabroso y refrescante. De este fruto también
se hace arrope de tuna, un delicioso dulce.
Los hayan probado o no, seguro la mayoría de ustedes oyó sobre estos frutos. Lo que no es
tan conocido en nuestras latitudes es que las hojas de esta Opuntia también se comen. En
México sobre todo, donde se las conoce como nopales, se cortan y pelan las paletas y se les
da los más diversos usos: jugos, a la parrilla, estofadas, fritas, hervidas, en ensaladas y más.
Tienen muchísimas propiedades benéficas. En el noroeste argentino también se consumen
en salteados y mermeladas.
Arthur Lee Jacobson, un curioso jardinero de Seattle, Estados Unidos, escribió varios libros
sobre el tema y afirma que probó y son comestibles muchas variedades de Sedums,
incluyendo S. sieboldii, ‘Autumn Joy’, S. praealtum, S. rubrotinctum, rupestre y muchas más.
Como verán luego en algunas fotos, yo ya las incorporé a mi vestuario, lo único que me falta
es comerme mis suculentas... Por ahora paso, pero es muy interesante si realmente son
alimento, sobre todo por la facilidad de reproducirlas y la posibilidad de cultivarlas donde
no crece otra cosa.
También leí que las hojas más nuevas de los Sempervivums son comestibles. Portulacaria
afra es oriunda de las regiones semiáridas de Sudáfrica y Kenya, y es otra para la lista. Otra
suculenta comestible tal vez no de la manera tradicional es el Agave tequilana, también
llamado Agave azul. Con él se prepara el famoso tequila (el nombre lo delata) y un néctar de
consistencia similar a la miel, muy utilizado como endulzante natural. Este jarabe puede
extraerse también de otras variedades como Agave americana y Agave salmiana.
Advertencia: claro que nunca está de más que consulten con su médico si tienen ganas de
incluir las suculentas en su dieta o si solo quieren probarlas. No quiero que nadie se
indigeste –o se coma una espina– por mi culpa. Tampoco quiero que les coman los jardines a
sus vecinos.
Ensalada mixta de suculentas.
ALGUNAS NO FLORECEN
La realidad es que todas las suculentas florecen en algún momento. Algunas lo hacen
muchas veces a lo largo de su vida, otras se preparan toda la vida para hacerlo y luego de
una floración espectacular e imponente mueren. Estas últimas son llamadas monocárpicas
como por ejemplo Agaves, Sempervivums, Orostachys, Aeoniums y algunos Kalanchoes
(luciae por ejemplo). No se preocupen si les pasa esto, disfruten su floración que suele ser
espectacular y estén advertidos de que antes de morir van a dejar muchos hijos en su base,
pues está en su naturaleza sobrevivir.
Aeonium haworthii florecido. Vean cómo las flores nacen del centro de lo que antes era la roseta, ahora
transformándose lentamente en la flor.
Orostachys ‘Keiko’ comenzando a florecer.
Otro aspecto curioso de algunas flores es su particular aroma. La mayoría no tiene ningún
perfume aparente, pero hay casos como las Stapelias, Orbeas y algunas Crassulas por
ejemplo que tienen aroma desagradable. Lo que sucede es que a través de esta fragancia a
pie sucio, basura, carne podrida (sí, un asco todo) atraen a las moscas. Ellas se toman el gran
trabajo de polinizarlas así que si nos gustan estas plantas, debemos aprender a convivir con
sus olores.
Personalmente considero que, salvo algunas excepciones, la planta es mucho más
interesante que la floración. Es más, las plantas en sí mismas parecen flores. En mi paso por
el programa de Susana Giménez, al recibir su cuadro de suculentas ella preguntó: “¿Cómo se
llaman estas flores?”. Y varios meses después, casi aprendida la lección, le regalé un cuerno
de la abundancia repleto de suculentas y dijo “son las flores suculentas”. Solo a ella se lo
perdono, ustedes a llamar las cosas por su nombre. Así que ya saben, si quieren que
florezcan sus suculentas tienen que darles buena exposición solar, sustrato ideal y buen
riego. O pueden hacer como Susana y directamente pensarlas como flores, ¡asunto resuelto!
CAPÍTULO 3
Entenderlas
para cultivarlas
HERRAMIENTAS
• PALILLO: los de sushi son fáciles de conseguir y económicos pero pueden usar cualquier
palito de madera, birome vieja, aguja de tejer, lo que encuentren y sirva es válido.
• PINZAS: me resultan muy cómodas las pinzas de disección que se utilizan en medicina.
Son de acero inoxidable, compren unas buenas y los acompañarán para siempre. Hay de
muchas medidas y diferentes puntas, busquen la que mejor se adapte a ustedes. Otras
pinzas útiles, sobre todo para manipular cactus sin pincharse, son las de cocina tipo
“manitos”. También vienen en varios tamaños y las que son de silicona resultan ideales.
• CUCHARITA: podría ser asimismo una pequeña palita miniatura (no les digo que
desarmen el juego de playa de los niños, pero si ya no lo usan…). Es útil para llenar macetas
pequeñas y completar con piedritas.
• TIJERA: más allá de las clásicas de podar, de las cuales hay muchas versiones, hay
tijeritas de costura y bordado que por su pequeño tamaño resultan superprácticas y
versátiles para trabajar con suculentas. Se consiguen en mercerías y son muy económicas.
• PINCEL: siempre está bueno tener varios diferentes. Con uno pequeño podremos quitar
algún bicho de las rosetas, con uno intermedio limpiar sustrato o piedritas que puedan caer
sobre las plantas al trasplantarlas. También es posible usar el extremo opuesto a las cerdas
como un palillo.
• CUCHILLO: pequeño y bien afilado resultará muy práctico. Eviten los aserrados porque
van a lastimar los tallos al cortar. Puede ser un cuchillo común de cocina, por supuesto, pero
en mi experiencia uno pequeño con filo recto es lo más versátil. También uso bisturí.
• PICO PARA REGAR: hay muchos modelos y marcas, con diferentes opciones de riego,
algunos más completos que otros, la mayoría tienen opción de pulverizar, lluvia, chorro
fuerte, etc.
• GUANTES: yo no uso guantes para jardinería casi nunca. Si les sirve el dato, los
elastizados recubiertos de PVC son muy cómodos, geniales por su resistencia (ojo, no son
anticortes o antipinches, pero funcionan muy bien y en algunos casos sí frenan espinas).
Tip: si van a manipular un cactus con espinas muy gruesas, pueden probar envolviendo los
dedos de los guantes con cinta pato o duct tape. También esta cinta les servirá para sacar
esas espinillas miniatura que parecen pelitos, con paciencia usen pequeños tramos y
quedarán adheridas.
Sustratos
l sustrato es el medio en el cual viven las plantas. Antes de saber nada sobre suculentas
E para mí eso significaba tierra, ahora que tengo más información cambia la historia y su
importancia. Las suculentas viven bien en sustratos con buen drenaje, esa es la clave.
Hay tantas recetas para prepararlos como cultivadores, y la mayoría son válidas. “Cada
maestro con su librito”, ¿no? Mi consejo es que experimenten, prueben con lo que consiguen
y no se vuelvan locos por seguir una fórmula al pie de la letra. Esto solo funciona si queda
claro, de nuevo, que el sustrato debe drenar fácilmente. Habrá quien diga que tiene
suculentas viviendo en tierra común, y claro que esto es posible, pero no es lo ideal.
También están quienes dicen que no se debe usar perlita porque retiene mucha agua, pero
como ya verán bien usada tiene sus beneficios. Lo mismo pasa con la arena gruesa, tiene
gente a favor y en contra. Hay quien agrega a la mezcla compost. Lo importante, una vez
más, es que drene bien. Si al regar el agua se escurre automáticamente, perfecto, si en
cambio se forma una “pileta” en la superficie de la maceta o demora mucho en desaparecer,
algo va mal.
Mi sustrato de suculentas: 65% tierra, 15% perlita, 15% vermiculita, 5% arena gruesa.
Les comparto el sustrato que a mí mejor me resulta y con el que me quedé después de
muchas pruebas: 65% tierra negra común, 15% perlita, 15% vermiculita, 5% arena gruesa y un
puñado de carbón vegetal molido (el que sobra de la parrilla, salamandra u hogar funciona
perfecto). Los porcentajes son aproximados, dejé de medirlo con vasitos hace rato. A ojo está
bien, siempre y cuando nuestro objetivo sea mejorar la tierra común y aportarle aireación y
drenaje, haciéndola más suelta.
Sin entrar en aburridos detalles técnicos sobre cada componente, les cuento algo de cada
uno para que entiendan su utilidad y puedan combinarlos como quieran.
• CARBÓN: se dice que actúa como antihongos, yo lo uso siempre y no suelo tener grandes
problemas. También hay quien lo reemplaza –total o parcialmente– por las piedras en el
fondo de las macetas.
Carbón
• ARENA GRUESA: la pueden encontrar también como arena de río o arena oriental y
suele usarse en mayor proporción cuando solo se trata de cactus –yo uso el mismo sustrato
para todas mis suculentas–. Pueden conseguirla en viveros, acuarios o algún corralón de
materiales. Nunca usen arena de construcción, es demasiado fina y suele estar muy sucia.
Arena gruesa
• PERLITA Y VERMICULITA: las agrupo porque ambas son muy parecidas en cuanto a
que aportan volumen y aireación al sustrato y por supuesto buen drenaje. Ambas son inertes
y muy livianas. Pero no solo eso, también retienen mucha humedad y la liberan
progresivamente, sin encharcar. La vermiculita retiene más que la perlita. Un sustrato con
estos componentes –que se complementan muy bien– seguramente tenga que ser regado
con menor frecuencia que uno sin ellos.
Perlita y vermiculita
Piedra pómez
Fibra de coco
• OTROS: experimenté con turba y compost, pero ambos aportaban demasiada humedad
para mis condiciones de cultivo. Yo los descarté pero siéntanse libres de probar, todo es
cuestión de experimentar mezclas y proporciones. También es posible usar musgo
sphagnum como único sustrato, como verán en el capítulo “Arte con suculentas”. El musgo
sphagnum retiene mucha humedad, pero siempre está aireado por lo tanto las raíces
respiran con facilidad. Y claro que si ninguna de estas posibilidades les gusta o simplemente
no tienen ganas de preparar, siempre pueden comprar un sustrato ya preparado en el vivero,
idealmente de buena marca (yo uso el de Terrafértil, lo consiguen como sustrato específico
para cactus y suculentas).
Echeveria enraizando en una rosca de musgo sphagnum cubierta por musgo verde.
Dos ejemplos de cada variedad en diferentes ubicaciones (los de la izquierda más a la sombra y los de la
derecha más al sol).
Ubicación
n cada rincón de nuestros hogares tendremos un microclima diferente. Esto es
Suculentas etioladas. Observen la distancia entre hoja y hoja, y los tallos afinados.
Entonces, ¿qué hago si no tengo un interior luminoso? Antes que nada, la prioridad debería
ser que la planta viva bien y contenta. Entonces si no tenemos un interior lo suficientemente
luminoso para suculentas, que vivan afuera. La solución en ese caso sería entrar una planta
como “decoración” como máximo por diez días. Durante ese tiempo se mantendrá linda y no
sufrirá, y al cabo de aproximadamente una semana ya empezará a mostrar señales de no
estar en su mejor lugar. Puede que muestre un cambio de color en el crecimiento nuevo, el
centro de la planta se verá más claro. De a poco comenzará lentamente a etiolarse. Antes
que todo eso suceda, o al primer indicio, la volveremos al exterior para que siga viviendo
plenamente (deben regresarla paulatinamente a su situación anterior de sol, vean más
adelante el apartado de adaptaciones). Y si queremos será momento de entrar otra por unos
días. La rotación es importante para no molestarlas todo el tiempo entrándolas y sacándolas,
lo cual hace que puedan morir fácilmente.
Incluso en exterior la luz no es siempre óptima o pareja. No es mala idea girar las macetas
regularmente, de esta forma recibirán luz pareja en todos sus lados. Verán que si no lo hacen
las suculentas tienden a inclinarse hacia un costado, siguiendo el sol. Con buenas
condiciones de luz no se estiran como a la sombra, pero sí se mueven. Siempre están en
movimiento, solo que en una escala temporal diferente a la nuestra. Lógico que no les puedo
decir cada cuánto girar y cuánto, pero les puedo sugerir que cada vez que lo hacen pueden
girarla un cuarto de giro así no pierden de vista el centro de la planta, que suele ser lo más
atractivo. Si la dan vuelta por completo, quedará a la vista “la parte de atrás” hasta que la
planta se reoriente a la nueva ubicación del sol.
Si bien les contaba que hay suculentas casi para todos los climas, debemos prestar atención
al nuestro y tener algunas precauciones. Sobre todo en invierno con heladas y/o nevadas.
Son muy pocas las que resisten este clima frío extremo, tal vez los Sempervivums sean los
más fáciles de entender porque vienen de los Alpes suizos y pasan parte de su vida bajo una
capa de nieve. Algunos pequeños Sedums toleran también temperaturas bajo cero. Pero
claro, son excepciones. Lo ideal es cuidarlas de las heladas y de la combinación frío-
humedad. Hay telas antiheladas específicas para esto, pero pueden usar su creatividad y
armarse toldos, techos o lo que puedan. Si deciden mover sus plantas al interior durante el
invierno, busquen el lugar más luminoso y tengan en cuenta que no queden cerca de una
fuente de calor.
S que brillantemente responda y de una vez por todas cumplir la frecuencia a rajatabla.
Lamento decepcionarlos pero no existe ese mágico número. Si bien en este libro
estamos agrupando y hablando generalidades sobre las diferentes familias de
suculentas, sabiendo que cada una tiene sus cuidados y características específicas, acá es
donde tenemos que sí o sí parar y prestar atención a varios factores.
Primero: dónde (lugar y tamaño del contenedor). No podemos comparar un cactus adulto en
un macetón enorme viviendo en un patio de una estancia en San Juan con una suculenta
recién comprada en un vivero, en maceta pequeña, adaptándose a un interior de dudosa
luminosidad en plena Ciudad de Buenos Aires. El cactus tendrá reservas suficientes para
sobrevivir por mucho más tiempo sin ser regado, debido a su edad principalmente, ya que
habrá conseguido con los años poderosas raíces. La suculenta recién llegada tendrá que
adaptarse a ese interior donde seguro tiene poco y nada de sol, lo cual hará que su desarrollo
sea diferente, más lento y tal vez no tan saludable.
Segundo: el sustrato. Como ya vimos, hay muchos sustratos posibles y cada maestro con su
receta, siempre y cuando drene bien. Un sustrato que retenga mucha agua será un sustrato
que habrá que regar menos veces. Por el contrario, un sustrato más arenoso será un sustrato
que seque antes y probablemente necesite ser regado con mayor frecuencia.
Tercero: la cantidad de agua. También este punto está relacionado con el sustrato porque un
sustrato como el que yo les recomiendo tiene mucha retención de agua, por lo que no
necesita ser regado tan seguido. Lo que es fundamental es que cuando riegan, rieguen
abundante. Siempre va a ser mejor un riego profundo y espaciado que un riego más
frecuente y escaso. “Estas plantas no necesitan agua, les hago una pasadita con la regadera y
ya está…”. ¿Necesito decirles qué pienso sobre eso? Por las dudas que no haya dejado claro
mi punto antes, no es aconsejable la “pasadita con la manguera y ya está”. Y vuelvo al gato,
no le damos un poquito de comida cada tanto porque “total sobrevive”.
Suculenta deshidratada.
Cuando el calor intenso del verano empieza a bajar, suelo sumergir las macetas en un balde
para que tomen un buen baño y les aseguro que después de esa inmersión se ponen más
lindas aún. También es buena idea sumergir si uno se va a tomar un período largo de
vacaciones, para que resistan mejor nuestra ausencia. O al revés, si no lo hicimos antes, al
volver para recuperarlas de nuestro viaje.
Cuarto: la época del año. Puede parecer obvio pero no lo es, la frecuencia de riego en pleno
verano no es la misma que en pleno invierno, ni en las estaciones intermedias. En invierno
generalmente se reducen los riegos, por un lado para evitar podredumbres por la
combinación frío-humedad, y por otro porque suele tardar mucho más en secarse el sustrato.
En verano la lógica dice que se debe regar mucho, y si bien esto no es incorrecto, hay que
tener cuidado con esos días de extremo calor y humedad, un riego en esas condiciones
puede ser fatal. El agua en el sustrato caliente hará una suerte de caldo que puede matar a
las suculentas. En este caso es mejor regar a la tardecita o a la noche cuando haya bajado su
temperatura.
Quinto: cómo. Cada uno elegirá lo que mejor se adapte a su lugar. A mí lo que más me sirve
es un pico regador de diferentes salidas conectado a la manguera. Uso la lluvia para la
mayoría de las macetas, la niebla para los helechos y orquídeas, y el chorro más fuerte para
llegar a las macetas más altas que de otra forma me sería incómodo. Todas las opciones son
válidas: regaderas varias, botellas, vasitos, jarritas, riego automático por goteo y demás.
Todo depende si están en un balcón, un jardín, un interior, etc., y cuántas plantas tengan que
regar. La idea es que les resulte práctico y placentero. Es válido y recomendable juntar y
regar con agua de lluvia para el que lo quiera hacer. También pueden reutilizar el agua que
juntan del aire acondicionado, hay quien no lo recomienda pero lo cierto es que las
suculentas la reciben muy bien.
Por último: cuándo. Van a escuchar quien dice que es mejor regar a primeras horas de la
mañana, a la tardecita, hasta durante la noche. Lo que tienen que evitar sí o sí, como les
decía antes y sobre todo en los meses de verano, es regar al mediodía o en las horas previas.
En mi experiencia lo que más me resulta es empezar a regar a primeras horas de la tarde, en
el sector de mi taller donde las plantas ya no reciben sol directo. Y digo empezar porque
regar todo bien como corresponde me lleva horas. Cuando empiezo hay sectores que aún
tienen sol directo, esos serán los últimos que riegue. En el medio voy haciendo otras tareas y
cuando pasó la tarde ya tengo todas las plantas regadas. Ahora bien, si tienen ganas, menos
plantas que yo y suelen despertarse temprano, durante el verano es mejor regar bien
temprano (al alba o casi) para que las plantas soporten el intenso calor frescas. Recuerden
tener cuidado con el exceso de agua en las hojas.
¿Cómo saber cuándo el sustrato está seco? Con el tiempo y observando las plantas les
aseguro que lo van a saber automáticamente. Pero si todavía no están en ese punto, pueden
tocar con el dedo y sentir si está seco o no. A veces el sustrato está seco en los primeros
centímetros, pero húmedo en la base. Para estar seguros lo ideal es clavar un palillo de
madera como hacemos con las tortas. Si el palillo sale seco, rieguen; si sale húmedo, mejor
esperar un día más. Pueden repetir la prueba pero traten de tener cuidado con las raíces y no
transformar la maceta en un colador.
El riego es tal vez uno de los momentos de conexión más importantes con nuestras
suculentas. Es el momento en el que estamos “obligados” a pasar una por una y mirarlas,
admirarlas, evaluarlas, descubrir algún que otro destrozo o alguna plaga, agradecer por su
belleza y por qué no, encontrarnos con sorpresas como hijos nuevos, flores, etc.
Adaptaciones y estrés
as suculentas fueron evolucionando durante los años, transformándose no solo para
Si nos regalan un gajo recién cortado y una hoja recién sacada de la planta sucede algo muy
curioso en su adaptación al nuevo lugar. El gajo se tomará su tiempo en sentirse cómodo y
echar raíces. Pero también deberá tomarse su tiempo para adaptarse a las condiciones de su
nuevo hogar: luz, aire, agua, sustrato. Seguramente no sean las mismas condiciones de
donde vivía antes. Las hojas también se tomarán su tiempo en echar raíces, sin embargo
cuando brote la planta nueva, miniatura, ya habrá nacido adaptada a las condiciones
particulares del nuevo hogar, sean favorables o no. Esto hará que el proceso se acelere con
respecto al gajo.
Más adelante hablaremos de multiplicación y cuando llegue el momento prueben esto que
les cuento con algún Graptopetalum o Graptoveria, funciona perfecto. Corten un gajito y
saquen una hoja, pónganlos juntos en la misma maceta y comparen a los tres o cuatro
meses: seguramente la planta nacida a partir de la hoja esté más grande que el gajo.
Sedum pachyphyllum mostrando sus colores en invierno.
¿Por qué a veces vemos una planta con colores vibrantes y bien definidos, y otras veces
vemos la misma planta con colores más lavados? La clave está en estresarlas. Sí, leyeron
bien. Normalmente asociamos el estrés con algo malo, pero en este caso no necesariamente
es cierto. No se preocupen que a mí también me pareció raro al principio este concepto, pero
en las suculentas es diferente. En nosotros el estrés no siempre es malo, es la manera que
tiene el cuerpo de protegerse frente a situaciones desfavorables. En las suculentas sucede
algo parecido, un poco de estrés y se mostrarán más hermosas que nunca. Cambiar de color
es su manera de protegerse. Otras plantas morirían por falta de agua o exceso de sol, en
cambio las suculentas se ponen aún más lindas. Un sustrato inorgánico y temperaturas frías
también son factores estresantes.
Juguetes con Crassula ‘Gollum’ viviendo a la sombra (izquierda) y al sol (derecha).
Kalanchoes viviendo sin sustrato en una grieta.
La falta de espacio es otro factor que las estresa. Como pueden ver en la foto, estos
Kalanchoes están viviendo en esa grieta entre la pared y la madera, hace por lo menos
cuatro años y están cada vez más lindos. Enanos porque están limitados, supercoloridos
porque están a pleno sol. Claro que no hay que abusar de esto, y hay que entender cómo
funciona antes de aventurarse a estresarlas.
Algunas suculentas son siempre verdes/grises, por más que las estresemos no cambiarán de
color (Graptopetalum paraguayense) aunque sí se mostrarán facetadas o veteadas en
algunos casos. Sin entrar demasiado en terreno científico, al igual que muchas otras plantas
las suculentas tienen pigmentos como la clorofila (de color verde) y las antocianinas (se ve
con tonos más rojizos/rosas). A la sombra la clorofila será mayor para poder captar la mayor
cantidad de luz solar. En cambio la exposición prolongada al sol hará que el nivel de las
otras sustancias suba y actúen como un protector solar. También es importante saber que en
bajas temperaturas estas sustancias se mantienen más estables, por eso cuando llega el
otoño/invierno empezamos a ver los colores más impresionantes que nunca. Sol durante el
día y frío durante la noche, combinación fabulosa para que se muestren en todo su
esplendor.
Esta suculenta tiende a los tonos más verdes grisáceos durante todo el año, excepto, como en la foto,
durante el invierno cuando se tiñe de lilas, rosas y violetas.
Podemos intentar imitar las condiciones de riego que tendrían en su hábitat desértico al
dejar secar completamente entre riego y riego; y al regar, hacerlo en profundidad. Las
suculentas de estos climas desérticos están preparadas para soportar largos períodos de
sequía, y retener muchísima agua en sus raíces, hojas y tallos cuando eventualmente sí
llueve. Si regamos a una suculenta igual que a otra planta, estará feliz sí, pero seguramente
se mantenga siempre en los tonos verdes (lo mismo pasa cuando llueve durante mucho
tiempo).
CAPÍTULO 4
Multiplicación
esde un solo Kalanchoe que es capaz de largar en los bordes de sus hojas miles de
D hijos por sí solo, hasta una Echeveria agavoides que nos testea al límite nuestra
paciencia demorándose en sacar hijos, las suculentas tienen muchas formas de
multiplicarse, tan llamativas como diversas.
Algunas son muy fáciles y casi que se propagan solas, otras requieren más dedicación y
sobre todo, paciencia. Anímense con alguna, no se van a arrepentir. Y si fallan ¡vuelvan a
intentar hasta lograrlo! En este capítulo vamos a llamar “planta madre” a aquella de la cual
sacamos hijos, hojas, etc.
Hoja
s la forma más divertida y curiosa de multiplicar suculentas. Si bien no todas las
E variedades de suculentas se reproducen por hoja, este método funciona con la mayoría.
¿Cómo saber cuál sí y cuál no? No existe una regla. Les voy a dejar una lista (página 51)
con las principales familias que se prestan para esto, sin embargo hay excepciones que
no brotan y excepciones que sí.
La parte de la hoja que está pegada al tallo debe desprenderse sin lastimarse, es de allí de
donde saldrán los nuevos brotes. Si este tejido se lastima, difícilmente la hoja prospere.
Puede que no se pudra, pero tampoco largará hijos. Para desprenderla pueden girar
suavemente la hoja para un lado y para el otro, mientras tiran de ella. Si la hoja sale entera y
se daña el tallo, es decir que queda un poquito de tallo “pegado” en la hoja, no se preocupen.
El tallo se recuperará, la hoja prosperará y a la vez estamos seguros de que ese tejido
importante que les nombraba antes quedó en la hoja y no en el tallo.
Hay algunas excepciones como las hojas del Kalanchoe tomentosa, que podemos partir una
en varias partes y de cada una de ellas brotará una nueva planta. Cuando me enteré de esta
particularidad fui a mi planta, tomé una hoja y la corté en nueve pedazos, quería probar
hasta qué punto llegaba la magia de la multiplicación. Por supuesto que solo brotaron uno o
dos, no hagan como yo y no abusen de la generosidad de los Kalanchoes (otros con los que
sucede el mismo fenómeno: Kalanchoe beharensis, K. beharensis ‘Fang’, K. orgyalis). Lo que
sí pueden hacer es tomar una hoja grande y fuerte y cortarla en dos –o tres, no nueve–. La
hoja que tiene la parte que estaba pegada al tallo brotará de allí; la otra, del lugar donde
cortaron. Experimenten y me cuentan.
Les recomiendo que si alguien les dice “te regalo una hojita” sean atrevidos y pidan por lo
menos tres o cuatro (o diez) así tienen un respaldo si alguna falla. También es importante
que elijan las hojas más gorditas y lindas; las de más abajo son las de más fácil acceso, pero
también son las próximas a secarse y caerse, por lo tanto no siempre son una buena opción.
Tampoco las más cercanas al centro de la roseta porque, si bien funcionarán perfectamente,
arruinaríamos visualmente la planta madre.
Bandejas de fotografía llenas de suculentas hechas por hoja, nueve meses después de plantadas.
El paso siguiente, y uno de los fundamentales, es dejarlas cicatrizar, esto quiere decir que en
la parte que se lastimó al desprenderse de la planta madre tendrá que formarse una especie
de callo o dureza. Para ello deberán apoyarlas sobre un papel absorbente, hoja de diario o
simplemente en un plato, a la sombra, durante dos o tres días hasta que vean que se forma
una “cascarita”. A veces con un día es suficiente, cuanto más pequeña la hoja antes
cicatrizará. Es lo mismo que nos pasa cuando nos lastimamos un dedo, se forma un “sello”
para prevenir que nos infectemos la herida. Acá es igual, la cicatrización evitará que la hoja
absorba humedad y se pudra, también formará una barrera por la cual no podrán entrar
hongos y bacterias.
Una vez que tienen sus hojas cicatrizadas llega el momento de plantarlas. Más que
plantarlas lo único que tenemos que hacer es acomodarlas en el contenedor que elijamos.
Traten de maximizar el espacio, pueden ponerlas bien pegadas una de otra. Para eso tienen
varias opciones: una bandeja de entre 5 a 10 cm de profundidad aproximadamente, plugs de
cultivo con celdas individuales o simplemente una maceta (o lo que quieran, realmente). Yo
uso bandejas de revelado de fotografía, y alguna que otra reciclada. La preparan igual que
harían una maceta, es decir con agujeros en el fondo, piedras para drenar y sustrato seco. Es
importante que esté seco, en este punto las hojas no tienen raíces, por lo tanto no tendrán
cómo absorber la humedad si el sustrato está muy húmedo (sí pueden humedecerlo apenas,
pero no lo rieguen aún). Los plugs son una buena opción, sobre todo porque cuando las
plantas crecen cada una tendrá su sistema de raíces individual. Tiene una contra que es que
al no comunicarse entre ellas tampoco podrán beneficiarse entre sí. En una bandeja, por
ejemplo, las primeras que echan raíces pueden absorber la humedad extra de las que todavía
no echaron raíces y así evitar que se pudran. En las bandejas y/o en las macetas se genera
una comunidad de plantas bebés que se ayudan entre sí, sin embargo al momento de
desarmar la bandeja y trasplantar, es probable que las raíces estén mezcladas y
enmarañadas. Algo similar pasa cuando ponemos hojitas en las bases de macetas que ya
tengan suculentas adultas (aprovechamos esos espacios vacíos a la vez que la planta adulta
absorbe el exceso de humedad). Cada uno elegirá lo que mejor le resulte, en mi caso para
multiplicar solo hojas prefiero bandejas.
Acomoden las hojas en la misma posición que estaban en la planta, me refiero a que la cara
que apuntaba hacia arriba lo siga haciendo. Traten de no darlas vuelta, muchas saldrán igual
–aunque confundidas–, pero otras no lo harán. También es importante que no las entierren,
no es necesario. Si les da impresión (lo oí muchas veces) entonces pueden seguir dejando la
hoja acostada pero enterrar apenas 1 cm de la punta donde saldrá la planta (recuerden que
saldrá por donde estaba la hoja unida al tallo). Los dos ejemplos superiores de la foto los
probé pero no los recomiendo, los dos ejemplos inferiores son los correctos.
Hasta que no aparezcan raíces, nada de agua. Nada. No es necesario, sin raíces la planta no
tiene cómo tomar agua. Cuando empiezan a aparecer las primeras raíces pueden pulverizar,
pero apenas. Piénsenlo de esta forma: la hoja tiene toda la información y alimento para
generar la planta nueva por sí sola, no necesita de nosotros. Podemos ayudarla, sí, pero no
entrometernos. Dejémoslas que solas hagan su trabajo. A medida que las raíces van
creciendo y llegando al sustrato, podemos ir aumentando el riego (en cantidad y en
frecuencia). ¿Cada cuánto regar las hojitas? No les voy a decir porque, como ya les expliqué
con el riego en general, depende de muchos factores. Pero sí les cuento cuál es el objetivo de
esta etapa para que prosperen: tendríamos que lograr una humedad baja pero constante. A
diferencia de una planta adulta que podemos esperar que se seque bien entre un riego y
otro, si hacemos esto con las hojitas sus pequeñas raíces se secarán. Eventualmente y con
suerte volverán a salir nuevas raicitas, pero retrasamos todo el proceso.
Cuando las raíces lleguen al sustrato y empecemos los riegos, la plantita bebé podrá recién
ahí tomar el agua que le ofrecemos nosotros. Lo repito porque es importante, no se pasen
con la cantidad de agua en estos primeros momentos porque las hojas se pueden pudrir
fácilmente.
Durante el proceso de crecimiento de la plantita nueva hay hojas que se van secando, otras
pudriendo, otras se mantienen iguales. Algunas dan una sola planta por hoja y otras nos
regalan múltiples brotes (mi récord al momento de escribir este libro fueron once plantitas
de una misma hoja).
Brotes nuevos de Graptopetalum paraguayense creciendo en la base de su planta madre.
Sean pacientes, hay variedades rápidas que largan hijos a las dos o tres semanas, hay otras
que se toman tres o cuatro meses (o más). No desesperen. Tampoco levanten las hojas todos
los días para ver si ya salieron raíces. Lo ideal es un equilibro entre dejarlas desatendidas y
estarles todo el tiempo encima. Sepan también que hay variedades de las cuales salen
primero las raíces y luego el brote, otras que lo hacen a la inversa, y un tercer grupo en el
que ambas cosas salen al mismo tiempo. Observen y disfruten el proceso porque realmente
es maravilloso y muy satisfactorio. Frustrante las primeras veces, puede ser, aunque ustedes
tienen la ventaja de estar leyendo esto. No es por nada, pero… ¡ojalá yo hubiera tenido este
libro cuando las descubrí!
Hojas de Echeveria ‘Perle Von Nürnberg’ enraizando con la hoja apenas apoyada.
Me gustaría aclarar algunos puntos para que tengan aún más éxito. Es importante cuidar las
bandejas del sol directo, lo ideal es que reciban luz indirecta durante la mayor parte del día.
Al ser tan bebés, algo de protección es esencial. Nunca tiren hojas porque creen que las
arrancaron mal o las ven raras, si bien les dije que es esencial que salgan perfectas, yo jamás
tiro nada a la basura y siempre la naturaleza nos sorprende. Así que intenten y déjense
sorprender. Hay otro tipo de hojas como algunos Kalanchoes que sus brotes no nacerán del
extremo de la hoja, sino que saldrán todo alrededor y en cantidad. Esto es maravilloso y
hermoso (Kalanchoe tubiflora, K. daigremontiana, K. laetivirens, entre otros).
Otro punto importante y que también tiene que ver con manejar nuestra ansiedad, es
cuándo pasarlas a una maceta más grande. Es clave que se haya formado bien la plantita
nueva, no intenten hacerlo apenas brota, dejen que la planta nueva tome fuerza, crezca
donde está y cuando tiene un tamaño considerable (por lo menos 5 cm) recién ahí será el
momento. Si intentan un trasplante antes, no es necesariamente peligroso, pero las chances
de éxito son menores. A veces la hoja se seca y queda solo la plantita nueva, este es el
momento ideal. Paciencia y observación, más lecciones que debemos aprender junto a estas
plantas.
Resumiendo: apoyamos las hojas sobre sustrato seco, protegidas del sol y la lluvia, dejamos
que salgan las raíces sin nada de agua, pulverizamos apenas, manteniendo una humedad
baja y constante, observamos maravillados todo el proceso.
T igual que con el método de multiplicación por hoja, no funciona con el 100% de las
suculentas. En este caso llamemos “gajo” al bien llamado esqueje. También llamado
“hijito”, como ustedes quieran está bien. Lo importante es saber dónde cortar, cuándo
hacerlo y cómo. Ah… y para qué sobre todo.
Si son de los que ven que le está saliendo un hijito a una planta y ya necesitan sacárselo para
reproducirla, para ustedes va dirigida esta pregunta: “¿para qué?”. Cuando una planta nueva
nace pegada a la planta madre comenzará a crecer a un cierto ritmo. Cuando cortamos esa
planta nueva, automáticamente la transformamos en un gajo que frenará su crecimiento. Se
recuperará del corte, cicatrizará, enraizará, se adaptará y recién ahí seguirá creciendo. En
cambio si dejamos que la planta crezca junto a la planta madre, seguirá creciendo hasta
alcanzar el tamaño adulto.
¿Para qué? Si la respuesta es para usar el gajo en una miniatura (como por ejemplo una
cápsula de café, uno de los proyectos que tienen más adelante en el libro) entonces corten el
gajo pequeño (sabiendo que las miniaturas al principio tendrán menos fuerza que un gajo
más adulto).
Graptopetalum con hijitos tentadores para sacar. Salvo el grande, al resto mejor esperarlos.
Si la respuesta es para tener más cantidad de esa planta, antes de cortar esperen a que el
hijito tenga un tamaño más interesante. También la respuesta puede ser que son ansiosos,
en ese caso les recomiendo una vez más tomárselo como un desafío y dejar a la planta
seguir su curso, observar su crecimiento, aprenderla, estudiarla y luego cortar. No es mala
idea conocer la planta que uno tiene antes de despedazarla. Bueno, debo ser sincero y
decirles que lo he hecho más de una vez, con plantas nuevas tan lindas que la ansiedad me
pedía tener urgentemente más de ellas. Pero no siempre funciona y he llegado a perder la
planta original y los hijos que intenté hacer, así que hay que tener paciencia, dejar que la
planta se adapte, conocerla y recién después “atacarla”.
A veces las suculentas en forma de rosetas son tan compactas que no hay por dónde meter
el cuchillo para cortar un gajo. En ese caso se puede dejar la planta a la sombra unos días
hasta que empiece a estirar su tallo por la falta de luz. Esto hará que, al separarse sus hojas,
se presenten espacios donde cortar. Cuidado de no pasarse con la cantidad de días porque la
planta empezará a deformarse (no puedo decirles cuántos días se demora porque nunca es
igual). Una vez cortada la roseta pueden volver la planta a un lugar luminoso primero, sin
sol directo, y luego a su ubicación normal. También pueden quitar algunas hojas de la roseta
sin etiolarla, con el mismo objetivo de “hacer lugar” y luego cortar.
Incluso más importante que con las hojas es fundamental dejar cicatrizar, ya que los tallos a
veces son gruesos y la superficie “lastimada” es mayor. Yo no uso, ni recomiendo usar,
ningún cicatrizante ni enraizador. Ni químico, ni canela, ni azufre, ni nada por el estilo. No
digo que esté mal, pero considero que las suculentas no lo necesitan y la mayoría de las
veces estamos metiendo las narices donde no nos llaman. Experimenté con muchas y
siempre mis conclusiones fueron similares: solas van bárbaro, no necesitan nada extra.
Vuelvo a la paciencia, ¿para qué quieren que enraíce más rápido? ¿Cuál es el apuro?
Tampoco hay una regla sobre cuánto tiempo demora en comenzar a enraizar o estar
totalmente enraizado el gajo, al igual que las hojas, cada variedad tendrá su propio ritmo.
Hay un truco que sí pueden usar para acelerar algo el proceso y tiene que ver con la altura a
la que cortan el tallo. Como regla general, cuanto más próximo es el corte a la roseta, más
rápido enraizará. Podemos cortar una roseta de Aeonium kiwi de la planta madre, dejarle 10
cm de tallo y eventualmente enraizará. Pero si a ese mismo gajo le dejamos apenas 2 cm de
tallo, enraizará exponencialmente más rápido. Hagan la prueba, corten dos gajos de la
misma planta y déjenles tallos de diferentes largos, chequeen en un tiempo qué pasó y luego
me cuentan.
Sepan que cuando cortan un gajo la planta madre tratará de compensar esa pérdida
generalmente con dos nuevos brotes. Viendo el ejemplo de la foto de la siguiente página, el
tallo principal termina en un corte ya cicatrizado (donde corté y me llevé el gajo para
multiplicar en otra maceta). Pegados a donde hice el corte hay dos gajos nuevos, meses
después. Donde antes había una sola planta ahora hay tres (el gajo y los dos brotes nuevos).
Si repetimos el proceso con estas tres, en teoría en unos meses tendríamos con suerte ocho.
Y si seguimos… ¿ven por qué es tan atractivo este método?
SUCULENTAS DE INVIERNO Y VERANO
Si bien se puede multiplicar durante todo el año, hay épocas más favorables que otras.
Las variables son muchas, pero básicamente tiene que ver un poco con escaparle a las
estaciones de condiciones extremas y otro poco con las que están más activas en
invierno y las que lo están en verano. Algo ya les comenté de esto anteriormente, les
dejo una lista con algunos ejemplos de cada una para que puedan usar como guía.
A son fáciles de multiplicar por hojas o cortando gajos, por lo que la opción es esperar a
que la planta sola produzca hijos. Básicamente este método consiste en desarmarla y
remover los hijos que crecen alrededor de la planta principal. Conviene esperar a que
los hijos tengan algo de raíces cada uno antes de desprenderlos, aunque no es fundamental.
En lo posible retirar la planta de la maceta y de a poco ir quitando uno a uno los gajos que
queremos multiplicar. Si el sustrato está seco será más fácil de desarmar, aunque si está
demasiado seco o duro, esto complicará las cosas (en ese caso pueden sumergir la maceta
en un balde un par de horas, esto ablandará el sustrato alrededor de las raíces).
Si las raíces de los pequeños gajos se rompen al desprenderlos de la madre no hay problema,
simplemente dejen cicatrizar un día o dos y vuelvan a plantar. Una vez separados todos los
hijos, es momento de replantar a la madre. Pueden aprovechar para aumentar el tamaño de
la maceta si lo consideran necesario, renovar sustrato y/o hacer una limpieza de hojas secas.
Hay otras suculentas que se multiplican largando estolones (son varas que nacen de la base
de la planta y largan hijos en las puntas, como hacen las frutillas o el lazo de amor, por
ejemplo). En este caso esperamos a que el hijito que crece en el estolón tenga un tamaño
aceptable y luego o lo apoyamos en una maceta junto a la madre, o lo cortamos y tratamos
como un gajo (suelen ya tener raíces propias en este punto). Tradescantia navicularis,
Echeveria prolífica, Sempervivums y Orostachys son algunos ejemplos que se reproducen
de esta forma.
Flores
uando florecen, muchas de las suculentas no solo nos regalan su belleza sino que
C sirven para propagar. Una Crassula campfire en proceso de floración se llena de varas
de unos 30 cm que a su vez se llenan de pequeñas flores blancas. Las varas luego se
secan y durante un tiempo resultan poco atractivas, pero si aguantamos ese período
empezarán a llenarse de nuevas y diminutas plantas. Cuando tengan un tamaño
considerable, se puede cortar la vara lo más cerca del centro de la planta (suele
desprenderse fácil solo con tirar) y retirar con cuidado los hijos. De una sola vara pueden
llegar a salir más de diez nuevas plantas. Algo similar ocurre con algunos Kalanchoes y
Aloes, por ejemplo el Aloe ‘Christmas Carol’, mi favorito, luego de florecer puede llenarse de
pequeños Aloes fosforescentes en sus varas secas.
Hoja de vara floral enraizando, todavía mantiene parte del tallo ya seco.
Otros métodos
ay muchas otras formas de multiplicar suculentas, algunas más tradicionales y otras
H no tanto. Creo que todas son válidas y seguramente sigan apareciendo nuevas, ¿por
qué no? Veamos algunas.
• SEMILLAS: no es mi método preferido, tal vez porque la paciencia no es mi fuerte... pero
si es una de sus cualidades, inténtenlo. Lo más interesante de esta opción es que los
resultados suelen venir con sorpresas. Cuando tomamos una hoja o un gajo para multiplicar,
la planta nueva será un clon de la planta madre, idéntica en todos los aspectos. En cambio al
multiplicar por semillas pueden aparecer variaciones. Yo elijo los otros métodos por la
practicidad y velocidad de propagación, pero la satisfacción de ver nacer una planta desde la
semilla no se compara con ningún otro método.
Este cactus me sorprendió ya que nació solo y de semilla en la misma maceta donde estaba la planta
madre.
También les quiero contar que uno puede intentar de todo para lograr multiplicar
suculentas de esta forma y a veces nos encontramos con que salen solas de semilla, algunas
caen en la misma maceta o en vecinas, y la naturaleza se encarga del resto. No todas son
lentas y complejas de sembrar, prueben con una Portulaca gilliesii y verán qué fácil se
multiplica por semillas. Luego de la floración podrán encontrar pequeñas cápsulas negras
con muchísimas semillas negras minúsculas. Con tirarlas por encima de las macetas en las
que ya tienen otras suculentas es suficiente para que broten, sin ningún cuidado especial.
Echeveria viviendo en agua.
• HIDROPONÍA: pueden propagar suculentas en agua, sí. Las mismas plantas que les dije
que no les gusta estar en sustrato encharcado pueden vivir bien en agua de forma
permanente. El proceso es muy similar a multiplicar por gajos, solo que deberían dejar el
tallo un poco más largo. Pueden utilizar frascos o el contenedor que tengan a mano. Llenen
¾ parte de agua y apoyen el gajo de forma que quede al menos la mitad del tallo sumergido.
Los resultados son asombrosos y rápidos, los ansiosos no dejen de probarlo.
Para que la suculenta no se caiga por la boca del frasco o recipiente, pueden sujetarla con
una gomita elástica o cinta de papel, también cubrir la boca con film y hacerle una
perforación. Si el agua se va poniendo fea, pueden ir renovándola. Cuando el gajo tenga una
buena cantidad de raíces hay dos opciones: dejarlas en agua –nunca lo hice por más de dos
meses– o sacar y plantar directamente en sustrato seco, con cuidado de no lastimar sus
raíces.
• CAJA DE ZAPATOS: seguramente les suene raro, pero es una técnica divertida para
hacer con algo que todos tenemos a mano, y da buen resultado. Elijan una caja de las más
anchas y bajas, no las altas y angostas, y hagan perforaciones con una tijera o cuchillo cada
4 o 5 cm por toda la tapa. Luego tapen la caja, vacía, y coloquen un gajo en cada agujero. La
oscuridad y el aire harán que los gajos intenten (y logren) echar raíces rápidamente. Al cabo
de unas semanas remuévanlos de la caja con cuidado y planten en sustrato seco (vayan
revisando la caja periódicamente porque si las raíces crecen demasiado les costará sacarlas
sin lastimarlas o romper la caja). Luego de un par de días plantados, comenzar a regar. Lo
mismo pueden hacer si dejan gajos enraizar en aire solo apoyados en bandejas de plugs sin
sustrato, o en pequeñas macetas individuales donde el gajo quedará suspendido en el aire y
se produce el mismo fenómeno.
• INJERTOS: se utiliza esta técnica para multiplicar variedades raras y delicadas que por sí
mismas serían difíciles o imposible en algunos casos. Seguramente habrán visto esos cactus
de curiosos colores creciendo en la punta de un cactus verde, como el que les muestro en la
foto. Se utiliza un cactus generalmente “común” y fácil de cultivar, y se le hace un corte en la
punta. Lo mismo con la variedad a injertar, y se apoyan ambas heridas. Se suelen sostener
con una bandita elástica hasta que naturalmente se ensamblan entre sí y empiezan a vivir
uno con el otro.
Sedeveria fanfare enraizada solo en aire.
Problemas y soluciones
uando encontramos una planta enferma algo nos está queriendo decir. Prestemos
C atención porque no solo tenemos que curar lo que sea que le esté pasando, sino atacar
el síntoma. A veces nos horrorizamos y no suele ser tan grave, con cambiarla de lugar
es suficiente para que la planta se sienta más contenta y la peste más incómoda. Las
plagas no son lo más lindo de la jardinería, pero son parte de ella. Nadie está a salvo, por
más recaudos que se tomen. Como en la vida, “a mí no me va a pasar” acá se aplica también.
Veremos algunos problemas que a todos nos pueden suceder y tips para solucionarlos, más
allá de las plagas.
En cuanto a las soluciones orgánicas o químicas, no descartaría ninguna. Cada caso es
diferente por lo que pueden encontrarse con una planta que no necesite más que una
limpieza de sus hojas y ya, o con una plaga que se extienda por muchas de nuestras plantas
y necesite una fumigación más intensa. Siempre es mejor no usar un químico, pero no
dejaría de hacerlo si están en juego nuestras suculentas. Por eso hacía hincapié antes en que
tratemos de prevenir las plagas teniendo todo en condiciones, así maximizamos la
posibilidad de enfrentarnos a un problema de infestación grave.
Van a encontrar infinidad de remedios caseros, recetas con alcohol, ajo, tabaco, pimienta,
vinagre, cebolla, jabón blanco y demás. Sinceramente pocas veces me funcionó todo eso,
pero no me malentiendan, no estoy diciendo que no funcionen, simplemente que en este
libro les estoy contando mi experiencia y no fue óptima. Será que tengo muchísimas plantas
y no puedo darme el lujo de esperar demasiado, si aparece una plaga –repito, es lo más
normal del mundo, no se alarmen ni se desanimen si pasa– tengo que controlarla cuanto
antes para que no se extienda por todo el jardín.
El factor tiempo y dedicación también ayuda a decidir el método que elijamos. A veces no
tenemos mucho tiempo y fumigar es lo más rápido y efectivo. Si disponemos de tiempo
podemos probar cuanta receta queramos, tengan en cuenta que suelen necesitar un refuerzo
más seguido que con un químico. Encontrarán muchísimas recetas de brebajes y pócimas,
siéntanse libres de probar la que quieran. En el caso de usar un producto químico, aconsejo
compren una buena marca, lean con atención el prospecto y sigan las instrucciones paso a
paso. Cuidado con sus mascotas y niños por favor. Preparen la dosis recomendada y si
indica que repitan a los quince días háganlo, vean o no vean la plaga, porque pueden quedar
huevos o restos.
Si no están seguros qué es lo que tiene su planta, pueden tomar una buena foto (nítida y con
luz de día) o sacar una hoja y llevarla a su vivero de confianza. Ellos sabrán decirles qué es y
cuál es el producto indicado para combatir el problema. Si me quieren consultar a mí y
puedo ayudarlos, bienvenidos.
al vez la plaga más común entre las suculentas. Es un pequeño bichito recubierto de
T una sustancia blanca que parece algodón, de ahí su nombre. Le gusta atacar los brotes
nuevos, las flores y los bebés hechos de hojas. Hay diferentes tipos de cochinillas:
algunas atacan también las raíces, otras viven dentro de un caparazón. Cuanto antes las
detecten mejor, apenas aparezcan preparen en un vaso una mezcla de agua y alcohol o agua
y vinagre –en partes iguales– y ayudándose con un pequeño pincel embebido en este líquido
vayan sacando una a una. También pueden usar un hisopo. Si solo se les presenta en una o
dos plantas, con sacarlas manualmente y cambiarlas de lugar (traten de moverlas a un lugar
con mayor circulación de aire) suele ser suficiente. Si tienen este problema seguido, es
buena idea una fumigación preventiva antes del verano. Tengan en cuenta que algunas
suculentas naturalmente tienen una pelusa muy similar a la cochinilla. Si bien la cochinilla
es lenta, algo se mueve así que recurran una vez más a la observación si no están seguros.
De la mano de la cochinilla vienen los pulgones, ambos chupadores de savia y debilitadores
de nuestras plantas. Suelen atacar los brotes nuevos y flores. Al igual que con la cochinilla,
pueden intentar removerlos y reubicar la maceta, si no tienen éxito, a fumigar y salvarlas.
ueden ser un problema en sí mismas por comerse las suculentas, o pueden ser un
P problema porque a través de ellas se transmiten otras enfermedades (por ejemplo, las
hormigas suelen llevar las cochinillas de una planta a otra). Pueden combatirse con
arroz partido, se deja un puñado en un lugar cerca del hormiguero o en uno de los
caminos que hacen. Ellas tomarán los granos y los llevarán al hormiguero, al cabo de un par
de días esos granos liberarán un gas que les resultará tóxico y adiós colonia. También hay
insecticidas naturales y químicos disponibles.
CARACOLES Y BABOSAS
A (dicen que si uno pone un recipiente pequeño enterrado en el suelo, con cerveza, los
caracoles se sienten atraídos, van a tomarla y mueren ahogados, o alcoholizados… no
sé, prueben si les divierte el experimento y luego me cuentan).
Podrían usar sino algún cebo granulado u otros productos, pero insisto, ojo porque suelen
ser nocivos para las mascotas. En mi caso mis perras no me lo permiten, o mejor dicho yo no
me permito correr ese riesgo. Lo que a mí mejor me ha resultado es algo trabajoso y
engorroso, pero efectivo. Caracoles y babosas salen de noche o después de una lluvia a
comer, así que es el momento ideal para encontrarlos. Linterna en mano, uno por uno los
voy juntando y despidiéndolos hacia una mejor vida. También pueden estar atentos a los
caminos que dejan marcados sobre las paredes y macetas, y rastrearlos. Si no les gusta
matarlos, júntenlos en una cajita y déjenlos en el jardín de alguien que no quieran mucho o
en una plaza. También pueden usar diatomeas o cáscara de huevo triturada. Algo más cruel
es el método de la sal, ya que al espolvorearlos con sal, se deshidratan y mueren. Por otro
lado les digo, y esto es algo muy personal, nunca intenté removerlos a todos del jardín,
además de ser una tarea imposible, los caracoles son parte y me gusta encontrar y observar
alguno cada tanto (sobre todo en los sectores no suculentos).
Una babosa sobre Crassula ‘Tom Thumb’.
Phoebe & Lisa haciendo travesuras en el jardín (véase la maceta de Aeonium tirada). Así de amorosas
como las ven, conviviendo con un mar de suculentas, durante sus años adolescentes no había maceta
que no desarmaran y rompieran en mil pedazos. Igual las amo.
ANIMALES
raviesos perros que hacen pozos en el jardín y desentierran suculentas, se llevan por
T delante macetas o bandejas. Gatos curiosos que caminan por nuestros estantes, tirando
todo a su paso. Pájaros que muerden suculentas como golosinas. Roedores que rompen
y ensucian plantas. Algunos de estos problemas son más fáciles de resolver que otros.
Hay muchísimas soluciones: poner en estantes fuera del alcance de las mascotas, enseñarles
a nuestros perros y gatos de chiquitos a convivir con las macetas, y aceptar que a veces
algún que otro destrozo harán. Para las palomas y pájaros en general, un viejo CD o DVD
ubicado en la base de la planta reflejará el sol y los espantará. Con los roedores el tema es
diferente porque pueden optar por trampas o venenos, cada uno elige, lo que sí está claro
que ninguna de las opciones es muy agradable.
Echeveria ‘Western Blue’.
TORMENTAS,
LLUVIAS PROLONGADAS
Y GRANIZO
é que es un “problema” algo polémico. Hay quienes deciden, como yo, dejar que la
S naturaleza haga lo suyo. Con la excepción del sector de multiplicación, tengo todas mis
plantas a la intemperie. Algunas están más protegidas que otras, ya sea por plantas más
grandes o por estantes superiores, pero todas reciben lluvia. En este caso por sobre
todas las cosas la clave está en el sustrato: un buen sustrato con excelente drenaje no
permitirá que el agua se estanque, por más que esa lluvia sea constante y no cese durante
días.
Mientras escribo este libro, en Buenos Aires no para de llover hace unos diez días, tal vez
más. Esto solo afectó a algunas plantas que compré hace tiempo, con un sustrato algo
dudoso, que por descuidos míos y falta de tiempo nunca alcancé a cambiar y/o mejorar. El
resto están más lindas que nunca, literalmente. La lluvia prolongada las limpió, les dio el
mejor de sus riegos en mucho tiempo, barrió con algunas pestes, y hasta revivió un viejo
anillo de suculentas que hice para un desfile, que descansaba en uno de mis estantes más
olvidados.
Es cierto que también esto puede despertar invasiones de caracoles, babosas, hongos y
pudriciones, pero esos son problemas a los que podemos anticiparnos y evitar. Si quieren
techar con policarbonato o vidrio el sector suculentas pueden hacerlo, pero más que nada
tiene sentido si están en un clima muy frío, con posibilidades de heladas.
La solución entonces una vez más es la prevención, prestándole mucha atención al sustrato
y al armado de la maceta. Siempre presten atención al regar y en días de lluvia porque aun
usando un buen sustrato puede taparse el agujero de la maceta. Muchos proponen entrarlas
y protegerlas de la lluvia. En mi caso, por la cantidad, me es inviable entrar todas las plantas,
por más que quiera hacerlo –igualmente no quiero–. Si ustedes así lo sienten, que así sea,
cada uno lo evaluará. Hay muebles con ruedas que permiten reacomodar gran cantidad de
plantas bajo techo en pocos minutos.
Otro problema asociado a la lluvia son las gotas de agua que quedan en las plantas. Suele
ser un problema mayor en las rosetas más pruinosas, que al repeler el agua forman grandes
gotas en el centro. La pruína es una capa de cera que recubre a las suculentas, la solemos
notar más en esas blancas Echeverias, a las que apenas tocamos dejamos dedos “marcados”.
Se presenta en hojas, tallos y frutos, seguramente recuerden la pruína en algunas variedades
de uvas (no, las uvas no son suculentas lamentablemente).
Pruína marcada en hojas de Graptopetalum superbum.
El granizo puede ser muy dañino, unos pocos minutos de una fuerte caída es capaz de
lastimar gran parte de nuestras suculentas. Al igual que les mencionaba antes, pueden
cubrir con algún techo las plantas si así lo desean. Yo prefiero dejarlo librado al azar.
Recuerdo uno o dos granizos fuertes en los últimos años, y los daños no fueron tan
tremendos. De nuevo, dependerá de la zona en la que vivan y de cómo deseen encarar este
“problema”. Insisto con las comillas porque a veces las consecuencias de un granizo
terminan siendo positivas: recolectamos hojas, gajos y partes de plantas destrozadas y en
unos meses tendremos nuevas plantas que de otra forma probablemente no hubiéramos
multiplicado. Lógico que es mejor que no se lastimen las plantas, pero si así sucede no hay
que alarmarse o tomárselo a la tremenda. Nuestro shock posgranizo es inevitable, pero lo
que sigue después puede estar bajo nuestro control.
Y así aprendemos también de las suculentas otra lección, que siempre se puede volver a
empezar. Si fuimos generosos con nuestros amigos compartiéndoles nuestras plantas,
seguramente ellos nos ayuden a recuperarnos regalándonos gajos y hojas. Si quieren tener
siempre una planta, regálenla.
Sedum ya prolijo, aún dejé algunas ramitas más largas para darle volumen.
RAÍCES AÉREAS
l igual que el punto anterior, no es un problema en sí mismo sino una cuestión estética.
Si la pudrición alcanza a casi toda la planta, no hay nada que hacer, tírenla. Si afecta solo a
una parte, es decir que todavía vemos partes sanas, fuertes y firmes, entonces ahí tenemos
con qué trabajar. Siguiendo los pasos que vimos previamente, intenten la multiplicación por
hoja o esqueje (lo que sea que puedan salvar sano de la planta moribunda). En el caso que la
planta tenga el tronco sano, hojas podridas en la base y hojas sanas en la parte superior
como en las fotos, se puede sacar de la maceta, remover todas las hojas podridas y hacer un
buen lavado de raíces. Luego dejar secar bien y replantar, preferentemente con sol filtrado o
sombra y óptima circulación de aire.
También puede pasar que el tallo se haya podrido desde su base, lo único que tienen que
hacer diferente en este caso es cortar donde la planta aún esté sana, cuidando de no dejar
nada de material podrido o con indicios de pudrirse. Si ven que el tallo está sano por fuera,
pero al cortar en el centro se ve de otro color, generalmente más oscuro, entonces corten un
poco más arriba hasta encontrar tallo 100% sano. De lo contrario seguirá avanzando. Si está
tan avanzado que no logran recuperar nada de tallo, apunten a recuperar algunas hojas y a
empezar nuevamente de cero. Ya les quedó claro que no soy antiquímicos, así que sepan que
es buena idea fumigar en forma preventiva antes del verano y antes del invierno con un
fungicida de amplio espectro (elijan uno de buena marca).
Limpiando hojas podridas de una Echeveria.
QUEMADURAS
as quemaduras se pueden dar por varios motivos. Como ya vimos, es normal que luego
L de una lluvia o riego queden gotas de agua sobre las hojas de las suculentas. Cuando la
lluvia pasa y el sol vuelve, las gotas se transforman en poderosas lupas y los rayos del
sol pueden quemarla con mucha facilidad. Tengan cuidado con esto, pero tampoco
desesperen. La solución en este caso nuevamente es la prevención. Si llueve una mañana de
verano y al mediodía el cielo se aclara, traten de salir a revisar si hay gotas grandes.
Sabemos que a esa hora el sol está tremendo y puede quemar rápidamente una planta con
agua, sobre todo los centros de las rosetas.
Crassula ovata ‘Gollum’ con puntas quemadas, pasó de un lugar de sombra a pleno sol sin una correcta
adaptación.
Echeveria recuperándose de sus quemaduras. Algunas hojas sufrieron más que otras y se secaron por
completo.
Otro motivo por el cual pueden quemarse es porque las ubicamos a pleno sol abruptamente,
sin acostumbrarlas antes. Los que desgraciadamente tenemos la piel muy blanca, cuando
vamos de vacaciones a la playa no podemos estar todo el día al sol. Aunque nos pongamos
protector. Lo mismo pasa con las suculentas. Si bien tienen protección natural contra el sol,
no pueden ubicarlas de un día para el otro a sol directo. Hay que ir acostumbrándolas de a
poco. Lo que yo hago si tengo una planta en un lugar sin sol y quiero llevarla a un lugar con
pleno sol es ir acercándola poco a poco día tras día. Cada día un poco más cerca a su lugar
definitivo, por lo tanto cada día tendrá un poco más de sol que el día anterior. Démosle
tiempo a que se vaya acostumbrando y adaptando. Si no hacen esto y se quema, no hay
problema, nunca me pasó que se me muera una suculenta enraizada por quemadura solar
(los gajos sí se queman y mueren en poquísimo tiempo si los dejan al sol).
El problema acá generalmente es que estéticamente la planta queda fea. Al crecer se irá
renovando y con el tiempo las hojas quemadas serán reemplazadas. Lo curioso también es
que las hojas nuevas crecerán ya adaptadas a las condiciones del nuevo sitio. Una vez
quemada, la planta crecerá siempre adaptada y rara vez se volverá a quemar salvo descuidos
en el riego.
Enorme Kalanchoe tomentosa de cinco años de edad.
CAPÍTULO 6
Cómo elegir
una buena planta
veces compramos una suculenta que vemos linda en el vivero y ya en casa luego de
A una lluvia o riego comprobamos que se encharca. ¿Cómo puede ser que esté tan linda
y grande aún con un sustrato malo? Tengamos en cuenta que en el vivero está bajo
cuidado y control permanente, generalmente viviendo en grandes comunidades de
plantas en inmensos invernaderos con temperatura controlada, fumigaciones periódicas,
etc. Todo esto hará que las veamos hermosas, pero dependientes de estos factores. Al llegar
a casa irán adaptándose y lograremos que crezcan sanas, fuertes y preparadas para
sobrevivir nuestras vacaciones, lluvias eternas y golpes de calor/frío. Si siguen mis consejos
no se convertirán en Superman pero estarán cerca.
Distinto es cuando compramos a un cultivador más artesanal. Los precios a veces son más
elevados, pero tenemos más chances de recibir plantas fuertes (aunque tal vez más
pequeñas de lo que la ansiedad nos pide). Las condiciones de cultivo serán más parecidas a
las que tendrán en nuestras casas. Por supuesto no todos los casos son iguales, hay viveros y
cultivadores que trabajan muy bien sus plantas y otros que no tanto.
¿Qué podemos hacer si no estamos seguros de cuál es una buena planta al momento de
comprar? Primero: confiar en nuestro instinto. La planta que nos gusta generalmente es la
que nos enamora y nos llama a comprar y llevar a casa. No ignoraría eso porque ese impulso
es importante, pero tampoco dejaría de tener en cuenta el resto de los puntos.
Segundo: observar si el sustrato es el correcto. Si tienen la suerte de estar justo cuando
riegan, es el mejor momento. Cualquier indicio de agua encharcada será suficiente para
saber que ese sustrato no va. En el caso de saber que vamos a cambiarle el sustrato al llegar
a casa, podemos no prestar demasiada atención a este punto. Es recomendable de cualquier
forma una vez comprada renovar el sustrato por el que más nos resulte a nosotros. Sin
embargo, si compramos una planta que ya viene plantada en buen sustrato, seguramente
sea más fuerte y sana.
Tercero: busquen la maceta con premio. Si afilan el ojo y buscan, siempre van a encontrar
una maceta que tiene una plantita extra –ya sea de la misma variedad o una hojita invitada
que decidió acampar allí para regalarnos una sorpresa–.
Cuarto: anímense a preguntar los cuidados y los nombres si no los saben o tienen dudas. Tal
vez no siempre la respuesta va a ser la correcta o el nombre el científico, pero hay que
confiar. Con preguntar no se pierde nada, y es más probable que den un paso en pos de
identificarla y así saber exactamente qué cuidados va a necesitar en casa. Si pueden y no
están seguros googleen en el mismo vivero, así deciden con más información. Piensen en
elegir una planta para un espacio del cual conocen sus condiciones, y que la planta se
adapte a eso, no al revés. Les sugiero que no compren “porque me gusta y después veo
dónde la pongo”, aunque –y seguro suena contradictorio– el instinto al momento de comprar
es importante. Un vivero con etiquetas en sus plantas es de gran ayuda y habla de su
seriedad y compromiso.
Cuando me refiero al instinto no es dejarse llevar y hacer una compra compulsiva sin
pensar, sino comprar sintiendo lo que están eligiendo. ¿Cuántas veces les pasó ver una
planta y enamorarse a primera vista? No dejen pasar esas plantas nunca. Creo que esas
conexiones son por algo y llevarlas a casa para mantenerlas solo puede ser beneficioso para
ambos, tanto para la planta como para nosotros.
Quinto: no asuman que está libre de plagas, observen las hojas con atención. Si tienen dudas
o la ven rara o apestada, pregunten o elijan otra. Lo mismo si la ven débil o etiolada.
Echeveria gibbiflora llena de pimpollos por abrir, ideal para comprar y disfrutar el resto de la floración
en casa.
En el caso de que tengamos la suerte de encontrar justo floreciendo alguna suculenta, elijan
siempre la que tiene más pimpollos por abrir, así pueden disfrutar las flores luego en casa.
Las que tienen las flores ya abiertas resultan muy atractivas en ese momento, pero esas
flores ya están destinadas a marchitarse en nuestro hogar.
Y por último, si dejamos de lado todos los puntos anteriores y vemos en un rincón una
planta débil, enferma, golpeada, rota, siempre podemos comprarla igual (pidan una rebaja
que si la planta no está en óptimo estado más que seguro se la darán, incluso puede que se la
obsequien). Eso es si están dispuestos al desafío de recuperarla, difícil tarea a veces, pero
muy satisfactoria.
Crassula ovata, Portulacaria afra y Plectranthus australis: tres variedades de diferentes familias, todas
llamadas “plantas de la moneda”.
También es saber de qué tipo de planta estamos hablando y qué cuidados requiere, no
es lo mismo decirle “rosa verde” a un Aeonium haworthii o a una Echeveria pallida.
¿Qué pasaría si googlearan “cuidados de la rosa verde”? ¿De cuál de las dos estamos
hablando? También es útil saber los nombres cuando vemos una planta que nos gusta
en internet y queremos conseguirla en el vivero. Se hace más fácil la búsqueda (y sobre
todo el hallazgo).
Es cierto que hay nombres nuevos que se registran todo el tiempo, suculentas nuevas
que entusiastas cultivadores crean mezclando dos variedades diferentes (llamadas
híbridos). También hay mutaciones dentro de una misma variedad, por ejemplo
tenemos Crassula ovata y tenemos Crassula ovata ‘Gollum’, muy diferentes entre sí; la
segunda es un tipo de mutación de la primera, llamada monstruosa. Otro tipo de
mutación es cuando una planta se presenta crestada. Por ejemplo, tenemos la
Echeveria curls común y la crestada. Podemos darnos cuenta cuál es cuál porque a
diferencia de la planta original con tallo cilíndrico y única roseta, la crestada presenta
un tallo plano y extenso, y múltiples rosetas entrelazadas. Este fenómeno es común de
ver también en algunos cactus (habrán visto alguna vez ese cactus que parece un
cerebro, es un crestado mutante extraterrestre).
Cápsulas de café reutilizadas y colgadas de un cantero de pallets.
CAPÍTULO 7
Contenedores
tradicionales y no tanto
aben que creo firmemente que todo es un potencial contenedor de suculentas. Creo que
S todo es posible y cuando alguien me pregunta: “¿se le podrá poner una planta?”, la
respuesta siempre es sí. El reciclaje es una de mis pasiones y las suculentas combinan
espectacularmente con los objetos más impensados como contenedores de plantas.
Déjense llevar por su imaginación y no se priven de probar nada; si les parece que puede
llegar a transformarse en maceta, pónganle una suculenta.
El objetivo de este capítulo es por un lado repasar los contenedores más tradicionales que
podemos encontrar en viveros y tiendas de diseño, así como los más originales realizados
artesanalmente. Por otro lado, darles ideas de reciclaje para repensar el concepto de que una
planta solo puede ir en el suelo o en una maceta (depende dónde vivan también llamada
macetero, matera, tiesto).
Macetas de cerámica.
Elijan el contenedor que elijan, quiero aprovechar para repasar algunos puntos básicos. En
la medida de lo posible, que siempre tenga agujeros para drenar. Los tenga o no, traten de
colocar entre un cuarto y un tercio de piedras para drenar en el fondo de la maceta. Luego
sustrato hasta llenar casi la maceta, dejen uno o dos centímetros libres antes del borde. Para
terminar, pueden utilizar piedras más pequeñas. Sé que a muchos les gustan las piedritas de
colores artificiales y suelen verse mucho en cactus y suculentas. Más allá de que
particularmente no me gustan, no las recomiendo porque están teñidas con químicos que al
regar se pasan a la planta. Para mí es un no rotundo, básicamente porque hay muchísimas
opciones de piedras naturales, pero sobre todo porque no armoniza con la planta. Lo
importante de esta última capa, decorativa en parte, está en que fija el sustrato y al regar (o
con una lluvia fuerte) no se desarma la maceta.
TRADICIONALES
Mis favoritas son las macetas de terracota o barro, tengan el tamaño que tengan. Sobre todo
si tienen ya unos años porque se van decolorando y tomando tonos más oscuros. Las de
plástico son las más comunes, son livianas, económicas y vienen en múltiples colores,
formas y tamaños. Podemos conseguir soportes con tres ganchos del mismo material para
colgarlas.
Cada vez más están apareciendo en el mercado opciones de plásticos reciclados, algunos
con terminaciones que ni se asemejan al plástico. También hay macetas iguales a las
clásicas, pero de vidrio. Una de las opciones más lindas y realmente para todos los gustos
son las macetas de cerámica. Lo más divertido de este material es la versatilidad al momento
de modelarse, sobre todo artesanalmente, lo que hace que consigamos muchísima variedad
de formas, motivos, tamaños, colores, técnicas, esmaltes.
Otras también muy usadas son las de fibrocemento, vienen desde muy pequeñas hasta
macetones enormes. También y ya empezando a sumar un poco de creatividad (y con ayuda
de un herrero amigo tal vez) podemos tener contenedores de hierro, chapa o lata (reciclando
latas usadas de talleres mecánicos, antiguas piezas de máquinas oxidadas, lecheras
antiguas, latas de conservas, etcétera).
Por supuesto que también con la ayuda de un carpintero se pueden hacer muchísimas cosas
en madera. En lo posible elijan maderas duras que soporten mejor el paso del tiempo y la
intemperie. Si quieren reciclar, los pallets siempre son buena opción. Al límite de lo
tradicional están las macetas de fibra de coco. Generalmente la fibra de coco viene
contenida por una estructura de hierro, pero las he visto solo atadas (al estilo kokedama
pero con diferente forma).
Por último, las macetas de celulosa (el mismo material del que están hechas las hueveras
clásicas). Son económicas y hasta las pueden preparar ustedes mismos realizando una pasta
de papel y agua. No son muy duraderas, pero la ventaja es que una vez que comience a
desintegrarse, podemos plantar directamente (con maceta y todo) en un nuevo contenedor.
Macetas de celulosa.
Con mi gorro y anteojos de suculentas mientras reciclaba una cápsula de café en la charla “Suculentas
en recipientes no tradicionales” que di en el evento “25 años” de la revista Jardín en 2017.
NO TRADICIONALES
Ya les dije, estoy convencido de que todo puede ser un contenedor de suculentas. No
tradicional implica que es libre, creo yo. Me gusta el factor sorpresa y poner suculentas
donde nadie imagina o presentarlas en formas nuevas. Hay muchísimas cosas que ustedes
pueden hacer con poco y nada.
Si viven cerca de un bosque no dejen pasar la oportunidad de visitarlo y recolectar troncos
caídos naturalmente (sus formas suelen ser más atractivas que los que cortamos nosotros).
No necesita ser enorme, pero sí tener algún hueco o forma que invite a rellenar con sustrato.
Si están cerca de una playa (ya sea de río o mar) los troncos que trae la marea suelen ser los
más hermosos por tanta erosión.
Las kokedamas son tradicionales en la cultura asiática, aunque muy vistas por aquí también.
Hay muchas variantes de esta técnica japonesa, básicamente son bolas de musgo que
contienen una planta. El musgo reemplaza la maceta, a veces se usa barro y sustrato, y a
veces solo musgo sphagnum. No todas las plantas adoran vivir en una kokedama, pero a las
suculentas por supuesto les suele encantar y se muestran espléndidas.
Macetas de telgopor.
Jarrón roto y reutilizado.
Tacita antigua.
Pueden encontrar muchísimos contenedores de telgopor para utilizar como macetas. Desde
uno pequeño de helado hasta uno gigante de salmón (los restaurantes japoneses suelen
descartarlos, no tienen más que pedírselos). No es visualmente lo más hermoso del mundo
pero es una muy buena alternativa cuando quieren sumar un cantero a un espacio sin
agregar mucho peso. Yo tengo suculentas en el techo de mi casa de esta forma y son las que
crecen más lindas. En ese caso, además del contenedor, uso telgopor como reemplazo de las
piedras para drenar.
Bombilla de mate.
Consejos de diseño
ay suculentas de todos los colores del arcoíris y más. Rojas, naranjas, amarillas, verdes,
Más allá de conocer todas estas características y diferencias que hacen únicas a cada una de
ellas, es importante que las tengan en cuenta al momento de componer su jardín o rincón de
suculentas. Un consejo útil que nunca falla es agrupar de a tres. ¡Elijan un criterio y
anímense! Es el momento de usar la imaginación y liberar la creatividad. Por ejemplo
pueden agrupar tres del mismo color o tres que crecen diferente (una colgante, una rastrera
y una que crezca en forma de arbusto), tres de la misma forma pero diferente color, y las
posibilidades son ilimitadas.
¿Qué es mejor, tener una por maceta o mezclar diferentes variedades en una misma maceta?
No hay mejor o peor, simplemente es una decisión que tendrá que tomar cada uno. A mí me
encanta combinarlas, siguiendo la línea anterior, por ejemplo, si pongo en una misma
maceta Graptopetalum paraguayense, Kalanchoe tomentosa y Sedum griseum, tendré tres
suculentas grises de diferentes formas, texturas y crecimiento.
Martín Fierro de suculentas para la entrega de los premios en 2018. Aunque no lo parezca, está hecho
solo con siete variedades de tonos verdes, grises y rosas.
Cuadro “Susana Giménez” reversionado en 2018 dentro de los tonos rosas y violetas, respetando la
estética del programa.
Igualmente lo que más me gusta es combinar colores, mezclarlas entre sí. Es cierto que hay
quien prefiere tenerlas en forma individual para darle a cada una sus cuidados específicos,
pero no es mi caso. Salvo excepciones, siempre mezclo todo y observo su adaptación. No
dejo que el hecho de saber que una planta “es más de sol” me impida ponerla en un sector de
sombra combinada con otras que sí sé que les gusta más el sol indirecto. Aprovechen la
variedad para generar contrastes. Es buena idea poner una planta protagonista y otras que
la complementen sin tomar protagonismo. También la repetición ayuda a lograr buenos
diseños; es decir, si arman un conjunto de diez variedades diferentes en una misma maceta,
y a una de ellas la repiten cuatro o cinco veces entre las demás, ayudará a generar la ilusión
de unidad incluso entre el hermoso caos que genera la variedad. Vean en el cuadro de
Susana en 2018 cómo repetí la pequeña y moradísima Portulaca gilliesii en ambas letras y en
diferentes lugares. Si bien ya por los tonos el cuadro tenía unidad, estos detalles hacen la
diferencia. Sea en un objeto o en una maceta, cuanto más detalle y tiempo le dediquen a lo
que armen, mejor quedará.
Detalle del cuadro para el escritorio de Susana Giménez, en este caso totalmente multicolor. Le fui
haciendo retoques al cuadro semana a semana antes del programa, jugando con nuevas plantas pero
siempre manteniendo el mix elegido de colores.
Las dos plantas con flores blancas miniatura son Crassula fragilis (izquierda) y Crassula volkensii
(derecha abajo), excelentes para poner como “relleno” en macetas comunitarias.
CAPÍTULO 9
S combinamos con dar rienda suelta a la creatividad. Cada uno buscará su camino y
dejará volar su imaginación. Les propongo y comparto, por ahora, ocho proyectos de
diferentes dificultades para que puedan divertirse y crear. Yo cuando hago algún objeto
pienso las suculentas como colores de una caja de lápices o pinturas. Teniendo en cuenta lo
que les contaba en el capítulo anterior, los invito a hacer lo mismo. Espero haber logrado
transmitirles mi amor por estas plantas y que se animen a hacerlos, ¡estaré ansioso
esperando que me envíen fotos de sus trabajos!
Cápsulas de café
MATERIALES
o primero es limpiar y preparar las cápsulas. Depende de la marca que usen tendrán
L algunas diferencias, les muestro dos ejemplos que hoy se consiguen fácilmente. Abrirlas
con un cuchillo afilado, retirar el café usado con una cucharita (fotos 1 y 4). Lavar las
cápsulas y retirar todos los restos de plástico o aluminio. El borde de plástico que queda
pegado a la cápsula lo pueden remover con el filo del cuchillo en forma perpendicular.
Algunas cápsulas tienen una rueda de plástico en su interior, quitarla con la ayuda de la
punta del cuchillo (foto 5). El café usado puede compostarse o mezclarse directamente en el
sustrato (en bajas cantidades). En cualquiera de los dos casos, empujar la base hacia adentro
para que tenga un buen apoyo (fotos 2, 3 y 6).
Si el gajo tiene algo de raíz, ubicarlo en el centro de la cápsula y llenar con sustrato
alrededor (foto 7 y 8). Si no tiene raíz, llenar la cápsula primero, luego hacer un hueco en el
centro con un palillo (foto 10). Ubicar el gajo con cuidado, pueden usar una pinza para
ayudarse (foto 11). Con los dedos o una cuchara, compactar el sustrato para que el gajo
quede firme. Terminar con arena gruesa o piedras muy pequeñas (foto 12). Si quieren
pueden ayudarse con un pincel para quitar restos de tierra o arena que puedan haber
quedado en la planta al momento de plantar (foto 9). Mantener en un lugar muy luminoso
sin nada de agua hasta que enraíce.
TIPS Algunas variedades tienden a crecer mucho, aun estando en un recipiente pequeño
(Kalanchoes, por ejemplo). Eventualmente si eso sucede se puede cortar el gajo crecido,
desarmar y replantar la cápsula. Tengan en cuenta que si ubican las cápsulas en un lugar
con muchas horas de sol, al estar en un recipiente tan pequeño se secarán antes que otros
contenedores más grandes, por lo que necesitarán agua con mayor frecuencia.
Cápsulas plantadas y cápsulas esperando su turno. Es muy interesante combinar las suculentas con los
diferentes colores de cápsulas disponibles.
Calabaza
MATERIALES
plicar una capa abundante de silicona líquida sobre la parte superior de la calabaza
A (foto 1) y pegar sobre ella una capa de musgo sphagnum de aproximadamente 1-2 cm
(foto 2). Esperen que seque bien la silicona y corten o peguen las hebras de musgo
sueltas, para que quede un colchón uniforme (foto 3). Pueden usar también silicona
caliente en este paso. Hasta acá el uso de la silicona no debería sorprenderles, sin embargo a
continuación verán que la uso para pegar suculentas. Les recomiendo la silicona líquida de
UHU ya que no es tóxica así pueden trabajar tranquilos, no se alarmen porque esto no daña
a la planta y verán que es apenas una gota en cada gajo.
Elijan un gajo grande principal para la parte superior y reserven los más pequeños para los
bordes. Poner unas gotas de silicona en el musgo (en la parte que va a quedar en contacto
con la planta) y luego acomodar el gajo (foto 5). Los gajos deben quedar firmes, pueden
ayudarlos sosteniéndolos con sus manos unos segundos hasta que la silicona comience a
secar (foto 6). También pueden usar (con cuidado y no en rosetas con pruína) un poco de
cinta de papel para mantener los gajos en su lugar mientras seca la silicona.
Poco a poco vayan sumando gajos, pegándolos al musgo hasta completar todo el colchón
(fotos 7, 8 y 9). Utilicen plantas de diferentes alturas y texturas. Pueden rellenar huecos con
semillas, frutos o ramitas (foto 10), también con gajitos pequeños o plantas de relleno. Usen
la pinza para hacer lugar y que la semilla quede entre las plantas (foto 11). La idea es que no
se vea nada de musgo sphagnum para reforzar la ilusión de que las suculentas brotan de la
calabaza.
TIPS En la verdulería elijan o pidan la variedad que más les guste de calabaza, siempre y
cuando esté bien firme y sana, sin ningún golpe, lastimadura o perforación (de lo contrario
se pudrirá rápidamente). Si tiene un pico largo, pueden cortarlo con cuidado con la ayuda de
una pinza. Nunca me voy a olvidar cuando en mi verdulería les pedí una calabaza para
suculentas, ¿pensarán desde entonces que siempre que compro verduras es para ponerles
suculentas?
Para prolongar su vida útil pueden ubicarla idealmente al exterior reparada de la lluvia. Yo
tuve una a la intemperie casi seis meses hasta que empezó a mostrar señales de pudrirse.
Llegado ese inevitable momento, pueden recuperar las suculentas y plantarlas en macetas.
La calabaza, si aún está sana, se puede comer. Otra opción es no desarmar nada y enterrarla
en el jardín así como se encuentre. Las suculentas crecerán, la calabaza se pudrirá y saldrán
muchas plantas de zapallo alrededor.
Terrario en frasco
o más lindo de este terrario será ver las diferentes capas que lo forman. Ideal que elijan
Utilizaremos una cuchara o vasito pequeño para ir sumando cada uno de los componentes.
Primero completen una capa de piedras grandes apoyándolas con cuidado (no las suelten
desde la boca del frasco, podrían romperlo, foto 1). Luego una capa de musgo verde bien
presionado contra las piedras, pueden ayudarse con un palillo o el envés de la cuchara (foto
2). Esto hará de barrera y evitará que el sustrato que pondremos a continuación pase a las
piedras al regar. Luego con la ayuda de una cuchara o embudo de papel, una capa de
vermiculita (foto 3), perlita (foto 4), o ambas. Esta capa es más que nada decorativa y
dependerá del tamaño del frasco, si es un frasco pequeño pueden obviarla. Con el envés de
la cuchara se puede ir compactando capa por capa, o hacerlo directamente con la mano.
Ahora sí el sustrato donde vivirán las plantas (foto 5). Usen el sustrato de suculentas que
preparan habitualmente (asumo a esta altura que ya preparan el suyo o compran el de
Terrafértil). Todas estas capas deberían ocupar aproximadamente dos tercios del frasco, o
menos, y las plantas el tercio restante. Si plantan más profundo, las plantas no recibirán la
circulación de aire necesaria (sí pueden hacerlo con otras plantas no suculentas, pero no es
nuestro caso). En cambio si plantan más cerca de la boca del frasco, rápidamente saldrán
para afuera y se perderá la gracia del objeto, así que busquen el punto ideal.
Elijan las plantas que formarán parte del terrario, una principal y otras para completarlo.
Combinen formas y colores para hacerlo más atractivo. También elijan alguna piedra
principal más grande para combinar con las plantas, y alguna pequeña para decorar los
huecos. Acomodar primero la piedra y la planta principal, siempre con la ayuda de una pinza
y un palito, sobre todo si son cactus (foto 6). Deben quedar firmes. Si entierran apenas la
piedra grande en vez de dejarla solo apoyada, parecerá que la piedra está ahí desde hace
más tiempo y ayudará a la ilusión de un minipaisaje (foto 7).
Luego repetir con los otros gajos y piedras pequeñas (foto 8). No completen toda la
superficie con plantas, combinen plantas y piedras (foto 10), ambas se destacarán más y
sobre todo vivirán mejor. Vayan combinándolas y agregando sustrato cuando sea necesario.
Traten de lograr diferentes alturas como si fueran montañas. Las suculentas más miniatura
como algunos Sedums o Portulaca gilliesii por ejemplo, también ayudarán a la ilusión del
paisaje miniatura (foto 11).
Para presionar las plantas y ubicarlas en su lugar, pueden ayudarse con un pincel de mango
largo (foto 9). También podrán, dependiendo del tamaño del frasco, agregar tronquitos,
semillas secas, musgo y todo lo que se les ocurra para hacerlo más interesante. Vayan
girándolo a medida que van progresando así lo ven de todos los ángulos y les queda
interesante desde todas las vistas (foto 12).
TIPS Al no tener perforación deberán protegerlo de las lluvias y controlar el riego. No se
pasen con la cantidad de agua porque no tendrá por dónde drenar. Cualquier exceso
quedará en la capa de piedras de la base (para eso está), pero si regamos más de lo que
puede contener esa capa, se encharcará y pudrirá muy rápidamente.
Prueben cuáles son las que mejor les funcionan a ustedes, en mi experiencia las variedades
que mejor suelen adaptarse son las Haworthias, Kalanchoes, cactus, Sedum.
Símbolo de la paz
MATERIALES
C ayuda de una pinza, doblar hacia adentro los primeros 1 o 2 cm de cada punta, esto
ayudará a ensamblar entre sí las partes (foto 1). Antes de seguir, probar que
ensamblarán correctamente todas las partes para formar el símbolo. Tomar con la
mano pequeños puñados de musgo sphagnum y ubicarlos sobre el alambre (foto 2),
sujetando bien con el hilo un puñado antes de agregar el siguiente (foto 3). La idea es hacer
un “chorizo” y que el alambre quede en el centro, recubierto por una capa de sphagnum.
Debe quedar compacto y firme, pero sin exagerar (foto 4). Sepan que este paso es algo
frustrante porque el sphagnum se cae mientras intentamos sujetarlo, es normal hasta que le
agarran la mano. Traten de trabajar con el musgo húmedo para que sea más fácil.
Una vez listo este paso, y el musgo bien sujeto, armar un colchón de musgo verde para
cubrir el sphagnum. El musgo verde o musgo español a veces viene muy sucio, tómense un
momento para limpiarlo de ramitas y hojas secas antes de comenzar a usarlo. Ubicar el
“chorizo” en el centro y cerrar el colchón verde (en el caso de tramos largos vayan haciendo
por segmentos, foto 5). Atar solo para sujetar el musgo verde previamente humedecido (foto
6). Esta capa es decorativa, podrían dejarlo solo de sphagnum si les gusta más. No se pasen
con la cantidad de hilo. El objeto quedará muy prolijo en su forma si lo hacen, pero se
dificultará el plantado, a la vez que el hilo quedará más expuesto y se notará. Si el hilo se
corta mientras están atando, vuelvan a atar esta vez en dirección contraria a como venían así
traban el hilo anterior.
Para darle forma al símbolo de la paz, doblen ambos extremos del “chorizo” más grande
hasta encontrarse, dándole forma al círculo (foto 8). Cuando se encuentren, engánchenlos
entre sí y aprieten bien con la pinza para cerrar la unión. Vayan acoplando así los otros
tramos (foto 9).
Tengan la precaución de dejar siempre al descubierto los ganchos de las puntas, a medida
que van dándole forma al “chorizo”, así facilitan este paso. Para ensamblar los que se
insertan en el círculo principal deben cortar con el cuchillo el “chorizo” para generar un
hueco y dejar expuesto el centro de alambre (foto 10). Allí enganchar ambas partes y
nuevamente apretar con pinza para cerrar. Seguramente sea necesario ocultar alguna unión,
agreguen musgo hasta que quede todo prolijo (lo mismo si hay imperfecciones, pueden
pegar con silicona pequeños parches de musgo, foto 11).
Si lo hacen un día y lo terminan otro, o lo hacen y no lo van a plantar en ese momento,
cuando lo hagan tengan la precaución de humedecer el objeto vacío un par de horas antes
porque si no se endurece demasiado y dificulta la tarea siguiente. Para completarlo de gajos
y que mantenga su forma, les recomiendo plantar solo la parte del frente, no los costados.
Por un lado ayudará a la ilusión de la forma que elijan, por el otro dejará libre los costados
para poder manipularlo al momento de colgar, regar, reparar, etc. Algunos gajos más planos
en su base pueden plantarlos directamente apoyados, con una gota de silicona (foto 13). Para
otros deberán hacer un hueco en el musgo, girando el palillo de madera (sin empujar para
no hacer “pocitos”, foto 14). Luego colocan una gota de silicona en el gajo (o en el huequito
que acaban de hacer, foto 15) y lo acomodan. Tengan cuidado que el tronco del gajo no sea
más grueso que el hueco que hicieron, debe entrar con comodidad para no lastimarse.
Nunca empujen con el gajo, si no entra cómodo es mejor que lo saquen, agranden el hueco y
vuelvan a acomodarlo (foto 16). De lo contrario podría fallar, no se apuren.
TIPS Mi mayor consejo para todo el plantado en general es que lo hagan con paciencia y
dedicándole tiempo, en un punto es el momento de mayor disfrute. No se trata de que
rebalse de suculentas por todos lados sino que sea armonioso y sobre todo, insisto, que
mantenga su forma. Vean que en algunos sectores solo hay una suculenta ocupando todo el
ancho del “chorizo”, en otras compuse con varias más pequeñas (foto 18). Al plantar las más
pequeñas pongan la silicona en la punta de la base del gajo y no sobre el musgo, quedará
más prolijo (foto 17).
Pueden aplicar esta misma técnica del símbolo de la paz para crear la forma que quieran, es
el momento de ser creativos.
Libro
MATERIALES
• Libro • Cola vinílica • Cúter o trincheta • Bolsa de plástico • Pincel • Lápiz • Goma •
Regla • Musgo sphagnum • Musgo verde • Palillo • Tijera • Corcho (opcional)
lijan un libro viejo, roto, deteriorado o en desuso. La idea es darle nueva vida a un objeto
Recorten un trozo de bolsa de plástico lo suficientemente grande como para forrar el espacio
calado, y que sobre 1 o 2 cm alrededor. Pruébenlo y recorten todo excedente. Es momento de
encolar, comiencen por el hueco (foto 3) y sigan por el lomo (foto 4), luego bordes y frente.
Usen el pincel de punta para impregnar bien con cola todas las capas. El libro lo encolan
siempre en la posición en la que van a querer que esté luego. Tengan la precaución en este
punto de dejar la hoja de frente o la tapa sin encolar, aún falta el plástico. Unos segundos
después de terminar de pasar la cola, revisen que no queden gotas. Una vez que secó unos
minutos, al tacto al menos, acomoden el plástico en el hueco presionando con sus dedos,
que quede bien pegado. Vuelvan a recortar el excedente si es necesario y apliquen una
segunda mano de cola a todo (incluyendo el plástico, foto 5). Es mejor que den muchas
manos de poca cola que pocas manos de mucha cola. Lo ideal es que dejen secar bien entre
una capa y la siguiente, si no tienen tiempo deberían por lo menos esperar a que seque al
tacto.
Ahora sí es momento de cerrar la hoja o tapa. Háganlo cuando la última mano aún está
fresca, cuidando que coincida bien con el resto del libro (foto 6). Saquen posibles burbujas
de aire presionando con cuidado con el pincel. Al secar, dar vuelta y aplicar una mano de
cola al fondo y laterales, y luego otra mano solo al fondo. Si quieren añejar más el libro,
pueden darle una última mano a todo mezclando en un pequeño recipiente cola con apenas
un poquito de tierra seca.
Una vez que seque todo lo anterior, rellenar el hueco con musgo sphagnum. Tomar
pequeños puñados de musgo y compactarlos, ir llenando poco a poco el espacio. Debe
quedar bien firme y compacto. Pueden ayudarse con un palillo (foto 7). Con una tijera cortar
todas las hebras de musgo excedentes (foto 8). Terminar con una capa fina de musgo verde,
solo decorativa. Tomen pequeños colchoncitos de musgo y con la ayuda de la punta del
palillo, vayan clavándolos sobre el sphagnum (foto 9). Lo que sigue es la peluquería: con una
tijera cortar los “pelos” (hebras) que queden desprolijos y sobresalidos (foto 10).
Presentar el gajo en el libro, sin plantar. Vayan probando hasta que les guste el lugar y una
vez elegido, con la ayuda de un palillo vayan haciendo huequitos y plantando uno a uno los
gajos. En el libro la silicona es opcional (foto 11). Empiecen por una punta y vayan
agregando uno a uno hasta llegar al otro extremo (foto 12). Al plantar los gajos traten de ser
ordenados en la forma de hacerlo, planten un gajo al lado del otro sin dejar espacios (foto
13). Esto es importante porque si van plantando salteados será mucho más complicado ir
tapando huecos a medida que se achican.
Una vez plantados los gajos principales, pueden poner minisuculentas entre ellos (foto 14).
Queda a criterio de cada uno, pero a mí personalmente no me gusta que se vea el musgo
cuando el libro está recién hecho, pienso que si se ve musgo aún hay lugar para otra
suculenta, por más pequeña que sea. Al crecer las suculentas se “despegarán” de la base y
dejarán expuesto el musgo, en ese caso tienen la opción de recortar y replantar, o dejarlo
salvaje.
TIPS Chequeen que la bolsa sea gruesa y no esté perforada. Para no enchastrar todo al
encolar, pueden abrir otra bolsa plástica y trabajar sobre esa superficie. Será cómoda
también para trasladar el libro al lugar de secado. Es normal durante los primeros meses que
al regar el libro tome color blanco, la cola vuelve a humedecerse pero unos minutos después
seca y recupera su transparencia.
Si quieren pueden pegar con silicona en la base del libro rodajas de unos 2 cm de corcho.
Esto es más que nada para darle altura si no quieren que el libro apoye directo sobre la
superficie donde vivirá. Pueden dejarlo tanto en interior bien luminoso como en exterior,
incluso a la intemperie (una vez que estén todos o la mayoría de los gajos enraizados, claro).
En la foto pueden ver cómo evolucionó el libro dos meses después de plantado. Todos
los gajos estaban enraizados o en proceso. Algunos perdieron algo de color durante la
adaptación, esto es normal ya que no podemos estresarlos lo suficiente durante el
enraizado para que mantengan esos tonos. En lugares donde el gajo se separó y deja
ver musgo, es buen momento para agregar algún gajito miniatura y completar huecos.
O revisar y si algún gajo murió, aprovechar para replantar.
Libro dos meses después.
Caracol
MATERIALES
ueden intervenir todo tipo de caracol, cualquiera sea su tamaño. Los medianos
P resultarán más interesantes por la cantidad de suculentas que podemos ponerles. Los
pequeños son muy hermosos también, aunque recomiendo usar una sola variedad o
poquitas miniaturas.
Comiencen rellenando con musgo sphagnum apenas húmedo el hueco del caracol (foto 1).
Ayúdense con un palillo y asegúrense de que están rellenándolo bien (foto 2). Vayan
aplastando y haciendo presión a medida que agregan musgo. Luego completen con sustrato
para suculentas (foto 3). Podrían obviar la capa de musgo y solo utilizar sustrato sin
problemas, o al revés, aunque en mi experiencia la combinación de ambos es muy efectiva.
Al completar con sustrato, ayúdense con el envés de la cucharita para compactarlo bien
(foto 4). Terminen con un colchón de musgo verde que hará de tapón y dejará todo lo
anterior bien fijado al caracol (foto 5). En caso de que el caracol presente roturas u otros
huecos además del principal, aprovéchenlos y llénenlos con sustrato y musgo (foto 6).
Comenzar a plantar, como siempre eligiendo primero el gajo principal. Si tiene mucho tallo
o un tallo plano como la Echeveria ‘Western Blue’ crestada que elegí para el mío, utilicen un
cuchillo para cortar y abrir el musgo, y que el gajo se inserte con comodidad (foto 7).
Apliquen silicona en el gajo (foto 8), asegurándose que la silicona va a quedar en contacto
con el musgo (foto 9). Repitan el proceso con el resto de los gajos, poco a poco completando
y componiendo con colores y formas. Vean cómo aplico la repetición con esta mini Crassula
‘Tom Thumb’ (foto 10), pegué uno a uno con silicona tres gajitos que dan la ilusión de ser
una sola planta (foto 11). Completar todo el caracol y terminar los detalles con minigajitos
(foto 12).
TIPS Pueden dejarlo en exterior a la intemperie sin problemas, será uno de los objetos más
fáciles de cuidar, ya que siempre tendrá buen drenaje y si lo riegan abundante las suculentas
vivirán superfelices. Como todos los objetos con gajos recién hechos, hay que cuidarlo del
sol directo el primer tiempo mientras enraíza.
Vajilla antigua
MATERIALES
• Tacita, tetera, tazón, etc. • Sustrato • Gajos • Cucharita • Piedras naturales y/o arena
gruesa • Cinta autoadhesiva entramada • Silicona • Taladro con mecha para metal
L en la base de la tacita. Para ello deberán usar un taladro con una mecha para metal lo
suficientemente fina como para no romper la base (en este caso usé de 4 mm). Tómense
su tiempo para este paso porque es lo más importante. Dos consejos: no quieran hacer el
agujero de una sola vez, tendrán que empezar y frenar varias veces, humedeciendo la punta
de la mecha con un poquito de agua o poniendo unas gotas de agua sobre el agujero que irá
formándose (foto 2). Y segundo, si ponen la mecha en un ángulo de 45° con respecto a la
base de la taza tienen más chances de que no se rompa (foto 1). Comiencen a 90° y a medida
que van avanzando vayan moviéndose entre 45° y 90°, haciendo pausas para girar la taza
(foto 3). Si no quieren agujerear la vajilla, por el motivo que sea (no se animan, no tienen
taladro, etc.) no hay problema. Simplemente deberán ubicar el objeto ya plantado reparado
de la lluvia y controlar muy bien el riego.
Cubrir el agujero en el interior de la taza con un cuadrado de cinta entramada, que podrán
pegar con unas gotas de silicona para que quede fija (foto 4). No necesitan esperar a que
seque para seguir con el resto de los pasos. La cinta se utiliza normalmente para
construcción en seco así que la consiguen en ferreterías y pinturerías, o casas especializadas
en el tema.
Completar un tercio de la taza con piedras para drenar (foto 5) y otro tercio con sustrato para
suculentas (foto 6). Elegir el o los gajos que van a utilizar. A medida que los van ubicando en
la taza vayan completando con cucharitas de sustrato de manera que quede completo, firme
y compacto (foto 7). Pueden ayudarse con el palillo o con una pinza (foto 8). Terminar con
piedras pequeñas o arena gruesa, con la ayuda de una cucharita (foto 9). Presionen
levemente la capa de piedras para mantener todo firme.
TIPS Si eligen perforar la base como yo les recomiendo, podrán ubicar la taza a la
intemperie y regar igual que riegan el resto de sus suculentas. Presten atención al color o
diseño de la taza y elijan suculentas que combinen, ya sea por repetición o por contraste.
Mix de suculentas en maceta
MATERIALES
T autoadhesiva entramada para evitar que alguna piedra (o telgopor en este caso) se
reacomode y tape el drenaje (foto 1). Llenar aproximadamente un cuarto de la maceta
con piedras para drenar, yo elegí reemplazarlas por telgopor partido para alivianar la
maceta (foto 2). Completar con sustrato hasta la mitad (foto 3).
Acomodar las plantas enraizadas primero (foto 4). Agreguen sustrato a medida que vayan
necesitando. Deberían llenar hasta lograr una superficie plana a 1 o 2 cm del borde (foto 7).
Ese espacio servirá para completar al final con piedras. Previo a las piedras, completen los
huecos con los gajos más grandes (foto 8) y reserven los pequeños.
Ahora sí, con la ayuda de una cuchara vayan agregando piedras hasta cubrir toda la
superficie de la maceta (foto 10). Es momento de completar con los gajos más pequeños
(foto 9). Giren la maceta mientras la van plantando así tienen en consideración todos los
frentes. Si bien pueden elegir uno y plantar en base a eso, en mi caso elijo todos porque me
gusta ir girándola cada tanto. Todas las hojas que se vayan desprendiendo durante el
plantado pueden aprovecharlas y acomodarlas en la misma maceta luego de la capa final de
piedras. Quedarán bajo las plantas grandes, protegidas del sol directo. Quizá no todas
prendan, pero muchas sí lo harán.
No rieguen por unos días, luego sí aunque haya gajos sin enraizar, habrá plantas con raíces
bien desarrolladas que podrán absorber cualquier excedente. Cuiden el arreglo recién hecho
del sol, sobre todo por los gajos pequeños que ahí sí no tendrán cómo autoprotegerse aún.
TIPS El telgopor partido puede reemplazarse por lo que ustedes quieran: escombros,
macetas rotas, piedras de construcción, carbón vegetal, canto rodado, etc.
Si bien es importante conocer los cuidados de cada especie y en teoría deberíamos agrupar
solo aquellas con requerimientos similares, ya saben que me gusta jugar un poco con esto y
hacer combinaciones inusuales. Siempre sabiendo qué es lo que estamos estresando,
podemos prestar atención y ver si el intruso se adapta a esas condiciones. Por ejemplo,
podemos armar un mix de cactus, Aloes y Haworthias, sabiendo que las últimas necesitan
más protección mientras que los cactus y Aloes podrían aguantar bastante sol directo. Lo
que pase seguramente sea que la Haworthia se coloree marrón rojiza o algún color similar.
Lo mismo al revés, podemos hacer un mix de Haworthias, Gasterias y Crassulas, y ubicarlo
en un lugar con mucha luz y nada de sol. Las Crassulas probablemente no tomen colores
espectaculares como al sol, pero pueden vivir bien con mucha luz dentro de los tonos
verdes.
Usen pequeñas plantas de relleno que crecerán junto al sustrato y aparecerán entre las
demás a medida que el grupo vaya creciendo, por ejemplo Crassula fragilis, Crassula
volkensii, Callisia repens, Sedum diffusum.
Revisando con cuidado cada detalle de este arreglo hecho especialmente para ilustrar este libro (pueden
ver el arreglo terminado en las páginas 8 y 9).
Un momento de diversión entre foto y foto con mi gorro, anteojos y mate de suculentas.
Microscopio
icroscopio nació en 2014 luego de varios años de búsqueda y poco a poco se
Desde chico me gustó el arte en todas sus expresiones así como las manualidades, el
reciclaje y por supuesto la naturaleza. En Microscopio puedo combinar todo eso, intentando
crear e inventar siempre algo nuevo. Mi intención es innovar, cuando comencé plantaba
minisuculentas en cápsulas de café y juguetes, hacía jardines verticales tipo cuadros vivos,
miniaturas y troncos. En ese entonces era aún un terreno poco explorado el de las
suculentas y el arte, con los años fue expandiéndose más y más.
Siempre quiero seguir reinventándome y que Microscopio esté en constante evolución.
Nunca hubiera imaginado al comenzar que un día iba a hacer un cuadro vivo para el
programa de Susana Giménez o me harían una nota para la revista Jardín (mi favorita,
incluso me convocaron para hacer la tapa de su edición aniversario N° 25), mucho menos
una escultura del Martín Fierro para la alfombra roja de los premios en Telefé (¡que no fue
una sino tres!). Los proyectos siguen sorprendiéndome y haciéndome crecer, la
incertidumbre de qué vendrá después y qué será lo próximo que llenaré de suculentas me
encanta.
Todo el tiempo escucho propuestas de colaboraciones y proyectos, y estoy dispuesto a
charlar cualquier idea suculenta que me propongan. El desafío es siempre seguir adelante
divirtiéndome y disfrutando del camino. Las suculentas me dan profunda satisfacción y el
hecho de transmitir eso, ya sea a través de este libro, en redes sociales, charlas en eventos o
en mis talleres solo acrecienta mi dedicación y entusiasmo.
Máxima concentración aprendiendo sobre suculentas en este taller dictado en 2018 en Carmen de Areco,
Buenos Aires.
Las charlas y los talleres que doy son una de mis partes favoritas porque puedo conectar con
ustedes cara a cara, ya sea en mi propio taller o en otros espacios grupales, en sus casas con
los talleres a domicilio o en la gira Microscopio que espero me lleve a recorrer toda la
Argentina (es mi sueño y gracias a ustedes poco a poco lo estoy cumpliendo).
Microscopio también evoluciona a través de las redes sociales donde logré conectar con
muchísima gente de todo el mundo que comparte esta pasión y me acompaña en este
camino, descubriendo y sorprendiéndonos juntos día a día. Espero que tanto este libro como
mis tips en YouTube, Instagram y demás les sirvan para conectar cada vez más con la
naturaleza y logren tener casas cada vez más verdes (o del color suculento que prefieran, ya
saben que tienen un arcoíris para elegir).
La base del reciclaje siempre está, intervenir objetos en desuso y resignificarlos es un placer
para mí, y nuevamente repito, un desafío porque no es solo poner una planta en un corcho,
sino lograr que ese corcho y la planta sean uno, sentir que el corcho está vivo y de él nació
una planta.
No solo por el reciclaje Microscopio es jardinería sustentable, las suculentas ya de por sí lo
son. Con ellas ahorramos recursos y son más efectivas que el resto de las plantas en cuanto
a su multiplicación hogareña. Ya saben que mi admiración por la forma en la que se adaptan
a casi todo es profunda y fuente inagotable de inspiración, por eso a través de los años yo
también fui y seguiré adaptándome con Microscopio a medida que deje fluir mi creatividad.
Hay mucho camino por delante y no sé dónde me encontraré en unos años, lo que sí es
seguro es que llegará el punto en que las suculentas conquisten el mundo, y Microscopio y
yo estaremos ahí para verlo, al fin y al cabo yo soy Microscopio y Microscopio soy yo.
Trabajando en el sector escalera de mi taller, uno de los lugares donde más sol y colores hermosos
tienen los objetos suculentos.
Bibliografía
Abella, Ignacio (2003): La magia de las plantas. RBA Libros S.A.
Baldwin, Debra Lee (2007): Designing with succulents. Timber Press.
Bradley, Richard (1716): The history of succulent plants (publicado por el autor).
International Crassulaceae Network:
[Link]
Ishicawa, Roberto y Alex Puig (1986): Enciclopedia Argentina de Plantas y Flores. Volumen
II, Editorial Lires SRL.
Jacobson, Arthur Lee (2001): Wild plants of greater Seattle (publicado por el autor).
Rowley, Gordon (1959): Flowering succulents. Living Barclays Bank Chambers, Farnham,
Surrey, Inglaterra: Colour Publications Limited.
Stevenson, Violet (1980): Las plantas de interior. Editorial Fontalba, SA.
Sunset Books y Sunset Magazine editors (1981): Introduction to basic gardening. Lane
Publishing Co.
Agradecimientos
Ana Maldonado, Ana María Di Fonzo, Andrea Canevaro, Bruno Carissimo, Christian
Macoretta, Claudia Del Santo, Dustin Luke, Editorial Albatros, Eli Leissa, Fabián Campione,
Florencia Cesari, Gabriela Escrivá, Gabriela Haldemann, Héctor Colombo, Ianina Celasco,
Inés Clusellas, Jipyfondos, José Luis Firpo, Josefina Genta, Karina Azaretzky, La casita
Albarellos, Laura Eubanks, Lucas Desimone, Lucas Gallardo, Lucía Cané, Marcela
Cavaglieri, María Laura Martínez, Martín Correa, Michael Jackson, Nuri Abramowicz, Pablo
Callegari, Pablo Paletta, Paola Di Bella, Revista Jardín, Rodolfo Fast, Sergio Rajchenberg,
Soledad Assandri, Soledad Pol, Telefé, Terrafértil SA, Uhu Argentina, Vicky Ocampo.
Un especial agradecimiento a todos los asistentes a mis talleres y seguidores en las redes
sociales que me acompañaron con grandes palabras de aliento en todo este proceso. Y por
supuesto, a mis amigos y familia, a mis mascotas Phoebe & Lisa (y sucujorro). Y por sobre
todo, a las suculentas.
CONTACTO
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Sedum ‘Blue Carpet’ florecido.
Coordinación: María Laura Martínez
Edición: Guadalupe Rodríguez
Fotografía, edición de fotos y estilismo: Karina Azaretzky
Diseño y diagramación: Paula Álvarez
Fotos
Alejandro Ariel Nemi: pp. 2-3, 6, 14, 23, 50 (derecha),
53, 90, 93 (superior), 99, 101, 148 (inferior), 149, 151
Lucas Desimone: pp. 10, 152-3
Mariana Quevedo (La genoveva): p. 15
Inés Clusellas para revista Jardín: p. 92
Pablo Callegari: p. 146, contratapa
Prensa Telefé: p. 154
SUCULENTAS
Primera edición
Impreso en Galt S.A. - Ayolas 494 - Buenos Aires - Argentina.
15 de agosto de 2019
Copyright © 2019 by EDITORIAL ALBATROS SACI
J. Salguero 2745 5º - 51 (1425)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina
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ISBN: 978-950-24-9535-4
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