Mikiso Hane
Breve historia de Japón
Título original: Japan: A Short History
Traducción de Esther Gómez Parro
Primera edición: 2003
Cuarta edición: 2013
Novena reimpresión: 2023
Diseño de colección: Estrada Design
Diseño de cubierta: Manuel Estrada
Ilustración de cubierta: El emperador Hirohito vestido para su coronación (1928).
© Bettmann / CORBIS
Selección de imagen: Alicia Fuentes
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© Mikiso Hane, 2000
© de la traducción: Esther Gómez Parro, 2003
© Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2003, 2023
Calle Valentín Beato, 21
28037 Madrid
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ISBN: 978-84-206-5367-9
Depósito legal: M. 29.488-2011
Printed in Spain
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Índice
11 Prólogo
13 Introducción
21 1. De los orígenes a la era heiana
24 Las eras Yamato y heiana: desarrollo político
32 Evolución social y económica
35 Evolución cultural y religiosa
39 La literatura y la poesía
42 Arte y arquitectura
44 2. La época de la hegemonía samurái: 1185-1600
44 Evolución política
50 El shogunato Ashikaga (1338-1573)
53 Las clases sociales: el campesinado
55 La situación de la mujer
56 Evolución económica
57 Evolución cultural e intelectual: la cultura samurái
59 El budismo en la época Kamakura-Muromachi
63 Arte y literatura
67 Encuentro con Occidente
69 Preludio a la hegemonía Tokugawa
7
Índice
72 3. El gobierno Tokugawa
75 El campesinado
77 Los habitantes de las ciudades
79 Otras clases sociales: los parias
81 La mujer en la sociedad Tokugawa
84 Evolución política
86 Evolución cultural e intelectual
89 La escuela del Aprendizaje Nacional
92 Pensadores en contra de lo establecido
94 La vida de los plebeyos
97 La vida en las ciudades
99 La cultura Tokugawa
102 Educación
102 Problemas políticos y económicos
109 El fin del aislamiento
113 La desaparición del régimen Tokugawa
122 4. La implantación del régimen Meiji
124 La Restauración Meiji
126 Reformas políticas
133 Redacción de la Constitución
137 Reformas sociales
138 Otros cambios institucionales
141 La reconstrucción económica
148 La educación
152 Manifestaciones intelectuales en los primeros
años de la era Meiji: civilización e ilustración
154 Panorama religioso
156 5. Los últimos años de la era Meiji
156 El auge del nacionalismo cultural
160 La influencia occidental en la literatura
8
Índice
164 Evolución social
183 Situación política a finales de siglo
185 El enfrentamiento con China por Corea
194 La situación interna al final de la era Meiji
203 6. Los años Taishō: el camino hacia la democracia
203 Relaciones exteriores
208 Evolución de la política interior
212 Los movimientos socialista y comunista
217 Mujeres militantes
223 Vida intelectual y cultural
232 Avances socioeconómicos
238 7. Rumbo a la guerra
243 La aparición de los activistas nacionalistas
radicales
249 Intentos de asesinato
251
La extrema derecha en la política interior
y exterior
264 Rumbo a la guerra del Pacífico
272 Aumento de las tensiones internas y externas
285 La guerra del Pacífico y la derrota
303 8. El reformismo de posguerra y la reconstrucción
310 Reformas educativas
311 La nueva Constitución
312 Cambios políticos durante el gobierno
del comandante supremo
315 Evolución política tras la ocupación
321 Desarrollo económico
331 Las relaciones exteriores y el comercio
337 Condiciones sociales
9
Índice
341 Problemas sociales
347 La posición de la mujer
350 Evolución cultural e intelectual
359 El cine
361 Arte y arquitectura
362 Cambios en la educación a partir de 1956
364 Los últimos años del siglo xx
366 Notas
374 Bibliografía
398 Índice analítico
10
Prólogo
Este estudio de la historia de Japón intenta presentar
una visión general de los acontecimientos acaecidos en
este país desde sus orígenes hasta nuestros días, median-
te el análisis no sólo de los aspectos políticos y económi-
cos, sino más concretamente de los temas sociales, cultu-
rales e intelectuales.
Los nombres japoneses premodernos aparecen trans-
critos al estilo tradicional, es decir, el apellido seguido
del nombre. Para transcribir los nombres y términos
contemporáneos se ha utilizado el sistema Hepburn. En
la era premoderna, lo habitual era dirigirse a las personas
por el nombre. Así, a los artistas y poetas se les cita como
Hiroshige, Utamaro, Bashō, etc.
Deseo dar las gracias a mis amigos y colegas de la Uni-
versidad estadounidense de Knox por su apoyo y mani-
festar mi gratitud a los miembros de Oneworld Publica-
11
Breve historia de Japón
tions por su valioso asesoramiento y sus consejos durante el
proceso de edición. También quiero dar las gracias de
forma especial a Juliet Mabey por haberme animado a
emprender este proyecto, y a Rebecca Clare y Alaine
Low por su minucioso análisis del manuscrito para ga-
rantizar la claridad y precisión del texto.
Huelga decir que cualquier error o incoherencia es ex-
clusivamente responsabilidad del autor.
12
Introducción
En 1998, Japón ocupaba el octavo lugar del mundo en
número de habitantes. Más de 126,4 millones de japone-
ses se agrupan en un área de extensión similar a la del es-
tado norteamericano de Montana. Las islas que forman
esta nación son montañosas, con apenas un 14% de tie-
rra cultivable. Aunque pobre en recursos naturales, este
país es la segunda potencia industrial del mundo. Hasta
el siglo xix, Japón era una nación prácticamente aislada,
si bien mantenía estrechos lazos culturales con Corea y
China. Su vida social, política y económica ha sido mol-
deada esencialmente por factores y acontecimientos in-
ternos.
A efectos de periodización, las etapas prehistórica y pro-
tohistórica se han clasificado en Jōmon (de ca. 8000 a. C.,
o aun antes, hasta el año 250 a. C.) y Yayoi (de ca. 250 a. C.
hasta el año 250 de nuestra era), respectivamente. La
primera debe su nombre a la cerámica cordada caracte-
13
Breve historia de Japón
rística de ese período, mientras que la segunda lo recibe
del lugar en el que se encontraron los objetos de cerámi-
ca pertenecientes a esta era. Le sigue el período Yamato
(de ca. 300 al 710 de nuestra era), cuyo centro político
estaba situado aproximadamente en la zona de la actual
Kioto, conocida entonces como Yamato. A éste le sigue
el período Nara (710-784), que recibe su nombre de la
entonces capital. Ésta se trasladó a otra ciudad, para es-
tablecerse diez años más tarde en Heian, la actual Kioto,
por lo que a este período se le conoce como heiano (794-
1185). Más adelante, el clan Minamoto emplazó su sede
oficial, el shogunato, en Kamakura (1185-1333), período
al que siguió la era del shogunato de Ashikaga (1338-
1573). Tras un cuarto de siglo de dominio de dos caudi-
llos, Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, el clan Toku-
gawa estableció su hegemonía y la unidad nacional durante
su régimen, que duró de 1600 a 1867. Desde entonces,
las distintas épocas han ido recibiendo el nombre de sus
emperadores: Meiji (1868-1912), Taishō (1912-1926),
Shōwa (1926-1989) y la actual era Heisei (1989-).
Desde un punto de vista político, tras la inmigración
de pueblos procedentes del continente y, posiblemente,
del Sureste Asiático, la historia de Japón ha sido una
continua lucha entre varios jefes de tribus y clanes por
imponer su hegemonía en las islas. Finalmente, el clan
que logró imponerse estableció la dinastía imperial alre-
dedor de finales del siglo v y principios del vi. No obs-
tante, era la aristocracia cortesana la que, hasta el siglo
xii, realmente ostentaba el poder durante la época impe-
rial. El emperador era una mera figura representativa
puesta en un pedestal, aunque nadie en toda la historia
14
Introducción
de Japón se atrevió a eliminar el sistema imperial, que
aparentemente contaba con todos los respetos. En el si-
glo xii, la aristocracia cortesana sufrió el desafío de la
cada vez más importante clase guerrera, que estableció el
gobierno samurái. Desde finales del siglo xii hasta el si-
glo xix, diferentes clanes guerreros ostentaron el control
político y ejercieron su poder a través de la figura de una
especie de comandante general, el shogún. Estos líderes
mantenían enfrentamientos periódicos con otros cabeci-
llas militares, si bien desde principios del siglo xvii hasta
mediados del xix el shogunato de Tokugawa retuvo el
control político. Aún así, se permitió que la corte impe-
rial permaneciera en Kioto como gobierno simbólico del
país. Por tanto, hasta mediados del siglo xix –comienzo
de la apertura de Japón a Occidente– existieron básica-
mente dos fuerzas políticas: la clase militar y la aristocra-
cia cortesana. En 1868 se restauró, en teoría, la autori-
dad imperial, pero el poder político siguió estando en
manos de diferentes camarillas, incluidas las militares,
hasta la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mun-
dial.
Antes del siglo xix, la economía japonesa era funda-
mentalmente agraria. El cultivo del arroz se introdujo en
las islas alrededor del año 100 a. C., y los campesinos a
duras penas se ganaban la vida trabajando las escasas tie-
rras cultivables, sembrando arroz en los reducidos arro-
zales de las zonas llanas y construyendo terrazas en las
laderas para plantar otros cereales y verduras. El cultivo
de té y la cría de gusanos de seda se convirtieron también
en una importante fuente de ingresos para los habitantes
de los pueblos. Con el tiempo, llegaría a florecer la acti-
15
Breve historia de Japón
vidad artesanal gracias a la introducción, a partir del si-
glo v, de la artesanía procedente de China y Corea. La
tierra cultivada por los campesinos satisfacía las necesi-
dades materiales de la clase dominante, por lo que la lu-
cha por el poder entre los caudillos tribales y los jefes de
clanes constituía más bien una lucha por obtener el con-
trol de la tierra cultivable y de los campesinos que la tra-
bajaban. El comercio era de tipo local, aunque el impul-
so de las relaciones comerciales con China en los si-
glos xiii y xiv favoreció la actividad mercantil y los
contactos con el exterior, incluida la llegada de comer-
ciantes y misioneros procedentes de Occidente. Las ba-
rreras a la apertura impuestas por el shogunato de Toku-
gawa en el siglo xvii perjudicaron al comercio exterior,
pero el comercio interno se vio favorecido, y surgieron
numerosos puntos comerciales.
Desde sus orígenes, Japón conoció una jerarquía esta-
blecida entre poderosos y súbditos que los servían en
distintos niveles. Con la introducción de las ideas de
Confucio durante los siglos v y vi, se vio reforzada la
idea de mantener un orden social estratificado; de ahí
que el énfasis confuciano por conservar la división entre
clases «superiores» e «inferiores» y mantener unas rela-
ciones adecuadas para asegurar la armonía social (que
obligaba a las personas de rango «inferior» a comportar-
se de acuerdo con su posición dentro de los ámbitos fami-
liar y social) haya quedado tan arraigado en las costum-
bres japonesas. Este imperativo social se vio reforzado, a
finales del siglo xii, con la aparición de una nueva fuerza
dominante: los samuráis, que impusieron el sistema je-
rárquico a golpe de espada. El shogunato Tokugawa es-
16
Introducción
tableció una jerarquía social de samuráis, campesinos,
artesanos y mercaderes que se basaba, a su vez, en la je-
rarquía confuciana de eruditos, campesinos, artesanos y
mercaderes. Fuera de esta clasificación quedaban los lla-
mados «impuros», los descastados. Este orden situaba a
la casta samurái en la cúpula, por encima de todas las de-
más. Las distinciones de clase se conservaron incluso
después de acabada la hegemonía Tokugawa y ya co-
menzada la era Meiji, en la que se empadronaba a los in-
dividuos como shizoku (antigua clase samurái) y plebe-
yos. También se mantuvo el estatus especial del que
gozaba la antigua aristocracia, identificándola como ka-
zoku (nobleza). La discriminación del grupo de los des-
castados se mantuvo igualmente, sólo que ahora bajo el
apelativo de «nuevos plebeyos». La Segunda Guerra
Mundial puso fin a las diferencias legales de clase, aun-
que continuó la discriminación social.
Esta evolución en cuanto a las diferencias de clase re-
percutió también en el lugar ocupado por las mujeres.
Existen pruebas de que la sociedad japonesa fue, en sus
orígenes, matriarcal, o al menos una sociedad regida por
la línea materna. La aceptación de la filosofía social de
Confucio y el ascenso de la clase samurái trajeron como
resultado un declive gradual de la posición social de la
mujer. En la era Tokugawa, la discriminación del género
femenino llegó a ser muy acusada entre la clase samurái,
pero las relaciones entre hombres y mujeres del pueblo
llano siguieron siendo menos rígidas.
La situación geográfica de la isla ha influido en el pen-
samiento japonés, provocando un profundo egocentris-
mo y, en última instancia, un acusado nacionalismo. El
17
Breve historia de Japón
clan imperial y sus defensores fomentaron a lo largo de
los años un concepto de singularidad y, sobre todo,
de superioridad racial. El convencimiento de dicha su-
perioridad y del carácter único del pueblo japonés se vio
reforzado también por la reacción ante la poderosa in-
fluencia cultural de China. Como veremos después, esta
reacción se puso de manifiesto en el nacionalismo cultu-
ral durante el período heiano (794-1185), en el naciona-
lismo budista de Nichiren durante el período Kamakura
y en el resurgimiento del llamado «Aprendizaje Nacio-
nal» (kokugaku) durante el período Tokugawa. Este na-
cionalismo creció con la apertura del país a Occidente,
ya que promovió un movimiento de afirmación de la au-
tonomía japonesa frente a la invasión del mundo occi-
dental. Más tarde, dicho nacionalismo se convirtió en
militarismo e imperialismo frente a los países vecinos.
Otra característica de la mentalidad japonesa es el sen-
tido de identidad de grupo, desde la familia hasta la na-
ción en su conjunto, pasando por el clan, la comunidad
y la provincia. En términos inmediatos, se trata de una
identificación con el círculo social más cercano; de ahí
que el individualismo en el Japón tradicional nunca llega-
ra a ser un modelo de conducta aceptable. Esta tendencia
a renunciar a los intereses individuales en beneficio del
grupo se intensificó con la llegada del confucianismo y su
código moral, forjado en torno a la familia. El énfasis
concedido al interés del grupo desembocó en la idealiza-
ción de valores tales como la sumisión, la obediencia, el
sacrificio, la responsabilidad, el deber, etc. Al mismo
tiempo, la importancia depositada en los intereses del
grupo dio como resultado una estrecha mentalidad pro-
18
Introducción
vinciana que distinguía claramente entre los que perte-
necen al grupo y los que no. Esta mentalidad «grupal»,
en oposición al «otro», no sólo se aplicó al ámbito fami-
liar sino también, en última instancia, a «nosotros, los ja-
poneses», frente a los extranjeros.
En el campo cultural, religioso e intelectual, el factor más
significativo de los que modelaron la vida tradicional japo-
nesa fue la cultura china, que inicialmente llegó a través de
Corea en el siglo iv y cuyo impacto crecería con el tiempo.
El sistema de escritura y aprendizaje, la literatura, la filoso-
fía, la religión, las artes, la artesanía y la arquitectura, entre
otros, se importaron directamente o bien se adaptaron e in-
corporaron a la vida y la sociedad japonesas. El impacto cul-
tural chino trajo consigo el florecimiento de la cultura y la
literatura nativas durante el período heiano y en adelante.
La religión autóctona era el sintoísmo, una creencia
esencialmente animista caracterizada por una estrecha
identificación con la naturaleza. De hecho, se creía que
muchos elementos de la naturaleza albergaban espíritus
sagrados. La familia imperial abrazó el sintoísmo por in-
tereses políticos, justificando así su derecho a gobernar
como descendiente de la diosa Sol. De este modo, el sin-
toísmo politizado se transformó en la base del naciona-
lismo, en tanto que para el pueblo siguió siendo el centro
vital del rito animista.
Con la llegada de la civilización china se introdujo el
budismo, que fue muy bien recibido por la corte heiana.
En el período Kamakura, las sectas más significativas di-
fundieron ampliamente esta religión, que se convirtió en
el credo principal del pueblo. En el terreno artístico, la
secta Zen influyó en la vida estética japonesa desde el pe-
19
Breve historia de Japón
ríodo Kamakura hasta nuestros días. La base del apren-
dizaje la constituyó el confucianismo, que fue adoptado
por el shogunato como religión oficial durante el perío-
do Tokugawa y que, junto con el nacionalismo sintoísta,
se convirtió, ya en la era moderna, en el pilar moral del
sistema educativo.
El auge de la casta samurái en el período heiano tardío
favoreció la expansión del otro credo con fuerte calado
en la mentalidad japonesa: el código de los guerreros
(bushidō). El lado «militarista» de Japón nació precisa-
mente como reacción al sector civil, alimentado y fomen-
tado en la corte heiana por los aristócratas, que, a su vez,
habían adoptado de China el código de propiedad, deco-
ro, moderación, compostura, etc. Los samuráis defendían
la actuación directa y la decisión, por lo que el código de
los guerreros, con sus valores espartanos, funcionaba
como contrapunto al refinamiento de los aristócratas cor-
tesanos, así como al cada vez más libre y hedonista modo
de vida de los habitantes de las ciudades, que nacieron
en la era Tokugawa. En consecuencia, el sistema de valo-
res japonés, como el de otras sociedades, evolucionó de
una manera polifacética.
A partir de mediados del siglo xix, Japón comenzó a
sentir la enorme influencia de la civilización occidental,
aunque el pensamiento liberal y democrático no contó
con la aceptación popular hasta después de la Segunda
Guerra Mundial. No obstante, desde el siglo xix, la cul-
tura y el modo de pensamiento tradicional han ido evo-
lucionando junto con el occidentalismo, dando lugar al
peculiar carácter japonés.
20
1. De los orígenes a la era heiana
Ni arqueólogos ni historiadores han conseguido hasta el
momento determinar con exactitud el origen del pueblo
japonés. Se supone que varios grupos tribales llegaron a
las islas en distintos períodos, y que algunos de los pri-
meros inmigrantes fueron gentes tungúsicas procedentes
del noreste del continente asiático. También se cree que
algunos procedían del sur, en concreto del sureste de
Asia o de China meridional. Lo que nadie duda es que
contingentes de mongoles entraron en las islas por Co-
rea. Entre los primeros habitantes de Japón se encon-
traban los antepasados del actual pueblo ainu, ubicado
inicialmente en la isla de Hokkaido. De hecho, la len-
gua japonesa tiene vínculos con las lenguas polinesias y
altaicas.
La primera etapa del Neolítico en Japón es conocida
como período Jōmon. Hasta hace poco tiempo se supo-
nía que este período se remontaba al año 4.500 a. C.
21
Breve historia de Japón
aproximadamente, y que habría durado más o menos
hasta el 250 a. C., pero recientes hallazgos arqueológicos
han extendido su origen hasta el 8.000 a. C. Los descu-
brimientos arqueológicos de 1997 han llevado a algunos
a creer que la cultura Jōmon ya existía en el 10.000 a. C.
En un principio, se pensaba que los pueblos Jōmon se
dedicaban a la caza, a la pesca y a almacenar alimentos,
pero los últimos yacimientos han puesto de manifiesto
que ya practicaban la agricultura hace aproximadamente
6.000 años. Se han encontrado muestras de construccio-
nes de viviendas sencillas, lo que revela que no eran sim-
ples cavernícolas. Su cerámica tenía un estilo distintivo a
modo de impresiones cordadas en alto relieve o jōmon,
término con el que se designa tanto al estilo como al pe-
ríodo histórico.
La última etapa del Neolítico en Japón es conocida
como período Yayoi, nombre de la región de Tokio en
donde, en 1884, se descubrió la cerámica característica
de esta época, que se diferencia de la cerámica Jōmon en
que la primera incorpora el uso del torno y presenta un
color rojizo y una decoración elaborada. Se supone que
el período Yayoi comenzó en torno al año 250 a. C. al
norte de Kyushu, y que se extendió hasta aproximada-
mente el año 250 d. C. Este período fue testigo de la in-
troducción del cultivo del arroz desde el sureste de Asia
o China, dando lugar a un peculiar estilo de vida econó-
mico y sociopolítico que gobernó la cultura japonesa
hasta la moderna era industrial.
En el período Yayoi existieron dos grandes centros de
población: Kyushu, al norte, y Yamato, en el centro de Ja-
pón, en el área que rodea la ciudad de Kioto. Se cree que
22
1. De los orígenes a la era heiana
los coreanos, conducidos por jefes de clanes, realizaron
incursiones cada vez más frecuentes en los últimos años
del período Yayoi. Al contar con mejor armamento mili-
tar y, quizás, con guerreros jinetes, pudieron expandir su
influencia política hasta el norteño Kyushu y, finalmente,
hasta el centro de Japón.
La historia tradicional japonesa consideraba a los pri-
meros inmigrantes coreanos como extranjeros que habían
sido «niponizados». Los últimos datos aportados por Co-
rea indican que los coreanos no eran considerados ex-
tranjeros, sino un pueblo similar a otros que habían llega-
do antes, mezclándose con su población, y que ejercía un
papel cada vez más importante en los ámbitos político,
cultural y económico del primitivo Japón. De hecho, mu-
chos de los emperadores incluidos en la línea de linaje im-
perial eran, en realidad, coreanos. La entrada de pobla-
ción coreana y china continuó hasta los siglos vi y vii.
No existen testimonios escritos de la primitiva historia
de Japón, ya que no contaban con un sistema de escritu-
ra. Los primeros escritos históricos se remontan a los si-
glos v y vi, años en los que China introdujo de forma im-
portante su cultura y su conocimiento. De hecho, son los
anales chinos los primeros que ofrecen datos sobre el
primitivo Japón. Se pueden encontrar referencias a Ja-
pón en la Historia del reinado de Wei, escrita en el año 297
de nuestra era. Más adelante, se menciona Japón en la
Historia de la última dinastía Han, recopilada en torno al
año 448. Estos testimonios indican que Japón atravesó
un período de luchas civiles durante el siglo ii, al mismo
tiempo que mencionan a una reina llamada Pimiku (Hi-
meko en japonés), una hechicera que practicaba magia y
23
Breve historia de Japón
brujería. Supuestamente, esta mujer fue uno de los prime-
ros líderes políticos, pero ningún historiador ha confirma-
do su posición como cabeza de la dinastía imperial. Tam-
poco existen pruebas concluyentes sobre el lugar donde
vivía. Algunos afirman que en el norte de Kyushu; otros la
sitúan en el Japón central, alrededor de la actual Kioto.
La historia nacional oficial antes de la derrota de Japón
en la Segunda Guerra Mundial aseguraba que la dinastía
imperial descendía de Amaterasu, la diosa Sol. Ésta en-
vió a su nieto Ninigi a Japón para que gobernara la tie-
rra. Ninigi se estableció en el norteño Kyushu, y su bis-
nieto Jimmu, el mítico primer emperador de Japón,
abandonó Kyushu para reinar sobre el resto del país.
Tras someter a los enemigos que se interponían a su paso,
se estableció en la zona de Yamato y ascendió al trono en
el año 660 a. C. Sin embargo, desde el punto de vista his-
tórico, se cree en la existencia de numerosos clanes que
luchaban por el poder. Existen pruebas históricas fide-
dignas que narran la llegada de muchos jefes de clanes
desde el continente asiático a través de Corea y que, final-
mente, el clan vencedor se asentó en la zona de Yamato.
Por esta razón, el período comprendido entre aproxima-
damente el siglo iii de nuestra era y principios del siglo
viii es conocido con el nombre de período Yamato.
Las eras Yamato y heiana: desarrollo político
De acuerdo con las conclusiones de algunos historiado-
res, el verdadero fundador de la dinastía imperial fue el
emperador Sujin, que gobernó en los últimos años del si-
24
1. De los orígenes a la era heiana
glo iii de nuestra era. No obstante, otros historiadores
opinan que Sujin también fue una figura mítica y que el
primer soberano de la historia fue el emperador Ōjin,
del que se cree que reinó en torno al año 400.
En realidad, Ōjin era oriundo de Corea, del reino de Paek-
che, conocido como Homuda en su época. Muchos historia-
dores sostienen que sólo los reyes y emperadores posteriores
al reinado de Ōjin fueron verdaderos personajes históricos.
En la época de Ōjin hubo otros jefes de clanes que trataron
de imponer su gobierno. Todo parece indicar que quien ob-
tuvo el control de la región de Yamato, y consiguió establecer
la dinastía imperial que ha sobrevivido hasta hoy día, fue el
emperador Keitai, a principios del siglo vi. Así pues, es posi-
ble que existieran tres dinastías principales en el período Ya-
mato: los clanes Sujin, Ōjin y Keitai. Lo más probable es que
fuera el sucesor de Keitai1 el que impusiese su dominio sobre
la mayor parte del Japón en aquel entonces.
Tras Keitai el clan imperial intentó centralizar el poder
y reforzar su base política. A partir de los siglos iv y v, la
influencia coreana y china se extendió a todo el país, y
comenzaron a llegar a Japón sus conceptos culturales,
intelectuales, religiosos y políticos. Desde una perspecti-
va política, el clan gobernante intentó fortalecer su posi-
ción adoptando las instituciones y prácticas políticas chi-
nas. El personaje que supuestamente facilitó este proceso
fue el príncipe Shōtoku (574-622), regente de la empera-
triz desde el año 593 hasta su muerte. Algunos creen, no
obstante, que los verdaderos reformistas eran miembros
del clan Soga, que tenían ascendencia coreana.
Las reformas de Shōtoku desembocaron en la promul-
gación de la Constitución de los Diecisiete Artículos en
25