TEMA 5
1.- LA LEY 39/2006, de 14 de diciembre, de PROMOCIÓN
DE LA AUTONOMIA A LAS PERSONAS EN SITUACION DE
DEPENDENCIA: DISPOSICIONES GENERALES
A.- INTRODUCCION:
La atención a las personas en situación de dependencia y la promoción de su autonomía
personal constituye uno de los principales retos de3 la política social de los países
desarrollados. El reto no es otro que atender a las necesidades de aquellas personas que por
actividades esenciales de la vida diaria, alcanzar una mayor autonomía personal y poder
ejercer plenamente sus derechos de ciudadanía.
En octubre de 2003 se aprobó en el Pleno del Congreso de los Diputados la Renovación del
Pacto de Toledo con una Recomendación Adicional 3ª, que expresa: “resuelta por tanto
necesario configurar un sistema integrado que aborde desde la perspectiva de globalidad del
fenómeno de la dependencia y la Comisión considera necesaria un pronta regulación en la que
se recoja la definición de dependencia, la situación actual de su cobertura, los retos previstos
y las posibles alternativas para su protección.
El reconocimiento de los derechos de las personas en situación de dependencia ha sido puesto
de relieve por numerosos documentos y decisiones de organizaciones internacionales, como la
Organización Mundial de la Salud, el Consejo de Europa y la Unión Europea. En 2002, bajo la
presidencia española, la Unión Europea decidió tres criterios que debían regir las políticas de
dependencia de los Estados miembros: Universidad, alta calidad y sostenibilidad en el tiempo
de los sistemas que se implanten.
Las condiciones del informe de la Subcomisión sobre el estudio de la situación actual de la
discapacidad, de 13 de diciembre de 2003, coinciden en la necesidad de configurar un sistema
integral de la dependencia desde una perspectiva global con la participación activa de toda la
sociedad.
En España, los cambios demográficos y sociales están produciendo un incremento progresivo
de la población en situación de dependencia. Por una parte, es necesario considerar el
importante crecimiento de la población de más de 65 años, que se ha duplicado en los últimos
30 años, para pasar de 3,3 millones de personas en 1970 (un 9,7 por ciento de la población
total) a más de 6,6 millones (16,6 por ciento). A ello hay que añadir el fenómeno demográfico
denominado “envejecimiento del envejecimiento”, es decir, el aumento del colectivo de
población con edad superior a 80 años, que se ha duplicado en sólo veinte años.
1
Ambas cuestiones conforman una nueva realidad de población mayor que conlleva problemas
de dependencia en las últimas etapas de la vida para un colectivo de personas cada vez más
amplio. Asimismo, diversos estudios ponen de manifiesto de clara correlación existente entre
la edad y las situaciones de discapacidad, como muestra el hecho de que más del 32% de las
personas mayores de 65 años tengan algún tipo de discapacidad mientras que este porcentaje
se reduce a un 5% para el resto de la población.
A esta realidad, derivada del envejecimiento, debe añadirse la dependencia por razones de
enfermedad y otras causas de discapacidad o limitación, que se ha incrementado en los
últimos años por los cambios producidos en las tasas de supervivencia de determinadas
enfermedades crónicas y alteraciones congénitas y, también, por las consecuencias derivadas
de los índices de siniestralidad vial y laboral.
El propio texto constitucional, en sus artículos 49 y 50, se refiere a la atención a personas con
discapacidad y personas mayores y a un sistema de servicios sociales promovido por los
poderes públicos para el bienestar de los ciudadanos. Si en 1978 los elementos fundamentales
de ese modelo de Estado del bienestar se centraban, para todo ciudadano, en la protección
sanitaria y de la Seguridad Social, el desarrollo social de nuestro país desde entonces ha
venido a situar a un nivel de importancia fundamental a los servicios sociales, desarrollados
fundamentalmente por las Comunidades Autónomas, con colaboración especial del tercer
sector, como cuarto pilar del sistema de bienestar, para la atención a las situaciones de
dependencia.
La ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las
personas en situación de dependencia, regula las condiciones básicas de promoción de la
autonomía personal y de atención a las personas en situación de dependencia mediante la
creación de un Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), con la
colaboración y participación de todas las Administraciones Públicas.
El Sistema tiene por finalidad principal la garantía de las condiciones básicas y la previsión de
los niveles de protección a que se refiere la presente Ley. A tal efecto, sirve de cauce para la
colaboración y participación de las Administraciones Públicas y para optimizar los recursos
públicos y privados disponibles. De este modo, configura un derecho subjetivo que se
fundamenta en los principios de universalidad, equidad y accesibilidad, desarrollando un
modelo de atención integral al ciudadano, al que se reconoce como beneficiario su
participación en el Sistema y que administrativamente se organiza en tres niveles.
En este sentido, la competencia exclusiva del Estado para la regulación de las condiciones
básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en
el cumplimiento de los deberes constitucionales (art. 149.1 CE), justifica la regulación, por
parte de esta Ley, de las condiciones básicas de promoción de la creación de un Sistema para
2
la Autonomía y Atención a la Dependencia con la colaboración y participación de todas las
Administraciones Públicas, y con pleno respeto de las competencias que las mismas hayan
asumido en materia de asistencia social en desarrollo del art. 148.1.20 de la CE.
La Ley establece un nivel mínimo de protección, definido y garantizado financieramente por la
Administración General del Estado. Asimismo, como un segundo nivel de protección, la Ley
contempla un régimen de cooperación y financiación entre la Administración General del
Estado y las Comunidades Autónomas mediante convenios para el desarrollo y aplicación de
las demás prestaciones y servicios que se contemplan en la Ley. Finalmente, las Comunidades
Autónomas podrán desarrollar, si así lo estiman oportuno, un tercer nivel adicional de
protección a los ciudadanos.
B.- DISPOSICIONES GENERALES
1.- OBJETO DE LA LEY 39/2006 de 14 de diciembre, DE
PROMOCIÓN DE LA AUTONOMIA PERSONAL Y ATENCION A LAS
PERSONAS EN SITUACION DE DEPENDENCIA.
El art. 1 de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de promoción de la Autonomía Personal y
Atención a las personas en situación de dependencia, dispone que la misma tendrá por objeto
regular las condiciones básicas que garanticen la igualdad en el ejercicio del derecho subjetivo
de ciudadanía a la promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación
de dependencia, en los términos establecidos en las leyes, mediante la creación de un Sistema
de todas las Administraciones Públicas y la garantía por la Administración General del Estado
de un contenido mínimo común de derechos para todos los ciudadanos en cualquier parte del
territorio del Estado español.
El Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia responderá a una acción
coordinada y cooperativa de la Administración General del Estado y las Comunidades
Autónomas, que contemplará medidas en todas las áreas que afectan a las personas en
situación de dependencia, con la participación, en su caso, de las Entidades locales.
3
a.- DEFINICIONES:
A efectos de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, el artículo 2 de la misma dispone lo que se
entiende por:
1. Autonomía: la capacidad de controlar, afrontar y tomar, por propia iniciativa,
decisiones personales acerca de cómo vivir de acuerdo con las normas y preferencias
propias así como de desarrollar las actividades básicas de la vida diaria.
2. Dependencia: El estado de carácter permanente en que se encuentran las personas
que, por razones derivadas de la edad, la enfermedad o la discapacidad, y ligadas a la
falta de la atención de otra u otras personas o ayudas importantes para realizar
actividades básicas de la vida diaria o, en el caso de las personas con discapacidad
intelectual o enfermedad mental, de otros apoyos para su autonomía personal.
3. Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD): las tareas más elementales de la
persona, que le permiten desenvolverse con un mínimo de autonomía e
independencia, tales como: el cuidado personal, las actividades domésticas básicas, la
movilidad esencial, reconocer personas y objetos, orientarse, entender y ejecutar
órdenes o tareas sencillas.
4. Necesidades de apoyo para la autonomía personal: las que requieren las
personas que tienen discapacidad intelectual o mental para hacer efectivo un grado
satisfactorio de autonomía personal en el seño de comunidad.
5. Cuidados no profesionales: la atención prestada a personas en situación de
dependencia en su domicilio, por personas de la familia o de su entorno, no vinculadas
a un servicio de atención profesionalizada.
6. Cuidados profesionales: los prestados por una institución pública o entidad, con y
sin ánimo de lucro, o profesional autónomo entre cuyas finalidades se encuentre la
prestación de servicios a personas en situación de dependencia, ya sean en su hogar o
en un centro.
7. Asistencia personal: Servicio prestado por un asistente personal que realiza o
colaborar en tareas de la vida cotidiana de una persona en situación de dependencia,
de cara a fomentar su vida independiente, promoviendo y potenciado su autonomía
personal.
8. Tercer sector: Organizaciones de carácter privado surgidas de la iniciativa ciudadana
o social, bajo diferentes modalidades que responden a criterios de solidaridad, con
4
fines de interés general y ausencia de ánimo de lucro, que impulsan el reconocimiento
y el ejercicio de los derechos sociales.
b.- PRINCIPIOS DE LA LEY 39/2006, de 14 de diciembre
La Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las
Personas en Situación de Dependencia se inspira, a tenor de su art.3, en los siguientes
principios:
1. El carácter de las prestaciones del Sistema para la Autonomía y Atención a la
Dependencia.
2. La Universalidad en el acceso de todas las personas en situación de dependencia, en
condiciones de igualdad efectiva y no discriminación, en los términos establecidos en la
Ley.
3. La atención a las personas en situación de dependencia de forma integral e integrada.
4. La transversaldad de las políticas de atención a las personas en situación de
dependencia.
5. La valoración de las necesidades de las personas, atendiendo a criterios de equidad
para garantizar la igualdad real.
6. La personalización de la atención, teniendo en cuenta de manera especial la situación
de quienes requieren la mayor acción positiva como consecuencia de tener mayor
grado de discriminación o menor igualdad de oportunidades.
7. El establecimiento de las medidas adecuadas de prevención, rehabilitación, estímulo
social y mental.
8. La promoción de las condiciones precisas para que las personas en situación de
dependencia puedan llevar una vida con el mayor grado de autonomía posible.
9. La permanencia de las personas en situación de dependencia, siempre que sea posible,
en el entorno en el que desarrollan su vida.
10. La calidad, sostenibilidad y accesibilidad de los servicios de atención a las personas en
situación de dependencia.
5
11. La participación de las personas en situación de dependencia y, en su caso, de sus
familias y entidades que les representen en los términos previstos en esta Ley.
12. La colaboración de los servicios sociales y sanitarios en la prestación de los servicios a
los usuarios del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia que se
establecen en la presente Ley y en las correspondientes normas de las Comunidades
Autónomas y las aplicables a las Entidades locales.
13. La participación de la iniciativa privada en los servicios y prestaciones de promoción de
la autonomía personal y atención a la situación de dependencia.
14. La participación del tercer sector en los servicios y prestaciones de promoción de la
autonomía personal y atención a la situación de dependencia.
15. La cooperación interadministrativa.
16. La integración de las prestaciones establecidas en esta Ley en las redes de servicios
sociales de las Comunidades Autónomas, en el ámbito de las competencias que tienen
asumidas, y el reconocimiento y garantía de su oferta mediante centros y servicios
públicos o privados concertados.
17. La inclusión de la perspectiva de género, teniendo en cuenta las distintas necesidades
de mujeres y hombres.
18. Las personas en situación de gran dependencia serán atendidas de manera preferente.
d.- DERECHOS Y OBLIGACIONES DE LAS PERSONAS EN
SITUACION DE DEPENDENCIA
A tenor del art. 4 de la Ley objeto de estudio en este apartado, las personas en situación de
dependencia tendrán derecho, con independencia del lugar del territorio del Estado español
donde residan, a acceder, en condiciones de igualdad, a las prestaciones y servicios previstos
en esta Ley, en los términos establecidos en la misma.
Asimismo, las personas en situación de dependencia disfrutarán de todos los derechos
establecidos en la legislación vigente y con carácter especial de los siguientes:
1. A disfrutar de los derechos humanos y libertades fundamentales, con pleno respeto de
su dignidad e intimidad.
6
2. A recibir, en términos comprensibles y accesibles, información completa y continuada
relacionada con su situación de dependencia.
3. A ser advertido de si los procedimientos que se le apliquen pueden ser utilizados en
función de un proyecto docente o de investigación, siendo necesaria la previa
autorización, expresa y por escrito, de la persona en situación de dependencia o quien
la representa.
4. A que sea respetada la confidencialidad en la recogida y el tratamiento de sus datos,
de acuerdo con la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos
de Carácter Personal.
5. A participar en la formulación y aplicación de las políticas que afecten a su bienestar,
ya sea a título individual o mediante asociación.
6. A decidir, cuando tenga capacidad de obrar suficiente, sobre la tutela de su persona y
bienes, para el caso de pérdida de su capacidad de autogobierno.
7. A decidir libremente sobre el ingreso en centro residencial.
8. Al ejercicio pleno de sus derechos jurisdiccionales en el caso de internamientos
involuntarios, garantizándose un proceso contradictorio.
9. Al ejercicio pleno de su derechos patrimoniales.
10. A iniciar las acciones administrativas y jurisdiccionales en defensa del derecho que
reconoce la presente Ley en el apartado 1 de este artículo. En el caso de los menores
o personas incapacitados judicialmente, estarán legitimadas para actuar en su nombre
quienes ejerzan la patria potestad o quienes ostenten la representación legal.
11. A la igualdad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad universal, en
cualquiera de los ámbitos de desarrollo y aplicación de esta Ley.
12. A no sufrir discriminación por razón de orientación o identidad sexual.
Los poderes públicos adoptarán las medidas necesarias para promover y garantizar el respeto
de los derechos enumerados en el párrafo anterior, sin más limitaciones en su ejercicio que
las directamente derivadas de la falta de capacidad de obrar que determina su situación de
dependencia.
7
Las personas en situación de dependencia y, en su caso, sus familiares o quienes los
representen, así como los centros de asistencia, estarán obligados a suministrar toda la
información y datos que les sean requeridos por las administraciones competentes para la
valoración de su grado de dependencia, a comunicar todo tipo de ayudas personalizadas que
reciban, a aplicar las presentaciones económicas a las finalidades para las que fueron
otorgadas y a cualquier otra obligación prevista en la legislación vigente.
e.- TITULARES DE DERECHOS
Dispone el art. 5 de la Ley 39/2008, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía
Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, que son titulares de los
derechos establecidos en dicha Ley los españoles que cumplan los siguientes requisitos:
1. Encontrarse en situación de dependencia en alguno de los grados establecidos.
2. Para los menores de 3 años se estará a lo dispuesto en la disposición adicional
decimotercera.
3. Residir en territorio español y haberlo hecho durante cinco años, de los cuales dos
deberán ser inmediatamente anteriores a la fecha de presentación de la solicitud. Para
los menores de cinco años el periodo de residencia se exigirá a quien ejerza su guarda
y custodia.
Las personas que, reuniendo los requisitos anteriores, carezcan de la nacionalidad española se
regirán por lo establecido en la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y
libertades de los extranjeros en España y su integración social, en los tratados internacionales
y en los convenios que se establezcan con el país de origen. Para los menores que carezcan
de la nacionalidad española se estará a lo dispuesto en las Leyes del Menor vigente, tanto en
el ámbito estatal como en el autonómico, así como en los tratados internacionales.
El Gobierno podrá establecer medidas de protección a favor de los españoles no residentes en
España.
El Gobierno establecerá, previo acuerdo del Consejo Territorial del Sistema para la Autonomía
y Atención a la Dependencia, las condiciones de acceso al Sistema de Atención a la
Dependencia de los emigrantes españoles retornados.
8
2.- LA LEY DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS 7/1991, de 5
de abril, de ASISTENCIA Y PROTECCION AL ANCIANO:
DEL OBJETO Y ÁMBITO DE APLICACIÓN; DE LOS
DERECHOS Y DEBERES DE LOS RESIDENTES EN
ESTABLECIMIENTOS RESIDENCIALES (TITULO III):
A.- DEL OBJETO Y ÁMBITO DE APLICACIÓN
EL artículo 1 de la Ley 7/1991, de 5 de abril, dispone que el objeto de la misma es la
regulación de los derechos y sistemas de protección específicamente aplicables a la población
anciana en el Principado de Asturias, de las condiciones básicas en el territorio del Principado
de Asturias, así como la Organización y gestión de los dependientes de la Comunidad
Autónoma.
A los efectos previstos en la Ley 7/1991, de 5 de abril, el art. 2 especifica que se consideran
establecimientos residenciales para ancianos aquellos Centros destinados a servir de
residencia permanente o habitual a esta población.
Reglamentariamente se determinarán las categorías y régimen específico de los
establecimientos residenciales para ancianos, de acuerdo con las características de los Centros
el grado de validez o invalidez de sus usuarios y las circunstancias sociales de las personas a
cuya atención se destinan.
Por su parte el art. 3 de la Ley de asistencia y protección al anciano dispone que el solo efecto
de obtención de plaza residencial dependiente del Principado de Asturias se consideran
ancianos:
1. Las personas mayores de sesenta y cinco años.
2. Los pensionistas mayores de sesenta años.
3. Los pensionistas mayores de cincuenta años con incapacidad física o psíquica cuyas
circunstancias personales, familiares o sociales aconsejen el ingreso en un
establecimiento residencial
9
Las personas ancianas a que se refiere el párrafo anterior deberán, con carácter general y
salvo supuestos excepcionales, residir en el ámbito del Principado de Asturias desde al menos
los dos años anteriores a la presentación de la solicitud de ingreso en establecimiento
residencial dependiente del Principado de Asturias para las comprendidas en los párrafos a) y
b), y tres años para las comprendidas en el párrafo c).
b.- DE LOS DERECHOS Y DEBERES DE LOS RESIDENTES EN
ESTABLECIMIENTOS RESIDENCIALES (TITULO III).
El apartado primero de la Ley del Principado de Asturias 7/1991, de 5 de abril, de asistencia y
protección el anciano, dispone que los residentes en establecimientos residenciales para
ancianos radicados en el ámbito del Principado utilizarán las instalaciones y servicios dentro de
los límites fijados en la presente Ley en las normas que se dicten en desarrollo de la misma y
en los reglamentos de régimen interior de cada establecimiento.
Los residentes tendrán derecho a:
1. Alojamiento y, en su caso, manutención.
2. Utilización de los servicios comunes en las condiciones que se establezcan en las
normas de funcionamiento interno de cada uno de los establecimientos residenciales,
de acuerdo con las características de los mismos.
3. Participar en las actividades de los establecimientos residenciales y colaborar en el
desarrollo de las mismas.
4. Elevar por escrito a los órganos de participación del establecimiento o a la dirección del
mismo propuestas relativas a la mejora de los servicios.
5. Participar en la gestión del establecimiento de titularidad pública a través de los
órganos de representación y participación.
6. A ser respetados en sus convicciones políticas, morales y religiosas.
Las formas de participación que recogen los apartados c) y e) se determinarán
reglamentariamente.
10
A tenor del artículo 16 de la Ley 7/1991, de 5 abril, de asistencia y protección al anciano son
deberes de los residentes:
1. El respeto a las convicciones políticas, morales y religiosa de cuantas personas se
relacionen con ellos.
2. El conocimiento y cumplimiento de las normas que rijan el establecimiento.
3. Respetar el buen uso de las instalaciones del Centro y colaborar en su mantenimiento.
4. Poner en conocimiento de los órganos de representación o de la dirección del
establecimiento las anomalías o irregularidades que observen en el mismo.
5. Guardar las normas de higiene y aseo, tanto en su persona como en las dependencias
del establecimiento.
11