El método PROACT: una herramienta para tomar
decisiones difíciles
Lo cierto es que existen técnicas que pueden ayudarte a tomar decisiones complejas.
Una de ellas es el método PROACT, desarrollado por John S. Hammond, Ralph L.
Keeney y Howard Raiffa en el libro Decisiones Inteligentes. Según estos autores, hasta
las decisiones más difíciles se pueden analizar y resolver si se consideran ocho
elementos:
El problema
Los objetivos
Las alternativas
Las consecuencias
Las transacciones
La incertidumbre
La tolerancia del riesgo
Las decisiones vinculadas
En principio, con los cinco primeros factores —que dan nombre a la metodología
(PROACT)— sería suficiente para tomar decisiones difíciles. No obstante, los últimos
tres elementos te ayudarán a aclarar las ideas en situaciones de mucha
incertidumbre o en aquellos escenarios volátiles o en evolución.
¿Cómo aplicar el método PROACT?
Para definir el mejor proceso para tomar decisiones difíciles, es importante seguir una
serie de pasos:
Definir el problema: el primer paso es definir de manera correcta el problema. Por
ejemplo, puede que te estés planteando qué oferta de empleo escoger, cuando
realmente la pregunta que te debes formular es si quieres comenzar a trabajar o
prefieres seguir formándote para cumplir con tus objetivos. Por ello, es importante que
analices la cuestión en profundidad, sin dejarte llevar por prejuicios o para dar por
sentadas determinadas opciones.
Identificar los objetivos: una vez dilucidada la raíz del problema, plantéate qué
quieres conseguir. Debes ser consciente de que cualquier decisión es un medio para
llegar a un fin. Por ello, y siguiendo con el ejemplo anterior, ¿cuáles son tus metas a
nivel laboral? ¿Deseas conseguir un trabajo que te permita vivir con cierta solvencia o
te gustaría tener un empleo que te motive y en el que quieras seguir creciendo?
Buscar alternativas: para que se produzca una decisión, es imprescindible que
existan varias opciones. Ahora bien, ¿has analizado todas las posibilidades o te has
limitado a las alternativas más obvias? No se trata, por ejemplo, de estudiar o trabajar;
también hay quien opta por vivir un año sabático.
Evaluar las consecuencias: puede que muchas de las alternativas te resulten
emocionantes. Sin embargo, también debes valorar las consecuencias de cada opción
para identificar la que mejor se ajusta a tus objetivos.
Valorar las transacciones: no siempre es posible encontrar la opción perfecta. La
toma de decisiones difíciles implica establecer prioridades y realizar sacrificios para
conseguir un equilibrio.
Por ejemplo, puede que tu trabajo sea muy importante para ti, pero también tu
familia y amigos, por lo que quizá te plantees una reducción de las horas que
pasas en la oficina para poder dedicar más tiempo a tus relaciones personales, o
viceversa.
Aclarar las incertidumbres: es posible que no se esclarezcan algunas consecuencias
de tus elecciones u opciones. De esta manera, si estás pensando en reciclarte
profesionalmente, te pueden surgir dudas respecto a si realmente vales para ello, si
encontrarás empleo en este nuevo campo o si merecerá la pena el sacrificio.
¿Qué hay que hacer en estos casos? Analiza los distintos escenarios que pueden
darse y las posibles soluciones a cada uno de ellos. Así, puedes investigar la tasa
de ocupación de tu nuevo perfil profesional para reducir la incertidumbre sobre tus
probabilidades de encontrar trabajo en un futuro o plantearte la opción de volver a
tu antiguo puesto si finalmente no te satisface tu nueva área de actividad.
Analizar la tolerancia del riesgo: es fundamental que te cuestiones qué pasaría si
finalmente tomas una decisión equivocada y si estarías dispuesto a asumir ese riesgo.
Considerar las decisiones vinculadas: por último, ten en cuenta que el presente y el
futuro están vinculados. Por ejemplo, decidir seguir formándote hoy, te abrirá la puerta
a mejores opciones laborales en el futuro. En este sentido, cuando te enfrentes a
decisiones difíciles, visualiza las consecuencias de cada opción a corto y largo plazo,
como una especie de secuencia de acciones y efectos.
Como puedes ver, el proceso PROACT es una técnica muy útil para tomar decisiones
difíciles. No obstante, es importante ponerla en práctica, ya que se puede aprender y
perfeccionar a través de la experiencia. Asimismo, desarrollar habilidades blandas,
como la toma de decisiones, resulta fundamental para tu formación personal, y es cada
día más necesario a nivel laboral, tanto si buscas un nuevo empleo como si te planteas
emprender y desarrollar tu propia idea de negocio.