TEMA 4. LA CAPACIDAD PARA SUCEDER.
1. La capacidad para suceder. Momento para apreciar la capacidad para suceder.
Conforme al art. 744 Cc “Podrán suceder por testamento o ab intestato los que no estén
incapacitados por ley”.
El requisito necesario para suceder como heredero o legatario es la personalidad. Por tanto, tienen
capacidad para suceder las personas físicas, en las cuales, en virtud del art. 30 Cc, redactado
conforme a la nueva Ley del Registro Civil (Ley 20/2011, de 21 de julio, BOE 22 de julio 2011,
núm. 175, pág. 81468) “La personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida,
una vez producido el entero desprendimiento del seno materno”. La capacidad sucesoria de
las personas jurídicas es indiscutible siempre y cuando adquieran personalidad jurídica por
constituirse con arreglo a la ley (arts. 746, 35 y 38 Cc).
Como regla general, para calificar la capacidad del heredero o del legatario debe atenderse al
tiempo de muerte de la persona de cuya sucesión se trate (art. 758.1).
En caso de institución o legado sometido a condición, se atenderá, además, al tiempo en que se
cumpla la condición (art. 758.3).
2. Las incapacidades absolutas.
El art. 745 Cc establece que son incapaces de suceder:
1º Las criaturas abortivas, entendiéndose por tales las que no reúnan las circunstancias expresadas
en el art. 30.
2º. Las asociaciones o corporaciones no permitidas por la Ley.
El art. 745 Cc no establece la incapacidad sucesoria de ciertas personas físicas y de ciertas
personas jurídicas, sino que excluye a esas entidades de la sucesión por no tener personalidad. Por
tanto, sólo en sentido figurado puede hablarse de incapacidades absolutas para suceder.
3. La supervivencia del sucesor al causante. El nasciturus. El concepturus. Los entes que aún
no han alcanzado personalidad jurídica.
Es necesario que el sucesor exista todavía cuando el causante muere, porque si el presunto sucesor
hubiese muerto antes no podría recibir la herencia. Ahora bien ¿es necesario que exista cuando el
sucesor murió? Esto nos lleva al nasciturus, al concepturus y a las personas jurídicas en
formación.
-El nasciturus: concebido pero aún no nacido. No ofrece duda su derecho a suceder. El art. 29 Cc
expresa que el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables siempre
que nazca con las condiciones del art. 30. Cuando nazca cumpliendo esos requisitos consolidará
su derecho sucesorio. Hasta ese momento sólo hay vocación a su favor. En cambio, no hay
delación hereditaria, porque el Cc no reproduce aquí una norma como la que contiene el art. 627
en relación con las donaciones.
Hasta que el concebido no nazca con vida, una vez producido el entero desplazamiento del seno
materno, se produce una situación de pendencia que si el concebido llega a ser persona se resuelve
a su favor como si lo hubiera sido desde que fue engendrado, y que si no llega a serlo se resuelve
como si nunca hubiera sido concebido, por lo que su llamamiento seria ineficaz desde un principio
por falta de sujeto que lo hubiese recibido.
Durante la espera el Código civil, bajo la rúbrica “De las precauciones que deben adoptarse
cuando la viuda queda encinta”, contiene una serie de medidas que tienden a proteger a todos los
posibles interesados.
1. Para proteger al concebido se ordena poner la herencia en administración y suspender la
división (arts. 965 y ss).
2. Para proteger a los otros interesados cuyo derecho puede aumentar o disminuir, o incluso
desaparecer, en función de si el concebido llega o no a nacer, se establecen garantías tendentes a
evitar la suposición del parto o que pase por viable un ser que no lo es (arts. 959 a 963).
3. Para proteger a la viuda durante su embarazo se le deben dar alimentos a costa de la parte de la
herencia correspondiente al concebido (art. 964).
Aunque el Cc regule esta materia teniendo en cuenta sólo el caso en que quien haya quedado
embarazada sea la viuda del causante, sus reglas son aplicables en cualquier otro caso de posible
concebido llamado a suceder.
-El concepturus. Puede ocurrir que una persona desee que le sucedan otras criaturas aún no
engendradas, si llegan a existir.
Para estos supuestos el causante puede encauzar su sucesión de modo que el instituido la reciba en
su día si llega a existir, pero correspondiendo mientras a otras personas ya vivas a la muerte del
causante. Es el caso de la sustitución fideicomisaria en el que un primer heredero, el fiduciario,
recibe la sucesión y luego la transfiere a un segundo heredero llamado fideicomisario que no tiene
que existir necesariamente a la muerte del causante. Además de ese procedimiento cabe
preguntarse si hay otro camino por el cual la herencia pueda pasar por vía directa desde el
causante al heredero futuro, estando mientras éste falte, en manos de personas que la tengan por
ejemplo en administración a la espera de futuro titular.
La doctrina y la jurisprudencia más moderna del Tribunal Supremo consideran que la ley es
favorable a que el causante pueda llamar como herederos o legatarios a personas que no estén
concebidas al momento de su muerte, y se estima que la institución queda sometida a la condición
suspensiva de que lleguen a existir. En apoyo de esta tesis puede citarse la Ley sobre Técnicas de
Reproducción Asistida que permite que el material reproductivo del varón fallecido pueda ser
utilizado por la viuda (o la conviviente) durante algún tiempo siguiente a su fallecimiento. Hasta
que la sucesión se produzca, la herencia queda sujeta a administración de otro o bien en manos de
otro.
-Personas jurídicas en vía de formación. Aunque falte un precepto como el art. 29 para las
personas físicas, debe mantenerse la misma solución que para el supuesto del nasciturus, si bien la
sucesión de la persona jurídica se producirá desde que adquiera personalidad, sin retroacción al
momento en que se inició su constitución. Si no llega a alcanzar personalidad, la disposición vale
a favor de los asociados, o como modo a favor de la obra sin personalidad y a cargo del que reciba
la herencia.
4. Las incapacidades relativas de suceder.
Estas incapacidades no impiden recibir del causante por cualquier sucesión, sino únicamente
recibir del causante por testamento. En realidad, no hay incapacidad del receptor sino prohibición
de que se le deje en testamento, basada en el temor de que ciertas personas puedan captar la
voluntad del testador y que éste disponga a su favor.
Estas prohibiciones se recogen en los arts. 752 a 754 (ESTUDIAR)
En cuanto a la prohibición recogida en el art. 752, que persigue evitar la posible influencia que
pudiera ejercer el sacerdote sobre el enfermo, el Tribunal Supremo ha señalado que la confesión
ha de ser previa al testamento y que el testador muera de la enfermedad durante la que fue
confesado.
En el caso del art. 753, modificado por la Ley 8/2021, de 2 de junio, se pretende evitar la coacción
o captación de la voluntad del testador por parte del tutor, del curador representativo o de los
cuidadores del testador en ciertos supuestos.
En el supuesto del art. 754, la excepción a que se refiere el art. 682 permite que se deje a esas
personas un legado de cosa mueble o cantidad de poca importancia con relación al caudal
hereditario.
En los supuestos anteriores es aplicable el art. 762 (que también se aplica, como veremos, en caso
de indignidad) de forma que quien heredaría en el lugar de los instituidos prohibidos tiene acción
para que se declare la incapacidad de éstos durante un plazo de cinco años desde que entraron en
posesión de los bienes.
5. Indignidad: concepto y naturaleza. Causas de indignidad. Rehabilitación del indigno.
La indignidad es la tacha con que la ley marca a determinadas personas que han cometido actos
especialmente reprensibles, en virtud de la cual su autor queda inhabilitado para suceder al
causante que los padeció, a menos que éste los rehabilite.
La indignidad inhabilita tanto para la sucesión testada como para la intestada y lo mismo a título
de heredero que de legatario. También puede afectar a los legitimarios.
La indignidad es una incapacidad sucesoria de carácter relativo. El indigno es inepto para suceder
respecto a un determinado causante, pero no respecto de cualquier causante.
- Causas de indignidad: Se recogen en el art. 756 Cc (ESTUDIAR EN SU NUEVA
REDACCIÓN).
En cuanto a la calificación de la capacidad para suceder, el art. 758.2 dice que: "en los casos 2º y
3º del artículo 756 se esperará a que se dicte la sentencia firme, y en el número 4º a que transcurra
el mes señalado para la denuncia”.
- Rehabilitación del indigno:
Se puede dar la rehabilitación del indigno por el causante y esta posibilidad la deja la ley en sus
manos por ser una pena privada, y porque es el causante el interesado en que otro le herede o no.
Conforme al art. 757 “las causas de indignidad dejan de surtir efecto si el testador las conocía al
tiempo de hacer testamento o si habiéndolas sabido después, las remitiere en documento público”.
Por tanto, la rehabilitación puede ser tácita (cuando el causante, después de conocer la indignidad
le instituyó sucesor suyo, aunque no haya declarado expresamente que le rehabilita) o expresa.
Esta última debe hacerse en documento público.
6. Efectos de la indignidad e incapacidad. La restitución de los bienes hereditarios.
En el Código civil, los supuestos de incapacidad relativa y los casos de indignidad han sido
unificados en cuanto al régimen jurídico aplicable. Ni el indigno ni el incapaz pueden adquirir la
condición de heredero, pues no se hace la delación a su favor. Son excluidos de la herencia
correspondiente.
En cuanto a la restitución de los bienes hereditarios, puede ocurrir que quien era indigno ya al
morir el causante y, por tanto, no le correspondía heredar, haya entrado en posesión de los bienes
hereditarios como si fuera heredero, y lo mismo puede suceder con quien siendo digno al morir el
causante y por tanto heredero, cometa después un acto de indignidad. En estos casos el interesado
en recibir la herencia dispone de acción para reclamar la herencia hasta que hayan pasado cinco
años desde que el indigno tomo posesión de los bienes y tiene derecho a que se le restituyan los
bienes hereditarios con todos sus rendimientos (arts. 760 y 762). La acción puede ejercitarse a
partir de que el indigno es llamado a la sucesión, (o falsamente llamado si se entiende que no hay
delación), y concluye a los cinco años desde que empezó a poseer los bienes como sucesor (plazo
de caducidad).