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EL CASO PRACTICO: GUIA PARA SU ANALISIS Y RESOLUCION
La enseñanza (y, en consecuencia, la verificación de conocimientos)
de la asignatura Derecho mercantil se basa en una gran medida en el analisis
y resolución de supuestos practicos a traves de los cuales se pretende que el
alumno se familiarice con el manejo de los textos normativos, la
jurisprudencia y las opiniones de los autores aplicados a una situación de
hecho lo más parecida posible a las que a diario se presentan en la práctica
y, en su caso, llegan a los tribunales. Con elo no sólo se pretende enriquecer
la formación de los alumnos con lo que se ha dado en llamar el "Derecho
vivo", sino aprovechar las ventajas de un método (el método del caso) que,
aunque nacido en la enseñanza de otros sistemas jurídicos en los que los
jueces y Tribunales crean el Derecho, presenta tambien indudables ventajas
en la preparación de juristas en los sistemas de Código civil. Una ya larga
experiencia en la enseñanza del Derecho mercantil ha llevado al profesorado
a redactor estos casos prácticos de Derecho mercantil dado que al igual
que es imposible la resolución de un supuesto práctico sin contar
previamente con una sólida base teórica del Derecho aplicable al mismo,
también es imposible "entender" y, en consecuencia, analizar y estudiar en
toda su complejidad la norma jurídica y su interpretación por los Tribunales
y por la doctrina científica sin referirla a situaciones concretas. El Derecho -
y, por tanto, el Derecho Mercantil - nace para ser aplicado a una realidad
social enormemente amplia y compleja como es la que tiene como foco de
referencia el mundo de la empresa; en consecuencia, cualquier estudio de
esta rama del ordenamiento que no esté continuamente referido a este
mundo, tal y como se desenvuelve en nuestros días, será un estudio
necesariamente incompleto.
Obedeciendo a esta convicción, la enseñanza de la asignatura
Derecho mercantil en sus dos cursos se basa tanto en el estudio de la norma
y su interpretación por los tribunales y por la doctrina científica, como en el
análisis y resolución de supuestos prácticos referidos a todas y cada una de
las partes o lecciones que integran el programa. Y, en total coherencia con
este sistema de enseñanza, los exámenes de la asignatura también se basarán
en una gran medida en los dictámenes jurídicos que, sobre una situación
dada, hagan los alumnos a fin de curso.
La resolución de casos prácticos, sin embargo, requiere de un cierto
método o técnica que se puede concretar en una serie de pasos que no por
conocidos conviene silenciar.
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En primer lugar, el alumno (el jurista en general) ante una
determinada situación de hecho debe seleccionar aquellos datos que son
jurídicamente relevantes: v. gr. el que un determinado empresario se halle
casado en régimen de gananciales o soltero o viudo puede no tener
trascendencia alguna si lo que se está debatiendo es el carácter mercantil o
civil de un determinado contrato en el que ha intervenido como parte; ahora
bien, será absolutamente básico si lo que se plantean son problemas de
afectación de los bienes de la sociedad conyugal a las resultas del ejercicio
del comercio. Para la selección de estos hechos, sin embargo, es
imprescindible que el alumno conozca la norma a aplicar: será imposible
reparar en la relevancia de determinados hechos sin conocer previamente
que el ordenamiento jurídico les esta atribuyendo determinada
trascendencia.
Seleccionados los hechos, el segundo paso en la resolución de todo
supuesto práctico consiste en la enumeración de los problemas que aquellos
planten. Si una determinada situación de hecho se le plantea a un jurista es
porque la misma plantea algún tipo de problema con relación al
ordenamiento jurídico. Ello no quiere decir que todo supuesto práctico deba
pertenecer necesariamente al mundo de lo que podría denominarse la
"patología" del Derecho. No; en muchas ocasiones se plantean en la realidad
(y, por tanto, se plantearán en clase) problemas de pura "fisiología" de
Derecho: problemas de licitud o de eficacia de determinados actos o
acuerdos que sus protagonistas decían resolver antes de que los mismos sean
puestos en práctica. Ahora bien, tanto en uno como en otro caso, el alumno
deberá ser capaz de "detectar" qué problemas plantean los hechos del
supuesto cuando se confrontan con el ordenamiento jurídico en general y
con el mercantil en particular. Y para ello será también imprescindible que
el alumno conozca la norma a aplicar: es imposible cuestionarse siquiera la
existencia de un problema jurídico sin conocer previamente que existe una
norma que atribuye determinados efectos a una conducta concreta.
Por último, seleccionados los hechos relevantes y detectados
los problemas que los mismos plantean habrá de procederse al último de los
pasos: la subsunción del hecho en la norma para obtener la solución de cada
uno de dichos problemas con base en la normativa vigente, en la
jurisprudencia de los Tribunales que ha aplicado dicha normativa y, en
consecuencia, la ha interpretado en anteriores ocasiones (incluso colmando
sus lagunas) y en las opiniones de la doctrina científica. Esta labor permitirá
obtener una solución, un dictamen que - como se señala en todos los que
emiten los juristas - siempre estará sometido a otro mejor fundado en
Derecho; pero que será la "opinión" del jurista que lo formula.
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De lo hasta ahora expuesto, por tanto, cabe concluir que para la
resolución de los supuestos prácticos que en esta publicación se incluyen es
absolutamente imprescindible conocer lo que tradicionalmente se ha venido
denominando "la teoría"; es decir, el régimen jurídico de la materia o
institución sobre la que cada supuesto versa. Sólo una vez conocida a nivel
teórico la materia de que se trata, (tanto mediante las explicaciones de clase,
como de la lectura de los manuales y de las lecturas recomendadas) y
examinados los textos legales vigentes y la jurisprudencia, será posible
enfrentarse con la resolución de un supuesto práctico. De ahi la importancia
de que el alumno, antes de proceder a la resolución de cada supuesto,
analice los textos legales y las decisiones jurisprudenciales y estudie las
lecturas recomendadas que se incluyen en cada uno de ellos. Sólo un
detenido estudio de estos materiales normativos, jurisprudenciales y
doctrinales le permitirá entender el supuesto y resolver los problemas
jurídicos que en el mismo se plantean.
Para ilustrar estas observaciones preliminares, a continuación se
incluye un supuesto (el num. 0) en el que las mismas se ponen en práctica.
DERECHO MERCANTIL I Supuesto práctico nº 0
Juan GOMEZ, propietario del establecimiento "El cordero en
ruta", hostal-restaurante sito en el km. 67,500 de la carretera Zaragoza-
Valencia, contrató con Santiago Echeverría, conductor de uno de los
camiones de la empresa "Transportes Hnos. Pérez", cliente habitual del local
y novio de una de las camareras del mismo, que volvía de vacío desde
Valencia, el traslado de un conjunto de muebles, que componían el ajuar que
había regalado a su hija con ocasión de su boda, desde su establecimiento
hasta Bilbao, lugar donde aquella había fijado su domicilio. Dicho
transporte se contrató entre Gómez y Echeverría "a riesgo y ventura del
transportista"
El camión, cuando circulaba a la altura de Gallur, para evitar la
invasión de la calzada por un turismo que circulaba en dirección contraria,
se salió de la carretera y chocó contra una pared de piedra, produciéndose un
incendio que costó la vida al conductor y produjo la pérdida total de la
carga.
Habiendo tenido noticia del accidente, Juan Gómez se puso en
contacto telefónico con la empresa "Transportes Hnos. Pérez" reclamándole
la oportuna indemnización por los daños y perjuicios sufridos. D. Luis
Pérez, uno de los propietarios de la empresa, le comunicó que no tenía
conocimiento alguno de que el conductor del camión transportarse ninguna
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carga; que, además, los únicos que podían contratar eran su hermano
Antonio y él mismo ya que eran los dueños de la empresa, y, por último, que
aun cuando el camión siniestrado hubiere transportado la carga alegada por
D. Juan Gómez, el accidente había sido debido a culpa de un tercero - el
turismo que circulaba en dirección contrario y había invadido el lado
izquierdo de la carretera - y, por tanto, no tenía porqué indemnizarle de
pérdida alguna.
Don Juan Gómez se presenta en su despacho y le solicita le
asesore sobre su situación en Derecho.
[Para la resolución del caso práctico, consultar: Código Civil,
Código de comercio; sentencias del TS (Sala 1º) de 30 de marzo de 1974 (R.
A. 1212), 8 de julio de 1977 (R.A. 3499), 9 de octubre de 1981 (R.A. 3595)
y 30 de junio de 1980 (R.A. 2417), y Res. de la D.G.R.N. de 4 de mayo de
1981 (R.A. 2183); CONSEJO SUPERIOR DE CAMARAS DE
COMERCIO, Recopilación de usos, costumbres y prácticas mercantiles
seguidas en España, Madrid, 1964 y OTERO LASTRES, "La interpretación
y aplicación por la jurisprudencia de los usos de comercio", Revista de la
Corte Española de Arbitraje, 1984, pags. 11 y ss.]
Proceso de resolución del caso.-
Para la resolución del supuesto hemos de seguir los pasos antes
mencionados:
1º.- extraer del supuesto los hechos jurídicamente relevantes
2º.- detectar los problemas jurídicos que en dicho supuesto se
plantean: en este caso saber cuál es la situación en Derecho de D. Juán
Gómez o, lo que es lo mismo, contra quien puede reclamar los daños y
perjuicios que la pérdida de los muebles destinados al ajuar de su hija
indudablemente le ha ocasionado.
3º.- dar una solución a dichos problemas que sirva de
asesoramiento al Sr. Gómez.
Vayamos paso por paso.
1º.- Hechos jurídicamente relevantes:
En el texto del supuesto se relatan una serie de hechos de los cuales
únicamente algunos tienen trascendencia jurídica a efectos de la consulta o
dictamen que se nos solicita por parte de D. Juan GOMEZ. Entre estos hay
que señalar los siguientes:
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a) Juan GOMEZ es propietario del establecimiento "El cordero en
ruta", hostal-restaurante sito en el km. 67.5 de la carretera Zaragoza-
Valencia.
b) Juan GOMEZ contrató con Santiago Echeverría, conductor de
uno de los camiones de la empresa "Transportes Hnos. Pérez", que volvía de
vacío desde Valencia, el traslado de un conjunto de muebles desde su
establecimiento hasta Bilbao.
c) Dicho transporte se contrató entre Gómez y Echeverría "a riesgo y
ventura del transportista"
d) El camión, cuando circulaba a la altura de Gallur, para evitar la
invasión de la calzada por un turismo que circulaba en dirección contraria,
se salió de la carretera y chocó contra una pared de piedra, produciéndose un
incendio que costó la vida al conductor y produjo la pérdida total de la
carga.
e) Juan Gómez se puso en contacto telefónico con la empresa
"Transportes Hnos. Pérez" reclamándole la oportuna indemnización por los
daños y perjuicios sufridos.
f) D. Luis Pérez, uno de los propietarios de la empresa, se
desentiende del tema aduciendo varias razones:
- que no tenía conocimiento alguno de que el conductor del camión
transportarse ninguna carga;
- que el conductor del camión no podía contratar transportes en
nombre de la empresa, ya que los únicos dueños de la misma eran los
hermanos Pérez, y
- que de haber existido un contrato de transporte, la empresa no
podía ser considerada responsable ya que el accidente que había dado lugar
a la destrucción (pérdida, en sentido técnico) de la carga había sido debido a
la conducta del conductor del turismo que había invadido el lado izquierdo
de la calzada.
No tienen, sin embargo, relevancia alguna para la resolución de este
supuesto los hechos relativos a que el Sr. Echeverría era cliente habitual del
local, ni que este último era novio de una de las camareras del mismo, ni
que los muebles transportados componían el ajuar que había regalado a su
hija con ocasión de su boda, ni que la hija del Sr. Gómez hubiere fijado su
domicilio en Bilbao o en cualquier otro punto de España. Alguno de ellos
quizá pueda tener alguna trascendencia si los temas que se debatieren fueren
propios de alguna otra rama del Derecho, como el Derecho de Familia
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(capacidad para contraer matrimonio), el Derecho del Trabajo (licencia por
matrimonio del trabajador), etc., pero no a efectos de la consulta que nos
formula el Sr. Gómez.
b) problemas jurídicos planteados
Cuando se "confrontan" los hechos que hemos considerado como
relevantes con los conocimientos que el alumno debe tener en estos
momentos de la asignatura, surgen una serie de problemas que pueden
concretarse en los cuatro siguientes:
1º.- ¿El transporte de que se trata, de existir el contrato, sería civil o
mercantil?.
2º.- ¿El conductor de un camión, que no tiene poder de
representación alguno de la empresa en la que presta sus servicios puede
contratar "cargas" con los cargadores cuando vuelve de vacío al punto de
origen?
3º.- ¿Puede concertarse un contrato de transporte "a riesgo y ventura
del porteador?
4º.- ¿Responderá, por tanto, la empresa "Transportes Hnos. Pérez"
de los daños y perjuicios causados al Sr. Gómez por la pérdida de los
muebles transportados?
c) solución a cada uno de los problemas jurídicos planteados
1º.- ¿El transporte de que se trata, de existir el contrato, sería civil o
mercantil?.
La trascendencia de la pregunta se explica por cuanto dependerá de
la calificación que le demos al contrato el que para resolver los problemas
planteados debamos acudir al Código civil (arts. 1.601 a 1.603) o al Código
de comercio (arts. 349 a 379).
Pues bien, para saber si debemos aplicar la normativa contenida en
el Código de comercio debemos acudir al art. 349 de dicho cuerpo legal y
ver si en el transporte del caso se dan las "notas de mercantilidad" que hacen
que un transporte sea reputado como mercantil. Dichas notas son dos, que el
código exige con carácter alternativo (no cumulativo):
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a) que el transporte tenga por objeto mercaderías o cualesquiera
efectos del comercio; lo que no sucede en nuestro caso, ya que los objetos
transportados son piezas de mobiliario, lo que no entra ni dentro del
concepto de "mercadería" (los muebles de que se tratan fueron mercadería
cuando los adquirió el comerciante para revenderlos al destinatario final,
pero no lo son en manos de este último) ni dentro del de "efectos del
comercio" (ya que, aun cuando no se sabe a punto fijo cuál es el concepto de
esta última expresión legal, parece clara que en el mismo no pueden
subsumirse las piezas de mobiliario a que se refiere el supuesto).
b) que, con independencia de cuál sea su objeto, sea comerciante el
porteador o se dedique habitualmente a verificar transportes para el público.
Lo que sucede en nuestro caso: "Transportes Hnos. Pérez" es una empresa
de transportes, es decir, que se dedica habitualmente a verificar transportes
para el público.
En conclusión: el supuesto contrato (ya que todavía no sabemos si el
Sr. Echeverría tenía capacidad para contratar en nombre de la empresa de
transportes) celebrado entre el Sr. Gómez y el Sr. Echeverría es un contrato
de transporte mercantil, lo que implica que nos encontramos ante un "acto
de comercio" de los especificados en el Código de comercio y, en
consecuencia le serán de aplicación las disposiciones contenidas en el
mismo; en su defecto, los usos del comercio observados generalmente en
cada plaza; y, a falta de ambas reglas, las disposiciones del Derecho común
(art. 2)
2º.- ¿El conductor de un camión, que no tiene poder de
representación alguno de la empresa en la que presta sus servicios puede
contratar "cargas" con los cargadores cuando vuelve de vacío al punto de
origen?
En principio - y olvidándonos por ahora del Código de comercio -
estaríamos ante un supuesto de contrato celebrado a nombre de otro
("Transportes Hnos. Pérez") por alguien (el Sr. Echeverría) que no está
autorizado por la mencionada empresa ni tiene por Ley su representación
legal; por lo que habría que concluir que dicho contrato será nulo (rectius:
anulable), a no ser que lo ratifique la persona a cuyo nombre se otorgue (cfr.
art. 1.259 del C.c.).
Por supuesto el Código de comercio en los artículos 349 y ss. no
contiene disposición alguna sobre esta materia ya que estamos ante un
problema de teoría general del contrato que es materia del Código civil.
Ahora bien, como se señaló al contestar al problema anterior, el haber
entonces concluido que el transporte a que el caso se refiere constituye un
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acto de comercio de los específicamente regulados en el Código impone la
aplicación al mismo de unas fuentes distintas de las contenidas en el art. 1.1.
del C. civil; concretamente, en defecto de norma del Código de comercio al
transporte le serán de aplicación "los usos del comercio observados
generalmente en cada plaza".
¿Y cómo comprobar si existe un uso que permita a un conductor que
vuelve "de vacío" a su punto de origen contratar cargas sin requerir el previo
consentimiento del titular de la empresa?. Lo primero que hemos de hacer es
acudir a las recopilaciones de usos existentes en nuestro país y, en concreto,
a la elaborada por el CONSEJO SUPERIOR DE CAMARAS DE
COMERCIO bajo el título Recopilación de usos, costumbres y prácticas
mercantiles seguidas en España, (Madrid, 1964). Un examen detenido de
dicha Recopilación nos lleva a concluir que en la misma no aparece ningún
uso sobre el problema que nos ocupa. Sin embargo esta Recopilación no
agota los usos de comercio generalmente observados en cada plaza: la
propia dinámica de la producción de los usos así lo impone. Por tanto habrá
que acudir a otras fuentes de información entre las que se encuentran las
sentencias de los Tribunales. Y así encontramos la sentencia del Tribunal
Supremo (sala 1ª) de 30 de junio de 1980 (R.A. 2417), de la que fue ponente
el Magistrado Beltrán de Heredia y Castaño, Catedrático de Derecho Civil,
en la que - con relación a una situación de hecho muy similar a la del
supuesto que nos ocupa - se afirma que "quedó asimismo probado (en la
sentencia de instancia) como "hecho" (al modo requerido por la reiterada y
uniforme doctrina jurisprudencial de este Tribunal) el uso o practica
comercial según el que los conductores, al llegar al punto de destino,
efectúan nuevos contratos para el regreso, a fin de no hacerlo de vacío, justo
en beneficio del porteador, sin necesidad de constancia especial de la
autorización de éste, en cuyo nombre actúan que se presume salvo prueba en
contrario, firmando la oportuna carta de porte...", sin que "... se haya
probado que el porteador hubiese prohibido la aplicación del uso
cuestionado" (Cdo. Tercero)
Probada la existencia del uso, habrá que concluir que el contrato
celebrado entre el Sr. Gómez y el conductor del camión perteneciente a la
empresa "Transportes Hnos. Pérez" es un contrato válidamente celebrado y
que producirá todos los efectos previstos en la ley.
3º.- ¿Puede concertarse un contrato de transporte "a riesgo y ventura
del porteador?
En cuanto a la validez de la cláusula por lo que se estableció que los
muebles se transportaban "a riesgo y ventura del porteador" (art. 361 del C.
co.), hay que tener en cuenta que, aún cuando la Ley presume que "las
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mercaderías se transportarán a riesgo y ventura del cargador", la
mencionada cláusula - confrontada con el principio general de libertad de
pactos contenido en el art. 1.255 del C.c. - ni puede ser considerada
contraria a la moral ni al orden público, ni tampoco a lo previsto por la Ley,
ya que el propio art. 361 del C. co. antes citado, después de establecer que
"las mercaderías se transportarán a riesgo y ventura del cargador", añade, "si
expresamente no se hubiere convenido contrario".
4º.- ¿Responderá, por tanto, la empresa "Transportes Hnos. Pérez"
de los daños y perjuicios causados al Sr. Gómez por la pérdida de los
muebles transportados?
De acuerdo con lo concluido en el punto anterior, los "riesgos"
(pérdidas, daños o menoscabos que sufran las mercancías durante el
transporte, por caso fortuito, fuerza mayor, hecho de un tercero o naturaleza
y vicio propio de las cosas) habrá de soportarlos la empresa transportista. En
consecuencia será la empresa "Transportes Hnos. Pérez" la que, sin perjuicio
de poder luego repetir contra el automovilista que al invadir la calzada
ocasionó el accidente, deberá indemnizar al Sr. Ortega por los daños y
perjuicios sufridos de acuerdo con lo que al efecto se establece en el Código
de comercio, que no sigue en punto al quantum de la indemnización los
mismos criterios que, con carácter general, se establecen en el art. 1.l07 del
C.c. Pero esto excede ya de las pretensiones didácticas que la resolución de
este Supuesto num. 0 perseguía.
d) dictamen: asesoramiento al Sr. Gómez.
Resueltos cada uno de los problemas planteados el dictamen a emitir
a solicitud del Sr. Gómez es claro:
1º.- el contrato de transporte celebrado con el conductor de la
empresa "Transportes Hnos. Pérez" es perfectamente válido y, en
consecuencia, producirá todos los efectos jurídicos que el Derecho le
reconoce
2º.- la cláusula por la que los riesgos de las mercancías transportadas
corren de cuenta del porteador también es absolutamente válida
3º.- por consiguiente, el Sr. Gómez tiene derecho a reclamar a
"Transportes Hnos. Pérez" la oportuna indemnización por la pérdida de los
muebles, sin perjuicio de que dicha empresa puede repetir contra el
verdadero causante de los daños y perjuicios (lo cual en principio no le
afecta para nada al Sr. Gómez).