Te Sigo Esperando
Te Sigo Esperando
CRISTAL MAREA
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Capítulo I
Nunca me preocupé por las cosas del corazón de los sentimientos o de algo que
tuviera que ver con el amor y relaciones de pareja. Terminar la universidad, sí
que era prioridad para mí porque iba a ganar mi independencia total. Mi padre
me había prometido como regalo de graduación, una de las droguerías; él me
conocía muy bien y respetaba que yo quisiera ser una mujer libre. Nunca estuve
de acuerdo con que me siguieran dando dinero, si yo muy bien podía ganar con
mi propio esfuerzo.
Después de convertirme en farmacéutica, mi pasión por esa profesión me llevó a
seguir estudiando y a mi regreso, ya me sentía preparada para llevar una vida
normal que incluyera un poco de distracción. No iba a descansar hasta sentir que
el amor tocara mi puerta, era mi más fuerte pensamiento, pero después de haber
pasado tantos años en el exterior, era necesario que me adaptara un poco a mi
ciudad, de otra manera no iba a conquistar ni a una mascota, aunque le dijera que
la iba a adoptar y apenas llegué, lo primero que hice fue contactar a mis amigas.
—¡Alejandra, me contenta saber que ya estás de vuelta! Tenemos que vernos
para festejar tu regreso — Me gritó Leti apenas le marqué a su móvil y me
respondió.
—¡Calma, Leti! Apenas me estoy bajando del avión, amiga. Sí, eso quiero, que
organices una fiesta, necesito relacionarme y socializar un poco. Ya me siento
dispuesta a dejarme conquistar, pero no me voy a enamorar hasta que realmente
sienta que el amor ha tocado mi puerta — Le dije mientras esperaba al chofer
que estaba tardando en llegar.
—¡Por supuesto! Ya voy a marcarle a Fernanda para que me ayude, ella va a
estar feliz cuando le cuente que estas de regreso y que vas a abrir tu corazón al
amor. Seguramente su hermano va a ser el primero que busque mil maneras para
enamorarte, ya sabes que él siempre tuvo esas intensiones y aun sigue soltero —
Me comentó y al recordar a Fernando, el gemelo de Fernanda, miré al cielo para
pedirle a Dios que no permitiera que él se ganara mi amor.
—Espero que no sea así, Leti. Fernando para mí es un saco roto, amiga. Créeme,
él siempre ha buscado a las mujeres para pasar el rato ¿No ves como cambia de
novia? ¡Tiene una nueva cada semana! Pero bueno amiga, no quiero desgastarme
en algo que tú y yo sabemos bien; tengo que dejarte, ya vinieron por mí — Le
dije y mientras nos despedíamos, Carlos subía el equipaje.
Sentí una gran emoción al llegar a mi ciudad, había pasado mucho tiempo fuera
de ella, estudiando como si solo de eso se tratara la vida y ya necesitaba
preocuparme por mi parte personal. Cuando íbamos saliendo del aeropuerto, el
chofer estaba tomando una ruta que no era para mí casa y enseguida le pedí que
retornara.
—¿Hacia dónde me llevas, Carlos? — Le pregunté mientras me inclinaba en el
asiento trasero para hablarle.
—¡La llevo a casa de sus padres, señorita! — Me dijo mientras detenía el coche
en la autopista, ante la duda de mi pregunta.
—No, por favor llévame primero a mi casa, después voy a visitar a mis padres
¡Quiero descansar un poco! — Le pedí y en seguida dio la vuelta muy apenado y
nos enrumbamos a la villa, donde yo vivía.
Iba en el camino, pensando en cada detalle, en cada uno de esos espacios que me
faltaba por llenar en mi vida. Quería que todo se diera muy rápido, como si en
mí existiera ansiedad por vivir todo lo que de alguna manera había postergado
por mi preparación académica. No se trataba de que estuviera arrepentida, en
aquel momento pensé que no estaba preparada para el amor, aunque dicen que
eso cuando llega no se puede detener, por eso no le había prestado atención,
nunca había llegado a mi corazón porque de otra manera lo hubiera reconocido.
En otro momento, hubiera preferido ir a ver a mis padres, pero en cada llamada,
mi madre me insistía mucho en que no me quedara soltera, como si fuera una
norma inquebrantable en la que toda mujer nacía para casarse y tener hijos; en
mí hubo siempre ese sueño, pero con un orden diferente al que ella pretendía
imponerme.
—Muchas gracias, Carlos. No hace falta que vengas por mí mañana, en adelante
voy a salir en mi coche — Le dije con una sonrisa mientras me despedía del
chofer.
¡Al fin en casa! Grité apenas entré, pero se sentía un vacío que me helaba el
cuerpo. Abrí las cortinas para que entrara un poco el sol, se notaba que no había
calor de hogar y eso precisamente era lo que soñaba con construir, un hogar.
Enseguida le marqué a mi madre para darle la noticia que había llegado para que
no tuviera que enterarse de boca del chofer y para que no pensara que no me
emocionaba ver a mi familia.
—¡Madre, ya estoy en casa! — Le dije cuando me respondió la llamada.
—¡Ale, que bueno saber de ti hija! ¿Por qué no viniste a la casa? Te estábamos
esperando, tu padre dejó de ir a la empresa por verte — Me dijo, pero no podía
decirle que lo menos que quería en mi regreso era escuchar los mismos
reproches y menos que me preguntara si ya tenía un novio, amante o si por
casualidad me había casado a escondidas.
—Llegué muy cansada, madre y preferí venir a la casa, pero todo está lleno de
polvo —Le comenté al mismo tiempo que estornudaba.
—¡No te preocupes, hija! Voy a enviarte a una de las empleadas de la casa para
que resuelva eso ¿Por qué no te vienes a la casa y pasas la noche aquí,
Alejandra? — Me propuso mi madre.
No lo iba a hacer, aunque añoraba ver a mi familia, no iba a ser ese día en el que
solo quería mantener esa calma que desde hace mucho estaba dentro de mí.
—Gracias, madre, pero me voy a quedar en casa de Leti. Recuerda que ella vive
aquí cerca y así no tengo que manejar. Ya sé que me vas a decir que el chofer
puede venir por mí, pero por favor no insistas ¡Déjame tomar mis propias
decisiones! — Le anticipé antes que le subiera la intensidad a la sobreprotección
de la que yo le huía.
Finalmente, mi madre aceptó mis argumentos y se quedó tranquila. Esperé que
llegara la empleada, mientras, le marcaba a Leti para preguntarle si podía
quedarme en su casa, pero no alcanzó a decirme cuando hablamos por su móvil
en el aeropuerto que Jorge le había preparado una sorpresa por sus cuatro años
de noviazgo. Tuve que descartar esa posibilidad y apenas llegó la empleada, hice
un pequeño equipaje de mano y cuando me estaba subiendo al coche para ir a
buscar un hotel donde pasar la noche, entró la llamada de Fernanda a mi móvil,
—¡Alejandra, amiga, bienvenida! Leti me hablo vagamente de la fiesta que te
íbamos a organizar por tu regreso y me tiene muy emocionada ¿Por qué no nos
vemos y conversamos sobre eso? Hoy no tengo nada qué hacer, Johnny tuvo que
preparar un caso en otra ciudad y no llega hasta mañana, ya sabes cómo son los
abogados, así que estoy sin mi novio — Me dijo, pero ya me había hecho la idea
de descansar y me negué a aceptar.
—¡Fer, amiga! Me siento muy cansada, voy saliendo en este momento para un
hotel porque van a limpiar la casa, está muy deshecha — Le dije y justo cuando
iba a poner en marcha el coche, Fernanda me hizo una propuesta de la que no
pude negarme a aceptar.
—¿En un hotel? ¡No, Alejandra, ven a mí casa! Tú sabes que Leti, tú y yo somos
como hermanas, así que no voy a dejar que te quedes en un incómodo hotel,
pudiendo dormir en una habitación de mi casa ¡Por favor, ven! Ya les aviso a
seguridad que estás por llegar — Me dijo y en seguida me terminó la llamada sin
esperar mi respuesta, ella de una vez asumió que no me iba a negar.
Fernanda es una de mis mejores amigas, con ella al igual que con Leti había
vivido los mejores momentos de mi infancia, pero ella no compartía el mismo
concepto de independencia que yo manejaba, por eso a sus veintiocho años
continuaba viviendo en la lujosa mansión de sus padres y aunque se había
graduado de farmacéutica al igual que yo, nunca ejerció porque para su madre,
lo más importante es que sus hijos hicieran una vida pero sin alejarse de ella. Lo
único malo de Fernanda era su hermano gemelo, Fernando; él creía que por su
físico, todas las mujeres tenían que caer rendidas a sus pies y según él ninguna se
les resistía, solo yo, que nunca caí en sus redes.
Por no hacerle un desaire a mi amiga, le tomé la palabra y fui a quedarme en su
casa. Apenas nos vimos, nos abrazamos como si fuéramos dos hermanas que
tenían tiempo sin verse y en realidad así había sido. La señora Julia, su madre,
me recibió con los brazos abiertos, como si fuera una más de sus hijas, también
extrañaba esa calidez con la que me hacían sentir muy querida. Inmediatamente
ordenó que me sirvieran algo para cenar y enseguida se fue a acostar, ya era un
poco tarde y aun así me atendieron como parte de la familia.
Después de cenar, Fernanda y yo nos tomamos unas copas, mientras le contaba
de mis experiencias y todo lo que había conocido en el exterior durante mis
estudios de postgrado. Yo sabía que estaba aburriendo a Fernanda con mis
anécdotas porque todas se relacionaban con mis estudios, no había nada de
emoción para ella que estaba acostumbrada a hablar de moda, de hombres y de
otras cosas que yo siempre ignoré porque me parecían superficiales. En el
momento que ya nos íbamos a acostar, llegó Fernando con su traje de médico
que lo hacía ver muy atrevido y sensual, además con una actitud me dejó
gratamente sorprendida.
—¡Buenas noches! — Dijo mientras saludaba cariñosamente a su hermana y se
acercaba a mí para tener el mismo gesto —¡No sabes cuánto me contenta verte,
Alejandra! Hacías falta por estos lados, de verdad ¡Estás preciosa, mujer! — A
pesar de su manera tan extrovertida de decir las cosas, esa noche Fernando muy
respetuoso, podría jurar que ya no estaba ante el joven inmaduro que había sido
en la época de la universidad.
—¡Gracias, Fernando! También me contenta verte, llegué hoy y están aseando
mi casa por eso, Fernanda me ofreció estadía y voy a quedarme esta noche aquí
— Le dije para justificar mi presencia y le sonreí, él enseguida se mostró muy
interesado en lo que le había dicho.
—¡No sabía que llegabas hoy! Fer, hermana no me avisaste, le hubiéramos
preparado algo a Alejandra para que se sintiera feliz de su regreso — Le dijo a
Fernanda y no dejaba de sonreírme.
Fernando había sido mi amor secreto en la universidad, ni siquiera mis amigas se
enteraron a quien le pertenecía mi amor, pero su vida de mujeriego lo puso en
una vitrina de cristal con un cartel imaginario que decía que no se podía tocar y
gracias a eso fue mi gran desilusión por los temas del amor. Sentí un desprecio
por él que me acompañó en todo el tiempo que me encerré en mis estudios de
postgrado. Pero, esa noche algo pasó, estaba a punto de reconocer que toda la
rabia que tenía contenida por Fernando se había convertido en algo diferente. No
podía ocultar que, al verlo, estaba confirmando una realidad que me confundía,
él me seguía gustando. Enseguida tomó una silla y se acercó al balcón para
sentarse a nuestro lado. Fernanda se estaba durmiendo y a mí me dio pesar
levantarme y dejarlo solo, aunque el cansancio me estaba abrazando desde hacía
unas horas, tenía que demostrarme a mí misma que podía superar esa frustración
del pasado y que podía conversar con él como un amigo más.
—Yo los dejo, no puedo más y tú deberías acostarte temprano, Alejandra. Hace
un rato comentaste que estabas muy cansada y ya se te está reflejando en el
rostro ¡Besos para los dos! — Me dijo Fernanda y enseguida se levantó y nos
dejó solos en el balcón.
Fernando y yo nos miramos y sonreímos, mientras él levantó su copa una vez
más y me invitó a brindar por mi regreso. No parábamos de sonreír mientras
conversábamos, él me hablaba de su experiencia como médico; se había
especializado en cirugía estética y estaba siendo muy bien cotizado en el país por
la mayoría de las figuras de televisión. La conversación cada vez se hacía más
interesante, pero ya un par de horas después me estaba cayendo literalmente por
el sueño y necesitaba irme a la cama.
—¡Alejandra, te estás durmiendo! — Me dijo, al mismo tiempo que me sostenía
por los hombros para que no me cayera de la silla.
—¡Ay, qué vergüenza, Fernando! Por favor, no pienses que me estabas
aburriendo con la conversación, está muy interesante, pero ya no puedo aguantar
más, me muero por el cansancio, solo he dormido un par de horas desde ayer —
Le confesé mientras me ponía de pie.
Fernando se acercó para ayudarme y me tomó de las manos y nos quedamos
mirando muy compenetrados. Sentí una fuerte conexión con él, pero no tal vez
eran nervios al tenerlo tan cerca de mí porque no era la persona indicada, con la
que podía soñar tener una familia. Con Fernando me sentía muy atraída por su
físico, era un hombre muy guapo que proyectaba mucha sensualidad y no cabía
duda que en todo este tiempo, había aprendido a tratar muy bien a una mujer y
me di cuenta que nunca pude olvidarlo.
—Estaré bien, voy a acostarme ¡Gracias por esta velada! — Le dije mientras con
una mano le acariciaba su mejilla demostrándole que me sentí muy bien a su
lado.
Salí del balcón y entre en la habitación de huéspedes, mientras Fernando se
había quedado impresionado por lo cortés que podía ser si se lo proponía y
tampoco se negaba así mismo que yo le gustaba mucho. Los dos sentimos esa
empatía por el otro, pero para mí, él no era el hombre con el que soñaba pasar el
resto de mi vida.
Esa noche fue muy interesante, mi regreso ya le estaba dando un giro importante
a mi vida. Si bien no había querido explorar mi parte sentimental, estaba
reviviendo sentimientos que anteriormente había postergado y eso quería
¡Sentirme viva! Apenas me recosté de la almohada, no me dio tiempo de nada
más que lanzar un suspiro al aire y en eso, me quedé profundamente dormida. El
sábado en la mañana, Leti le marcó a mi móvil y me despertó con el sonido del
repique. Me dijo que estaba llamando a Fernanda, pero ella tenía la costumbre de
apagar su móvil y obviamente no se enteró de la llamada.
—¡Alejandra, qué bueno que te quedaste en casa de Fernanda! Estoy llamando a
su móvil, pero como siempre lo tiene apagado, esa es una costumbre que no la
cambia. Estoy cansada de decirle que si hay una emergencia ella va a ser la
última en enterarse — Me dijo algo molesta por la actitud de Fernanda —Amiga,
necesito contarles algo que me sucedió ayer ¿Nos podemos tomar algo esta
noche? — Me preguntó y me dejó muy intrigada.
—¡Ya sabes cómo es de alocada Fernanda! ¿Qué te ocurrió, Leti? Me dejas
preocupada, adelántame algo, no me dejes con la intriga — Le pregunté muy
confundida porque ella no demostraba ni preocupación no alegría por la noticia
que quería dar.
—Nos vemos en la taberna esta noche, avísale a Fernanda que ella sabe dónde es
y ponte muy guapa porque ya sabes que no me gusta opacarlas — Me dijo
sonriente como siempre.
Apenas se levantó Fernanda, le comenté lo que me había dicho Leti y al igual
que yo, se quedó muy intrigada por conocer la noticia. Cuando nos sentamos en
la mesa para desayunar, pensé que podía ver a Fernando, pero enseguida la
señora Julia comentó que se había ido sin necesidad de que yo preguntara por él.
Antes del mediodía ya me había regresado a mi casa y pude notar el cambio, ya
todo tenía un aire de frescura que extrañaba a pesar de vivir sola.
Desempaqué todo el equipaje y escogí el vestido negro que nunca me había
estrenado porque pensaba que era muy atrevido para ir a clase mientras estuve
en el exterior. Fernanda me había dicho que pasaba por mí para no ir en dos
coches porque era muy difícil aparcar en los alrededores de la taberna y justo a
las ocho, ya me estaba marcando para decirme que estaba en camino a mi casa.
Todavía no había terminado de arreglar mi cabello, pero tampoco me daba
tiempo de hacerme las ondas que quería con la pinza y por la rapidez, busqué un
poco de espuma y me la coloqué en el cabello y con eso pude resolver un poco el
estilo que buscaba. Ya cuando estaba lista, salí corriendo para subirme en el
coche de Fernanda que me estaba esperando fuera de la casa.
—¡Amiga, te falta actualizar un poco ese estilo! — Me dijo apenas me vio.
—Al menos salúdame, Fernanda ¡Siempre con tus aires de fashionista! Déjame
decirte que esto es lo que se está llevando en Europa — Le respondí para callarle
la boca y que no continuara con su crítica de siempre.
—Bueno, pero no va contigo, Alejandra. Tú tienes una figura espectacular, todas
siempre envidiamos tu cuerpo y tú te empeñas en esconderlo — Me dijo y
aunque me lo decía por halagarme, me cayó un poco mal que ese fuera su saludo
inicial.
Fernanda siempre criticó mi manera de vestir, era una de esas amigas que
buscaba que todas fuéramos como ella ¡La niña del fashion! Ése había sido el
apodo que se había ganado en la universidad porque siempre estaba vistiendo
según la temporada.
Capítulo II
No me había molestado por su comentario, pero tampoco me sentía a gusto que
todavía insistiera en que debía vestir a su gusto. Lo menos que buscaba era
entrar en una discusión y a pesar de sus palabras, le hice ver a mi amiga que me
sentía muy segura de mí y mi manera de vestir lo resumía.
—Gracias por tus palabras, Fernanda, pero así como a ti no te gustó mi vestido, a
mi no me gusta tu falda y no por eso te estoy criticando. Tú tienes tus razones
para vestir de esa manera y yo me siento muy cómoda vistiendo de la mía ¡Ya
madura, Fer! — Le dije y al parecer, esas palabras hicieron que me ganara el
respeto de mi amiga.
—Tienes razón, Alejandra, disculpa ¡Vamos a encontrarnos con Leti! — Me dijo
con una sonrisa, al mismo tiempo que conducía el coche por las calles de la
ciudad.
Cuando llegamos a la taberna, Leti estaba esperando en una de las mesas y
apenas nos vio, comenzó a gritar mientras nos hacía señas para que la viéramos.
Después de saludarnos, el mesero nos trajo un par de copas para que
acompañáramos a nuestra amiga.
—¡Nuevamente las tres estamos juntas! — Gritó Leti mientras se levantaba de la
silla y se movía al ritmo de la música — ¡Vamos a brindar! — Dijo, al mismo
tiempo que movía su copa en la mano.
Fernanda y yo, nos quedamos mirándonos, era evidente que Leti estaba algo
pasada de copas y nosotras nos dimos cuenta de inmediato.
—¿Desde cuándo estás bebiendo de esa manera, Leti? — Le pregunté algo
preocupada.
—Desde temprano, pero anímate y bebe de tu copa, quiero que vean esto, ése es
el motivo de mi alegría — Nos dijo mientras nos mostraba su mano.
—¡No, puede ser! ¿Jorge te pidió matrimonio, ayer? — Le preguntó Fernanda
muy emocionada y enseguida le tomó la mano para ver el anillo de cerca.
Sentí una gran emoción y me alegré mucho por Leti, pero no podía ocultar sentir
algo de recelo porque yo estaba muy lejos de ese momento tan maravilloso que
ella estaba a punto de vivir con su novio, pero aun así, compartí con ella mi
emoción de verla tan feliz y realizada como mujer.
—Leti, ahora comprendo por qué estás tan alegre ¡Te felicito, amiga! — Le dije
y enseguida me levanté para abrazarla.
Las tres levantamos las copas y brindamos en nombre de la felicidad de Leti y
Jorge. Era evidente que teníamos que comenzar a organizar la celebración
porque Leti no tenía a nadie más que a nosotras. Sus padres habían fallecido en
un accidente de coche y eran lo único que ella tenía, ahora solo contaba con
nosotras y por supuesto, con Jorge, su futuro esposo.
Estaba segura que Fernanda también nos iba a dar una pronta noticia de que se
iba a comprometer en matrimonio también. Ella llevaba algunos años con su
novio y eran muy felices, quedaría yo, que ni tan solo tenía la esperanza de tener
novio y lejos de que me llegara la oportunidad de casarme. Ella se dieron cuenta
que por más que lo quisiera ocultar, mi mirada me delataba y la tristeza me tenía
a punto de llorar.
—No estés triste, Alejandra, estoy segura que pronto va a llegar a tu vida ese
hombre que cubra tus expectativas — Me dijo Leti y enseguida Fernanda me
miró y asintió con su cabeza para de alguna manera decirme que estaba de
acuerdo con lo que decía.
—Gracias por sus palabras, amigas, pero hoy no hay momento para la tristeza
¡Así que vinimos aquí fue a celebrar! — Les respondí y propicié un brindis para
continuar con la celebración.
Pero Leti ya no podía con más licor en su cuerpo, ya la bebida le estaba
causando malestar y comenzó a vomitar. Tuvimos que pedir disculpa a la pareja
que estaba en la mesa de al lado porque a ellos le había salpicado el mal rato. Por
más que intentó ponerse de pie por sus propios medios, no lo logró y por eso
Fernanda me pidió que la esperara en la mesa mientras ella llevaba a Leti a su
casa. No podíamos irnos las tres en su coche porque era un mini deportivo solo
para dos personas.
Después que la ayudé a subirse al coche, me regresé a la mesa a esperar,
mientras me bebía otra copa más de vino y tarareaba la canción que se estaba
escuchando, al mismo que movía mi cuerpo al ritmo de ese sonido tropical,
cuando una voz me habló detrás de mi oreja, como si fuera un susurro que me
invitara a bailar.
—¡Fernando! ¿Qué estás haciendo aquí? — Le pregunté una vez que volteé a
mirar de quién se trataba esa voz misteriosa que no reconocí al momento.
—Estaba saliendo de la clínica y ésta es la vía que siempre tomo para ir a casa.
En la esquina, vi el coche de mi hermana cruzar y enseguida le marqué a su
móvil y me contó lo de Leti. También me pidió que te hiciera un poco de
compañía para que no estuvieras tan sola — Me dijo con una sonrisa al mismo
tiempo que extendía su mano —¿Entonces, bailamos mientras llega mi
hermana? — Me preguntó y sin esperar que le respondiera se acercó al centro de
la pista y ahí me esperó sonriente.
Me dio por reír sin parar al verlo frente a todos, moviendo su cuerpo como si
bailara solo frente a un espejo. De repente se quedó inmóvil, yo comencé a
acercarme lentamente y hubo magia en ese momento que hizo que la música se
apoderara de mi mente. Enseguida, Fernando me rodeó por la cintura con uno de
sus brazos y con el otro comenzó a girarme hasta que quedamos frente a frente.
—Siento que había soñado con este momento — Me gritó por el fuerte sonido de
la música y cuando íbamos a mover nuestros pies para bailar, nos quedamos sin
la melodía.
La risa se hizo presente en nosotros, no pudimos bailar porque hubo problemas
con uno de los cables. Los gerentes se disculparon mientras nosotros regresamos
a la mesa.
—Te ves tan hermosa cuando sonríes, extrañé eso de ti, Alejandra — Me
confesó y aunque mi experiencia con los hombres no había sido mucha, quise
darle a entender que sus halagos eran normales para mí.
—No sabía que te gustaba mi manera de sonreír, pero se te agradece el halago —
Le dije con asombro con una sonrisa de picardía.
—Pues sí, me encanta todo de ti — Me respondió acercándose a mí.
Era obvio que estuviera asombrada ante las palabras de Fernando, siempre pensé
que él nunca me había mirado como mujer. Él me miraba, estaba como
extrañado, hasta me parecía que en verdad estaba disfrutando de mi compañía,
pero la noche cambió cuando el gerente de la taberna se dirigió a todos para
notificar que el problema con el sonido no lo habían podido solucionar y por eso
iban a cerrar temprano.
—Creo que ya nos tenemos ir — Me dijo al mismo tiempo que se ponía de pie y
sacaba algo de dinero para pagar la cuenta.
—Pero Fernanda no ha llegado, seguramente debe estar de regreso — Le
respondí preocupada porque no me había llevado mi coche esa noche.
—No te preocupes, ya le voy a marcar y no te impacientes, preciosa ¡Yo te llevo
a tu casa y listo! — Me dijo sin preguntarme antes si yo no quería esperar a mi
amiga.
En ese momento, busqué mi móvil para ver si no tenía alguna llamada de
Fernanda y nada, no me había marcado. Le tomé la palabra a Fernando y me fui
con él, en su coche y apenas íbamos en camino, le marcó a su hermana para
contarle lo que había ocurrido en la taberna, pero se quedó tranquila al saber que
él me iba a llevar a mi casa.
—De alguna manera Dios te envió para que fueras a esa taberna, aun estaría
sentada esperando a Fernanda — Le dije muy agradecida con una sonrisa en mi
boca.
—Y a ti Dios te volvió a poner en mi camino ¡Por algo será! — Me dijo con un
tono un poco irónico que me hizo dudar un poco de lo que había cambiado —Sé
que debes estar pensando que sigo siendo el mismo inmaduro de hace algunos
años y por eso nunca te fijaste en mí, pero yo he cambiado, Alejandra — Me
confesó, pero la conversación no se extendió más porque en cuestión de minutos
ya estábamos llegando a mi casa.
—Gracias por traerme, lamento que tengamos que cortar la conversación, pero
ya es un poco tarde — Le dije mientras abría la puerta para bajar del coche.
—Sí, tienes razón, espero que tengamos otra bonita oportunidad de volver a
vernos — Me dijo, al mismo tiempo que me daba un beso en la mejilla.
Al escuchar sus palabras, se vino a mi mente que yo estaba a punto de
convertirme una mujer de treinta años que no tenía una relación estable que me
llevara al altar y que Fernando tal vez se estaba acercando a mí por esa
posibilidad, pero él no terminaba de darme esa sensación de ser el hombre ideal
para pasar el resto de mi vida a su lado.
—Sí, a mí también me gustaría — Le dije y sin despedirme de él, me bajé del
coche con una sonrisa que lo había dejado emocionado.
Llegué a mi casa y enseguida pensé en la respuesta que le había dado, tal vez lo
dejé con una esperanza que jamás la iba a materializar. Olvidé un poco esa
conversación y le marqué a Fernanda para que me comentara cómo había dejado
a Leti, porque me había quedado muy preocupada por su estado, pero todo
estaba bien. Después de hablar un rato con ella, me quedé un rato en la sala
escuchando una música suave mientras pensaba en lo que me había ocurrido con
Fernando y en un suspiro me quedé dormida en el sofá.
Creí que soñaba escuchar el sonido de mi móvil y de repente me desperté
sobresaltada. Eran las dos de la madrugada y me había llegado un mensaje, muy
inoportuno por cierto. Mi sueño era muy sensible y hasta con el más mínimo
ruido me despertaba. No tuve más opción que levantarme por la curiosidad de
saber de qué se trataba y me quedé pasmada, pensé que mis ojos iban a saltar de
mi rostro cuando vi que Fernando me había escrito ¡Fernando a las dos de la
madrugada! Grité y aunque sentí mucha curiosidad por leer el cuerpo del
mensaje, no había en mí esa emoción que esperaba experimentar algún día. Dejé
el móvil sobre el sofá y fui a la cocina por un vaso con leche. Un rato después,
tomé el móvil y regresé a la habitación y cuando me acosté en la cama, quise
enterarme qué quería Fernando a esa hora, así que leí el mensaje:
Espero que estés teniendo un relajante sueño y al despertar pienses un poco en
mí. Espero verte pronto, Alejandra. Besos
¡Oh, Dios! Pensé y me llevé las manos a la boca mientras dejaba caer el móvil
sobre la cama. No podía creer que Fernando despertara pensando en mí, pero no
me pareció que debía escribir a esa hora. Ya no me quedaba duda que él estaba
intentando conquistarme, pero me parecía extraño y no quise sentir esa emoción
de estar en el camino indicado, Fernando no era el hombre para mí.
Intenté responderle en ese momento, pero si lo hacía, Fernando podía pensar que
yo estaba esperando su mensaje o tal vez que estaba desesperada por tener a un
hombre a mi lado para no quedarme como una soltera. Inmediatamente solté el
móvil y me metí debajo de las sábanas para tratar de conciliar el sueño, pero
Fernando había logrado atrapar mi atención y por más que mi mente se
esforzaba en retomar la serenidad, mi corazón latía muy fuerte por la inesperada
misiva.
Fernando era el hombre que jamás tomaría en cuenta como ese hombre ideal
para formar una familia. Siempre conocí las mil maneras que él tenía para
engañar a una mujer y delante de mí, pasaba con una diferente cada semana
mientras estábamos en la época de universidad, pero ¿Por qué tenía que desvelar
mi sueño, pensando en un hombre como Fernando? Me pregunté al ver que
parecía una tonta, aunque si no me interesara, no me sintiera tan confundida. Así
pasé el resto de la madrugada, pensando en el hombre menos indicado y
recordando el momento tan agradable que habíamos tenido en la taberna
¿Agradable? Sí, aunque me costaba un poco asumirlo, aun me sentía muy atraída
por Fernando.
En la mañana, después de haber dormido un par de horas, desperté sobresaltada
con el sonido de la lluvia que entraba por la ventana de mi habitación y
enseguida salté de la cama para cerrarla. La cabeza me iba a estallar, parecía que
había pasado toda la noche despierta, disfrutando toda la noche con mis amigas
como pensé que lo iba a hacer. De pronto recordé que no le había respondido el
mensaje a Fernando y tomé el móvil para hacerlo.
Escribí varios mensajes que no terminaba de enviar porque los borraba antes, no
estaba segura qué le debía decir porque Fernando me estaba dando muchas
vueltas en mi cabeza y no quería por ningún momento darle la razón a mi
corazón. Aunque quise olvidar mi historia, ese amor secreto que siempre tuve
hacia él, la vida me estaba removiendo todo ese sentimiento que creí había
muerto dentro de mí. Al final, no respondí, quise darle entender que ese mensaje
nunca llegó, era mejor para mí, así podía continuar en lo que tenia planificado en
mi regreso, encontrar el amor en un hombre que compartiera el mismo sueño que
yo, formar una familia.
Quise meterme nuevamente en la cama, pero el sonido del teléfono de la casa me
distrajo y salí de la habitación para contestar. Era mi madre que me preguntaba
por qué no había querido ir y tuve que inventarle una excusa, le dije que había
ido a la droguería para adelantar trabajo y estaba haciendo un inventario para
comenzar a trabajar el lunes. Ella sabía que yo estaba huyendo de sus reproches
y no insistió, después de darme su bendición, nos despedimos y me pude
regresar a la cama.
Pero todos al parecer se habían confabulado para no dejarme dormir ese
domingo y enseguida, entró la llamada de Leti, per quise saber cómo se sentía mi
amiga y sin pensarlo dos veces le contesté.
—¿Cómo te sientes, Leti? Me quedé muy preocupada por ti — Le pregunté al
escucharla.
—Ya estoy bien, Alejandra, aun sigo feliz por mi compromiso, pero no te llamo
por eso — Me dijo y la escuché con mucha atención —Alejandra, el próximo
viernes es tu fiesta, amiga. Esta mañana llamé a una amiga que organiza bodas y
aproveché para pedirle que preparara todo para tu fiesta de regreso, solo tengo
que pasarle la lista de invitación y listo — Me dijo muy emocionada.
—¡No pensé que fuera tan rápido, Leti! Pero yo no tengo a nadie más que
ustedes por invitar — Le dije un poco preocupada porque ella al parecer estaba
organizando un gran evento.
—No te preocupes por eso, Fernanda y yo nos encargaremos de todo — Me dijo
y me sentí un poco más tranquila.
Después de hablar con Leti, me quedé con un sabor agridulce en la boca, como
si no estuviera segura de querer encontrar a ese hombre ideal. Mi corazón seguía
insistiendo en latir fuerte por Fernando, pero yo estaba obligando a mi mente a
no desistir de encontrar a un compañero de vida que realmente se mereciera mi
amor.
Capítulo III
Después de esa llamada, apagué el móvil para poder dormir tranquilamente, pero
me sentía muy inquieta y después de no sé cuántos minutos, me quedé
profundamente dormida hasta que mi reloj biológico me indicó que era hora de
levantarme. Apenas revisé la hora, me di cuenta que era un poco tarde porque
quería llegar muy temprano a la droguería para hablar con todos los empleados y
establecer algunas normas que tenía en mente.
Cuando llegué, mis padres me sorprendieron, llegaron muy temprano para
organizar una pequeña bienvenida en mi oficina, pero les había quedado muy
bien, los extrañaba mucho aunque literalmente me estaba escondiendo de ellos,
más bien de los reproches de mi madre.
—¡Gracias por esta sorpresa! — Les grité al mismo tiempo que los abrazaba y
nos uníamos en ese calor familiar que me hacía tanta falta.
Lloramos por la emoción de volver a vernos y pude notar que los empleados
estaban muy interesados en conocer las nuevas normas, pero se les notaba en sus
sonrisas que también estaban muy a gusto con tenerme ahí. Mi padre tuvo que
llevarse a mi madre porque ella insistía en que le diera detalles de todo o que
había vivido en el exterior y se le pasó por alto que estaba en mi primer día en la
droguería ¡Necesitaba trabajar!
Después de que todo estaba en orden y la droguería había abierto sus puertas al
público, me senté en mi oficina y sonreí ¡Todo estaba saliendo como lo había
planeado! Grité en mi mente y solo me faltaba que el amor tocara mi puerta para
sentirme realizada, aunque eso ya lo había sentido con Fernando, pero cada vez
estaba más segura que por nada del mundo podía dejar que mi corazón me
ordenara algo que me hiciera daño ¡No lo iba a aceptar!
Me concentré tanto en la nueva estructuración de la droguería por esa semana
que cuando me di cuenta, ya era viernes, el día de mi fiesta de bienvenida y
aunque estaba muy cansada, ése día desperté feliz y me emocionaba pensar que
pronto podía conocer al hombre ideal.
—¿Alejandra, estás preparada para tu fiesta de bienvenida? — Me preguntó
Fernanda inmediatamente que le contesté la llamada.
—¡Fernanda, amiga! Apenas estoy despertando y sí, emocionalmente estoy
preparada porque más tarde es que me voy a poner preciosa para que ese novio
perfecto se fije en mí y hagamos ese clic en nuestros corazones — Le dije con
una carcajada.
—Me alegra que te emociones, amiga y por lo que veo te vas a tomar el día ¿No
vas a la droguería? — Me preguntó y sentí curiosidad por saber con quienes me
iba a encontrar en la fiesta.
—No, me tomé el día para descansar, esta semana fue un poco fuerte, pero ya
todo está organizado como lo soñé. Estoy aplicando mis conocimientos del
postgrado, amiga. Por cierto, estaba por preguntarte desde hace algunos días
¿Cuáles son las chicas que irán a mi celebración? Te pregunto porque estoy
segura que no va a ser una fiesta para hombres — Le comenté ansiosa por saber.
—¡Claro que no, Alejandra! Eso sería muy aburrido, realmente las mujeres que
van son mis amigas del club, ella tienen un círculo de amistades muy grande y
son de nuestra misma clase social, así que estoy segura que sabrán a quien
invitar — Me respondió con una carcajada —Así que nos vemos en el salón
¿Quieres que pase por ti a las 9? — Me preguntó y enseguida reaccioné.
—¡Confiaré en ti, Fernanda, bueno en Leti también! — Le grité sonriendo —
¡No, prefiero llevar mi coche! Quiero tomar mis precauciones y que no me pase
lo de la noche anterior con Leti, el tuyo es muy pequeño y no me quiero
arriesgar ¡Nos vemos allá, amiga! — Le respondí y después de reírnos al
recordar esa noche, nos despedimos.
Por más que quise quedarme dormida por un rato más, la ansiedad me estaba
poniendo los nervios de punta y para no seguir dando vueltas en la cama me
levanté y mientras desayunaba, trataba de imaginar cómo sería esa fiesta y
sonreía ante la locura que les había pedido a mis amiga y todo por creer que
podía dejar de ser soltera en cuestión de horas. Pero, mi esperanza iba más allá
de todos mis temores y cuando llegó la tarde, comencé a buscar el atuendo
perfecto para la ocasión.
Tenía mucha ropa nueva que había traído de Europa, pero quería buscar algo que
me hiciera ver especial, como si con eso, el hombre elegido para mí se sintiera
atraído solo con mirarme. Quería dejarlos a todos con la boca abierta, sobre todo
a mi amiga Fernanda que siempre criticaba mi manera de vestir. Cuando se
acercaba la hora, me sentí preparada, lista para pasar una excelente noche en mi
propia fiesta de bienvenida. Me vestí muy a la moda y estaba muy segura que iba
a dejar a más de uno sorprendido con mi presencia.
¡Dios, no puede ser que ahora no consiga las llaves de coche! Iba gritando por
toda la casa, buscando con desesperación el llavero. Por más que me senté en el
sofá a revisar con calma los recuerdos en mi cabeza acerca de las llaves, no logré
dar con ellas y Leti y Fernanda me iban a explotar el móvil con tantas llamadas.
Me iban a desesperar, pero después de calmarme un poco, di con las aclamadas
llaves que estaban tiradas debajo de la mesa.
Rápidamente las tomé y me fui como si mi coche tuviera alas, llegué pronto al
salón, ya eran casi las diez de la noche y todos esperaban por mí. Apenas salí del
coche, Leti y Fernanda aguadaban en la entrada y me recibieron como si yo
fuera una estrella de Hollywood.
—¡Te prometo que no quise tardar! — Les dije a las dos muy avergonzada por
todo el tiempo que as había hecho esperar.
—Ya dejemos las disculpas, ahí dentro hay muchas personas que quieren
saludarte y otras tantas que desean conocerte — Me dijo Leti, mientras Fernanda
me miraba de arriba hacia abajo.
—¡Ya deja de mirarme así, Fernanda! — Le dije un poco molesta al esperar que
luego de mirarme de esa manera me iba a criticar por mi ropa.
—¡Es que me tienes sorprendida, Alejandra! — Me respondió sin quitar a
mirada de mi ropa —¡Estás espectacular con ese vestido! — Me dijo con una
sonrisa en los labios.
El comentario de Fernanda me hizo sonrojar, no esperar que le gustara mi
vestido y la manera como me había arreglado. Ya con eso podía estar segura que
iba a causar una muy buena impresión.
—¡Me alegra que te haya gustado, quise estar muy bien para ver si así lograba
atraer a un gran a hombre a mi lado. Pero vamos, ya quiero entrar y tomar algo
— Les dije mientras me abrazaba a las dos y entrabamos al salón de una vez por
todas y dentro, había mucha gente, más de lo que me esperaba, parecía más bien
que se iba a celebrar una boda.
—Ven, vamos de mesa en mesa para presentarte y para que saludes a los que
tenías mucho tiempo sin ver — Me dijo Leti al referirse a los que fueron
compañeros de universidad.
Nos paseamos por cada mesa y podía notar que algunas miradas de hombres
trataban de cruzarse conmigo, pero ninguno de ellos me llamaba la atención,
hasta que llegamos al final del salón donde solo quedaba una mesa y era donde
nos íbamos a sentar nosotras, pero para mi mayor sorpresa, Fernando estaba ahí
con una copa y sentado conversando con Jorge y Johnny.
—¡Hola, Alejandra! — Me saludó mientras se ponía de pie frente a mí —¡Jamás
pensé que podría verte más hermosa de lo ya te había visto — Me dijo y con sus
palabras no pude evitar sonrojarme.
Todos en la mesa comenzaron a burlarse del color que había tomado mis mejillas
y Fernando comenzó a sonreír y a mirarme con esos ojos color cafés que me
hacían creer de pronto que él podía ser ese hombre ideal, pero no me iba a dejar
engañar por su apariencia aunque le agradecí su halago después de saludar a los
novios de mis amigas, pero cuando me iba a sentar, Fernando me tomó de a
mano y enseguida me invitó a bailar.
—No te puedes sentar, tienes una hora que tardaste en llegar y yo debo dormir
temprano porque tengo una cirugía mañana a primera hora, así que me debes
este baile — Me dijo y con su argumento no me pude negar.
—¡Claro, Fernando! — Le respondí con una sonrisa —¡Con permiso, amigos!
— Les dije y enseguida Fernanda me extendió su mano para que le entregara mi
bolsa.
Fernando intentó llevarme de la mano hasta la pista de baile, pero no quise que
me vieran tan cercana a él porque si en realidad esa noche iba a conocer al
hombre de mi vida no quería confundirlo por bailar con él. Mientras bailábamos,
sentí una fuerte conexión, como si todo el amor que le tuve en la época de
universidad se hubiera mantenido intacto durante todo este tiempo. Pero no,
Fernando estaba muy lejos de mi realidad y era algo que tenía que sostener en mi
mente.
—Esto estaba pendiente, recuerda que habíamos dejado a medias cuando
estuvimos en la taberna — Me dijo recordándome la noche que me llevó a mi
casa.
—Sí, lo sé, por eso no pude negarme. Había olvidado lo bien que bailas,
Fernando — Le respondí sin poder ocultar que me estaba agradando.
—En cambio yo no lo había olvidado, de ti no olvido nada — Me decía en cada
vuelta con una gran sonrisa.
Algo dentro de mí quería creerle, tal vez mi terco corazón, pero mi mente se
negaba a aceptarlo. Estaba rogando a Dios que se terminara pronto la música;
esa cercanía con Fernando me ponía a tambalear la distancia que estaba tratando
de marcar, pero cada vez que me hablaba lo hacía para halagarme y decirme todo
lo que me había recordado. Ahí comenzaban mis dudas del por qué él decía que
me recordaba tanto, si nunca se había fijado en mí como mujer, pero traté de no
dedicar ni un momento más a esos pensamientos.
¡Al fin, la canción ya iba a terminar! Intenté separarme un poco de él, pero
Fernando consiguió enlazarme con su brazo y no podía dejar de sentir sus latidos
del corazón que parecía se le iba a salir del pecho al igual que a mí. Era evidente
que tenía que aceptar que él sentía algo por mí y no era una simple atracción.
—Gracias por dejarme de ser el primero — Me dijo mientras besaba mi mano en
el momento que terminó la canción y se separó de mí, pero no comprendí lo que
me quiso decir.
—¿Por ser el primero? — Le pregunté ante la duda de su comentario.
Fernando sonrió y me tomó con su mano por la cintura hasta que me llevó a la
mesa y al despedirse de todos, se me acercó y respondió a mi pregunta:
—Sí, por ser el primero que bailara contigo en esa noche —Me dijo
susurrándome al oído, al mismo tiempo que me dejaba un beso en la mejilla y se
despidió de todos para marcharse.
—¡Eso, Alejandra! —Gritaron todos en una sola voz y sentí un poco de
incomodidad.
—¡Ay por favor, chicos! Fernando no me inspira ni un mal pensamiento — Les
dije, pero esa había sido una de las mentiras más grandes que había dicho en
toda mi vida.
Unos minutos después ya todos se habían olvidado de Fernando, menos yo que
seguía pensando en cada una de sus palabras y su manera tan extraña de querer
conquistarme, pero con todo eso, traté de incorporarme a mi fiesta de bienvenida
y quise compartir un poco y baile con todo el que me lo pedía. Realmente me
estaba divirtiendo, más allá de fijarme bien en cada uno de los que me decía una
palabra bonita y hasta se atrevían a invitarme a salir, pero yo de tonta seguía
pensando en Fernando, hasta que volví a sentirme decepcionada por mí misma al
escuchar en el sanitario la conversación de unas mujeres que estaban de
invitadas a mi fiesta.
Ellas conversaban sobre un famoso cirujano plástico que estaba muy guapo y
que tenía unas manos milagrosas, lo peor es que decían que iban a pedir una cita
para una evaluación solo por ver si lograban conquistar a ese hombre que de
paso, estaba soltero. Se me subió la sangre a la cabeza y estaba muy segura que
hablaban de Fernando, por su fama de mujeriego; sentí tanta rabia, más bien eran
celos y lo asumí en ese momento. Salí de ahí y busqué un trago, mientras
pensaba en aceptar la invitación a salir del hombre que se me acercara en ese
momento.
Leti se acercó para preguntarme si me encontraba bien porque mi rostro reflejaba
que algo me ocurría, pero no tuve tiempo de responderle, en ese instante, se
acercó a nosotras un hombre muy guapo que logró llamar mi atención.
—¡Hola, Alejandra! — Me dijo mientras me saludaba con un beso en la mejilla
como si nos conociéramos de algún lado, pero lo que me pareció gracioso es que
solo me miraba a mí, como si no existiera nadie más a nuestro alrededor —¿Te
puedo invitar a una copa, mientras conversamos? — Me preguntó y enseguida
volteé a mirar a Leti y se había esfumado como la espuma, pero al mirar a la
mesa, me di cuenta que se había ido con Jorge abrazada.
La verdad fue que no me pude resistir ante a la invitación de ese hombre,
físicamente tenía todo lo que cualquier mujer buscaría, pero eso no iba a ser
suficiente para mí, yo buscaba una conexión, una magia que pudiera sentir con
tan solo mirarme y eso no ocurrió, a menos no en ese momento.
—Hola, sí por supuesto ¿Sergio, verdad? — Le pregunté al no estar segura de su
nombre por tantos que había escuchado esa noche.
—Sí, soy Sergio, vamos por aquí por favor — Me dijo mientras colocaba su
mano sobre mi hombro.
¡Sergio! Muy bonito nombre, hasta se parecía un poco a Fernando, iba pensando
mientras él hablaba, pero al darme cuenta que seguía pensando en ése mujeriego
no quise perder más mí tiempo y puse toda mi atención en Sergio.
—¡Gracias! — Le dije al recibir la copa de vino que amablemente me ofreció
mientras nos sentábamos en el jardín que rodeaba el salón de la fiesta —
Cuéntame un poco de ti, Sergio — Le pedí para conocerlo un poco más allá de lo
que estaba ante mis ojos.
—A ver, Alejandra, qué te cuento… — Me respondió mientras se tocaba su
barbilla como si buscara en su mente palabras diseñadas en su manual de
acercarse a una mujer, fue lo primero que se me vino a la mente —Vivo solo a
dos cuadras de la clínica del sur, soy cirujano plástico, tengo treinta años, estoy
soltero y en este momento estoy viendo a la mujer más perfecta que haya
conocido en mí vida — Me dijo y al escucharlo, nuevamente se me vino a la
mente Fernando.
Tanto huir de mi amor secreto y el destino ponía ante mí a un hombre muy
parecido a Fernando, hasta en su profesión y edad. A simple vista era todo un
caballero, no creía en que tuviera el mismo estilo de Casanova de él, por eso que
me quedé a gusto conversando con Sergio y en un descuido, él estaba detrás de
mí con una rosa en su mano.
—¿En qué momento fuiste por esa rosa? — Le pregunté muy asombrada.
—Un hombre siempre tiene que estar preparado para cuando está frente a la que
puede convertirse en el amor de su vida y eso hice — Me dijo al mismo tiempo
que me entregaba la rosa y me sonreía.
Sergio era muy apuesto y en esos minutos que estuvimos conversando, me di
cuenta que tenía muchas posibilidades de ser ese hombre ideal, pero aunque
tratara de engañarme a mí misma, mi acercamiento a ese hombre era por su
parecido al que nunca había podido olvidar, Fernando.
—Me agradó mucho conocerte — Le dije con una sonrisa, mientras
caminábamos nuevamente hacia el salón.
—A mí también y me gustaría que sigamos saliendo para conocernos más, no me
gustaría dejarte ir — Me propuso como si en realidad estuviera interesado tanto
como yo en tener una relación formal.
Acepté su propuesta, no con la emoción que pensé iba a sentir cuando llegara ese
momento, pero ya al aceptar, estaba dando por sentado que él también me había
gustado, así que la selección de la fiesta había terminado.
Capítulo IV
Sergio no se separaba de mí ni por un instante, hasta llegué a pensar que también
me iba a acompañar al sanitario porque si yo me movía, él también lo hacía; me
sentía incómoda y a pesar que el objetivo de la fiesta era conseguir al hombre
ideal, no estaba muy segura si en realidad quería continuar con tanta asfixia
mental que solo me daban ganas de continuar soltera. Leti y Fernanda se dieron
cuenta que mi rostro expresaba inconformidad y rápidamente se acercaron.
—Dame unos minutos con mis amigas, Sergio — Le pedí mientras me
encontraba con ellas.
—¿Qué pasa Alejandra? Hasta hace un rato te veía emocionada con Sergio —
Me preguntó Fernanda mientras nos sentábamos en la mesa.
—¡Es cierto, amiga! Te vimos que no parabas de hablar con Sergio y el te seguía
a todos lados, pensé que ya te había flechado ese corazón, pero luego te vi tan
desencajada que le pedí a Fernanda que nos acercáramos a preguntarte — Me
dijo Leti al mismo tiempo que me ofrecía beber de su copa.
—No lo sé amigas, me siento confundida. Tal vez tenía una idea errónea de lo
que iba a ser esta noche. Sergio es encantador y tal vez es el hombre con el que
toda mujer soñaría, pero me dejé deslumbrar por el momento y ahora siento que
él no es lo quiero — Les dije con una mueca en la boca que denotaba mi
desagrado.
—¿Pero, qué es lo que quieres realmente, Alejandra? — Me preguntó Fernanda
con mucho interés.
En ese momento, me quedé pensativa y respondí en mi mente que lo que
realmente quería era el amor de Fernando, con el que siempre había soñado, pero
por su mal comportamiento con las mujeres, se alejaba de toda posibilidad de
hacerse ese sueño realidad.
—¡No me hagan caso, tal vez sea miedo! Miedo a haber encontrado a ese
hombre ideal tan rápido, debe ser eso — Les respondí, pero en mi mente solo
estaba aceptando continuar para olvidar y sacar de mi corazón a Fernando.
—¡Ánimo, Alejandra y deja ese miedo! Estar enamorada es lo que mejor que te
puede pasar y creo que Sergio puede ser ese hombre, date la oportunidad — Me
dijo Leti con una sonrisa y Fernanda me miro y asintió con la cabeza como
dando a entender que estaba de acuerdo con el comentario.
Les sonreí y enseguida miré a Sergio, pero no lo vi cerca ¡Tal vez ya se le pasó el
enamoramiento! Pensé, pero me volvió a sorprender con otra rosa que me
entregó delante de mis amigas y eso a ellas las impresionó tanto que terminaron
por creer que sí era mi hombre ideal. Después de eso, se levantaron de la mesa y
me dejaron a solas con él.
—Esta rosa, es para disculparme contigo — Me dijo Sergio, pero no logré
comprender por qué se disculpaba hasta que continuó —Me di cuenta que estaba
asfixiando y para ser la primera vez no quiero que te lleves una mala impresión
de mí, en verdad quiero que nos conozcamos, me encantaría que llegáramos a
tener un romance que nos haga llegar hasta el altar — Me confesó y aunque eran
las palabras que siempre quise oír, no sentía esa conexión con Sergio, no había
veía en sus ojos el reflejo de amor que creí llegar a ver en el que sería el hombre
de mi vida.
Pero mis amigas tenían razón ¿Cómo iba a saber si él no era el hombre indicado,
si no me estaba dando la oportunidad de conocerlo? Me pregunté y al mismo
tiempo me respondí que le iba a dar la oportunidad de saber un poco más de él,
al final no tenía nada que perder y todo apuntaba a que en Sergio iba a encontrar
al amor de mi vida aunque no haya existido esa conexión a primera vista, al
menos no de mi parte.
—Gracias por decírmelo, casi estuve a punto de salir corriendo ¿Siempre eres así
de intenso? — Le pregunté de la mejor manera para tratar de entenderlo.
—Sí, soy un poco intenso, pero te aseguro que me pasa únicamente cuando
siento interés en algo o en alguien y en ese caso, eres tú — Me respondió y pude
notar algo de sinceridad en sus palabras —Dame la oportunidad de demostrarte
que puedo controlar mi intensidad y ser el hombre con el que tanto habías
soñado — Me pidió casi arrodillado.
Por un momento, dudé en darle una respuesta afirmativa, pero al recordar que
necesitaba olvidar a Fernando porque él nunca iba dejar de ser un mujeriego, le
dije que sí a Sergio y con eso, estaba aceptando en dejarme conquistar por él con
todo lo que implicaba. Después de eso, Sergio se fue a su mesa a compartir y me
dejó respirar para compartir con mis amigas, pero de vez en cuando se acercaba
a conversar, a beber una copa conmigo y hasta bailar.
Al final, la noche fue muy agradable, pero no dejaba de pensar en qué hubiera
sucedido si Fernando aun estuviera en la fiesta, pero eso no pasó, así que
continué con mi acercamiento a Sergio. Cuando la celebración terminó, salimos
muy satisfechas mis amigas y yo. Sergio se había ofrecido a llevarme, pero me
sentía en buenas condiciones físicas para conducir por lo que no acepté su
invitación y hasta ahí estábamos muy bien porque en el momento de
despedirnos, Sergio trató de besarme, pero le aparté mi boca para que pudiera
tocar mi mejilla y la expresión que noté en su rostro me dio a entender que no le
había gustado, pero aun así trató de disimular que todo estaba bien.
—Bueno, espero que nos podamos ver después de esta noche, tal vez bebernos
un café, ir al cine, salir a caminar ¿Te parece? — Me propuso y me pareció un
buen comienzo para una primera cita.
—¡Claro que sí! Nos ponemos de acuerdo — Le respondí con una sonrisa y
enseguida me subí en el coche.
Al llegar a casa, me di cuenta que tenía un mensaje en mi móvil, pero me sentía
tan cansada que ni me tomé la molestia en sacarlo de mi bolsa para revisar. Me
tiré en la cama así como había llegado, con el vestido y el maquillaje, solo pude
quitarme los zapatos para cubrirme con la sábana y no tuve tiempo de pensar en
nada más que lo confortable que estaba dentro de mi habitación. Apenas me
desperté en la mañana, fui por un vaso con agua y saqué el móvil de mi bolsa
para leer el mensaje que me dejó sorprendida porque era de Fernando:
“Hola preciosa, espero que aun estés disfrutando de tu fiesta de bienvenida. Yo
estoy en la clínica todavía, pero si te soy sincero, muero de ganas por estar allá
y bailar contigo. No sé por qué, pero desde que llegaste, no dejo de pensar en ti
¡Espero verte pronto!”
Casi caigo en la cama por el asombro, no comprendía qué buscaba Fernando con
todos esos detalles y con ser tan cariñoso conmigo si antes de mi regreso
volteaba a mirarme por estar pendiente de todas las mujeres que tenía como
novia y después de lo que había escuchado en el sanitario, me di cuenta que no
había cambiado para nada y lo menos que quería era que Fernando me agregara
a su colección de mujeres, yo merecía a alguien que en realidad buscara lo
mismo que yo y estaba segura que Sergio era ese hombre.
Ese sábado, amaneció lloviendo, estaba como para pasar el día acostada viendo
películas, con un helado gigante de mantecado y acobijada debajo de las
sábanas, al menos esa era mi intención pero con la llamada que Sergio me hizo
en ese momento, me cambió por completos mis planes de quedarme en casa.
—¡Hola, futura esposa! — Me dijo inmediatamente que le respondí y me pareció
una broma de mal gusto su saludo, pero no intenté hacer reproches.
—¿Cómo estás Sergio! — Le respondí con un poco de distancia.
—Ahora estoy mejor, después de escucharte ¿Qué haces? Quiero que salgamos
un rato ¿Te animas? — Me preguntó y lo primero que se me ocurrió fue mirarme
en el espejo y notar que realmente estaba muy relajada.
—Sergio, yo pensaba quedarme en casa, como ves el día está muy lluvioso
¿Dónde crees que podemos ir con ese clima así? — Le pregunté para que me
diera la razón y me hiciera una nueva propuesta para algún otro día.
—Si quieres te acompaño a ver películas en tu casa o si prefieres, podemos ir a
un café que está cerca de la montaña, es un sitio muy hermoso y ahí podemos
conversar a gusto y conocernos un poco más — Me dijo y al escucharlo tan
emocionado, lo pensé muy bien antes de darle una respuesta.
Me senté en la cama, coloqué mi cabeza sobre mis rodillas y después de suspirar
le acepté la invitación a Sergio, pero sin sentirme emocionada por verlo o por
conocer más de él. Yo estaba poniendo todo mi empeño, pero no había ninguna
conexión de mi parte que me dijera que era el hombre de mi vida. Quedamos en
encontrarnos a las 10, en el sitio para compartir el resto del día. Mientras me
vestía, volvió a sonar mi móvil y pensé que era Sergio, por eso no leí el nombre
en la pantalla y respondí rápidamente, pero casi me quedo paralizada al escuchar
la voz de Fernando.
—¡Alejandra, buenos días! — Me dijo apenas le respondí y en ese momento,
sentí una emoción muy grande, como si mi corazón quisiera salirse de mi pecho.
Me llevé la mano a mi boca para cubrirla y evitar que se oyera el grito que
estaba a punto de salir de mí ¿Por qué no sentí esa misma emoción al recibir la
llamada de Sergio? ¿Por qué mi corazón se empeñaba en ilusionarse con el
hombre equivocado? No comprendía por qué Fernando insistía en hacerme creer
que en verdad yo le interesaba.
—¿Estás ahí, Alejandra? — Me preguntó al notar mi silencio.
—Sí, aquí estoy, Fernando, es que me asombró un poco tu llamada — Le
respondí con la voz temblorosa y con mucha sinceridad.
—Discúlpame, no sé por qué desde que llegaste me tienes dando vueltas en mi
cabeza. Perdona mi sinceridad, pasa que tengo muchas ganas de verte — Me
confesó sin ningún titubeo y estaba a punto de entrar en estado de shock —
¿Crees que podamos vernos hoy? ¡Al menos un rato! — Me preguntó y ya casi
me iba a caer al suelo por la inesperada pregunta.
—No, me siento muy cansada y estoy algo resfriada, tal vez me está afectado el
cambio de horario todavía, lo siento — Le dije sin pensar mi respuesta.
—Bueno, toma algo caliente para ese resfriado, me gustaría que en algún
momento me concedas un tiempo para que podamos compartir. A veces siento
como si me tuvieras miedo, espero que eso no sea cierto. Te envío un fuerte
abrazo, preciosa — Me respondió y enseguida terminó la llamada sin esperar mi
respuesta.
¡Oh, yo que siempre soñé con salir con Fernando! Grité mientras me sentaba en
la cama de un solo golpe, pero aunque hubiera querido aceptar ya no podía
retractarme con Sergio. Por mucho que me negué, tenía que aceptar que seguía
emocionada con la llamada de Fernando, sin embargo estaba segura que en ese
mismo momento en el que le dije que no podía, él iba a llamar a cualquier otra
de su lista de mujeres, por eso, tomé mi bolsa y las llaves del coche y me fui
hasta el lugar de encuentro con Sergio.
—¡Futura esposa, estás radiante! — Fueron las palabras con las que me recibió
Sergio, pero me parecía tan infantil de su parte que jugara con algo tan
importante como eso ¡Paciencia, Alejandra! Me grité en mi mente —Ven,
déjame quitarte el abrigo, aquí está un poco más cálido — Me dijo y enseguida
me ayudó.
—Gracias, Sergio, siempre tan atento y amable — Le dije mientras tomaba
asiento a su lado.
Enseguida Sergio ordenó dos cafés y comenzó con sus halagos, pero eran tan
constantes que por un momento legué a creer que estaba siendo falso conmigo,
como si solo tratara de agradarme. En cambio Fernando, a pesar de tener a tantas
mujeres, sí que sabía cómo tratar a una mujer.
Por más que quise mantener mi mente ahí con Sergio y disfrutar de su compañía,
no dejaba de pensar en Fernando, aunque quisiera alejarlo de mis pensamientos
seguía dando vueltas en mi cabeza y no le estaba prestando atención a las
palabras de Sergio. Tuve que contener la risa en varias oportunidades porque se
veía tan cómico, era como si estuviera viendo una película animada, pero sin el
audio. Definitivamente mi cita había resultado ser muy aburrida, tal vez yo no le
di la importancia que realmente merecía.
—Estás un poco distraída, Alejandra, hasta creo que no me has prestado atención
a todo lo que te decía — Me dijo con una expresión de seriedad en su rostro que
me hizo ruborizar las mejillas por la vergüenza que sentí.
—¡Cómo crees, Sergio! No digas eso, te he escuchado con mucha atención.
Gracias por traerme a este lugar, es uno de los más bonitos que tiene la ciudad
para beber un buen café — Le respondí haciendo que desviara la conversación
para iniciar una nueva.
—¡Gracias por escucharme! Ahora sí quiero hablar muy en serio, Alejandra —
Me dijo mientras me tomaba las manos sobre la mesa —Quiero pedirte que nos
demos una oportunidad para ser novios ¿Estás dispuesta a darte esa oportunidad
conmigo? ¿Quieres ser mi novia? — Me preguntó y sentí que la sonrisa se había
borrado de mi rostro como por arte de magia.
¿La novia de Sergio? Me pregunté y realmente era eso lo que tanto quería, ser la
novia de alguien que me considerara una gran mujer capaz de hacer feliz a
cualquier hombre, por eso había regresado a mi ciudad, pero ahora que había
encontrado al hombre ideal, no me sentía del todo completa y a gusto.
—¿No sientes que es un poco apresurado, Sergio? — Le pregunte sin pensar
mucho en su respuesta, solo me estaba dando unos minutos para asimilar lo que
estaba
escuchando.
—¿Apresurado? ¡No! Así debe ser la vida, yo siento que las oportunidades no
deben dejarse pasar y tú buscas lo mismo que yo, Alejandra — Me respondió, al
mismo tiempo que se levantaba para sentarse más cerca de mí.
Sergio tenía razón, lo menos que yo quería era perder el tiempo y algo dentro de
mí me decía que debía esperar, que no tomara una decisión tan pronto, pero al
ver a Sergio tan entusiasmado con la idea, no me pude negar aunque mi corazón
sintiera lo contrario.
—Tienes razón, sí, vamos a darnos esa oportunidad, acepto ser tú novia, Sergio,
pero solo te voy a pedir que tengas un poco de paciencia y vamos poco a poco
— Le dije con mucha sinceridad al ver que ya se iba a levantar para darme un
beso.
—Sí, claro, te comprendo ¡Todo va a ser como tú quieras, futura esposa! — Me
dijo y me dio un beso muy cerca de mis labios.
Le sonreí y los dos nos abrazamos, en ese momento sentí que mi vida
comenzaba a cambiar. Sergio y yo hicimos planes para unas próximas salidas,
hablamos de lo que nos gustaba y coincidíamos en algunas cosas, lo único en
contra era que su móvil sonaba a cada instante, pero él no respondía porque
decía que lo más importante era yo a pesar que le pedí que contestara por si fuera
algún paciente. No pude negar que habíamos pasado un día excelente y después
de despedirnos, llegué a mi casa donde me conseguí con una gran sorpresa.
—¿Qué estás haciendo aquí, Fernando? ¿Y esas flores? — Le pregunté a verlo
parado en la puerta de mi casa con un enorme ramo de flores.
—Te estaba esperando, preciosa, me quedé con ganas de verte y supuse que
vendrías a esta hora, pero estaba dispuesto a esperar todo el tiempo que hiciera
falta — Me respondió —Estas flores son para ti, espero que te gusten — Me dijo
y enseguida me colocó las flores en mis manos.
Me quedé helada sin poder reaccionar, como siempre me pasaba cuando se
trataba de él, pero insistió en preguntar si me encontraba bien y ahí salí de mi
pausa emocional.
—Fernando, no debiste molestarte, pero están muy hermosas, muchas gracias —
Le respondí y los dos nos quedamos parados.
Yo me preguntaba ¿Ahora qué debo hacer? Porque Fernando se me quedó
mirando tal vez esperando alguna reacción de mi parte y yo sin saber qué hacer.
Lo único que se me ocurrió en ese momento fue invitarlo a pasar a mi casa.
Capítulo V
Mientras abría la puerta, mis manos comenzaron a temblar por la emoción que
estaba tratando de ocultar. Fernando se dio cuenta y sonrió y enseguida me quitó
las llaves y él mismo abrió.
—Toma asiento por favor, voy a colocarlas en un florero — Le pedí mientras
respiraba profundo y me iba hasta la cocina a llevar las flores.
Regresé con el florero y lo coloqué sobre la mesa, le ofrecí algo de beber, pero
Fernando se acercó a mí. Sin decir ni una sola palabra, me tomó de las manos y
acercó su boca a mis labios temblorosos y al sentirlos, no pude resistir la
tentación de besarlo.
—¿Por qué este beso? — Le susurré a Fernando mientras él terminaba de rosar
mis labios con pequeños besos.
—Porque te quiero, siempre lo supe, pero era muy inmaduro para asumirlo.
Pensé que al estar con muchas mujeres iba a ser el más popular de la universidad
¡Te prometo que todo eso quedó atrás, Alejandra! Apenas te vi en la casa, mi
corazón me dio la razón. Todo este tiempo te he extrañado y hoy te confieso que
te amo — Me confesó mientras yo casi me caía sobre el sofá ante el impacto de
todo lo que estaba escuchando de la boca de Fernando.
Quería creerle, hubiera dado todo porque mi mente en ese instante pudiera
hacerle caso a mi corazón que se estaba derritiendo de amor por ese besos y sus
palabras, pero no podía creerle, además que hasta hacía unas horas había
aceptado ser la novia de Sergio ¡Él no se merecía que le pusiera los cuernos con
un hombre como Fernando! Quién lo iba a pensar, después que yo tanto había
soñado con ese momento, con ese beso y esas palabras de amor, no creyera en él
y menos le podía corresponder.
—¡No puedo creerte Fernando, si siempre me pasabas de un lado con una novia
diferente! No puedo creer en ti y ya tengo novio, un hombre bueno a quien debo
respetar — Le dije con mucha firmeza aunque por dentro me estaba
derrumbando.
—Ese beso, no fue mentira, Alejandra ¡Pude sentir cómo temblabas cuando te
besaba! Yo nunca había sentido algo así por nadie, solo contigo, preciosa ¡Cree
en mí, por favor! — Me decía un poco desesperado como jamás creía verlo —
¿Quién es ese hombre que me ha quitado el puedo que la vida me debía? Yo
siempre te amé, nunca pude olvidarte, Alejandra — Gritaba, pero tuve que darle
la espalda para que no notara las lágrimas que comenzaron a caer de mis ojos.
—Quisiera creerte, Fernando y sí, yo siempre te amé y por más que pasé una
buena parte de mi vida en el exterior, nunca pude olvidarme de ti, pero eso ya
pasó ¡Es muy tarde! Y sinceramente, mi mente se bloqueó contigo por todas las
desilusiones — Le dije y busqué mirarlo a sus ojos.
—No me importa que tengas novio, voy a demostrarte que desde hace un
tiempo, soy un hombre nuevo que cree en el amor y tú eres lo único sincero que
la vida me ha dado, Alejandra. Voy a luchar por ti porque mi amor es verdadero
— Me dijo desde la puerta mientras se alejaba.
Me asomé por la ventana y lo vi alejarse en su motocicleta. En ese momento, me
senté en el sofá y comencé a llorar y a reír a la vez; me sentía un tanto
confundida por lo que estaba expresando mi cuerpo, como una sensación de reír
por la felicidad y de tirarme al piso y llorar como una niña por no poder tener un
juguete soñado.
Ese beso, me había robado la tranquilidad para iniciar una relación de noviazgo
con Sergio y me removía los recuerdos de todo lo que un día soñé vivir con
Fernando. Al verlo marcharse, me dejé arrastrar por la impotencia y caí en la
alfombra, cegada por el llanto de ver salir de mi vida al único hombre con el que
había soñado con pasar el resto de mi vida y también, al único hombre que
realmente amaba.
Me sentí tan sola en ese momento, no podía confesarle mi secreto a Leti o a
Fernanda porque estaba segura que me iban a decir todo lo malo que era
Fernando y que su recomendación sería que me olvidara de él y me dedicara a
ser feliz con Sergio, por eso me levanté y me después de secarme las lágrimas,
me di cuenta que mi vida tenía que continuar y que no podía creer en ni una sola
palabra de lo que me haya dicho.
Cuando me iba a la habitación, mi móvil comenzó a sonar desde mi bolsa y
enseguida miré a ver de quién se trataba y era Sergio. Lo menos que quería era
conversar con él, al menos no en ese momento después de haberme besado con
otro hombre, pero le contesté por consideración a que era un buen hombre y no
como del que yo estaba enamorada, de un mujeriego como Fernando.
—¡Sergio, disculpa que haya tardado en contestar! — Le respondí en seguida.
—No te preocupes, futura esposa, llamé para saber si estabas bien, como no
quisiste que te acompañara — Me dijo, pero como si me conociera desde hace
algún tiempo, se dio cuenta que algo me sucedía solo por el cambio en mi timbre
de voz —¿Te ocurre algo? Te noto como si hubieras estado llorando ¿Pasó algo?
— Me preguntó bastante preocupado.
—¡No, no me ocurre nada, Sergio! Mi casa aun tiene un poco de polvo y estuve
estornudando cuando llegué, tal vez sea por eso que sientas que he llorado — Le
mentí y aunque me sentí un poco mal por eso, respire —Pero, dime ¿Cómo
llegaste? — Le pregunté para que olvidara lo que me había comentado.
—Comprendo, a mí también me ocurre lo mismo, soy alérgico al polvo — Me
respondió Sergio, pero estaba muy segura que solo me había dicho lo que quería
escuchar porque para mí que no me creía en absoluto —Me contenta que estés
bien, futura esposa. Quisiera que nos viéramos mañana, pero tengo una cirugía
planificada. De todas maneras, quiero que sepas que te voy a pensar mucho —
Me decía con su voz de romántico que ponía cada vez que iba a decirme algo.
En ese momento, me llevé la mano al pecho y comencé a agradecerle a Dios en
mi mente porque no era capaz de ver nuevamente a Sergio y pensar fuertemente
en Fernando. Sonreí al quitarme un peso de encima, pero en cualquier otro
momento tenía que asumir yo había aceptado ser su novia para ser feliz y no
para estar ocultándome ni besándome con alguien más.
—Gracias por tu comprensión, Sergio. Quiero que sepas que voy a poner todo
mi empeño para que este noviazgo funcione — Le respondí con mucha
sinceridad porque en realidad quería ser feliz —Estamos en contacto, que te
salga todo bien en esa cirugía — Le dije y mientras nos despedíamos, estaba
pensando en lo que iba a hacer ese domingo para no quedarme en casa.
¡Un día de piscina en el club! ¿Por qué no? Me pregunté y quise invitar a mis
amigas para compartir un día diferente, pero al llamarlas, ninguna de las dos
estaban disponibles porque ya habían hecho planes con sus novios, sin embargo
eso no me quitaron las ganas de llevar un poco de sol, aunque fuera sola.
Apenas amaneció, preparé mi bolsa de playa y me coloqué mi bañador. De una
vez me fui hasta el club y ahí mismo desayuné unos filetes de pescado con una
ensalada verde. Mientras me acercaba a la piscina, iba viendo si había alguna
silleta libre para acostarme al lado de alguien conocido, al menos para conversar,
pero no, la mayoría eran personas desconocidas y que en mi vida las había visto.
Cuando me acosté, después de quedar con el bañador, me sentí muy relajada y
después de un rato, me di un chapuzón en la piscina con la cálida agua. No sabía
cuánto tiempo había estado en la silleta porque el área de la piscina estaba sola,
como si alguien los hubiera espantado, por lo que pude provechar el agua para
mí sola. En una de esas que me sumergí, sentí un fuerte calambre en la pierna
derecha y esa sensación tan fea hizo que no pudiera nadar por lo que comencé a
tragar agua, hasta que alguien me tomó entre sus brazos y me llevó hasta la
orilla.
—¡Alejandra, mírame! ¿Estás bien? — Me preguntó Fernando, supe que era él
de inmediato al escuchar su voz, a pesar que no había abierto mis ojos.
—¿Fernando, pero qué haces aquí? — Le dije al abrir mis ojos, pero el dolor era
tan fuerte que luego continué quejándome del mismo.
—Déjame ver tu pierna, es un calambre, necesito que relajes — Me dijo con
mucha dulzura y comenzó a masajear mi muslo, mientras nos mirábamos
fijamente. Unos segundos después, la molestia estaba cediendo y con su ayuda,
me pude levantar y caminar hasta mi silleta para recostarme —Quiero evaluar
que no te hayas lesionado el músculo, pero estamos un poco lejos de la clínica.
Voy a pedir una habitación por unos momentos, así estarías más cómoda,
aguarda aquí, por favor — Me dijo con un tono de preocupación.
Fernando estaba siendo muy lindo conmigo, pero también me daba cuenta que se
comportaba con un profesional de la medicina que se preocupaba por la salud de
un enfermo, en este caso se trataba de mí.
—Vamos, preciosa, acompáñame — Me dijo mientras me ayudaba a levantar y
él sostenía en una de sus manos su maletín médico que había buscado en su
coche.
Sin vacilar, me puse de pie con su ayuda y nos fuimos lentamente hasta la
habitación. Me dolía al afincar el pie, pero pensaba que no podía ser algún daño,
aunque prefería que me lo dijera Fernando después de su evaluación. Él me
tocaba con mucha sutileza y me preguntaba si me dolía cuando presionaba, pero
gracias a Dios no había ninguna lesión de la que debía preocuparme ¡Un simple
calambre y nada más! Eso fue lo que me pasó.
—¡Qué bueno! Pero ese calambre pudo haber originado una tragedia — Le dije
al pensar en que me pude haber ahogado de no haber estado él presente.
—Sí es cierto, pero afortunadamente, estuve cerca de ti y así le pido a Dios estar
siempre, Alejandra — Me dijo mientras me tomaba de la mano.
Me puse nerviosa, casi salgo corriendo de aquella habitación y sin darle las
gracias por todo lo que había hecho por mí, pero Fernando me detuvo.
—No me hagas esto, por favor, déjame ir — Le dije sin mirarlo a los ojos al
sentir que me estaba tomando del brazo.
—Espera por favor, no te vayas — Me respondió y en seguida me abrazó por la
espalda.
No pude dar un solo paso, me quedé paralizada ante su súplica de que no me
fuera. Fernando de colocó frente a mí y comenzó a acariciar mi cabello, yo tenía
mis ojos cerrados, pero hubo un momento en el que o pude evitar abrirlos y fue
como si Fernando lo estuviera esperando porque al mirarme, me tomó
suavemente por el cuello y volví a sentir el dulce sabor de sus labios junto a los
míos.
No pude huir de mis propios sentimientos, no podía seguir negándome al amor
que sentía por Fernando. Correspondí a sus besos una vez más, como si no me
importara nada más que lo que había dentro de mí corazón. Solo bastaron unos
segundos para darme cuenta que él era definitivamente el hombre con el que
siempre había soñado, al que nunca había podido olvidar.
La calidez de sus besos se fue intensificando, lo dejé que continuara. Estaba
poseída por su magia del amor que había en toda la habitación. Pude sentir que
sus besos eran reales y en cada te amo que me decía Fernando, había mucha
verdad, demasiada sinceridad que hizo que me entregara por completo, como
nunca antes lo había hecho.
Con cada una de sus palabras, me iba desnudando mis sentimientos y le
correspondí en su verbo, en sus caricias y debajo de la suave sábana, hicimos el
amor por primera vez. Cuando logramos compenetrarnos en nuestro ser, nos
unimos en una sola piel y con un suspiro dimos por concluido el acto sexual,
mientras nos quedamos mirando fijamente.
—Siempre te he amado, Fernando ¡Nunca pude olvidarte! — Le confesé con
lágrimas en mis ojos.
—No, no llores, preciosa, yo lo sé. Siempre supe que me amabas y no voy a
dañar el momento recordando lo tonto que fui ¡Yo también te amo! Por favor
deja ya a ese otro hombre que quiere ganarse un amor que no le corresponde —
Me pidió al referirse a Sergio.
No lo pensé mucho y de una vez le di la razón a Fernando. Tenía que sincerarme
con Sergio y decirle que jamás lo iba a amar porque mi corazón siempre había
pertenecido a otro hombre. Él había sido muy especial conmigo y no se merecía
una mentira más.
—Creo que estoy viviendo un sueño, siempre te imaginé así conmigo, pero
pensé que… — Le decía pero enseguida Fernando me cayó, no me dejó
continuar hablando.
—No digas nada por favor, ya te dije que he cambiado ¡No soy él inmaduro de
antes, confía en mí por favor! — Me pidió y le creí, no pude dudar de sus
palabras después de todo lo que había ocurrido entre nosotros.
Pasamos unas horas juntos, Fernando no dejaba de acariciarme suavemente y me
hacía sentir muy protegida, pero bruscamente todo cambió cuando se levanto
para mirar su móvil.
—¿Pasa algo, mi vida? — Le pregunté al ver que en su rostro había algo de
preocupación.
—Sí, es que no quisiera que este momento acabara, preciosa, pero debo irme.
Programé una cirugía para hoy porque la paciente me lo pidió que fuera de esa
manera. Te prometo que daría todo por cancelarla y no puedo por ética
profesional — Me comentó.
Me entristecí un poco, ese momento quería que se perpetuara en el tiempo, no
me importaba nada más que estar con él, de sentirme tan protegida entre sus
brazos y sobre todo, ser su mujer.
—No hay problema, mi vida, aunque me moría de ganas por vivir este momento,
sé que habrán muchos como éste — Le respondí mientras me abrazaba a él.
Enseguida, los dos nos vestimos, sin dejar de hacernos mimos y darnos pequeños
besos mientras jugueteamos un rato por toda la habitación, pero Fernando ya no
se podía demorar por más tiempo y cuando salimos, nos despedimos sin
importar que alguien nos fuera a ver.
—Voy a estar pensando en ti todo el tiempo ¡Menos cuando esté en el quirófano!
Solo ahí te voy a alejar de mi mente, pero en mi corazón estarás siempre — Me
dijo con una sonrisa.
—¡Tonto! — Le dije con una carcajada —Yo te voy a estar pensando y
esperando volver a verte.
Le respondí, al mismo tiempo que nos abrazamos y nos besamos con mucho
amor. Yo me quedé un rato más en el club, pero no entré más a la piscina, solo
me mantuve llevando sol. Un poco más de las tres, llegué a la casa y tenía
muchas ganas de llamar a mis amigas y confesarles lo que estaba viviendo, pero
quise hacerlo personalmente por lo que esperé para verlas mañana después del
trabajo.
Me tiré en la cama y cerré mis ojos para revivir el mágico momento que había
tenido con Fernando. Aun podía sentir sus caricias recorriendo todo mi cuerpo y
su boca besando cada una de mis partes que me ponían en estado de humedad.
Sus palabras fueron tan acertadas que complementaron todo porque todo había
sido perfecto que si lo hubiera planificado de esa manera ¡Jamás se me hubiese
dado!
Había llevado mucho sol, estaba un poco agotada y después de untarme una
crema muy fría ya me iba a acostar, pero el móvil sonó. Por un instante pensé
que era Sergio, ya me había extrañado que no apareciera si a cada minuto me
escribía para saber cómo estaba, pero como si todo estuviera a mí favor, ese
domingo no lo hizo.
—¡Mi vida! — Respondí rápidamente con una sonrisa al leer el nombre de
Fernando en mi móvil.
—Estoy llegando a casa, no te llamé antes porque se me complicó un poco en la
clínica, pero todo salió bien — Me comentó y yo estaba con una gelatina fuera
del refrigerador ¡Totalmente derretida por él!
Escuchar a Fernando nuevamente, me confirmaba que no se había tratado de un
sueño, él continuaba diciéndome todo el amor que sentía por mí. Así pasamos
unos largos minutos conversando y yo lo escuchaba plácidamente, interesada de
todo lo que hacía y de cómo le iba en su profesión, me mantenía atenta y
siguiendo la secuencia de sus palabras sin mostrar desinterés.
Capítulo VI
Ya me estaba quedando dormida y Fernando enseguida lo notó por lo que
preferimos despedirnos. En la mañana, revisé el móvil y tenía un mensaje de
Sergio, en el que me deseaba una excelente mañana y que nos veíamos pronto.
Yo sentí mucha culpa al leerlo, pero no podía estar tranquila si no hablaba con él
pronto y eso hice. Me vestí y busqué la tarjeta de Sergio para estar segura de la
dirección y antes de pasar por la droguería, me fui directamente a la clínica.
Antes de bajarme del coche, llamé a Fernando para darle los buenos días, pero
no me respondió ¡Seguramente me regresa la llamada de inmediato! Pensé
enseguida y me armé de valor para continuar y mientras esperaba el elevador, el
nombre de Fernando en una de las carteleras, llamó mi atención.
¡Fernando trabajaba en la misma clínica que Sergio! Ambos eran los cirujanos
plásticos del centro médico y era obvio que se conocían, pero eso no me amilanó
para continuar con mi cometido. Cuando me subí y marqué en el tablero piso
ocho, dos mujeres cancelaron el cierre de puertas y se subieron. Estaban muy
alegres conversando y una de ellas sonreían con picardía.
—¿Y cómo te fue ayer en la cita con tu doctor? — Le preguntó la de cabello
negro mientras la rubia se cubría la boca con sus manos para evitar gritar.
—¡La cita terminó en mi casa, amiga! Pasamos una tarde – noche genial, fue
muy apasionado con sus besos y sus caricias. Creo que después de eso, el
aumento de senos me debe salir gratis — Le respondió a su amiga.
Al ver que también marcaron el piso ocho, no me cabía duda que ellas hablaban
de Fernando, solo él tenía esa mala fama de mujeriego. La decepción que se
había disipado de mis pensamientos, regresó a mí de inmediato y se apoderó de
mi cuerpo como si me hubieran envuelto en una fría tela negra. Tenía las
lágrimas retenidas, como si les hubiera ordenado que no podían salir sin una
señal mía y apenas esas mujeres se bajaron, enseguida marqué para regresar a la
salida y salí huyendo de una verdad que me helaba el corazón.
Se había roto mi corazón en mil pedazos, sabía que esa mujer se refería a
Fernando porque lo poco que conocía a Sergio me pude dar cuenta que era un
hombre correcto, sin embargo, Fernando me dejaba con el sin sabor de un
engaño después de haber hecho el amor.
¡Qué tonta fui! No paraba de cuestionarme dentro del coche por mí debilidad.
Después de tanto huir de un amor que no valía la pena, caí de la peor manera
bajo las garras de un mentiroso y falso como Fernando. Lo peor, era que no
podía negarme que lo amaba desesperadamente y una vez más me había hecho
ilusiones con hacer una vida junto a él y casi estuve a punto de perder a un
hombre tan maravilloso como Sergio.
Manejé con los ojos nublados por el llanto y antes de bajarme en la droguería,
me sequé las lágrimas y me retoqué un poco el maquillaje, pero la tristeza no la
podía ocultar aunque me colocara unas gafas de sol. En ese momento hubiera
dado todo por tener el apoyo de mis amigas, pero moría de la vergüenza si se
enteraran lo que estaba viviendo por culpa de mi falta de amor propio.
Pasé solo unas horas en la droguería, mi cabeza no me daba para nada más, solo
quería estar sola y pensar en lo que haría en las próximas horas. Llegué a mi casa
en un santiamén y le marqué a Sergio para conversar con él. Necesitaba
escucharlo decirme que yo era su futura esposa para sacarme de la cabeza a
Fernando, aunque mi cuerpo no pueda borrar sus caricias y mi boca, sus besos.
—¡Qué alegría leer en mi móvil que mi futura esposa me está llamando! ¿Cómo
estás, Alejandra? — Me gritó muy emocionado al escuchar mi voz —No sabes
cómo cuento las horas para verte — Me comentó y algo dentro de mí se me
removía por dentro.
Sentía mucha rabia, aunque traté de disimular un poco, no traté a Sergio como lo
había pensado, fui más seca que de costumbre, pero intenté reconciliarme con el
sueño encontrar a mí hombre ideal y enseguida puse de mi parte.
—¡Bien, con ganas de verte también, Sergio! Hoy mismo podemos ir a cenar si
quieres — Le respondí y aunque mis palabras eran de desesperación por querer
corresponderle rápidamente, no podía dejar de sentir ira por mi desilusión con
Fernando.
—¡Perfecto, futura esposa! En este momento voy a salir de la clínica, quiero
irme a casa a descansar un poco. Al rato te marco para ponernos de acuerdo —
Me respondió y así quedamos.
Las lágrimas caían sobre mi rostro y por más que me las quitaba bruscamente,
ellas no me hacían caso, seguían recordando que mi alma estaba muy triste y en
mi corazón había un gran vacío. Fernando me había mentido al decirme que
tenía una cirugía, cuando se iba a encontrar con su paciente y a ella también le
hizo el amor el mismo día que juraba amor por mí.
El móvil sonaba, una llamada tras otra y era él. No tenía ni la más mínima
intención de contestar y escuchar su voz, ya no iba a caer en sus artimañas. Tiré
el aparato a un lado y me fui hasta la sala para servirme un trago ¡Vaya manera
de iniciar la semana! Pensaba una y otra vez y después de unos minutos,
Fernanda me llamó al teléfono de la casa al ver que no le contestaba por el
móvil.
—¡Alejandra, llevo rato llamando a tu móvil! Antes le marqué a tu oficina, pero
me dijeron que te había ido porque te sientes mal ¿Qué tienes, amiga? — Me
preguntó con preocupación.
—Sí, estoy bien, Fernanda — Le respondí enseguida, pudiéndole haber dicho
que era por su hermano que me iba a estallar la cabeza —Solo es un leve dolor
de cabeza, pero todo está muy bien y tú, cómo estás? — La pregunté y jamás
pensé que iba a recibir una noticia como la que estaba por darme Fernanda.
—Me contenta, Alejandra. Bueno, también llamaba para decirte que a mí
también me llegó mi día ¡Johnny me propuso matrimonio, amiga! — Me
confesó muy emocionada, lo podía notar en el grito que hizo después de darme
la noticia.
Yo con ganas de poder darles una misiva similar a mis amigas, sobre todo a mi
madre quien se pondría tan feliz, en cambio estaba con el corazón roto, apenas le
iba a poner algunos parches que tenía Sergio en su mano.
—¡Enhorabuena, amiga! Ya serán dos bodas este año, la tuya y la de Leti
¡Muchas felicidades! Cuando vea a Johnny le daré un gran abrazo — Le dije con
mucha alegría a pesar de mi dolor interno.
No tenía por qué opacar su entusiasmo y mucho menos si se trataba de su propio
hermano gemelo, no me perdonaría estropear su momento.
—Alejandra, te llamo ahora, tengo que colgar la llamada ¡Besos, amiga! — Me
dijo y enseguida terminó la llamada sin esperar que me despidiera de ella. Mis
amigas estaban ahora comprometidas en matrimonio y yo, jugando a ser una
mujer feliz con un novio al que no amaba.
Ya me había calmado un poco, la noticia del nuevo compromiso me hizo
despertar a mi realidad y me entusiasmé un poco por ver a Sergio. Mientras me
vestía, el timbre comenzó a sonar, pero no pude ir de inmediato a mirar quién
llamaba a la puerta por lo que la persona que lo hacía. Al notar la insistencia, salí
a medio vestir y cuando abrí un poco, me di cuenta que era Fernando quien
estaba frente a mí.
No supe cómo reaccionar, tenía tantas ganas de gritarle y pedirle que se fuera de
mi vida y que ya había descubierto su mentira, pero en ese momento, el me
abrazó, como si nada estuviera ocurriendo.
—Preciosa, pasé por tu droguería para verte un rato, pero me dijeron que te dolía
mucho la cabeza y quise venir para revisar que estés bien y te estaba extrañando
mucho — Me dijo con mucho descaro.
Enseguida me aparté de él mientras terminaba de abotonar mi camisa. No pude
contener las lágrimas y le dije todo lo que tenía guardado en mi mente.
—¡No seas descarado, Fernando! ya descubrí que ayer no tuviste ninguna
cirugía, te fuiste a la cama con una de tus pacientes después que a mí me hiciste
el amor ¡Te burlaste de mí! No quiero verte nunca más en mi vida, me hace daño
tu presencia ¡Vete de mi casa! — Le grité llorando sin poder contenerme, al
mismo tiempo que me dejé caer en el sofá.
—¿Qué locura estás diciendo, Alejandra? ¿De qué estás hablando? — Me
preguntó como si no comprendiera nada —Puedo darte las pruebas que quieras
para que no sigas dudando de mí — Me comentó y en ese momento me levanté
del sofá y le confesé lo que había escuchado mientras esperaba el elevador.
—¡No sigas mintiendo! Esta mañana, mientras esperaba el elevador en la clínica,
escuché a una de tus pacientes decir que la cita había terminado en la cama ¿Es o
no suficiente para que termines de asumir que sigues siendo el mismo mujeriego
de siempre? — Le pregunté con ironía.
—Seguramente fue una paciente de Sergio, él tiene muy mala fama en la clínica
¡Yo no hago esas cosas, preciosa! ¡Por favor cree en mí, yo cambié! — Me
confesó, al mismo tiempo que me tomaba de la mano.
—¡Sergio es mi novio! Él sí es un profesional con ética, en cambio tú, Fernando,
eres lo peor que he conocido en mi vida ¡Ahora márchate de mi casa! — Le grité
sin ninguna culpa.
—No hagas esto por favor, ese hombre no puede ser tu novio — Me decía, pero
yo había tomado una decisión irrevocable —Voy a desenmascarar a Sergio
delante de ti y entonces, espero que te des cuenta que estas siendo muy injusta
conmigo, yo sí te amo en verdad, eres la única mujer que he amado y a la que
nunca he podido olvidar — Me dijo mientras salía de la casa.
No le había creído ni una sola palabra, me sentía tan disgustada que no intenté
analizar sus palabras. Sergio me había escrito y quedamos en vernos en un par de
horas para almorzar, después que me explicó que no se había podido ir a su casa
a descansar porque le había llegado una paciente. Terminé de vestirme y salí de
la casa, casi que echando humo como si fuera una cafetera por lo caliente que
estaba internamente.
Me puse a dar vueltas en el coche mientras llegaba la hora para no llegar con
anticipación a la cita y cuando eran casi las doce, estacioné y entré al lugar. Ahí
estaba Sergio, como siempre, impecable en su presencia y como todo un
caballero que ante todo complacía a su mujer.
—Bienvenida, estas preciosa, como siempre — Me recibió con un beso en la
mano y una sonrisa mientras me alejaba la silla para que tomara asiento.
—¡Gracias, Sergio! Primera vez que te veo con gafas oscuras ¿Tienes alguna
afección en la vista? — Le pregunté a pesar que se veía muy bien.
—Tengo la vista un poco cansada, no he dormido casi — Me confesó y sentí
mucho pesar por él.
Sabía que Sergio era un buen hombre, en vez de estar en su casa descansando, él
prefería compartir su momento libre, solo conmigo. Sergio me hacía entender
que yo le importaba y que nuestra relación iba muy en serio.
—Pero si quieres vamos a tu casa, ahí puedo prepararte un té y espero que
descanses, no tengo mucho por hacer, puedo pasar el resto del día contigo — Le
propuse buscando la manera de acercarme más a él.
Sergio sonrió y aunque la idea era muy buena, él prefirió que fuera a su casa en
otro momento en el que él pudiera atenderme como la reina de su corazón.
—¡No, prefiero que vayas en otro momento! Además, mi casa está hecha un
desastre, no quiero que te lleves una mala impresión de mí. Vamos a compartir
un rato más aquí y luego me voy a descansar ¿Está bien? — Me respondió y me
pareció tan tierna su manera de tomar las cosas que le acaricié su mejilla con mi
mano.
Después de un tiempo con él, me sentí más tranquila, aunque era mentira que lo
que me había ocurrido con Fernando se me iba a olvidar tan rápido, yo estaba
poniendo de mi parte para mirar a Sergio con otros ojos, con un poco de afecto
tal vez. En el momento de la comida, no tenía casi hambre, más bien la comida
no me terminaba de pasa, como si tuviera algo atravesado en mi tráquea. Era la
misma rabia que me bloqueó por unos minutos, pero en cada broma que me
hacía Sergio se me disipaba muy pronto.
Cuando ya nos íbamos al estacionamiento, el móvil de Sergio sonó, pero noté
que se sintió incomodo cuando revisó el móvil ¡Tal vez no era nada más
importante que yo! Pensé en mi mente al ver que no quería contestar.
—¡Contesta, Sergio, no te preocupes por mí! Voy a aprovechar de ir al sanitario
antes de partir — Le dije mientras le daba un beso en la mejilla.
No tardé mucho en regresar y cuando me acerqué a la mesa, Sergio no estaba. Le
pregunté a mesero y me indicó que había salido con una mujer ¿Con una mujer?
Me pregunté, pero tal vez el mesero se había equivocado de persona. Aun así,
salí y en la entrada del estacionamiento, Sergio estaba empujando a una mujer
que estaba insinuantemente vestida.
—¿Qué está pasando aquí, Sergio? — Pregunté mientras me acercaba hacia ellos
—¿Tú? ¡Eres la misma que vi esta mañana en el elevador! — Le grité
asombrada —¡Entonces el médico con el que había pasado a la cama era Sergio?
— Le pregunté directamente a la mujer mientras me llevaba las manos a la boca
para no seguir gritando como una loca.
—¡Sí, yo pasé la noche con él y ahora me dice que no quiere volver a verme y
que no me va a hacer la cirugía de aumento que me ofreció! ¡Es un sucio! — Le
dijo la mujer, al mismo tiempo que lo golpeaba con su bolsa y se alejaba del
lugar después de haber armado todo un escándalo.
Sergio se llevaba las manos a la cabeza y me miraba como si todo le pareciera
absurdo. Yo, me había quedado tan sorprendida, que tuve que sentarme en la
pequeña sala de espera que estaba a mi lado. Lo primero que me vino a la mente,
fue a Fernando, él no me había mentido y yo, lo había tratado como al peor
hombre del mundo y hasta le grité que era mi peor error, cuando en verdad sí
había cambiado.
Sergio se sentó junto a mí, no decía ni una sola palabra, solo la vergüenza que
expresaba con su rostro hablaba por él. Descubrí que había caído como una tonta
por las jugarretas del destino, tanto que le huía a los hombres como él y casi
pierdo la oportunidad de estar con mi único y verdadero amor, solo por no creer
que las personas sí podían cambiar. Lo había perdido todo, estaba muy segura
que Fernando jamás me iba a perdonar que haya dudado de él y de todas las
cosas que dije.
—No sé qué decirte, Alejandra. Solo te pido que por favor me des una
oportunidad, yo puedo cambiar, por ti lo haría porque en verdad veo mi vida al
lado de la tuya para siempre —Me insistía arrodillado frente a mí.
—Sí, sé que el ser humano puede cambiar cuando se lo propone, pero esta vez
no, yo no te veo en mi vida y para ser muy sincera ¡Nunca lo hice! — Le grité y
lo dejé en el suelo haciendo el hazme reír de los que pasaban.
¿Qué hago? Me pregunté muchas veces y no hallaba una respuesta a mi
inquietud. Pensé en buscar a Fernando, pero no podía mirarlo a los ojos y decirle
que me había equivocado, aunque lo que más deseaba era tenerlo frente a mí y
pedirle perdón por tanta desconfianza, pero necesitaba hacer algo, buscarlo y
rogarle si era necesario.
Fui en el coche hasta la clínica y pregunté en recepción si él estaba, pero no,
había salido a almorzar y no sabían si regresaba. No podía ir a su casa porque
seguramente Fernanda comenzaría a preguntarme y no quería dar detalles hasta
que pudiera solventar el problema ¡No sabía dónde más buscarlo!
Capítulo VII
Manejé sin ningún rumbo, di varias vueltas y no encontré un lugar donde pudiera
estar. En eso, decidí ir a mi casa, cabizbaja, sin ánimo y sobre todo con la moral
destruida. Apenas me bajé del coche, saqué las llaves de la casa y cuando estuve
a punto de abrir, él estaba ahí, como aquella vez, tomando mi mano para tomar el
manojo y abrir la puerta.
—¡Fernando! — No pude evitar gritar al verlo y enseguida él me sonrió —
Necesito que hablemos por favor, tienes que escucharme.
—Déjame abrir la puerta y conversamos todo lo que quieras — Respondió como
si no estuviera para nada molesto.
Mientras yo estaba tan preocupada pensando que él ni quería verme, Fernando se
veía tan o más emocionado que yo al verme. Cuando entramos, lo tomé de la
mano y le pedía que me acompañara a tomar asiento en el sofá para que me
escuchara.
—Quiero pedirte disculpas, perdón si es necesario ¡Me equivoqué, Fernando! La
rabia me cegó y sencillamente no te escuché y desconfié de ti, no me lo voy a
perdonar jamás — Le dije y enseguida solté el llanto.
—¡Te prometo que yo jamás traicionaría mi profesión de esa manera, preciosa!
Yo nunca he tenido, ni tendré una relación con alguna de mis pacientes, eso es
inmoral. Además, yo te amo y no quisiera estar con ninguna otra mujer que no
seas tú, pero por favor ¡Cree en mí, yo cambié! — Me decía mientras juntaba su
nariz con la mía y tomaba mi rostro con ambas manos.
—¡Perdóname, por favor! Fui una tonta, mi vida, solo quiero escuchar que me
perdonas — Le insistía para poder estar segura que ya no había nada que temer.
—¡Sí, te perdono, pero no dejemos que algo así vuelva a pasar entre nosotros! es
importante que haya respeto y sinceridad entre nosotros ¿Puedes comprender
que mi amor te pertenece solo a ti? — Me preguntó mientras se levantaba y yo
igualmente me paré frente a él para responderle.
—¡Lo prometo, jamás volveré a dudar de ti! ¡Sí, y mi amor también a ti, solo a ti
te pertenece, mi vida! — Le grité con sinceridad mientras e abrazaba a su cuello.
Fue el momento preciso para expresarle con un beso, todo el amor que estaba
dispuesta a darle y que ese sentimiento había estado dentro de mí desde hacía
muchos años. Sus besos se posaron en los míos y suavemente se fueron
humedeciendo con los míos, pero ese beso no era suficiente, me iban a faltar
años para demostrarle a Fernando todo lo que sentía por él. Habían sido tantas
noches las que había soñado con ese momento, que no tardé mucho en aceptar
que al fin había llegado mi momento.
—Muero de ganas por contárselo a Leti y Fernanda se va a morir cuando se
entere. Sé que me van a juzgar por haber guardado un secreto tan grande por
tantos años, pero siempre pensé que ellas me iban a juzgar — Le confesé
mientras nos íbamos hasta el balcón, tomados de la mano.
—Ya tendrás tiempo de comentarles sobre nosotros, ellas saben que yo cambié
desde hace mucho tiempo, pero quiero saber ¿Cómo diste con la verdad? — Me
preguntó y quise hablarle con toda sinceridad, no pretendía ocultarle nada.
—Hoy, fui a almorzar con Sergio y esa mujer se presentó afuera del restaurante y
ahí, te puedes imaginar el espectáculo, pero ya no hablemos de eso, me siento
muy avergonzada contigo, mi vida — Le dije y de inmediato comenzamos a reír.
Fernando y yo decidimos olvidar todo lo que había ocurrido y comenzamos a
imaginar nuestra vida en los próximos días. Los dos nos inventamos una cena en
casa, parecíamos una pareja de esposos por lo compenetrados que estábamos.
Nos conocíamos muy bien, a pesar que nuestra relación estaba comenzando,
pero la tarde había finalizado y Fernando tenía que marcharse. Me moría de
ganas por pedirle que se quedara, pero no quería que se notara el desespero por
tenerlo a mi lado y me sentí en la necesidad de darle su espacio.
—¡Gracias por este día, mi vida! Me quedo con ganas de construir mi mundo
contigo — Le respondí y pude ver esa sonrisa en su boca que decía que estaba
tan satisfecho como yo.
—¡Gracias a ti también por recapacitar! ¡Te amo, Alejandra! No lo olvides por
favor, mi amor es para siempre — Me dijo mientras nos abrazamos y nos
despedíamos con un tierno beso.
Salí hasta fuera de la casa para verlo marcharse en su coche. Al menos, no había
traído la motocicleta, porque sí que me dejaba preocupada cuando lo veía
encima de eso. Después de un suspiro, me senté en el jardín de la casa para mirar
el cielo, estaba hermoso, tan lleno de estrellas que parecía una tela alfombrada.
Cerré mis ojos y volví a suspirar al sentir una paz interior que dejaba serena.
Esta fecha se había convertido en un día perfecto-imperfecto-perfecto, en el que
me convertí en la mujer más feliz del mundo.
Apenas escuché el móvil sonar dentro de la casa, salí corriendo a contestar y era
él, mi Fernando que me llamaba para seguir conversando conmigo.
—Ya estoy en casa y quiero gritarles a todos que te amo, preciosa — Me decía
con su voz de emoción.
—¡No, mi vida! Por favor deja que yo lo haga con mis amigas, por favor, quiero
ser yo quien les hable con el corazón para que puedan entender el por qué de mi
silencio en todos estos años — Le pedí con mucho sentimiento.
—Tienes razón, mi vida, no voy a quitarse ese derecho. Voy a acostarme
pensando en este día. Voy a cerrar mis ojos y sentirte aquí a mi lado, con tu
cuerpo tan cálido y esos besos que me tienen hechizado — Me dijo casi
susurrando.
Podía imaginar la expresión en su rostro, seguramente estaba cerrando los ojos
mientras me hablaba porque yo lo estaba haciendo, tratando de revivir cada
momento junto a él. Mientras conversábamos, mi corazón latía muy fuerte, como
si quisiera salirse de mi pecho. Así fue como siempre me sentí al ver a Fernando
o al escuchar su voz, definitivamente el amor es cosa de sabios, pensaba
mientras él se despedía.
—Espero que amanezca pronto, mi vida, quiero verte rápido — Le dije al mismo
tiempo que le enviaba muchos besos a través del móvil.
—Sueña conmigo, por favor y ahí hagamos el amor nuevamente ¡Te amo,
preciosa! — Enseguida terminamos la llamada y me fui a acostar.
¡Boba de amor! Así me sentía por Fernando, ya no vivía en un mundo de
ilusiones, estaba viviendo mi propia realidad, esa que siempre imagine al lado de
Fernando. Tal vez otra como yo, pediría que alguien le diera un pellizco para
saber si n estaba soñando, pero yo no lo necesitaba porque el amor que me tenía
Fernando, también era de verdad. Esa noche, no pude dormir por lo emocionada
que estaba, apenas lograba cerrar los ojos y los habría muy sobresaltada, pero
luego sonreía e intentaba volver a dormir. Así pasaron las horas y al despertar, el
sol entró por la ventana, como un visitante sin invitación, bruscamente.
Me levanté suavemente y sentada en la cama abrí los brazos al mismo tiempo
que bostezaba, sentía mucha pereza de ir a la droguería, pero también estaba
consciente que ayer me había ausentado y había algunos pendientes en la
oficina, aunque lo más importante para mí era ver a Fernando y llamar a mis
amigas para organizar una cena y contarles todo.
Después de desayunar, busqué un vestido que me hiciera lucir muy enamorada y
qué mejor que el color rosa para eso, a mí, me daba mucha ternura y eso era lo
que quería proyectar, amor puro y la seguridad de tener a un hombre como
Fernando a mi lado.
Cuando llegué a la droguería, todos me miraban y sonreían al pedirme que
pasara rápido a mi oficina que alguien me estaba esperando ahí ¡Fernando!
Pensé rápidamente, creyendo que leo iba a encontrar sentando en el sofá, pero él
no estaña, en su lugar estaba un lindo y tierno conejo de peluche.
¡Oh vaya, es rosado, como mi vestido! Grité emocionada al ver al peluche
esperando que lo tomara entre mis brazos. Al abrazarlo, había una carta dentro
de su chaqueta y la curiosidad por saber lo que decía, no se hizo esperar.
“Espero que algún día me puedas perdonar. Sueño con una vida contigo,
Alejandra.
Sergio.”
¡No podía creer el colmo de ese hombre! Grité dentro de las cuatro paredes de
mi oficina ante la molestia que me causó saber que ése bello obsequio provenía
de Sergio. Tenía la esperanza que fuera de Fernando y por eso me había
emocionado tanto. Enseguida tomé el teléfono de la oficina y le marqué a Luisa,
mi asistente.
—Luisa, por favor ven un momento a la oficina — Le dije y enseguida ella entró
—Quiero que envíes este obsequio, que lo regreses a la casa de envíos y por
favor asegúrate que no me llegue nada que tenga que ver con ese remitente y por
favor disculpa que te ponga en esto — Le pedí, al mismo tiempo que la ayudaba
a recoger el peluche.
—No te preocupes, Alejandra ¡No es molestia! Ya puedo comprender por qué
quieres hacer esto — Me dijo mientras salía de la oficina.
Respiré profundamente y le marqué a Fernando, por un momento pensé en
contarle lo que había ocurrido con el obsequio de Sergio, pero ante todo tenía
que evitar algún tipo de enfrentamiento entre ellos dos.
—¿Cómo amaneciste, preciosa, ya estás en tu oficina? — Me preguntó, al
mismo tiempo que tarareaba una romántica canción.
—Amanecí con ganas de escuchar y tu voz, mi vida ¡Qué bonita canción estás
escuchando! — Le grité al escucharlo cantar.
—Es para ti, pero quisiera cantarle en persona ¿Nos vemos más tarde? — Me
preguntó, pero recordé que tenía algo igual de importante por hacer.
—Me encantaría, mi vida, pero voy a llamar a mis amigas, quiero hablar con
ellas hoy mismo ¿Me comprender, verdad? — Le comenté para que se diera
cuenta que no le ocultaba nada.
—Me parece muy bien, preciosa, por favor cuéntame ahora cómo te fue con
ellas. Te mando un beso ¡Te amo! — Me dijo de una manera tan comprensiva
que al despedirse, me dejó aun más enamorada.
No vacilé ni un segundo en marcarle a mis amigas, primero a Leti, ella siempre
estaba ocupada y sabia que al llamarla a primera hora podía hacer un espacio
para mí.
—Leti, amiga, que bueno escucharte ¡Me has tenido abandonada! — Le dije
como si fuera una niña que reclamara atención.
—¡Lo sé, Alejandra! Es que he estado un poco ocupada organizando mi viaje a
París, allá voy a comprar mi vestido para la boda ¿Supiste lo de Fernanda?
También se va a casar, pero ella quiere celebrar su matrimonio para cuando yo
regrese de mi luna de miel ¡Solo faltas tú, amiga! — Me gritaba muy
emocionada, pero no quise dejarla hablar mucho porque me iba a demorar en
preguntarle y aun me faltaba llamar a Fernanda.
—Sí, Leti, ella misma me lo comentó, me siento muy feliz por ustedes, pero ya
tendremos tiempo de hablar más sobre eso, dime algo ¿Crees que podamos
reunirnos en el café esta noche? Voy a preguntarle a Fernanda lo mismo — Le
pregunté antes que ella continuara hablando.
—¡Sí, por supuesto! Ahí estaré a las siete amiga, así conversamos sobre todo lo
estoy planificando para mi fiesta — Me respondió con mucha emoción.
Enseguida que nos despedimos, le marqué a Fernanda. Con ella, me sentía más
en deuda por no haberme abierto a decirle mi gran verdad, que siempre estuve
enamorada de su hermano gemelo, pero confiaba que por todos los años que
llevábamos de amistad, ella no hiciera algún reproche. Fernanda estaba un poco
ocupada y no pudimos extendernos en la llamada, pero al igual que Leti, ella iba
a sacar un tiempo para que pudiéramos compartir un rato en la noche.
Todo estaba coordinado para la gran noticia, mientras, aproveché el momento
para ponerme al día con el trabajo y saqué algunos pendientes. Cuando llegó la
tarde, fui a mi casa para cambiarme y ponerme una ropa cómoda para
encontrarme con mis amigas. Traté de no llegar tarde para esperarlas mientras
me bebía un café.
—¡Alejandra! — Gritaron las dos apenas me vieron sentada en la mesa.
Me levanté y nos abrazamos como si tuviéramos años sin vernos. Ellas tomaron
asiento y le ordenaron té frío al mesero porque querían desde ya cuidar su figura
por lo de la talla de sus vestido.
—Gracias por estar aquí amigas. Quiero que sepan que estoy realmente
emocionadas con lo que están viviendo, estoy segura que Dios les envió a su
hombre ideal para que las hicieran muy felices — Le dije muy conmovida.
—Gracias Fernanda, sé que Dios pondrá en tu camino a un buen hombre que te
lleve al altar y serán felices por siempre — Me dijo Leti, mientras me tomaba de
la mano y me sonreía.
—¡Pero si ya ese hombre existe, es Sergio! — Gritó Fernanda muy emotiva.
Ése fue el momento perfecto para darle la noticia, pero me puse tan nerviosa que
terminé derramando el café sobre la mesa. Después que todas nos reímos de mi
torpeza, les pedí un poco de atención para poder hablarles sobre el motivo de
haberlas citado en ese café.
—A parte de traerlas aquí para verlas y decirles lo feliz que siento por sus
compromisos, tengo una noticia que darles — Les dije y la reacción de las dos
fue totalmente diferente.
Leti se cubrió la boca con sus manos, mientras que Fernanda me tomó la mano y
comenzó a revisar mis dedos pensando que tenía algún anillo de compromiso y
yo comencé a reír por todo lo que estarían imaginando.
—No estoy segura de lo que están pensando, pero les adelanto que no me voy a
casar todavía y tampoco estoy embarazada — Les dije mientras me sonreía —
Pero si tengo que confesarles algo, muchas cosas diría yo. Sergio ya no está ni
estará en mi vida, fue un error haber querido algo con un hombre como él.
Descubrí que se estaba acostando con una de sus pacientes a quien engañó al
ofrecerle un aumento de senos a cambio de sexo — Les dije y se quedaron
pasmadas por lo que yo les estaba diciendo.
—¡Hay que ver cómo hay hombres tan malos en esta vida! — Gritó Leti muy
molesta.
—Lo lamento mucho, Alejandra. Ninguna mujer se merece que un hombre le
haga algo así — Respondió Fernanda muy indignada —¿Pero, qué más nos
tenías que decir? — Preguntó muy insistente.
—Lo que quiero confesarles, es que siempre estuve enamorada de un hombre,
cuando estábamos en la universidad, pero él no tenía ojos para mí, al menos era
lo que yo pensaba. Me decepcioné tanto al verlo con otras que la frustración se
apoderó de mi mente y desde ese entonces, había decidido refugiarme en los
estudios. Esa había sido una de las razones de hacer un postgrado, quería
mantener mi mente ocupada. A mi regreso, lo volví a ver y me di cuenta que
nunca lo había podido olvidar, mis sentimientos estaban intactos y luego, él me
confesó que siempre me amó, pero la inmadurez y el temor al rechazo lo hizo
callar y buscar refugio en mujeres a quienes no amaba — Les confesé —Ésa es
mi verdad, pero quiero que sepan quién es ese hombre al que tanto amo, es
Fernando — Les grité y enseguida me cubrí mis ojos con las manos para no ver
en su rostro las expresiones al saber mi verdad.
—¿Mi hermano? ¿Alejandra, tú me estas queriendo decir que todo este tiempo
has estado enamorada de mi hermano y no me lo habías dicho? — Pregunto muy
seriamente y enseguida trató de descubrir mi rostro.
Leti no hablaba, pero mantenía sus ojos muy abiertos, estaba muda por el
impacto de mi confesión y yo, no podía seguir callando porque aun faltaba la
parte más importante de la noticia que iba a darles.
—Discúlpame amiga, no sabía cómo afrontar todo eso, sentí vergüenza al no
poder llamar la atención del hombre que amaba, mientras ustedes siempre
estaban con sus novios — Le respondí a Fernanda y ella me sonrió.
Sentí una fuerte emoción y comencé a llorar, había mucho sentimiento guardado
dentro de mí. Mis amigas eran como unas hermanas y a ellas les debía las risas y
los momentos de compañía que tuve durante el largo viaje que hicieron mis
padres cuando apenas era una adolescente. Leti se levantó para abrazarme y
darme ánimo para continuar hablando y Fernanda hizo lo mismo, entre las dos
me hicieron ver que no había hecho nada malo, pero que no debí guardar tanto
sufrimiento en mi corazón. Eso hizo que comprendiera que la amistad iba más
allá de los buenos momentos y me dio fuerzas para continuar con mi confesión.
Capítulo VIII
Después de tomar el agua que me trajo el mesero, suspiré y nuevamente le pedí
toda la atención a mis amigas y sin maquillar las palabras, les dije lo que me
tenía tan emocionada y con ganas de vivir la vida al máximo.
—Fernando me buscó y me confesó que también me amaba, me hizo ver que
había cambiado y me pidió que fuera su novia — Les dije con una sonrisa que
hacia salir de mis ojos, lágrimas de felicidad.
—¡No lo puedo creer, Alejandra, me siento emocionada! — Gritó Fernanda
mientras se levantaba a abrazarme —¡Ahora somos cuñadas! No sabes lo feliz
que me hace esta noticia, mi hermano se merece a alguien como tú, amiga. Él
desde hace mucho tiempo se volvió un buen hombre, te lo puedo decir con
mucha base — Me dijo Fernanda y sentí una alegría tan grande que comencé a
llorar otra vez.
—Bueno, pero esto es algo para celebrar, no para lamentarnos, así que sécate
esas lágrimas y vamos a la taberna por unas copas y brindar — Gritó Leti que
también se incorporó al abrazo de amigas.
Salimos del café y nos fuimos a taberna y ahí brindamos con un par de copas,
pero si noté que Leti estaba bebiendo mucho, como la otra noche y me quedé un
poco preocupada.
—Creo que ya debemos irnos, amiga. Eran solo un par de copas, aun nos quedan
días para celebrar — Le dije mientras le guiñaba un ojo a Fernanda quien se dio
cuenta que lo decía por el estado en que se encontraba Leti.
—Tienes razón, amiga, ya es hora de irnos — Me correspondió Fernanda.
Pero Leti insistía en quedarnos un rato más y no le hicimos caso. Pagamos la
cuenta y salimos las tres, como habíamos llegado, aunque un poco pasada de
tragos. Cuando llegué a mi casa, no aguanté las ganas de hablar con Fernando,
necesitaba decirle que ya podíamos gritarle al mundo nuestro amor.
—Sí, mi vida, mis amigas están muy felices por nosotros, aunque creo que
Fernanda tiene ganas de matarte porque siendo tu hermana gemela le ocultaste
que siempre me amaste — Le dije con mucha risa.
—Me contenta mi vida y ahora que lo pienso bien, los dos fuimos unos tontos,
porque si tú le hubieras contado algo a ellas, te hubiesen ayudado a que
estuviéramos juntos y por supuesto que a mí, mi hermana me aconsejaría cómo
conquistarte desde el principio, cuando apenas me di cuenta que te amaba — Me
dijo, pero ya no hacía falta tantos “si yo hubiera hecho tal cosa”
—Ya eso no importa, mi vida. Solo quiero disfrutar cada día de ti y de nuestro
amor — Le dije y por un momento hice una pausa porque no podía creer que
estuviera viviendo tanta felicidad en mi vida.
—Así lo haremos porque yo también quiero lo mismo contigo, no dejo de pensar
en tus labios y en lo bonito que fue hacerte el amor en aquella habitación en el
club, pero no te voy a agobiar con tantas cosas. Creo que ya tuviste suficiente
por hoy, descansa por favor —Me comentó y no pude dejar de recordar, como si
mi mente volara hasta el club, pero regresó otra vez al escuchar a Fernando
despedirse.
—Sí, tienes razón, mi vida. Te deseo la mejor de las noches y ahora soy la que te
pide que por favor sueñes conmigo ¡Te amo! — Le dije mientras él correspondía
a mí te amo con un beso.
Comenzó a dolerme un poco la cabeza, pero eran los efectos del vino, bebí un
analgésico y me acosté a dormir. Tenía mucho tiempo que no dormía al
momento, pero apenas puse mi cabeza en la almohada, todo pasó como si me
hubieran pasado el interruptor a mi mente y con eso quedé profundamente
dormida.
Me desperté muy relajada, como si me hubieran dado un rico masaje en la
espalda. El dolor de cabeza había cedido por completo y solo podía pensar en
que era una mujer renovada y con novio, pero no uno cualquier, tenía a mi lado
al hombre que siempre había amado ¡Qué más podía pedir!
Los días pasaron y mi felicidad iba aumentando. Fernando y yo nos veíamos a
diario, cada vez que podíamos nos escapábamos al club y pedíamos la misma
habitación para recordar nuestra primera vez, juntos. Cada día, me sorprendía
con algo diferente en mi oficina, no sabía cómo le hacía, pero lo cierto es que
hasta con una simple nota que dijera “hola” , ya me hacía tener un día grandioso
y con una sonrisa que ni el problema más grande en el trabajo la podía borrar.
Leti, iba avanzando con los preparativos de la boda y hace unos días regresó de
París, pero al final no quiso que Fernanda ni yo la ayudáramos con toda la
organización de la boda porque según ella nos quería sorprender a todas y para
eso había contratado a una empresa que se iba a encargar de todo, pero aun así
seguíamos en contacto permanente.
Por mi parte, la presión de mi madre ya no me afectaba tanto y por eso, le pedí a
Fernando que aceptara una invitación a cenar a casa de mis padres. Ellos lo
conocían muy bien, pero estaba segura que se iban a sorprender tanto como lo
hicieron los padres de él cuando les dimos la noticia.
—Esta noche paso por ti, preciosa, para que nos vayamos en un solo coche —
Me dijo mientras conversábamos por el móvil.
—Estaré lista a las siete, mi vida ¡Ya sabes cómo son ellos con la puntualidad de
la comida! — Le dije tratando de recordarle como eran ellos en nuestros tiempos
universitarios.
A pesar que iba a casa de mis padres a presentar a mi novio, no me sentía
nerviosa, por el contrario, estaba muy segura de mi amor por Fernando y solo
esperaba que ellos lo aceptaran de manera normal. Cuando mis padres nos
vieron llegar juntos, mi madre comenzó a gritar emocionada:
—¡No puede ser, es mi niño lindo! — Decía al referirse a Fernando —Yo estaba
segura que ustedes algún día iban a estar juntos, siempre hicieron muy bonita
pareja. Lo supe desde la primera vez que viniste a casa a estudiar con tu hermana
— Le dijo mientras nos acercábamos a ella.
—¡Bienvenido a la casa, Fernando! espero que sepa valorar los sentimientos tan
nobles de nuestra Alejandra — Le dijo mi padre con mucha seriedad mientras le
extendía su mano para estrecharla.
Fernando y yo, sonreíamos mientras abrazábamos a mis padres, así entramos a la
casa y pasamos una hermosa velada en familia. Después de la cena, pasamos al
balcón donde bebíamos una copa de vino, pero en ese momento, mi amado
novio pidió un poco de atención, a lo que nosotros hicimos silencio para
escuchar lo que tenía que decir.
—¿Ya puedo llamarlos suegros, verdad? — Preguntó y mis padres soltaron una
carcajada por su elocuencia, a su vez, asintieron con su cabeza para decirle que
sí.
Rápidamente, Fernando se arrodilló frente a mí y mi madre se llevó sus manos a
su boca, como si ella supiera lo que iba a ocurrir, mientras yo no comprendía
nada.
—Con el permiso de mis suegros y aprovechando este maravilloso momento en
familia, quiero hacerte una propuesta, a ti mujer de mi vida ¿Quieres pasar todos
los día a mi lado y envejecer amándonos?¡Cásate conmigo! — Me dijo y casi
caigo por el balcón, desmayada.
A no ser por mi padre que estaba a mi lado, estuve a punto de que mi cuerpo se
deslizara por la ventana del descubierto balcón. No llegué a perder la razón, fue
como si se me hubieran ido los tiempos, pero inmediatamente reaccioné cuando
Fernando me tenía entre sus brazos.
—¿Me pedía que me case contigo? — Le pregunté un poco confundida.
—Sí, eso te pregunté ¿Quieres casarte conmigo, Alejandra? — Respondió con
una sonrisa y volvió a hacer la pregunta que había soñado tanto escuchar.
—¡Sí, sí, sí… por supuesto que quiero casarme contigo! — Le respondí y sin
importarle que estaba delante de mis padres, Fernando me besó como si solo
estuviéramos él y yo.
—¡Felicidades! — Gritaron mis padres al unísono y de esa manera lograron que
dejáramos de besarnos.
Fernando colocó el delicado anillo en mi dedo, aunque me quedó un poco
grande, lo simbólico era lo más importante para mí. No me esperaba semejante
sorpresa, estaba viviendo el mejor de mis momentos, por eso no sabía que el
compromiso formal iba a llegar tan pronto, por eso me impresioné tanto que casi
caigo al vacío.
La cena de presentación se convirtió luego en una celebración de mi
compromiso con Fernando. Ya tenía otra gran noticia que darle a mis amigas,
otra que les iba a causar mucha felicidad.
Ya casi era de madrugada, mi padre se estaba durmiendo y mi madre debía beber
su medicina para dormir. Fernando y yo nos marchamos, pero continuamos la
celebración en su casa, haciendo el amor, mientras disfrutábamos de una música
romántica. Al día siguiente, pasamos el día en la piscina del club, aprovechando
el sol para broncearnos un poco porque ya se acercaba la boda de Leti e iba a
vestir con un vestido beige, por eso quería que se notara mi bronceado. No
paramos de demostrar que nos amábamos, no nos importaba que nos vieran
besar o abrazarnos por doquier y mi corazón no dejaba de latir fuerte cada vez
que estaba con Fernando. Siempre era como la primera vez, el tiempo no
causaba ningún estrago en nuestro amor y eso me hacía ver que Dios estaba de
nuestro lado.
El fin de semana siguiente, era la despedida de soltera de Leti, pero por más que
evité que se dieran cuenta del anillo, ellas lo hicieron y se ofendieron al saber
que no les había dado la buena nueva, pero yo tuve mis razones y se las hice
saber.
—No se pongan así, ustedes son mis hermanas ¿Cómo me van a decir que les
estaba ocultando esto? Quise hacerlo diferente, pero este es un día especial para
Leti y no quería ganar protagonismo, no lo vean como una traición — Les dije
con toda sinceridad.
—Tienes razón, amiga ¡Nosotras siempre con el escándalo! Déjame felicitarte
una vez más, ahora eres una mujer comprometida ¡Bodas y más bodas! — Gritó
Leti muy emocionada.
—Es cierto, Alejandra, te pido mil disculpas. Por un momento pensé que lo
querías ocultar ¡Felicidades, amiga! — Dijo Alejandra mientras levantaba su
copa para brindar.
La noche fue muy bien planificada, la despedida de soltera de Leti había sido
todo un éxito. Hubo muchos juegos sexuales que no pensé que se pudieran dar
en una celebración así, pero realmente, todo le había quedado muy bien. Yo,
quedé exhausta de tanto bailar y gritar emocionada, aunque esa noche había
bebido licor más de lo normal, pero me sentía muy bien para conducir en mi
coche.
Leti, estaba pasadita de tragos, como siempre, cada vez más me sentía
preocupada por su gusto hacia el licor que iba aumentando ¡Lo bebía como si
fuera agua! Fernanda y yo no queríamos que se fuera en su coche, pero ella esa
noche se salió con la suya y dejamos que se marchara.
Fernanda se fue con Johnny que la fue a buscar porque se sentía un poco
mareada. Yo me fui a mi casa. Aunque casi siempre me quedaba en casa de
Fernando, esa noche me fui a la mía porque él estaba en la despedida de soltero
de Jorge. Cuando llegué rápidamente le marqué a mi novio para avisarle que
había llegado y en ese momento, tuve un fuerte presentimiento con Leti.
—Ya te regreso la llamada, mi vida, es que me quedé preocupada por Leti, bebió
mucho vino y no quiso que la lleváramos a su casa, se fue así en su coche. Voy a
marcarle a ver si ya llegó — Le dije mientras veía la hora en mi muñeca.
Le marqué muchas veces a Leti, pero no contestaba. Desesperada desvié la
llamada para Fernanda y ella enseguida me respondió.
—Llevo algunos minutos intentando comunicarme con Leti, pero no contesta
¡Me tiene preocupada! — Me dijo Fernanda apenas atendió mi llamada.
—Te llamo por eso, Fernanda. Estaba hablando con tu hermano y tuve que
colgarle para marcarle a Leti, pero a mí tampoco me contestó ¿Qué hacemos,
amiga? — Le pregunté a Fernanda para saber si ella tenía alguna otra manera de
tener información —No quise avisarle a Jorge, tampoco se merece que le
arruinemos su despedida de soltero, a lo mejor es solo preocupación y tal vez
ella esté en su casa dormida — Le dije con mucha cautela.
—¡Vamos a su casa! — Me dijo Fernanda.
—¿Pero te sentías mal? — Le pregunté al recordar que Johnny la había ido a
buscar.
—Johnny dice que nos puede acompañar, él nos va a llevar en su coche
¡Cámbiate, vamos por ti! — Me dijo y terminó la llamada.
Me quité el vestido y me coloqué unos jeans y zapatos deportivos. Ellos solo
tardaron unos minutos, apenas me avisaron salí y nos fuimos a casa de Leti. El
alma me volvió al cuerpo cuando vi su coche estacionado afuera de su casa,
aunque no estaba bien ubicado, no importaba.
—¡Gracias a Dios! Ahora te llevo a tu casa, Alejandra, ya podemos dormir
tranquilos, ustedes me preocuparon — Me dijo Johnny muy serio.
Fernanda y yo nos quedamos mirando, estábamos muy avergonzadas por haberlo
arrastrado con nuestra preocupación. Definitivamente, habíamos exagerado la
reacción, debimos esperar que Leti terminara de llegar y se comunicara. De
pronto, mi móvil sonó, pensé que se trataba de Fernando, pero era Leti.
—¡Leti, amiga! ¿Llegaste bien a tu casa? — Le hablé enseguida.
—Sí, no sé ni cómo llegué, pero ya estoy en mi cama. Avísale a Fernanda, por
favor, mañana nos hablamos — Me dijo y terminó la llamada.
En su voz se podía notar que estaba completamente embriagada, pero en su casa.
Apenas Johnny y Fernanda me dejaron le avisé a Fernando que todo estaba bien
y ya él se estaba acostando. Yo hice lo mismo, dormí como si me hubiera bebido
algún sedante.
Después de esa noche, todo pasó muy rápido, ya había llegado el día de la boda
de Leti y se acercaba la de Fernanda que sería un mes después, al regreso de Leti
de su luna de miel. Mi vestido estaba listo y el traje de Fernando también.
Parecía toda una esposa, ayudándolo a vestir y él se dejaba con todo gusto; el
amor entre nosotros se daba de forma muy natural que por más que había soñado
con mi propia boda, sentía que no era necesario, aunque estaba esperando que
ese momento llegara cuando Dios así lo decidiera.
—¡Pareces una princesa, estás hermosa, vida mía! — Me dijo Fernando,
mientras me miraba al espejo y el terminaba de subir la cremallera de mi vestido.
—¡Y tú pareces un príncipe, mí príncipe! — Le dije, al mismo tiempo que me
giraba para besarlo.
Sin temor a que se me quitara el labial, Fernando y yo nos besamos suavemente,
susurrándonos palabras de amor, de esas que dos enamorados como nosotros
podían sentir. Estuvimos a punto de hacer el amor en ese momento, pero la
llamada de Leti nos cortó la inspiración. Había llamado para pedirnos que por
favor no llegáramos tarde, nos detuvo y tuvimos que salir rápidamente para que
las ganas no se intensificaran y así poder llegar a tiempo para la ceremonia. Nos
fuimos sonrientes, con miradas de picardía que insinuaban las ganas de hacer el
amor, jugueteando a tocarnos en esas partes que Cuando llegamos a la iglesia,
todos estaban listos, solo faltaba la novia para que iniciara la misa y nosotros que
éramos parte del cortejo nupcial.
—¡Llegó la novia! — Gritó alguien que no alcancé a reconocer.
Todos nos pusimos de pie y mi amiga entró, hermosa y radiante con un
irreverente vestido azul. Pensé que todo podía ocurrir en la boda de mi loca
amiga, pero jamás me pasó por la mente verla vestida de esa manera, pero
parecía una muñequita de esas que se les pone a un paste, en su cima, hasta
podía compararse con una dulce quinceañera por lo radiante que estaba ¡A mí
me encantó! Apenas terminó la sagrada misa, Jorge y Leti se fueron en su coche
hasta el salón. Leti siempre se salía con la suya y en su propia boda no podía ser
menos, ella iba conduciendo el coche, mientras su esposo Jorge sonreía como
copiloto.
Nosotros nos quedamos aplaudiendo, haciendo tiempo para que ellos llegaran al
salón. De ahí, nos fuimos a la celebración y me pareció extraño que todos
habíamos llegado antes que los novios, generalmente ellos tenían que llegar
antes para recibir a los invitados, pero como estaban demorando, la organizadora
nos hizo pasar.
Capítulo IX
Por ese detalle, todo se les estaba saliendo de control y vi a la joven empresaria
marcar su móvil desesperadamente y me acerqué para preguntar qué pasaba.
—¿Todo está bien? — Le pregunté y ella se quedó mirándome.
—¡No, su amiga Leti y sus esposo, no me contestan al móvil! Realmente, no sé
qué hacer porque ya todos estaban ubicados en la mesa, esperando por ellos —
Me respondió con sus ojos llenos de trasnocho por todo el trabajo que le había
dejado la organización de la boda.
Enseguida busqué a Fernanda con la mirada y ella se acercó con Johnny y
Fernando y les expliqué lo que estaba ocurriendo, pero no quisimos alertar a
nadie. Nos subimos al coche de Fernando y nos regresamos a la iglesia ¡Tal vez
se regresaron por algo! Pensé, con la esperanza de encontrarlos a ellos, pero no
fue así. Le pedí a Fernando que se metiera por el camino empedrado, muchos
acostumbraban meterse por ahí para recortar el camino y con mucho cuidado
anduvimos.
A lo lejos podíamos ver algunas luces que provenían de otros coches que hacían
como una especie de semicírculo y nos detuvimos para curiosear, pero cuando
nos bajamos a ver, casi caigo muerta por el dolor que me causaba mirar a mi
amiga Leti, tirada debajo de su coche, con su vestido cargado de sangre y a su
lado, estaba Jorge muerto y con su brazo estirado hacia mi amiga, como si
quisiera tocarla.
—¿Pero qué es todo esto? —pregunté muy decepcionada con la vida, pero no
había respuesta que valiera para que todo ese accidente no fuera una verdad que
me dolía en el alma.
Fernanda se bajó del coche, exaltada y Johnny tuvo que cargarla porque había
perdido el conocimiento. Los bomberos, nos dieron una explicación, pero no nos
dejaron acercar hasta que estaban en la morgue del hospital. Fue un momento
lleno de confusión y tuvimos que regresar al salón para dar la más terrible
noticia. La gente no lo podía creer y lo que quisimos callar, fue que Leti había
bebido demasiado vino antes de llegar a la iglesia. Había sido una tragedia
espantosa, mi amiga se me había ido en su mejor momento, pero me quedaba la
satisfacción de haberla visto tan feliz en el mejor día de su vida como así lo
había dicho delante del también fallecido Jorge.
Después de todos esos días tan cargados de tristeza, Fernanda decidió suspender
su boda, lo menos que tenía era de celebrar alguna fiesta y menos una que se
suponía se iba a hacer cuando Leti regresara de si luna de miel. Y así, los días
fueron pasando y Leti y Jorge seguían en nuestra mente y en los corazones de
cada una de las personas que los conocieron.
—Fernanda, ya es momento que retomes tu matrimonio. Estoy segura que Leti
estuviera triste al ver que lo suspendiste y ahora sales con que ya no te quieres
casar. Déjame decirte que solo estás pensando en ti y no en Johnny — Le dice
muy duramente para que pudiera entrar en razón.
—Sí, lo he estado pensando mejor, Alejandra. Voy a retomar todo, pero estaría
muy feliz que tú y mi hermano se casaran el mismo día. Ahora que está contigo
y están comprometidos, sería el mejor regalo de bodas que me pudieran dar —
Me dijo con sus ojos llenos de emoción.
Aun Fernando y yo no habíamos hablado de una fecha, la boda era algo
segundario para nosotros, pero yo, como toda mujer, siempre he soñado con
verme vestida con un gran traje blanco y en la iglesia. Pero si el momento no
había llegado, era porque todavía no me correspondía vivirlo.
—¡Ya veremos amiga, ya veremos! — Le respondí con una sonrisa, mientras nos
despedíamos en el cementerio después de llevarle flores a Leti.
En el momento que me subía en mi coche, Fernando me marcó al móvil y le
contesté antes de arrancar a conducir. Lo noté un poco excitado, como si moría
de ganas por verme o decirme algo, pero esperé que organizara un poco sus ideas
para que comenzara a hablar.
—Ahora sí, preciosa, llamé para decirte que te estoy esperando en mi casa,
quiero que comencemos a hablar de algunas cosas que son importantes para
nosotros — Me dijo un poco más calmado —Traje para comer, así que no te
preocupes por la cena. Cuídate al conducir, besos — Me dijo y no esperó que le
respondiera.
Lo que me faltaba era llevar toda la línea blanca de mi casa a la de Fernando
porque toda mi ropa ya estaba allá. Poco a poco fui llevando una maleta cargada,
hasta que cuando me fijé, ya había ocupado una buena parte de su vestier, pero
aún así él estaba feliz.
Conduje con mucha prudencia, como siempre y cuando estaba abriendo la puerta
de la casa de Fernando, él estaba dentro, esperando y enseguida, me hizo pasar a
la sala. Cuando miré a sofá, había una mujer y por un momento no entendía lo
que hacía ella ahí.
—Ella es la señora, Blanca, representa a la compañía de Wedding Planning más
importante del país y los contacté para que hoy mismo comencemos a organizar
nuestra boda. Te estaba esperando para que elijamos una fecha, en este mismo
instante — Me dijo mientras me daba un beso en la mejilla y me rodeaba la
cintura con su brazo para acompañarme a sentar.
—¡Oh, Dios, qué emoción! — Grité con la mano sobre el pecho —¡Gracias por
esto, mi vida! — Le dije mientras secaba unas lágrimas que se asomaba de mis
ojos.
La señora blanca comenzó a organizar unas fotografías, como especie de un
portafolio de trabajo, mientras Fernando y yo nos paseábamos en el calendario
para fijar la fecha de nuestra boda.
—Mi vida, hoy Fernanda me estaba pidiendo que hiciéramos una boda doble,
cree que pueda funcionar, sobre todo por el hecho que ustedes nacieron juntos —
Le dije para justificar la proposición de su hermana.
—Sí, es una excelente idea ¡Entonces, que vengan Fernanda y a Johnny! —
Gritó Fernando y la señora Blanca, sonrió al imaginarse el gran compromiso que
tenía por trabajar.
Cuando ellos llegaron, comenzamos a buscar una fecha y todo se hacía más fácil
con la presencia de la planificadora de bodas. Ésa noche no se adelantó mucho,
pero sí lo suficiente como para que la empresa se encargara de todo, nosotros
solo íbamos a ocuparnos de los trajes, tanto de los novios como el de las novias.
A pesar que Fernando vivía en casa de sus padres, teníamos la privacidad de
vivir en una casa aparte, porque estaba aislada de la principal, era como especie
de anexo bastante cómodo, donde hacíamos nuestras fiestas internas sin que
alguien nos llamara la atención. Todos se habían marchado y enseguida, como
por arte de magia, Fernando armó todo un escenario romántico, mientras yo
estaba en la habitación cambiándome.
Yo estaba en baby doll y como no sabía que debía vestirme para la ocasión, así
me senté en la mesa. Nos veíamos muy graciosos, aun Fernando estaba con su
traje, como de costumbre y yo casi ni vestía nada. Era una cena dispareja, pero
después, la noche se vistió de gala en nuestra cama, donde nos dijimos una
noche más, todo lo que nos amábamos. Dos días después de esa maravillosa
noche, fui a visitar a Fernando por primera vez, en la nueva clínica, donde había
comprado acciones para que nos alejáramos por completo del mal capítulo de
Sergio.
Me quedé esperando en la recepción para que me anunciaran. Por más que se
trataba de mi prometido, sabía que él se merecía respeto en su trabajo y no
quería interrumpir si estaba con algún paciente, pero apenas llegó la joven, le
pregunté por él y me dijo que la paciente que tenía ya se había ido, así que
consideré que ya estaba desocupado y si tocar a la puerta, abrí de un solo golpe
para darle una sorpresa y la sorprendida había resultado ser yo.
—¿Pero qué significa esto, Fernando? — Le pregunté al ver que le estaba
tocando los senos a una hermosa mujer, mientras ella estaba sentada en la silla
frente a su escritorio.
—¿Pero mi vida, por qué no te anunciaste? — Me dijo con el ceño fruncido por
la falta de colaboración de su secretaria.
—No te molestes con ella, seguramente no notó que habías recibido a otra
paciente o que sencillamente es la misma, pero llevas mucho rato para que no se
llegue a notar que estabas desocupado — Le respondí irónicamente y enseguida
salí de la consulta.
Me subí molesta en mi coche porque no me había gustado lo que vi, a él
manoseando los grandes senos de esa mujer tan hermosa ¡Sentí celos! Y eso es
desconfianza, eso que habíamos prometido que no volveríamos a tener en
nuestra relación. Yo sabía que fallé en eso y más de la manera como me había
ido, muy molesta. Me fui hasta la playa, allá me había llevado la ira en mi coche
y me doblé el pantalón hasta mis rodillas para poder caminar por toda la orilla
del mar que se sentía tan frío por la puesta del sol.
Me senté en un pedazo de árbol caído que estaba en la orilla, cuidando que no
fueran a salir bichos a picarme porque era muy alérgica. En ese momento,
comencé a reflexionar sobre Fernando y eso me llevó a pensar que no tenía por
qué haber pensado mal de él, si su profesión se trataba de eso, solo que jamás lo
había visto en plena acción y no quería ni imaginar cuando les tocara el trasero a
alguna de ellas ¡Moría de solo pensar es eso!
Cuando me iba a levantar del tronco, Fernando me dio la mano para ayudarme a
ponerme de pie ¡Sí, Fernando! No sabía cómo había hecho para saber que estaba
en ese lugar, pero lloré de la emoción al verlo.
—No tengo cara para verte, mi vida, pero antes de juzgarme, ponte en mis
zapatos. Creo que a ninguno le gusta ver a su pareja haciendo cosas que no me
gustaría que me hagas — Le dije mientras seguíamos frente a frente.
—Por eso estoy aquí, preciosa. Sé lo que te gusta y a dónde puedes ir cuando
estás molesta, así que vine para que hablemos que no pasa nada, mi vida. Es solo
trabajo, tienes que comprender que mi objeto de estudio, es un hombre o una
mujer, pero son solo eso para mí, pacientes y nada más. No trates de confundirte
que después logras que yo haga lo mismo y eso no está en mis planes — Me dijo
con toda la seguridad.
Fernando tenía razón, no tenía motivos para volver a dudar de su amor, él me
había dado tanta seguridad que estaba siendo una ingrata. Después de pedirle
disculpa, nos tomamos de la mano y comenzamos a caminar por la fría arena del
mar.
—Mira qué hermosa es nuestra naturaleza ¡Espera aquí! Quiero que nos
detengamos un momento. Aquí delante de este inmenso océano, con estas aguas
tan cristalinas que lo bañan, quiero jurar mi amor eterno y con apenas unas
gotas, recibamos la bendición de Dios antes de ir al altar — Le decía, al mismo
tiempo que recogía agua con mis manos y bañaba su cabeza con ella.
—En nombre de Dios mi vida. Yo también quiero que recibas esa bendición —
Me dijo y enseguida tomó agua con sus manos y me la echó en mi cabeza.
Los dos comenzamos a reír, lo que había propuesto yo como algo muy serio,
acabó por ser un juego de niños que se mojaban con las frías agua del mar, pero
en la plenitud de la noche. Quedamos empapados, pero felices de haber disuelto
el malentendido de mis celos sin fundamento. Y ahí nos quedamos por unas
horas, casi pescando un resfriado amándonos en cada uno de nuestros sentidos.
Esa noche, me quedé en mi casa y ahí me di cuenta que no habíamos hablado de
dónde íbamos a vivir después de la boda. Yo necesitaba un lugar que fuera de los
dos, pero estaba segura que a Fernando le costaba un poco apartarse de su
hermana gemela, aun así, al día siguiente se lo planteé y me dijo que buscara la
casa que me gustara y él solo diría que sí. Eso me puso tan feliz, que delante de
él, saque él móvil y comencé a revisar las distintas opciones que había en el
mercado de inmuebles.
La que más me había gustado, era una que estaba cerca de la playa, pero estaba
muy retirada de la ciudad, pero Fernando estaba revisando en su móvil y cuando
me mostró una mansión que estaba al lado del club, no vacilé en emocionarme y
darle un rotundo sí. Cuando la fuimos a ver, me di cuenta que la asa estaba llena
de magia. Tenía varios jardines por donde imaginaba ver a mis futuros hijos
jugar, definitivamente ¡Ésa era la casa!
Cerramos la negociación en tan solo cinco días, así de rápido, como para no dar
tregua a que otros ofertaran un poco más de dinero. Apenas Fernanda se enteró
de nuestra compra, se entristeció y junto a Jorge, compraron una muy cerca de la
nuestra que estaba también disponible. Aunque no disponía de piscina, pero esa
era la razón perfecta para mantener a la familia reunida en nuestra nueva casa.
—¿Y dónde iremos de luna de miel, preciosa? ¿Qué te gustaría conocer? — Me
preguntó Fernando y enseguida me puse a pensar en silencio.
—No quiero ser egoísta, mi vida, tiene que ser un lugar que nos guste a los dos
— Le dije y sin querer, traje a mi mente el recuerdo de mi amada amiga Leti,
porque la boda de Fernanda se iba a realizar a penas ella estuviera de vuelta.
—Sé que estas pensando en tu amiga, pero ella te apoya, mi vida, estoy seguro
que no te va a dejar sola en el día de nuestra boda y a Fernanda también — Me
dijo y como si me lo hubiera dicho al oído, le respondí de inmediato a Fernando.
—¡Quiero conocer Egipto! ¿Te animas, mi vida? — Le grité con mucha
emoción.
Fernando soltó una carcajada, mientras yo cerraba mis ojos y comenzaba a
imaginarme al lado de las esfinges y de toda esa maravillosa cultura que aun
guarda tantos misterios por resolver.
—Viéndolo bien, creo que es una buena idea. Mañana voy a buscar algún tours
que sea para luna de miel, así no perderemos el sentido del viaje — Me
respondió Fernando y al verlo que también se había emocionado, me di cuenta
que mi idea sí había funcionado.
Quise pasar más tiempo en la droguería para dejar algunas cosas adelantadas,
referente a los proveedores, así nada se iba a detener por mi ausencia de tantos
días y cuando pensé que mi vida estaba tranquila, reapareció Sergio.
—¿Qué haces aquí, Sergio? — Le pregunté cuando entré al pasillo y me di
cuenta que estaba conversando con mi secretaria, quien le estaba diciendo que
no era bien recibido en mi empresa.
—Te pido que por favor, me dejes hablar de algunas cosas contigo, Alejandra.
Ya ha pasado mucho tiempo ¿No crees que ya es hora de que me perdones por
todo lo que te hice? — Me dijo a manera de reproche.
—Sí, eso es cierto, por favor sígueme — Le dije mientras caminábamos por el
pasillo hasta la puerta de mi oficina —Toma asiento, por favor y sé breve, tengo
muchos pendiente — Le pedí, sin ánimos que se fuera a poner con una actitud
romántica.
—¡Vaya, ya veo que estás comprometida, lo digo por el anillo! Entonces solo me
queda desearte que seas muy feliz y que en ningún momento tu esposo no te
haga lo mismo — Me dijo, al mismo tiempo que se levantó y se marchó sin
esperar alguna palabra mía. Estaba segura que después de eso, nunca más él se
iba a acercar a mí, al menos no con intención amorosa con la que había llegado.
Un rato después, llegó Fernando a buscarme y de ahí nos fuimos al cine, al día
siguiente fuimos por un helado y cada día nos reinventábamos para no caer en la
rutina que era la responsable de tanta separaciones. Fernanda, estaba teniendo
problemas con Johnny, hasta la oí decir que si él continuaba ¡Eso sería terrible
para todos! Pensé y me di cuenta que si eso ocurría, mi boda con Fernando
también se iba a ver afectada y tendríamos que posponerla. Pero analicé bien la
situación y me di cuenta que Fernanda tal vez estaba un poco estresada porque
Johnny siempre se mantenía ocupado. Yo no quería meterme en su vida como
pareja, pero sí podía hacer que se llevaran un poco mejor y que pusieran a
funcionar la tolerancia.
Capítulo X
Cuando llamé a Fernanda para conversar, noté que también conmigo estaba muy
alterada, hasta conmigo tenía algo de rabia. Algo le estaba ocurriendo a mi
amiga que la tenía de tan mal humor y después de hablar por unas largas horas,
ella se dio cuenta que no le había bajado la menstruación y enseguida fuimos a la
clínica y le pedimos a Fernando que ordenara una serie de análisis a su hermana.
Los resultados, dieron positivo para la prueba de embarazo y ese había sido el
motivo real que hacía que Fernanda estuviera molesta hasta con ella misma.
Ya Fernanda estaba completamente calmada y apenas le dio la noticia a Johnny,
este no tardó en hacerla pública por las redes sociales. Cuando fueron a su
primer consulta, siguieron las felicitaciones al enterarse que Fernanda iba a tener
un embarazo gemelar, eso puso contenta a la familia, pero la preocupación de
ella, era que no le iba a quedar su vestido de novia, pero apenas a unas semanas
de gran día, todo le quedaba perfecto.
Yo tenía todo listo, solo me faltaban los zapatos azules porque mi abuela siempre
decía que a una novia nunca debe faltarle un par de zapatos azules para el día de
la boda ¡Lo había olvidado por completo! Así que junto a mi madre y mi suegra,
nos fuimos a recorrer las zapaterías y no hallé nada. En eso pasamos la semana y
apenas faltaban dos días, sentí que mi mundo se derrumbaba solo porque
faltaban esos accesorios, pero el mismo día de la boda, cuando ya había pensado
que no iba a seguir con la tradición de mi abuela fallecida y me sentía
incompleta.
El día de la boda, había llegado, todos corrían, yo llevaba más de cinco días sin
ver y estar con mi amado y lo extrañaba mucho. Cuando me estaba poniendo el
vestido, mi madre cerró los botones que daban hacia mi espalda baja y como si
hubiera magia, la madre de Fernando entró a mi habitación con una caja de
regalo.
—Desde hace mucho tiempo te considero como una hija más y hoy, quiero darte
un regalo que se te va a ayudar a sentirte mucho más segura y acompañada de tu
abuela — Me dijo mientras me entregaba la caja.
—¡No puede ser, voy a llorar! — Le grité al ver que eran los zapatos azules más
hermoso que había podido imaginar y sobre todo en el momento más perfecto.
Al salir de la habitación, me hice la señal de la cruz y no dejé de agradecerle ni
un solo segundo a Dios por haberme dado la dicha de tener a las personas más
maravillosas a mi lado y porque a partir de ese día iba a prometer ante él mi
amor eterno a Fernando.
Cuando llegamos a la iglesia, me bajé del coche del brazo de mi padre y
Fernanda también estaba esperando al lado de su padre. Apenas nos indicaron
que podíamos entrar, comenzó a sonar la canción del Ave María ¡Qué sensación
más pura! Sentí como si los ángeles me llevaran en sus alas, no cabía duda que
la gracia de Dios era infinita.
Los ojos se me llenaron de lágrimas cuando vi lo guapo que estaba Fernando
esperando en el altar al lado de Johnny que tampoco estaba mal. Traté a toda
costa de retener el llanto y que no se notaran las lágrimas debajo del velo que
cubría mi rostro. Cuando mi padre me entregó en sus manos, pude ver a través
de los ojos de Fernando que rebozaba de la emoción ¡Él también estaba
llorando! Fue un momento tan hermoso porque los sentimientos no se podían
ocultar.
Mientras la misa se efectuaba, Fernando y yo no dejábamos de mirarnos y el
momento no podía ser más perfecto para él porque su otra mitad, su hermana
gemela estaba a su lado, contrayendo nupcias con el amor de su vida. El
momento en el que nos preguntó el padre si nos aceptábamos como esposos,
jamás lo podría olvidar porque sin que terminara de decir nuestros nombres, los
cuatros gritamos ¡Sí, acepto! Y todos comenzaron a reír, pensé que si lo
hubiéramos ensayado, no fuese sido tan perfecto.
Al salir de la iglesia, nos felicitaron y mientras lanzaban arroz y pétalos
alrededor de nosotros, Fernando y yo estábamos tomados de la mano ¡No
podíamos parar de sonreír! Tal vez eran los nervios, quizás la emoción, pero lo
cierto es que no cabíamos de tanta felicidad.
—Siempre fuiste mi único amor, mi vida ¡Nunca pude olvidarte! — Me decía
Fernando sin dejar de mirarme.
—Y tú el mí ¡Nunca pude olvidarte! Porque los amores verdaderos son para
siempre — Le dije mientras nos dábamos un tierno beso!
Aprendí, que aunque la vida te aleje por un tiempo de lo que amas, debes
perseverar y mantener la esperanza que algún día ocurrirá eso —que siempre has
soñado. El verdadero amor, nunca se olvida.