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Libro Educar Los Sentimientos

Este documento trata sobre la importancia de la educación de los sentimientos. Explica que las personas que han desarrollado inteligencia emocional suelen sentirse más satisfechas y eficaces. También discute cómo los estilos sentimentales pueden favorecer o entorpecer el desarrollo de una vida sana y de las virtudes.

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Libro Educar Los Sentimientos

Este documento trata sobre la importancia de la educación de los sentimientos. Explica que las personas que han desarrollado inteligencia emocional suelen sentirse más satisfechas y eficaces. También discute cómo los estilos sentimentales pueden favorecer o entorpecer el desarrollo de una vida sana y de las virtudes.

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Torres Mariana-2419734

Tecnología e Procesamiento e Alimentos

Educar los Sentimientos, Aguiló, A (1999), Ediciones El Aljibe.

RESUMEN

Las personas que gozan de una buena educación de los sentimientos (o sea, quienes han logrado
desarrollar esas capacidades que con tanto éxito Daniel Goleman ha denominado inteligencia
emocional), son personas que suelen sentirse más satisfechas, son más eficaces, y hacen rendir
mucho mejor su talento natural. Quienes, por el contrario, no logran dominar bien su vida
emocional, se debaten en constantes luchas in- ternas que socavan su capacidad de pensar, de
trabajar y de relacionarse con los demás. Entre otras cosas, porque la mayoría de las veces el
problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas
que atraviesan esas personas y que las llevan a buscar refugios fáciles al calor de esos errores. Y
no se trata sólo de gente joven, puesto que hay muchos adultos, quizá profesionales destacados,
y que incluso pueden resultar muy brillantes vistos a cierta distancia, que esconden dentro de sí
un fuerte analfabetismo sentimental que lastra enormemente sus vidas. Al ser humano no siempre
le basta con comprender lo que es razonable para luego, sólo con eso, practicar- lo. El
comportamiento humano está lleno de sombras y de matices que escapan al rigor de la lógica, y
que campan por sus respetos moviendo resortes subconscientes de la persona. Inteligencia,
voluntad y sentimientos constituyen como una especie de división de poderes sobre un único
individuo, y el acierto de su andadura por la vida depende de que esas tres instancias trabajen en
buena sintonía. Por eso, las personas más anticipativas y previsoras se preguntan con frecuencia
cómo deberían educar a sus hijos –o cómo educarse ellos mismos– para no incurrir en esos
errores. se entrelazan con muchos factores como la herencia genética, la dinámica familiar, el
estilo educativo escolar o la cultura urbana del entorno. No existe un único tipo de solución que
sea capaz de resolver estos problemas. Pero debemos prestar una especial atención al desarrollo
efectivo de las personas. estilo sentimental favorece unas acciones y entorpece otras. Por tanto,
cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida psicológicamente sana, y favorece o
entorpece la práctica de las virtudes o valores que deseamos alcanzar. No puede olvidarse que la
envidia, el egoísmo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud, pero también
son carencias de la adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa
virtud. La práctica de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa. Si quieres
conocerte, observa la conducta de los de- más; si quieres conocer a los demás, mira en tu propio
corazón. Friedrich Schiller la observación de uno mismo permite separarse un poco de nuestra
subjetividad, para así vernos con un poco de distancia, como hace el pintor de vez en cuan- do
para observar cómo va quedando su obra. Observarse a sí mismo es como asomar la cabeza un
poco por encima de lo que nos está ocurriendo, y así tener una mejor conciencia de cómo somos
y qué nos pasa. El conocimiento propio constituye un punto clave para la formación y educación
del carácter y de los sentimientos de cualquier persona. Además, ese saber lo que realmente nos
pasa y por qué nos pasa está muy relacionado con nuestra capacidad de comprender bien a los
demás. En este sentido, es muy útil desarrollar la capacidad de observación del comportamiento
propio y ajeno. Un profundo y certero conocimiento de uno mismo, contrastado por la observación
atenta del propio comportamiento externo y de las reacciones interiores, enriquecido por el
consejo de quienes nos conocen y aprecian, nos permitirá identificar el verdadero origen de las
perturbaciones que inevitablemente experimentaremos siempre a lo largo de nuestra vida. Así
avanzaremos a buen paso hacia la madurez emocional, tan lejana de esas altivas afirmaciones de
algunos («yo sigo pensando exactamente lo mismo que he pensado siempre», como si la mejor
prueba de lucidez fuera no cambiar jamás en nada de forma de pensar), e igualmente lejos de esa
variabilidad de quienes cambian constantemente de ideales y olvidan sus convicciones como si
fueran una ligera gripe que ya pasa- ron, o como si el transcurso de los años no les reportara
ninguna enseñanza estable. El propio conocimiento es un proceso abierto, que no termina nunca,
pues la vida es como una sinfonía siempre incompleta, que se está haciendo continua- mente, que
siempre es superable y exige por tanto una atención constante. Hay sentimientos que fluyen de
forma casi inconsciente, pero que no por eso dejan de ser importantes. Por ejemplo, una persona
que ha tenido un encuentro desagradable puede luego permanecer irritable duran- te horas,
sintiéndose molesto por el menor motivo y respondiendo de mala manera a la menor insinuación.
Es cierto que determinados sentimientos sólo se exteriorizan dentro de un cierto grado de
intimidad, y requieren cierta reserva, pero silenciarlos siempre, o cubrirlos de aparente
indiferencia, entorpece el desarrollo afectivo y conduce, entre otras cosas, a una importante
merma de la capacidad de re- conocer y expresar los propios sentimientos. Muchos desequilibrios
emocionales tienen su origen en que esas personas no saben manifestar sus propios
sentimientos, y eso los ha llevado a educarlos de manera deficiente. una buena forma de avanzar
en la educación e los sentimientos es pensar, leer y hablar sobre los sentimientos. Al hacerlo,
nuestras ideas se van destilando, y serán cada vez más precisas y certeras. Y sabremos cada vez
mejor qué sucede en nuestro interior, para después intentar explicarlo, buscar sus causas, sus
leyes, sus regularidades, e intentar finalmente sacar alguna idea en limpio para mejorar en nuestra
educación afectiva. cuando la preocupación se repite continuamente sin aportar ninguna solución
positiva, produce n constante ruido de fondo emocional que genera un agobiante murmullo de
ansiedad. Esa espiral suele comenzar por un relato interno, que luego va saltando de un tema a
otro, a una velocidad que puede llegar a ser vertiginosa. Si se hace crónica y reiterativa, esas
personas no logran dejar de estar preocupadas y no consiguen relajarse. Y en lugar de buscar
una posible salida, se limitan a dar vueltas y más vueltas en torno a esas ideas reiterativas,
profundizando así el surco del pensamiento que les inquieta. la tristeza común, esa melancolía
que lleva a las personas a estar abatidas, a aislarse de los demás y hundirse bajo el peso de la
soledad o el desamparo, es un sentimiento cruel y lacerante que hay que aprender a superar.
Aprender a abordar los pensamientos que se esconden en el mismo núcleo de lo que nos
entristece, para cuestionar su validez y considerar alternativas más positivas. Pero el enfado no
tiene por qué ser malo siempre, por supuesto. Se trata de alcanzar ese equilibrio que proponía
Aristóteles cuando decía: Cualquiera puede enfadarse, eso es muy sencillo. Pero enfadarse con la
persona adecuada, en el grado adecuado, en el momento oportuno, con el propósito justo y del
modo correcto, eso, ciertamente, ya no resulta tan sencillo. lo normal es que expresar abierta-
mente el enfado sea una de las peores maneras de tratarlo, puesto que los arranques de ira
incrementan la excitación emocional y prolongan su duración. Es mu- cho más eficaz tratar de
calmarse. O sea, reprimirse. Más que reprimir el enfado, di- ría que buscar una salida. No se trata
de enterrar el enfado sin más, ni tampoco dejarse arrastrar por él, sino procurar tranquilizarse y
buscar una solución del modo más positivo posible. El enfado suscita una excitación que tiende a
disiparse lentamente. Si durante esa etapa de paulatina desactivación del enfado se presenta una
nueva provocación (lo cual es fácil que suceda, debido a la hipersensibilidad propia de esos
momentos), se producirá una segunda descarga, antes de que la anterior se haya disipado. Son
hábitos de comportamiento que no surgen de manera automática, sino que es preciso aprender. Y
el principal problema es que esas habilidades deben ejercitarse precisamente en los momentos en
que nos encontramos en peores condiciones, es decir, cuando observamos que se acelera el
pulso y nos estamos indignando: es justamente entonces cuando hemos de recordar todo esto,
escuchar, procurar calmarnos y mantener el control. A alguna explicación que nos ayude a
reconsiderar las cosas, o que satisfaga de alguna manera nuestra perplejidad inicial. Por ejemplo,
pensar que la persona que nos ha molestado puede estar cansada, o sometida a unas tensiones
que la están alterando, o que es víctima de su mal carácter y no sabe medir bien sus palabras; o
recordar que ya otras veces nos hemos enfadado en situaciones parecidas y después lo hemos
lamentado a los pocos minutos; etc.

ME LLAMO LA ATENCION

Como es lógico, no se trata de sustituir la razón por los sentimientos, ni tampoco lo contrario. Se
trata de reconciliar cabeza y corazón, tanto en la familia como en las aulas o en las relaciones
humanas en general.
Pero debemos prestar una especial atención al desarrollo afectivo de las personas. Pues, como
ha señalado Alasdair Macintyre, una buena educación es, entre otras cosas, haber aprendido a
disfrutar haciendo el bien y a sentir disgusto haciendo el mal. Se trata, por tanto, de aprender a
querer lo que merece ser querido.
¿Y los sentimientos influyen en las virtudes? Cada estilo sentimental favorece unas acciones y
entorpece otras. Por tanto, cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida
psicológicamente sana, y favorece o entorpece la práctica de las virtudes o valores que de-
seamos alcanzar.
La práctica de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa.

Si quieres conocerte, observa la conducta de los de- más; si quieres conocer a los demás, mira en
tu propio corazón.

La observación de uno mismo permite separarse un poco de nuestra subjetividad, para así vernos
con un poco de distancia, como hace el pintor de vez en cuando para observar cómo va quedando
su obra.
Observarse a sí mismo es como asomar la cabeza un poco por encima de lo que nos está
ocurriendo, y así tener una mejor conciencia de cómo somos y qué nos pasa.
El conocimiento propio constituye un punto clave para la formación y educación del carácter y de
los sentimientos e cualquier persona. Además, ese saber lo que realmente nos pasa y por qué nos
pasa está muy relacionado con nuestra capacidad de comprender bien a los demás.
¿Y cómo distinguir lo que debe sobrellevarse de lo que debemos intentar cambiar? Un profundo y
certero conocimiento de uno mismo, contrastado por la observación atenta del propio
comportamiento externo y de las reacciones interiores, enriquecido por el consejo de quienes nos
conocen y aprecian, nos permitirá identificar el verdadero origen de las perturbaciones que
inevitablemente experimentaremos siempre a lo largo de nuestra vida.
Nuestro corazón –ha escrito Susanna Tamaro– es como la tierra, que tiene una parte en luz y otra
en sombras. Descender para conocerlo bien es muy difícil, muy doloroso, pues siempre es arduo
aceptar que una parte de nosotros está en la sombra.
El propio conocimiento es un proceso abierto, que no termina nunca, pues la vida es como una
sinfonía siempre incompleta, que se está haciendo continua- mente, que siempre es superable y
exige por tanto una atención constante
Una buena forma de avanzar en la educación de los sentimientos es pensar, leer y hablar sobre
los sentimientos. Al hacerlo, nuestras ideas se van destilando, y serán cada vez más precisas y
certeras.

Con una mezcla de atención y de sano escepticismo, se puede ir frenando la ansiedad y salir poco
a poco del círculo vicioso en que tiende a aprisionarnos.
a mejor terapia contra la tristeza es reflexionar sobre sus causas, para así buscar remedio en la
medida que podamos.
La espiral de la preocupación es el núcleo funda- mental de la ansiedad.
¿Y qué hay que hacer para salir de esa espiral de la preocupación? Porque no es nada fácil seguir
consejos como «no te preocupes; anda, distráete un poco», u otros parecidos. Lo mejor es
conocerse bien para así detectar el fenómeno y cortar con esa tendencia desde sus inicios.
Como escribió Benjamin Franklin, siempre tendremos razones para estar enfadados, pero esas
razones rara vez serán buenas.

Lo normal es que expresar abiertamente el enfado sea una de las peores maneras de tratarlo,
puesto que los arranques de ira incrementan la excitación emocional y prolongan su duración.
la mejor terapia contra la tristeza es reflexionar sobre sus causas, para así buscar remedio en la
medida que podamos.
Por ejemplo, la cadena de pensamientos hostiles que alimenta el enfado nos proporciona una
clave para ver cómo podemos calmarlo.
Por eso, el remedio más eficaz es conocernos bien, de manera que sepamos bien cuáles son los
tipos de pensamientos a los que somos más sensibles, para es- tar atentos a los primeros
síntomas del enfado y poner solución.

A veces lo más inteligente es tener previstos modos de dominarnos, como es- forzarse en callar,
no responder a un desaire con otro, seguir caminando sin detenerse ante una provocación, etc.

¿A qué tipo de pensamientos te refieres? A alguna explicación que nos ayude a reconsiderar las
cosas, o que satisfaga de alguna manera nuestra perplejidad inicial. Por ejemplo, pensar que la
persona que nos ha molestado puede estar cansada, o sometida a unas tensiones que la están
alterando, o que es víctima de su mal carácter y no sabe medir bien sus palabras.

CONCLUSIONES

En conclusión, no se trata de sustituir la razón por los sentimientos, ni tampoco lo contrario. Se


trata de reconciliar cabeza y corazón. No podemos dejar a un lado el corazón porque lo vean
como un simple sentimentalismo ni la inteligencia porque otros la vean como un mero
racionalismo; ni la voluntad porque otros la reduzcan a un necio voluntario
Llegar a tiempo y tener más confianza con las demás personas y familiares para evitar problemas
en un futuro

La información nunca va ha ser suficiente porque la mayoría de las campañas se centran en la in-
formación sobre los muchos males que traen consigo esos errores. Sin embargo, la experiencia
demuestra que la información, aunque tenga una indudable utilidad, por sí sola resuelve bastante
poco., porque la mayoría de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el
fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas y que las llevan a buscar
refugios fáciles al calor de esos errores.

En conclusión, disfrutar hacer el bien es prestar una especial atención al desarrollo afectivo de las
[Link] buena educación es, entre otras cosas, haber aprendido a disfrutar haciendo el bien
y a sentir disgusto haciendo el mal.

Aprender a educar los sentimientos ha sido complicado, pero todos contamos con la posibilidad de
conducir en bastante grado nuestros sentimientos. Sin embargo, con frecuencia actuamos como si
apenas pudieran educarse, y consideramos a las personas a nosotros mismos como tímidas o
extrovertidas, generosas o envidiosas, tristes o alegres, cariñosas o frías, optimistas o pesimistas,
como si eso fuera algo que responde a una inexorable naturaleza casi imposible de modificar.

Conocerse a uno mismo es algo fundamental si quieres conocer a las demás personas.

observación de uno mismo permite separarse un poco de nuestra subjetividad, para así vernos
con un poco de distancia y aprender y saber entender la gente sin juzgar.

En conclusión, un profundo y certero conocimiento de uno mismo, contrastado por la observación


atenta del propio comportamiento externo y de las reacciones interiores, enriquecido por el
consejo de quienes nos conocen y aprecian, nos permitirá identificar el verdadero origen de las
perturbaciones que inevitablemente experimentaremos siempre a lo largo de nuestra vida.

El conocimiento es un proceso abierto que nunca termina y por lo tanto ay que tener una atención
constante.

Al expresar las emociones que sentimos, nos respetamos más a nosotros mismos ya que al ser
conscientes de lo que sentimos nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y nos
aceptamos con más facilidad.

Reflexionar sobre los sentimientos lo mejor que puedes hacer es intentar empezar a explicarla,
procurando conocer cuáles son nuestros defectos dominantes.

El control emocional ayuda a manejar mejor los problemas. El control emocional ayuda a disminuir
e desgaste psicológico y permite hacer frente a las dificultades que aparecen en el día a día.
Permite controlar los sentimientos y las emociones de la persona. Genera y potencia la autoestima

El control de la tristeza la solución será descansar. En otras, embeberse en alguna ocupación,


aunque no sea estrictamente de descanso pensar en los demás es una excelente terapia contra la
tristeza, y el hecho de ayudar a los demás es algo siempre recomendable para cualquier persona,
esté triste o alegre tiene el benéfico efecto, entre otros muchos, de contribuir a que nos
desembaracemos un poco de nuestro egoísmo.

Es más eficaz es conocernos bien, de manera que sepamos bien cuáles son los tipos de
pensamientos a los que somos más sensibles, para es tar atentos a los primeros síntomas del
enfado y poner solución

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