Licenciatura en Psicopedagogía
Derechos Humanos y
Ciudadanía
Docente: Prof. Carlos Andrés Neuman
Material de lectura N° 2 – Módulo 1
Bienvenidos la Lectura 2 – Módulo 1 de la cátedra de Derechos Humanos y Ciudadanía
Comenzaremos a abordar esta segunda lectura, aprendiendo las nociones y distinciones de la
Persona Humana como sujeto de derecho, los derechos y actos personalísimos; sus caracteres y atributos.
Persona y sujeto de derecho: nociones y distinciones
La noción de persona es muy importante para nuestro sistema jurídico, ya que posee una
cantidad de connotaciones necesarias para comprender su protección.
Nuestra ley, precisamente el Código Civil y Comercial de la Nación (CCCN) no da una noción de
lo que debe entenderse por persona; directamente empieza el Título I el cual hace referencia al
comienzo de su existencia. Matilde Zavala de González expresa:
Mientras que el hombre es una realidad ontológica (un "ente" biosíquico y espiritual); persona
es, dentro del derecho, una categoría jurídica (el ente, humano o no, que goza de capacidad de derecho).
El hombre existe en la naturaleza, la persona solamente en el derecho. (1983, p. 4).
Por lo tanto, cuando hablamos de persona, hacemos alusión a una categoría jurídica, es decir, a
una calidad que contiene en sí misma la aptitud de ser portadora de derechos.
Así, se puede deducir que la palabra persona hace referencia a la personalidad jurídica –la
investidura jurídica de la que goza el sujeto–, a la aptitud o la disposición potencial para tener derechos,
adquirirlos y ser sujeto activo o pasivo de las relaciones jurídicas. Por su parte, hombre hace referencia
al sustrato o soporte biológico de las personas humanas, que, para estar protegido, necesita de esa
personalidad jurídica.
Por último, la expresión sujeto de derecho alude a las personas cuando están interactuando en
interferencia intersubjetiva; por ejemplo, cuando están dando vida a un contrato. Gráficamente, es la
persona en movimiento.
Derechos y actos personalísimos. Definición. Naturaleza jurídica
Los derechos personalísimos son los que recaen sobre ciertos aspectos o manifestaciones de la
personalidad del hombre para proteger su libre desenvolvimiento: el derecho al honor, a la intimidad,
a la libertad, a la integridad física, etcétera.
Estos derechos subjetivos no solo tienen reconocimiento expreso en el Código Civil y Comercial,
sino también el derecho supranacional de derechos humanos constitucionalizado (artículo 75, inciso
22 de la Constitución Nacional) establece las bases fundacionales del régimen de los derechos
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personalísimos, toda vez que la dignidad personal como sus emanaciones (intimidad, imagen,
identidad, honor y derechos sobre el propio cuerpo) son reconocidos de manera explícita en la
Convención Americana sobre Derechos Humanos y en otros instrumentos supranacionales.
Caracteres de los derechos personalísimos
Estos derechos son absolutos, extrapatrimoniales, irrenunciables, relativamente
disponibles por las partes y por ende no transmisibles. Otra característica es que la vulneración de
ellos da derecho a su titular a reclamar la prevención y la reparación de los daños, conforme con lo
estipulado en los artículos 1708 a 1780 inclusive del Código Civil y Comercial.
Son absolutos porque se dan contra todos, erga omnes1, ya que todos y cada uno de los
miembros que constituyen la comunidad jurídicamente organizada están obligados a respetar la
persona de los demás.
Son extrapatrimoniales porque no forman parte del patrimonio de la persona, por lo tanto,
no puede disponer comercialmente de ellos.
Son irrenunciables porque la persona no puede prescindir de ellos.
Decimos que son relativamente disponibles por las partes, pues, de acuerdo con el artículo
55 del Código Civil y Comercial, se puede disponer de los derechos personalísimos bajo ciertas
condiciones: que medie consentimiento por el titular de los derechos y que este no sea contrario a la
ley, la moral o las buenas costumbres.
Asimismo, prevé que el consentimiento no se presume, es decir, que debe otorgarse en forma
clara, ya sea de forma expresa, tácita o incluso por vía de silencio y “es de interpretación restrictiva, y
libremente revocable”.
La inviolabilidad de la persona humana
El hombre es el eje y centro de todo el sistema jurídico y, en tanto fin en sí mismo, su persona
es inviolable. El artículo 51 CCCN prevé: “Inviolabilidad de la persona humana. La persona humana es
inviolable y en cualquier circunstancia tiene derecho al reconocimiento y respeto de su dignidad”.
De tal modo, el reconocimiento y el respeto de la dignidad personal, además de estar previsto
expresamente en el Código, encuentra amparo constitucional por vía del artículo 75, inciso 22 y
adquiere rango constitucional asignado al artículo 11 del Pacto de San José de Costa Rica.
1
Locución latina, que significa "respecto de todos" o "frente a todos", utilizada en derecho para referirse a la aplicabilidad de una
norma, un acto o un contrato.
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Este derecho implica que todo ser humano debe ser respetado como persona tanto en su
existencia –vida, cuerpo y salud– como en su propia dignidad –honor, intimidad e imagen–.
Así, la inviolabilidad de la persona humana extiende su tutela tanto a los derechos de la
personalidad espiritual, es decir, la imagen, la intimidad, la identidad, el honor y la reputación, como a
cualquier otro que resulte de la emanación de la dignidad personal. De igual forma, la inviolabilidad de
la persona hace que esté protegida su integridad física y, por ende, primordialmente, la vida y la salud.
Derechos de la personalidad espiritual tutelados: derechos a la intimidad personal y familiar, a
la honra, a la reputación, a la imagen y a la identidad
El artículo 52 del Código Civil y Comercial de la Nación dispone:
Afectaciones a la dignidad. La persona humana lesionada en su intimidad personal o familiar,
honra o reputación, imagen o identidad, o que de cualquier modo resulte menoscabada en su dignidad
personal, puede reclamar la prevención y reparación de los daños sufridos, conforme lo dispuesto en
el Libro Tercero, Título V, Capítulo I.6.
Derecho a la intimidad personal o familiar: la intimidad es el ámbito de reserva de la vida,
de los sentimientos y de las creencias de un individuo. Este es el bien jurídico protegido por este
derecho, que garantiza al titular a vivir en forma independiente, sin injerencias ni intromisiones que
puedan provenir de una autoridad o de terceros, en tanto su conducta no ofenda al orden público o a la
moral, ni perjudique a otros (Tagle, 2002).
De la lectura del artículo 52 del Código, se advierte que no solo se protege la intimidad personal,
sino también la familiar, es decir, que “nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su
vida privada, en la de su familia”.
Ahora bien, este derecho tendrá más reducida su esfera de acuerdo con el grado de actuación o
función pública que posea, pues mientras más pública sea la imagen de la persona, más reducida será
la esfera de protección, aunque siempre la conservará. Por ello, algunas personas reconocidas o
famosas han iniciado acciones para proteger su derecho a la intimidad cuando la prensa ha invadido
tal esfera.
Derecho a la honra o a la reputación: este derecho comprende dos aspectos. De un lado, el
honor en sentido objetivo, que es la valoración que otros hacen de la personalidad, el buen nombre o
reputación, el aprecio de terceros. En sentido subjetivo, es la autovaloración, el íntimo sentimiento que
cada persona tiene de la propia dignidad y la de su familia (Tagle, 2002).
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La vulneración al honor da lugar a la posibilidad de interponer acciones penales, como la injuria
y la calumnia. La injuria procede cuando alguien afecta el honor de una persona con dichos que la
degradan; la calumnia consiste en la falsa imputación de un delito.
Con respecto al derecho a la imagen: el artículo 53 del Código Civil y Comercial establece que
para captar o reproducir la imagen o la voz de una persona, de cualquier modo que se haga, es necesario
su consentimiento, excepto en los siguientes casos:
a. que la persona participe en actos públicos;
b. que exista un interés científico, cultural o educacional prioritario, y se tomen las precauciones
suficientes para evitar un daño innecesario;
c. que se trate del ejercicio regular del derecho de informar sobre acontecimientos de interés
general.
En caso de personas fallecidas pueden prestar el consentimiento sus herederos o el designado
por el causante en una disposición de última voluntad. Si hay desacuerdo entre herederos de un mismo
grado, resuelve el juez. Pasados veinte años desde la muerte, la reproducción no ofensiva es libre.
Por su parte, el derecho a la propia imagen es el derecho personalísimo que protege la
imagen -entendida esta en sentido amplio- de una persona humana, ya que permite a su titular
oponerse a que su imagen o su voz sean reproducidas, captadas o publicadas por cualquier medio, sin
su consentimiento.
Este derecho goza de amparo constitucional, ya sea como un aspecto del derecho a la privacidad
(artículo 19 de la Constitución Nacional) o bien como un derecho autónomo implícito en el artículo 33
de la Constitución Nacional. A esto se le suma su recepción por vía del artículo 75 inc. 22, que otorga
rango constitucional a diversos instrumentos internacionales, entre los que se encuentra el Pacto de
San José de Costa Rica (artículo 11).
Ahora bien, pasados veinte años desde la muerte, la reproducción es libre en tanto no resulte
ofensiva. De tal modo, incluso antes de transcurrido tal lapso legal, si no existiese ninguna de las
personas que por ley deben prestar su consentimiento, la imagen podría ser reproducida.
Derecho a la identidad: este derecho implica que cada persona sea ella misma, que pueda
distinguirse sobre la base de sus atributos y sus propias cualidades personales que la hacen distinta de
las otras. Este derecho comprende tanto la identidad biológica como la identidad de género (regulada
por Ley N.° 26743 de Identidad de Género).
Derechos de la personalidad física: derecho a la vida, a la integridad física, a disponer del propio
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cuerpo y a disponer del propio cadáver
Estos derechos se corresponden con el derecho a la vida, a la integridad física, al propio cuerpo,
a la salud y a los despojos mortales.
Derecho a la vida: este se encuentra profusamente protegido y se refleja en el impedimento
de obrar contra la propia vida y sobre la de los demás. Este derecho actualmente se encuentra en
grandes discusiones bioéticas debido a que existen fallos que lo contraponen con el derecho a la
dignidad, por ejemplo, cuando se permite a la persona que (al ser capaz o al ser objetor de conciencia)
se niegue a recibir tratamiento médico. Es sumamente importante esta categoría porque, para el
derecho, se adquiere (al igual que los demás derechos humanos) desde que se comienza a ser persona.
Derecho a la integridad física: el artículo 54 del CCCN (Código Civil y Comercial de la Nación)
dispone que no resultan exigibles aquellas convenciones que tengan “por objeto la realización de un
acto peligroso para la vida o integridad física”15. En otras palabras, el contrato (mediante el cual una
persona comprometa un acto que traiga aparejado dicho peligro) carecerá, por tanto, de fuerza
obligatoria para quien asumió dicho compromiso. Por lo tanto, no es pasible de exigir su cumplimiento
forzado o indirecto, salvo que el acto del que se trate se corresponda “a su actividad habitual [por
ejemplo, un boxeador o un corredor de autos] y que se adopten las medidas de prevención y seguridad
adecuadas a las circunstancias”.
Derecho a disponer sobre el propio cuerpo: en primer lugar, es necesario señalar que el
cuerpo humano no es una cosa en sentido jurídico, en tanto no constituye un objeto material
susceptible de apreciación pecuniaria.
Así, el artículo 17 del CCCN establece que: Los derechos sobre el cuerpo humano o sobre sus
partes no tiene un valor comercial, sino afectivo, terapéutico, científico, humanitario o social y sólo
pueden ser disponibles por su titular siempre que se respete alguno de esos valores y según lo
dispongan las leyes especiales.
Este derecho de disponer del cuerpo humano se vincula con el anterior, es decir, con el derecho
a la integridad física, que procura determinar las atribuciones que se tienen sobre el propio cuerpo, sus
límites y la tutela legal que posibilita su efectivo ejercicio frente a la oposición, al atentado o a la
amenaza de agresión, ya sea proveniente de terceros o del Estado.
La regla es que no están autorizados aquellos actos que causen una disminución permanente
en la integridad del propio cuerpo o sean contrarios a la ley, a la moral o a las buenas costumbres.
Sin embargo, el artículo 56 del CCCN prevé excepciones a tal principio, que tienen lugar cuando
se trata de actos vinculados al mejoramiento o a la preservación de la salud de la persona titular, como
ser una intervención quirúrgica o, excepcionalmente, para otra persona distinta a la titular, que tiene
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lugar cuando se dispone la ablación de un órgano (que se rige por la Ley N.° 2419319, modificada por
Ley N.° 2606620) a los fines de ser trasplantado.
Asimismo, están prohibidas las prácticas destinadas a la modificación de la constitución
genética de la descendencia, salvo aquellas que tiendan a prevenir enfermedades hereditarias o la
predisposición a ellas.
Por otro lado, se prevé la regulación de las investigaciones biomédicas en seres humanos que
procuran un beneficio para el paciente sobre el cual se realizan, a la par que pueden aprovechar en
general la ciencia médica. Estas investigaciones deben cumplir con los recaudos legales que establece
el artículo 58 del CCCN, teniendo una especial trascendencia el previsto en el punto f, que menciona el
ineludible acuerdo que debe prestar la persona objeto de la intervención, quien siempre deberá estar
debidamente informada en relación con los riesgos para su vida.
Derecho de disposición sobre el cadáver propio: la norma del artículo 61 del CCCN consagra
el derecho que posee toda persona capaz en orden a establecer el destino post mortem de su cuerpo.
Es decir que la persona, mientras viva, puede disponer de sus exequias o inhumación, como así también
la entrega de todo o parte de su cadáver con fines terapéuticos, científicos, pedagógicos o de índole
similar23.
La manifestación de la voluntad puede ser expresada mediante cualquier forma, es decir, puede
ser por disposición testamentaria, escrita, por signos inequívocos o inducida por hechos o
circunstancias que posibiliten conocerla.
Ahora bien, siguiendo el artículo 61, en ausencia de instrucciones por parte del difunto, serán
el cónyuge, el conviviente o los parientes según el orden sucesorio quienes dispongan del cadáver de
su familiar.
Atributos de las personas. Definición
La persona, en tanto tal, posee ciertos atributos que son sus cualidades esenciales. Estas son
inherentes y consideradas a priori de la persona, es decir, que comienzan con su existencia.
Estos atributos de la persona humana son: capacidad, nombre, estado y domicilio. A toda
persona individual le es inherente la capacidad, esto es, la cualidad que la distingue como sujeto
potencial de derechos y deberes; el nombre que la individualiza; el estado que la sitúa en el medio
familiar en el que se desenvuelve; el domicilio que la sitúa jurídicamente en un lugar determinado.
Naturaleza de los atributos
Los atributos no son derechos ni deberes, sino cualidades inherentes a la calidad de la persona,
que no se adquieren luego, sino que son contemporáneos a la persona, a su existencia y la acompañan
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toda su vida protegiéndola e identificándola.
Caracteres de los atributos de las personas
Los atributos participan de los siguientes caracteres: Necesarios e inherentes a las personas,
únicos, indisponibles, imprescriptibles.
Son necesarios e inherentes a las personas: no se concibe que la persona humana pueda
carecer de alguno de estos atributos, por cuanto, la determinan en su individualidad.
Son únicos: una misma persona no puede poseer más de un atributo de cada clase en un
momento determinado. Así, la persona humana no puede ser capaz e incapaz a la vez de adquirir un
derecho o no puede tener más estados civiles familiares del mismo orden, por ejemplo, soltero y casado.
Son indisponibles: no pueden ser transferidos, pues están fuera del comercio. Son inmutables:
solo se modifican cuando se verifica el supuesto normativo que así lo prevé.
Son imprescriptibles: por cuanto, no se adquieren ni se pierden por el transcurso del tiempo.
Atributos de la persona. El nombre
El nombre es el atributo de la persona que la identifica y la individualiza del resto. Está
compuesto por dos elementos: el pronombre o nombre de pila (o apelativo) y el apellido (también
llamado cognomen o patronímico). Ambos cumplen funciones diferentes: el nombre de pila
individualiza a la persona en su familia y el apellido la particulariza en la sociedad.
Así, el artículo 62 del CCCN establece: “Derecho y deber. La persona humana tiene el derecho y
el deber de usar el prenombre y el apellido que le corresponden”.
Tenemos mucho más para decir del nombre como atributo de la persona humana, es por ello
por lo que se agrega un anexo (anexo I) a la presente lectura donde podrán ampliar lo referido al
mencionado atributo.
Atributos de la persona. El domicilio
El ordenamiento jurídico requiere situar a la persona en un determinado lugar, aun cuando no
actúe necesariamente allí. El domicilio, en sentido jurídico, es el lugar que la ley considera como centro
o sede legal de la persona.
Como veremos seguidamente, existen distintas clases de domicilio, tales como el domicilio
general y el especial. El domicilio general es el atributo, cualidad o propiedad inherente a la persona
que representa su indispensable asiento o sede legal para el ejercicio de sus derechos y para
cumplimiento de sus obligaciones (Tagle, 2002).
Este domicilio general puede ser legal, es decir, instituido por la ley o real, que es la efectiva
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residencia de la persona en un cierto lugar con ánimo de permanecer allí. El domicilio general sea legal
o real es necesario, ya que no puede faltar en ninguna persona, y es único, pues una persona no puede
tener más de un domicilio general.
Por último, decimos que el domicilio general es mutable, es decir, que es modificable, ya sea por
cambio en la capacidad de las personas (por ejemplo, un menor que cumple la mayoría de edad pasa
de domicilio legal a domicilio real) o por un cambio de su situación (por ejemplo, una persona que es
designada en un puesto de funcionario público y que requiere trasladarse, cambia de domicilio real a
domicilio legal).
Clases de domicilio. Distinciones
El domicilio se clasifica de la siguiente manera: general u ordinario y especial. El domicilio
general es el lugar en el que la ley sitúa a la persona para la generalidad de sus relaciones jurídicas y se
clasifica en: a) real o voluntario; b) legal o forzoso. Por su parte, el domicilio especial solo produce
efectos en relación con una o varias relaciones jurídicas determinadas y puede ser convencional,
procesal, conyugal y comercial, entre otros.
Atributos de la persona. El estado
El estado es un atributo propio de las personas físicas y hace referencia a la posición o rol que
ocupa en la sociedad, por ejemplo, su estado civil o, en una familia, su estado de padre, de hijo, etcétera.
En este sentido, podemos decir que el estado se conforma entorno a los siguientes caracteres:
a) las normas que regulan el estado de las personas son de orden público y no pueden ser modificadas
por la voluntad de los interesados; b) es indivisible y oponible erga omnes; c) generalmente, es
recíproco o correlativo, porque a cada estado de una persona le corresponde el de otro que resulta
relativo; d) es inalienable, es decir, intransmisible; e) es necesario, indisponible y único, esto es, que no
se pueden tener dos estados correlativos a la vez (por ejemplo, no se puede ser casado y soltero al mismo
tiempo o ser padre e hijo de una misma persona).
Los efectos del estado como atributo de la persona
El estado genera deberes jurídicos, como el de usar un apellido o suministrar alimentos. En el
ámbito del derecho procesal, es una causa de excusación o de recusación de los jueces o funcionarios,
quienes no podrán participar en aquellos pleitos en los que intervengan parientes que se hallen en los
grados previstos en las leyes rituales.
En el ámbito penal, es agravante o eximente de penas. Asimismo, se relaciona con los otros
atributos, porque, por ejemplo, en el matrimonio (estado: casado), los esposos tienen limitaciones entre
sí para ciertos contratos o, por caso, los padres sometidos a responsabilidad parental no pueden
contratar con sus hijos. Además, si se logra el reconocimiento de un hijo extramatrimonial por parte el
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padre, este cambia el estado del hijo reconocido y del padre que lo reconoce.
Por ello, se dice que los efectos de este atributo son importantes a la hora de los reclamos
patrimoniales o de los deberes correspondientes al estado que se posea, para lo cual la ley establece
una serie de normas que lo protegen. Por ejemplo, a las personas se les reconoce dos acciones:
De reclamación de estado: son acciones que persiguen un reconocimiento (por ejemplo, las
acciones de filiación).
De impugnación de estado: son acciones que persiguen el desconocimiento de un estado
ostentado hasta entonces (por ejemplo, la que le corresponde al padre con respecto al hijo nacido en
matrimonio y que no es suyo).
¿Con que instrumento se prueba el estado de una persona?
Los datos concernientes a la existencia y el estado civil de las personas deben recogerse de
modo fidedigno y ser custodiados en archivos oficiales, en beneficio no solo del interesado, sino
también del Estado y de los terceros que puedan tener interés en obtener información útil.
El Código establece que el nacimiento, el matrimonio y la muerte de las personas humanas se
prueban con las partidas del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas, conocido como
Registro Civil (artículos 96 y 420 del CCCN).
Atributos de la persona. Capacidad
La capacidad es uno de los atributos más importantes de la persona. Como se expuso
anteriormente, este atributo forma parte del concepto mismo de persona. La noción de capacidad no
se agota en la capacidad de derecho –atributo de la persona–, puesto que comprende también la
capacidad de hecho o de obrar, que consiste en la aptitud de las personas humanas para ejercer por sí
mismas los actos de la vida civil.
En este sentido, es posible decir que la capacidad tiene los siguientes caracteres: a) las reglas
que gobiernan la capacidad son de orden público y no pueden ser modificadas por voluntad de los
particulares; b) es principio general que tanto las incapacidades como las restricciones a la capacidad
son la excepción; c) las restricciones a la capacidad son de interpretación restrictiva.
Capacidad de derecho. Definición
El artículo 22 del CCCN declara: “Capacidad de derecho. Toda persona humana goza de la
aptitud para ser titular de derechos y deberes jurídicos. La ley puede privar o limitar esta capacidad
respecto de hechos, simples actos, o actos jurídicos determinados”.
Así, la capacidad de derecho se define como la aptitud que goza toda persona humana para ser
titular de derechos y de deberes jurídicos. Esta aptitud se vincula muy directamente con los seres
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humanos; por ello, todas las personas son capaces de derecho y no puede concebirse una incapacidad
absoluta de este, es decir, que comprenda todos los derechos y las obligaciones, porque sería contrario
al orden natural.
Por el contrario, sí existen incapacidades de derecho relativas, es decir, referidas a ciertos
derechos en particular, como lo prevé el artículo 1002 del Código Civil y Comercial al referir, por
ejemplo, que no pueden contratar en interés propio:
a) los funcionarios públicos, respecto de bienes de cuya administración o enajenación están o
han estado encargados;
b) los jueces, funcionarios y auxiliares de la justicia, los árbitros y mediadores, y sus auxiliares,
respecto de bienes relacionados con procesos en los que intervienen o han intervenido;
c) los abogados y procuradores, respecto de bienes litigiosos en procesos en los que intervienen
o han intervenido;
d) los cónyuges, bajo el régimen de comunidad, entre sí.
e) Los albaceas que no son herederos no pueden celebrar contrato de compraventa sobre los
bienes de las testamentarias que estén a su cargo.
Capacidad de hecho o de ejercicio. Definición
Por su parte, el artículo 23 define la capacidad de ejercicio o de hecho y prevé: “Toda persona
humana puede ejercer por sí misma sus derechos, excepto las limitaciones expresamente previstas en
este Código y en una sentencia judicial”.
La capacidad de ejercicio es la aptitud de la persona humana para ejercer derechos por sí
mismo. Así, el principio general es la capacidad, con las restricciones que prevé el Código en su artículo
24 al referir a las personas incapaces de la práctica de derechos y las que determine una sentencia
judicial, referencia que alude al supuesto de restricción al ejercicio de la capacidad en relación con los
mayores de edad, en las condiciones establecidas por la legislación en el artículo 24, inciso c, el artículo
31 y los que se siguen del CCCN.
A continuación les presento una tabla comparativa entre capacidad de derecho y capacidad de
ejercicio (o capacidad de hecho), a los fines de clarificar sus diferencias.
DIMENSIONES INCAPACIDAD DE DERECHO INCAPACIDAD DE HECHO
Falta de aptitud para celebrar
Falta de aptitud para ser titular de los actos jurídicos de la vida
derechos. Se prohíbe celebrar un civil. Puede restringirse la
Esencia acto singular. capacidad para un conjunto de
actos.
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Necesidad de proteger el orden Imposibilidad física o moral de
público, la moral, las buenas obrar por ausencia de voluntad
Fundamento
costumbres. jurídica.
Puede ser una restricción a la
Siempre es relativo, no existe la
capacidad restringida a
incapacidad de derecho absoluta
determinados actos, o bien un
Alcance pues es un atributo
incapaz absoluto (art. 32 CCCN)
Interés Siempre interés privado: el de la
Protegido Puede ser público o privado persona del incapaz.
A través del instituto de la
representación (arts. 100 y ss
Formas de CCCN), o con intervención de un
No tiene
suplirse asistente o sistemas de apoyos.
Sanción ante
la violación
Da lugar a una nulidad relativa
de lo Da lugar a una nulidad absoluta
del acto.
normado por
la ley
Ley aplicable Ley del domicilio de la persona
Ley territorial
del incapaz (art. 6 CCCN)
De esta forma finalizamos la segunda lectura, espero que les haya resultado sumamente
enriquecedora.
Los espero en la próxima lectura, les recomiendo que aborden el material de estudio dispuesto
en el espacio de bibliografía obligatoria dentro de la plataforma, como así también los video temáticos
propuestos.
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Anexo I
Régimen legal del nombre.
Apellido de los hijos.
Es importante señalar que el apellido, nombre familiar o patronímico es la designación común a todos los miembros
de una misma genealogía, que, unido al prenombre, identifica a la persona física y conforma su nombre propiamente
dicho. Así, el apellido designa el grupo familiar, pues cada individuo lleva el que le corresponde en razón de su
parentesco.
El artículo 64 del CCCN prevé que
el hijo matrimonial lleva el primer apellido de alguno de los cónyuges; en caso de no haber acuerdo, se determina por
sorteo realizado en el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas. A pedido de los padres, o del interesado
con edad y madurez suficiente, se puede agregar el apellido del otro.
Asimismo, dispone que, en caso de que un mismo matrimonio tuviera más hijos, todos deberán llevar el que se haya
decidido para el primero.
Ahora bien, en el caso del “hijo extramatrimonial con un solo vínculo filial [este] lleva el apellido de ese progenitor. Si
la filiación de ambos padres se determina simultáneamente”26, se sigue la regla establecida para los hijos
matrimoniales en cuanto a que llevarán el primer apellido de alguno de los cónyuges.
Si la segunda filiación se determina después, los padres deberán acordar el orden de los apellidos. A falta de acuerdo,
este será determinado por el juez según el interés superior del niño.
Para el supuesto de la persona menor de edad sin filiación determinada, se establece que “debe ser anotada por el
oficial del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas con el apellido que está usando, o en su defecto, con
un apellido común”. O bien, si la persona tiene edad y grado de madurez suficiente, puede solicitar la inscripción del
apellido que esté usando.
Apellido de los cónyuges. Por otro lado, en relación con el apellido de los cónyuges, el artículo 67 dispone:
Cualquiera de los cónyuges puede optar por usar el apellido del otro, con la preposición “de” o sin ella.
La persona divorciada o cuyo matrimonio ha sido declarado nulo no puede usar el apellido del otro cónyuge, excepto
que, por motivos razonables, el juez la autorice a conservarlo.
El cónyuge viudo puede seguir usando el apellido del otro cónyuge mientras no contraiga nuevas nupcias, ni constituya
unión convivencial.
Como se advierte, en materia de apellido y matrimonio, el Código posibilita que cualquiera de sus integrantes pueda
utilizar el apellido del otro con o sin la preposición de.
Ahora bien, en el caso de una persona divorciada o de nulidad del matrimonio, la regla prohíbe de empleo del apellido
y, solo de mediar fundamentos sensatos, el juez puede acordar su conservación.
En cuanto al viudo, este puede seguir usando el apellido del otro cónyuge mientras no contraiga nuevas nupcias ni
constituya unión convivencial.
Cambio del prenombre y del apellido
Los artículos 69 y 70 del Código Civil y Comercial receptan la posibilidad del cambio del prenombre y del apellido solo
si se presentan razones legítimas, a criterio del juez. Al respecto, el artículo 69 formula una enunciación de los motivos
justos: a) cuando el seudónimo hubiese adquirido notoriedad; b) por “la raigambre cultural, étnica o religiosa”; c) por
“la afectación de la personalidad de la persona interesada, cualquiera sea su causa, siempre que se encuentre
acreditada”.
Así, para lograr el cambio del nombre o del prenombre, se precisa la intervención del Poder Judicial y esa es la regla,
con excepción de los dos supuestos contemplados en el último párrafo del artículo.
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En tales casos, no se requiere la intervención judicial y se consideran justos motivos cuando se pretende “el cambio
del prenombre por razón de identidad de género y el cambio de prenombre y apellido por haber sido víctima de
desaparición forzada, apropiación ilegal o alteración o supresión del estado civil o de la identidad”.
El cambio de nombre tramitará “por el proceso más abreviado que prevea la ley local, con intervención del Ministerio
Público... [y debe] publicarse en el diario oficial una vez por mes, en el lapso de dos meses”, a fin de que presenten las
oposiciones y se soliciten informes respecto de las medidas precautorias que existieren con relación al interesado.
Una vez inscrita en el Registro de Estado Civil y Capacidad de las Personas, será oponible a terceros.
Acciones de protección
Art. 71. Acciones de protección del nombre. Puede ejercer acciones en defensa de su nombre:
a) aquel a quien le es desconocido el uso de su nombre, para que le sea reconocido y se prohíba toda futura
impugnación por quien lo niega; se debe ordenar la publicación de la sentencia a costa del demandado;
b) aquel cuyo nombre es indebidamente usado por otro, para que cese en ese uso;
c) aquel cuyo nombre es usado para la designación de cosas o personajes de fantasía, si ello le causa perjuicio material
o moral, para que cese el uso.
En todos los casos puede demandarse la reparación de los daños y el juez puede disponer la publicación de la sentencia.
Las acciones pueden ser ejercidas exclusivamente por el interesado; si ha fallecido, por sus descendientes, cónyuge o
conviviente, y a falta de éstos, por los ascendientes o hermanos.34
Así, las acciones para proteger el nombre son tres:
La acción de reclamación o de reconocimiento del nombre: se requiere que el demandado haya desconocido el derecho
de usar el nombre por parte del sujeto afectado, por lo que el juez debe ordenar la publicación de sentencia a costa
del demandado.
* La acción de impugnación o de usurpación del nombre: se requiere que el demandado use en forma indebida el
nombre de otra persona. El efecto propio de la sentencia es el cese de dicho uso indebido.
* La acción de supresión del nombre: debe mediar un uso inadecuado por parte del demandado del nombre de otra
persona para individualizar una cosa o un personaje de fantasía y dicho uso provoca un perjuicio material o moral. La
resolución de la sentencia es la suspensión de dicho empleo.
*Por último, y en orden a quiénes pueden interponer estas acciones, se establece que el titular exclusivo es el
interesado y, si este ha fallecido, podrá ser ejercida por sus descendientes, por su cónyuge o conviviente o, a falta de
estos, por los ascendientes o hermanos.
Seudónimo
En cuanto al seudónimo, el artículo 72 contempla que “el seudónimo notorio goza de la tutela del nombre”35.
El seudónimo es la designación, diferente del nombre verdadero, que una persona voluntariamente se da a sí misma,
en el desarrollo de alguna actividad específica cultural, artística, comercial o profesional, sea con el objeto de ocultar
su verdadera identidad o para darle realce en el ejercicio de esa ocupación. Puede formarse con un nombre y apellido,
con un prenombre o con una designación de fantasía.
Como el seudónimo notorio goza de la tutela del nombre, el titular podrá interponer las acciones previstas para
proteger el nombre, es decir, las previstas en el artículo 71.
Asimismo, el artículo 69 admite el cambio de nombre cuando existan justos motivos, según el criterio del juez, y el
inciso dispone que se considera como tal al supuesto en que el seudónimo hubiese adquirido notoriedad.
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