Apreciados espero tengan un feliz inicio de semana.
- Para nuestra clase de mañana martes 9 de abril, todos los compañeros que faltan por
exponer, tendrán 10 minutos cada uno, y al final de todos, se harán las intervenciones,
para que nos alcance el tiempo.
(Tendremos un delegado de grupo para llevar el tiempo. Espero postulaciones)
- Recuerden que mañana según cronograma finalizamos la unidad 1,
Además, todos los compañeros deberán entregar para ese día el artículo o ensayo
solicitado. (Es fundamental que estos trabajos sigan la estructura normativa de un
artículo arbitrado o de un ensayo.)
Recuerden lo anteriormente dicho: Entendiendo que estos artículos o ensayos, deben ser
análisis profundos del objeto de estudio (el patrimonio seleccionado por cada uno de
ustedes).
Les invito a explorar el proceso de selección de este patrimonio cultural y/o artístico
específico.
Algunos aspectos importantes a considerar son:
Historia del patrimonio: ¿De dónde proviene? ¿Cómo se ha formado a lo largo del
tiempo?
Alcance y naturaleza: ¿Qué abarca este patrimonio? ¿Cuál es su relevancia?
Ente de adscripción: ¿Quién es responsable de su cuidado y preservación?
Construcción y características: ¿Quién lo creó? ¿Cuándo? ¿Cuáles son sus
componentes?
Criterios de selección: ¿Por qué eligió este patrimonio en particular?
Valor cultural, social, ambiental y económico: ¿Qué significado tiene para la comunidad
y la sociedad en general?
Recuerden que este trabajo es una oportunidad para profundizar en el conocimiento y
apreciación de nuestro patrimonio.
La Legión de María (en latín : Legio Mariae , abreviatura posnominal L.OM ) es una
asociación internacional de miembros de la Iglesia católica que la sirven de forma
voluntaria. Fue fundado en Dublín, como un movimiento católico mariano por el laico
y funcionario Frank Duff.[1] .
Hoy en día, los miembros activos y auxiliares (en oración) suman un total de más de 10
millones de miembros en todo el mundo, lo que la convierte en la organización
apostólica de laicos más grande de la Iglesia católica.
El principal apostolado de la Legión son las actividades dirigidas a católicos y no
católicos animándoles en su fe o invitándolos a convertirse en católicos. Esto
generalmente se hace animándolos en oración, asistiendo a misa y aprendiendo más
sobre la fe católica. Los miembros de la Legión se dedican principalmente a la
realización de obras espirituales de misericordia, más que a obras de ayuda material.
Monaguillo (del sustantivo en desuso mónago, del latín eclesiástico: monăchus, monje,
con el diminutivo -illo), también monacillo, con el sentido de pequeños clérigos. Es el
nombre dado a quienes ayudan en la liturgia católica, especialmente durante el servicio
de la misa. Generalmente se aplica a niños, pero puede referirse a adultos o a mujeres.
Desde la mitad del siglo xx, se prefiere referirse a los mismos como acólitos, reservando
el uso de monaguillo para los ministros extraordinarios, es decir quienes no han sido
nombrados solemnemente.
Sus funciones son:
Atender al servicio del altar, llevando al ministro el misal, los cálices o la patena.
Prestar su servicio en las diversas procesiones, por ejemplo, portando la cruz, los cirios,
el incensario o el evangeliario.
Atender en el ofertorio a la recogida de los dones.
Coros Parroquiales
El canto forma parte de la liturgia como Ministerio de Alabanza y los miembros del
coro, como ministros, son cauces de la gracia, con una doble misión:
Glorificar a Dios
Ayudar a los hermanos a entrar en el Misterio, ser instrumentos para la evangelización y
santificación de los fieles.
Cantar en la liturgia es provocar la Fe. El canto nos permite orar de un modo nuevo…
La Palabra de Dios cantada va impregnando el espíritu y eleva el alma del cantor
ayudándole a entrar en sintonía con su Creador, al tiempo que produce frutos de
fraternidad entre todos los hermanos al compartir una experiencia tan gozosa que es
vínculo de comunión y símbolo de unidad. El canto permite: proclamar, aclamar,
meditar, alabar e invocar. Con la ayuda de la melodía, el mensaje cala profundamente en
nuestro interior y provoca en nosotros el deseo de compartir ese gozo que es don de
Dios. La letra del canto es esencial, debe ser eminentemente bíblica, basado en los
salmos y en las lecturas de la Palabra de Dios. Por estar al servicio de la liturgia, no se
puede cantar cualquier cosa, ni de cualquier manera. Pertenecer al coro es asumir el
compromiso de estar al servicio de este Ministerio y como tal preocuparse por acudir al
ensayo semanal que prepara la misa dominical.
En nuestra parroquia se han constituido por gracia de Dios dos coros que participan
activamente en las misas dominicales de 11,30 y 13 horas.
Los miembros del coro sintiéndose profundamente agradecidos por el don recibido
deben acudir puntualmente al ensayo semanal y comenzarlo todos juntos con la Oración
de ofrecimiento del canto, agradecimiento del don, recordatorio de su misión,
invocación del Espíritu y oración de intercesión que refuerza sus lazos de común unión.
Pertenecer al coro es buscar la gloria de Dios, poniendo al servicio de la liturgia y de la
comunidad parroquial, los dones que de Él hemos recibido y sabiendo que sólo somos
humildes instrumentos para acercar las almas a Dios. La música es una parte integral de
toda celebración litúrgica en San Juan de la Cruz . Siempre estamos buscando personas
que puedan poner al servicio del Señor y de los hermanos sus talentos musicales.
Coro de niños
Entre 20 y 30 niños forman el coro infantil que canta los domingos en la eucaristía de
las 11:30.
Si quieres que tus hijos formen parte del coro bien por su voz o por conocer algún
instrumento musical, rellena el formulario o comunicalo en el despacho parroquial.
Su objetivo principal es:
Evangelizar y sentirnos evangelizados a través del canto de la Liturgia de la Iglesia por
medio de la música.
Su objetivo concreto es:
Participar en las Eucaristías dominicales, en las solemnidades, y en todas aquellas
celebraciones eucarísticas que se nos solicite.
La Cáritas Parroquial es el organismo pastoral que tiene la responsabilidad de animar,
promover y coordinar el testimonio de la caridad en la comunidad cristiana. Guiados por
el Párroco, forman Equipos de Cáritas Parroquial para animar y coordinar la Pastoral de
la Caridad en su feligresía o territorio.
Las personas que integran una Cáritas Parroquial son voluntarias que de manera
desinteresada y desde su compromiso de fe se sienten vocacionados a vivir y desarrollas
la acción caritativa y social de la Iglesia que se lleva a cabo desde el seno de la
Parroquia, como una vía de evangelizar a los más desfavorecidos.
Algunas de las acciones que lleva adelante una Cáritas Parroquial son:
• Acogida y acompañamiento, como seña que identifica a una Cáritas Parroquial y pone
de manifiesto que el centro de toda su acción es la persona.
• Promueve en la comunidad la espiritualidad de la caridad, espiritualidad de la
cercanía, del compromiso con los pobres que hunde su raíz en la persona de Jesús, en el
Reino de justicia y de amor que Él anuncia.
• Anima a toda la comunidad parroquial y la sensibiliza sobre la realidad de la pobreza.
• La formación de la comunidad cristiana y, especialmente, de los responsables de la
acción socio-caritativa de la Parroquia para que puedan desarrollar su actividad como
voluntarias/os cualificados, comprometidos y formados.
• La promoción de actuaciones coherentes y significativas que tratan de dar respuesta a
las necesidades de las personas con necesidad, acciones que se traducen en proyectos y
en la ayuda de necesidades básicas.
• El ejercicio de la comunicación cristiana de bienes, entendida como la responsabilidad
que tiene la comunidad cristiana entera de compartir con los más pobres.
• Coordinación con el resto de las Cáritas Parroquiales y con los servicios generales de
Cáritas como un estilo de trabajo organizado que permita ofrecer servicios mucho más
cualificados y socializados.
Partiendo de la Doctrina Social de la Iglesia, la misión de las Cáritas Parroquiales
asumen el desarrollo humano integral y solidario como la mejor forma de integración
social.
El Consejo Pastoral consiste de feligreses con los que el párroco consulta por su
conocimiento, competencia y cualidades de liderazgo. Por medio de estos feligreses, el
párroco averigua las necesidades y los deseos de la parroquia.
Requisito. El Código de Derecho Canónico declara que un Consejo Pastoral “se
constituirá en cada parroquia” a juicio del Obispo diocesano “si es oportuno” (c. 536
§1).
Respectivamente, el Obispo de Little Rock ha decidido que en cada parroquia se
constituirá un Consejo Parroquial. Por lo tanto, elegir no tener un Consejo Pastoral no
es
una opción para la parroquia ni para el Párroco/Administrador.
1.2 Propósito: Salvo que se establezca de otra manera en estas Normas, cada
parroquia/misión en la Diócesis de Little Rock tendrá un Consejo Pastoral, cuyo
propósito es ayudar al Párroco/Administrador en su misión de liderazgo, planificación,
organización, iniciación, promoción, coordinación y revisión de los objetivos pastorales
más amplios de la parroquia/misión.
1.3 Responsabilidades y Objetivos
1.3.a Evaluar las necesidades de la parroquia y sus feligreses, y asesorar al
Párroco/Administrador sobre esas necesidades. Aunque las necesidades de la
parroquia pueden incluir decisiones relacionadas con cuestiones de personal, en
general el Consejo no debe ser consultado sobre asuntos directamente
relacionados con decisiones de personal, lo cual corresponde únicamente al
Párroco/Administrador.
Fomentar la unidad y un sentido de comunidad en la parroquia.
Coordinar todas las actividades parroquiales según convenga mejor para los
intereses de la parroquia, especialmente en cumplimiento con el propósito del
Consejo Pastoral.
Asesorar al Párroco/Administrador y ayudarlo a guiar a la parroquia/misión en
varios aspectos de la vida parroquial, incluyendo: la liturgia; formación en la fe
para adultos y jóvenes; obras caritativas y ayuda comunitaria; corresponsabilidad;
comunión; y la vida parroquial en general.
Promover programas y actividades recomendadas por el Obispo, oficinas
diocesanas, y agencias y organizaciones afiliadas, al igual que por el Consejo
Pastoral.
2. MEMBRESÍA
2.1 Habrá por lo menos (3) y no más de doce (12) miembros en el Consejo Pastoral. El
Párroco/Administrador no es un miembro del Consejo pero preside sobre él, y por lo
tanto él no cuenta como parte del número de miembros en un Consejo.
2.2 Los Estatutos del Consejo Pastoral establecen la selección de miembros del Consejo
de la
siguiente manera: (1) por nombramiento del Párroco/Administrador; (2) por elección
entre los miembros de la parroquia/misión; o (3) alguna combinación de #1 y # 2.
2.3 Si los Estatutos del Consejo Pastoral establecen que algunos miembros sean
seleccionados por elección, corresponde al Párroco/Administrador nominar a personas
para la elección y/o aprobar a cualquier feligrés que se nomine a sí mismo para la
elección, con la aportación del Consejo y de otros en la comunidad parroquial. Un
Párroco/Administrador debe asegurarse siempre de que haya más de una persona
nominada para el puesto vacante por elección.
1. ¿Por qué un Consejo Pastoral? Una práctica o técnica que el Consejo Pastoral de la
parroquia debe utilizar es de contestar dos preguntas básicas: primeramente, ¿en qué
beneficia al párroco tener un Consejo Pastoral? Segundo, ¿Qué lograrán los feligreses al
servir en un Consejo? Los párrocos establecen un Consejo buscando un valor práctico,
sabio y prudente sobre los asuntos pastorales. Los feligreses desean ponerse al servicio
del párroco y la comunidad parroquial. Los miembros del Consejo tendrán la
satisfacción de hacer tareas importantes y, a la vez, contribuir al bienestar de la Iglesia.
Sirviendo en un Consejo Pastoral les brinda esta oportunidad. Sin embargo, la tarea de
sólo dar consultas no es suficiente. El Consejo Pastoral es útil sólo a la medida en que el
párroco acepte e implemente sus recomendaciones. Un Consejo logra la meta de la
Iglesia cuando sus recomendaciones son tan sabias y efectivas que el párroco las acepta
y las implementa. El carácter eclesial de “sínodo”, solicitado por el Papa Francisco, es
la forma en que existe el escuchar mutuo y la corresponsabilidad, es afirmado y
manifestado por la existencia del Consejo Pastoral. 1 Los obispos en todo el país
(Estados Unidos) apoyan con mucho énfasis los Consejos Pastorales. La mayoría de las
diócesis anima a que se establezcan y los apoyan los oficiales curiales. 2 El Arzobispo
de Los Ángeles respalda el establecimiento de los Consejos como un efectivo medio
para compartir la responsabilidad entre el Pueblo de Dios y a la vez les pide a los
párrocos que establezcan un Consejo en cada parroquia. En la Arquidiócesis de Los
Ángeles se publicaron los primeros guías para los Consejos parroquiales en 1976. Con
la publicación del Derecho Canónico de 1983, se empezó a nombrar a los Consejos
parroquiales “pastorales”, con referencia al canon 536. 3 El Decreto sobre los Obispos
del Concilio Vaticano II, Christus Dominus, recomendó que se establecieran Consejos
Pastorales a nivel diocesano. 4 En el Decreto sobre el Apostolado de los Laicos,
Apostolicam Actuositatem, también recomendó el establecimiento de Consejos a nivel
parroquial para apoyar a los ministerios parroquiales, 5 pero no especificó Consejos
“pastorales”. El guía actual seguirá el modelo del Consejo Pastoral, tal como es
presentado en el Canon 536 y el Decreto sobre los Obispos.
Naturaleza y Base del Consejo Pastoral La consulta es una tradición de larga duración
en la Iglesia. Los Consejos hoy en día reflejan una clara comprensión de la
participación, la comunión, los dones y la consulta, conceptos enraizados en los
orígenes de la Cristiandad. El Concilio Vaticano II formalizó la consulta al nivel
parroquial por haber recomendado que los Consejos tuvieran un enfoque especial. Los
Consejos Pastorales investigan aquellos asuntos que pertenecen al trabajo de los
párrocos; reflexionan sobre ellos y proponen conclusiones prácticas. 6 Esta enseñanza
del Concilio Vaticano II fue nuevamente reforzada en el Código del Derecho Canónico
del 1983. 7 Los documentos oficiales de la Iglesia también ofrecen una descripción de
la membresía del Consejo. El Consejo Pastoral consiste de feligreses con los que el
párroco consulta por su conocimiento, competencia y cualidades de liderazgo. Por
medio de estos feligreses, el párroco averigua las necesidades y los deseos de la
parroquia. 8 El párroco consulta al Consejo Pastoral para conocer mejor a sus feligreses.
9 Los miembros del Consejo contribuyen por su estudio y reflexión de los asuntos
pastorales para recomendar soluciones efectivas. Ellos pueden aportar una sabiduría
práctica diferente del conocimiento que tiene el personal parroquial. Los miembros del
Consejo son escogidos por esta sabiduría, la cual comparten con el párroco. La Iglesia
ha hecho varias declaraciones con respeto al propósito de los Consejos. El objetivo del
Consejo es facilitar el acoplamiento de la vida y actividad de la Iglesia cada vez más al
evangelio.10 Los miembros del Consejo ofrecen recomendaciones sabias para que el
párroco pueda planear y efectivamente realizar sistemáticamente el programa pastoral.
La palabra “pastoral” no simplemente se refiere a los temas que el Consejo estudia, es
decir, son “asuntos pastorales”. Más bien, proviene del oficio del pastor. El Consejo
estudia los asuntos pastorales porque el párroco, como líder de la parroquia, pide la
ayuda del Consejo. Él inicia y establece el Consejo. Él convoca sus reuniones. Él
preside sobre ellos como uno que ama a su pueblo y busca su mayor bien. 11
3. Propósito y Función El Consejo pastoral tiene sus raíces en la antigüedad cristiana y
en los conceptos de colaboración, carisma y la parroquia como la iglesia local. 12 Sin
embargo, es una nueva creación del Concilio Vaticano II, y su función es participar en la
planificación pastoral. Los consejos ayudan a los pastores a planificar el programa
pastoral de la parroquia. La planificación pastoral es el término clave que representa los
tres propósitos: la examinación, la reflexión y la recomendación. 13 La primera tarea
del Consejo Pastoral es de examinar los asuntos que el párroco les exponga. Éstos
pueden ser cualquier asunto que pertenece al trabajo del párroco, incluso el bienestar de
la comunidad, las necesidades de la parroquia y los temas que necesitarán atención en el
futuro. El Consejo Pastoral puede ayudar a identificar estos asuntos y, a la invitación de
párroco, estudiarlos completamente. El principio de que el párroco consulta no significa
que los miembros del consejo no puedan expresar sus propias preocupaciones. Aunque
el párroco es el que consulta, los miembros del consejo deben tener la libertad de
expresar sus propias opiniones. La próxima tarea del Consejo es de considerar los
asuntos que ya han examinado, mirando más allá de los datos y números para discernir
su significado y sus implicaciones en el futuro. ¿Qué revelan los datos y números sobre
la fe de la parroquia? ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades? ¿Qué problemas asoman
en el horizonte? Cuando el Consejo se pone a considerar un asunto, busca entender
cómo está Dios presente en la situación. Se pone a discernir de qué manera está Dios
invitando a la comunidad a actuar. Finalmente, una vez que el Consejo ha examinado y
reflexionado la situación, tiene que llegar a una decisión. Así le recomienda al párroco
lo que el Consejo cree que él debe hacer. El Consejo declara, no tanto lo que es mejor en
general para todas las parroquias, sino, lo que es mejor para esta parroquia en particular.
La meta es mantener la parroquia en conformidad al evangelio. La palabra que mejor
describe el trabajo del Consejo Pastoral es planificar. Planificación es un término amplio
con una gama de significados. Los párrocos pueden consultar con el Consejo sobre un
asunto singular o invitar a los miembros que se pongan a desarrollar un plan amplio. 14
La planificación pastoral se puede realizar de varias maneras, y la Iglesia no quiere
impedir la libertad del párroco para que consulte de la manera que él vea favorable. Los
presbíteros de la Arquidiócesis de Los Ángeles han respaldado e iniciado la
planificación.
Sacristán
Para otros usos de este término, véase Sacristán (desambiguación).
Sacristán.
Un sacristán es la persona (laica o religiosa) que se encuentra a cargo de la sacristía y
de la custodia de los objetos sagrados que contiene; asiste al sacerdote en las labores de
cuidado y limpieza de la iglesia y es, además, el encargado de preparar todo lo necesario
para la celebración de la misa.1
Historia[editar]
En la antigüedad muchas de las funciones del sacristán fueron realizadas por los ostiarii,
posteriormente por los mansionarii y los tesoreros. Los Decretos de Gregorio IX2
hablan del sacristán como si tuviera una oficina adjunta a la honorable, y afirman que su
deber era el de cuidar los vasos, ornamentos y luces sagradas. Hoy en día el sacristán
puede ser elegido o designado directamente. El Cæremoniale Episcoporum prescribió
que en catedrales y colegiatas, el sacristán debía ser un sacerdote, describiendo sus
funciones en lo que respecta a la sacristía, a la eucaristía, a la pila bautismal,
los crismas, la decoración de la iglesia, el mantenimiento del orden dentro de la misma,
la preparación de las ceremonias, el repique de las campanas de la iglesia, la
distribución de los feligreses, y por último, se sugirió que se nombrara a uno o
dos canónigos que supervisaran la labor del sacristán y sus asistentes.
Entre sus funciones destaca las de abrir y cerrar la iglesia, tocar las campanas, preparar
los objetos sagrados necesarios para la celebración litúrgica (cáliz, patena,
corporales…), así como velas, incienso, etc.
Además, “tiene que estar un poco pendiente del orden y la limpieza de la sacristía,
colocando las ropas litúrgicas y cuidando de que estén en buenas condiciones”, señala.
destacan su disponibilidad y vocación de servicio, que trabaja cuando los demás
descansan, que debe ser paciente y humilde y con capacidad de adaptación al párroco y
los sacerdotes. Es importante que preste atención a los detalles, que conozca el
vocabulario y la práctica de la liturgia, incluidas las tablas de precedencias entre
celebraciones que tienen sus categorías; por ejemplo si la festividad de San José cae en
domingo de Cuaresma, la celebración se desplaza al siguiente lunes posible.
RELIGIOSO O LAICO
El sacristán puede ser un sujeto religioso o laico. Además de tener la sacristía a su cargo
y de custodiar los elementos sagrados, su función es disponer los elementos que se
necesitan para celebrar la misa.
El sacristán colabora con el sacerdote en la limpieza y la organización de la sacristía.
Tiempo atrás, el sacristán guardaba y vigilaba los libros sagrados, las vestiduras y otros
objetos. Hoy ese tipo de dignidad eclesiástica se mantiene en órdenes militares y en
ciertas catedrales.
Casi todas las funciones que hoy en día realizan los sacristanes dependían de los
denominados ostiarii, y más adelante de los mansionarii. De acuerdo con los Decretos
del papa Gregorio IX, quien ocupó el cargo entre 1227 y 1241, los sacristantes parecían
contar con una oficina próxima a la suya, y tener la obligación de cuidar los
ornamentos, las luces y los vasos.
¿Qué es lo que hace el sacristán?
Es el primerro en llegar y el último en irse de la iglesia, pero ¿Qué hace mientras está
allí?
Por: Alejandra María Sosa Elízaga | Fuente: Siame.mx
Todo está oscuro y en silencio. Todavía no ha llegado la gente. Se oyen unos pasos que
se acercan. Se abre la puerta de la iglesia. Es el sacristán que llega a prepararlo todo,
tempranito, como siempre.
Lo primero que suele hacer al llegar es orar. Encomendar su jornada al Señor.
Luego realiza las tareas más diversas. Coloca y prende las velas del altar, pone o quita
los floreros, prepara en la credenza el Misal y lo que se utilizará en la celebración,
instala y prende el micrófono, pone el Leccionario en el ambón y lo deja listo en donde
corresponde; pone en el atril la hojita de las peticiones; prepara las vestiduras del
sacerdote según el color que corresponde.
También sabe qué se necesita cuando hay Bautismos, Matrimonios, Primeras
Comuniones, y celebraciones especiales, como por ejemplo en Semana Santa,.en las que
hay que cuidar muchísimos detalles.
Y si hace falta, tiene la humildad de realizar lo que se necesite. Se acomide a barrer; a
recoger y ordenar las hojitas de Misa que deja la gente olvidadas; a apagar y quitar las
veladoras gastadas; a sacudir bancas y reclinatorios, y hasta a despegar chicles que
algunos maleducados rumiantes dejaron pegados en la parte de abajo de sus asientos.
Cuando llega el celebrante, lo ayuda a revestirse. Y durante la celebración, se mantiene
atento, por si le toca sostenerle el libro, ayudarlo en algo o resolver algún imprevisto,
como cambiar a toda prisa la pila al micrófono, ir corriendo a traer algo que hace falta,
ajustar el equipo de sonido o de iluminación. Y quién sabe cómo se las ingenia, pero
siempre encuentra la solución.
El sacristán sabe dónde está todo, en qué mueble, en qué estante, junto a qué o debajo
de qué; conoce cada rincón de la sacristía como la palma de su mano. Entiende lo que es
un ‘acetre’, un ‘turiferario’, una ‘píxide’, un ‘corporal’, nombres que la mayoría de la
gente desconoce porque suele usar otros (como el ‘casito’ de agua bendita, el ‘chunche’
del incienso, el copón, el mantelito almidonado…).
Llega a tener tal compenetración con su párroco, que basta que éste le haga un ligero
gesto, una mirada, una pequeña inclinación de cabeza, y capta al instante lo que necesita
y se apresura a traérselo. Parecería que le leyera el pensamiento. Y si trabaja en una
iglesia en la que hay varios sacerdotes, asume sin chistar el reto constante de adaptarse a
lo que pide cada uno para tener siempre listo lo que pueda solicitarle.
Otra gran virtud del sacristán es la paciencia, que ejerce constantemente para tratar con
afabilidad a toda la gente, que no siempre es amable ni prudente.
Cuando termina la Misa, los feligreses y el padre se van, pero el sacristán se queda, y va
y viene, va y viene, atareado, regresando a la sacristía lo empleado en la celebración. Lo
guarda todo, y deja preparado lo que se utilizará al día siguiente. Extingue la llama de
las velas. Cierra las ventanas. Verifica que no quede nadie. Echa un último vistazo para
asegurarse de dejar las cosas en orden; hace una breve oración para agradecerle su
jornada a Jesús, y apaga la luz.
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Todo queda oscuro y en silencio. Ya se ha ido toda la gente. Se oyen unos pasos que se
alejan. Se cierra la puerta de la iglesia. Es el sacristán que se va a descansar, tarde, como
siempre.
Recuadro
Pregunté a un sacristán qué era lo que más le gustaba de su oficio. Sin pensarlo dos
veces respondió algo muy bello: “Poder servir a Dios y a mis hermanos”. Qué pena que
esos hermanos a los que sirve, o sea nosotros, no siempre apreciemos o agradezcamos
su abnegada labor. Los sacristanes no suelen recibir de los fieles atenciones,
felicitaciones. Alguno comentó entristecido: ‘nadie nos toma en cuenta’. ¡Es hora de
hacerles saber que valoramos su entrega!
Va desde aquí un agradecido abrazo a Miguel Ángel, de la rectoría de san
Buenaventura; a Francisco Javier, Jorge, Juan y Gabriel, de la parroquia de san Agustín
de las Cuevas; y a todos los sacristanes de todas las capillas, rectorías y parroquias que
conocemos. Procurémoslos, y oremos diario por ellos.
Encomendémoslos a san Abundio de Roma, santo sacristán de la Basílica de san Pedro,
a quien la Iglesia celebra cada 15 de abril. Y va con ello una propuesta: que en esa fecha
se instituya el ‘Día del Sacristán’, para expresarles nuestro reconocimiento y gratitud y
festejarlos.
Por lo pronto, en tu nombre y en el mío, digámosles: ¡Gracias! ¡Que Dios recompense
su valioso servicio, y los siga colmando de dones y bendiciones!
Destacar la parroquia y sus distintos grupos pastorales como tipos de bienes culturales y
artísticos para su gestión tiene varias razones fundamentales:
1. Preservación del Patrimonio Cultural Religioso: La parroquia, junto con sus
diversos grupos pastorales y actividades, representa un valioso patrimonio
cultural religioso. Estos espacios y actividades están imbuidos de tradiciones,
prácticas litúrgicas, expresiones artísticas y valores espirituales que se han
transmitido a lo largo del tiempo. Preservar este patrimonio es fundamental para
mantener viva la historia y la identidad de la comunidad religiosa.
2. Fomento de la Participación Comunitaria: La parroquia y sus grupos
pastorales son centros vitales de participación comunitaria. Al involucrar a los
fieles en actividades culturales y artísticas relacionadas con la fe, se promueve
un sentido de pertenencia y colaboración dentro de la comunidad. Esto fortalece
los lazos sociales y contribuye al desarrollo humano integral de los miembros de
la parroquia.
3. Promoción de la Expresión Artística y Creativa: Los grupos pastorales, como
coros, catequistas, monaguillos, entre otros, ofrecen oportunidades para la
expresión artística y creativa en el contexto religioso. La música sacra, el arte
litúrgico, las representaciones teatrales y otras manifestaciones culturales
asociadas con la fe son formas importantes de expresión que enriquecen la
experiencia espiritual de los fieles y agregan belleza a las celebraciones
religiosas.
4. Gestión Sostenible de Recursos: Al considerar a la parroquia y sus grupos
como bienes culturales y artísticos, se fomenta una gestión más consciente y
sostenible de los recursos materiales y humanos disponibles. Esto implica cuidar
y mantener edificaciones históricas, objetos litúrgicos y obras de arte religioso,
así como apoyar el talento y la creatividad de los miembros de la comunidad en
la producción cultural y artística.
5. Promoción del Turismo Religioso y Cultural: Las parroquias y sus actividades
pastorales pueden ser atractivos destinos para el turismo religioso y cultural. La
promoción adecuada de estos recursos culturales puede contribuir al desarrollo
económico local y regional, al tiempo que se difunden valores espirituales y
artísticos a un público más amplio.
En resumen, destacar la parroquia y sus grupos pastorales como bienes culturales y
artísticos para su gestión permite valorar y proteger el rico patrimonio espiritual y
cultural de la comunidad religiosa, promoviendo la participación comunitaria, la
creatividad artística y una gestión responsable de los recursos disponibles. Esto no solo
fortalece la vida eclesial, sino que también enriquece la experiencia espiritual y cultural
de quienes participan en estas expresiones de fe.