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Ortiz, Juan L - El Agua y La Noche

Este documento contiene varios poemas cortos sobre temas relacionados con la naturaleza y la introspección. Los poemas describen paisajes rurales, momentos de la noche y la tarde, y sentimientos de paz y melancolía.
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Ortiz, Juan L - El Agua y La Noche

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Mirado anochecer

Tras de la lejanía de las quintas ya obscuras


el sol es ahora sólo un recuerdo rosado .

Dos vacas me\ancó\icas parece que viniesen


del ocaso con toda su morosa nostalgia.

Y por oriente otras, blancas, con recentales,


en la luz ideal que casi \as azula.

Balidos. Las ch icharras cantan . - Aunque tú eres,


me hubiera yo quedado un rato más aquí.

( 1924)

9
¡Qué bien estoy aquí...!

¡Qué bien estoy aquí,


a lo largo tendido
del «perezoso», al lado de tu sueño:
tu blancura, otro quieto resplandor bajo la luna!

Las estrellas están


dulcemente solemnes
en un encantamiento de ojos lentos,
y el cielo dice un gris apenas azulado.

La noche murmura como una arboleda


invisible.
Música de grillos,
sutilmente agria,

tan numerosa que es urdimbre tenue .

Un pájaro canta:

¡oh, agua del escondido río


que gorgotea en la noche ,

soledad cri 5t alina corrida de frescores!


¡Cómo estará el río!

10
sombra obscura de sauces sobre el agua argentada,
quieta como otro cielo engastado y más íntimo,
un rumor que es apenas en follajes azules,
y el canto del cachi\o que al paisaje confía

un delgado secreto de brisa y de agua insomnes.

11
Domingo

El sol y el viento, solos, sobre el pueblo .


Alegría de cal, de callejones últimos

entre un pudor de ramas,


por donde mis paseados, lentos días
salían a suaves campos.
Vecino era del agua y de la luz.

Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas,


gracia viva del aire y los reflejos
bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.

12

mes
¡Oh, vivir aquí!

¡Oh, vivir aquí,


en esta casita,
tan a orilla del agua,
entre esos sauces como colgaduras fantásticas
y esos ceibos enormes todos rojos de flores!

Una penumbra verde la funde en la arboleda.


Así fuera una vida dulcemente perdida
en tanta gracia de agua, de árbol, flor y pájaro,·
de modo que ya nunca tuviese voz humana
y se expresase ella por sólo melodías
íntimas de corrientes, de follajes, de aromas,
de color, de gorjeos transparentes y libres ...

13
Señor

He sido, tal vez, una rama de árbot


,
una sombra de pájaro,
el refleja de un río ...

Señor,
esta mañana tengo
los párpados frescos como hojas,
las pupilas tan limpias como de agua,
un cristal en la voz como de pájaro,
la piel toda mojada de rocío,
y en las venas,
en vez de sangre,
una dulce corriente vegetal.

Señor,
esta mañana tengo
los párpados iguales que hojas nuevas,
y temblorosa de oros,

abierta y pura como el cielo el alma.

14
¡Qué bien extraño el otoño!. ..

¡Qué bien extra~o

el otoñol

una tristeza que es como un suspiro

de nostalgia infinita.

Una absorta congoja de recuerdos sin nombre.


Una desolación
flotante .

¡Qué bien extraño


el otoñal

Vaga e\ alma perdida en su melancolía


como en el sueño
íntimo y lejano
de una melodía
que \\ora.

¡Qué bien extraño


el otoñal

15

h
Iba la felicidad

Iba la felicidad
en cuatro remos volando
en el cielo del río
hacia el fondo de la tarde.

La felicidad buscaba

el secreto de la tarde,
y no podía encontrarlo,

pues su misterio huía


cada vez más, de tan diáfano .

... Y no podía encontrarlo.

Pero cantó, y el sensible


cristal íntimo se hirió:

el canto había encontrado


el secreto de la tarde.

A cuatro remos venía

la felicidad aleteando

desde el fondo de la tarde.

16
un largo rosa espectral
era el cielo del río.
La felicidad venía
de doble sombra callada.

Un hastío de agua-fuerte
era el paisaje del río.

Pero arriba se abrían guiños


de innumerable dulzura.

17
Entre Ríos

Es tan clara tu luz como una inocencia

toda temblorosa y azul.


Tu cielo está limpio de humo de chimeneas
curvado en una alta
paz de agua suspensa.
Y tus ciudades blancas, modestas, casi tímidas,

ríen su aseo rutilante entre las arboledas.


No hay en tu tierra gracias sorprendentes de líneas.
-a.penas si una suave melodía de curvas-
pero tiene ella un
encanto de mujer, de sencilla, de agreste
belleza,
vestida de un silencio verde y feliz de campo,
toda húmeda de una alegría de arroyos,
con una cabellera densa de árboles libres.

18


Siesta

Tendido a la sombra de

un árbol, yo soy un niño


dormido en medio del campo.

La tierra parece que


tiene suavidad de fa\da.
E\ cielo puro de agua
da con su vaga corriente
unas espumas de nubes
y sobre el cielo, el follaje
un traslúcido bordado hace y deshace,
indeciso, reduciendo el lujo etéreo
a un temblor de monedas
que me enriquecen la sombra.
El viento entra en el sueño
como una música que
trae el anhelo del campo,
ya extático o vagabundo,,
soñando con sus secretos I

o tendido al horizonte.

20
El viento dice el ensueño
de esta paz verde y fluida
. . .,
baJo su respirac1on .
Tendido a la sombra de un árbol,
yo soy un niño dormido en medio del campo.

21
Dulzura de la tarde ...

Dulzura de la tarde goteada de esquilas


y aquejada de un íntimo susurro de torcaz.
De frágil y perfecta la tarde se dijera
un recuerdo amarillo, breve, pero infinito.

Un recuerdo con una dicha de agua quieta


q~e un cielo sueña y unas orillas florecidas.
Recuerdo que se quiebra en un cristal de pájaros
y se deshoja en un suspiro del otoño ...

35
Luna vaga, disuelta ...

Luna vaga, disuelta.


¡Oh, dulzura del río :
palidez profunda
velada de un presentimiento de alba
en la noche aún tiernal
Dulzura que arde
de un rumor numeroso
que la brisa delgada, llena de sueño ya,
quiere apagar en vano,
pues de pronto se exalta, aguda, en ese canto
de pájaro:
gorgoteo
de agua pura y sola
en el fondo agreste de la noche.
Orilla que se va
o se queda. Se queda
mirándonos con gesto simple, pero
lleno de musicales sortilegios.

Orilla medio desnuda,


sin casi árboles I

37
y que piérdese en un antiguo cielo de maravilla.

Dulzura agreste, eterna, de las noches

frente al escalofrío sucesivo de las alrnasl

38
b
Esplendor leja no y morta l

sol último y lejano.


Maravilla luciente
como una orilla encendida junto a un mar apagado .
Aire absorto, encantado
de un sentimiento malva.
Sol último y lejano.
Isla frágil de color en la bruma infinita.
¿Hacia qué estrella volará en el amor de la noche?
Ya es de Dios su luz. Detrás de ella está Dios
como el silencio de las despedidas.

39
Noche

Noche, noche.
Abismo de la dicha
cortada
de escalofríos,
de inquietudes.
El día es un correr por la ribera ardiente.
¿Pero el agua de la sombra,
feérica,
nos calma la sed?

El hálito de Dios los follajes eleva


en un anhelo lleno de susurros.

Noche de luna otoñal.


¿Estamos en el mundo?
¿Este río es el río
o es una cinta de sueño que se va hacia la muerte,
a la vida profunda del sueño de la esencia?

Misterios antiguos vagan en las orillas.


Memorias fantásticas se azulan en los claros.

49
La noche sue na cris talinamente.

La pureza de la noche se afina hasta queb rarse

en delgadas rupturas

de agua, ranas y grillos,

y luego se hace melodía

que al fin se destila

en gotas perdidas

de esqu il a.

¡Oh tenderse a la sombra

de est e eucaliptus!

Que el sueño entre en nosotros traído por los grillos.

Despertarse en el límite de la noche y el alba,

en el minuto en que la luna está tan sola

que llama a los ángeles.

50

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