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Homilia de Difunto Ii

El documento habla sobre la forma en que las personas tratan a los vivos y a los muertos de manera diferente, dando más importancia a la muerte que a la vida. También reflexiona sobre el sentido de la reunión en el templo para orar por los difuntos y sobre la celebración cristiana de la resurrección más que del fallecimiento.

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Santiago Diaz
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Homilia de Difunto Ii

El documento habla sobre la forma en que las personas tratan a los vivos y a los muertos de manera diferente, dando más importancia a la muerte que a la vida. También reflexiona sobre el sentido de la reunión en el templo para orar por los difuntos y sobre la celebración cristiana de la resurrección más que del fallecimiento.

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HOMILIA DE DIFUNTO II

Qué raro es el ser humano… se pelea con los vivos y regala flores a los muertos… se
queda años sin hablar con una persona y cuando muere le hace homenajes… no tiene
tiempo para visitar a un vivo, pero se queda un día entero en el velorio… no llama, no
abraza, no se importa con un vivo, pero se da golpes de pecho y lamenta ante un
muerto. Parecería que lo más valioso es la muerte y no la vida. Si deseas dar una flor,
no esperes a que esa persona este muerta… no esperes a que la gente muera para
darle tu afecto…
Una vez más la muerte de un familiar, de un amigo, nos ha reunido en este Templo de
............... Y nos hemos reunido para orar y popularmente decimos: “darle el último
adiós” pero personalmente creo que esto no debe ser un adiós, sino un hasta pronto,
pues si estamos reunidos en este lugar es porque creemos en una vida eterna, en una
morada celestial, a la cual todos nosotros vamos encaminados.
Muchos no creyentes nos miran a los cristianos como unos bichos raros. Les extraña
nuestra forma de vivir y, sobre todo, les llama la atención que celebramos la muerte
de un ser querido. Se puede celebrar, dicen, el nacimiento a la vida, el matrimonio...
porque son momentos de alegría y de gozo... pero celebrar la muerte, la pérdida de
un ser querido, no tiene ningún sentido.
Estamos locos dicen. No valoramos la vida humana. No apreciamos los grandes
valores de la vida. Despreciamos lo de aquí para dar importancia al más allá.
No es cierto. Nosotros apreciamos y valoramos la vida como los demás, como todos.
Nosotros no celebramos la muerte, celebramos la Vida con mayúscula, la vida eterna
y definitiva. Celebramos la Resurrección de nuestros hermanos y su entrada, su paso a
la Vida de Felicidad, de Luz y de Paz.
Sentimos como cualquiera la pérdida, la separación de un ser querido. Sufrimos y nos
apenamos y lloramos porque somos de carne y hueso como todos.
Pero no perdemos la esperanza, porque sabemos que no perdemos para siempre a
nuestros seres queridos. Sabemos que han pasado a la Vida con Dios. Sabemos que
esta vida no lo es todo. No es toda la Vida. Esta vida tiene sentido precisamente
porque no acaba todo con la muerte, sino que continúa en el más allá.
Si, quizá la muerte es como un ladrón, que en el momento que menos lo esperamos
nos llega. A algunos quizá los agarrará preparados, pero a otros quizá estarán
“dormidos en los laureles”. ¿Por qué hay que prepararnos? No solo para comer y
beber, disfrutar la vida con derroche, como muchos ignorantes piensan, así pensaba
el rico epulón, no le importaba nada, pero donde termino: en el lugar de los
tormentos ¿Por qué? Porque así como muchos ignoro todo lo demás y solo pensó en
sí mismo, en su propio beneficio, en su comodidad.
La muerte nos puede suceder en cualquier momento ¿Cuántos quisiéramos una
muerte recostados en cama, sin sentir dolor alguno, como si de dormir se tratase?
Pero no siempre es así. La muerte puede llegar después de una larga y feliz
ancianidad, o después de una terrible y dolorosa enfermedad, o peor aún, en
cualquier momento…
La muerte parece querer ser "el aguafiestas" de nuestra vida. Por muchos que sean
los adelantos de la humanidad, nuestra vida sigue dominada por la muerte.
No sabemos cómo afrontar esta realidad. Y pensamos que es mejor olvidarla. No
hablar de ella. Nos parece arriesgado e incómodo hablar de este tema. No nos
atrevemos a plantearnos de frente la pregunta más lógica: " La muerte ¿Es o no es el
final de todo?" Si es el final de todo, entonces nuestra existencia, nuestra vida queda
mutilada y sin sentido. Si no es el fin, sino el paso a otra vida, entonces nuestra
muerte y nuestra vida adquieren una nueva dimensión, tienen un sentido.
Somos cristianos y la fe nos dice que con la muerte no acaba todo. Jesús nos promete
otra vida: la vida de resucitados como Él y junto a Él. Aunque no sabemos cómo es
esa vida. Esta fe en la resurrección es la que nos da fuerzas para seguir viviendo y para
trabajar con nueva ilusión en esta vida. Porque nuestra vida y nuestra muerte tienen
un sentido, son un paso hacia esa otra vida que nos promete Jesús.
En medio de esta vida dolorosa, y apasionante de la humanidad, se abre un camino
hacia la liberación, hacia la resurrección. Nos espera un Padre, capaz de resucitar lo
muerto. Nuestro futuro es una fraternidad feliz y en paz. Entonces, esta eucaristía, esa
oración que hemos hecho tiene también un sentido. El sentido cristiano de la reunión
de los hermanos en los momentos importantes de la vida de la Comunidad.
Vamos a continuar esta Celebración, y vamos a pedir a Dios, que lo mismo que
estamos reunidos aquí, podamos continuar en la vida, en la tarea de cada día, unidos
entre nosotros, unidos a .......... y unidos a Dios.
HOMILIA DE DIFUNTO III
¿Qué podemos decir, cuando la muerte nos lleva a tener tantos sentimientos sobre el
sentido de la muerte?
En primer lugar, tengamos claro que Dios no ha creado al hombre para la muerte, sino
para la inmortalidad (Sab 2, 23). En el ser humano hay una doble sed: “sed de ser
amados y sed de infinito”, eso lo vemos reflejado en la búsqueda constante del
hombre por calmar esa sed. A veces buscamos que materialmente, personas, cosas,
posesiones, la calmen –y quizá puedan saciarla temporalmente, pero tarde o
temprano, el hombre vuelve a sentir sed-.
La muerte, esa realidad difícil que hoy afrontamos ha entrado en los hombres por la
envidia del diablo, con el pecado ha llegado la muerte. Conocemos esta realidad, ya
sea por la violencia o la enfermedad o la vejez. Pero también podemos descubrir una
cultura morbosa sobre este tema, como, por ejemplo, los noticieros siempre tratan
este tema de un modo peculiar, los noticieros deberían llamarse: noticieros A, porque
todas las noticias empiezan por A: abaleado, atropellado, apuñalado, accidentado,
asesinado, ahogado, agredido y muchas veces nos quedamos con esa imagen siempre
negativa, pesimista e indeseada.
En el fondo no reconocemos más allá de la muerte, aquella luz al final del túnel, es
como si nos quedáramos con el acontecimiento sucedido –que es triste e
inconcebible- y no vamos más allá: estamos muy vivos para la muerte, pero muy
muertos para la vida. Somos muy conscientes y nos escandalizamos del final, a veces
hablamos sobre: ¿Cómo murió? ¿Qué le paso? ¿Por qué no buscaron una solución? Y
claramente, esa imagen negativa nos desespera y pretendemos vivir sin morir, es
decir, seguir la vida sin pensar tan siquiera en que un día también vamos a morir, pero
somos poco conscientes y a veces ni siquiera hablamos sobre la gloria que hay más
allá de la muerte.
El que no ha resuelto el problema de la muerte, en el fondo no ha resuelto el
problema de su vida: cuando uno piensa que la muerte es el final del camino,
entonces tomamos la decisión de vivir como si no hubiera cielo de alguna manera
pensamos: “comamos y bebamos que mañana moriremos”, o como esas canciones de
hoy que dicen: Por eso, aprovecho de cada momento, Pues consciente estoy de que no
soy eterno, Por eso, la paso contento en la peda, Y de vez en cuando, le entro a la
loquera. La vida es prestada y hay que disfrutarla, Como más te guste y te pegue la
gana, Porque la huesuda no tiene respeto, Se lleva de todo, agarra parejo. Una
postura asumida por muchos que se la dan de modernos y actualizado que nos lleva a
quedarnos en el aquí y ahora y no mirar el mañana y el más allá.
En el fondo, toda la vida humana es un luchar por sobrevivir apoyados en una
búsqueda egoísta, en huir de todo lo que nos pueda acercar a la muerte. Si por
nosotros fuera, quisiéramos que tanto nosotros, como nuestros familiares fuésemos
preservados “como en una nevera” para que no nos acabemos: me alimento bien,
hago ejercicio, busco un buen seguro, un buen lugar para vivir porque me da miedo
morir.
Toda esta realidad la ilumina la fe, la fe que hoy nos tiene reunidos aquí, la fe que nos
hace creer y celebrar, no la muerte en sí misma, sino la vida, la resurrección, la
eternidad, por eso celebramos, porque nuestro hermano N. ya ha dado ese paso, que
en algún momento también hemos de dar. Está esa triple realidad: amor, muerte y
vida. Ninguna de ellas puede separarse, porque las tres se complementan. No
podemos pasar a la vida si no es por la muerte.
Esa certeza de cristo crucificado nos lleva a asumir la existencia de otra manera. Hay
dos formas de vivir: mucha gente vive simplemente para morir –un cerdo en una
marranera vive para comer, no come para vivir y al final donde termina: en un plato
de lechona en navidad y es que mucha gente come como el cerdito, vive simplemente
para el final de su vida morir: come, bebe, compra, gasta, vende, pasea ¿para qué? No
tiene un sentido o una razón que mueva su vida, que dé sentido, y al final muere y
hasta ahí llego todo- o, por otro lado, el cristiano muere cada día para eternamente
vivir –muere de egoísmos, muere al pecado, a sus codicias, para que al final vivir
eternamente con Dios. Y es que la muerte para el cristiano es aparente, porque la vida
continua. Y es que el egoísmo mata la vida del hombre, pero Cristo que crucifico el
egoísmo, abre la puerta de la nueva vida.
Más allá del dolor, el vacío y la tristeza por la pérdida de un ser querido, mas alla de
esa difícil realidad humana, la fe nos abre una puerta, nos abre un nuevo horizonte,
un nuevo amanecer.
La cultura occidental se lamenta mucho por la pérdida de un ser querido, porque
siempre se piensa desde la realidad humana: “es que no viajo, es que no hizo, es que
no vio, es que tenía mucho por vivir ¿Por qué murió?”, asumimos la muerte como
perdida, mientras que la cultura oriental no piensa en eso, porque entienden que la
verdadera vida está más allá de lo temporal y por eso, para ellos no hay tanto duelo ni
tanto sufrimiento, porque ven más allá, una ganancia de una nueva vida con Dios.
HOMILIA DIFUNTO IV

Un día, tu despertaras en este mundo por última vez… vivirá tu última


mañana, quizá te ducharás y te prepararás para iniciar su jornada, tomarás
tu ultimo cafesito y comerás tus últimos huevitos revueltos.
Un día, veras una última vez a tus seres queridos, hablaras y reirás con ellos
y programaras lo que vas a hacer en otros días.
Un día, dirás tus últimas palabras y verás con tus ojos una última vez.
Un día, tu corazón dará su ultimo latido y tu nariz exhalará el último suspiro.
Un día, abrirás tus verdaderos ojos por primera vez… y entenderás lo que
quizá en el mundo jamás entendiste, y que incluso tal vez lo negaste: te
verás como lo que en realidad eres, un alma flotando en el mundo de lo
intangible.
Un día, tú verás cómo te alejas de tu cuerpo material, y quisieras quedarte,
quisieras consolar a los que se quedan, quisieras decirles algo, pero ya no
puedes hacerlo…
Ese día, veras que todo es tan real como aquí, y veras por primera vez a
aquel que te ha estado esperándolo para juzgarte según tus obras, y para
vivir o sufrir en la eternidad. Ese aquel que quizá tú ni siquiera le dedicaste
un minuto de tu tiempo cuando estabas vivo, ese que aquel al que tú
ignoraste y abandonaste muchas veces, ese aquel del que has escuchado
hablar, pero has preferido negar.
Ya no será tiempo de arrepentirse, ya estarás cara a cara con Él: si lo
aceptaste en tu vida y dejaste que la transformara, Él te invitará a sentarte
en la mesa de los hijos. Si lo negaste, Él te dirá: “yo no te conozco, no sé
quién eres” y cerrará la puerta, allí será el llanto y el rechinar de dientes,
porque la tiniebla no te dejará ver ni un rayo de luz por toda la eternidad.
La muerte es una realidad
Que llega sin siquiera avisar Él te espera más allá del sol
Sin importar condición o edad En un lugar donde todo lo malo se irá
lo hace sin preguntar seremos purificados como el oro en el
crisol
no te acostumbres a esta vida Y el sufrimiento por fin acabará
viviendo como si siempre hubiera un
mañana Oremos por N. que ya descansa en paz
programando viajes y fiestas en la Que el Señor le perdone sus pecados
agenda Porque seguro en el mundo fue incapaz
¡no lleves una vida mundana! De alejarse de eso que nos tiene
dominados
No te sientas cómodo si tienes salud
No te ensalces si no tienes que sufrir Puedes llorar porque él se ha ido
Tu y yo terminaremos en el ataúd Con cada recuerdo de las cosas que
Porque todos, en algún momento hemos hacía.
de morir O puedes sonreír por todos los
momentos compartidos
Aprovecha el día a día Consejos y palabras sabias quedaran en
Haz buenas obras con los demás la memoria.
Aférrate a tu madre del cielo: María
Cree en Dios, no dudes jamás

Esto les dice a sus… Perdón a todos porque me equivoque,


Recuérdame hoy me tengo que ir mi amor Porque al trabajo mucho me dedique
Recuérdame, no llores por favor Y quizá a veces hasta de muchas cosas me
Te llevo en mi corazón y cerca yo he de olvide
estar Y otras tantas hasta mi tumba me las lleve
Desde arriba los veré hasta que nos
volvamos a encontrar Decir adiós, sería tonto
Un hasta pronto
Seré el silencio del hogar que tanto Solo será…
compartimos,
seré la brisa que besará sus rostros,
seré un recuerdo dulce que asista a su
memoria,
seré una página bonita de su historia

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