Est ndar 24
La Península Ibérica fue testigo de una compleja convivencia y pugnas por el territorio entre
cristianos y musulmanes durante 800 años, concretamente desde el año 711 hasta la caída del
Reino nazarí de Granada en el año 1492. Esta reconquista conllevó una repoblación del territorio
recuperado por los cristianos y su posterior puesta en explotación económica. Fue un largo
proceso que como bien vemos en el mapa se divide en 4 etapas.
La primera de estas etapas es la repoblación libre o presura, que tuvo lugar de siglo VIII al X. Se
llevó a cabo en las tierras ocupadas en el Valle del Duero y el Sur de los Pirineos. Fue ocupada de
manera espontánea por la población campesina del norte y los mozárabes huidos, campesinos
libres comprometidos con la defensa de su tierra. Estos van creando aldeas y pequeñas villas y el
resultado fue un predominio de la pequeña y mediana propiedad.
Durante el siglo XII y XII se repoblaron muchos núcleos urbanos, denominados concejos, en la
zona del valle del Tajo y del Ebro. Este tipo de repoblación se llamó concejil. Los concejos eran
una asamblea de vecinos en una ciudad amurallada con una importante extensión de tierras
denominados alfoces. Esta repoblación estará dirigida por los reyes, que conceden a los
concejos sus propios fueros (conjunto de normas que regulaban todos los aspectos de la vida
municipal )que garantizaban la propiedad de las tierras y la libertad de las personas que
decidieron repoblar estas tierras de realengo. A cambio los concejos se comprometen a armar
milicias para el ejército del Rey. Estos señores consiguen grandes extensiones de terreno lo que
provoca la aparición de los señoríos.
Continuando en orden cronológico, en la primera mitad del siglo XIII aparece la repoblación por
órdenes militares. Estas instituciones militares-religiosas actuaron desde el Valle del Tajo hasta el
norte del Guadalquivir con la misión de combatir a los musulmanes. Se le donaron grandes
territorios fronterizos donde construyeron abundantes fortalezas para la defensa del mismo. LA
propiedad pasó a ser de la alta nobleza, quienes tendrían derechos sobre los campesinos del
territorio que desarrollarían sobre todo la ganadería.
Por último encontramos la repartición, que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XIII en la zona
sur de la Península (valle del Guadalquivir). De nuevo los reyes cederán grandes latifundios a
nobles y clérigos con el objetivo principal de evangelizar a los musulmanes y controlar posibles
revueltas. Como contrapunto conceden fueros a ciudades importantes: Jaén, Sevilla, etc.
Esta repartición de las tierras aún predomina en España hasta nuestros días cómo vemos sobre
todo el Andalucía, donde aún poseen grandes tierras grandes y famosas familias como el Ducado
de Alba.
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