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Evolución del Dibujo Infantil en Psicopedagogía

El dibujo en el niño, será el ejemplo de la representación en imágenes de la experiencia vivida. El dibujo traduce recuerdos y fantasías de la dramática inconsciente. El dibujo infantil, en el abordaje psicopedagógico, necesita en primer lugar una intertextualidad que lo saque de una mirada aislada cargada de reduccionismo y aplanamiento teórico. Indagar cuáles significantes conforman el dibujo infantil y qué lectura hacer del mismo, es el recorrido que vamos a hacer en la presente unidad.

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Evolución del Dibujo Infantil en Psicopedagogía

El dibujo en el niño, será el ejemplo de la representación en imágenes de la experiencia vivida. El dibujo traduce recuerdos y fantasías de la dramática inconsciente. El dibujo infantil, en el abordaje psicopedagógico, necesita en primer lugar una intertextualidad que lo saque de una mirada aislada cargada de reduccionismo y aplanamiento teórico. Indagar cuáles significantes conforman el dibujo infantil y qué lectura hacer del mismo, es el recorrido que vamos a hacer en la presente unidad.

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Módulo 3

LA PR ODUCCIÓN GR ÁFICA

Introducción

5. EVOLUCIÓN DEL DIB UJO EN EL N IÑ O

5.1 La producción gráfica: su evolución e intervenciones

5.2 El dibujo y su abordaje psicopedagógico

5.3 A la búsqueda de lo figural en psicopedagogía

5.4 La formación de la subjetividad y sus tiempos: su reconstrucción mediante el dibujo

6. IN TR ODUCCIÓN AL DIAGN ÓSTICO A TR AVÉS DEL DIB UJO

6.1 El trabajo de los dibujos en la cura psicopedagógica clínica

6.2 Los agujeros del cuerpo y su dibujo

6.3 La interpretación del dibujo desde la especificidad del abordaje psicopedagógico

CIER R E DEL MÓDULO


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19

Introducción

CLINICA PSICOPEDAGOGICA DE NIÑOS M3


EaD Kennedy

01:31
En el presente módulo abordaremos la producción gráfica en el niño y la interpretación desde la
especificidad del abordaje psicopedagógico.

Objetivos del módulo

Identificar las modalidades de evolución del dibujo, su valor simbólico.

Analizar lo figural en la producción gráfica del niño.

Reconocer los aspectos simbólicos del dibujo del niño.


Comprender las modalidades de intervención ante lo figural, en la producción gráfica del niño.

Construir teorías en la búsqueda de la formación de la subjetividad como instancia metafórica de la


personalidad.

5.1 La producción gráfica


5.2 El dibujo y su abordaje
psicopedagógico
UNIDAD 5 5.3 Búsqueda de lo figural en
Evolución del dibujo en el niño psicopedagogía
5.4 Lo subjetivo y su
reconstrucción a través del
dibujo
6.1 El trabajo de los dibujos en
psicopedagogía clínica
UNIDAD 6 6.2 Los agujeros del cuerpo y
Introducción al diagnóstico a su dibujo
través del dibujo
6.3 La interpretación del dibujo
desde la especificidad del
abordaje psicopedagógico

C O NT I NU A R
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5.1 La producción gráfica: su evolución e


intervenciones
El dibujo en el niño, será el ejemplo de la representación en imágenes de la experiencia vivida. El
dibujo traduce recuerdos y fantasías de la dramática inconsciente.

El dibujo infantil, en el abordaje psicopedagógico, necesita en primer lugar una intertextualidad


que lo saque de una mirada aislada cargada de reduccionismo y aplanamiento teórico.

Indagar cuáles significantes conforman el dibujo infantil y qué lectura hacer del mismo, es el
recorrido que vamos a hacer en la presente unidad.

La utilización de técnicas gráficas en instituciones asistenciales y educacionales, como en el


ámbito del consultorio, en la consulta psicopedagógica, suele incurrir en errores y distorsiones
iatrogénicas que han motivado fundadas críticas desde diversos enfoques.

Así, de acuerdo con Fernández (1987), son válidamente cuestionados los supuestos ideológicos y
el marco teórico que en cada caso ha presidido la construcción de las diversas pruebas en uso.
En mi opinión, esta crítica no puede aislarse de la dirigida a la implementación de esas técnicas
cuando derivan en el “etiquetamiento” de los “testeados” y se suprime así la escucha al sujeto en
atención a la supuesta “objetividad” e “infalibilidad” del dato cuantitativo en que el dibujo, para
esa modalidad de uso, concluye.

Tales “objetividad” e “infalibilidad”, son incluso cuestionables desde los fundamentos originales

de los dibujos infantiles, se tiene en cuenta que las puntuaciones fueron diseñadas para otros
contextos socioculturales. Además, no debiera desconocerse que, por el modo particular de
tratamiento, si se toman las puntuaciones por escalas, presentan, en cada caso, una limitación,
ya que se desconoce la subjetividad del analizado.

Por otra parte, también en el campo del funcionamiento cognitivo hay una vertiente que postula
como central la escucha al sujeto, desde el método clínico-critico.

La producción gráfica, solo puede ser usada como medio y no


como fin. Se utilizan en un diálogo en cuyo transcurso se intenta
desentrañar un sentido.
En un abordaje clínico, este mapa será útil si no obtura, sino que despeja la posibilidad de
escuchar al sujeto en su singularidad, en lo que está más allá del aspecto ilusorio de su demanda:

en el lugar en que el error, el fracaso, el síntoma, hablan del sujeto.

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5.2 El dibujo y su abordaje psicopedagógico

Los dibujos infantiles son un medio para conocer el mundo interior del niño. A través de los
dibujos, los niños expresan sus sentimientos, emociones, deseos, y preocupaciones.

En las terapias psicológicas y psicopedagógicas se utiliza con frecuencia la interpretación del


significado de los dibujos de los niños.

Presentación 1. El trazo del dibujo. Elaboración propia.


¿Qué cuestiones se evalúan o valoran cuando se

observa el dibujo de un niño?

El trazo.

La presión que ejerce.

La continuidad del dibujo.

El orden en que dibuja.

El tamaño del dibujo.


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5.3 A la búsqueda de lo figural en psicopedagogía

Repensar el dibujo infantil exige ponerlo en debate con la pintura, la escultura, el arte en general,
con las nuevas corrientes estéticas, a fin de devolverle la jerarquía de una escritura.

Es más, según Rodulfo (2016), los dibujos son una tentativa de curación con respecto a la historia
y prehistoria, en lugar de resultar una sujeción estática a ellas.

En este sentido, el dibujo no es una ilustración de un estado de cosas, sino que se puede asistir, a
través de la escritura en imágenes, a la génesis, al desarrollo e incluso a la modificación de un
estado de cosas, génesis, por otra parte, variable y complicada.

La concepción del dibujo como expresión, cuyo síntoma es la dificultad que habitualmente
experimenta el niño, es el medio a través del cual esté manifiesta su capacidad interpretativa.

El trazo, en la medida que puede posibilitar la emergencia de lo reprimido, comparte el mismo


significante que los sueños.

Se implementa muchas veces en la práctica psicopedagógica tanto en instituciones públicas


como en la práctica privada. Se solicita al niño que realice un dibujo, que puede ser un DFH, HTP, o
Dibujo libre. Procediendo así, el terapeuta degrada al grafismo a su estructura inconscientemente
determinada, al provocar su disyunción de la regla fundamental y connotarlo para el niño como
algo que se espera de él, volviendo indecible la emergencia espontánea de dibujar.

Subyace a este procedimiento, tan contrario a la atención flotante, la desvalorización del dibujo en
contraposición a la idealización de la palabra, reduciendo asociación libre a asociación verbal.
También, sumamente frecuente, interroga al niño sobre su dibujo como un texto. El contexto, en
tanto problemática de trabajo con el psiquismo del niño, se convierte en temática única del dibujo
en cuestión. Entonces, si el pequeño está por ser sometido a una intervención quirúrgica, esto se

transparentará en el cuerpo que haya dibujado, si ha sido maltratado o abandonado, eso explicará
las características de la figura adulta masculina o femenina que haya podido hacer.

Las asociaciones verbales del niño, son garantías del sentido que se localizan por fuera de la
psiquis de este. La disyunción simplemente se ha interiorizado sin afectar el temor, o la
desvalorización de la producción gráfica como texto.

Si el niño no dice nada sobre su dibujo, el terapeuta da por sentado que él a su vez no podrá
pensar ni decir nada sobre esta escritura en imágenes. Lo que sucede es que no puede
resolverse a pensar en términos de escritura en imágenes, prisionero, como está de una

concepción logo céntrica de la escritura.


La interpretación simbólica atraviesa a todo analista que lo que ellos mismos pueden sospechar,
sea esta simbólica una especie de claves fijas que varían de acuerdo con el marco teórico que
tenga este.

En cualquier caso, una decodificación sumaria, reemplaza el trabajo del análisis. Esta serie de
caracteres, que en su articulación permiten la puntuación de los procesos que atraviesa el niño,
que, al dibujar, determina la forma misma, y las condiciones de escritura de su producción figural,
en el límite: el hecho mismo de la existencia o no de dicha producción.

En relación a la transferencia, dice Rodulfo (2016), uno de los mayores problemas es convertirla en
significado.

La multiplicidad de reducciones, que a veces coexisten, convergen en un punto decisivo, que es la


contribución a generar la resistencia del analista a pensar lo figural en el encadenamiento
asociativo.

En lo que hace a nuestro quehacer, el psicopedagogo debe aprender a mirar siendo capaz de

aprehender en lo figural, frecuentar dibujos, sumergirse en ellos, empezar a respetarlos como


textos, familiarizarse con sus particularidades y no echarles una ojeada y pedir socorro a las
asociaciones verbales.

De esta manera, se configura una de las más serias deficiencias en la formación de base.

Encontramos al psicopedagogo en la misma situación de incomodidad en relación con los


elementos específicamente figurales del sueño de un paciente adulto, o aun de la alucinación y
del delirio. Hay que subrayar esto, por cuanto, atenta contra una posible eficacia y contra una
mayor eficiencia en el trabajo interpretativo.
Querer reducir esos elementos específicamente figurales a lo verbal, es como pretender narrar sin
resto un cuadro de Goya o de Picasso. Los elementos figurales solo pueden penetrarse con
criterios formados en lo figural.

Así como se sostiene que no se puede reducir el grafismo a su carácter expresivo, decimos que la
hoja no es un elemento fáctico, no es un dato de la realidad a disposición del niño.

La mano de este, decide un espacio de escritura en el soporte que un proceso emocional


elaborado en el dibujo que construye.

El punto

Te invitamos a ver y a escuchar atentamente la siguiente narración.

04:05

Nay (2011) El Punto Peter H. Reynolds. [Video] YouTube

C O NT I NU A R
59

5.4 La formación de la subjetividad y sus tiempos: su


reconstrucción mediante el dibujo

Rodulfo (2016), expresa que existen tres puntos de inflexión en la estructura de la subjetividad,
puntos de inflexión que gravitan en relación al dibujo del niño:

Cuerpo materno.

Espejo.

Hoja de papel.

El niño debe construirlos con los materiales ofrecidos por el mito familiar a través de la función
materna, paterna, fraterna, etc.

La paradoja es que al erigir estos lugares para anidar va produciendo simultáneamente su propia
corporeidad en tanto subjetiva.

La sucesión temporal en que se presentan dichos lugares se trasmite entre ellos sus
realizaciones. Esto se debe en la medida en que permite acotar y mojonar el acceso a la

fabricación de la hoja de papel a través de protodibujos como el garabato.

El cachorro humano deberá pasar por múltiples peripecias hasta convertirse en aprendiente. Así
las primeras palabras, los primeros pasos y también un día los primeros dibujos, apertura al papel.
Se constata una diferencia cualitativa importante con todo lo anterior. Estas primeras
producciones gráficas, figurales, al tiempo que inician una profunda inflexión en la subjetividad sin
precedentes, nos permiten algo que podemos asimilar a obtener verdaderas “fotografías” de
momentos pretéritos, de combates apenas extinguidos, que se actualizan ante el papel aún vacío
o aún por construir y un abanico de colores.

En nuestro modelo, el magma corresponde a las sensaciones más arcaicas que desembocan en
la representación gráfica. Tratase de formaciones figurales aún no figurativas, compuestas por
trazos que en su futura geometría se volverán líneas y círculos, y masas, que tienden al óvalo,
vacías a veces, llenas otras, pero siempre sin verdadera diferenciación interna.

Estrictamente, estas producciones sin argumento son cuerpo transpuesto y sirven para darnos

una idea de las primerísimas vivencias del recién nacido. Son continuidad existencial, en trazo,
vida que se apodera de lo que gracias a ella funcionará como hoja de papel para representarse.

Si todo se desarrolla razonablemente bien en la historia de la constitución subjetiva del niño, este
magma de sensaciones es sepultado por la represión originaria.
Podemos decir que la oposición clásica forma/contenido se desvanece o no está en condiciones
de funcionar desde la continuidad.

CLÍNICA PSICOPEDAGÓGICA DE NIÑOS SIMBOLIZACIONES

Las dificultades en el aprender no determinan un cuadro permanente, sino que marcan un signo
de descompensación.

Se da un desajuste entre las posibilidades y limitaciones del sujeto y las exigencias del medio.

Este desajuste se materializa según su grado de gravedad en trastornos del aprendizaje.

El campo de la psicopedagogía está dado por la articulación entre el conocimiento acerca del
sujeto que aprende y las condiciones inhibitorias y facilitadoras para ese aprendizaje.

El cachorro humano para constituirse en miembro de la especie, o sea humanizarse, no solo va a


depender de las leyes de la herencia, sino de los procesos de aprendizaje a los que este sujeto.
Además de la herencia biológica, hay una herencia cultural, como factor condicionante del
comportamiento y del desarrollo.

Cuando el niño aprende, ve amenazado su proceso de humanización y la pertenencia a la cultura.

De todos los recursos que llegan al niño, a través de la interacción social, se debe destacar el
lenguaje, trasmisor de significatividad, organizador del pensamiento.

El psicopedagogo, en su tarea clínica, debería intervenir constituyéndose en mediador entre sujeto


y la cultura.

CLÍNICA PSICOPEDAGÓGICA DE NIÑOS APRENDER

Desde un punto de vista neurocognitivo, serían: dotación genética, sustrato neuropsicológico,


interacciones estimulantes y disponibilidad psíquica.

La psicopedagogía clínica intenta investigar y comprender cuáles son las circunstancias externas
e internas que determinan que el niño no aprenda.
El psicoanálisis, según sus revisiones, la psicología del yo, la psicología cognitiva, la psicología
genética, las teorías asociacionistas y conductistas, la neuropsicología y la medicina, han hecho
su aporte a la comprensión del aprendizaje y sus problemas.

El aprendizaje se encuentra dentro del ámbito del instinto, manifestándose en dos niveles:
El sujeto posee estructuras, que le permiten transformar la
enseña en conocimiento.

Estos cuatro niveles son la sede donde ancla todo aprendizaje y el


proceso de construcción de la inteligencia.

El dibujar en la clínica psicoanalítica: infancia, niñez y adolescencia


A fin de profundizar los contenidos de la presente unidad, los invitamos a ver el siguiente video.

[Link]

Yoica AC (2020). El dibujar en la clínica psicoanalítica infancia, niñez y adolescencia. Marisa Punta

Rodulfo. [Video] YouTube.

Analizamos el proceso de construcción del dibujo, como instancia subjetivante del aprendiente.
En este proceso se puntualizó el procesamiento de la inteligencia como construcción figural en la
medida que se desarrolla el psiquismo y el aprendizaje en el niño.

Es instancia constitutiva de sujeto el pasaje del cuerpo a la hoja de papel, siendo los garabatos

las primeras significaciones que se inscriben fuera de sí mimo.

La mirada puesta sobre lo que acontece fuera del cuerpo del niño, nos conduce a repensar las
interpretaciones del dibujo, construcciones asociadas a la observación de una obra de arte y no
adherir a significar cada significante con un significado.

Este aporte fundamental abre concepciones a desarrollar en el encuadre conceptual y operativo


del futuro profesional de la psicopedagogía.
Bibliografía de referencia

Fernández, A. (1987). La inteligencia atrapada. Buenos Aires. Nueva Visión.

Rodulfo, M. (2016). El niño del dibujo. Buenos Aires. Paidós.

Bibliografía obligatoria

Fernández, A. (1987). La inteligencia atrapada. Capítulo 14.

Rodulfo, M. (2016). El niño del dibujo. Capítulos 3, 4 y 5.


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6.1 El trabajo de los dibujos en la cura


psicopedagógica clínica
El dibujo del niño es una muestra hablante y hablada del autor. Cuando el niño dibuja, está
poniendo parte de su saber inconsciente en la producción gráfica. El mismo es una metáfora de

su psiquis.

El proceso simbólico es observable a través de proyecciones, se muestra en el discurso, en la


actuación de tipo dramática, en los grafismos, en la corporeidad. En la proyección también hay un
aspecto de la cognición.

Realizaremos un punteo desde la importancia que tienen los dibujos en el diagnóstico y


tratamiento psicopedagógico. Los invitamos a realizar un viaje adentrándose en los aspectos
teóricos de la presente unidad.

En la clínica psicopedagógica con niños y adolescentes, cada vez más se ha impuesto como
insoslayable en el diagnóstico diferencial del material gráfico producido por los consultantes.
Clínica psicopedagógica de niños

Establecer esta cuestión, es de hecho inseparable de evaluar si este trabajo de realización


simbólica y de construcción del aparato psíquico, este niño o adolescente, se encuentra detenido
en su desarrollo, silenciado por la inhibición estereotipado por el síntoma, vuelto hacia atrás en
una descomposición regrediente que lo desmantela o si está cumpliendo saludablemente, es
decir, conflictivamente, pero sin los impasses enumerados.

Es necesario ante todo subrayar una diferencia de principio con los procedimientos a través de
los cuales las técnicas proyectivas en sus diversas inflexiones utilizan las producciones figurales.

Según Rodulfo (2016), la propuesta metodológica se caracteriza por una prudencia metodológica con

respecto a la obsesión por el significado que constriñe dichas técnicas.

Se debe determinar en qué, y cómo concierne al autor lo que plasma en una hoja durante las
primeras entrevistas diagnósticas, durante los movimientos de apertura. Esto tiene que ver con
los recursos que tiene el niño para desplegar la problemática que atraviesa o los sufrimientos que
lo afligen.

Al estudiar los gráficos realizados por los niños desde el momento inicial hasta el final de su

tratamiento psicopedagógico, se puede observar que muchos de los elementos que traen a
consulta se encuentran desde el comienzo, incluso ya desde su primer dibujo, el que contiene de
manera condensada la totalidad de los elementos que la cura habrá de identificar, reposicionar e
intensificar de forma retroactiva.

Es importante puntualizar que aquí no basta con apelar al significado o a los significados que
indudablemente puede extraerse con mayor o menor esfuerzo de la composición, ya que el peso
del asunto cae sobre los elementos materiales, formales del dibujo.

Por eso, se impone como requisito fundamental, poder precisar si el niño o el adolescente por el
cual nos solicitan intervención, está atravesado por una crisis vital, saludable y, por lo tanto,
pasajera correspondiente a un trabajo psíquico concomitante, o si se trata de un problema ya
estabilizado a la manera de una neurosis, o en los casos más graves aún si se trata de una
detención del proceso de desarrollo y una errancia en acciones estereotipadas, como en el caso

del autismo, o si se trata de un trastorno en la estructuración subjetivante que enmaraña al niño


en una trama aberrante sin poder desligar su cuerpo del materno, como en la psicosis simbiótica.

Si bien solo al final del análisis nos encontramos con la posibilidad de leer el primer dibujo en
función esclarecimiento progresivo de las formas que constituyen, a partir de las cadenas de
significantes que se articularon en el tiempo y en el espacio de la cura, en el momento de las
primeras consultas debemos precisar con claridad los límites del problema planteado,
inventariando sus tendencias.

Estos conocimientos preliminares nos permitirán formular las recomendaciones terapéuticas que
en algunos casos pueden consistir justamente en no emprender proceso terapéutico alguno con

el niño, simplemente por considerarlo innecesario en ese momento y si la propuesta concierne a


la iniciación del tratamiento, es también igualmente central que el analista pueda realizar un
autodiagnóstico acerca de la capacidad de investir y preservar una relación transferencial en ese
paciente singular que nos consulta y su familia.
A lo largo de todos estos trabajos, el estudio de cómo el niño y el adolescente, se presenta a sí
mismo a través de sus dibujos, reviste una importancia no pocas veces decisiva que recompensa
los esfuerzos del desciframiento a través de las orientaciones que ese dibujo nos imparte,

acotando en su composición sincrónica lo que en el campo de lo verbal se da con mayores


rodeos y brindando así al psicopedagogo una suerte de mapa de aspectos básicos del
inconsciente del sujeto en cuestión.

El diagnóstico no debe ser clasificatorio, en donde lo primordial


sean etiquetas nosográficas, sino un diagnóstico centrado en el
trabajo de subjetivación que se está desarrollando y en sus
eventuales detenciones o regresiones.

‘¿Podrá tal vez la psicopedagogía ayudar a


cicatrizar agujeros y construir superficies
allí donde la vida no pudo en su momento
ofrecer oportunidades para hacerlo?’
C O NT I NU A R
79

6.2 Los agujeros del cuerpo y su dibujo

El tema del agujero en psicopedagogía aparece en forma recurrente en diversos puntos de vista,
sobre todo en autores que han investigado la constitución temprana del aparato psíquico y/o
trabajado con niños afectados por una patología grave.

En los niños afectados por estos procesos de agujereamiento patógeno se pone de relieve
aquello que puede pasar desapercibido.

Lo que se pone de manifiesto es el cuerpo en estas patologías, cuyo prototipo máximo es el


autismo.

En los primeros tiempos de su constitución, si se produce una pérdida, por sus magnitudes y por
el momento en que ella recurre, trae aparejada no solo una pérdida de objeto, sino una pérdida de

sujeto, pérdida de sujeto que se denomina agujero en el cuerpo. Lo que constituirá una inscripción
de rechazo.

En la represión originaria fija, lo que queda fijado es el cuerpo. De este modo, lo que el observador
ingenuo o conductista, se reducirá a una pérdida del pecho.

Lo interesante del aporte del concepto de pictograma de rechazo,


es que permite pensar de manera positiva la inscripción
subjetivante del niño, mientras existe una inscripción negativa
cuando hay un agujero. Lo positivo se despliega en la constitución
o en una perdida de zona, o pérdida de la actividad ligada a ella, y
por consiguiente una pérdida del cuerpo.

Pero habría que puntualizar que no toda pérdida de cuerpo, alcanza las dimensiones que tiene el
autismo, cuadros depresivos o ciertos problemas de aprendizaje.

Tampoco debemos confundir la pérdida del cuerpo con el concepto de conversión. El retorno de lo

reprimido y la transformación de la angustia en síntoma corporal conversivo es de naturaleza


distinta.

Recordemos que todo trabajo de representación, de


mimesis, hay una escena corporal reprimida.

Cuando hablamos de agujeros en el cuerpo, partimos entre otros conceptos de la diferenciación


fundamental entre agujero y orificio, de la misma manera que el pequeño ingresa al mundo con

trasformaciones de orificios de circulación, tanto lo sustancial como lo sutil, al convertir su


cuerpo en zonas erógenas.

Una inscripción no erógena, sino tanática, parte del encuentro entre las necesidades del niño y la
función materna o de la madre suficientemente buena, donde se produce la escritura de lo

corporal, literalmente hablando: su dibujo, el dibujo del cuerpo del niño que, a la vez, en un
momento ulterior, producirá el dibujo del mundo.
Clínica psicopedagógica de niños

El trabajo del dibujo, muestra así la extensión de sus alcances. No se limita, como a veces se ha
pensado, a una multiplicidad de variaciones de lo imaginario, siempre en el mismo nivel de lo

imaginario.

Produce, en su misma marcha, un recorrido que, hasta en las dimensiones del contenido más
tanático, no deja de exhibir pasos heterogéneos en la escritura corporal, desde el agujero literal en
la trama de papel, hasta la metáfora de la tumba. El niño del dibujo no habita un solo espacio.

C O NT I NU A R
89

6.3 La interpretación del dibujo desde la


especificidad del abordaje psicopedagógico

El simbolismo no puede manifestarse independientemente de la


intelección porque ella le da la posibilidad de congruencia. En la
fractura de la congruencia, aparece el síntoma.

Expresa Fernández (1989), el pensamiento es uno solo, no hay pensamiento inteligente y otro
simbólico, sino que viene entrelazado, como si uno de ellos fuera el hilo horizontal y el otro el
vertical y el pensamiento una trama, cuando falta uno de ellos no se construye. Al mismo tiempo

se da la significación simbólica y la capacidad de organización lógica.

Si bien los dibujos fueron interpretados desde objetivos diferentes, creemos que mediante un uso
heterodoxo y una interpretación de acuerdo con nuestra modalidad pueden aportarnos, con
relativa rapidez, datos acerca de la articulación entre la elaboración objetivante y la subjetivante.

Para el diagnóstico de los problemas de aprendizaje, no tomamos particularmente en cuenta los


contenidos expresados por el paciente. Nos interesa observar la modalidad con que la inteligencia
trata al objeto, lo reconoce, lo discrimina en su propia legalidad, lo conecta a su experiencia y lo
utiliza adecuadamente.

La dificultad para dar argumentos está relacionada con no querer definirse con algo.
Argumentar es dar jerarquía de valores, es poner a las cosas en secuencia. A veces, es esto lo
que se quiere evitar. Al no elegir, se permanece en lo presente. Cuando un niño crea un cuento a
partir de un dibujo, el dibujo empieza a ser parte de él, pues de alguna manera fue su autor. Puede
apropiarse de la historia y posteriormente recordar el dibujo. Pero los chicos con problemas de
aprendizaje, al no poder jugar, se quedan adheridos al objeto (Hiperacomodacion), o no dan
cuenta del objeto (hiperasimilacion), resultándoles difícil aprender de la realidad externa y de sí
mismos, en una conjunción dialéctica necesaria.

Para aprender hay que poder transformar y dejarse transformar.

Mientras que el niño cree una historia, aprende de sí mismo, aprende de su propia sintaxis. En
general, el niño con problemas de aprendizaje, no puede salir del momento descriptivo y construir
una historia, pues hacerla es elegir si la persona es buena o mala y esto es una responsabilidad

que puede provocar mucha angustia. De tal modo, si algunos personajes se destruyen o mueren,
será el autor el que cargue con el peso de la destrucción o la muerte.

Por el contrario, los problemas de aprendizaje, montados sobre una estructura psicótica, se
reflejan en los dibujos a través de construcciones que anulan la existencia de la realidad.

La estructura neurótica obsesiva en la infancia, se


relaciona con la realización de un deseo a través de
acontecimientos que el niño no puede controlar, intentando
entonces controlar la realidad para que no se le vaya de las
manos. En tales circunstancias, lo que se va a señalar de la
realidad es lo que existe, sin proponer a las cosas nuevos
atributos.

El niño se queda entonces, en la descripción, en el empobrecimiento, en lo convencional,


volviéndose un enumerador de la realidad. En nuestra práctica hemos observado, que si bien esta
modalidad puede relacionarse con la estructura obsesiva, tal estructura de personalidad puede
teñir de manera determinada la modalidad con que la inteligencia trata al objeto; las posibilidades
creativas del niño podrán entonces verse reducidas, pero no debe confundirse esto con el

problema de aprendizaje. En el problema de aprendizaje, la posibilidad de argumentar está


particularmente dañada, herida, y hasta herida de muerte, ya que allí deben articularse
armoniosamente la inteligencia y el deseo, además decidirse por una argumentación implica
poner el cuerpo, jugarse.

Alguien puede enunciar su argumento solo en el seno de un espacio de confianza, solo cuando el
otro reconozca en él solo a un aprendiz, sino también a un enseñante, cuando haya otro que
quiera escuchar su argumento.

La producción gráfica y sus metáforas necesitan


destacarse como un no sentido en un universo de
sentido, necesita ser algo que se disloca y cuyo no
sentido nos sacude.
En esta producción vamos a atender también más

Pero,
al proceso de construcción que al producto final.
Observaremos el método que utiliza el niño, los
comentarios que hace mientras dibuja, la actitud
corporal. El grafismo debe tomarse como un
discurso y es necesario, por lo tanto, analizar las
¿qué sucederá cuando un omisiones, sustituciones, economizaciones y
niño esté colocado en un tergiversaciones, a los efectos de dar cuenta del
aprender.
medio socioeducativo en el
que a nadie le interese sus Obviamente, se hace aquí evidente algo que debe
ser tenido en cuenta para la interpretación de
argumentos? todo material proyectivo y es el conocimiento por
parte del interpretador de las pautas evolutivas
que permiten reconocer si la omisión del cuello en
una persona, por ejemplo, puede interpretarse
como omisión o responde exclusivamente al modo
normal de dibujar la figura humana a una
determinada edad.
Entiéndase bien: la imagen del cuerpo no es la imagen dibujada o
representada a través de un dibujo, ha de ser revelada por el diálogo
analítico con el niño. A ello se debe, contrariamente a lo que suele
creerse, el psicopedagogo, no puede interpretar de entrada el
material gráfico, que le proporciona el niño, es este quien, asociando
sobre su trabajo, proporciona los elementos de una interpretación
clínica de sus síntomas.

Según Fernández (1987), al observar la familia, podemos descubrir las características propias
que asume la circulación del conocimiento y las posiciones que cada uno de sus miembros
asume frente a lo desconocido, a lo oculto.

La familia es una producción humana, básicamente simbólica y en cuyo seno se produce el


proceso de humanización.

Es una estructura social básica, que configura el interjuego de roles diferenciados (madre, padre,
hijo, esposo, esposa), el cual contribuye al modelo natural de interacción grupal.

En la familia se constituye la matriz de aprendizaje y se toman en cuenta simultáneamente tres


niveles de análisis: individual, vincular y dinámico.
Las situaciones problemáticas emergentes en momentos de crisis evolutivas y accidentales nos
muestran sus modos inconscientes de funcionamiento.

Los ideales familiares, las representaciones que la familia tiene de la realidad, del éxito y del

fracaso del aprendizaje, marcan al niño tempranamente, dejan huellas.

Esa huella inexorable en la psique de todos los integrantes.

Pero al mismo tiempo desarrollan una pujante individualidad.

Cada persona, cuando nace, recibe de sus padres un nombre propio, que expresa valores,

creencias e ideologías familiares, reúne múltiples significantes.

El grupo familiar es un sistema relacional. Esta relación está asentada en la prohibición del
incesto como regla fundante reguladora del intercambio dentro del grupo familiar.

La familia ha sido definida como sistema. Un sistema es un conjunto de objetos, así como de

relaciones entre los objetos, y sus atributos son las propiedades de los objetos y las relaciones
mantienen unido al sistema.

La familia tiene propiedades:

Totalidad y no sumatividad

La familia es más que la suma de sus miembros, ellos constituyen un sistema donde una modificación de
uno de sus miembros induce la modificación del resto.
Homeostasis

Implica la estabilidad del sistema o su estado de equilibrio.

Equifinalidad

Determinado por la naturaleza de la relación. Según este enfoque sistémico, lo importante sería la
interacción.

Calibración

Es un mecanismo de estabilización que se produce por realimentación.
Por ejemplo: la aparición de un sistema en uno de los hijos para ocultar un conflicto matrimonial.

Cada familia concibe el espacio de manera diferente, altamente determinado por factores
económicos, demográficos, sociales, y psicológicos.

Estudiar esta dimensión nos da datos de la estructura familiar inconsciente. Existen dos aspectos
a considerar: ubicación y distancia. En esto intervienen los mitos familiares, aspectos históricos,
y aspectos actuales.

Las familias ordenan sus acontecimientos vividos en un tiempo que revela las características de
la estructura familiar. Los acontecimientos son ordenados desde la organización actual del grupo
familiar.
Existen divisiones del tiempo:

Existen divisiones del tiempo:

El tiempo convencional
Marcado por relojes y el calendario.

El tiempo mítico
Consiste en una causalidad lineal. Si
esto ocurre, ocurrirá lo otro.

Tiempo biográfico o cronológico


Es un tiempo evolutivo, se refiere a
acontecimientos del pasado.

Uno de los momentos críticos en la vida familiar se asocia al ingreso de los chicos al colegio.

El predominio narcisista de algunas familias los lleva a negar el transcurso del tiempo, ya que los
vincula con la propia finitud.

En los hijos surgen retrasos aparentes, repitencias, trastornos madurativos, que surgen como
estrategias inconscientes para detener el crecimiento que evidencia el tan temido paso del

tiempo.

En el vínculo con las figuras paternas en interacción, se construyen las modalidades de


aprendizaje, como consecuencia del modo de acercamiento al conocimiento. Esto da cuenta de
un verdadero sentido otorgado por la modalidad vincular del niño con los OTROS.

Dibujar es siempre expresión, proyección de la corporeidad en el espacio simbólico, representado


por la hoja de papel en este caso.
Percibir supone conceptualizar según el nivel de adquisición de las estructuras cognitivas, lo que
remite a la interiorización progresiva de las acciones, en un comienzo puramente materiales,
sobre el cuerpo y los objetos: las formas percibidas son asimiladas a movimientos interiorizados
y vertidos como gestos gráficos en el dibujo de las figuras.

Dibujar supone el equilibrio de la acomodación y asimilación.

La evaluación de un dibujo es siempre cualitativa y echa una mirada sobre el aprendiente, con una
particular historia ubicado en un contexto.

Si un psicopedagogo observa un dibujo, ¿puede

interpretar de entrada el material gráfico que se le


presenta?

Sí. El dibujo se interpreta con facilidad.


Sí. El dibujo es suficiente para extraer un diagnóstico.

No, necesita tener un dibujo y algo escrito.

No, es necesario comparar dicho dibujo con otras


producciones.

No, es necesario acompañarlo con el diálogo analítico con


el niño.

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Bibliografía de referencia

Fernández A. (1987). La inteligencia atrapada. Buenos Aires. Nueva Visión.

Rodulfo, M.(2016). El niño del dibujo. Buenos Aires. Paidós.

Bibliografía obligatoria

Fernández, A. (1987). La inteligencia atrapada. Capítulos 14 y 15

Rodulfo, M.(2016). El niño del dibujo. Capítulos 7 y 8


C O NT I NU A R
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