José Luis “Chelo” Rada:
“amigo de mis amigos”
José Luis Rada, más conocido como “Chelo” Rada, es un músico,
percusionista, compositor, cantautor y poeta con más de 50 años
de vida artística. Nació en La Guaira, capital del estado epónimo,
en Venezuela, el 28 de febrero de 1956.
Compositor de la exitosa parranda “Donde manda capitán”, popularizada
en el popurrí “Parranda 87” de la agrupación zuliana Maracaibo 15, en su
producción “Betulio y Maracaibo 15”, de 1987; pieza dada a conocer HISTORIA PERSONAL
Nombre: José Luis Rada
anteriormente por la agrupación “Raíces de Chuspa”, en su long play de
Apodo: Chelo
1985, este cultor también compuso el tema “A la medianoche”,
Nacimiento: La Guaira, 28 de febrero de 1956
popularizada en Colombia por la agrupación Palo de Arco a través de la
Padres: Domitila Rada (QEPD)
compilación “Súper Bailables” de Sony, en 1991.
Ocupación: Músico, percusionista,
Octavo y último hijo de Domitila Rada, oriunda Caruao, población costera compositor, cantautor y poeta
del este de la entidad guaireña, a los cinco años de edad “Chelo” residió Especialidad: Percusión afrovenezolana y
latinoamericana
en la calle La Cruz del sector La Lucha, parroquia Catia La Mar (hoy
Estudios: Casa de la Juventud (Catia La
Urimare). Allí tuvo su primer contacto con la fulía, contagioso ritmo típico Mar y Maiquetía)
de los Velorios de Cruz de Mayo, expresión musical y manifestación Fundación Bigott
popular, respectivamente, que marcarán su preferencia de por vida. Escuela de Música Pablo
Castellanos
“Vivía en la misma cuadra, a dos casas de la cruz. Para esos tiempos de
Escuela de Música Juan
noviembre empezaban los ensayos y uno, que era niño, se llegaba por lo Sebastián Bach
menos a fastidiar, y eso hizo que metieran a tocar”, recuerda Rada quien Residencia: Calle Unión, sector Simetaca,
cuenta que se sumaba a la celebración con otros niños que usaban tobos parroquia Carlos Soublette,
y latas por tamboras. municipio Vargas, estado La
Guaira. Coordenadas:
10.595350,-66.978794
Amante de oír música en la radio, cerca de los 11 años se integra a la
Estado civil: Soltero. No tiene hijos.
agrupación local “Guaiqueríes”, dirigida por Silveria Rivero. Allí conoce al
Salud: Retinosis pigmentaria. Estado
bandolinista Juan José Ladera, sobrino de Silveria, quien, como su
actual: ceguera total.
profesor, lo guía en sus primeros estudios de música en la Casa de la
Patrimonio: Bien de Interés Cultural, según el
Juventud, en sus sedes de Catia La Mar y Maiquetía, donde estudió teoría Catálogo de Patrimonio Cultural
y solfeo, y cuatro. Venezolano 2004-2005,
publicando por el Instituto de
La musa y sus primicias Patrimonio Cultural.
A los 19 años vuelve a vivir en La Guaira, en Quebrada de Germán, pero
no se olvida de sus lazos en La Lucha. Para 1983, se agrupa con Freddy Rivero, Alexander Izaguirre y otros
parranderos para formar “Sabor de Pueblo”, agrupación sin personalidad jurídica que duró apenas un
año. Sin embargo, este tiempo sirvió para impulsar la pluma de “Chelo”, quien, a sus 27 años, compuso la
parranda “Donde manda capitán”.
“En esos tiempos hice varias composiciones con ese tono de refranes, pero no compuse esa canción por
una vivencia en específico”, comentó al reconocer que nunca pensó que algunas de sus letras alcanzara
tal popularidad.
Relata que “una vez íbamos a tocar en un sitio y la agrupación que estaba delante de nosotros tocó
‘Donde manda capitán’, y los compañeros de mi grupo me daban golpes (en la cabeza) para felicitarme”.
“A algún sitio ha llegado mi obra. Cuando se inspira a otros uno puede decir que valió la pena ser
parrandero”, agregó.
“Amigo de mis amigos”
Mejor suerte contó la agrupación “Paguara”, fundada el 13 de enero de 1985 por Alexánder Izaguirre,
Óscar Cerezo, Eduardo Peinate y su persona, quien la presidía. En este período compuso “A la
medianoche”, “Pájaro Lindo” (parranda), “A navegar” (sangueo), “Que viva La Costa” (fulía), “Juana la O”
(sangueo) y otros temas de su autoría.
“En los años 80 grabamos diez temas, pero fue un tiempo poco difícil porque no hallamos quien
promoviera ese disco”, dijo Chelo quien aspira algún día rescatar del olvido esa producción musical, a
través de la cual estableció lazos de amistad duraderos no sólo con los integrantes de la agrupación, sino
con otros cultores como Víctor “Vitico” y Rubén “Morao” Mayora.
“Estar con amigos y amigas, no sé si será para otros, pero para mí sí es lo máximo. La música es compartir,
la parranda es compartir incluso con muchas personas que no conoces y jamás has visto; hablas con ellos,
te ríes, echas chistes, todo eso”, comenta.
Miembro de una familia musical que lo ama, entre los primos de “Chelo” destacan figuras como la del
exdirector de la orquesta La Billos Caracas Boys, Francisco “Kiko” Liendo; el flautista y saxofonista, Jesús
Liendo; y el percusionista y bandolinista, José Antonio Rada. Ha compartido tarima con Reinaldo Armas,
Cristóbal Rojas y Billo Frómeta, entre otros grandes.
Percusión, su fuerte
En 1986, “Chelo” se inscribe en la Escuela de Música Pablo Castellanos, en las cátedras de piano, y teoría y
solfeo; estuvo desde preparatorio hasta segundo año. De forma simultánea, ingresa a los Talleres de
Cultura Popular de la Fundación Bigott, en los que estudió cuatro años de percusión afrovenezolana y
afrolatina. Fue alumno de Héctor Pacheco (hermano de Elio Pacheco, fundador de la agrupación
Dimensión Latina), el maestro percusionista Alexánder Livinalli (músico, investigador y exintegrante de la
agrupación Un Solo Pueblo) y Cristóbal Soto (uno de los fundadores de la conocida agrupación venezolana
Ensamble Gurrufío). También recibió formación sobre teoría del folklore con la antropóloga Ocarina
Castillo. Compartió estudios con el arpista y lutier Arturo García, integrante de Un Solo Pueblo.
Tras estas experiencias, el cantautor ha compuesto parrandas, aguinaldos, fulías, golpes de tambor,
maricelas, sangueos, merengues, gaitas de tambora y de furro, guarañas, pasajes, joropos, valses y hasta
cumbias y vallenatos. “Lo único que no he hecho es reggaetón”, dice de forma jocosa el cultor quien se
destaca en casi todo tipo de instrumento de percusión.
Durante su formación, recibe la influencia de su profesor Cruz Felipe Iriarte; del clarinetista zuliano Goyo
Cueto; del escritor, músico e investigador zuliano Juan de Dios Martínez; de la cultora Negra Isidora,
fundadora del Calipso de El Callao, entre otras personalidades. “Todos los años, ellos salían a hacer sus
fiestas en sus pueblos, y eso tuvo una repercusión nacional e internacional”, admiró “Chelo”.
Para finales de 1989, la agrupación “Paguara” se disuelve, y con la llegada de los 90, “Chelo” se alista en la
Escuela de Música Juan Sebastián Bach, dirigida en aquel entonces por el profesor Isaac Dugarte; allí
continúa su formación en percusión latina, órgano y teoría y solfeo. Para inicios de la década también
formó parte de las agrupaciones “Expresión de mi Tierra” y “La parranda de Avensa”.
“Aprendí con tropezones que uno se da con los grupos musicales”, sonríe.
Patrimonio cultural
En el Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2005, publicado por el Instituto de Patrimonio
Cultural (IPC), del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, una breve biografía de “Chelo” aparece
reflejada como “Bien de Interés Cultural”, según la Resolución Nº 003-05 de fecha 20 de febrero del 2005.
En relación a ello, el texto señala que “en cumplimiento del Artículo 178 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela y los artículos 24, 26, 27, 28, 29, 30, 35, 36, 41 y 43 de la Ley de Protección y
Defensa del Patrimonio Cultural; la autoridad municipal establecerá las medidas necesarias para la
protección y permanencia de los bienes aquí contenidos, y notificará al Instituto del Patrimonio Cultural
sobre ellos”.
Ante esta declaración, el cultor guaireño muestra su total desconocimiento. “Yo no sé, ni me enteré. A mí
no me han dado ni una medallita”, dijo tras reconocer sin embargo que, en su opinión, “se están viendo
destellos de un mejor trato (hacia los cultores); lo que hace falta es más actividad cultural y que lo inviten
a uno”.
De la música y otras pasiones
Parrandero de vocación, se toma muy en serio su vida como músico. “Los músicos por naturaleza son
irresponsables, llegan tarde, están en un sitio y se pasan de tragos, desafinan y ponen la cómica. Yo soy
como Billos con sus músicos, y por eso lo respetaban: ‘hoy no se toma, y no se tomaba’, ‘aquí nadie bebe,
y nadie bebía’, ‘aquí el ensayo comienza a esta hora, y comenzaba’”, recuerda.
“Chelo” es un guaireño con corazón magallanero. “Empecé a sentir amor por la pelota muy niño, y no
existían los Tiburones, que empezaron a jugar en el 62”, justifica el maestro, quien dice sentir orgullo de
su gentilicio. “Me identifico mucho con el mar, esa belleza que uno tiene al frente, esa raya que uno tiene
en el horizonte en los atardeceres, eso es hermoso”, comenta este cultor quien también confiesa tener
madera para haber sido comentarista deportivo, otra de sus pasiones.
Expectativas y milagros
Desde los 12 años, Rada sufre de retinitis pigmentaria, una enfermedad de origen genético que daña la
capacidad visual de forma progresiva. Esto no ha sido impedimento para participar como músico en
múltiples manifestaciones culturales o componer las más de 400 canciones y poemas que tiene en su
haber, algunas publicadas por la Revista Caracola. A los 40 años queda totalmente ciego, lo que lo ha
apartado un poco del entorno cultural.
“Me agarró la ceguera y la parte musical quedó de lado”, dice con nostalgia este guaireño de pura cepa,
quien eventualmente comparte musas con un grupo de escritores y poetas en Guipuzcoana y en la casa
Fleury, en La Guaira, o en el Club de Bomberos de Catia La Mar.
Dispositivos intraoculares podrían devolverle la visión, pero esto dista mucho de su presupuesto. Si algún
ente, público o privado, decidiera ayudarle, sería para él un verdadero milagro. “Después de tanto
tiempo, 23 años sin ver, eso sería el regalo de la vida. Volvería otra vez a mis andanzas y volvería a crear
otro grupo musical”, afirma.
Por su mente se cruza la idea de abrir una fundación para dejar un legado como percusionista. Mientras,
con espíritu crítico y perfeccionista, hoy sigue oyendo música en la radio, con la esperanza de que algún
día ocurra su milagro.