El felino en la religión del Antiguo Perú
En los pueblos del Perú Antiguo, el hombre divinizó el poder devastador de los fenómenos naturales, y al mismo
tiempo les dio un carácter animista, creían que los fenómenos telúricos, junto a las montañas, lagunas, ríos, árboles,
etc., poseían una fuerza sobrenatural, y que ciertos animales como el f el i no podían contrarrestar o dominar las
fuerzas de la naturaleza. Así, toda la naturaleza estuvo personificada a base de formas y expresiones, personajes que
interactúan en la vida real, y cuyos actos se entremezclan con los hechos cotidianos de los hombres.
Esta concepción animista se origina en la profunda relación que el peruano ancestral establece con su entorno
natural. Desde que aprendió a observar a la naturaleza y todo lo que ocurre en ella, encontró el modo de formular
los principios y relaciones que forman los conocimientos y tradiciones culturales que tutelan la vida de sus pueblos.
Los dioses andinos son seres celestiales luminosos, animales o criaturas sobrenaturales que disponen de la
conducción del medio ambiente; desde el cielo se trasladan a la tierra y ejercen sus actividades directamente,
localizándose y surgiendo de una montaña, lago o cordillera, o por medio de apariciones cuando se les invoca; e
indirectamente por medio de sus agentes especiales para ponerse en relación con los seres terrestres y realizar su
labor creadora.
Una religión totémica
El resultado es el inicio de una religión totémica híbrida de animales costeros, serranos y amazónicos, a los que se
asocian plantas y elementos del paisaje con una clara función agrícola y de fertilidad, es así como surge la figura
mítica del felino, ya sea como j aguar, puma, tigrillo o gato montés; la característica de estos felinos es que son
animales activos durante el atardecer y la noche, de gran agilidad. El otorongo o jaguar es el más grande entre ellos y
junto con el tigrillo tienen como hábitat la foresta amazónica. El puma y el gato montés abundan en las alturas. Ellos
van a recibir diversos nombres dentro del imaginario andino: Qhoa, Illapa, Choquechinchay, Oscol lo y otros, de
acuerdo con su función mágico-religiosa y procedencia. Junto al felino, otras dos figuras van a venir a completar el
paquete iconográfico esencial del pensamiento religioso andino, serán el cóndor o un águila y la representación de
la serpiente o amaru. Esta trilogía totémica se va a expresar a partir de una iconografía naturalista que utiliza
concept os de integración y sustitución de elementos para elaborar unos seres más poderosos y con esencias
sobrenaturales, que exceden a aquellas que les corresponden en el mundo real. Con el tiempo, este carácter
naturalista dará paso a una estilización de las formas, hasta arribar a una representación simbólica abstracta y
retomar nuevamente el naturalismo.
Al volver a esta trilogía, el cóndor va a gobernar los aires; el felino, la tierra; y la serpiente, el subsuelo. Sin embargo,
va a haber una constante fusión visual de estas tres divinidades, unos cogen el atributo del otro para pasar de la
tierra al aire, del subsuelo al mundo terrenal. Pero será la representación del felino la que acapare gran parte de las
imágenes del arte del Perú Antiguo, hay una felinización –considero– debido a que la máxima representación de la
fuerza física va a radicar en su figura, tenemos así el felino convertido en símbolo de poder.
El felino y el culto al agua
Se ha vinculado el culto del agua con la función de asegurar la producción de alimentos y la sobrevivencia. Los
animales vinculados a las propiedades del agua devinieron en seres míticos. Tal es el caso del felino vinculado a la
fertilidad y al culto al agua. Los pobladores andinos creen desde tiempos ancestrales que un felino volador orina y
fertiliza los campos , y ello ha quedado representado en el arte de diferentes culturas peruanas antiguas, bajo
diversas modalidades, tanto de contenido explícito como simbólico.
En la región andina, el fenómeno metereológico: tempestad, rayo, trueno o relámpago, que bruscamente produce
las tinieblas y destruye en forma misteriosa, es causa de preocupación en los habitantes, que consideran esta
cualidad como atributo o poder de las divinidades principales que residen en el firmamento; y estos fenómenos
naturales se fusionan en la imagen del felino en su versión alada ya mencionada, de su boca salen sonidos como el
trueno; de sus ojos, rayos; sus alas provocan las tempestades, et c. Levi-Strauss distinguía en el pensamiento mítico
sudamericano estas dos concepciones acerca del agua: un agua creadora de origen celeste, y otra destructora que se
asocia a lo terrestre.
El artista andino y la creación
Es innegable la especialización de una minoría dedicada a las labores artísticas, que debió estar en un nivel
intermedio en la estructura social. Debido al volumen y calidad de su producción, debieron existir artistas y
artesanos de dedicación total a sus tareas, puesto que sus obras eran dirigidas para el consumo local y para el
intercambio.
Coexistieron pues productores y dirigentes-creadores, los primeros dedicados a repetir modelos establecidos y
creados por los segundos; pero ambos supervisados por la casta sacerdotal, sin que esto signifique que no surjan
algunas variantes del artista prehispánico y, por tanto, comiencen a cambiar los motivos en el art e, que
posteriormente pudieran devenir en un estilo. Dado que la pieza artística del Antiguo Perú no t uvo como f in ser
objeto de contemplación, dichas creaciones vienen a ser obras de culto plásticas, arte comprometido con un
pensamiento ideológico; cuyo proceso habría pasado por los siguientes pasos:
1. La concepción y creencia del artista andino de una cosmovisión particular, orientada e instaurada por una clase
sacerdotal.
2. Observación y aprehensión de la naturaleza, de su flora y fauna que constituyen su mundo religioso. El artista
visualiza las potencialidades y características del comportamiento de los seres reales, sobredimensionando muchas
veces dichas posibilidades.
3. El traslado de ese pensamiento mágico-religioso a una proyección visual, que representará lo que el mito narraba.
4. Posteriores ensayos hasta llegar al diseño final o representación naturalista, de acuerdo con el estilo de cada
cultura. En algunos casos la imagen o diseño puede ser realizada también de forma rápida.
5. Supervisión de la nueva representación por el sacerdote local.
6. Traslado y adecuación de la imagen a un soporte material y a un género plástico.
Vemos cómo, en este proceso, el artista andino ha resuelto la representación formal imaginándose el mito,
trasladando los íconos que va creando a un soporte de manera simbólica o de forma esquemática, con pocas
imágenes debe representar las historias míticas, o las deidades sobrenaturales. La imagen va a ser el resultado de un
pensamiento religioso; pero en ese proceso se halla la cualidad creadora de representación, que parte de un estilo
ya definido por su propia cultura. Es decir, “los íconos no narran el mito, sino son consecuencia de 6 ello, es el art e
que a través de convenciones codifica el mito”.
La religión en los pueblos precolombinos de América constituye el fundamento básico de elaboración de su cultura, influyendo
en la formación de la vida social , económica e intelectual de los indios .
La deidad felina
Los grandes felinos del área andina, especialmente e el jaguar y el puma, fueron mitificados por las culturas
prehispánicas, como máxima expresión de poder sobre la tierra y, como se verá más adelante, sobre los cielos y el
mundo infrahumano. Asimismo, las deidades felínicas estuvieron asociadas con el mundo de las lluvias en los andes
y la costa, y –en el caso del jaguar u otorongo– a la tierra húmeda de la selva. Este don de generar el agua tan
ansiada y necesaria para la fertilidad y producción de las tierras lo convierte en un símbolo directo de la unión de
fuerzas necesarias para la continuidad y generación de la vida.
Ya hemos señalado que las sociedades agrícolas de los andes tuvieron un liderazgo político-religioso, en ellas se
aprecia una clara y estratégica asociación de los líderes con la simbología del felino. Y será desde los albores de la
civilización peruana que surjan las primeras iconografías del poder del felino, sobre todo sus grandes colmillos, que
serán emblemas de poder y aparecerán relacionados a los personajes de alto rango, seres sobrenaturales, dioses,
chamanes y ancestros. El hombre del Antiguo Perú dentro de su observación de la naturaleza ubicó en la más alta
posición de depredación y agresividad al otorongo y al puma, reflexionando sobre sus habilidades mimetizó ciertas
características de
la conducta espacial y social de estos animales, tal como pudo haberse beneficiado y apropiado de ciertos rasgos
culturales de otros grupos humanos. Los grandes y pequeños felinos pudieron haber sido elementos didácticos de la
observación para el hombre del Antiguo Perú, con el propósito de relacionar, organizar y simbolizar sus propias
experiencias sociales.
Pero también estos felinos eran capturados y domesticados para ser destinados como animales de compañía, puesto
que eran la representación del poder y de la protección, incluso, algunos j aguares y pumas actuaban como
guardianes simbólicos de templos. El cronista Girolamo Benzoni, refiriéndose a un templo de la costa norte del Perú,
manifiesta: “ Entró a la fortaleza (de Tumbes),
en cuyo interior había un templo dedicado al Sol y, al verlo tan ricamente exornado, se quedó tan maravillado que le
parecía un sueño. Vio en la puerta unos animales que parecían leones y dos tigres, los cuales no le causaron molestia
alguna ” .
Tipos de felinos representados
Para identificar los tipos de felinos que fueron representados en el arte del Antiguo Perú, es necesario conocer los
que pertenecieron a la fauna existente de esos tiempos.
El otorongo o jaguar
Nombre científico: Panthera onca. Familia: Felidae.
Nombres comunes: Jaguar, tigre; otorongo en lengua quechua.
El otorongo o jaguar es el mayor felino de América, vive solitario en los bosques húmedos y zonas pantanosas de
América del Sur y Central; aunque algunos, también, se encuentran en bosques secos, como los otorongos de los
Cerros de Amotape en Tumbes. Solo se reúne con otros especímenes durante el celo. El otorongo puede medir hasta
dos metros de largo, de los cuales setenta centímetros corresponden a la cola, su alzada es de noventa centímetros,
y llega a alcanzar los 180 kilos. Los j aguares son generalmente de color café amarilloso, con manchas negras,
llamadas roset as; pero pueden también ser negros con..
Representaciones del Felino en las culturas del Antiguo Perú
Por más de cuatro mil años, antes de la l legada del hombre europeo a tierras donde se gestó la civilización del
Antiguo Perú, diversas expresiones artísticas se desarrollaron para explicar al poblador ancestral los mitos, leyendas
e historias, en los cuales se sustentaba la explicación del mundo en el cual residía. El arte en el Antiguo Perú se
convirtió en un medio de comunicación visual, donde a través de la imagen y el símbolo se trasmitieron ideas y
conceptos, ideas religiosas y por ende políticas de una élite teocrática.
Cada cultura, cada civilización o sociedad organizada manifestó sus pensamientos a través de la forma plástica, bajo
diversas expresiones líticas, textiles, en cerámica, ebanistería, pintura, grabado, orfebrería, arquitectura, etc.
Durante todo ese tiempo, un símbolo plástico universal se mantuvo presente, fusionándose con otros,
transformándose poco a poco de acuerdo con los estilos que marcaron las diferentes culturas del Perú Antiguo. Fue
el Felino, imagen y deidad que acaparó la atención en el arte y que se mantuvo vigente como símbolo de poder, de
fertilidad, de inteligencia, organización política, tótem sagrado y temido. Los artistas prehispánicos tenían un
profundo conocimiento de la conducta del Jaguar, el Puma y de los otros “ gatos” que adoraron, lo cual
expresaron de acuerdo con el pensamiento religioso vigente. Los diferentes tipos de representar al felino deben ser
entendidos como diferentes estilos, sería el intercambio material de piezas rituales ornamentales entre diferentes
naciones y pueblos, lo que l levaría no solo a la evolución de su representación, sino muchas veces incluso a variar su
postura religiosa. De pronto veremos cómo el hombre le va añadiendo a la imagen del felino nuevas posibilidades, lo
va dotando de nuevas características, lo va confrontando con la naturaleza y lo relaciona con sus penas y alegrías,
con sus amenazas y protecciones, sus prosperidades y desgracias. El mito se convirtió en art e; y el Felino, en el dios
mágico de los hombres.
Analizaré ahora algunas piezas seleccionadas con el f in de ilustrar el proceso y evolución de la imagen del Felino en
el art e del Antiguo Perú.
Las primeras manifestaciones del Felino
El primer lugar donde se rastreó la imagen de un Felino fue en la Huaca Prieta (val l e de Chi cama, La Libertad) , una
sociedad que perteneció al periodo Precerámico. Fue allí en 1946, cuando Junios Bird halló un conocido tejido de
algodón con la representación de un cóndor, en cuyo interior se aprecia una serpiente enroscada en su vientre que
termina en cabeza de felino. Este tejido es una fibra de algodón entrelazado sin uso todavía del telar, que data del
2500 a.C. Desde esos tiempos ya se aprecia un hábil manejo de motivos decorativos que reflejan los inicios de la
mitología andina totémica mencionada. El Felino en esta imagen es el corazón y el inicio de la vida de las otras dos
deidades. Asimismo, es el inicio de un diseño morfológico mítico-religioso en el Antiguo Perú.
También en Huaca Prieta se encontró una calabaza con decoración incisa (2500 a.C.). El mate muestra el rostro
estilizado de un felino cuyos rasgos van a asumir aquí formas rectangulares y están marcados por una fuerte
simetría. Destaca la presencia de grandes ojos que presentan en su interior pupilas concéntricas, arriba se observan
las orejas que no se unen a la cabeza directamente, compuestas cada una por dos rectángulos con patrón tipo red.
Bajo los ojos aparece una gran boca abierta, cuya ligera redondez hacia los