El elefante Bernardo
Había, una vez, un elefante que se llamaba Bernardo. A Bernardo, le costaba Por qué los perros viven con las personas.
mucho pensar en los demás y siempre se reía de todos. Un día, jugando, lanzó Cuenta una leyenda muy antigua de Benín que hace mucho, pero que mucho
una piedra que causó una herida a la oreja del burro Cándido. Este se puso a tiempo, vivía en este lugar el rey de los animales. El rey era amable y
llorar y, mientras que unos niños le curaban la herida, Bernardo solo se reía de él. bondadoso y los animales que vivían allí, le adoraban. Todo se desarrollaba
Al día siguiente, Bernardo bajó al río y se encontró con dos ciervos. Para reírse un con armonía, hasta que un día, la reina enfermó.
rato, les lanzó agua con su trompa y consiguió que el más pequeñito se cayera al El rey de los animales mandó llamar a todos los médicos y curanderos del
país, pero ninguno conseguía averiguar qué le ocurría a su mujer ni cómo
río. Bernardo solo seguía riéndose sin ningún respeto hacia los ciervos.
ayudarla para que sanara.
Sin embargo, al día siguiente, andando por el bosque, Bernardo tropezó con una Desesperado, el rey mandó llamar a todos los animales, por si alguno podía
planta llena de espinas, las cuales se quedaron clavadas a sus patas. Bernardo encontrar un remedio para la enfermedad de la reina.
no llegaba a quitárselas y pidió ayuda al burro Cándido y al cervatillo que pasaban El elefante, que había conocido muchos lugares del continente, dijo al fin:
por allí. Estos se negaron a ayudarle por lo que les había hecho los días – Conozco unas hojas que pueden curar a la reina, pero están muy lejos de
anteriores. aquí y necesitamos a alguien inteligente y rápido para que llegue a tiempo. Yo
Bernardo se puso a llorar, desconsolado, hasta que un mono sabio acudió en su tardaría mucho en llegar hasta allí, majestad- dijo el elefante.
ayuda a cambio de que cumpliera dos promesas: no se reiría de nadie más y si – Necesitamos entonces a un animal veloz, inteligente y fiel, en quien podamos
alguien necesitaba ayuda, él se la daría. El elefantito aceptó las condiciones y el confiar… – dijo pensativo el rey de los animales- Serás tú- dijo el rey
mono le quitó las espinas. Desde este momento, Bernardo aprendió a no reírse de señalando al perro.
los demás y a ayudarles siempre que lo necesitasen. El perro se sintió muy halagado en ser el elegido para esa importante tarea.
– ¡Qué gran honor! ¡Estoy muy contento con poder demostrar mi valía y mi
El niño y los clavos. fidelidad a ti- dijo entonces!
El perro partió a toda velocidad al lugar que le había indicado el elefante. Pero
En una pequeña aldea, vivía un niño que tenía muy mal carácter: siempre estaba
después de estar corriendo durante todo un día, el perro comenzó a sentirse
enfadado con todo el mundo e insultaba por todo y por nada. Para remediar este muy cansado y hambriento. Entonces, se encontró con un plato con suculenta
comportamiento, su padre le dio una bolsa llena de clavos y le pidió que clavase comida al borde del camino, y a pesar de las dudas, terminó comiéndose todo.
un clavo en la verja de la casa cada vez que se sintiera enfadado. El niño empezó Después le entró tanto sueño que se echó a dormir junto a un árbol.
esta tarea y clavó 37 clavos en un solo día. Al día siguiente, ya solamente clavó Mientras tanto, el rey seguía esperando las hojas que curarían a la reina.
20; y, al tercer día, clavó únicamente 6. Estaba preocupado, porque el perro tardaba y ella empeoraba. Así que decidió
Cada día que pasaba, el niño necesitaba clavar menos clavos, lo que quería decir mandar al mono en busca del perro. El animal siguió sus huellas y le encontró
que iba aprendiendo a controlar su mal genio. Así, llegó el día en el que el niño no dormido bajo un árbol:
tuvo necesidad de clavar ningún clavo y su padre le felicitó por el cambio en su – ¡Perro, perro! ¿Qué haces durmiendo? ¡La reina necesita con urgencia las
comportamiento. hojas!
Seguidamente, el papá le pidió que sacase un clavo de la verja cada vez que se El mono agarró las hojas y regresó corriendo mientras que el perro,
sintiera bien. El niño, al sentirse contento, logró quitar todos los clavos de la verja avergonzado por no haber cumplido su tarea, decidió que no podía regresar a
la selva con el resto de animales. Así que comenzó a vagar en solitario por la
en muy poco tiempo y su padre le felicitó, de nuevo, por su progreso. Sin
Sabana hasta que se encontró con un cazador que le apuntaba con un fusil.
embargo, le hizo prestar atención a los agujeros que habían quedado en la verja y
le hizo ver que lo mismo pasaba con la gente: una vez había dicho cosas feas a la
gente, aunque pidiera disculpas, siempre quedaban cicatrices.
El niño entendió las palabras de su padre y, a partir de este día, el niño se
convirtió en una persona muy amable y respetuosa con los demás.
joven que me ofendió. Así podremos hacer las paces y recuperaré un amigo.
Seguro que ‘Águila Parda’ está muy arrepentido de lo que ha hecho…
‘Las tres pipas’, una leyenda india sobre el control de la ira
Cuenta la leyenda, que un miembro de una tribu india, ‘Pies de plomo’, se enojó
mucho con un compañero, y decidió acudir a la tienda del Jefe de la tribu para – ¡Que sabia decisión! – le dijo el cacique- Es lo que quería decirte, pero era
explicarle lo que sucedía. Estaba tan enfadado con su compañero, que pensaba mucho mejor que llegaras por ti mismo a esa conclusión.
matarle.
– Oh, Jefe de la Tribu, estoy tan enfadado con Águila Parda, que ahora mismo voy ‘El perro del conquistador’, una hermosa leyenda sobre el respeto
a buscarle para matarle. Cuenta una leyenda de México muy antigua, que hace mucho, mucho tiempo, durante
– Espera- contestó el Jefe de la tribu- Entiendo tu enfado y comprendo que la conquista de América por los españoles, ocurrió algo insólito con unos animales: los
quieras vengarte con rapidez. Pero antes, te pido que tomes esta pipa, vayas perros que usaban para asustar y atacar en los poblados indígenas.
junto al árbol sagrado y fumes un rato. Luego regresa y vuelve a explicarme lo que Estos perros, de raza mastín y alana, estaban acostumbrados a atacar y a recibir un
deseas hacer. trato brusco y agresivo por parte de sus dueños. Por lo tanto, no dudaban en morder y
atacar a los indígenas cuando llegaban y éstos salían corriendo asustados. De esta
Así que ‘Pies de plomo’ tomó la pipa, se fue hasta el árbol anciano e hizo lo que le
forma, los españoles contaban con una eficaz arma para adueñarse de los territorios y
había pedido el Jefe de la tribu. Una vez que terminó, regresó, eso sí, mucho más seguir avanzando.
tranquilo. De hecho, según volvía a la tienda del Jefe, se dio cuenta de que, en Pero en una ocasión, en un pequeño poblado indígena de Coahuila, mientras toda la
realidad, matar al joven indio que le había ofendido, tal vez era demasiado… población huía de los feroces animales, una joven india, que se había quedado
– Oh, gran Jefe- dijo el indio- Gracias por la pipa. He pensado y ahora creo que rezagada, se detuvo y se agachó para ponerse a la altura de los perros. Entonces, a
bastará con darle una gran paliza a ‘Águila Parda’… pesar del pánico que sentía ante los colmillos de uno de los animales que estaba a
– Entiendo bien lo que dices- contestó el Jefe de la tribu- Pero antes, te pido que punto de atacarla, comenzó a llamarle con voz dulce:
vuelvas con la pipa al árbol sagrado y fumes de nuevo. Después, tráela de – Eh, perrito, perrito lindo, no tengas miedo…
vuelta… El animal, que no estaba acostumbrado a ese tipo de trato tan dulce, se quedó
El indio, un poco sorprendido, accedió a ir de nuevo al árbol anciano. Y comenzó paralizado y continuó escuchando, a pesar de no entender lo que decía la muchacha:
a fumar la pipa. Al terminar, se dio cuenta de que sus emociones habían – Ven, perrito lindo, no te haré daño- seguía diciendo ella.
cambiado, y ya no se sentía tan enfadado. Según regresaba a la tienda del Gran Y, para asombro de los soldados que estaban contemplando la escena, el perro se
acercó a ella y se dejó acariciar, para luego lamer sus manos y seguirla cuando ella
jefe, pensó que no merecía la pena darle una paliza al indio que le había ofendido.
comenzó a correr. Ambos terminaron adentrándose en la selva, y los soldados no
– Oh, Gran Jefe- le dijo el indio- Toma la pipa, muchas gracias. Pero es curioso, volvieron a ver al animal.
ahora no siento la necesidad de darle una paliza a ‘Aguila Parda’. Creo que Desde entonces, muchos otros perros como este siguieron a los habitantes de los
bastará con dejarle en ridículo delante de todos. Eso haré… le insultaré delante de poblados indígenas, ya que escogieron el trato respetuoso y cariñoso frente a la
todos los demás. agresividad y el desdén.
– Bien, joven indio, entiendo bien que aún te sientas enfadado. Pero antes de ir a
buscarle, toma esta tercera pipa y acude de nuevo al árbol anciano. Después, Los lobos que luchan
regresa a verme. Cuenta una antigua leyenda india, concretamente de los Cherokees, que un sabio anciano hablaba
durante una noche de luna llena con sus nietos. Alrededor de una hoguera, al anciano le gustaba hablar
Al indio no le apetecía mucho ir de nuevo a fumar junto al árbol, pero hizo caso y de sus emociones con los niños, y contarles bellas historias que les ayudara a entender nuestros actos.
acudió con la pipa al árbol sagrado. Fumó y al terminar, según regresaba a la Esa noche, sus nietos le miraban con mucha atención. El anciano se movía nervioso, aturdido. Y los
tienda del Gran Jefe indio, se dio cuenta de que su enojo se había esfumado por niños le preguntaron:
– Abuelo, ¿qué te pasa? Y él contestó: – Siento como si dos lobos estuvieran peleando dentro de mí, en
completo, como el humo de la pipa, y que en realidad lo que debería es ir a hacer mi corazón. Uno de ellos es un lobo violento, lleno de rabia, vengativo y envidioso… El otro lobo sin
las paces con el joven indio que le había ofendido, con un gran abrazo. embargo es bueno, compasivo, generoso… está lleno de amor.
– Oh, Gran Jefe indio- le dijo entonces el indio- Muchas gracias por la pipa. Ahora Los niños se quedaron atónitos. Y después de un largo silencio, preguntaron:
– Abuelo, ¿y quién ganará la pelea?
lo veo todo más claro: creo que lo que debo hacer es ir a dar un gran abrazo al Y el abuelo contestó:
– Aquel a quien yo alimente.
Moraleja: ‘Puedes ser un lobo lleno de ira y rencor o un lobo repleto de generosidad y amor. Todo
depende del lobo al que alimentes’.