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Asignatura
Desarrollo psicológico del niño de 0 a 6 años
Sección
B01
Tema
Desarrollo psicosocial en los primeros 3 años de vida.
Introducción
El desarrollo psicosocial durante los primeros tres años de vida es un período crucial en
la vida de un niño, ya que se establecen las bases para su crecimiento y bienestar
emocional. Durante esta etapa, se desarrollan habilidades cognitivas, emocionales y
sociales que influirán en su comportamiento y relaciones a lo largo de su vida. Además,
el cuidado infantil temprano y la presencia de maltrato infantil son factores
determinantes que pueden tener un impacto significativo en el desarrollo psicosocial de
los niños. Comprender los fundamentos del desarrollo psicosocial, así como la
importancia del cuidado adecuado y los efectos del maltrato infantil, es esencial para
garantizar el bienestar y el crecimiento saludable de los niños en sus primeros años de
vida.
Desarrollo psicosocial en los primeros 3 años de vida.
Fundamentos del desarrollo psicosocial en los primeros 3 años.
Aunque los bebés comparten patrones comunes de desarrollo, desde el inicio cada uno
muestra una personalidad distinta: la mezcla relativamente constante de emociones,
temperamento, pensamiento y conducta que hace única a cada persona. Esas formas
características de sentir, pensar y actuar (que reflejan influencias congénitas y
medioambientales) influyen en la manera en que los niños responden a los demás y se
adaptan a su mundo. Desde la infancia, el desarrollo de la personalidad se entrelaza con
las relaciones sociales; esta combinación es llamada desarrollo psicosocial.
Emociones
Las emociones, como tristeza, felicidad y temor, son reacciones subjetivas a la
experiencia que se asocian con cambios fisiológicos y conductuales (Sroufe, 1997). Por
ejemplo, el temor se acompaña de una aceleración en el ritmo cardiaco y, a menudo, por
acciones de autoprotección. El patrón característico de reacciones emocionales de una
persona se empieza a desarrollar durante la lactancia y es un elemento básico de la
personalidad. La cultura influye en la manera en que las personas se sienten acerca de
una situación y en la forma en que expresan sus emociones.
Primeros signos de la emoción
Los recién nacidos demuestran con claridad los momentos en que se sienten infelices.
Sueltan un llanto desgarrador, agitan brazos y piernas, y endurecen el cuerpo. Es más
difícil saber cuándo están contentos. Durante el primer mes los recién nacidos suelen
tranquilizarse ante el sonido de una voz humana o cuando son tomados en brazos.
Sonríen cuando sus manos se mueven al unísono para jugar a las palmaditas. A medida
que pasa el tiempo los bebés responden más a las personas, sonriendo, arrullando,
alargando la mano y, al final, acercándose a ellas.
Esos primeros indicios o señales de los sentimientos de los bebés son indicadores
importantes del desarrollo: lloran cuando quieren o necesitan algo; cuando desean
socializar, sonríen o ríen. Cuando sus mensajes obtienen respuesta, su sentido de
conexión con otras personas crece.
El llanto: es la manera más eficaz (y en ocasiones la única) en que los bebés pueden
comunicar sus necesidades. Algunas investigaciones identificaron cuatro patrones de
llanto (Wolff , 1969): el básico llanto de hambre (un llanto rítmico que no siempre se
asocia con el hambre); el llanto de enojo (una variación del llanto rítmico en el cual
pasa un exceso de aire por las cuerdas vocales); el llanto de dolor (un inicio repentino
de llanto fuerte sin significado preliminar, que en ocasiones es seguido por la retención
del aliento); y el llanto de frustración (dos o tres llantos interminables sin retención
prolongada del aliento) (Wood y Gustafson, 2001).
Sonrisas y risas: las primeras sonrisas, apenas perceptibles, ocurren de manera
espontánea poco después del nacimiento, al parecer como resultado de la actividad
subcortical del sistema nervioso. Esas sonrisas involuntarias aparecen a menudo durante
los periodos de sueño MOR. Al mes de edad, es común que sonidos agudos provoquen
sonrisas cuando el infante está adormilado. Durante el segundo mes, a medida que se
desarrolla el reconocimiento visual, los bebés sonríen más ante ciertos estímulos
visuales, como los rostros que conocen (Sroufe, 1997; Wolff, 1963)
¿Cuándo aparecen las emociones?
El desarrollo emocional es un proceso ordenado que despliega una serie de emociones
complejas a partir de otras más simples. De acuerdo con un modelo (Lewis, 1997; figura
1), las emociones aparecen poco después del nacimiento los bebés muestran signos de
satisfacción, interés y aflicción. Durante los siguientes seis meses, esos primeros estados
emocionales se diferencian en verdaderas emociones: alegría, sorpresa, tristeza,
repugnancia y luego enojo y temor, como reacciones a sucesos que tienen significado
para el niño.
Las emociones autoconscientes, como el bochorno, la empatía y la envidia, sólo
aparecen después de que los niños han desarrollado la conciencia de sí mismos: la
comprensión cognoscitiva de que poseen una identidad reconocible, separada y
diferente del resto de su mundo. Esta conciencia del yo parece surgir entre los 15 y los
24 meses y es necesaria para que los niños puedan percatarse de que son el centro de
atención, identificarse con lo que “otros” sienten o para desear tener lo que tiene otra
persona.
Más o menos a los tres años, una vez que adquirieron la conciencia de sí mismos
además de una buena cantidad de conocimiento acerca de los estándares, reglas y metas
aceptadas por su sociedad, los niños adquieren la habilidad de evaluar sus pensamientos,
sus planes, sus deseos y su conducta en relación con lo que se considera socialmente
apropiado. Sólo entonces pueden demostrar sus emociones autoevaluativas de orgullo,
culpa y vergüenza (Lewis, 1995, 1997, 1998).
Temperamento
En ocasiones, el temperamento se define como la manera característica, biológicamente
determinada, en que la persona reacciona a personas y situaciones. El temperamento es
el cómo de la conducta: no qué hace la persona, sino cómo lo hace (Thomas y Chess,
1977). Por ejemplo, es posible que dos infantes sean igual de capaces para vestirse por
sí mismos y que tengan la misma motivación, pero uno puede hacerlo más rápido que
otro, estar más dispuesto a ponerse una prenda nueva y distraerse menos si el gato salta
sobre la cama. El temperamento tiene una dimensión emocional, pero, a diferencia de
las emociones que vienen y van, el temperamento es bastante estable y duradero.
Aspectos del desarrollo en la infancia
Desarrollo de la confianza
La primera de las ocho etapas de desarrollo psicosocial propuestas por Erikson es
confianza básica versus desconfianza básica. Esta etapa inicia durante la lactancia y
continúa hasta alrededor de los 18 meses de edad. En estos primeros meses, los bebés
desarrollan un sentido de la confiabilidad de las personas y objetos en su mundo.
Necesitan desarrollar un equilibrio entre la confianza (que les permite formar relaciones
íntimas) y la desconfianza (que les permite protegerse). Si predomina la confianza,
como debería, los niños desarrollan la virtud, o fortaleza, de la esperanza: la creencia de
que pueden satisfacer sus necesidades y cumplir sus deseos (Erikson, 1982). Si
predomina la desconfianza, los niños percibirán al mundo como hostil e impredecible y
tendrán dificultades para formar relaciones.
Desarrollo del apego
El apego es un vínculo emocional entre el lactante y el proveedor de cuidados, en donde
ambos contribuyen a la calidad de la relación y hacen que dicho vínculo sea recíproco y
duradero. Desde un punto de vista evolutivo, el apego tiene un valor adaptativo para los
bebés al garantizar que se satisfagan sus necesidades psicosociales, así como las físicas
(MacDonald, 1998). Según la teoría etológica, los lactantes y sus padres están
biológicamente predispuestos a apegarse entre sí y el apego promueve la supervivencia
del bebé.
Ainsworth y sus colaboradores en medio de una investigación observaron tres patrones
principales de apego en niños de un año de edad: Los bebés con un apego seguro lloran
o protestan cuando el cuidador sale, pero son capaces de obtener el consuelo que
necesitan y demostrar con eficacia y prontitud flexibilidad y resiliencia cuando
enfrentan situaciones estresantes. Los bebés con apego evasivo tienden a evitar el
contacto con el cuidador y no lloran cuando son separados de él, mientras que los bebés
con apego ambivalente (resistente) muestran ansiedad antes de que el cuidador salga,
se muestran muy molestos durante su ausencia y a su regreso lo buscan y a la vez se
resisten al contacto. Otra investigación (Main y Solomon, 1986) identificó un cuarto
patrón de apego, el apego desorganizado-desorientado, en el que el bebé muestra
conductas contradictorias, repetitivas o mal dirigidas después de la separación del
cuidador principal.
Cuidado infantil temprano/Maltrato infantil, tipos y efectos.
Cuidado infantil temprano
El cuidado infantil temprano se refiere al cuidado y la educación de los niños desde el
nacimiento hasta los tres años de edad. Esto puede incluir el cuidado en el hogar, la
guardería, el cuidado de familiares o amigos, y otros arreglos de cuidado. El cuidado
infantil temprano es importante para el desarrollo cognitivo, socioemocional y físico de
los niños, y puede tener un impacto duradero en su vida. (World Health Organization,
2021).
La evidencia científica sugiere que el cuidado infantil temprano es fundamental para el
desarrollo humano, ya que los primeros años de vida son críticos para el desarrollo
humano del cerebro y la formación de habilidades y funciones fundamentales para la
vida.
Maltrato en la infancia
El maltrato infantil es cualquier acción, misión o trato negligente que de manera no
accidental perjudica la salud, el desarrollo, la dignidad o la supervivencia de un niño.
Los niños sufren abuso y negligencia a todas las edades, pero las tasas más altas de
victimización y muerte por maltrato corresponden a edades de tres años o menores
(Child Welfare Information Gateway, 2008; USDHHS, Administration on Children,
Youth and Families, 2008).
Tipos de maltrato: abuso y negligencia infantil
Aunque la mayoría de los padres son cariñosos y cálidos, algunos no pueden
proporcionar a sus hijos un cuidado apropiado y otros los agreden deliberadamente.
El maltrato, sea que lo perpetren los padres u otras personas, es el riesgo deliberado o
evitable que se hace correr a un niño. El maltrato adopta diversas formas específicas y el
mismo niño puede ser víctima de más de un tipo de ellas (USDHHS, Administration on
Children, Youth and Families, 2008). Estos tipos son los siguientes:
• Abuso físico: provocar lesiones corporales por medio de puñetazos, golpes, patadas,
sacudidas o quemaduras.
• Negligencia: dejar de satisfacer las necesidades básicas de un niño, como comida,
ropa, atención médica, protección y supervisión.
• Abuso sexual: cualquier actividad sexual que involucra a un niño y a una persona
mayor.
• Maltrato emocional o psicológico: incluye el rechazo, amedrentamiento, aislamiento,
explotación, degradación, humillación o dejar de proporcionar apoyo emocional, amor y
afecto.
Efectos a largo plazo del maltrato
Las consecuencias del maltrato pueden ser físicas, emocionales, cognoscitivas y
sociales, y es común que estén interrelacionadas. Un golpe en la cabeza del niño puede
ocasionar daño cerebral que provoca retrasos cognoscitivos y problemas emocionales y
sociales. De igual manera, la negligencia severa o los padres poco cariñosos pueden
ocasionar alteraciones considerables en el cerebro en desarrollo (Fries et al., 2005). En
un estudio, los niños que habían sufrido negligencia de sus padres tenían mayor
probabilidad que los niños maltratados o que los no maltratados de interpretar mal las
señales emocionales en los rostros (Sullivan, Bennett, Carpenter y Lewis, 2007).
Las consecuencias a largo plazo del maltrato pueden incluir mala salud física, mental y
emocional; problemas en el desarrollo del cerebro (Glaser, 2000); dificultades
cognoscitivas, lingüísticas y académicas; problemas con el apego y las relaciones
sociales (NCCANI, 2004); problemas de memoria (Brunson et al., 2005), y, en la
adolescencia, mayor riesgo de un bajo aprovechamiento académico, delincuencia,
embarazo, consumo de alcohol, drogas, y suicidio (Dube et al., 2001, 2003; Lansford et
al., 2002; NCCANI, 2004).
Cuidados en la infancia y su relación con el cerebro y salud mental.
Los niños nacen listos para aprender. Ellos dependen de los padres, miembros de la
familia y otros cuidadores, como sus primeros maestros, para desarrollar las habilidades
correctas para llegar a ser independientes y llevar vidas saludables y exitosas. La
manera en que el cerebro crece está influenciada fuertemente por las experiencias del
niño con otras personas y el mundo. El cuidado especial para la mente es crucial para el
cerebro. Los niños crecen y aprenden mejor en un ambiente seguro donde estén
protegidos del abandono y del estrés extremo o crónico, y con abundantes
oportunidades de jugar y explorar.
Los padres y otros cuidadores pueden apoyar el saludable crecimiento del cerebro al
hablar, jugar y cuidar a sus niños. Los niños aprenden mejor cuando sus padres se
turnan para hablar y jugar, y cuando fomentan las habilidades e intereses del niño. Criar
al niño entendiendo sus necesidades y respondiendo a ellas con tacto ayuda a proteger el
cerebro de los niños del estrés. Hablar con los niños y exponerlos a libros, historias y
canciones ayuda a reforzarles el lenguaje y la comunicación, lo cual los pone en la
senda del aprendizaje y del éxito en la escuela.
La exposición al estrés y al trauma pueden tener consecuencias negativas a largo plazo
para el cerebro del niño, mientras que hablar, leer y jugar con él pueden estimular el
crecimiento de su cerebro. Garantizar que los padres, cuidadores y proveedores de
cuidado en la primera infancia tengan los recursos y las habilidades para proveer un
cuidado seguro, estable, provechoso y estimulante es una importante meta de la salud
pública.
Cuando los niños están en riesgo, hacer seguimiento de su desarrollo y asegurarse de
que alcancen los indicadores del desarrollo puede ayudar a garantizar que cualquier
problema sea detectado temprano y que puedan recibir la intervención que necesiten.
(Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2023)
El cuidado de la infancia tiene un impacto significativo en el desarrollo del cerebro y la
salud mental de los niños. Un entorno seguro, afectuoso y estimulante puede promover
un desarrollo cerebral saludable y prevenir problemas de salud mental en el futuro.
El cuidado de la infancia se refiere a las experiencias y el entorno en el que crecen los
niños durante sus primeros años de vida. Durante este período, el cerebro está
experimentando un rápido desarrollo y es especialmente sensible a las influencias
ambientales.
Un cuidado adecuado de la infancia, que incluye la nutrición, el afecto, la estimulación
cognitiva y emocional, así como un entorno seguro y estable, puede tener un impacto
positivo en el desarrollo del cerebro. Estas experiencias tempranas ayudan a establecer
conexiones neuronales y contribuyen a la formación de habilidades cognitivas,
emocionales y sociales.
Por otro lado, el cuidado inadecuado o negligente de la infancia puede tener efectos
negativos en el desarrollo cerebral y la salud mental. La falta de apego seguro, la
exposición a situaciones de estrés crónico, la violencia o el abuso pueden afectar
negativamente el desarrollo del cerebro y aumentar el riesgo de problemas de salud
mental en el futuro.
Es importante destacar que el cuidado de la infancia no solo tiene un impacto en el
desarrollo temprano, sino que también sienta las bases para la salud mental a lo largo de
toda la vida. Brindar un entorno seguro y estimulante durante la infancia puede ayudar a
prevenir trastornos mentales y promover una buena salud mental en la edad adulta.
Factores que pueden afectar al desarrollo cerebral y la salud mental
El cuidado de la infancia juega un papel importante en el desarrollo del cerebro y la
salud mental de las personas. Algunos factores que pueden afectar al desarrollo cerebral
y la salud mental incluyen:
- La calidad y la disponibilidad de la atención y el afecto de los cuidadores.
- La exposición a factores estresantes o traumáticos durante la infancia, como la
violencia o la pobreza.
- La calidad de la dieta y la alimentación.
- El nivel de exposición a los estímulos mentales, como la conversación y los libros.
- El contacto físico, como el abrazar y el estar cerca de los padres, ayuda a estimular el
desarrollo cerebral y promueve la regulación emocional en los niños.
- La interacción social y el juego estimulan el desarrollo de habilidades sociales y
cognitivas.
- La educación temprana y la estimulación intelectual pueden aumentar el desarrollo
cognitivo y el bienestar psicológico.
Conclusión
El desarrollo psicosocial en los primeros tres años de vida es un proceso fundamental
que sienta las bases para el crecimiento emocional y social de un niño. Durante esta
etapa, los niños adquieren habilidades cognitivas, emocionales y sociales que los
preparan para su futuro. Es crucial brindar un cuidado infantil temprano adecuado, que
incluya un entorno seguro, afectuoso y estimulante, para promover un desarrollo
psicosocial saludable. Por otro lado, el maltrato infantil puede tener efectos
devastadores en el desarrollo psicosocial, afectando la autoestima, las relaciones
interpersonales y la salud mental de los niños. Es responsabilidad de los cuidadores,
padres y proveedores de cuidado en la primera infancia asegurarse de proporcionar un
entorno seguro y protector, así como de estar alerta a cualquier señal de maltrato
infantil. Al invertir en el cuidado adecuado y prevenir el maltrato infantil, podemos
contribuir a un desarrollo psicosocial positivo en los primeros años de vida, sentando las
bases para una vida adulta saludable y satisfactoria.
Referencias
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