0% encontró este documento útil (0 votos)
126 vistas33 páginas

Reflexiones Cuaresmales 2019

Este tema presenta la situación de los discípulos de Emaús como un ejemplo del camino de conversión. Al evaluar el cuarto plan diocesano, la comunidad reconoce que ha habido poca vida de iglesia en el barrio y necesita entrar en proceso de conversión pastoral para lograr una estructura ministerial y misionera más laical.

Cargado por

vira262011
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
126 vistas33 páginas

Reflexiones Cuaresmales 2019

Este tema presenta la situación de los discípulos de Emaús como un ejemplo del camino de conversión. Al evaluar el cuarto plan diocesano, la comunidad reconoce que ha habido poca vida de iglesia en el barrio y necesita entrar en proceso de conversión pastoral para lograr una estructura ministerial y misionera más laical.

Cargado por

vira262011
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

temas cuaresmales 2019

En camino de conversión a la misión

Marzo – Abril 2019


Diócesis de Ciudad Guzmán
1

Presentación

“La Cuaresma se nos presenta como un tiempo para fortalecer nuestra vida cristia-
na, a pesar de las dificultades y aún del sufrimiento que aqueja la vida de tantas
personas, de las familias, de la sociedad y aún de la Iglesia, pues estas realidades
dolorosas que acompañan la condición humana, no dejan de ser una constante
tentación para hundirnos en el pesimismo y la derrota, o para mantenernos indife-
rentes ante el mal”. Así señala nuestro padre y pastor Óscar Armando Campos
Contreras en su Mensaje de Cuaresma de este año.
Las reflexiones cuaresmales están orientadas a revisar la vida personal y comu-
nitaria y a asumir, a la luz de la Palabra de Dios, un camino de conversión, que
nos disponga a la celebración de la Pascua de Jesús.
Este año se nos propone que hagamos la reflexión cuaresmal como un camino
de conversión personal y comunitaria, a la luz de la experiencia de los discípulos
de Emaús, como se realizó en la XI Asamblea Diocesana Postsinodal los días 20,
21 y 22 de febrero.
“Necesitamos vivir la Pascua como la experiencia de aquellos discípulos de
Emaús que, reconociendo sus infidelidades y desalientos caminaron con el Señor
Jesús, aún sin reconocerlo de inmediato, para descubrirlo resucitado en la Pala-
bra, en la Fracción del Pan y en la vida de una comunidad abierta y dispuesta a
compartir su gozo con los demás”, dice nuestro Obispo en su Mensaje de Cuares-
ma.
El objetivo de los temas cuaresmales es: “Revisar la vida de Iglesia en el barrio
(rancho, colonia) ayudados con los resultados de la evaluación de las prioridades
en lo eclesial del 4º Plan Diocesano de Pastoral, para entrar en el camino de con-
versión pastoral y reanimarse como comunidad misionera”.
Se prepararon cinco temas y una celebración, siguiendo el proceso de conver-
sión de los discípulos de Emaús, proceso en el que el Resucitado se convirtió en
el protagonista: regresaban derrotados a su pueblo, Jesús se puso a caminar con
ellos, les hizo arder el corazón, se dejó reconocer y provocó que volvieran a Jeru-
salén a compartir su experiencia. De ahí que el tema general es: “En camino de
conversión hacia la misión.
Los temas, elaborados por el Equipo Diocesano de Pastoral Juvenil, son:
1. El camino de la conversión.
2. Jesús se une a nuestro camino de conversión.
3. Jesús nos habla en el camino de conversión.
4. Nos convertimos al Resucitado.
5. Convertidos, regresamos a la misión.
Esperamos que les ayuden en su proceso comunitario de preparación a la Pas-
cua del Señor Jesús, quien decide quedarse con sus discípulos para reanimarnos.
2

j. lorenzo guzmán j., pbro


Vicario Episcopal de Pastoral
3

Tema 1. El camino de la conversión


“Se dirigían a un pueblo llamado Emaús”

 Ambientación: Un altar con la Biblia y el cirio, una imagen o dibujo de los


discípulos de Emaús (para todos los días), huellas y marcadores.

1. Canto: Caminaré en presencia del Señor.

CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR. (2v)

Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante,


porque inclina su oído hacia mí,
el día que lo invoco.

Alma mía, recobra tu calma,


que el Señor fue bueno contigo,
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

2. Bienvenida.
A cada participante se le entrega una huella de un pie, para que escriba en ella
una frase de animación a todos para que sigan participando toda la semana.

3. Ubicación:
Con la Cuaresma nos preparamos a celebrar la Pascua de Jesús, a través de la
conversión tanto personal como comunitaria. En estas catequesis cuaresmales
vamos a tratar de vernos reflejados en la experiencia de los discípulos de Emaús,
así como se vivió en la XI Asamblea Diocesana Postsinodal, para que, a partir del
encuentro con Jesús, hagamos una ruta de conversión a la misión al servicio del
Reino en nuestro barrio (colonia o rancho).

4. Oración.
Todos: Señor, que esta reflexión cuaresmal nos lleve a revisar la vida personal
y comunitaria, a la luz de tu Palabra, para que nos lleva a asumir la conversión
4

como parte del camino de preparación a la celebración de la Pascua de tu Hijo.


Amén.
Nota: Las huellas se colocan en el piso, formando una cruz, mientras se canta:
Salve, Cruz bendita...
Todos: La cruz marca la ruta hacia la Pascua. En el nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

5. Ver: En 10 años casi no caminamos como Iglesia en el barrio (colonia,


rancho).

Nota: Cada una de las siguientes frases se ponen en letreros como señala-
mientos de carretera, muy vistosos y creativos; se irán acomodando de adentro
del local hacia la calle, para dar el sentido “de salir”.

Animador: Al preguntarnos por lo realizado del 4º Plan en las prioridades en lo


eclesial descubrimos que la realidad en el sur de Jalisco anda por un lado y lo
que hacemos como Diócesis, por otro. La pobreza, la violencia y la destrucción
de la Creación siguen en aumento día a día y nosotros hacemos muy poco o
nada por responder a ellas desde la fe. Lo descubrimos sobre todo en los anti
signos que revelan que en diez años no crecimos, como Iglesia ministerial, mi-
sionera y en formación desde la base.
En los resultados de la evaluación cualitativa del Cuarto Plan Diocesano de
Pastoral que hemos hecho, aparece que:
a) Vivimos en nuestra Diócesis una diversidad de modelos de Iglesia, y
casi se nos olvida el modelo que hemos venido soñando y que ha que-
dado plasmado en nuestro Sínodo Diocesano.
b) El proyecto de fraternidad de Jesús como un proyecto de Vida Digna
para todas y todos, no está ya plenamente en lo profundo de nuestro
corazón. Muchos valores del Reino han quedado diluidos en la vida de
nuestras comunidades.
c) Hemos debilitado, en nuestra práctica pastoral, lo que tan claramente
expresó nuestro Sínodo: que las Primeras Comunidades Cristianas son
el espejo e inspiración para mirarnos como comunidad de hermanas y
hermanos, enviados al mundo a continuar la misión de Jesús, con diver-
sidad de ministerios en el campo eclesial y social.
d) Hemos ido cayendo poco a poco en la actitud de clericalismo que nos
impide aceptar y valorar la participación responsable y madura de las y
los seglares, especialmente de las mujeres, provocando una participa-
ción subordinada en la misión de la Iglesia que dificulta la promoción de
ministerios laicales sobre todo en el campo social que es su campo pro-
5

pio. Este aspecto es tan fuerte y nocivo para la iglesia, que el Papa
Francisco lo ha llamado “la lacra del clericalismo”.
e) No tenemos un Proyecto de Formación integral y permanente para todas
y todos, que refuerce las motivaciones profundas de nuestro servicio
como discípulas/os de Jesucristo.

Animador: En el trabajo pastoral de nuestras comunidades, aparece muy


débil el empleo del método: VER, JUZGAR, ACTUAR, EVALUAR Y CELEBRAR,
que la Constitución Gozos y esperanzas del Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla
y Aparecida proponen para cumplir la misión transformadora de la realidad. Ordi-
nariamente en nuestras comunidades no partimos de la problemática que se vive,
como si la realidad no fuera la primera palabra de Dios que nos interpela, no la
iluminamos con la Palabra de Dios, el Magisterio de la Iglesia, para encontrar solu-
ciones plenamente humanas (GS 11; 4c; 44b).

 ¿Qué nos dice todo esto como comunidad?

6. Pensar: Se dirigían (de regreso) a Emaús.


Monitor: El camino de la conversión comienza a partir del sinsentido, cuando
se ha tocado fondo. Los discípulos de Emaús ya habían abandonado su pro-
yecto con Jesús y volvían desilusionados a su pueblo. Escuchemos con aten-
ción el texto del Evangelio.
Lector: lee Lc 24, 13-14.
 El texto ubica la escena en un día concreto: ¿de qué día se trata?
 ¿Quiénes aparecen en el texto?
 ¿Qué hacen esos personajes?
 ¿Cuáles sentimientos se podían ver en sus rostros?
 ¿Cómo se llama el pueblo hacia el que caminaban?
 ¿A qué “cosas sucedidas” se referían los dos caminantes a Emaús?
 ¿En qué se parece la situación de nuestra comunidad, que vimos a luz
de la evaluación del Plan, a la de los discípulos de Emaús?

7. Actuar: Reconocer y asumir como comunidad la poca vida de Iglesia en el


barrio (colonia, rancho).
El resultado de la evaluación del 4º Plan Diocesano nos hace cuestionamientos
de fondo:
 El modelo de Iglesia que tenemos en el corazón es el de cristiandad, por lo
que no somos una Iglesia en salida.
 En la Diócesis no hay convicción ni mística de ser la Iglesia de Jesús en la
base.
6

 Tenemos capacitación, pero no un proceso de formación integral e integra-


dora que nos configura a Cristo y nos comprometa más en la cuestión so-
cial, nos ponga en favor de la vida digna y nos comprometa en la transfor-
mación de la realidad.
En la evaluación aparece clara la necesidad de plantearnos como Diócesis la
exigencia de entrar en proceso de conversión pastoral, para lograr una mentali-
dad, una mística y una estructura ministerial y misionera con rostro laical.
Preguntémonos, entonces: Además de reconocer que hay poca vida de Iglesia,
¿qué vamos a hacer para animar la vida comunitaria y la misión en nuestro
barrio (colonia, rancho)? (Elegir tres acciones concretas y anotar los compromi-
sos que salgan).

8. Oración final.
Lector 1: Padre, perdónanos, por las veces en que hemos sido indiferentes a
la comunidad y no animamos la vida de Iglesia; porque nos desalentamos y
muchas veces queremos dejar ya todo lo de la comunidad.
Lector 2: Concédenos reconocer que estamos encerrados, esperando que la
gente venga y poco salimos al barrio (colonia, rancho) para vivir la misión.
Todos: Te pedimos, Padre, que seamos comunidad, que como tu Hijo Jesu-
cristo escuchemos los gritos de los más pobres y explotados, y los gritos de la
Creación por el maltrato a que la hemos sometido. Amén.

9. Canto: Por el camino de Emaús.

POR EL CAMINO DE EMAÚS


UN PEREGRINO IBA CONMIGO,
NO LE CONOCÍ AL CAMINAR:
AHORA SÍ EN LA FRACCIÓN DEL PAN.

¿Qué llevabas conversando?, me dijiste, buen amigo;


y me detuve asombrado a la vera del camino:
¿No sabes lo que ha pasado ayer en Jerusalén?
De Jesús de Nazareth a quien clavaron en cruz.
Por eso me vuelvo triste a mi aldea de Emaús.
7

Tema 2. Jesús se une a nuestro camino de con-


versión
“Se puso a caminar con ellos”

 Ambientación: En una cartulina escribir el título del tema y en una mesa


colocar la Biblia, un Cirio y un crucifijo. La imagen o dibujo de los discípulos
de Emaús.
 Materiales: Cartulina, marcadores y un pañuelo.

1. Canto: Hombres nuevos.

DANOS UN CORAZÓN GRANDE PARA AMAR.


DANOS UN CORAZÓN FUERTE PARA LUCHAR.

Hombres nuevos, creadores de la historia,


constructores de nueva humanidad.
Hombres nuevos que viven la existencia
como riesgo de un largo caminar.

Hombres nuevos, luchando en esperanza,


caminantes, sedientos de verdad.
Hombres nuevos, sin frenos ni cadenas,
hombres libres que exigen libertad.

Hombres nuevos, amando sin fronteras,


por encima de razas y lugar;
hombres nuevos, al lado de los pobres,
compartiendo con ellos techo y pan.

2. Bienvenida. En este segundo día de encuentro vamos a descubrir a un acom-


pañante que nos devolverá la esperanza en nuestro camino de conversión:
Jesús de Nazaret. Lucharemos por quitarnos las cegueras que no nos dejan
mirar la realidad para hacernos también compañeros de camino de las perso-
nas más vulnerables de nuestra comunidad.

3. Ubicación: Con el juego del cartero respondemos (una persona es el cartero.


Se pone de pie mientras los demás están sentados sin dejar ningún lugar libre.
El cartero se presenta diciendo: “traigo carta para todos los que… tienen dien-
tes” o cualquier otra cosa. Los que tengan lo que se dijo se tienen que mover
8

de lugar y el cartero tiene que buscar también su lugar. El que se quede de pie
será el nuevo cartero y se le hará una pregunta):

 ¿Cómo se llamó el tema anterior?


 ¿Qué es la Cuaresma?
 ¿Qué se te hizo importante del primer tema?

4. Oración.
Señor Jesús, el camino está delante de nosotros, a veces difícil e incierto.
Sin embargo, hemos de acudir a tu llamada, sean cuales sean nuestros esta-
dos de ánimo.
¿Qué hemos dejado detrás de nosotros? Fervores, sueños, impotencias, sufri-
mientos.
Sabemos que es más fácil el camino cuando no estamos solos, nos regalas tu
presencia y la de nuestros hermanos.
Ven, Señor Jesús, a mezclarte en nuestro encuentro, a obligarnos a discernir el
acontecimiento, a profundizar en el significado de lo que nos pasa, a dar impul-
so a nuestras vidas. Amén.

5. Ver: Quitarnos nuestras cegueras para mirar la realidad de la comunidad


 (Para este momento se elige a una persona y se le vendan los ojos pidién-
dole que camine hasta un lugar indicado. Los demás participantes de la
reunión sólo le podrán ayudar a llegar diciéndole para dónde caminar o gri-
tándole, pero sin tocarla).
Después de hacer la actividad comentemos:
 ¿Qué sintió la persona vendada al ir caminando?
 ¿Cuántas voces pudo reconocer?
 Los demás, ¿pudieron indicarle correctamente el camino?

Los participantes de la XI Asamblea Diocesana postsinodal, al mirar que en nues-


tras comunidades crecen el empobrecimiento, la violencia y el deterioro de nuestra
Madre Tierra, y al constatar que nuestra respuesta como Iglesia ministerial y mi-
sionera en la base es muy poca, sin lograr incidir en la transformación de esta do-
lorosa y compleja realidad y en la conversión pastoral de nuestra Iglesia, dijeron
que sienten:
Tristeza e impotencia ante la realidad que nos rebasa, desánimo, frustración,
desesperanza, indignación, rechazo y coraje ante el incremento de la pobreza
y el deterioro de la casa común; conformismo y resignación al dejar que otros
hagan lo que nos corresponde y creer que no se puede hacer nada. Con miedo
a denunciar y responder a la violencia por temor a las represalias porque no
9

hay respaldo de la comunidad y de las autoridades; pérdida del valor de la vida


y la dignidad del ser humano.
Frustración y culpa por no poner en práctica el proyecto de Jesús en la dióce-
sis. Tenemos miedo a renovar nuestras estructuras eclesiales y respaldar más
el trabajo de los seglares y los laicos. Nuestras acciones no logran una proyec-
ción, ni inciden en la vida de nuestras comunidades.
Comentemos:
 ¿Estos sentimientos desesperanzadores de los participantes en la Asam-
blea, los hemos experimentado en nuestra comunidad?
 ¿Estaremos caminando como ciegos en medio de la realidad de nuestra
comunidad?

6. Pensar: Jesús nos acompaña en el camino de la comunidad


Monitor: En el camino de conversión, Jesús se convierte en protagonista al
caminar junto con sus discípulos, a pesar de que parezca que los ha abando-
nado y aunque ellos no lo reconozcan. En su camino de regreso a Emaús, Je-
sús se unió a sus discípulos frustrados, dialogó con ellos, los escuchó, los dejó
que sacaran todo su pesar. Escuchemos con atención el texto del Evangelio.
Lector: Lee: Lc 24, 15-24.
Vamos a tratar de imaginar juntos la escena del Evangelio:
 Mientras iban de camino los discípulos, ¿quién los alcanzó y se puso a ca-
minar con ellos?
 ¿Qué les impidió reconocerlo?
 ¿Qué les preguntó?
 ¿Cómo iban esos discípulos?
 ¿Qué dijeron sobre Jesús de Nazaret?
 ¿Qué esperaban de él?
 ¿Qué contaron algunas mujeres de su grupo?
 ¿Creyeron que Jesús estaba vivo?
Los obispos, en el Documento Final del Sínodo sobre los Jóvenes, dicen: “Como
enseña la narración de los discípulos de Emaús, acompañar requiere la disponibili-
dad a hacer juntos un tramo del camino, entablando una relación significativa. El
origen del término “acompañar” remite al pan partido y compartido […]. Es, por
tanto, la comunidad en su conjunto el primer sujeto del acompañamiento, precisa-
mente porque en su seno se desarrolla la trama de relaciones que puede sostener
a la persona en su camino y ofrecerle puntos de referencia y de orientación” (No.
92).
Reflexionemos:
 ¿Hemos descubierto a Jesús que nos acompaña en medio de nuestro ca-
mino personal y comunitario o nos quedamos con los ojos vendados sin-
tiendo miedo y sin esperanza?
10

 ¿Sabemos acompañar como Jesús, unirnos al camino de ellos, a las perso-


nas más vulnerables de nuestra comunidad: jóvenes, enfermos y enfermas,
adictos y adictas, migrantes, violentados y violentadas…?

7. Actuar: Quitarnos las cegueras, para reconocer a Jesús que nos acompa-
ña en nuestro camino y nos da esperanza para responder a la realidad
que nos desafía
Jesús se une a nuestro camino de conversión, es el momento de responderle:
 ¿Qué vamos a cambiar para dejarnos acompañar por Él y quitarnos las ce-
gueras que nos impiden reconocerlo en nuestro camino personal y comuni-
tario?
 ¿Qué vamos a hacer para acompañar a las personas de nuestra comuni-
dad que más necesidades tienen (jóvenes, enfermos y enfermas, migran-
tes, adictos y adictas, violentados y violentadas…)?

8. Oración final.
Terminemos nuestra reunión haciendo oraciones espontáneas de acuerdo a lo
que hemos reflexionado. Después concluimos con el Padre Nuestro.

9. Canto: Por el camino de Emaús.

POR EL CAMINO DE EMAÚS


UN PEREGRINO IBA CONMIGO,
NO LE CONOCÍ AL CAMINAR:
AHORA SÍ EN LA FRACCIÓN DEL PAN.

Van tres días que se ha muerto, y se acaba mi esperanza;


dicen que algunas mujeres al sepulcro fueron de alba;
me dijeron que algunos otros hoy también allá buscaron,
más se acaba mi confianza: no encontraron a Jesús.
Por eso me vuelvo triste a mi aldea de Emaús.
11

Tema 3. Jesús nos habla en el camino de conver-


sión
“¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?”

 Ambientación: Colocar en el altar una Biblia, el Cirio encendido y un cora-


zón grande en el que aparezca el nombre del barrio. Alrededor, colocar ve-
las apagadas, una vela por cada persona que asiste al tema. También se
necesitarán papeletas en blanco o de colores y marcadores. La imagen o
dibujo de los discípulos de Emaús.

1. Canto: Con nosotros está.

CON NOSOTROS ESTÁ, Y NO LE CONOCEMOS,


CON NOSOTROS ESTÁ, SU NOMBRE ES EL SEÑOR (2 veces).

Su nombre es "el Señor" y pasa hambre,


y clama por la boca del hambriento,
y muchos que lo ven pasan de largo
acaso por llegar temprano al templo.
Su nombre es "el Señor" y sed soporta,
y está en quien de justicia va sediento,
y muchos que lo ven pasan de largo
a veces ocupados en sus rezos.

Su nombre es "el Señor" y está desnudo,


la ausencia del amor hiela sus huesos,
y muchos que lo ven pasan de largo,
seguros y al calor de su dinero.
Su nombre es "el Señor" y enfermo vive,
y su agonía es la del enfermo,
y muchos que lo saben no hacen caso;
tal vez no frecuentaba mucho el templo.

Su nombre es "el Señor" y está en la cárcel,


y está en la soledad de cada preso,
y nadie lo visita y hasta dicen:
"tal vez ése no era de los nuestros".
Su nombre es "el Señor", el que sed tiene;
él pide por la boca del hambriento,
está preso, está enfermo, está desnudo:
12

pero él nos va a juzgar por todo eso.

2. Bienvenida.
El tema de hoy lleva por título: “Jesús nos habla en el camino de conversión” y
continuaremos profundizando en el texto bíblico que nos relata la experiencia de
encuentro de los discípulos de Emaús con Jesús. Hoy reflexionaremos cómo está
el corazón de la comunidad, es decir, si está ardiendo, o está frío, o tibio. Para
ello, primero necesitamos descubrir dónde está el corazón de la comunidad, nece-
sitamos encontrar y valorar el corazón de nuestra comunidad, aquello que le da
vida como comunidad discípula de Jesús. Pues, sólo dejando que Jesús nos haga
arder el corazón podremos seguir nuestro camino de conversión.

3. Ubicación (recordar el tema anterior).


Hace dos temas iniciamos las reflexiones cuaresmales de este año que llevan por
título: “El camino de conversión a la misión”. Para no comenzar de cero este tema,
recordemos juntos los temas anteriores:
¿Cómo se llamaban el primer y el segundo tema? ¿De qué hablaba el tema
dos? ¿Qué descubrimos de nuestra comunidad? ¿Qué cita bíblica reflexio-
namos? ¿A qué compromiso personal y comunitario nos llevó ese tema?

4. Oración.
Nos ponemos de pie para hacer la oración. Nos ayudaremos del salmo 94. A cada
estrofa responderemos: Ojalá escuchen la voz del Señor: “No endurezcan su
corazón”.
Vengan, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R.

Entremos, postrémonos por tierra,


bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchen hoy su voz:


«No endurezcan el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando sus padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.
13

 Al terminar el Salmo encendemos el Cirio pascual.

5. Ver: Pequeños signos de esperanza en la comunidad.


En la oración inicial hemos encendido el Cirio. Con ello reconocemos que Dios es
la luz de nuestra comunidad. Ahora, con ayuda de la luz de Dios, recorreremos los
caminos de nuestro barrio (colonia, rancho) para encontrar su corazón. Platique-
mos: ¿qué es lo que le da vida a nuestra comunidad? (Repasemos todo lo que
hay en nuestra comunidad: personas, niños, jóvenes, adultos, ancianos, mujeres,
trabajadores, estudiantes, campesinos, hijos ausentes, arroyos, bosques, cate-
quistas, celebradores de la Palabra, alguien que atienda enfermos, ancianos…).
Todo lo que encontremos que hay en la comunidad hay que escribirlo en
papeletas e irlos colocando en el corazón grande que tiene el nombre de la
comunidad.
El corazón de la comunidad está en cada una de las personas que vivimos aquí.
Todos somos importantes para la comunidad. El corazón somos todos, pero ahora
hay que preguntarnos: ¿cómo está nuestro corazón? ¿Trabaja lo suficiente para
darle vida plena a la comunidad?
A continuación, leeremos un poco de los resultados de la evaluación del proceso
pastoral de la Diócesis y de la XI Asamblea Diocesana Postsinodal:
Los servicios se van descentralizando y están en manos de los laicos, que van
siendo sujetos activos en su vocación bautismal, con lo que se manifiesta el
rostro laical de la Iglesia. Se busca que los servicios que viven los niños en la
catequesis: con los enfermos, migrantes, familias en situación especial… se
enlacen con la vida de la comunidad y sean formativos, para que no queden
como acciones aisladas. Donde hay Consejo comunitario, éste monitorea cómo
se cubren las necesidades de los enfermos.
Hay algunos servicios en la base, los cuales están dando vida a la Iglesia en
los barrios y en las zonas: catequesis con sus etapas, participación de papás y
padrinos para los sacramentos, ministros de comunión, grupos de reflexión,
representantes para el Consejo parroquial y en casi todos los ranchos hay ce-
lebradores de la Palabra. Otras comunidades tienen servicios de acuerdo a sus
necesidades. Se va socializando entre catequistas la necesidad de hacer pro-
cesos de acompañamiento en el espíritu de la Iniciación cristiana y, aunque
falta más, se va aprovechando la religiosidad popular para la evangelización.
En los Consejos y Asambleas de algunas vicarías y parroquias, se hace de
forma sistemática el análisis de la realidad. En algunas vicarías hay formación
permanente para los agentes de pastoral, con Talleres, Semanas Bíblicas, di-
plomados, Procala; se tiene estudio de los Evangelios, del Magisterio de la
Iglesia y en algunos campos se va dando capacitación específica. Hay nuevos
integrantes de los barrios y ranchos que participan en las distintas asambleas
de pastoral, incluyendo algunos jóvenes.
14

Hay esperanza en los pequeños signos que se viven en las comunidades que
manifiestan a Cristo resucitado. Nos sentimos retados a comenzar el cambio, a
ser una Iglesia comprometida que promueva más servicios y ministerios; a re-
tomar las Opciones diocesanas y a promover a los jóvenes para que respon-
dan a la realidad que vivimos.
A la luz de lo que acabamos de leer, veamos si en el corazón de nuestra comuni-
dad está presente Dios. ¿Tenemos un corazón caliente, uno frío o uno tibio? ¿Qué
nos hace pensar esto?

6. Pensar: Con su Palabra, Jesús hace arder los corazones.


Monitor: En el camino de conversión, Jesús dice su Palabra, la cual comienza
a hacer reaccionar a sus discípulos. Jesús hizo que los discípulos de Emaús
cayeran en la cuenta de la dureza de su corazón, les recordó el proyecto de
salvación de Dios que pasaría por la experiencia de la cruz, les hizo arder su
corazón. Escuchemos el texto del Evangelio.
Lector: lee Lc 24, 25-27.
¿Qué dice el texto? ¿Qué está pasando en ese camino? ¿Quiénes van? ¿Cuá-
les son las palabras de Jesús? ¿Por qué les dice esas cosas? ¿El corazón de
nuestra comunidad es duro? ¿Qué nos diría Jesús a nosotros? ¿Por qué?
Hemos dicho que el corazón de la comunidad somos todos, pero hay que dejar
que Dios lo moldee para darle más vida a nuestro barrio (rancho, colonia). Jesús
les explicó las Escrituras a sus discípulos para que ellos pudieran ablandar su co-
razón. Ahora podemos preguntarnos: ¿A través de quiénes nos habla Dios para
ablandarnos el corazón?
Leamos el siguiente texto del Documento Final del Sínodo sobre los Jóvenes, para
continuar iluminando nuestro camino a la misión:
“El contexto de la comunidad eclesial favorece un clima de confianza y de liber-
tad en la búsqueda de la propia vocación, en un ambiente de recogimiento y de
oración; ofrece una oportunidad concreta para una nueva lectura de la propia
historia y para descubrir los propios dones y vulnerabilidades a la luz de la Pa-
labra de Dios; permite confrontarse con testigos que encarnan las diferentes
opciones de vida. También el encuentro con los pobres exige profundizar en lo
que es esencial en la existencia, mientras que los sacramentos –en particular
la Eucaristía y la Reconciliación– alimentan y sostienen a quien se encamina
hacia el descubrimiento de la voluntad de Dios” (No. 105).
De lo que hasta aquí hemos visto, leído y compartido, ¿qué nos parece más im-
portante?

7. Actuar: ver cómo ser comunidad que, con su testimonio, se hace servido-
ra de los jóvenes.
15

“Jesús nos habla en el camino de conversión”. Ése es nuestro tema de hoy. Jesús
nos habla siempre y nos habla para compartirnos su misión. No olvidemos que
como bautizados y bautizadas tenemos el compromiso de continuar la misión de
Jesús, de ser Buena Nueva para todos, especialmente para quienes más sufren:
pobres, enfermos, niños, jóvenes… En Cuaresma, la conversión del corazón es la
meta y la luz; para lograrlo, nuestro referente será siempre Jesús y su testimonio
de vida, sus palabras y obras. Nosotros, discípulos y discípulas de Él debemos
seguir atentos a sus palabras para recuperar la grandeza del fuego del Espíritu
que se nos dio en el Bautismo. Si todos somos el corazón de la comunidad, todos
juntos debemos arder con fuerza para que la comunidad recupere su calidez, su
luz, su vida.
Al principio del tema colocamos el nombre de todo lo que hay en la comunidad. De
eso platiquemos:
¿Cuál tiene menos fuego? ¿Cuál ha estado más abandonado en nuestra comuni-
dad? ¿Cuál es necesario volver a hacerlo arder? ¿Cómo le haremos para que ese
fuego no se apague?
Podemos platicarlo con calma y entre todos ir pensando, planeando y comprome-
ternos a recuperar el fuego de aquello que hemos dejado apagar poco a poco.
El compromiso sincero es parte del camino de la conversión. Es por eso que ahora
iremos encendiendo las velas; cada quien toma una, la cual se llevará a su casa
como signo de estar dispuestos a realizar la misión en nuestra familia y comuni-
dad. Que sea signo de que queremos que el corazón de la comunidad arda desde
nuestro hogar.

8. Oración final.
El corazón de nuestro barrio (colonia, rancho) arderá si atizamos el fuego juntos, si
trabajamos como comunidad y escuchamos la voz de Dios en medio de nosotros y
de nuestras dificultades. Reconozcamos que caminamos unidos y reconozcámo-
nos como hermanos y hermanas que compartimos la vida y la fe. Terminemos
nuestro tema con la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro…

9. Canto: Por el camino de Emaús.

POR EL CAMINO DE EMAÚS


UN PEREGRINO IBA CONMIGO,
NO LE CONOCÍ AL CAMINAR:
AHORA SÍ EN LA FRACCIÓN DEL PAN.

"¡Oh, tardíos corazones, que ignoráis a los profetas!


En la ley ya se anunció que el Mesías padeciera,
y, por llegar a su gloria, escogiera la aflicción".
16

En la tarde de aquel día yo sentí que con Jesús


nuestro corazón ardía a la vista de Emaús.
17

Tema 4. Nos convertimos al resucitado


“Se les abrieron los ojos y lo reconocieron”

 Ambientación: Rostros de jóvenes y otras personas en sus diferentes reali-


dades: estudio, trabajo, adicciones, ninis, encuentros, deporte… Una silueta
del rostro de Jesús, croquis de la comunidad, papeletas, marcadores. Ima-
gen o dibujo de los discípulos de Emaús.

1. Canto: Quédate con nosotros.

QUÉDATE CON NOSOTROS, LA TARDE ESTÁ CAYENDO;


QUÉDATE CON NOSOTROS, QUÉDATE.

¿Cómo te encontraremos al declinar el día


si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros, la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Cómo sabremos que eres un hombre entre los hombres,


si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu Cuerpo y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día sobre tu hermoso rostro


y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos tendidas en tu busca


brasas más encendidas del Espíritu
y limpia en lo más hondo del corazón del hombre
tu imagen empañada por la culpa.

2. Bienvenida.

3. Ubicación (Dinámica: Cuando el abuelo murió…).


Vamos avanzando en nuestras catequesis cuaresmales, ayudados por la Palabra
de Dios que nos alienta a ir abriendo los ojos del corazón para descubrir las reali-
dades de nuestra comunidad, y descubrir la presencia de Jesús Resucitado en
18

medio de nosotros e ir asumiendo como comunidad los retos que se nos plantean
para ir transformando los signos de muerte.
Hoy vamos a reflexionar sobre el tema: “Nos convertimos al Resucitado”. Enco-
mendemos a Dios nuestro encuentro…

4. Oración.
Señor, nos gustan los grandes discursos más que los encuentros.
Hablamos del trabajo, las comidas, los paseos
y no nos contamos qué nos pasa en la comunidad.
Estamos cerca, muy cerca, juntos todo el día,
pero no hablamos de nosotros desde lo hondo del alma.
Enséñanos a partir y compartir la vida, de verdad,
no sólo el juego, el trago y la última noticia.
Ayúdanos, Señor, a mantener conversaciones íntimas,
de las que ayudan a ser y a vivir, de las que se parecen a las tuyas,
que al marcharte notaban tu vacío y se sentían envueltos en Dios.
Quédate con nosotros, para que seamos tu presencia
en nuestro mundo. Amén.

5. Ver: Reconocemos a Jesús en el caminar y el compartir.


En la XI Asamblea Diocesana Postsinodal descubrimos que lo que nos está
llevando hoy a nosotros como discípulos misioneros a reconocer a Jesús en el
camino y en el compartir es:
 La mística fundada en que Cristo está vivo y camina con nosotros, por
medio de su Palabra, con compasión y cercanía en la realidad que nos
toca vivir.
 El Magisterio del Papa Francisco, que insiste en buscar nuevos caminos
que nos lleven a estar siempre en salida.
 La reflexión y el discernimiento de la voz de Dios que grita y clama con
dolor en la realidad, en las necesidades y problemáticas de nuestra co-
munidad, en los que sufren, en los empobrecidos, en los últimos y en la
necesidad de transformarla. En las pequeñas acciones y estrategias que
vamos haciendo, en los barrios, colonias y ranchos; y al reconocer los
esfuerzos por construir el Reino de Dios en nuestras comunidades.
 Los encuentros que hemos hecho desde la base, hasta llegar a la
Asamblea que nos motiva y anima en este compartir. En el testimonio y
la entrega diaria en el servicio de los laicos y sacerdotes; en el trabajo
en equipo que se realiza desde nuestras parroquias y vicarías.

Como bautizados a ejemplo de Jesús que es nuestro modelo, debemos imitarlo


porque la misión es la misma, no se ha cambiado. Jesús fue itinerante, siempre
estuvo afuera en las periferias y si queremos ser realmente una Iglesia misio-
19

nera, debemos estar en salida, cercanos a los excluidos y olvidados, los que se
están alejando, los que han perdido sentido de la vida y no son escuchados, el
enfermo, alcohólico, drogadicto… para trasmitirles la ternura de Dios.
Nos preguntamos:
¿Está sucediendo en nuestra comunidad Esto que acabamos de escuchar?
¿En qué lo notamos?
Escuchamos nuestras respuestas y se van pegando los rostros en la silueta del
rostro de Jesús…

6. Pensar: Se les abrieron los ojos y lo reconocieron.


Monitor: Al finalizar el camino de regreso a casa, Jesús acepta la invitación a
quedarse con sus discípulos. Jesús hizo como que iba a seguir su camino y los
discípulos de Emaús lo invitaron a pasar a su casa, a compartir la mesa y a
pasar la noche. Escuchemos el texto del Evangelio.
Lector: lee Lc 24, 28-32.
¿Qué dice el texto? ¿Qué hizo Jesús al llegar al pueblo? ¿Qué le pidieron a
Jesús los discípulos? ¿Cómo lo reconocieron? ¿Qué sintieron los discípulos al
descubrir a Jesús?
El encuentro con Jesús siempre transforma y hace arder el corazón. Así lo re-
conocen los obispos en el Documento Final del Sínodo sobre los Jóvenes:
“Después de haberlos escuchado, el Señor dirige a los dos viandantes una “pa-
labra” incisiva y decisiva, autorizada y transformadora. Así, con dulzura y forta-
leza, el Señor entra en su morada, se queda con ellos y comparte el pan de la
vida: es el signo eucarístico que permite que los dos discípulos finalmente
abran los ojos” (No. 58).
En casa, cuando entró a quedarse con ellos –no en su casa, sino con ellos–, lo
reconocieron al partir el pan. Su corazón cambió, su vida cambió, su esperanza
volvió; se convirtieron a Jesús, el Resucitado.

7. Actuar: Asumir los desafíos para la misión.


Como Iglesia diocesana tenemos nuestras raíces en el Concilio Vaticano II, en
Medellín, de ser una Iglesia de puertas abiertas, en salida, y debemos conti-
nuar la misión, para reflejar el sentido evangélico que tenían las primeras co-
munidades cristianas.
En la XI Asamblea Diocesana Postsinodal llegamos a aclarar tres desafíos que
la misión nos está planteando. Después de leer cada uno, preguntémonos có-
mo los vamos a asumir aquí en nuestro barrio (colonia, rancho):
1º) Para ser Iglesia Ministerial: Vivir la misión como bautizados desde el estilo
propio de nuestra Iglesia Diocesana con sus opciones (CEBs - Jóvenes - Po-
20

bres), para responder a las necesidades más sentidas mediante servicios y


ministerios animados y articulados en los consejos y asambleas.
2º) Para ser Iglesia Misionera en la base: En actitud de misión permanente, en
contacto con la realidad, promover la comunidad eclesial de base comprometi-
dos en las situaciones existenciales desde las cuatro mediaciones eclesiales
(Sínodo Diocesano).
3º) Para tener una Formación integral para la vida digna: Promover y asumir
una formación para todos los bautizados y bautizadas, que nos configure a
Cristo.
 De manera integral e integradora, sistemática específica, comunitaria y
progresiva en la línea de la iniciación cristiana.
 Que nos lleve a vivir el nuevo modelo de Iglesia.
 Para la misión en medio del mundo y de la Iglesia que responda a los
gritos de nuestro pueblo.
 Teniendo en cuenta las opciones diocesanas y el Sínodo diocesano.

Después en el croquis de la comunidad se pega el nombre de cada uno de los


participantes en los temas cuaresmales.

8. Oración final: La misma que hicimos al inicio del tema.

9. Canto: Por el camino de Emaús.

POR EL CAMINO DE EMAÚS


UN PEREGRINO IBA CONMIGO,
NO LE CONOCÍ AL CAMINAR:
AHORA SÍ EN LA FRACCIÓN DEL PAN.

Hizo señas de seguir más allá de nuestra aldea,


y la luz del sol poniente pareció que se muriera:
"¡Quédate forastero: ponte a la mesa y bendice!"
Y al destello de su luz, en la bendición del pan,
mis ojos reconocieron al amigo de Emaús.
21

Tema 5. Convertidos, regresamos a la misión


“Se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén”

 Ambientación: Rostros de la comunidad, documentos de la Diócesis, un


mapa del barrio, una brújula. Una imagen de Jesús Resucitado en rompe-
cabezas y el título del tema anterior por partes.
Dibujar la siguiente flecha en grande:

1. Canto: Por el camino de Emaús.

POR EL CAMINO DE EMAÚS


UN PEREGRINO IBA CONMIGO,
NO LE CONOCÍ AL CAMINAR:
AHORA SÍ EN LA FRACCIÓN DEL PAN.

¿Qué llevabas conversando?, me dijiste, buen amigo;


y me detuve asombrado a la vera del camino:
¿No sabes lo que ha pasado ayer en Jerusalén?
De Jesús de Nazareth a quien clavaron en cruz.
Por eso me vuelvo triste a mi aldea de Emaús.

Van tres días que se ha muerto, y se acaba mi esperanza;


dicen que algunas mujeres al sepulcro fueron de alba;
me dijeron que algunos otros hoy también allá buscaron,
más se acaba mi confianza: no encontraron a Jesús.
Por eso me vuelvo triste a mi aldea de Emaús.

"¡Oh, tardíos corazones, que ignoráis a los profetas!


En la ley ya se anunció que el Mesías padeciera,
y, por llegar a su gloria, escogiera la aflicción".
En la tarde de aquel día yo sentí que con Jesús
nuestro corazón ardía a la vista de Emaús.

Hizo señas de seguir más allá de nuestra aldea,


y la luz del sol poniente pareció que se muriera:
"¡Quédate forastero: ponte a la mesa y bendice!"
Y al destello de su luz, en la bendición del pan,
mis ojos reconocieron al amigo de Emaús.

2. Bienvenida. Nos hemos reunido para continuar nuestra reflexión cuaresmal.


Estamos ya en el último tema, que lleva como título: “Convertidos, regresamos
22

a la misión”. Ojalá logremos nuestro objetivo, que es despertar de nuestro le-


targo como barrio (colonia, rancho) y regresar a la misión en medio de nuestra
comunidad.

3. Ubicación: Vamos a recordar el tema anterior, ayudándonos con la imagen de


Jesús Resucitado en rompecabezas y el título del tema anterior que está en
partes. Los vamos a reconstruir y, de esa forma, vamos a ir platicando lo que
hicimos en el tema anterior.
Claves a recordar: El modo como se da la conversión de los discípulos de
Emaús, es el nudo o punto central del texto evangélico. Los acuerdos del ac-
tuar del tema anterior.

4. Oración de los discípulos de Emaús:

TODOS: Señor Jesús, el camino está delante de nosotros, a veces difícil e in-
cierto.
Sin embargo, hemos de acudir a tu llamada, sean cuales sean nuestros esta-
dos de ánimo.

VOZ 1: Sabemos que es más fácil el camino cuando no estamos solos,


nos regalas tu presencia y la de nuestros hermanos.

CORO 1: Ven, Señor Jesús, a mezclarte en nuestro encuentro,


a obligarnos a discernir el acontecimiento,
a profundizar en el significado de lo que nos pasa,
a dar impulso a nuestras vidas.

VOZ 2: Nos falta, Señor, la clave de tu venida y de tu acompañamiento


para poner orden en nuestra memoria,
interpretar la historia pasada y presente,
y dejar que tu Palabra haga arder nuestras vidas.

CORO 2: En la profundidad de nuestra noche,


la noticia de tu Resurrección nos ha deslumbrado.
Tú estás vivo y toda vida encuentra en ti su fuente y su realización,
su sentido y su fecundidad.

CORO 1: Acepta, Señor, compartir nuestra casa, nuestra mesa.


Tenemos hambre de palabra, de pan, de Vida, de alegría…
Vuelve a hacer los gestos del don y de la comunión.

CORO 2: Enséñanos a ser alimento para los demás,


como tú mismo lo eres para todos.

TODOS: Quédate con nosotros, camina con nosotros;


23

danos Vida para llevar la Buena Noticia a nuestros hermanos. Amén.

5. Ver: No vivimos la misión.


En la XI Asamblea Diocesana Postsinodal aclaramos lo que significa hoy para
nosotros desandar el camino de Emaús a Jerusalén, para compartir nuestra
experiencia de encuentro con Jesucristo vivo en los empobrecidos. Es descu-
brir que en el barrio (colonia, rancho) está la misión y hay que volver a ella. Los
discípulos de Emaús ya sabían el camino, pero necesitaban descubrir la pre-
sencia del Resucitado en ellos para regresar con los demás a compartir su ex-
periencia. En la evaluación del 4º Plan Diocesano descubrimos que hay cosas
que hemos olvidado y no estamos viviendo como misioneros. Por eso, los si-
guientes elementos de la realidad pueden ser la brújula que nos oriente en el
camino:
Como discípulos misioneros debemos estar en salida a las periferias y vivir la
misión en medio del mundo, porque:
(Nota: Cada participante lee uno de los siguientes incisos):
 La realidad de nuestras comunidades nos echa en cara que hemos caí-
do en el conformismo, la uniformidad, la pasividad y la resignación. En
las periferias es donde nos sensibilizamos, donde descubrimos la mise-
ria real, donde se tocan las llagas del enfermo y donde encontramos el
verdadero rostro de Cristo.
 Necesitamos sentir el dolor de nuestros hermanos y conmovernos para
volver a actuar. Estar donde el pueblo se juega la vida. La realidad
nos está retando a la misión y a llevar Buenas Nuevas.
 En los barrios sabemos las necesidades de las familias de la comuni-
dad y allí, donde se palpa la realidad, debe estar la Iglesia. Así nos con-
vertimos en verdaderos discípulos misioneros, cuando nos disponemos
a ensuciarnos las manos con los heridos de la sociedad. En el barrio es
donde Jesús nos interpela y nos impulsa a trabajar en la construcción
del Reino.
 Como bautizados, debemos imitarlo a Jesús, que es nuestro modelo; la
misión es la misma, no se ha cambiado. Jesús fue itinerante, siempre
estuvo afuera en las periferias y si queremos ser realmente una Igle-
sia misionera, debemos estar en salida, cercanos a los excluidos y
olvidados, a los que se están alejando, los que han perdido sentido de
la vida y no son escuchados: el enfermo, alcohólico, drogadicto… para
trasmitirles la ternura de Dios.
 Como Iglesia diocesana tenemos nuestras raíces en el Concilio Vati-
cano II, en Medellín, de ser una Iglesia de puertas abiertas, en salida,
continuando la misión a través de las dimensiones eclesiales y las op-
ciones diocesanas para reflejar el sentido evangélico que tenían las
primeras comunidades cristianas.
24

 Las estructuras que tenemos como Iglesia ya están caducas y no nos


animan a ser creativos en nuestro servicio pastoral. Muchos servi-
cios de nuestras comunidades están dirigidos al culto y no a lo social.

Reanimados en nuestra condición de discípulas/os misioneras/os, sobre esta


base comenzaremos a diseñar y recorrer el camino de elaboración del 5º Plan
Diocesano de Pastoral.

6. Pensar: Se pusieron en camino hacia Jerusalén.


Monitor: El camino de conversión desemboca en la misión. Los discípulos de
Emaús se pusieron en camino de regreso a Jerusalén, para compartir su expe-
riencia de Jesús y dar testimonio de su Resurrección. Se hicieron misioneros.
Escuchemos el texto del Evangelio.
Lector: lee Lc. 24, 33-35.
¿Qué hicieron los discípulos de Emaús después de reaccionar y meditar lo que
les había pasado en la fracción el pan?
¿A dónde regresaron?
¿Qué les dijeron los discípulos que estaban en Jerusalén?
¿Qué platicaron los discípulos de Emaús?
¿A dónde tenemos que regresar nosotros?
¿Quiénes son los principales destinatarios de este mensaje?

Resucitar y volver a Jerusalén. Los dos recobran valor y vuelven a Jerusalén,


donde continuaban activas las mismas fuerzas de muerte que habían matado a
Jesús y que habían matado en ellos la esperanza. Pero ahora ha cambiado
todo. Si Jesús está vivo, entonces en Él y con Él hay un poder más fuerte que
el poder que le mató. Esta experiencia ¡los hace resucitar! ¡Realmente todo
cambió! ¡Valor, en vez de miedo! ¡Retorno, en vez de ida! ¡Fe, en vez de falta
de fe! Esperanza, ¡en vez de desesperación! Conciencia crítica, ¡en vez de fa-
talismo frente al poder! Libertad, ¡en vez de opresión! En una palabra: ¡vida, en
vez de muerte! ¡En vez de la mala noticia de la muerte de Jesús, la Buena
Nueva de su Resurrección! ¡Los dos experimentarán la vida, y vida en abun-
dancia! (Jn 10,10). ¡Señal del Espíritu de Jesús actuando en ellos!

7. Actuar: Volver a la misión en las periferias.


Los participantes en la Asamblea, reanimados por el encuentro entre ellos y
con el Señor, y fortalecidos con la Eucaristía, volvieron a sus comunidades a
continuar la misión, con la salida comunitaria a las periferias, la respuesta a las
25

necesidades por medio de servicios y ministerios, la formación integral y per-


manente para configurarse con Jesús.
Nosotros, ¿qué tenemos que hacer para volver a la misión?

Como signo de lo que dijimos, vamos a tomar los símbolos que están se -
ñalados entre paréntesis. (Nota: Leer lo que se dice de él y se le coloca a
uno de los participantes, en representación de toda la comunidad que tiene que
regresar a la misión):
 (Cristo – Documento Sinodal). Volver a nuestro primer llamado, a las
fuentes, a las motivaciones profundas, al sueño de nuestra Iglesia dioce-
sana que está en nuestro Sínodo y al encuentro constante con Cristo
que nos ayude a repensar nuestro caminar –proceso y vacíos–, tenien-
do como modelo las primeras comunidades cristianas, para asumir el
estilo de Iglesia, de pastor y Seminario que se nos pide, con una actitud
integradora y comunitaria entre sacerdotes y seglares.
 (Mapa del barrio, colonia o rancho – Fotos de las personas de la
comunidad) Para nosotros desandar el camino significa ir a encontrar-
nos con la realidad de dolor, de miseria, de soledad que vive la gente
de nuestros barrios y compartir con ellos la experiencia de encuentro
con Jesús, que es lo que nos debe mover y motivar a seguir su mi-
sión.
 (Dibujo de una lupa con las opciones diocesanas) Seguir trazando el
nuevo modelo de Iglesia animado por la Diócesis, asumir las opciones
diocesanas y animar la misión con un espíritu renovado, en búsqueda
de alternativas solidarias que incidan y respondan a las necesidades
más sentidas de nuestras comunidades.
 (Documentos del Magisterio - Lentes) Mantener la formación perma-
nente integral que nos lleve a una conversión pastoral y a ser discí-
pulas/os en salida a las periferias, que regresan a la comunidad y la
abrazan con todas sus realidades.

8. Oración final: Como signo de que nos sabemos y sentimos nuevamente en-
viados a la misión, agradezcamos a Dios lo vivido en estos temas cuaresmales
(oraciones espontáneas de acción de gracias).

TODOS: Quédate con nosotros, Señor, camina con nosotros;


danos Vida para llevar la Buena Noticia a nuestros hermanos,
al igual que tus discípulos de Emaús. Amén.
26

Celebración:
Caminar, escuchar y compartir como Jesús

Preparar:
 Materiales: Biblia, 4º Plan Diocesano, evaluación-desafíos de la XI Asam-
blea.
 Preparar tres altares con sus respectivos símbolos, letreros con títulos de
altares, huellas, fuego, fuente con agua o jarrón con agua y canasta de pan.
Cirio, Cruz, flores:
Primer altar: Hacer un camino creativamente inspirado en el logo del Síno-
do Diocesano. En el camino colocar las huellas “cansadas y/o agrietadas”
que lleven escrito: empobrecimiento, violencia, deterioro de la Casa común,
pocos servicios y ministerios, poca experiencia de Asambleas y Consejos
comunitarios, pocos espacios de formación cristiana. Colocar un sahumerio
y tener incienso o copal.
Segundo altar: Colocar en un sahumerio algunas brasas que produzcan
llamas o fuego para símbolo (la zarza ardiente). Además, la Biblia y el glifo
de la Palabra; dos glifos grandes y, en ellas, los letreros: Palabra de Dios y
palabra del pueblo. En pequeños rollos, tener escritos los desafíos de la XI
Asamblea Postsinodal: impulsar la economía solidaria, construir la cultura
de paz, defender y cuidar el agua y la tierra, servicios y ministerios que res-
pondan a las necesidades más sentidas, ser Iglesia en salida a las perife-
rias, promover la formación que nos configure a Cristo.
Tercer altar: Poner una fuente de agua o un recipiente con suficiente agua
limpia y fresca. Se puede adornar con plantas y flores e integrar algunos
morrales y mochilas. Un canastito con pan y pequeñas papeletas para es-
cribir. Se utiliza de nuevo el sahumerio. En unos “panes” previamente colo-
cados en canastas, poner acciones concretas que nos ayuden a caminar
comunitariamente para regresar a nuestra misión.

MONITOR: El pasaje evangélico de los discípulos de Emaús nos iluminó en la XI


Asamblea Diocesana Postsinodal que celebramos como Diócesis el pasado mes
de febrero y ha inspirado los temas cuaresmales que hoy estamos culminando.
Nos hemos identificado en los discípulos de Emaús: su caminar inspira nuestro
caminar, hemos descubierto juntos que Jesús nos ha alcanzado y Él mismo ha
hecho arder nuestro corazón, para que gozosos vayamos a la misión. Celebremos
este gran acontecimiento como culmen, pero también como impulso misionero,
hacia la Pascua del Señor.
27

CELEBRADOR: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
LECTOR 1: Pongamos especial atención al actuar de Jesús en este pasaje que
nos ayudará a descubrir cómo caminar, escuchar y compartir la fe y la misión. Nos
daremos cuenta cómo el Maestro nos alcanza en el camino y realiza nuestro mis-
mo caminar, escucha lo que hay en nuestro corazón, deja que expresemos lo que
hay en él y, de manera respetuosa, nos anima a hacer memoria de lo acontecido.
Caminaremos ahora retomando su pedagogía para descubrir cómo sigue hacien-
do nuestro camino y cómo, al compartirlo, nos desafía a la misión.
CELEBRADOR: Comenzamos nuestro camino cantando: Por el camino de
Emaús. Llevamos frente a nuestra procesión una cruz forrada con imágenes de
las distintas realidades de la comunidad (jóvenes, estudiantes, obreros, situacio-
nes críticas, espacios de reunión, músicos, deportistas, amas de casa…). Un cirio
encendido, copal y nuestro 4º Plan Diocesano de Pastoral. Dejamos que los ado-
lescentes y jóvenes encabecen la procesión.

PRIMER ALTAR: DEJARSE ALCANZAR POR EL MAESTRO

 Al llegar al altar se utiliza incienso y se proclama en voz alta el texto del


Evangelio.

PROCLAMADOR: Del santo Evangelio según san Lucas 24,13-16.


LECTOR 1: En la pasada Asamblea Diocesana Postsinodal descubrimos como
Iglesia diocesana que hemos perdido entusiasmo misionero. Pareciera que en lu-
gar de caminar con el Maestro, vamos desanimados y sin horizontes como los dis-
cípulos de Emaús. Quizá porque es más cómodo “quedarnos con el Viernes San-
to”, sin búsquedas, sueños, trabajo, creatividad, que salir bajo el impulso del Es-
píritu como Iglesia fiel al Evangelio y permanentemente misionera. Pero el camino
del Maestro no es físico, sino existencial. Él mismo realizó una vida itinerante, cer-
cana y concreta, en las periferias existenciales. El camino de la conversión co-
mienza a partir del sinsentido, cuando se ha tocado fondo.
LECTOR 2: Los discípulos de Emaús ya habían abandonado su proyecto con Je-
sús y volvían desilusionados a su pueblo. El resultado de la evaluación que llegó a
la Asamblea nos dejó la sensación de que en diez años no crecimos como Iglesia
ministerial, misionera y en formación para la vida digna desde la base, en medio
de la realidad de empobrecimiento, violencia, corrupción, deterioro de la Casa co-
mún… en que vivimos.
CELEBRADOR: Mencionamos en voz alta lo que está escrito en las huellas curti-
das del altar. En cuchicheo comentamos: ¿qué descubrimos en nuestra comuni-
dad de lo que acabamos de ver y escuchar?
 Hincados y en silencio, pedimos perdón a Dios.
28

LECTOR 3: “Cristo ha santificado la juventud por el hecho de haberla vivido: Él


mismo la vivió sin clamor, en la sencillez y laboriosidad de Nazaret, tanto que le
reconocían como el Carpintero (Mc 6,3) y el hijo del Carpintero (Mt 13,55). Jesús
tenía una confianza incondicional con el Padre, cuidó la amistad con sus discípu-
los, incluso en los momentos críticos permaneció fiel a ellos. Manifestó profunda
compasión por los débiles, especialmente por los pobres, enfermos, pecadores y
excluidos. Tuvo la valentía de enfrentarse a las autoridades políticas y religiosas
de su tiempo, vivió la experiencia de sentirse incomprendido y descartado, sintió
miedo del sufrimiento y conoció la fragilidad de la pasión; dirigió su mirada al futu-
ro abandonándose a las manos seguras del Padre y a la fuerza del espíritu. En
Jesús todos los discípulos pueden reconocerse, con sus miedos y sus esperan-
zas, sus incertidumbres y sueños y pueden encomendarse a él”.
CELEBRADOR: ¿Qué signos de la presencia de Jesús Resucitado descubrimos
en nuestro caminar?
Pasamos al siguiente altar cantando nuevamente Por el camino de Emaús y nos
llevamos las huellas que están en el altar.

SEGUNDO ALTAR: ESCUCHAR COMO DIOS ESCUCHA

CELEBRADOR: Al llegar al altar cantando, se inciensa e invitamos a contemplar


los símbolos. Cantamos: Tu Palabra me da vida:

TU PALABRA ME DA VIDA,
CONFÍO EN TI, SEÑOR.
TU PALABRA ES ETERNA,
EN ELLA ESPERARÉ.

Dichoso el que con vida intachable,


camina en la ley del Señor.
Dichoso el que guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.

Postrada en el polvo está mi alma,


devuélvame la vida tu Palabra.
Mi alma está llena de tristeza,
consuélame, Señor, con tus promesas.

LECTOR 1: En el camino de conversión, Jesús dice su palabra, la cual comienza


a hacer reaccionar a sus discípulos. Jesús hizo que los discípulos de Emaús caye-
ran en la cuenta de la dureza de su corazón, les recordó el proyecto de salvación
de Dios que pasaría por la experiencia de la cruz, les hizo arder su corazón. En la
reflexión teológico-espiritual y al hacer memoria del proyecto de Iglesia particular,
29

comenzamos a entrever signos de esperanza en el mismo proceso diocesano:


pequeñas experiencias de Iglesia ministerial, misionera y en formación permanen-
te.
PROCLAMADOR: Del santo Evangelio según san Lucas 24, 17-27.
CELEBRADOR: En voz alta mencionamos los desafíos de la reciente Asamblea
Diocesana Postsinodal (escritas en los rollos) y con ellas alimentamos el fuego
encendido en nuestro altar. Nos preguntamos: ¿qué necesitamos favorecer para
que la voz de Dios haga arder nuestro corazón? (comentamos en cuchicheo).
LECTOR 2: La escucha es un encuentro de libertad, que requiere humildad, pa-
ciencia, disponibilidad para comprender, empeño para elaborar respuestas de un
modo nuevo. La escucha transforma el corazón de quienes la viven, sobre todo
cuando nos ponemos en una actitud interior de sintonía y mansedumbre con el
Espíritu. Es la forma con que Dios se relaciona con su pueblo. En efecto, Dios ve
la miseria de su pueblo y escucha su lamento, se deja conmover en lo más íntimo
y baja a liberarlo. La Iglesia pues, mediante la escucha, entra en el movimiento de
Dios que, en el Hijo, sale al encuentro de cada uno de los hombres.
CELEBRADOR: Comentemos en grupos de tres o cuatro personas: ¿Cómo pode-
mos escuchar en la comunidad la voz de Dios, que resonó en la pasada Asamblea
Diocesana y el grito de los pobres y de la Madre Tierra?
 Se comparten las reflexiones a modo de oraciones de pedir.

Pasamos al siguiente altar cantando nuevamente Por el camino de Emaús.

TERCER ALTAR: COMPARTIR NOS PONE EN CAMINO

LECTOR 1: Al finalizar el camino de regreso a casa, Jesús acepta la invitación a


quedarse con sus discípulos. Jesús hizo como que iba a seguir su camino y los
discípulos de Emaús lo invitaron a pasar a su casa, a compartir la mesa y a pasar
la noche. Allí, cuando entró a quedarse con ellos –no en su casa, sino con ellos–,
lo reconocieron al partir el pan. Su corazón cambió, su vida cambió, su esperanza
volvió; se convirtieron a Jesús, el Resucitado. La Asamblea Diocesana como tal,
con la asistencia del Espíritu, aclaró y asumió tres desafíos que la realidad y la
misión nos están planteando para continuar el camino como Iglesia al servicio del
Reino.
 Se utiliza incienso como en los altares anteriores y se canta: “Signo de es-
peranza”:

Queremos ser una Iglesia servidora del Señor


Jesús el Dios hecho hombre, el profeta, el servidor.
30

Una Iglesia de testigos, con mártires donde son


protagonistas los pobres y hombre nuevo el pecador.

SIGNO DE ESPERANZA, CAUSA DE ALEGRÍA


CON SANTA MARÍA Y UN JESÚS PASCUAL.
LA GENTE SE SIENTE SIENDO SERVIDORA
QUE ES TRANSFORMADORA DE LA SOCIEDAD.

Queremos ser una Iglesia de veras comunidad,


fraterna porque la gente comparte fe y realidad.
Con sencillez y alegría aprende a participar,
como hacían los cristianos con Pedro, Santiago y Juan.

Queremos ser una Iglesia que está siempre en oración,


que alumbra toda la vida con la Palabra de Dios.
Que celebra como pueblo la nueva alianza de amor,
en la fiesta de la vida que es la cena del Señor.

Queremos ser una Iglesia samaritana y cordial,


que organiza la esperanza y la solidaridad.
Donde el Espíritu Santo, Padre de los pobres, va
suscitando los servicios, según la necesidad.

Queremos ser una Iglesia que muestra el amor a Dios.


Que sale a encontrar al hombre y lo abraza en su perdón,
que consuela y acompaña, que agranda su corazón,
a medida de la gente que sufre la situación.

Queremos ser una Iglesia en estado de Misión,


que se abre y sale y propone al mundo el Reino de Dios.
Que transforma desde adentro sociedad y corazón,
y planta comunidades donde se da conversión.

PROCLAMADOR: Del santo Evangelio según san Lucas 24, 28-35.


LECTOR 2: Al escuchar la Palabra sentimos la alegría de un encuentro que llena
el corazón, da sentido a la existencia e infunde nueva energía. Los rostros se ilu-
minan y el caminar recupera vigor. Es la respuesta que se convierte en misión ha-
cia la comunidad y el mundo entero. Enseguida y sin miedo, los discípulos vuelven
sobre sus pasos para ir a buscar a sus hermanos y dar testimonio de su encuentro
con Jesús Resucitado.
LECTOR 1: Dice el Papa Francisco: “El camino de la sinodalidad es el camino que
Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Es decir que, en cuanto a la tarea dio -
cesana después de la Asamblea, “somos conscientes de que no se trata de dar
origen a nuevas actividades y escribir planes apostólicos expansionistas, meticulo-
sos y bien dibujados, propios de generales derrotados”, se trata de hacer memoria
31

junto con los hermanos en la comunidad, para participar activamente y ser copro-
tagonistas de la vida y la misión de la Iglesia.
LECTOR 2: Procuremos que nuestra vida ordinaria, en todas sus expresiones, sea
más accesible. La cercanía efectiva, compartir espacios y actividades, crear condi-
ciones para la comunicación autentica, libre de prejuicios, pues así fue como Je-
sús anuncio su Reino y también hoy por este camino nos impulsa su Espíritu. En
pocas palabras, “la fe debe entenderse como una práctica (vivencia), es decir,
como una forma de vivir en el mundo”.
 De los “panes” previamente colocados en canastas, leer las acciones que
nos ayuden a caminar comunitariamente para regresar a nuestra misión.
Mientras tanto, cantamos: “Aquí ante tu altar”:

Los granos que forman la espiga


se unen al hacer el pan.
A los que formamos la Iglesia
nos une la entrega nuestra.

AQUÍ, ANTE TU ALTAR, SEÑOR,


ENTIENDO MI VOCACIÓN,
QUIERO OFRECER MI VIDA,
PARA QUE TU PUEBLO VIVA. (2 v)

El grano que cae en la tierra


sólo vive si va a morir.
Es dando que se recibe,
muriendo se va a vivir.

El vino y el pan te ofrecemos,


son nuestra respuesta de amor.
Pedimos humildemente:
acéptalos, ¡oh, Señor!

CELEBRADOR: Con la conciencia de que somos discípulos misioneros, continua-


dores de la obra de Jesús, oremos al Padre como Jesús nos enseñó: Padre nues-
tro…
Nos damos un abrazo fraterno y de paz.
LECTOR 1: En el Documento Final del Sínodo sobre los Jóvenes se retoma la
experiencia de los discípulos de Emaús, para describir lo que tiene que ser el ser-
vicio de la diócesis y, por tanto, de cada parroquia, de cada barrio, colonia y ran-
cho, a favor de los jóvenes: “Hemos reconocido en el episodio de los discípulos de
Emaús un texto paradigmático para comprender la misión eclesial en relación a las
jóvenes generaciones. Esta página expresa bien lo que hemos vivido en el Sínodo
y lo que quisiéramos que cada una de nuestras Iglesias particulares pudiera vivir
en lo que concierne a los jóvenes”.
32

CELEBRADOR: Se distribuye el pan con los compromisos concretos y, mientras


cantamos “Alma misionera”, nos ponemos agua en nuestra frente como signo que
nos recuerda nuestro bautismo y pedimos a Dios su bendición.
Señor, toma mi vida nueva
antes de que la espera
desgaste años en mí.
Estoy dispuesto a lo que quieras,
no importa lo que sea,
tú llámame a servir.

Llévame donde los hombres


necesiten tus palabras,
necesiten mis ganas de vivir,
donde falte la esperanza,
donde todo sea triste
simplemente por no saber vivir

Te doy mi corazón sincero,


para gritar sin miedo
lo hermoso que es tu amor.
Señor, tengo alma misionera,
condúceme a la tierra
que tenga sed de Ti.

Llévame donde los hombres…

Así en marcha iré cantando


por pueblos predicando
tu grandeza, Señor.
Tendré mis manos sin cansancio,
tu historia entre mis labios,
tu fuerza en la oración.

Llévame donde los hombres…

CELEBRADOR: Nos encomendamos a


María, modelo de los discípulos misione-
ros y nos consagramos: Oh, señora
mía… Dulce Madre…

También podría gustarte