BASE DE ANALISIS
Antonio Vázquez Vialard
TySS, 1998 - 78
EXTINCION DEL CONTRATO DE TRABAJO
Procedencia de la reparación del daño extrapatrimonial ("moral") causado en ocasión de
un despido, aunque el motivo invocado para justificar este último fuere cierto
El actor (médico con actuación relevante en la ciudad en que residía) reclamó el pago de
la indemnización del daño injusto que se le infirió al publicar internamente las causales
del distracto, lo que tuvo gran difusión periodística en el ámbito en el que actuaba. En
primera instancia, en la que se hizo lugar al pago de las indemnizaciones por despido
arbitrario, se rechazó el reclamo.
El tribunal de alzada, por mayoría, también desestimó esa pretensión.
Según el juez preopinante, no correspondía entrar al análisis del agravio deducido por el
actor contra la sentencia de primera instancia que no hizo lugar a su reclamo, en razón
de que el distracto declarado por el empleador tenía plena justificación.
De acuerdo con la doctrina admitida por el Tribunal, sólo procede la reparación de ese
daño en tanto el despido no tiene justa causa, por lo que si se da la situación inversa,
como ocurrió en el caso de autos, la supuesta víctima del agravio inferido no tiene
derecho a solicitar la reparación del daño sufrido. El referido criterio es bastante común,
así como que la indemnización sólo debe ser en dinero, corriente de opinión que omite
que también pueda serlo, a los fines de una auténtica reparación del daño provocado, en
especie: publicación de la sentencia, retractación por los mismos medios por los que se
divulgó el agravio o la noticia falsa.
Estimamos que ese criterio no se compadece con la realidad. El "daño moral" cuya
reparación (aunque con suma reticencia) se admite en la doctrina judicial, si bien se ha
producido con ocasión de una relación de trabajo (en la mayor parte de los casos
publicados, con motivo del despido), tiene una entidad distinta de esta última que,
repetimos, ha sido la ocasión de su ocurrencia. Por lo tanto, podrá o no haberse
configurado el "daño moral", con prescindencia de las incidencias propias de la relación
laboral. Puede que en un caso resulte procedente el reclamo de la reparación del daño
provocado con motivo de un incumplimiento contractual, así como del inferido en el
patrimonio moral de uno de los integrantes de una relación laboral (cualquiera de ellos,
empleador o empleado), en la medida que las acciones realizadas por las partes, hayan
realmente provocado daños de esa naturaleza. Es factible que se den situaciones en que
sólo se haya configurado uno de ellos, sin que lo fuere el otro. Respecto de esta
posibilidad, es perfectamente factible que se haya producido un daño laboral (por
ejemplo, en forma injustificada haber frustrado la expectativa del trabajador —también
podría ser la del empleador, entre otros, en el caso de un contrato a plazo— de la
continuidad de la relación, que el ordenamiento jurídico sanciona con el pago de una
indemnización —por lo común— tarifada), sin que el mismo necesariamente tenga que
estar acompañado por uno de carácter extrapatrimonial. En otras palabras, el despido
injustificado, de suyo no provoca un agravio moral; para que ello ocurra, se requiere que
se haya producido una actitud con entidad suficiente para provocar esa lesión. Por el
contrario, puede darse la situación inversa, como parecería que pudo ocurrir en el caso
que comentamos.
El hecho que la relación haya cesado en virtud de la declaración formulada al respecto
por uno de sus miembros, en razón del grave incumplimiento plenamente acreditado del
otro, en modo alguno empece a que, con ocasión de esa circunstancia, en ese mismo
momento, antes(1) o con posterioridad(2), el empleador (para tomar el caso de autos)
difunda las causales que tuvo para disponer la rescisión de la relación. Entendemos(3)
que en la medida que no hubiere habido una causa que justificara la difusión de esos
hechos(4) que, normalmente no constituyen un timbre de honor para el trabajador (ni
para ninguna persona), pueden constituir un agravio a la persona a la que se le imputa
(insistimos, aunque el hecho sea cierto).
En el caso, no se trata de un acontecimiento de carácter laboral, sino ocurrido en
ocasión de ese tipo de relación que se configura en la medida que una parte (en el caso,
el empleador, pero podría serlo el trabajador), sin un motivo que lo justifique desde el
punto de vista del interés público, actúa a modo de "bocina" respecto de un hecho que,
aunque cierto, daña la figura moral de una persona. Aquí, nos parece importante
distinguir entre la realidad del hecho (suficiente para legitimar la rescisión contractual)
y su divulgación sin motivo valedero(5). Algo que conspira contra el buen nombre de
una persona, es divulgado sin que ello responda a una necesidad de tipo objetivo, sino a
una venganza, tomarse una revancha o a dar rienda suelta a una cierta (y perversa)
tendencia a hablar mal de los otros, a hacer públicos sus defectos. Quien actúa de esa
manera, precisamente, no contribuye para crear un clima de respeto, de paz, que
constituye uno de los presupuestos básicos de la convivencia a la que todos estamos
obligados a contribuir (a través de una conducta que la favorezca, no que se encargue de
difundir —sin razón que lo justifique— los errores de los otros, por supuesto, no los
propios).
A nuestro juicio, si se acredita que el empleador (repetimos, lo mismo podría ocurrir si
fuera el trabajador) sin razón que lo justifique, divulga hechos que, aunque ciertos, de
alguna manera desmerecen la imagen de una persona, causa un daño que debe reparar.
Al efecto, ante la falta de disposición concreta en el ordenamiento laboral (que
expresamente se refiere al deber de actuar como una "buena persona" —arg. arts. 62,
63, 70, 73 y cc. L.C.T.—), corresponde aplicar las propias del derecho común, respecto
de las que no existe ningún impedimento para hacerlo en forma supletoria a fin de
cubrir una laguna legal. Por lo tanto, el daño moral se configura en esta rama del
derecho, cuando se cumplen los presupuestos que establece el Código Civil.
Estimamos que es importante hacer referencia a que en algunos casos una persona está
legitimada para dar información (que no es sinónimo de "desparramar") sobre ciertos
hechos. Puede que esté obligado a ponerlos en conocimiento de otro (cuando en virtud
de su situación: funcionario público; para no convertirse en un supuesto cómplice,
colaborador de un ilícito, en ejercicio de un derecho propio formula la correspondiente
denuncia o promueve querella judicial, etc.) ya que existe una razón atendible para
hacerle conocer el hecho a quien ejerce una función social vinculada con la
investigación de los delitos (criminales o civiles). De cualquier manera, es importante
distinguir entre el ejercicio de una denuncia ante quien corresponde, y la divulgación
urbi et orbe, sin una finalidad legítima, para quienes tengan interés (a veces morboso) de
escuchar las miserias ajenas. Lo primero se justifica, lo segundo constituye, según
doctrina de la CSJN, un ilícito que vulnera la garantía consagrada por el art. 19 de la
Constitución Nacional.
Al respecto, cabe destacar que de acuerdo con prácticas usuales en el ambiente, cuando
una persona ofrece sus servicios como empleado, aquella a la que se le ha dirigido la
petición, suele pedir referencias. En el caso que, en esa situación, se le soliciten las
mismas a un ex empleador que conoce un detalle desfavorable del candidato, deberá
éste —a nuestro juicio— ejercer suma prudencia para no revelar antecedentes
desfavorables, sin incurrir en falsedad que, en determinadas y especiales circunstancias,
podrían acarrearle responsabilidad. Uno de los medios, sería negar dar referencias, en
tanto las mismas fueran desfavorables, por lo que debería expresar algo que depende de
un juicio de valor (que puede comprometerlo) que no está obligado a formular.
Estimamos que la denuncia a fin de incorporar al ex trabajador en una "lista negra",
podría traducirse, por lo menos, en un daño moral. De darse una situación de este tipo,
el ex trabajador tendría derecho a promover las acciones pertinentes (habeas data, art.
43 de la Constitución Nacional), a fin de solicitar se supriman o rectifiquen los datos
falsos, se actualicen con nuevos elementos de juicio y se mantenga la confidencialidad
de esa lista, sin perjuicio de reclamar la correspondiente reparación a quienes hubieren
suministrado esa información.
De la experiencia recogida, pueden citarse algunas situaciones típicas de difamación. A
veces, a fin de presionar al trabajador para que renuncie, se formula una denuncia
policial respecto de un supuesto delito que habría cometido. Quien formula una
denuncia de esa índole, debe asumir las consecuencias que implican una maniobra de
esa naturaleza; el descrédito que supone esa actuación, constituye el presupuesto fáctico
de la comisión de un daño moral.
De acuerdo con lo que llevamos dicho, es evidente que cuando el empleador (lo mismo
sería si lo fuera el trabajador) asume una actitud que sin justificación alguna, hiere los
sentimientos del otro miembro de la relación, debe reparar el daño que le ha irrogado.
Entendemos que el modo normal de dar satisfacción a un daño de esa índole es en
especie, desdecirse del agravio, reconocer que se ha obrado mal, que se ha afirmado
algo que no era cierto, o respecto de que no había razón para divulgarlo.
Como el agravio trae aparejado graves consecuencias en la vida de relación, entre otras:
descrédito, pérdida de chances que requerían gozar de un buen nombre, con repercusión
en el aspecto económico, las mismas deben ser reparadas a través de prestaciones en
dinero. La lesión de un bien o interés jurídico no patrimonial que se suele identificar con
los sufrimientos que experimenta una persona y que se expresan por medio de dolor
físico o moral, "menoscabo de sus sentimientos", pena moral, inquietudes,
padecimientos no susceptibles de apreciación económica(6), violación de alguno de los
derechos inherentes a la personalidad (7), "privación o disminución de aquellos bienes
que tienen un valor precipuo en la vida del hombre y que son la paz, la tranquilidad del
espíritu, la libertad individual, la integridad física, el honor y demás sagrados
afectos"(8), sea que el ilícito se haya producido como consecuencia de un
incumplimiento contractual o de uno extracontractual, muy difícilmente puede ser
reparado en dinero, por lo que la doctrina prevalente prefiere hacer referencia no a su
carácter no sancionatorio (que guarda un sabor a pena), sino a su finalidad resarcitoria o
más bien, satisfactiva. La misma no tiene como fin compensar, reemplazar por medio
del equivalente en dinero, un bien —valor extrapatrimonial— afectado o destruido, sino
facilitar una cierta satisfacción a través de la cual, el llamado "dinero del dolor" no solo
hace referencia al menoscabo sufrido por el lesionado, sino que confiere la posibilidad
de lograr una satisfacción por la aflicción y la ofensa que se le causó, por otra vía. Lo
que la víctima percibe, no es ciertamente una indemnización propiamente dicha o un
equivalente mensurable por la pérdida de su tranquilidad, sino un importe en dinero que
le permite lograr una cierta satisfacción a través de un viaje de placer, una donación, un
incremento de su patrimonio u otra forma de lograr sosiego(9).
CFed. General Roca (Río Negro), setiembre 16-1997. — F., L. O. c. INSSJP.
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NOTAS
(1) Cualquiera de las partes le puede inferir a la otra un daño moral durante todo el
tiempo de la relación contractual. Además, no es necesario que por ese motivo declare
rescindido el trato (aunque ello ocurre con frecuencia, puede no producirse esa
situación).
(2) En el caso, lo que ocurre con frecuencia cuando se divulgan aspectos que se han
conocido en virtud del trato mantenido, en tanto no existe una relación contractual, es
competente la justicia en lo civil (como ocurre con el daño moral provocado durante el
lapso en que aquella existe, se aplican las normas del derecho común).
(3) El tema lo hemos analizado en Despido abusivo, "Contrato de Trabajo", obra en
homenaje al Prof. Deveali, pág. 731, Bs. As., 1979.
(4) En el texto, analizamos luego algunas de esas situaciones, en especial la que se
plantea con el pedido de referencias formulado por un posible nuevo empleador.
(5) Estimamos (ver trabajo indicado en nota 3) que el empleador debe extremar las
medidas de prudencia, a fin de que la causa del distracto que debe indicarse en la
respectiva comunicación (art. 243 L.C.T.) sólo llegue a conocimiento del trabajador, por
lo que debe evitarse, en la medida de lo posible, hacerlo por un medio por el que otras
personas pueden enterarse del ilícito imputado (en especial, cuando el mismo es grave).
(6) Cfr. LLambías, J. J., Tratado de Derecho Civil. Obligaciones, t. 1, pág. 298, 3ª ed.
1978; Bustamante Alsina, Jorge, Teoría General de la Responsabilidad Civil, 2ª ed. pág.
179; Zannoni, Eduardo, El daño en la responsabilidad civil, Bs. As., 1982, pág. 289;
nuestro La responsabilidad en el Derecho del Trabajo, pág. 95 y ss.
(7) Cfr. De La Fuente, Horacio, Concepto jurídico del daño, ED, 87-913.
(8) Definición clásica transcripta, entre otros autores, por De La Fuente, obra indicada
en nota anterior.
(9) Cfr. nuestro trabajo citado en nota 6, pág. 110 y ss.