MODULO: Trastornos sensoriales y motrices
Introducción
La madurez de una sociedad puede medirse por la atención y cuidado que procura
a sus componentes más vulnerables: niños y niñas, mayores, personas con
discapacidad. El impacto de los déficits sensoriales en la infancia será mucho
menor si al mismo tiempo que nos esforzamos en prevenirlos y detectarlos
hacemos todo lo posible por procurar a quienes lo padecen las mayores
capacidades para que estén en condiciones de igualdad y alcancen los niveles
más competitivos de la sociedad.
Durante los 10 últimos años se han producido importantes avances en el
conocimiento de la patogenia molecular de las enfermedades hereditarias que
afectan a la retina, a la audición y a los trastornos motrices.
A pesar de las dificultades, el beneficio de los estudios genéticos reside no solo en
la posibilidad del diagnóstico prenatal y asesoramiento genético, sino también en
la creación de grupos homogéneos, genéticamente hablando, de pacientes para
futuros ensayos clínicos.
Cabe destacar el papel relevante del profesorado que incide directamente en el
proceso formativo del alumno/a. El mismo Desarrolla su función de mediación en
su proceso de aprendizaje, contribuyendo a la normalización de su vida escolar
mediante el ajuste de la respuesta educativa con el diseño y desarrollo de la
adaptación curricular correspondiente. Como agente educativo, no sólo ha de
centrarse en el plano formativo, sino que, además, ha de favorecer el desarrollo
integral del alumno y propiciar su integración, tanto en el centro y en el aula, como
en su entorno social.
Sordera y pérdida de la capacidad auditiva:
El Acta para la Educación de los Individuos con Discapacidades (“Individuals with
Disabilities Education Act,” o IDEA) incluye “impedimento del oído” y “sordera”
como dos de las categorías bajo las cuales los niños con discapacidades pueden
ser elegibles para los programas de educación especial y servicios relacionados. A
pesar de que el término “impedimento auditivo” (“hearing impairment”) a menudo
es usado para describir una gran variedad de pérdidas de la capacidad auditiva,
incluyendo la sordera, los reglamentos de IDEA definen la pérdida de la capacidad
auditiva y la sordera por separado.
“Impedimento auditivo” se define en IDEA como “un impedimento del oído, tanto
permanente o fluctuante, que perjudique el rendimiento escolar del niño.”
“La sordera” se define como “un impedimento del oído que es tan severo que el
niño resulta impedido en procesar información lingüística a través del oído, con o
sin amplificación.”
Por lo tanto, la sordera puede ser vista como una condición que evita que un
individuo reciba sonido en todas o casi todas sus formas. En contraste, un niño
con pérdida de la capacidad auditiva generalmente puede responder a los
estímulos auditivos, incluyendo el lenguaje.
Características
Es útil saber que el sonido se mide por su volumen o intensidad (se mide por
unidades llamadas decibelios, dB) y su frecuencia o intensidad (se mide en
unidades llamadas hertzios, Hz). Los impedimentos del oído pueden ocurrir en
cualquiera o ambas áreas, y pueden existir en un sólo oído o en ambos oídos. La
pérdida de la capacidad auditiva generalmente se describe como leve, benigna,
moderada, severa o profunda, dependiendo de lo bien que una persona pueda
escuchar las intensidades o frecuencias mayormente asociadas con el lenguaje.
Generalmente, sólo los niños cuya pérdida de la capacidad auditiva es mayor a 90
decibelios (dB) son considerados sordos para los propósitos de la ubicación
escolar.
Hay cuatro tipos de pérdida de la capacidad auditiva. Las pérdidas de la capacidad
auditiva conductivas son causadas por enfermedades u obstrucciones en el oído
exterior o medio (las vías de conducción a través de las cuales el sonido llega al
oído interior). Las pérdidas de la capacidad auditiva conductivas usualmente
afectan todas las frecuencias del oído uniformemente y no resultan en pérdidas
severas. Una persona con una pérdida de la capacidad auditiva conductiva bien
puede usar dispositivos acústicos (o aparatos para sordos) o puede ser ayudada
por médicos o intervenciones quirúrgicas.
Las pérdidas de la capacidad auditiva sensorio neurales resultan de daño a las
delicadas células capilares sensoriales del oído interno o a los nervios que lo
abastecen. Estas pérdidas de la capacidad auditiva pueden abarcar desde
pérdidas leves a profundas. A menudo afectan la habilidad de la persona para
escuchar ciertas frecuencias más que otras. Por lo tanto, aún con amplificación
para aumentar el nivel del sonido, una persona con pérdida de la capacidad
auditiva de tipo sensorio neural puede percibir los sonidos distorsionados, que a
veces hacen imposible el uso de dispositivos acústicos.
Las pérdidas de la capacidad auditiva mixtas se refieren a una combinación de
pérdidas conductivas y sensorio neurales y significa que ocurre un problema tanto
en el oído externo, o medio y el oído interno. Una pérdida de la capacidad auditiva
central resulta de daño o impedimento a los nervios o núcleo del sistema nervioso
central, ya sea en las vías al cerebro o en el mismo cerebro.
Implicaciones Educacionales
La pérdida de la capacidad auditiva o sordera no afecta la capacidad intelectual ni
la habilidad para aprender. Sin embargo, los niños que tienen dificultad para oir o
que son sordos generalmente requieren alguna forma de servicios de educación
especial para recibir una educación adecuada. Tales servicios pueden incluir:
• Entrenamiento regular de elocución, lenguaje, y auditivo por parte de un
especialista;
• Servicios de intérprete para aquellos alumnos que utilicen el lenguaje de señas;
• un asiento favorable para facilitar la lectura hablada en la sala de clases;
• Películas y videos con subtítulos;
• Instrucción para el maestro y compañeros sobre métodos opcionales de
comunicación, tales como el lenguaje de señas; y orientación individual.
Los niños con pérdida de la capacidad auditiva encontrarán más dificultad para
aprender vocabulario, gramática, orden alfabético, expresiones idiomáticas, y otros
aspectos de la comunicación verbal que los niños con el oído normal. Para los
niños que son sordos o tienen severas pérdidas de la capacidad auditiva, el uso
consciente, temprano, y consistente de visibles métodos de comunicación (tales
como los signos manuales, el alfabeto manual, y la Palabra Complementada) y la
amplificación y entrenamiento oral o rehabilitación auditiva pueden ayudar a
disminuir un atraso en el lenguaje. A la edad de cuatro o cinco años, la mayoría de
los niños que son sordos están matriculados en la escuela el día completo y hacen
trabajo especial para el desarrollo de la comunicación y lenguaje. Es importante
que los maestros y fonoaudiólogos trabajen juntos para enseñarle al niño a utilizar
su capacidad de oído residual al máximo alcance posible, aunque el medio de
comunicación preferido sea manual. Como la gran mayoría de los niños sordos
(más del 90%) nacen de padres con el oído normal, los programas deben
proporcionar instrucción para los padres sobre las implicaciones de la sordera en
la familia.
Las personas con pérdida de la capacidad auditiva usan medios orales o
manuales para la comunicación o una combinación de ambos. La comunicación
oral incluye lenguaje, lectura hablada, y el uso de la capacidad de oído residual.
La comunicación manual tiene que ver con los signos manuales y el alfabeto
manual. La Comunicación Total, como método de instrucción, es una combinación
del método oral más los signos manuales y el alfabeto manual.
Ceguera y déficit visual:
El déficit visual es un término genérico en el que se encuadran un grupo de
afecciones oculares que dan pie a una categorización de los sujetos que las
padecen.
En efecto, el origen de la ceguera puede ser congénito, vírico, traumático,
accidental, recurrente a otras enfermedades.
El establecimiento de la situación de ceguera se realiza de acuerdo con dos
parámetros básicos considerados aislada o conjuntamente: La Agudeza Visual
(A.V.) y el Campo Visual (C.V.)
Legalmente queda encuadrada dentro del término ceguera y deficiencia visual
toda persona cuya visión en ambos ojos reúna, al menos, una de las siguientes
condiciones:
• Agudeza Visual (A.V.) igual o inferior a 0,1 (escala de Wecker), obtenida con la
mejor corrección óptica.
• Campo Visual (C.V.) disminuido a 10 grados o menos.
Se trata, por tanto, de un término amplio que engloba tanto a las personas que no
poseen resto visual alguno, como aquellas otras que pueden realizar diferentes
tareas utilizando instrumentos adecuados que potencien su funcionalidad visual.
Habitualmente se suele utilizar el término deficiencia visual para englobar estos
dos conceptos, si bien se trata de dos poblaciones con necesidades diferentes y
que, por tanto, requieren de intervenciones igualmente diversas.
Existen factores que influirán en la evolución y normalización de estos sujetos,
como por ejemplo: edad de la aparición del déficit, ritmo (progresivo o no),
presencia de otra anomalía o enfermedad asociada, resto visual que permanezca,
actitud de la familia, etc.
La mayor parte de los alumnos con déficit visual muy grave son detectados antes
de llegar a la escuela por la familia y los servicios médicos. No obstante, nos
podemos encontrar en clase con algunos alumnos que no han sido detectados con
anterioridad.
Los siguientes indicadores pueden ser de utilidad para sospechar la presencia de
déficit visual y la remisión al oftalmólogo.
Apariencia de los Ojos
• Bizqueo (hacia adentro o hacia fuera) en cualquier momento, especialmente al
estar cansado.
• Ojos o párpados enrojecidos.
• Ojos acuosos.
• Párpados hundidos.
• Orzuelos frecuentes.
• Pupilas nubladas o muy abiertas.
• Ojos en movimiento constante.
• Párpados caídos.
• Asimetría visual.
Quejas asociadas
• Dolores de cabeza.
• Náuseas o mareo.
• Picor o escozor en los ojos.
• Visión borrosa en cualquier momento.
• Confusión de palabras o líneas.
• Dolores oculares.
Signos en el comportamiento
• Echar la cabeza hacia delante al mirar hacia objetos distantes.
• Corto espacio de tiempo en actitud de atención.
• Giro de cabeza para emplear un solo ojo.
• Inclinación lateral de cabeza.
• Colocación de la cabeza muy cerca del libro o pupitre al leer o escribir, tener el
material muy cerca o muy lejos.
• Exceso de parpadeo.
• Tapar o cerrar un ojo.
• Fatiga inusual al terminar una tarea visual o deterioro de la lectura tras períodos
prolongados.
• Uso del dedo o rotulador como guía.
• Mover la cabeza en lugar de los ojos.
• Choque con objetos.
• Fotofobia, es decir, deslumbramiento en interiores y/o exteriores.
• Guiños frecuentes.
• Movimientos involuntarios y rítmicos de los ojos.
Necesidades Educativas especiales de un alumno con impedimentos
visuales
Abordaremos de manera diferenciada las necesidades que presenta el alumnado
con ceguera de las que presenta aquel otro con resto visual.
Alumnos con Ceguera
• Necesidad de relacionarse con el mundo físico y social a través de otros
sentidos distintos a la visión.
El conocimiento acerca del mundo que nos rodea solemos construirlo,
básicamente, a través de estímulos visuales. Los alumnos ciegos, al no poder
acceder a la información, por esta vía, necesitan que la estimulación les llegue a
través de canales sensoriales diferentes: el oído, el tacto, el olfato, el gusto...
Como consecuencia de ello, el aprendizaje cobra unas características
especiales: hay que potenciar la funcionalidad de estos canales y, sobre todo, es
necesario adaptar los materiales escolares “traduciendo” la información visual, que
habitualmente contienen, en información auditiva, táctil, olfativa o gustativa para
posibilitar su acceso al currículo.
• Necesidad de aprender técnicas para orientarse y desplazarse en el
espacio.
La capacidad para moverse con autonomía, seguridad y eficiencia es de vital
importancia para el desarrollo del alumno. Para ello deberá aprender a utilizar una
serie de técnicas que le permitan desplazarse de manera independiente y segura.
• Necesidad de adquirir hábitos de autonomía personal.
La adquisición de hábitos de autonomía personal se realiza, básicamente,
mediante la imitación y la observación.
Los alumnos ciegos, privados del canal visual y, por tanto, de la observación
directa, necesitan interiorizar estos aprendizajes a través de experiencias y
sensaciones sobre su propio cuerpo, guiando y complementando estas
experiencias con la información verbal pertinente.
Necesidad de adquirir un sistema alternativo de lecto-escritura.
El código de lecto-escritura alternativo que utilizan las personas ciegas es el
Braille. Este sistema es táctil y su aprendizaje requiere el desarrollo de unas
habilidades previas y la utilización de materiales específicos.
Necesidad de entrenamiento específico en habilidades sociales.
El alumno deberá adquirir habilidades sociales, verbales y no verbales que le
permitan una integración social eficaz.
Ante la imposibilidad de adquirir estas habilidades por observación directa de las
personas de su entorno, se hace necesario un entrenamiento específico en este
ámbito.
Necesidad de conocer y asumir su situación visual.
Los alumnos ciegos necesitan conocer su déficit y las repercusiones que conlleva
(potencialidades y limitaciones) para poder asumir su situación y formarse una
autoimagen adecuada a su realidad.
Sólo así podrá afrontar positivamente las dificultades que la vida sin visión les
deparará en el ámbito personal, escolar, social y profesional.
Necesidad de complementar la información recibida visualmente con otros
sentidos.
Cuando el resto visual no les permite acceder a toda la información, puede ser
necesario complementarla a través de información verbal o táctil.
Necesidad de mejorar la funcionalidad del resto visual mediante
estimulación y entrenamiento visual: “aprendera ver”.
Habitualmente estos alumnos y alumnas necesitan “aprender a ver”, es decir,
aprender a utilizar su resto visual de la manera más eficaz posible.
Necesidad de conocer y asumir su situación visual.
Esta necesidad se acentúa en los alumnos y alumnas con déficit visual. La
presencia de resto visual hace que no se identifiquen como personas con déficit, lo
que en muchos casos, conlleva el rechazo de las ayudas y programas educativos
que compensarían las necesidades educativas que presentan.
Alumnado con Resto Visual
Dependiendo del grado de visión o de su funcionalidad, los alumnos podrán
manifestar algunas de las necesidades anteriormente descritas. Así, en algunos
casos, habrá alumnos que necesiten trabajar con el sistema Braille a pesar de
que su resto visual le permita realizar otras tareas.
Parálisis cerebral
El término parálisis cerebral se refiere a un grupo de condiciones que afectan el
control del movimiento y la postura. Debido al daño en una o más partes del
cerebro que controlan el movimiento, una persona afectada no puede mover sus
músculos con normalidad. Los síntomas varían de leves a graves, e incluyen
formas de parálisis.
Con tratamiento, la mayoría de los niños pueden mejorar significativamente sus
capacidades. Aunque los síntomas pueden cambiar con el transcurso del tiempo,
la parálisis cerebral, por definición, no es progresiva, de modo que si aumenta la
incapacidad, puede tratarse de un problema distinto a la parálisis cerebral.
Muchos niños con parálisis cerebral tienen otros problemas que requieren
tratamiento. Estos incluyen retardo mental, dificultades de aprendizaje,
convulsiones y problemas de visión, audición y habla.
Los tres tipos principales de parálisis cerebral:
Parálisis cerebral espástica. Aproximadamente del 70 al 80 por ciento de las
personas afectadas tienen parálisis cerebral espástica, en la cual los músculos
están rígidos, dificultando el movimiento. Cuando las dos piernas están afectadas
(diaplejia espástica), el niño puede tener dificultad al caminar porque los músculos
rígidos de las caderas y las piernas hacen que éstas se tuerzan hacia dentro y se
crucen a la altura de las rodillas (movimiento de tijera). En otros casos, sólo un
lado del cuerpo está afectado (hemiplejia espástica), comúnmente con el brazo
afectado más severamente que la pierna. La más grave es la cuadriplejia
espástica, en la cual están afectados los cuatro miembros y el tronco, a menudo
junto con los músculos que controlan la boca y la lengua. Los niños con
cuadriplejia espástica tienen retardo mental y otros problemas.
Parálisis cerebral diskinética. Aproximadamente del 10 al 20 por ciento tienen la
forma diskinética, que afecta a todo el cuerpo. Se caracteriza por fluctuaciones del
tono muscular (que varía de demasiado rígido a demasiado flojo) y a veces está
asociada con movimientos incontrolados (que pueden ser lentos y contorsionados
o rápidos y abruptos). Los niños generalmente tienen dificultad para aprender a
controlar su cuerpo lo suficiente como para sentarse y caminar. Como los
músculos de la cara y la lengua pueden estar afectados, también puede haber
dificultades para succionar, tragar y hablar.
Parálisis cerebral atáxica. Aproximadamente del 5 al 10 por ciento tienen la
forma atáxica, que afecta el equilibrio y la coordinación. Las personas pueden
caminar con una marcha inestable y tener dificultad con los movimientos que
requieren una coordinación precisa, como la escritura.
Muchas cosas que ocurren durante el embarazo y alrededor del nacimiento
pueden interrumpir el desarrollo normal del cerebro y producir parálisis cerebral.
En el 70 por ciento de los casos, aproximadamente, el daño cerebral se produce
antes del nacimiento, aunque también ocurre alrededor del momento del
nacimiento o en los primeros meses o años de vida.
Algunas de las causas conocidas incluyen:
Infecciones durante el embarazo. Determinadas infecciones de la madre,
incluidas la rubéola, el citomegalovirus (una infección viral leve) y la toxoplasmosis
(una infección parasitaria leve), pueden causar daño cerebral y resultar en
parálisis cerebral.
Insuficiente llegada de oxígeno al feto. Por ejemplo, cuando la placenta no
funciona adecuadamente o se desgarra de la pared del útero antes del nacimiento,
el feto puede dejar de recibir suficiente oxígeno.
Nacimiento prematuro. Los bebés prematuros que pesan menos de 1,500 kg
tienen hasta 30 veces más probabilidades de desarrollar parálisis cerebral que los
bebés nacidos a término.
Complicaciones en el trabajo de parto y en el parto. Hasta hace poco tiempo,
los médicos creían que la asfixia (falta de oxígeno) durante un parto dificultoso era
la causa de la mayoría de los casos de parálisis cerebral. Estudios recientes
muestran que esto causa sólo un 10 por ciento de los casos.
Enfermedad de Rh. Esta incompatibilidad entre la sangre de la madre y la del feto
puede causar daño cerebral que produzca parálisis cerebral. Afortunadamente, la
enfermedad Rh generalmente se puede prevenir aplicándole a la mujer Rh-
negativa una inyección de un producto derivado de la sangre llamado
inmunoglobulina Rh alrededor de la 28ª semana del embarazo, y nuevamente
después del nacimiento de un bebé Rh-positivo.
Otros defectos de nacimiento. Los bebés con malformaciones cerebrales,
numerosas enfermedades genéticas, anomalías cromosómicas y otros defectos
físicos de nacimiento tienen mayor riesgo de sufrir parálisis cerebral.
Parálisis cerebral adquirida. Aproximadamente, el 10 por ciento de los niños con
parálisis cerebral la adquieren después del nacimiento debido a lesiones
cerebrales que se producen durante los primeros dos años de vida. Las causas
más comunes de estas lesiones son infecciones cerebrales (como meningitis) y
lesiones en la cabeza. La parálisis cerebral se diagnostica principalmente
evaluando los movimientos del bebé o del niño pequeño. Algunos niños con
parálisis cerebral tienen tono muscular bajo, lo que los hace parecer fofos. Otros
tienen el tono muscular aumentado, lo que los hace parecer rígidos; o tono
muscular variable (a veces aumentado y a veces bajo).
El médico también puede sugerir pruebas cerebrales de diagnóstico por imágenes
como imagen por resonancia magnética (IRM), tomografía computada (TC) o
ultrasonido. Estas pruebas a veces pueden ayudar a identificar la causa de la
parálisis cerebral.
¿Cómo se trata la parálisis cerebral?
Un equipo de profesionales de la salud trabaja con el niño y la familia para
identificar las necesidades del niño. El equipo puede incluir pediatras, médicos
especialistas en medicina física y en rehabilitación, cirujanos ortopédicos,
terapeutas ocupacionales y fisioterapeutas, oftalmólogos, fonoaudiólogos,
asistentes sociales y psicólogos.
El niño habitualmente comienza la fisioterapia brevemente después del
diagnóstico. Esto mejora las habilidades motoras (como sentarse y caminar) y la
fuerza muscular y ayuda a evitar contracturas (acortamiento de los músculos que
limita el movimiento de las articulaciones). A veces se usan soportes, férulas o
yesos junto con la terapia para ayudar a evitar contracturas y a mejorar la función
de manos y piernas. Si las contracturas son graves, se puede recomendar
cirugía para alargar los músculos afectados.
Se pueden usar fármacos para aliviar la espasticidad o reducir los movimientos
anormales. Lamentablemente, con frecuencia el tratamiento con fármacos orales
no es de mucha ayuda. A veces, la inyección de fármacos directamente en los
músculos espásticos es más útil y los efectos pueden durar varios meses.
Las investigaciones sugieren que la parálisis cerebral es resultado del desarrollo
incorrecto de las células durante una etapa temprana del embarazo. Por ejemplo,
un grupo de investigadores observó recientemente que a un tercio de los niños
con parálisis cerebral también les falta el esmalte en determinados dientes. Los
científicos también examinan otros eventos (como el sangrado del cerebro, las
convulsiones y problemas respiratorios y circulatorios) que amenazan al cerebro
de un bebé recién nacido. Algunos investigadores están realizando estudios para
ver si determinados fármacos pueden ayudar a evitar el accidente cerebrovascular
neonatal y otros investigadores están examinando las causas del bajo peso al
nacer. Otros científicos están explorando cómo los traumatismos cerebrales (como
el daño cerebral producido por escasez de oxígeno o de flujo sanguíneo,
hemorragia cerebral y convulsiones) pueden causar la liberación anormal de
sustancias químicas cerebrales y desencadenar una enfermedad cerebral.
En resumen:
La Parálisis Cerebral es un conjunto de trastornos neuromotores, de
carácter crónico, debidos a una lesión o defecto en el desarrollo del cerebro
inmaduro.
Para poder hablar de Parálisis Cerebral, la lesión se debe producir en los
tres primeros años de vida, aunque algunos especialistas extienden este
período hasta los cinco años.
La cerebral se debe a factores prenatales (durante la gestación),
perinatales (durante el parto) o postnatales, después del nacimiento.
La Parálisis Cerebral se caracteriza por alteraciones del tono muscular, la
postura y el movimiento, aunque puede ir acompañada de otros síntomas,
como deficiencia intelectual, problemas en la articulación de las palabras,
problemas sensoriales o epilepsia, entre otros.
El diagnóstico se lleva a cabo a través de pruebas de exploración
neurológica, Resonancia Magnética, Tomografía Axial Computerizada,
Ultrasonidos y Encefalogramas. También se llevan a cabo pruebas
psicológicas y sensoriales para evaluar los síntomas asociados.
La Parálisis Cerebral no tiene cura, aunque se puede lograr mucha mejoría
si se sigue el tratamiento adecuado desde el momento en que se comunica
el diagnóstico.
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