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Preguntas de Selectividad sobre Descartes

El documento describe el contexto filosófico y cultural que influyó en el pensamiento de Descartes, incluyendo la crisis de la escolástica y el auge de la ciencia moderna. Explica las ideas centrales de Descartes como su método racionalista, la duda metódica y su búsqueda de certezas, así como las reglas del método cartesiano para alcanzar conocimiento verdadero de forma rigurosa.

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Preguntas de Selectividad sobre Descartes

El documento describe el contexto filosófico y cultural que influyó en el pensamiento de Descartes, incluyendo la crisis de la escolástica y el auge de la ciencia moderna. Explica las ideas centrales de Descartes como su método racionalista, la duda metódica y su búsqueda de certezas, así como las reglas del método cartesiano para alcanzar conocimiento verdadero de forma rigurosa.

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA -

PREGUNTAS RESUELTAS DE PEvAU DE CADA AUTOR

Preguntas de Selectividad:

1. Describa el contexto filosófico-cultural que influye en el autor del texto.


2. Identifique y explique las ideas contenidas en el texto.
3. Justifique las ideas del texto en relación con la filosofía del autor.
4. Relacione el tema o el autor del texto con la posición filosófica de un autor o
una autora de los siglos XIX o XX.
5. Complete la/s frase/s que recoge/n propuestas básicas de un autor central de la
historia de la filosofía diferente del autor del texto elegido
para su comentario.

Platón: (...)

Realizado por Alejandro Palos Zurita (2ºBACH A, I.E.S.Néstor Almendros)


Descartes:

1. Describa el contexto filosófico-cultural que influye en el autor del texto.

Descartes fue uno de los principales filósofos de la Modernidad. Su vida coincidió


con el siglo XVII, en el que la Modernidad alcanzó su máximo auge y se
produjeron crisis en todos los ámbitos de la sociedad.

Mientras que las esporádicas malas cosechas provocaban hambrunas y grandes


fluctuaciones en los precios, afectando así a la economía, la sociedad estamental
entró en crisis por el auge de la burguesía como nueva clase social - a lo que se
tuvo que sumar los constantes conflictos entre privilegiados y pobres. Por otro
lado, el conflicto religioso entre reformistas y contrarreformistas provocó el
recrudecimiento de las persecuciones de la Inquisición y el estallido de nuevas
contiendas como la Guerra de los Treinta Años, en las que Descartes participó.

A su vez, en el campo del conocimiento, la Nueva Ciencia triunfó finalmente y el


geocentrismo fue reemplazado por el heliocentrismo defendido por autores como
Kepler; quien también propuso la matematización de la naturaleza como método
para poder llegar a comprenderla (idea pitagórica). Además, la filosofía también
entró en crisis con el ocaso de la escolástica y el declive de la concepción
aristotélica del mundo. Incluso la teología se puso en tela de juicio, ya que la
Nueva Ciencia desmintió el valor de la Biblia como enciclopedia de las ciencias
que había tenido hasta entonces.

Toda esta inestabilidad fue plasmada en el ámbito cultural a través del Barroco, de
forma que sus autores trataron de reflejar con pesimismo “la locura del mundo” o
la sensación de “mundo al revés” que se respiraba en la época. Es por ello, que el
intento de Descartes por encontrar un método que brindara de certeza entre
tantas dudas y engaños era muy comprensible.

Las dos principales vertientes filosóficas del siglo XVII fueron el empirismo,
desarrollado principalmente en las islas británicas; y el racionalismo,
predominante en la Europa continental y al que Descartes estuvo adscrito.

Ambas vertientes compartían rasgos comunes. Una de ellas era la defensa de la


razón como única facultad con capacidad para distinguir lo verdadero de lo falso,
por lo que todo conocimiento que careciera de razonamiento no tenía valor alguno
dentro de la filosofía. Otra característica común entre empiristas y racionalistas
era su admiración por el conocimiento científico como modelo perfecto para llegar
a verdades rigurosas y exactas. Mientras que los racionalistas tomaron como
ejemplo a las Matemáticas, los empiristas consideraron a la Física como reina de
las ciencias - aún sin despreciar el valor de las Matemáticas. Por último, la
filosofía moderna mostró mayor interés en las cuestiones gnoseológicas que en
las ontológicas, de manera que el principal objeto de estudio del modernismo fue
la manera en la que los humanos pueden llegar a conocer.

Los racionalistas, por su parte, mostraron una excesiva confianza en la capacidad


de la razón, llegando a afirmar que esta era capaz de producir los conceptos con

Realizado por Alejandro Palos Zurita (2ºBACH A, I.E.S.Néstor Almendros)


los que ella misma trabajaba (innatismo racionalista). Esta visión contrastaba con
la visión empirista, que estimaba que las ideas solo podían ser extraídas a través
de la experiencia. Otra de las grandes diferencias entre el empirismo y el
racionalismo fue que el primero usaba la evidencia del mundo exterior como base
de sus reflexiones, mientras que el segundo partía de la evidencia del yo para
más tarde demostrar la existencia del mundo exterior. Este razonamiento condujo
a la concepción cartesiana del mundo como una “máquina”, en la que no existe un
fin concreto y todos los movimientos son explicados en base a otros movimientos.

En conclusión, Descartes inició toda una nueva etapa del pensamiento en la que
predominó la independencia de la razón y de la filosofía sobre las autoridades
tradicionales (políticas y religiosas), de manera que la razón nunca volvió a estar
supeditada a otra autoridad que no fuera ella misma.

Así pues, Descartes basó su filosofía en la capacidad de la razón de poder


conocer el cosmos sin necesidad del testimonio de los sentidos: todo ello, con la
ayuda de las ideas innatas y de la deducción.

3. Justifique las ideas del texto en relación con la filosofía del autor.

Tal y como hemos comentado previamente en la contextualización


filosófico-cultural del autor, Descartes vivió en un periodo de la historia en el que
las verdades más inamovibles (geocentrismo) se vinieron abajo con la Revolución
Científica. Así pues, el avance imparable de la ciencia moderna contrastaba con la
crisis que la filosofía atravesaba en aquel momento por el ocaso de la escolástica.
Esto explica por qué Descartes tomó el ejemplo de las Matemáticas como ciencia
exacta y rigurosa para diseñar un método que hiciera de la filosofía una “ciencia
estricta”.

Este método, conocido como el “método cartesiano”, partía de las mismas bases
que el racionalismo y creía en una sola ciencia universal en la que el conocimiento
sólo podía ser alcanzado a través de un método universal: el matemático. Por lo
tanto, la razón debía emplear la intuición y la deducción, al igual que los
matemáticos, para alcanzar verdades exactas y robustas.

Dentro del sistema cartesiano, la “intuición” se define como la captación de ideas


“evidentes” a través de la razón. A su vez, Descartes establece su definición de
evidencia en base a la “claridad” y la “distinción”, entendiéndose que una idea es
clara si “se pone de manifiesto en una mente atenta, de una forma similar a la que
los ojos perciben un objeto en frente de sí” y que una idea es distinta si “es tan
simple que no contiene a ninguna otra idea dentro de ella misma”. Por lo tanto,
una idea evidente debe de ser clara y distinta.

Por otro lado, la “deducción” consiste en derivar de forma lógica y escalonada


nuevas ideas en base a las ideas innatas adquiridas por la intuición.

Realizado por Alejandro Palos Zurita (2ºBACH A, I.E.S.Néstor Almendros)


A pesar de que Descartes confiaba en la capacidad de la razón para conocer el
universo a través de estas dos operaciones racionales (intuición y deducción),
también creía conveniente crear una serie de reglas que ayudaran a la razón a
conducir sus pensamientos adecuadamente. Estas son las conocidas como
“reglas del método”.

La primera de ellas es la “regla de la evidencia”, que establece que no debemos


tomar por verdadero aquello que no sea evidente. A través de esta primera regla,
Descartes reemplazó el concepto clásico de verdad como correspondencia (entre
la idea pensada y la realidad) por una nueva definición: la verdad como
“evidencia” o verdad como “coherencia” (entre la idea pensada y la definición de
evidencia).

Posteriormente, la segunda regla o “regla del análisis” dicta que todo problema
debe ser dividido en el mayor número de partes posible para su mejor resolución,
hasta alcanzar las conocidas como “naturalezas simples”: ideas que conocemos
de forma innata.

La tercera regla o “regla de la síntesis” defiende que, una vez un problema ha sido
descompuesto en todas sus partes, debemos emplear la deducción para ir de las
ideas innatas hasta las ideas más complejas: todo ello, mediante estableciendo
relaciones lógicas entre unas ideas y otras. Así, finalmente, podremos comprender
el problema en su totalidad una vez recompuesto.

Por último, la cuarta regla o “regla de la comprobación” exige que todo el proceso
de análisis y síntesis debe de ser rigurosamente revisado para asegurarnos de
que no se ha cometido ningún fallo en el camino, y que por lo tanto, nuestras
conclusiones finales son veraces.

Una vez establecidas estas reglas, Descartes trató de encontrar una primera idea
innata o “primera verdad” sobre la que construir todo su edificio del conocimiento.
Para ello, aplicó la regla de evidencia a diversos aspectos, dudando así de
aquellos que no fueran concebidos de forma evidente: esta es la conocida como
“duda cartesiana”.

La duda cartesiana posee diversas características: en primer lugar, decimos que


es “metódica” ya que sigue una serie de pasos. En segundo lugar, es “universal”
al dudar de todo, e incluso “hiperbólica” por llegar a dudar de la existencia del
mundo. Por último, es importante recalcar que la duda cartesiana es “provisional”
ya que solo sirve como medio para encontrar una primera verdad. No es que trate
de demostrar que no se puede llegar a conocer - en ese caso sería una duda
“escéptica” -, sino todo lo contrario.

En primer lugar, Descartes dudó del testimonio de los sentidos, ya que no es


ajeno a nadie que a veces los sentidos ofrecen falsas sensaciones en cuanto a
magnitudes como tamaño o distancia. Y como Descartes defiende que no
debemos confiar en quien ya nos ha engañado en el pasado, Descartes decide
dudar de la experiencia.

Realizado por Alejandro Palos Zurita (2ºBACH A, I.E.S.Néstor Almendros)


Posteriormente, su duda llegó a ir más lejos tras reflexionar que el sueño y la
vigilia son indistinguibles el uno del otro. Según Descartes afirmaba, ciertos
sueños parecen tan vívidos como la experiencia del día a día por la intensidad en
la que los percibimos, de manera que la intensidad con la que vivimos nuestra
vigilia no es razón suficiente para demostrar que sea real. Por lo tanto, Descartes
duda de que el mundo material exista y plantea la posibilidad de que todo lo que
vivimos no sea más que un sueño.

Llegados a este punto, los únicos conceptos de los que no hemos dudado son las
verdades matemáticas: ideas totalmente abstractas y desligadas de la existencia
del mundo material. No obstante, Descartes reflexionó sobre si su criterio de
evidencia podría estar siendo alterado por un genio maligno todopoderoso, de
forma que verdades tan evidentes como que 2+3=5 podrían ser realmente falsas y
un mero producto de la manipulación de este genio. Cabe recalcar que Descartes
no duda del criterio de evidencia en sí, ya que constituye la base de su método,
sino que plantea la posibilidad que su propio criterio estuviera siendo alterado.

Por lo tanto, Descartes llegó a dudar incluso de las verdades matemáticas:


aparentemente, ya no quedaba nada de lo que dudar. Al dudar de todo, Descartes
se percató de algo que no pudo poner en duda: el hecho de que él, como ser
pensante, estaba dudando. La duda, como actividad mental, implicaba que debía
de existir, al menos como ente pensante. Así es como Descartes llegó a su
primera verdad: “pienso, luego existo”.

Y aunque aparentemente esta primera verdad parezca una deducción, se trata de


una idea captada de forma intuitiva y evidente: la existencia no es una deducción
del hecho de pensar. Se trata, por ello, de una idea innata.

Una vez alcanzada esta primera verdad, Descartes se percató de que si su criterio
de evidencia estaba realmente trastocado por un genio maligno, su primera
verdad podría bien no ser cierta tampoco, ya que a fin de cuentas se basaba en
su criterio de evidencia. Por lo tanto, Descartes trató de demostrar la inexistencia
del genio maligno a través de la existencia de Dios.

Para demostrar la existencia de Dios, Descartes empleó el siguiente argumento:


Como seres humanos, somos seres finitos e imperfectos, y sin embargo,
poseemos la idea de perfección e infinitud. De manera que, como Descartes
defendía la correspondencia entre ente pensado e idea pensada, nosotros no
podíamos concebir de forma innata estas dos ideas. Por lo tanto, solo un ser
infinito y perfecto en grado sumo podía haber fabricado estas ideas y haberlas
depositado en nuestra mente; por lo que necesariamente este ser debe de existir:
así queda probada la existencia de Dios.

Y como Dios es un ser perfecto, un ser perfecto no permitiría que un genio


maligno nos engañara, ya que el engaño es una imperfección para Descartes. Por
lo tanto, el genio maligno queda desmentido y la veracidad del criterio de
evidencia queda garantizada.

Una vez demostrada la existencia del yo y del Dios, Descartes reflexionó sobre la

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existencia del mundo material. Y es que para Descartes, las idea de cuerpos
externos parecen venir a nuestra mente de forma involuntaria, sin que nosotros
así lo queramos. En consecuencia, Descartes concluye que ésta percepción de un
mundo exterior es evidente, y por ende, verdadera, quedando así demostrada la
existencia de la realidad.

Una vez demostrada la existencia de estas tres realidades (yo, Dios y mundo
material), Descartes pasó al plano de la ontología para tratar de explicar en qué
consistían cada una de ellas. Para ello, acudió a la definición aristotélica de
“sustancia” como “aquello que existe de forma independiente a cualquier otra
cosa”, defendiendo así que lo único que existe es la sustancia. Aplicando esta
definición en el sentido estricto, Descartes concluyó que Dios era lo único que
existía.

Sin embargo, para tratar de dar cabida a la razón y al mundo material dentro su
ontología, Descartes concibió una nueva definición de sustancia más relativa: “la
sustancia es aquello que existe de forma independiente de cualquier otra cosa,
una vez ha sido creada por Dios”. Así pues, aplicando esta definición más relativa,
la sustancia quedó dividida en tres tipos: Dios, sustancia pensante y sustancia
material.

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