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1 Apuntes Rousseau

Jean-Jacques Rousseau critica la idea optimista del progreso de la Ilustración, argumentando que la civilización ha corrompido la bondad natural del ser humano y ha instaurado desigualdades a través de la propiedad privada. Propone un contrato social que permita la autodeterminación y la creación de una comunidad política que respete la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos. Además, enfatiza la importancia de una educación moral que fomente los sentimientos innatos y la conciencia moral en las nuevas generaciones.

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1 Apuntes Rousseau

Jean-Jacques Rousseau critica la idea optimista del progreso de la Ilustración, argumentando que la civilización ha corrompido la bondad natural del ser humano y ha instaurado desigualdades a través de la propiedad privada. Propone un contrato social que permita la autodeterminación y la creación de una comunidad política que respete la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos. Además, enfatiza la importancia de una educación moral que fomente los sentimientos innatos y la conciencia moral en las nuevas generaciones.

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JEAN- JACQUES ROUSSEAU (1712-1778)

Ilustración:
-liberación de la servidumbre en todos sus sentidos (espiritual, física), dogmas, supersticiones
religiosas, tiranía, relaciones deshumanizadas entre los hombres.
-Tradición como objeto de crítica
-Eliminar los mitos y la sustituír la imaginación por la ciencia.
-Poder de la razón como motor de progreso, reformismo político.
-Tolerancia ética y religiosa
-Defensa de los derechos naturales e inalienables. Declaración de los Derechos del Hombre y del
ciudadano (1789). Documento programático de la revolución. La ley igual para todos, señala
límites precisos al poder ejecutivo, con el objeto de proteger la libertad personal y la libertad de
opinión, religión y palabra.Propiedad privada derecho inalienable.

La obra de Jean-Jacques Rousseau comparte muchas de las preocupaciones de los ilustrados:


la búsqueda de la felicidad del hombre, su progreso y la libertad. Sin embargo, su pensamiento es
especialmente crítico con esta idea, lo que le ocasionó graves polémicas con Diderot y Voltaire.
Sus críticas van dirigidas a la idea optimista del progreso. El desarrollo de las ciencias y las
técnicas han consolidado una sociedad hipócrita, desigual y artificiosa que ha esclavizado al ser
humano, alejándolo de su naturaleza libre y bondadosa.
Precisamente, en su primera obra, Discurso sobre las ciencias y las artes, defiende que las mejoras
técnicas y el progreso han traído como consecuencia el aumento de la competitividad y el
egoísmo, y han llevado al abandono de los sentimientos naturales del hombre, que Rousseau
extrae de analizar su propia intimidad, los niños o los pueblos salvajes. En este sentido, se
considera a Rousseau un antecedente del Romanticismo.
En su análisis de la sociedad, convendrá que el progreso y la legitimación de la propiedad
privada (protegida por las leyes y el poder político) han desarrollado la vanidad, la envidia, y el
egoísmo en la sociedad burguesa, y ha ofrecido la falsa idea de que con ello los hombres serían
libres. La bondad natural del ser humano y su libertad pueden ser recuperadas mediante un
nuevo orden político basado en un contrato social que implica una democracia basada en la
voluntad general.

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Antropología: Del hombre natural al hombre social

La tesis de su primera obra, Discurso sobre las ciencias y las artes, a saber, que “nuestros espíritus han
ido corrompiéndose en la medida en que progresaban las artes y las ciencias”, rompía con la
posición de los ilustrados, que confiaban ciegamente en la razón humana como garantía del
progreso, e invitaba a pensar en un estado natural del ser humano, no corrompido, distinto del
estado social.
El estado de naturaleza no es, en ningún caso, histórico, sino que se trata de un experimento
mental, una categoría filosófica para tratar de pensar el ser humano con independencia de la
sociedad. En el Estado de Naturaleza, el hombre vive feliz y en igualdad, no tiene lenguaje, es
independiente y autosuficiente. Los sentimientos dominantes son el amor a sí mismo y la
compasión o el rechazo al sufrimiento ajeno. No podemos decir que sea egoísta puesto que, al
no vivir en sociedad, sus acciones no afectan a los demás. En este estado el ser humano puede
sobrevivir con lo que le ofrece la naturaleza. El hipotético hombre natural posee las
características del tópico literario del buen salvaje, la idea de que los pueblos primitivos poseen
una “candidez original”, en términos de Montaigne.
El hombre en esta situación tiene dos características. Por un lado tiene conciencia de su
libertad, tiene capacidad para elegir sus actos y, sobre todo, tiene la capacidad de
perfeccionarse, es decir, la posibilidad de adquirir nuevas habilidades para enfrentarse a las
dificultades de la vida. El estado natural del hombre según Rousseau es un estado de paz, porque
no hay posesiones o pasiones por las que enfrentarse. Es decir, las desigualdades derivadas de la
riqueza, el poder o el respeto social no existen en esta situación primigenia.
En este estado de inocencia pacífica, el hombre solamente tiene una amenaza: la de la propia
naturaleza (catástrofes, animales, escasez de alimentos, etc.). Esto llevó al hombre a buscar el
apoyo de otros para enfrentarse a estas dificultades. La necesidad material es por tanto, el origen
de la sociedad y el lenguaje.
El hombre social:
El hombre social es una perversión del hombre natural, que se ha hecho egoísta e instaurado la
desigualdad, a raíz del establecimiento de la propiedad privada:

“El primer hombre a quien, cercando un terreno, se le ocurrió decir «esto es mío » y halló gentes
bastante simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes,
guerras, asesinatos; cuántas miserias y horrores habría evitado al género humano aquel que
hubiese gritado a sus semejantes, arrancando las estacas de la cerca o cubriendo el foso:

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«¡Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos, y
la tierra, de nada! »” Discurso sobre el origen de la desigualdad de los hombres.

El reconocimiento de la propiedad, instaura una sociedad de las desigualdades sociales derivadas


de ella, el hombre se encuentra además privado de su libertad originaria, en un conflicto
perpetuo. Posteriormente, la creación del derecho, de las leyes, de las instituciones y de un
gobierno o Estado no hicieron más que consolidar y legitimar esa situación de corrupción de
nuestra propia naturaleza. Perdimos la libertad y nos encadenamos a las comodidades y a la
opinión de los otros, y nos hemos conformado a esa sumisión. Para Rousseau la desigualdad y el
sometimiento no son negativos por su carácter económico, sino por sus consecuencias sobre
nuestra naturaleza y nuestra moral (pérdida de la bondad natural, del amor a uno mismo, de la
compasión). En la civilización las ciencias y las técnicas desarrollan aún más las injusticias y la
pérdida de libertad:
“Al igual que el cuerpo, el espíritu tiene necesidades. Las de aquél constituyen los fundamentos
de la sociedad, las de éste son su recreo. Mientras el gobierno y las leyes subvienen a la seguridad
y al bienestar de los hombres sociales, las letras y las artes, menos déspotas y quizá más
poderosas, extienden guirnaldas de flores sobre las cadenas de hierro que los agobian,
ahogan en ellos el sentimiento de la libertad original para la cual parecían haber nacido, los hacen
amar su esclavitud y los transforman en lo que se ha dado en llamar pueblos civilizados. La
necesidad alzó tronos que las ciencias y las artes han consolidado.” Discurso sobre las artes y las
ciencias Parte I

LA POLÍTICA. EL CONTRATO SOCIAL


La solución que dio Rousseau para revertir este proceso no fue la vuelta al estado de naturaleza
originario, circunstancia imposible una vez se ha perdido la inocencia, sino buscar los
fundamentos de una nueva comunidad y un gobierno que proteja la libertad de todos los
ciudadanos.
Ese es el objetivo de su obra El contrato social (1762). En esta obra presenta la posibilidad de
reforma moral del hombre a través del contrato o pacto social que permita armonizar libertad
y orden político, el individuo y la sociedad. El objetivo del pacto no es exclusivamente la
defensa de la propiedad, sino que el hombre no renuncie a su libertad, es decir, que actúe
siguiendo su propia voluntad. Mediante el contrato social los hombres se asocian libremente y se
dan una ley a la que se someten, de modo que entregan su libertad e igualdad a sí mismos. La
libertad consiste, por lo tanto, no en la ausencia de toda determinación, sino en la

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autodeterminación, en conformar la voluntad propia a la voluntad general. De este modo, la
entrega de la libertad natural, que tienen como regla mi propia ambición, permite la obtención
de la libertad civil, cuya regla es la ley.
Rousseau se sitúa en la tradición contractualista, al igual que Hobbes o Locke. El gobierno y
las leyes que rigen un Estado solo pueden provenir de un pacto o contrato entre los seres
humanos.
El contrato social supone que cada uno de nosotros pone su persona y su libertad bajo la
dirección de la voluntad general, que es la unión de los individuos para formar una comunidad
moral y política, llamada pueblo o Estado, y que tiene todo el poder para legislar y organizar la
sociedad. El contrato del que habla Rousseau es la asociación voluntaria de los individuos, que
se unen entre sí y que constituyen con esta asociación un cuerpo político en el que sus
miembros se llaman ciudadanos. De este pacto se va a desprender el hecho de que el auténtico
soberano es el pueblo.
De esta manera el hombre natural se convierte en ciudadano. Rousseau afirma que con el
contrato social el ser humano no renuncia a su libertad, sino que la potencia, pues no se la
entrega a otro. La voluntad general es la que garantiza el respeto y desarrollo de la
originaria naturaleza del ser humano.
La voluntad general tiene como objetivo el interés común. No se trata pues de una suma de
voluntades particulares e interesadas, de la llamada “voluntad de todos”, sino de la voluntad del
pueblo dirigida al bien común. De esta manera tampoco se admiten sociedades o grupos
religiosos con intereses propios, pues eso dividiría la voluntad general. También se necesita
cierta igualdad económica, o por lo menos que las diferencias no sean suficientes para que un
ciudadano pueda comprar o dominar a otro.
La voluntad general decide la forma de gobierno, nombra a los gobernantes y es la
fuente de todo poder, y no admite la división de poderes. Para Rousseau, el Estado así
constituido es el único legítimo, pero este Estado puede adoptar distintas formas de gobierno
(monarquía, aristocracia o democracia) Evidentemente la democracia asamblearia sería la
mejor, pero lo considera difícil de desarrollar en Estados muy grandes. Rousseau piensa en
pequeñas comunidades (las antiguas ciudades-estados, la ciudad de Ginebra) como modelos
democráticos. De todas formas, el soberano siempre es el pueblo, mientras que el gobierno
(monarca o representantes del pueblo) es el simple delegado ejecutor de las leyes que el pueblo
se ha dado a sí mismo. Rousseau admite la existencia de un “legislador”, una persona o grupo
que pueda dar consejo o ilustración a los ciudadanos para orientarlos al interés común en
determinados asuntos.

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ROUSSEAU, EDUCADOR Emilio, o de la educación.

En el horizonte de esta nueva sociedad, el papel de la educación es fundamental, ya que la


comunidad política no es una entidad que se imponga desde arriba, sino que hay que fundarla
desde abajo, y son los sujetos los únicos protagonistas de este proceso. En este sentido, es
preciso educar a las nuevas generaciones para que sean capaces de realizar esta tarea, el ser
ciudadanos, siendo clara la influencia de Platón.
El punto de partida de esta nueva educación ha de ser el hombre natural, no corrompido aún
por las malas costumbres de la sociedad, y el objetivo final del proceso pedagógico no puede ser
el hombre culto y refinado de la sociedad ilustrada, pues en él confluyen todos lo males de la
sociedad.

La educación ha de servir para el desarrollo de los sentimientos innatos en la naturaleza humana,


para su mejora y perfeccionamiento. Estamos hablando de una educación moral que desarrolle
esa conciencia moral natural que permita al hombre discernir entre el bien y el mal.

HOBBES
Hobbes propone en su obra Leviatán su teoría del contrato social. Sostiene que el poder político
no procede de Dios, sino que es fruto de la auctoritas de un determinado cuerpo social.
Del mismo modo que Rousseau, sostiene que el hombre en el estado de naturaleza carece de
moral, puesto que la moral es un producto social. El único derecho innato que poseen los
hombres en este estado es el de autoconservación. Por ello, todos los hombres están en su
legítimo derecho de utilizar la fuerza o cualquier medio para preservarse. En el estado de
naturaleza reina el miedo a los otros, y surge la discordia por la escasez de los recursos, la
ambición, desconfianza mutua y el deseo de gloria (algo en lo que los seres humanos se
distinguen de los animales). Debido a la igualdad radical que existe entre los hombres, la guerra
entre ellos por la supervivencia no tiene fin. El estado de naturaleza hobesiano es un Bellum
omnium contra omnes. La vida en el estado de naturaleza es “solitaria, pobre, tosca, embrutecida y
breve.”
Para salir de esta situación, los hombres deciden agruparse y realizar un pacto, que será el origen
del Leviatán. Todos los hombres ceden su legítimo derecho a la autoconservación en virtud de
un Estado absoluto, con poder indivisible. La institución en que recaiga la soberanía puede ser
individual o colectiva, pero ha de expresar una voluntad única e indivisible. Hobbes niega el

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derecho de resistencia medieval, puesto que cualquier ruptura del pacto llevará de nuevo al
estado de guerra civil que es el estado natural.

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