Traición en el Derecho Romano
Traición en el Derecho Romano
TESIS DOCTORAL
PRESENTADA POR
DIRECTOR
Madrid, 2018
Madrid, 2017
1
A José Antonio y a mis padres.
2
ÍNDICE
I. ABREVIATURAS . . . . . . . . . . . . . . . . . .6
II. RESUMEN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .9
III. NOTA PRELIMINAR . . . . . . . . . . . . . . 14
IV. Perduellio . . . . . . . . . . . . . . . . . . .16
1. Definición del término . . . . . . . . . . .17
2. Duunuiri perduellionis . . . . . . . . . . .27
3. Suplicium more maiorum . . . . . . . . . . .36
4. Juicios conocidos por perduellio flagrante .49
4.1 Proceso a Horacio . . . . . . . . . . . .50
4.2 Proceso a Manlio Capitolino . . . . . . .72
4.3 Proceso a Rabirio . . . . . . . . . . . .92
4.4 Perduellio flagrante en el Imperio . . .112
5. Juicios por perduellio no flagrante . . . .114
5.1 Proceso a Espurio Casio . . . . . . . . 115
5.2 Proceso a Gneo Fulvio . . . . . . . . . 122
5.3 Proceso a Gayo Claudio y Tiberio Sempronio.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
6. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . 129
V. Maiestas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135
1. Orígenes del término . . . . . . . . . . .136
1.1 Tipología múltiple tardía . . . . . .138
1.2 Génesis: foedus iniquum . . . . . . .150
4
8.2 Desarrollo silano de las quaestiones
Perpetuae . . . . . . . . . . . . . . . .261
8.3 Consolidación y generalización de las
quaestiones . . . . . . . . . . . . . . .263
8.4 Procesos en virtud de la quaestio
Cornelia . . . . . . . . . . . . . . . . 265
8.4.1 Proceso a Estayeno . . . . . . .266
8.4.2 Proceso a Marco Atilio Bulbo . .268
8.4.3 Proceso a Cayo Licinio Verres . 271
8.4.4 Proceso a Cayo Cornelio . . . . 279
8.4.5 Proceso a Cayo Manilio Crispo . 285
8.4.6 Proceso a Gayo Antonio . . . . .289
8.4.7 Proceso a Aulo Gabinio . . . . .297
8.4.8 Proceso a Apio Claudio Pulcher. 312
9. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . 318
5
I. ABREVIATURAS
Lettres.
Antigua y Medieval.
Römischen Welt.
dell´antichità.
Geografía e Historia.
Romano.
6
Philologie.
Of Ancient History.Rivista di
Storia antica.
Romano e Antico.
latines.
Rome.
Rome.
Clásicos.
7
Klassischen.
l´antiquité.
di Scienze e Lettere.
RS Revue de Synthèse.
SZ Schweizerische Zeitschrift.
Philological Association.
tardoantigua.
für Rechtsgeschichte.
für Rechtsgeschichte.
8
II. RESUMEN
10
fin a la alta traición así conocida y a toda una etapa
histórica dentro del mundo romano.
ABSTRACT
12
until the final dynamiting thereof under Cesar. This
is the end of high treason as it used to be known and
of an entire legal/historic stage within the Roman
world.
13
III. NOTA PRELIMINAR
14
delito que a finales de la República ha evolucionado
enriqueciendo su campo de acción penal.
15
IV. Perduellio
16
1. Definición del término
6
Varrón, Sobre la lengua latina, 7.49:“Leemos en Ennio: Antes bien, ellos [lo] tomaron a
despecho de los enemigos (perduellis). Los enemigos son calificados de perduelles; del mismo
modo que perfecit se compone con per, así perduellis consta de per y duellum, que más tarde se
convierte en bellum (guerra). Por el mismo motivo Duellona dará Bellona”. (trad. Manuel-
Antonio Marcos Casquero, 1990).
7
Carisio, Arte gramática, 5.211.18
8
Pero en palabras de LIOU GILLE, esta interpretación es insuficiente, pues la perduellio es un
crimen y no puede ser considerada como mero acto de guerra [LIOU-GILLE, La perduellio, cit., p
24].
9
Cicerón, Sobre los deberes, 1.37: “Y por eso le aconseja que se abstenga de entrar en lucha,
pues le asegura que no es justo que quien no es soldado combata contra el enemigo. Por mi
parte señalo también lo siguiente: que la fea realidad queda atenuada por la delicadeza de la
palabra al llamar “extranjero” a quien con exacto nombre es un enemigo. En efecto, entre
nuestros antepasados se llamaba “extranjero” a quien ahora llamamos “forastero”. (trad.
Ignacio García Pinilla, 2014).
18
actuales 10 restan valor a lo dicho por las fuentes,
pues creen que éstas no dan una definición clara de la
perduellio y, efectivamente, lo único que determinan
es el carácter hostil del término, presentando este
delito arcaico como una importante amenaza a la
comunidad. Dicha indefinición provocará cierta
ambigüedad a la hora de emplear la perduellio como
castigo caso por caso, como veremos más adelante en
los célebres juicios que se amparan bajo este delito.
Asistiremos a la puesta en escena de una buena
herramienta política dentro de las luchas por el poder
en Roma.
10
OGILVIE, R.M., (1965), Commentary of Livy (Books 1-5), Oxford p 114; CANTARELLA [(1996)),
Los suplicios capitales en Grecia y Roma, trad. Marie-Pierre Bouysspon Cheval, Madrid p 143] se
suma a OGILVIE y resta valor a estas vagas definiciones, llegando a decir que los romanos jamás
definieron, que se sepa, la perduellio.
11
Sus orígenes serían muy remotos, tan antiguos como la propia comunidad. La perduellio
habría sido introducida en Roma por Rómulo, buscando la defensa de la comunidad,
creeMOMMSEN [Derecho Penal Romano, trad. P. Dorado (ED. 1990) Bogotá pp 341-342]. En la
misma línea, OLDFADER [(1908), “Livy I.26 and the supplicium de more maiorum,” TAPA 39 p
50] concreta que aparece junto a la lex horrendi carminis. Sería tan antigua que, según OGILVIE
[Commentary, cit., p 114], en el siglo I a.C. ya no estaría vigente, resultando obsoleta. Para LEAR
[(1965), Treason in Roman and Germanic law. Collected papers, Austin p 4] la traición se
convertiría en un crimen dirigido contra el Estado, principalmente desde un punto de vista
militar, siendo conocido por los romanos éste como perduellio. El americano considera muy
antiguo este delito, viendo imposible dilucidar si es más arcaico que el parricidium (sin
embargo, sostiene que es el progresivo desarrollo jurídico el que puede hacer colocar en el
tiempo primero al parricidium y luego a la perduellio). Es interesante la teoría defendida por
LEAR, que consiste en ver en la violación de la relación cuasi paternal patrón-cliente (esto es, de
las obligaciones impuestas por tal relación) una violación de los lazos familiares; y en tales
circunstancias, y ahí la novedad de LEAR, el homicidio se convirtió de parricidium a traición,
encontrándonos ante un asesinato agravado donde el homicida debía una lealtad especial a su
víctima. Diferente es la idea de TYRRELL [(1974), “The Duumviri in the Trials of Horatius,
Manlius and Rabirius” ZS 91 p 106], quien cree que los juicios conocidos de perduellio pudieron
pertenecer a los albores de la República y haber sido colocados luego artificialmente en una
época anterior. SANTALUCIA [(1989), Diritto e processo penale nellántica Roma, Milán p 6],
alejándose de compromiso alguno se limita a decir que, si damos total veracidad a las fuentes,
hemos de fechar la perduellio en época de Tulio Hostilio, siguiendo la misma teoría SOLIDORO
[(2002, Profili storici del delitto político, Nápoles 2002 p 1]. Finalmente, recogemos a
CANTARELLA [Los suplicios, cit., p 143] quien dice datar el delito desde el mismo momento en
19
expusiera Cicerón en el siglo I a.C., cuando en su
discurso en defensa de Rabirio, acusado de perduellio
(juicio que más adelante trataremos), afirmaba que
estábamos entonces ante un delito asociado a la
crueldad regia, perteneciente al tipo de
monstruosidades que los antepasados romanos habían
dejado en el olvido con el advenimiento de la
República (Sed ista laus primum est maiorum nostrorum,
Quirites, qui expulsis regibus nullum in libero populo
uestigium crudelitatis regiae retinuerunt). 12 Cicerón
vincula así la perduellio con la Monarquía. Rechazando
el castigo al que se pretendía someter a Rabirio, el
orador acusó al tribuno Labieno de buscar horrendas
formas de tortura no sólo en la memoria colectiva de
los romanos y antepasados, sino ex annalium monumentis
atque ex regum commentariis conquisierit, 13 dando al
delito a todo su protocolo de ejecución un aura
incluso regia. Por tanto, y pese a que Cicerón esté
actuando como abogado y sus discursos deban ser
analizados con cautela, no hemos de creer en cambio,
ni muchísimo menos, en la ingenuidad de la acusación
en dicho proceso, la cual no habría permanecido
impasible ante posibles mentiras del orador. De esta
forma, sin posibilidad de dar más precisiones al
respecto por las ya escasas referencias en torno a su
datación, podemos aceptar como razonable una fecha
monárquica cuanto menos para su nacimiento. 14
que se constituye la ciuitas, cuando ésta se hace responsable de ejecutar a los traidores
públicos.
12
Cicerón, En defensa de Rabirio, 3.10
13
Ibid., 5.15
14
El análisis en páginas posteriores del proceso a Rabirio dará más fundamento a esta teoría
sobre la base que supone la extrañeza que causan tanto el proceso como la forma prevista para
su ejecución en el siglo I a. C. De ahí que Cicerón se valga en su beneficio del desconocimiento
generalizado existente respecto a la perduellio e intente, por ejemplo, insertar la prouocatio ad
20
Parece claro, y el consenso vuelve a ser hoy
prácticamente total, que la perduellio consistió en el
ataque de un ciudadano romano a la comunidad romana en
su conjunto. 15 Se ha hablado de atentado a la
populum como auxilio a Rabirio, cuando ésta no estaba prevista para el delito, a pesar de que
Cicerón afirmase que el proceso se estaba desarrollando, respecto al pueblo, iniusso uestro.
15
MOMMSEN [Derecho Penal., cit., p 341] califica de perduellio a todo atentado contra la
comunidad romana, mientras que COSTA [(1921), Crimini e pene da Romulo a Giustiniano,
Bolonia p 22] se refiere a la traición colectiva organizada contra el Estado. BRECHT [(1938),
Perduellio, Múnich p 120] cree que, etimológicamente, estamos ante una guerra
particularmente feroz o perversa. El delito para él es claramente traición, la cual se manifiesta
de dos formas: la que supone que el malhechor se una a enemigos externos del Estado en
perjuicio del último, y casos en los que dicho individuo ataca la condición del Estado sin unirse a
enemigo externo alguno; sólo en este último caso cree BRECHT que estamos ante perduellio. El
autor propone que no se han de catalogar como casos de perduellio aquellos que no incluyan
dicho término. Encuentra que hay varios tipos de traición, y para ello se remite a las XII Tablas,
donde dice, aparte del parricidium y la perduellio, el mayor delito de traición es la proditio. Más
recientemente, SANTALUCIA [(1981), “Osservazioni sulla repressione criminale romana in età
regia,” en: Le délit religieus dans la citè, Roma p 45] ha sentenciado que muchos estudiosos (es
el caso de BRECHT, pero también de MOMMSEN, por ejemplo) han vinculado erróneamente la
proditio con una especie de perduellio, cuando en realidad estamos ante un crimen contra la
libertad ciudadana, que parece haber surgido tras la abolición de la Monarquía. Pero
contemporáneamente a SANTALUCIA, la idea persiste, por ejemplo en el caso de un español,
ORTEGA CARRILLO [(1988), De los mitos y las sanciones en las XII Tablas, Málaga p 25], quien
defiende la perduellio como “un atentado contra la integridad y la libertad ciudadanas”. En el
NNDI [ARARA, A., - EULA, E., (1960) Volumen V Torino U.T.E.T p 1] se afirma que la palabra
deriva de per y duellium, esto es, “mala guerra”: se habla de “cattiva guerra”, mientras que
MOMMSEN [Derecho Penal, cit., p 341] lo ha traducido como mal guerrero, y, en un sentido
abstracto, la perduellio sería un acto de hostilidad a la patria. Podríamos hablar de guerra
contra el pueblo romano. Por su parte, OGILVIE [Commentary, cit., p 114] habla de alta traición,
un delito que un romano podía cometer en el momento en que éste actuase, en cualquier
forma, de una manera hostil hacia su país. MAGDELAIN [(1973), “Remarques sur la perduellio,”
Historia 22 pp 499-501] habla de un estado de perduellis, esto es, un estado de hostilidad hacia
la plebe, no compartiendo las nociones de alta traición o acto de hostilidad hacia el Estado, al
menos no en un primer momento. MAGDELAIN alerta sobre una definición que es estrecha,
pues agrupa dentro de la perduellio a un grupo de agravios muy variados entre sí: adfectator
regni, atentado contra la inviolabilidad tribunicia, delitos cometidos por jueces en el ejercicio
de sus funciones. Habla de actio perduellis como acto de sancionar los atentados a la
inviolabilidad tribunicia, cuando los tribunos dejaron de ser agentes revolucionarios para
convertirse en magistrados de la ciudad. De esta forma, la frase tibi perduellionem iudico, en
boca de un tribuno, no puede prouocare a la violación de la sacrosanctitas tribunicia, al no estar
todavía éste constituido como magistrado de la ciudad, sino que expresaría simultáneamente el
delito y la pena. Perduellio sería un diminutivo de sacralidad. Sería perduellis quien, habiendo
manifestado su hostilidad hacia el tribuno, se posicionase de esta forma al margen de la ley,
conforme al estatuto arcaico del tribunado [MAGDELAIN, Remarques, cit., p 515]. La palabra
pasaría por dos fases diferentes: una pasiva y otra activa. Junto a duellum, forma arcaica de
bellum, se empezaría a perfilar el carácter de enemigo público como alguien que desarrolla un
estado de hostilidad hacia el tribuno de la plebe, acto que coloca al individuo al margen de la
ley y en estado de guerra frente a la plebe: el enemigo del tribuno sería enemigo público
(perduellis). MAGDELAIN sostiene además que cuando el tribuno deja de ser agente
revolucionario y se convierte en magistrado de la ciudad, el significado de la palabra se
expande, incluyendo ahora atentados, no solo contra la inviolabilidad tribunicia sino, de una
21
comunidad, traición colectiva hacia el Estado, guerra
al pueblo romano, etc, pero la idea es la misma. Por
ello, se entendía como el “bien protegido” a todo el
populus Romanus, incluyendo en esta protección a sus
representantes como encarnación misma de la voluntad
del pueblo. Si bien, con la llegada del crimen
manera más general, cualquier crimen de Estado y, en particular, los delitos de los magistrados
en el ejercicio de sus funciones: la palabra cambia su significado a activo; ya no designa al
enemigo público, sino al acto de hostilidad hacia el Estado, el crimen de alta traición
[MAGDELAIN, Remarques, cit., p 515]. GUARINO [(1975), “La perduellio e la plebe,” LABEO 21 p
75] se refiere al ciudadano que se comportase como hostis, enemigo del bien común que como
tal fuese marcado por los tribunos bajo la fórmula tibi perduellionem iudico. Pero es posible que
los tribunos pudiesen haber hecho un uso político de la perduellio para perseguir a los
enemigos de la plebe. Poco después, WATSON [(1979), “The death of Horatia” CQ 29 pp 438
439] manifiesta que estamos ante un significado dudoso y se adhiere a la tesis de BRECHT,
dando a la perduellio un significado de guerra atroz o perversa. Ve difícil lograr una mayor
precisión etimológica. WATSON sigue lo expuesto por MAGDELAIN [Remarques, cit., p 515] al
recoger que perduellium deriva de duellum, una antigua forma de bellum (guerra), con el prefijo
per. La fuerza de per no está clara, pero podría tener un sentido intensivo o bien intensivo
alusivo al grado de maldad. SANTALUCIA [Diritto e proceso, cit., p 6] se refiere al crimen que,
junto a otros, y ya desde época primitiva, se ve como un doble atentado, tanto para la religión
como para la comunidad (societas ciuium). Quien comete perduellio atenta contra los dioses
protectores de la ciuitas, pero también contra la comunidad ciudadana. Por su parte,
CANTARELLA [Los suplicios, cit., p 143] no ve hoy día consenso respecto al tema como para
poder afirmar que todo atentado contra el Estado constituyese por defecto un delito de
perduellio. Adopta la idea de BRECHT [Perduellio, cit., p 120], quien sostiene que es
especialmente el atentado contra el poder real el que ha de ser definido como perduellio,
siendo por el contrario los crímenes cometidos en alianza con el enemigo considerados proditio
o defectio. De acuerdo con otros autores, profundizar más sobre el tema es para CANTARELLA
harto complicado. LIOU-GILLE [La perduellio, cit., p 25] define la perduellio como un crimen
sometible a juicio, suponiendo la transformación de un ciudadano romano en enemigo público.
Respecto a la etimología, especifica el autor lo ya recogido en torno a duellum como una forma
antigua de bellum y añade la ambigüedad a la que está sometida el sufijo per, pues podría tener
un carácter intensivo con un valor positivo, expresando la idea de perfección, o un valor,
también intensivo, pero esta vez con carácter peyorativo, mostrando una imagen de
perversidad. Para GAROFALO [(1997), Appunti sul diritto criminale nella Roma monarchica e
republicana, Padova pp 222-223] el término pertenece inicialmente al léxico de la ideología
plebeya, designando en tal contexto, en un primer momento, la condición del enemigo de la
plebe por haber atentado contra la inviolabilidad tribunicia. En un segundo período la palabra
sufrirá una transicción para pasar a calificar a los responsables de un crimen de Estado como
enemigos públicos. Serán artífices de esta mutación semántica los tribunos, gracias a la
iniciativa llevada a cabo por los mismos a lo largo del siglo III a.C., mediante la cual sometieron
al juicio del pueblo a los culpables de delitos políticos lesivos a los intereses internos de la
ciuitas. SOLIDORO [Profili, cit., p 1] habla de alta traición, en el sentido de violación del deber
de fidelidad hacia los dioses protectores de la ciuitas y hacia las instituciones políticas. De los
últimos en pronunciarse, BELLINI [(2012), Delicta e crimina nel sistema quiritario, Padova p 109]
afirma que el derecho romano ha conocido en origen un sólo delito, la traición a la comunidad
(perduellio). Habla el italiano de delitos que hoy día podríamos catalogar como contrarios a la
personalidad del Estado, y más concretamente los actos de conspiración y de sedición: en
definitiva, crímenes con una motivación política.
22
maiestatis -donde se insertará la perduellio como uno
de sus supuestos-, sobre todo ya en época imperial, la
posición del reo será la misma que en los tiempos de
Horacio, Manlio o Rabirio, esto es, la de un ciudadano
romano que, en la forma que sea, ataca al Estado; en
cambio, la personificación de este último se
trasformará simplificándose en la figura de un sólo
hombre, el Princeps, como máximo representante del
populus Romanus. Ya no hablaremos de ataque a la
comunidad romana en su conjunto, sino al Emperador
como personificación de la mísma. Pero lo que ahora
nos ocupa, las etapas monárquica y parte de la
republicana -cuando todo parece indicar que la
perduellio desarrolla el grueso de su actividad- se
llevó a juicio a reos de perduellio por creer que
éstos, con sus acciones habían puesto en peligro a la
ciuitas. Parece sostenible la teoría de Santalucia 16
de ver en el perduellis a un individuo que pone en
peligro tanto al mundo terreno como al divino y, por
tanto, rompe el equilibrio de la pax deorum; es un
pensamiento válido para la etapa más arcaica de este
crimen, que hemos convenido en remontar a edad regia,
y el juicio de Horacio es ejemplo de ello: Dionisio de
Halicarnaso 17 escribe cómo Horacio, quién según la
tradición reportada por Livio 18 -que es la que prima
hoy- es acusado de perduellio por la muerte de su
hermana y por ello conducido ante el rey. Pero es
prendido también, según Dionisio, por haberse
convertido en impuro y suponer un peligro al haber
creado resentimiento entre los dioses (..καὶ
16
SANTALUCIA, Diritto e processo, cit., p 6].
17
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 3.22.3. A pesar de que el historiador griego
se decante por la teoría del parricidium, al igual que el resto de historiadores, salvo Livio.
18
Livio, Historia de Roma, 1.26
23
καταστάντες μακρὰν διεξῆλθον δημηγορίαν τοὺς νόμους
παρεχόμενοι τοὺς οὐκ ἐῶντας ἄκριτον ἀποκτείνειν οὐθένα
καὶ τὰ παρὰ τῶν θεῶν ἁπάντων μηνίματα ταῖς μὴ
κολαζούσαις πόλεσι τοὺς ἐναγεῖς διεξιόντες..), 19 hecho
que pone en jaque a la ciudad frente a la furia de
aquéllos. Livio recoge cómo se exige al padre de
Horacio que inicie ritos purificatorios para limpiar
la mancha que supone en el hijo cometer tal crimen,
pero curiosamente no es uno de los motivos que recoge
el historiador para su enjuiciamiento. En cambio,
Dionisio sí se pronuncia, como vimos, en este sentido.
El crimen pareció horroroso tanto a la plebe como al
Senado (Atrox uisum id facinus patribus plebique..). 20
Pero es dudoso que procesos como el de Manlio
Capitolino (384 a.C.) o Cayo Rabirio (63 a C.) fuesen
llevados a cabo por motivos puramente sacros. Aquí,
encuentro de especial relevancia la opinión de
Bellini, 21 quien sostiene, aceptando también la
perduellio como un ataque al Estado, que el trasfondo
de las acusaciones es puramente político,
convirtiéndose aquí las nociones de Estado, ciuitias y
demás términos referentes a la colectividad romana, en
un elemento subjetivo, pues como tendremos oportunidad
de ver en el proceso a Manlio Capitolino, quien
también fue acusado de perduellio, éste no pareció ir
en contra de todo el Estado romano, sino de una parte:
así, comenta Livio cómo la plebe estaba a los pies de
Manlio (his uocibus instincta plebes cum iam unius
19
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 3.22.3: “Y al comparecer pronunciaron
una larga alocución citando las leyes que no permiten matar a nadie sin juicio y explicando el
resentimiento de todos los dioses hacia las ciudades que no castigan a los impuros”, (trad.
Elvira Jiménez, Ester Sánchez, 1996).
20
Livio, Historia de Roma, 1.26.5
21
BELLINI, Delicta e crimina, cit., p 109
24
hominis esset) 22 y, sin embargo, otra parte de ese
supuesto populus “unido”, la nobleza, temerosa del
incipiente carisma popular del héroe capitolino,
decide acusarlo de traición por la vía del crimen
regni, cargo que ni el propio Livio comprende (Cum
dies uenit, quae praeter coetus multitudinis
seditiosasque uoces et largitionem et fallax indicium
pertinentia proprie ad regni crimen ab accusatoribus
obiecta sint reo, apud neminem auctorem inuenio). 23 En
el caso de Rabirio, Suetonio, pese a legarnos un
escaso fragmento respecto a este proceso por
perduellio, sentencia -y con ello hace que debamos
reafirmarnos en la teoría de crimen con cierto cariz
político ya entrada la República-: Subornauit etiam
qui Gaio Rabirio perduellionis diem diceret. 24 La
divergencia de Magdelain, 25 quien da valor a la
perduellio sólo como un medio de protección del poder
tribunicio y por ende de la plebe, cuyo campo de
acción sólo se extendería al convertirse la
magistratura tribunicia en regular, parece una
afirmación un tanto extremista. Según la teoría del
francés, la perduellio nace con el tribunado, algo que
no concuerda con la idea general extendida hoy, que se
sustenta, eso sí, con escasez de testimonios en la
antigüedad. Las palabras que hemos recordado de
Cicerón al respecto, 26 donde remonta el crimen a la
etapa regia, y como ya citamos, ese silencio total de
22
Livio, Historia de Roma, 6.14.8
23
Ibid., 6.20.4: “Cuando llegó el día señalado, aparte de las reuniones multitudinarias, las
palabras sediciosas, las larguezas y la falsa denuncia, no encuentro en ningún historiador
ningún cargo que le fuese imputado al acusado por sus acusadores referente, específicamente,
al delito de pretender la Monarquía”, (trad. José Antonio Villar Vidal, 1990).
24
Suetonio, Julio César, 12
25
Apoyada por GAROFALO [Appunti, cit., p 222-23].
26
Cicerón, En defensa de Rabirio, 3.10 (Sed ista laus primum est maiorum nostrorum, Quirites,
qui expulsis regibus nullum in libero populo uestigium crudelitatis regiae retinuerunt) y
Ibid.,5.15 ( .. ex annalium monumentis atque ex regum commentariis conquisierit).
25
la acusación a las afirmaciones del orador nos obligan
a sostener, a la espera de novedades en las fuentes
que nos permitan decir lo contrario, que la perduellio
es más antigua que el tribunado, y por tanto, su campo
de acción no se limitó a éste, sino a la protección de
la ciuitas en origen, pasando a emplearse pronto como
una eficiente herramienta de control estatal.
27
MOMMSEN [Derecho Penal, cit., p 341] define al perduellis como el enemigo interno de Roma
(un ciudadano romano) y al hostis como su homólogo externo.LEAR [Treason, cit., p. 6] sigue la
línea de MOMMSEN hablando del perduellis como un mal guerrero, es decir, un enemigo del
país en general, pero especialmente el enemigo interno, en contraposición con el externo
(hostis). De hostis también nos dice, al igual que Varrón (Sobre la lengua latina, 5.3), que en
origen hacía referencia al extranjero, pero que con el tiempo pasó a denominar a los enemigos,
si bien Varrón no especifica si son internos o externos, haciéndolo en cambio el americano, al
decir que son externos. COSTA se referirá, en un ámbito colectivo, a hosten conditare o tradere
hosti ciuem como posibles actores de traición [COSTA, Crimini, cit., pp 22-23].
26
2. Duunuiri perduellionis
28
MOMMSEN [Derecho Penal, cit., p 342] los denomina duouiri perduellionis iudicandae; COSTA
[Crimini, cit., p 22] se dirige a ellos por dicho nombre, y lo mismo GROSSO [(1960), “Provocatio
per la perduellio. Provocatio, sacramento e ordalía,” BIRD 63 p 214] ; En el Novissimo Digesto
Italiano [AZARA, A.,-EULA, E. (1960). NNDI V, p 1] se habla de duouiri, mientras que OGILVIE [A
Commentary, cit., p 114] se refiere a IIuiri; TYRRELL [The duumviri, cit., p 106] afirma que la
expresión duouiri (o duumuiri) es común en el tratamiento moderno, pero en las fuentes
antiguas solo se encuentra el simple nombre de duumuiri, por lo que opina que lo más acertado
es no asumir ninguna designación técnica, aunque haya podido existir. Será BAUMAN [(1969),
The Duumviri in the Roman Criminal Law and in the Horatius Legend, Nieshaden p 1] quien
afirme que estos jueces extraordinarios no eran conocidos como duouiri perduellionis o duouiri
perduellionis iudicandae, sino simplemente como duumuiri
29
El nombramiento de jueces por parte del Rey constituye una delegación de poderes, y
corresponde a un tipo de civilización más arcaica. La elección por el pueblo representa un
estado más avanzado del pensamiento político romano. El Rey detenta, entre otros, el poder
judicial, el cual delega por una decisión soberana [LIOU-GILLE, La perduellio, cit., p 14].
30
GROSSO, G. Provocatio, cit., p. 214 ; OGILVIE, A Commentary, cit., p 114; BAUMAN, The
Duumviri, cit.,p 3. No conocemos el método exacto de nombramiento, siendo probablemente a
raíz de una lex especial. Pero SANTALUCIA [Osservazioni, cit., p 46] ve muy dudosa su existencia
en época monárquica porque su número parece presuponer la preexistencia de un consulado;
además, su denominación está ligada al crimen de perduellio, que para SANTALUCIA pudo tener
sanción legal ya en edad republicana.
31
Livio, Historia de Roma, 1.26.5
27
κράτιστον εἶναι διέγνω τῷ δήμῳ τὴν διάγνωσιν
ἐπιτρέπειν). 32 La información de Livio y Dionisio
choca en algunos puntos, pero la mayor cantidad de
datos aportados por Livio, así como que, por ejemplo,
para el caso de los duunviros, Dionisio no los
mencione y diga que se somete el asunto de Horacio al
pueblo -dando a entender, al menos por su silencio,
que el proceso es “lanzado” a la plebe en medio de una
anarquía procesal, pues no se especifica sobre
magistratura alguna que, al menos, regule el juicio
popular- nos lleva a dar más credibilidad al relato de
Livio.
32
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 3.22.6
33
MOMMSEN [Derecho Penal, cit., pp 664-673] cree que los duunviros fueron nombrados en la
República en un primer momento por el cónsul y más tarde por la plebe. BRECHT [Perduellio,
cit., p 151-153;161-163] defendió, basándose en Livio [(Historia de Roma, 6.20.12): duunuiros
creatos] y Dión Casio [Historia romana, 37.27.2: ..πρὸς τοῦ δήμου κατὰ τὰ πάτρια.., como
indicios de un procedimiento temprano] la elección popular desde el principio; pero TYRRELL
[The Duumviri, cit., p 111] sostiene que creare tiene un uso ambiguo en Livio, pues se emplea
tanto a modo de elección como de nombramiento magistratual. SOLIDORO [Profili, cit., p 1]
dice que en época republicana se producen variaciones de leve intensidad en la disciplina del
delito, al ser nombrados los duunviros por el cónsul, pero en el proceso a Rabirio (63 a.C.)
sabemos que fue el pretor Meleto Celer quien los nombró. Para esto último tiene explicación
TYRRELL [The Duumviri, cit., p 125], quien afirma que los duumuiri fueron nombrados por una
lex a petición del Senado, y de ahí que el primer debate en el 63 a.C. fuera probablemente el
nombramiento de duumuiri. Pero, tal como nos informa Casio (Ibid., 37.27.2), el nombramiento
se hizo en este caso por el pretor, no siguiendo por ello el método tradicional, que sería a
través del pueblo. Más adelante nos detendremos en los pormenores del juicio a Rabirio.
28
patrum et plebis certamen facimus, quod ciuitatis esse
aduersus unum pestiferum ciuem debet? quid cum plebe
adgredimur eum, quem per ipsam plebem tutius adgredi
est, ut suis ipse oneratus uiribus ruat? diem dicere
ei nobis in animo est). 34 Pero, sin embargo, en otra
mención que hace el historiador, habla de que pudieron
ser duunviros los que llevasen la causa (Sunt qui per
duumuiros), recordando para qué fueron creados (..qui
de perduellione anquirerent creatos). 35 Esta última
mención, unida a la referencia que vuelve a hacer de
los tribunos, en este caso como ejecutores de la pena
(Tribuni de saxo Tarpeio deiecerunt), cuando esta
función parece haber estado ligada a los lictores ya
en el siglo V a.C., nos lleva a cuestionar la
presencia de tribunos al frente del proceso, o al
menos al frente de procesos de tan extrema gravedad.
De la misma forma, no podemos afirmar con rotundidad
que el proceso estuviese presidido por los duunviros,
pues aquí el propio Livio no es claro. Pero sin duda,
el precedente de Horacio, aunque legendario, suma
puntos a favor de la teoría duunviral también para el
caso de Manlio. La excepcionalidad del juicio a
Rabirio, que como sabemos se celebró en el siglo I
a.C., causando impacto entre el público en general,
nos priva de información sobre cómo se desarrollaba la
función duunviral a finales de la República pues, como
trataremos, salvo éste, no hay constancia de juicios
por perduellio en el período tardo republicano
presididos por duunviros. De esta forma, los datos que
34
Livio, Historia de Roma, 6.19.6-7: “Marco Menenio y Quinto Publilio, tribunos de la plebe,
dijeron: `¿por qué razón convertimos en un enfrentamientos entre patricios y plebeyos lo que
debe serlo entre la población y un solo ciudadano funesto?¿por qué atacamos a la plebe
juntamente con ese al que es más seguro atacar por medio de la propia plebe para que se
derrumbe bajo el peso de sus propias fuerzas? Tenemos intención de demandarlo”, (trad. José
Antonio Villar Vidal, 1990).
35
Ibid., 6.20.12
29
del último proceso podemos extraer respecto de los
duunviros son si se repite o no el patrón de lo que,
suponemos, constituyeron. Dión Casio nos dice que
serán Julio César y su primo Lucio César, nada menos,
los que serán elegidos como duunviros para el proceso,
pero matiza el historiador que, en vez de ser
nombrados por el pueblo, según Dión, el medio
habitual, lo son por el pretor (..καὶ ἦν γὰρ αὐτὸς
ἐκεῖνος καὶ μετὰ τοῦ Καίσαρος τοῦ Λουκίου δικάζων ῾οὐ
γὰρ ἁπλῶς, ἀλλὰ τὸ δὴ λεγόμενον περδουελλίωνος ὁ
Ῥαβίριος ἐκρίθἠ, κατεψηφίσαντο αὐτοῦ, καίτοι μὴ πρὸς
τοῦ δήμου κατὰ τὰ πάτρια, ἀλλὰ πρὸς αὐτοῦ τοὺ
στρατηγοῦ οὐκ ἐξὸν αἱρεθέντες). 36
36
Dión Casio, Historia romana, 37.27.2, “Efectivamente, con el mencionado César, y en
ejercicio de la función judicial (pues el proceso a Rabirio no era ordinario, sino el que llamaban
de perduellio) votaron contra Rabirio, si bien no habían sido elegidos, como reclamaba la norma
tradicional, por el pueblo, sino por el pretor mismo, lo que no era conforme”, (trad. José María
Candau, María Luisa Puertas, 2004).
37
Para MAGDELAIN [Remarques, cit., p 510] los duunviros son pura ficción, pues cree, la
represión de la perduellio se hizo bajo procesos tribunicios. El francés solo contempla procesos
tribunicios para la perduellio a partir del s. III a.C. Habla además de la existencia de dos
sentencias: primero la de los tribunos de la plebe, y después la de los comicios centuriados
(presididos por el tribunos), siendo nexo de unión entre ambas fases una prouocatio ad
populum. TYRRELL [The Duumviri, cit., p 107] da totalmente la vuelta a la teoría de MAGDELAIN
y ve en los tribunos una ficción analística, pues cree que la jurisdicción capital de los líderes
revolucionarios de la plebe es poco probable antes del 287 a.C. Pone como ejemplo el juicio a
Manlio (que veremos), tradicionalmente visto como uno de los tres de perduellio, donde afirma
que Manlio favoreció a la plebe, por lo que es de esperar que hubiese tenido el apoyo de los
tribunos. Los tribunos de la plebe emplearon poderes revolucionarios para castigar a toda
persona, y en particular a todo magistrado patricio que vulnerase los derechos de la plebe. Al
finalizar la lucha de órdenes, dice JOLOWICZ, los tribunos, de hecho aunque no de derecho, son
magistrados del conjunto del Estado y continúan ejerciendo poderes de forma especial contra
magistrados que cometen abusos en el ejercicio de sus cargos. En la República tardía
remplazarían totalmente las funciones de los IIviri perduellionis [JOLOWICZ (1973), Historical
Introduction to the Study of Roman Law, Cambridge pp 306-307].
30
Finalmente, en el período tardo republicano se habla
del nombramiento por parte de un pretor. Parece claro
con ello que no podemos establecer un protocolo de
designación inmutable a lo largo de los siglos, sobre
todo en un crimen tan excepcional, aplicado en
contadísimas ocasiones, al menos en su vertiente más
flagrante, que es donde actúan los duunviros, para el
cual es difícil creer que existieran reglas
establecidas perdurables de forma inalterable en el
tiempo: situaciones extraordinarias conducen a medidas
igualmente extraordinarias.
38
Cicerón, Sobre el orador, 156: “(…) y jamás en absoluto digo duorum uirorum iudicium para
“juicio de duunviros” ni trium uirorum capitalium ni decem uirorum stlitibus iudicandis”. (trad.
José Javier Iso, 2002).
39
Esta idea de una omisión generalizada en la descripción de los duumuiri es fuertemente
defendida por BAUMAN [The Duumviri, cit., p 2], quien añade que Livio, al igual que Cicerón,
omite descripción alguna de los mismos, atestiguando únicamente que fueron nombrados en
los juicios de Horacio (qui Horatio perduellionem iudicent) y Manlio (qui de perduellione
anquirerent) designando el propósito del nombramiento pero no el cargo técnicamente.
40
Textos ocasionales testimonian la presencia de quaestores en época regia. Así, Ulpiano, en su
libro singularis de officio Quaestoris(Digesto, Ulpiano, 1.13.1) afirma: Origo Quaestoribus
creandis antiquissima est, et paene ante omnes magistratus.. etam ipsus Romulum et Numam
Pompilium uinos Quaestores habuisse.. Sane crebior apud ueteres opinio est, Tullum Hostilium
primum in Republicam induxisse Quaestores. Por su parte Tácito (Anales, 11.22) dice: Sed
quaestores regibus etiam tum imperantibus instituti sunt. Pero, en opinión de WATSON, [The
death, cit., p 444] ambos autores no tienen por qué referirse a los quaestores parricidii. Si bien
31
traición. 41 Sin embargo, al igual que se plantea el
debate competencial o incluso “existencial” duunviros-
tribunos, existe también la duda con respecto a los
cuestores, y hay fuentes que llegan a contradecirse
hasta el punto de cruzar las competencias de éstos y
los duunuiros. Un ejemplo está en Livio: Inuenio apud
quosdam, idque propius fidem est, a quaestoribus
Caesone Fabio et L. Valerio diem dictam
perduellionis..; 42 habla de quaestores que juzgan a
perduellis. También en Cicerón: Quo in statu rei
publicae Sp. Cassius de ocupando regno molientam, suma
apud populum gratia florentem, quaestor accusauit. 43
Por último, Pomponio, en el Digesto (Et quia, ut
diximus, de capite ciuis Romani iniussu populi non
erat lege permissum consulibus ius dicere, propterea
quaestores constituebantur a populo, qui capitalibus
rebus praessent; ni appellabantur quaestores
parricidii) 44 relaciona a los quaestores parricidi con
SANTALUCIA [Osservazioni, cit., p 46] dice que todavía no se puede excluir que se remonten a
edad regia. KURT LATTE [(1936), “The origin of the Roman Quaestorship”, TAPA 67 p 24] acepta
como fecha de introducción de los cuestores el s. V a.C., pero, incluso existiendo entonces, de
ninguna manera habrían actuado en calidad de jueces, sino sólo como investigadores del
homicidio [WATSON, The Death, cit., p 443; KASER (1949), Das altrömische Ius, Göttingen p 53].
En cuanto a su función, BRIQUEL [(1980), “Sur le mode d´exécution en cas de parricide et de
perduellio,”MEFRA 92p 96] dice que se limitaban al reconocimiento de la culpabilidad del
homicida, quien sería perseguido y acusado por los familiares de la víctima, para luego ser
entregado a los quaestores parricidii.
41
En el mismo sentido, LEAR [Treason, cit., p 9] y BAUMAN [The Duumviri, cit., p 1] creen que no
estaban limitados solo a los cargos de perduellio, sino que se ocupaban de cualquier cargo que
les derivasen.
42
Livio, Historia de Roma, 2.41.11: “Según encuentro en algunos autores, y esto me parece más
verosímil, los cuestores Cesón Fabio y Lucio Valerio lo acusaron de alta traición”. (trad. José
Antonio Villar Vidal, 1990).
43
Cicerón, Sobre la República, 60: “Cuando la República se encontraba en esta situación, un
cuestor acusó a Espurio Casio, que gozaba de una gran influencia ante el pueblo, de intrigar
para hacerse con el poder real”. (trad. Juan Mª Núñez González, 1989). Volveremos sobre este
asunto de la cuestura y sobre el proceso a Casio en general más adelante, al ocuparnos de los
procesos ordinarios por perduellio.
44
Digesto, Pomponio, 1.2.2.23: “Y porque, como hemos dicho, no estaba permitido por la ley
que sin el consentimiento del pueblo los cónsules sentenciasen a muerte a los ciudadanos
romanos, por eso se nombraban por el pueblo cuestores, que conociesen en causas capitales;
llamábanse éstos cuestores de parricidio”, (trad. Ildefonso L. García del Corral, 1889).
32
la pena capital, si bien no especifica el caso de
traición. 45 Ciertamente, los casos de perduellio
debieron ser juzgados de forma ordinaria por tribunos
regulares - el proceso a Espurio Casio, sobre el que
volveremos, puede ser un claro ejemplo- pero no parece
que por cuestores. 46 Los duunviros debieron
intervenir, como hemos venido señalando, en casos muy
excepcionales, como son, que sepamos, los tres famosos
procesos de Horacio, Manlio y Rabirio, los cuales
tienen todos en común la flagrancia del delito
47
cometido por el reo. Pero esta especie de reparto de
los casos de perduellio no nos puede hacer ver a la
jurisdicción duunviral, aunque concurrente en su
alcance con las magistraturas regulares, como una mera
duplicación, como también opina Bauman, autor de uno
de los más exhaustivos estudios de esta magistratura
extraordinaria. 48
45
BAUMAN, [The Duumviri, cit., p 5] justifica este aparente cruce competencial con la existencia
de una absolución previa. SIBER [(1952), Römisches Verfassungsrecht in geschichtlicher
Entwicklung, Lahr p 97] dice que los quaestores eran la jurisdicción regular ordinaria para la
perduellio, así como para otros procesos capitales. Los duunuiri quedarían restringidos a casos
de perduellio, pero de forma muy ocasional, si bien no explica dicho nombramiento eventual.
46
Es curioso al efecto el caso de Espurio Casio (485 a.C.), antes de que se afirmaran los
procesos tribunicios, donde según la versión de Livio (Historia de Roma, 2.41.11): Inuenio apud
quosdam, idque propius fidem est, a quaestoribus Caesone Fabio et L. Valerio… tellus aedem.
Espurio Casio es conducido por quaestores a la asamblea y no por el tribunal apud duunuiros.
Nos unimos a la tesis de SANTALUCIA [Osservazioni, cit., p 451]
47
Horacio mata a su hermana ante todo el pueblo, mientras que Manlio manifiesta de forma
inequívoca con hechos y palabras la aspiración al reino y, finalmente, Rabirio participó
activamente en la revuelta contra Saturnino.
48
El autor, bajo la idea de que la actividad duunviral fue particularmente necesaria, la analiza
con un eje de partición que fija en el 287 a.C. Antes de esa fecha no habría magistratura regular
competente en cargos, tanto pecuniarios como capitales. BLEICKEN [(1955), Volkstribunat der
klassischen Republik (Munich pp 112-116 ss.] dice que los tribunos están restringidos entonces
a multae inrogationes tratadas en la asamblea tribal, mientras que los quaestores, aunque
competentes regularmente en casos capitales, no tendrán acceso a las tribus. Tras el 287 a.C.,
afirma BAUMAN [The Duumviri, cit., p 8] que los tribunos adquieren jurisdicción ordinaria para
todas las causas políticas, tanto capitales como pecuniarias, lo cual les permitió, en cualquier
momento de la anquisitio, convertir una propuesta pecuniaria en capital, y viceversa. Ejemplo
de esto último, en este caso del cambio de petición de pena de pecuniaria a capital, lo
encontramos en Livio (Historia de Roma, 26.3.7): De eo quoque nouum certamen ortum; nam
cum bis pecunia anquisisset, tertio capitis se anquirere diceret.
33
Hay quien ha visto en dicha magistratura un
carácter religioso, 49 donde el mandato duunviral
consiste en declarar al reo culpable de perduellio, 50
y en una segunda fase constituirse para proceder a la
expulsión del reo de la comunidad. 51 El aura que rodea
al castigo infligido al reo perduellionis, como
pasamos a tratar en el apartado siguiente, no se
entiende si no es dentro de fuertes connotaciones
religiosas. Sí parece haber una evolución -que podemos
hacer extensiva a todo el derecho romano- a la
laicidad, hecho que también afectó a las penas. De
esta forma, cuando Livio, desde la perspectiva de un
romano del siglo I, tacha al castigo previsto para la
perduellio como fórmula ritual espeluznante (lex
horrendi carminis), 52 no recoge, en cambio, que tras
ser recitado por el rey, ésta causase especial
impresión entre un público que debía estar
acostumbrado a unas penas con un fondo religioso muy
asentado y justificado, aunque desde la perspectiva
actual sean difíciles de comprender. 53 En cambio, en
el siglo I la pena escandaliza a Livio y también al
49
Ésta es la visión que de los duumuiri nos da TYRRELL [The Duumviri, cit., p 122], quien dice
que ciertos crímenes cargaban al agresor de un estigma añadido, convirtiéndolo en maldito,
proscrito, fuera de la ley, esto es, en homo sacer (Festo 424 L; Macrobio, Saturnales, 3.7.5-7;
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 2.10.3). Estamos ante actos indefendibles
que impedían a quienes los cometían seguir morando entre los hombres al estar ahora
“contaminados”, pudiendo contagiar a la comunidad. Por ello, el reo ha de ser entregado a los
dioses. Ello se hará a través de la ejecución, la cual no tiene a la muerte como fin último, sino a
la limpieza de la comunidad (la muerte es un medio).
50
No hubo juicio porque en opinión de TYRRELL [The Duumviri. cit., p 124] no fue necesario, al
menos en los casos conocidos de este crimen. En los tres casos la perduellio fue un crimen
sacral: para Horacio se alega el derramamiento de sangre, para Manlio la búsqueda del regnum,
y para Rabirio el derramamiento de sangre también, pero esta vez sacrosanctitas.
51
La eliminación del criminal aplacaría la ira divina suscitada por sus actos, pero ésta es
cuestión a desarrollar en el apartado dedicado al castigo de la perduellio.
52
Livio, Historia de Roma, 1.26.6
53
El pueblo estaba más horrorizado por el hecho de que el héroe Horacio fuese condenado que
por el tipo de condena en sí. Sobre la fundamentación fuertemente religiosa de los castigos
asociados al parricidium y la perduellio ver a BRIQUEL y su artículo ya citado “Sur le mode
d´execution en cas de parricidium et en cas de perduellio”.
34
propio Cicerón, quien la cataloga de bárbara, como
hemos expuesto: 54 los duunviros formaron parte en los
primeros juicios de perduellio de procesos con un
fuerte componente religioso, pero no podemos verlos
como “funcionarios religiosos” senso stricto, como
tampoco a los lictores, ejecutores últimos de la
“purificación” del reo, o al menos podemos confirmar
que las fuentes que nos han llegado no apuntan en
absoluto en este sentido. Ante las diferentes
incertidumbres a las que hace frente la magistratura
duunviral, y sin poder profundizar mucho más en un
tema ya de por sí escabroso y oscuro por la escasez de
información, nos acercamos a la luz que parece dar
Santalucia sosteniendo que los duumuiri perduellionis
constituyeron un tribunal especial extraordinario al
que le fue conferida la tarea de proclamar la
responsabilidad y de condenar inmediatamente a
muerte, 55 sin posibilidad de defensa, al reo de
perduellio sorprendido en acto flagrante. 56 Es casi
imposible a día de hoy establecer una fecha concreta
del origen de la perduellio flagrante, y nos debemos
limitar a dar una datación monárquica. Al desconocer
juicios anteriores, hemos de situar la aparición del
crimen, al menos, en el reinado de Tulio Hostilio. 57
54
Cicerón, En defensa de Rabirio, 3.10
55
En la misma línea SOLIDORO [Profili, cit., p 1].
56
Tradicionalmente se ha visto a los procesos de perduellio como el típico ejemplo de proceso
criminal de prouocatio, puesto que se celebraría frente al pueblo tras la prouocatio interpuesta
por el ciudadano contra la sanción del magistrado, pero la unión de prouocatio y perduellio,
veremos, dará muchos problemas de compatibilidad. SANTALUCIA [Osservazioni, cit., pp 439 y
440] y LIOU-GILLE [La perduellio, cit.,p 15] resaltan la enorme simplicidad del procedimiento
duunviral: el papel de los duumuiri no es de evaluación, sino de proclamación.
57
Mientras, como ya anotamos, SANTALUCIA duda de su existencia en edad monárquica, si
bien no lo descarta, GAROFALO [Appunti, cit., p 179] cree que es en ese período precisamente
cuando opera plenamente, “resuscitando in una o al massimo due volte” en época republicana.
BELLINI [Delicta, cit., p 109] cree que existe tal grado de oscilación en la opinión de la doctrina
romanística respecto a la naturaleza duunviral en general que llegamos a encontrar opiniones
totalmente contrapuestas.
35
3. Supplicium more maiorum
58
Livio se refiere a él como la lex horrendi carminis (Livio, Historia de Roma, 1.26). En el Imperio
se le da el apelativo eufemístico more maiorum.
59
Festo (p 115) nos dice que eran lictores aquellos individuos que llevando las haces de varas
ligadas infligían castigos corporales a los magistrados que habían cometido faltas en el ejercicio
de sus funciones (Lictores dicuntur quod fasces uirgarum ligados ferunt; hi parentes
magistratibus delinquentibus plagas ingerunt). Aboga así por una etimología del término con el
verbo ligo (atar), de forma que lictor sería el portador de fasces unidas o atadas. El concepto
aludiría al principal distintivo del personaje [MUÑIZ COELLO, (1989), “Empleados y subalternos
de la Administración romana. III. Los Lictores,” SH 7 p 133]. Plutarco (Rómulo, 26) se inclina por
el nexo ligo, ligare, pero no referido a las varas sino al cometido que tenía el lictor de
inmovilizar a quienes impidiesen el paso del magistrado. Para Plutarco, los lictores existen
desde Rómulo, a quien precedía siempre una cohorte de 300 scelere (llamados así por su
prontitud en el auxilio). Delante iban individuos armados con varas, y en suma eran lictores los
celeres que se situaban en cabeza de la comitiva regia. Aulo Gelio (Noches áticas, 12.3.1-4)
resalta su carácter civil, al relacionar a los lictores con los apparitores, y más concretamente a
su cuerpo de uiatores, que abrían la marcha de una comitiva con magistrados. Los autores del
siglo I ligaron al lictor con un origen etrusco. Así, Estrabón (Geografía, 5.2.2) decía que, junto
con las fasces (instrumento distintivo del lictor) los romanos incorporaron de Etruria música,
ornamentos triunfales, sacrificios, ritos de adivinación, insignias, trompetas y estandartes
militares. Floro (Epítome, 1.5.6) habló de la incorporación de anillos, trábeas, sillas curules,
collares y cuantos ornamentos simbolizasen el poder del Estado. Sin embargo, Dionisio de
Halicarnaso (Historia antigua de Roma, 3.61-62) viene a contradecir a los autores anteriores al
afirmar que, si bien Roma le debió mucho a Etruria, los lictores son un elemento autóctono
romano. Sin embargo, para Livio (Historia de Roma, 1.8.3) la procedencia etrusca vuelve a ser
indudable. El hallazgo arqueológico de una tumba etrusca (la conocida desde entonces como
“Tomba dei Littore”) en la antigua Vetulonia, a finales del siglo XIX, donde se encontró, entre
otros objetos, una doble hacha de hierro y un conjunto de seis varas del mismo metal, datado
todo en el siglo VII a.C., parecía confirmar lo dicho por los textos antiguos. Sin embargo, MUÑIZ
COELLO [Empleados, cit., p 136] cree que estamos muy lejos de poder afirmar esto, pues hoy
sabemos que instituciones pro monárquicas, como la del flamen dialis, utilizaban ayudantes en
las ceremonias, asimilables a los lictores. Los mismos lictores curiatii se remontan a fechas
previas a las dadas por quienes hacen nacer la institución en Etruria. “El lictor constituye una
categoría especial de subalterno de los magistrados romanos; como ejecutador de órdenes
magistratuales, es símbolo del orden y el poder de Roma” [MUÑIZ COELLO, Empleados, cit., p
138]. Su función es ante todo intimidatoria, velando por el fluido desplazamiento magistratual,
y sirviéndose para ello de las fasces (emblema de la autoridad recibida por el pueblo y de la
36
penas hasta el siglo I a.C.- hasta la muerte del
condenado. 60 La lex fue formulada según un carmen 61
aterrador, dice Livio, pues como hemos comentado, ya
incluso a finales de la República el castigo se veía
como horrendo. El carmen que se aplica al caso de
Horacio se compone de tres elementos esenciales: la
naturaleza del delito (perduellio), la definición de
un procedimiento (juzgado por duumuiri con aparente
posibilidad de prouocatio), y la explicación del
castigo (cabeza cubierta, fijación a un árbol estéril
y flagelación).La doctrina es casi unánime hoy al
afirmar que dicho castigo tiene su origen en la citada
lex horrendi carminis 62 reportada por Livio:
capacidad de coercitio sobre los ciudadanos), que se componen de uirgae y la securis, ceñidas
ambas por una correa roja, formando un haz [Plinio, Historia natural, 16.30.75; RYBERG, (1949),
“The Procesion of the Ara Pacis, Memoirs of the American Academy in Rome 19 p 77 ss]. Pero
nos dice COELLO que “el lictor está presto a utilizar las varas cuando la situación lo requiera, y
cumplirá con rigor y rapidez las órdenes que reciba de un magistrado, en relación a la aplicación
de cualquier castigo corporal a dar a un ciudadano” [MUÑIZ COELLO, Empleados, cit., p 138]. El
imperium maius implica poder presidir tribunales, juzgar (depende de la época), imponer
sanciones (incluso casos capitales) y ordenar su ejecución. De esta manera, un magistrado sine
imperio (caso del edil) entendía de delitos menores y era acompañado en su actividad judicial
por los lictores sin hacha, por escapar la coercitio capital a las competencias del mismo [MUÑIZ
COELLO, Empleados, cit., p 148]. De esta forma las fasces se erigían en el instrumento legal con
el que los lictores como eventuales verdugos ejecutaban las sanciones de los magistrados. La
prouocatio a los comitia centuriata de cualquier sanción capital propuesta por el magistrado
supuso un recorte de autoridad que quedó reflejado en la pérdida del hacha de las fasces que
los lictores dejaron de portar dentro del pomerium (la dictadura es la excepción de su
continuidad). Si bien quaestores parricidii o duumuiri perduellionis entendieron dentro de la
asamblea de los delitos apelados, fueron los lictores los que durante mucho tiempo estuvieron
encargados de la ejecución de todo tipo de penas [MUÑIZ COELLO, Empleados, cit., p 148].
60
La obra de OLDFATHER [Livio I, 26, cit.] junto a la de BRIQUEL [Sur le mode, cit.] y, en menor
medida, los apuntes de OGILVIE [A Commentary, cit.], constituyen a día de hoy la bibliografía
básica para el estudio del modo de ejecución de la perduellio.
61
El carmen tiene significados múltiples: poema, oráculo, pero también fórmula jurídica. De
forma general, los actos lesivos entre romanos sólo pueden ser juzgados en los primeros
tiempos de Roma si entrar dentro de una de las categorías definidas por las fórmulas; éstas son
las fórmulas que se llaman carmina [LIOU-GILLE, La perduellio, cit., p 20].
62
GROSSO [Provocatio, cit., p 214] cree que su desarrollo es dudoso en etapa regia, pues
presenta una perfección que no resulta propia de dicho período. En la misma línea, OGILVIE [A
Commentary, cit., p. 114], pese a reconocer que es irreprochable en su redacción, dice, no
presenta un lenguaje propio de un documento arcaico. MAGDELAIN [Remanques, cit., p 507] va
más allá, y llega a afirmar que podemos estar ante una falsificación que imita con cierta
habilidad el estilo decenviral. Pese a estas reticencias, parece ir primando la tesis de TYRRELL
[The Duumviri, cit., p 110], quien asegura que la lex horrendi carminis es ampliamente aceptada
37
Lex horrendi carminis erat: duumuiri perduellionem
iudicent; si a duumuiriis prouocarit, prouocatione
certato; si uincent, caput obnubito; infelici arbori
reste suspendito; uerberato uel intra pomerium uel
extra pomerium`. 63
como ley verdadera, aunque con matices, para el procedimiento duunviral de principios de la
República. El autor cree que los duumuiri son nombrados por decreto, debiendo regirse por un
estatuto. En cuanto a la redacción de la lex, TYRRELL también coincide en que sus formas
gramaticales pueden parecer posteriores, incluso clásicas, pero cree que ello es fruto de la
modernización de un antiguo derecho. No tiene duda de que las expresiones son arcaicas: los
imperativos personales son del tipo encontrado en las XII Tablas. Recordaría también al código
decenviral la omisión del sujeto (si… prouocarit). TYRRELL justifica esto último con la tesis de
que de ser una frase posterior, donde la tercera persona del singular ya no se utilizaría en la
mayoría de los casos de manera impersonal, habría requerido si quis. Dichas afinidades con las
XII Tablas han llevado a creer en algún caso que ésta es la fuente de la lex [LÜBTOW, (1995),
Das rümische Volk und sein Recht, Francfort p 251].Otra referencia que para TYRRELL concede
credibilidad y arcaísmo a la lex es el significado de uel intra pomerium uel extra pomerium, del
que dice, haría remontarnos a un período en el que el imperium domi era, de alguna manera,
limitado. Las mayores incógnitas acerca de su autenticidad giran para el autor en torno a que
no se dice cómo fueron nombrados los duumuiri, ni tampoco cómo se convocaba la asamblea.
Concluye TYRRELL [The Duumviri, cit., p 121] que la lex horrendi carminis no puede ser una
legislación procesal de principios de la República. La primera parte, relativa a la prouocatio (si a
duumuiris provocauit, prouocatione certato), habría sido añadida posteriormente a su
redacción fundacional. Respecto a la segunda parte, relativa al castigo, debe, por el contrario,
ser tenida como auténtica desde el mismo momento de la redacción de la lex. No toda la lex
tiene por qué ser genuina. Sería en todo caso arriesgado calificarla de falsa, y, al leer que es
demasiado concisa, GUARINO [La perduellio, cit., p 75] se pregunta si las XII Tablas no son toda
una falsificación. El italiano también coincide, junto con TYRRELL (ver arriba), en que uel intra
uel extra pomerium corresponde a una época arcaica, y en este caso GUARINO dice que
anterior a Horacio, porque retorna a la época etrusca, cuando la Roma serviana, la de las tribus
urbanas y rústicas, era más extensa que el pomerium quiritario. El texto de Livio se ve
confirmado por el discurso de Cicerón (En defensa de Rabirio, 13), y no hay ninguna razón para
ver en esta ley una falsificación tardía [BRIQUEL, Sur le mode, cit., p 97]. K. LATTE [(1940)
Todesstrafe, PWRE 7 p 1614] mantuvo la teoría de que uel intra pomerium fue un añadido
posterior de la lex, desarrollando así la teoría de que el derecho de punición de los magistrados
ya se había limitado a la urbs, pero esto es algo que rechaza totalmente BRIQUEL [Sur le mode,
cit.,p 97]. En especial estima tenemos, y aquí no haremos una excepción, la opinión de
SANTALUCIA [Osservazioni, cit., p 441], que manifiesta que la lex horrendi carminis no es
legendaria, y de ella deriva Livio el sistema procesal de su narración. Su núcleo esencial es
auténtico y nos da conclusiones precisas en cuanto a la praxis del juicio duunviral.
63
Livio, Historia de Roma, 1.26.6: “El texto de la horrible ley era el siguiente: ´que los duunviros
juzguen el delito contra el Estado; si el reo provoca contra el fallo de los duunviros, discútase la
prouocatio; si la ganan éstos, cúbrasele la cabeza; cuélguesele con una cuerda de un palo seco;
azótesele o dentro o fuera del límite de la ciudad”. (trad. Antonio Fontán, 1997). Fontán
traduce suspendito, de suspendere, como “colgar”, pero como veremos a continuación, es más
apropiado hacerlo como “fijar”.
38
vetusto. Parece lógico pensar, de dar cabida a dicha
suposición, que podamos estar ante un texto
actualizado a un lenguaje no tan arcaico, pero que
conserva la esencia del castigo. 64 Es además éste un
hecho opinable en la propia doctrina, como muchos
otros respecto a la autenticidad o antigüedad del
propio carmen. Si bien, la “incrustación analística”
de la prouocatio 65 -todo parece apuntar a esta teoría
como pasamos a explicar- ha hecho imperar la cautela y
los recelos respecto al texto. Además, la lex no
aclara si los duunviros existían ya, aunque -y aquí
podríamos sumar una pista en la búsqueda de una fecha
fundacional para esta magistratura fiándonos mucho de
Livio, también hay que decirlo- el rey dice que nombra
a los duunviros de acuerdo a dicha lex, lo que podría
llevar a pensar que estaba prevista su actuación en
los citados casos de perduellio, pero no nos atrevemos
a afirmar tal extremo. Como mucho, podemos establecer
el nacimiento de la lex horrendi carminis en época
regia, pero sin concretar si se debe su promulgación a
Tulio. Nos basamos para ello en las ya citadas
menciones de Cicerón, en forma de acusación hacia el
tribuno Labieno, de haber buscado en los anales y los
documentos regios el castigo más horrible para aplicar
a Rabirio. 66
64
En el mismo sentido que TYRRELL [The Duumviri, cit., p 110].
65
El fuerte argumento de SANTALUCIA en ese sentido, que veremos a continuación, nos obliga
a seguir su teoría.
66
Cicerón, En defensa de Rabirio, 3.10
39
previsión de un ahorcamiento. 67 Pero no tendríamos por
qué relacionar suspendere con “colgar” al aplicarlo a
castigos corporales, o al menos eso es lo que opina
Oldfather -junto a Briquel, quienes, como veremos a
continuación, son los autores que más exhaustivamente
han tratado el tema del castigo aplicado a la
perduellio-, quien defiende esta idea acudiendo a las
fuentes: conocemos cómo Ninforodo de Atenas fue
suspensus in oleastro quodam 68 durante largo rato, y
luego sobrevivió, algo difícil de ver en un
69
ahorcamiento. Y no es el único caso. Briquel cree
igualmente que la idea de un condenado de pie, colgado
a un poste o a un árbol y azotado, es complicada. 70
Otros autores se han ido sumando a esta teoría que se
refuerza por la lógica de su simpleza. 71 El cuerpo
67
Un ahorcamiento no concuerda con el orden de las diferentes etapas dentro del proceso de
ejecución: 1º cubrimiento de la cabeza; 2º fijación a un árbol; 3º flagelación. Sería absurda una
flagelación aplicada a un cuerpo atado a una soga y suspendido a distancia del suelo; los golpes
serían ineficaces [OLDFATHER, Livio I, 26, cit., p 51].
68
Cicerón, Verrinas, 3.57
69
Amiano Marcelino nos cuenta cómo un soldado rebelde fue fijado a un poste y flagelado:
..post terga manibus uinctis suspendi praecipit (Amiano Marcelino, Historias, 15.7.4), pero el
culpable sobrevive, encontrando luego la muerte por otras circunstancias. Por su parte,
Ausonio describirá a Amor como in excelso suspensum stipite (Ausonio, Cupido, 59), cuando
este último solo está atado al árbol con zarzas. Con estos ejemplos OLDFATHER [Livio I,26, cit.,
pp 52 y 53] quiere demostrar que en diferentes periodos del mundo antiguo es poco frecuente
para suspendere un significado del tipo “descansar” o “reposar sobre”. Parece más correcto
traducir en este caso suspendere, no como “colgar de”, sino como “sujeto a”.
70
BRIQUEL [Sur de mode, cit., pp 98-101] sostiene que si bien sería más apropiado encontrarnos
en la lex horrendi carminis ante alligare en vez de suspendere, la teoría de OLDFATHER tendría
aun así viabilidad (teoría que es, por cierto, la que predomina hoy). La palabra suspendere
implicaría necesariamente una fijación por lo alto y una ausencia de soporte en la base,
posición incompatible con la idea de una postura estable sobre el suelo y de pie, recibiendo
varetazos. Así, BRIQUEL, afianzando lo dicho por OLDFATHER, desligará en este caso para
suspendere la idea de ahorcamiento, viendo en un sujeto amarrado a un poste, pero más
preferiblemente a un árbol, y luego azotado hasta la muerte; un tipo de suplicio que
perfectamente pudo existir en Roma. Esta idea en la que suspendere se liga más a “sujeto” que
a “colgado”, muestra ejemplos incluso en época tardía como hemos citado ya, en Amiano
Marcelino (Historias, 15.7.4), donde el penitente acabó siendo liberado. BRIQUEL [Sur le mode,
cit., p 101] está seguro de que en muchos otros casos el procedimiento de fustigación se
desarrolló hasta la muerte.
71
CANTARELLA [Los suplicios, cit., p 204] refuerza la teoría lanzada por OLDFATHER y
respaldada por BRIQUEL, enriqueciendo la argumentación con nuevas referencias de las
fuentes: son ejemplos la descripción que hace Livio (Historia de Roma, 38.7.9) de un muro
40
podría haber estado atado a un árbol. Tampoco tenemos
evidencias de ahorcamiento de criminales por parte de
los romanos; 72 sí solían ser estrangulados, en
prisión, aunque esta práctica fue más tardía. Sin
embargo, junto al posible ahorcamiento ha competido
otra teoría: la crucifixión. 73 Pero es un castigo poco
probable, al ser preeminentemente un supplicium
seruile 74 que, además, no parece tener un origen
(suspensus fultibus ab hostibus murus), o la que hace Virgilio (Eneida, 8.190) de una roca (saxis
suspensam).
72
OGILVIE, A commentary. cit., p. 116; NIEBUHR (1811), Römische Geschichte I, Berlín p 365
73
Algunos estudiosos ven en el carmen la pena de la crucifixión; hipótesis avanzada por
MOMMSEN [Derecho Penal, cit., p 566] y recuperada por HUVELIN [(1915), Etudes sur le
furtum, I París p 61 s.]; pero OLDFATHER [Livio I.26, cit., pp 56-59] había desechado ya la idea
recordando que no tenemos constancia de que se cubra la cabeza en los casos de crucifixión
conocidos. Así, son numerosos los casos en los que el reo moribundo crucificado hablaba o
predicaba sobre la cruz, algo difícil de entender en una persona con la cabeza cubierta. A
menudo se encuentran pasajes que afirman que el criminal podría haber estado atado con
cuerdas a la cruz. Pero en los pasajes hay dos excepciones. La primera la encontramos en Plinio
(Historia natural, 28.46), donde se habla de spartum e cruce y de los poderes mágicos de los
clavos empleados en una crucifixión. Nada se dice del modo de empleo de las cuerdas, por lo
que el pasaje es poco concluyente. El segundo pasaje, poco esclarecedor también, es de
Jenofonte de Éfeso, Efesíaca (4.2.3) y en él el héroe Habrokones es atado a la cruz por los
egipcios (καὶ ἀναστήσαντες τὸν σταυρὸν προσαρτῶσι, σπάρτοις τὰς χεῖρας σφίγξαντες καὶ τοὺς
πόδας: τοῦτο γὰρ τῆς ἀνασταυρώσεως ἔθος τοῖς ἐκεῖ). En la misma línea, BRIQUEL [Sur le
mode, cit., pp 99-100] desecha igualmente la idea de la crucifixión, al considerarla un fenómeno
reciente (prestado de Cartago tal vez) sólo atestiguada desde el 217 a.C. El fenómeno de la
crucifixión, tal y como lo conocemos tiene su origen en el suplicio del patibulum, donde el
condenado lleva colocada tras su cabeza una barra de madera horizontal, cuyas extremidades
eran atadas a las muñecas del reo. El patibulum se fija a un palo vertical plantado en el terreno,
pasando así a conformar el brazo horizontal de la cruz [RODRÍGUEZ-ENNES (2012), “Algunas
cuestiones en torno a la verberatio,” RIDA 59 p 177].
74
La denuncia apasionada de Cicerón (Verrinas, 169) en relación a la crucifixión de ciudadanos
romanos deja ver la aversión que éstos sentían ante este suplicio: Sed qui ego plura Gauio?
quasi tu Gauio tum fueris infestus ac non nomini generi iuri ciuium hostis. Non, illi, inquam,
homini sed causae communi libertatis inimicus fuisti. Quid enim attinuit, cum Mamertini more
atque instituto suo crucem fixissent post urbem in uia Pompeia, te iubere in ea parte figere quae
ad fretum spectaret (…) itaque illa crux sola, iudices, post conditam Messanam illo in loco fixa
est. Italiae conspectus ad eam rem ab isto delictus est, ut ille in dolore cruciatuque moriens
perangusto fretu diuisa servitutis extremo sumnoque suplicio adfixum uideret:“ ¿Pero para qué
seguir con Gavio, como si tú hubieras sido entonces adversario para Gavio y no enemigo del
nombre, la raza y el derecho de los ciudadanos? No fuiste un contrario de aquel hombre,
insisto, sino de la causa común de la libertad, pues ¿Qué significado tuvo el que, mientras los
mamertinos, siguiendo su costumbre y regla, habían clavado la cruz a espaldas de la ciudad, en
la vía Pompeya, tú ordenaras clavarla en la parte que miraba al estrecho (…) Así que sólo
aquella cruz, jueces, fue clavada en aquel lugar desde la fundación de Mesina. Fue elegida por
ese la vista de Italia para que aquél, mientras moría en medio del dolor y el tormento, supiera
que el régimen de la esclavitud y el de la libertad estaban separados por un brazo de mar muy
estrecho, cruel y supremo, propio de los esclavos”, (trad. José Mª Requejo Prieto, 2000).
41
romano, sino oriental. 75 Para encontrar la primera
crucifixión atestiguada en Roma, tenemos que
remontarnos al 217 a.C., cuando Livio afirma que son
crucificados esclavos en el Campo de Marte (..et serui
quinque et uiginti in crucem acti, quod in campo
Martio coniurassent); 76 y en adelante se van
sucediendo más crucifixiones, relatadas muchas de
ellas en las fuentes. 77 La palabra crux, empleada de
75
Heródoto nos proporciona varios ejemplos de ejecución por crucifixión en el mundo oriental
en los siglos VI y V a.C. Así, (Historia, 3.125.3) dice respecto a Polícrates (522 a.C.): ἀποκτείνας
δέ μιν οὐκ ἀξίως ἀπηγήσιος Ὀροίτης ἀνεσταύρωσε, “Oretes, en suma, lo hizo matar de un
modo que, en conciencia, no puede ni contarse, y luego mandó crucificarlo”, (trad. Carlos
Schrader, 1979). Sobre un hecho acontecido en Barka en el 510 aproximadamente (Ibid.,
4.202): τοὺς μέν νυν αἰτιωτάτους τῶν Βαρκαίων ἡ Φερετίμη, ἐπείτε οἱ ἐκ τῶν Περσέων
παρεδόθησαν, ἀνεσκολόπισε κύκλῳ τοῦ τείχεος, τῶν δέ σφι γυναικῶν τοὺς μαζοὺς
ἀποταμοῦσα περιέστιξε καὶ τούτοισι τὸ τεῖχος, “Pues bien, cuando los persas le entregaron a
Feretina a los barceos más implicados en el asesinato de su hijo, ésta los hizo empalar(Schrader
lo traduce como empalamiento) alrededor de la muralla”, (trad. Carlos Schrader, 1979). De un
episodio referente a Artaíctes (479 a.C.), Heródoto nos lega dos pasajes, (Ibid., 7.33): ἐπὶ
Ξανθίππου τοῦ Ἀρίφρονος στρατηγοῦ Ἀθηναῖοι Ἀρταΰκτην ἄνδρα Πέρσην λαβόντες Σηστοῦ
ὕπαρχον ζῶντα πρὸς σανίδα διεπασσάλευσαν, “(…) los atenienses, a las órdenes de Jantipo,
hijo de Arifrón, capturaron al persa Artaíctes, que era gobernador de Sesto, y lo clavaron vivo a
una tabla (…) (trad. Carlos Schrader, 1985), y (Ibid., 9.120.4): ταῦτα ὑπισχόμενος τὸν στρατηγὸν
Ξάνθιππον οὐκ ἔπειθε: οἱ γὰρ Ἐλαιούσιοι τῷ Πρωτεσίλεῳ τιμωρέοντες ἐδέοντό μιν
καταχρησθῆναι, καὶ αὐτοῦ τοῦ στρατηγοῦ ταύτῃ νόος ἔφερε. ἀπαγαγόντες δὲ αὐτὸν ἐς τὴν
Ξέρξης ἔζευξε τὸν πόρον, οἳ δὲ λέγουσι ἐπὶ τὸν κολωνὸν τὸν ὑπὲρ Μαδύτου πόλιος, πρὸς
σανίδας προσπασσαλεύσαντες ἀνεκρέμασαν: τὸν δὲ παῖδα ἐν ὀφθαλμοῖσι τοῦ Ἀρταΰκτεω
κατέλευσαν, “Pese a estas promesas no logró ganarse el favor del estratego Jantipo, pues los
habitantes de Elayunte, con ánimo de vengar a Protesilao, pedían la muerte de Artaíctes, y el
propio estratego era de esa opinión. Lo condujeron, pues, al promontorio en que Jerjes
tendiera los puentes (otros, en cambio dicen que lo llevaron a la cima de la colina que domina
la ciudad de Madito) y lo clavaron a una tabla, dejándolo ahí crucificado”. (trad. Carlos
Schrader, 2000).
76
Livio, Historia de Roma, 20.23.2
77
Polibio, Historias, 9.33.8: ..οὓς εἶχον ὀλίγον ἐξωτέρω διὰ μηχανημάτων ἀνημμένους,
αἰφνίδιον καθῆκαν καὶ ἐπεβάλοντο, καὶ τούτους κατασχόντες πρὸ τοῦ τείχους ἀνεσκολόπισαν,
“Soltaron de golpe los rastrillos que habían elevado por medios mecánicos, atacaron a los
intrusos y les capturaron, crucificándolos al punto delante de los muros”, (trad. Manuel Balasch
Recort, 2000). En el 208 a.C., hombres de Salapia crucifican a ciertos renegados capturados.
Livio cuenta cómo Escipión manda crucificar en el 201 a.C., tras la caída de Cartago, a los
perfugae (Livio, Historia de Roma, 30.43.13): ..de perfugis grauius -quam de fugitiuis
consultum: nominis Latini qui erant securi percussi, Romani in crucem sublati. “(…) con los
desertores se tomaron medidas más duras que con los esclavos fugitivos: los que eran
ciudadanos latinos fueron decapitados, y los romanos, crucificados”, (trad. José Antonio Villar
Vidal, 1993). En el 196 a.C. Flaminio amenaza jocosamente con la crucifixión a Alkios (Plutarco,
Flaminio, 9.3): Αφλοιος καὶ ἄφυλλος, ὁδοιπόρε, τῷδ᾽ ἐπὶ νώτῳ Ἀλκαίῳ σταυρὸς πήγνυται
ἠλίβατος, “Sin corteza y sin hojas, viajero, en esta cresta está empalada una enorme estaca
42
una manera flexible, 78 podría designar tanto a una
cruz como a un poste. En todo caso, no podemos hablar
de crucifixión en el mundo romano antes del siglo III
a.C. 79
para Alceo”, (Juan Manuel Guzmán Hermida, 2007). A partir de aquí abundan más las fuentes al
respecto.
78
BOULANGER [(1932), Les Belles Letres, París p 13] cree que hay que pensar, no en crucifixión
en cuanto al término, sino en un condenado unido a un poste y golpeado con varas. Una idea
que es contraria a la de VOISIN [(1979), “Pendus, crucifiés, “oscila” dans la Rome païenne”,
Latomus 38 p 441]. BRIQUEL [Sur le mode, cit., pp 98-99] cree que pese a que Cicerón emplee el
término crux (auspicato in loco crucem ad ciuium supplicium defigi et constitui iubes), ello no
implica una crucifixión en sentido estricto.
79
OLFATHER (Livy I.26, cit., pp 55-58] afirma que los romanos emplearán por primera vez la
crucifixión tras tener contacto con los cartagineses, los cuales estrenarán este suplicio en
Occidente en el 550 a.C.
80
Es una sanción muy antigua, y puede que su simplicidad sea lo que le haya permitido
permanecer con el correr de los siglos [RODRÍGUEZ-ENNES, Algunas cuestiones, cit., p 177]. En
el caso de la perduellio es la pena principal, pero puede constituir también una pena accesoria,
tal y como nos muestran las XII Tablas: (tab. 8.10) uinctus uerberatus igni necari iubetur; (tab.
8.14) uerberibus affici et a saxo praecipitari. En el código decenviral viene establecida la
uerberatio para delitos que en situación de normalidad llevan a la pena capital, pero al
entenderse que se han cometido por casualidad (casu) o “descuido” (negligentia) el sumo
pontífice podía aplicar la uerberatio a una vestal tras la extinción del fuego sagrado [LOVISI
(1998), “Vestale, incestus et juridiction pontificale sous la Repúblique romaine” MAFRA 110 p
772]) o en caso de haber un menor de por medio [tab. 8.10: si uero casu, id est neglegentia aut
noxiam sarcire, iubetur, aut, si minus idoneus sit, leuius castigator]. La fustigación debió ser una
constante a lo largo de toda la República a través de la coercitio (acto del que se sirve el
magistrado para utilizar medios punitivos contra el ciuis que desobedece sus órdenes o
perturba el ejercicio de sus funciones). Es un medio habitual de coerción, tanto en el ámbito
doméstico como en el militar [ENNES, Algunas cuestiones, cit., p 178]. Las fuentes recogen
continuamente la uerbera: Isidoro, Orígenes, 5.27.14 (Uerbera dicta, qui cum agitantur, aerem
uerberant. Hin flagra et flagea; sed plagea et flagella, quia cum flatu et strepitu in corpore
sonant. Nam plagae, quasi flagae; sed plagae et flagra primae positionis sunt, flagella autem
per deminutionem dicta). Otros autores que se refieren a los uerbera son Plauto (El aparecido,
5.2.45): uerberibus caedere, iutum pendens; el mismo autor en (El persa, 2.3.17): uerberibus
caedere; Livio, Historia de Roma, 8.28.4: adulescentem nudari iubet uerberaque adferri; Virgilio,
Eneida, 5.147: cuncussere iugis pronique in uerbera pendent. Los principales elementos de
azote serán el bastón (fusti) y los vergajos (uirgae) [ENNES, Algunas cuestiones, cit., p 178].
81
En la Roma primitiva sabemos de casos en los que vestales impúdicas son azotadas hasta la
muerte. En Dionisio de Halicarnaso leemos en relación al parto de Rhea Silvia (Historia antigua
de Roma, 1.78.5):ὡς δὲ τὴν γνώμην τοῦ βασιλέως ἔμαθον οἱ σύνεδροι ἀπαραιτήτῳ τῇ ὀργῇ
χρωμένην ἐδικαίωσαν καὶ αὐτοὶ καθάπερ ἐκεῖνος ἠξίου χρήσασθαι τῷ νόμῳ κελεύοντι τὴν μὲν
αἰσχύνασαν τὸ σῶμα ῥάβδοις αἰκισθεῖσανἀποθανεῖν.., “Cuando los consejeros comprendieron
que el criterio del rey se regía por una cólera implacable, decidieron, como él pretendía,
cumplir la ley que ordenaba que una vestal, si deshonraba su cuerpo, muriera azotada con
varas y su descendencia fuera arrojada a la corriente del río. Sin embargo, ahora la ley de los
43
de los februa, esto es, las purificaciones de
febrero, 82 donde también son azotados los hombres,
pudiendo dar a este castigo un sentido purificatorio.
La muerte por flagelación aparece testimoniada en las
XII Tablas, 83 si bien la fustigación y la lex que la
integra, habrían sido enunciadas ya en una lex regia
dirigida a la represión del sacrilegio y lo que
encontramos en el código decenviral sería una
repetición. 84 Pero con toda seguridad, pues así lo
85
muestra Cicerón sin que nadie parezca contrariarle,
ritos ordena que tales mujeres sean enterradas vivas”, (trad. Elvira Jiménez y Esther Sánchez,
1984). El mismo Dionisio nos dice en (Ibid., 2.67.3): “a los que han cometido faltas pequeñas los
azotan con varas”, (casos similares en Plutarco, Numa, 10; Festo 106 M; Zonaras, 7.8; Dión
Casio, Historia romana, 9.40; Livio, Historia de Roma, 2.57.3; Suetonio, Domiciano, 8). El
seductor de vestales también es uerberibus necaretur (Festo 241 M). LEAR [Treason, cit., p 9]
cree que este tipo de sanción, con connotaciones religiosas, recuerda al castigo impuesto a
delincuentes en los primeros pueblos germánicos. Y así nos lo muestra en Tácito (Germania,
12): Proditores et transfugas arboribus suspendunt, ignauos et inbellis et corpore infamis caeno
ac palude, iniecta super crate, mergunt. Al igual que los romanos, los germanos habrían
conocido la fijación en el árbol, pero en el caso germano se emplea la muerte por
estrangulación [BRIQUEL, Sur le mode, cit.,p 102].
82
Durante las Lupercalia, los lupercos azotan el suelo, los muros y las mujeres que querían ser
fecundadas, pero también a los hombres, lo que nos lleva a pensar que la flagelación no solo
estaría ligada a la fertilidad, sino a un valor más general como es el de la purificación [CARAFA,
(2006), “I Lupercali,” en: La legenda di Roma, I; Dalla Nascita dei Gemelli alla Fondazione della
Città, Milán, p 477-493].
83
XII Tablas (tab. 8.9): frugem quidem aratro quaesitam noctui pauisse ac secuisse puberi XII
tabulis capital erat, suspensumque Cereri necari iubebant…, impubem praetoris arbitratu
uerberari noxiamque duplione decerni, “A un púber, por pastar o segar de noche frutos
obtenidos mediante el arado, se le castigaba con la muerte en las XII Tablas, las cuales
mandaban sacrificar el culpable a Ceres en la horca..; a un impúber, según criterio del pretor, a
sufrir azotes, a la reparación del daño al doble”, (trad. César Rascón García, José María
González García, 2011). La norma no sanciona un interés económico, sino el ultraje a una
divinidad (originariamente Tellus y no Ceres) por haber sustraído el culpable la cosecha sin la
preceptiva ofrenda ritual de las primicias y sin la pronunciación de la fórmula prescrita
[SANTALUCIA, Osservazioni sulla, cit.,p 43].
84
SANTALUCIA, Osservazioni sulla, cit., p 43
85
Cicerón (En defensa de Rabirio, 13): este castigo de otra época consterna a Cicerón, quien
clama contra Labieno el haber recurrido en el juicio a Rabirio a suplicios extraordinarios, a
fórmulas de una violencia sin precedentes (suppliciiis inusitatis, crudelitate uerborum inaudita).
Le acusa también de uiolare libertatem huius populi. Salustio (Catilina, 51.22-25) coincide con
Cicerón en la gravedad que supone azotar a un ciudadano en su época, llegando a preguntarse,
an quia grauius est uerberari quam necari? Llega además a afirmar que los azotes a ciudadanos
están prohibidos por la lex Porcia. Sin embargo, Salustio añade una excepción muy importante
en la aplicación de los azotes, la de los traidores: at enim quis reprehendet, quod in parricidas
rei publicae decretum erit? Añade además Salustio (Ibid., 51.39) de quién adquirieron la
costumbre los romanos de azotar: sed eodem illo tempore Graeciae morem imitati uerberibus
animaduortebant in ciuis, de condemnatis summum supplicium sumebant.
44
este método estaba totalmente ya en desuso en el siglo
I a.C.
86
Ocurre en el caso del sacrificador o también en el del fundador de la ciudad que excava el
surco cinctus Gabino ritu [DUBOURDIEU, (1986), “Cinctus Gabinus”, Latomus 45 pp 3-20]. Es
interesante la mención que hace Livio (Historia de Roma, 4.12.11) en relación a un suceso
ocurrido en el 440 a.C., bajo el consulado de Próculo Geganio Marcerino y Lucio Menenio
Lanato, donde afirma: acerba inquisitione aperiret magis quam leuaret inopiam, multi ex plebe,
spe amissa, potius quam ut cruciarentur trahendo animam, capitibus obuolutis se in Tiberim
praecipitauerunt, “Como con tan dura pesquisa puso de relieve la escasez en lugar de aliviarla,
muchos plebeyos, desesperados antes de arrastrar una vida atormentada, se envolvieron la
cabeza y se tiraron al Tíber”. (trad. José Antonio Villar Vidal, 1997).
87
BELLINI, Delicta, cit., pp 116-117
88
COSTA [Crimini, cit., pp. 17-20] recuerda que existen sanciones primitivas moderadas, en
relación a normas religiosas como la preservación del nomen del difunto, la salvaguarda de un
culto nacional con fuerza -véase en el sometimiento al año de luto por parte de la viuda-, o
penas en torno a la mujer impúdica que se acuesta en el ara de Juno, por ejemplo. Fruto de
45
éstas, dice SANTALUCIA [Osservacioni sulla, cit., p 40], el transgresor ha de ofertar una
expiación (piaculum) que se puede materializar en un sacrificio animal o en la devolución de
una entidad patrimonial a lucro del culto a la divinidad ofendida. Estamos ante infracciones
menores (scelus expiable). Pero existen otro tipo de sanciones de especial gravedad, como son
la negativa del ciudadano a contribuir al censo (incensum), que tendrían como resultado la
sanción administrativa impuesta por el magistrado a cargo del mismo, también el atentado
contra la seguridad del Estado por parte de un ciudadano en colaboración con enemigos
externos (patriam uenditare). Estaría también el asesinato voluntario (consulto) del jefe y
representante de uno de los grupos familiares (parricidium), o los actos de hostilidad al orden
fundamental del propio Estado (perduellio). A la comisión de los dos últimos delitos se sucede
una sanción inmediata [COSTA, Crimini, cit., p 20]. Estamos ante penas más graves que no
admiten expiación (scelum inexpiable), en las que el transgresor ha de responder con su
persona y, eventualmente, con sus bienes [SANTALUCIA, Osservazioni sulla, cit., p 41].
89
Festo (Epítome, 424) nos dice que homo sacer is est, quem populus iudicauit ob maleficium;
neque fas est immolari, sed, qui occidit, parricidi non damnatur. Macrobio (Saturnalia, 3.7.5-7)
desarrolla más el concepto: Hoc loco non alienum uidetur, de conditione eorum hominum
referre, quos leges sacros esse certis Diis iubent; quia non ignoro, quibusdam mirum uideri,
quod, cum cetera sacra uiolari nefas sit, hominem sacrum ius fuerit occidi. Cuius rei causa haec
est. Ueteres nullum animal sacrum in finibus suis esse patiebantur, sed abigebant ad fines
Deorum, quibus sacrum esset: animas rero sacratorum hominum, quos Graeci zanasuocant, Diis
debitas existimabant.. quemadmodum igitur, quod sacrum ad Deos ipsos mitti non poterat, a se
tamen dimittere non dubitabant. “En este punto, no parece fuera de lugar exponer la condición
que aquellos hombres que las sagradas leyes disponen que sean consagrados a determinados
dioses, ya que no ignoro que a algunos les parecerá extraño que, siendo sacrilegio violar
cualquier cosa sagrada, esté permitido matar a un hombre consagrado. He aquí la explicación
de este hecho. Los antiguos no toleraban en su territorio ningún animal sagrado, sino que los
expulsaban hacia el territorio de los dioses a los cuales estaban consagrados, que los griegos
llamaban zanas. Las consideran como debidas a los dioses. Por tanto, del mismo modo que
aquello que siendo sagrado, no era posible enviarlo a los dioses, no dudaban, sin embargo en
alejarlo de ellos”. (trad. Fernando Navarro Antolín, 2010). Dionisio de Halicarnaso (Historia
antigua de Roma, 2.10.3) afirma: κοινῇ δ᾽ ἀμφοτέροις οὔτε ὅσιον οὔτε θέμις ἦν κατηγορεῖν
ἀλλήλων ἐπὶ δίκαις ἢ καταμαρτυρεῖν ἢ ψῆφον ἐναντίαν ἐπιφέρειν ἢ μετὰ τῶν ἐχθρῶν
ἐξετάζεσθαι. εἰ δέ τις ἐξελεγχθείη τούτων τι διαπραττόμενος ἔνοχος ἦν τῷ νόμῳ τῆς
προδοσίας, ὃν ἐκύρωσεν ὁ Ῥωμύλος, τὸν δὲ ἁλόντα τῷ βουλομένῳ κτείνειν ὅσιον ἦν ὡς θῦμα
τοῦ καταχθονίου Διός. ἐν ἔθει γὰρ Ῥωμαίοις, ὅσους ἐβούλοντο νηποινὶ τεθνάναι, τὰ τούτων
σώματα θεῶν ὁτῳδήτινι, μάλιστα δὲ τοῖς καταχθονίοις κατονομάζειν. “Les era impío e ilícito a
ambos por igual el acusarse unos a otros en juicios, aportar testimonios contrarios, votar en
contra o aliarse con los enemigos mutuos. Y si se probaba que alguien había hecho algo de eso
era reo de traición ante la ley que sancionó Rómulo, y era lícito que cualquiera matara al
acusado como víctima consagrada al Júpiter subterráneo. Ciertamente era costumbre entre los
romanos, cuando querían matar a alguien sin incurrir en pena, ofrecer su cuerpo a cualquier
dios, principalmente a los subterráneos.” (trad. Elvira Jiménez y Ester Sánchez, 1984). Los tres
pasajes dejan claro que determinados delitos, todos flagrantes, son de una gravedad
extraordinaria y colocan a quien los comete ipso facto fuera de la comunidad. Es un peligro que
hay que eliminar, pero con extraordinario cuidado, pues sufre una contaminación que se puede
extender al resto de la comunidad. MAGDELAIN [Remarques, cit., p 515 ss.] dice que en los
siglos V y IV a.C. quien socaba la sacralidad tribunicia pasa a ser sacer. La pena acabaría
volviéndose laica y el reo terminaría siendo condenado, no como hombre maldito, sino como
enemigo público. Para el autor, el proceso de perduellio deriva de la sacralidad que golpea a
quienes atentan contra los derechos del tribuno. BRIQUEL [Sur le mode, cit., p 93] añade que
todo culpable, por el hecho de serlo, altera el normal orden del mundo, creando un
desequilibrio que podría provocar la ira divina y romper la pax deorum (relación de paz y
amistad que permanentemente debe existir entre la ciudad y los dioses) [SANTALUCIA, (1990),
Derecho penal romano [trad. Javier Paricio], Madrid p. 27]. TYRRELL [The Duumviri, cit., p 124],
46
personaje maldito cuya presencia resulta en adelante
muy nociva para la vida de la propia comunidad, por
lo que el reo, desde que tiene condición de tal,
puede ser eliminado impunemente por cualquiera. Si
bien, hemos de destacar la novedosa teoría de
Bellini, quien tiende a restar una pena sacral al
crimen de perduellio, concediéndole en cambio un
perfil más laico. 90 Dicha teoría puede ser válida,
pero no para una fase primaria dentro del desarrollo
de la comunidad romana, como ya tratamos -hemos
puesto el ejemplo de cómo Horacio es tratado en las
fuentes como impuro-. Sin embargo, parece que entrado
el siglo V a.C., y tomando al menos como referencia
el trato a Manlio como reo, no encontramos que éste
sea visto como personaje impuro: resulta un elemento
nocivo, pero sólo a ojos de la comunidad
aristocrática. Briquel cree que la perduellio (y el
parricidium) se castiga más con el objetivo de
preservar la comunidad que como resultado de una
en la misma línea que lo expuesto atrás, recuerda que el homo sacer no es sacrificado a los
dioses, para lo cual se requiere una víctima pura e inmaculada, tal y como nos recuerda
WISSOWA [(1912), Religion und Kultus der Römer, Munich p 388], sino que lo que se busca es
limpiar la polución que ha dejado el crimen y así restaurar la pax deorum. En cuanto al dios que
interviene, se desconoce, y probablemente varió con la naturaleza del facinus sacrum. RADKE
[(1970), Sprachliche und historiche Beobachtungen zu den leges XII Tabulorum, Sein und
Werden im Recht, Berlín pp 236-237] señaló que los crímenes sacrales que afectan al Estado
conciernen a Júpiter en su calidad de Iupiter Optimus Maximus.
90
Efectivamente, cree que estamos ante un crimen de función laica, manifestando así su
desacuerdo con la tesis dual laico-sacral de SANTALUCIA [Diritto e proceso, cit., p 6].
SANTALUCIA habla de un crimen que atenta tanto contra la comunidad como contra los dioses,
pero BELLINI cree que es dudoso pensar que a los dioses interesase mucho la forma
constitucional o la organización interna del Estado o la institución. De ser así, habría que pensar
en una continua alteración de dicha pax deorum con cada agitación política, como lo es, por
ejemplo, el acceso de los plebeyos a los cargos públicos. Pero ¿qué peor alteración que la que
supone un cambio drástico de régimen?: el paso de la Monarquía a la República, o la caída de
ésta. O qué decir del paso posterior a una nueva fase autoritaria traducida en el gobierno
imperial. Ninguna religión habría hecho caso nunca a los considerados como delitos políticos. La
reacción romana ante la perduellio es para BELLINI pura, pero sin implicaciones sacro religiosas:
el pragmatismo romano se apresura a liberarse de la religión [BELLINI, Delicta, cit., pp 111-112].
47
falta a un acuerdo moral, 91 teoría que
circunscribimos, lógicamente también, a un período
muy arcaico.
91
BRIQUEL, Sur le mode, cit., p 101]. Ver al respecto a PIGANIOL [1917), Essai sur les orígenes
de Rome, París pp 149-150]; o GERNET [(1968), Anthropologie de la Grèce Antique, París pp
288-302, 303-324].
92
Plinio (Historia natural, 16.108) nos lo define como quae neque seruntur unquam neque
fructum ferunt. OLDTATHER [Livy I.26, cit., p 69-70] cree que este árbol sería el instrumento
más primitivo al que, con el tiempo, se le fue añadiendo un palo bifurcado por conveniencia.
Finalmente, el reo pudo ser fijado a un poste. BRIQUEL [Sur le mode, cit., p 100] ve acertado
también relacionar el arbor infelix, más que con una cruz, con un árbol verdadero en el que el
reo era azotado amarrado a éste. No es en origen un instrumento de suplicio, sino un soporte.
Pero, según RODRÍGUEZ-ENNES [Algunas cuestiones, cit., p 181], sufrirá dos innovaciones: un
palo horizontal cerrará el triángulo que crea la citada bifurcación, pasando por detrás de la
nuca. Pero el autor dice que el asta es también alargada, con lo que el condenado pasa a estar
en una especie de suspensión, y sufriendo así, en consecuencia, una suerte de ahorcamiento
que le ocasionaba la muerte por la dislocación de las vértebras cervicales.
93
Macrobio (Saturnales, 3.20.3): Tarquinius autem Priscus in Ostentario arborario sic ait:
arbores quae inferum deorum auertentiumque in tutela sunt, eas infelices nominant: alterum
sanguinem filicem, ficum atram, quaeque bacam nigram nigrosque fructus ferunt, itemque
acrifolium, pirum saluaticum, pruscum rubum sentesque quibus portenta prodigiaque mala
comburi iubere oportet. “Tarquicio Prisco, en su Tratado sobre los prodigios relativos a los
árboles, dice así: “Los árboles que están bajo la protección de los dioses infernales y de los
dioses que ahuyentan los males, son calificados como árboles de mal augurio (infelices
arbores): el ladierno, la caña sanguina, el helecho, el higo negro, y aquellos que producen bayas
negras y frutos negros; igualmente el acebo, el peral silvestre, el brusco, la frambuesa y las
48
El castigo descrito en la lex horrendi carminis
no parece haber sido el único prescrito para los
acusados como reos de perduellio. Cantarella cree que,
además de la uerberatio -la encontramos propuesta en
los procesos a Horacio y Rabirio a través de la lex
horrendi carminis, entendida evidentemente no como una
pena accesoria sino como la principal, esto es, la
fustigación hasta la muerte- aparecerá la
praecipitatio -es el caso de Manlio Capitolino-, y
cree la autora, incluso la decapitación. 94 Hemos de
reconocer en este punto una laguna en la
investigación.
zarzas, con las que hay que hacer quemar los prodigios y presagios funestos. (trad. Fernándo
Navarro Antolín, 2010).
94
Para CANTARELLA la ejecución es lo de menos, en el sentido de que no hemos de pensar en
un suplicio determinado perdurablemente establecido, sino que serán los casos, momentos y
situaciones políticas en que se desarrolle el acto criminoso en cada período los que determinen
una fustigación, precipitación o decapitación [CANTARELLA, Suplicios, cit., p 144]. En cuanto a la
decapitación, pongamos dos ejemplos de la misma en las fuentes: en Polibio (Historias, 1.7.12):
οἱ στρατηγοὶ προαγαγόντες εἰς τὴν ἀγορὰν καὶ μαστιγώσαντες ἅπαντας κατὰ τὸ παρ᾽ αὐτοῖς
ἔθος ἐπελέκισαν, donde se nos informa que se condujo a un grupo de víctimas supervivientes
del asedio a Regio hacia el Foro, siendo allí azotadas (μαστιγώσαντες) y luego decapitadas
(ἐπελέκισαν). Dice Polibio que para los romanos era costumbre hacerlo así. Del episodio recoge
Livio (Historia de Roma, 28.28.3): propter quod facinus tota legio, milia hominum quattuor, in
foro Romae securi percussi sunt). Pero es erróneo pensar en la permanencia de la decapitación
como pena tras la suspensión de la securi percussio, acontecida al final de la Monarquía. Los
condenados por delitos contra el Estado continuaron siendo degollados, pero el arma cambió.
El nuevo método será el previsto para Horacio en la lex horrendi carminis reportada por Livio
(Ibid., 1.26).
49
perduellis, cuyo delito revistió especial alarma y
gravedad para la comunidad romana. Ahora pasaremos a
ver con mayor profundidad los procesos de esta índole
legados por las fuentes, ya comentados someramente
líneas atrás.
98
El relato, que es contado por Livio (Historia de Roma, 1.26) de la forma más detallada, es
recogido por CORNELL en su magistral obra Los orígenes de Roma, del año 1000 al 264 a.C.
(Barcelona,1999) p 150
99
Encontramos información referente a la leyenda de Horacio en Livio (Historia de Roma,
1.26), Dionisio de Halicarnaso (Historia antigua de Roma, 3.22.3), Festo (Epítome, 380 L), Floro
(Epítome sobre las cosas romanas, 1.3)Valerio Máximo (Hechos y dichos memorables, 6.3.6;
8.1.1) y Aurelio Víctor (Sobre los hombres ilustres, 4.8).
51
mortuorum uiuique, oblita patriae. Sic eat quaecumque
Romana lugebit hostem. 100
100
Livio, Historia de Roma, 1.26.2-4: “En cabeza marchaba Horacio, llevando delante de él los
despojos de los trillizos; una hermana suya, que había estado prometida a uno de los Curiacios,
le salió al encuentro ante la Puerta Capena; cuando reconoció sobre los hombros del hermano
el manto de su prometido que ella misma había confeccionado, con los cabellos sueltos y
llorando, llamó por su nombre al novio muerto. Saca de sí al feroz joven el llanto de su hermana
en medio de su victoria y de un gozo público tan grande. Desenvainando la espada e
increpándola de palabra, atravesó a la muchacha: Vete de aquí con tu frustrado amor, junto a
tu novio, dijo, sin acordarte de tus hermanos muertos y del que vive, sin acordarte de tu patria.
Así muera cualquier romana que llore al enemigo”, (trad. Antonio Fontán, 1997).
101
Livio, Historia de Roma, 1.26.5
102
Ibid. 1.26.5
103
Bajo la cual, como hemos recogido páginas atrás, Horacio, en el caso de ser condenado por
los duumuiri, tendría, supuestamente, la posibilidad de prouocare al pueblo. De ser vuelto a
condenar, habría de someterse al supplicium more maiorum.
104
Ibid. 1.26.7-8
105
Ibid. 1.26.9
52
periciculo animum, absolueruntque admiratione magis
uirtutis quam iure causa). 106 Livio se decanta por el
cargo de perduellio, si bien incluye que hubo quejas,
pues Horacio “sólo” había matado a su hermana. Este
relato ha sido considerado como poco fiable, 107 al no
coincidir con el resto de fuentes.
106
Ibid. 1.26.12
107
WATSON, The death, cit., p 436. Sobre las fuentes de Livio ver a WALSH [1961), Livy, his
Historical Aims and Methods, Cambridge pp 110 y ss.].
108
El relato de Dionisio de Halicarnaso es mucho menos interesante que el de Livio (Historia de
Roma, 1.26.3-11), pues Dionisio no habla del tribunal de los duumuiri, ni de la prouocatio, como
si el griego no estuviese informado sobre el procedimiento romano y evitase dar precisiones
sobre un tema que no domina [BRECHT, Perduellio, cit., pp 134-135]. ZUMPT [1865), Das
Criminalrecht der römischen Republik. Erster Band, die Beamten –und Volksgerichte, Berlín p 90
ss.] afirmó que la versión de Dionisio de Halicarnaso es profundamente retórica, opinión que ha
sido definitiva para que en adelante se haya minusvalorado el relato del autor. Si bien
HORRILLO [(2010), “La leyenda de los Horacios” Habis 41 p 66] cree que ZUMPT opina desde
una perspectiva interesada únicamente en los aspectos jurídicos. En palabras de HORRILLO [La
leyenda, cit., p 81] “Dionisio afrontó la adaptación de una leyenda que realmente era de
dudoso gusto para un ilustrado griego de la época, pero, consciente de la importancia de la
misma en el desarrollo del pasado mítico romano, la readapta eliminando todo elemento en
exceso técnico, como pudieran ser los elementos rituales y legales y, partiendo de un modelo
arquetípico, construyó la narración sobre unos moldes herodoteos. Algunos puntos de la
narración podrían ser buen punto de apoyo para esta remodelación; el enfrentamiento a
muerte por la salvación de la patria, el ardid empleado por el último Horacio, y el hecho de que
los caídos fueran enterrados de manera excepcional donde murieron, son elementos comunes
entre la batalla de las Termópilas y la leyenda que nos ocupa, reconocida como uno de los
momentos cruciales del imaginario que rodea el pasado romano”. Lo que HORRILLO afirma es
que Dionisio tuvo como objetivo diseñar un pasado comprensible para un círculo intelectual
dotado de una excelente formación y ajustado a ese ideal de unidad cultural de Grecia y Roma:
la estructura de la leyenda de los Horacios al modo herodoteo responde a la necesidad de
articular equivalencias entre los modos de pensamiento de los mundos romano y griego
[HORRILLO, La leyenda, cit., p 80].
53
hoy es difícil de probar. 109 Cuenta el autor que fueron
hombres distinguidos quienes llevaron a Horacio ante
el rey por estar manchadas sus manos de sangre
familiar (..τῶν πολιτῶν ἄνδρες οὐκ ἀφανεῖς τòν Ὁράτιον
ἄγοντες ὑπὸ δίκην, ὡς οὐ καθαρὸν αἵματος ἐμφυλίου διὰ
τὸν τῆς ἀδελφῆς φόνον). 110 Habla claramente de φόνον
(asesinato), y afirma que al derramar sangre manchó su
persona, algo que se explica por la dureza con que
trataban las leyes a quienes ejecutasen a personas que
no habían sido condenadas judicialmente. 111 Dionisio
sitúa la intervención del padre de Horacio, no ante el
pueblo, sino ante el monarca, que también aquí, duda
(συχνῶν δὲ λόγων ῥηθέντων ὑφ᾽ ἑκατέρων πολλὴ τὸν
βασιλέα κατεῖχεν ἀμηχανία, τί τέλος ἐξενέγκῃ). 112 El rey
está en una encrucijada, pues absolver a un asesino
perturbaría la paz con los dioses, pero condenarlo es
castigar a un héroe romano. 113 Finalmente, decide
109
Además, la teoría expuesta por BURCK [(1992), Die Geschichtswerk des T. Livius, Heidelberg,
p 3], sobre una fuente común para Livio y Dionisio no ayuda en este sentido.
110
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 3.22.3
111
Ciertamente, y aun siendo un documento jurídico posterior a los hechos que aquí estudiamos
(según es convenio general hoy, el código decenviral no es sino la codificación de una práctica
consuetudinaria de la tradición legal romana), en las XII Tablas podemos leer, en concreto en la
tab. 9: de capite ciuis nisi per maximum comitiatum.. ne ferunto. Como veremos, siguiendo lo
expuesto aquí, algunos autores verán en la muerte sin juicio el verdadero delito de Horacio.
MAGDELAIN [Remarques, cit., p 513] cree que este pasaje, pese a ser atribuido a las XII Tablas,
es sensiblemente posterior. Esta idea, denuncia GUARINO [La perduellio, cit., p 74], es suya,
[GUARINO (1973), Le origini quiritarie, Nápoles pp 48 ss. 63 ss. 233 ss.] y MAGDELAIN [(1969),
“Praetor Maximus y Comitiatus Maximus”, IURA 20 p 257 ss., spec. p 280 ss.] se habría
apropiado de ella de forma autoritaria; el principio, sancionado desde la lex Ualeria (300 a.C.),
se afirmó, en opinión de GUARINO, después de que el exercitus comitiatus hubiese asumido
funciones constitucionales de comitia centuriata. Lo hará en consonancia con el proceso de
progresiva eliminación de la distinción entre patricios y plebeyos; en definitiva, en el curso del
siglo IV a.C. en lugar de en el s. III a.C. como sostiene MAGDELAIN. Polibio (Historias, 6.14.6),
realista, lo interpreta de forma sucinta, haciendo de la pena capital una exclusividad de la
plebe. Esto haría, según MAGDELAIN, que en primera instancia muchos jueces se abstuvieran
de su derecho ante la perspectiva de una revisión de la sentencia.
112
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 3.22.4
113
Ibid., 3.22.3: οὔτε γὰρ ἀπολῦσαι τοῦ φόνου τὸν ὁμολογοῦντα τὴν ἀδελφὴν ἀνῃρηκέναι πρὸ
δίκης καὶ ταῦτα ἐφ᾽ οἷς οὐ συνεχώρουν ἀποκτείνειν οἱ νόμοι καλῶς ἔχειν ὑπελάμβανεν, ἵνα μὴ
τὴν ἀρὰν καὶ τὸ ἄγος ἀπὸ τοῦ δεδρακότος εἰς τὸν ἴδιον οἶκον εἰσενέγκηται, οὔτε ὡς
ἀνδροφόνον ἀποκτεῖναι τὸν ὑπὲρ τῆς πατρίδος ἑλόμενον προκινδυνεῦσαι καὶ τοσαύτης αὐτῇ
54
confiar la resolución al pueblo, de quien dice
Dionisio, es la primera vez que se pronuncia en un
asunto capital, y lo hace para absolver a Horacio. 114
Podemos entender esta derivación del asunto al pueblo
de dos formas: como la aparición de la prouocatio por
primera vez instituida o, lo que parece más lógico,
como la ejemplificación del poder del monarca, quien
haciendo uso de sus enormes poderes, también en
materia judicial, decide desprenderse de un caso
embarazoso ante la opinión pública, y que sea ésta
quien decida sobre el mismo. Refuerza esta idea el
hecho de que el rey, a pesar de llevar el caso al
pueblo, da poco peso a la opinión popular, y opta por
reforzar la resolución, darle mayor credibilidad, con
la intervención pontifical por la vía de la
purificación de Horacio (οὐ μὴν ὅ γε βασιλεὺς ἀποχρῆν
ἔλεγε τοῖς βουλομένοις τὰ προς τοὺς θεοὺς ὅσια
φυλάττειν τὴν ὑπ᾽ ἀνθρώπων συντελεσθεῖσαν ὑπὲρ αὐτοῦ
κρίσιν, ἀλλὰ μεταπεμψάμενος τοὺς ἱεροφάντας ἐκέλευσεν
ἐξιλάσασθαι θεούς τε καὶ δαίμονας καὶ καθῆραι τὸν ἄνδρα
οἷς νόμος τοὺς ἀκουσίους φόνους ἁγνίζεσθαι
δυναστείας γενόμενον αἴτιον ἄλλως τε καὶ τοῦ πατρὸς ἀπολύοντος αὐτὸν τῆς αἰτίας, ᾧ τὴν περὶ
τῆς θυγατρὸς ὀργὴν ἥ τε φύσις ἀπεδίδου πρώτῳ καὶ ὁ νόμος., “pues absolver de asesinato al
que ha confesado haber matado a su hermana sin juicio, y esto en unas circunstancias en que ni
siquiera las leyes prescriben la muerte, suponía que no era justo y podría atraer la maldición y
la impureza del culpable sobre su propia casa. Ni tampoco podía ejecutar como a un asesino al
que había elegido arriesgarse por su patria y había sido el responsable de todo su poder, sobre
todo cuando le eximía de culpa su padre, a quien la naturaleza y la ley otorgaban prioridad en
tomar venganza por su hija”, (trad. Elvira Jiménez y Esther Sánchez, 2007).
114
Ibid., 3.22.3: ἀπορούμενος δὲ τί χρήσεται τοῖς πράγμασι τελευτῶν κράτιστον εἶναι διέγνω
τῷ δήμῳ τὴν διά/γνωσιν ἐπιτρέπειν. γενόμενος δὲ θανατηφόρου κρίσεως τότε πρῶτον ὁ
Ῥωμαίων δῆμος κύριος τῇ γνώμῃ τοῦ πατρὸς προσέθετο καὶ ἀπολύει τοῦ φόνου τὸν ἄνδρα: οὐ
μὴν ὅ γε βασιλεὺς ἀποχρῆν ἔλεγε τοῖς βουλομένοις τὰ προς τοὺς θεοὺς ὅσια φυλάττειν τὴν
ὑπ᾽ ἀνθρώπων συντελεσθεῖσαν ὑπὲρ αὐτοῦ κρίσιν, ἀλλὰ μεταπεμψάμενος τοὺς ἱεροφάντας
ἐκέλευσεν ἐξιλάσασθαι θεούς τε καὶ δαίμονας καὶ καθῆραι τὸν ἄνδρα οἷς νόμος τοὺς
ἀκουσίους φόνους ἁγνίζεσθαι καθαρμοῖς: “Dudando cómo actuar en esta cuestión, finalmente
decidió que lo mejor era confiar la resolución al pueblo. El pueblo romano, convertido entonces
por primera vez en juez de un proceso de pena capital, se sumó a la opinión del padre y
absolvió del asesinato a aquel hombre”. (trad. Elvira Jiménez y Esther Sánchez, 2007).
55
καθαρμοῖς). 115 Obvia aquí Dionisio a los duumuiri, que
sí menciona Livio. 116
115
Ibid., 3.22.6: “Sin embargo, el rey suponía que la decisión tomada por la gente en favor de
Horacio no satisfacía a los que querían guardar la debida piedad para con los dioses, así que
mandó llamar a los pontífices y les ordenó aplacar a los dioses y demás divinidades, y purificar a
aquel hombre con los ritos tradicionales para expiar los asesinatos involuntarios”, (trad. Elvira
Jiménez, Ester Sánchez, 2007).
116
Livio, Historia de Roma, 1.26.5. Ambos autores pudieron trabajar de manera independiente,
pero sobre un texto común, según la teoría de BURCK [(1992), Die Geschichtswerk des T. Livius,
Heidelberg p 3], quien apoya esta idea con el argumento de que Livio se mantuvo muy lejano
de los círculos culturales de Roma. Livio y Dionisio se ignoraron [ROBERTS, The three literary
letters, Londres p 35]. Pero si ambos emplearon iguales Fuentes ¿Por qué en Livio aparecen los
duunviros y la prouocatio y en Dionisio no hay ni rastro?
117
Las equivalencias señaladas por MÜNZER [(1931), “Horatii” RE 8 p 2232 ss.] entre Livio,
1.26.2 (flebiliternomine sponsum… apellat) y Cicerón, Sobre la invención., 2.78 (sponsi… nomen
apellantem; Livio 1.26.4 (quaecumque Romana lugebit hostem) y Cicerón, Sobre la invención,
2.79 (hostium mortem lugebat), así como la justificación de la muerte de su hermana [ibid.,
2.78 (iure occidi) y Livio, Historia de Roma, 1.26.9 (patre proclamante se filiam iure caesam..],
hacen al autor imposible imaginar que las fuentes de Livio y el orador no sean las mismas. El I,
lictor, conliga manus.. caput obnubito, arbori infelici suspendito de Cicerón (En defensa de
Rabirio, 4.13), y el I, lictor, conliga manus.. caput obnubito, arbori infelici suspendito.. parecen
un argumento más en apoyo de una fuente común, o al menos, la dependencia en cadena de
Cicerón y Livio respecto a los Anales Máximos [WATSON, The death, cit., p 444; HORRILLO, La
leyenda, cit., p 72].
118
Cicerón, En defensa de Milón, 7
119
Ibid.
120
Ibid.: “Sin duda en la ciudad que vio como primer juicio capital el de un hombre tan valeroso
como Marco Horacio, quien, aun cuando todavía Roma no gozaba de la libertad republicana,
fue absuelto por los comicios del pueblo romano a pesar de conocer que había dado muerte a
su hermana con sus propias manos”, (trad. José Miguel Baños Baños, 1994).
56
además de mencionar la absolución del reo por el
pueblo. Festo recoge sobre el episodio igualmente el
asesinato (accusatus tamen parricidi), 121 la condena
duunviral (apud duunuiros) y la prouocatio que resultó
en absolución (damnatusque prouocauit ad populum,
cuius iudicio uictor). 122 Floro justifica al parricida
creyendo que éste castigó con la muerte “tan
inoportuno amor” (Hunc tam inmaturum amorem uirginis
ultus est ferro). 123 Por su parte, Valerio Máximo
recoge cómo Horacio encuentra sorpresivamente a su
hermana llorando por el vencido (..repetens sororem
suam uirginem Curiati sponsi) 124 y por ello la mata
(mortem profusius), y añade el cronista: ..uidisset,
gladio, quo patriae rem bene gesserat. 125 También
habría escandalizado al héroe lo poco apropiado que
resultaba un amor tan ardiente (interemit, parum
pudicas ratus lacrimas, quae prae propero amori
dabantur). Añade: Quem hoc nomine reum apud populum
actum pater defendit. Ita paulo propensior animus
puellae ad memoriam futuri uiri et fratrem ferocem
uindicem et uindictae tam rigidum adsensorum patrem
habuit; 126 dejando claro que fue una muerte justa. Más
adelante, en la misma obra, Valerio Máximo vuelve a
recoger los hechos, y nos dice que Horacio fue
condenado por el rey (Tullo rege damnatus) 127 por
asesinar a su hermana (sororis crimine), remarcando
121
Festo 380 L
122
Ibid.
123
Floro, Epítome, 1.3
124
Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, 6.3.6
125
Ibid.: “(…) ante lo cual la mató con la misma espada que tan bien había manejado a favor de
la patria”. (trad. Santiago López Moreda, Mª Luisa Harto Trujillo, Joaquín Villalba Álvarez, 2003).
126
Valerio Máximo 6.3.6: “Cuando por este acto Horacio fue acusado ante el pueblo, le
defendió su padre. De este modo, la hermana, demasiado propensa a recordar a su futuro
esposo, tuvo en su hermano a un fiero vengador y en su padre a un rígido defensor de esa
venganza”, (trad. Santiago López Moreda, Mª Luisa Harto Trujillo, Joaquín Villalba Álvarez,
2003).
127
Ibid., 8.1.1
57
también de nuevo la prouocatio y posterior absolución
(ad populum prouocato iudicio absolutus est). Respecto
a los motivos que mueven al rey y al pueblo, como
sabemos contrapuestos, dice: Quorum alterum atrocitas
necis mouit, alterum causa flexit, quia inmaturum
uirginis amores seuere magis quam impie punitum
existimabat. Itaque forti punitione liberata fratis
dextera tantum consanguineo quantum hostili cruore
gloriae haurire potuit; 128 mientras al monarca lo mueve
la atrocidad del crimen, al pueblo lo hace la actitud
impúdica y deshonrosa de Horacia. Hablando también de
parricidium, Aurelio Víctor afirma que Horacio llega
cum spoliis 129 del curiacio prometido con su hermana,
lo que provoca el llanto de ésta (uiso paludamento
sponsi sui), hecho por el que Horacio la mata (frater
eam occidit), es condenado por los duunviros (qua re
apud duumuiros condemnatus) y realiza la prouocatio al
pueblo (ad populum prouocauit). Finalmente, gracias a
la intervención de su padre, es absuelto por la plebe.
128
Ibid.: “De ambos, Rey y pueblo, a uno lo movía la atrocidad del crimen, al otro el motivo que
le indujo a cometerlo, ya que consideraba el pueblo que el indecoroso amor de la muchacha
había sido castigado antes con severidad que con impiedad. Así pues, al quedar exculpada de
un grave castigo, la diestra de aquel hermano pudo saborear tanta gloria derramando la sangre
de un familiar como antes derramando la de sus enemigos”, (trad. Santiago López Moreda, Mª
Luisa Harto Trujillo y Joaquín Villalba Álvarez, 2003).
129
Aurelio Víctor, Sobre los hombres ilustres, 4.8
130
Sobre todo en MAGDELAIN [Remarques, cit., p 503], quien cree además que la romanística
tiende a no confiar hoy la instrucción del caso de Horacio a los quaestores parricidii a pesar de
primar dicha figura entre los autores antiguos. Hemos de cuestionar el hecho de que “prime” la
figura de los quaestores parricidii para el caso de Horacio, pues tanto Livio, como Festo y
Aurelio Víctor hablan, como expusimos atrás, de duumuiros. Dionisio de Halicarnaso no
menciona a los últimos, pero tampoco a los primeros, dando protagonismo al Ῥωμαίων δῆμος,
después de haber sido llevado el reo a presencia del rey por πολιτῶν importantes. Pero el
francés cree en cambio que hay que distinguir a analistas y anticuarios -de los que duda- de los
58
preguntaba cómo pudo aplicar la analística a un
parricidium una definición de perduellio. 131 Ogilvie
ofrece una teoría que, en nuestra opinión, es
convincente: sobre la base de que un parricidium
flagrante acabó convirtiéndose en perduellio, el autor
defiende que Horacia sería en sí misma una criminal,
pues habría cometido proditio llorando al enemigo. 132
Horacio decide castigarla por ello por su cuenta,
cayendo así en la caedes ciuis indemnati, 133 hecho que
concierne al Estado en su conjunto: es aquí donde
Horacio habría caído en perduellio. Ciertamente, y en
total acuerdo con Ogilvie, el comportamiento de
juristas. Estos últimos siempre habían tenido mucho interés en preservar la autonomía de su
disciplina en relación con otros géneros literarios. Para MAGDELAIN, los juristas muestran con
respecto a la cuestura una opinión diferente a la de analistas y anticuarios, hecho que
ejemplifica con un pasaje de Ulpiano en el Digesto (D. 2.13.1) (…) Sed sicuti dubium est an
Romulo et Numa regnantibus quaestor fuerit.. ita Tullo Hostilio rege quaestores fuisse certum
est: et sanc crebrior apud ueteres opinio est Tullum Hostilium primum in rem publicam induxisse
quaestores, “.. aun el mismo Rómulo y Numa Pompilio tuvieron dos cuestores .. así también es
cierto que hubo cuestores reinando Tulo Hostilio. Verdaderamente, la opinión más común
entre los antiguos es que Tulo Hostilio fue el primero que introdujo los cuestores en la
República”. (trad. Ildefonso L. García del Corral, 1899). Para los juristas del Principado los
quaestores hacen su aparición durante el reinado de Tulio Hostilio, no entrando en calificar si
eran parricidii o no, pues según MAGDELAIN [Remarques, cit., p. 503] la tradición sostiene que
estos magistrados eran competentes en ambos casos. Añade MAGDELAIN que en la República,
por el mismo crimen, Espurio Casio será procesado por quaestores. SOLODOW [(1979), “Livy
and the Story of Horatius” I. 24-66 TAPA 190 p 265 ss.] cree que Livio hizo modificaciones
sistemáticas en todos los elementos tomados de las fuentes empleadas, pero HORRILLO [La
leyenda, cit., p 70] sostiene que, si bien es un hecho ajustado a la manera de actuar de Livio, no
afectaría en cambio a “elementos de fuerte sistematicidad”: modificar un procedimiento legal y
religioso resultaría tan peligroso como innecesario para el éxito que perseguía la obra de Livio.
WATSON [The Death, cit., p. 436] sale en apoyo de Livio al afirmar que pese a que la diferencia
en el relato del historiador romano con respecto a otros autores no favorece su exactitud
histórica, puede haber una explicación: los detalles debieron ser precisos, pero historiadores
posteriores hicieron interpretaciones. Un argumento a favor de Livio es que el juicio de Rabirio
en el 63 a.C. recurrió al relato que sobre el procedimiento de perduellio hace Livio para el caso
de Horacio. SANTALUCIA [Osservazioni sulla, cit., p. 47] cree que realmente podemos estar
ante una historia que derive del patrimonio épico con, eso sí, adaptaciones oportunas de los
analistas.
131
BRECHT, Perduellio, cit., p 138. SANTALUCIA [Osservazioni sulla, cit.,]: “La storia di Horacio è
stato configurato come un caso di parricidio”.
132
OGILVIE, A Commentary, cit., pp 114-115
133
TYRRELL [The Duumviri, cit., p 109] defiende también la caedes ciuis indemnati en Horacio al
ejecutar a un criminal que aún no había sido condenado. El joven usurpó el papel del Estado al
castigar a su hermana y así la muerte se convirtió en delito contra el Estado. En el mismo
sentido BRIQUEL [Sur le mode, cit., p 97].
59
Horacia fue extraordinariamente grave. Dentro de que,
recordemos, estaríamos ante una leyenda, pero que muy
probablemente se base en hechos que en realidad
tuvieron lugar en época muy arcaica -incluso quizás no
en época de Tulio, sino de otro rey-, pero que las
fuentes han podido ir distorsionanto con el tiempo por
intereses varios o mera lejanía, la tesis de Ogilvie
secundada por Tyrrell 134 y Briquel 135- cobra perfecto
sentido. Es cierto que, como hemos visto, sólo Livio
menciona la perduellio, señalando el resto de autores
al parricidium. Sin embargo, hay algo que une todos
los relatos: se está describiendo un crimen de
especial gravedad, parece que casi de Estado, pues
éste se trata con la mayor importancia. Efectivamente,
Horacia lloró a un enemigo de Roma. Para encontrar una
primera sanción legal a este comportamiento hemos de
adelantarnos un poco en el tiempo e ir a las XII
Tablas. Algunos podrán pensar que, en todo caso, este
es un código normativo que en tanto posterior, no
recogería el espíritu del derecho romano en épocas
precedentes, pero ¿qué son las XII Tablas sino la
codificación del derecho consuetudinario romano? Éstas
recogen las normas que hasta entonces eran tenidas
como costumbre por los romanos desde época inmemorial,
incluyendo por supuesto el reinado de Tulio Hostilio,
período en el que la tradición fecha el proceso a
Horacio. Pues bien, en la tab. 9 existen una serie de
preceptos que regulan con determinadas restricciones
la actividad funeraria, pero, y lo que a nosotros nos
interesa, en la tab. 9.4 se prohíbe explícitamente a
las mujeres llorar o rasgarse las vestiduras en los
entierros de romanos (mulieres genas ne radunto neue
134
TYRRELL, The Duumviri, cit., p 109
135
BRIQUEL, Sur le mode, cit., p 97
60
lessum funeris ergo habento). Ello nos lleva
inmediatamente a buscar un punto comparativo con el
llanto de Horacia y a preguntarnos lo siguiente: si se
censuraba, no sabemos si de forma muy severa -sería
exagerado afirmar este punto, hay que decirlo también,
a la mujer que llorase por un romano muerto ¿qué no
podría ocurrirle a la pobre fémina que lo mismo
hiciese por un enemigo, también difunto, adversario no
sólo de Roma, sino de un familiar tan directo como es
un hermano? El grado de traición a ojos de un romano
debió ser doblemente aberrante y monstruoso, tanto a
nivel de la comunidad, como a nivel familiar -Estado y
familia constituyen los dos pilares de la génesis y
desarrollo del mundo romano-. La visión tremendamente
negativa hacia el luto guardado por un romano al
enemigo, incluso contra aquellos romanos que por sus
acciones hostiles al Estado se conviertan con ello así
en enemigos de Roma, acaba aflorando en las fuentes.
De esta forma, Suetonio nos cuenta cómo ya en el siglo
I d.C. Tiberio prohíbe este tipo de luto con la muerte
(interdictum ne capite damnatos propinque lugeret). 136
Recordemos cómo en época tiberina, cuando el crimen
maiestatis -continuador de la perduellio- está en
pleno desarrollo, hay un intento de “tipificar”, con
toda la politización imperial existente de por medio,
los tipos delictivos correspondientes a la alta
traición. 137 Siglos después, aun el Digesto ve punibles
los “lutos inoportunos”. Así, Ulpiano afirma non
solent autem lugeri, ut Neratius ait, hostes, uel
perduellionis damnati, nec suspendiosi, nec qui manus
136
Suetonio, Tiberio, 61
137
Esta referencia de Suetonio es considerada por WATSON [The Death, cit., p 444] como poco
relevante, pues se refiere a una prohibición hecha por Tiberio para satisfacer una necesidad
política particular que no afecta a un enemigo, sino a un capite damnati. WATSON desecha en
definitiva la teoría de OGILVIE sobre el luto al enemigo como crimen de Horacia.
61
sibi intulerunt non taedio uitae, sed mala
conscientia, 138 quedando perfectamente claro que no se
ha de guardar luto, entre otros, al enemigo. Pero otro
pasaje del mismo Ulpiano es más interesante aun para
nuestro caso, pues recoge: minime maiores lugendum
putauerunt eum, qui ad patriam delendam, et parentes
et liberos interficiendos uenerit; quem, si filius
patrem, aut pater filium occidisset, sine scelere
etiam praemio afficiendum omnes constituerunt. 139 Si el
primer fragmento del jurista deja clara la
prohibición, el segundo, en el mismo sentido, es
trascendental, pues retrotrae dicha prohibición a los
“antepasados”, y perfectamente podemos situarnos en
edad regia, en la época de Horacia y Horacio.
138
Digesto, Ulpiano, 3.2.11.3: “Mas no se puede guardar luto, según dice Meranio, por los
enemigos, los condenados por crimen de lesa majestad, los ahorcados, ni por los que en sí
mismos pusieron mano no por tedio de la vida, sino por conciencia de su propia maldad.” (trad.
Ildefonso L. García del Corral, 1889).
139
Digesto, Ulpiano, 11.7.35:“Opinaron los antepasados, que de ninguna manera se debe hacer
duelo por el que hubiere venido para destruir su patria, y para matar a sus ascendientes y
descendientes; y todos determinaron, que si el hijo hubiese matado a semejante padre, o el
padre a semejante hijo, se le ha de considerar sin delito, y aún digno de premio”. (trad.
Ildefonso L. García del Corral, 1889).). Cree WATSON [The Death, cit., p 444] respecto a estos
dos pasajes del Digesto que no tendrán por qué ser observados cuando el fallecido es un
enemigo. No se especifica que estemos ante un crimen, ni mucho menos ante proditio, y
tampoco se dice nada de que fuese castigado con la muerte.
62
Volvamos en este punto a las XII Tablas para buscar un
mayor respaldo: la tab. 9.1 dice, de capite ciuis nisi
per maximun comitiatum… ne ferunto, prohibiendo por
ello expresamente que un ciudadano romano sea
condenado a muerte si no es bajo la resolución del
comicio máximo de la ciudad. Si bien es una incógnita
el momento en que se establece este mandato a través
de la costumbre, no tenemos por qué dudar, como en el
caso de otros contenidos incluidos en el texto
normativo, que lo plasmado en el código decenviral no
sea sino la transcripción de un precepto muy arcaico,
y aquí Dionisio de Halicarnaso parece darnos una pista
en este sentido al recoger cómo los hombres insignes
que llevaron a Horacio ante el rey, recordaron como
respaldo las leyes que impedían matar a alguien sin
juicio previo (καὶ καταστάντες μακρὰν διεξῆλθον
δημηγορίαν τοὺς νόμους παρεχόμενοι τοὺς οὐ κ ἐῶντας
ἄκριτον ἀποκτείνειν οὐθένα..). 140 Por ello, no es
descabellado pensar que Horacio, al convertirse con la
muerte de su hermana -ciudadana romana- en un caedes
ciuis indemnati, pudiese así ser procesado por
perduellio. Pero ¿por qué las fuentes hablan
mayoritariamente de parricidium? Muy posiblemente los
autores se están solidarizando con el reo: el sentir
de las gentes que vivieron los hechos fue que el joven
Horacio llegó a Roma como un héroe, pero mató a su
hermana por orgullo familiar y, sobre todo, patrio,
por lo que se vio injusto que, tras ser procesado por
el asesinato –asesinó a una ciudadana romana, de forma
unilateral –, hecho que se entendió como grave, no se
entendió, en cambio, que fuese tenido por alta
traición, pues las circunstancias atenuantes eran muy
140
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 3.22.3
63
fuertes. El propio rey se deshizo de la obligación de
juzgar el crimen por la impopularidad que ello
implicaba y, sin embargo, no deja impune el acto, o al
menos pretende darle una salida “honrosa”, pues, el
crimen revistió especial gravedad. La victimización
del reo por parte de fuentes posteriores no es sino la
perdurabilidad en el recuerdo popular del maquillaje
puesto sobre el delito. Horacio no sería recordado
como un perduellis, sino como un parricida, pero no
por cometer un asesinato horrendo, sino, en este caso,
justo. Este hilo narrativo perdura a través de los
diferentes relatos que respecto a los hechos se irían
sucediendo en el futuro, de tal forma que la tónica
general es ver a Horacio como la víctima y a Horacia
como una lasciva y una traidora ramera. Por ello, si
bien Livio sostiene que Horacio fue absuelto más por
su valentía que por la justicia de su causa
(absolueruntque admiratione magis uirtutis quam iure
causae), 141 Cicerón justifica, como ya vimos, al
asesino, calificándolo de héroe (nempe in ea quae
primum iudicium de capite uidit M. Horati, fortissimi
uiri, qui nondum libera ciuitate), 142 mientras que
Valerio Máximo es muy explícito en este sentido,
viendo en la muerte de Horacia todo un servicio a la
patria por parte de Horacio (..cum ex illa clarissima
acie domum repetens sororem suam uirginem Curiati
sponsi mortem profusius quam illa aetas debebat
flentem uidisset, gladio, quo patriae rem bene
gesserat), y es que la joven habría desarrollado un
amor muy tóxico e inoportuno (..interemit, parum
pudicas ratus lacrimas, quae prae propero amori
141
Livio, Historia de Roma, 1.26.12
142
Cicerón, En defensa de Milón, 7
64
dabantur). 143 Floro hace una lectura casi idéntica a la
de Valerio Máximo, viendo en el amor fatal de Horacia
una perfecta justificación para ser asesinada por su
hermano (Hunc tam inmaturum amorem uirginis ultus est
ferro). 144 El autor afirma que, por encima del
asesinato, primó el pasado heroico del joven (citarere
leges nefas, sed abstulit uirtus parricidam et facinus
infra gloriam fuit). 145 En nuestra opinión, Floro
entiende que el crimen debía ser sometido a juicio por
su gravedad, aunque haciendo una relación comparativa
en el proceder de cada hermano, ve injusto procesar a
Horacio pues considera de mayor gravedad el
comportamiento de su hermana.
143
Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, 6.3.6
144
Floro, Epítome,1.3.5
145
ibid., 1.3.6
146
SANTALUCIA, Osservazioni sulla, cit., pp 42-43. Los analistas crearon el proceso arquetípico
que permitiese reportar la institución de la prouocatio ad populum a la edad regia.
Argumentaron que Horacio, al matar a un ciudadano que aún no había sido condenado,
transformó el originario delito de parricidium en una caedes ciuis indemnati, y luego en un caso
de perduellio (éste sí habría, al parecer, permitido recurso de prouocatio al pueblo, el
parricidium no). El desarrollo del proceso, y con él el texto de la lex horrendi carminis, fue
adaptado al esquema del proceso capital por perduellio, insertándose la mención de los
duumuiri, modificándose el grado de participación popular, que pasa de la mera petición de
aprobación o desaprobación, a su capacidad para decidir una condena o la absolución
(prouocatio). Para SANTALUCIA [Osservazioni sulla, cit., p 47] en las fuentes se evidencia la
superposición del proceso originario con la versión analística posterior.
65
sus orígenes en época regia efectivamente. De esta
forma, Cicerón recoge en su tratado Sobre las leyes,
prouocatione autem etiam a regibus fuisse, 147 mientras
que en Sobre la República afirma, ab omni iudicio
poenaque prouocari licere indicant XII tabulae
compluribus legibus. 148 Livio, 149 que en su relato
sobre Horacio habla claramente de prouocatio, está
remontando también este auxilio popular a la
Monarquía. Igual hace Séneca (prouocationem ad populum
etiam a regibus fuisse; id ita in pontificalibus
libris ese et alii quiqui putant et Fenestella). 150
Pero el tema es polémico en la romanística, y tras un
período en el que parecía defenderse un pasado muy
arcaico para ésta con una función muy activa, 151 nuevos
147
Cicerón, Sobre las leyes,2.31.54
148
Ibid., Sobre la República, 2.54
149
Livio, Historia de Roma, 1.26.5-12
150
Séneca, Epístolas, 108.31
151
OLDFATHER [Livy, I.26, cit., p 50], por ejemplo, valida la afirmación de Cicerón y cree además
que serían los casos de perduellio quienes estrenarían esta institución. BLAICKEN [(1959),
“Ursprung und Bedeutung der Provocation”, SZ 76 p 333 ss.] dice que la prouocatio no se
relaciona con el proceso duunviral en ningún período. Argumenta que la lex horrendi carminis
de Livio (Historia de Roma, 1.26.6) no es digna de crédito por omitir las normas de conducción
del iudicium populi, el cual nace con la prouocatio de Horacio. La norma, lejos de ser reflejo de
un temprano estatuto republicano, será una fórmula de origen analístico. GROSSO [Prouocatio,
cit., pp 214-215], en la misma línea que OLDFATHER, cree que es ab antiquo, impulsada por la
perduellio, pero su novedad es que no estaríamos ante una prouocatio al pueblo, pues para el
autor la prouocatio era un duelo ordálico. OGILVIE [A Commentary, cit., p. 114] la ve como
parte integral del procedimiento de perduellio, pero no del de parricidium. MAGDELAIN
[Remarques, cit., pp 511-512] romperá con esta tradición al afirmar que los analistas tuvieron
una gran predilección por la prouocatio, desligándose así con la idea que venía imperando de
ver a ésta como una institución antiquísima, remontable a época monárquica. Para el francés la
prouocatio es imposible en el proceso tribunicio de perduellio, aunque él mismo reconoce que
es una idea con poco predicamento en los estudiosos contemporáneos. MAGDELAIN va a las
fuentes, pero recordemos antes que el autor, como vimos atrás, defiende la teoría de que
fueron los tribunos y no los duumuiri quienes juzgaron casos de perduellio en su totalidad, tras
el siglo III a.C., cuando dice, aparecen (n. 45). Cuatro pasajes, de Dión Casio (Historia romana,
53.17.9), donde se habla de la potestad tribunicia para ejecutar sin juicio previo a quien atente
contra su inviolabilidad; Dionisio de Halicarnaso (Historia antigua de Roma, 7.35), donde en
relación a la condena a Marcio y el posterior enfrentamiento entre patricios y plebeyos, el
tribuno lo condena a muerte y se dispone de inmediato a llevarlo a defenestrar; Plinio (Historia
natural, 7.143), donde se cuenta cómo en el 131 a.C. el tribuno C. Atinio Labeo tacha de la lista
del Senado al censor Q. Cecilio Metelo, queriendo vengarse precipitándolo desde la Roca
Tarpeya, y Veleyo Patérculo (Historia romana, 2.24.2), que refiere en el año 86 a.C. cómo el
tribuno Publio Lenate mandó arrojar desde la misma roca a Sexto Lucilio, tribuno de la plebe el
66
autores han sometido a una seria revisión la
institución rechazando darle tanta antigüedad, y mucho
menos tal practicidad, remontando ahora sus orígenes a
un período no regio, sino republicano avanzado, esto
es, a la lex Ualeria del 300 a.C. 152 En este sentido
tribuno sería inadmisible, pues habría violado su sacrosanctitas. En los procesos tribunicios
propios y verdaderos (los de dos fases), la fase comicial (la decisiva), se llevó a cabo ipso iure,
como consecuencia automática de la ventaja de la lex Ualeria. Pues bien, el italiano llega a
preguntarse, si intervino la lex Ualeria por qué el proceso de perduellio no pasó exclusivamente
a los comicios centuriados, enraizando en cambio en un doble proceso. La única respuesta sería
que en el s. IV a.C. los tribunos de la plebe ya actuaban muy a menudo en relación a los
perduelles, pro populo; así como pro populo votaron también por entonces la mayoría de las
veces los concilia plebis sus plebiscitos. Antes de la lex Ualeria podemos suponer que ya se ha
ido afirmando en la práctica el someter a la confirmación de los comitia curiata las sentencias
de perduellio dictadas por los tribunos. Tras la lex se mantendría el sistema, siendo los tribunos
únicos competentes para perseguir la perduellio. Los comicios centuriados tendrían
competencia judicial para casos capitales hasta el s. II a.C., cuando se impusieron los tribunales
permanentes. La competencia comicial subsistiría, pero de manera arcaica y excepcional, para
los casos de perduellio [NICOLET, CL., (1976), Le métier de citoyen dans la Rome républicaine,
París p 304]. SANTALUCIA [Osservazioni sulla, cit., p 46] es tajante al dudar de la intervención
del pueblo en los procesos penales. La prouocatio no es de época monárquica, sino
republicana. Fueron los analistas en el s. I los que la retrotrajeron a época regia por la vía del
juicio a Horacio, para dar más prestigio a su institución. En época regia, en palabras de
SANTALUCIA, sólo podemos hablar de la facultad discrecional del soberano de consultar al
pueblo, pero no de un ius prouocationis del condenado. SANTALUCIA [Osservazioni sui, cit., p
448-449] se pregunta, si la prouocatio era un derecho recogido en la lex horrendi carminis, qué
sentido tiene para Livio [Historia de Roma, 1.26.8), (auctore Tullo, clemente legis interprete)]
hablar de la intervención clemente del rey: probablemente un héroe remoto pudo haber sido
condenado por los duumuiri perduellionis para ser luego indultado por la intervención benévola
del Rey, en la asamblea ciudadana. El acto de remisión del caso a los comicios nada tuvo que
ver con legislación específica alguna a ese efecto, sino a la propia voluntad del monarca. Los
analistas llevaron la prouocatio a época monárquica imaginando que Tulio había insertado en el
texto auténtico de la lex horrendi carminis la cláusula si a duunuiris prouocarit, prouocatione
certato, sugiriendo así el monarca al héroe confiar en él para llevar la causa ante la asamblea.
No estamos en la figura del Rey ante un clemens legis interpres, ya que él no la interpreta, sino
que la “arregla” o “adapta” benévolamente.
68
principal para el estudio del proceso, introduce aquí
un matiz muy importante: habiendo comenzado el lictor
a amarrar a Horacio, cuenta el historiador que en ese
momento el rey, como “intérprete benévolo de la ley”
aconsejó al reo prouocare (Accesserat lictor
iniciebatque laqueum. Tum Horatius auctore Tullo,
clemente legis interprete, 'prouoco' inquit). 153 Hemos
de entender aquí al monarca, no en sentido literal
como un intérprete de la ley, en el sentido de que la
pueda entender de una u otra manera, sino como un
individuo con poderes extraordinarios, también en el
ámbito judicial, que “crea” derecho a su voluntad.
Podemos por ello pensar, textualmente, que el rey da
el consejo a Horacio de prouocare ad populum porque se
le ocurre en ese momento, por simple que parezca.
Quienes sí interpretan son los analistas, que ven en
una acción concreta y no extrapolable del monarca, una
forma institucionalizada de proceder, lo que les pudo
llevar a añadir la citada frase, si a duumuirii
prouocarit, prouocatione certato.
153
Livio, Historia de Roma, 1.26.8
69
dictatura potest polletque. Uidero, cessurusne
prouocationi sis, cui rex Romanus Tullus Hostilius
cessit. 154 Quinto Fabio Rutiliano, magister equitum del
dictador Lucio Papirio Cursor, tras haber vencido a
los samnitas -fallecen 20.000 enemigos- fue acusado
por el dictador de desobedecer sus órdenes en campaña,
quien pidió su ejecución. Las palabras del padre del
joven solicitando la prouocatio son para Santalucia 155
el ejemplo de la excepcionalidad de la aplicación de
la mísma, incluso ya en época republicana, y nosotros
nos unimos a tal afirmación. Igual que nos unimos a la
tesis del italiano que sostiene que en época regia
solo podemos hablar de una facultad discrecional del
soberano para consultar al pueblo y no de un propio y
verdadero ius prouocationis del condenado. 156 La
prouocatio es “un rimedio del tutto eccezionale e
straordinario, fondato non sulla legge ma sulla
clemenza di colui al quale spettava l´iniziativa della
repressione. Una concessione graziosa, dunque, non
157
certo un diritto”. Otros autores se han pronunciado
en la línea de Santalucia. 158
154
Ibid., 8.33.7-8: “Marco Fabio, el padre, dijo: `Puesto que para ti no tiene valor ni la autoridad
del Senado, ni mi ancianidad, a la que te dispones a privar de un hijo, ni el valor y el renombre
del jefe de la caballería, nombrado por ti personalmente, ni las súplicas, que muchas veces
aplacaron al enemigo, que aplacan las iras de los dioses, yo invoco a los tribunos de la plebe y
apelo al pueblo y pongo ante ti, que rehúyes el juicio de tu ejército y del Senado, un juez que
sin duda puede y vale él solo más que tu dictadura. Voy a ver si te sometes a la prouocatio, a la
cual se sometió el rey de Roma Tulo Hostilio´”, (trad. José Antonio Villar Vidal, 1990).
155
SANTALUCIA, Osservazioni sui, cit., pp 450-451
156
SANTALUCIA, Osservazioni sulla, cit., p 48
157
SANTALUCIA, Osservazioni sui, cit., p 450
158
CANTARELLA [Los suplicios, cit., p 146] suscribe totalmente lo dicho por SANTALUCIA
respecto a la supuesta prouocatio regia. Igual hace LIOU-GILLE [La perduellio, cit., pp 21-22],
quien en cambio no se atreve a profundizar, zanjando la cuestión en que no es relevante el
hecho de que la prouocatio de Horacio sea real o no (cree que seguramente no), pero la
tradición de ésta a través del tiempo hace que deba ser tratada como una realidad. GAROFALO
[Appunti, cit., p 223] pone el acento en la traslación analística al pasado, algo en lo que
concuerda con muchos colegas, pero en cambio no pone en valor la figura del rey como agente
con plena capacidad judicial, incluso de una hipotética prouocatio, pareciendo obviar la
concesión del monarca. De los últimos en pronunciarse, BELLINI [Delicta, cit., pp 109-110]
70
En relación a la purificación a la que se somete
Horacio, comentada páginas atrás, Liou-Gille, 159 quien
más ha estudiado al respecto, cree que el héroe volvió
del combate hirviente de furor bellicus 160 y mató a su
hermana confundiéndola con un hostis, lo que le habría
convertido en perduellis por hacer guerra injusta
contra un conciudadano. 161 Esta idea que el autor
asocia a un relato arquetipo extendido con sus
variantes por todo el mundo indoeuropeo, se basa en
una mera suposición que a falta de una mayor
legitimación en las fuentes, no podemos tener en mayor
consideración. En todo caso, había un interés en
atemperar al héroe para poder reintegrarlo en la
comunidad, y por ello el ritual. De ahí a tratar de
justificar la muerte de Horacia debido a un supuesto
furor bellicus, parece muy forzado.
considera que no hay hoy día en la romanística conflicto al afirmar que la prouocatio para
época regia es fruto de una interpolación. Recoge lo dicho por PLAGIARO [(1969), “La formula
`paricidas esto´” en Studi di onore di L. Castiglioni II Florencia p 717], quien ve ridículo que el rey
sugiera a Horacio que invoque, cuando se supone que la prouocatio está activa inserta en la lex
horrendi carminis: por tanto, si a duumuiris prouocarit, prouocatione certato se considera hoy
extraño a la ley original. La explicación de dicha interpolación se da por el deseo surgido en
época republicana de dar la autoridad que concede la antigüedad a una de las más valiosas
herramientas de poder del pueblo romano.
159
LIOU-GILLE, La perduellio, cit., pp 26-27
160
Ello provocaba que Horacio no pudiese incorporarse a la vida civil sin un rito de tránsito. Este
relato enraíza totalmente en el sustrato indoeuropeo y ha sido ampliamente tratado por
DUMÉZIL [(1942), Horace et les Curiaces, París pp 16-60]: El francés nos refiere en su obra la
leyenda irlandesa del héroe Cúchulainn, quien al finalizar un combate análogo al de Horacio,
contra tres contrincantes, está tan encolerizado que llega a resultar nocivo para sus
conciudadanos; por ello se envía a su encuentro a cincuenta chicas desnudas que lo hipnotizan
y apresan. Luego lo sumergen en tres grandes ollas de agua que acaban hirviendo por el calor
de su sangre, y finalmente el héroe se calma y puede volver a integrarse en la comunidad. La
leyenda romana, similar a la irlandesa, ilustra lo peligroso que puede resultar un guerrero
recién llegado del combate para el resto de la comunidad: así, Horacio no se habría
desprendido de su furor bellicus y habría tratado a su hermana como a un enemigo público,
matándola y convirtiéndose en perduellis por hacer la mala guerra, guerra injusta.
161
LIOU-GILLE, La perduellio, cit., pp 26-27
71
romanos al mostrar públicamente un dolor desgarrador
por la muerte de un enemigo de Roma, mientras Horacio,
compartiendo una lógica indignación general y un
desprecio rotundo frente a dicha actitud -con el
agravante de tratarse de su hermana- comete el delito,
igualmente grave, de auto legitimarse para matar a un
romano sin que el resto de la comunidad participe de
tan trascendental decisión.
162
Habría incorporado el cognomen “Capitolinus” en reconocimiento a su gesta al liberar la
colina de los galos. Así nos lo revelan las fuentes: Livio (Historia de Roma, 5.31.2) M. Manlius,
qui Capitolino postea fuit cognomen; Aurelio Víctor (Sobre los hombres ilustres, 24.2) Manlius
ob defensum Capitolium Capitolinus dictus. Sin embargo, BROUGHTON [(1951), The magistrates
of the Romanrepublic I, Nueva York p 61] ha visto que en los fasti aparece el cognomen
asociado a los Manlii con anterioridad al suceso del Capitolio: en el 434 a.C. el cónsul M.
Manlius (Uulso) Capitolinus [BROUGHTON, The magistrates, cit., p 61]; en el 422 aparece M.
Manlius Capitolinus, tribuno militar con poder consular [BROUGHTON, The magistrates, cit., p
69]. En los años 405, 402 y 397 a.C. encontramos a A. Manlius Vulso Capitolinus [BROUGHTON,
The magistrates, cit., pp 80, 83, 87]. El cognomen debió ser incluido entre los habitantes que
moraban en el Capitolio [RODRÍGUEZ-ENNES, (2004), “Verdad y leyenda de la seditio
manliana”, Dereito 13 p 97]. Respecto a las fuentes, Livio sitúa en el lugar a los Manlii: Livio
(Historia de Roma, 6.20.13) publica una, quod, cum domus eius fuisset, ubi nunc aedes atque
officina Monetae est, latum ad populum est, ne quis patricius in arce aut Capitolio habitaret;
mientras que en Aurelio Víctor (Sobre los hombres ilustres, 24.4) se dice que a Manlio domum
etiam in Capitolio publico accepit. El propio Livio (Historia de Roma, 5.50.4) nos dice que en la
colina vivían varias familias, hablando en relación al colegio que Camilo quiere crear allí (qui in
Capitolio atque arce habitarant). Hoy, autores como PAIS [(1928), Storia di Roma IV, Roma p 70]
llegan a dudar de ello, mostrando su extrañeza porque un particular pudiese habitar en la parte
más alta de la colina.
163
En torno a este episodio dice ROLDÁN HERVÁS [(1981), Historia de Roma, I, Madrid p 98]:
“se relacionan un gran número de episodios y anécdotas con que la fantasía popular ha
embellecido, retocado o magnificado el desastre”.
164
Cicerón (Sobre la casa, 101): M. Manliuscum ab ascenso Capitoli Gallorum impetum
reppulisset, non fuit contentus benefici sui Gloria. Dionisio de Halicarnaso (Historia Antigua de
Roma, 14.4): Μάλλιος ὁ ἀριστεύσας, ὅτε εἰς τὸ Καπιτώλιον Ῥωμαῖοι κατέφυγον.. .Plinio
72
concuerdan: Manlio evitó heroicamente que Roma fuera
conquistada por los galos. Pese a que hoy se matizan
los hechos, 165 parece claro que los elementos
esenciales del relato (invasión, defensa y expulsión),
en los que Manlio habría participado, son reales. Pero
será otro hecho posterior el que ponga la cruz a las
hasta entonces venturosas y populares andanzas de
Manlio. Será acusado de crimen regni, pero no como nos
han transmitido las fuentes por una animadversión
manifiesta entre Manlio y Camilo. Livio y Plutarco se
han encargado de transmitir esta idea: la seditio
Manliana se habría producido como consecuencia de los
recelos que la preeminencia de Camilo habrían
producido en Manlio. Livio, explicando el por qué de
dicha rivalidad, afirma (Manlius Capitolinus) qui
nimius animi cum alios princepes sperneret, uni
inuideret eximio simul honoribus atque uirtutibus, M.
Furio. 166 Más adelante nos dice cómo entonces Manlio
encendió a la plebe (His opinionibus inflato animo ..
primas omnium ex patribus popularis factum cum plebiis
(Historia natural, 7.28-29). Floro (Epítome, 1.17): Manlius uero Capitolii uindicem, quia
plerosque debitorum liberauerat altius se et inciuilius efferentem, ab illa ipsa quam defenderat
arce deiecit. Apiano (Italia, 2.9), Plutarco (Camilo, 36.2): ..Μᾶρκος Μάλλιος, ὁ πρῶτος
ὠσάμενος τοὺς Κελτούς ἀπὸ τῆς ἄκρας ὅτε τῷ Καπιτωλίῳ νυκτὸς ἐπέθεντο καὶ διὰ τοῦτο
Καπιτωλῖνος ἐπικληθείς. Aulo Gelio (Noches áticas, 17.2.14): “nam Marcus,” inquit, “Manlius,
quem Capitolium seruasse a Gallis supra ostendi cuiusque operam cum M. Furio dictatore apud
Gallos cumprime fortem atque exsuperabilem respublica sensit, is et genere et ui et uirtute
bellica nemini concedebat.”, Aulo Gelio (ibid.,17.21.24): et M. Manlius Romae, qui Gallos in
obsidione Capitolii obrepentes per ardua depulerat.
165
MOMMSEN [Römische Forschungen, cit., p 183] cree que estamos ante el relato arquetípico,
no de los analistas, sino de las “historias de familia”; caracteres a favor de esta idea son el tono
romántico e individualista del relato y, sobre todo, el hecho de que se relaten las hazañas de un
simple soldado raso. El autor alemán añade que si aún Catón hizo un relato de la historia
primitiva de Roma sin nombre, al contrario que este relato, que se supone de época arcaico
republicana, dicha historia no puede ser sino una invención familiar por encargo. BELOCH
[(1926), Römische Geschichte bis zum Beginn dar Punischen Kriege, Berlín p 321] va más allá al
hablar de mito etiológico respecto al relato, el cual habría sido urdido a partir del apodo
“Capitolino”. MÜNZER [(1928), “Manlius”, RE 14 p 1171] quiere zanjar el tema de la historicidad
de Manlio y sus hazañas al afirmar que el dato de que Manlio vivía en el Capitolio es “seguro y
simple”, por tanto se entiende que defendiese la colina Capitolina durante la invasión.
166
Livio, Historia de Roma, 6.2.3
73
magistratibus consilia communicare). 167 Plutarco
manifiesta por su parte que Manlio era de quienes más
envidiaban a Camilo, y al no encontrar la forma de
superarlo, trató de hacerlo por medio de la tiranía, a
través del apoyo popular. 168
167
Ibid., 6.11.6-7
168
Plutarco, Camilo, 36.2-3. ἦν δὲ τῶν διαμαχομένων αὐτῷ καὶ προσφθονούντων
ἐπιφανέστατος Μᾶρκος Μάλλιος (…) καὶ μὴ δυνάμενος τὸν Κάμιλλον ἀπὸ τοῦ βελτίστου
τρόπου τῇ δόξῃ παρελθεῖν, ὑπόθεσιν τυραννίδος ἐποιήσατο κοινὴν καὶ συνήθη, δημαγωγῶν
τοὺς πολλούς.. En opinión de GAGÉ [(1977), “Enquetes sur les structures sociales”, LATOMUS
152 p 547], esta supuesta rivalidad no es sino la transposición a épocas muy pretéritas de
rivalidades entre los Manlii y los Furii, muy posteriores. MOMMSEN [Römische, cit., pp 177-178
]se había percatado de que la analística ulterior, con el fin de engrandecer su papel en su
castigo por seditio, habría alterado el marco cronológico de los acontecimientos, trasladando la
muerte de Manlio del 385 (fecha en que se supone que fue realmente ejecutado) al 384 a.C.,
año en que ostentaría el tribunado militar con poder consular.
169
Livio, Historia de Roma, 6.14.1-2
74
gratiam referant). 170 También hizo un reparto de sus
tierras. 171 Tras este y otros actos de populismo, la
plebe parecía pertenecer ya a un solo hombre (His
uocibus instincta plebis cum iam unius hominis
esset). 172 El historiador romano 173 cuenta que Manlio
mantenía reuniones secretas en su casa, en las cuales
acusaba abiertamente a los senadores de haberse
quedado con el oro arrebatado a los galos 174 tras su
invasión en el 390 a.C. (..ad hoc domi contionantis in
170
Ibid., 6.14.4: “Entonces, realmente, habré salvado inútilmente con esta diestra el Capitolio y
la ciudadela, si he de ver a un conciudadano mío, a un camarada de armas conducido a los
hierros de la esclavitud, cautivo como si los galos fueran vencedores”, (trad. José Antonio Villar
Vidal, 1990). Pagó Manlio al acreedor de un general insigne por sus hazañas militares, pero que
había sido condenado por deudas (Ibid., 6.14.3-6): Centurionem, nobilem militaribus factis,
iudicatus pecuniae cum duci uidisset .. Inde rem creditori palam populo soluit libraque et aere
liberatum emittit. También puso a la venta en subasta pública la finca más importante de su
patrimonio, para que nadie fuese puesto a disposición judicial por no poder hacer frente a
deudas (Ibid., 6.14.10-11): Fundum in ueienti, caput patrimonio, subiecit praeconi, “ne quem
uestrum” inquit, “Quirites, donec quicquam in re mea supererit, iudicatum addictumue duci
patiar”.
171
En cuanto a la falta de tierras, los cronistas de la República tardía bien pudieron trasladar al
pasado los males de su tiempo, cuando la nobleza poseía entonces la mayor parte del ager
publicus: ENNES [Verdad y leyenda, cit., p 101] pone un ejemplo de esta situación de la tierra a
finales de la República, a través de un pasaje de Salustio (Yugurta., 49) Praedes bellias
imperatores cum paucis diripiebant. A pesar de todo no podemos dudar de la ayuda (interesada
o no) de Manlio a los deudores, y reconocer también la crudeza del nexum en el s. IV a.C.
172
Livio, Historia de Roma, 6.14.9
173
Pese a que no se niega la exactitud histórica del personaje y el acontecimiento, la versión de
Livio contiene anacronismos, transferencias griegas e inconsistencias: sabemos que fue un
objetivo fundamental en su obra dejar ejemplos de conducta (Prefacio, 10: Hoc illud est
praequipue in cognitione rerum salubre ac frugiferum, omnis te exempli documenta in ilustri
posita monumenta intuerit; inde tibi tuaeque rei publicae quod imitere capias, inde foedum
inceptu foedum exitu quod uites, “Lo saludable y fructífero con respecto al conocimiento de los
hechos es, sobre todo, que tú pienses en las enseñanzas de todo ejemplo puestas en un
testimonio ilustre; que concibas, de un lado, cuál ejemplo imitar para tu bien y para el de tu
República; de otro, cuál evitar como repugnante en su comienzo como repugnante en su final”,
(trad. José Antonio Villar Vidal, 1990). El exemplum que Livio pretende mostrar en el caso de la
seditio Manliana es que la gente conozca las desgracias que comporta el deseo de reinar para
quien lo anela y conspira para conseguirlo [LÓPEZ CRUZ, (2014), “La seditio Manliana: un
exemplum ficticio (Livio, 6.11 y 14-29), Nova Tellus 31 p 268]; [HINOJO, (1997-1998), “El léxico
político romano: speciosa verba”, Voces 8-9 p 197]. Por su parte ALFREDO VALVO [(1983), La
sedizione de Manlio Capitolino in Tito Livio, Milánp 38] sostiene que el relato de Livio tiene un
marcado carácter filo oligárquico e igualmente hostil a Manlio.
174
En opinión de ENNES [Verdad y leyenda, cit., p 101] el texto se resiente de una serie de
aportaciones posteriores, tales como la leyenda del thesaurum Gallicum, de la cual GAGÉ
[Enquetes sur, cit., pp 563-564] dice, es poco creíble, sobre todo en una época en la que pocos
tesoros podía tener Roma, una ciudad en la que por entonces se podían otear sus conquistas
desde la cima de la Urbs.
75
modum sermones pleni criminum in patres; inter quos
[cum] omisso discrimine uera an uana iaceret, tesauros
Gallici auri occultari a patribus iecit..). 175 La
insólita revelación del robo de un oro que, arrebatado
al enemigo, parecía haber ido al bolsillo de unos
pocos, indignó a la plebe, la cual preguntó
insistentemente desde entonces dónde de ocultaba
tamaña sustracción (Itaque exsequebantur quaerendo ubi
tantae rei furtum occultaretur). 176 Tal acusación era
muy grave, y en este sentido se la tomó el más
perjudicado, el Senado, quien de la mano del dictador
Cornelio Coso, ordena a Manlio que se presente ante
éste. De esta manera, en relación al asunto del oro el
dictador advierte a Manlio, “Quod nisi facis, siue ut
et ipse in parte praedae sis siue quia uanum indicium
est, in uincula te duci iubebo nec diutius patiar a te
multitudinem fallaci spe concitari. 177 Así, si bien el
dictador invita a Manlio a acabar con la supuesta
usura que se abate sobre la plebe de Roma, parece que
el tema no le reporta especial preocupación. En
cambio, Coso es rotundo al exigir al héroe que, o
demuestra lo dicho con respecto al oro y sus supuestos
captores, o será encarcelado. La respuesta de Manlio,
a modo de pregunta, es desafiante: Cur enim quaeritis
quod scitis?, y termina afirmando, Itaque non ego
uobis ut iudicem praedas uestras, sed uso id cogendit
estis ut in medium proferatis. 178 Tras esto, Coso,
viendo que Manlio seguía lanzando el dedo acusador,
175
Livio, Historia de Roma, 6.14.11
176
Ibid., 6.14.13
177
Ibid., 6.15.5-6: “(…) te conmino, Marco Manlio, a que liberes de la usura a la plebe romana y
hagas rodar de encima de su presa clandestina a esos que están cubriendo con su cuerpo los
tesoros públicos. Si no lo haces, bien por tener tú mismo parte en el botín o bien por carecer de
base la denuncia, ordenaré que te lleven a la cárcel y no consentiré por más tiempo que
concites a la multitud con una esperanza engañosa”, (trad. José Antonio Villar Vidal, 1990).
178
Ibid., 6.15.5-6
76
pero sin aportar prueba alguna, decide encarcelarlo
(Negantem arbitrio inimicorum se locutorum in uincula
duci iussit). 179 Pero el apoyo popular hacia el héroe
era tal, que el relato liviano recoge cómo el pueblo
vistió desde entonces de luto y se dejaron crecer los
individuos pelo y barba (Coniecto in carcerem Manlio
satis constat magna partem plebis restem mutasse,
multos mortales capillum ab barbam promisisse), 180
mientras que algunas gentes, cada vez más, acabaron
por apostarse frente a la cárcel, hasta tal punto que,
iam ne nocte quidem turba ex eo loco dilabebatur
refracturosque carcerem minabantur. 181 El Senado,
temeroso ante la actitud del pueblo, decide excarcelar
a Manlio (Manlius uinculis liberatur). Livio dice que
la seditio no empieza aquí, sino que ésta ya estaba en
marcha, y lo único que se hizo con la excarcelación
fue darle al movimiento un líder (quo facto non
seditio finita sed dux seditioni datus est). 182 Los
movimientos pro revolucionarios de Manlio continuaron.
Éste sigue enardeciendo a la plebe con su discurso, y,
si bien comienza con la acusación del robo del tesoro
galo, patrimonio de todo el pueblo romano, y la
presión insoportable que los usureros ejercen sobre la
plebe, acaba dando el paso mostrando sus verdaderas
intenciones: hacer ver a la plebe que ésta está
sometida al patriciado, debiendo poner fin a dicho
dominio (Tam paruus animus tanti populi est ut semper
uobis auxilium aduersus inimicos satis sit nec ullum,
nisi quatenus imperari uobis sinatis, certamen
179
Ibid., 6.16.1
180
Ibid., 6.16.4
181
Ibid., 6.17.6
182
Ibid., 6.17.6
77
aduersus patres noritis?). 183 Tras esto, Manlio se auto
proclama patrono de la plebe (Ego me patronum
profiteor plebis). 184 Y es a partir de entonces cuando
Livio dice que se empieza a hablar sobre una vuelta a
la Monarquía, pese a que él mismo reconoce, sed nec
cum quibus nec quam ad finem consilia pervenerit,
satis planum traditor. 185 Otros autores antiguos
recogen también la aspiración tiránica. 186
183
Ibid., 6.18.10: “¿Tan poco coraje tiene tan gran pueblo, que siempre os es suficiente con que
os ayuden contra vuestros enemigos particulares, y no conocéis ninguna lucha contra los
patricios, a no ser acerca de los límites dentro de los cuales consentís que se os domine?, (trad.
José Antonio Villar Vidal, 1990).
184
Ibid., 6.18.14: “Ego me patronum profiteor plebis, quod mihi cura mea et fides nomen induit:
uos si quo insigni magis imperii honorisque nomine uestrum appellatibis ducem, eo utemini
potentiore ad obtinenda ea quae uoltis. Inde de regno agendi ortum initium dicitur; sed nec cum
quibus nec quem ad finem consilia peruenerit, satis planum traditur”, “Yo me proclamo patrono
de la plebe, título de que me invisten mis desvelos y mi lealtad. En caso de que vosotros llaméis
a vuestro jefe con un nombre que haga resaltar en mayor medida su autoridad y su honor, lo
haréis más poderoso en orden a lograr lo que queréis. A partir de ahí se comenzó, dicen, a
tratar acerca de la Monarquía; pero la tradición no es suficientemente explícita en lo que se
refiere a con quiénes y hasta qué punto se desarrolló el plan”, (trad. José Antonio Villar Vidal,
1990).
185
Ibid., 6.18.16
186
Dión Casio, Historia romana, 7.25.26: Καπιτωλῖνος μὲν οὖν τοσοῦτον τὸ διαλλάσσον κἀν τοῖς
τρόποις κἀν τῇ τύχῃ ἔσχεν: τά τε γὰρ πολέμια ἀκριβώσας εἰρηνεῖν οὐκ ἠπίστατο, καὶ τὸ
Καπιτώλιον ὃ ἐσεσώκει κατέλαβεν ἐπὶ τυραννίδι. “Tan profunda fue, pues la transformación
experimentada por Capitolino, tanto en sus maneras como en la suerte. Pues así como dominó
con certeza los asuntos militares, no supo vivir en paz y el Capitolio que había salvado lo retuvo
de forma tiránica”, (trad. Domingo Plácido Suárez, 2004). Plutarco (Camilo, 36.2): καὶ μὴ
δυνάμενος τὸν Κάμιλλον ἀπὸ τοῦ βελτίστου τρόπου τῇ δόξῃ παρελθεῖν, ὑπόθεσιν τυραννίδος
ἐποιήσατο κοινὴν καὶ συνήθη, δημαγωγῶν τοὺς πολλούς. “Como no podía superar a Camilo en
gloria del modo más noble, recurrió a un intento común y habitual de erigirse en tirano,
ganándose con demagogia a la muchedumbre.” (trad. Domingo Plácido Suárez, 2004). Dionisio
de Halicarnaso (Historia antigua de Roma, 14.4): ..κινδυνεύων διὰ τυραννίδος ἐπίθεσιν
ἀπολέσθαι, “.. al correr peligro de muerte por un intento de tiranía (…)”. Aulo Gelio, Noches
áticas, 17.21.24: ..convictus est consilium de regno ocupando...
78
facimus, quod ciuitatis esse aduersus unum pestiferum
ciuem debet?”, 187 pero la justificación del proceso a
Manlio viene cuando los tribunos se preguntan el por
qué atacar a la plebe juntamente con el héroe, cuando
se le puede abordar en solitario por medio de la
propia plebe (Quid cum plebe aggredimir eum quem per
ipsam plebem titius agredi). 188 Es tras esto que los
tribunos sentencian, “Diem dicere ei nobis in animo
est”, lo cual solo nos puede llevar a pensar que la
acusación de adfectatio regni interpuesta a Manlio es
una pura falsedad, una argucia del patriciado para
neutralizar los planes desestabilizadores que Manlio
pretendía llevar a cabo por medio de la plebe. 189 Los
tribunos, en un claro ejemplo de lo que debió ser su
verdadero quehacer –el cual no consistió por regla
general a lo largo de los siglos en defender los
intereses plebeyos, sino en actuar en connivencia con
el Senado- planearon el engaño a la plebe haciendo ver
a ésta que era el propio Manlio quien quería privarles
de libertad por medio de la tiranía (Nihil minus
populare quam regnum est. Simul multitudo illa non
secum certari uiderint et ex aduocatis iudices facti
erunt et accusatores de plebe patricium reum
intuebuntur et regni crimen in medio, nulli magis quam
libertati fauebunt quae). 190
187
Livio, Historia de Roma, 6.19.6
188
Ibid., 6.19.6
189
El ideal de la sociedad romana fue mantener la unidad ciudadana y defender sus intereses.
Pero el interés general no era otro que el establecido por los antepasados a través del mos
maiorum [PINA, (2000), “Concordia y libertas como polos de referencia religiosa en la lucha
política de la República tardía,” Gerion 18 p 268]. Cualquier cambio podía poner en peligro la
libertas y la res publica. Pero las clases dirigentes equiparan el bien común con el suyo propio.
En este contexto, toda acción favorable a la plebe (reparto de tierras, condonación de deudas,
venta de cereal a bajo coste) se vio como una amenaza a la República por ser contraria a los
intereses aristocráticos [LÓPEZ CRUZ, La seditio, cit., pp 124-125].
190
Ibid., 6.19.7: “Nada hay menos popular que la Monarquía. Tan pronto como la multitud vea
que no es contra ella con quien se lucha, y que de defensores pasan a jueces, y que tienen ante
79
Llegado el juicio, es Livio quien vuelve a
sembrar dudas respecto al cargo de adfectatio regni,
que finalmente se formaliza (Cum dies uenit, quae
praetor coetus multitudinis seditiosasque uoces et
largitionem et fallax iudicium pertinentia proprie ad
regni crimen ab accusatoribus obiecta sint reo, apud
neminem auctorem inuenio). 191 Las tres acusaciones 192
(las reuniones secretas, 193 palabras sediciosas 194 y
falsa denuncia), 195 pese a que Livio las considera
los ojos unos acusadores plebeyos y un acusado patricio, y delante de sí un delito de realeza,
actuarán a favor de su propia libertad más que de ninguna otra cosa”, (trad. José Antonio Villar
Vidal, 1990).
191
Ibid., 6.20.4
192
En opinión de BAUMAN [The Duumviri, cit., p 3], Livio (6.20.4) es incapaz de incluir la seditio,
largitio y el fallax iudicium (los tres cargos que en su opinión podemos encontrar en el caso)
dentro del crimen regni: Cum dies venit, quae praetor coetus multitudinis seditiosasque uoces et
largitionem et fallax iudicium pertinentic proprie ad regni crime ab accusatoribus obiecta sunt
reo, apud reminem auctorem inuenio: “Cuando llegó el día señalado, aparte de las reuniones
multitudinarias, las palabras sedicionas, las larguezas y la falsa denuncia, no encuentro en
ningún historiador ningún cargo que le fuese imputado al acusado por sus acusadores
referente, específicamente, al delito de pretender la monarquía”, (trad. José Antonio Villar
Vidal, 1990). El autor pretende reforzar esta idea de la ausencia de cualquier intento por
catalogar los delitos dentro de cualquier categoría jurídica en otras épocas del derecho romano,
en otro pasaje relativo a lo encomendado a la quaestio Mamilia (Salustio, Yugurta, 40): .. uti
quaereretur in eos quorum consilio Iugurta Senati decreta neglexisset, quique ab eo in
legationibus aut imperiis pecunias accepisent, qui elephantos quique perfugas tradidissent, item
qui de pace aut bello cum hostibus pactiones feccisent: aquí BAUMAN ausencia la referencia
expresa a los delitos de maiestas o peculatus.
193
Para BAUMAN [The Duumviri, cit., p 7] el cargo no parece encajar en ninguna categoría
jurídica, pero en todo caso la pena no podría ser capital.
194
Desde el punto de vista optimate, la seditio constituye algo así como una revolución, en
cuanto que busca conseguir, de forma rápida y violenta, cambios de peso en las estructuras
socio-políticas y económicas del Estado. Ello fue visto por los optimates como una amenaza a su
libertas basada en el respeto a su posición de preminencia apoyada en el mos maiorum [PINA,
Concordia, cit., p 268]. LÓPEZ CRUZ [La seditio, cit., p 126] sostiene que Livio, al no poder
explicar en su narración la existencia de una seditio (Historia de Roma, 6.20.4), decide modelar
el retrato moral en torno a Manlio, creando un hombre desequilibrado por su ambición: lo
define como qui nimius animi, “altanero” que desprecia a los hombres importantes de la ciudad
(alios principes sperneret) (Ibid., 6.20.11). Su orgullo desmedido (his opinionibus inflato animo)
se suma a otro defecto en su carácter (uehemens et impotens): impotens designa, según LUQUE
MORENO [(2009), “Impotens: ¿impotente o prepotente?”, REL 9 pp 63-65] la incapacidad del
individuo para controlar sentimientos y pasiones, lo que lleva al desenfreno. Sin embargo, para
ALFREDO VALVO, La sedizione, cit., p 29] parece claro que la acusación de Manlio a los patricios
de haberse quedado con los tesauros Gallici (Ibid., 6.14.11) fue la verdadera causa de la seditio.
Como expone BAUMAN aquí el delito en el que caerían los senadores sería de peculatus, y es
por ello por lo que se acusa a Manlio de fallax iudicium.
195
Los cargos de peculatus con los que Manlio acusó al Senado, Cornelio Coso no sólo los negó,
sino que a su vez acusó entonces a Manlio por calumniar [BAUMAN, The Duumviri, cit., p 7]. No
80
menores respecto del cargo de adfectatio regni –el
cual, no nos cansamos de repetir, no llega a poder
justificar el historiador en apartado alguno de su
narración- son la verdadera y única causa del proceso
porque las tres suponen en su materialización un
ataque al Estado, constituyendo una amenaza al poder
constituido, el dominio del patriciado frente a la
plebe. El cargo de aspirar a la tiranía -lo hemos
visto claramente con mofa del tribunado hacia la plebe
incluida- fue una pura farsa, una herramienta para
eliminar a un individuo peligroso para el sistema.
podría haber, según BAUMAN [The Duumviri, cit., p 7] acumulación de cargos en una misma
causa, por lo que los comitia curiata se ocuparían de los cargos capitales, en este caso la seditio,
mientras que los cargos por largitio y fallax iudicium quedarían en manos de los comitia tribata,
resultando de los dos últimos un proceso por multas.
196
HINARD, que ha estudiado los lugares de ejecución en la Roma republicana, dice que el
Campo de Marte, como espacio de ajusticiamiento, tiene mucho simbolismo. Allí se ejecutaba a
los reos de perduellio por ser un espacio de actividad cívica. Sabemos además que el lugar ha
sido en casos especiales punto de ejecuciones, como es el caso de la masacre de prisioneros
samnitas del 82 a.C. Y es que, según HINARD, el lugar de ejecución varía según la naturaleza del
crimen y de quien lo comete [HINARD (1987), “L´Urbs: espace urbain et histoire (1ª siècle au
J.C.- III siècle ap. J.C.),” en: Actes du colloque international de Rome, EFR p 116].
197
Livio, Historia de Roma, 6.20.10
198
Ibid., 6.20.9
81
seguridad del pueblo romano, y por ello, aun hoy día
nos parece clamorosa la acusación de crimen regni:
quizás el héroe simplemente quiso con lo que a Livio
tanto gusta llamar movimientos sediciosos, seguir
cumpliendo con su labor de servicio a la ciuitas,
defendiéndola en este caso de unos enemigos que al
final resultaron ser más poderosos que los galos,
morando además dentro del mismo pomerium.
199
El primer intento, cree TYRRELL [The Duumviri, cit., p 108], se llevó a cabo ante las curias,
pero en el comitium (lugar habitual de reunión de la asamblea), donde nos dice Varrón (Sobre
la lengua latina, 5.155): Comitium ab eo quod coibant eo comitiis curiatis et litium causa.
Plutarco (Camilo, 36.6-7) no cita expresamente al Campo de Marte como lugar del primer
juicio. Livio (Historia de Roma, 6.20.10) sí lo nombra aquí, pero en opinión de TYRRELL [The
duumviri, cit., p 108], este lugar no parece creíble como sede del primer juicio. Para el autor, la
clave del cambio de sede está en que con ello se buscaba que el temor religioso del nuevo
emplazamiento disuadiese a los seguidores plebeyos de Manlio.
200
Para la localización del lugar consultar a PALMER [(1969), “The King of the Comitium”,
Historia 11 pp 34-38], para quien el cambio de emplazamiento lleva a la asamblea curiada,
negando la afirmación de Livio (Historia de Roma, 6.20): ..unde conspectus in Capitolium non
esset.., de que los árboles cortasen la vista del Capitolio, pues de ser así, la existencia de
muchos árboles habría dejado poco espacio para cualquier reunión. El episodio del Capitolio
sería inventado a partir del cognomen de Manlio para explicar el cambio de sede. La
celebración de asambleas en bosques apunta a la asamblea curiada: era una asamblea
estrechamente ligada a los patricios, mientras el bosque proporciona protección y presta
autoridad religiosa para sus actuaciones [PALMER, The King, cit., pp 32-40].
201
Livio, Historia de Roma, 6.20.11
82
anquirerent creatos, auctores sint damnatum: 202 sin
embargo, sólo podemos ver la afirmación como una
constatación de lo que el proceso en sí fue: una causa
por perduellio, pues dicho crimen, lejos de seguir
unas líneas y unos supuestos rígidamente establecidos,
permitió un amplio margen de actuación. Hemos
convenido que la perduelllio constituyó como delito el
ataque a la comunidad romana en su conjunto –siendo el
concepto “conjunto” cuestionable, cuanto menos en este
proceso concreto -: y a Manlio se le juzgará por ello,
por intentar dinamitar las estructuras del Estado
despertando las conciencias de esa masa tan
manipulable. Pero ¿hemos leído esto realmente en
Livio? ¿Atacó Manlio a la comunidad romana en su
conjunto, o a una parte? Aquí está la clave no sólo
del proceso, sino del delito de perduellio. Manlio
atacó efectivamente a los poderes del Estado -al
Senado y al patriciado-, ese grupo de no más de
cincuenta familias que en Roma se repartían el poder
por entonces, y en adelante. Ellos eran únicos
integrantes y representantes del verdadero Estado,
hecho que Manlio trató de hacer ver también a la
plebe, pero el poder actuó para neutralizar el
peligro, y para ello se valió de la perduellio, un
delito que por entonces se había convertido, como
vemos, en una excelente herramienta represiva al
servicio del poder.
202
Ibid., 6.20.11-12
203
Ibid., 6.20.12
83
como en el caso de Horacio, podemos verla como una
mala interpretación del relato liviano, que podría
haber dado por hecho que en el ceremonial de ejecución
el reo, tras haber sido llevado a la Roca por los
tribunos, fuese en cambio luego lanzado por los
lictores, obviando esto último el historiador. El
hecho de que estemos ante una defenestración y no
frente a una uerueratio en el arbor infelix, lejos de
ser una prueba en contra de encontrarnos ante un
proceso de perduellio, refuerza la idea contraria,
pues como venimos defendiendo, estamos ante un crimen
muy versátil, también en cuanto a los modos en que se
castiga. 204
204
Nos unimos aquí a lo dicho por CANTARELLA al respecto [Los suplicios, cit., p 144].
205
Dión Casio, Historia romana, 7.26.2: “Tan profunda fue, pues, la transformación
experimentada por Capitolino, tanto en las maneras como en la suerte. Pues así como dominó
con certeza los asuntos militares, no supo unir la paz, y el Capitolio que había salvado lo retuvo
de forma tiránica, aunque era patricio se convirtió en víctima de la acción de un siervo;
confundido con un guerrero, fue capturado a la manera de un esclavo y arrojado desde la
misma piedra desde la que había rechazado a los galos”, (trad. Domingo Plácido, 2004).
84
Livio cuestiona continuamente en su relato. La
brevedad y pobreza de lo narrado por Casio –al menos
en comparación con Livio-, unido a la aún mayor
lejanía de éste respecto a los hechos, nos lleva a
dudar de la calidad de sus fuentes. Bien es verdad que
la vastedad de su Historia Romana pudo obligar a Casio
a resumir peligrosamente los hechos. Por todo ello, su
información poco puede aportar, siendo lo más
destacable la mención hecha en cuanto al modo de
apresamiento del reo, “confundido con un guerrero” y
“capturado a la manera de un esclavo”, para luego ser
defenestrado. El modo de ejecución coincide con el de
Livio, pero sin especificar que el lugar sea la Roca
Tarpeya, sino el que había sido escenario de la
(..κατά τε τῆς πέτρας αὐτῆςἀφ᾽ ἧς τοὺς Γαλάτας ἀπεώσατο
ἐρρίφη). Plutarco 206 hace una narración idéntica a la
de Livio, si bien más resumida. Cuenta cómo Manlio
enciende a la plebe contra la oligarquía valiéndose de
las acusaciones de usura contra los avariciosos ricos.
Nada comenta en cambio del robo del oro galo por parte
del Senado, hecho importante en Livio. Tampoco entra
en los pormenores del juicio. Por su parte, Dionisio
de Halicarnaso da peso al intento de tiranía
(..κινδυνεύωνδιὰ διὰτυραννίδος ἐπίθεσιν ἀπολέσθαι..) 207
y a las palabras de Manlio durante su procesamiento,
cuando señalando al lugar de su gesta, pregunta a los
presentes si ni siquiera tal hecho podría salvarlo
(οὐδ᾽ ἐκεῖνος ὁ τόπος ἱκανὸς ἔσται μεσῶσαι, ὃν ὑπὸ τῶν β
αρβάρων κρατηθέντα διέσωσα ὑμῖν ἐγώ).
206
Plutarco, Camilo, 36
207
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 14.4.1
85
Dionisio sostiene una novedad, que tras estas
palabras lo dejaron libre pero luego lo mataron (τότε
μὲν οὖν συμπα θήσαντεςἀφῆκαν αὐτόν, ὕστερον δὲ
κατὰ κρημνοῦ ἐρρίφη). La única explicación a esta
excarcelación fugaz que al parecer se le da a Manlio,
puede estar relacionada con la salida de prisión que
se le concede a través de un senatus consultum, de la
cual nos habla Livio, 208 y de ahí que en este brevísimo
relato del proceso Dionisio haya podido mezclar la
información. El hecho es que, junto con el resto de
fuentes hasta ahora vistas, Dionisio también habla de
defenestración. Aulo Gelio afirma sobre Manlio:
conuictus est consilium de regno ocupando, 209 pero en
relación a la ejecución es el primer autor que nos
habla de dos teorías sobre la materialización de la
misma, pues recogiendo a Varrón sostiene,..inisse
damnatusque capitis saxo Tarpeio, mientras que citando
a Cornelio Nepote expone, uerberando necatus est: el
reo habría muerto, o bien defenestrado, o bien
apaleado hasta la muerte.
208
Livio, Historia de Roma, 6.17.6
209
Aulo Gelio, Noches áticas, 17.21.24
210
SANTALUCIA [Osservazioni sui, cit., p 440].
86
Respecto al castigo, éste difiere del de Horacio.
Manlio no morirá por flagelación 211 atado a un árbol,
sino que será defenestrado 212 desde la Roca Tarpeya. 213
Poco sabemos de los pormenores de su ejecución, aparte
de lo dicho por las fuentes, pues la romanística le ha
prestado poca atención: de los que más han trabajado
sobre el castigo de la perduellio, Oldfather, emplea
las fuentes de una manera interesada y esconde la
defenestración de Manlio, dando protagonismo a su
211
OLDFATHER [Livy I.26, cit., p70] nos dice que Manlio uerberando necatus est (Aulo Gelio,
Noches áticas, 17.21.24), recogiendo de una forma un tanto intencional una de las dos formas
de ejecución que dice Aulo Gelio pudo haber sufrido Manlio. El texto completo es: ..inisse
damnatusque capitis saxo Tarpeio, ut M. Varro ait, praeceps datus, ut Cornelius autem Nepos
scriptum religit, uerberando necatus est. Por tanto, también se habla de una defenestración,
que puede ser la ejecución más probable, pues es la que comparten el resto de fuentes que nos
informan del suceso.
212
Livio, Historia de Roma, 6.20.12-13: Tribuni se saxo Tarpeio deiecerunt locusque idem in uno
nomine et eximiae gloriae monumentum et poenae ultimae fuit. Plutarco (Camilo, 36.7):
Μάλλιος ἁλοὺς εἰς τὸ Καπιτώλιον ἀπήχθη, καὶ κατὰ τῆς πέτρας ὠσθεὶς τὸν αὐτὸν τόπον ἔσχε
καὶ τῶν εὐτυχεστάτων ἔργων καὶ τῶν μεγίστων ἀτυχημάτων μνημεῖον. Dionisio de Halicarnaso,
Historia antigua de Roma, 14.4: ..τότε μὲν οὖν συμπαθήσαντες ἀφῆκαν αὐτόν, ὕστερον δὲ
κατὰ κρημνοῦ ἐρρίφη... Aulo Gelio (Noches áticas, 17.21,24): habla de dos posibles ejecuciones,
o bien muerte a varetazos, o bien defenestración. Pero parece menos probable la idea de una
fustigación, pues el resto de autores no la contempla. Solo cabría pensar en ella como una pena
accesoria en todo caso. Dión Casio (Historia romana, 7.26.3): ὅτι ὁ Καπιτωλῖνος κατεκρημνίσθη
ὑπὸ τῶν Ῥωμαίων. Diodoro de Sicilia parece aquí el verso suelto pues él habla de una muerte
violenta y, además, sin juicio de por medio (Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, 15.35.3):
ἅμα δὲ τούτοις πραττομένοις κατὰ τὴν Ἰταλίαν ἐν τῇ Ῥώμῃ Μάρκος Μάνλιος ἐπιβαλόμενος
τυραννίδι καὶ κρατηθεὶς ἀνῃρέθη. Esta última versión, junto con la doble de Aulo Gelio,
constituye para MAGDELAIN [Remarques, cit., p 505] la prueba de que el proceso a Manlio
Capitolino es, al igual que el de Horacio, legendario. Según DE SANCTIS [(1960), Storia dei
RomaniII, Firenze p 184], la versión de Diodoro de Sicilia sería la más antigua, pero de ser así,
extraña que el resto de fuentes, se supone posteriores, ignoren completamente la suya.
213
De la etimología de la Roca nos habla Varrón (Sobre la lengua latina 5.41): Hic Mons (Colina
Capitolina) ante Tarpeius dictus a uirgine Uestale Tarpeia, quae ibi ab Sabinis necata armis et
sepulta; quoius nominis monumentum relictum, quod etiam nunc eius rupes Tarpeium
appellatur, “Este monte antes recibió la denominación de Tarpeius “Tarpeyo” por el nombre de
la virgen vestal Tarpeya (Tarpeia), que allí fue aplastada por los sabinos con sus armas y
enterrada, y ha quedado el recuerdo de su nombre, porque aún ahora su roca es denominada
Tarpeium saxum “la Roca Tarpeya”, (trad. Luis Alfonso Hernández Miguel, 1998). Plutarco
(Rómulo, 18.1) dice: τῆς μέντοι Ταρπηίας ἐκεῖ ταφείσης, ὁ λόφος ὠνομάζετο Ταρπήιος, ἄχρι οὗ
Ταρκυνίου βασιλέως Διὶ τὸν τόπον καθιεροῦντος ἅμα τά τε λείψανα μετηνέχθη, καὶ τοὔνομα
τῆς Ταρπηίας ἐξέλιπε: πλὴν πέτραν ἔτι νῦν ἐν τῷ Καπιτωλίῳ Ταρπηίαν καλοῦσιν, ἀφ᾽ ἧς
ἐρρίπτουν τοὺς κακούργους, “Sin duda, porque allí fue enterrada Tarpeya, la colina recibió el
nombre de Tarpeya, hasta que el Rey Tarquinio consagró el lugar a Zeus y, junto con el traslado
de sus restos, también perdió el nombre de Tarpeya; sólo que todavía hoy a una roca del
Capitolio la llaman Tarpeya, desde la que despeñaban a los delincuentes”. (trad. Aurelio Pérez
Jiménez, 2011).
87
posible muerte a varetazos, pese a que sólo Aulo Gelio
lo recoja, y con dudas, mientras que Briquel pasa por
alto el caso y se centra en la fustigación como forma
única de castigo de la perduellio. Bellini se aventura
a decir que cuando no se temía que los restos del reo
contaminasen el ambiente, se podía emplear la
crematio, o, y este es el caso, la praecipitatio e
saxo: lanzamiento desde la Roca Tarpeya. 214 Pero esta
teoría de evitar la contaminación por el derramamiento
de sangre ya había sido desechada por Briquel. 215 Ante
las sombras que hay respecto a la ejecución, se hace
necesario acudir a otros ajusticiamientos también por
praecipitatio e saxo registrados en las fuentes. Es
significativo el caso de Espurio Casio, 216 quien tras
214
BELLINI, Delicta, cit., p. 116. Esta idea es también expuesta por BRASIELLO [(1967), NNDI 12
p 812]. Y por PIGANIOL [(1916), Essai sur les orígenes de Rome, París pp. 149-150]: para el autor
la pena tendría carácter de ordalía.
215
La idea de emplear en el parricidium la pena del saco para remediar la anomalía que
constituye el asesinato de parientes, pero sobre todo para evitar cualquier derramamiento
contaminante de sangre, parecería aceptable dentro de un crimen que se supone de gran
gravedad. No estamos en condiciones de dudar de los aspectos técnicos de esta pena, pero sí
de su función: BRIQUEL se pregunta qué pasa en el caso de la perduellio, un crimen que es
también especialmente grave pero en el que, sin embargo, el reo sería muerto a varetazos, esto
es, con derramamiento de sangre [BRIQUEL, Sur le mode, cit., pp 94-95].
216
Dionisio de Halicarnaso (Historia antigua de Roma, 8.77) nos cuenta que los cuestores Cesón
Fabio y Lucio Valerio Publícola acusaron a Espurio Casio ante el pueblo de haber querido llevar
a cabo una reforma agraria revolucionaria y contraria a los intereses de los ciudadanos
romanos, en favor de latinos y hérnicos, que al parecer saldrían más beneficiados de la misma
y, más grave aun, de ambicionar la tiranía (τυραννίδος): συνάγειν ὄντες κύριοι, τὸν
ὑπατεύσαντα τῷ πρόσθεν ἐνιαυτῷ Σπόριον Κάσσιον καὶ τολμήσαντα τοὺς περὶ τῆς διανομῆς
εἰσηγήσασθαι νόμους εἰσήγγειλαν εἰς τὸν δῆμον ἐπὶ τυραννίδος αἰτίᾳ: καὶ προειπόντες ἡμέραν
ῥητὴν ἐκάλουν αὐτὸν ὡς ἐπὶ τοῦ δήμου τὴν δίκην ἀπολογησόμενον. En su deseo de hacer
públicas las posesiones comunes de la ciudad, según Dionisio, Espurio Casio habría querido
llevar a cabo la tarea de forma autoritaria, sin contar con la preceptiva aprobación y
participación del Senado (..πρὸς δὲ τούτοις διεξῄεσαν, ὅτι δημεῦσαι τὰ κοινὰ τῆς πόλεως
ἐπιβαλόμενος οὔτε τῆς βουλῆς ψηφισαμένης οὔτε τῷ συνυπάτῳ δοκοῦν, βίᾳ κυροῦν ἐμέλλησε
τὸν νόμον, ὃς οὐ καθ᾽ ἓν τοῦτο μόνον ἦν ἀσύμφορός τε καὶ ἄδικος..). Para probar el intento de
tiranía, los cuestores presentaron “pruebas secretas”: latinos y hérnicos habrían entregado
armas a Espurio Casio. Además, los jóvenes de estas regiones se habrían reunido con él con
“planes secretos” (μετὰ τοῦτ᾽ ἤδη καὶ τὰς ἀπορρήτους τῆς τυραννίδος παρείχοντο πίστεις, ὡς
χρήματά τε συνενέγκαιεν αὐτῷ Λατῖνοι καὶ Ἕρνικες καὶ ὅπλα παρασκευάσαιντο καὶ
συμπορεύοιντο ὡς αὐτὸν οἱ θρασύτατοι τῶν ἐν ταῖς πόλεσι νέων ἀπόρρητά τε ποιούμενοι
βουλευτήρια καὶ πολλὰ πρὸς τούτοις ἕτερα ὑπηρετοῦντες). Tal era el odio que la palabra
tiranía generaba entre los romanos que condenaron a Casio a muerte, (8.78.5): οὕτως τ᾽ ἄρα ἦν
πικρὸς πρὸς τὸ τῆς τυραννίδος ὄνομα, ὥστ᾽ οὐδ᾽ ἐν τῷ τιμήματι τῆς δίκης μετρίᾳ ὀργῇ
88
ser acusado de adfectatio regni es, según todas las
fuentes, salvo algún matiz, 217 precipitado desde la
Roca Tarpeya. Las fuentes recogen otros
defenestramientos o intentos de los mismos para otros
delitos. 218 Las XII Tablas recogen también el
ἐχρήσατο πρὸς αὐτόν, ἀλλὰ θανάτου ἐτίμησεν. Tras ser condenado, es precipitado desde la
Roca Tarpeya (8.78.5): τοῦτο τὸ τέλος τῆς δίκης λαβούσης ἀγαγόντες οἱ ταμίαι τὸν ἄνδρα ἐπὶ
τὸν ὑπερκείμενον τῆς ἀγορᾶς κρημνόν, ἁπάντων ὁρώντων ἔρριψαν κατὰ τῆς πέτρας. αὕτη γὰρ
ἦν τοῖς τότε Ῥωμαίοις ἐπιχώριος τῶν ἐπὶ θανάτῳ ἁλόντων ἡ κόλασις: “Después de que el juicio
tuviera este resultado, los cuestores condujeron al hombre al precipicio que estaba situado
sobre el Foro y a la vista de todos lo arrojaron desde la Roca. Este era, en efecto, el castigo
tradicional entre los romanos de entonces para los condenados a muerte”, (trad. Almudena
Alonso, Carmen Seco, 1989). Espurio Casio es defenestrado desde la Roca. Pero Dionisio conoce
también otra versión de la ejecución, si bien cree es menos convincente y hay que conceder
mayor credibilidad a la primera. En ella sería el padre de Casio quien lo llevaría ante el Senado,
siendo su delator y acusador: Luego de ser condenado, el padre habría llevado a su hijo a casa y
lo habría ejecutado (Historia antigua de Roma, 8.79.1-2): ..ἔπειτα κελεύσας ἐλθεῖν τὸν υἱὸν
μηνυτής τε καὶ κατήγορος αὐτοῦ ἐγένετο: καταγνούσης δὲ καὶ τῆς βουλῆς ἀγαγὼν αὐτὸν εἰς
τὴν οἰκίαν ἀπέκτεινε.. Cicerón (Sobre la República, 35.60) es muy escueto respecto al suceso,
pero también habla del intento de Casio de ocupando regno molientem, y se decanta a la hora
de su acusación por la segunda teoría de Dionisio de Halicarnaso (Historia antigua de Roma,
8.70) aquí ya expuesta (cum pater in ea culpa esse conperisse se dixisset) .. (cedente populo
norte mactauit). Al igual que el orador, Diodoro de Sicilia recoge que Espurio Casio fue
ejecutado, sin especificar el modo, por tratar de instaurar la tiranía, (Biblioteca histórica,
11.37.7): Σπόριος δὲ Κάσσιος, ὁ κατὰ τὸν προηγούμενον ἐνιαυτὸν ὑπατεύσας, δόξας ἐπιθέσθαι
τυραννίδι καὶ καταγνωσθείς, ἀνῃρέθη. Livio (Historia de Roma, 2.41.11) hace una lectura del
relato que es interesante (inuenio apud quosdam, idque propius fidem est, a quaestoribus
Caesone Fabio et L. Ualerio diem dictam perduellionis, damnatumque populi iudicio, dirutas
publice aedes, “Según encuentro en algunos autores, y esto me parece más verosímil, los
cuestores Cesón Fabio y Lucio Valerio lo acusaron de alta traición, en el juicio el pueblo lo
condenó e hizo destruir su casa”, (trad. José Antonio Villar Vidal, 1990). Livio también menciona
a los cuestores, pero en vez de referirse a un crimen regni, habla de perduellio. Y entendemos
con ello que se referirá a una noción más general de delito de alta traición, pues conoce el
autor el delito de crimen regni, y como perduellio lo cataloga. En realidad, en el caso de Casio
estamos ante un delito de perduellio no flagrante, llevado por ello por la vía ordinaria, esto es,
ante los comicios populares.
217
Hemos referido cómo Dionisio de Halicarnaso (Historia antigua de Roma, 8.79) nos habla de
una segunda teoría en la que el padre de Casio le acusa y ejecuta, aunque el propio Dionisio le
da poca credibilidad.
218
Dionisio de Halicarnaso (Historia antigua de Roma, 7.35.3) menciona la condena a muerte de
Marcio por haber agredido a los ediles que estaban encomendados para enviarlo ante un
tribunal: συνήργουν δ᾽ αὐτοῖς εἰς τοῦτο καὶ συνελάμβανον οἱ δήμαρχοι, καὶ μάλιστα Σικίννιος
ἐνεδίδου τοῖς βουλήμασι τὰς ἡνίας. τελευτῶν γοῦν, ἐπειδὴ πολλὴν αὐτοῦ καταδρομὴν
ἐποιήσατο καὶ τοὺς θυμοὺς ἐξέκαυσε τῶν δημοτῶν, πολὺς ἐμπνεύσας τῇ κατηγορίᾳ τέλος
ἐξήνεγκεν, ὅτι θάνατον αὐτοῦ καταψηφίζεται τὸ ἀρχεῖον τῆς εἰς τοὺς ἀγορανόμους ὕβρεως
ἕνεκεν, οὓς τῇ προτέρᾳ τῶν ἡμερῶν ἄγειν αὐτὸν κελευσθέντας ὑφ᾽ αὑτῶν τύπτων ἀπήλασεν:
οὐ γὰρ ἑτέρων τινῶν εἶναι τὸν προπηλακισμὸν τὸν εἰς τοὺς ὑπηρέτας σφῶν γενόμενον ἢ τῶν
κελευσάντων, “Al final, después de hacer un violento ataque contra Marcio e inflamar los
ánimos de los plebeyos poniendo todo su ardor en la acusación, dio a conocer la sentencia: la
magistratura tribunicia lo condenaba a muerte por su insolencia hacia los ediles, a los que el día
anterior, después de que ellos mismos les dieran la orden de traerlo hasta él, rechazado a
89
lanzamiento de la Roca del reo culpable de falso
testimonio y del esclavo culpable de hurto
flagrante. 219 Está claro que estamos ante un tipo de
ejecución excepcional prevista para delitos de
especial gravedad en el ámbito público.
golpes. Dijo que el ultraje a sus servidores no era contra nadie más que contra los que les
habían dado las órdenes”, (trad. Almudena Alonso, Carmen Seco, 1989).Tras esto, Marcio es
inmediatamente enviado a ser precipitado (βάλλειν) (Ibid., 7.35.4): καὶ ταῦτ᾽ εἰπὼν ἐπέταξεν
ἄγειν αὐτὸν ἐπὶ τὸν ὑπερκείμενον τῆς ἀγορᾶς λόφον: ἔστι δὲ τὸ χωρίον κρημνὸς ἐξαίσιος, ὅθεν
αὐτοῖς ἔθος ἦν βάλλειν τοὺς ἐπιθανατίους. οἱ μὲν οὖν ἀγορανόμοι προσῄεσαν ὡς
ἐπιληψόμενοι τοῦ σώματος, οἱ δὲ πατρίκιοι μέγα ἐμβοήσαντες ὥρμησαν ἐπ᾽ αὐτοὺς ἀθρόοι:
ἔπειθ᾽ ὁ δῆμος ἐπὶ τοὺς πατρικίους.., “Y después de pronunciar estas palabras, ordenó que lo
llevaran a la colina que se levanta sobre el Foro. El lugar es un precipicio cortado a pico, desde
donde tienen la costumbre de arrojar a los condenados a muerte. Así pues, los ediles avanzaron
con intención de apresarlo, pero los patricios, dando grandes voces, se lanzaron en masa contra
ellos”, (trad. Elvira Jiménez, Ester Sánchez, 1989). El propio Dionisio nos informa de otro intento
fallido de lanzamiento, en este caso de un pobre lictor, por un “calentón” de ciertos
ordenanzas, (Ibid., 10.31.3): ὑπηρέτην κελευσθεὶς ὑπὸ τῶν ὑπάτων, ἀγανακτήσας ὁ Ἰκίλλιος
καὶ οἱ συνάρχοντες αὐτοῦ, συνέλαβον τὸν ῥαβδοῦχον καὶ ἀπῆγον ὡς ῥίψοντες κατὰ τῆς
πέτρας, “Y cuando uno de los lictores, cumpliendo las órdenes de los cónsules, expulsó a este
ordenanza, Ilicio y sus colegas, indignados, cogieron al lictor y se lo llevaron con intención de
arrojarle desde la Roca”, (trad. Elvira Jiménez, Ester Sánchez, 1988). Plinio (Historia natural,
7.143) comenta: “Sin embargo, en la plenitud de su vida pública, al volver del Campo de Marte
a mediodía, momento en el que están vacíos el Foro y el Capitolio, Gayo Atinio Labeón, que
tenía el sobrenombre de Macerión, tribuno de la plebe a quien aquel como censor había
excluido del Senado, lo arrastró hacia la Roca Tarpeya para que fuese arrojado desde ella”,
(trad. Del Barrio Sanz, García Arribas, Moure Casas, Hernández Miguel, arribas Hernández,
2003). Veleyo Patérculo (Historia romana, 2.24.2) nos da cuenta de una defenestración, ahora
sí, consumada: el tribuno de la plebe Publio Lenate hace arrojar al que fuera el año anterior
tribuno también. Estos solo son algunos ejemplos de precipitación desde la roca.
219
XII Tablas (tab. 8.23): …ex XII tabulis.. qui falsum testimonium dixisse conuictus esset, e saxo
Tarpeio deiceretur, para el falso testimonio; (tab. 8.14): seruos…uerberibus affici et e saxo
praecipitari. La forma de ejecución podría indicar que estamos ante una pena pública, pero
RASCÓN y GARCÍA [(2011), Ley de las XII Tablas, [4ª ED], Madrid p 91] ven esto difícil aun en
época decenviral, por lo que creen más probable que fuese una forma de ejecución inferida
cuando la pena no era impuesta directamente por la autoridad pública ni supervisada por ella,
cuando los tribunos todavía no eran magistrados.
90
maquillada eso sí. Manlio trató de abrir los ojos al
pueblo sobre tal injusticia, poniendo con ello en
peligro esa materialización tan elitista de la
concepción de Estado. Aquí la acusación de crimen
regni, que hemos de incluir como un perfecto supuesto
de perduellio en tanto conjunto de delitos de especial
gravedad que atentan contra el sistema, se configura
como una excelente herramienta política en manos del
reducido círculo del poder: la perduellio es ya
entonces en el s. V un crimen enteramente político.
Pero cuidado, esta percepción política es más intensa
desde nuestros ojos contemporáneos, pues en época
romana la sociedad es muy clasista y hay una
generalizada aceptación del predominio político de las
élites en relación la gestión del Estado; no conocemos
grandes revoluciones plebeyas que hubiesen luchado
para subvertir dicho orden, no al menos mas allá de la
revuelta del 494 a.C., sobre la que incluso la
polémica sigue abierta hoy respecto a su verdadera
naturaleza y alcance. Otros ejemplos de similar
acusación pero menor grado de impacto popular son los
de Espurio Melio, Marco Manlio y, sobre todo, Espurio
Casio; los tres tienen en común haber sido acusados de
crimen regni. Pero lo que sobre todo los une es el
desarrollo de importantes acciones en favor de la
plebe. Fueron castigados como adfectatores regni, pero
sobre todo por su tremenda popularidad. En el relato
de los tres personajes hay similitudes: todos son
personajes destacados de la sociedad romana, y se
ocupan de los problemas de la plebe en tiempos de
crisis, logrando así el apoyo de aquélla a sus
propuestas y su persona. En cambio, cuando el
patriciado los persigue, la plebe los abandona,
91
muriendo violentamente, siendo sus bienes confiscados
–publicatio bonorum- y sus casas arrasadas. 220 Sin
duda, estos procesos debieron ser tratados como casos
de alta traición, perduellio, pero no flagrante, en
los que los reos fueron procesados por la vía
ordinaria en iudicia populi.
223
Floro, Epítome, 2.4.16
224
Apiano, Guerras civiles, 1.4.32
93
salvaría. Dice Apiano que es Mario quien los encierra
en la Curia para tratar con ellos de una forma más
legal (..Μάριος δ᾽, αὐτίκα πάντων αὐτοὺς ἀναιρεῖν
κελευόντων, ἐς τὸ βουλευτήριον συνέκλεισεν ὡς
ἐννομώτερον ἐργασόμενος..). Pero, tal como contó
Floro, la turba no lo aceptó, y dio muerte a los
sitiados en el Senado: una parte de la plebe se habría
encaramado al techo del edificio y con las propias
tejas del mísmo habría aplastado a Saturnino, Glaucia
y, añade Apiano, un cuestor, un tribuno de la plebe y
un pretor que aún conservaban sus cargos (..οἱ δὲ
πρόφασιν τοῦτ᾽ εἶναι νομίσαντες τὸν κέραμον ἐξέλυον τοῦ
βουλευτηρίου καὶ τοὺς ἀμφὶ τὸν Ἀπουλήιον ἔβαλλον, ἔως
ἀπέκτειναν, ταμίαν τε καὶ δήμαρχον καὶ στρατηγόν, ἔτι
περικειμένους τὰ σύμβολα τῆς ἀρχῆς..). Aurelio Víctor,
que recoge también el episodio, viene a coincidir con
los dos historiadores anteriores en todo salvo en el
trágico final, pues asegura que Glaucia no murió en la
Curia, sino que le dieron garrote (Glauciae fracta
ceruix). 225 Sí mantiene la versión de la muerte de
Saturnino (Apuleius cum in curiam fugisset, lapidibus
et tegulis desuper interfectus est). Pero añade, y
ello es muy importante para nosotros, ..caput eius
Rabirius quidam senator per conuiuia in ludibrium
circumtulit: “su cabeza la llevó por los convites un
tal Rabirio senador”.
226
Suetonio es muy escueto respecto al proceso:
225
Aurelio Víctor, Sobre los hombres ilustres, 73
226
Suetonio, en su Vida de los Doce Césares, dedica un escueto párrafo al relato en el libro 12,
dedicado a Julio César. Dión Casio, más extensamente, publica en su Historia
Romanainformación más detallada, en concreto en su libro 37. Por último, el discurso de
Cicerón en defensa de Cayo Rabirio, que fue su cliente (En defensa de Rabirio).
94
Subornauit etiam qui Gaio Rabirio perduellionis diem
diceret, quo praecipuo adiutore aliquot ante annos
Luci Saturnini seditiosum tribunatum senatus
coercuerat aliquot ante annos Luci Saturnini
seditiosum tribunatum senatus coercuerat, ac sorte
iudex in reum ductus tam cupide condemnauit, ut ad
populum prouocanti nihil aeque ac iudicis acerbitas
profuerit. 227
227
Suetonio, César, 12: “Sobornó también a un asalariado para que acusara a Gayo Rabirio de
alta traición. Precisamente con el eficaz apoyo de éste, el Senado había reprimido algunos años
antes el turbulento tribunado de Lucio Saturnino y, designado por sorteo como juez del reo, le
condenó con tanta saña que, al prouocare éste ante el pueblo, nada le favoreció tanto como el
rigor del juez”, (trad. Mariano Bassols de Climent, 2007).
95
Rabirio, 228 y mucho menos como asesino, en el juicio se
le trató como tal (φόνον), si bien él lo negó (..ὁ μὲν
γὰρ Ῥαβίριος οὐδ᾽ ὡμολόγει τὸν φόνον, ἀλλ᾽ ἄπαρνος
ἦν..). 229 El proceso causó desórdenes en Roma por el
enfrentamiento entre partidarios y detractores de la
instauración del proceso contra Rabirio. Pero al final
primó la voluntad del bando cesariano. El otro
duumuiro que acompañaba a César era Lucio César, su
primo; y ambos votaron contra Rabirio (καὶ ἦν γὰρ αὐτὸς
ἐκεῖνος καὶ μετὰ τοῦ Καίσαρος τοῦ Λουκίου δικάζω ..
κατεψηφίσαντο αὐτοῦ..). 230 Es entonces cuando Casio
explica que este doble nombramiento de jueces para el
proceso es extraordinario al igual que la causa, que
es de la que llaman de perduellio (῾οὐ γὰρ ἁπλῶς, ἀλλὰ
τὸ δὴ λεγόμενον περδουελλίωνος ὁ Ῥαβίριος ἐκρίθἠ). 231
Casio comenta que la elección de César y Lucio César
como duumuiri no fue conforme a derecho, pues habría
necesitado de la participación del pueblo en la misma,
sino que fueron nombrados por un pretor (..καίτοι μὴ
πρὸς τοῦ δήμου κατὰ τὰ πάτρια, ἀλλὰ πρὸς αὐτοῦ τοὺ
στρατηγοῦ οὐκ ἐξὸν αἱρεθέντες..). 232 La prouocatio
habría resultado inútil para Rabirio si el pretor y
augur Metelo Celer 233 no hubiese intervenido. Éste, al
228
Sólo Aurelio Víctor (Sobre los hombres ilustres, 73) nos dice, como hemos recogido atrás,
que Rabirio participó, no en la muerte, sino en el ensañamiento del cadáver, de su cabeza en
concreto (Apuleius cum in curiam fugisset, lapidibus et tegulis desuper interfectus est).
229
Dión Casio, Historia romana, 37.26
230
Ibid., 37.27
231
Ibid. 37.27.2
232
Ibid. 37.27.2
233
Pese a que Dión Casio sugiere que actuó en favor de la defensa, esto pudiera no haber sido
así: Metelo Celer era cuñado de Pompeyo (personaje de quien se dice, estaba detrás de todo el
asunto) y mantenía una actitud despectiva con los estamentos inferiores, es el caso de su
actitud con Mario y la Guerra de Yugurta. Por ello BOULANGER [(1960), Cicéron, Discours IX. Sur
la loi agraire, Pour C. Rabirius, París p 117] cree que el arriado del uexilum bien pudo ser para
evitar que los comitia absolvieran al reo, o porque no interesaba a César hacerse demasiado
odioso.
96
creer que sus iniciativas tenían poco calado, pero
sobre todo, al dudar de la legalidad del proceso,
subió al Janículo y arrió el estandarte militar, 234 con
lo que el proceso se paró, pues ya no se podía adoptar
decisión alguna. 235 Tras esto Rabirio quedó absuelto
pues no se volvieron a reanudar las acusaciones, según
Dión Casio (οὕτω μὲν δὴ τότε ἥ τε ἐκκλησία
καθαιρεθέντος τοῦ σημείου διελύθη καὶ ὁ Ῥαβίριος ἐσώθη:
ἐξῆν μὲν γὰρ τῷ Λαβιήνῳ καὶ αὖθις δικάσασθαι..). 236
Estos dos relatos de Suetonio y, sobre todo, Dión
Casio, se acompañan de otras escasas vagas
237
referencias.
239
Cicerón, En defensa de Rabirio, 2.7
240
Ibid., 3
241
Ibid., 3.8
242
Ibid., 3.10: “¡Y es que, ¿algo se puede desear en mi caso con preferencia a haber suprimido
en mi consulado el verdugo del Foro, la cruz del Campo?! Pero una gloria tal pertenece en
primer lugar a nuestros antepasados, Quirites, quienes, tras la expulsión de los reyes, no
conservaron, en un pueblo libre, ningún vestigio de la crueldad real; en segundo lugar, a
muchos ciudadanos esforzados, que quisieron que vuestra libertad no resultara odiosa como
consecuencia de la crueldad de los castigos, sino protegida por la suavidad de las leyes.” (trad.
José María Requejo Prieto, 2011).
98
hic misericors flagella rettulit), 243 mencionando a
continuación a los duunviros y la negligencia de
Labieno de no someter el caso capital a la opinión del
pueblo (hic popularis a iiuiris iniussu uestro non
iudicari de ciue Romano sed indicta causa ciuem
Romanum capitis condemnari coegit). Hace cita textual
de la orden de ejecución del perduellis (i, lictor..
conliga manus.. y .. caput obnubilo .. arbori infelici
suspendito, 244 palabras que para el orador “hace tiempo
yacen aplastadas en esta República, además de por las
tinieblas de la antigüedad, sobre todo por la luz de
la libertad”. 245 Cicerón señala a los anales como la
fuente para informarse de los suplicios (Hic se
popularem dicere audet, me alienum a commodis uestris,
cum iste omnis et suppliciorum et uerborum acerbitates
non ex memoria uestra ac patrum uestrorum sed ex
annalium monumentis atque ex regum commentariis
conquisierit, ego omnibus meis opibus, omnibus
consiliis, omnibus dictis atque factis repugnarim et
restiterim crudelitati?). 246 Tras relatar lo
concerniente al suplicio, Cicerón entra con fuerza a
defender que Rabirio estuvo del lado de los cónsules y
de la República, del lado del orden romano, mientras
que Saturnino fue un malvado y un demente (Cum
ignauiae ratio te in fugam atque in latebras
impelleret, improbitas et furor L. Saturnini in
Capitolium arcesseret, consules ad patriae salutem ac
libertatem uocarent, quam tandem auctoritatem, quam
243
Ibid., 4.12
244
Ibid., 4.13
245
Ibid., 4.13
246
Ibid., 5.15: “¿Y se atreve el amigo a llamarse hombre del pueblo, a mí enemigo de vuestros
intereses, siendo así que este individuo ha estado rebuscando todo tipo de crueldades de los
suplicios y de las fórmulas no solamente en vuestras tradiciones y las de vuestros mayores, sino
en los testimonios de los anales y en las memorias de los reyes?”, (trad. José María Requejo
Prieto, 2011).
99
uocem, cuius sectam sequi, cuius imperio parere
potissimum uelles?). 247 El orador resume acertadamente
la causa:
247
Ibid., 8.22: “Tú, en definitiva, Labieno, ¿qué harías en una situación y circunstancias
semejantes? Cuando la razón de la cobardía te empujara a la fuga y los escondites, la maldad y
el desvarío de Lucio Saturnino te invitaran al Capitolio, los cónsules te convocasen a la salvación
y la libertad de la patria, ¡qué autoridad, en tal caso, qué llamada, la facción de quién querrías
seguir, la orden de quién querrías por encima de todo obedecer?”, (trad. José María Requejo
Prieto, 2011).
248
Ibid., 12.35: “Ahora, como no hay sospecha alguna de lucha, armas no veo, no hay violencia,
ni muertes, ni asedio al Capitolio y la ciudadela, sino una acusación maligna, un proceso cruel,
una causa asumida en su totalidad por un tribuno de la plebe contra el Estado, no he creído que
debíais ser llamados a las armas, sino exhortados a votar contra el ataque a vuestra soberanía,”
(trad. José María Requejo Prieto).
249
Para MAGDELAIN [Remarques, cit., pp 206-207] los populares renunciaron al “arma
despuntada” del proceso tribunicio, que según GRUEN [(1968), Roman politics and the criminal
courts, Harvard p 260], había caído ya por entonces en desuso. En cambio, exhumaron de los
anales el proceso duunviral más apto para el dramatismo (Cicerón, En defensa de Rabirio, 15:
..ex annalium monumentis atque et regum commentariis). El francés se muestra
sorprendentemente a favor de todos los pormenores del proceso, incluida la prouocatio, con la
tranquilidad de estar ante un fondo de farsa.
250
BAUMAN, The Duumviri, cit., pp 9-10
251
El autor defiende la teoría de las dos fases para los procesos de perduellio. Así Dión Casio
(Historia romana, 37.27.3: καὶ ἐφῆκε μὲν ὁ Ῥαβίριος, πάντως δ᾽ ἂν καὶ παρὰ τῷ δήμῳ ἑάλω, εἰ
μὴ ὁ Μέτελλος ὁ Κέλερ οἰωνιστής τε ὢν καὶ στρατηγῶν ἐνεπόδισεν) y Livio (Historia de Roma,
6.20: apparuit tribunis, nisi oculos quoque hominum liberassent tanti memoria decoris,
numquam fore in praeoccupatis beneficio animis uero crimini locum. Ita prodicta die in
Petelinum lucum extra portam Flumentanam, unde conspectus in Capitolium non esset,
concilium populi indictum est) mostrarían comportamientos análogos.
100
no duunuiri, contradiciendo a las propias fuentes
(..καίτοι μὴ πρὸς τοῦ δήμου κατὰ τὰ πάτρια, ἀλλὰ πρὸς
αὐτοῦ τοὺ στρατηγοῦ οὐκ ἐξὸν αἱρεθέντες). 252 El orden
sería para el inglés: inicio del procesamiento a
Rabirio por la via tribunicia, de la mano de Labieno,
con un cargo capital; disolución por parte de Metelo
Celer de la asamblea convocada para pronunciarse;
resurreción del proceso duunviral para restablecer los
cargos capitales, y la conjunción de cargos
pecuniarios. 253 Para el autor hay una “cross
cumulation” de los cargos que recaen sobre Rabirio. 254
Se vale para demostrarlo del discurso de Cicerón, y
cree que es en gran parte un ataque a Labieno. Si bien
piensa Bauman que si se hubiese introducido materia
irrelevante en el juicio, el orador lo hubiese
denunciado inmediatamente. 255 En cuanto al loca
252
Dión Casio, Historia romana, 37.27.1-2
253
BAUMAN, The Duumviri, cit., pp 9-10. Habla de cierta contradicción en las fuentes: Suetonio
(César, 12) atestigua la condena de Rabirio por los duumuiri, el ejercicio de prouocatio del
último, y su absolución final por este último. Dión Casio (Historia romana, 37.27.2-37.28.4)
contradice la versión de Suetonio de un clima favorable en la asamblea y una absolución, lo que
lleva a BAUMAN a preguntarse si ambos autores se están refiriendo al mismo iudicium populi.
Dión Casio estaría hablando de la asamblea que frustró Metelo Celer, mientras que Suetonio se
estaría refiriendo a una segunda fase duunviral. Suetonio fallaría en la cronología pero no en los
hechos, si bien BLEICKEN [(1959), “Ursprung und Bedeutung der Provocation,” ZSS 76 p 339]
rechaza a ambos historiadores. Suetonio refleja que la dureza de los duumuiri mueve a la plebe
a la absolución, y Cicerón concede en su discurso una importancia igual a este hecho, por lo
que, para BAUMAN [The Duumviri, cit., p 10], el relato de Suetonio es creíble.
254
Cicerón (En defensa de Rabirio, 3.7-8-9) habla de traición, asesinato, peculato, quema de
archivos públicos, violaciones de las leges Fabia y Porcia, stuprum (loca religiosa ac luci).Se ha
dicho que estos cargos fueron objeto de acusación separada, salvo el primero, la traición, a
través de multae inrogationes presentadas en los comitia tributa en algún momento: es una
teoría de MEYER [(1922), Caesars Monarchie und das principat des Pompejus, Berlín pp 550
555], pero él mismo ha demostrado que la teoría es imposible, al igual que lo es su alternativa
de procedimiento tribunicio de multa para la perduellio. Para BAUMAN [The Duumviri, cit., p
11] la evidencia dice que todos estos cargos estaban en cuestión cuando Cicerón habló. En la
media hora que se le concede para hablar (de lo cual se queja: Nunc quoniam, T. Labienue,
diligentiae meae temporis angustiis obstitisti meque ex comparto et constituto spatio
defensionis in semihorae articulum coegit..) (Ibid.,6) Cicerón dice que no perderá el tiempo en
“cargos subsidiarios”, aunque pase luego a tratar cada uno de ellos.
255
BAUMAN [The Duumviri, cit., p 11] se apoya en Cicerón (En defensa de Rabirio, 9): Ergo ad
haec crimina quae patroni diligentiam desiderant intellegis mihi semihoram istam nimium
101
religiosa ac luci, cree el inglés que podemos estar
ante un sacrilegium, lo que demostraría la
flexibilidad del proceso duunviral. 256 Cicerón no habla
de duumuiri en el proceso, 257 lo que podría indicar que
el orador pronunció su discurso en un proceso
tribunicio regular. 258 Este cúmulo de cargos nos
recuerda al proceso –ya visto- de Manlio. Recordemos
que éste, junto al cargo de perduellis, también fue
acusado de cometer fallax iudicium, largitio y
seditio. Estos delitos, que supuestamente habían sido
considerados por el propio Livio como menores, estaban
coronados por el cargo, más grave, de adfectatio
regni. Sin embargo, como expusimos, parece más lógico
que hubieran sido los tres cargos anteriores los que
constituyesen en sí una situación de clara amenaza al
Estado, siendo la adfectatio regni una invención de
los tribunos para facilitar el procesamiento de
Manlio. En el caso de Rabirio, a éste se le acusa de
malversación de fondos públicos, quema de archivos,
violar las leges Fabia y Porcia, stuprum, profanación
de espacio sagrado y, finalmente, traición. Menos el
longam fuisse, “Con ello, te das cuenta de que para esas acusaciones que requieren de un
abogado diligente, la famosa media hora me ha resultado larga”.
256
Los estudiosos modernos no han querido ver la “cross cumulation” que promulga BAUMAN
para los procesos de perduellio: MEYER cree que las acusaciones menores eran simplemente
accesorias al definitivo cargo de traición. En cambio, STRACHAN-DAVIDSON [(1912), Problems
of the Roman criminal law, Oxfordp 198] afirma que la acusación de traición no era más que un
accesorio prejudicial para los definitivos cargos menores. BAUMAN [The Duumviri, cit., p 12]
cree que si Cicerón incluye en su intervención los cargos accesorios, entendemos que lo hace
acorde al procedimiento duunviral, pues era consciente de la norma que prohibía esa
acumulación de cargos diferentes en los procesos regulares. Los cargos pecuniarios debieron ir
a las tribus y los capitales a las centurias [MOMMSEN, Straft., pp. 166-167 n 1; STRACHAN
DAVIDSON, Problems, cit., p 198].
257
A no ser que se esté refiriendo a César cuando dice auctor huius iudicii [BAUMAN, The
Duumviri, cit., p 12]. Se refiere también a Labieno como acusador (Cicerón, En defensa de
Rabirio, 6).
258
BAUMAN, The Duumviri, cit., pp 12-13. GREENIDGE [(1901), The legal procedure of Cicero
time, Oxfordp 357] cree, por ejemplo, que la prouocatio contra una condena duunviral tuvo que
ser seguida necesariamente por una anquisitio tribunicia. Algo de esto está implícito en
Suetonio (César, 12): (Labienus) Gayo Rabirio perduellionis diem diceret. Hay un enfoque similar
en Dión Casio (Historia romana, 37.26.1).
102
último, los restantes delitos son muy concretos y
responden a hechos que podríamos llamar como
objetivamente graves, pero ¿qué pasa con el cargo de
traición? Una vez más, al igual que en el caso de
Manlio, todo parece indicar que la acusación de alta
traición es fruto de la acumulación de varios delitos
de extrema gravedad. Se cita el cargo de asesinato
como tal, entre otros, y Rabirio es juzgado
básicamente por ello, por haber matado al tribuno
Saturnino. Así, hemos de dar mayor importancia, tanto
en el proceso a Manlio como en el de Rabirio, a los
cargos que, paradójicamente, son considerados por los
propios cronistas antiguos de menor entidad, pues
dichos cargos son la esencia de la amenaza, el
malestar producido a las élites del Estado; aquí la
acusación de alta traición –perduellio-, es un mero
mecanismo institucional para desactivar la amenaza
contra el Estado. Pero en una nueva vuelta de tuerca
dentro de los procesos de manipulación del poder y las
herramientas desplegadas para tal fin, debemos decir
que las motivaciones que llevaron a encausar a Rabirio
fueron políticas, con un sentido muy personalista,
respondiendo a intereses partidistas de César. En
cambio, para llevar a cabo tal estratagema, se
desempolvó la vieja receta que había permitido tiempo
atrás neutralizar las amenazas subversivas por la vía
de la acusación de alta traición, sólo que en este
caso todo el proceso fue un puro teatro que acabó en
un susto, efecto que precisamente perseguía César. Sin
buscar una mayor argumentación en lo que ya en el
siglo I a.C. no habría sido perduellio sino maiestas
llevado a su tribunal correspondiente, se pensó en
cambio en el efectismo y se echó mano del delito de
103
perduellio flagrante, cometido antaño por Horacio o
Manlio.
265
TYRRELL, The Duumviri, cit., p 116-118.
266
Cicerón, En defensa de Rabirio, 12: “La ley Porcia remueve las varas del cuerpo de todos los
ciudadanos romanos, este misericordioso restablece los castigos. La ley Porcia arrebató al lictor
la libertad de los ciudadanos, Labieno, hombre del pueblo, la entregó al verdugo. Gayo Graco
llevó adelante la ley de que no se celebrase juicio sobre la vida de ciudadanos romanos sin
orden vuestra; este amigo del pueblo ha conseguido, no que no se forme juicio por los
duunviros sin orden vuestra sobre un ciudadano romano, sino que, sin ser oída la defensa, un
ciudadano romano sea condenado a pena capital”, (trad. José María Requejo Prieto, 2011). La
lex Porcia abolió fuera de Roma la flagelación de los ciudadanos dentro de una milla marcada
(Salustio, Catilina, 51.21-22): Sed, per deos inmortalis, quam ob rem in sententiam non addidisti
uti prius uerberibus in eus animaduorteretur? An quia lex Porcia uetat?; (Livio, Historia de
Roma, 10.9.4): Porcia tamen lex sola pro tergo ciuium lata uidetur, quod graui poena, si quis
uerberasset necassetue ciuem Romanum, sanxit. La lex Sempronia de Capite Ciuis, con carácter
retroactivo, se destinó a abrir el camino a la venganza sobre P. Popilio Laenas, cónsul
superviviente del 132 a.C. La quaestio del 132 a.C. se creó por motivos políticos, para perseguir
a amigos y clientes de Graco. Popilio y su colega R. Rupilio fueron procesados y condenados por
el Senado con una quaestio extra ordinem sobre las actividades de los partidarios de Tiberio
Graco. Muchos fueron condenados y muertos; los que huyeron fueron condenados por
interdictio (Cicerón, Sobre la amistad, 37; Salustio, Yugurta, 31.7; Veleyo Patérculo, Historia
romana, 2.7.3; Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, 4.7.1; Plutarco, Tiberio Graco,
2.4). Aunque solo Popilio fue procesado bajo la ley, quien se anticipó al juicio y se exilió
voluntariamente (Plutarco, Cayo Graco, 4.2). Todas las quaestiones especiales después del 123
a.C. fueron instauradas por el pueblo [TYRRELL, The duumviri, cit., pp 116-119].
267
BRECHT [Straft., cit., pp 183-186] afirma que Cicerón reprocha con la frase a Labieno por su
violación de la lege de prouocatione en la causa de los duumuiri, al llevar sobre Rabirio un juicio
capital que no necesitaba la confirmación de un iudicium populi en un juicio comicial. BRECHT
cree que la prouocatio fue parte del procedimiento duunviral y, por tanto, habríamos de
suponer que Cicerón escondió a su público la posibilidad de prouocare, a fin de obtener
motivos para solventar favorablemente el procedimiento. Pero los desaciertos de su tesis han
sido señalados por DAUBE [(1941), “Brecht. H., Zur Abgrenzung des Begriffes Perduellio von den
Verwandten Verbrechensbegriffen Im Römischen Strafrecht Bis Zum Ausgang Der Republik.
(Diss. Iur. München) Múnich. JRS 31 p. 183] y por BLEICKEN [Urgsprung, cit., pp 338-339] quien
105
ante la creación de lo que él cree es una quaestio
especial. Los duumuiri fueron creados para condenar a
un ciudadano romano sin la autorización del pueblo,
azotarlo con ayuda de un carnifex 268 y -el golpe de
gracia- todo ello sin dejar al reo defenderse. 269
Cicerón expone en su intervención la ley, y denuncia
al mismo tiempo cómo Labieno la va violando de forma
extraordinaria. 270 Hemos de dar crédito a las
acusaciones de Cicerón, pues efectivamente este juicio
es del todo excepcional, no sometiéndose a norma
alguna. En el 63 a.C. estamos todos de acuerdo en que
271
César tenía la intención de que el proceso tuviese un impacto considerable, como así
ocurrió. Era uno de los quince pontífices sacerdotales y ostentaba desde ese año 63 a.C. el
título de summum pontifex. Pertenecía al colegio pontifical desde el 73 a.C. [CARCOPINO,
(1968), Jules César, París p 151]. Ahora, como jefe supremo del colegio sacerdotal, era una de
las más relevantes figuras del Estado.
272
SANTALUCIA, Osservazioni sui, cit., p 442
273
Tribunal que, desde hacía unas décadas estaba encomendado a la persecución de los más
graves atentados contra la seguridad, independencia y prestigio del populus romanus y de sus
órganos. Para SANTALUCIA [Osservazioni sui, cit., p 442] ésta sería la vía más acorde a la
normalidad pues, desarrolladas gradualmente en concurrencia con los iudicia populi de un lado,
y con la libre cognitio magistratual, de otro, las quaestiones se habían convertido, tras el declive
107
Labieno habría evitado, pues ésta habría absuelto a
Rabirio con toda probabilidad. La segunda opción
habría sido recurrir al proceso tribunicio de
perduellio frente al pueblo reunido en comicios
centuriados, algo poco probable pues, salvo el caso
incierto de Marco Lúculo, acusado de irregularidades
cometidas en época de Sila (87-86 a.C.), no eran los
procesos con mayor actividad en esa época. 274 Aquí
diferimos con Santalucía, pues los procesos regulares
por perduellio no son, como veremos a continuación en
el mismo capítulo y también en el siguiente, ni mucho
menos tan excepcionales como refiere el italiano. Por
ello este argumento creemos que no es necesario
exponerlo, y sí simplemente que se elige un proceso de
perduellio flagrante en vez de otro ordinario por eso
mismo, porque los últimos son más conocidos y los
primeros más excepcionales, y lo que buscaba esta
acusación tan interesada de César era eso, conseguir
la atracción pública, el impacto que efectivamente
producía un delito con un protocolo procesal y penal
tan arcaico. La elección de la perduellio flagrante
confería apariencia real de mayor gravedad de los
hechos imputados al reo. Finalmente queda la opción de
un proceso duunviral, obsoleto entonces también, pero
que, lejos de constituir un inconveniente, pudo
suponer una ventaja a la hora de manipular el proceso.
Se nombró duumuiri al mismo César y a su primo Lucio
César, y el proceso es para Santalucia una “macabra
farsa”, y es probable que lo que quisiera César no
fuese dar muerte a Rabirio, sino utilizarlo como una
herramienta para socavar el poder del Senado.
275
Tenemos varios ejemplos del recurso a los anales para justificar la restauración de un rito o
de un derecho: en el 331-330 a.C. un asunto de envenenamiento fue objeto de un informe del
Senado, el cual buscaba un remedio (un ritual antiguo) a los trastornos que parecen de
naturaleza más religiosa que jurídica; así, Livio (Historia de Roma, 8.18.11-12) dice que fueron a
buscar en los anales, donde encontraron que, una vez, durante la secesión de la plebe, un
dictador clavó un clavo y por este rito expiatorio las gentes engañadas por la discordia
encontraron sus espíritus. Por ello, se decidió nombrar un dictador claui figendi causa
[HEURGON, (1964), “L.Cincius et la loi du clavusannalis”, Athenaeum 42 pp 432-437]. Otro
ejemplo de consulta a los anales vendrá ante la necesidad de resolver un debate entre un
Flamen Dialis y un pretor, en torno a los antiguos privilegios (Ibid., 27.8.8-9). El Flamen C. Flaco
reclamaba un derecho caído en desuso: el de entrar en la Curia, un privilegio correspondiente
anteriormente al cargo de Flamen, como habían constatado al consultar los anales. Tanto en
este caso como en el anterior, la información de los anales favorece que se satisfagan las
reclamaciones de los demantantes [LIOU-GILLE, La perduellio, cit., p 8].
276
SANTALUCIA, Osservazioni sui, cit., p 443. Cicerón se aprovecha de ello y lo hace caballo de
batalla de su defensa, reprochando a Labieno el hecho de utilizar métodos indignos para un
representante del pueblo, (Cicerón, En defensa de Rabirio, 5.15) Hic se popularem dicere audet,
me alienum a commodis uestris, cum iste omnis et suppliciorum et uerborum acerbitates no ex
memoria uestra ac patrum restrorum sed annalium monumentis atque regum commentariis
conquisierit...
277
Ibid., 5.17
278
Comenta Cicerón (En defensa de Murena, 2.25) que los carmina fueron inventados para
recuperar el monopolio legal tras la publicación del calendario por Gn. Favio en el 304 a.C. El
derecho romano fue secularizado globalmente, pero los pontífices guardaron, si no en forma de
monopolio, al menos sí una competencia muy particular sobre la interpretatio [LIOU-GILLE, La
perduellio, cit., p 9].
109
de la referida al proceso a Horacio. Y es aun menos
probable que con ocasión del proceso a Rabirio
hubiesen consentido disparates en el procedimiento. 279
Pero en opinión de Santalucia, el orador no exageró:
se respetó escrupulosamente el ritual arcaico con el
nombramiento de los duumuiri, no por el pueblo (como
en ese momento sucedería con los magistrados), sino
por Metelo Celer, como en su día lo fueran por el Rey.
Tras la condena es llamado a proceder el carnifex,
como en su día lo fuera en lictor. En el Campo de
Marte se erige una cruz, sucedánea del arbor infelix,
donde Rabirio habría de morir a latigazos. 280
279
LIOU-GILLE, La perduellio, cit., pp 9-10
280
El cumplimiento del viejo ritual fue tal que la fórmula de condena empleada por los duumuiri
calcó palabra por palabra el texto de la lex horrendi carminis. Así, Cicerón (En defensa de
Rabirio, 4.13) observó con desprecio: Namque haec tua, quae te, hominem dementem
popularemque, delectant. “i, lictor, conliga manus”, non modo huius libertatis
mansuetudinisque non sunt sed ne Romuli quidem aut Numae Pompili; Tarquini, superbissimi
atque crudelissimi regis, ista sunt cruciatus carmina quae tu, homo lenis ac popularis,
libentissime conmemoras: “caput obnubito, arbori infelici suspendito”, quae uerba, Quirites,
iam, pridem in hac re publica non solum tenebris uetustatis uerum etiam luce libertatis oppresa
sunt. “Porque esas palabras tuyas que a ti, hombre demente y amigo del pueblo, te deleitan –
“ea, lictor, átale las manos”-, no son propias únicamente de nuestra libertad y tolerancia
actuales, sino de Rómulo siquiera o de Numa Pompilio; de Tarquinio, el rey más déspota y cruel
(son esas formas de tortura que tú, hombre dulce y amigo del pueblo, evocas con el mayor
placer: “Que se le cubra la cabeza, que se le cuelgue del árbol estéril”, palabras, Quirites, que
hace tiempo yacen aplastadas en esta República, además de por las tinieblas de la antigüedad,
sobre todo por la luz de la libertad”, (trad. José María Requejo Prieto, 2011).
281
SANTALUCIA, Osservazioni sui, cit., p 446. Rabirio recurrió a la asamblea centuriada, donde
luego pronunció Cicerón su discurso. La idea de que el discurso interrumpido por el izado de la
bandera en el Janículo correspondió, no al juicio del que hablamos, sino a otro –ya sea capital o
de multa- resultado del fracaso de un primer juicio, e interpuesto nuevamente por Labieno, es
desmentida rotundamente por SANTALUCIA con el fuerte argumento de que tanto Suetonio
como Dión Casio hablan de un único proceso, y de hecho, este último afirma expresamente
110
Rabirio de un único juicio. Pero ¿qué ocurre con la
acusación de Labieno al orador por haber subvertido
este último el juicio de perduellio (..de
perduellionis iudico, quod a me sublatum ese criminari
soles?). 282 El juicio había seguido el orden correcto:
condena duunviral, prouocatio del reo y absolución.
Aquí, la sublatio para Labieno se entiende sólo si el
juicio fue sumario, sin prouocatio, inapelable: los
duumuiri, como tribunal especial, procedían de forma
extraordinaria y sin audiencia pública contra los reos
de perduellio. Cicerón, conocedor de la imposibilidad
de que el pueblo interviniese, forzó en cambio a
Rabirio a prouocare y, haciendo uso de su maior
potestas de cónsul, presionó a los duumuiri, con minor
potestas respecto a él, a dar cabida a la prouocatio y
a someter la causa a los comicios. 283 He aquí la
sublatio iudicii de la que se lamenta Labieno.
que, habiendo la posibilidad de volver a citar a Rabirio a juicio, renuncia a nuevas medidas
contra él.
282
Cicerón, En defensa de Rabirio, 10
283
SANTALUCIA, Osservazioni sui, cit., pp 446-447
284
SANTALUCIA, Osservazioni sui, cit., p 448. Cicerón no podía hablar de indicta causa en un
proceso que preveía la participación popular. Dicha terminología daría a entender que la
prouocatio no se contempla en el procedimiento duunviral. En opinión de SANTALUCIA
[Osservazioni sui, cit., p. 448] la causa se presentó ante los comicios gracias a una hábil jugada
del orador.
111
4.4 Perduellio flagrante en el Imperio
285
Suetonio, Claudio, 34: “Hacía aplicar al punto y en su propia presencia la tortura en los
procesos y los castigos a los parricidas. Un día que se hallaba en Tíbur le asaltó el deseo de
presenciar una ejecución a la antigua usanza, por lo cual dispuso que los reos fuesen atados a
los postes, pero el verdugo no pudo ser hallado en ninguna parte; entonces Claudio mandó
hacer venir uno de Roma y tuvo la paciencia de esperarlo hasta la caída de la tarde.” (trad.
Mariano Bassols de Climent, 1996).
112
prácticamente desuso, pues el propio emperador
desconoce de su existencia cuando uno de sus
sirvientes le advierte que el Senado piensa ..ut
puniatur more maiorum:
286
Suetonio, Nerón, 49: “Mientras así se demoraba, un mensajero entregó un despacho a Faón,
pero Nerón se lo arrancó de las manos y leyó que el Senado le había declarado enemigo de la
patria y que se le buscaba para sancionarle a la usanza de los antepasados. Entonces preguntó
en qué consistía aquel suplicio y al enterase de que, después de insertar la cabeza, previamente
desnudado, en una horca, le azotaban hasta que expiara (…)”. (trad. Mariana Bassols de
Climent, 1996).
287
Suetonio, Domiciano, 11.2.3: “Había hecho comparecer ante el Senado a algunos reos de
lesa majestad y, mediante un exordio en el que afirmó que aquel día podría comprobar el
afecto que el Senado sentía hacia su persona, consiguió fácilmente que fuesen condenados
incluso a ser ejecutados a la antigua usanza”. (trad. Mariano Bassols de Climent, 1996).
288
Tácito, Anales, 4-30.1;16.11
289
Ibid.,2.32
113
maiestatis reus fuit: nam hoc crimine nisi a
successoribus purgetur, hereditas fisco uindicatur.
plane non quisque legis iuliae maiestatis reus est, in
eadem condicione est, sed qui perduellionis reus est,
hostili animo aduersus rem publicam uel principem
animatus: ceterum si quis ex alia causa legis iuliae
maiestatis reus sit, morte crimine liberatur. 290
290
Digesto Ulpiano, 48.4.11: “El que murió como reo de crimen muere con integridad de su
estado personal, pues el crimen se extingue con la muerte, a no ser que sea reo de lesa
majestad, pues en este caso, salvo que se restituya a los herederos, queda confiscada la
herencia. Claro que no todo reo por la ley Julia de lesa majestad es siempre de la misma
condición, sino sólo el que lo es por traición, que está animado por intenciones hostiles contra
la República o el Príncipe, pues si lo es por otra causa de la ley Julia, queda liberado del crimen
mediante su muerte”. (Ildefonso L. García del Corral, 1889).
114
III y II a.C. Evidentemente ello no quiere decir que
estos tres juicios sean los únicos para el período.
291
Compartió el consulado con Próculo Verginio, (Livio, Historia de Roma, 2.41): Sp. Cassius
deinde et Proculus Uerginius consules facti.
292
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 8.77: ..τὸν ὑπατεύσαντα τῷ πρόσθεν
ἐνιαυτῷ Σπόριον Κάσσιον καὶ τολμήσαντα τοὺς περὶ τῆς διανομῆς εἰσηγήσασθαι νόμους
εἰσήγγειλαν.
115
Latinis, dimidium plebi diuisurus consul Cassius
erat). 293 Pero el problema viene cuando a esta donación
Casio pretende incluir otro lote de terrenos que pese
a que formalmente pertenecen al Estado romano, en la
práctica están en manos de unas pocas familias
patricias. 294 Esto habría provocado pavor entre la
oligarquía (Id multos quidem patrum, ipsos
possessores, periculo rerum suarum terrebat). 295
Dionisio añade que a los latinos se les concedió la
ciudadanía que pedían y, además, si se produjese una
campaña militar en alianza con Roma, podrían disponer
de la tercera parte del botín. 296 En cuanto a los
hérnicos el griego sostiene que si en calidad de
vencidos debían dar gracias por no habérseles sido
sustraídos territorios, muy al contrario, recibirán
tierras de los romanos, algo impropio; Casio los
estaba convirtiendo en amigos en vez de súbditos y en
ciudadanos en vez de tributarios (ἔπειθ᾽ Ἕρνικας …
φίλους μὲ ν ἀνθ᾽ ὑπηκόων ἐποίησε, πολίτας δ᾽ ἀνθ᾽
ὑποτελῶν, γῆ ς τε καὶ λείας, ἣν ἂν ἐκ παντὸς
κτήσωνται). 297 Se dispuso que al igual que los latinos,
los hérnicos dispusiesen también de un tercio del
298
botín de guerra. En esta situación, Casio pretendía
aprobar todo ello por ley y parece que en contra de su
colega, de los tribunos y el propio Senado (καὶ ὡς
οὐδὲ τοῖς δημάρχοις ἐναντιωθεῖσι καὶ παραλύειν ἐκ τοῦ
293
Livio, Historia de Roma, 2.41
294
Ibid., 2.41.2: Adiciebat huic numeri agri aliquentum, quem publicum possideri a priuiatis
criminabatur.
295
Ibid.
296
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 8.77.2: ὅτι Λατίνοις μὲν πρῶτον, οἷς
ἀπέχρη πολιτείας κοινῆς ἀξιωθῆναι μέγα εὐτύχημα ἡγουμένοις, εἰ καὶ ταύτης τύχοιεν, οὐ
μόνον ἣν ᾔτουν πολιτείαν ὕπατος ὢν ἐχαρίσατο, ἀλλ᾽ ἔτι καὶ τῶν ἐκ τοῦ πολέμου λαφύρων, ἐὰν
κοινὴ γένηται στρατεία, τὴν τρίτην ἐψηφίσατο δίδοσθαι.
297
Ibid.
298
Ibid., 8.77.3: τὴν ἑτέραν ἔταξε λαμβάνειν τρίτην μερίδα.
116
νόμου θάτερον ἀξιοῦσι μέρος τὸ κατὰ τὴν ἰσομοιρίαν τῶν
ἐπηλύδων, ἐπείσθη, ἀλλὰ καὶ δημάρχοις καὶ συνυπάτῳ καὶ
βουλῇ καὶ πᾶσι τοῖς ὑπὲρ τοῦ κοινοῦ τὰ κράτιστα
βουλευομένοις τἀναντία πράττων διετέλεσε). 299 Su colega
Vergilio se opuso a la ley con el apoyo patricio, pero
de nada servirá pues la ley terminaría siendo aprobada
(Tum primum lex agraria promulgata est). 300 Si ya
sabemos que las concesiones territoriales y en general
el trato amable concedido a hérnicos y latinos
molestaron por tratarse de no romanos, y además en el
caso de los patricios produjeron una especial
hostilidad adicional por suponerles la pérdida de
tierras en beneficio de los primeros, podemos
preguntarnos ahora qué opinó la plebe de todo esto.
Las fuentes muestran en este sentido, si no una
abierta hostilidad hacia Casio, sí una manifiesta
desconfianza. De esta forma, Dionisio afirma que lejos
de ser un aporte para los romanos (la plebe), el
reparto de tierras supuso una privación, pues ni tan
siquiera se equiparaban en el reparto a los demás
destinatarios, recibiendo sólo una parte. 301 Cicerón,
que dice que Casio contaba con el favor del pueblo
(..summa apud populum florentem), 302 cree que cuando el
ex cónsul sea condenado lo será sin la oposición del
pueblo (..decente populo morte mactauit).
299
Ibid., 8.78.2: “Añadieron que tampoco habría obedecido a los tribunos que se oponían y
pedían que se eliminara de la ley la parte que hacía referencia a la igual participación de los
extranjeros, sino que siguió actuando en oposición a los tribunos, a sus compañeros, al Senado
y a todos los que intervienen en las decisiones mas importantes sobre la ciudad”, (trad.
Almudena Alonso, Carmen Seco, 2007).
300
Livio, Historia de Roma, 2.41.3
301
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 8.78.2: ..ἔργῳ δ᾽ ἀφαίρεσις, Ῥωμαίων
μὲν τῶν κτησαμένων αὐτὴν μίαν μοῖραν ληψομένων, Ἑρνίκων δὲ καὶ Λατίνων, ἧς οὐθὲν αὐτοῖς
μετῆν, τὰς δύο.
302
Cicerón, Sobre la República, 2.35
117
Lo cierto es que a la plebe pareció no gustarle
el hacerse destinataria de un regalo que se veía
“degradado” al hacerse extensible a latinos y
aliados. 303 Casio no fue ajeno a esa falta de
popularidad entre el pueblo, por lo que, según Livio,
para congraciarse con la plebe el cónsul le devolvió
cierto dinero que se le había cobrado por el trigo
siciliano, medida que de poco valió pues el pueblo
veía en ello un intento de Espurio Casio de comprar la
aceptación de todos de su tiranía (Id uero haud secus
quam praesentem mercedem regni aspertata plebs). 304
303
Livio, Historia de Roma, 2.41.4: .. nec omni plebe aduersante, quae primo coeperat fastidire
munus uolgatum a ciuibus ese in socios.
304
Ibid., 2.41.9
305
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 8.77.1
306
Ibid., 8.78.3: ..αὐτῷ Λατῖνοι καὶ Ἕρνικες καὶ ὅπλα παρασκευάσαιντο καὶ συμπορεύοιντο ὡς
αὐτὸν οἱ θρασύτατοι τῶν ἐν ταῖς πόλεσι νέων ἀπόρρητά τε ποιούμενοι βουλευτήρια καὶ πολλὰ
πρὸς τούτοις ἕτερα ὑπηρετοῦντες, καὶ παρείχοντο τοὺς τούτων μάρτυρας πολλοὺς μὲν ἀστούς,
πολλοὺς δ᾽ ἐκ τῶν ἄλλων συμμαχίδων πόλεων, οὔτε φαύλους οὔτ᾽ ἀφανεῖς.
307
Ibid., 8.78.4: οἷς ἐπίστευσεν ὁ δῆμος, καὶ οὔτε λόγοις ἔτι ὑπαχθείς, οὓς ὁ ἀνὴρ ἐκ πολλῆς
παρασκευῆς συγκειμένους διέθετο, οὔτ᾽ οἴκτῳ ἐνδοὺς τριῶν μὲν αὐτῷ παίδων μεγάλην
παρεχόντων εἰς ἔλεον ἐπικουρίαν, πολλῶν δ᾽ ἄλλων συγγενῶν τε καὶ ἑταίρων
118
maneja la misma información; Casio es llevado por los
cuestores ante un proceso comicial y el pueblo acaba
condenando al reo, todo ello inmediatamente después de
que Casio dejase de ser cónsul (..damnatusque populi
iudicio).
συνολοφυρομένων, οὔτε τῶν κατὰ πολέμους ἔργων, δι᾽ οὓς ἐπὶ μήκιστον ἦλθε τιμῆς φειδὼ
λαβών τινα, καταψηφίζεται τὴν δίκην.
308
Livio, Historia de Roma, 2.41.11
119
tierras en favor de la plebe, hérnicos y latinos) se
cree perfectamente legitimada para eliminar un
elemento agitador, subversivo. Hoy es difícil saber si
efectivamente Casio buscaba perpetuarse en el poder de
forma tiránica y si se valió para tal fin
indirectamente de la ley y el consiguiente apoyo de
los agradecidos vecinos y aliados. Lo cierto es que
con su ley agraria, la primera en la historia de Roma,
dice Livio que se habría la caja de Pandora, y sin
duda estamos ante un asunto que en adelante hará
derramar mucha sangre entre los romanos (Tum primum
lex agraria promulgata est, nunquam deinde usque ad
hanc memoriam sine maximis motibus rerum agitata). 309
309
Ibid., 2.41.3
120
ver los verdaderos intereses de mantenimiento de su
estatus de riqueza, el patriciado decide acabar con
los planes de Casio acusándolo de aspirar a la tiranía
(adfectatio regni). Además, en esta grave acusación,
los patricios se valieron del descontento popular
hacia Casio por equiparar éste a la plebe en su
reparto de tierras con los latinos y los hérnicos; en
tal clima no fue difícil asociar esta concesión a
otros pueblos como un posible pago al apoyo de los
planes regios de Casio. La acusación fue redonda.
310
Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma, 8.79.1: λέγεται δή τισιν, ὡς ἀδήλου
πᾶσιν οὔσης ἔτι τῆς ὑπ᾽ αὐτοῦ συσκευαζομένης τυραννίδος, πρῶτος ὑποπτεύσας ὁ πατὴρ τοῦ
Κασσίου καὶ διὰ τῆς ἀκριβεστάτης βασάνου τὸ πρᾶγμα ἐξετάσας ἧκεν ἐπὶ τὴν βουλήν: ἔπειτα
κελεύσας ἐλθεῖν τὸν υἱὸν μηνυτής τε καὶ κατήγορος αὐτοῦ ἐγένετο: καταγνούσης δὲ καὶ τῆς
βουλῆς ἀγαγὼν αὐτὸν εἰς τὴν οἰκίαν ἀπέκτεινε.
311
Livio, Historia de Roma, 2.41.10: Sunt qui patrem auctorem eius supplicii ferant: eum cognita
domi causa uerberasse ac necasse peculiumque filii Cereri consecrauisse.
312
Cicerón , Sobre la República, 2.35
122
acusándolo de perder el ejército romano de Apulia. 313
Si Tito Sempronio había llevado a cabo grandes logros
militares frente a Aníbal, recuperando ciudades como
Benevento o Cumas de las fauces cartaginesas, Gneo
Fulvio había llevado al traste todo ello. Había
corrompido a sus tropas en todos los órdenos posibles
y así,..ergo effecise ut feroces et inquieti inter
socios, ignaui et imbeles inter hostis essent, nec
impetum modo Poenorum sed ne clamorem quidem sostinere
possent. 314 La realidad es que, según Livio, Fulvio
llegó prácticamente solo a Roma dando la terrible
noticia. Se le acusó entonces formalmente de haber
huído del combate (imperator fugeret), 315 (Cn. Fulvio
fugam ex proelio ipsium temeritate comisso impunitam
esse). 316 En estos momentos, finales del siglo III
a.C., estamos ante un proceso comicial instaurado por
un tribuno de la plebe, Bleso, quien acusa a Fulvio.
Durante la causa el reo intenta evadir toda
responsabilidad y culpa directamente a la tropa del
desastre, pues dice de ella que huyó en tromba ante la
acometida del enemigo y él no tuvo más remedio que
seguirles. 317 Sin embargo, conocemos múltiples ejemplos
en la historia militar romana donde en momentos
críticos en el combate, ante un fuerte desánimo de sus
tropas, algunos generales decidieron realizar la
inmolatio ante el enemigo para restablecer el valor y
la bravura de sus soldados a costa de su propia vida.
313
Livio, Historia de Roma, 26.7: Sed aliud certamen occupauerat animos C. Sempronius Blaesus
die dicta Cn. Fuluium ob exercitum, in Appulia amissum in contionibus uexebat.
314
Ibid., 26.2.11-12: “Con ello había conseguido que fuesen arrogantes y turbulentos ante los
aliados y cobardes y pusilánimes ante los enemigos, y que no pudieran resistir no ya el ataque
sino ni siquiera el grito de guerra de los cartagineses”, (trad. José Antonio Villar Vidal, 1993).
315
Ibid., 26.2.13
316
Ibid., 26.2.15
317
Ibid., 26.3.1-3: Reus ab se culpam in milites transferebat … cum effuse omnes fugeret, se
queque turba ablatum, ut Uarronem Cannensi pugna, ut ,ultos alios imperatores.
123
La batalla de Cannas, contemporánea, es también
ejemplo de cómo en esos años críticos en que Aníbal a
punto estuvo de someter y destruir la propia Roma, la
élite política romana se dejó en gran parte la vida en
la batalla por la supervivencia del Lacio. Fulvio fue
efectivamente una vergonzosa excepción en esos
críticos años, fue un cobarde.
318
Ibid.
124
5.3 Proceso a Gayo Claudio y Tiberio Sempronio
319
Livio, Historia de Roma, 43.16.8-9
125
que previamente había apelado a un tribuno: los
censores no habían respetado la intercessio de Rutilio
(..qui tribunum appellasset, intercessioni non parendo
se in ordinem coegisset). 320 Acusó a su vez al otro
censor, Gayo Claudio, por haberle desautorizado en la
asamblea (C. Claudio diem dixit, quod contionem ab se
auocasset). 321 Por todo ello el tribuno acaba
presentando una acusación formal de alta traición
contra los dos censores (..et utrique censori
perduellionem se iudicare pronuntiauit diemque
322
comitiis a C. Sulpicio praetere urbano petit). Será
el pueblo quien juzgue a los perduellis autores de un
delito no flagrante ante los comicios por vía
ordinaria (Non recusantibus censoribus, quonimus primo
quoque tempore iudicium de se populus faceret, in ante
diem octauum et septimum Kal. Octobres comitiis
perduellionis dicta dies). 323
320
Ibid., 43.16.10
321
Ibid., 43.16.11
322
Ibid.
323
Ibid., 43.16.12-13
126
hacia el tribunado. La magistratura tribunicia es una
pieza fundamental dentro del organigrama del Estado
romano republicano; por ello su protección requirió la
máxima relevancia. Sí parece también que la
asimilación plena de ver en el ataque al tribunado un
caso de alta traición es un proceso lento que por
entonces aún no se ha culminado ni muchísimo menos, y
prueba de ello es la relativa facilidad con que los
reos se acabarán librando de los cargos.
Posteriormente otros tribunos, caso de Saturnino o
Híbrida, tratarán también de proteger su magistratura
de una forma plena con el delito de alta traición de
una manera un tanto cuestionable, por lo que su
empresa fracasará. Tendremos que esperar a la
legislación de Sila para ver una unión plena entre el
tribunado y su protección bajo el delito de alta
traición. En el siguiente capítulo desarrollaremos más
todo ello. Podemos entender que Rutilio vio la
acusación viable siguiendo la idea de que un ataque al
tribuno suponía a su vez un ataque a las estructuras
del Estado, y un ataque al Estado era alta traición.
Pero este no era un caso de perduellio flagrante pues
la gravedad de los hechos no es comparable, por
ejemplo, al caso de Rabirio; en el año 100 a.C., como
vimos, el tribuno fue brutalmente asesinado, y en el
63 a.C. se procesa a Rabirio por haber podido estar
implicado en el asesinato, y se hace bajo una
acusación de perduellio flagrante con la aparición en
escena de los duunviros, un proceso sumarísimo y un
suplicium more maiorum: Rabirio es procesado por
atentar contra el tribunado, en este caso por
participar en el asesinato de tan importante
magistrado, y por ello se le decide acusar por alta
127
traición. Otro aspecto aparte puede ser la
conveniencia o no de la acusación, pero lo importante
es ver la relación directa entre el tribunado y la
perduellio, siendo esta última un elemento de
protección del mismo.
324
COSTA, Crimini, cit., p 52. El italiano dice que la perduellio, que antaño tenía un término
propio, asume durante el Imperio el valor y el carácter de una subcategoría especial del crimen
maiestatis, constituyendo, probablemente, el más grave atentado contra el orden
constitucional.
325
LEAR, Treason, cit., pp 10-11. En el Imperio las penas son ampliamente diversificadas,
diferentes de acuerdo a las circunstancias (crucifixión, damnatio ad bestias y otro tipo de
ingeniosos castigos de carácter horrible).
326
SOLIDORO, L. Profili, cit., p 2
128
6. Conclusiones
130
desaparecida la Monarquía, con el advenimiento de la
República y el ascenso de la oligarquía patricia,
pasará a proteger a estas nuevas cabezas integrantes
de las estructuras del Estado. Un ejemplo del cambio
es el proceso a Manlio, quien acusado de seditio es
llevado ante un juicio sumario por perduellio
flagrante: el reo efectivamente sí cometió alta
traición, porque trabajó en pro de un cambio de
régimen y con ello estaba alterando las estructuras
del Estado así concebidas. Pretendió el ascenso de la
plebe en detrimento de la oligarquía senatorial; aquí
ya no se ponía en peligro pax deorum alguna, sino la
propia pax inter romanos. Tenemos que entender que
esta dualidad tan marcada entre oligarquía y
populacho, siendo poseedora la primera del poder y las
riendas del Estado romano, tuvo desde muy pronto una
aceptación general por parte de la plebe, y prueba de
ello es que, a parte de los discutidos acontecimientos
del 494 a.C, esta última no mostró nunca intentos
enérgicos por subvertir la situación, muy conocedora
también de que al patriciado le convenía tratarla bien
pues siempre la temió. Incluso en el futuro
emperadores se cuidarán mucho de tenerla contenta.
131
Esta forma de perduellio flagrante fue perdiendo
poder durante la etapa final de la República, y el
proceso a Rabirio como un reo perduellis ya entrado el
s. I a.C. es toda una constatación. Tanto el
procedimiento como la forma de ejecución del reo
previstos para este tipo de juicios producen una
mezcla de horror y extrañeza general ya en ese
período. Como sabemos, el proceso fue fruto de la
acusación interesada de César, quien buscaba crear la
máxima expectación en el juicio, y qué mejor manera de
hacerlo que mostrar a la opinión pública algo ya en
desuso, casi olvidado, para atraer la atención de
todos. Así todo, el juicio a Rabirio es ejemplo
básicamente de cómo era la causa por perduellio
flagrante (procedimiento y pena previstos) pero poco
más, pues ha quedado claro que en el siglo I a.C. está
totalmente fuera de lugar, y prueba de ello es que
incluso no llegó a haber sentencia del caso.
134
V.Maiestas
135
1. Orígenes del término
327
Festo, p. 31. GAUDEMET lo interpreta como una cualidad de la grandeza [GAUDEMET,
(1964), “Maiestas populi Romani”, Synteleia II, Nápoles p 703].
328
Retórica a Herenio, 4.25.35: Aquí prima el aspecto político, y en Ibid 2.17 dice sobre la
deminutio maiestatis: “maiestatem is minuit qui ea tollit quibus rebus ciuitatis amplitudo
constat”, esto es,el derecho al voto y las magistraturas.
329
Cicerón, Sobre el orador, 2.164
136
quantum uterque nostrum potuit, omni copia dicendi
dilatauit, quid esset in maiestatem minuere. 330
330
Ibid., 2.108-109: “Y en este tipo de causas algunos aconsejan que las dos partes definan
brevemente la palabra que posibilita la causa, cosa que a mí, la verdad, me parece
particularmente infantil, pues cosa distinta es cuando entre varones entendidos se discute la
definición de los términos que aparecen en las artes, como cuando nos preguntamos qué es el
Arte, qué es la Ley, qué es el Estado, asuntos estos en los que el método científico establece
que las virtualidades de la cosa a definir se han de formar de tal modo que no falte ni sobre
nada. Cosa que, naturalmente, ni Sulpicio ni yo intentamos hacer en esta causa. En efecto, uno
y otro, en la medida en que pudimos, parafraseamos con toda nuestra facundia en qué
consistía el menoscabo de la majestad”, (trad. José Javier Iso, 2002).
331
Volveremos más detenidamente sobre este proceso un poco más adelante.
137
1.1 Tipología múltiple, tardía
332
Ovidio, Cartas pónticas, 4.8.51-56
333
Ibid., Fastos, 1.223-224
334
Séneca, Cuestiones naturales, 7.30.4
335
Ibid., Carta a Lucio, 95.50
138
Non bene conueniunt nec in una sede morantur maiestas
et amor: sceptri grauitate relicta ille pater
rectorque deum, cui dextra trisulcis ignibus armata
est, qui nutu concutit orbem conduitur faciem tauri
mixtusque iuuencis mugit et in tenebris formosus
obambulat herbis. 336
336
Ovidio, Metamorfosis, 8.846-851
337
Cicerón,