APUNTES
Puede decirse sin demasiados remilgos que Grecia como tal no llegó a existir
nunca
Ni siquiera el nombre de Grecia es originalmente griego
La diversidad regional, política y cultural era, sin duda, la nota dominante del
panorama helénico.
patria del célebre astrónomo y descubridor Piteas y aliada preferente de Roma en
el Mediterráneo Occidental, o las costas del Mar Negro, cuyas florecientes
ciudades fueron las impulsoras de buena parte del comercio ateniense.
Griegos como tales eran los que vivían en Atenas, Esparta y Corinto, pero no
menos que ellos fes muchos que habitaban en estas diversas regiones,
diseminados y dispersos a lo largo de todo este amplio espacio geográfico.
La idea de Grecia ha ido experimentando importantes variaciones en el curso de
los siglos desde el Renacimiento hasta nosotros.
sus esculturas, que eran en su mayoría simples copias romanas, y sobre el
atractivo de sus doctrinas filosóficas, recuperadas en los salones académicos
renacentistas de las ciudades italianas, y la fuerza espiritual de sus ideales
políticos descontextualizados como la libertad, actualizados en la práctica vital de
los poetas del Romanticismo.
El mundo griego antiguo constituye un mosaico sorprendente de experiencias
históricas que debe ser valorado en sus justos términos, reconociendo su
continuidad con el pasado y sus innovaciones originales, sus luces y sombras, sus
grandezas y miserias, que no empañan una trayectoria fascinante que, entendida
siempre dentro de sus propias claves mentales y de su contexto histórico preciso y
evitando en la medida de lo posible cualquier tipo de intromisiones idealizadoras o
reductoras por nuestra parte, puede continuar ofreciéndonos lecciones inteligentes
que resulten provechosas para el futuro.
El mundo prehelénico
1.MITO E HISTORIA
Los propios griegos, que hasta el período helenístico no distinguían entre el tiempo del
mito y el tiempo de la historia, tenían una vaga conciencia histórica de su pasado más
remoto a través de los mitos.
Reconocían el papel fundacional de algunos héroes como Teseo, Perseo o Heracles,
que con sus hazañas habían sentado las bases de la civilización.
Conocían también los orígenes de muchos pueblos y ciudades como resultado final de
los numerosos movimientos de población que se habían originado como consecuencia
de invasiones, catástrofes naturales, luchas dinásticas o conflictos internos como el
denominado retorno de los Heraclidas, que había dado al Peloponeso su configuración
histórica definitiva.
Incluso un historiador como Tucídides, valorado por los estudiosos modernos por el
rigor de sus planteamientos y la fuerza argumentativa de sus análisis, utilizó sin dudar
tales acontecimientos como punto de partida para su descripción de los primeros
tiempos de la Hélade.
la completa ausencia de cualquier tipo de pruebas documentales que pudieran
confirmar la realidad histórica de tales acontecimientos llevó a los historiadores
modernos a poner en tela de juicio todas estas historias.
La poesía homérica, principal baluarte de referencias en este terreno, no constituía
una base histórica segura, según la opinión más generalizada que iba imponiéndose
con el correr del tiempo.
Una de las más célebres Historias de Grecia de los tiempos modernos, la escrita por el
banquero inglés Georges Grote a mediados del siglo XIX(diecinueve), iniciaba así su
andadura en el año 776 a.C. con la celebración de la primera Olimpíada y relegaba al
terreno de la fábula todo el conjunto de historias que constituían el hilo
argumentativo de los poemas homéricos
Todo pareció cambiar de repente cuando a finales del siglo XIX (diecinueve) y en los
inicios del XX (veinte) serie de brillantes descubrimientos arqueológicos sacaron a la
luz los restos materiales que confirmaban aparentemente la veracidad histórica de los
viejos mitos.
el británico Evans en Creta, desenterraron efectivamente lo que a primera vista
parecían las ruinas de la legendaria Troya, los palacios fortaleza de sus atacantes
griegos y los restos del esplendoroso palacio de Minos. Todo parecía cobrar ahora
pleno sentido. Se identificaron así el tesoro de Príamo, la máscara de Agamenón y la
laberíntica estancia del terrible minotauro.
si bien de forma más notoria en el caso de Schliemann que en el de Evans. Sus
sucesores en la investigación sobre el terreno se mostraron mucho más cautos y
conservadores en este terreno y se empezaron a albergar serias dudas acerca del valor
sustitutivo de la mitología a la hora de reconstruir la secuencia histórica real de los
acontecimientos del mundo que salía ahora a la luz con las excavaciones.
Pero quizá el golpe de gracia a este estado de ensoñación lo dio un joven arquitecto
inglés llamado Michael Ventriss a mediados del siglo XX, quien, con enorme pericia y
una gran sagacidad intuitiva, pudo probar que la lengua escrita en las tablillas de
arcilla requemadas que habían aparecido en algunos lugares como Tebas o Cnosos era
nada más y menos que griego.
Un griego muy arcaico escrito además en un silabario que mostraba toda su
incapacidad a la hora de verter la extraordinaria complejidad y riqueza de la
morfología de esta lengua, pero que revelaba un mundo completamente diferente al
que dibujaban los relatos mitológicos.
Las tablillas pusieron también de manifiesto la existencia de una cierta continuidad
entre este mundo y las épocas posteriores de la historia griega.
En ellas aparecían mencionados la mayoría de los nombres de las divinidades griegas y
buena parte del vocabulario político tradicional que hacía referencia a individuos e
instituciones, si bien fueron utilizadas de forma seguramente bien distinta.
Podemos reconstruir las líneas generales de su organización política y territorial,
vislumbrar el esquema básico de su estructura social y económica, evaluar-el alcance
de su influencia y contactos con el mundo exterior, y esbozar los perfiles de su
universo religioso, pero nos sentimos del todo incapacitados a la hora de recuperar su
historia, entendida ésta como la sucesión de personajes y acontecimientos que se
fueron sucediendo en el transcurso del tiempo.
Desconocemos los nombres de sus reyes y los avatares concretos que hubieron de
afrontar en el curso de sus reinados.
Los mitos no pueden sustituir a la historia de aquel remoto pasado, pero pueden
proporcionarnos en cambio algunas claves para su interpretación.
Identifican aquellos centros que alcanzaron un indudable protagonismo político como
fue el caso de Cnosos, Micenas, Tebas o Argos, detectan importantes movimientos de
población que originaron cambios decisivos en la faz del territorio helénico, como la
supuesta llegada de los dorios o la migración jonia, y revelan por fin la existencia de
conflictos y tensiones que han quedado desdibujados por el paso del tiempo, la
deformación de la propaganda posterior, la sucesión de ajustes a las circunstancias e
intereses imperantes en cada momento, la intromisión de motivos procedentes del
cuento popular y del folklore, y la magnificación poética.
pero su utilización como fuente histórica de carácter estrictamente documental ha de
ser extremadamente cuidadosa y ajustada, y en cualquier caso quedar siempre
necesariamente supeditada· a las informaciones mucho más testimoniales de la
realidad histórica concreta que nos proporcionan la arqueología y la lectura de sus
documentos oficiales como las tablillas.