Justicia
zHacemos lo que debemos?
MICHAEL J. SANDEL
‘Traduccién de
Juan Pedro Campos Gomez
YN“Titlo ovina Jace
Primers edicins marzo de 2011
© 2009, Michael J. Sande
‘© 2011, dela preseaeelicién en cusellano para soo! mundo:
Random House Mondadod, 3.
‘Trvossers de Grin, 47-49. 08921 Bacelons
(© 2011, Juan Pedro Campos Gomez, por la traduceién
© 2011, Random Houte Mondadori, S.A.
‘Av. Crs 9 No. 103-07, Piso 7, Boged, D.C.
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Reena
Printed in Colombia Impreso en Colombia
ISBN: 978.958-8613-2041
Impreso en: Nemat Impresoree
ara Kikse, con amorJusticia
degrada a las mujeres al insteumentalizar sus cuerpos y su capacidad
reproductiva.
‘Cuesta imaginar dos actividades humanas mis disimiles que tener
hijos y guecrear, Pero las embarazadas de alquiler indias y el soldado.
al que Andrew Carnegie pag6 para que fuese por él a la guerra civil |
norteamericana tienen algo en comin. Reflexionar sobre lo bueno
y lo malo de ambas situaciones nos pone cara a cara con dos de las
preguntas que dividen a unas concepciones de la justicia de otras:
hasta qué punto somos libres cuando elegimos en el libre mercado?;
hay ciertas virtudes y bienes superiores que los mercados no hon-
ran y el dinero no puede comprar?
5
Lo que cuenta es el motivo.
Immanuel Kant
Si cree que hay derechos humanos universales,es que usted, segura
mente, no es utilitarista. Si todos los seres son dignos de respeto, sean
quienes sean o vivan donde vivan, estar mal que se les trate como
eros instrumentos de la felicidad colectiva. (Recuérdese la historia
del nitio desnutrido que languidecfa en el s6tano por el bien de la
eciudad de la felicidad.)
Puede que usted defienda los derechos humanos porque respe-
tarlos maximizaré la utilidad a largo plazo. En tal caso, sin embargo,
su razén pata respetar los derechos no es el respeto hacia la persona
que los posee, sino porque as Ies iti mejor a todos. Una cosa es que
se condene esa situacién en la que tiene que haber un nifio que su-
fia porque reduce la utilidad general; otra, condenarla porque es mo-
ralmente mala en si, una injusticia que se comete con el nitio.
Silos derechos no se fundamentan en la utilidad, gous es sa finda
‘mento moral? Los libertatios ffecen una respuesta posible. Las perso~
nas no deberian ser usadas como un simple medio para el bienestar de
Jos demés, porque de ese modo se viola el derecho fundamental de ser
el duefio de uno mismo, Mi vida, mi trabajo y mi persona me pertene~
cen a mf solo, No estin a la disposicién de la sociedad en su conjunto.
Como hemos visto, sin embargo, la idea de ser el duefio de uno
mismo aplicada de modo coherente tiene consecuencias que solo
pueden gustarle a un libertario acérrimo: un mercado sin restriccio-
nes y sin red de seguridad para el que caiga; un Estado minimo que
prescinde de la mayor parte de las medidas que palian la desigualdad
121Justicia
¥ promueven el bien comin; y un [Link] consentimiento tan
grande que permite affentas a la dignidad humana, por parte de les
ropias victimas, del calibre del canibalismo pactado o de venderse a”
si mismo como esclavo.
Ni siguiera John Locke (1632-1704), el gran teGrico de los dee
rechos de propiedad y del gobierno limitado, proclamaba un dere-
cho ilimitado a ser el duefio de uno mismo, Negaba que podamos
disponer de nuestra vida y libertad cuando nos apetezca. Pero la teo-
tia de Locke de los derechos inalienables invoca a Dios,1o que plan-
tea un problema a quienes buscan un fondamento moral de los de-
rechos que no descanse en premisas religiosas.
EL ARGUMENTO DE KANT A FAVOR DE LOS DERECHOS
Immanuel Kant (1724-1804) offece una concepcién alternativa de
los deberes y los derechos, una de las mas poderosas e influyentes
que fil6sofo alguno haya producido. No se basa en que seamos nues-
ttos propios duefios o en que se diga que nuestras vidas y libertades
son un don de Dios. Se basa en que somos seres racionales, merece-
doves de dignidad y respeto.
Kant nacié en Kénigsberg, ciudad de la Prusia Oriental, en
1724, y murié alli casi ochenta afios después. Procedia de una fatnilia
modesta. Su padre era guarnicionero; ea, como la madre, pietist, fe
protestante que resaltaba la importancia de la vida religiosa inter
religiosa int
y de ks buenas obras ects
Destacé en la universidad de K@nigsberg, donde ingtes6 a los
dieciséis afios. Durante un tiempo trabajé como tutor privado, y a
los treinta y un afios consiguié su primer trabajo académico como
docente sin salario Ajo; le pagaban segiin el ntimero de alumnos que
acudia a sus clases. Fue un profesor popular y laborioso; daba unas
veinte clases a la semana, de metafisca, logica, ética, derecho, geogra-
fia y antropologha +e
___Bn 1781, los cincuenta y siete afios, publicé su primer gran
libro, la Critica de la raz6n pura, que poni
en entredicho la teoria
122
IMMANUELKANT.
empirista del conocimiento que deriva de David Hume y John Loc-
te. Cuatro afios més tarde publicé Fundamentaciin de la metafisca de
las costumbres, a primera de las varias obras que dedicé a la filosofia
‘moral. Cinco afios después de que apareciesen en 1780 los Principios
de la moral y ta legislacibn de Bentham, la Fundamentacién de Kant pro-
cedfa a una devastadora critica del vee Deter lomo
fins consiste en respetar a las personas como fines en si mismos.
La Fundamentacién de Kant aparecid poco después de la Revo-
lucin americana (1776) y justo antes de la Revolucion francesa
(F789), En consonancia con eT espa y el impetr HORPae Ea
“Tevoluciones, pone fuertes cimientos a lo que los revolucionarios del
siglo xvit lamaban derechos del hombre, o Jo que a principios del si-
glo xxr llamamos derechos humanos universales.
La filosofia de Kant né es pan comido. Pero no deje que eso le
eche pata atris. Merece la pena; es enorme Ia importancia de lo que
con ella nos jugamos. La Fundamentacién aborda una pregunta de
gran calado: cual es el principio supremo de la moral?'Y en la res
puesta aborda otra cuestiOn capital: zqué es la libertad?
Desde que las enuncid, las respuestas de Kant a ambas preguntas
se alzan, gigantescas, sobre la filosofia moral y politica. Sin embargo,
su influencia historica no es la tinica razén para prestarles atencion,
Por amedrentadora que pueda parecer la filosofia de Kant a primera
vista, la verdad es que informa buena parte del pensami y
politico contemporined, aunque ho seainos conscientes de ello. Pot
Pasi intetar entender a Kant no es solo un ejercicio filoséfico:
es ademas una forma de examinar algunas de las premisas funda-
mentales implicitas en nuestra vida pablica.
La importancia que le da Kanta la dignidad humana informa las
_deai aetales agerea de los derechos hurmanos universiles- Mis im-
POrtancia tiene ain el que su formulacién de la libertad figure en
muchos de nuestros debates de hoy sobre la justicia, En la introdue-
cién de este libro he diferenciado tres maneras de abordar la justicia,
Una de ellas, la de los utilitaristas, dice que para definit Ta justicia y,
déferminar qué debe Tacere hay yue preguntarse qué maximizaré
123
WeJUSTICIA
el bienestar o la felicidad colectiva de la sociedad en su [Link]
segundo enfoque liga la justicia a la libertad. Los libertarios prS HERE
niercado offecen un ejemplo de tal enfoque. Dicen que la distribu-
cién justa de la renta y del pattimonio seré aquella, Ja que sea, que se
derive del libre intercambio de bienes y servicios en un mercado sin
restricciones. Regular el mercado es injusto, sostienen, porque viola
la libertad de eleccién del individuo. Un tercer enfoque dice que la
Justicia consiste en dar a las personas Jo que MOTaNEAte se mere:
cen: en asignar los bienes para premiar y promover la virtsd. Como
veremos cuando examinemos el pensamiento de Aristoteles (en el
capitulo 8), el enfoque basado en la virtud liga la justicia a la vida
——— ES Justicia a la vida
buena.
Kant rechaza el primer enfoque (maximizar el bienestar) y el
tercero (promover la virtud). Ninguno de Tos dos, piensa, respeta la
fGertad| humana, Aboga, pues, y lo hace poderosamente, por el se—
gundo, el que Tiga la justicia y la moral a la libertad, Pero la idea de
Inbertac que propone es exigente, mas exigente que la libertad de ele-
gir que ejercemos cuando compramos y vendemos bienes en el
mercado. Lo que solemos entender por libertad de mercado 0 elec-
cién del consumidor no es verdadera libertad, sostiene Kant, porque
se Timita a satstacer G&S0r que, PUT CHIBCEAT, HO Wemos clegido
nosotros.
En un momento volveremos a esa idea més elevada de libertad
que tenia Kant. Pero antes veamos por qué piensa que los utiltaristas
sCequivocan al creer que Ia justicia y la moral consisten en maximi-
zat la felicidad.
LAS PEGAS DE MAXIMIZAR LA FELICIDAD
Kant rechaza el utilitarismo. Al fundamentar los derechos en un
CAleulo de qué produciré més felicidad, sostiene, el utiitarismo vuel-
ve vulnerables los derechos, Hay ademis un problema més hondo:
que se intente derivar los principios morales de los deseos que dé la
casualidad que tengamos es una manera equivocada de concebie
124
Ja moral, Que algo les dé placer a muchos no hace que esté bien. El
mero hecho de que la mayorfa, por grande que sea, esté a favor, por
convencidamente que sea, de tal o cual ley no Ja vuelve justa.
Kant sostiene que la moral no puede basarse en consideraciones
meramente empiricas, como lo son los intereses, necesidades, deseos
y preferencias que las personas puedan tener en un momento dado.
sos factores son variables y contingentes, sefiala, ai que dificilmen-
te podrian basarse en ellos unos principios morales universales. Peto
Ia idea fundamental de Kant es otra: basar los principios morales en
preferencias y deseos —aunque sea el deseo de ser feliz— malen-
tiende qué es la moral. El principio utilitarista de la felicidad «no
contribuye en absoluto al fundamento de la moral, pues hacer que
un hombre sea feliz es completamente diferente a hacerle bueno, y
hacerle prudente astuto en la persecucién de lo que le es ventajo-
so es completamente diferente a hacerle virtuoso»,? Basar la moral
‘en intereses y referencias destruye su dignidad, No nos ensefia a
distinguir lo bueno de lo malo, sino «solo a echar mejor la cuenta»?
Si nuestras necesidades y deseos no valen como fundamentos de
Ja moral, ;qué queda? Una posibilidad es Dios. Pero no es esa la res~
puesta de Kant. Aunque era cristiano, Kant no basaba la moral en la
autoridad divina. Defendéa, por el contrario, que podemos llegar al
principio supremo de la moral por medio del ejercicio de lo que
llama «raz6n prictica pura». Para ver cémo podemos, segin Kant,
alcanzar la ley moral mediante el uso de la razn, indaguemos ahora
la intima conexién, tal y como Jo ve Kant, entre nuestra capacidad
de razonar y nuestra capacidad de ser libres.
Kant sostiene que todas las personas son dignas de respeto, no
pORGUE Feaiiios Tucstros propios TUEHOS; SIMO POTGUE TOROS TERE
raclonales, capaces de razonary Somos wHenTas SeTes autOnOMOs, capa
ces de actuary clegirbremente. SSS
—Kerme oUTETE TEC GUE siempre logremos actuar racional-
meiite-o que siempre escojamos autonomamente A vetertohece=
Jhon ya veces Quleve decir solo Ge somor apace de OEY
ie sealers, ae ea coach et cree 8 tees oe eee
6s Como tales
125Justicia
Kant no duda en admitir que Ja capacidad racional no ¢s la Gn
2 que poseemos,Tenemos también la de sentir placer y dolor. Kang
reconoce que, ademas de racionales, somos Ceaturas sintientes. Por
ssintientes» Kant entiende que respondemos 4 nuestror sentidos, a
hhuestras sensaciones, Bentham, pues, tenfa razén, pero solo a medias
‘Tenia raz6n al observar que nos gusta el placet y nos disgusta el do-
lor, Pero se equivocaba al recalear que somos «nuestros duefios sobe~
anos». Kant sostiene que la razén puede set soberana, al menos par
te del tiempo. Cuando la razén gobierna nuestra voluntad, oan
mueve el desed de buscar el placer y escapar del dolor.
Nuestra capacidad de razonar esté ligada a nuestra capacidad de
ser libres. Combinadas, estas capacidades nos diferencian y ponen |
aparte de la mera existencia animal, Hacen que no seamos solo me-
nas criaturas con apetitos
2QUE BS LA LipERTAD?
Pata comprender la filosofia moral de Kant hemos de saber qué en-
tiende por libertad. Solemos-engar qu¥ la libertad es que no haya
obsticulos para hacer lo que querentos Kant discrepa. Su nocién de
Ja libertad es més estricta, mk ga
Kant razona como sigue: cuando buscamos, como los animales,
el placer o Ia ausencia de dolor, no estamos actuando en realidad li
bremente. Actuamos como esclavos de nuestros apetitos v deseos.
Por qué? Porque cuando estamos persiguiendo la satisfaccién de
nuestros deseos, todo lo que hacemos lo hacemos por un fin que nos
viene dado de fuera de nosotros. Voy por aqui para calmar mi ham-
bre, voy por alli para templar mi sed.
Supongs que intento decidir el sabor del helado que voy a pe-
dit: gchocolate, vainlla 0 café con toffee crujiente? Puedo pensar que
estoy ejerciendo la libertad de elegir, pero lo que en realidad esto
haciendo es intentar figurarme qué sabor satisfard m :
encias, preferencias que yo no escogi. Kant ni
ue afgaion mts prcrenisSaidexosnergeo eee
Someta:
126
iejor mis prefe-
IMMANUEL KANT
cemos, no actuamos libremente,sino conforme a una determinacion
(RE HGT HA Sido dada desde fuera. Al fin y al cabo, no escogt mi de~
se0 por el café con toffee crujiente en vez de por la vainilla. Lo tengo,
simplemente,
Hace afios}Qp1 anunciaba con. este lema: «Qbedece a tu
sed», E] anuncio de Sprite Hevabe implicita (sin que se percatasen de
aIE-Ho cabe duda) una idea kantiana, Cuando cojo una lata de Sprite
{0 de Pepsi, o de Coca-Cols), acttio por obediencia, no por mi liber
tad. Respondo a un deseo que no he escogido. Obedezco a mi sed.
Son frecuentes las discusiones por el papel que la naturaleza y la
crianza desempefian en el moldeo de la conducta. El deseo por be-
ber un Sprite (u otras bebidas azucaradas), gesté inscrito en los genes
0 lo induce la publicidad? Para Kant, tal debate esté fuera de lugar.
Esté mi comportamiento determinado por la biolo; lo
Sal-no Were autenticamente Tre, Actuar libremente, segiin Kant, es
{aetuar autonomamente.Y actuar autGnomamente es actuar conte
me a una ley que me doy a mi mismo, no conforme 2 los dictados
de la naturaleza o de la convenci6n social.
‘Una forma de entender lo que Kant quiere decir con sactuar
auténomamenter es contrastar la autonomia con lo contrario de la
auitonomia, y para nombrar lo contrario de la autonomia Kant se
inventa una palabra: heteronomia, Cuando actiio‘heterénomamen-
te, actéio conforme a determinaciones dadas fuera de mf. Un ejem-
plo:si dejo caer una bola de billar, se precipitaré hacia el suelo, En
‘su caida, la bola de billar no actéa con libertad; su movimiento esta
gobernado por las leyes de la naturaleza, en este caso la de Ja gra~
vedad.
Supongamos que me caigo (0 me tiran) del Empire State Buil-
ding. A medida que me precipito hacia el suelo, nadie dirfa que estoy
actuando libremente; mi movimiento esti gobernado por la ley de la
gravedad, como pasaba con la bola de billar.
Supongamos ahora que caigo sobre otra persona y Ja mato. No
seré moralmente responsable de esa desafortunada muerte, no mis
de Jo que lo seria la bola de billar si cayese desde una gran altura y le
diese a alguien en la cabeza, En ninguno de esos casos actiia el obje-
127justicta
to que cae —yo 0 la bola de billar— con libertad. En ambos casos,
el objeto que cae esté gobernado por la ley de la gravedad. Como no
hay autonomia, no hay responsabilidad moral.
‘Ahi, pues, esté el nexo entre la libertad como autonomia y la
idea de la moral que propone Kant. Actuar libremente no consiste
cen escoger los mejores medios para un fin dado; consiste en elegir el
fin mismo por lo que es, eleccién que los seres humanos pueden
hacer, y las bolas de billar (y Ja mayoria de los animales) no.
PERSONAS ¥ COSAS
Son las tres de la madrugada, yt compaiiero de cuarto en el cole~
gio universitario te pregunta por qué estas levantado tan tande din-
dole vueltas a dilemas que tienen que ver con tranvias.
—Para escribir un buen trabajo para primero de ética —contestas.
—Pero gpor qué quieres escribir un buen trabajo? —preganta
tu compafiero de cuarto.
—Para sacar una buena nota final,
—Pero gpor qué quieres obtener una buena nota final?
—Para conseguir un trabajo en un banco de inversién,
—Pero zpor qué quieres tin trabajo en un banco de inversion?
—Para ser algiin dia el director de un fondo de inversiones es~
peculativas.
—Pero gpor qué quieres ser director de un fondo de inversiones
especuilativas?
—Para ganar mucho dinero.
—Pero gpor qué quieres ganar mucho dinero?
—Para comer a menudo langosta, que me gusta. Al fin y al cabo,
soy una criatura sintiente.;Por eso estoy levantado tan tarde pensando
en tranvias sin frenos!
Este es un ejemplo de lo que Kant llama determinacién heteré-
noma: hacer algo en pos de otra cosa, que a stt vez se desea en pos de
128
IMMANUEL KANT
otra, y asi sucesivamente, Cuando actuamos heterénomamente, ac
fuamios en pos de fines dados fuera de nosotros. Somos instrumen-
tos, no autores, de lo que perseguimos.
La nocién de autonomia de Kant contrasta radicalmente con
‘ea situacion, Cuando actuamos auténomamente, segiin una ley que
‘nos damos a nosotros mismos, si hacemos algo, sera por lo que ¢s,
como un fin en si mismo. Dejamos de ser instrumentos de fines da-
dos fuuera de nosotros. Esta ‘capacidad de actuar auténomamente es
Jo que confiere a la vida humana su especial dignidad. Establece la
diferencia entre las personas y las cosas.
Para Kant, respetar Ja dignidad humana significa tratar a las per-
sonaé como fines en si mismas. Esta es la razén de que esté mal usar
a las personas en pos del bienestar general, como hace el utilitarismo,
Tisar al hombre corpulento las vias para que no pase el tranvia lo
usa como a un medio; por Jo tanto, no lo tespeta como a un fin ent
si mismo. Un utiitarista esclarecido (como Mill) quizé renuncie 2
empujar al hombre, preocupado por los efectos secundarios que dis-
minuirian la utilidad a largo plazo (a la gente Ie entrarfa enseguida
miedo 2 estar en un ptente, etc.). Pero Kant mantendria que esa es
tuna razén equivocada para desisir de tirar al hombre. Sigue tratando
a la vietima potencial como a un instrumento, un objeto, un mero
medio para la felicidad de los demis. Le deja vivir, no por lo que es,
sino para que otros puedan cruzar un puente sin temor.
Se suscita asi la cuestién de qué le da valor moral a una accién,
yy esa cuestién nos lleva de la idea especialmente exigente de libertad
{que propone Kant a su no menos exigente idea de la moral.
{QUE ES MORAL? BOsQUENSE Los MoTIVos
Segrin Kant, el valor moral de una accign no consiste en las conse,
segtin Kant, cl valor mora! de una accion ne oe
(GENCHTGUESETigan de ella, sino en la intencion con la que se haya
realizado, Lo que importa es el motivo, y el motivo debe ser de cier-
to tipo. Lo que importa es hacer lo que se debe porque es lo debido,
no por motives ulteriores.
129susticia
«Una buena voluntad no es buena por lo que efectéa o logras,
escribe Kant. Es buena en si misma, prevalezca o no. «Incluso si [...]
esa voluntad carece de todo poder para llevar a cabo sus intenciones,
si aun con el mayor de los esfuerzos no consigue nada [...] incluso j
entonces seguiria brillando como una gema de por si, como algo
que tiene todo su valor en si mismo.o*
Para que una accién sea moraliente buena, sno basta con que
sea conforme a la ley moral, debe ademés haberse hecho por la ley
moral». ¥ el motivo que confiere valor moral a una accién es el
motivo del deber, y Kant entiende por ello que se haga lo que &
debido por la razén debida.
Al decir que solo el motivo del deber confiere valor moral a
una accién, Kant no esti diciendo cuales son los deberes concretos
que tenemos. No nos esti diciendo todavia qué nos pide el prin
pio supremo de la moralidad. Se limita a observar que, cuando esta~
‘blecemos el valor moral de una accién, evaluamos los motivos por 4
los que ha sido hecha, no las consecuencias que produce.®
el motivo por cl que hacemos algo no ¢s el deber, si es eli
terés propio, por ejemplo, nuestra accion carecers de valor moral.
‘Esto es cierto, mantiene Kant, no solo pata el interés propio, sino
para todos y cada uno de los intentos de satisfacer nuestras necesida
des, deseos, preferencias y apetitos. Kant contrasta motives como
estos, a los que lama «motives de inclinacién», con el motivo del
deber, y recalca que solo las acciones levadas a cabo por el motivo |
del deber tienen valor moral.
El tendero caleulador y la Oficina del Mejor Negocio
Kant oftece varios ejemplos que exptesan la diferencia entre el de-
ber y la inclinacién. El primero se refiere a un tendero prudente. Un
cliente inexperto, un nifio, digamos, entra en un colmado para com=
prar pan. El tendero podria cobrarle de més —cobrarle un precio |
ris alto que ef habitual para el pan— y el nifio no se enteraria. Pero
ltendero comprende que, si otros descubren que se ha aprovechado
130
IMMANUEL KANT
del nifio de esa forma, correria la noticia, lo que perjudicarfa al ne-
xocio, Por esta raz6n, decide no cobratle de mis al ni Le cobra To
usual. Asi, el tendero hace Lo que se debe, pero por una razén inde~
bia. La tinica razén por la que se ha portade honradamente con el
nifio ha sido la de proteger su reputacion. El tendero actéia honrada~
mente solo por interés propio; la accién del tendero carece de valor
moral”
Se puede ver un anélogo moderno del tendero prudente de
Kant en Ja campatia de afiliacién de la Oficina del Mejor Negocio
de Nueva York. Para incorporar a nuevos miembros, la Oficina pu-
blica 2 veces un anuncio de pagina completa en el New York Times
con este encabezamiento: «La honradez es la mejor politica-Y la mis
[Link] texto del anuncio no deja lugar a dudas acerca de los
motivos a Jos que apela:
La honradez. Es tan importante como cualquier otro activo. Por-
que un negocio que procede con la verdad por delante, con transpa~
rencia y asignando a las cosas el valor que realmente tienen, no puede
sino ir bien, Esa es a meta por a que apoyamos a la Oficina del Mejor
Negocio, Unete a nosotros.Y beneficiate con ello.
Kant no condenaxfa a la Oficina del Mejor Negocio; promover la
honradez en los negocios es loable. Pero hay una importante diferen-
cia moral entre ser honrado por mor de la honradez en si misma y set
honrado pot mor de Ja linea de resultados. La primera ¢s una postura
basada en principios, la segunda es una postura prudente, Kant sostie~
re que solo la postura basada en principios concuerda con el motivo
del deber, el nico motivo que confiere valor moral a una accién.
(O picnse en este ejemplo: hace afios, la Universidad de Maryland
intent combatir la extendida costumbre de copiar en los eximenes
pidiendo a los alumnos que firmasen un compromiso de no hacerlo.
Como incentive, a los que hicieran esa promesa se les offecia una
tarjeta de descuento con la que se ahorraban entre un 10 y un 25
por ciento en los establecimientos de la zona." No se sabe cusintos
estudiantes prometieron que no copiarfan por el descuiento en la
131JUSTICIA,
pizzeria de la esquina. Pero la mayora estaremos de acuerdo en que |
comprar la honradez carece de valor moral. (E] descuento pudo lo. |
pensa monetaria tiene valor moral. Kant dirfa que no.)
Estos casos conceden verosimilitud a la aseveraci6n de Kant de |
que solo el motivo de! deber —hacer algo porque esti bien hacerlo, |
no porque sea titil o conveniente— confiere valor moral a una ac |
cién, Sin embargo, dos nuevos ejemplos sacan a'la luz una complix |
cacién de la aseveracién de Kant,
Seguir vivo
E] primero se refiere al deber, asf lo considera Kant, de preservar la
propia vida. Como la mayor parte de las personas tienen una fuerte §
inclinacién a seguir viviendo, rara vez se alude a este deber. La ma- J
yor parte de las molestias que nos tomamos para preservar la vida
carecen, pues, de contenido moral. Abrocharnos el cinturén de se~__
guridad y mantener bajo control el colesterol son actos prudentes,
no morales.
Kant reconoce que 2 menudo cuesta saber cules son los mo
vos por los que alguien actéia como actéa.Y reconoce que pueden
estar presentes a la vez el motivo del deber y el de la inclinacién. Su
idea es que solo el motivo del deber —hacer algo porque esti bien
hacerlo, no porque sea titil, placentero o conveniente— confiere va
lor moral a una accién. Lo ilustra con el ejemplo del suicidio.
Las personas, en su mayorfa, siguen vivas porque aman la vida,
no porque tengan el deber de hacerlo. Kant offece un ejemplo don-
de el motivo del deber se hace visible. Imagina una persona sin espe
ranzas, misérrima, tan desalentada que no desea seguir viviendo. Si
echa mano de toda su voluntad para seguir viviendo, no por inclina~
cin sino por deber, su accién tendra valor moral?
Kant no mantiene que solo las personas hundidas en la miseria
pueden cumplir con el deber de seguir vivas. Es posible amar la vida
132
IMMANUEL RANT.
asin embargo, seguir viviendo por la razén debida,a saber, que se
ene la obligacién de seguir viviendo. El deseo de seguir viviendo
no socava el valor moral de preservar la propia vida, siempre y cuan-
do la persona reconozca el deber de preservarla y la preserve tenién-
dolo presente.
El miséntropo moral
Quizi cuando més arduas resultan las formulaciones de Kant es
‘cuando hay que aplicarlas al deber, tal y'como él lo concibe, de ayu~
dar a otros. Algunas personas son altruistas. Sienten compasién por
otros y les agradi spades, Pero, segtin Kant, hacer buenas obeas_
posure dis alee conse «por conforme al de=
er y amable que pueda ser», carece de valor moral. Pareceré que
esta conclusién desafia a la intuicién, ZNo es bueno, aéaso, ser una de
esas personas que disfruta ayudando aTos demas? Kant ditia que si
Yertamente no plensi que Hays Wada malo en actuar porque s&
goce llevando el contento a los dems, Pero distingue entre este mo-
tivo para ayudar a los dems —hacer buenas obras —yel
fRativo del deber mantiene que solo el motivo del deber confiere
valor moral a una accién. La compasién del altruista «merece elogio
y aliento, pero no una alta estima».
Cuando, pues, tendrd una buena obra valor moral? Kant oftece
un ejemplo. Imaginemos que nuestro altruista sufte una desgracia
que extingue su amor por la humanidad. Se convierte en un misin-
tropo que no siente la menor simpatia ni la menor compasién. Pero
este corazén tan duro se aparta de su indiferencia y viene en ayuda
de los seres con los que comparte la condicién humana. Desprovis-
to de la inclinacién a ayudar, lo hace esolo por mot del deber». Abo-
1a, por primera vez, tienen sus actos valor moral.
En algunos aspectos, pareceré un juicio extrafto. Quiere decir
Kant que debe valorarse a los misintropos como ejemplos morales?
_necesariamente su valor moral. Lo que importa, nos dice Kant, €
133yusricia
que las buenas obras se hagan porque deben hacerse, nos agrade 0
acerlas ch
El héroe del cenamen ortogréfico
Piénsese en un incidente que ocurrié hace unos afios en el certamen.
ortogréfico nacional, celebrado en Washington. A un chico de trece -
alos se le pidi6 que deletrease «ecolali», palabra que significa sten=—
dencia a repetir lo que se oyer, No la deletze6 bien, pero los jueces no
‘oyeron lo que en realidad dijo, dictaminaron que lo habia hecho bien
y le dejaron seguir adelante. Cuando supo que habia deletreado mal
la palabra, se presenté ante los jueces y se lo conté.¥ le eliminaron. Al”
dia siguiente, los titulares proclamaban que ese joven tan honrado era
tun shéroe del certamen ortogrificos, y su foto salié en. el New York
Times. «Los jueces me dijeron que era muy integro», conté a los pe~
riodistas. Les dijo también que, en parte, el motivo por el que habia
procedido asi era que «no queria sentirse como un gusano»."?
Cuando lei esa declaracién del héroe del certamen ortogrifico
me pregunté qué habria pensado Kant. No querer sentirse como un
gusano es una inclinacién, claro esti. Por lo tanto, si ese era el moti-
vo por el que el chico dijo la verdad, cabe pensar que el valor moral
de su acto estaba socavado, Pero semejante conclusién parece demna~
siado severa, Querria decir que solo las personas sin sentimientos,
podrian realidar actos moma 1o creo que fucra esto
Ig que Kant pensaba.
Si el chico solamente dijo la verdad por no sentirse culpable o
pata que no se pensase mal de él siel error se descubria, que contase
la verdad carece de valor moral. Pero si dijo la verdad porque sabia
que estaba bien hacerlo, su acto es moral con independencia del
placer o satisfaccion que le reportase, ‘Mientras bisrese toque debs
va el valor mor de su acto,
To mismo vale para el altruista de Kant. Si solo ayudaba a otros
por el placer que le daba, sus actos carecfan de valor moral. Pero si
134
- geconocia como deber ayudar a los que, como él mismo, eran seres
fhumanos y lo hacia por cumplir ese deber, el placer que derivase de
ello no lo descalificaba moralmente.
En la prictica, claro est4, es frecuente que cl deber y la inclina-
{ue ano mismo aétiia, no digamos ya los de otros, Kant no To niega.
Tamipocd PEAT GUE solo un misintropo duro de corazén pueda
realizar actos moralmente valiosos, Lo que pretende con su ejemplo
del misintropo es que quede bien claro el motivo del deber, que se
manifieste sin que Lo velen la simpatia 0 la compasién.¥ en cuanto
‘vislumbramos el motivo del deber, idéntificamos el rasgo que les da
‘a nuestras buenas obras su valor moral, a saber: el principio a que se
atienen, no las consecuencias.
IMMANUEL KANT
{CUAL BS EL PRINCIPIO SUPREMO DE TA MORALIDAD?
Si la moral consiste en actuar como dicte el deber, queda por ver
gué exige el deber. Para saberlo, segiin Kant, hay que saber cul es ¢]
principio supremo de la moral. ¢Cual es el principio supremo de la
moral? El propésito de Kant en la Fundamentacién es responder esta
pregunta.
Nos acercara a la respuesta de Kant el modo en que conecta tres
‘geandes ideas: la moral, la libertad y la raz6n. Kant fas explica por
tun poco de jerga, pero si se percibe cual es el paralelismo entre los
términos que se contrastan, se estar en el buen camino para enten-
der la filosofia moral de Kant. Estos son los contrastes que debemos.
tener en cuenta:
Primer contraste (la moral):
Segundo contraste (la libertad)
“Tercer contraste (la razén):
135
deber / inclinacién
autonomia / heteronomia
imperative hipotéticoJusticia
Hemos examinado ya el primero de estos contrastes, entre el |
deber vla inclinacién, Salo el motivo del deber Confiere valor moral
a una accié[Link] si puedo explicar los otros dos.
El segundo contaste describe ds formas dirents de determi
nar mi voluntad: autGnomamente y heterénomamente, Sein Kans,
$015 Soy libre cuando mi voluntad estf determinada auténomamente,
§obernada por una ley que me doy a mi mismo. Ahora bien, pensamos
amenudo que la libertad consiste en poder hacer lo que queramos,en
perseguit nuestros deseos sin que nada nos estorbe. Peto Kant le plan:
tea una gran dificultad a esta forma de concebir la libertad: si, para
empezar, uno no ha elegido sus propios deseos, zcémo podremos pen-
sar que somos libres cuando hacemos por satisfacetlos? Kant expresa
sa dificultad con el contraste entre autonomia y hetetonomta,
Cuando mi voluntad esta determinada heter6nomamente, esti |
determinada externamente, desde fuera de mi mismo, Pero esto lleva
un arduo problema:si la libertad consiste en algo mis que en se=
guir mis deseos e inclinaciones, ;cémo es posible la libertad? 3No
estar todo lo que hago motivado por deseos o inclinaciones deter
minados por influencias exteriores?
La respuesta dista de ser obvia. Kant observa que «no hay nada
cen la naturaleza que no actite obedeciendo a leyes», como las de la
necesidad natural, las de la fisica 0 la de causa y efecto.” Eso nos
incluye,Al fin y al cabo, somos seres naturales. Los setes humanos no
estamos eximidos de las leyes de la naturaleza.
Pero si tenemos la capacidad de ser libres, habremos de poder
actiar conforme a algén otro tipo de ley, una ley diferente a as de Ia
{fistea Kant sotiene que toda accion esta gobernada por leyes de ua.
Spo 0 de otro. si nuestras acciones estuviesen regidas solo por las
leyes de Ia fisica, no setiamos diferentes de una bola de billar. Por lo
tanto, si tenemos la capacidad de ser libres, es que hemos de ser ca-
paces de actuar, no conforme a una ley que nos es dada o que se nos
impone, sino conforme a una ley que nos demos a nosotros mismos.
Pero :de donde pracedesiesneley ai
La respuesta de Kant es: de la raz6n, No somos finicamente seres
sintientes, gobernados por el placer y el dolor que proporcionan los
136
IMMANUEL KANT
sentidos; somos ademis seres racionales, capaces de ejercitar la raz6n.
Si Ja razén determina mi voluntad, la voluntad se convertiri eri la
facultad de escoger con independencia de los dictados de la natura
Jeza o de la inclinacion. (Obsérvese que Kant no dice gue la raz6n
gobierne siempre mi voluntad; dice solo que, en la medida en que
soy capaz de actuar libremente, conforme a la ley que me dé a mf
misino, tendré que ocurrir que la raz6n pueda gobernar mi vo~
luntad.)
Por supuesto, Kant no fue el primer filésofo que afirmé que los
seres humanos son capaces de ejercitar la razén. Pero su nocién de
razén, como sus concepciones de la libertad y Ia moral, resulta espe-
cialmente exigente. Para los filésofos empiristas, entre ellos los utili-
taristas, la razén. es completamente instrumental. Nos capacita para
descubrir los medios para perseguir ciertos fines, fines que Ia razén
misma no proporciona. Thomas Hobbes llamé a la raz6n «explora
dora de los deseos». David Hume Ia llamé «esclava de las pasioneso.
Los utilitaristas consideraban que los seres humanos eran capa~
ces de ejercer la raz6n, pero solo la instrumental. La tarea de la raz6n,
para los utilitaristas, no es determinar qué fines merece la pena per-
seguir, sino calcular cémo se maximiza la utilidad satisfaciendo los
deseos que resulte que tengamos,
Kant niega que la razén tenga ese papel subordinado. Para él, a
raz6n no es una mera esclava de las pasiones. Si la raz6én no fuese
mis que eso, dice Kant, estarfamos mejor con el instinto."*
La idea de razén de Kant —de la razén-prictica, el tipo que
interviene en Ja moral— no es la de una raz6n instrumental, sino la
de la «raz6n practica pura, que legisla a priori, haciendo caso omiso de
cualquier fin empirico»."”
IMPERATIVOS CATEGORICOS E HIPOTETICOS
Pero cémo puede hacer eso la razén? Kant distingue dos maneras
que tiene Ja razén de mandar a la voluiitad, dos tipos diferen
infperativo, Un tipo de imperative, quiz’ el que resulta més familie,
——_—.
137Justicia
¢s el imperativo hipotético. Los imperativos hipotéticos se valen de
Wraz6n insteumental: si quieres X, haz Y. Si quieres tener buena re
putacidn en los negocios, pértate honradamente con tus clientes.
Kant contrasta los imgerativos hipotéticos, que siempre son
‘onditionales, con un tipo de imperative que & incondicionalra
«
-ondiciGnales, con un tipo de imperativo que és incondicional al
imperative categérico.
)?
Respuesta: No. La regla de oro depende de hechos contingen-
tes, de cémo quiera la gente que se la trate. El imperativo categérico
requiere que aos abstraigamos de esas contingencias y respetemos a
las personas por trataise de seres racionales, deseen lo que descen en
una situacién concreta.
Suponga que usted se entera de que su hermano ha muerto en
un accidente de coche. Su anciana madre, que tiene una salud de-
licada y vive en una residencia, le pide que le dé noticias de ese
hermano, Usted no sabe si decirle la verdad 0 ahorratle la conmo=
cin y la angustia que le causaria. Qué debe hacer? La regla de
oro conduce a esta pregunta: gc6mo te gustaria que te tratasen en
una circunstancia parecida? La respuesta, claro esté, es muy contin
gente. Algunos preferirin que se les hurten verdades dolorosas en.
momentos en que se sientan vulnerables, otros querrin la verdad,
por penosa que sea. Usted podrfa perfectamente concluir que, si se
encontrase en la situaci6n de su madre, preferiria que no le conta-
sen la verdad.
Para Kant, sin embargo, esa no es la pregunta que hay que hacer.
Lo importante no es cémo se sentiria usted (0 su madre) en esas,
circunstancias, sino lo que significa tratar a las personas como seres
racionales, dignos de respeto. Este es un caso en el que la compasion
podria apuntar hacia un lado y el respeto kantiano hacia otro. Desde
el punto de vista del imperative categérico, podria argiiitse que si
usted, preacupado por los sentimientos de su madre, le miente, esta~
ra usindola como medio para que ella misma permanezca en paz en
vez de respetarla como ser racional.
144
IMMANUEL KANT
Segunda pregunta: Kant parece dar a entender que responder al deber
yy actuar aut6nomamente son una y la misma cosa. Pero gcémo es posible tal
cosa? Actuar conforme al deber significa tener que obedecer wna ley. ¢Cémo
puede la obediencia a la ley ser compatible con la libertad?
Respuesta: El deber y Ia autonomia van de la mano solo en un
‘caso especial, a saber, cuando soy el autor de la ley que es mi deber
respetar. Mi dignidad en cuanto persona libré no consiste en estar
sujeto a a ley moral, sino en ser el autor de tesa mismisima ley {...]
¥y estar subordinado a ella solo por esa razon». Cuando acatamos el
jmperativo categérico acatamos una ley’que hemos elegido nosotros
miimos. «La dignidad del hombre consiste precisamente en esta ca~
pacidad legislativa general, aunque con la condicién de que él mis-
mo esté sujeto al mismo tiempo a esa legislacién.o%
‘Tercera pregunta: $i la aufononifa consste en actuar conforme a una
ley que me doy a mi mismo, zqué garantiza que todo ef mundo escogerd la
misma ley moral? Si el imperativo categérico es producto de mi mente, no es
‘probable que personas diferentes leguen a diferentes imperatives categbricos?
Kant parece pensar que todos coincidiremes en la misma ley moral, Pero
{cbmo puede estar seguro de que personas diferentes no sazonarén diferente
mente y legarin a leyes rrorales diversas?
Respuesta; Cuando establecemos la ley moral, no escogemos
como usted y como yo, personas particulares, sino como seres racio-
nales, participes de lo que Kant llama «razén prictica pura». Por lo
tanto, es erréneo pensar que esté en nuestta mano determinar la ley
moral en cuanto individuos. Por supiesto, si razonamos conforme a
nuestros intereses, deseos y fines particulares es muy posible que aca~
bemos quién sabe con cuantos principios distintos. Pero esos no se-
tian principios de la moral, sino de la prudencia. Mientras ¢jerzamos
ia razén prictica pura, alcanzaremos las mismas conclusiones: llega~
remos a un imperative categérico tinico (universal). «Por lo tanto,
tuna voluntad libre y una voluntad sujeta a las leyes morales son una
y la misma cosas”JUSTICIA
Cuarta pregunta: Kant sostiene que, si la moral es algo més que
calaular prudentemente, habrd de tomar la forma de wn imperative categri-
co, Pero gcfmo podremos saber que la moralidad existe aparte del juego del
poder y de los intereses? ;Podremes tener alguna vez la seguridad de que
contames con la capacidad de actuar autSnomamente, com libre albedrio? gY si
los cientifcos descubren (gracias a la toma de imagenes de la actividad cere-
bral, por ejemplo, 0 gracias a 1a neurociencia cognitiva) que, a fin de cuentas,
7 tenemos libre albedo? No quedaria ast refitada la flosofa moral de
‘ant?
Respuesta: El libre albedrio no es de ese tipo de cosas que la
ciencia pueda probar o refixtar. Tampoco lo es la moral. Es verdad
que los seres humanos habitamos en el reino de la naturaleza. Todo
Jo que podamos hacer se podré describir desde un punto de vista
fisico 0 biolégico. Cuando levanto la mano para votar, mi accién se
puede explicar hablando de misculos, neuronas, sinapsis y células.
Pero se podri explicar también hablando de ideas y creencias. Kant
dice que no podemos evitar entendernos a nosotros mismos con-
forme a ambos puntos de vista, el del reino de la fsica y la biologia
¥ el del «inteligibles reino de la libre capacidad de actuar humana,
Para responder esta pregunta de modo mis completo he de decir
algo mis acerca de esos dos puntos de vista. Son dos posibles formas
de entender la naturaleza de la capacidad de actuar humana y de las
leyes por las que se rigen nuestros actos. Kant los describe de la for~
ma siguiente:
Un ser racional [...] tiene dos puntos de vista desde los que pue-
de contemplarse a f mismo y conocer las leyes (...] de todas sus ac~
ciones. Puede verse primero a sf mismo, en cuanto pertenece al mundo
sensible, sujeto a las leyes de Ia naturaleza (heteronomia);y en segundo
Ingar,en euanto pertenece al mundo inteligible, sujet 2 leyes que, al
ser independientes de la naturaleza, no son empfricas sino que se f=
damentan solo en la razén.*
IMMANUEL KANT
El contraste entre estas dos perspectivas es homélogo @ los tres
contrastes de que he hablado yar
deber / inclinacién
autonomia / heteronomia
mperativo categorico /
imperativo hipotético
reino de lo ineligible /
reino de lo sensible
Primer contraste (la moral)
‘Segundo contraste (la libertad):
‘Tercer contraste (la raz6n):
Cuarto contraste (el punto de vista):
En cuanto ser natutal, pertenezco al mundo sensible. Mis actos
estin determinados por las leyes de la naturaleza y las regularidades
de la causa y el efecto. Este es el aspecto de la actuacién humana que
ha fisica, a biologia y la neurociencia pueden describir. En cuanto ser
racional, habito en un mundo inteligible. Ahi, al ser independiente
de las leyes de la naturaleza, soy capaz de ser auténomo, de actuar
conforme a una ley que me doy a mf mismo.
Kant sostiene que solo desde este segundo punto de vista (el del
reino de lo inteligible) puedo verme a mi mismo como un ser libre, «pues
set independiente de la determinacion de ls causas del mundo sensible (y
esto es lo que la razén debe atribuirse siempre a si misma) es ser libres”
Si no fuese més que un ser empirico, no podria ser libre; cada
vez que se ejerciese la voluntad seria bajo el condicionamiento de
algiin interés 0 deseo. Toda eleccién seria heterénoma, regida por la
persecucién de agin fin. Mi voluntad nunca podtia ser una causa
primera, sino solo el efecto de alguna causa anterior, el instrumento
de uno u otro impulso o inclinacién.
En la medida en que nos concibamos a nosotros mismos como
seres libres, no podremos concebirnos como seres meramente empi-
ricos. «Cuando pensamos en nosotros como seres libres, nos transfe~
rimos al mundo inteligible y nos incorporamos a él como miembros
suyos, y reconocemos Ja autonomia de la voluntad junto con su
consecuencia, la moral.»
‘Asi que —para volver a a pregunta—, gc6mo son posibles los
imperativos categdricos? Soto lo son porque «la idea de la libertad
147Justicia
me hace miembro de un mundo inteligible».* La idea de que pode-
mos actuar libremente, ser moralmente responsables de nuestros ac-
tos y considerar a ottos responsables moralmente de los suyos re~
quicre que nos veamos en esa perspectiva, la del agente, no como.
meros objetos. Si usted quiere realmente oponerse a esta idea y em-
efiarse en que la libertad humana y la responsabilidad moral son
puras ilusiones, las explicaciones de Kant no demostraran que usted
esté equivocado. Sin embargo, resultaria dificil, si no imposible, en=
tendernos, dar sentido a nuestra vida, sin alguna concepcién de la
libertad y de la moralY cualquier concepci6n asi, piensa Kant, nos
compromete a aceptar las dos formas de vernos: como agentes y_
como objetos.Y una vez se haya captado la fuerza de esta idea, se
veri por qué la ciencia no podri nunca probar o refuttar la posibili-
dad de la libertad. q
Recuerde que Kant admite que no somos solo seres racionales,
No vivimos solo en el mundo inteligible. Si fuésemos solo seres racio-
ales, si no estuviésemos sometidos a las leyes y necesidades de la na~
turaleza, todos nuestros actos «concordarfan invariablemente con la
autonomia de la voluntad>.” Como vivimos, simultineamente, en
ambas perspectivas —el reino de la necesidad y el reino de la liber-
tad—, siempre podri haber una brecha entre lo que hacemos y lo que
deberiamos hacer, entre cémo son las cosas y cémo deberian ser.
Otra forma de plantearlo es decir que la moral no es empirica
Guarda las distancias con el mundo. Al mundo, lo juzga. La ciencia
no puede, con todo su poder y penetracién, llegar a las cuestiones
morales porque opera dentro del reino sensible.
«Tan imposible le es a la més sutil de las filosofias —escribe
Kant— como a la razén humana més comtin expulsat a la libertad
razonando.»® También Je es imposible, podria haber aiiadido, a la
neurociencia cognitiva, por refinada que sea. La ciencia puede inves-
tigar la naturaleza ¢ inguirir acerca del mundo empitico, pero no
puede responder las cuestiones morales o refutar el libre albedrio. La
raz6n ¢s que ni la moral ni la libertad son conceptos empfricos. No
podemos probar que existan, pero tampoco podemos dar sentido a
nuestra vida moral sin presuponerlas
148.
IMMANUSL KANT
_ SEXO, MENTIRAS ¥ POLITICA
Una forma de explorar la filosofia moral de Kant consiste en ver
como la aplicaba a algunas cuestiones concretas. Querria considerar
‘res aplicaciones: al sexo, a la mentira y a la politica. Los filésofos no
son siempre las mejores autoridades en lo que se refiere a la aplica~
cin prictica de sus teorias. Pero las aplicaciones que hizo Kant de la
suya son interesantes en si mismas y, ademas, arrojan algo de luz so-
bre el conjunto de su filosofia.
Kant contra las rlaciones sexualesinformales
Las opiniones de Kant sobre la moral sexual son tradicionales y con-
servadoras. Se opone a todas las pricticas sexuales concebibles, salvo
las existentes entre marido y esposa. Lo importante aqui no es tanto
si las opiniones de Kant sobre el sexo derivan realmente de su filo-
soffa moral como la idea de fondo que reflejan: que no somos nues-
‘tos duefios y no estamos a nuestra propia disposicién. Se opone al
sexo informal (para él lo es toda relacién sexual fuera del matrimo-
nio), por consentida que sea por ambas partes, ya que degrada a
quienes se entregan a él y los convierte en objetos. El sexo informal
¢s rechazable, piensa, porque en él solo impera el deseo sexual, no el
respeto a la humanidad del otto.
El deseo que un hombre siente por una mujer no se dirige hacia
ella porque sea un ser humano, sino porque es tuna mujer; que sea un
ser humano no le preocupa al hombre; solo su sexo es el objeto de sus
deseos
Incluso cuando el sexo informal produce mutua satisfaccién a
Jos gue asi se relacionan, «cada uno deshonra la naturaleza humana
Gel otro, Hacen de la humanidad un instrumento para la satisfac
cién de su lujuria e inclinaciones»® Por razones a las que volveré
en un momento, Kant piensa que el matrimonio eleva el sexo al
149Justicia
Ievarlo mis allé de la gratificaciGn fisica y ligarlo a la dignidad bu.
mana.)
Al abordar Ja cuestién de si la prostitucion es moral o inmoral, |
Kant se pregunta pot las condiciones en las que'el uso de nuestras
facultades sexuales resulta compatible con la moral. Su respuesta, en
esta como en otras situaciones, es que no debemos tratar a los demas
0 a nosotros mismos— meramente como objetos. No estamos a
nuestra propia disposicién. En puro contraste con la idea libertaria
de que somos nuestros propios duefios, Kant insiste en que no lo
somos. El requisito moral de que tratemos a las personas como fines
en vez de como simples medios limita la manera en que podemos
tratarnos a nosotros mismos y a nuestros cuerpos. «El hombre no
puede disponer de sf mismo porque no es una cosa; no es propiedad
de si mismo.o*
En los debates actuales sobre la moral sexual, quienes se refieren
al derecho a la autonomia sostienen que los individuos deben ser
libres de escoger por si mismos el uso que hagan de sus cuerpos.
Pero por autonomfa Kant no entendia eso, Paradéjicamente, el con-
cepto de autonomia de Kant impone ciertos limites a la manera en
que nos tratemos 4 nosotros mismos. Pues, recuerde, ser auténomo
¢s estar gobernado por una ley que me doy a mi mismo, el impera
tivo categ6rico.¥ el imperative categérico requiere que trate a todas
las personas (incluido yo mismo) con respeto, como un fin,no como
tun simple medio. Asi, para Kant, actuar aut6nomamente requicre
que nos tratemos a nosotros mismos con respeto y que no nos con~
virtamos @ nosotros mismos en objetos, No podemos usar el cuerpo
comio nos apetezca.
En los dias de Kant no habia un mercado de rifiones, pero los
ticos se ponian dientes que les compraban a los pobres. (En El as-
plante de dientes, una vitieta del caricaturista inglés del siglo xvutt
‘Thomas Rowlandson,se ve a un cirnjano que le extrac dientes en el
gabinete del dentista 2 un deshollinador mientras unas mujeres adi-
neradas esperan a que se los pongan.) Kant consideraba que se trata~
ba de una violacién de la dignidad humana. Una persona sno tiene
derecho a vender tuna pietna, ni siquiera un dientes.” Al hacerlo se
150
IMMANUEL KANT
gata a misma como a un objeto, un simple medio, un instrumento
wwecho econémico.
me raat Te parecia que la prostitucién era rechazable por las mis~
mas razones, «Permitir que una persona saque un beneficio econ’
mico de que la use otro para satisfacer el deseo sexual, hacer de si
misma un objeto de demanda, ¢s [...] hacer de s{ misma una cosa
von la que otro satisface su apetito, cal y como calma su hambre con
un filete.» Los seres humanos no «tienen derecho a ofrecerse a sf
ismos, por un beneficio econémico, como cosas para que otros los
disen a fin de satisfacer sus propensiones sexualesy, Hacerlo asi es
tratar a la propia persona como una mera,cosa, un objeto de uso, «EL
ace en esto es el de que el hombre no es
principio moral que suby °
propiedad de si mismo y no puiede hacer con su cuerpo lo que le
v ana.
ea oporcién de Kant ala prostitucién y al sexo informal saca a
Jaluz el contraste existente entre la autonomia, tal y como él la con-
‘ibe —el libre albedrio de un ser racional—, y el consentimiento
individual. La ley moral a la que llegamos mediante el ejercicio de
nuestra voluntad requiere que nunca tratemos a Ja humanidad —en
nuestra persona y en la de Tos demés— como un medio, sino como
tun fin en si misma. Aunque este requisite moral se basa en la auto-
noma, descarta ciertos actos entre adultos pese a que consientan en
hhacetlos,a saber, los que chocan con la dignidad humana y el respe-
to [Link] mismo.
Kant concluye que solo el sexo dentro del matrimonio puede
brarse ecle degradar la humanidads. Dos personas pueden librarse
de que el sexo las convierta en objetos solo cuando se dan la una a
la otra en su integridad y no solo para el uso de sus capacidades
sexuales. Solo cuando ambas comparten con la otra «la persona, el
cuerpo y el alma, en Jo bueno y en lo malo y en todos los aspectoss
puede su sexualidad conducir a suna unién de seres humanos».
Kant no dice que todos los matrimonios produzcan verdaderamente
tuna unin de ese tipo¥ quizd esté equivocado al pensar que no
puede haber uniones asi fuera del matrimonio o que en as reacio-
nes sexuales fuera del matrimonio no hay nada més que gratificacion
151justicts
sexual. Pero sus opiniones sobre el sexo ponen de manifiesto la dife~
rencia entre dos ideas que se confianden a menudo en los debates de
nuestros dias: entre una ética del consentimiento sin limites y una
ética del respeto a la autonomia y dignidad de las personas.
gEsté mal mentir a un asesino?
Kant adopta una linea dura contea la mentira. En la Fundamentaci6n
sirve de primer cjemplo de conducta inmoral. Pero suponga que en
su casa se oculta uno de sus amigos y un asesino lama a la puerta y
pregunta por él. No estaria bien mentir al asesino? Kant dice que
no. Bl deber de decir la verdad se mantiene sean cuales sean las con~
secuencias.
Benjamin Constant, un filésofo francés contemporineo de Kant,
se enftent6 2 esta postura inflexible, El deber de decir la verdad vale,
sostenia Constant, solo ante quienes se merecen la verdad, y el asesi-
no sin duda no se la merece. Kant replicé que mentir al asesino esti
mal, no porque date al asesino, sino porque viola el principio de lo
que es debido: «La veracidad de las declaraciones que no se pueden
eludit es el deber formal del hombre con cualquiera, por grandes
que sean las desventajas que puedan derivarse de ello para él 0 para
otros».
Qué duda cabe, ayudar a un asesino a realizar su malvado desig-
nio es una «desventajav no precisamente pequefia, Pero recuerde que,
para Kant, la moral no tiene nada que ver con las consecuencias;
tiene que ver con los principios. No se pueden controlar las conse~
cuencias de una acci6n —en este caso, decir la verdad— porque es-
tin sujetas a la contingencia, Por lo que a usted concierne, su amigo,
temeroso de que el asesino vaya a por él, podria haberse escabullido
por la puerta de aeris, La raz6n por la que usted debe decir la verdad,
asevera Kant, no es que el asesino tenga derecho a la verdad o que
tuna mentira pueda daifarle. La raz6n es que una mentira —cualquier
‘mentira— sinutiliza la fuente misma del derecho. [...] Es, pues, una
ley sagrada de la raz6n, de cumplimiento incondicionalmente obli-
152
IMMANUEL KANT
gado, que no admite salvedades por conveniencia alguna, que hay
gue ser veraz (sincero) en todo lo que se expreses.*!
Parecer una posicién extrafia y extrema, Sin duda, no tene-
mos el deber motal de decirle a un guardia de asalto nazi que Ana
Frank y su familia se ocultan en el ético. Pareceria que la insisten-
cia de Kant en que hay que decir la verdad al asesino en la puerta,
co aplica mal el imperativo categérico o demuestra la insensatez de
este,
Por inadmisible que pueda parecer lo que Kant asevera, me gus
taria offecer una cierta defensa de su postura. Aunque mi defensa
difiere de la que da Kant, concuerda con el espiritu de su filosofia y,
espero, atroja algo de luz sobre ell.
Imaginese en el apuro de tenet a una amiga oculta en un cuarto
yalasesino en la puerta, Claro esti, usted no quiere ayudar al asesino
a ejecutar su maligno’ plan, Eso se da por sentado. No quiere decir
nada que Hleve al asesino hasta su amiga, La cuestién es: gqué le digo?
Tiene dos opciones. Puede decirle una pura mentira: «No, no esti
aqui, O puede decir algo cierto pero engafioso: «Hace una hora la
vi pora calle, por donde a tienda de comestibles».
Desde el punto de vista de Kant, la segunda estrategia ¢s moral-
mente permisible, pero la primera no, Puede que le parezca rebusca~
do, Cul ¢s, moralmente hablando, la diferencia entre una afirma-
cién eécnicamente cierta pero que induce a error y una pura
mentira? En ambos casos, usted espera engafiar al asesino y hacerle
creer que su amiga no se oculta en la casa.
Kant cree que hay mucho en juego en esa distinci6n, Piense en
las ementiras piadosase, las pequefias falsedades que decimos a veces
por amabilidad, para no herir los sentimientos de otro. Suponga que
un amigo le hace un regalo. Abre la caja y se encuentra con una cor-
bata detestable que no se pondré nunca. Qué le dice? Podria decir:
«Qué bonital». Esa seria una mentira piadosa. O podria decir: No
deberias haberlo hecholv. O: «Nunca he visto una corbata como esta.
Gracias». Como en el caso de la mentira piadosa, estas afirmaciones
ddan 2 su amigo Ia falsa impresién de que a usted Je gusta la corbata
Pero deben ser, en todo caso, verdaderas.
193anon IMMANUEL KANT
Kant rechazaria la mentira piadosa porque aceptarla supondiia
tuna excepcién a la ley moral, una excepcién que se quettia justficar
por las consecuencias. Es digno de admiracién que no se quicra herir
los sentimientos de alguien, pero hay que intentar hacerlo de un
modo que no sea incompatible con el imperativo categérico, que |
requiere que estemos dispuestos a universalizar el principio que guie
Jo que vayamos a hacer. Si se pudiesen establecer excepciones en.
H cuanto pensisemos que los fines merecen la pena en grado suficiente,
Ja maturaleza categérica de la ley moral se disiparfa. La afirmacién