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Dibujo del Pentateuco para Niños

El documento habla sobre el libro de Génesis, que narra los orígenes de la humanidad y de Israel como pueblo elegido. Explica que Génesis se divide en dos partes, la primera sobre la creación del mundo y la segunda sobre los antepasados de Israel. También resume brevemente algunos puntos clave como la creación en siete días y la prehistoria contada en los primeros once capítulos.
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Dibujo del Pentateuco para Niños

El documento habla sobre el libro de Génesis, que narra los orígenes de la humanidad y de Israel como pueblo elegido. Explica que Génesis se divide en dos partes, la primera sobre la creación del mundo y la segunda sobre los antepasados de Israel. También resume brevemente algunos puntos clave como la creación en siete días y la prehistoria contada en los primeros once capítulos.
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Pentateuco

Tema 6. Génesis

Objetivo

Conocer la historia del Pueblo de Israel, narrada en el libro de Génesis, que abarca desde el
origen de lo creado hasta sus orígenes como pueblo elegido, a fin de reconocer como Dios se
ha manifestado en la historia haciendo alianza.

Introducción

La Biblia hebrea titula el primer libro del AT con su primera palabra: Bereshit, “al principio”. La
versi n griega, llamada Septuaginta o Biblia de “los Setenta”, que fue la adoptada
mayormente por los cristianos, llama a este libro G nesis, que significa “origen”, remitiendo
as al contenido de libro, que narra los or genes de la humanidad.
En este libro encontramos una reflexión hecha por el Pueblo de Israel acerca de sí
mismos, su relación con Dios y su puesto como nación delante de otras naciones. La primera
parte, narra el tema de la creación, los orígenes de la humanidad (1, 1-2, 25), la existencia de la
maldad en la historia (3,1- 4, 26), y la primera alianza con Noé (5, 1- 11, 32) y en la segunda,
los antepasados del pueblo de Israel: Abraham, Isaac y Jacob, con su tema fundamental: la
alianza (Gn 12, 1- 50,26).
Los relatos son narrados en un lenguaje simple y figurado y describen de manera
popular los orígenes del género humano y del pueblo elegido. La redacción de estos capítulos
no coincide con el tiempo de los acontecimientos allí narrados, puesto que, estos relatos
comenzaron a ser escritos a partir del reinado de Salomón (s. X) y hacia fines del s.V fueron
puestos en el orden y en la forma en que hoy los encontramos en el Pentateuco.

a. Género literario

Las genealog as, en hebreo toledot, que encontramos en el Génesis son un modo literario
caracter stico de la época que sirve para hacer avanzar velozmente la historia humana narrada;
para enlazar lo anterior con lo siguiente, darle unidad. Además, tienen como objetivo
establecer relaciones entre el presente y el pasado, pero tambi n entre pueblos o tribus

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vecinas. De manera que, para Israel son el modo ideal de presentar su propia historia y al estilo
de las grandes naciones.
Ya que Israel tiene una experiencia de universalidad y forma parte de los grandes
imperios: como el babil nico y el persa, no puede dejar de presentarse con relación a ellas. En
su genealogía, no sólo va a presentar su origen como pueblo, desde Noé, sino que presentara
el orígen de toda la humanidad engarzada a su propio origen: Adán (Cap. 5). Por consiguiente,
la creaci n ser , no sólo es la formación de un pueblo sino la creaci n del universo, por lo
tanto, Dios es creador y Señor de todas las naciones. Dicho de otro modo, Israel debe
encontrar su lugar en el marco de la creaci n y en medio de las naciones.
La división literaria de todo el libro del Génesis por genealogías es la siguiente:
- Gn 2, 4: Genealog a del cielo y de la tierra.
- Gn 5, 1: Descendientes de Adán.
- Gn 6, 9: Historia de Noé.
- Gn 10, 1: Descendientes de los hijos de No (Sem,CamyJafet).
- Gn 11, 10: Descendientes de Sem.
- Gn 11, 27: Descendientes de Teraj, padre de Abraham.
- Gn 25, 12: Descendientes de Ismael.
- Gn 25, 19: Descendientes de Isaac.
- Gn 36, 1: Descendientes de Esaú.
- Gn 37, 2: Descendientes de Jacob.

b. Prehistoria (Gn 1-11)

La narración que se expresa en estos primeros once capítulos está en tono de una confesión
de fe: Dios nos ha creado, la creación es buena, la humanidad al inicio vive en un estado de
libertad y de paz, pero hay tentación en el mundo: la de querer ser poderosos, y el resultado
de ejercer el poder sobre otros seres humanos es la muerte. Dios ha decidido terminar con la
maldad en la historia y con su responsable, el hombre. Sin embargo, Dios encontró a un ser
humano justo, Noé (6, 9. 18-22) y decidió renovar su deseo de que el hombre viva junto con la
creación.
Esta secuencia temática, de los primeros once capítulos se puede presentar en los
siguientes diez relatos:
- La semana de la creación (Gn 1,1-2, 4a);
- Misteriosa formación del hombre y de la mujer (2, 4b-7.18-25);
- Historia moral del hombre ante Dios (2, 8-17; 3, 1-24);
- Caín, Abel y Set (4, 1-26);

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- Edades fabulosas de los patriarcas pre-diluvianos (5, 1-32);
- El diluvio (6, 1-9, 17);
- Episodio íntimo en la vida de Noé (9, 18-29);
- Formación de los pueblos (10, 1-32);
- La ciudad de Babel y su torre (11, 1-9);
- Desde Sem hasta Abram (11, 10-26).

c. La creación (Gn 1,1–2,4a)

Cuando se comienza a leer el Génesis lo primero que uno se encuentra es un pasaje solemne y
perfectamente estructurado, donde se explican los or genes del mundo y del hombre como
obra de un nico Dios que, mediante su palabra, crea todo cuanto existe y comprueba, desde
el primer instante, que se trata de algo bueno. Ciertamente se trata de una creación que parte
de la nada, pero su significado no termina allí en la comprensión de que Yahvé tiene la
capacidad para poder crear de la nada, sino que, su creación, además, está equilibrada, es
armoniosa, está paz.
- Durante los tres primeros d as Dios fue creando los elementos que marcan unos l mites en el
caos primitivo y establecen un espacio ordenado. La luz, que es separada de las tinieblas,
para que haya d a y noche. El firmamento o cielo, que separa las aguas de arriba y de abajo.
Cuando las aguas de abajo se re nen, aparecen los mares y la tierra, y en la tierra crecen las
plantas.
- El cuarto d a fueron creados los cuerpos celestes para separar y poner orden en el tiempo,
así como para fijar el calendario de las fiestas. En ese marco espacio-temporal reci n creado,
Dios ir poniendo a los seres vivos en los d as siguientes.
- El d a quinto, puebla los aires con las aves y las aguas con cetáceos y peces.
- El d a sexto, llena la tierra de animales salvajes, reptiles y ganado, y culmina su obra con la
creaci n del ser humano a su imagen y semejanza. El hombre y la mujer reciben la bendici n
de la fecundidad, para que tengan una gran descendencia, y se les otorga el dominio sobre
animales y plantas, sobre todo cuanto hay en la tierra. Por ltimo, se se ala una vez m s, y
de modo más solemne, que «vio Dios todo lo que hab a hecho; y he aqu que era muy
bueno» (Gn 1,31).
- El séptimo d a, Dios descans (cf. Gn 2,2). El primer gran relato del G nesis se cierra con
cierta solemnidad: «Éstos fueron los or genes del cielo y de la tierra al ser creados» (Gn
2,4a).

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d. Relato del paraíso

Inmediatamente detrás de este primer relato de la creación (Gn 1,1–2,4a) se encuentra una
nueva exposici n del mismo tema, que emplea un lenguaje m s figurativo y una narraci n
menos esquematizada y mucho m s fluida que la anterior (Gn 2,4b–4,16):
• Se dice que el Se or «hizo» (en este relato no se utiliza la palabra «cre ») al hombre y a la
mujer, y los situó en el jard n del Edén, donde les dio el mandato de no comer del rbol de
la ciencia del bien y del mal.
• Sin embargo, la serpiente sedujo a la mujer, y ésta comió del fruto, y lo dio de comer al
hombre. Como consecuencia de su desobediencia, el Se or los expuls del Ed n, pero no
obstante, desde el comienzo les abri una esperanza de salvaci n.
• La primera pareja humana engendró hijos e hijas, que pronto sufrieron las consecuencias
del desorden introducido por el pecado: Ca n mató a Abel.
• Por ltimo se habla de Ca n y de sus descendientes, as como de la estirpe de Set.

e. Noé

En Gn 5,1, a partir del primer hombre, Adán, se inicia una larga genealog a de patriarcas que
llega hasta No . A medida que discurre el tiempo, el desorden introducido en la humanidad
por el pecado se hace cada vez mayor, hasta el extremo de que al Se or le pes el haber
hecho al hombre (Gn 5,1–6,8).
Dios constata que conforme avanza la historia de la humanidad, el pecado va creciendo
en n mero y gravedad, hasta llegar a pensar que no ha merecido la pena crear al hombre. Su
afirmaci n es tr gica: “Al ver el Se or que la maldad del hombre crec a y que todos los
pensamientos de su coraz n tienden siempre y nicamente al mal, se arrepinti de haber
creado al hombre en la tierra y le pes de coraz n” (Gn 6,5). Este antropomorfismo pretende
subrayar la gravedad y extensi n del pecado en la humanidad, y como esta realidad no es
indiferente a Dios. El pecado parece haber frustrado su proyecto para con el hombre. Pero
Dios no se rinde, vuelve a confiar en el hombre intentando una humanidad nueva a partir del
nico justo que encuentra, Noé.
Al cabo de varias generaciones, en tiempos de Noé, se dice que la tierra se hab a
corrompido, y que Dios decidi llevar a cabo un exterminio, del que s lo se salvar an Noé y su
familia, con algunas parejas de animales de todas las especies (Gn 6,9–8,22). Dios le manda
construir un arca, y Noé la hace. Una vez terminada su construcci n, entra en ella junto con su
familia y animales de todas las especies, y comienza el diluvio que har a perecer todos los

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seres que viven en tierra firme. Al cabo de bastantes d as retrocedieron las aguas, No sali
del arca con los suyos y ofreci sacrificios a Dios.
El relato se ala que el nico modo de acabar de un modo “eficaz” con el pecado y el
mal, es acabar con el pecador, es decir, con el hombre. No hay otra soluci n posible. No
obstante, el final del relato confirma que Dios nunca actuar as , pues cuando termina el
diluvio y Dios constata que se no es el modo de combatir el mal, se jura a s mismo que no
volver a destruir la tierra por causa del pecado humano. As pues, la respuesta ante la
existencia de la maldad en la historia ser a: Dios no act a frente a los pecadores, porque de
hacerlo tendr a que acabar con toda la humanidad, y esto en s mismo es un mal mayor que
tolerar a los malos. Dios no lo har porque se lo ha prometido a s mismo. ste es de hecho el
contenido de la alianza que Dios hace con toda la humanidad a trav s de No , y cuyo signo es
el arcoiris: Dios no destruir a los hombres con diluvios; respetar siempre la libertad humana.
En la trama argumental del Génesis parece que se ha producido una retractaci n de la
bendici n de fecundidad que Dios hab a otorgado al principio: «Creced, multiplicaos, llenad la
tierra» (Gn 1,28), ya que, excepto la familia de No , todo ser humano ha perecido bajo las
aguas. Pero Dios siempre cumple sus promesas y, una vez que ha quedado constancia de la
maldad del pecado, renueva esas bendiciones al cesar el diluvio: «Dios bendijo a Noé y a sus
hijos, dici ndoles: Creced, multiplicaos y llenad la tierra» (Gn 9,1). Adem s, para ratificar ese
compromiso, estableci una alianza con No y con toda la nueva humanidad que habr a de
descender de l. Finalmente No muri (cf. Gn 9,29).
Tras la muerte de Noé, se inicia una nueva secci n, esta vez constituida por las
genealog as de los descendientes de No que repoblaron la tierra. Cada uno de los hijos de
Noé engendró a muchos hijos; en la genealog a de todos ellos se integran las familias de
todos los pueblos que habitan en la tierra. La bendici n divina de fecundidad hecha a No
muestra su eficacia. Pero de nuevo, la condición insatisfecha del ser humano deseando poder
se hece presente generando desorden. La humanidad, constituida por muchos pueblos, estaba
unida, pero se dej llevar por la arrogancia. Los hombres, al sentirse con fuerzas para
emprender por s mismos grandes tareas, decidieron edificar una torre para hacerse famosos. Y
tuvo lugar en Babel la dispersi n del g nero humano (Gn 10, 1–11, 9).
Una vez concluido el relato de la torre de Babel, se introduce una genealog a directa
que comienza en Sem, hijo de Noé, y termina en Abraham. Se enlaza as todo lo narrado hasta
ahora acerca de los or genes con el inicio de los relatos patriarcales (Gn 11,10-26).

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f. Los or genes del pueblo elegido

Una vez narrada la «historia de los or genes» (Gn 1, 1–11, 26), comienzan las «historias
patriarcales», que est n protagonizadas respectivamente por Abraham (Gn 11, 27–25, 11),
Jacob (Gn 25,19–35,28) y Jos (Gn 37,2–50,26).
La primera mitad del segundo milenio (aprox. 2000-1550 a.C) nos lleva a la época de
los orígenes de Israel. Tal vez un día, en el curso de estos siglos, salió el padre Abraham de
Jarán, con la familia, rebaños y siervos, para buscar tierra y descendencia en el lugar que su
Dios le había de mostrar. O, para decirlo de otro modo, tuvo lugar una migración a Palestina
de pueblos seminómadas, entre los que deben buscarse los antepasados de Israel. Así
comenzó lo que llamamos historia de Israel.
Con la historia de Abraham, de Isaac y de Jacob, entramos en terreno sólidamente
histórico. Originario de Ur en el sur de Mesopotamia, Abraham pertenece a esas tribus semitas
seminómadas que se infiltraron en el Fértil Creciente hacia el segundo milenio. La migración
de Abraham a tierras de Canaán se sitúa hacia el año 1850 a. C.
La narración que la Biblia nos ofrece sobre los patriarcas es una historia, pero historia
popular transmitida oralmente durante siglos, historia de familia que no cuida de los
acontecimientos internacionales, historia religiosa que intenta demostrar esta tesis: El Dios
único, que tuvo a bien revelarse a Abraham (Gn 12, 1; Jos 24, 2), hizo una alianza personal con
el patriarca y le confió una doble promesa: tener una posteridad tan numerosa como las
estrellas del cielo o las arenas del mar; y poseer como propia la tierra de Canaán (Gn 17,6-8).
Las promesas de Dios al patriarca pasarán a sus hijos de generación en generación. Abraham
será el padre del futuro pueblo elegido.
Con la historia de Abraham y la promesa de un gran pueblo, empieza Dios a realizar los
hechos que lo llevarán a elegir un pueblo del cual nacerá el Salvador; en la tarea de Abraham,
le siguen Isaac, Jacob y José, quien tuvo que ir a Egipto y con él, después de un tiempo, todos
sus parientes. Ahí, el pueblo se multiplicó.

g. Abrán – Abraham

El redactor del G nesis abre el ciclo de Abrán (Gn 11,27–25,11) con la f rmula: « sta es la
descendencia de Téraj: T raj engendr a Abrán, Najor y Aran. Ar n engendr a Lot» (Gn
11,27).
Una vez presentada la familia m s cercana de Abrán, se dice algo que va a ser decisivo
en el resto del libro e incluso en los libros que seguir n a continuaci n. El Se or llama a Abrán
y le hace una promesa solemne, a la vez que le pide que se f e de l y le obedezca: «El Se or

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dijo a Abrán: Vete de tu tierra y de tu patria y de casa de tu padre, a la tierra que yo te
mostrar ; de ti haré un gran pueblo, te bendecir , y engrandecer tu nombre que servir de
bendici n. Bendeciré a quienes te bendigan, y maldecir a quienes te maldigan; en ti ser n
bendecidos todos los pueblos de la tierra» (Gn 12,1-3).
La historia de Abraham est marcada por el tema fundamental de la bendici n,
conectado con el de las promesas divinas. Las bendiciones que se hab an otorgado a la
humanidad en general desde su creaci n, la fecundidad y el dominio sobre la tierra (cf. Gn
1,28-29), ahora se reiteran de modo espec fico a Abr n y a sus descendientes, de modo que
ser a trav s de ellos como esas bendiciones lleguen a la humanidad entera. Todos los relatos
contenidos en esta secci n tienen como tema de fondo la promesa divina, promesa que m s
adelante ser ratificada con una alianza.
De entrada, ante el requerimiento divino, Abr n conf a y obedece, de modo que se
pone en marcha:
• Enseguida el patriarca llega a Egipto y all escapa de una situaci n comprometida diciendo
que su esposa es su hermana (Gn 12,10-20).
• De regreso a la tierra prometida se separa de su sobrino Lot y cada uno se establece con
su familia en una zona distinta (Gn 13,1-18).
• Seguidamente hace frente en una batalla a una coalici n de cuatro grandes reyes (Gn
14,1-16), y despu s de vencerlos tiene lugar un encuentro con Melquisedec, a quien le dio
el diezmo de todo (Gn 14,17-24).
• Después de estos sucesos el Se or establece la Alianza (Gn 15,1-21) en la que le ratifica de
modo incondicionado la promesa de la tierra: «Aquel d a el Se or estableci una alianza
con Abrán, dici ndole: A tu descendencia dar esta tierra, desde el r o de Egipto, hasta el
gran r o, el r o ufrates» (Gn 15,18).
• Como Abrán era avanzado en d as y su mujer era est ril, sta decidi entregarle a su
esclava Agar para que le diera descendencia; de ella nacer a Ismael (Gn 16,1-16).
• Seguidamente Dios le renueva su Alianza (Gn 17,1-8), esta vez ratificando en primer lugar
la promesa de una descendencia numerosa: « sta es mi alianza contigo: Ser s padre de
multitud de pueblos. No te llamar s m s Abrán, sino que tu nombre ser Abraham,
porque te he constituido padre de multitud de pueblos. Te multiplicar enormemente,
har que salgan pueblos de ti, y nacer n de ti reyes. Mantendr mi alianza contigo y con tu
descendencia futura de generaci n en generaci n, como alianza perpetua, para ser yo tu
Dios y el de tu descendencia futura. Te dar a ti y a tu descendencia futura la tierra en que
peregrinas, toda la tierra de Canaán, como propiedad perpetua; y ser su Dios» (Gn
17,4-8).

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• A continuaci n, tiene lugar el mandato de la circuncisi n –que es obedecido por
Abraham– como se al de la alianza, y la promesa de que su esposa Sara le dar un hijo
(Gn 17,9-27).
Hasta aqu , Dios ha hecho sus promesas, Abraham se ha fiado de su palabra y ha abandonado
su residencia en Caldea, donde su familia estaba asentada, para ir a la tierra que le Se or le ha
prometido. El Se or y Abraham han ratificado su compromiso mediante alianzas, pero nada se
ha cumplido ni hay indicios de que las promesas se est n ya haciendo realidad.
Llega por fin el tiempo en que se comenzar a vislumbrar el cumplimiento de las
promesas:
• En Mambr , tres misteriosos personajes, a los que Abraham ha acogido en su tienda, le
anuncian el pr ximo nacimiento de un hijo con Sara as como la destrucci n de Sodoma y
Gomorra, de la que la intercesi n audaz de Abraham logra salvar a Lot y a su familia (Gn
18,1-33).
• Cuando Lot y sus dos hijas han escapado, cada una de ellas yace con su padre, despu s
de emborracharlo; de ellas nacer an los moabitas y los ammonitas (Gn 19,1-38).
• Mientras tanto, Abraham se traslada a Guerar, donde de nuevo recurre a la estratagema de
presentar a su mujer como hermana para evitar peligros (Gn 20,1-18).
• Finalmente, nace Isaac, el hijo de Sara, y al poco tiempo Abraham expuls a Agar con su
hijo Ismael, y se dirigi a Berseba (Gn 21,1-21).
• Cuando parec a que empezaba a vislumbrarse en Isaac el comienzo del cumplimiento de
las promesas divinas, Dios pide a su padre que se lo ofrezca en sacrificio. Abraham
obedece, pero es detenido en el ltimo instante antes de darle muerte, una vez que ha
probado su fidelidad (Gn 22,1-19).
• Llega, despu s, el momento de la muerte de Sara. Abraham compr a Efr n el hitita un
campo en Macpel , donde hab a una cueva en la que pudo enterrar a su esposa. Se
comienza a incoar as , con la posesi n de ese terreno, la promesa de la tierra que el Se or
le hab a hecho (Gn 23,1-20).
• Inmediatamente despu s, Isaac se casa con Rebeca (Gn 24,1-67). A partir de aqu tambi n
se vislumbra que el cumplimiento de la promesa de una descendencia numerosa es
posible, aunque de momento s lo queda abierta la puerta de la esperanza.
• Por ltimo, Abraham muri y fue sepultado junto a Sara, su mujer (25,1-11).
Una vez concluido el extenso relato de la historia de Abraham, se abre una breve
secci n en la que se habla de la descendencia de Ismael, hijo de Abraham y de la esclava Agar
(Gn 25,12-18).

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g. Isaac (25, 19-27. 46)

Los relatos acerca de Isaac con breves y est n marcados por semejanzas con la historia de
Abraham:
- Como su padre, Isaac presenta a su esposa como su hermana: Abraham en Egipto (12, 10 -
20); Abraham en Guerar (20, 1 - 18); Isaac en Guerar (26, 7 - 14).
- Como su padre, hace alianza con Abim lec: Abraham (21,22-23); Isaac (26,15-36).
Una vez terminada la genealog a de los descendientes de Ismael, comienza la narraci n
de los acontecimientos ligados a la l nea geneal gica derivada de Isaac, el hijo de Abraham
seg n la promesa divina.
Si en la historia de Abraham el patriarca era el gran protagonista de los relatos, ahora
Isaac se mantendr en un segundo plano porque su hijo Jacob asumir desde el primer
momento el papel m s destacado.

h. Jacob – Israel

La historia de Jacob est marcada por la presencia de su hermano gemelo, Esa , con quien
mantiene una rivalidad que viene desde el vientre de su madre.
• De hecho, este nuevo ciclo narrativo (Gn 25,19–35,28) se inicia con el nacimiento de Esa y
Jacob, gemelos, hijos de Isaac y Rebeca (Gn 25,19-26).
• El primog nito de Isaac es Esa , pero vendi su primogenitura a Jacob (Gn 25,27-34), y
ser Jacob quien realmente herede las promesas hechas a su padre.
• Siguen algunos episodios que tienen como protagonistas a Isaac y Abim lec, rey de
Guerar (Gn 26,1-35); en uno de ellos se repite el ya conocido enga o de presentar a su
mujer como si fuera su hermana.
• Cuando Isaac es anciano se dispone a dar la bendici n a su primog nito, pero mediante
una simulaci n, y con la complicidad de su madre, Jacob logra suplantar a Esa en la
bendici n paterna (Gn 27,1-46).
• Tras recibir la bendici n paterna, Jacob se dirige a Padam Aram. En el camino, al pernoctar
en Betel, tiene el sue o de una escalera que une el cielo y la tierra, manifestando
simb licamente la accesibilidad de Dios y su cercan a. All el Se or le ratifica la continuidad
de las promesas hechas a sus padres y Jacob hace un voto a Dios en aquel lugar, al que
denomina Betel (Gn 28,16-22).
• Llegado a casa de su t o Lab n, contrae matrimonio con L a y Raquel y goza de unos a os
de prosperidad (Gn 29,1–30,43).

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• Un d a Jacob escapa con su familia de casa de Lab n llev ndose los dioses dom sticos.
Lab n se entera del robo de que ha sido objeto y da alcance a Jacob en el camino;
finalmente, despu s de dialogar, llegaron a un acuerdo y establecieron un tratado (Gn
31,1-54).
• En su regreso hasta la casa de su padre se suceden varios acontecimientos. El m s
significativo es su lucha durante toda la noche con un personaje misterioso, que tras
preguntarle c mo se llamaba le cambia el nombre, con una explicaci n tambi n cargada
de misterio: «Ya no te llamar s m s Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con
hombres, y has podido» (Gn 32,29).
• De regreso, se encuentra con su hermano Esa (Gn 33,1-20); algunos de sus hijos tienen
problemas con los habitantes de Siqu n (Gn 34,1-31) y se dirige de nuevo a Betel (Gn
35,1-15).
• Tras la narraci n de la muerte de Raquel y el incesto de Rub n, el texto hace un recuento
de los doce hijos de Jacob. Por ltimo se narra la muerte de Isaac, su padre (Gn 35,16-29).

h. José

A partir de este momento la figura de Jos , hijo de Jacob y Rebeca, se convertir en el


protagonista de todo lo que sigue hasta el final del G nesis (Gn 37,2–50,26).
• Jacob amaba con especial predilecci n a Jos , por lo que sus hermanos, arrastrados por la
envidia, lo vendieron a unos mercaderes madianitas que se dirig an a Egipto (Gn 37,2-36).
• Al llegar all entr al servicio de un alto funcionario llamado Putifar (Gn 39,1-6). Pero Jos
fue encarcelado debido a las calumnias que la esposa de Putifar levant contra l por
resistirse a sus insinuaciones (Gn 39,7-23).
• En prisi n dio muestras de sus habilidades para interpretar sue os, y su fama lleg hasta el
fara n, que lo mand llamar para que le interpretase un sue o que hab a tenido y del que
no sab a cu l ser a su significado: siete vacas flacas devoraban a siete vacas gordas, todas
ellas salidas del Nilo, y siete espigas delgadas surg an inmediatamente despu s de siete
espigas bien granadas, y Jos le explic que tras siete a os de prosperidad vendr an otros
siete a os de escasez (Gn 40,1–41,36).
• Agradecido por la sabidur a manifestada al haberle interpretado el sue o, el fara n lo puso
al frente de la administraci n de los bienes de su casa y del pa s (Gn 41,37-57).
• Poco despu s, los hijos de Jacob bajaron a Egipto a comprar grano, debido a que hubo
una gran escasez en la tierra de Cana n, y all se encontraron a Jos en su alto cargo (Gn

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42,1–44,34). Ellos no lo reconocieron hasta que l se les dio a conocer, e invit a Jacob y a
los suyos a que se instalasen en Egipto para participar de su prosperidad (Gn 45,1-28).
• Jacob y sus hijos con sus familias se establecieron en la tierra de Gosén, donde Jacob
muri despu s de haberlos bendecido (Gn 46,1–50,14).
• Finalmente también murió José, tras haber anunciado que sus descendientes regresar an a
la tierra prometida a Abraham, Isaac y Jacob (Gn 50,15-26).
De este modo, se cierra el libro del G nesis, con una conclusi n abierta hacia el futuro.
Llegado ese momento, se aprovecha para dejar constancia de la descendencia de Esa , primer
hijo de Isaac, antes de que ste desaparezca por completo de la escena narrativa del G nesis.

Resumen

El libro del Génesis empieza con la creación del mundo y la famosa expresión: <al principio
creó Dios…> y termina con la muerte de Jacob y José. En este primer libro de la Biblia, se
concluye la narración acerca de los orígenes de la creación, de la humanidad, el origen de la
maldad en el mundo, se describe la alianza en el periodo patriarcal y se da cuenta de la
historia de la familia de los antepasados de Israel. José anuncia el regreso de sus
descendientes a la tierra prometida a Abrahán, Isaac y Jacob (Gn 50, 24). Después, Israel nos
será más una familia sino un pueblo. La conclusión del Génesis está abierta hacia el futuro y
une el Génesis con Éxodo – Deuteronomio.

Estas son sus dos grandes secciones, cada una con sus caracter sticas singulares.
• En la primera, el gran protagonista es Dios.
• En la segunda, son los hombres que l eligi para hacer un pueblo de su propiedad.
Abrahán es el personaje que est en el centro de los primeros cap tulos de esta secci n,
aunque aparecen otros importantes, como Sara su esposa y, al final, su hijo Isaac.
• Cuando muere Abrahán, muy pronto la narraci n se centra en Jacob, uno de los dos hijos
de Isaac.
• En los últimos cap tulos la figura central ser Jos , un hijo especialmente amado de Jacob.
En su conjunto, el G nesis presenta el designio originario de Dios para el mundo, para el
hombre y para su pueblo amado, el proyecto que otorga sentido a su existencia.

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Bibliografía

- Alejo, P. (1993). Introducción a la lectura de la Biblia. Ediciones. Paulinas.


- Artus, O. (2001). Aproximación actual al Pentateuco (CB 106). Verbo Divino.
- Blenkinsopp, J. (1999). El Pentateuco. Introducción a los primeros cinco libros de la Biblia.
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