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Manual de EVANGELISMO I PDF

El documento habla sobre el evangelismo práctico y contiene información sobre su misión, metas, definiciones, autorización bíblica y métodos. También incluye una parcelación de temas a cubrir que van desde la obra de Dios hasta ayudar a las personas a aceptar a Cristo.
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Manual de EVANGELISMO I PDF

El documento habla sobre el evangelismo práctico y contiene información sobre su misión, metas, definiciones, autorización bíblica y métodos. También incluye una parcelación de temas a cubrir que van desde la obra de Dios hasta ayudar a las personas a aceptar a Cristo.
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EVANGELISMO

PRÁCTICO I

Su misión y sus metas como cristiano se encuentran en la Palabra de Cristo: “Id,


y Haced discípulos a todas las naciones (…) enseñándoles que guarden todas las
cosas que os he mandado”. S. Mateo 28:19,20.
La meta evangelistica de la gran comisión es llevar a las personas a Cristo.

Este material ha sido elaborado por el Pbro. Atilano Jiménez Chan. Docente del Instituto
Bíblico Emmanuel, Extensión, Emiliano Zapata, Tabasco.
Recopilado del libro: Evangelismo Dinámico.
Febrero 2024.
PARCELACIÓN DE LA MATERIA EVANGELISMO PRACTICO I
Fecha de Inicio: 25 enero de 2024. Finaliza: 07 Marzo 2024.

ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE
FECHA TEMA BAJO LA CONDUCCIÓN DEL FUERA DE CLASE ENTREGAS
DOCENTE.
Orientación y análisis --Compromiso escrito en Entrevistar apersonas Participaciones
25 de enero de la materia. relación a los propósitos de especialistas en la personales.
de 2024. Definiciones la materia. evangelización.
¿Qué es Evangelismo? Compromiso
Elaborar tarjetas o escrito.
fichas contextos de
evangelismo.
1. La obra de Dios en el Estudiar y familiarizarse Aprender los textos de Entregar la
8 de febrero evangelismo. con el uso del folleto Las 4 la ficha elaborada para entrevista
2024. 2.-El poder del amor. leyes espirituales. evangelizar. realizadas.
3. El Esp. Y la Palabra.
[Link] poder de la Presentar las
Oración. tarjetas elaboradas.
5. Nuestro mensaje Dramatizar encuentro entre Coordinar una actividad Narrar la
22 de Febrero respecto del pecado. un inconverso y un en una colonia donde se experiencias que
2024. 6. Nuestro mensaje de creyente. ponga en práctica la tuvieron en la
Salvación. evangelización. actividad realizada.

7.- Ayudando a la gente Dramatizar qué sucede Expresar por escrito


a aceptar a Cristo. cuando creyente con mal reflexiones respecto a los
07 Marzo testimonio evangelizan. temas estudiados.
2024.
Otros dramaticen aspecto
del testimonio personal que
funcionan positivamente
para la evangelización.

2
PROLOGO
El mejor método para pescar

¿Cuál es el mejor método de evangelismo? De igual modo podría usted


preguntarle a un pescador ¿cuál es el mejor método para pescar: con red,
arpón o anzuelo? Eso depende de las circunstancias. Hace mucho
tiempo Jesús llamó a u nos pescadores y ofreció darles un curso sobre
métodos de evangelismo: ―Venid en pos de mí, y os haré pescadores
de hombres (Mateo 4:19).

Los discípulos siguieron a Jesús y de Él aprendieron lo relacionado con


el poder, el mensaje, y los métodos del evangelismo. De Él aprendieron
a orar, enseñar, predicar, sanar a los enfermos, alimentar a los
hambrientos, y a ayudar a los pecadores a encontrar a Dios.
Les enseñó a planificar sistemáticamente las giras evangelísticas y a
utilizar también las oportunidades inesperadas para dar el Evangelio a
la gente. Ellos aprendieron a visitar a la gente en sus hogares y hacer uso
de las ocasiones especiales para evangelizar. Oyeron a Jesús predicar a
las multitudes en las festividades religiosas, hablar sobre el reino de
Dios con los ciudadanos prominentes, y dar las buenas nuevas de la
salvación a una paria de la sociedad junto al pozo de una aldea.

El pescador debe ir donde están los peces, y Jesús llevó el Evangelio a


donde estaba la gente. Enseñó a sus discípulos a usar todo tipo de
facilidades que pudiesen conseguir: un patio, una sala de casa, las calles,
la playa, la ladera de una montaña, un hogar, un bote prestado.

Los discípulos aprendieron los principios básicos para lograr una buena
comunicación, con el mejor maestro y comunicador de todos los
tiempos. De Él aprendieron a considerar a sus oyentes, a dirigir el
mensaje a sus intereses y necesidades, y a utilizar un lenguaje que
ellos pudieran entender. Les enseñó a toma r la Palabra de Dios como la
base para su mensaje, hacer preguntas, usar ilustraciones, y llamar a una
decisión. No sólo aprendieron con sus métodos, sino también con sus

3
actitudes: su amor por Dios y por el hombre, su dedicación, celo, fe y
consagración a la voluntad de Dios.

En la actualidad tenemos unos equipos y unas oportunidades para el


evangelismo, que no se conocían cuando Jesús anduvo sobre la tierra.
Al hacer uso de ellos, conviene que sigamos los principios que El
estableció para los pescadores de hombres:

1) Ir a donde está la gente.


2) Usar toda oportunidad para dar el Evangelio a la gente.
3. Usar el método que mejor se adapte a las necesidades.
4) Utilizar el equipo y las facilidades que tengamos a mano.

En el momento en que usted comienza a estudiar los principios básicos


del evangelismo y la gran variedad de métodos, Jesús le dice: — Ven
conmigo y te enseñaré a pescar hombres. — Es más que una invitación
para aprender los diversos métodos que mejor convengan a sus
circunstancias. Es la promesa maravillosa de que sus esfuerzos tendrán
éxito. Él le enseñará, y usted ganará hombres, mujeres y niños para El.

ESTE CAPITULO LE AYUDARA

■ A comprender mejor el evangelismo; a señalar en las Escrituras


dónde se nos autoriza a hacerlo y cuáles son sus métodos básicos.
■ A acomodarse al plan de Dios para el evangelismo, confiando en su
ayuda para seguir los patrones que Él ha establecido.
■ A reconocer su relación con Dios, la Iglesia y el mundo cuando usted
se consagra a Cristo en el evangelismo.

4
UNIDAD UNO: PODER EN EVANGELISMO
CAPITULO
1
La obra de Dios y la nuestra
Nosotros somos colaboradores de Dios. 1 Corintios 3:9

1.- ¿QUE ES EL EVANGELISMO?

¿Cuál es la primera cosa que le viene a la mente cuando usted oye la


palabra evangelismo? ¿Cultos en la iglesia? ¿Grandes campañas?
¿Decirles a sus amigos lo que Cristo ha hecho por usted? ¿El pastor
invitando a las personas para que se hagan miembros de la iglesia? La
palabra evangelismo puede tener diferentes significados, según las
personas. Asume formas muy diversas y usa muchos métodos. ¿Qué
éxito tienen éstos? ¿Cuáles son los resultados?

1.1 Significado de la palabra

La palabra evangelismo proviene de la palabra griega evaggelidzo, cuyo


significado es: ―Traigo buenas noticias. Básicamente, pues, evan
gelismo es dar a la gente las buenas nuevas del Evangelio. Evangelio
significa ―buenas noticias. Evangelizamos cuando le llevamos a la
gente las buenas noticias de que Jesucristo, el Hijo de Dios, les salvará
de sus pecados y les dará vida eterna.
Sin embargo, la palabra evangelismo, tal como la usamos en la
actualidad, incluye más que simplemente contar las buenas nuevas.
Procuramos persuadir a la gente a que actúe de acuerdo con ellas: que
acepte a Cristo y todo cuanto Él les ofrece. Les ayudamos a dar este
paso. Después de eso, hacemos todo lo que podemos para darles solidez
en la fe y la fraternidad cristianas.

William Temple, Arzobispo de Canterbury, nos da esta definición.


Sugiero que la aprenda de memoria, junto con el análisis de ella que se
da a continuación.

5
EVANGELISMO

Acción Presentar a Cristo


Poder El Espíritu Santo
Propósito Que los hombres puedan confiar en Cristo como Salvador
Resultados Servir a Cristo como Señor en la fraternidad de su Iglesia

El evangelismo es la presentación de Jesucristo en el poder del Espíritu


Santo, de tal manera que los hombres puedan llegar a confiar en El cómo
Salvador y a servirle como Señor en la fraternidad de su Iglesia.

1.2 Autorización para evangelizar

¿Con qué derecho vamos a una persona de otra religión y le hablamos


respecto de nuestro Dios? Si la gente desea adorar a Satanás u orar al sol
o a los ídolos, ¿tenemos algún derecho para molestarles? Hay muchas
buenas enseñanzas en la mayoría de las religiones.
¿Por qué, pues, habríamos de tratar de cambiar las creencias y
costumbres de la gente? ¿Con qué autoridad salimos a predicar el
Evangelio?

El gran Dios del universo, el único Dios verdadero, que hizo el mundo
y todo cuanto hay en él, nos ha ordenado que le llevemos su Palabra a
toda persona sobre la tierra.
Jesucristo, el Hijo de Dios, encomendó esto a la Iglesia. Lo
denominamos la Gran Comisión. Es en la Palabra de Dios donde
tenemos nuestras órdenes y autorización.

6
CERTIFICADO DE AUTORIZACION
A quien concierna:

Todo creyente en Cristo

está autorizado por la presente para testificar de mí y para dar a todos


las buenas noticias de mi salvación, conforme a las instrucciones
dadas en mi Palabra.

Hechos 1:8 Jesucristo


Mateo 28:18 – 20 Autoridad suprema
Marcos 16:15, 16. en el cielo y en la tierra

Jesús les dio estas órdenes a sus seguidores en varias ocasiones, de modo
que tenemos la Gran Comisión en Hechos 1:8; Mateo 2 8:18 – 20 y Marcos
16:15, 16, cada vez con un énfasis distinto en cuanto a los métodos que
hemos de usar. Lea ahora Mateo 28:18 – 20 y fíjese en la palabra potestad.
Algunas versiones la traducen autoridad. Jesús es quien tiene toda
autoridad en el cielo y en la tierra, y ha prometido estar con nosotros. ¡Podemos
contar con el respaldo de su autoridad suprema y con que nos dará apoyo oficial
para que cumplamos sus órdenes!

Cuando la Iglesia primitiva predicó el Evangelio y habló a la gente


respecto de Cristo, fue perseguida. A los discípulos se les dio orden de
no volver a hablar acerca de Jesús. Pero ellos reconocían que la Palabra
de Dios era una autoridad más alta que las órdenes de los hombres, por
lo que seguían testificando. (¡Qué bendición para nosotros que ellos
procedieran así!) Los apóstoles fueron echados en la cárcel, pero un
ángel los puso en libertad. Al ser llamados ante el concilio religioso que
los había amenazado y puesto en prisión, Pedro explicó por qué habían
desobedecido sus órdenes. ¡Tenían órdenes de una autoridad superior!
―Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres‖ (Hechos 5:29).

7
Dondequiera que Dios le envíe, vaya en el poder que le da la misión
recibida de Él. Recuerde: ¡Jesús está con usted!

1.3 Métodos básicos del evangelismo

Los métodos de evangelismo son las maneras en las cuales presentamos


a Cristo con el propósito de persuadir a la gente a aceptarlo como
Salvador y servirlo como Señor.
En este curso estudiaremos varios métodos diferentes y veremos cómo
los unos refuerzan a los otros. Jesús y sus apóstoles adaptaban sus
métodos a las circunstancias. La base de toda su labor de evangelismo
era el poder del Espíritu Santo, quien vivía en ellos y obraba por
medio de ellos. La oración mantenía abiertas las vías de comunicación.
Dios les daba su mensaje para toda ocasión y la valentía para
presentarlo. Podemos decir que el método fundamental del
evangelismo es permitir que Dios obre por medio de nosotros. Sin
embargo, al hablar de métodos nos referimos mayormente a cómo
hacemos nuestra parte de la obra.

Predicación, enseñanza y testimonio son los tres métodos básicos del


evangelismo que el Señor ha encomendado al uso de sus seguidores.
Podemos utilizar uno o dos a la vez, o combinar los tres en varios
métodos de evangelismo. En la predicación, proclamamos (anunciamos
públicamente) el Evangelio y hacemos un llamado a la gente para que
deje sus pecados y acepte al Salvador. En la enseñanza, explicamos las
verdades del Evangelio y ayudamos a la gente a aplicarlas a su vida. En
el testimonio, le decimos a la gente lo que Cristo ha hecho por nosotros.

8
2. LA OBRA DE DIOS EN EL EVANGELISMO.
El evangelismo comienza con Dios. Es plan suyo. Él nos ha dado en su
Palabra los modelos a los cuales debemos ceñirnos, y mediante su
Espíritu Santo nos da el poder para lograrlo.

2.1. El Plan es de Dios.

El plan de Dios para el evangelismo es una parte de su gran plan de


redención. Antes de que El creara el mundo o formara al hombre para
que fuera objeto de su amor, Dios vio el problema que traería el pecado.
Separaría a la raza humana de Él y haría imposible que disfrutara de la
vida feliz y eterna que Él le deparaba. El pecado tendría que ser
castigado con la muerte. El único modo de salvar al pecador sería que
una persona inocente tomara su lugar. De este modo Dios planeó sufrir
él mismo el castigo que merecían nuestros pecados.
Dios Hijo, la segunda persona de la Trinidad, tomaría la forma humana
y moriría en lugar nuestro. Resucitaría y daría vida eterna a todos los
que lo aceptaran como Señor y Salvador.
El Espíritu Santo vendría a vivir en ellos y darles una nueva naturaleza.
El quebrantaría el poder del pecado y los haría hijos de Dios. Este es el
plan de redención de Dios.

Pero Dios vio que se necesitarían mensajeros para que llevasen las
buenas noticias de redención al mundo entero. ¿Qué mejores mensajeros
podía haber que aquellos que habían experimentado su salvación? Ellos
serían sus testigos. Su vida sería la prueba de lo genuino de la salvación
de la cual hablarían. El Salvador los acompañaría. El Espíritu Santo
obraría por medio de ellos. Formarían la Iglesia del Señor Jesucristo,
unidos a Él en su obra de redención. El plan de Dios p ara el evangelismo
es obrar a través de toda la Iglesia para llevar todo el Evangelio a todo
el mundo.

De la Iglesia para dar

Dios Obrando del Evangelio a


La Totalidad
Por medio de del mundo

9
2.2. El Modelo Divino.

Volvamos al huerto de Edén para examinar el modelo básico de Dios


para el evangelismo. Allí le oímos llamar: ―Adán, ¿dónde estás? El
amor de Dios por los perdidos lo lleva dondequiera que ellos estén, aun
cuando estén tratando de ocultarse de Él. El llamado de Dios: he aquí
una parte esencial del modelo divino. ¿Y cuál es nuestra parte? Juan el
Bautista la comprendió cuando dijo: ―Yo soy la voz de uno que clama
en el desierto.

Podemos aprender algo acerca de los métodos de evangelismo al


examinar los que Dios empleó en el Edén. Vemos a Dios buscando,
llamando al pecador por su nombre, interrogándolo, enfrentándolo
directamente con su culpa. Dios les da un mensaje a Adán y a Eva. Les
muestra los resultados funestos del pecado, pero a la vez les habla de un
Salvador que los libertará del poder de Satanás. Les proporciona ropa
adecuada para presentarse decentemente y los persuade a ponérsela en
vez de los pobres delantales de hojas. Seguimos este modelo cuando
permitimos que Dios nos dirija en la búsqueda de los perdidos. El
llamará al perdido a través de nosotros y nos utilizará como voz suya
para llevar a cada persona su mensaje.

A través de todo el Antiguo Testamento vemos a Dios llamando a los


pecadores para que se vuelvan de sus pecados y sean salvos, pero lo
hace a través de sus mensajeros los profetas. Elige a Noé para predicar
contra la iniquidad e instar a la gente a aceptar el medio de escape del
juicio venidero. Envía a Jonás para prevenir al pueblo de Nínive y darle
la oportunidad de salvarse. Isaías, Amos, Jeremías y los demás profetas
van en el poder del Espíritu Santo y entregan el mensaje de Dios. Son
sus mensajeros, elegidos y enviados por El a cierta gente en ciertos
lugares con un mensaje especial; el mensaje de Dios para ellos.
Esta es todavía la norma de actuación divina en la actualidad.

El modelo básico de evangelismo es Dios obrando por medio del


hombre. Jesús demostró esto en su ministerio. Les dijo a sus discípulos
que el Padre estaba obrando a través de Él, haciendo los milagros y

10
dando le las palabras que debía hablar. Jesús prometió a sus seguidores
que el Espíritu Santo obraría por medio de ellos en la misma forma.

Pongamos atención a un modelo más de evangelismo en el Nuevo


Testamento. Se trata del libro entero de Los Hechos: el Espíritu Santo
obrando por medio de la Iglesia primitiva para llevar el Evangelio
completo a todo el mundo. Ellos eran hombres y mujeres comunes,
semejantes a nosotros, pero Dios obraba a través de ellos. Los resultados
eran sorprendentes.

2.3. El Poder de Dios.

Hablamos respecto de nuestros métodos en el evangelismo: lo que


nosotros hacemos, nuestro trabajo, la parte visible del evangelismo. Pero
tras todo ello, y en todo y a través de todo, está Dios. Sin su presencia y
poder, todos nuestros esfuerzos son infructuosos. Es el mismo Cristo
vivo, y no tan solamente las palabras acerca de Él, lo que tenemos que
presentar al mundo. Es el Espíritu Santo el que quebranta las cadenas
del pecado y transforma a los pecadores en hijos de Dios. Sin este poder,
todo nuestro testimonio, predicación o enseñanza serían meramente
cumplir con las formalidades del evangelismo.
El verdadero evangelismo — el evangelismo que produce resultados —
debe hacerse en el poder del Espíritu Santo.

3. LA PARTE NUESTRA.
Si el método divino de evangelismo es obrar por medio de su pueblo,
nuestra responsabilidad es permitirle que lo haga. Cuando aceptamos
su plan, aceptamos ciertas responsabilidades y relaciones con otros. En
el evangelismo nos vemos involucrados 1) con Dios, 2) con la Iglesia,
3) con los perdidos, y 4) con Satanás.

3.1. En relación con Dios.


En el evangelismo somos socios de Dios en su obra de salvar a los
perdidos. El dirige todo el plan y elige a personas diferentes para

11
diferentes responsabilidades dentro de ese plan. Por eso miramos a Él
buscando su dirección y aceptamos el trabajo que nos asigna.

Comprometerse con Dios es mucho más que aceptar la misión que Él


nos dé. Es entregarle nuestro tiempo, nuestros talentos; poner nuestra
vida entera bajo su control. El a su vez nos proporciona el poder que
necesitamos para cumplir sus órdenes. Dios desea llenarnos de su
Espíritu y operar a través de nosotros. De esta manera nos convertimos
en su voz, sus manos, sus pies, para llevarlo a todos aquellos que están
perdidos. Recibimos su mensaje para toda ocasión y su ayuda para cada
necesidad cuando nos comunicamos con El en la oración y mediante el
estudio de su Palabra.
El evangelismo es al mismo tiempo una obra conjunta y una
responsabilidad individual.
Una mano no puede hacer nada por sí sola. Debe tener la cooperación
de los músculos y nervios del brazo. Efectivamente, debe cooperar con
la totalidad del cuerpo. Nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo.
El desea operar a través de nosotros en el evangelismo, pero debe ser en
cooperación con los demás miembros de su Cuerpo. Nuestra capacidad
para trabajar en armonía y cooperación con otros cristianos determinará
en cierto modo la cantidad y calidad de la obra que Dios podrá llevar a
cabo por medio de nosotros en el evangelismo.

3.2. En relación con los perdidos.


El evangelismo nos lleva a relacionarnos con gente que no conoce a Dios.
Él nos ha dado el pan de vida para que lo compartamos con los que
tienen hambre. Tenemos en nuestras manos el anuncio de perdón para
los que están en las cárceles del pecado. A los que están perdidos
debemos orientarlos utilizando el mapa que Dios nos da en la Biblia y
conducirlos a Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

Esta es la hora del evangelismo. Nunca en la historia del mundo ha


habido tales oportunidades para alcanzar a todos, hombres, mujeres y
niños, con el Evangelio. Nunca ha habido mejor aceptación del mensaje
por parte de la gente en muchas regiones. Los acontecimientos
mundiales nos hacen creer que estamos en la gran cosecha de los días
finales previos al regreso del Señor. Dios está llamando a todos los

12
cristianos para que tomen parte en una consagración dinámica y total al
evangelismo mundial.

3.3. Con relación con satanás.


No nos gusta la idea de enfrentarnos a Satanás en el evangelismo. Pero
los obreros nuevos de cualquier fábrica reciben la advertencia de que
tengan cuidado con las piezas móviles de la maquinaria. Los técnicos
que manejan las máquinas de rayos X reciben instrucciones acerca de
cómo protegerse contra la exposición excesiva a la radiación.
Aprender cuáles son los peligros de la tarea y la manera de protegerse
contra ellos es parte del adiestramiento de todo obrero.

En el evangelismo trabajamos por poner en libertad a los prisioneros de


Satanás, sus esclavos. Estos no pueden libertarse a sí mismos, ni
tampoco podemos libertarlos nosotros, pero somos enviados a decirles
cómo Jesús los libertará. De este modo nos ponemos en conflicto directo
con Satanás. Es la misma guerra que se declaró en el Edén entre la
simiente de la mujer y la simiente de la serpiente. Satanás combatirá
contra usted cuando trabaje en el evangelismo.

El trata de obstaculizarlo en toda forma posible. Enceguece a las


personas respecto a la verdad y hace que se resistan al Evangelio, o las
hace permanecer indiferentes a nuestro mensaje.

13
CAPÍTULO
2
EL PODER DEL AMOR
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Marcos 12:31

1. EL AMOR EN NUESTRAS ACTITUDES.

El éxito o el fracaso de cualquiera en la vida depende en gran medida de


sus actitudes y motivaciones. Esto es muy cierto en el evangelismo.
Actitud es toda posición o perspectiva tomada por una persona, que
manifiesta su sentir o estado de ánimo. Puede ser también el sentimiento
mismo. Nuestra opinión o sentimiento respecto de una persona se refleja
en nuestra actitud hacia tal persona. Puede ser de temor, de amor, hostil,
condescendiente, indiferente, interesada, amistosa, amenazadora … la
lista no tiene fin.

Nuestras actitudes pueden atraer a la gente hacia Dios o alejarla de Él.


Somos nosotros los que elegimos cuáles habrán de ser. El amor atrae.
Fue el amor de Jesús lo que atrajo a la gente hacia Él. También es la
revelación del amor de Dios la que nos atrajo a nosotros. El amor sincero
vale más para ganar la gente para Cristo, que lo bien que podamos
predicar, enseñar o testificar. El amor tiene una elocuencia muy suya.

Nuestras actitudes revelan ese amor que es tan esencial para un


evangelismo eficaz. Es el amor a Dios y el amor a los demás. Mientras
más profundo sea nuestro amor a Dios y a los demás, mayor dinamismo
mostraremos en los métodos que usemos. El a mor a Dios es la clave que
los atraerá a Cristo. Este amor a Dios y a los demás no s ayuda también
a vernos en la perspectiva correcta y hallar el lugar que nos corresponde
dentro del plan de Dios. En la misma medida que le permitamos al
amor convertirse en la fuerza dominante de nuestra vida, podremos
adoptar las actitudes correctas: 1) hacia Dios, 2) hacia los demás, 3)
hacia nosotros mismos.

14
2. AMOR EN LOS MOTIVOS DE NUESTRA ACTUACIÓN.
¿Qué desea hacer usted en el evangelismo? ¿Por qué desea
hacerlo? Ese porqué puede edificar o destruir su ministerio.
Nuestros motivos — los deseos que nos impulsan a actuar —
pueden determinar nuestro curso y nuestra utilidad para Dios.
Los motivos equivocados han llevado a algunos obreros a
métodos equivocados y a toda clase de problemas. Los motivos
correctos nos ayudan a hallar el modo correcto de hacer nuestra
obra. Una motivación débil nos conduce a esfuerzos sin ánimo,
infructuosos. Una motivación fuerte y correcta nos llevará
adelante a pesar de las dificultades, manteniéndonos trabajando
fielmente, haciéndonos estar siempre atentos a las posibilidades
de mejorar, y ayudándonos a lograr que la tarea se cumpla.

2.1 Motivos con respecto a Dios


Nuestro amor a Dios nos da tres fuertes motivaciones para el
evangelismo: 1) el deseo de obedecerle, 2) el deseo de que su
causa triunfe, y 3) el deseo de agradarle.

2.2 Motivos con respecto a la gente


Nuestro amor por las demás personas produce dos motivos que
están en perfecta armonía con nuestros motivos relacionados con
Dios: 1) el deseo de ayudarles, y 2) el deseo de que venga el reino
de Dios.

2.3 Motivos con respecto a nosotros mismos


Los psicólogos nos dicen que todos tenemos ciertos deseos
naturales muy fuertes que nos impelen a la acción. Si éstos no
están equilibrados por el amor hacia Dios y el prójimo, pueden
hacernos unos egoístas fracasados en la vida. Algunas personas
experimentan un conflicto entre estos motivos y su deseo de
hacer lo bueno. Probablemente usted conozca personas que han
procurado destruir por completo estos deseos humanos en un
esfuerzo por ser más santas. Sin embargo, Dios los ha puesto en
nuestra naturaleza con un propósito. Su deseo es que los usemos
de la manera apropiada, sin abusar de ellos.

15
Mientras mayor sea la armonía que consigamos crear entre
nuestras diferentes motivaciones, y entre todas ellas y la
voluntad de Dios para nosotros, más felices seremos.
Veamos cómo esto produce un servicio decidido y entusiasta para
Dios en e l evangelismo.
Tres de nuestros motivos más fuertes son capaces de reforzar o
arruinar nuestro ministerio:
1) el deseo de lograr éxito y recompensa, 2) el deseo de
compañerismo, y 3) el deseo de realizarse.

(1) . El deseo de lograr éxito y recompensa.


¿Deben tener alguna participación los deseos de lograr éxito y
satisfacción personal en nuestra motivación hacia el
evangelismo? ¡Por supuesto que sí! Pero debemos enfocar esos
deseos sobre los objetivos correctos. ¿Es incorrecto acaso anhelar
las recompensas eternas que Dios de manera tan amorosa ha
preparado para nosotros? ¡Claro que no! Esto no es falta de
espiritualidad. Al contrario, le satisface a Dios (1 Corintios 3:8,
9). Una parte de la recompensa del evangelismo la hallamos en el
gozo de servir a Dios en el presente, pero la mayor parte la
recibiremos en el futuro, convertida en riquezas eternas en el
cielo. Experimentamos el gozo de la cosecha cuando la semilla
que hemos sembrado lleva fruto en las vidas. Conducir a una
persona a Cristo nos da una gran felicidad.
Imagínese cuál será nuestro gozo en el cielo cuando alguien nos
diga: ―Estoy aquí porque usted me habló de Jesús. Cuando el
evangelismo nos exige abnegación y sacrificio, podemos hallar
fortaleza como lo hizo Jesús, mirando el gozo que nos espera en
el cielo. (Lea Hebreos 12:2; Mateo 6:20, Daniel 12:3.).

(2). El deseo de compañerismo.


Deseamos estar con las personas a quienes amamos. Esta es una
motivación de tres vías para el evangelismo. Deseamos estar
seguros de que nuestros seres amados estarán con nosotros en
el cielo. Queremos tomar parte en la obra evangelística de la
Iglesia porque hay verdadero gozo en trabajar unidamente y
compartir las bendiciones. Además, anhelamos ese
compañerismo especial con Cristo mientras nos lleva consigo a

16
lo largo de la senda que El recorre en busca de sus ovejas
perdidas.

(3). El deseo de realizarse.


Todo lo que vive siente el impulso de realizar su razón de ser en
la vida. La gran frustración de esta generación es que no puede
hallar su razón de ser. Sin una razón de ser, millares de personas
llegan a la conclusión de que no vale la pena vivir. La frustración
al no poder seguir ese impulso de autorrealización es, según las
estadísticas, una de las causas principales del suicidio. Gracias
a Dios, nosotros hemos hallado la razón de ser de nuestra vida.
Hallamos satisfacción haciendo aquello para lo cual Dios nos ha
creado. Lea Efesios 2:10.

3. LA CONSAGRACION QUE DA EL AMOR.

Ya hemos hablado del amor que nos hace entregarnos a Dios de


tal manera que Él pueda utilizarnos como quiera. Se trata en
primer lugar del amor a Dios, y después del amor por los
perdidos, por la Iglesia y por la causa de Cristo. Mientras más
fuerte sea este amor, más desearemos trabajar fielmente en el
evangelismo.

Millares de personas llegaron a Cristo a través de la predicación


de Carlos H. Spurgeon. ¿Por qué? En parte debido a que los
miembros de la iglesia que él pastoreaba se entregaron ellos
mismos a la obra del evangelismo.

Una vez al año, durante muchos años, tres mil o más de sus
miembros pasaban al frente en un culto de la iglesia y, en un
compromiso muy solemne, le daban la mano en señal de que
por un año más se entregarían a la obra de llevar a Cristo a los
perdidos. El resultado fue que Spurgeon jamás se paraba a
predicar sin mirar los rostros de veintenas de personas
inconversas a las cuales sus miembros les habían estado
testificando de Cristo en sus propios hogares.

17
Su dedicación nos recuerda que no basta con saber simplemente
qué debemos hacer y por qué debemos hacerlo. Ni siquiera es
suficiente que deseemos hacerlo, que estemos motivados en alto
grado. Debemos estar consagrados, dedicados a Dios y a la obra
para la cual Él nos ha escogido, resueltos a hacerla de la manera
en que debe ser hecha.

La dedicación al evangelismo, pues, comienza con un paso


definido de entrega a Dios, dejándole obrar por medio de nosotros
como Él quiera. Esa consagración puede reafirmarse de varias
maneras: públicamente, como en la iglesia de Spurgeon, o bien
privadamente, para hacer una tarea especial, diariamente, o al
sentir la necesidad de hacerlo.

Finalmente, nuestra dedicación a cualquier tarea y lo bien que la


hagamos dependen de la importancia que creamos que tiene. La
persona que trabaja en una fábrica de aviones, probablemente lo
hará con más cuidado si sabe que la seguridad del avión puede
depender de la pieza que está haciendo. El campesino cultiva su
siembra con mayor cuidado cuando sabe que la vida de su familia
depende de ella. A nosotros y a otros que se hallan en el
evangelismo, nos estimula el reconocimiento de lo importante
que es el trabajo que Dios nos ha encomendado.

18
CAPITULO
3
El Espíritu y la Palabra
Ayudándoles el Señor y confirman do la palabra. Marcos 16:20.

1. EL ESPIRITU OBRA POR MEDIO DE LA PALABRA.


Dios se compara a sí mismo y a su Palabra — La Santa Biblia —
con la luz.
Unos conceptos falsos de la vida han lanzado su sombra sobre
toda la raza humana. La duda, la incredulidad y el pecado han
sumido al mundo en la oscuridad espiritual. El ateísmo, el
egoísmo, los odios, las dudas y el temor acentúan las tinieblas y
las convierten en desesperación. Nuestra propia sabiduría no
puede penetrar hasta los oscuros escondrijos de un alma perdida
y guiarla a Dios. Es imprescindible que tengamos luz: la luz del
Espíritu y de la Palabra. ¡La Iglesia debe encender su lámpara!

2. EL ESPIRITU OBRA POR MEDIO DE NOSOTROS.


El Espíritu Santo no obra solamente por medio de la Palabra, sino
también a través de nosotros. Ya hemos hablado de esto.
Miremos ahora más de cerca cómo lo hace. Nos da 1) poder para
ser testigos, 2) fruto espiritual, y 3) dones espirituales.

(1) Poder para ser testigos


Jesús tiene su manera de convertir a los creyentes comunes en
testigos llenos de eficacia. Los bautiza con el Espíritu Santo y
fuego, tal como Juan el Bautista anunció que haría (Mateo 3:11).
Jesús desea sumergirnos en su Espíritu, saturarnos
completamente de Él. Eso fue lo que sucedió en el día de
Pentecostés y está sucediendo en muchas iglesias hoy. Aquellos
que aceptan la promesa de Dios en Hechos 1:8, la ven cumplirse.

(2). Fruto espiritual.


El Espíritu Santo opera a través de lo que decimos y lo que somos
para convencer a la gente de la verdad del Evangelio. ¿Qué
pensaría usted de un vendedor de jabón que anduviese con la
19
ropa sucia y las manos mugrientas? ¿Compraría usted su jabón?
¿Y qué pensaría de alguien que le hable de la nueva vida que da
Cristo, pero cuya propia vida sea egocéntrica y pecaminosa? El
mundo debe ver el poder del Evangelio en nuestra vida antes de
que se decida a aceptarlo. No solamente debemos testificar.
También debemos ser testigos.
Del mismo modo que el fruto de un árbol prueba la clase de árbol
que es, así nuestras acciones deben probar la realidad de la
presencia y el amor de Dios en nosotros. Por esa razón somos
puestos a prueba con frecuencia.

(3). Dones espirituales.


El Espíritu Santo, al obrar mediante la vida y el ministerio
nuestro, nos equipa con ciertos dones o capacidades. De este
modo, cada persona puede hacer el trabajo que Dios desea que
haga. Además de las capacidades que consideramos naturales,
Pablo menciona nueve dones sobrenaturales en 1 Corintios 12.
Tal vez usted los haya oído llamar carismas, palabra griega que
significa ―don. De esta palabra toma su nombre el movimiento
carismático, que comprende al creciente número de creyentes y
de iglesias que aceptan hoy el poder sobrenatural del Espíritu
Santo, permitiéndole hacer a través de ellos lo que Pablo describe
en 1 Corintios 12.

Debemos recordar una cosa respecto de los dones del Espíritu.


No se los da a los creyentes como capacidades que puedan usar
por su cuenta. Más bien, son maneras en que El opera a través
de ellos. Lea ahora 1 Corintios 12:1 – 31. Pablo habla de la Iglesia
como el Cuerpo de Cristo. Piense en su cuerpo. ¿Cuántos de sus
miembros tienen que cumplir una tarea especial? Ahora,
¿cuántos miembros del Cuerpo de Cristo tienen un trabajo
especial que hacer para Él? ¿A cuántos, pues, les quiere
proporcionar el Espíritu Santo un don o capacidad especial para
que cumpla su función?

20
CAPITULO
4
El poder de la oración

Orad sin César. 1 Tesalonicenses 5:17.

1. ¿QUE SUCEDE CUANDO ORAMOS?


¡Nadie comprende el misterio de la oración, pero todos podemos
dar gracias a Dios por sus efectos! ¿Por qué el Dios todopoderoso
quiere darnos así una parte en su obra? ¿Será porque desea que
sus hijos compartamos sus intereses y hablemos con El sobre el
mejor método de hacer la tarea que nos ha encomendado? ¿Se
agrada cuando le damos las gracias por sus respuestas a la
oración? ¿O nos hace depender de la oración con el fin de que así
lleguemos a conocerlo mejor y amarlo más? ¿Desea nuestro Padre
celestial tener esta comunión y compañerismo con sus hijos?
¿Será que nuestro crecimiento y semejanza a Él dependen del
tiempo que pasemos en su presencia conversando con Él?

1.1. Dios obra en nosotros.


A medida que oramos y alabamos a Dios, el Espíritu Santo nos
da el amor y la compasión que son esenciales al evangelismo
dinámico y eficaz. Una actitud crítica, que nos haga fijarnos
mayormente en las faltas de los que deseamos ver salvados,
puede ser lo que más les impida aceptar a Cristo. Alabemos a
Dios por ellos y por lo que Él va a hacer en ellos. La compasión
debe tomar el lugar de la crítica. Merlin Carothers nos habla de
varias señoras que habían orado durante años por la conversión
de su esposo. Cuando comenzaron a alabar a Dios por su esposo,
de repente descubrieron que su amor aumentaba.
Las barreras se rompían. Pronto aquel esposo aceptaba a Cristo.
Dios obra en nosotros, en
los demás y en las circunstancias cuando oramos por ellos.
Recuerde a Job. ¿Cuándo lo sanó Dios? ¡Cuando oró por sus
amigos! (Job 42 :10)
Mientras oramos, Dios nos ayuda a ver las necesidades de los
que nos rodean, nos guía hasta aquellos a quienes debemos
21
testificar, nos proporciona el valor que necesitamos, y nos dirige
en cuanto a lo que debemos decir. Nos ayuda a orar con fe por la
sanidad física y espiritual. El Espíritu Santo nos guía y obra a
través de nosotros para la salvación de almas, en respuesta a la
oración de otros creyentes también.

1.2. Dios obra en los demás.


Cuando o ramos por las personas con fe y alabamos a Dios por
su respuesta como expresión de esa fe, el Espíritu Santo obra en
ellas. Les revela el amor que Dios les tiene y les muestra que
necesitan al Salvador. Por tanto, hablemos con Dios respecto de
la gente antes de hablar con la gente acerca de Dios.

1.3. Dios obra en las circunstancias.


Satanás trata de obstaculizar todo esfuerzo de evangelismo, pero
cada problema es una oportunidad para ver cómo Dios contesta
la oración. Él toma las mismas circunstancias con las cuales el
diablo espera derrotarnos y las convierte en una bendición. En
más de una ocasión las autoridades han negado al principio el
permiso para celebrar una campaña evangelística, pero han
cambiado su decisión en respuesta a la oración; el mal tiempo se
ha despejado para permitir la celebración de cultos al aire libre;
los problemas económicos se han resuelto, y han sucedido
muchas cosas similares a estas.

En su obra evangelística, usted se enfrentará con situaciones


humanamente imposibles, pero Dios se especializa en hacer lo
que es imposible para el hombre. Usted es socio de Dios, de modo
que puede confiar en que El hará todo cuanto sea necesario para
que su obra se realice. Ore y alábelo; trabaje confiado en el poder
del Espíritu Santo, ¡y observe cómo Dios realiza lo imposible!

2.- ¿POR QUE DEBEMOS DE ORAR?

Los grandes hombres de Dios en la Biblia fueron todos hombres


de oración. Podemos aprender de ellos cuál debe ser el objeto de
nuestras oraciones en el evangelismo.
Consideremos tres zonas generales de necesidad en el
evangelismo.

22
(1) . Avivamiento y Evangelismo.
Daniel, Esdras y Jeremías eran todos hombres de Dios que
lloraron ante El por los pecados de su pueblo como si ellos
mismos hubiesen sido los culpables. Otros profetas oraron
también con toda sinceridad por la restauración espiritual de su
nación descarriada. Dios obró en respuesta a sus oraciones para
producir un despertar espiritual, el retorno del pueblo de la
cautividad, y varias épocas de avivamiento.

Propiamente hablando, un avivamiento es una actuación de Dios


en medio de su pueblo para darle vida nueva, pero el avivamiento
genuino de los cristianos siempre produce conversiones también.
En un avivamiento los cristianos se arrepienten de sus pecados
y se consagran de nuevo a Dios. Cuando esto sucede, el Espíritu
Santo los llena de amor por los perdidos, impulsándolos a orar y
trabajar por la salvación de éstos. Oramos por un avivamiento,
porque el avivamiento produce más oración y evangelismo, y
éstos producen a su vez las conversiones a Cristo. Si deseamos
ver más conversiones, debemos comenzar a orar para que Dios
avive a la Iglesia.

(2). Necesidades personales.

Hechos 1:14; 2:42, 43, 47; 4:24 –31 nos muestran que la oración
y sus respuestas tuvieron una parte importante en el
evangelismo y el crecimiento de la Iglesia primitiva.
También uno de los secretos del éxito de Pablo en la fundación
de iglesias fue su oración constante a favor de los creyentes en
particular.

(3). Obreros.
¿Qué nos manda hacer Jesús en Lucas 10:2 a favor de las
multitudes perdidas? ¡Orar para que el Padre envíe obreros a su
mies!

No solamente debemos orar para que el Señor envíe más obreros,


sino que tenemos la responsabilidad de orar por los que ya están
trabajando para el Señor. Podemos aprender de Pablo, que no

23
sólo oraba por sus convertidos, sino que les pedía a ellos que
oraran por él para que su ministerio fuera eficaz (2
Tesalonicenses 3:1, 2).

Los obreros de la actualidad, a semejanza de Pablo, dependen de


las oraciones del pueblo de Dios. ¿Oramos por los evangelistas o
misioneros que conocemos solamente cuando celebran cultos en
nuestra iglesia, o continuamos recordándolos en oración?
¿Cuánto oramos por los pastores de nuestra iglesia y otras de la
región donde vivimos? ¿Oramos por aquellos que enseñan en la
escuela dominical y por los diáconos? ¿O por el testimonio de
otros creyentes donde trabajan?

24
UNIDAD DOS: EL MENSAJE EVANGELISTICO

CAPITULO
5

NUESTRO MENSAJE RESPECTO DEL PECADO


La paga del pecado es muerte. Romanos 6:23

BOSQUEJO
-Decir a la gente lo que es el pecado
-Enfermedad del alma
-Rechazo de Dios
-Errar el blanco
-Mostrar a la gente su necesidad
-Mostrarles su culpabilidad
-Mostrarles el peligro

ESTE CAPITULO LE AYUDARA

■ A sentir un profundo aborrecimiento por el pecado, a


proponerse combatirlo en su propia vida y hacer lo que pueda
para librar a otros de su poder.

■ A darse cuenta con más claridad de que abundan los perdidos


entre las personas que le rodean, a orar por ellos con mayor
sinceridad y, según tenga oportunidad, hacerles comprender la
necesidad que tienen.

25
1. DECIR A LA GENTE LO QUE ES EL PECADO

Hoy comenzamos la unidad 2: El mensaje evangelístico. ¿Qué


importancia tiene esto para usted? Unos lo predican, otros lo
enseñan y otros lo comparten en conversación, pero el mensaje
es el mismo. Todo creyente ha de ser un mensajero de Dios, de
modo que todos necesitamos aprender bien el mensaje
evangelístico.

En primer lugar, necesitamos comprender la naturaleza del


pecado y sus efectos para poder combatirlo en nuestra vida y en
nuestro ministerio. Al comprender cuál era nuestra situación
cuando éramos pecadores, podremos apreciar más la liberación
que Cristo nos ha dado.
Tendremos mayor compasión por los que nos rodean y oraremos
por ellos más al darnos cuenta de lo que el pecado está haciendo
en su vida. A medida que aprendamos lo que la Biblia enseña
acerca del pecado, más fácil será que el Espíritu Santo nos use
para tratar con las personas sus problemas espirituales.

Cuando usted predique o enseñe respecto del pecado, no se limite


a hablar de lo que la gente hace. El pecado es algo mucho más
profundo que eso. La Biblia lo describe como: 1) enfermedad
del alma, 2) rechazo de Dios, y 3) errar el blanco.

Enfermedad del alma


Dios compara el pecado con la lepra. Las llagas infectadas de los
actos pecaminosos son solamente síntomas de la enfermedad
interior del alma. No basta con tratar de curar los síntomas de
una enfermedad. El Gran Médico nos da un diagnóstico que exige
una cura radical de nuestra naturaleza pecaminosa. Lea Marcos
7:20 – 23.
Dios describe el pecado como una enfermedad que afecta la
cabeza (pensamientos erróneos), el corazón (emociones erradas)
y los pies (acciones erróneas). El pecado comienza en nuestros
pensamientos y se ex tiende a nuestros sentimientos y acciones.
Lea Isaías 1:5, 6.
Varios pasajes bíblicos se refieren al pecado como corrupción,
inmundicia que hace inaceptable la posibilidad de que el pecador

26
se presente ante el Dios santo. En Marcos 7:14 – 23 vemos que
son los pensamientos malos los que le hacen a uno impuro y le
conducen a acciones malas.

Rechazo de Dios
Dios nos ha hecho con una naturaleza semejante a la suya para
que podamos ser sus hijos (Génesis 1:26, 27). Él nos ha dado
una mente, emociones, una voluntad; todo dentro de un cuerpo.
Pablo habla del cuerpo como de un edificio dentro del cual
vivimos. En su interior se hallan los principios activos de la
personalidad: mente, voluntad y emociones.

Sin embargo, hemos decidido gobernarnos a nosotros mismos en


vez de dejar que Dios nos gobierne. Este rechazo de Dios,
verdadera rebelión contra El, es el pecado básico del cual
provienen todos los demás pecados. El yo pecaminoso le arrebata
el trono a Dios y levanta barreras en contra de El en cada aspecto
de nuestra personalidad: 1) la incredulidad en contra de la verdad
de Dios, 2) la indiferencia al amor de Dios, y 3) la rebeldía en
contra de su autoridad. Pecar es rechazar a Dios. Es guardar para
nosotros mismos el lugar que le pertenece a Dios en nuestra
mente, emociones o voluntad.

Errar el blanco
Dios nos ha creado con un propósito: que nosotros, en calidad de
hijos suyos, podamos amarle, honrarle y disfrutar de su amor
para siempre. El catecismo de Westminster declara: ―La
finalidad principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de
El para siempre.
Caminar con Dios aquí y compartir después su gloria eterna es
el propósito de nuestra existencia. Cualquier cosa que nos aparte
de ese propósito, que nos impida lograr esa meta, es pecado.

La palabra que la Biblia usa con mayor frecuencia para hablar


del pecado se refiere a esta autoseparación de Dios. Significa ―
errar, no dar en el blanco, y sugiere tres imágenes:
Una flecha mal dirigida, un viajero extraviado, y una pieza de
mercadería que no alcanza la norma establecida para ella.

27
La idea de no dar en el blanco nos habla de tomar una dirección
equivocada en la vida y en el uso de nuestras facultades. La gente
apunta a metas equivocadas: placer, poder, seguridad,
popularidad. Aun teniendo blancos loables — aliviar el
sufrimiento, trabajar en pro de la justicia — si los dejamos tomar
el lugar del propósito principal para el cual hemos sido creados,
todavía estamos errando el blanco.

2. MOSTRAR A LA GENTE SU NECESIDAD

Jesús, el Gran médico, se ofrece para curar a los humanos de la


terrible enfermedad del pecado, pero muchos no se interesan
porque no se dan cuenta de su estado. La única manera de
salvarles la vida es convencerlos de su necesidad, mostrarles el
diagnóstico que el Médico ha hecho de su situación. Esto es lo
que hace el Espíritu cuando los convence de su pecado para que
se sometan a la operación que necesitan para salvar la vida.

El mensaje evangelístico del Edén hizo que los primeros


pecadores se enfrentaran con su culpa y las consecuencias de
ella. Ahora Dios nos envía a nosotros con un mensaje destinado
a convencer de pecado. Le debemos hacer ver a la gente su
culpabilidad y el peligro en que se halla.

2.1. Mostrarles su culpabilidad


¿Ha notado usted que las personas más difíciles de ganar para
Cristo son las que se creen lo suficientemente buenas tales como
son? Pueden estar de acuerdo en que los alcohólicos y los
criminales necesitan ser salvos, pero dicen: ― Las cosas buenas
que hago tienen mayor peso que las pocas cosas malas que he
hecho. No miento, no engaño, ni peleo con los vecinos. Soy bueno
y no necesito nada de eso.

Convencer de pecado es hacer que una persona comprenda que


es culpable de rebelión contra Dios y necesita ser perdonada.

2.2. Mostrarles el peligro


¿Ha pensado usted alguna vez en lo que sería del mundo sin las
leyes naturales que Dios ha establecido? ¡Ni siquiera podría
28
mantenerse unido! Del mismo modo, cualquier sociedad o
individuo que se niegue a vivir conforme a las leyes físicas,
morales y espirituales de Dios, se encamina a la destrucción. Si
ignoramos la ley de la gravedad y saltamos a un precipicio, nos
destruiremos. Si ignoramos las leyes de Dios en cuanto a la vida
espiritual y tratamos de regir nuestra propia vida, nos
destruiremos.

Peligro separación esclavitud


El pecado en operación - error - Juicio - infortunio muerte

La separación
El pecado separa a los se res humanos de Dios, los separa unos
de otros, y también los aleja del hogar que Dios ha preparado
para sus hijos. Ya hemos visto que el hombre se separa de Dios
al rechazar su verdad, amor y autoridad. Su incredulidad,
indiferencia y rebeldía son barreras que mantienen a Dios alejad
o de su vida. La separación es voluntaria de parte del hombre.
¿Recuerda cómo Adán y Eva trataron de esconderse de Dios en
el Edén? Su culpabilidad les hacía evitar un encuentro con Dios.
Dios también tiene parte en la separación. El expulsó a Adán y
Eva del Edén, mostrándonos que al apartarnos de Él nos
alejamos del lugar de bendición y felicidad (Génesis 3:23, 24;
Isaías 59:2).

El error
El pecado enceguece a la gente para que no vea la verdad. Le hace
creer toda clase de errores. La separa de Cristo — la luz del mundo
— y la hace ir tropezando en la oscuridad de sus propias teorías y
falsas filosofías de la vida (Efesios 4:17, 18; Mateo 15:12 – 14;
Juan 7:17; 8:12; Romanos 1:18 – 32).

El infortunio
El pecado que separa a una persona de Dios la priva de las
bendiciones que provienen de El: paz, gozo, amor,
autorrealización y verdadera satisfacción en la vida. Los
sufrimientos que han aparecido en el mundo aparecieron como
29
consecuencia del pecado. El rechazo del bien que Dios ha
planeado para nosotros conduce a la perversidad, con sus
desastrosas consecuencias.

La esclavitud
El pecado esclaviza, destruyendo el poder que su víctima tenía
para resistir la tentación.
Probablemente usted conozca personas esclavas de sus hábitos
y apetitos. ¡Cuántas son empujadas al crimen por un
temperamento incontrolable, por los celos o por un apetito
insaciable por las drogas! Mientras más se rinde al pecado la
persona, más aumenta el poder satánico sobre ella. Algunas
personas llegan a estar poseídas por demonios. Hay quienes se
comunican con espíritus malignos y usan el poder satánico para
hacerles daño a otros. ¡Esclavos de Satanás! ¡Atados para estar
con él por siempre y compartir su condenación! La libertad que
les promete a quienes rechacen la autoridad de Dios no es más
que una mentira. Sólo quiere vernos convertidos en esclavos
suyos (Juan 8:34; Romanos 6:15 – 23).

El juicio
El pecado nos lleva a juicio ante Dios y nos hace reos de muerte.
El Gobernante del universo no sería justo si no cumpliera con las
leyes que El mismo ha establecido para el bien de su mundo. Los
que quebrantan la ley deben ser juzgados y castigados conforme
la seriedad del delito. Puesto que nos hemos rebelado en contra
del Gobernante del universo, somos culpables de traición. La
pena que merece nuestro pecado es la muerte. Todo pecador vive
en capilla ardiente, bajo sentencia de muerte, condenado a estar
separado eternamente de Dios, y esperando el día de su
ejecución.

Dios nos ama tanto, que vino a sufrir nuestro castigo. Cristo
murió en nuestro lugar.
Ahora, basado en su muerte, Dios les ofrece ahora el perdón
gratuito a todos los que se aparten del pecado y lo acepten como
Salvador y Señor. ¿Qué le sucede al que rechace su oferta? Lo
único que le queda es sufrir el castigo (Romanos 2:1 – 11, 16;
Juan 3:18 – 20; Hebreos 9:27).
30
La muerte
El pecado lleva a sus prisioneros a una muerte que está más allá
de los límites de nuestra imaginación: sufrimiento eterno, pesar
y remordimientos interminables, sin esperanza de liberación,
separados eternamente de Dios y de todo el bien, encerrados para
siempre con la horrible presencia de Satanás y sus demonios
(Mateo 25:41; Romanos 6:23; Apocalipsis 20:11 – 15; 21:8).

31
CAPITULO
6
Nuestro mensaje de salvación
Pero nosotros predicamos a Cristo. 1 Corintios 1:23.

BOSQUEJO
El amor de Dios Padre
Salvación en Jesucristo
Cristo, nuestro Sustituto
Cristo, nuestro Mediador
Cristo, nuestro Libertador
Cristo, nuestro Señor
Conversión mediante el Espíritu Santo
La obra del Espíritu
Responsabilidad de la persona

ESTE CAPITULO LE AYUDARA


■ A comprender mejor y apreciar más los diversos aspectos de lo
que Dios hace a favor nuestro para salvarnos.
■ A hallar rápidamente algunos de los textos sobresalientes
relacionados con la salvación y usarlos para ayudar a o tras
personas a confiar en Cristo.
■ A hallar rápidamente y usar textos para ayudar a otras
personas a hacer lo que les
corresponde en la conversión y confiar en que el Espíritu Santo
hará la suya.

32
1. EL AMOR DE DIOS PADRE
¡Gracias a Dios, nuestro mensaje no termina con la predicación
sobre el pecado y sus consecuencias! El paciente necesita más
que un simple diagnóstico de su enfermedad. ¡También debe
tener medicina, el tratamiento médico que su caso requiere! Por
eso, Dios nos envía al mundo para hablar de su amor por los
pecadores, de su deseo de salvarlos, y de lo que ha dispuesto para
lograr su salvación. Estas son las buenas noticias del Evangelio.
Hablamos del amor de Dios Padre, del sacrificio de Cristo, el Hijo,
y del poder transformador de Dios Espíritu Santo.

2. SALVACION EN JESUCRISTO
¡Cristo es la solución! Probablemente usted haya oído a los
evangelistas decir estas palabras. Las vemos en letreros, en
pizarras de anuncios, y hasta pintadas en la pared de algunas
iglesias detrás del púlpito. ¿Por qué? Porque Cristo es la
respuesta al problema del pecado y a todas sus terribles
consecuencias. Él es la solución a todos los problemas de la
humanidad.
Dios nos amó tanto, que envió a su Hijo para solucionar nuestros
problemas y atender a todas nuestras necesidades. El Evangelio
que pre dicamos no es una simple doctrina: es una Persona, el
Señor Jesucristo. Somos llamados no solamente a hablar de
Jesús, sino a conducir a las personas a Él y presentárselo
personalmente como su Salvador y Señor. Lea Juan 17:3; 1
Corintios 1:23, 24.

2.1. Cristo, nuestro Sustituto


Muchos no comprenden por qué Cristo tenía que morir para
salvarnos. No entienden los sacrificios de animales en el Antiguo
Testamento. Todos estos sacrificios tenían la finalidad de mostrar
que el pecado es tan terrible que puede ser borrado únicamente
con la muerte del pecador. Pero Dios, en su amor por todos los
pecadores, nos proporcionó un sustituto.
Envió a su Hijo Jesucristo a tomar el lugar de todo pecador que
quisiera ser salvo del pecado y de sus efectos.

33
Hasta que viniera Jesús, Dios hizo que el pueblo ofreciera
sacrificios de animales, pues éstos eran un símbolo de cómo
Jesús lo iba a salvar. El pecador tenía que poner la mano sobre
el animal que había de ser sacrificado. Esto era como decir:
Señor, he pecado.
Merezco morir y ser separado de ti para siempre. Pero te ruego
que aceptes la muerte de este animal inocente en mi lugar y que
perdones mis pecados.

Dios los perdonaba, no en razón de que un animal pudiera tomar


su lugar, sino porque Jesús moriría más tarde por sus pecados.
Ya no ofrecemos sacrificios de animales, porque Dios ha provisto
el sacrificio perfecto por nuestros pecados; nuestro Sustituto
perfecto. Él es nuestro Creador. Su vida vale más que todo cuanto
Él ha creado. Por tanto, su muerte puede tomar el lugar de la
muerte de todos los hombres. El recibe el castigo por nuestros
pecados — la sentencia de muerte — para librarnos de la muerte
eterna. Juan 1:29; 3:16; Hebreos 9:28; 10:4, 5, 9, 10.

En calidad de sustituto nuestro, Cristo tomó sobre sí nuestra


culpa, murió en nuestro lugar, y puso en una cuenta a favor
nuestro su bondad, su obediencia perfecta. El castigo por
desobedecer la ley de Dios es la muerte. El único modo posible
en que un pecador puede eludir ese castigo es que alguien que
nunca haya pecado tome su lugar, pero todos los seres humanos
hemos pecado; todos, con excepción de Uno. Él era el único que
podía servir como sustituto. Esa persona es Jesucristo, Hijo de
Dios e Hijo del hombre. Él se brindó para llevar nuestros pecados;
para sufrir el juicio y la muerte. Cuando lo aceptamos como
nuestro Salvador, todo el registro de nuestros pecados es
borrado. Ya han sido juzgados y castigados en la cruz. (Isaías
53:5, 6; 2 Corintios 5:21; Romanos 5:6; 1 Corintios 15:3).

2.2. Cristo, nuestro Mediador


Una de las mayores necesidades que tiene el mundo en la
actualidad es la de mediadores: personas que puedan reunir a
los bandos en disputa y lograr un avenimiento entre ellos.

34
Cristo, nuestro Mediador, ha negociado los términos de la paz y
ahora nos envía para que los proclamemos a todos los que desean
la paz con Dios (1 Timoteo 2:5; 2 Corintios 5:20; Hechos 10:36).
Él es el Príncipe de paz (Isaías 9:6, 7) que nos reconcilia, no
solamente con Dios, sino también unos con otros, gentiles con
judíos, y nos hace un solo Cuerpo en su Iglesia (Efesios 2:11 –
22). Jesús todavía actúa como nuestro Mediador en el cielo. En
toda la epístola a los Hebreos lo vemos como nuestro Gran Sumo
Sacerdote que presenta nuestras necesidades al Padre. Podemos
acudir a Él en cualquier momento por medio de la oración y
recibir la ayuda que necesitamos (Hebreos 7:25, 26).

2.3. Cristo, nuestro Libertador


Jesús es el gran Libertador del poder del pecado y de Satanás. La
Biblia considera este poder una enfermedad y una esclavitud a la
vez. Jesús sana la enfermedad del alma que nos impulsa a desear
hacer lo malo. También quebranta el poder del pecado sobre
nosotros. Leemos que Jesús curó a los que eran físicamente
ciegos, sordos y paralíticos. También abrió los ojos de los
humanos a la verdad, les hizo oír la voz de Dios, levantó a los que
habían sido incapacitados por el pecado y les dio fuerza para
caminar con El. Sanó a muchos de su orgullo, rebeldía y egoísmo.
Los libertó de la ponzoña mortal del resentimiento, el prejuicio y
el odio. Curó su fiebre de lujuria y avaricia. Los sacó de muerte a
vida y salud física, mental, moral y espiritual. ¡Y sigue haciendo
lo mismo hoy!

2.4. Cristo, nuestro Señor


El plan de Dios para nosotros es que disfrutemos de una vida
plena y satisfactoria en unión con Cristo y bajo su dirección.
El camino desde el fracaso hasta la realización plena, es Cristo,
que es el Camino, la
Verdad y la Vida. El no es solamente el camino al cielo, sino
también el camino de nuestra
vida diaria aquí. Debemos aceptarlo no solamente como Salvador,
sino también como

35
Señor de nuestra vida. Aceptamos su dirección. Su Palabra se
convierte en nuestro mapa de caminos para la vida. Ya no
tendremos que seguir tras el error. ¡Él es la Verdad! Sus
enseñanzas son el fundamento de nuestros valores, esperanzas
y acciones diarias. La vida ya no es un continuo andar errante en
círculos preguntándose por su razón de ser. Nuestra vida tiene
un propósito: glorificar a Dios y disfrutar de El para siempre. ¡Él
nos ha librado de la muerte en vida que es el pecado y ahora
hemos comenzado a vivir de veras!

3. CONVERSION MEDIANTE EL ESPIRITU SANTO


Nuestro mensaje de salvación incluye la obra del Padre, el Hijo y
el Espíritu Santo. Lo que el Padre ha planeado, el Hijo lo ha
llevado a efecto por su muerte y resurrección. Y lo que El ha
hecho posible, el Espíritu lo opera en nosotros.

3.1. La obra del Espíritu


El término conversión proviene de una palabra que quiere decir
dar media vuelta.
Cuando éramos pecadores estábamos en el camino que conduce
al infierno, pero luego conocimos a Jesús. Cuando lo aceptamos
como nuestro Salvador y Señor, el Espíritu Santo nos hizo dar
media vuelta y nos puso en rumbo hacia el cielo. Nos ayudó a
arrepentirnos y derribó las barreras que había en nuestros
pensamientos, emociones y voluntad en contra de Dios. Nos dio
la fe necesaria para creer en Cristo.
Cuando rendimos nuestra vida a Cristo, su Espíritu vino a vivir
en nosotros para guiarnos, ayudarnos y darnos una nueva
naturaleza. Él nos une a Cristo, haciéndonos miembros de su
Cuerpo, la Iglesia. El Espíritu nos hace nacer de nuevo. Po r
medio de este milagro del nuevo nacimiento llegamos a ser hijos
de Dios (2 Corintios 5:17, 18; Juan 3:3 – 6; Romanos 5:5).
También nos ayuda a tener pensamientos correctos, a cultivar
las emociones correctas y hacer lo que es correcto.

36
CAPITULO
7
Ayudando a la gente a aceptar a
Cristo
Persuadimos a los hombres. 2 Corintios 5:11

BOSQUEJO
Luchar con los obstáculos
Fe mal dirigida
Pecados en los creyentes
Falsos valores
Demoras
Temores
Mostrar lo que se debe hacer
Creer en Jesús
Arrepentirse del pecado
Pedir perdón
Aceptar y reconocer
Seguir a Jesús
Orar con los pecadores
Oración en grupo
Oración individual

ESTE CAPITULO LE AYUDARA


■ A reconocer cinco obstáculos para la salvación y a usar textos
bíblicos para ayudar a la gente a vencerlos.
■ A explicar a los inconversos (con versículos bíblicos apropiados)
cinco cosas que deben hacer para ser salvos y ayudarles a tomar
estos pasos hacia la salvación.
■ A orar con grupos o individuos que desean ser salvos hasta que
tengan la seguridad de que la obra se ha realizado.

37
1. LUCHAR CON LOS OBSTACULOS
En esta unidad (capítulos 5 – 7) estamos estudiando el mensaje
evangelisteco. Queremos ver cómo aplicarlo a las necesidades
individuales: dar a cada persona el mensaje que Dios tiene para
ella. Cada vez que hablamos con alguien sobre la salvación
necesitamos la dirección del Espíritu Santo. El sabe cuáles son
su s necesidades particulares y qué porción de la Palabra puede
satisfacerlas. El es quien puede darnos penetración espiritual en
sus problemas y poner en nuestra mente las palabras que
debemos hablar. Queremos ser más sensibles a la dirección del
Espíritu. Para esto estudiaremos ahora varios de los problemas
que son más comunes, junto con sus soluciones.

Si podemos descubrir lo que impide que una persona acepte a


Cristo, será más fácil poderle ayudar. Por tanto, en esta lección
consideraremos cinco de las barreras más corrientes que Satanás
pone en el camino de los que desean ser salvos: 1) una fe mal
dirigida, 2) el pecado en los creyentes, 3) los falsos valores, 4) las
demoras, 5) los temores.

1.1. Fe mal dirigida


Muchas personas buscan su seguridad en o tras cosas ajenas a
Cristo. Dios, que habla de sí mismo como de un refugio
(Deuteronomio 33:27), le dijo a Isaías (28:14 – 20) que el pueblo
se había refugiado en la mentira, falso refugio que no podría
salvarlo. Las cosas en las cuales confiaban eran semejantes a
una cama demasiado corta, o una sábana o frazada demasiado
pequeña para cubrir a una persona. Proverbios 14:12 nos habla
de un camino que parece derecho pero que conduce a la muerte.
En Mateo 7:24 – 29, Jesús habla de la tragedia de la fe mal
dirigida.

1.2. Pecados en los creyentes


Es posible que alguna persona a quien usted trate de ganar tenga
dificultades por las faltas o pecados que ve e n ciertos miembros
de las iglesias. ¿Por qué ha de pedir que Cristo lo salve, si los
creyentes que conoce no son mejores que él mismo? Algunos
dicen que la iglesia explota a los pobres y oprime a los ignorantes.

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Tales obstáculos nos demuestran la importancia de que demos
buen ejemplo en todo lo que hagamos.
Debemos reconocer que los creyentes no son perfectos, pero Dios
es quien se ocupa de las faltas de cada uno. No conocemos todas
las circunstancias del caso: por qué la persona ha procedido mal,
o si acaso se ha arrepentido de su mal proceder. Por eso Dios nos
manda dejar que Él sea quien juzgue (Mateo 7:1–3; Romanos 2:1–
3).

1.3. Falsos valores


¿Qué vale más: ¿un hogar cómodo durante ochenta años sobre
la tierra, o un hogar mucho mejor para toda la eternidad? ¿El
placer temporal seguido de la aflicción eterna, o el sufrimiento
temporal seguido del gozo inacabable? ¿Las riquezas terrenas o
las celestiales? ¿Los momentos de popularidad y de fama en la
actualidad, o el reconocimiento futuro y la recompensa eterna?
¿La aprobación del hombre o la aprobación de Dios? ¿Una vida
egocéntrica o una vida cristocéntrica? ¿Lo que ofrece el mundo,
o lo que ofrece Dios en Cristo?

1.4. Demoras
Parte de la estrategia militar de Satanás consiste en demorar la
acción. Cuando una persona desea ser salva, Satanás trata de
hacer que espere hasta más tarde, y luego más tarde, y más
tarde; hasta que sea demasiado tarde.

1.5. Temores
Dios desea usarle para liberar a las personas influidas por
temores que les impiden aceptar a Cristo. Él es más poderoso que
cualquiera de las cosas que ellos temen.
a). Temor a cambiar de religión
b). Temor a la persecución
c). Temor al fracaso.
d). Temor a ser rechazado por Dios.

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2. MOSTRAR LO QUE SE DEBE HACER

Después de oír el Evangelio y ser convencido de sus pecados por


el Espíritu Santo, el pecador necesita saber qué debe hacer para
ser salvo. La salvación es un don, pero ¿cómo recibirlo?

2.1 Creer en Jesús


Cuando el carcelero de Filipos preguntó: ¿Qué debo hacer para
ser salvo?, Pablo y Silas le dieron la respuesta de Dios: ―Cree en
el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa‖ (Hechos 16:31).
Si yo creo en una persona, creo que es lo que dice ser, y que hará
lo que ha prometido hacer. Creo que logrará sus propósitos. Creer
en el Señor Jesucristo significa creer que Él es todo lo que este
título afirma respecto a Él. Señor significa que Él es nuestro
divino Dueño. Es Dios Hijo y tiene derecho a regir nuestra vida.
Jesús quiere decir ―Salvador. Es el nombre que se le dio cuando
vino a salvarnos de nuestros pecados (Mateo 1:21).

2.2 Arrepentirse del pecado


Ya hemos visto que el arrepentimiento es un cambio de actitud,
un cambio de dirección en la vida. Debemos aclararle esto al
pecador. Algunos piden el perdón de sus pecados porque no
quieren ser castigados, pero sin intención alguna de dejar de
pecar, o se arrepienten de ciertos actos pecaminosos, pero no de
su rebeldía contra Dios. Quieren seguir haciendo su propia
voluntad. Algunos se arrepienten en una faceta de su
personalidad, pero no en las otras.

2.3 Pedir perdón


Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9). El
arrepentimiento del pecado y la petición de perdón pueden
ocurrir al mismo tiempo. Pero algunas personas comprenden su
culpabilidad, lamentan haber pecado, y deciden cambiar su
modo de vivir, pero sin confesar sus pecados a Dios o pedir su
perdón. Debemos acudir a Él en busca de perdón, si deseamos
realmente que nuestros pecados sean borrados. ¿Cómo?
Tenemos algunos ejemplos en el Salmo 51; Lucas 18:13; Mateo
6:12.
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2.4 Aceptar y reconocer
No basta con que crea que Jesús murió para salvar al mundo.
Debo aceptarlo como mi Salvador personal y Señor (Juan 1:12).
Cuando lo acepto, les doy a conocer a los demás que El es mi
Salvador y Señor. Esta es mi confesión de fe en Cristo, mi
reconocimiento de que ahora pertenezco a Dios. Es como el sello
en el contrato, que hace que nuestra nueva relación sea oficial.
Es mi endoso en el cheque para poder recibir del Banco del Cielo
todos los beneficios de la salvación. Romanos 10:9, 10.

2.5 Seguir a Jesús


Seguir a Jesús es una continua responsabilidad diaria; es la
parte progresiva de nuestra salvación. Seguir a Jesús toda la
vida. En esto consiste nuestro discipulado. No podemos hacerlo
con nuestra propia fuerza, pero Él nos toma de la mano y nos
conduce por todo el camino que lleva a casa (Lucas 9:23).

3. ORAR CON LOS PECADORES


3.1. Oración en grupo
En algunos cultos el pastor o evangelista pide que los que desean
aceptar a Cristo levanten la mano o pasen al frente para orar.
Luego los dirige en una oración unida. Suele decirles para que
repitan frase por frase.

3.2 Oración individual


Cuando oramos con una persona, tratamos de hacer que ella ore
con sus propias palabras, tal como hablaría con Jesús si lo viera.
Sin embargo, no insistimos en que ore en voz alta si siente timidez
al respecto. Lo que importa es que tenga un encuentro con Cristo,
ya ore quedamente o en voz audible. Muchos prefieren repetir
primero una oración pronunciada por el obrero cristiano.
Después pueden sentirse más libres para orar cuando los
animamos a darle gracias a Dios con sus propias palabras, al
menos en una o dos frases, por lo que ha hecho por ellos. Esta
expresión personal de su fe puede ser importante para que
sientan la plena seguridad de su salvación (Romanos 10:9, 10).

Pídale al Espíritu Santo que le guíe cuando ore con una persona,
pues sólo El conoce las necesidades de cada uno.

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