EL VALSE
Vals, valse, wals, walts, waltzer o valz, eran las diversas formas usadas
para designar en el siglo XIX una pieza musical con tiempo tres por cuatro. En
las piezas editadas en este estilo tan característico de esa época existe esta
misma inconsistencia al momento de nombrar a este tipo de música. En las
piezas de Fernández encontramos que preponderan en los subtítulos los
vocablos vals y valse. Sólo dos aparecen como valz. Específicamente la palabra
“valse” se va estableciendo para designar a un tipo de música que fue gestada
en nuestro país. En su escritura y pronunciación se quedó la e muda francesa, y
a esta palabra se le agregó el adjetivo criollo o venezolano. El valse venezolano
fue definido como una creación original, y su “espiritual fisonomía revela de un
modo característico los encantos de la gracia nativa, y donde sirven de realce
al voluptuoso abandono de la melodía, los ritmos más chispeantes e ingeniosos
de la música criolla”.
Ramón y Rivera, refiriéndose también a este género, dice que puede ser
que antes de 1845 se haya iniciado en Caracas un estilo que “acogió el vals como
elemento representativo de lo criollo”. Siguiendo con esta idea, Ramón y Rivera
nos habla de dos corrientes establecidas dentro de este movimiento:
...una aristocrática, de los salones de la gente adinerada, y otra popular, de las
casas más modestas... el caney; la plaza pública. La corriente popular se
subdivide, dejando algunas melodías en los terrenos de lo social anónimo, en
tanto que músicos aficionados o profesores de las ciudades empiezan a cultivar
el vals, dejando constancia de su nombre, y produciendo generalmente las
melodías nada más.
Mientras la aristocracia utilizaba como instrumento al piano para
acompañar o como instrumento solista, la gente del pueblo usaba la guitarra, el
cuatro o el tiple. En cuanto a las composiciones mencionadas en la cita anterior,
que comprendían únicamente la línea melódica, es necesario explicar que como
hemos mencionado, dentro de la música de salón existía una tradición que se
fue perdiendo con el tiempo, que fue la de improvisar. Los documentos
musicales que se conservan hoy del siglo XIX dan cuenta de esta práctica: “se
encuentran colecciones completas de melodías de valses, polkas, danzas, en
clave de sol, sólo con el nombre de la pieza, y a veces el de su autor”.
Aunque para José Antonio Calcaño, las composiciones de este siglo eran
mediocres, en La Ciudad y su Música, nos dice que:
Era en el momento de tocarse un valse, cuando los músicos comenzaban a
improvisar nuevos ritmos. Así se producía esa simultaneidad de diferentes
golpes, como a veces los llamaban. Los instrumentos cantantes, por su parte,
como lo eran el violín o la flauta o el clarinete, que eran los más frecuentes, la
dieron de vez en cuando por tocar, no la melodía compuesta por el autor, sino
variaciones también improvisadas.
En nuestras tradiciones populares es muy común encontrar esta
característica. En la parte instrumental, los ejecutantes hacen variaciones
basándose en una estructura armónica repetitiva y en las canciones, el
cantante crea versos y coplas. Lo vemos en el galerón margariteño, el joropo
oriental, el golpe tocuyano, por no mencionar una larga lista de géneros
venezolanos en los que la creación in situ es la protagonista. Los valses
venezolanos por tener este matiz popular, tienen como característica que el
ejecutante debe tocar de manera distinta a la que aparece en la partitura. Es
decir, que debe usar sus dotes musicales para inventar sobre una línea
melódica.
No se trataba únicamente de sustituir el acompañamiento del vals
europeo convencional de tres negras por el ritmo que se usa en el joropo
denominado pumpuneo; es decir, negra, silencio de corchea, corchea y negra -
Mariantonia Palacios nos comenta que la única modificación que se hace hoy en
día al momento de tocar un valse venezolano, es la mencionada, se trataba
también de usar una cantidad de recursos que estuvieran dentro del estilo y
para ello era necesario manejar muy bien la técnica en el piano.
Con respecto a la variedad de ritmos, nos dice Heraclio Fernández: Los
movimientos del acompañamiento del vals son los más variados y puede añadirse
que cada individuo tiene uno peculiar. En algunos puntos de Venezuela son
distintos a los que acostumbran en Caracas; en mi permanencia en esos lugares,
observando con especial atención a los más hábiles acompañadores, los he
aprendido todos... Nos comenta Palacios que uno de los cultores que mantuvo
este estilo al momento de ejecutar las piezas venezolanas fue el pianista
Evencio Castellanos. Si tomamos las partituras originales de los valses y danzas
que ejecuta este pianista en Valses Venezolanos de salón, podemos distinguir
claramente la diferencia entre lo que está en el papel y lo que interpreta este
pianista. Allí veremos la complejidad que tiene tocar estas piezas.
Según lo que nos dice Salvador Llamozas, y que luego agregara Palacios
en cuanto a los valses venezolanos, las características generales de estos
valses son las siguientes: cambio de tempo en la segunda parte, donde por lo
general el ritmo se complejiza “se aviva y enardece”. En el valse Recuerdos de
Fernández así como en otros de sus valses, podemos apreciar esta
característica.
Para terminar con este género musical, citaremos unas palabras de
Palacios, que consideramos resumen a grosso modo la esencia del valse: “El
valse venezolano es pues una pieza de infinitas posibilidades interpretativas,
pues las improvisaciones de los intérpretes lo transforman y enriquecen
continuamente, a partir de los esbozos generales del compositor. Su
complejidad rítmica es lo que hace único y lo diferencia de su homónimo
europeo.”
En el siguiente ejemplo vemos como la melodía de la primera parte
contrasta con la de la segunda que es duplicada con terceras y sextas paralelas
una octava más arriba del do central (el uso de las terceras y sextas es otra de
las características más usuales): En esta primera parte vemos como la melodía
se duplica sólo de los compases 4 al 7 y de los compases 13 al 15.
En la segunda parte la melodía se duplica igualmente con terceras y
sextas paralelas, pero en todos los compases:
Otra característica de los valses venezolanos, es que la melodía juega
mucho con silencios, haciendo interrupciones y comienzos acéfalos. A este
juego melódico se le ha llamado saltaperico.
Otras características del Valse:
En la parte melódica:
1. Preponderan las apoyaturas, retardos y escalas cromáticas.
2. Las síncopas son comunes.
Con relación al ritmo básico del acompañamiento:
1. Por lo general utilizan la secuencia “negra, silencio de corchea,
corchea y negra”. Es frecuente el uso de ritmos hemiolados, en el
cual se yuxtaponen las acentuaciones de los compases de 3/4 y
6/8.
2. En la mano izquierda se dan secuencias de cuatro bajos por grado
conjunto, seguidos del valor de una blanca.
3. En ocasiones el acompañamiento se hacía por fantasía o ad libitum.