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Emasesa ICuentosDelAgua

El documento presenta las descripciones de tres personajes: Natasha, la guardiana del agua; Miriam, la guardiana del viento; y Tafudy, un pez payaso naranja que es la mascota de Natasha. Se describen sus características y habilidades.
Derechos de autor
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Emasesa ICuentosDelAgua

El documento presenta las descripciones de tres personajes: Natasha, la guardiana del agua; Miriam, la guardiana del viento; y Tafudy, un pez payaso naranja que es la mascota de Natasha. Se describen sus características y habilidades.
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Cuentos Ilustrados

sobre el Agua
Volumen I

www. emasesa.com
Cuentos Ilustrados
sobre el Agua
Volumen I

Cuentos ganadores del I Certamen Escolar


de Cuentos Ilustrados sobre el agua de
EMASESA
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita
de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en
las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier
medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento
informático, así como su distribución.

© de los textos: sus autores, 2017


© EMASESA METROPOLITANA, 2017

Depósito legal: SE-1872-2017


Diseño gráfico:

Ilustración de portada:
Autora Raquel Reguera

Agradecimiento a Sara Vera López por sus ilustraciones del cuento Arena
Índice

Prólogo · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 7

Primer premio categoría primaria · · · · · · · 8


Las aventuras de Gotita
Segundo premio categoría primaria · · · · · 16
El Fin del Agua

Primer premio categoría secundaria· · · · · 28


El Poblado Inca
Segundo premio categoría secundaria· · · · 37
Arena

I Certamen Escolar de Cuentos Ilustrados


sobre el Agua · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 46
– Datos de participación
– El jurado literario
– El fallo del Jurado
– Acto de entrega de premios
PRÓLOGO

Érase una vez una ciudad en la que el agua no salía por el grifo de
las casas…
Los alumnos y alumnas que han participado en nuestros certámenes
escolares no han vivido la última sequía, la que transcurrió entre
1992 y 1995 y que provocó cortes en el suministro de agua de más
de quince horas al día, por lo que el arranque de este texto bien po-
dría parecerles el inicio de un cuento de ciencia ficción. Ellos abren
el grifo en casa y sale agua. Un agua de calidad con la que beben,
se duchan y con la que ayudan a sus padres en las tareas del hogar.
Nada más natural que eso y nada a lo que darle menos importancia.
Pero el agua no sale del grifo de manera automática. Hay detrás
unos complejos mecanismos, unas infraestructuras y un amplio
equipo humano que lo hacen posible. Y es importante conocerlo
para poder valorarlo después en su justa medida. Darles a conocer
la importancia que tiene el agua para la vida y lo que supone que
sea reconocida como un derecho humano es el primer paso para
concienciarles sobre la necesidad del cuidado del medio ambiente y
del consumo responsable de unos recursos que no son infinitos.
Y hacerlo a través del cuento, de la Literatura, es una forma idónea
para el fomento de la lectura y la creatividad. Su implicación activa
es el mejor camino hacia la concienciación. Y, en sentido inverso,
quizás sus cuentos sean una magnífica herramienta para llamar la
atención de los mayores. Por nuestra parte, seguiremos poniendo
todos nuestros medios y nuestro esfuerzo para que así sea.

Jaime Palop Piqueras


Consejero Delegado de EMASESA

7
Las aventuras de Gotita
Primer Premio Categoría Primaria
Autora: Belén Rodríguez Salazar
Centro Escolar: Alberto Magno, Montequinto (Dos Hermanas)
Ilustrado por Elena Bárcenas Gonzalez alumna del Colegio San
Francisco de Paula de Sevilla
Las aventuras de Gotita

¡Hola! Soy gotita. Ahora estoy con mis amigas en una fiesta en la
playa de arena bailando el chucuchucu, que es el baile más popular
entre las gotitas de agua de mar. Nos encanta este baile porque es
muy fácil de bailar. Os enseño, ¿queréis? Un pasito hacia adelante
(marea alta), un pasito hacia atrás (marea baja), un pasito hacia ade-
lante (que viene la olita) un pasito hacia atrás (la olita se va). Además
de divertido este baile tiene tanto éxito porque tiene varios ritmos,
el chucuchucu Jazz (bandera verde, olitas tranquilas) el chucuchucu
pop-rock (bandera amarilla, olitas divertidas) y el rock duro (bande-
ra roja, locura total!!!)
Os voy a contar mis experiencias, que justo empezaron un día de
magnífico sol cuando estaba en mi casa, que es el mar, bailando muy
divertida como ya os he dicho el chucuchucu. De repente me sentí
muy rara y empecé a elevarme y a alejarme del suelo. Al principio
creí que era mareo de tanto bailar, pero cada vez estaba más lejos
del suelo y más cerca del cielo, cuando me miré a mí misma lo des-
cubrí… ¡Me había convertido en vapor!
Como no sabía muy bien que hacer me dejé llevar, pero de repente,
un poco antes de llegar a las nubes, pasaron volando unos flamen-
cos que emigraban y! Me quede enganchada al ala de uno de ellos ¡
Estaba muy nerviosa y asustada porque no me podía soltar, pero en
uno de los aleteos por fin conseguí soltarme ¡ Menos mal, porque si
no vete a saber dónde me hubieran llevado!

9
Cuando me solté seguí subiendo hacia las nubes, a la que iba a lle-
gar tenía forma de perrito, ¡que mono! Después de unos días allí
arriba admirando las vistas, me sentí otra vez rara, me miré y otra
vez había cambiado de forma ¡No puede ser! ¡Ahora era un copo de
nieve! En ese mismo momento se abrió un agujero bajo mis pies y
empecé a caer girando y girando hasta que acabé toda mareada en
un glaciar. No imagináis el frío que hacía. Menos mal que volvió mi
amigo el sol y empezó a calentarnos, cuando empezamos a derretir-
nos todas gritaban nerviosas:
-“¡allá vamos, que vamos!

Yo no sabía a dónde íbamos pero me dejé llevar, al principio, caímos


por la ladera de una montaña pasando entre los árboles hasta que
llegamos a un río, era muy divertido porque a veces íbamos muy
tranquilos y después muy rápido… todo iba muy bien hasta que de
repente me encontré con una pared de hormigón (muy fea).

Una fuerza extraña nos empujaba hacia un tubo. Iba a toda máqui-
na ¡Qué divertido! Hasta que me encontré con otra pared que de
nuevo me impedía seguir. Allí estuve un buen rato, toda aburrida,
hasta que escuché como alguien pulsaba un botón, en ese momen-
to la pared se levantó y empecé de nuevo a caer girando como si
formara un remolino pero esta vez no estaba sola, iba acompañada
de un líquido amarillo, que no olía nada bien ¿Qué sería eso?. Lle-
gamos a unas máquinas que empezaron a limpiarme ¡Cómo si yo
estuviera sucia! He oído hablar a otras gotitas de estas máquinas,
creo que se llaman depuradoras y limpian toda el agua que les llega.

13
Cuando terminaron de limpiarme, me volvieron a soltar a un río.
¡Al fin! ¡Qué a gusto! Pero cuando ya creía que todo iba a ser más
tranquilo unos peces aparecieron, pero lo raro era que iban en sen-
tido contrario a la corriente y yo les gritaba:
-Apartaos ¡¡qué vais en sentido contrario!!

Pero nada, no me hacían ni caso y me dieron un montón de golpes.


Después de horas y horas llegué a mi casa, ¡al fin ¡otra vez en el mar
y para relajarme después de tantas emociones, mis amigas y yo bai-
lamos, el chucuchucu un pasito hacia delante (marea alta), un pasito
hacia detrás (marea baja), un pasito hacia delante (viene la olita) un
pasito hacia detrás (la olita se va).

Estas fueron mis aventuras que espero os hayan gustado y que os


hayan divertido.

Nos vemos en la playa…

¡ADIOS AMIGOS!

15
El Fin del Agua
Segundo Premio Categoría Primaria
Autora: Rocío Domínguez Alcántara
Centro Escolar: CEIP Guadalquivir (La Rinconada)
¡¿El fin del agua?!

Descripciones

Natasha: Es la guardiana de agua (por eso es capaz de comunicar-


se con todos los seres de agua y se lleva tan bien con ellos; aparte
puede hablar y respirar bajo agua), tiene 17 años, adora el aire libre
y el deporte, es una chica muy alegre de un pueblo cerca del mar. Es
genial en los deportes (mejor dicho la mejor deportista del mundo)
además corre a la velocidad del viento, su color favorito es el naran-
ja. Aparte del aire libre y el deporte lo que más ama es el mar, ella
nunca comería pescado ni aunque le costara la vida. Casi siempre
esta con un monopatín, un patín o con unos patines (a no ser que
esté en el agua) de transporte y nunca la ven coger estos vehículos
siempre le preguntan ¡¿cuanto tiempo llevas con el vehículo?! pero
ella dice siempre lo mismo “Lo llevaba todo este tiempo”. Natasha
tiene amigos como Susi (una amiga suya de otro pueblo y desde que
se mudó no la ha visto, hará más de 7 años) y Miriam una chica de
su mismo pueblo.

17
Miriam: Es la guardiana de viento y corre a la velocidad del viento
(gracias a sus poderes) además de entender lo que dicen las aves y
de llevarse bien con los seres de viento, ella tiene 20 años. Es muy
seria y algo borde, pero aun así Natasha la considera una amiga y es
que para Miriam Natasha es una hermana pequeña. Ella fue quien
entrenó un poco a Natasha para que controlara mejor sus poderes,
llamaba a Natasha a las 5:00 de la mañana y la ponía a correr hasta
alcanzar su velocidad, por eso Natasha es capaz de correr a seme-
jante velocidad, no tiene color favorito pero ella prefiere el blanco
por que le recuerda a...nada, algo que le gusta y lo que más odia son
los humanos, y es que piensa que destruyen la naturaleza y son unos
avariciosos que no saben hacer nada, no para de decírselo a Natas-
ha, pero ella la ignora, pues viniendo de una chica tan exigente para
todo ¿Cómo puede ser verdad?

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Tafudy: Es un pez payaso de un hermoso color naranja, es la “mas-
cota” de Natasha (Es lo que dice Natasha para no decir que es su
amigo y la tomen por loca, porque si no les tendría que decir que es
la guardiana de agua por lo que incumpliría la regla número 1 y la
tomarían otra vez por loca). A parte de eso Natasha le salvó la vida
y desde entonces se han vuelto unos muy buenos amigos.
Pulpoide: Es un pulpo gigante (pero no para llegar a ser un kraken),
es malo y no tiene nombre así que le llaman Pulpoide.
Hola soy Natasha seguramente ya me conocéis por la descripción
anterior, y bueno volviendo al tema me gustaría contaros una aven-
tura que tuve en el agua por que en verdad tiene mucha relación,
así atentos y a escuchar. Era un día de primavera y como todas las
mañanas me fui a escuchar el relajante y hermoso sonido del mar,
casi nunca se escuchaba ningún ruido todo era tranquilidad y sere-
nidad excepto aquel día. Me senté en una roca y contemplé las olas.
- ¡Que relajante es esto! -exclamé yo.

19
Me fijé un poco en el mar cuando vi que no había apenas agua yo
me extrañé pero pensé que era la marea que bajó por la noche.
-¡Socorro!-suplicaba una voz misteriosa procedente del agua.
Yo mire al agua cuando vi un pez que necesitaba ayuda.
-¡¿Qué pasa?!-pregunté asustada.
-Están acabando con el agu...-dijo el pez sin poder terminar, ya que
una misteriosa fuerza le estaba absorbiendo.
Yo me tire al agua y fui nadando hasta alcanzar al pez, me acerqué
un poco y le cogí de la aleta luchando para que la esa misteriosa
fuerza no se lo llevara.
-¡Au!-se quejaba el pez.
-Lo siento-me disculpaba yo.
Tiré un poco más y el pez se liberó de la fuerza misteriosa.
-Gracias-dijo el pez.
-De nada-dije yo.
Me fijé en el pez, era un pez payaso de un naranja precioso.
-Soy Tafudy-dijo el pez.
-Yo Natasha-dije alegremente.

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-Ya, eres la guardiana de agua-dijo Tafudy-aparte de que todos los
peces lo saben, está claro porque te comunicas con todas las criatu-
ras del agua y respiras y hablas bajo el agua.
-Si porque si no sería raro-dije yo-por cierto ¿Qué era esa fuerza
misteriosa?
-No lo sé-dijo Tafudy-pero si que sé que está atrapando a todos los
peces y van a acabar con el agua por que en todos los océanos, ma-
res, ríos, lagunas y lagos estamos siendo atrapados.
-¿Por qué?-pregunte.
-Ni idea-dijo Tafudy-te quería pedir otra cosa...¡ah sí! grita con to-
das tus fuerzas “ayuda”.
-Vale-dije yo-¡¡¡AYUDA! !!¿Así?
-Si-dijo Tafudy.
De repente aparecieron unos 8 peces unos eran enormes otros pe-
queños.

- ¡¿Qué pasa?!¡¿Otro pez atrapado?!-dijo el pez más grande.


-No-dijo Tafudy-es para deciros que ya ha llegado la guardiana de agua.

21
En cuanto terminó de hablar Tafudy se escucharon unos murmu-
llos.
- ¿Dónde? -pregunto uno de color azul.
A mí ese pez me recordó a Susi, una buena amiga que hace muchos
años que no la veo. Cuando me di cuenta Tafudy giro la cabeza
señalándome.
- ¿Entonces por qué tiene pies en vez de aletas? -dijo un pez rojo.
-Oh, yo puedo responder a tu pregunta-dijo Tafudy-¡Por que no es
una sirena ni una nereida!
-Ah, sí, tengo cerebro de pez-dijo el pez rojo.
Yo me reí un poco.
-Bueno volviendo al tema-dijo Tafudy-que ella nos va a ayudar ¿Lo
entendéis?
Todos asintieron.
- ¿Y qué pasa si todos los peces somos capturados? -dijo el pez rojo.
-Pues que el agua desaparece-dijo Tafudy- ¿cómo es posible que no
lo sepas?
-No sé-dijo el pez rojo.
- ¡Claro! por eso en la playa no había mucha agua-dije yo.
Tafudy asintió.
-Esto... yo se algo nuevo-dijo un pez blanco.
-Por favor dímelo a mí o mejor dicho a todos-dijo Tafudy.
-Esa fuerza misteriosa está creada por una máquina-dijo el pez blan-
co-y ha sido creada por el ser humano.
Yo me quedé de piedra pues todos los seres humanos que conozco
son muy amables, puede de que Miriam tuviera razón sobre ellos,
no paraba de darme vueltas a la cabeza.

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-Esto...Natasha ¿Estás bien?-pregunto Tafudy.
-Si -le respondí yo.
-Vale pues bueno que iba a decir... ¡Ah sí! ¿Cómo lo sabes? -pregun-
to Tafudy.
-Lo vi-dijo el pez blanco.
Yo me puse nerviosa, puede que los humanos coman pescado pero
nunca harían eso por que hay muchos humanos que adoran el agua
y el mar.
-¿Y donde lo viste?-pregunte yo.
-En la cueva del oso-me respondió.
-Ahora vuelvo-dije yo mientras me alejaba.
-Espera-dijo Tafudy.
Cuando me alejé unos 4 metros empezó a perseguirme pues él creía
que me pararía y volvería hasta donde estaban ellos.
- ¿Qué haces? -dijo Tafudy.
-Voy a ir a la cueva del oso-dije con una sonrisa.
- ¡Ya de paso se más alegre! -dijo Tafudy-además ¿Sabes por qué se
llama la cueva del oso?
-No-dije yo.
-¿Y al menos sabes dónde esta?-me preguntó.
-Pues no-respondí.
Tafudy se puso la aleta en la cara.
-Se llama “La cueva del oso” por una cosa. Mira, para cada elemen-
to hay una ciudad, pero también hay un oso que vigila la entrada, y
en todas las ciudades la cueva se llama así, todos se creen que es una
leyenda-me respondió.
-Guau-dije yo.

23
-Pero sabes te voy a ayudar-dijo Tafudy.
-Gracias-dije yo sonriendo.
Me cogió de la mano (cosa que le costó lo suyo por que con unas
aletas tan pequeñas como las suyas no podían cogerme bien) y na-
dando me llevo enfrente de la cueva.
-¡Alto!-gritó un oso.
- ¿Cómo puede respirar y hablar debajo del agua si es un oso? -pre-
gunté a Tafudy.
-Es mágico-me dijo.
-Disculpa pero soy la guardiana de agua y me gustaría ayudar a los
pe... -dije yo.
- ¡Ya sé que eres la guardiana de agua! pero aquí no puede entrar
nadie ni nada sin la llave o al menos sin derrotarme-dijo el oso.
-Vale-dije yo-¡Agua!
Al terminar de hablar me transformé.
-¡Chorro de agua!-grité.
Disparé un chorro de agua y se cayó, pero en un abrir y cerrar de
ojos volvió a levantarse, empezó a atacarnos a mí y a Tafudy, cuan-
do vi a Miriam con un traje de buzo.
-¡Miriam, necesitamos tu ayuda!-grite yo.
Miriam se puso la mano en la frente.
-Tu tu tu tu tu (¡Viento!)-dijo Miriam.
Miriam se transformó y señalo hacia arriba con la mano diciendo
“vamos al exterior”. Subimos a la superficie y Miriam se quitó la
boquilla de buceo de la boca.
-Natasha, usa tu chorro de agua-dijo Miriam.
-Vale,-dije yo-pero espera. Toma y sopla en esta caracola y podrás

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hablar y respirar bajo el agua durante 15 minutos aparte de enten-
der lo que dicen los peces.

-Gracias-dijo Miriam.
-De nada-dije yo.
Cogió la caracola y sopló.
- ¿Qué vas a hacer con el equipo de buceo? -pregunté.
-Me lo dejaré puesto-me respondió Miriam.
Bajamos hasta el fondo, donde nos encontramos con el oso.
-Muy buena la caracola-me dijo Miriam.
-¿Verdad?-dije yo sonriendo-bueno ahora voy a seguir ¡Chorro de
agua!
-¡Tornado potente!-grito Miriam.
Y mi chorro de agua y su tornado se unieron volviéndose un único
ataque (un tornado de agua) que hizo que el oso se quedara frito
(dormido) y nos destransformamos. Miriam, Tafudy y yo nos dirigi-
mos a la cueva donde vimos a un... ¡pulpo!
-Menos mal que era un humano-dije yo con una risita.
-Ya, pero es que no han visto un humano en su vida, y aunque no lo

25
parezca tampoco un pulpo-dijo Tafudy.
-¡Sabia que no eran lo humanos!-dije yo.
Nosotros nos acercamos pero el pulpo se dio media vuelta (180º).
-¡Como habéis entrado en mi ciudad!-dijo el pulpo.
-Esta no es tu ciudad-dijo Tafudy.
El pulpo le dio con el tentáculo a Tafudy y le lanzó, suerte que le
cogí de la aleta y no llegó al quinto pinto.
-Oye, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que sople la caracola? -me
preguntó Miriam.
-Unos...¡14 minutos!-dije yo.
Giré la cabeza y vi una palanca en la que ponía “Palanca para va-
ciar el agua”, estuve a punto de bajarla cuando pensé en todos los
habitantes, porque ahí estaban todo tipo de criaturas que viven en el
agua, y como bajara la palanca morirían.
-¿Qué hago?-pregunte.
-Siempre puedo soplar la caracola-dijo Miriam.
-Upps se me olvidó-dije yo.
Miriam sopló la caracola.
-¿Por cierto, cómo te llamas?-pregunté yo.
-Pues no tengo nombre, así que me llaman Pulpoide-dijo el pulpo.
-Qué original-dijo Miriam sarcástica-no se parece nada a pulpo.
-¡Chorro de agua!-grité yo.
-¡Remolino!-gritó Miriam
Nuestros ataques se unieron (otra vez) pero esta vez formando un re-
molino que hizo un agujero por donde Pulpoide se quedó atrapado.
Nadamos lo más rápido que pudimos hasta encontrar un montón de

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peces que estaban en unas jaulas, las abrimos y fueron libres.
-Así me gusta más, que estén el libertad-dije yo sonriendo.
-Gracias por todo Natasha y a ti también, Miriam.-dijo Tafudy.
-Cuando necesites algo llámame por esta caracola, Natasha-dijo Ta-
fudy.
-Hay caracolas para todos-dijo Miriam.
-Creo que hay unas... 23-dije yo.
-Me va a dar algo-dijo Miriam-una caracola vale, pero 23...
Yo me reí.
-Bueno vamos arriba-dijo Miriam.
-Si-dije yo.
Nosotras volvimos a casa, cuando nos dimos cuenta de que había
muchísima más agua que antes.
-Sí que ha subido la marea desde que me metí-dijo Miriam.
-Es por los peces, si no hubiera peces en todo el mundo no habría
agua-dije yo.
- ¡En serio! -dijo Miriam con los ojos como platos-no voy a comer
pescado en una buena temporada.
Yo me reí y bueno eso era todo, espero que os haya gustado mi aven-
tura así que ¡adiós!

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El Poblado Inca
Primer Premio Categoría Secundaria
Autora: Marina Titos Muñoz
Centro Escolar: Colegio Maristas “San Fernando” de Sevilla
Ilustrado por Kelly Jessica Mamani Yapura alumna del Colegio
Beaterio Santísima Trinidad de Sevilla
El poblado Inca

Allá por el siglo XIV, en el oeste del océano Pacífico, yacía una isla.
Arena blanca rodeada por agua turquesa repleta de peces y corales,
clima tropical, fauna y flora selvática por doquier y un gran pobla-
do inca oculto entre hojas de palmera constituían aquel paraíso. Si
alguien se adentrara en la selva, encontraría dicho poblado. Estaba
rodeado por grandes pirámides que formaban una muralla; en su
interior, una gran variedad de pequeños edificios que eran adorna-
dos por el colorido paisaje, cantidad de exóticas fuentes emanaban
el agua procedente de un cristalino lago y al fondo, en la cima de
una colina, presidía el gran templo inca. Allí vivía el emperador con
su familia.
Resulta que, unos años atrás, el viejo inca falleció y dejó el título al
mayor de sus mellizos. Pasó el tiempo y los habitantes aclamaban al
joven, y este ganó gran poderío y muchas riquezas; pero desconocía
el gran rencor que le guardaba su hermano menor…
Un día, el hermano pequeño, ciego de rabia, decidió dividir el po-
blado en dos usando como frontera un río. Estaba consumido por el
ansia de poder y cada vez deseaba más y más superar a su hermano.
Cada mañana, desde la ventana de su templo, observaba con odio
cómo el poblado vecino era feliz y prosperaba fácilmente y el suyo
no. Tras darle muchas vueltas, acudió al hechicero y le pidió que la
base de aquel poblado desapareciera para que el suyo fuera más rico
y poderoso.

29
A la mañana siguiente, el Sol brillaba como nunca. El calor era
abrasador, jamás hizo tanto bochorno en la isla. Acostumbrados al
clima tropical y a la inmensidad de precipitaciones que este traía
consigo, los ilusionados niños salieron a jugar por las calles. Pero
día tras día el tiempo siguió similar. Ni una mísera gota de agua. El
paisaje paradisiaco se estaba volviendo desértico.
Ya hacía dos meses que no llovía y, como cada mañana, el hermano
del emperador observaba jocosamente, a la vez que con odio y des-
precio, cómo el poblado vecino sufría la sequía que él mismo había
invocado. En efecto, la clave del éxito de aquel poblado era el agua.
Sin ella, no habría tanta vegetación, que era la base del alimento;
tampoco existiría el hermoso paisaje y los animales desaparecerían,
al igual que las personas, que se marchitarían cual las propias plan-
tas. Pero el odio que el rencoroso inca sentía hacia su hermano no le
permitía ver que sin agua no perdurarían mucho tiempo…
Pasaron cuatro meses, y la tierra isleña lucía cada vez más dura y
agrietada, como una roca. Las antes fértiles plantaciones se volvie-
ron estériles. Las flores lucían cada vez más secas. Pero lo peor es-
taba por llegar: el agua que fluía por el río fronterizo empezaba a
escasear y el inca, que todos los días observaba cómo el poblado
decaía, comenzó a darse cuenta de que, al secarse el río, las conse-
cuencias también las sufriría su pueblo y cada vez más se arrepentía
de la petición que le hizo al hechicero.
Decidió, pues, acudir nuevamente al él para anular el conjuro, pero
el hechicero le contestó que, al tratarse de un artificio provocado
con malas intenciones, costaría mucho deshacerlo y que, mientras,

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debería buscar una manera de aprovechar el agua que quedara. Así
pues, el emperador, cabizbajo, se dirigió hacia su templo a meditar.
Por el camino, se topó con el escaso riachuelo y se detuvo con cu-
riosidad, por ver si encontraba una solución. Atentamente, observó
cómo fluía cada gota de agua formando una corriente continua y se
percató de que esta fluía por una de las grietas de la tierra y llegaba
rápidamente al final. Tuvo una idea.
Tras pensarlo varias veces, se dio cuenta de que era necesario, antes
que nada, alcanzar la paz con su hermano mayor. Acudió al templo
rival y, cada vez más apenado, se lamentó por el daño que había
provocado. El agua era indispensable, no podía hacerla desapare-
cer. Con inseguridad, subió las escaleras hasta llegar al altar donde
estaba su tan odiado hermano. Ambos se miraron fijamente y se
fundieron sin articular palabra en un abrazo, se echaban de menos.
Tras pedirse perdón unificaron el poblado en uno, como antes, y
pusieron en práctica el proyecto, en cuya construcción participaron
los soldados y esclavos incas.
Ahora, aprovechaban también el agua del lago; usaban el agua del
océano para lavar a los animales y para realizar tareas en las que
no hiciera falta que el agua fuera potable, ahorrando así la mayor
cantidad posible del líquido esencial. Y pasaron los días y el poblado
recuperó poco a poco su felicidad, que se hizo mayor cuando volvió
a llover. Todo volvía a ser perfecto, pero ahora aún más. Gracias a
los canales que había ordenado hacer el inca, ahora aprovecharían
el agua de la lluvia y del río y la podrían almacenar para la próxima
sequía.
El poblado se volvió más próspero que nunca y fraterno, ya que al
perdonarse los dos hermanos, decidieron reinar juntos.

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Arena
Segundo Premio Categoría Secundaria
Autor: Juan Sánchez Gamino
Centro Escolar: Colegio Alemán “Alberto Durero” de Sevilla
Ilustrado por Sara Vera López
Arena

No había amanecido cuando dos piececitos removieron la arena


nigeriana, ni había amanecido cuando dos lágrimas bañaron sus
granos. Su tristeza aumentaba al son de la oscuridad, aunque débi-
les hojas de luz empezaban por fin a acompañar a un fino gajo de
luna entre miles de puntos luminosos. ¿Podría ser una metáfora de
su vida? ¿Podría haber esperanza al final de su camino angosto, es-
trecho y doloroso? Desesperanzado y con marrones canicas aguadas
en lugar de ojos, volvió a dirigir la mirada al frente, colocó la vasija
sobre su cabeza y frunció el ceño. Debía, ¡no!, tenía que ser fuerte.
Sin embargo, una debilidad infantil le destrozaba por dentro.
Notaba sus consumidos cuádriceps contraerse y extenderse, una y
otra vez. Intentaba alejar de su mente sus pesares, de su piel el frío,
de su alma el miedo. Pero no era más que un niño, un niño inocente
y sencillo que simplemente nació en el lugar equivocado en el mo-
mento equivocado. ¿Tendría que sufrir así siempre?, se preguntaba,
mientras un suspiro que desentrañaba un sentimiento cruzaba en
forma de vaho la gélida noche de un mundo sin luz. Porque este
mundo se apagó, y quién sabe si volverá a encenderse algún día.
Pero lo único seguro por ahora es que un niño escuálido, seco, mal-
nutrido, sin vida en su cuerpo y sin luz en sus ojos, al que ni siquiera
dieron la oportunidad de vivir mejor, o al menos simplemente vivir,
irá todos los días a por algo de agua con una vasija en la cabeza y
miles de dolorosos sufrimientos a sus espaldas.

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Las extremidades le empezaron a doler, y sus hombros, cargados
con el peso del recipiente y el cansancio, desfallecían. “Todo era do-
lor allí, todo era sufrimiento”, pensaba. Sacudió la cabeza. “No”, se
dijo. Debía alejar de su cabeza esos fúnebres pensamientos, porque
tenía que ser fuerte. Tenía que conseguirlo. Por él. Por su familia.
Por su querida madre. Por su hermanito Samuel. Una breve sonrisa
cruzó su cara mientras caminaba lentamente al recordar al benja-
mín de la familia. Tenía cinco años, y sin embargo era tan alegre,
tan efusivo, tan jovial, con esa imaginación tan propia de los niños,
con ese reír tan infantil que lo caracterizaba. A él le debía la diver-
sión, las conversaciones en la noche, los secretos inconfesables. Y lo
quería. Lo quería tanto, que no soportaba tener que despedirse de
él todas las agotadoras mañanas. “Si le hubiera tenido que tocar a
alguien vivir así, sería solo a mí, no a un pequeño chiquillo de mi-
rada dulce y sonrisa encantadora. A mí. Solo a mí”, pensaba, entre
enfurecido e impotente.
La rabia le invadió el cuerpo, y preso de su ira le propinó una severa
patada a la arena. Grave error, pues irremediablemente perdió el
equilibrio, y su cuerpecillo de diez años fue a parar aparatosamen-
te al suelo, si así se le podía llamar a una infinita masa de arena,
mientras el recipiente se precipitaba hacia abajo. Por un momento
el miedo lo paralizó. Rápidamente se arrastró hacia la vasija. “Que
no se haya roto, que no se haya roto”, imploraba desesperadamente.
Si se había roto, no podría llenarlo del preciado tesoro líquido. Si
se había roto, habría perdido todo el camino andado. Si se había
roto, él estaba perdido. Pero afortunadamente no le había pasado
nada, ni un rasguño. No había caído con la suficiente fuerza, y la

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arena lo había amortiguado. Qué ironía. La arena simbolizaba su
destrozada vida, y sin embargo lo había salvado. En fin, cosas de la
vida. El muchacho se volvió a levantar, aunque dificultosamente por
el agarrotamiento de su cuerpo, se sacudió los granos de arena que
se habían adherido a su piel y prosiguió su camino. Aún le quedaba
un largo, larguísimo trecho.
El cansancio. El cansancio era algo que se podía convertir en tu
peor enemigo, y eso lo sabía él muy bien. Luchaba por cada paso,
cada movimiento que sus músculos soportaban, pero empezaba a
comprender que no le quedaban fuerzas. “¿Cuánto quedará para
llegar?”- se preguntaba. Había perdido la noción de la distancia,
entretenido entre sus pensamientos. Y además tenía hambre, mu-
cha hambre. Se palpó los costados, donde prominentes costillares se
hacían resaltar. No había comido nada desde ayer, aunque aquello
fue algo de pan y un caldo proveniente de ayudas humanitarias. Sus-
piró. “Si tuvieran alguna fuente de ingresos al menos, por pequeña
que fuera”. Pero el único que podía conseguirlo era su padre. Y él ya
no estaba. Ni volvería nunca.
Ya no se acordaba muy bien de su padre, porque ocurrió cuando
tenía cinco años. Su madre esperaba al pequeño Samuel, pues toda-
vía podía rememorar el incipiente vientre de su progenitora. Papá,
como siempre, estaba preparado para salir por la maltrecha puerta
de su hogar con un harapiento mono de trabajo ceñido al cuerpo,
un pico a la espalda y una mirada deprimida en sus ojos. Estaba be-
sando a su madre en la frente, como siempre hacía cuando se despe-
día, y le acariciaba la cabeza a su pequeño hijo. “Te quiero”, se leía
en sus ojos compasivos. Y salió por la puerta, mientras el chico, sin

41
saber lo que se avecinaba, fantaseaba con la llegada de su querido
padre, con el abrazo que le daría, con la sonrisa que le dedicaría.
Pero ese momento nunca llegó. Y nunca llegaría.
Dos lagrimones volvieron a asomar por sus oscuras mejillas cuando
aquellas imágenes irrumpieron en su mente. Pestañeó, intentando
limpiar sus ojos, pero la pena le invadía, convirtiéndose en enormes
surcos de agua salada sobre su cara. “¿Por qué?”- preguntaba. Pero
no sabía cuál era la respuesta.
Aunque durante un tiempo intentó alejar aquellos funestos pensa-
mientos de su mente, no pudo. No era lo suficientemente fuerte para
sobrellevar todo lo que le estaba ocurriendo. Lo que le había ocu-
rrido durante toda su vida. La desgracia. La muerte. “¿Qué había
hecho para merecer esto?”- imploró por enésima vez, mientras la
sonrisa solar se empezaba a elevar en Oriente.
Jadeaba. Sudaba. Moría, pero una parte de su ser le impedía sucum-
bir ante el esfuerzo. No sentía las piernas, ni los brazos. Ni siquiera el
corazón. Sus pies desnudos se deslizaban sobre el impiadoso manto
dorado, quemándolos a cada pisada, y el sol, rey de aquel infierno,
deshidrataba a paso lento pero ininterrumpido la fina y suave piel
morena del chiquillo. No podía más. Lo último que vio antes de caer
fueron las estrellitas que bailoteaban gráciles sobre sus pupilas. Solo
la arena, imperturbable compañera, fue testigo del derrumbamien-
to de aquel pobre niño.
Cuando abrió los ojos ya estaba su amigo en lo alto del cielo, mi-
rándole con una sonrisa reluciente y quemando su retina. Rápida-
mente apartó la cara. Todavía no recordaba lo que le había pasado,
ni siquiera donde estaba. “Ah, ya”-recordó, desesperanzado. “Ojalá

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hubiera despertado en otro lugar, en otro mundo. En otra vida, al
menos”. No. Debía aceptar la realidad, tenía que enfrentarse a ella.
Tenía que imponerse sobre ella. Y, otra vez, suspiró mientras aque-
llas brillantes perlas revoloteaban alegremente sobre su cara ensu-
ciada de sufrimiento. Retomó su camino, como tantas otras veces,
con la vasija sobre su cabeza y la arena bajo sus pies.
“Vamos, vamos, vamos”, le pedía, no, le suplicaba a su cuerpo. Te-
nía que hacer un esfuerzo más. Sólo uno más. “Por favor”, rogaba
para no desplomarse de nuevo, porque sabía que entonces no volve-
ría a levantarse. Sabía que cada paso le acercaba más a su destino,
aunque también que cada movimiento le fatigaba más aún. Sabía
que cada vez estaba más cerca de la vida, pero a la vez de la muerte.
Sin embargo tenía que conseguirlo, para poder seguir viendo a su
familia. A su madre. Otro estallido de emoción conquistó cada neu-
rona de su mente. Si a alguien necesitaba más que a nadie, era a su
madre. Porque le cuidaba. Porque le debía todo lo bueno que tenía,
porque le debía la vida, el cariño. Porque la quería.
Solo entonces comprendió que lo tenía que conseguir, para poder
ver de nuevo la sonrisa de su madre, para poder abrazarla de nuevo.
Para poder ser de nuevo feliz. Y, con estos pensamientos, con estos
sentimientos, retomó con, si cabe, más energía la ruta hacia lo más
parecido al paraíso en aquellas tierras lejanas y polvorientas.
Ya estaba. Lo podía ver. Al fin, su ruta terminaba. Al fin, sabía que
podrían volver a ver de nuevo la luz del día. Aquel tesoro era su
salvación, aquel tesoro era su vida. Y allí estaba, un sueño disfraza-
do con ropajes metálicos en forma de pozo. Por primera vez en su
viaje, lloró de felicidad. Se imaginaba ya a su hermanito, saltando

43
de alegría a sus pies; a su madre, abrazándolo de nuevo y besándole
la frente. Se imaginaba lo bueno que tenía vivir, las razones por las
que seguir adelante. Comprendió que solo con sentirse amado se
sentía el niño más afortunado. De nuevo volvió a sentir que su vida
tenía sentido.
Corrió. Corrió hacia su meta, hacia su destino. Pronto obtendría
su recompensa. Cuatro horas de camino, nueve kilómetros, once
mil pasos. Todo, para conseguir agua. Fue entonces cuando abrió
el grifo, esperó aquel momento soñado, aquel segundo imposible.
Y esperó.
No ocurrió nada. “No, no, no”-pensó, destrozado- “No puede ser”.
No había agua. No había nada. No había vida. No se lo podía creer.
Todo el camino, todo el cansancio, todo el sufrimiento. Para nada.
Le habían robado la vida, a su hermano, a su madre. “¿Por qué?”,
inquirió. Pero no había nada que hacer. Finalmente, miró hacia el
infinito. Arena. Solo arena. Sus huellas aún estaban recientes sobre
ella. Ya no había nada que hacer. No volvería a ver la luz del día.
Al fin, cerró los ojos, exhaló un último suspiró y recordó las últimas
palabras de su madre:
–Te quiero.
–Yo también te quiero.
–¿Me querrás para siempre?
–Para siempre, mamá. Para siempre.

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I CERTAMEN ESCOLAR DE
CUENTOS SOBRE EL AGUA

Dirigido a alumnos /as de colegios e IES de las poblaciones abaste-


cidas por EMASESA. Se convocó en enero 2013

Datos de participación
Se presentaron un total de 45 cuentos procedentes de 20 colegios e
IES de Sevilla y poblaciones del área metropolitana abastecida por
EMASESA.

El jurado literario
Formado por cinco miembros entre ellos escritores, filólogos, y profesores
de reconocido prestigio en el mundo cultural y experiencia como jurado

Antonio Rivero Taravillo (Melilla 1963) escri-


tor, traductor, ensayista y poeta, reside desde 1964
en Sevilla, donde ha desarrollado toda su carrera
literaria. Ha sido director de la Casa del Libro en
Sevilla, y de las revistas Mercurio y El Libro Andaluz.
Desde 2008 imparte talleres de poesía y dirige la
revista Estación Poesía, del Centro de Iniciativas
Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS).
Es autor de varios libros de viaje, de siete poemarios, de numerosas
traducciones y de ensayos y volúmenes recopilatorios de artículos,
además de una biografía en dos tomos del poeta de la Generación
del 27 Luis Cernuda. Es además un reconocido celtista, autor de las

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antologías Antiguos poemas irlandeses y Canciones gaélicas Colaborador y
articulista en diferentes periódicos.
Ha sido galardonado en 2005 con el Premio Andaluz a la Traduc-
ción Literaria y con el Premio Archivo Hispalense. Su biografía so-
bre Luis Cernuda obtuvo el XX Premio Comillas, concedido por la
editorial Tusquets. En 2011 recibió el Premio de la Feria del Libro
de Sevilla, y en 2016 el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Bio-
grafías por Cirlot. Ser y no ser de un poeta único. Su obra más reciente
En busca de la Isla Esmeralda. Diccionario sentimental de la cultura irlandesa.

José Luis Rodríguez del Corral (Morón de la


Frontera, Sevilla 1959) escritor y librero, comenzó
los estudios de Filología hispánica en la Universidad
de Sevilla pero los abandonó para montar su propia
librería de Humanidades y Ciencias Sociales, la
Roldana, de la cual estuvo al frente hasta 2003, año
en el que publica su primera novela, Llámalo deseo.
Por este mosaico de personajes que se abandonan a su curiosidad re-
cogió ese mismo año el premio La Sonrisa Vertical. Tras esta, sus te-
máticas han cambiado con la publicación de La Cólera de Atila en 2005,
Blues de Trafalgar en 2011 (Premio Café Gijón) o Solo amanece si estás
despierto (2015).
Ha colaborado como crítico literario en varios periódicos y fue direc-
tor de la revista literaria Tempestas.

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Rosa Díaz (Sevilla 1946) Poeta y escritora. A lo lar-
go de su trayectoria ha cultivado distintos géneros li-
terarios, desde la poesía a la literatura infantil y desde
el ensayo al artículo periodístico, habiendo publicado
durante varios años consecutivos en ABC de Sevilla y
colaborado en la elaboración del Diccionario Biográfico Español de la
Real Academia de la Historia. Invitada a varias Ferias Nacionales e In-
ternacionales del Libro, ha llevado su obra a México, Colombia, Ma-
rruecos, Cuba, etc. Entre otros galardones literarios cuenta con el “Ciu-
dad de Alcalá de Henares”, “Miguel Hernández”, “Fray Luís de León”,
“Fray Bernardino de Sahagún Bienal Provincia de León”, “Aljabibe”,
“Ciudad de Jaén”, o el “Charo González” de literatura infantil. Meda-
lla de Don Luis de Góngora de la Real Academia de Ciencias, Bellas
Letras y Nobles Artes de Córdoba, y “Autor 2010”, (Día de la lectura,
Pacto Andaluz por el Libro). Está traducida a varios idiomas y recogida
parte de su obra en la Biblioteca Cervantes Virtual. http://www.cer-
vantesvirtual.com/portales/rosa_diaz/ En la actualidad es Vicepresi-
denta 1ª de la Asociación de Críticos y Escritores Andaluces, Delegada
de Relaciones Institucionales de ACE Andalucía y Miembro del Jurado
de los Premios de la Crítica Andaluza.

Eduardo Jordá (Palma de Mallorca 1956) escri-


tor, filólogo, poeta, articulista y profesor de escritura
creativa. Tras viajar por diversos países del mundo
se afincó en Sevilla en 1989. Es autor de poemas,
novelas, traducciones y libros de viajes. Sus últimos

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libros son la novela Pregúntale a la noche y el libro de poemas Pero sucede.
Entre otros ha obtenido el III premio Málaga de novela de 2007, el
XIV premio Viña Alta Río-Café Bretón de 2008, el IV premio de
poesía Renacimiento de 2000 y el III premio Ateneo de Sevilla de
poesía de 2005. En 2014 publicó la colección de relatos «Yo vi a Nick
Drake» y el ensayo «Lo que tiene alas. De Gógol a Raymond Carver», lectura
lúcida de 14 cuentos y novelas cortas. Colaborador habitual como
columnista en los periódicos andaluces del grupo Joly (Diario de Sevi-
lla, Málaga Hoy), y también en los periódicos del grupo Prensa Ibéri-
ca (Diario de Mallorca y La Opinión de Málaga), así como en el ABC
y las revistas literarias Clarín y Mercurio.

Rafael de Cózar Sievert, (Tetuán 1951-Sevi-


lla 2015), poeta, pintor y narrador. Doctor en Fi-
lología hispánica, y Catedrático de Literatura
Española en la Universidad de Sevilla. Ha obte-
nido entre otros los siguientes premios: Finalista
del premio “Guernica” de novela (Madrid, año l979), Mención
especial del Premio “Elisee” de novela manuscrita, Sevilla, l98l,
Finalista de los premios de poesía “Ricardo Molina” de Córdoba
y “Rafael Montesinos” de Sevilla. Premio extraordinario de docto-
rado de la Universidad de Sevilla (l985). Premio “Ciudad de Sevi-
lla” para Tesis doctorales, l986, Premio “MARIO VARGAS LLO-
SA” de novela.

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El fallo del Jurado

El fallo del jurado reunido el día 10 de junio de 2013, fue el si-


guiente:

Categoría Primaria
1er Premio al cuento titulado “Las aventuras de gotita”
Autora: Belen Rodriguez Salazar alumna del Colegio San Alberto
Magno de Montequinto- Dos Hermanas (Sevilla)

2º Premio al cuento titulado “El fin del agua”


Autora: Roció Domínguez Alcántara, alumna del Colegio CEIP
Guadalquivir, (La Rinconada)

Categoría Secundaria
1er Premio al cuento titulado “El Poblado Inca”
Autora: Marina Titos Muñoz, alumna del Colegio Maristas “San
Fernando” de Sevilla

2º Premio al cuento titulado “Arena”


Autor: Juan Sánchez Gamino, alumno del Colegio Alemán “Alberto
Durero” de Sevilla

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Acto Entrega de Premios

Se celebró el 20 de junio de 2013 en el salón de actos de la sede


social de EMASESA Palacio de los Ponce de Leon y Convento de
los Terceros.

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La publicación que tiene en sus manos reúne los cuentos ganadores de la I
edición del Certamen Escolar de Cuentos Ilustrados sobre el Agua de EMASESA en
sus dos categorías, primaria y secundaria.

Además la publicación incluye las ilustraciones ganadoras del Concurso de


Dibujo Escolar para Ilustrar Cuentos destinado a elegir las ilustraciones que
acompañan a los cuentos merecedores de los primeros premios en la pri-
mera edición del certamen.

El certamen, de carácter anual se convoca con el objetivo de concienciar


a las nuevas generaciones de la importancia del agua para la vida y el me-
dio ambiente e invitar a la reflexión sobre el derecho al agua de todos los
pueblos, así como promover la lectura, la escritura y la creación literaria
y artística entre el alumnado de educación primaria y secundaria de los
colegios e IES de Sevilla capital y las poblaciones abastecidas por Emasesa
Metropolitana.

EMASESA, Empresa de Abastecimiento y Saneamiento de Aguas de Se-


villa gestiona el ciclo integral de agua bajo criterios de sostenibilidad, des-
de un enfoque ambiental económico y social, con una clara vocación de
servicio público.

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