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La Evolución del Pensamiento Económico

Este documento describe la evolución del pensamiento económico a través de tres etapas: justicia económica, política económica y teoría económica. Explica las ideas de pensadores clave como Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y los mercantilistas, y cómo condujeron al nacimiento de la economía moderna con la publicación de La riqueza de las naciones de Adam Smith.

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La Evolución del Pensamiento Económico

Este documento describe la evolución del pensamiento económico a través de tres etapas: justicia económica, política económica y teoría económica. Explica las ideas de pensadores clave como Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y los mercantilistas, y cómo condujeron al nacimiento de la economía moderna con la publicación de La riqueza de las naciones de Adam Smith.

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LA EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO

Clase 1
Introducción.
Cuando Adam Smith publicó The Wealth of Nations en 1776 provocó un impacto de tal
magnitud que se lo terminó considerando como el padre de la economía. Si bien es
cierto que este texto tuvo una influencia que no había tenido previamente ningún
libro de economía, hubo muchos escritos de economía previos a The Wealth of Nations.

La historia de la ciencia económica se puede dividir en tres grandes etapas:

1. Justicia económica
2. Política económica
3. Teoría económica

1.1. Justicia económica

En la etapa que llamamos de “justicia económica” los pensadores estaban


preocupados por responder a preguntas como: ¿cuál es el precio justo de los bienes?,
¿Es justo cobrar intereses por un crédito? ¿Es justo el comercio? ¿Cómo puede ser
que una persona compre un bien a un precio y luego lo venda a un precio más alto?

Los griegos fueron los primeros en dar respuestas más o menos elaboradas a estas
preguntas, en especial Aristóteles (384-322 AC). Según Aristóteles para que un
intercambio sea justo lo que se entrega tiene que ser igual a lo que se recibe. Ver Ética
a Nicómaco, 5,V

Sin embargo, como veremos, es justamente al revés. La gente intercambia bienes


cuando los valora de manera “distinta”: cuando cada una de las partes valora más lo
que recibe, que lo que entrega. Y cuanto más distinta sea la valoración mejor estará
cada una de las partes.

Por el contrario si se valora igual lo que se recibe que lo que se entrega, no hay
incentivo para el intercambio.
Aristóteles también consideraba injusto el cobro de intereses. Según el pensador
griego el dinero es un bien de intercambio y no un bien de producción, por lo tanto,
una cierta cantidad de dinero no puede “producir” más dinero. En consecuencia
cobrar intereses era para Aristóteles injusto. Ver Política. I.X

Aristóteles distinguía entre dos tipos de comercio:

1. El natural, cuando se intercambia una mercancía que no se necesita por otra


que sí se necesita.
2. El crematístico, cuando se compra una mercadería a un precio más bajo para
venderla luego a un precio más alto.

El filósofo griego consideraba al primer tipo de comercio justo pero el segundo era
en su opinión injusto.

Las obras de Aristóteles estuvieron perdidas durante muchos años. Con la conquista
de los romanos fueron llevadas a Roma. Unos dos mil años después Santo Tomás
(1225-1274) fue el que reconstruyó los papiros de Aristóteles destruidos en varias
partes. Las obras de Aristóteles estaban condenadas por la Iglesia por ir en contra de
algunos puntos del dogma de la religión. A excepción del libro Lógica todos los demás
fueron quemados en la plaza pública de París en 1210 y hubo intentos de prohibir el
estudio de Aristóteles en la Universidad de París. Con Santo Tomás el pensamiento
aristotélico vuelve a renacer y se va hacia el otro extremo, tal es así que en 1629 el
Parlamento de París impuso pena de vida al que atacara el sistema filosófico de
Aristóteles.

Santo Tomás rescató al pensamiento de Aristóteles reconstruyendo sus obras e


interpretándolas con escritos propios. Los agregados de Santo Tomás al pensamiento
de Aristóteles sobre la justicia en los temas económicos fueron los siguientes:

1. El intercambio es justo cuando el costo y trabajo de producir los bienes que se


intercambian son iguales. Aristóteles sólo había dicho que el intercambio es
justo cuando se iguala lo que se entrega con lo que se recibe.
2. Cobrar interés es justo cuando hay un daño emergente por haber prestado
dinero o cuando la persona que recibe el préstamo no lo devuelve en el
tiempo establecido.
Se hizo una diferencia entre interés y usura. El interés era una compensación por
algún daño o mora que sufriera el que presta dinero. La usura es cobrar por el
préstamo de dinero. En este sentido Santo Tomás está alineado con Aristóteles que
condenaba el interés pero agregó la compensación por daños o mora.

Santo Tomás sostuvo que la ganancia del comercio crematístico de Aristóteles era
justa si esa ganancia era aplicada a un fin noble, como vivir, hacer donaciones,
mantener una familia, etc. Para Santo Tomás la ganancia en sí misma no es ni buena
ni mala. Lo que es bueno o malo es el fin para el cuál esa ganancia es utilizada.

Los pensadores escolásticos que siguieron la línea de Aristóteles y Santo Tomás


lentamente fueron incorporando teoría en el análisis. Para responder a la pregunta de
qué es un precio justo comenzaron a preguntarse ¿Qué es un precio? ¿Porqué sube o
baja?

Para responder a la pregunta de si es justo o no cobrar intereses sobre un préstamo,


comenzaron a preguntarse ¿Qué es el interés? ¿Por qué sube o baja?

De esta manera y a través de todos esos cuestionamientos, comienzan a ponerse los


primeros ladrillos de la teoría económica. La teoría económica es un desprendimiento
del derecho y la ética.

Uno de los pesadores más importantes en esta línea escolástica fue Tomás de
Mercado (1530-1576). Ver Tomás de Mercado, Trato y contrato de mercaderes. Otro
pensador de importancia fue Luis de Molina (1535-1600). Ver Luis de Molina De
Justitia et Jure.

En resumen, se puede decir que desde la incógnita dejada por Aristóteles sobre la
justicia en los precios, interés y comercio se fueron generando lentamente en la
discusión teorías sobre estos tres puntos.

El esplendor de la escolástica se alcanza con al Escuela de Salamanca. Los


pensadores de esta escuela hicieron aportes muy importantes a la teoría económica.

Si bien las ideas socialistas recién cobran fuerza a partir de fines del siglo XIV, Platón
(427-347 AC) en su libro Leyes explica con bastante detalle el funcionamiento de una
economía sin propiedad privada. Algunas ideas marginales también se desarrollaron
durante ese período.

1.2. Política económica

La segunda etapa de la ciencia económica es la de política económica. En esta etapa el


enfoque ético pierde importancia en relación con escritos de economía relacionados
con las medidas que enriquecían a los países. A estos pensadores se los conoce con el
nombre de Mercantilistas.

Luego de la caída del Imperio Romano en el año 476, Europa no tenía países. A
mediados del siglo XV había guerra entre señores feudales, guerras civiles y religiosas.
Algunos trataron de imponer la paz y fueron llamados los Nuevos Monarcas. Estos
monarcas establecieron las bases de los estados nacionales o al menos territoriales.
Los Nuevos Monarcas ofrecieron a la institución de la monarquía como garantía de
ley y orden.

Proclamaron que la monarquía hereditaria era la forma legítima de poder y


obtuvieron el apoyo de la clase media de las ciudades que estaba cansada de las
guerras entre señores feudales que los perjudicaba en todo sentido.

Este era un fenómeno social similar al que se da en la actualidad en algunos países del
globo cuando la gente reclama gobiernos militares para terminar con el desorden y la
corrupción que no logran controlar los políticos.

Los reyes comenzaron a ser los que hacían la ley, desplazando la creación de ley del
parlamento de los señores feudales y el Common Law o derecho romano. Fue en esta
época cuando se comenzó a referirse a los reyes como “su majestad”.

La Nueva Monarquía nace:

1. En Inglaterra con Henry VII (1485-1509).


2. En Francia con Louis XI (1461-1483).
3. En sentido estricto, no había un reino de España sino un conjunto de reinos.
Los dos más importantes eran Aragón y Castilla, y luego seguían en
importancia Cataluña, Galicia, etc. El matrimonio de Isabel de Castilla y
Fernando de Aragón comienza un proceso de cierta unión pero los dos reinos
mantenían independencia. Lo que unía a estos reinos era el sentimiento de
pertenecer a la Iglesia Católica. En 1492 los moros invadieron Granada y esto
unió a los españoles.

Para más detalles ver [Link]

Las monarquías se consolidaban, los territorios se definían y cambiaban. Junto con


este proceso el comercio comenzó a florecer, surgieron los bancos, se inventa la
imprenta.

Los reyes comienzan a consultar a los comerciantes exitosos acerca de cómo se podía
hacer para enriquecer a las naciones. De esto surge una colección de libros y escritos
conocidos como Mercantilismo.

Los escritores mercantilistas aplicaron a un país los principios que enriquecían a los
comerciantes. Los ingresos debían que ser superiores a los gastos. Esto traducido a
escala nacional significaba que las exportaciones tenían que superar a las
importaciones. Como consecuencia de este pensamiento surgieron propuestas de
políticas económicas que tenían como finalidad estimular a las exportaciones y
desalentar las importaciones.

La consecuencia fue una política fuertemente proteccionista e intervencionista. Los


mercados estaban regulados de diversa manera. La única excepción a esta regla era
Holanda.

1.3. Teoría económica

La tercera etapa de la ciencia económica, que llamamos Teoría Económica nace con
Adam Smith reaccionando contra la política intervencionista de los mercantilistas.
Para los clásicos, la riqueza no se origina en un comercio internacional positivo, sino
en la producción de bienes.

La riqueza no se produce por exportar más de lo que se importa sino por producir
cada año más bienes (los economistas clásicos no consideraban a los servicios como
riqueza).

A diferencia de los mercantilistas los clásicos creían que la manera de generar riqueza
era dejando que el mercado, operando libremente, produjera cada vez más bienes. El
nombre del libro de Adam Smith todavía conservaba un sesgo mercantilista An
Inquiry Into the Nature and Causes of the Wealth of Nations.

En este monumental esfuerzo por mostrar cómo un mercado libre crea


verdaderamente riqueza, Adam Smith da lugar a este gran tratado que se lo considera
el nacimiento de la ciencia económica. Si bien había otros libros anteriores al de
Adam Smith, The Wealth of Nations tuvo un impacto que no se había logrado antes.

Un ejemplo de libros anteriores es el de Richard Cantillon (1680-1734). Este era un


irlandés con apellido español que vivía en Francia. Escribió Essai Sur la Nature du
Commerse en General en 1732.

A partir de Adam Smith la ciencia económica toma un giro importante hacia un


enfoque teórico que intentaba relacionar causas y efectos. Este fue el esfuerzo de los
economistas de la Escuela Clásica que podemos ubicar entre 1776 (publicación de The
Wealth of Nations) hasta 1871, es decir un siglo entero de desarrollo del pensamiento.

En estos cien años los conceptos de Adam Smith fueron ampliados, pero
fundamentalmente sistematizados, ya que The Wealth of Nations es un libro bastante
desordenado.

Se puede decir que John Stuart Mill (1806-1873) es el último de los grandes
economistas clásicos. Su libro, Principles of Political Economy: with some of their applications
to social philosophy fue publicado por primera vez en 1848 pero su claridad y orden era
tan impactante que tuvo varias ediciones, e inclusive fue libro de texto hasta
principios del siglo XX.

Los economistas clásicos escribieron muy convincentemente la manera en que un


mercado libre era la vía más eficiente para lograr la prosperidad económica. Algunos
de ellos, sin embargo, eran pesimistas y sostenían que las leyes naturales del mercado
llevaban a una miseria creciente, este es el caso de Thomas Robert Malthus (1766-
1834) que sostenía que la población crecía en proporción geométrica mientras que la
producción de alimentos lo hacía en proporción aritmética.

David Ricardo (1772-1823) no era tan drástico como Malthus pero creía que en el
largo plazo la economía tendía a un punto de estancamiento, que los salarios tendían
naturalmente a un nivel de subsistencia y que las ganancias tendían a anularse.
Por el contrario Adam Smith y el economista francés Jean-Baptiste Say (17671832)
creían que la libertad de mercado conducía a un bienestar creciente para todas las
personas de la sociedad.

En cualquiera de los dos casos, clásicos optimistas o pesimistas, defendían la libertad


de mercado y la no-intervención del Estado. Los optimistas porque era la manera de
incrementar el bienestar y los pesimistas porque creían que si el Estado intervenía en
la economía el hambre o estancamiento iba a llegar más rápidamente a la población.

El cuerpo teórico de los clásicos mostraba por qué el mercado, operando libremente
genera estímulos en todas las personas de la sociedad para coordinar y repartir la
producción de la manera más eficiente posible.

La línea de argumentación de los clásicos era muy convincente pero tenía un grave
problema: había caído en un razonamiento circular. Por una parte los clásicos
sostenían que los precios de los bienes estaban determinados en el largo plazo por los
costos de producción. Las fuerzas competitivas del mercado hacían que las ganancias
tendieran a ser “normales” es decir la ganancia apenas recuperaba el costo del capital
invertido en la empresa. Pero luego, en la segunda parte de sus libros, sostenían que
los costos estaban determinados por los precios.

Por ejemplo, por una parte se sostenía que el precio del trigo estaba determinado en
parte por la renta de la tierra pero luego se sostenía que la renta de la tierra estaba
determinada por el precio del trigo.

El centro de argumentación de los clásicos era que el capital siempre se tiende a


invertir donde su rendimiento esperado es más alto y su riesgo menor. Esto es cierto
pero la “circularidad” del razonamiento invalidaba la conclusión desde el punto de
vista de consistencia lógica.

Con los clásicos entonces alcanzamos el nacimiento y madurez de la teoría


económica. El avance fue muy importante pero quedaba el problema de la
circularidad por resolver.

Por último hay que mencionar que en esta época nace y toma una fuerza
relativamente importante pero no muy importante el pensamiento comunista.
Según el mismo Karl Marx (1818-1883) y su amigo Friedrich Engels (1820-1895) hay
dos tipos de socialismos: (1) el socialismo utópico y (2) el socialismo científico. Para
una exposición amplia ver Friedrich Engels Socialism: Utopian and Scientific. Los
socialistas utópicos son según Marx y Engels aquellos que creen que se puede
establecer el socialismo en forma pacífica y educando a la población.

El socialismo científico, en cambio, había mostrado con los escritos de Marx y


Engels, que la llegada del socialismo es inevitable y que tiene que ser mediante una
revolución armada de los proletarios.

Para demostrar esto Karl Marx también hizo un verdadero esfuerzo teórico más allá
de aciertos o errores que haya cometido al igual que los clásicos. El punto central de
Marx y Engels era que las leyes naturales de la historia llevaban a una concentración
creciente de la propiedad privada de los medios de producción y a un aumento
constante de la cantidad de proletarios. Finalmente unos pocos propietarios iban a ser
expropiados por la revolución proletaria.

Una confusión muy generalizada es que Marx sostenía que la economía debía ser
planificada centralmente, pero en realidad él no describió en qué consistiría una
sociedad comunista.

Marx no creía que esto pudiese hacerse. Su punto teórico era mostrar que el
capitalismo tenía fuerzas internas que lo llevaban a la autodestrucción. Sin embargo
toda su larga obra Das Kapital está basada en el mismo marco teórico de los
economistas clásicos y, por lo tanto Kart Marx, también fue víctima del razonamiento
circular.

1.4. La revolución marginal

A principios de 1870 tres pensadores en forma independiente mostraron la manera de


salir del razonamiento circular de los clásicos: la teoría de la utilidad marginal era la
solución al problema.

Los tres economistas que se conocen como los descubridores de esta teoría fueron en
Inglaterra William Stanley Jevons (1835-1882), en Austria Carl Menger (1841-1921) y
en Suiza Leon Walras (1834-1910). La teoría de la utilidad marginal desvinculó
total o parcialmente a los precios de los costos de producción.
Incluyó en la formación de los precios las valoraciones subjetivas de las personas y de
esta manera la circularidad de los clásicos se solucionó, aunque, como veremos, sólo
la Escuela Austriaca de Economía logró resolver el tema plenamente.

La popularidad y prestigio de los economistas clásicos era muy fuerte, por lo tanto los
libros de estos tres economistas no tuvieron efectos inmediatos.

Por el contrario sus críticas a la teoría clásica provocaron el rechazo inicial de la


profesión. John S. Mill era la autoridad máxima y no se lo podía contradecir
fácilmente.

Además de la innovación de la teoría de la utilidad marginal Jevons y Walras


introdujeron otra innovación importante. Con estos dos economistas se introduce el
uso de las matemáticas y de los gráficos en la teoría económica.

Si bien algunos pensadores anteriores lo habían hecho como Antoine Augutin


Cournot (1801-1877) y Jules E. Dupuit (1804-1866) en Francia y Johann Heinrich
von Thünen (1780-1850) en Alemania, estos intentos de introducir la matemática en
la teoría económica fueron rechazados por los clásicos. Sin embargo con Jevons y
Walras comienza una nueva era de la teoría económica.

La formalización matemática de la teoría económica supuestamente daba rigurosidad


a la teoría económica. Entre 1880 y 1930 los libros de economía introducían modelos
matemáticos en forma creciente. Jevons era ingeniero, Walras era matemático pero
Menger era abogado. Menger fue el fundador de la Escuela Austriaca de Economía y
sus seguidores inmediatos también eran economistas.

A partir de aquí la ciencia económica se deshace del razonamiento circular de los


clásicos pero al mismo tiempo se siguen dos caminos distintos. La economía
matemática se concentró en formalizaciones matemáticas cada vez más complejas
hasta el punto donde se apartó notablemente de la realidad que debía explicar. Y,
como veremos, lejos de lograr mayor rigurosidad cayó en serias contradicciones.

Por su parte la Escuela Austriaca mantuvo el legado de los economistas clásicos del
vínculo estrecho que hay entre el derecho y la economía. Tal vez por ser abogados los
economistas de la Escuela Austriaca visualizaron mejor que sus colegas matemáticos
la importancia de esta relación.
Hacia fines del siglo XX hubo un retorno por esta senda conocido con el nombre de
Law and Economics. El juez de la Corte de Apelaciones los Estados Unidos Richard A.
Posner fue uno de los más importantes impulsores de esta corriente de pensamiento.
Otro pensador importante en esta escuela es el Premio Nobel de Economía Ronald
Coase.

Tal como hemos visto, entre 1880 y 1930 la teoría económica se afianza con una
corriente matemática por un lado y otra que conservaba la tradición de los clásicos de
mantener la relación entre la economía y el derecho usando el método deductivo en
prosa.

La economía matemática desarrolló modelos donde mostraba que en un mercado


perfectamente competitivo se logra un óptimo económico donde se alcanza el
máximo de bienestar.

Estos modelos sirvieron de base tanto para justificar la libre competencia como el
intervencionismo del Estado. Unos señalan que el libre mercado logra el óptimo y
otros señalan que como la competencia perfecta no existe es el Estado quién debe
regular al mercado.

1.5. La gran depresión y su impacto sobre la economía

En octubre de 1929 la bolsa de New York se derrumbó y a partir de allí se desarrolló


la peor crisis económica de la historia, tanto por su profundidad como por su
longitud.

La economía matemática que había conquistado al mundo académico, no daba una


explicación satisfactoria de los hechos que estaban ocurriendo. De manera que la
crisis no fue solamente de los hechos de la vida cotidiana, sino también de los
postulados de la teoría económica, que no era capaz de dar soluciones a la recesión.

En medio de esta situación el economista inglés John Maynard Keynes (1883-1946)


provocó una verdadera revolución al desempolvar viejas teorías del mercantilismo y
presentarlas con lenguaje moderno como una solución del momento.
El libro The General Theory of Employment, Interest and Money publicado en 1936 se
consideró entonces y hasta el presente como una solución nueva y eficaz para
terminar con las recesiones y la desocupación.

Con John M. Keynes la teoría económica comienza a fraccionarse. La primera gran


división fue entre microeconomía y macroeconomía. A su vez, la macroeconomía
se dividió en moneda y banca, comercio internacional, crecimiento económico, ciclos
económicos, etc.

El punto de Keynes es que las recesiones se deben a una demanda agregada


insuficiente. El mercado libre no es capaz de solucionar este problema, por lo tanto
hace falta implementar medidas de política económica activas que tiendan a
incrementar la demanda agregada. Entre las medidas típicamente keyneseanas para
incrementar la demanda, se encuentra un incremento del déficit fiscal financiado con
expansión monetaria, reducción de la tasa de interés a través de una expansión del
crédito bancario, y el cierre de la economía para desviar la demanda hacia los
productos nacionales.

La Crisis del Treinta nunca fue solucionada mediante la receta keynesiana. En 1939
estalla la Segunda Guerra Mundial donde murieron entre 40 y 50 millones de
personas.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945 el mundo entero adoptó políticas


económicas keynesianas. La política económica keynesiana es en general bienvenida
por los políticos ya que postula que un aumento del gasto público y la expansión
monetaria son los medios adecuados para reactivar la economía. Los políticos pueden
basar sus discursos de campañas electorales en un mayor gasto y crédito y cuando son
gobernantes pueden justificar el déficit fiscal, el mayor gasto y endeudamiento
público con el apoyo académico keynesiano. Esto es un factor generador de
corrupción política y una obvia falta de sentido común por parte de quienes toman
decisiones que impactan en la población.

En las décadas de 1950 y 1960 las tasas de inflación en el mundo tendieron a


aumentar fuertemente y el keynesianismo comenzó a perder popularidad en el área
académica. La Escuela de Chicago comenzó a cobrar más popularidad de la mano de
Milton Friedman.
En la actualidad, los exponentes de la Escuela de Chicago, a diferencia de los
keynesianos, creen en los mecanismos del libre mercado para asignar eficientemente
los recursos productivos.

La Universidad de Chicago fue fundada en 1892 por John D. Rockefeller y se puede


decir que tiene tres etapas.

1. El predominio de una idea institucionalista. Los institucionalistas eran la


versión americana de la Escuela Histórica Alemana. Según esta posición las
ciencias sociales, incluida la economía, no podían aspirar a tener teorías de
aplicación universal como la física o la química. Lo máximo que se puede
hacer en las ciencias sociales es una descripción de lo ocurrido en un
determinado lugar y momento. Desde la fundación de la Universidad de
Chicago hasta 1920 esta era la tendencia que predominaba en la escuela de
economía.
2. A partir de 1920 hay dos economistas dentro de la Universidad que reaccionan
contra la posición institucionalista. Estos economistas son Frank H Knight y
Jacob Viner. Ambos tenían influencia de las teorías que se desarrollaron en
Europa. Frank H. Knight estaba influido por Jevons y la Escuela Austriaca de
Economía y Jacob Viner por el pensamiento de Alfred Marshall, que había
popularizado la teoría de la utilidad marginal en Inglaterra.
3. A partir de 1960 la escuela de economía de la universidad comienza a tener la
influencia de George J. Stigler y Milton Friedman. Estos dos economistas
están muy influidos por la economía matemática y sostienen que el mercado
competitivo es el mecanismo para lograr la eficiencia económica. También
pusieron el acento en que la cantidad de dinero es importante y que no puede
estar en manos del mercado. La autoridad monetaria debe controlar que la
expansión monetaria no supere el crecimiento de la producción.

En resumen podemos decir que los keynesianos no creen que el mercado sea capaz
de solucionar el problema de la desocupación, la recesión y la distribución del ingreso.
El Estado debe intervenir para solucionar estos problemas.

La Escuela Austriaca y la Escuela de Chicago sí creen que el mercado soluciona estos


problemas si el Estado retira las regulaciones que los provoca.
La diferencia entre la Escuela Austriaca y la de Chicago es que los primeros no creen
que la economía debe basarse en postulados matemáticos. Por otra parte los
austriacos sostienen que la mejor manera de tener una moneda sana es eliminando a
los bancos centrales, mientras que la Escuela de Chicago cree que debe haber al
menos una “regla” monetaria impuesta desde fuera del mercado.

1.6. Árbol genealógico.

El pensamiento económico a lo largo de la historia

Historia del Pensamiento Económico


Etapa de Justicia Económica
(300 AC a 1700 DC)
Durante esta etapa los pensadores trataron de dar respuesta a
preguntas de justicia; por ejemplo: (1) ¿Cuál es el precio justo? ¿Es
justo cobrar intereses? ¿Es justo vender una cosa más cara de lo
que vale? ¿Es justo el comercio?
Dentro de esta escuela podemos encontrar a los siguientes
pensadores:

Grecia:
1. Platón (427 - 347 AC)
2. Aristóteles (384 - 322 AC)

Escolásticos:
1. San Agustín (345 - 430)
2. San Alberto Magno (1193 - 1280)
3. Santo Tomás de Aquino (1225 - 1274)
4. John Duns Scoto (1265 - 1308)
5. Johannes Buridanus: (1300 - 1358)
6. San Bernardino de Siena (1380 - 1444)
7. San Antonino de Florencia (1389 - 1459)
8. Francisco de Vitoria (1483 - 1546)
9. Martín de Azpilcueta (1493 - 1586)
10. Tomás de Mercado (1500 - 1575)
11. Luis de Molina (1535 - 1601)
12. Luis Saravia de la Calle (1544 -?)
13. Domingo de Soto (1495 - 1546)

Etapa de Política Económica


(1500 DC a 1800 DC)
Durante esta etapa los pensadores trataron de dar consejos a los
reyes de como hacer rica a una nación. Esta escuela puso mucho
el acento en aspectos "prácticos" acerca de las medidas de
política económica que los reyes debían adoptar. Si bien tenían
algunas contribuciones de "teoría" económica, esta ocupaba un
lugar menos importante dentro de sus escritos. Estos pensadores
pertenecen a la escuela "Mercantilista" que se caracterizaba por el
alto grado de regulaciones económicas que recomendaban.
Por otra parte tenemos a otro grupo: "los socialistas utópicos" que
también se enfocaron en temas prácticos con menos énfasis en los
teóricos.
Dentro de esta escuela podemos encontrar a los siguientes
pensadores:

Mercantilismo
1. Thomas Milles (1550 - 1627)
2. Gerard de Malynes (1586 - 1641)
3. Edward Misselden (1608 - 1654)
4. Thomas Mun (1571 - 1541)
5. William Petty (1623 - 1687)
6. Jean-Baptiste Colbert (1619 -1683)
7. John Graunt (1620 - 1674)
8. Josiah Child (1630 - 1699)
9. Charles Devenant (1656 - 1714)
10. John Locke (1632 - 1704)
11. John Law (1671 - 1729)

Socialistas utópicos:
1. Robert Owen (1771 - 1858)
2. Charles Hall (1740 - 1820)
3. Auguste Blanqui (1805 - 1881)
4. Saint-Simon (1760 - 1825)
5. Charles Fourier (1772 - 1837)
6. Joseph Proudhon (1809 - 1865)
7. Feredinand Lasalle (1825 - 1864)
8. Karl Rodbertus (1805 – 1875)

Etapa de Teoría Económica


(1800 hasta el presente)

Durante esta etapa nace con los "Fisiócratas" en Francia, pero


cobra fuerza y fama con al escuela "Clásica" a través del pensador
escocés Adam Smith. Los aspectos de política y justicia
económica no desaparecen pero logran mayor sustentación en una
teoría económica cada vez más sólida.
Dentro de esta escuela podemos encontrar a lo siguientes
pensadores:

Richard Cantillon (1680 - 1734)

Fisiócratas:
François Quesnay (1694 - 1774)
Anne-Robert-Jacques Turgot (1727 – 1781)

Escuela Clásica:
1. Adam Smith (1723 - 1790)
2. David Ricardo (1772 - 1823)
3. Robert Malthus (1766 - 1834)
4. Jean-Baptiste Say (1767 - 1832)
5. Henry Thornton (1760 - 1815)
6. James Mill (1773 - 1836)
7. Thomas Tooke (1774 - 1858)
8. John M. McCulloch (1789 - 1864)
9. Robert Torrens (1780 - 1864)
10. William N. Senior (1790 - 1864)
11. Frédéric Bastiat (1801 - 1850)
12. John Stuart Mill (1806 - 1873)

Marxismo:
1. Karl Marx (1818 - 1883)
2. Friedrich Engels (1820 - 1895)

Escuelas Marginalistas
Precursores del marginalismo:
1. Antoine A. Cournot (1801 - 1877)
2. Johann H. von Thünen (1783 - 1850)
3. Herman H. Gossen (1810 - 1858)

Inglaterra:
1. William S. Jevons (1835 - 1882)
2. Alfred Marshall (1842 - 1924)
3. Arthur C. Pigou (1877 - 1959)
4. Philip H. Wicksteed (1844 - 1927)
5. Edward H. Chamberlin (1899 - 1967)
Escuela de Lausana
1. Leon Walras (1834 - 1910)
2. Wilfredo Pareto (1848 - 1923)
3. Abraham Wald (1902-1950)

Escuela Austriaca:
1. Carl Menger (1840 - 1921)
2. Eugen von Böhm-Bawerk (1851 - 1914)
3. Friedrich von Wieser (1851 - 1926)
4. Ludwig von Mises (1881 - 1973)
5. Friedrich A. von Hayek (1899 – 1992)

Keynesianismo:
John Maynard Keynes (1883 - 1946)
Paul A. Samuelson (1915 - 2009)

Monetarismo:
Irving Fisher (1867 - 1947)
Frank H. Knight (1885 - 1972)
Jacob Viner (1892 - 1970)
Henry Simons (1899 - 1946)
George Stigler (1911 - 1991)
Milton Friedman (1912 - 2006)

Nueva Macroeconomía Clásica:


Robert Lucas (1937- )
Thomas Sargent (1943- )

1.7. El problema económico.

Toda política económica puede dividirse en dos grandes partes: (1) objetivos y (2)
medios. Por suerte, podría decirse que no hay mayores diferencias entre las distintas
posiciones políticas e ideológicas acerca del objetivo de la política económica.

El objetivo parece ser uno y no hay lugar para otro: aumentar el bienestar de las personas.
Tanto un partidario del mercado libre, como un planificador, como un
intervencionista deberían coincidir en este punto. Las grandes diferencias entre ellos
no están en los “objetivos” sino en los “medios”; i.e. en cómo se hace para alcanzar
dicho objetivo. Así, un liberal piensa que el mercado libre es el mejor medio mientras
que un planificador cree en la propiedad estatal de los medios de producción y un
intervencionista cree que el gobierno debe introducir regulaciones para solucionar
fallas del mercado.

Muy difícilmente alguno de ellos sostenga que el objetivo de su política económica


sea bajar el bienestar de las personas. Inclusive el que cree en la redistribución del
ingreso lo hace porque piensa que los grandes ingresos de algunos se logran “a costa”
de los bajos ingresos de otros.

Por el contrario, un liberal piensa que las diferencias de ingresos son las que empujan
los ingresos de todos hacia arriba y que intentar igualar los ingresos mediante la
intervención del Estado bajaría el ingreso de todos y no solamente los del
expropiado.

Si bien es cierto que lo que se observa más comúnmente en el mundo es que unos
obtienen grandes ingresos a costa de otros, esto se debe a privilegios que los
gobiernos otorgan y no a la existencia de un mercado competitivo.

Vale la pena repetir que el error proviene de identificar mercado libre con leyes
que protegen a los grandes capitales. Cuando, en realidad, mercado libre (o
sociedad libre) significa que toda persona puede hacer lo que quiera siempre y
cuando no atente contra derechos de otros. Las leyes que impiden la libre
competencia hacen que unos (los protegidos) ganen a costa del resto. Pero la
solución no pasa por redistribuir los ingresos con impuestos sino que pasa por
eliminar los privilegios.

Muchas veces se suele confundir objetivos con medios. Los que predican, por
ejemplo, a favor de una redistribución de los ingresos o de una reforma agraria, lo
hacen porque creen que de esta manera aumentan los ingresos de unos y bajan los de
otros logrando, de esta manera, una distribución más justa de los ingresos.

Pero si se les demuestra que con esta política se termina bajando los ingresos de
todos, se verían obligados a desistir de la propuesta redistributiva.

Aunque muchas veces no se den cuenta, los que proponen una redistribución del
ingreso, lo hacen porque creen que este es un buen medio para aumentar el bienestar
de algún grupo de personas. La redistribución es para ellos un “medio” no un “fin”.
Por lo tanto si el “medio” no logra el “fin” (aumentar el bienestar de las personas)
tiene que ser abandonado. Si la redistribución del ingreso fuese el fin, entonces no
importarían las consecuencias.

Otros ejemplos clásicos de confusión entre medios y fines son la “estabilidad” y el


“pleno empleo”. Estos no son objetivos sino medios. La “estabilidad” es un medio
para alcanzar el bienestar, lo mismo ocurre con el “pleno empleo”. En realidad el
trabajo es una molestia, lo que la gente busca es el “ocio” (hacer lo que se quiere
cuando se quiere). El trabajo no es más que un “medio” para tener bienestar. Sería
difícil defender la “estabilidad” si con ella toda la gente está peor. O para qué quiere
alguien trabajar si no aumenta su bienestar con ese sacrificio diario.

Es muy importante tener en claro que el objetivo de la política económica


debe ser el bienestar de todas personas; gran parte de los desacuerdos
provienen por confundir medios con fines.

Si bien estamos sosteniendo que el objetivo de la política económica es sólo uno,


aumentar el bienestar de las personas, existe una gran cantidad de intereses creados
que pujan para que el Estado implemente políticas económicas que beneficie a
determinados grupos.

Obviamente no se puede decir que el objetivo de estos grupos de poder sea aumentar
el bienestar de las personas.

Por el contrario, el objetivo es aumentar su propio bienestar “a costa” del resto de las
personas. De todas maneras siempre disfrazan a las medidas económicas que
defienden con argumentos populistas que sostienen que las medidas provocarán
beneficios para todas las personas.

Así, por ejemplo, los empresarios que piden protección arancelaria no están diciendo
que lo hacen para ganar más dinero sino porque se crean puestos de trabajo, el país se
ahorra divisas, se defiende a la industria nacional, etc.

Cuando un empresario no es capaz de competir en el mercado pide protección por


ser muy débil, hasta que pueda competir, o acusa a sus competidores de prácticas
comerciales deshonestas. Pero como veremos más adelante, lo único cierto es que los
empresarios protegidos ganan dinero a “a costa” del resto de las personas.
Aún los que piden medidas para beneficiarse lo hacen en “nombre” del bienestar de
todos. En otras palabras, hay un claro reconocimiento de que el objetivo real debe ser
aumentar el bienestar de todas las personas y no el de algunas a costa de otras.

Ahora bien, hablar de aumentar el bienestar de las personas puede lucir como un
problema de difícil solución debido a que cada persona aumenta su bienestar de
distintas maneras.

Los bienes y servicios que provocan placer a unos no necesariamente provocan placer
a otros. Pero, como veremos en el próximo punto, existe una manera de “objetivar”
el análisis que al mismo tiempo permite visualizar el problema que tiene que resolver
la teoría económica.

El bienestar de una persona aumenta cuando satisface necesidades. Una necesidad


insatisfecha provoca malestar. La definición de “necesidad” puede provocar un gran
problema debido que definir qué es o no es “necesario” es totalmente subjetivo. El
hombre se diferencia de los animales por ser racional, esto implica que la mayoría de
sus “necesidades” son “inventadas” por la mente.

Para clarificar el tema podríamos separar entre necesidades “vitales” y “no-vitales”. Si


el hombre fuera a satisfacer solamente las necesidades “vitales” estaría en la misma
situación que cualquier animal. Comeríamos, frutas o carne, dormiríamos y nos
reproduciríamos. Tal vez podríamos incluir la producción de algunas ropas, viviendas
y medicamentos que prolongaran nuestras vidas, pero no podríamos ir mucho más
allá. Cualquier otra cosa sería un “invento” de la mente humana para aumentar su
bienestar, pero no podría considerarse una “necesidad”, si por “necesidad”
entendemos sólo cosas “vitales”.

Sin embargo la naturaleza humana parece impulsar al hombre a querer algo, o mucho
más que simplemente “vivir” como un mono más inteligente (vestido y con vivienda).
Es este incentivo de querer estar mejor lo que impulsa a los hombres a producir
bienes “no-vitales”. Y mientras no perjudique a terceros no hay motivos para impedir
que así lo haga. Inclusive en la alimentación se podría considerar que ciertas comidas
son verdaderos lujos “innecesarios”.

En una gran medida la mayor parte de los bienes que consumimos simplemente
aumentan nuestra “calidad” de vida. Pero muy bien podríamos dejar de consumir sal
o azúcar, dejar de usar cubiertos, sillas, mesas, espejos y muchas otras cosas
“superfluas” y no por ellos vamos a morir. Pero sin lugar a dudas nuestro bienestar
disminuiría notablemente.

Los que suelen criticar a la sociedad de consumo seguramente no pretenden que


dejemos de consumir muchos bienes que mejoran nuestro bienestar pero cuya
prescindencia no nos haría morir.

El problema es distinto, ellos pretenden que la gente deje de consumir cosas que ellos
consideran “no tan importantes” o “intrascendentes”. En otras palabras lo que
caracteriza a estas personas es una mentalidad totalitaria que cree tener una sabiduría
superior acerca de lo que hace feliz a los demás. Y esta actitud es una de las que da
lugar a que surjan leyes que regulan los mercados y las vidas de las personas.

Se puede concluir entonces que el bienestar de las personas crece cuando satisfacen
más necesidades. Lo que provoca malestar físico o psíquico es la insatisfacción de una
necesidad.

Dado que el hombre no puede satisfacer todas las necesidades al mismo tiempo, se ve
obligado a ordenarlas de manera de satisfacer primero las que considera más urgentes
y luego las que va considerando de menor importancia.

De esta manera cada persona se construye una escala de necesidades o un orden de


preferencias. Estas necesidades pueden ser satisfechas con bienes, servicios o
sentimientos. Nos todas las necesidades se satisfacen con los llamados “bienes
económicos”.

Podríamos representar la escala de necesidades o preferencias de “una” persona de la


siguiente manera:
A
--------- N
--------- E
---------
--------- C
--------- E
--------- S
---------
--------- D
--------- A
--------- D
E
S
---------
---------
---------
---------

Las líneas punteadas superiores representan las necesidades más importantes para el
individuo “A”, muy posiblemente las “vitales” (aunque no cabe descartar morir por
un ser querido o inclusive por un ideal). Hacia abajo se ubican las necesidades que el
individuo “A” considera menos importantes, o las creadas por la mente.

Las escalas de “necesidades” de las personas no tienen límite: son indefinidas, tienden
a infinito.

El hecho de que las necesidades sean infinitas se debe a la propia naturaleza del
hombre respecto de su racionalidad.

El hombre siempre tiene que estar satisfaciendo necesidades, del tipo que sea, de lo
contrario se “aburre”. No podría estar contemplando sus alrededores como una vaca,
esperando a que le llegue la muerte.

O puesto de otra manera el hombre siempre emplea su tiempo libre en alguna


actividad que lo entretenga: en esto consiste el ocio.

Un hombre aislado obviamente dedicará su tiempo a producir aquellos bienes que


satisfagan sus necesidades “prioritarias”. Comenzará produciendo aquellos bienes que
satisfacen las necesidades que se encuentran más arriba dentro de su escala de
preferencias. Cuantas más necesidades prioritarias pueda satisfacer tanto mayor será
su bienestar.

Para aumentar su bienestar esta persona tiene que ser capaz de producir más bienes,
pero para ello tiene que aumentar la velocidad de producción por unidad de tiempo.
Si no produce más bienes en menos tiempo no puede satisfacer “más” necesidades,
sólo podrá satisfacer otra necesidad si renuncia a una que ya viene satisfaciendo.

Podríamos concluir entonces que el bienestar de una persona crece cuando puede
satisfacer más necesidades, y disminuye cuando puede satisfacer menos.
Como corolario, podemos decir que la definición de “bienestar” tiene un lado
subjetivo y uno objetivo. El lado subjetivo es que el “contenido” de las escalas de
preferencias lo decide cada persona.

Lo que es agradable o necesario para unos puede ser un disgusto para otros. Así, hay
personas a las que les gusta beber o fumar, y otras que detestan hacerlo. Hay personas
a las que les gusta leer historia y otras a las que les gusta leer novelas de suspenso o
románticas. Hay personas a las que les gusta hacer deportes y otras a las que les
molesta realizar esa actividad. Nadie está en condiciones de demostrar que su escala
de necesidades es mejor que la de otros. En esto consiste el lado “subjetivo” de la
definición de necesidad.

El lado objetivo de la definición es que una persona está mejor cuantas más
necesidades pueda satisfacer, independientemente de cuales sean ellas.

Una persona aislada puede “comprar” los bienes que satisfacen sus necesidades con
su trabajo. Tiene que producir directamente los bienes que necesita.

Supongamos que esta persona aislada es capaz de producir los bienes que se marcan
con la línea roja a la izquierda en el siguiente dibujo. Las necesidades son infinitas y
están representadas por la flecha negra a la derecha.

Señor A
--------- D N
---------
--------- E E
--------- M C
--------- A E
---------
--------- N S
--------- D D
--------- A A
---------
D
E
S
---------
---------
---------
---------

Del dibujo anterior podemos sacar las siguientes conclusiones:

1. La necesidad no es lo mismo que la demanda. La demanda es necesidad “más”


poder de compra. Se puede necesitar algo pero tal vez no se lo pueda comprar.
2. La demanda es sinónimo de necesidades más urgentes. La gente compra lo
que considera prioritario.
3. En el caso de este señor aislado lo que él demanda es igual a lo que él produce.
Si no produce no demanda. Para demandar más tiene que producir más. Si
produce menos demanda menos. Podemos ver que producción y demanda
son una identidad.
4. El ingreso de este señor A es también igual a lo que él produce. Para aumentar
su ingreso tiene que producir más y si su producción disminuye su ingreso
también disminuirá.

Como veremos a lo largo del curso estos cuatro principios básicos que se pueden ver
claramente en el caso de una persona, también se van a mantener en el caso de una
sociedad con millones de habitantes. Los cuatro principios aplican tanto para un
individuo, como para una sociedad de individuos.

Del esquema anterior también podemos deducir que para que una persona logre el
máximo de bienestar se necesitan dos condiciones: (1) máximo nivel de producción y
(2) orden.

Máximo nivel de producción significa producir la mayor cantidad de bienes posible.


En el esquema, la línea roja se extendería hacia abajo. Orden significa que primero
hay que producir los bienes y servicios más importantes y luego los menos
importantes. O sea producir desde arriba de la escala de necesidades hacia abajo.

En el caso de una persona estas dos condiciones se dan tautológicamente. Una


persona sola va a producir de manera tal que maximice su bienestar. No es concebible
que haga cosas que disminuyan su bienestar. Se podrá equivocar, pero su objetivo es
maximizar su bienestar.
Si en una sociedad con millones de personas, cada una se autoabasteciera el nivel de
vida sería extremadamente bajo pero quedaría claro que el bienestar de cada uno
dependería de lo que cada uno es capaz de producir.

Sin embargo, la división del trabajo permite aumentar el total de producción gracias a
la especialización que permite el ahorro de tiempo, el perfeccionamiento de las
rutinas y el desarrollo de maquinaria sofisticada.

En el caso de una sociedad con dos personas la división del trabajo provocaría que el
total de producción de las dos fuera más alto que si cada uno se dedicara a
autoabastecerse.

Sin embargo estas dos personas tendrían que ponerse de acuerdo acerca de qué
producir, cuánto producir y cómo repartirlo. En esta sociedad de dos personas
también es fácil ver que lo que los dos pueden demandar depende de lo que los dos
puedan producir. Y el ingreso de los dos también depende de lo que los dos puedan
producir. Producción, demanda e ingreso son distintas visiones o posiciones de una
misma cosa.

En una sociedad con dos, tres, cuatro personas no existe un problema importante de
asignación de recursos ya que “toda” la información necesaria para producir en forma
óptima está “concentrada”.

Todos saben qué producir, cuanto producir y cómo lo van a repartir. En una
sociedad con muy pocas personas siempre se asignarán los recursos productivos en
forma óptima. En esta sociedad no hace falta ni dinero ni precios monetarios. Es
posible el trueque.

Ahora bien, cuando pasamos a una sociedad con millones de personas aparece un
problema que no existe en una sociedad pequeña: la información necesaria para
asignar los recursos en forma óptima está dispersa y es asimétrica.

Ninguna persona ni grupo de personas está en condiciones de tener toda la


información necesaria para asignar eficientemente los recursos productivos. Nadie
está en condiciones de juntar toda esa información para saber qué producir, cómo
producirlo y cómo repartirlo.
El gran desafío de la teoría económica es dar respuesta a cómo se asignan los
recursos productivos de manera de lograr el máximo bienestar posible, en
condiciones de información dispersa y asimétrica.

A este problema es al que Adam Smith intentó dar respuesta en The Wealth of Nations.
Adam Smith explicó que los mecanismos del mercado libre logran asignar los
recursos productivos de la manera más eficiente posible. Esto fue resumido en su
famosa frase de la mano invisible, que estudiaremos más adelante.

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