Kant
Kant
CONTENIDO
1. Problemática propia de este tema
2. Dimensión histórica del siglo XVIII
2.1. La época de la Ilustración
2.2. Los condicionantes históricos
2.2.1. Condicionantes políticos
2.2.2. Condicionantes sociales
2.2.3. Condicionantes filosóficos
3. Contexto histórico de la vida de Kant
3.1. La época prusiana
3.2. Aspectos importantes de su vida
4. Crítica de la razón pura
4.1. Planteamiento del problema crítico
4.1.1. En qué consiste el problema
4.1.2. Razones históricas y filosóficas
4.1.3. Significado de este problema
4.1.4. Sentido de la Filosofía para Kant
4.2. Posibilidad de la Metafísica como ciencia
4.2.1. Punto de partida
4.2.2. Respuesta del racionalismo y del empirismo
4.2.3. ¿Es posible la Metafísica como ciencia?
4.2.4. Condiciones que hacen posible la ciencia.
4.2.5. Los juicios en la ciencia
4.2.6. Los juicios sintéticos a priori
4.3. La Estética trascendental o el conocimiento sensible
4.3.1. Las condiciones sensibles del conocimiento.
4.3.2. Los juicios sintéticos a priori en Matemáticas
4.4. La Analítica trascendental o el conocimiento intelectual
4.4.1. El conocimiento incluye conceptos y juicios
4.4.2. Conceptos empíricos y conceptos puros (o categorías)
4.4.3. Las categorías son condiciones necesarias.
4.4.4. Las categorías están vacías
4.4.5. Los juicios sintéticos a priori en Física
4.4.6. Idealismo trascendental
4.5. La dialéctica trascendental o la facultad de razonar.
4.5.1. Imposibilidad de la Metafísica como ciencia.
4.5.2. La facultad de la Razón
4.5.3. Crítica de la Metafísica
5. Crítica de la razón práctica
5.1. La ética material
5.1.1. Tesis 1.a
5.1.2. Tesis 2.a
5.1.3. Es empírica
5.1.4. Es hipotética
5.1.5. Es heterónoma
5.2. La ética formal
5.2.1. Tesis 3.a
5.2.2. Tesis 4.a
5.2.3. Lo que proviene de la razón: Ley a priori.
5.2.4. Lo que proviene de la voluntad: Los imperativos
5.3. Los postulados
6. Crítica global de la moral kantiana
6.1. La ética kantiana va contra los sentimientos
6.2. Argumentos contra la ética formal kantiana
6.3. Limitaciones de la ética kantiana
6.4. Últimos argumentos
7. Bibliografía
7.1. Libros de texto
7.2. Libros de consulta
7.3. Otros libros
Resumen
La Ilustración busca una razón autónoma: que todos los hombres salgan de la minoría de
edad (incapacidad de servirse del propio entendimiento y búsqueda de la seguridad en otro) para
confiar sólo en la razón y servirse de ella con independencia, sin otros límites que los que marque su
propia naturaleza.
Éstas son, entonces, las características de la Ilustración, que, entendida así, podemos decir
que:
• Tiene su origen en Inglaterra. Allí se establece un ambiente de tolerancia religiosa y de libertad que
servirá de modelo para muchas otras naciones. Las ideas de los ilustrados generan, además, la
aparición de un nuevo modelo de ciencia (empirista), promueven el parlamentarismo con elecciones
libres, y propugnan la división de poderes en la política. La Ilustración defiende el final de la
monarquía absoluta: la ley está por encima del Rey. Sus principales representantes son Locke (1632-
1704), Berkeley (1685-1753), Hume (17111776).
• Se desarrolla en Francia. Destaca por su carácter progresista y optimista. En 1715 gobierna Luis
XIV, el rey sol, monarca absolutista. Él acapara los tres poderes y se considera rey por derecho
divino. El último será Luis XVI; frente a la intolerancia y el poder político arbitrario, se acepta el
modelo de pensar inglés, que conduce al apogeo de la Ilustración que culmina en la Revolución
Francesa (1789). En Francia predomina el enciclopedismo, el materialismo y la filosofía sociopolítica.
Sus principales representantes son: Diderot (1713-1784), D'Alembert (17171784), Montesquieu
(1689-1755), Voltaire (1694-1778) y Rousseau (1712-1778).
• Culmina en Alemania. Tiene un cierto retraso respecto a Francia. Es un movimiento impulsado por
Federico II de Prusia. Predomina lo antieclesiástico y antiteológico. Su principal representante es
Wolf (1679-1754) en cuanto a la cultura racionalista. Junto a él estarán Kant en filosofía; en la
poesía, Goethe y Schiller; en la música, Beethoven. Es la época del romanticismo alemán.
Durante todo el silo XVIII se da un proceso contra el llamado Antiguo Régimen. Este es el
que domina en Europa hasta la Revolución Francesa: se trata de la Monarquía absoluta y de una
sociedad clasista. Domina en este tiempo el Despotismo ilustrado.
Los Reyes son los señores omnipotentes de la nación; todos los poderes de la nación están
sujetos a su autoridad. Se ejerce un poder sin control, cuya expresión más clara es Luis XIV de
Francia. El Despotismo se puede resumir en una frase: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
Frente a las arbitrariedades del poder absoluto, surge la lucha protagonizada por la clase burguesa,
que consigue derrocar a ese régimen en la Revolución Francesa. El proceso tendrá su paradigma en
el lema «libertad, igualdad y fraternidad», el Rey es un mandatario de la comunidad que puede ser
destronado si abusa del poder.
La mayor parte de la estructura social seguía siendo feudal; el sistema resultaba cada vez
más anticuado, y de ahí que la explotación se incrementase para poder mantenerlo. Adquiere
preponderancia la burguesía, clase social procedente de la actividad comercial ciudadana, que es la
protagonista del cambio social (a principios de siglo se queman brujas, y a finales, estalla la
revolución).
La proyección ideológica del conflicto entre la nueva y la vieja sociedad es la Ilustración. El
empirismo de Locke ejerce una influencia enorme en el pensamiento de la Ilustración: «todos los
hombres nacen iguales y con unos derechos que les son naturales y que deben ser respetados».
Éste será el pensamiento central; de ahí que la autoridad se base en el consentimiento de los
gobernados representados en el Parlamento.
En este tiempo se produce la independencia de EEUU de las colonias británicas, firmada en
Filadelfia, en 1776. El documento se inspira en la Filosofía de la Ilustración, y fue redactado por
Thomas Jefferson y George Washington.
Todo esto lleva a la supresión del régimen feudal y a la creciente toma de conciencia de la
dignidad de la persona, iniciándose así las campañas antiesclavistas en Londres y París.
A finales de siglo aparece la revolución industrial, con el descubrimiento de la máquina de vapor por
james Watt.
Naturaleza
Es uno de los temas a los que se da más importancia, sobre todo en lo referente a la
existencia del hombre: todo lo natural es bueno. Según Newton, el cosmos es una gran máquina
creada por Dios y regida por unas leyes naturales; todo eso es bueno y está hecho para la felicidad
del hombre. La misión del hombre es conocer esas leyes y ordenar la sociedad de acuerdo con ellas.
Razón
Es el instrumento que posee el hombre para conocer las leyes de la naturaleza. Por eso todo
lo racional es bueno, y lo irracional es erróneo. Si el hombre se adentra en lo racional, suprimiendo lo
irracional, camina seguro hacia el progreso.
Religión
Se defiende el Deísmo, como consecuencia del racionalismo. Descartes negaba que la observación
sensible pudiese llevar al hombre a la afirmación de Dios; por otra parte, Newton intentaba explicar el
Universo en términos de materia y movimiento (= Dios); para Spinoza Dios era el Universo material
(panteísmo); Hume negaba la posibilidad de explicar la existencia de Dios partiendo de la impresión
que llega a través de los sentidos.
Todo esto lleva a que los «filósofos ilustrados» fueran escépticos frente a la Revelación,
sustituyéndola por la Religión de un Dios que ordena llevar una vida virtuosa, que premia o castiga
en la otra vida. Este Deísmo es algo reducido a un pequeño grupo de intelectuales, al que se oponen
las clases altas privilegiadas y las masas populares.
Se defiende una moral laica, independiente de la religión, puesto que era palpable que la
religiosidad de muchos era compatible con una clara inmoralidad.
Libertad
La lucha por la libertad se manifiesta más bien en el aspecto económico; se trata de la defensa, por
la burguesía, de la libertad en los negocios: libertad de precios y despido libre. El * banquero
participa en el comercio de esclavos y el patrono somete a los trabajadores a jornadas de dieciocho
horas. Éste es el liberalismo económico que se defiende. En Francia surge el fisiocratismo (doctrina
económica basada en el principio de que el nivel de producción agrícola es el factor determinante del
desarrollo económico de un país). Está formulado por Quesnay, y aparece el famoso eslogan
político-económico laissez faire, laissez passer.
Enmanuel Kant (1724-1804) nació y vivió en Königsberg, ciudad alemana, capital de Prusia
oriental y anexionada a la URSS al acabar la Segunda Guerra Mundial, cuando cambió su nombre
por el actual de Kaliningrado.
De constitución débil, muy metódico, Kant se levantaba a las 5 de la mañana, tomaba té y
preparaba las clases, que daba de 7 a 9. Trabajaba hasta la 1, hora de la comida, para pasear
después hasta las 5. La exactitud de su horario permitía a sus vecinos calcular la hora.
Educado en el rigor protestante de la secta pietista, mantuvo siempre sólidos valores
morales. Sus ideales liberales le impulsaron a defender la independencia americana y la Revolución
Francesa. Sus lecturas favoritas fueron la Física, de Newton, las obras de los racionalistas Leibniz y
Wolf; las de los empiristas (él dice que leyendo a Hume despertó del sueño dogmático en 1762) y los
filósofos de la Ilustración, especialmente Rousseau.
Obras
Historia general de la Naturaleza y teoría del cielo, escrita en 1755, en la cual expone su
teoría sobre la formación del Universo.
El único argumento posible para la demostración de la existencia de Dios, donde critica el
argumento ontológico.
Disertación acerca de la forma y principios del mundo sensible e inteligible, donde se
demuestran por primera vez los principios de su filosofía.
Los sueños de un visionario, donde se manifiesta escéptico frente al racionalismo.
Crítica de la razón pura (1781), su obra principal, donde desarrolla su teoría del
conocimiento, base de toda su filosofía. Crítica de la razón práctica (1790).
Crítica del juicio (1793).
La Religión dentro de los límites de la verdadera razón (1795).
Metafísica de las costumbres (1795).
En saber cuáles son las posibilidades de conocimiento que tienen nuestras facultades
cognoscitivas. Kant se asombra de ver cómo ha sido posible que multitud de filósofos de épocas
anteriores hayan pretendido conocer la Realidad y al Hombre mismo sin antes preguntarse si tal
conocimiento es posible.
A través de la historia del pensamiento, desde los filósofos griegos hasta el empirismo, se
han dado muchas interpretaciones de la razón.
Kant ve claramente que hay razones históricas. Por el antagonismo de las interpretaciones:
• Racionalismo. Los racionalistas pretenden que la razón sola, al margen de la experiencia, puede
conocer la verdad.
• Empirismo. Quieren reducir todo el conocimiento a la experiencia, con lo cual se llega a un
escepticismo sobre los grandes temas del hombre: Dios, alma, mundo, yo.
• Irracionalismo. Quiere admitir el sentimiento como única manera de conocer la realidad, con lo que
se llega a la negación de la misma razón.
Son tres interpretaciones antagónicas que imponen la necesidad de llevar a cabo la crítica de
la razón; someter a juicio a la razón. También advierte que hay razones filosóficas. Racionalistas y
empiristas conciben el conocimiento como algo propio del sujeto, del hombre que conoce, pero
centran su atención en el objeto:
• La idea es el objeto para los racionalistas.
• La percepción sensible es el objeto para los empiristas. Kant invierte completamente los términos;
ahora la atención se centra sobre el sujeto cognoscente, no sobre el objeto del conocimiento; el
hombre, el yo personal que quiere conocer, va a ocupar desde ahora el puesto central en la filosofía
kantiana.
• El hombre es el ordenador de la experiencia cognoscitiva, haciendo que los objetos (las cosas, el
mundo, etc.) dependan del sujeto, giren alrededor de él y se adapten a su mente.
• El sujeto, el hombre, es el elemento activo del conocimiento que aporta su modo de ser al objeto;
éste sólo es conocido en cuanto que el sujeto es capaz de integrarlo en su sistema cognoscitivo.
Kant se propone hacer un juicio a la razón: la razón se sienta como un reo en el banquillo de
los acusados, el juez es la misma razón y el abogado defensor es también la misma razón; no hay
otra facultad que pueda ejercer estas funciones.
Quiere decirse que Kant realiza el juicio crítico, y que este juicio critico es absolutamente
necesario hacerlo, no sólo por razones históricas y filosóficas, sino porque en su época hay mucha
gente que vive de modo no ilustrado, de espaldas a la verdadera razón; es decir, se encuentran en
una minoría de edad, oprimidos por agentes externos a la razón (prejuicios, tradiciones, costumbres,
etc.). El único remedio es someter a crítica a la misma razón, para que ella misma reconozca sus
posibilidades de conocer y sus limites, sin nada exterior que la comprima.
En definitiva, les falta la verdadera libertad, la que proporciona el verdadero uso de la razón,
la que hace que la gente llegue a la «mayoría de edad».
Esta libertad es el motor de la crítica.
Esta crítica es la que hace plantearse al hombre el sentido de su vida y cuáles son los
últimos fines e intereses.
Kant, en los primeros años, fue un filósofo racionalista, y más tarde, influido por Hume,
abandonó el «sueño dogmático del racionalismo». Pero siempre aceptó dos facultades o fuentes del
conocimiento:
• La sensibilidad que es pasiva se limita a recibir impresiones provenientes del exterior (ejemplos:
colores, sonidos, etc.); lo que Locke llamaba «ideas simples» y Hume llamaba «impresiones».
• El entendimiento, que es activo, produce espontáneamente ciertos conceptos o ideas que no
provienen de la experiencia (ejemplo: el concepto de «causa», «necesidad», etc.).
Esta distinción nos vale para entender las dos respuestas de las dos corrientes filosóficas:
• Racionalismo. Puesto que el entendimiento produce espontáneamente ciertos conceptos sin
derivarlos de la experiencia sensible, podrá conocer la realidad construyendo un sistema a partir de
estos conceptos: (ejemplo: a partir del concepto de sustancia podrá llegar a afirmar la existencia de
Dios).
• Empirismo. Nuestro conocimiento no puede llegar más allá de lo que nos da la experiencia. Toda
afirmación que trascienda los límites de la experiencia es una afirmación puramente gratuita.
Kant, por una parte, afirma que hay conceptos que no provienen de la experiencia (contra el
Empirismo). Pero al mismo tiempo afirma que esos conceptos solamente tienen aplicación en el
ámbito de la experiencia (contra el Racionalismo).
Por ejemplo, yo utilizo el concepto de sustancia para afirmar «la rosa es roja». El
entendimiento utiliza este concepto para conocer los objetos de la experiencia, pero no puede
utilizarlos para referirse á algo de lo que no tenemos experiencia: por ejemplo, a Dios.
Por lo tanto, posee conceptos que no provienen de la experiencia, pero solamente tienen
aplicación válida en el campo de la experiencia.
Pero, entonces, ¿qué pasa con los grandes temas: Dios, mundo, libertad...? ¿Son científicos
los conocimientos acerca de esas realidades?, es decir, ¿es ciencia la Metafísica?
Este es el problema básico que se plantea Kant, y desde el que enfoca todo el problema
crítico: saber si la Metafísica es ciencia o no.
Y este planteamiento lo hace por dos motivos:
• La ciencia progresa. En todos los campos científicos se ve cómo avanzan las ciencias,
construyendo sobre lo que otros han hecho antes.
Sin embargo, en el campo de la Metafísica se siguen debatiendo los mismos problemas que se
habían planteado Platón y Aristóteles. Después de tantos siglos, siguen sin aclararse aspectos tan
fundamentales como la existencia de Dios, del alma, etc.
¿Por qué sucede esto?
• Los científicos se ponen de acuerdo. En el terreno de las ciencias no hay desavenencias
fundamentales entre los científicos: lo que uno descubre y prueba lo afirman y apoyan los demás.
Son juicios objetivos, universales, necesarios; nadie los podría negar.
Sin embargo, en el terreno de la Metafísica los filósofos se llevan la contraria constantemente
y no se ponen de acuerdo.
¿Por qué sucede esto?, hay que aclarar definitivamente el problema:
- Si la Metafísica es ciencia, debe ser construida con el rigor con que se construyen las Ciencias,
como, por ejemplo, las Matemáticas.
- Si la Metafísica no es ciencia, habrá que abandonar definitivamente la pretensión de hablar
científicamente de estos temas metafísicos.
Por tanto, el núcleo de la cuestión está en la ciencia como tal; para aclarar lo que significa la
ciencia, hay que tener en cuenta dos cuestiones:
• Cómo es posible la ciencia; o dicho de otro modo, qué condiciones hacen posible la ciencia.
• Si es posible la Metafísica como ciencia.
Kant mantiene las convicciones de que en la mente hay algún tipo de contenido que tiene carácter
universal (propio del racionalismo), y, por otra parte, que todo conocimiento parte de la experiencia
(propio del empirismo), aunque no se limite únicamente a ella.
Estas dos convicciones son las dos condiciones necesarias para que sea posible el conocimiento
científico:
• Condiciones empíricas: Toda ciencia ha de basarse en datos que parten de la experiencia; son
condiciones fácticas, particulares, concretas, que pueden alterarse. Por ejemplo, el hecho de que
veamos algo (una liebre corriendo en el campo) depende de la agudeza de nuestra visión (no ser
miopes), de lo lejos que esté colocado el objeto y de los instrumentos que tengamos (telescopio), de
la luz que haya para verlo (que no esté oscuro), etc.
Son condiciones empíricas: se dan de hecho.
• Condiciones trascendentales (a priori): Toda ciencia se apoya en unos contenidos anteriores a la
experiencia; son condiciones universales y necesarias, comunes a todo sujeto, y no pueden ser
alteradas.
Ejemplo: Si alguien dice que ve una liebre corriendo y le preguntamos ¿dónde? y nos
responde «en ninguna parte», y le preguntamos ¿cuándo? y nos dice «nunca», respondemos: eso es
imposible.
Esto quiere decir que hay unas condiciones necesarias para nuestro conocimiento, sin las
cuales es imposible conocer: son las condiciones que responden al dónde y al cuándo, es decir,
espacio y tiempo.
Estas condiciones:
- Son universales: afectan a todos los individuos; sin ellas es imposible el conocimiento sensible.
- Son necesarias: no pueden no darse porque sería imposible el conocimiento; se dan
necesariamente.
- Son previas a la experiencia (a priori): no provienen de la experiencia, sino que son anteriores a
ella; pertenecen a la estructura del sujeto. Las necesita todo sujeto para que sea posible el
conocimiento sensitivo. Todo conocimiento sensitivo se hace a través del espacio y del tiempo.
- Hacen posible la experiencia: gracias al espacio y al tiempo es posible tener conocimiento empírico
de las cosas. Kant también las llama trascendentales: anteriores a toda experiencia.
Hemos visto las condiciones que hacen posible la ciencia, pero ésta se compone de juicios
(el átomo consta de partículas; el hombre es un ser racional; la ley de la gravitación consiste en ... );
sin juicios no hay ciencia. Por tanto, ahora nos debemos preguntar qué tipo de juicios son
característicos de la ciencia y cuáles no. Veamos los diferentes juicios que hay:
o Analíticos: Un juicio es analítico cuando el predicado está comprendido en el sujeto, al menos
implícitamente, de tal modo que, analizando el sujeto, veo que el predicado está incluido en él
necesariamente.
Ejemplo: «El todo es mayor que la parte»; analizando el sujeto «todo» concluyo
necesariamente que «la parte» está incluida en el «todo».
Son: universales; necesarios; no son extensivos (no amplían nuestro conocimiento).
• Sintéticos: Un juicio es sintético cuando el predicado no está comprendido en el sujeto.
Ejemplo: «La mujer cordobesa es guapa»; por más que analice el sujeto «la mujer cordobesa» no
deduzco necesariamente de ella esa cualidad de la belleza; no toda mujer, por el hecho de haber
nacido en Córdoba, tiene que ser bella.
Son: no universales; no necesarios; extensivos (amplían el conocimiento).
• A priori: Son aquellos juicios cuya verdad puede ser conocida independientemente de la
experiencia.
Ejemplo: «El todo es mayor que la parte»; yo lo sé independientemente de la experiencia; no
necesito medir los «todos y las partes».
Son: universales y necesarios.
• A posteriori: Son aquellos cuya verdad es conocida a partir de la experiencia; se forman verificando
y comprobando esa verdad con la realidad.
Ejemplo: «La mujer cordobesa es guapa»; no puedo saber si realmente es guapa o no, si no voy allí
a verificar esta verdad; no hay otro recurso que darse un paseo por esta bella ciudad y comprobar la
verdad de tal afirmación.
Son: No son universales ni necesarios.
Resumen
Los juicios analíticos son universales, necesarios, no extensivos (no hacen progresar la
ciencia). Son a priori, pero no son científicos.
Los juicios sintéticos sí hacen avanzar la ciencia, pero no son universales, no son
necesarios. Son a posteriori, pero no científicos.
Kant se plantea que sólo los juicios sintéticos y a priori pueden ser científicos; sólo ellos
hacen progresar la ciencia.
sintético extensivo
a priori universal
necesario
a posteriori no universal
no necesario
Ante la pregunta de si se dan los juicios sintéticos a priori, Kant responde que sí se dan en
Matemáticas y en Física. (Los juicios sintéticos a priori no son puros del todo, pues antes ha habido
una experiencia para poder afirmar que el «todo es mayor que la parte».)
En Matemáticas vamos a analizar por separado la Geometría y la Aritmética:
o Geometría (Ejemplo: La línea recta es la distancia más corta entre dos puntos.)
- No es analítico. En el concepto de línea recta (= conjunto de puntos alineados de longitud
indefinida) no entra para nada la idea de distancia.
- Es, por tanto, sintético; el predicado no está contenido en el sujeto, y es asimismo extensivo.
- Pero no es a posteriori, nos consta que es verdadero sin tener que medir todas las distancias, es
decir, sin recurrir a la experiencia.,
- Es universal y necesario. Vale para todos los casos y no puede ser de otra manera.
Por lo tanto, se dan los juicios sintéticos a priori en la Geometría. Por ser sintéticos, amplían
nuestro conocimiento, y por ser a priori, son universales y necesarios: su valor no depende de la
experiencia. Son verdaderos juicios científicos.
• Aritmética (Ejemplo: 7 + 5 = 12.)
- No es analítico. El número 12 no está expresado en la proposición 7 + 5. Añado algo a lo que
estaba expresado antes. En el sujeto se expresa solamente la unión de dos números sin decir cuál
es el resultado de la unión. por el mero hecho de decir 7 + 5 yo no pienso 12; la noción se amplía.
La prueba está en que si al pensar 12 yo tuviera que pensar necesariamente 7 + 5, tendría
que pensar al mismo tiempo 8 + 4; 9 + 3; 1122-1110, etc. Si fuese un juicio analítico, tendría que
pensar juntamente todas esas cosas, o bien, como dice Kant, poniendo números mayores.
- Es sintético porque el predicado añade algo que no está incluido en el sujeto.
- Es a priori porque no necesito verificarlo en la experiencia; por tanto, es universal y necesario.
• Física (Ejemplo: El principio de causalidad: todo lo que comienza a existir tiene una causa.)
- No es analítico. En la idea de «algo que comienza a existir» no está incluida la idea de causa.
- Es sintético. El predicado añade algo que no está incluido en el sujeto; la idea de causa es nueva,
algo que antes no sabíamos.
- Es a priori. No necesito observar cada caso por la experiencia; por tanto, es universal y necesario;
el juicio es válido para todos los casos, y, además, no puede ser de otra manera.
Aquí Kant se separa definitivamente de Hume: Según Kant, Hume fue víctima de un error;
confundió las leyes particulares con el principio general de causalidad. Hume dice que no se puede
conocer la conexión causa efecto en el futuro, y por tanto, no hay ley causa efecto: no es una ley
necesaria, a lo mejor no sucede. Kant dice: «Supongamos una ley cualquiera; "los cuerpos son
dilatados por el calor". Supongamos que hay una excepción y un cuerpo se contrae. No sería una
excepción al principio de causalidad, sino a una ley particular: "esa contracción" tendría una causa, y
por tanto el principio de causalidad seguiría siendo válido».
Por tanto, existen los juicios sintéticos a priori (Matemáticas, Física).
Esos juicios son: extensivos (por ser sintéticos), universales y necesarios (por ser a priori),
independientes de la experiencia (a priori).
Tenemos que analizar entonces la cuestión siguiente: ¿Cómo se forman esos juicios? ¿Cómo los
forma la mente humana? ¿Cuáles son las condiciones que hacen posible la formación de esos
juicios?
Kant distingue tres facultades del conocimiento en el hombre;,, a cada una de ellas
corresponde una parte de la «Crítica» en cada una de ellas trata de una clase de conocimiento: - La
sensibilidad: los objetos nos son dados (estética).
- El entendimiento: los objetos son pensados.
- La Razón busca juicios cada vez más generales (dialéctica)-. A esta clasificación le corresponde
cada una de las partes de la Crítica de la razón pura:
- Sensibilidad: estética trascendental; conocimiento matemático.
- Entendimiento: análisis trascendental; conocimiento físico.
- Razón: dialéctica trascendental; conocimiento metafísico. A cada una de estas partes, Kant les
dedica un contenido distinto:
- Estética: estudia las condiciones sensibles del conocimiento (espacio y tiempo) y muestra cuáles
son las condiciones que hacen posibles los juicios sintéticos a priori en Matemáticas.
- Analítica: estudia el entendimiento, y muestra cuáles son las condiciones que hacen posibles los
juicios sintéticos a priori en Física.
- Dialéctica: estudia la razón y la posibilidad o imposibilidad de los juicios sintéticos a priori en la
Metafísica, para ver si es ciencia o no.
4.3.1. Las condiciones sensibles del conocimiento
Ya hemos dicho que para que pueda darse el conocimiento sensible, se necesitan dos
condiciones: espacio y tiempo.
Por tanto, espacio y tiempo son condiciones universales y necesarias (trascendentales) para
que pueda darse cualquier conocimiento sensible.
Kant las llama también formas a priori de la sensibilidad, o intuiciones puras. Veamos lo que
esto significa:
Formas. Significa que el espacio y el tiempo no son impresiones que yo recibo, no son datos
empíricos, sino la forma, el modo con que yo percibo todas las impresiones (música, campo, hombre,
liebre, sonidos, colores, etc.). Todo lo que percibo me llega a través del espacio y el tiempo.
A priori. Son anteriores a toda experiencia; el espacio y el tiempo «son», están en mí, antes
de que yo tenga o perciba cualquier experiencia sensible. Preceden y hacen posible toda la
experiencia; son como el «estuche» donde encajan todas las experiencias.
De la sensibilidad. Es decir, del conocimiento sensible; la sensibilidad es una fuente de
conocimiento; no son conceptos sacados deductivamente.
También Kant las llama intuiciones puras; vamos a ver qué quiere decir con esto:
Intuiciones. No son conceptos elaborados por el entendimiento (ejemplo: el concepto de Hombre lo
elabora la mente y lo aplica a una serie de individuos concretos); espacio y tiempo no pueden ser
aplicados a cosas particulares.
Espacio y tiempo son únicos: no hay más que un espacio y un tiempo; no hay muchos
espacios y muchos tiempos, sino' partes de un espacio único y de un tiempo único.
Son intuiciones, es decir, no son conceptos aplicables a los espacios y los tiempos; la
intuición se opone, pues, al concepto; no es extraído de la experiencia, sino que es anterior a ella, y
para que ella sea posible.
Puras. Es decir, vacías de contenido empírico: el espacio y el tiempo son unas «formas» que
están en el sujeto pero no tienen nada dentro (están vacías) hasta que se van «llenando» de las
impresiones que vienen del exterior.
Resumen
a) Estas dos formas, espacio y tiempo, son propias de la sensibilidad, y son capaces de estructurar
todos los datos que nos llegan por los sentidos. Éste es el «fenómeno» = datos empíricos espacio +
tiempo.
b) Esto significa captar el objeto como se nos aparece al conocimiento sensible. Los fenómenos sólo
se dan en nosotros, no hay fenómenos fuera del sujeto cognoscente; éste se limita a un
conocimiento aparente, conoce lo que aparece (no lo que le parece).
c) Esta es la revolución copernicana; ya no es el sujeto el que se adapta al objeto, para poder
captarlo, sino que es el objeto el que se adapta a la forma de conocer del sujeto, permaneciendo el
objeto desconocido en sí mismo; sólo conoce lo que «aparece».
Ahora Kant quiere mostrar cómo los juicios sintéticos a priori son posibles en las
Matemáticas gracias a la existencia del espacio y del tiempo como formas a priori de la sensibilidad.
La Geometría se ocupa del espacio.
La Matemática se ocupa del tiempo (la serie numérica 1, 2, 3 se basa en la sucesión
temporal: 2 después de 1, antes de 3...). Según Kant, el tiempo es el fundamento último de la
Aritmética.
La posibilidad de que las Matemáticas sean una ciencia está en que se pueden hacer juicios
sintéticos a priori: ¿Por qué?, porque espacio y tiempo son formas a priori.
Todos los juicios en Matemáticas versan sobre el espacio y el tiempo, pero el espacio y el
tiempo son categorías que existen en el sujeto a priori, es decir, independientemente de la
experiencia.
Por tanto, los juicios que se forman con las categorías espaciotiempo son universales y
necesarios, porque están construidos a priori, no dependen de la experiencia.
Conclusión: La experiencia es la fuente del conocimiento; a partir de ella tenemos el primer
conocimiento.
La sensibilidad es pasiva (recibe las impresiones del exterior), pero las estructuras las recibe
a través de las formas a priori (espacio y tiempo).
El espacio y el tiempo son propiedades del sujeto, no del objeto. Por tanto, de algún modo el
conocimiento es subjetivo, lo estructura el sujeto a través de las formas a priori.
Este primer conocimiento se forma gracias a dos componentes:
- Elemento material: las impresiones sensibles procedentes del exterior.
- Elemento formal: las formas a priori de la facultad de la sensibilidad que estructuran esa realidad
procedente del exterior.
El resultante es el fenómeno (lo que aparece); la impresión sensible que se da a través de
las categorías de espacio y tiempo.
Hasta ahora, los datos que tenemos para conocer nos los ha suministrado el conocimiento
sensible; gracias a la sensibilidad tenemos una colección de datos empíricos, de objetos sensibles,
percibidos por esta facultad, de tipo pasivo: ella los «ha recibido». Pero no los hemos entendido; para
eso está el entendimiento: para pensar los objetos.
La función propia del entendimiento es ésa: pensar los objetos. ¿Qué significa esto? Que esa
multitud de datos, de impresiones, de fenómenos, que recibimos en la sensibilidad, necesitan una
unidad que no tienen: son como sensaciones dispersas; y es precisamente el entendimiento el que
trata de unificarlos por medio del pensar.
Si el percibir es propio de la sensibilidad, el comprender lo percibido es la función propia del
entendimiento. Entendimiento y sensibilidad, concepto e intuición, se necesitan mutuamente. Sin la
determinación (concreción) del entendimiento, la intuición sería ciega; sin el respaldo de la
sensibilidad, el entendimiento pensaría en vacío.
A través de la facultad de la sensibilidad tenemos una serie de fenómenos en el espacio y el
tiempo. Son una serie de impresiones que yo sitúo a través del espacio y el tiempo.
Pero percibir esos fenómenos no implica conocerlos. Podemos decir que a través de la
sensibilidad percibimos unas sensaciones, pero no las comprendemos: esto es propio de la facultad
del entendimiento.
De esta facultad se ocupa Kant en la Analítica trascendental.
4.4.1. El conocimiento incluye conceptos y juicios
Al captar nuestros sentidos unas percepciones decimos: «veo una casa». El concepto de
casa me permite comprender esas percepciones.
Del mismo modo, cuando percibo algunas sensaciones y no las identifico, digo: «veo algo
pero no sé lo que es». Me falta un concepto para identificar esas sensaciones.
Es decir, nuestro conocimiento incluye:
Conceptos: tengo que referir los fenómenos a un concepto para que haya conocimiento.
Juicios: expreso el conocimiento mediante un juicio: «esto es una casa».
El entendimiento, por tanto, es la facultad de juzgar. 4.4.2. Conceptos empíricos y
conceptos puros (o categorías) Empíricos: Aquellos conceptos que proceden de la experiencia son a
posteriori. Ejemplo: casa, perro, etc.
Puros: Los que no proceden de la experiencia son a priori. Ejemplo: concepto de «causa»
«necesidad», etc.
El entendimiento aplica espontáneamente estos conceptos puros o categorías a los
fenómenos provenientes de la facultad de la sensibilidad. La función del entendimiento es formular
juicios, unificar y coordinar los datos provenientes de la experiencia sensible.
Estas categorías son doce, es decir, tantas cuantas formas posibles hay de juicio, según que
atendamos a:
Cantidad: unidad, pluralidad, totalidad. Los juicios serán singulares, particulares, universales.
Cualidad: realidad, negación, limitación. Los juicios serán afirmativos, negativos, indefinidos.
Relación: sustancia-accidentes, causa-efecto, reciprocidad. Categóricos, hipotéticos,
disyuntivos.
Modalidad: posibilidad, existencia, necesidad. Juicios problemáticos, asertóricos, apodícticos.
Así como las formas a priori (el espacio y el tiempo) están vacías y han de llenarse con las
impresiones sensibles, las categorías han de llenarse con los datos provenientes de la facultad de la
sensibilidad (con los fenómenos).
Estas categorías son como los casilleros de un buzón de correos: el casillero ya existe, ya
está hecho antes de que llegue el cartero a depositar las cartas. Está vacío. El cartero se limita a
meter cada carta en el buzón correspondiente. Las categorías son a priori, las tiene el entendimiento
antes de toda experiencia, pero están vacías y solamente se pueden llenar con los fenómenos.
Por lo tanto, las categorías no tienen aplicación más allá de los fenómenos (porque están
vacías y solamente se llenan con los datos de la experiencia), y no se pueden aplicar a realidades
que estén más allá de la experiencia.
Ejemplo: Yo no puedo válidamente afirmar «el espíritu del hombre es bondadoso»: no hay
experiencia sensible del espíritu, y, por tanto, mi juicio no es válido.
Por consiguiente:
• El entendimiento conoce aplicando las categorías a los fenómenos, a lo dado en la experiencia.
• Las categorías sólo tienen validez cuando son aplicadas a los fenómenos, a lo dado en la
experiencia.
En esta tercera parte, Kant extrae las conclusiones de las dos primeras llegando a la respuesta al
problema inicial: imposibilidad de la Metafísica como ciencia.
4.5.1. Imposibilidad de la Metafísica como ciencia
La Metafísica como ciencia es imposible porque las categorías sólo pueden usarse
legítimamente en su aplicación a los fenómenos. Fuera del mundo fenoménico no hay posibilidad de
usarlas. Y las realidades metafísicas (Dios, Alma, Mundo) escapan a la experiencia fenoménica: no
tenemos experiencia de esas realidades. Luego, no podemos aplicar las categorías a esas
realidades.
O, dicho de otro modo, los juicios sintéticos a~, que son los únicos juicios propios de la
ciencia, son imposibles en Metafísica.
Son juicios a priori los que yo puedo formar, pero no son sintéticos; sólo puede avanzar mi
conocimiento si me apoyo en la experiencia.
En Matemáticas, avanzo porque los conocimientos los percibo a través del espacio y del
tiempo, cosa que no sucede en la Metafísica. Las ideas metafísicas son puros entes pensados.
Por tanto, la Metafísica como ciencia es imposible. Mi conocimiento está limitado a los
fenómenos, pero no puede abarcar el mundo de los noúmenos, que es el mundo de la metafísica,
inabarcable.
Cuando la razón hace de las ideas objetos reales, es decir, si aplica las categorías más allá de
los fenómenos (a los noúmenos), cae en la ilusión trascendental.
La razón debe mantenerse operando con ideas que unifiquen el saber, pero sin dar a esas ideas
contenidos reales. La afirmación del contenido de esas ideas no puede hacerse por la Razón Pura,
ha de hacerse por la Razón Práctica.
Hemos visto que las ideas de la Razón Pura desempeñan un papel importante en el saber
humano, en cuanto que expresan el ideal de la Razón de encontrar principios cada vez más
generales que engloben y unifiquen el saber humano.
Pero esas ideas no tienen una base de conocimiento, puesto que los noúmenos no los
conocemos; entonces, si yo aplico las categorías más allá de los fenómenos (a los noúmenos), y
hago de lo contenido en las ideas objetos empíricos, caigo en la ilusión trascendental.
Kant, en esta tercera parte, trata de descubrir la apariencia de los juicios que se hacen en
Metafísica. Por eso llama a esta tercera parte también Lógica de la Apariencia o de la ilusión. Así
hace una triple crítica:
• Alma: En la Psicología se dan constantemente paralogismos (argumentos que parecen lógicos pero
no lo son: sofismas). La Psicología pretende conocer la naturaleza del alma, prescindiendo de toda
experiencia. El sofisma está en querer aplicar al «yo pienso» la categoría de «sustancia», cuando
realmente el «yo pienso» no es un sujeto empírico, y, por tanto, no se le puede aplicar esa categoría
(las categorías no se pueden aplicar más allá del mundo de los fenómenos). No puedo aplicar la
categoría de sustancia a lo que yo percibo.
• Mundo: En la Cosmología se dan constantemente antinomias (es decir, contradicciones). Kant
intenta explicar las contradicciones en que incurre la Cosmología al hacer afirmaciones
contradictorias en la misma realidad.
Analiza todas las afirmaciones según las cuatro categorías: cantidad, cualidad, relación y modalidad.
Va demostrando cómo son posibles juicios contradictorios sobre la misma realidad.
La razón es que se han tomado como cosas en sí el espacio y el tiempo, cuando son
realmente formas, o condiciones subjetivas de nuestra sensibilidad. Es el uso ilegítimo de la razón
aplicado a la idea del mundo.
• Dios: Kant critica las pruebas tradicionales sobre la existencia de Dios. Critica el argumento
ontológico: En el mero concepto no puede estar la existencia, porque ya no sería un puro concepto.
El concepto no dice nada de la existencia.
Critica el argumento cosmológico: De la experiencia del ser contingente no se puede concluir
la necesidad del ser necesario; hay aquí un tránsito ilegítimo. La categoría de causa es aplicada más
allá del mundo fenoménico.
El argumento teleológico es el que mayor respeto le produce; pero lo máximo que puede
probar es que existe un ordenador del mundo, no un creador.
Por tanto, las ideas sólo tienen un uso regulador de la Razón: no pueden aplicarse al mundo
de los fenómenos.
En la Crítica de la razón pura hemos visto cómo es posible el conocimiento, gracias a dos
elementos:
- Elemento material: es el objeto del conocimiento, la percepción sensible; es exterior al sujeto que
conoce, es a posteriori, puesto que se trata de una experiencia sensible, y procede del exterior.
- Elemento formal: es un elemento que pone el sujeto; no está en el objeto. El sujeto que conoce
pone dos formas a priori: las intuiciones puras (espacio y tiempo) y los conceptos puros o categorías.
Las dos están vacías: la primera se «llena» con las percepciones sensibles, y la segunda, con los
fenómenos.
Hemos visto también hasta dónde llega el conocimiento: al mundo de los fenómenos; sólo a
los fenómenos puedo aplicar las categorías. El mundo metafísico, que está más allá de toda expe-
riencia, no me puede proporcionar un conocimiento objetivo. Pero el hombre no sólo se pregunta
¿qué puedo conocer?, sino también: ¿qué debo hacer?
La Razón pura contesta a lo primero. La Razón práctica, a lo segundo.
No es que haya en el hombre dos «razones», sino dos funciones diferentes de la misma
razón: una se ocupa de saber cómo son las cosas; la otra, de cómo debe ser la conducta humana, es
decir, cuáles son los principios que han de moverle a obrar para que su conducta sea racional.
La Razón pura se ocupa del SER. La Razón práctica, del DEBE SER. La Razón pura formula
juicios. La Razón práctica, IMPERATIVOS.
Ética material no es igual que ética materialista. Lo contrario a una ética materialista es una
ética espiritualista; lo contrario a una ética material es una ética formal. Hasta Kant, las distintas
éticas habían sido materiales, incluida la de Tomás de Aquino; eran materiales, pero no materialistas.
Una ética es material cuando tiene un contenido. Es aquella en la que sus contenidos están
marcados ya de antemano por un concepto de Bien no elaborado por la propia persona; es decir, la
bondad o malicia de la conducta humana dependen de algo que se considera bien supremo para el
hombre (el placer, el dinero, el poder, según las distintas escuelas: epicúreos, cínicos, estoicos,
puritanos, pragmatistas, etc.); se consideran acciones buenas aquellas que se acercan a este Bien
supremo; se consideran acciones malas las que se alejan de este Bien. Este concepto de Bien es el
objeto que se le propone al hombre, que en definitiva es el deseo de la felicidad. Es a la voluntad a la
que se le ofrece elegir esta o aquella acción.
Kant expone una tesis, con sus observaciones y consecuencias, donde manifiesta
claramente lo que él entiende por ética material
y por ética formal. Veamos, a continuación, lo que dice respecto a la ética material.
«Todos los principios prácticos que presuponen un objeto (material) de la facultad apetitiva
como motivo determinante de la voluntad, son empíricos en su totalidad y no pueden dar leyes
prácticas.»
«Todos los principios prácticos materiales como tales son, sin excepción, de la misma clase,
y deben figurar bajo el principio del amor a sí mismo o de la propia felicidad.»
Hay, pues, en esta ética dos factores importantes:
• Un contenido: se le dice al hombre lo que tiene que hacer; lo tiene lleno, es decir, se parte ya de
una felicidad que es un Bien para el hombre; hay bienes, cosas buenas, el Bien supremo, la felicidad,
el placer, el dinero, etc.
• Unos medios: se le dice al hombre cómo tiene que hacerlo; se establecen unas directrices, unos
medios, para tratar de alcanzar ese fin, ese contenido; se dice: «si quieres ser feliz... haz esto o
aquello». «Si quieres tener dinero...», «si quieres alcanzar el poder...».
Kant hace una critica a esta ética material:
5.1.3. Es empírica
Los preceptos y el contenido se basan en la experiencia. Ejemplo: «los epicúreos dicen que
el placer es el fin del hombre porque la experiencia nos dice que desde niños buscamos el placer». Y
la experiencia nos muestra que la política produce disgustos («si quieres ser feliz, apártate de la
política»).
Pero Kant pretende una ética cuyos principios sean universales, y esto no nos puede venir
de la experiencia, porque de la experiencia sólo pueden provenir juicios particulares. Para que
los preceptos sean universales, no puede haber acuerdo total de todos los hombres sobre la
felicidad; por tanto, deberán ser a priori, independientes de la experiencia.
5.1.4. Es hipotética
Los preceptos de la ética. material son hipotéticos; quiere esto decir que no se expresan en
términos absolutos, sino sólo condicionales, como medio para obtener un fin. Equivalen a «si quieres
aprobar los exámenes, tienes que estudiar». Pero ¿qué pasa si uno dice «yo no tengo interés en
aprobar»? Este precepto ya no vale para él, por tanto no es universal. Kant pretende formular una
ética que sea de ámbito universal, que valga para todos los hombres.
5.1.5. Es heterónoma
Recibe los preceptos, las leyes, desde fuera de la propia razón; es lo contrario a la
autonomía, y ésta consiste en que el sujeto se dé a sí mismo su propia ley, en que la misma persona
se determine a sí misma a actuar. Ejemplo: la voluntad del hombre es determinada a actuar de este
modo o del otro, por el deseo o inclinación al placer, al dinero, a la amistad, etc., a un bien concreto,
siendo dominado por éste; el deseo de placer es lo que mueve al epicúreo a obrar así. No es el
sujeto el que se da la ley, sino que viene de fuera.
5.2.1. Tesis 3ª
«Cuando un ente racional pretende pensar sus máximas como leyes universales prácticas,
sólo puede pensarlas como principios
que, no por la materia, sino sólo por la forma, contienen el motivo determinante de la voluntad.»
«La autonomía de la voluntad es el único principio de todas las leyes morales y de los
deberes que les convienen; por el contrario, toda heterónoma del arbitrio no sólo no funda obligación
alguna, sino que más bien es contraria a su principio y a la moralidad de la voluntad.»
(Crítica de la razón práctica, Ed. Losada, Buenos Aires, pp. 25, 26 32, 39).
Frente a los tres errores de la ética material, Kant propone una ética contraria:
• Es una ética a priori no empírica; es decir, que sea universal y necesaria para todos los hombres.
• Es una ética categórica: no hipotética; es decir, que los juicios sean absolutos, sin condición alguna.
Que tu comportamiento pueda ser universalizable y convertirse en ley para todos, sin condiciones.
• Es una ética autónoma: no heterónoma; es decir, que sea el propio sujeto el que se determine a sí
mismo a obrar; ha de darse a sí mismo su ley, sin que le sea impuesta por nada exterior a su razón.
Por tanto, frente a una ética material, hay que proponer una ética formal; o sea, vacía de
contenido: no establece ningún fin; no establece ningún medio.
La ética formal se basa en la determinación propia de la voluntad. A esta ley que la voluntad
se da a sí misma la llama Kant el imperativo categórico. Este imperativo lo formula de la siguiente
manera:
- «Obra de tal manera que tus actos puedan ser tomados como normas universales de conducta.»
- «Obra de tal manera que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier
otro, siempre como fin y nunca como medio.»
Hay que notar que en estas formulaciones no dice lo que hay que hacer, sino únicamente
cómo: «Obra de tal manera que...». La ética formal se basa en el deber: como la ética formal no tiene
contenido, no nos dice lo que debemos hacer, sino cómo debemos obrar. Somos nosotros, cada uno,
los que tenemos que llenar ese contenido que está vacío. Y para Kant la única norma de moralidad
es el deber, actuar conforme a la ley.
Kant distingue tres tipos de acciones:
• contrarias al deber: un comerciante que cobra precios abusivos;
• conforme al deber (legalidad): un comerciante que cobra lo justo según la ley;
• por deber (moralidad): no cobra los precios abusivos porque no debe cobrarlos.
Solamente estas últimas acciones son moralmente buenas: en ellas no se actúa por ningún
fin; es el deber por el deber. Ninguna de las dos primeras son moralmente buenas. El valor moral no
está por tanto ni en el fin ni en los medios, sino en el móvil que determina su acción. El único móvil
admisible para la voluntad es la ley que la misma voluntad se da a sí misma: es la voluntad lo que
determina lo que es bueno; el deber es el respeto por la ley, adherirse a la ley por puro respeto a ella.
Éste es el deber por el deber.
Kant aspira a establecer una ética que sea racional y de validez universal -es decir, a priori-,
que sea:
• universal: vigente para todos los hombres;
• necesaria: que sea así y no pueda ser de otro modo.
De tal manera tiene que ser esa ley que no quede la más mínima duda sobre ella: se impone
a todos los hombres, por sí misma, por la razón que todos los hombres tenemos; tiene una vigencia
necesaria, de la misma manera que se impone por la razón que los ángulos de un triángulo suman
dos rectos.
Para que esta moral sea universal, tiene que fundamentarse en mandatos, imperativos que
provienen de la voluntad, no solamente de la razón; y todos los hombres tienen esa voluntad. Esos
imperativos tienen que ser categóricos, no hipotéticos ni condicionales.
Por tanto, vamos a resumir dos aspectos: - lo que viene de la razón;
- lo que viene de la voluntad.
Esta idea de la ley moral y del bien no se puede deducir de la experiencia; la ley moral no
dice lo que es, sino lo que debe ser. Por tanto, tiene que ser a priori, independiente de la experiencia,
de lo que todavía no ha sido, sino que debe ser.
No puede provenir de la experiencia por varias razones:
- La experiencia humana moral es concreta, particular, es decir, a posteriori; y la Ley moral es
universal y necesaria, es decir, a priori.
- Las leyes naturales nada ordenan ni mandan: únicamente se limitan a describir lo que ocurre; la ley
moral se expresa siempre en forma de orden, de imperativos: «no mates», «ayuda al prójimo», etc.
No enuncia lo que ocurre, sino lo que debe ocurrir.
- Antes de la experiencia, de los hechos o acciones, ya tenemos previamente una noción de lo bueno
y de lo malo; se trata de un juicio a priori: «haz el bien y evita el mal»; la idea del bien y del mal es
anterior, no lo extraemos de la experiencia.
- Consecuencia: la distinción entre el ser y el debe-ser muestra la imposibilidad de que extraigamos
la ley moral de la experiencia.
Entonces, si no puede fundamentarse en la experiencia, ¿cuál podría ser el fundamento de
la ley moral?
Si no puede ser la experiencia, no queda otro recurso que la razón. No puede ser a
posteriori, sino a priori.
La razón por sí misma es independiente de todo acontecer, es la que orienta y guía el
acontecer humano, su comportamiento, su conducta; y se llega a la conclusión de que es lo mismo
conocimiento racional y conocimiento a priori.
5.2.4. Lo que proviene de la voluntad.. Los imperativos
La voluntad es buena por sí misma, no por lo que haga, no porque alcance el fin que se
proponga; es decir:
- La buena voluntad es autónoma: la voluntad se da a sí misma sus propias leyes, que Kant llama
imperativos; en ellos está el deber moral del hombre. Estos imperativos en Kant son absolutos.
- Kant rechaza toda heterónoma, y llega a decir que si la voluntad se mueve por inclinaciones
(tendencia a la felicidad) o es movida por un fin u objeto (agradar a los padres, a los amigos, por
sacar buenas notas, etc.), deja de ser autónoma y se convierte en heterónoma.
- La voluntad es el único legislador moral que se puede admitir: la autonomía de la voluntad consiste
en que ella es por sí misma la ley; a la ley que la voluntad se dicta a sí misma, Kant la llama
imperativo categórico. No condicionado por nada, no puede ser hipotético; es necesariamente
absoluto: es el deber por el deber.
Kant no ofrece reglas de conducta que nos permitan vivir honestamente, no da normas de
ninguna clase, sino criterios racionales para determinar la validez de todas las reglas, de todas las
normas.
Y llega, conforme ya lo hemos explicado, a que el criterio supremo de la moral, la única.
orientación válida de toda conducta humana, la única que se puede llamar ética, es el deber por el
deber.
La moral de Kant es una moral totalmente individualista: «Yo debo proceder así porque me lo
pide la ley moral que llevo en mi pecho». Y no puede haber nada más; lo único válido es la buena
voluntad y el deber, en sí mismos, independientemente de todos los sentimientos, de que haya otros
hombres, de que haya sociedad, de toda relación humana con la realidad, de que exista la
comunidad, de nada.
Es partidario de esa lapidaria frase: fiat iusticia, pereat mundus; «diga yo la verdad que llevo
en mi pecho, la verdad que debo decir, aunque se muera Fulano de tal, o perezca el mundo entero».
Kant se repliega a la propia intimidad absolutamente personal y obedece a una ley interior, la máxima
de la propia buena voluntad. Es una moral que no tiene nada de comunitaria.
Kant viene a decir: «Si yo soy bueno por inclinación, porque esa chica me tiene loco y soy
capaz de hacer por ella lo que sea; si estudio por sacar buenas notas, o por dar una satisfacción a
mis padres; si me porto bien con mis amigos; si hago la vida agradable a mis hijos, entonces no soy
bueno. Eso no tiene ningún mérito; todo lo que hago lo tengo que hacer por deber, de manera
absolutamente fría, y dejando de lado mi inclinación. Si entonces me porto con esa chica igual que
con este señor por el que no tengo ninguna inclinación ni simpatía, entonces es cuando me comporto
verdaderamente bien. Lo que se hace por inclinación natural no es moral.
Se sitúa, así, a años luz de distancia de unos sentimientos espontáneos, vitales. Lo que nos
constituye como seres humanos, dice él, es la buena voluntad, el sentido del deber. Lo que es por
inclinación nos asemeja al mundo de los animales.
El criterio supremo de la moral es el deber por el deber. Crítica al deber por el deber
¿Es posible que un hombre, real, concreto, de carne y hueso, históricamente determinado,
pueda actuar éticamente sólo por la razón, sólo por la buena voluntad? ¿Se puede prescindir
completamente de la realidad del hombre como ser que tiene sentimientos? ¿Se puede aislar uno
casi completamente de la realidad que le rodea y sólo mirarse a sí mismo? ¿Se puede decir que el
que no actúa sólo por deber no puede tener una conducta, una actuación ética correcta?
El rigorismo de su ética le lleva a Kant a sostener que una acción sólo se cumple por deber,
únicamente en el caso en que nuestras inclinaciones sean contrarias a esa acción.
Ejemplo: No sería ético atender por deber a nuestros hijos o a nuestros amigos, porque tal es
la inclinación natural que tenemos hacia ellos. Eso es lo mismo que hacen los animales, dice Kant.
En este caso, actuamos no por deber, sino por afecto a estas personas. No reconoce que el afecto,
la amistad, sea también un deber; se trata sólo de una inclinación.
Kant menosprecia la influencia de nuestras inclinaciones naturales, nuestros sentimientos, en
las decisiones del acto moral; sólo cuenta la razón, sólo cuentan los imperativos de la voluntad; el
amor, la simpatía, la enemistad, el odio, etc., que tengamos a las personas, no deben contar.
He aquí la crítica que le hacen los filósofos Schopenhauer (1788-1860) y Bertrand Russell
(1872-1970).
Ese principio ético, elemental, de no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti
(la regla de oro), es traducible, en términos kantianos, a ese otro imperativo categórico «debemos
tratarnos a nosotros mismos y a los demás siempre como fines y nunca como medios»; tampoco
esto puede convertirse en regla moral.
Ejemplo: Un criminal podría recordar esta regla de oro al juez que le va a condenar a diez
años de prisión: «Si no quieres que los demás te condenen a ti, tú no debes condenar nunca a los
demás», podría decirle el delincuente al juez.
Además, arguye Russell contra Kant, no es éste un imperativo categórico, sino solamente
hipotético; se podría traducir así: si quieres que el prójimo te trate bien, no le hagas daño, trátale
bien. Y la ley moral única es el imperativo categórico, absoluto. 6.2. Argumentos contra la ética
formal kantiana
Los argumentos de Max Scheler (1874-1928) van en esta línea. Dice que Kant confunde a
priori con formal y con racional; para este autor existe un a priori que se capta intuitiva y emocio-
nalmente, que no es de la sola razón; se trata de otro factor distinto: el valor.
Se puede decir que el valor se traduce en intuiciones éticas que tenemos todos y que hacen
posible una ética material a priori; es decir, sus principios son evidentes, y no son comprobables ni
demostrables, son a priori; tampoco se pueden rechazar por la razón, la inducción o la observación.
Junto a la lógica de la razón, este autor admite la lógica del corazón; iría en la línea de
Pascal (1623-1662): «el corazón tiene razones que la razón no comprende».
Nicolai Hartmann (1882-1950) afirma que la universalidad de la ley moral no es algo que sea
necesariamente formal, no es algo que tenga que estar vacío de contenido; la ley moral puede tener
un contenido sin perder su naturaleza a priori; el error de Kant consiste en confundir «material» con
«empírico». La ética material no tiene por qué extraerse de la experiencia; también puede ser a priori.
El formalismo de Kant se basa en un personalismo (subjetivismo), y Kant pretende que sea una
especie de personalismosubjetivismo trascendental. Todo lo de Kant es siempre muy subjetivo y muy
individualista, y a esto quiere añadirle que sea a priori, independiente de la experiencia, y, al
eliminarla, el formalismo pierde sentido; confunde a priori con racional, como sostiene Scheler.
También rechaza, con Kant, las éticas heteronomas, de fines y empíricas; cree que está en
lo cierto al sostener que la cualidad moral de un acto no depende de las consecuencias que tenga.
Tiene valor, entidad, en sí mismo.
6.3. Limitaciones de la ética kantiana
Kant se encuentra prisionero de una psicología un tanto simplista; su ética supone una
psicología en que la personalidad se divide en sensibilidad, razón y voluntad; la voluntad contempla
la lucha que se da entre la sensibilidad y la razón; la sensibilidad tiende hacia el mal, y la razón
señala el camino del bien.
Este humanismo tan simple no sería un humanismo, por faltarle el núcleo de todo
humanismo moderno, como es la unidad orgánica de la personalidad humana; él divide a la persona
en esas tres facultades (sensibilidad, voluntad y razón), pero no integra sus cualidades en la unidad
de la personalidad humana. Los problemas éticos no son tan sencillos; no se trata de una lucha entre
la sensibilidad y la razón, o entre el deber y las inclinaciones naturales; tienen una base problemática
mucho más compleja y difícil de analizar; por otro lado, ordinariamente, el conflicto se suele plantear
entre dos deberes, entre dos valores que suelen estar siempre detrás de cada deber. Y lo que
habría, tal vez, que detectar es el valor que entraña cualquier deber; y, una vez visto esto, analizar
cuáles son los valores superiores y cuáles los inferiores (otros hablan de «jerarquía de valores»). Y
ver claramente que la ética debería responder al conflicto que se suele dar entre valores superiores,
entre libertad y vida, entre verdad y derechos de la persona, etc.
Kant mantiene una ética que es incapaz de resolver conflictos morales reales, y se puede
decir que una teoría ética incapaz de solucionar conflictos reales humanos es una mala teoría. Quizá
sea ésta la mejor crítica que le podemos hacer: el principio fundamental de la. universalización de la
máxima moral nada soluciona. Le falta también un factor muy importante: es incapaz de inspirar
acciones valiosas; es mucho más un elemento prohibitivo, represivo, que un elemento dinamizador,
inspirador de actuaciones creadoras.
7. Bibliografía
NAVARRO CORDóN, J. M.: Historia de la Filosofía (COU), Ed. Anaya, 1988, pp. 269-305.
TEJEDOR, CÉSAR: Historia de la Filosofía (COU), Ed. SM, 1987, pp. 273-297.
ABBAGNANO, NICOLA: Historia de la Filosofía, Ed. Punto y Hora, tomo II, pp. 414-478.
COPLESTON, FREDERIK: Historia de la Filosofía, Ed. Ariel, tomo 6, pp. 179-405.
HIRSCHBERGER, JOHANNES: Historia de la Filosofía, Ed. Herder, tomo II, pp. 162-223.