HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
Ev. Contenido
3ª ROUSSEAU
JEAN-JACQUES ROUSSEAU
(1712-1778)
1. INTRODUCCIÓN
En el siglo XVIII se fue extendiendo por toda Europa un movimiento cultural que aspiraba a la renovación
de las conciencias y de las formas de vida, a través de la educación de los ciudadanos y el establecimiento de
unas estructuras políticas en las que estos tuvieran voz y voto. Este movimiento fue conocido con el nombre
de Ilustración.
Rousseau pertenece a este movimiento, pero, a la vez, es absolutamente crítico con la época que le tocó vivir
y con la confianza ciega en la razón y en el progreso que defendían los ilustrados, hecho que le ocasionó
graves polémicas.
Rousseau vio cómo sus planteamientos fueron incomprendidos e incluso prohibidos. Sin embargo, fue el
autor que más influyó en los protagonistas de la Revolución francesa y su obra fue un referente declarado
para el representante más importante de la Ilustración alemana: Immanuel Kant.
Por otra parte, también algunos estudiosos de su obra consideran que existe una línea de continuidad muy
importante entre El contrato social y la obra de Marx.
2. ANTROPOLOGÍA: EL HOMBRE ES BUENO POR NATURALEZA
Rousseau expuso en su obra Discurso sobre las ciencias y las artes (obra con la que ganó el premio al
certamen de la Academia de Dijon) y en Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, que
la civilización (los avances de la ciencia, de las artes) no hace necesariamente al hombre, bueno por
naturaleza, mejor, sino que lo corrompe, lo oprime y provoca falta de libertad, desigualdad e injusticia. El
espíritu ilustrado, por lo tanto, no libera sino que esclaviza.
Y es la vida en sociedad la que, lejos de propiciar la igualdad y la felicidad de los hombres, causa las
desigualdades sociales y la corrupción moral del ser humano (pesimismo histórico). Son las mejoras
técnicas las que han ocasionado el aumento de la competitividad y el egoísmo y han llevado al abandono de
los buenos sentimientos naturales del hombre.
Antes de organizarse en sociedad, el hombre vivía en un estado de naturaleza. Este concepto de estado
natural del hombre, que era de uso común en la época, Rousseau reconoce que no se corresponde con
ninguna realidad histórica ni tampoco se dan hombres naturales en la actualidad. Sin embargo, es preciso
describirlo hipotéticamente para entender el estado actual de la sociedad, cómo se ha llegado a él y poder
buscar una organización social que potencie la naturaleza humana y la respete.
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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 2º DE BACHILLERATO
En este estado de naturaleza, el hombre vive en contacto con la naturaleza de la que extrae todo lo preciso
para cubrir sus necesidades primarias. Este hombre no se puede definir como un ser eminentemente racional
pues es más pasión y sentimiento que razón; sus deseos no van más allá de sus necesidades y de su interés
por satisfacerlas. Vive así, en un estado de “feliz ignorancia”: sin vicios, ni opresión, ni propiedad, ni
desigualdad.
Los sentimientos dominantes en su naturaleza eran el de amor de sí mismo, que lo impulsaba a conservar
la vida y a buscar su bienestar (y que no se debe confundir con el amor propio, una pasión que impulsa al
hombre a tratar de ser el primero en todo y que fomenta sentimientos negativos como la envidia y el orgullo)
y la piedad, que lo llevaba a compadecerse de sus semejantes y a colaborar con ellos. Por ello, el estado
natural es un estado de paz, porque no hay posesiones o pasiones por las que enfrentarse (optimismo
antropológico).
DEL ESTADO DE NATURALEZA A LA SOCIEDAD
Rousseau se plantea explicar el paso del “estado de naturaleza” al “estado social”, para intentar determinar
qué hay de natural en el hombre y qué hay de artificial.
En el estado natural, el hombre solamente tiene una amenaza: la de la propia naturaleza. Fue esa amenaza la
que llevó a los hombres a buscar el apoyo de otros y así defenderse. De estas asociaciones surgió la vida en
comunidad y al aparecer la propiedad privada de la tierra, aparecieron también las primeras diferencias
entre aquellos que eran propietarios y los que no lo eran. Y al mismo tiempo, la dependencia entre unos y
otros por la consiguiente división del trabajo.
"El primer individuo al que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir 'esto es mío' y encontró a
gente lo bastante simples como para hacerle caso, fue el verdadero fundador de la sociedad civilizada,
cuántos crímenes, guerras, asesinatos, cuántas miserias y horrores no le hubiera ahorrado al género
humano el que, arrancando las estacas o cegando el foso, hubiera gritado a sus semejantes: "Guardaos de
escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que las frutas pertenecen a todos y que la tierra no es
de nadie".
Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, Rousseau
Las diferencias dieron lugar a la desigualdad social. Surgieron los conflictos y el desorden, la avaricia, el
egoísmo y la ambición, y el hombre perdió su piedad original.
Surgió así el Estado y a partir de ahí, se inició el deterioro moral de la humanidad y se implantó la
desigualdad generalizada entre los hombres. Está claro ahora por qué la civilización, el desarrollo técnico y
las ciencias no han traído el progreso moral de la humanidad, sino su progresiva degradación.
3. POLÍTICA: UNA SOCIEDAD LEGÍTIMA
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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 2º DE BACHILLERATO
La crítica a la sociedad contemporánea que realizó Rousseau, no le llevó a reivindicar una vuelta al “estado
de naturaleza” originario, cosa imposible, sino a cuestionarse las bases sobre las que se debe asentar una
sociedad legítima.
Buscar los fundamentos de una nueva comunidad en donde las desigualdades no sean tan grandes y se
permita el desarrollo de la justicia y la felicidad de todos los ciudadanos es el objetivo de su obra El
contrato social.
Rousseau reconoce que es necesario establecer un nuevo pacto social que permita construir una nueva
sociedad, en la que no tengan cabida ni las desigualdades económicas ni el despotismo, una sociedad que
permita al ser humano vivir en libertad y conforme a su auténtica naturaleza.
Debemos subscribir una pacto social que, en palabras del propio autor, consiste en “una forma de asociación
que defienda y proteja con toda la fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, por lo cual,
uniéndose cada uno a todos no obedezca más que a sí mismo y permanezca tan libre como antes”.
En este pacto, el individuo pierde su libertad natural y el derecho ilimitado a todo cuanto desea y gana,
en cambio, la libertad civil. De esta manera, el “hombre natural” se convierte en ciudadano, miembro de un
cuerpo social y moral que vela por la defensa del bien común por encima de los intereses particulares
egoístas.
Ahora bien, ¿por qué el individuo aislado ha de renunciar a toda su libertad para dársela a la comunidad? La
respuesta de Rousseau es que, en realidad, el hombre no renuncia a su libertad, sino que la transforma
en libertad civil o social, pues al entregársela a la colectividad de que la que él forma parte, se la entrega a
él mismo. La expresión colectiva de esta libertad es lo que Rousseau llama la voluntad general.
LA VOLUNTAD GENERAL
Rousseau entiende por voluntad general la voluntad del conjunto de los ciudadanos, unidos en el cuerpo
político, que tiene como objetivo el interés común.
Se ha de tener en cuenta que, la voluntad general se distingue de la voluntad de todos: la voluntad de todos
consiste en la mera suma de las voluntades individuales y tiende a querer bienes particulares. La voluntad
general consiste en la unión o coincidencia de intenciones y tiende siempre hacia un fin común.
Más que una realidad empírica, la voluntad general aparece como un principio normativo y regulativo de
la vida en común que permite que prevalezca el interés general por encima del particular.
La fuerza coercitiva de esta voluntad general reside en que es el pueblo mismo el que se otorga la exigencia
de obedecer a esta voluntad a través de la ley. En este sentido, el pueblo, por medio de la voluntad general,
es el único legitimado para establecer las leyes; por lo tanto, en él reside la soberanía. Los gobernantes, que
llevarían a cabo la aplicación de la ley, serían simples representantes del pueblo y se limitarían a actuar en
nombre de este. Esto significa que el pueblo puede deponer a sus representantes cuando lo desee.
Esta autoimposición libre de la ley puede entenderse como un anticipo de la teoría moral de Kant. Este
mostró en muchos momentos su admiración por Rousseau, al que consideraba el “Newton de la ley moral”.
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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 2º DE BACHILLERATO
Ahora bien, sin una afianzada y efectiva práctica de la virtud, las leyes sirven para poco. Por ello, para que
los hombres sean auténticos ciudadanos, es necesario formarlos en unos nuevos valores, es decir, es
necesaria una nueva educación.
LA EDUCACIÓN
En el horizonte de esta nueva sociedad, el papel de la educación es fundamental, ya que la comunidad
política no es una entidad que se imponga desde arriba, sino que hay que fundarla desde abajo, y son los
sujetos los únicos protagonistas de este proceso. En este sentido, es preciso educar a las nuevas
generaciones para que sean capaces de realizar esta tarea, el ser ciudadanos.
El punto de partida de esta nueva educación, que Rousseau expone en su obra Emilio o De la educación,
ha de ser el hombre natural, no corrompido aún por las malas costumbres de la sociedad, y el objetivo final
del proceso pedagógico no puede ser el hombre culto y refinado de la sociedad ilustrada, pues en él
confluyen todos los males de la sociedad.
La educación ha de servir para el desarrollo de los sentimientos innatos en la naturaleza humana
(conmiseración y amor de sí mismo), para su mejora y perfeccionamiento. Estamos hablando, pues, de una
educación que desarrolle la conciencia moral, que permita al hombre discernir entre el bien y el mal, y
atender al bien común antes que al propio.
Otra novedad de la teoría pedagógica de Rousseau es la inflexión que se da hacia el sujeto de la educación.
Es preciso conocer el mundo del niño y sus capacidades de conocimiento para saber qué es lo que es
capaz de aprender en cada momento sin forzar su naturaleza, pues por mucho que pretendamos enseñar algo,
si el niño en ese momento no está capacitado para ello, será inútil.
Atender al desarrollo personal del niño y educar para la formación moral de buenos ciudadanos son las dos
premisas de esta nueva perspectiva de la educación, que va a marcar toda la investigación sobre el tema en
los siglos siguientes y de la que aún nos nutrimos.