Corvera
Corvera
El Señorío de Cotillas y
los Marqueses de Corvera
ss. xvii-xviii
1ª edición Azarbe, marzo 2007
isbn: 978-84-96299-81-8
depósito legal: mu-516-2007
prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
7
A través de la documentación de este siglo y el siguiente comien-
zan a aparecer los nombres de los diversos lugares del término mu-
nicipal: Pago del Chorro, Pago de la Olivera, Pago de Gullena, Ca-
mino Real, La Atalaya, La Loma, Cabezo de la Horca, La Tejera, El
Taray, Espinar, Las Pedreras, Los Llanos, Saladar, Charco Negro,
Riacho…, tan interesantes para el estudio toponímico.
A comienzos del siglo xviii el Marqués traslada su residencia a
Las Torres de Fuentes, abandonando su fortaleza de Cutillas “con su
cerco en forma de muralla, torreones en las esquinas y su foso por
de fuera”.
Datos y anécdotas se desgranan a lo largo de las páginas de este li-
bro. Tormentas, inundaciones, pleitos contra el Marqués… Por cier-
to que uno de ellos pide que, al morir, su féretro sea portado por seis
u ocho ciegos; no menos increíble es la de aquel cotillano que, para
librarse de ir a la mili, se arrancó todos los dientes.
Otros datos interesantes son la huelga que en 1769 protagonizó el
pueblo contra el Marqués, dirigida por dos presbíteros o las peleas
del Señor con sus propios hijos en los años centrales del Siglo de las
Luces.
Y como la población, siguiendo al Marqués hacia Las Torres de
Fuentes abandonaba Cutillas, también acabaron pidiendo el traslado
de la iglesia.
La primera referencia a ésta es de 1489, construyéndose otra en
1537, con proyecto de Juan Cabrera. Por cierto que parece estar de-
dicada a Nuestra Señora de las Mercedes, apareciendo la Salceda en
torno a 1699. Al tiempo existían tres cofradías: Santísimo Sacramen-
to, Benditas Ánimas y Rosario.
Dada la lejanía de Las Torres y los inconvenientes para bajar a
Cotillas a misa, se pide el traslado de la misma en 1775, si bien no se
conseguirá hasta finales de 1795, construyéndose en tiempo récord.
Tenemos en nuestras manos, a tenor de lo resumido, un nuevo
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libro de la historia local, intenso y lleno de nuevos datos que vienen
a completar y aclarar lo investigado hasta el momento, confiando
que los autores prosigan en su labor y pronto veamos publicada la
segunda parte de esta interesante saga.
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I . E L O C A S O D E L O S C A LV I L L O
1. Introducción
Adentrarnos en el estudio de la historia de Cotillas ha sido para
nosotros una tarea obligada que comenzó hace ya cerca de cuarenta
años, a causa de su fuerte imbricación con la historia de Alguazas.
Lógicamente –aparte de los temas más o menos interrelacionados–,
no hemos anotado en ese tiempo toda la abundante información que
fue apareciendo en nuestras investigaciones, pero sí lo hicimos de
aquellas noticias que nos resultaron interesantes o que tenían, desde
nuestro punto de vista, una importancia capital. Acotaciones que
con frecuencia solo consistieron en reflejar el tema y lugar donde
estaba la información, para un posible vaciado más adelante.
Posteriormente una de nuestras líneas de trabajo quedó centrada
en los títulos nobiliarios de origen murciano, o cuyos poseedores
tuvieron un fuerte arraigo e importancia en nuestra región. De ahí
que nos ocupásemos del Marquesado de Corvera y los poseedores del
mismo, desde sus inicios hasta la actualidad; muchos de los cuales
quedaron unidos a la historia de Cotillas –al pasar a ellos el Seño-
río–, a partir del enlace matrimonial de Cristóbal Antonio de Bustos
Carrasco y Calvillo, Señor de Cotillas, con Ana Teresa Molina y
Junterón, iii Marquesa de Corvera, y más en concreto desde la unión
de uno y otro derecho, señorío y marquesado, en la persona del hijo
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de ambos, Pedro José de Bustos y Molina, Carrasco, Balboa, Calvi-
llo y Carrillo, iv Marqués de Corvera.
Al crearse la Fundación “Marqués de Corvera”, promovida por el
Dr. Ricardo Montes y el Ayuntamiento de Las Torres de Cotillas, se
viene formando archivo en la misma, reuniendo diversos legajos y
expedientes –merced al decidido apoyo moral y económico de la cor-
poración municipal torreña–, en su mayoría procedentes del antiguo
archivo señorial de dicha familia, que se hallaban repartidos y en
oferta en varias librerías de viejo. Documentación que viene a com-
plementar en parte la que habíamos trabajado en algunos archivos
de nuestra región y en otros nacionales. Tal cúmulo de documentos,
en cuya fase de vaciado estamos trabajando, en estrecha y fecun-
da colaboración con los historiadores José Antonio Marín Mateos
y el citado Montes Bernárdez, llevó a dicho equipo de trabajo a la
decisión de redactar para su publicación, un libro cuyo contenido
estuviese centrado en las relaciones del Marquesado y su Señorío
de Cotillas, abarcando un periodo que comprendiese los siglos xvii,
xviii y xix.
Pretensión que sobre la marcha hemos tenido que modificar, por
cuanto no era posible –a la vista de la abundante documentación
disponible– ocuparnos de todo el periodo; y que, por otra parte,
consideramos de especial interés, entrar, si bien someramente, en el
siglo xvii, muy desconocido en todos los aspectos, sobre todo en la
vertiginosa sucesión de poseedores del mayorazgo, procedentes de
diversas ramas de la familia Calvillo, como han sido los Balboa, Ca-
rrasco y Bustos; y en algunos pretendientes, que pese a mantener rui-
dosos pleitos por la tenuta no pudieron lograrlo, caso de los Condes
de Priego y los Carrillo Calvillo, de Murcia, aunque Luis Carrillo
Calvillo uno de estos últimos lo disfrutó durante algunos años.
La relación de titulares del citado señorío es bastante conocida des-
de la fundación del mayorazgo por Pedro Martínez Calvillo en 1318,
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salvo un periodo farragoso de su historia, que se concreta en la mayor
parte del siglo xvi (por la repetición de nombres), y que se extiende
a buena parte del siglo xvii tras la muerte de Juan Pérez Calvillo
–segundo de dicho nombre–, sin dejar herederos directos. Su desapa-
rición dejó el señorío de Cotillas envuelto en un sonado pleito entre
varios interesados, que no quedó sustanciado hasta tres años después
de la muerte de Pérez Calvillo; pero cuya línea sucesoria a partir de
entonces también ha quedado oscurecida, a veces por general des-
conocimiento de los sucesores, y en otras ocasiones por palpables
errores cometidos por quienes se han ocupado de esta familia.
Por ello, antes de centrarnos en el periodo estricto de dependen-
cia señorial bajo los marqueses de Corvera (siglo xviii), nos parece
oportuno aportar la información y conclusiones a que hemos llegado,
tras un laborioso proceso indagatorio, tanto en fuentes documenta-
les como en referencias bibliográficas.
Juan Pérez Calvillo, ii de este nombre, que no tuvo descendencia
de su enlace con doña Luz Junterón Zambrana, se vio precisado a
estar tutelado durante mucho tiempo, tanto por su minoría de edad
como por su ceguera. Dichas circunstancias adversas le movieron en
cierto momento a renunciar el señorío en la persona de don Luis Ca-
rrillo Calvillo, un pariente lejano1 que llegó a tomar posesión y ejerció
la jurisdicción durante algunos años, pero hubo de recobrarla ante
el cariz que tomaba el pleito que por la posesión le puso don Pedro
Carrillo de Mendoza, Conde de Priego, alegando tener primacía su
línea sucesoria, respecto a la del citado Luis Carrillo2. Litigio al que
1 Luis Carrillo Calvillo y Juan Pérez Calvillo (llamado inicialmente Juan Carrillo Calvi-
llo), eran primos en cuarto grado, como descendientes ambos de Fernán Pérez Calvillo
(ii), su cuarto abuelo, y de Juana Carrillo, su segunda esposa. Para el conocimiento de
los Carrillos es imprescindible la lectura del libro de nuestro buen amigo José Carrillo
de Albornoz Fábregas, Al Hilo de la Historia. Crónica de una familia de la Vega de Gra-
nada. Ayuntamiento de Santa Fe (Granada), 2002.
2 Pese a ello, Juan Pérez Calvillo intentó infructuosamente recabar para sí el Señorío de
Priego, mediante demanda y pleito que se inició en 1626.
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se sumó después –tan pronto tuvo noticias de que Pérez Calvillo se
encontraba gravemente enfermo, y por tanto próxima la hora de su
muerte–, el jovencísimo Melchor Rodrigo de Balboa y Calvillo; quien
por el poder dado en Huéscar a 13 de septiembre de 1627, encomendó
las gestiones a su tutor y tío abuelo, don Pedro Serrano Carvajal3.
2. Pleito sucesorio
La grave enfermedad de Pérez Calvillo tuvo un desenlace rápido,
pues su muerte se produjo poco tiempo después, en fecha que no he-
mos podido determinar, pero anterior al 14 de enero de 1628, en que
doña Luz se declara viuda de don Juan. Reactivándose con ello el plei-
to sucesorio y demanda puesta por parte de don Rafael Carrillo de
Mendoza Garcés y Marcilla, Conde de Priego, y doña Antonia Carri-
llo y Mendoza, su mujer, y don Jerónimo Garcés Carrillo de Mendoza,
conde de Priego, hijo de ambos4; don Pedro Carrillo Calvillo, vecino
de la ciudad de Murcia; y un tercer pretendiente, que por sus derechos
descollaba entre ellos, llamado Melchor Rodrigo de Balboa y Calvillo,
poseedor del mayorazgo de Rodrigo de Balboa –tutelado ahora por
don Andrés Carrasco Cernúsculi Girón–, vecino de la de Huéscar.
Los condes de Priego, en 13 de abril de 1628, continuando con
dicho pleito pidieron la posesión del mayorazgo de Cotillas y de sus
3 Según Rafael María Girón Pascual (“Noticias genealógicas sobre algunos linajes de la
ciudad de Huéscar, en el reino de Granada. Siglos xv, xvi y xvii”; publicado en Anales
de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, volumen vii. Años 2002-
2003, pp. 133-172), Pedro Serrano Carvajal nació en Huéscar en 1575. Fue poseedor
del vínculo fundado por Martín Serrano y Juana Muñoz, del mayorazgo fundado por
Francisco Verdejo de Carvajal y de un patronato. Testó el 17-ix-1631 en Huéscar. Casó
con Francisca Martínez-Carrasco Gómez, y en segundas nupcias, en 1608 en Huéscar,
con Ana de Biedma Góngora. Del primer matrimonio de Pedro Serrano nació Francis-
ca Serrano Carvajal Martínez Carrasco, nacida en 1607 en Huéscar, que casó en 1625
con su primo hermano Juan Martínez Carrasco Monreal.
4 La rama de los Carrillo Calvillo de los condes de Priego, ya lo habían intentado ante-
riormente, por pleitos que se siguieron en los años 1523, 1610 y 1626, y aún lo intentarían
una vez más en 1710, durante la posesión de don Cristóbal Antonio de Bustos.
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agregados, con todos sus frutos y rentas desde la vacante del último
poseedor, de cuya petición se mandó dar traslado a las otras partes; y
por la de don Pedro Carrillo Calvillo, vecino de la ciudad de Murcia,
en 28 de agosto de dicho año se manifestó la separación que con
facultad del monarca Juan i se efectuó en 1382 de los mayorazgos de
Priego y Cotillas, los cuales se habían perpetuado por líneas dife-
rentes, llegando la de Cotillas con prelación del mayor al menor y el
varón a la hembra, hasta Juan Pérez Calvillo, último poseedor, quien
había muerto sin dejar hijos; por cuya causa le tocaba y pertenecía
dicho mayorazgo en conformidad de la dicha fundación como a si-
guiente llamado. Y prosiguiendo por unas y otras partes alegando de
sus derechos, parece que por la de dicho don Pedro Carrillo Calvillo
se presentó otra petición en respuesta de la de don Rodrigo Balboa
por la que insistía en su pretensa posesión.
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Diego Hurtado de Mendoza, i conde de Priego, procreando a Pedro
Carrillo de Mendoza, ii conde de Priego, que de su matrimonio con
María Quiñones, hubo por hijos a Diego Carrillo de Mendoza, iii
conde, que casó con Guiomar de Mendoza, y a Fernando Carrillo
de Mendoza, que sigue más adelante. Diego y Guiomar tuvieron por
hijo a Luis Carrillo de Mendoza, iv conde, que casó con Beatriz de
Valencia y Benavides, y falleció sin sucesión, por lo que se originó un
pleito por la tenuta, entre Guiomar de Zapata y de Mendoza, señora
de Malagón, como hija de María de Mendoza, hermana del iv conde,
y su tío abuelo, el ya citado Fernando Carrillo de Mendoza, a quién
se adjudicó el condado por sentencia pronunciada en 1525.
Fernando Carrillo de Mendoza, v conde, casó con Leonor (alias
Isabel) de Ayala Mendoza y Torres, con la que procreó a Luis Carri-
llo de Mendoza, que fue vi conde de Priego y falleció soltero y sin
sucesión, pasando el título a su hermano Pedro Carrillo de Mendoza,
chantre de la Iglesia de Cuenca y luego vii conde, que casó tres veces.
Primero con María Zapata, en segundo lugar con Juana Cortés de
Arellano y en terceras nupcias con María de la Cueva y Mendoza.
Con la primera tuvo por hija a Juana Carrillo de Mendoza, x conde-
sa de Priego, casada 1º con Francisco Gassol, y en segundas con Die-
go Pimentel y Toledo; la cual falleció sin sucesión en ambos enlaces.
Pasó entonces el título a su hermana paterna Antonia Carrillo de
Mendoza, xi condesa, hija de Juana Cortes de Arellano; la cual casó
con Rafael Garcés de Marcilla, y tuvieron por hijo a Jerónimo Gar-
cés Carrillo de Mendoza, xii conde de Priego, casado con Margarita
Zapata de Mendoza y Riederer de Para. Que fueron los que pleitea-
ron sin éxito por el mayorazgo de Cotillas contra don Pedro Carrillo
Calvillo y don Melchor Rodrigo de Balboa Calvillo.
Viendo difícil mantener su postura a la vista de los méritos alega-
dos por los otros candidatos, y los cuantiosos gastos que defender su
pretensión le estaban causando, en nueve de julio de 1629 abandonó
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la causa –al parecer– el xii conde de Priego don Jerónimo Garcés
Carrillo de Mendoza. Lo que dio más ánimos a Pedro Manuel Ca-
rrillo Calvillo, que solicitó licencia de Su Majestad, por medio de
Antonio de Benavides, para obtener traslado de diversos documentos
referidos al mayorazgo; logrando Real Provisión de Felipe iv dada en
Madrid a siete de junio, dirigida a todas las justicias de sus reinos y
señoríos, para que compeliesen a cualesquier personas en cuyo poder
estuviesen dichas escrituras, a que las pusiesen en poder de escriba-
nos que diesen los traslados que pidiesen… “so pena de la nuestra
merced y de 10.000 maravedíes para la nuestra Cámara”.
Dada la costumbre de que los poseedores del Señorío guardasen en
su propios domicilios todos los documentos, incluidos los del Conce-
jo de Cotillas y su escribanía del número y juzgado, el 20 del citado
mes se hizo notoria dicha Real Provisión a doña Luz Junterón Zam-
brana, la cual en su virtud, ante el escribano Juan Tirado, ante quien
se habían practicado dichas notoriedades, presentó un cuadernillo
de seis hojas escritas en pergamino, en cuya cubierta estaba escrito:
“Confirmación a Don Juan Carrillo y Calvillo de su mayorazgo”, que
pendientes de unos hilos de seda estaba un Real sello de plomo. Y
así mismo exhibió otro cuadernillo con cuatro hojas, escritas tres y
media de ellas, y en la que tenía por cubierta estaba escrito: “Con-
firmación a Don Juan Carrillo Calvillo, de ciertas franquezas”; que
pendiente así mismo de hilos de seda, se hallaba otro Real sello de
plomo. Finalmente, exhibió otro cuadernillo de seis hojas escritas en
pergamino, y en la que servía de cubierta se hallaba escrito un letrero
que decía: “A Don Juan Carrillo Calvillo, de su mayorazgo”.
Juan Tirado, a instancias de la Justicia de dicha Ciudad, sacó de
dichos tres cuadernillos, un traslado del Real privilegio de Felipe ii,
dado en Madrid a 21 de febrero de 1578, por el que confirmaba el de
Alfonso xi concediendo autorización para establecer el mayorazgo de
Cotillas. Privilegio que a su vez había sido confirmado por los reyes
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Pedro i, Juan i, Enrique iii y Juan ii, según traslados que asimismo
se insertaban en el Felipe ii; quien previamente, en 21 de febrero de
1578, había dispensado el que no estuviese confirmado por los Reyes
Católicos, y que estuviese desprendido el sello en uno de ellos.
Tras las distintas diligencias y autos que a continuación se siguie-
ron por ambas partes, el Consejo Real dio como definitivo el si-
guiente dictamen:
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rez de Valenzuela.- El Licenciado Velenguel Roiz.- El Licenciado
Alarcón.- El Licenciado Juan Chumacera y Carrillo.- El Licencia-
do Don Antonio del Campo Redondo y Río.- El Licenciado José
González.- El Licenciado Don Antonio de Contreras.
La cual dicha Sentencia fue dada y pronunciada por los del
nuestro Consejo en esta Villa de Madrid en cinco días del mes de
Febrero del presente año de mil seiscientos y treinta y uno.
Pleito sucesorio.
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3. El Señorío durante la vacante
Los miembros del Concejo de Cotillas, que se veían libres por
primera vez de la mano señorial pendiente sobre ellos y sus decisio-
nes, creyeron poder detentar una autoridad que nunca antes habían
poseído, por lo que en 1628 dieron por concluso el pleito que seguían
contra el Señor de ella, pidiendo la libertad en su tierra de ciertos
derechos dominicales. Lógicamente una de sus bazas era tratar de
conseguir la recuperación de los documentos del archivo, que, como
hemos dicho anteriormente, estaban en poder del Señor de turno; y
para ello, reunidos en Cotillas el 13 de marzo de 1628 los miembros de
su Concejo, Gaspar Sánchez y Francisco Soler, Alcaldes ordinarios; y
Jusepe Álvarez y Diego Álvarez, Regidores; otorgaron poder ante su
escribano, Juan de Molina Piñero, y de los testigos Andrés Peñalver,
Juan Mejías y Antón Cervera, a Alonso de Almela “el Mozo”, vecino
de la Villa, para que en nombre de dicho Concejo fuese a Murcia “y
otras partes donde convenga”, con las amplias facultades que le dieron,
a pedir cuenta a doña Luz Zambrana Junterón, Señora que fue de la
Villa, vecina de la ciudad de Murcia, de todos los papeles y causas ci-
viles y criminales, registros de escrituras públicas, o de otra cualquier
manera, así del tiempo que la dicha doña Luz Zambrana fue Señora
de la dicha Villa, como de todos los demás que se hayan hecho antes
de que casara con don Juan Pérez Calvillo, ya difunto, Señor que fue
de ella; y para que recibiese dicha documentación. Como ninguno de
los miembros sabía firmar, a su ruego lo hizo Juan Mejías, uno de los
testigos.
La entrega de los documentos al citado Almela, la realizó doña
Luz el 21 del mismo mes y año, bajo inventario extendido en seis
hojas, destacándose entre ellos diversos registros notariales de los
escribanos que había servido el número de Cotillas desde 1564 en que
lo fue Juan Ballesteros, expedientes ejecutivos, causas civiles y cri-
minales, denuncias, inventarios, testamentos, particiones, posturas
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para la subasta de diversos abastecimientos, informaciones diversas,
elecciones de oficios, visitas, etc. De todo lo cual se dio por entre-
gado Alonso de Almela “el Mozo”, quien entregó recibo de haber
tomado los papeles, siendo testigos Ginés de Morote, Juan de Lara y
Juan Crespo, vecinos de Murcia; aunque no firmó por no saber, y a
ruego de Almela lo hizo Ginés Morote.
Pero la independencia tácita no duraría mucho tiempo, pues la
muerte de Juan Pérez Calvillo sin haber dejado heredero directo, de-
jaba un vacío en la administración del mayorazgo y sus bienes. Por
lo que en defensa de sus intereses, los pretendientes pidieron a la
justicia el nombramiento de un administrador, que se resolvió nom-
brando como tal a Diego Martínez Vallejo, vecino de Murcia; quien
en 17 de agosto de 1629, ante las controversias suscitadas sobre si
podía nombrar a los miembros del Concejo de la Villa, acudió ante
los señores Presidente y Oidores de la Chancillería real, y por peti-
ción que presentó acompañada de varios documentos justificativos
de su nombramiento y facultades, expresó “que por fin y muerte de
Juan Pérez Calvillo, último poseedor legítimo que fue de dicho es-
tado, había pleito pendiente ante los Señores del Real Consejo sobre
la tenuta de él, y no había persona ninguna legítima que nombrase
Justicias ni Alcaldes ordinarios en la dicha Villa, y así los que estaban
en tiempo que había muerto el dicho Juan Pérez Calvillo había más
de dos años que ejercían el dicho oficio sin haber quién les tomase
residencia y así hacían muchos excesos en contravención de las Leyes
Reales; y a dicho Diego Martínez Vallejo, como tal administrador,
le pertenecía la elección de los dichos oficiales en nombre del sucesor
que hubiere de ser del dicho estado, como todo ello constaba de la
probanza que presentaba con el juramento necesario”, y suplicó a
dichos señores Presidente y Oidores mandaran despacharle al citado
Diego Martínez Vallejo, Real Provisión para que pudiera hacer e
hiciera los dichos nombramientos de Justicia de la misma manera
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que lo habían hecho los señores que habían sido de la dicha Villa,
nombrando todos los Ministros de Justicia que ellos nombraban y
en la misma forma, y para que un Receptor de esta Corte a consta
de la dicha Hacienda fuera a la dicha Villa y asistiera a la elección y
pusiera en quieta y pacífica posesión a las personas que dicho Diego
Martínez nombrase, para excusar alboroto.
También durante la vacante se dio sentencia favorable a Murcia
en el pleito que seguía sobre derecho de sus vecinos al uso de los
pastos, leña y otros aprovechamientos en el término jurisdiccional
de Cotillas, dictada en Granada el 26 de enero de 1629, por la que
se declaró que Murcia probó sus derechos, y Cotillas no; y condenó
a Juan Pérez Calvillo (que como sabemos ya había fallecido) a que
deje a los vecinos de Murcia, pastar, rozar y cortar libremente, en el
término de Cotillas.
Sentencia que fue recurrida, pues el procurador de Juan Pérez Cal-
villo alegó entonces, cuando le comunicaron la sentencia, que tenían
que hacerlo a procurador competente, pues él no tenía ya poder al-
guno por haber muerto dicho don Juan, y porque la viuda se lo había
revocado. Y también suplicó de la sentencia, …“como dada favorable
a parte que se arrimaba, pues Pérez Calvillo y sus antecesores habían
estado y estaban de más de 400 años a esta parte, y de tanto tiempo
que memoria de hombre no había en contrario, en quieta y pacífica
posesión, uso e costumbre de gozar e aprovecharse privativamente
de todas las yerbas, pastos, montes, abrevaderos, e de todo lo de-
más comprendido en el término y jurisdicción de la dicha Villa de
Cotillas, e de prohibir e vedar que ningún vecino de la ciudad de
Murcia, ni de los demás lugares de su jurisdicción, ni otros de su
Reino, entrasen a pastar en el término. Y el que entró fue condenado
y pagó sin contradicción de Murcia. Y porque sus antecesores tenían
privilegios de los reyes, de sus pastos, montes y abrevaderos, y por
ello la Villa estaba y había estado siempre deslindada y amojonada.
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Protesta también de los privilegios de Murcia, como ilegales y no
cumplidos, y de las sentencias del licenciado Andrés Aguado y del
bachiller Luis Pérez, como falsas a la verdad. Y de los testigos, por ser
todos vecinos de Murcia y sus aldeas, y por tanto partes interesadas.
Y pidió se revocase la sentencia”.
Comunicado al procurador de Murcia, dijo que la sentencia de
vista se había de ratificar. Protestó de que no se le diese sobrecarta de
su privilegio y ejecutoria como tenía pedido, de que no se condenase
a Cotillas en las costas, y a que devolviese las prendas y maravedís
que injustamente se habían llevado a vecinos de Murcia. Finalmente
solicitó que no se aceptase, el que el procurador puesto por Pérez
Calvillo no era parte. A lo que el procurador que se presentó en
nombre de Diego Martínez Vallejo, administrador del Mayorazgo
por estar vaco, solicitó que se cumpliese lo pedido por el procurador
anterior, …“pues el rey don Alfonso, por su privilegio dado en la era
de 1356 (1318) había hecho merced a Pedro Martínez Calvillo de darle
facultad para hacer mayorazgo de la casa que decían del Alguaças de
Cutillas e Venandín, que era donde de presente estaba sito el dicho
lugar, para que las heredasen sus descendientes, con todos sus térmi-
nos, montes, pastos, yerbas, aguas, fuentes e dehesas, el cual dicho
privilegio se había confirmado por los señores reyes sus sucesores
hasta el Señor Rey Don Felipe ii. Y que usaron del privilegio; y lo
supo Murcia; y que hubo pleitos y los pagaron; y que vendieron las
yerbas a ganaderos de Cuenca y otros lugares, llevado precio por ello,
como constaba por escrituras presentadas”. Añadiendo, que sus testi-
gos eran válidos por no ser interesados; y que el privilegio de Murcia
era de 1305 en tanto que el de Cotillas data de 1356 (1318), y por tanto
posterior, con lo que derogó al otro respecto al término de la Villa.
Tras alegar que la sentencia del bachiller Luis Pérez de Palencia fue
dictada sin citación de la parte de Cotillas, pidió la absolución.
Tras nueva protesta de Murcia, basándose en los argumentos ya
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conocidos, y añadiendo que los testigos por ella presentados eran
válidos, la Sala tuvo a bien confirmar la sentencia anterior, por otra
de 11 de octubre de 1630. En su consecuencia, se expidió una Real
Provisión dada en Granada a 10 de abril de 1631, con la cual en su
poder, un procurador de la ciudad se presentó en Cotillas el 21 de
julio, requirió con ella a Alonso Pérez Celdrán, Alcalde ordinario; el
cual la tomó en sus manos, la besó, puso sobre su cabeza y obedeció
con el acatamiento debido. Añadiendo que lo consultaría con ase-
sor y después daría respuesta. Cosa que efectuó dos días más tarde,
manifestando, con acuerdo del Licenciado Francisco de Torres, su
abogado y asesor, que aceptaba dicha Real Provisión, aunque hacien-
do presente que era sin perjuicio de cualquier derecho que pudiera
competer a don Melchor Rodrigo de Balboa y Calvillo, Señor de la
Villa, en razón de su menor edad, y de pedir restitución en caso de
negligencia de los que han llevado este pleito.
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4. Árbol genealógico de los Calvillo,
Señores de Cotillas
Fernán Pérez Calvillo (iii) Gómez Carrillo Pedro Carrillo Pedro Ruiz Carrillo
Constanza de Abellán (s.s.) Mencía de Ayala María de Arróniz y Manuel
Gómez Carrillo Calvillo Gómez Calvillo Carrillo María Carrillo Calvillo Gómez Calvillo Carrillo
Marina Siliceo Luisa Coque Vergonosa
(Martínez Guijarro)
Juan Carrillo Calvillo, llamado después Juan Pérez Calvillo (ii) (s.s.) Luis Carrillo Calvillo
Luz Junterón Zambrana
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I I . D E J U A N P É R E Z C A LV I L L O I I A
LOS BA LBOA Y C A R R A SCO,
DE HUÉSC A R
1. Don Melchor Rodrigo de Balboa
Dilucidado el pleito sucesorio que pasó ante su Majestad y Señores
del Real y Supremo Consejo de Castilla, y cuya resolución se dilató
hasta dictarse sentencia favorable a don Melchor Rodrigo de Balboa
en cinco de febrero de 1631; en fuerza de dicha sentencia parece que
por parte de dicho menor se suplicó y pidió le concediesen Real Des-
pacho con inserción de ella a la letra, para que lo en ella contenido
se guardase, cumpliese y ejecutase como por ella se mandaba, lo
que se practicó así; y después de haberse ejecutado diferentes autos y
diligencias en la Real Chancillería de la ciudad de Granada, habién-
dose requerido con dicha Real Ejecutoria a las Justicias de la Villa de
Cotillas, por don Andrés Carrasco Cernúsculi Girón, como curador
de don Melchor Rodrigo, su sobrino, y por ante Gaspar de Balboa
Baeza, escribano del número de la ciudad de Murcia, los del Concejo,
habiendo oído y entendido lo que su Majestad y Señores de su Real
y Supremo Consejo mandaban, dijeron que la obedecían en todo y
por todo como en ella se expresaba, y que estaban prontos a cumplir
lo en ella contenido; y en su consecuencia, y obedeciéndola, dieron
al dicho capitán don Andrés Carrasco Cernúsculi Girón, en nombre
del referido don Melchor Rodrigo de Balboa Calvillo, y como tal su
curador, la posesión de la dicha Villa de Cotillas, dando principio
por la Casa Palacio, de los Señores dueños que antes habían sido de
ella; y prosiguiendo con el Patronato y asiento de la Capilla mayor en
la Iglesia Parroquial de Cotillas, casa almazara, horno de pan cocer,
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edificios y conducto para el paso de agua propia de dichos señores
para el riego y cultivo de sus tierras; como también del molino de
harina y escribanía de la Villa, de todas las tierras propias de ella y su
jurisdicción; del mero y mixto imperio, alto y bajo, con sus términos
y jurisdicciones, montes y pastos, yerbas y aguas, fuentes, dehesas
y yermos, así de regadío como de secano; preeminencias y derecho
de nombrar y elegir Justicias y los demás oficios de la dicha Villa, y
derecho de vasallaje, alcabalas y los demás pechos y derechos que se
han dado y acostumbrado pagar por los vecinos de la dicha Villa al
Señor de ella, de trigo, cebada, uva, vino, aceite y demás esquilmos
que se cogen por los vecinos de la dicha Villa en las tierras de su
término e jurisdicción, cuyo término linda, según de dicha posesión
consta, por una parte con término de la ciudad de Murcia, por otra
con término de la Villa de Molina, por otro con la villa de las Algua-
zas y por otro con la villa de Mula y lugar de Campos.
El nuevo Señor de Cotillas, había nacido probablemente en Hués-
car hacia 1614, por lo que solo contaba 16 ó 17 años, aunque no pudo
disfrutar mucho tiempo del mayorazgo que tres siglos antes insti-
tuyera Pedro Martínez Calvillo, ya que en 27 de noviembre de 1632
otorgó testamento en aquella localidad granadina, ante Diego de
Atienza, falleciendo el mismo día, sin haber contraído matrimonio
ni dejar descendencia5.
5 Nos ha sido de gran utilidad para la correcta definición de los datos biográficos sobre los
Balboa, Carrasco y Bustos, el magnífico trabajo que ya hemos citado del profesor Girón
Pascual.
Igualmente queremos agradecer a nuestro nuevo amigo Antonio Carrasco Sánchez, de
Beas de Segura (Jaén), la eficaz ayuda que nos ha prestado, su interés por hacernos llegar
cuanta información disponía sobre el tema y facilitarnos poder contactar con el señor
Girón Pascual.
32
boa Calvillo, último varón de esta rama de los Balboa, que tomó po-
sesión de ellos el 28 del mismo noviembre. Era un hombre muy joven
cuando se hizo cargo de Cotillas, pues en 1633 manifestaba ser mayor
de 16 años y menor de 25, pero no sujeto a tutela ni curaduría, sino
persona libre para administrar sus bienes. En realidad había nacido
en 1617, en Huéscar, donde fue bautizado con el nombre de Baltasar
Onofre. Poseedor del mayorazgo de doña Magdalena de Albacete,
heredó como hemos visto el Señorío de Cotillas y el mayorazgo de
Balboa. Regidor de Huéscar y dueño de un oficio de regidor en Baza
entre 1635-1648, que no pudo ejercer por cierta cuestión, que le obligó
a tomar hábito clerical, para no ser procesado; fue Alférez Mayor y
Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición de Huéscar.
Desconocedor del terreno que pisaba, y alejado de Cotillas por
seguir avecindado en la ciudad granadina, hacía viajes esporádicos
a nuestra región, dejando los asuntos de nuestra villa en manos del
licenciado don Fernando Melgar y Cuellar, presbítero, a quien nom-
bró Gobernador de Cotillas, de cuya iglesia era cura párroco, como
beneficiado de la de San Onofre de Alguazas. Tenía por delante mu-
chas cuestiones que resolver, algunas de ellas a consecuencia del largo
periodo vacante en el señorío, fruto del cual fue la carta ejecutoria
dictada en Granada el diez de abril de 1631, en el pleito sobre yerbas
mantenido entre la ciudad de Murcia y el Señor de Cotillas.
Dicho don Baltasar de Balboa casó en Baza hacia 1634 con doña
Tomasa de Robles Santacruz, natural de dicha localidad, hija de don
Juan Javier de Robles Saavedra, Regidor de Baza, y de doña Mag-
dalena de Palacios Berrio, vecinos de esta ciudad, con la que tuvo
dos hijas llamadas Elvira Magdalena y Magdalena Elvira, aunque la
segunda falleció a poco de nacer, según hacía constar su padre en el
testamento6. Viudo de doña Tomasa, casó en segundas nupcias el 11
6 [...] aunque del otro matrimonio tube otra hija llamada doña madalena elbira, murio luego
que nacio, declaro para que se sepa.
33
de febrero de 1647, en la parroquia de Santa María, en Huéscar, con
doña Pascuala Manuela de Villanueva Orzáez, hija de Juan García
de Villanueva, Alcaide y Regidor de Huéscar y de doña Eugenia de
Orzáez Guerrero, que llevó como dote la importante cantidad de
15.000 ducados. Matrimonio postrero y efímero, ya que el marido
falleció al mes y medio de la boda. Poco después, la joven viuda casó
con don Juan Bautista Rato, Regidor y Familiar del Santo Oficio de
Huéscar, de origen genovés. Don Baltasar, que testó el 29 de marzo
de 1647 ante Diego de Atienza y otorgó su última voluntad el prime-
ro de abril siguiente, no tuvo sucesión de esta señora.
34
Albacete y de doña María Elvira de Balboa Calvillo). Otorgó testa-
mento el 18 de octubre de 1659 en Huéscar, ante Alonso de Toral, y
otro en Orihuela el siete de noviembre de 1668, ante Gregorio Mote-
llón, falleciendo unos días más tarde. Decía ser Señor de Cotillas y
Torre Blanca, estar casado con doña Elvira Balboa, y que dejaba por
heredero a su hijo don Andrés Carrasco y Balboa, con la obligación
expresa de mantener a sus hermanos.
Además del susodicho Andrés, tuvieron por hijos a doña Magda-
lena Elvira de Balboa y Carrasco, nacida en Huéscar en 1654, que
casó el 14 de febrero de 1667, en la parroquia de Santa María la
Mayor de Huéscar, con don Beltrán de Rocafull Rocamora, natural
de Orihuela y Regidor de Valencia (sin descendencia); a don Manuel
Baltasar Rodrigo Carrasco Balboa, nacido en 1657 en Huéscar, falle-
cido de corta edad; doña Tomasa Antonia Carrasco Balboa, nacida
en 1659 en Huéscar, también fallecida menor; y a doña Francisca
Antonia Carrasco Balboa, nacida en 1662 en Huéscar, de la que nos
ocuparemos más adelante.
El citado heredero don Andrés Carrasco Balboa Cernúsculi Girón,
nacido en 1655 en Huéscar; Señor de los mayorazgos de Cernúsculi,
de Carrasco, y de Albacete, en los que sucede a su padre el 28 de
septiembre de 1673 (según Girón Pascual, que cita a Sánchez Don-
cel)7. El mismo autor cuenta que al parecer fue militar, que falleció
en fecha cercana al 9 de julio de 1687, cuando la guarnición de Orán,
al mando del Gobernador Diego de Bracamonte, fue aniquilada por
las tropas del Bey de Argel, que sitiaban la población; y que por estos
hechos, ese mismo año se concedió merced a su madre (doña Elvira
Magdalena de Balboa y Calvillo) de un hábito de cualquiera de las
órdenes militares, para los maridos de sus hijas8.
Como al parecer falleció sin haber tomado estado y sin dejar des-
7 SÁNCHEZ DONCEL, G. Presencia de España en Oran (1509-1792). Toledo, 1991, pág.
248.
8 Que ella cedió a su yerno don Manuel Álvaro de Moya Robles y Robles Santa Cruz.
35
cendencia, los derechos que poseía pasaron a su hermana doña Fran-
cisca Antonia Carrasco Balboa, que con solo 17 años de edad casó en
la parroquia de Santa María la Mayor, de Huéscar, el 7 de noviembre
de 1679, con don Francisco Juan de Bustos Celdrán, hijo de don Cris-
tóbal de Bustos Celdrán, Regidor perpetuo de Huéscar y de Doña
Elena de Moya Robles. Don Francisco Juan testó el 8 de julio de 1684
en Villanueva del Arzobispo, ante Juan de Espinosa, falleciendo se-
guidamente; y a doña Francisca Antonia, una vez viuda, su madre tra-
to de casarla con don Juan José de Moya Robles y Robles Santa Cruz,
hermano de don Manuel Álvaro, su yerno. Conseguidas las dispensas,
él falleció antes de celebrar la boda y ella le seguiría al poco, habiendo
testado el 15 de junio de 1689 en Baza, ante Juan de Molina Villalta.
Doña Francisca Antonia Carrasco Balboa no llegó a poseer el Se-
ñorío de Cotillas, pues viva aún su madre, era a ella a quien perte-
necía, y lo retuvo férreamente hasta su muerte. Como relata Rafael
María Girón, “doña Elvira de Balboa, siendo viuda, era con toda
seguridad el sujeto más poderoso de la oligarquía de Huéscar de su
época. Así pleitea en 1694 con don Francisco de Quesada Pacheco,
antepasado de los Marqueses de Casa Saltillo, por haber destrozado
un cortijo de este último, junto con su yerno don Manuel Álvaro de
Moya Robles, para desviar el agua de una fuente hacia sus propieda-
des. Algunos testigos aseguran que es la mujer más poderosa de la
comarca. En los casamientos de sus hijas aparecen dos tipos de ma-
trimonios: El primer tipo son linajes señoriales de Alicante (Rocafull
y Rosell), una forma de legitimarse como linaje poseedor de señorío,
y el segundo tipo corresponde curiosamente a parientes suyos y no
de su marido, que ya había fallecido”.
El Señorío de Cotillas no lo administraba directamente, sino por
medio de arrendar todos los derechos que le pertenecían, como ve-
nía acostumbrándose desde la Edad Media. El arrendador adquiría
automáticamente el cargo de Gobernador de la Villa, lo que suponía
36
poder hacer y deshacer a su antojo como más le conviniese, tanto
en defensa del mayorazgo y jurisdicción como en la recaudación de
impuestos, imposición de penas y multas, y fiscalización de las fun-
ciones de los miembros del concejo, cargos que él mismo designaba
por delegación expresa del señor de turno.
Durante el tiempo de doña Elvira, ejerció dicha función Pedro
Hernández, vecino de Espinardo, a quien demandó la Iglesia de
Cartagena por escamotear parte de los diezmos que debía abonarle,
correspondientes a los beneficios que dicho arrendamiento le pro-
ducían. Nos detendremos un poco en comentar este proceso, pues
contiene abundantes datos que nos sirven para hacernos idea clara
de la situación en Cotillas en aquellos tiempos.
La demanda se presentó en Murcia, el 31 de agosto de 1690, ante
el licenciado don Antonio de Aguilar Mendívil, Provisor y Vicario
General de este obispado de Cartagena por el Ilustrísimo don An-
tonio de Medina Cachón Ponce de León, Obispo, del Consejo de
Su Majestad, por parte de don Juan Gómez de la Calle, racionero, y
síndico y procurador general de los Señores Deán y Cabildo, quien
manifestó, “que Pedro Hernández, vecino de la villa de Espinardo
y arrendador de la hacienda y derechos de setenos que en la villa de
Cotillas posee doña Elvira de Balboa, Señora de ella, no ha pagado
enteros los diezmos correspondientes a su cosecha de este año, de-
fraudando al parecer, mucha parte de ellos”. Por lo cual, pedía que se
recibiese la información que ofrecía, y de ser cierta, se le apremiase
a la paga.
Y aunque dicho Provisor seguidamente proveyó un auto, por el
cual dio comisión al Cura de Alguazas o su Teniente, para que re-
cibiese la información ante el escribano, y no habiéndole, ante sí y
testigos; por causas que desconocemos, aunque podrían atribuirse a
dejar transcurrir el tiempo de recogida de las cosechas, a la recogida
de pruebas, preparación de testigos y ciertas negativas a colaborar,
37
las diligencias quedaron en suspenso hasta el veintidós de diciem-
bre del mismo año, en que Manuel de Villaseca, Notario, requirió
para ello al Padre Fray Nicolás de la Rosa, Religioso de San Agustín,
Cura Teniente de Alguazas.
Dicho día, prestaron declaración cuatro testigos, que en sus di-
chos mostraron alguna contradicción significativa.
• Rafael Ruiz, de 51 años de edad, vecino de Cotillas y Alcalde de la
Huerta, dijo que Pedro Hernández, Gobernador de Cotillas, co-
bra para la dueña de dicha Villa, de diez cargas de cebada o trigo,
una; de aceituna, panizo y uva, de diez una; y que de estas tres
cosas se paga primero el diezmo. Que del trigo y cebada, cobra el
Gobernador antes de trillar, en cargas; y de lo que le toca paga el
diezmo. Y no sabe cuánto ha recogido dicho Gobernador.
• Francisco Álvarez, vecino de Cutillas, de 34 años de edad, mani-
festó que el Gobernador había recogido este año de 1690 hasta 600
fanegas de cebada, y 30 de trigo (entre su cosecha por medio de
medieros, y del seteno que se paga a la dueña de la Villa). Añadió
que el diezmo se suele pagar de lo que queda, tras pagar el seteno,
y es: de grano y legumbres, de huerta o secano, de doce fanegas,
una.
• Leonardo de Almela, vecino de la misma villa, de 54 años, dijo
que había oído que Pedro Hernández habrá recogido de trigo y ce-
bada, hasta 1.000 fanegas, por ambos conceptos. Y que el diezmo
se paga antes que el seteno.
• Jacome Antonio Ginoino, vecino de Alguazas y fiel colector por
la parte del Obispo, alegó que el Gobernador cobraba el seteno en
garbas, y luego se pagaba el diezmo en grano. Y que según su libro
de cuentas, Pedro Hernández había pagado de diezmo este año, 9
fanegas de trigo y 19 de cebada.
No pudieron obtenerse otros testimonios, como certificaba el día
veintitrés el Padre Fray Nicolás de la Rosa, pues había ido dos veces
38
a Cotillas, y los vecinos se excusaron de declarar; y “que la causa
es el temor que tienen al dicho Pedro Hernández, por ser como es
Gobernador de la Villa”.
A finales del siglo xvii se empezó a desarrollar un incipiente case-
río en lo que ahora constituye el casco urbano de Las Torres de Co-
tillas, donde se construyeron diversos edificios o torres por algunos
miembros de la familia Fuentes o de la Fuente, y que empezaron a
denominar por ello como Las Torres de Fuentes. Allí otorgó testa-
mento en primero de enero de 1695 Ginesa de Fuentes, y conocemos
por las diligencias que se siguieron tras su muerte que aquel año José
Pérez era alguacil mayor de Cotillas.
Poco antes de finalizar esta centuria falleció doña Elvira Magda-
lena, no sin antes otorgar testamento en Huéscar, el 7 de febrero de
1698 ante Francisco de Jorquera, quedando como sucesor del Mayo-
razgo de Cotillas su nieto don Cristóbal Antonio de Bustos Carrasco,
en quien, siendo niño como hemos dicho, recayeron los derechos
al señorío y de otros mayorazgos, por la temprana muerte de su tío
Andrés Carrasco y la de su madre, doña Francisca Antonia.
39
III. LOS BUSTOS, ACCEDEN
A L SEÑOR ÍO
1. Don Cristóbal Antonio de Bustos Carrasco
Balboa y Calvillo
Truncada prematuramente la línea de los Carrasco, al fallecer sin
descendencia don Andrés Carrasco Balboa Cernúsculi Girón; con
don Cristóbal Antonio entran los Bustos en la historia de Cotillas.
Era descendiente de un importante linaje que se remonta a Lorenzo
de Bustos, quinto abuelo de don Cristóbal; quien engendró a Rui
Gallego de Bustos, que tuvo el castillo de Chiclana y casó con María
Sánchez; en la que procreó a Alonso de Bustos y Sánchez, que con-
trajo matrimonio con doña Elvira López; naciendo de este enlace
Francisco de Bustos López, Regidor perpetuo y Alguacil mayor de
Baza, que a su vez casó con Ana de Cuenca, y fueron bisabuelos de
nuestro reseñado niño.
Al ser muy pequeño don Cristóbal cuando quedó huérfano de
padre y madre, quedó tutelado por su abuela materna doña Elena
de Moya Robles y su tía doña Isabel Ana de Bustos, hija de dicha
doña Elena, que residían en Baza. Cuando falleció doña Elvira de
Balboa, Señora de Cotillas, pasó la administración del mayorazgo y
señorío de los Calvillo, por la menor edad de don Cristóbal Antonio
de Bustos, a su otra abuela, y tutora, doña Elena de Moya, que ejer-
ció como tal hasta finales de noviembre o principios de diciembre de
1702. Merced a tales facultades, en uno de noviembre de 1699 dio
en arrendamiento a Pedro Casacau Menárguez, vecino de Ulea, los
frutos y rentas que pertenecían a dicho niño en el Señorío y Jurisdic-
43
ción de Cotillas; “en que se comprenden las Casas del Señorío, alma-
zara, setenos de trigo, cebada, aceite, uva, seda y demás esquilmos,
legumbres y derechos que en dicho señorío le deban pagar, más el
producto de las yerbas”. Por tiempo de 6 años, desde dicho primero
de noviembre, y en precio cada año de 6.000 reales de vellón, pues-
tos y pagados en Baza, en casa de doña Elena de Moya.
Con este arrendador no se cumplió la costumbre de que adquirie-
se anexo el cargo de Gobernador de Cotillas, sino que tal cometido
pasó a Juan Menárguez Rosique, suponemos que familiar suyo. En
pago del cual recibió para su disfrute 42 tahúllas de tierra en el Pago
de Lerve, que en 15 de dicho mes y año cedió a Roque García, quien
le pagaría 127 reales de vellón por cada año que usase la Gobernación,
a razón de tres reales la tahúlla; pagando aparte los gastos de ace-
quiajes, seteno y obras nuevas. Más recibió otras 14 tahúllas en dicho
pago, que arrendó a Gines Guerrero, por 42 reales en total.
De entonces data el acta primera que conocemos de nombramien-
to y posesión de nuevos miembros del concejo de Cotillas, con la
suerte además, de que está acompañada por el correspondiente título
de nombramiento, expedido en Baza el 16 de octubre por el pro-
pio don Cristóbal-Antonio de Bustos y Carrasco, y el consiguiente
“Auto de Buen Gobierno”. Por su extraordinario interés, insertamos
aquí el texto del documento:
44
Nombro por mis rexidores a Joseph Lorenzo y a Joseph Almela.
Nombro por mi alcalde de huerta a Pedro Menárguez.
Nombro por mi alcalde de la Santa Hermandad a Pedro Mar-
tínez.
Nombro por mi mayordomo de propios a Pedro Contreras.
Nombro por mi alguacil mayor a Andrés Pérez.
Y en esta conformidad ago dha. eleczión por el dho. año y para
que conste lo firmé en la ziudad de Baza e dieziseis días del mes de
octubre de mil seiscientos nobenta y nuebe años.
Dn. Xpval. Antonio de Bustos y Carrasco.
45
de este año y cumplirá otro tal de el que viene de mill y siete cien-
tos, que es la boluntad de dicho Señor, según lo expresa por dicha
orden, y es el estilo y costumbre que siempre se a tenido y tiene en
esta dicha Villa, como consta de otras elecciones antezedentes y lo
an husado dichos señores de ella.
Por Governador y Justicia Maior en primer lugar, a el dicho
Señor Juan Menárguez Rosique, a quien parece buelbe a reelegir
en dicho oficio.
Y por primero y segundo Alcaldes ordinarios, a Antón Gil Sán-
chez, y a Damián Muñoz.
Y por Regidores a Joseph Lorenço, y a Joseph de Armela.
Por Alcalde de Huerta a dicho Pedro Menárguez.
Por Alcalde de la Santa Hermandad a Pedro Martínez.
Por Maiordomo de Propios a Pedro Contreras.
Por Alguacil Maior a Andrés Pérez.
Todos los contenidos y expresados, según y como quedan mencio-
nados, consta benir nombrados en los ofiçios y egerçiçios referidos
por dicha orden de el Señor de esta dicha Villa, y que a sido exivido
por dicho Pedro Menárguez, sobrino de dicho Señor Governador
que es; lo que queda por caveza.
Y respecto de que se devió exejutar lo contenido en ella el dicho
día de todos Santos pasado de este dicho año, y por yndisposiçíón
y no aver podido venir a su egecuçión dicho Señor Gobernador de
el lugar de Aljuzer donde reside, no se a efectuado, y atendiendo a
que de dar más dilaçion es faltar al cumplimiento de su encargo, y
a la recomendaçión de dicho Señor de esta Villa; por hallarse con
dicha yndisposiçión y no poder pasar a esta dicha Villa dicho Señor
Governador a la referido, por que no se frustre la dicha elecçión ni
se dilate más, le dió y a dado dicha orden al dicho Pedro Menár-
guez, su sobrino, quien en su nombre corre con las dependençias
en su ausencia.
46
Y poniéndolo por efecto, y entregándome dicha orden a mí el
presente Escribano, quien fui llamado para ello, se hiço dicha ele-
cçión en los nombrados nuevamente, y según quedan referidos y los
manifiesta el dicho Señor de esta Villa, por la dicha su orden.
Para lo cual se juntaron y concurrieron todos los ante escritos, y
los Señores Juan Bastida y Pedro Contreras, Alcaldes ordinarios
que de presente egerzen, y Joseph Garçía Fuster y Francisco Álba-
rez, regidores que egerzen asimismo de presente, y que haçen Con-
zejo, Justicia y Regimiento en esta dicha Villa, por nombramiento
fecho de el año pasado; y estando unos y otros juntos y congregados
para este dicho efecto y en forma de Ayuntamiento, por mí el di-
cho Escribano se hizo notoria la dicha orden y nuevo elecçión, la
cual obedezieron todos los menzionados y que quedan declarados,
y en su cumplimiento acordaron el que se egecute como se manda
por dicho Señor de esta Villa, a quien dan las devidas graçias los
nuevamente electos, como dichos Señores de Conzejo que zesan en
dichos sus ofiçios; quienes hizieron dejaçión en devida forma. Los
dichos Pedro Contreras y Juan Bastida, de las Varas que en sus ma-
nos tienen de Alcaldes ordinarios, en los señores Antón Gil Sánchez
y Damián Muñoz, quienes las rezivieron con el respeto devido, y
tomaron y vesaron y levantaron en nombre de Su Magestad, y ju-
raron en forma, de cumplir con la obligaçión de sus encargos, y de
observar y guardar Justicia a las partes; y los dichos Joseph Garçía
Fuster y Francisco Álbarez hiçieron la misma dejaçión de sus oficios
de tales regidores en los Señores Joseph Lorenço y Joseph de Armela,
quienes los azetaron, y así mismo juraron en forma de cumplir con
lo que es de su encargo y mirar por los pobres y en todo atender a la
utilidad de esta dicha Villa y sus vezinos.
Y por los dichos Pedro Menárguez y Pedro Martínez y Pedro
Contreras y Andrés Pérez, fueron azetados y jurados en toda forma
sus ofiçios de Alcalde de huerta y de Alcalde de la Santa herman-
47
dad, y de Maiordomo de Propios y de Alguaçil maior, según queda
fecho mención, y que hunos y otros, y cada uno, cumplirá con lo
que es de su encargo.
Y en esta forma se hizo y celebró esta elecçión.
Y que se haga notorio a los demás ofiçiales que no hubiesen con-
currido, para que les conste y naide pretenda ignorancia.
Y lo firmaron de dichos Señores, así de los que dejan como de los
que entran egerciendo, los que supieron; de que yo el Escribano de
todo doy fee.- Damián Muñoz.- Joseph Almela.- Pedro Casacau
Menárguez.- Joseph Garçía Fuster. Ante mí Antonio Avilés”.
48
tumbra para tratar y conferir las cosas tocantes y concernientes a
la buena administración de Justicia y utilidad de esta Villa y sus
vecinos y de el servicio de ambas Majestades.- Dijeron, que respecto
de que sus mercedes han entrado ejerciendo dichos sus oficios hoy
día de la fecha y conviene se guarde y observe lo que siempre ha
sido estilo y costumbre, y otras cosas que por dichos señores se han
conferido y deliberado, acordaron lo siguiente:
Primeramente, que ningún ganado vecino pueda entrar en la
güerta si no es de día, entrando con claro y saliendo con claro.
Pagando si hiciesen algún daño. Pena de cuatro reales por cada
cabeza que se cogiese haciendo daño, y además de el que hiciesen a
su dueño. Y la misma pena si se cogen de noche aunque no hagan
daño.- Y que no puedan ir los gañanes en cuadrilla Vereda arriba,
pena de cuatro reales por cada uno de los que se cogiesen juntos.
Ítem, que no entren ningún ganado suelto en dicha güerta, así
mular, asnal, ni de cerda, pena al mular cuatro reales, al asnal
tres reales, al de cerda dos reales, por cada cabeza, sea de noche o
de día cuando se aprehenda.
Ítem, ningún averío pueda entrar en las oliveras y plantones,
bajo la misma pena.
Ítem, que no puedan hacer parada de la Vereda arriba, en las
acequias ordinarias, pena de seis reales.
Ítem, que ninguna persona pueda tomar agua sin licencia, de la
acequia de riego nuevo y demás acequias de esta Jurisdicción, pena
de ocho reales.
Ítem, que no embaracen los partidores de una ni otra parte,
pena de doce reales.
Ítem, que ninguna persona de cualesquier calidad y condición
que sea, vecino o forastero, pueda andar de noche con averío nin-
guno, así vacuno, mular, asnal, ni de cerda, puedan andar de
noche por el campo de la Jurisdicción de esta Villa de las nueve de
49
la noche adelante hasta ser de día, si se hallasen sueltas, pena de
seis reales por cabeza.
Ítem, lo mismo se entienda con el ganado lanar y de cabrío, así
de día como de noche, y de esta Villa como forastero, si no fuese con
licencia de este Concejo, pena de medio real por cabeza.
Y en la forma referida fenecieron este Cabildo y Ayuntamiento,
y mandaron se guarde, cumpla y ejecute lo en él contenido, y que
el presente escribano ponga edicto en la parte acostumbrada, para
que nayde pretenda ignorancia. Así lo acordaron y firmaron de sus
mercedes el que supo.- Damián Muñoz.- Joseph Armela.- Ante mí,
Antonio Avilés”.
50
tiuno, su compañero y también alcalde ordinario Damián Muñoz,
daba cuenta de dicha defunción y subsiguiente entierro, y como Juez
procedió al inventariado de todos los bienes dejados por Antón Gil,
ante Antonio Avilés, escribano interino de Alguazas y Cotillas, que
despachaba en ellas por no haber escribano.
La muerte de un Alcalde ordinario obligaba a una nueva elección
para reemplazarlo, en el menor tiempo posible, de ahí que cuando
llegó al pueblo el Gobernador, dictó el siguiente Auto: “Digo yo
Juan Menárguez Rosique, Gobernador de esta Villa de Cutillas, que
en virtud de poder que tengo de don Cristóbal Antonio de Bustos y
Carrasco, Señor de esta Villa, hago nombramiento de Alcalde ordi-
nario a Joseph Lorenzo, por hallarse por primer regidor, por haber
muerto Antón Gil Sánchez, y por regidor a Joseph Juárez, para que
ejerzan dichos oficios hasta Todos Santos que viene de mil y setecien-
tos años. Y por no saber firmar lo firmó mi sobrino por mí, en Cuti-
llas a diez y seis días del mes de enero de mil y setecientos años.- Pe-
dro Menárguez”. Avisado el escribano, Antonio Avilés, en dieciocho
de enero de mil setecientos años, “en cumplimiento de dicho papel
y nombramiento en el fecho de alcalde y regidor […] lo notifiqué
a ambos, y les dí la posesión de dichos oficios, y los susodichos los
aceptaron y juraron en forma, de cumplir con dichas obligaciones de
sus encargos y defender el misterio de la Pura y limpia Concepción, y
guardar justicia a los pobres, de todo lo cual doy fe.- Antonio Avilés”.
Alcalde muerto, alcalde puesto; y la vida municipal seguía su marcha
con toda normalidad.
51
I V. E L S I G L O X V I I I
1. Un Señor con mano de hierro
Al iniciarse el siglo xviii la situación señorial no había sufrido
cambios, pues el veintidós de noviembre de 1702, Pedro Casacau
Menárguez, que estaba casado con Isabel López Ramírez y era veci-
no de Ulea, manifestó que doña Elena de Moya y Robles, curadora
de su nieto don Cristóbal de Bustos Carrasco y Balboa, Señor de
Cotillas, vecinos de Baza, le había dado en arrendamiento los frutos
y rentas pertenecientes a dicho Señor en el Señorío y Jurisdicción de
Cotillas, por tiempo de 6 años, desde primero de noviembre de 1699,
y porque las ocupaciones que tenía no le daban lugar para atender a
estas rentas, y para cobrarlas, daba poder general a Esteban Guzmán
y Vicente Ramón, vecinos de Alguazas, y para administrar dichas
rentas, demandar, y todo lo que fuese necesario para la buena mar-
cha del negocio.
Tan solo veinte días después, el mismo Casacau refirió ante el es-
cribano Francisco Alcolea, “que estando disfrutando dicho arren-
damiento pacíficamente, don Cristóbal, de hecho y contra derecho,
y sin deberle el otorgante ninguno de los plazos, ha hecho nuevo
arrendamiento a Pedro Hernández, vecino de Espinardo”. Por lo
cual dio su poder cumplido a don Pedro Molina y a don Sebastián
Fernández Saavedra, vecinos de Granada y Procuradores en su Real
Chancillería, para que ante Su Majestad y Señores de dicha Audien-
cia, pidan se cumpla a término dicho arrendamiento.
El origen de la nueva situación planteada era consecuencia de que
55
don Cristóbal Antonio de Bustos había conseguido emanciparse de
la tutela y curaduría que, desde la muerte de sus padres, habían ejer-
cido su abuela doña Elena de Moya Robles y la hija de ésta doña
Isabel Ana de Bustos. Pero no fue un tránsito normal como podría
suponerse, sino que tuvo que demandar a los herederos y cabezaleros
de ambas ante la Real Chancillería para recobrar los bienes que le
pertenecían. Por eso, una de sus primeras disposiciones fue devolver
la administración del Señorío al antiguo administrador que lo sirvió
en tiempos de su abuela materna, el ya citado Pedro Hernández.
Cristóbal comisionó en cuanto pudo, con poder que para ello le
dio, al licenciado don Andrés Fernández Montaner, vecino de Mur-
cia y abogado de los Reales Consejos en ella, para que tomase re-
sidencia a todos los miembros del concejo de Cotillas que habían
ejercido cargos en los últimos cuatro años, poco más o menos el
tiempo en que Pedro Casacau tuvo arrendado el señorío durante la
administración de doña Elena. Residencia que al parecer se tomó
con mano dura y carácter ejemplarizante, imponiendo duras san-
ciones a la mayor parte de ellos, quienes, sintiéndose agraviados, hu-
bieron de desplazarse a la cercana Alguazas, para ante Juan López
Duro, escribano público de ella, otorgar poderes a diversas personas
en Cotillas y Granada, para su defensa ante dicho Señor, y aquellos
tribunales que les conviniesen. Los desplazados a dicha villa fueron
Pedro Contreras, Julián de Oliva, Francisco Álvarez, Juan Bastida,
Andrés Arróniz, Fulgencio Najar y José Parra, todos ellos vecinos de
Cotillas, y manifestantes de que dicho licenciado Fernández Monta-
ner, les había condenado en diferentes cantidades de multas, costas
y salarios; las cuales les habían parecido ser muy excesivas, y pedían
por ello que se reformasen.
El día primero de septiembre de 1703, el rey Felipe v, por una Real
Cédula expedida en Madrid, dispuso el restablecimiento de Milicias,
y formación de ellas “porque tengo entendido lo faltas que han esta-
56
do hasta aquí las milicias existentes, de los ejercicios en que las deben
instruir, por la obligación de sus empleos, los Sargentos Mayores
para el manejo de las armas, y que la mayor parte de las Milicias
se hallan desarmadas, he dado providencia a la compra de cuarenta
mil fusiles, con sus bayonetas, y todas las demás que se han juzgado
convenientes para su repartimiento, y formación de armerías en las
ciudades, que se dispone por la Cédula del año noventa y seis, a fin
de que estén aseguradas, y que en las ocasiones que se ofrezcan de
valerse de las Milicias, se distribuyan en ellas, y haya en esto la cuen-
ta, y razón que tanto importa para en adelante.”
Por el repartimiento de soldados de guerra efectuado en el alista-
miento de dicho año, en el que dispuso que el reino de Murcia con-
tase con dos regimientos, sabemos que entonces Cotillas estaba esca-
samente poblada, pues en ella y su término jurisdiccional residían y
moraban tan solo 42 familias. En dicha quinta quedaron englobadas
las villas de Alberca de las Torres (33 vecinos), Albudeite (52), Algua-
zas (50), Archena (20), Ceutí (22), Cotillas (42) y Molina (69), que por
el total de 286 vecinos hubieron de aportar al Ejército seis soldados.
Unos meses antes, el mismo monarca, por otra Real Cédula fir-
mada en Buen Retiro a 26 de abril, manifestó “que a causa de la es-
trechez con que se hallan sus vasallos, a causa de la esterilidad de los
tiempos, por Orden suya de 10 de abril, ha concedido perdón general
de los débitos atrasados hasta fin de 1696, de alcabalas, cuatro medios
por ciento, Servicio Ordinario y Extraordinario, y Servicio de Millo-
nes”. A la vez dispuso, “Queda prohibido en lo sucesivo el envío de
Audiencias y Ejecutores, por el grave daño que causan a los pueblos,
quedando dicha misión de enviar audiencias, únicamente al Real
Consejo. Y para el envío de Ejecutores, tan solo los podrán mandar
los Administradores o Superintendentes”. Como es lógico suponer, la
llegada de dicha comunicación a Cotillas causó una gran alegría, por
cuanto los débitos atrasados a la Real Hacienda, acumulados desde el
57
año 1686 hasta el citado de 1696 eran muy elevados, y los apremios y
ejecutores que afligían a los pobres vecinos eran casi continuos.
Poco después don Cristóbal de Bustos Carrasco contrajo matri-
monio con doña Ana Teresa Molina Junterón (hija de don Pedro de
Molina Junterón Carrillo, i Marques de Corvera y de doña Francisca
Ladrón de Guevara). Previamente al enlace, efectuado el 27 de di-
ciembre de 1705 en la parroquia murciana de San Lorenzo, el nueve
de septiembre anterior otorgaron escritura de capitulaciones matri-
moniales, donde quedó constancia de que los Marqueses ofrecieron
dar a don Cristóbal 8.000 ducados (los 4.000 de ellos de contado,
para los gastos de boda, los 4.000 restantes en los plazos que en la
escritura se indican, y tres años de alimentos). Documento que fue
ratificado por otra escritura del 11 del mismo mes y año, en la que
doña Francisca y doña Ana Teresa se apartaban de su parte a la legí-
tima y alimentos. Pacto que el citado marqués no quiso cumplir, por
lo que se ocasionó cierto pleito y demanda, que continuaba en 1707.
Con este enlace, don Cristóbal –que había unido a sus importantes
bienes, 600 ducados heredados de su tío, el capitán de a caballo don
Ramón de Moya y Robles, en tierras sitas en Villanueva del Arzobis-
po–, entroncó con las poderosas estirpes murcianas de los Molina,
Junterón, Zambrana y otras agregadas, y poco después sería marqués
de Corvera consorte, cuando su esposa accedió a dicho título.
El marquesado de Corvera no había recaído en la familia Molina
Junterón por méritos propios, sino que fue una concesión de Carlos ii
al Convento madrileño de San Jerónimo, otorgada en 24 de octubre
de 1683, para que con su venta al mejor postor pudiese alcanzar be-
neficios económicos. Deseoso Pedro José Molina Junterón Carrillo y
Zambrana, de tener un título nobiliario, compró el derecho al citado
convento por una fuerte suma de dinero; operación financiera que
fue aceptada por el monarca, otorgando la correspondiente carta por
Real Decreto de primero de agosto de 1685, bajo la denominación de
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Marquesado de Corvera, lugar en el Campo de Murcia donde la fa-
milia poseía abundantes propiedades, consistentes en 317 fanegas de
tierras, con dos cuerpos de casa en ellas, compradas a don Jerónimo
Merlos el seis de abril de 1680.
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que pasó el título a su hermana Ana Teresa, que por entonces ya estaba
casada, como hemos dicho, con el Señor de Cotillas. Dicha regiduría
del concejo murciano, cuyo titulo era propiedad de doña Francisca
María Ladrón de Guevara, recayó también en don Cristóbal, al que
como tal regidor de Murcia tenemos documentado en 1720.
Pero retomemos el hilo de la historia, para dar cuenta de que en 29
de diciembre de 1706 el Señor de Cotillas hizo nuevo nombramiento
para Gobernador de este pueblo, en la persona de Mateo Cañadas,
del que no tenemos muchas noticias sobre su actuación, aunque di-
remos que estuvo asistido como escribano por Vicente Ramón, que
lo era desde agosto de 1704, cargo que también ejercía en Alguazas
y Ceutí; compadre por cierto de Pedro Casacau, arrendador que fue,
como sabemos, de los frutos y rentas de la Villa. Eran años muy di-
fíciles, donde a las enfermedades palúdicas que diezmaban sin cesar
el vecindario, había que sumar los efectos directos e indirectos de la
llamada Guerra de Sucesión entre el Borbón Felipe de Anjou (luego
Felipe v) y el pretendiente austriaco (archiduque Carlos).
Cristóbal Antonio de Bustos, andaba entonces enzarzado en plei-
tos contra sus suegros, por el importe de la dote acordada que no
terminaba de cobrar. Desde su domicilio en Baza tuvo que acudir a
la Real Chancillería de la ciudad de Granada, por medio de Cristó-
bal de Villanueva y Quesada, quien en su nombre y como marido
de doña Ana Teresa de Molina y Junterón, puso demanda a don
Pedro Molina Junterón, Marqués de Corvera, por sí y como mari-
do de doña Francisca Ladrón de Guevara, diciendo que por el año
1705, “tratando su parte de contraer matrimonio con dicha su mujer,
entre las capitulaciones que para dicho efecto se habían hecho entre
su parte y los dichos Marqueses, había sido el que habían de dar a
su parte 8.000 ducados, los 4.000 de contado, y los otros 4.000 en
diferentes plazos, todo por dote de dicha su mujer”. Y que aunque
otorgó recibo de haber recibido los dichos 4.000 de contado, por no
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haberlos recibido realmente, el escribano ante quien se otorgaron las
capitulaciones no dio fe de la entrega. Asimismo, le habían ofrecido
darle tres años de alimentos, conforme a su calidad y estado; y en
caso de aportar domicilio, habían de regular la cantidad correspon-
diente a dichos alimentos para que sirviese de más aumento de dote.
Añadiendo, que aunque había constituido matrimonio, y separado
domicilio del Marqués, no había podido conseguir la entrega, ni de
los 4.000 ducados que había de recibir para los gastos de la boda,
ni tampoco de la cantidad que debía regularse por razón de dichos
alimentos. Solicitando finalmente que se apremiase al Marqués de
Corvera, a pagarle los 4.000 ducados y los alimentos. Apoyaba su
demanda de provisión ante dicho Tribunal, “por cuanto el dicho
demandado era Marqués, era persona poderosa y caso de Corte”.
Se dictó entonces por la Sala un Auto, donde se decretó que no
había lugar al caso de Corte que se pedía, y que don Cristóbal pi-
diese justicia donde le conviniese. Ante lo cual dicho don Cristóbal
presentó nueva petición, diciendo que había presentado demanda a
su suegro por 8.000 ducados, y puesto que el Marqués era regidor de
Murcia y persona poderosa, y su parte forastero en ella, le competía
caso de Corte. Un segundo Auto determinó que don Cristóbal debía
justificar que el Marqués era regidor; testimonio que no pudo con-
seguir del concejo murciano, y así lo manifestó ante la Sala, a la que
pidió Real Provisión, para que la Justicia le apremiase a la paga y a la
declaración pedida por su parte.
Esta vez sí obtuvo el amparo solicitado, por medio de un tercer
Auto en el se mandaba al Marques, que al ser requerido por don
Cristóbal, le pagase las cantidades que constaban por la escritura de
dote; y que hiciese la declaración, “so pena de mi Merced y de 10.000
maravedís para nuestra Cámara”. Se expidió entonces una Real Pro-
visión de Felipe v, su data en Granada a 22 de febrero de 1707, diri-
gida a la Justicia de Murcia, conteniendo el citado Auto favorable a
61
don Cristóbal de Bustos Carrasco y Balboa, “Señor de Cotillas, de
las Torres y Casas Blancas”.
Mientras todo esto ocurría, la guerra seguía su curso, y en Cotillas,
con pocos hombres que aportar a la causa del francés –por quien se ha-
bía decantado el Reino de Murcia, comandado por el obispo Belluga–,
los efectos eran más de tipo económico que físicos o materiales. Pese a la
tendencia general, importantes personajes de la vida regional optaron por
el austriaco, como fue el caso del cartagenero Luis Panés, con importan-
tes propiedades en Alguazas y Cotillas, las cuales le fueron confiscadas
en 1706 como reo tránsfuga. Entre las aportaciones de nuestro pueblo a
los combatientes, mencionaremos las 500 arrobas de paja solicitadas en
seis de marzo de 1707, y por orden de don Gabriel Thelline, Teniente
General de los Ejércitos, para la tropa alojada contra los sublevados del
Reino de Valencia. El escrito no daba lugar a otra opción, pues en caso
contrario amenazaba con imponer una pena de 500 ducados y el envío
de un batallón para que se mantuviese en la Villa a su costa. Si a Cotillas
le pidió 500 arrobas, a la vecina Alguazas le requirió entregase 1.000.
La aportación humana fue muy reducida, como ya hemos indica-
do. Por una Real Provisión expedida en Madrid el seis de septiembre
de 1709, ordenó el alistamiento y reclutamiento general en toda la
nación. Al reino de Murcia le correspondió aportar 762 soldados, de
los cuales correspondieron a los pueblos integrantes de esta comarca
los que se reflejan en el siguiente estadillo:
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Como del mismo se desprende, a Cotillas correspondió contribuir
con un soldado, posiblemente el mismo que se cita en un oficio en-
viado el 28 de agosto de 1710 por el Corregidor de Murcia al ayun-
tamiento de la Villa, comunicando, que según carta del Marqués de
Bedmar –quien había recibido otra al respecto del Teniente Coronel
don Felipe Freira–, el soldado Juan Antonio García había muerto,
por lo que debía reponer otro en su lugar.
En medio de una ruina casi total, los gravámenes no podían satisfa-
cerse, ocasionando con ello los acostumbrados apremios y embargos.
En 1710, y por no haber pagado los impuestos de alcabalas, millones,
4, etc., se siguieron diversos autos contra el Concejo y vecinos de
Cotillas. Situación que era casi general, y que se desprende claramen-
te del cuadro adjunto que hemos elaborado para la comarca:
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mas tarde sería aportado como prueba en el pleito seguido con Mur-
cia por el aprovechamiento de los pastos del término municipal.
La frágil situación económica de los vecinos motivaba la necesidad
de tener que vender las tierras a bajo precio, situación de la que se
aprovechó, entre otros, la Fábrica de la Iglesia parroquial de Algua-
zas, que en 1709 compró una hacienda en la huerta de Cotillas, sita
en el Pago del Chorro, que lindaba con la acequia de dicho nombre.
Situación que se repitió en 1710, cuando por escritura de 10 de mayo,
otorgada ante Gerónimo de los Reyes Medina, escribano de Algua-
zas, adquirió otras tierras en el Pago de la Olivera, que se regaban de
la susodicha acequia.
La precariedad motivada por los malos tiempos afectaba también
a las clases poderosas, impedidas de poder cobrar las rentas que de-
bían devengarles sus colonos y arrendadores. Entre ellos localizamos
a don Pedro de Molina Junterón y Carrillo, i Marqués de Corvera,
quien por Decreto de 12 de octubre de 1708 fue conminado a satisfa-
cer los 975.000 maravedís que debía de lanzas (122.400 en cada año).
Como las necesidades del Estado apremiaban, por otro decreto del
22 del mismo mes se ordenó embargarle las propiedades; gestión para
la que se comisionó al Corregidor de Murcia el día 27. La difícil pa-
peleta la detuvo momentáneamente abonando 3.000 reales, y otros
40.000 en 1710, cuyas partidas supusieron un montante de 1.462.000
maravedís, pues la deuda se iba engrosando cada día.
La Guerra de Sucesión iniciada en 1702, se dio teóricamente por
fenecida en 13 de julio de 1713 cuando se firmó el Tratado de Utre-
cht, último de una serie de tratados multilaterales entre los países
beligerantes. Para los vecinos de Cotillas empezaba entonces un ver-
dadero calvario. Afortunadamente el nuevo Rey concedió a finales
de dicho año el perdón de lo que se debía a las arcas reales hasta fin
del año 1711. Cuando la noticia llegó a este pueblo, se reunieron los
miembros del Concejo, acordando el 14 de enero de 1714 otorgar el
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correspondiente poder a Pedro Valverde Ortiz, Procurador de los
Tribunales, para que gestionase todo lo referente al citado perdón
concedido por Su Majestad.
Pero las cartas no pintaban bastos por lo tocante a don Cristóbal
Antonio de Bustos, quien en mayo de 1713 se presentaba en Cotillas
para iniciar lo que sería una larga serie de actuaciones contra los ve-
cinos, que duraría prácticamente hasta su muerte. En sus sueños de
grandeza se intitulaba como dueño de tres villas (Cotillas, Casas Blan-
cas y las Torres), cuando en realidad se trataba de una sola jurisdicción;
como antes se había denominado Señor de las villas de Cotillas y Casa
Blanca. Traslada definitivamente su residencia al partido de las Torres
de Fuentes12, abandonando finalmente a su suerte la vieja fortaleza que
se había erguido orgullosa durante siglos en la margen derecha del río
Mula, “con su cerco en forma de Muralla, torreones en las esquinas, y
su foso por de fuera”, como aún se podía contemplar en 1631. Fue en
su nueva casa palacio, donde se reunió el 20 del citado mes de mayo,
con Pedro Castaño, Rosauro Antonio de la Cruz y Pedro Contreras
el menor, vecinos de Cotillas y moradores en el partido de las Torres,
y el escribano Gerónimo de los Reyes Medina, para otorgar su poder
general y amplio, a don Jesualdo Pobeda Baños y Pedrolas, su mayor-
domo, Gobernador y Justicia Mayor de Cotillas, para administrar y
gobernar sus bienes en “Cutillas”, Murcia, Baza, Huéscar, Hellín y
otras partes. Contaba la Villa por entonces con 26 familias, sin contar
eclesiásticos ni pobres de solemnidad (Notas para una geografía de la
población murciana. Fernando Jiménez de Gregorio).
Un año más tarde, el 14 de junio de 1714, el citado Cristóbal de
Bustos proveyó un Auto, ordenando que se celebrase Cabildo abier-
12 Esa fue su denominación desde el primer momento, y así se conoció el lugar durante
muchas décadas. Cuando el 11 de diciembre de 1712 otorgó testamento Sebastiana Na-
varro Navarrete, tercera mujer de Bartolomé de la Fuente, Alcalde ordinario de Cotillas;
se dice que son moradores en las Torres de Fuentes. Y en otros documentos del mismo
año, uno de ellos fechado el 23 de abril, se cita textualmente: “Las Torres que nombran
de Fuentes”.
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to de los Hacendados de dicha Villa, para tratar y conferir sobre la
observancia del restablecimiento del concierto de 1454. Dicho “res-
tablecimiento” aludía a un dudoso documento –pues al parecer solo
fue un borrador que no llegó a otorgarse, ya que no lleva firmas que
lo avalen–, donde se establecían algunas modificaciones sobre las
condiciones impuestas a los vecinos que en 1452 habían llegado a
Cotillas parta repoblarla, tras el saqueo del Rey Chico, efectuado el
último día de diciembre de 1450, que culminó llevándose a Granada
a la mayoría de musulmanes que habitaban el lugar por entonces.
El Cabildo abierto tuvo lugar el día siguiente, leyéndose a los que
concurrieron el susodicho “Restablecimiento”, quienes lo aprobaron
y ofrecieron pagarle al Señor, y contribuirle, con el quinto13 de frutos,
aunque con la protesta que hicieron, de usar de su derecho, siempre
que hallasen instrumentos en contrario. Con motivo de dicha apro-
bación don Cristóbal mandó se cobrase el referido derecho de quinto,
y para ello envió a su Mayordomo con asistencia de Escribano, los
que con efecto cobraron en dicho año de 1714, de algunos vecinos, el
expresado quinto, en distintos parajes de la villa de Cotillas.
La reacción tardaría en llegar, y lo haría por el único medio posi-
ble, la Junta de Hacendados, impulsada por los forasteros que eran
quienes poseían la mayor parte de las tierras del término. La ocasión
la dio el Cabildo abierto que tuvo lugar el seis de febrero de 1715, al
que asisten en total veinte personas, y donde trataron sobre la com-
posición del azud en el río Mula, y de varios trozos de la acequia
(“que hace muchos días que están rotos”), los cuales se harían con
mampostería por ser sitios en los que no se podían hacer vasos nue-
vos. Se hizo constar, que desde hacía 11 ó 12 meses faltaba el agua, y
las pérdidas ascendían a unos 4.000 ducados, teniendo que buscar
el agua para el gasto ordinario en el río Segura, acequia de Alguazas
o en el riacho de Mula; todo a ¼ de legua de las Torres. Para llevar
13 Hasta entonces se estaba pagando, seteno de los cereales y décima de los demás frutos.
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a efecto las medidas propuestas se acordó convocar Junta General
de Hacendados, señalando que la mayoría de ellos vivían en Murcia,
Alcantarilla, Alguazas, Pliego y Molina: 37 heredados vecinos de La
Ñora, 23 en Javalí Nuevo, 3 en la Buz Negra, 5 en la Raya, 3 en la
Puebla de Soto y Barrio del Molino, 36 en Alcantarilla, 6 en Moli-
na, 15 en Alguazas y 2 en Pliego. Todos los cuales quedaron citados
para el día 20 del mismo febrero, a las 10 de la mañana. Efectuado
el Juntamento general, las obras propuestas fueron sacadas a subasta,
por las cuales pujó Bartolomé de la Fuente que presentó una oferta
el dos de julio. Se nombraron Comisarios para analizar las ofertas y
presidir el remate, que estando en Las Torres fue adjudicado el día 29
de julio, a Tomás Galera, en 7.900 reales de vellón.
Dichas reuniones sirvieron para cambiar impresiones sobre lo que
estaba sucediendo en el Señorío, de las cuales sacaron la conclusión
que tuvo efecto el 29 de Agosto del mismo año 1715, cuando dife-
rentes hacendados en dicha villa de Cotillas, acudieron a la Corte
querellándose del referido don Cristóbal, reduciendo su queja a tres
particulares, entre los cuales uno fue la introducción del mismo a
cobrar la quinta parte de frutos. Consecuencia de la querella ob-
tuvieron Real Provisión para que no se cobrase dicha quinta parte,
y sí solo los derechos que estuviesen regulados y en costumbre de
cobrarse, y que si dicho Señor entendía tener razón para hacerlo, la
diese en la Sala. Cuya sentencia fue apelada por don Cristóbal Anto-
nio, como más adelante expondremos, pues ahora queremos señalar
la existencia aún en dicho 1715, de al menos uno de los símbolos que
denotaban señorío. Lo localizamos en el testamento que el 16 de
octubre otorgó Francisco Lorenzo, vecino de Cotillas, en el partido
de Las Torres, quien dice poseer, entre otros bienes, “un bancal en el
Pago del Chorro, que linda por levante con el Camino Real donde
está la horca; por mediodía y norte, con la Vereda del Campo y con
el camino que de Cotillas viene a Las Torres”. La horca, como sím-
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bolo señorial y de jurisdicción propia, la tenemos documentada en
1589, y por partida doble, existiendo una “en el paredón” y la otra “en
el cabo del Río Muerto que alindaba con Molina”; en la primera de
las cuales se habían ejecutado algunas “justicias como era notorio”14.
Seguía existiendo dicho instrumento de justicia a mediados del siglo
xviii, pues en el deslinde de 1755 se dice que entre la Atalaya y Ram-
bla Salada se encuentra el Cabezo de la Horca.
Entre tanto en la Chancillería granadina, una vez vistas las ale-
gaciones del Señor de Cotillas, y las replicas de los heredados en su
término, concluso que fue dicho Juicio Posesorio, la Sala, por su
Auto de 10 de Marzo de 1717, mandó mantener a los heredados en la
posesión en que estaban al tiempo que se había celebrado el Cabildo
por don Cristóbal, sobre la forma de pagar y contribuir los hereda-
dos los terrazgos que le pagaban por las tierras que poseían, y se le
reservó su derecho a dicho Señor, para que en otro juicio pidiese lo
que le conviniese; cuyo Auto se confirmó por otro de 18 de Enero
de 1718, sin embargo de la súplica que interpuso del antecedente el
referido Marqués, con la cualidad de que se observase y guardase la
costumbre que había habido hasta el año de 1714 en la cobranza de
trigo, cebada y demás semillas.
En virtud de la reserva prevenida en dichos Autos, Bustos Carras-
co puso nueva demanda a los heredados de Cotillas, pretendiendo
que a estos se les condenase al pago de la contribución del quin-
to de frutos y demás especies, con arreglo al “Restablecimiento” y
condiciones en él prevenidas; y que se observase todo su contexto.
Por su parte los heredados pretendieron ser absueltos y dados por
libres de dicha demanda, fundándose en la posesión en que se ha-
llaban, y en ser despreciable el “Restablecimiento”, en que estribaba
el derecho de don Cristóbal. El contenido de la Sentencia de Vista
14 Expediente del deslinde de términos entre Alguazas y Cotillas, efectuado en 1589 (Ar-
chivo particular de Luis Lisón Hernández, Caja 3, núm. 8).
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fue absolver y dar por libres de dicha demanda a los heredados, e
imponer perpetuo silencio al citado Bustos. Éste suplicó de ella pre-
tendiendo su reformación, y los heredados su confirmación, en cuya
instancia dieron nueva queja del Señor, por haber solicitado cobrar
la décima del valor de tierras de dicho Heredamiento, que algunos
hacendados vendieron; y se hicieron diversos cotejos y declaraciones
de peritos, de los vicios y defectos del documento denominado “Res-
tablecimiento”. Y la Sentencia de Revista confirmó llanamente la de
Vista. Pero abandonemos momentáneamente esta retahíla de pleitos
y disputas, para dar cuenta de algunos asuntos de la vida cotidiana
y su desarrollo, que son parte muy importante de lo que Miguel de
Unamuno denominó intrahistoria.
Uno de los personajes destacados durante estos años fue Barto-
lomé de la Fuente, vecino de Cotillas y morador en las Torres, hijo
de Juan de la Fuente y de Isabel de Arroyo, vecinos que fueron de
esta villa, aunque naturales de Mojácar y de Perales, respectivamen-
te. Casó cuatro veces: la 1ª con María Castaño, con la que tuvo cinco
hijos; la 2ª con Luisa Contreras, con la que tuvo otros tres hijos; la 3ª
con Sebastiana Navarro, viuda, con la que no tuvo hijos; y la 4ª con
Juana Sánchez, que también era viuda, y con la que engendró otro
hijo, llamado Salvador, de unos seis años de edad en aquella fecha.
Bartolomé de la Fuente falleció el día 18 de diciembre de 1717,
según Auto del alcalde ordinario, que intervino en el acostumbrado
inventario de sus bienes. La muerte lo encontró en plena actividad,
pues unos meses antes (22-iv), cedía a su hijo Juan, ciertas tierras en
Cotillas, que había heredado de su tío Bartolomé de la Fuente, el
cual las había adquirido a censo de doña Isabel Navarro, por escri-
tura en Murcia el 12 de septiembre de 1641. De suma importancia es
la aclaración contenida en el instrumento notarial, pues señala que
parte de ellas las tiene usurpadas el Señor de Cotillas. Y mes y me-
dio antes de su muerte (1-xi), Bartolomé y Félix de la Fuente, dieron
69
poder en Murcia a procuradores de dicha ciudad y de Granada, para
todos sus pleitos. Pleito que siguió su hijo Juan de la Fuente, contra
el referido Bustos, sobre que le restituyese ciertas tierras de que ha-
bía despojado a Bartolomé de la Fuente, su padre, y que habiéndole
mandado la Justicia de Murcia que las restituyese, lo que se declaró
como sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada dicho Auto de
restitución, y por desierta la apelación que de él intentó dicho Señor;
tuvo efecto la restitución de las tierras en 1720, otorgándose escritura
sobre el pago de los frutos, que también se comprendieron en la con-
denación y restitución. Era uno más de los muchos casos similares
que estaban produciéndose.
Como curiosidad para los tiempos actuales, pero que por entonces
era una cosa frecuente, en el inventario realizado el 24 de mayo de
1717, de los bienes de Rodrigo Cascales, se cita un bancal en el Pago
de la Gullena, “jurisdicción de Cotillas, que antes era de la de Moli-
na”15. Estos casos se producían en ocasiones de grandes avenidas del
río Segura, que tras varios días de estar inundadas las tierras por la
gran crecida, al retirarse las aguas el cauce fluvial quedaba por lugar
distinto. En una de dichas riadas, gran parte del término de Algua-
zas quedó definitivamente en el de Molina, lo que narran diversos
documentos, y aún es posible comprobar por medio de fotografías
aéreas, donde aparece nítidamente el discurrir del antiguo cauce.
Cauce que solo se podía cruzar por vados señalados, pues no exis-
tían puentes en las cercanías, tan solo algunas barcas, aunque reales
provisiones obligaban a los vecinos a contribuir a las obras del río y
puente en la capital. Una de 1717 dispuso un reparto al efecto, co-
rrespondiendo a Alguazas por sus 61 vecinos, contribuir con 27.511
maravedís (a razón de 16 reales y 19 maravedís); Ceutí, 12 vecinos
15 Información que se reitera el 15 de marzo de 1721: “En el Pago que dicen de la Gullena,
jurisdicción de dicha villa de Cotillas, que antes era de la de Molina según parece de
documentos antiguos, la sexta parte de tierra de Soto, que se compone de 6 tahúllas
poco más o menos, y linda por levante con el río Segura”.
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(5.412 maravedís); Cotillas, 38 vecinos –en el reparto dice 35– (15.785);
Archena tenía 18 vecinos y Lorquí 30.
Entre las aventuras y desventuras que sufrían los vecinos de Coti-
llas por estos años, es singular la de Juan Contreras, que por el año
1713 un mal día salió hacia el Reino de Valencia, y otras partes, con
unos pagarés a su favor, a cobrar diversas cantidades que le debían.
Pasó el tiempo y nuestro personaje no daba señales de vida, dejando
en el pueblo a su familia consternada y llena de problemas de todo
tipo. Su esposa, Ginesa de Almagro, pasó muchas dificultades para
sacar adelante a la familia, e “incluso a tenido que salir pidiendo
por los caminos, siendo cosa tan deshonesta”. Tres años después, la
desconsolada mujer recibe una carta fechada en Almadén el 17 de
noviembre de 1716, dirigida por Juan a su hija (así denomina a su
esposa) Ginesa Almagro, dando cuenta de que han estado sin noti-
cias suyas durante varios años, debido a su mala fortuna, pues fue
preso en la Inojosa de Córdoba durante dos años y medio, y luego lo
enviaron a cumplir pena de diez años en las minas del azogue, donde
se encuentra. Cita a varias personas que le deben diversas sumas en
pueblos del reino de Valencia, y pide que vea de cobrarlas y le envíen
alguna ropa (que detalla). También que se vea si por medio de don
Cristóbal de Bustos o de su Gobernador, pueden hacer gestiones
sobre su situación, indicando la persona a la que deben dirigirse. El
23 de octubre de 1718 Juan seguía en Almadén, lugar terrible donde
fallecían muchos de los condenados a trabajar en las minas de mer-
curio, y Ginesa contaba entre todas sus vicisitudes, que aunque había
enviado gente a cobrar dichas deudas, se habían negado a pagarlas, y
que para solventar sus problemas se veía necesitada a vender algunos
bienes, enajenando ahora 14 tahúllas de tierras.
La mortandad y enfermedades intermitentes que diezmaban las
poblaciones de la comarca, afectaba principalmente a Cotillas, pues
siendo el único pueblo de la comarca que no cultivaba arroz (pues no
71
disponía de agua para ello), sufría las consecuencias como los demás.
En 1703 demandaron a los vecinos de Alguazas, consiguiendo una
Real Provisión de la Chancillería para que estos no sembrasen ni
echasen arroz a manta en el Pago de Beniabuena y Barranco, con la
que fueron requeridas sus autoridades. Las cuales, el 24 de mayo de
aquel año dieron16 poder para defenderse en Granada de la demanda
y pleito, a un procurador de aquella ciudad. La continuidad de dicho
cultivo es clara prueba del fracaso final de los demandantes, pero se
iba creando un clima favorable, como pone de manifiesto el hecho
de que cuando en mayo de 1712 el Convento de San Agustín, con
licencia superior, dio en arrendamiento a Pedro Contreras el mayor
en días, vecino de Cotillas, una heredad de tierra de riego, parte
corriente y panificable, y parte infructífera, llena de anea y malas
hierbas en el sitio que llaman El Soto, jurisdicción de Alguazas, que
nadie quería arrendar si no era de por vida; el convento se compro-
metió a que no se sembrasen arroces en los Pagos de Beniabuena y
Nuevo, pues las aguas caían a dichas tierras.
Por fin, la contemplación de tanta desgracia, movió a los vecinos
y autoridades, civiles y eclesiásticas, a solicitar del monarca la prohi-
bición del cultivo del arroz, de acuerdo con una reunión mantenida
en Alguazas el 24 de marzo de 1719 con la asistencia de los concejos
de Alguazas y Cotillas, y los párrocos de Molina, Ceutí, Archena y
Alguazas. Asistieron por Cotillas José Lorenzo, Alcalde ordinario, y
los regidores Miguel Martínez y Juan Hernández. Varios fragmentos
del acta recogen datos muy importantes sobre Cotillas, a la que asig-
nan una población de 24 a 25 vecinos: “… y aunque en la referida de
Cutyllas jamás sus abitadores han sembrado semejante semilla, no por
16 El poder lo otorgaron Mateo Sánchez y Pedro de las Huertas, alcaldes ordinarios, Igna-
cio Gómez y Juan Peñalver Valcárcel, regidores, como concejo; Esteban de Guzmán, el
mayor, como administrador de las haciendas de don Luis Panés, Regidor de la ciudad
de Cartagena, Vicente Ramón, que lo era de los bienes de la fábrica parroquial y here-
deros de la huerta de esta villa, y Esteban de Guzmán, el menor, por sí y en nombre del
Común.
72
ello han dejado de rezivir menos daño, pues les ha precisado a mudar de
población al partido, que llaman de las Torres, de su jurisdición, distante
un quarto de legua con poca diferencia; aviendo executado lo mismo el
Señor de dicha Villa, dexando perder su Palacio antiguo, y fabricado otro
en dichas Torres para abitación, teniendo todos el trabajo de venir tan
dilatados los días de precepto a oír misa y la palabra de Dios a la antigua
Yglesia, por no aver podido conseguir fabricar otra de nuebo”. La Real
Provisión accediendo a lo que se pedía, fue firmada por Felipe v en
Madrid a cuatro de diciembre de 1720, y desde entonces, la población
de aquellas villas no dejó de aumentar durante todo el siglo xviii.
El enfrentamiento de los heredados con el propietario del señorío
queda palpable no solo en los pleitos que mantuvieron ambas par-
tes, sino en el abandono que los vecinos tuvieron por parte de don
Cristóbal en asuntos que a la postre también eran beneficiosos para
él. Para las obras de reparación de la acequia principal, ejecutadas
en 1715, algunos vecinos firmaron como avalistas para responder de
los gastos, y entre ellos Alonso Lorenzo, morador en Las Torres, a
quien el Señor “socorrió” con dinero, trigo, centeno y otros efectos,
para ayuda a la obra de la acequia y minas; por lo cual le apremiaba
con amenazas de embargo para que le abonase el importe económi-
co. Viendo que perdía todo lo que tenía, recurrió a Ginés Hurtado,
vecino de Alguazas, quien satisfizo por él los 695 reales de la deuda,
obligándose a su vez con Ginés a que le pagaría la cantidad en dos
plazos, fechados en 24 de julio y 25 de diciembre de 1721, siendo
testigos de la obligación Juan Peñalver, Miguel Martínez, Alcalde
ordinario y don Juan Tomás de Jumilla. Este último suponemos que
era hermano de don Félix Tomás de Jumilla, Gobernador y Justicia
Mayor de la Villa por entonces17.
Un nuevo frente de litigios se abrió en el invernadero de 1720 por la
cuestión de los pastos, según se refiere en dos memoriales presentados
73
en el cabildo que el Ayuntamiento de Murcia celebró el 25 de enero
de 1721. Uno de ellos del Regidor Decano y Conde del Valle San Juan,
exponiendo, que como ganadero criador tiene sus ganados en el mi-
llar que llaman de la Zarza, el cual linda con Cutillas; por cuya razón
había entrado en esta jurisdicción, y se le denunció por el Señor que
dice ser de ella. Y que buscando entre los papeles de la Escribanía del
Ayuntamiento, ha encontrado la sentencia de 1630 (1631) contra Juan
Pérez Calvillo. Y que para beneficio de todos los vecinos, pide se pu-
blique dicha ejecutoria, y se visiten los mojones de ambos términos.
El otro, de don Cristóbal Antonio de Bustos Carrasco y Balboa
Calvillo y Carrillo, en el que dice a la ciudad que no tome parte en
esto, pues está litigándose en el Real Consejo de Castilla, en virtud
de la competencia de jurisdicción de la villa de Cotillas, con el Santo
Tribunal de la Inquisición de este Reino, por denuncia hecha a los
ganados de dicho señor Conde. Agrega, que de siempre ha tenido
dominio, y que la sentencia de 1631 no tuvo efecto; y se debió a ser
menor de edad el entonces Señor de Cotillas18, y estar a cargo de
curadores que no velaron por sus intereses.
La resolución del concejo capitalino, adoptada el 11 de febrero si-
guiente, de acuerdo con el informe de sus letrados, fue que se visi-
tasen los mojones y se hiciese pública de nuevo la ejecutoria de 1631,
para que llegase a conocimiento de todos. Lo cual, aunque se hizo,
dio pocos resultados, pues el 15 de julio del mismo año vieron un me-
morial de Francisco Pérez, Salvador Guill, y consortes, vecinos de la
ciudad y moradores en los lugares de Javalí, Ñora y Maciascoque, di-
ciendo, “que bajo la buena fe de la Real Ejecutoria nuevamente publi-
cada a favor de los vecinos, para el pasto común con la villa de Cutillas,
de yerba y monte, pasaron a dicho término el día 10 del corriente mes a
rozar romero y atocha; y se les denunció por la Justicia de ella, y les lleva-
ron 25 bagajes menores cargados de monte, y después de habérselos hecho
74
descargar, los condenó el Señor don Cristóbal de Bustos, en seis reales
por cada bagaje, obligándoles a dejar con prendas aseguradas su paga; y
apercibiéndoles que si los aprehendía otra vez, los castigaría con mayor
rigor”. Esta vez Murcia decidió llevar el asunto a la Real Chancillería,
quien les confirmó en su derecho, según se hace constar en el acta
del cabildo celebrado el 20 de diciembre, donde se dio cuenta de ha-
ber ganado ejecutoria en Granada, sobre pasto común con Cotillas,
en la que se manda restituir las prendas que se sacaron.
Recurrió don Cristóbal de Bustos, ante la Justicia de Murcia, ale-
gando que los vecinos de ésta no debían pastar en el término de Coti-
llas; para lo que presentó diferentes testimonios, dados por algunos es-
cribanos y notarios, de lo que se estilaba en la villa de Alguazas, y otras
circunvecinas; en que certifican, venderse las yerbas de dichos lugares
en diferentes tiempos, prohibiéndose en ellos entrar a forasteros. A lo
que la Real Chancillería respondió con un Auto definitivo, dado en
Granada a 10 de agosto de 1723, por el que se manda guardar y ejecutar
la Real Carta Ejecutoria y la Real Provisión de 1721, en el pleito sobre
yerbas entre el Señor de Cotillas y la ciudad de Murcia. Se manda en
dicho Auto, que “… no impidiesse, ni embarazasse el dicho Don Cris-
tóbal a la Ciudad, y sus vezinos el que pastasen con sus ganados, rozasse,
y cortasen leña libremente en los Términos de dicha Villa de Cotillas, ni
sobre ello les pusiesse impedimento, ni embarazo alguno, y no vendiesse, ni
arrendasse porción alguna de dichos pastos, en perjuizio de la comunidad,
que la dicha Ciudad tenía en ellos, baxo de las penas contenidas en dicha
Executoria, y Provisión, y sentencias, y le reservó su derecho a salvo, para
que sobre la nueva pretensión deducida, use de él en otro juicio.”
La realidad es que el Señorío seguía vendiendo las yerbas, pues así lo
pone de manifiesto cierta certificación del Contador por Su Majestad
de la intervención y Superintendencia General de Rentas Reales y Ser-
vicios de Millones, de Murcia, en que refrenda, que a don Cristóbal,
dueño de las Villas de Cotillas y Casas Blancas, se le hizo cargo por el
75
Real valimiento de las yerbas, que tienen dichas Villas, y que en cuenta
de lo adeudado hasta fin del año de 1723 había pagado diferentes can-
tidades. Y era así porque Bustos había apelado el Auto de 10-viii-1723;
pero aquel fue confirmado por otro de 20 de diciembre de 1724.
Tan solo necesitó don Cristóbal unos meses para reponerse del nue-
vo revés, pues el 10 de octubre de 1725, usando de la reserva que le
concedió el Auto de 10-viii-1723, puso nueva demanda, pidiendo se
declarase, que como dueño de dicha Villa no estaba obligado a comu-
nicar los pastos y aprovechamientos de su término a dicha Ciudad y
sus vecinos, y que le tocaban privativamente, y como tales los podía
guardar, y usar de ellos a su arbitrio, no obstante lo contenido en el pri-
vilegio de Alfonso x; y que aunque a lo manifestado por él no hubiese
lugar, si Murcia y sus vecinos usaban del pasto común de dicha villa,
en la misma conformidad el pasto del término de Murcia se declare
por común. Para lo que se apoyó en diversas mercedes, fundación del
Mayorazgo, y otros instrumentos sacados de un arca que había en casa
del Alcalde ordinario de Cotillas. A lo que Murcia, y don Cristóbal,
alegaron varias cosas, y presentaron diversos testimonios y testigos.
76
responderían con sus propios bienes habidos y por haber, se obligaron
con Pedro Contreras a que le pagarían 630 reales de vellón, por un
préstamo que les había hecho para pagar las rentas provinciales.
Entre esas pocas competencias, que en realidad solo se trataba de
obligaciones, estaba la realización del periódico registro de caballe-
rías, en que habían quedado los antiguos alardes de personas, caba-
llos y armas. De dichos registros poseemos abundante documenta-
ción, pues durante nuestras investigaciones solíamos anotarlos, por
figurar en ellos además de tales animales, los miembros concejiles,
escribanos y otras autoridades.
En el efectuado en nueve de abril de 1726 por Rosauro Antonio
de la Cruz y Tomás Contreras, alcaldes ordinarios; manifiestan am-
bos que tienen hecho el registro de yeguas, caballos, potros y potras,
pero que por no estar autorizado por fe de escribano, no lo han que-
rido remitir a Murcia, y por ello han llamado a José Avilés Saavedra.
Registraron yeguas, Juan de la Fuente mayor, Julián de Oliva menor,
Cayetano Contreras, Miguel Martínez (2), Tomás Rosel (2), Bar-
tolomé Carrillo, Ginés Hurtado, Juan de la Fuente menor, Julián
de Oliva mayor, Cristóbal de Aguilera (3), Roque Hernández y don
Pedro Ibáñez, Gobernador de la Villa19, la cual es de siete cuartas,
edad cerrada, pelo castaño, con los pies y mano derecho blanco, y
un rosetón blanco; y caballos, tan solo Juan Melgares. Como curio-
sidad del acta señalaremos que firmaron ambos alcaldes, cosa poco
habitual, y además lo hicieron con buena letra.
Otra curiosidad es que el mismo Concejo se reunía el 18 de sep-
tiembre del citado año en la vecina localidad de Alguazas, donde
hicieron constar que en dicha villa de Cotillas no había dehesas ni
pastos, los cuales eran comunes de la ciudad de Murcia, y que la Vi-
lla de Cotillas no tenía acción ni jurisdicción. También, “que aquella
19 Seguía en dicho cargo el 21 de junio de 1727 y estaba casado con doña María López. A
ambos se les denomina en una partida de bautismo como “Gobernadores de Cotillas”.
77
Villa no tiene ni hay Escribanía, Archivo20, ni papeles algunos, pues
como nunca ha residido en ella escribano, no tiene papeles de las
dependencias que han ocurrido, porque todas las que se han actuado
y ofrecido, los escribanos que han asistido a ellas se las han apro-
piado y llevado a sus casas”. No hay antecedentes de nada. En otro
documento de 1727 se hace constar que la Villa no tiene territorio
para dehesa ni pastos, y que tampoco hay abrevaderos. El siguiente
cuadro nos muestra los registros efectuados en varios años:
78
La redacción de las actas del Concejo corrían a cargo del escribano,
quien recibía el nombramiento del propio Señor de la Villa; y por ello,
en ocasiones, no era de fiar tratar cosas ante él que luego pudiesen lle-
gar a manos u oídas de don Cristóbal. Tensa situación que culminó el
17 de marzo de 1727 con la demanda puesta por los vecinos contra él
en la Chancillería de Granada, a causa de la intromisión e incautación
de sus propiedades, inicio de un pleito que tardaría bastantes años en
sustanciarse y que tuvo diversas alternativas durante su proceso.
En este contexto, y cuando apenas hacía trece años que se había
invertido grandes sumas en la reconstrucción de la presa, acequia y
minas, una gran tormenta de granizo, viento y agua, ocurrida el día
23 de agosto de 1728, arruinó todas las cosechas de uva y panizo de Al-
guazas y Cotillas. La avenida del río Mula rompió la presa de Cotillas,
devastó la acequia, cegó parte de las minas y ambos ríos se llevaron
las cosechas de panizo de los sotos. De nuevo los más negros presagios
se cernían sobre los vecinos, imposibilitados para tomar decisiones de
tan elevado coste, y cuyas soluciones tardarían años en llegar.
En el último año de la década que estamos tratando se requirió
por la monarquía el alistamiento de una nueva quinta, correspon-
diendo al Reino de Murcia aportar 155 reclutas, cuya distribución se
haría entre todas las villas y ciudades, proporcionalmente al número
de vecinos que habitaban en ellas. A la vecina Molina, que por en-
tonces contaba con 150 familias, le correspondió entregar un soldado,
en tanto que a las demás comarcanas, mucho menos pobladas, tu-
vieron que efectuar un sorteo entre Espinardo (40 vecinos), Alguazas
(50), Cotillas (30), Ceutí (30) y Lorquí (30), para ver a quien le tocaba
entregar otro recluta. El sorteo se realizó en la primera de ellas, don-
de habían concurrido sus justicias y párrocos25, y toco la “suerte” al
mozo Alonso Martínez Paños, de Alguazas. Pero una vez conducido
25 Los párrocos acudían con los libros de bautismo, único documento por entonces que
podía dar fe de la fi liación y edad de cada uno.
79
a Murcia, el dos de febrero de 1731 fue excluido por corto de talla. El
Superintendente mandó entonces a Alguazas que sortease otro entre
sus vecinos, de lo que ella protestó; disponiendo entonces dicha au-
toridad que mientras se resolvía la alegación se hiciese nuevo sorteo
entre las cinco villas en el mismo lugar que el anterior, el día 17 del
mismo febrero. Acto al que concurrieron solo Espinardo, Alguazas,
Cotillas y Ceutí, no haciéndolo la justicia de Lorquí, por alegar estar
enfermos y no haber en dicha villa mozos de dos varas de altura;
saliendo elegido Francisco Mateo, de Cotillas. Era escribano por en-
tonces, desde finales de 1730, Antonio Alcalá Plaza, cuyo empleo
ejercía asimismo en Alguazas.
Durante el verano de 1732, como los calores estivales avivasen la
sequía que se venía padeciendo desde hacía cuatro años, pensó el Se-
ñor de Cotillas, que tal vez tendría suerte desempolvando los viejos
papeles que hablaban del paso de las aguas del río Segura, a través de
la acequia de Alguazas, hasta las tierras de su Villa. Y con traslado de
los mismos se presentó ante el Heredamiento de Alguazas pidiendo
lo que le convenía; de cuya petición desconocemos los términos en
que se redactó, ni las condiciones que ofrecía a cambio de la conce-
sión, por haber desaparecido las actas de dicho Heredamiento co-
rrespondientes a aquel periodo. Lo cierto es que en el Juntamento
General donde se trató dicha propuesta, celebrado en Alguazas el
17 de octubre de 1732, accedieron estos a lo solicitado, constando en
dicho acuerdo “que se uniere a dicha Acta de Juntamento copia de
los documentos presentados por el Señor de Cotillas en apoyo de
su derecho, y copia del Juntamento que en virtud de éste, tomare el
heredamiento de Cotillas”. Prueba concluyente de que algo habría
ofrecido don Cristóbal, pues quedaba pendiente el acuerdo de que el
Juntamento a celebrar Cotillas ratificase lo pactado.
Sabemos por algunos documentos, que habrían de efectuarse di-
versas obras en la acequia de Alguazas, como asimismo en la presa y
80
azud de la misma, situada en término de Archena. Obras que se co-
menzaron a realizar, en cuyo punto llegó la noticia al Ayuntamiento
de Murcia, según recoge el libro capitular, en la sesión correspon-
diente al dos de diciembre:
81
A uña de caballo salieron emisarios para Madrid y Granada, a tra-
tar de conseguir la anulación de aquel proyecto, lo que se consiguió
en poco tiempo, pues el 14 de enero de 1733 la Real Chancillería de
Granada expidió una Real Provisión por la que se mandó a Alguazas
y Cotillas acatasen lo que se mandaba en ella, a petición de la Ciu-
dad de Murcia; so pena de 10.000 maravedís.
Una vez dicho documento en Murcia, se envió a Alguazas para
requerir al Concejo. Cuyo requerimiento tuvo lugar el 26 de ene-
ro, estando presentes los alcaldes Juan Perea y Juan Peñalver, y los
regidores don José Sánchez Córcoles y José Verdú; los cuales, cogie-
ron la Real Provisión, la besaron y pusieron sobre sus cabezas con
el acatamiento debido, y ante Antonio Alcalá Plaza, escribano de
su Ayuntamiento, dijeron que la aceptaban y “que las diligencias y
demás, que se habían practicado en esta villa, sobre el paso del agua
que pretende la de Cotillas y su Heredamiento por la huerta de ésta,
y su vaso, para el riego de aquella huerta, que se contiene en aquella
Real Provisión, ha sido en virtud de requisitoria despachada por la
Real Justicia de la Villa de Cotillas a ésta, y de instrumentos que
exhibió, de su pertenencia que le competía, de tiempo inmemorial a
esta parte. Y en que había estado en posesión; que se entendiese di-
cha Real Provisión, con la dicha Villa de Cotillas y su heredamiento”.
Pasaron entonces los comisionados por Murcia, a la citada localidad
de Cotillas, y por más diligencias que practicaron no lograron en-
contrar a nadie del Concejo a quien poder requerir26. No poseemos
más noticias sobre el tema, referidas a estos años, pero es evidente
que aquella acción quedó paralizada.
No era éste el único frente que tenía abierto el señor Bustos Ca-
rrasco con el Ayuntamiento de la capital, pues simultáneamente lle-
26 En las cuentas presentadas al Concejo de Murcia por su Procurador en Granada, don
Pedro Ignacio Menguijosa, hay un mote que dice: “Despaché [en 14-i-1733] dos Provi-
siones, la una para que los concejos de las villas de Alguazas y Cotillas cesasen en la obra
de las aguas y no consintiesen se hiciese dha. obra”…
82
vaba otros que se arrastraban desde hacía varios años, uno de los
cuales era el relativo al aprovechamiento común de los pastos en la
jurisdicción y término de Cotillas. Las actas capitulares y otros do-
cumentos del concejo de Murcia nos permiten aproximarnos a todo
el proceso seguido, según vamos refiriendo. En primero de agosto de
1733, en vista de lo manifestado por don Cristóbal de Lisón, Regidor,
Procurador General de la ciudad, “de que para el pleito que en su
nombre está siguiendo con el Señor de Cotillas, sobre pasto común
de las yerbas de dicha Villa, que está para sentenciarse; se hace preci-
so facilitar algunos medios para los gastos que se ofreciesen”; acordó
la ciudad se despache libramiento de Propios y sobre su Depositario,
de 48 pesos de a 8 de plata cada uno, a favor de don Pedro Fajardo,
Mayordomo, para que lo distribuya en el referido fin con órdenes de
dicho Señor.
Efectivamente, tal y como se presumía, se pronunció sentencia en
11 del mismo mes de agosto, disponiendo que ambos términos tuvie-
sen comunidad de yerbas, y que don Cristóbal pudiese, como Mur-
cia, vender sus yerbas desde San Miguel de septiembre hasta Nuestra
Señora de marzo. De ella apeló don Cristóbal Antonio de Bustos
Carrillo y Calvillo, Sr. de Cotillas, por no querer comunión de yerbas,
consiguiendo el 26 de septiembre una Real Provisión dada en Gra-
nada, para que se remitiesen a dicha Chancillería los autos originales.
Dos semanas más tarde acordó la Ciudad escribir a su Procurador en
Granada, para que siguiese el pleito, y el envío de otros 1.000 reales
al citado Pedro Ignacio Menguijosa, para los gastos de éste y los otros
pleitos que se seguían con el Señor de Cotillas. Pero se confirmó la
sentencia anterior, por Auto de 7 de diciembre de 1737, del que nue-
vamente apeló Bustos Carrasco, y por Sentencia de Revista, dada en
Granada el 28 de julio de 1739, se confirmó todo. Pero no acabó aquí
la cuestión, pues don Cristóbal era un hueso muy duro de roer, como
bien sabían y experimentaban los heredados en la Villa.
83
Pleito sobre hierbas entre el Concejo y el Marqués, 1739.
84
inmemorial de contribuir solamente con la séptima parte de unos
frutos, y con la décima de otros; como por los vicios, defectos, y repa-
ros, que contuvo dicho Restablecimiento, de hallarse con enmiendas,
restaduras, raspaduras, y haberse escrito sobre ellas, y sin encontrarse
el documento firmado de los otorgantes, ni testigos; y también “por
no haberse hallado por tal Escribano, ni Notario en la Ciudad de
Murcia, a Juan Alfonso de Jaén, ante quien sonaba otorgado dicho
Restablecimiento, sobre cuyo asunto se hicieron varios cotejos de pe-
ritos nombrados por unas, y otras partes, que así lo declararon”.
Pero si una puerta se cerraba, abría otra. En 16 de febrero siguiente
puso nueva demanda a los heredados de Cotillas, sobre que exhibie-
sen los títulos de las tierras que en el término de ella poseían, pre-
textando pertenecerles a su mayorazgo, fundándose en el privilegio
y fundación del rey Alfonso xi del año de 1318, concedido a Pedro
Martínez Calvillo. Y los heredados se defendieron, fundándose en
su posesión inmemorial, y en las sentencias de vista y revista, cuyos
dictámenes fueron absolver y dar por libres a dichos heredados de la
mencionada demanda, y reservar su derecho a don Cristóbal para
que usase de él como le conviniese, cuya Sentencia de Revista fue
proclamada en 22 de enero de 1738.
Tanto ajetreo como llevaba, tantos pleitos en diferentes frentes,
pusieron en peligro la vida del ya Marqués de Corvera consorte,
quien en su enfermedad sintió la necesidad de otorgar testamento,
en el que se demuestran claramente que sobre su conciencia gravi-
taban pesadas cargas. Fue en trece de diciembre de 1734, y en él se
confiesa “el más miserable pecador de los nacidos, estando enfermo en
cama de aczidente”; manda que una vez fallecido “desnudo en carnes,
solo con unos calzoncillos de lienzo blanco, descalzo de pies y pierna, sea
cubierto con el hávito y cordón del señor San Diego, franciscanos descal-
zos, sin que se me quite la barba, puesto en una caja rasa de una tabla
haziéndola a la forma de difunto, sin forro ninguno, y para seguridad
85
del cuerpo se le ponga una tabla de un palmo de alto en contorno, y por
cabezera unos dos o tres ladrillos los que sean suficientes para mantener
la cabeza; y que a dicha caja se le pongan a trechos quatro barrotes de
madera, de conformidad que le lleven ocho ziegos, a los que, a cada uno,
se le de quatro reales de plata” […] y si hay algún inconveniente en la
forma de la caja, desea que sea en la de los pobres de la Parroquia, y
no otra [...] y lo depositen en el suelo del oratorio de su casa, con solo
cuatro velas, y que esto “no lo barien en cosa ni zircunstancia alguna,
pues de lo contrario zito así a mis herederos como a otras quales quier
personal, para ante el Tribunal de Dios Nuestro Señor” [...] y pide al
Prior y toda la comunidad del convento de San Diego permitan sea
enterrado en un rinconcito de la bóveda y entierro de la comunidad
de dicho convento, sito extramuros de la ciudad de Murcia, y si no
aceptan, que sea donde disponga doña Ana María Molina, “mi mu-
jer”. Y al entierro solo asistan el Cura, sacristán y la cruz baja de la
parroquia de San Miguel, “de donde soy feligrés”.
Dispone, entre las misas que encarga, que su administrador en
Baza, mande decir cierto número ante la Virgen de la Piedad; que
no recuerda le deba nada a nadie; que está casado con doña Ana
María Molina Ladrón de Guevara, Junterón y Zambrana, Marquesa
de Corvera; con la que ha tenido por hijos legítimos y de legítimo
matrimonio, a don Pedro José María; don Cristóbal Antonio María;
y don Rafael Antonio María de Bustos y Molina; que éste es de edad
de siete años, y los otros dos mayores de 12 años; y a doña María de
la Piedad y a doña Antonia de Padua, mayores de 12 años; a doña
Ana Dionisia de Bustos y Molina, de 10 años. Además, añade, su
mujer está en sospechas de embarazo. Nombró a su mujer por madre
tutora y curadora de todos sus hijos y deja constancia, para que en
todo tiempo se sepa, que los bienes que tiene no son suficientes para
reintegrar a su esposa de los que aportó y trajo al matrimonio. Entre
las diversas mandas deja a su hijo mayor, la escopeta larga dorada
86
que tiene. Finalmente anotamos que nombró por sus albaceas a su
suegra doña Francisca Ladrón de Guevara, Marquesa de Corvera, a
su mujer y a sus hijos don Pedro y don Cristóbal; dejando por here-
deros de los bienes que poseía a todos sus hijos. Pero nuestro perso-
naje no falleció por entonces, pues aún vivió muchos años, y litigó
numerosos y ruidosos pleitos.
La Sentencia de Revista que fue publicada en Granada en 22 de
enero de 1738 reservaba a don Cristóbal su derecho para que usase
de él como le conviniese, y no tardó en aplicarlo. Tan solo cinco días
habían transcurrido, cuando el Marqués puso demanda en la Corte
a los heredados de Cotillas y Alguazas, sobre la reivindicación de
las tierras de uno y otro Heredamiento, fundándose para ello en el
Privilegio de Fundación del año de 1318. Expresando en ella, perte-
necerle a su Mayorazgo, con la Jurisdicción de dicha Villa, yerbas y
demás de que se hace mención en dicho Privilegio, y que por haberse
poblado la expresada Villa después de la fundación, los heredados no
habían tenido más derecho que el que los poseedores del mayorazgo
les habían concedido; y va refiriendo en dicha demanda los pleitos y
determinaciones antecedentes, y hallarse despojado de dichas tierras.
Concluyó, pidiendo se condenase a los referidos a la restitución a su
persona de las contenidas en el término “de la Alguaza de Cotillas y
Benahandin”, con los frutos y rentas.
87
Calvillo. No le hicieron mucho caso los alguaceños, pero él persistió
y obtuvo segunda Ejecutoria, y una tercera de 23 de septiembre de
1739. El Concejo de Alguazas, por Auto de 17 de noviembre de 1739
contestó, que pese a que Alguazas no era de dicho mayorazgo, que
se comunicase a los vecinos y heredados en ella. La vecina villa si-
tuada al otro lado del Riacho no quiso entrar en un largo y dilatado
pleito en la Real Chancillería de Granada, que le hubiese ocasionado
cuantiosos gastos, y reclamó la ayuda del Cabildo de la Iglesia de
Cartagena. Fruto de ello, es la entrada de tan potente institución en
el litigio, a cuyo propósito redactó y envió a su Procurador en Gra-
nada el siguiente manifiesto –que insertamos íntegro pues no tiene
desperdicio–, dando instrucciones a su apoderado para contradecir
la pretensión del Marqués de Corvera:
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en tiempo de el S.or Felipe Segundo, que obtubo brebe de Gregorio
Dezimoterzio p.ª desmenbrar de las Yglesias las Villas, desmenbro
la de Alguazas incorporandola en la Corona Real, y su heredam.
to
q.e estaba panificado p.r barios poseedores con los inmemorables
títulos que tendrían no an estado sujetos nunca jamas a S.or ni a
maiorazgo.= Dio Felipe Segundo al cauildo el trueque sobre las
alcabalas de Murzia en lugar de la Villa de Alguazas, quedando
reserbado p.ª el cauildo el heredamiento de Desas (sic, por dehesas),
Yerbas y Molino de Arina; consta de carta de priuilejio de 6 de sep.e
de 1586.= El mismo Phelipe Segundo bendio a Juan María Corbarí
la villa de las Alguazas, y este la bendio a D.n Alonso de Tenza
Pacheco, la Villa se eximio y se tanteo en precio de cinco quentos
setez.s mill quatrozientos ochenta y nuebe mar.s y se obligó a pagar
a plazos a dicho D.n Alonso Tenza=
El mismo Rey Phelipe Segundo conzedio facultad a los vecinos
de Alguazas p.ª repartir, echar p.r sisa, arrendar y bender quales
quiera bienes y derechos della. La fecha de la facultad en San Lo-
renzo a 11 de junio 1590, [y] en virtud de ella tomaron a zenso de
el Marqués de Villa franca, Belez, Duque de Montalto, y Fernan-
dina etc. el total de la cantidad, que pasa de 15000 Ducados, y fue
finca de el zenso no solo la oja verde de los heredam.tos, la tierra, las
piedras y quanto se contiene en el termino dentro de la Jurisdiz.on
de Alguazas, sino es tambien fue finca de el zenso la carne y sangre
de los moradores, vecinos, viudas, menores, clerigos, e Ydalgos, la
Jurisdiz.on, la Villa, los propios, los oficios los pechos futuros y posi-
bles, de forma que todo estaba literal en la Real facultad, y así esta
la obligaz.on de el zenso, expresamente he ipotecada a las taullas
de las que cobra el Duque sus pensiones, y mas es su Excelenzia
heredado particular en mas de 200 thau.s=
Despues de estar la Villa exhimida, sus vecinos y sus haciendas
median fundaziones de maiorazgos quantiosos, patronazgos, cape-
89
llanías, combentos, y fabrica de Iglesia todo con el cargo de el zenso
a el Duque, p.r lo adbierto al quitar.= Consta en 31 de octub.e de
1590 haberse echo en Alguazas Cauildo abierto sin dejar de entrar
en el siquiera vn vezino ni heredado, cuio Cauildo presidio Fer-
nando Diaz de Aguilar con comisión de el Rey, y dio posesión de
la Jurisdiz.on y de todo lo que se contiene en los límites de Alguazas
exepto las Yervas y Molino, con que se quedó el obispo, a cuio acto
asistio como testigo y p.r tal el S.or de Cotillas q.e era D.on Juan
Calbillo y otros de la misma Villa de Cotillas p.r q.e no podían serlo
ningún vecino de Alguazas.= Es la diuisión de ambas Jurisdiz.s y
heredam.tos el Riacho de Mula, q.e es mas Ancho q.e Jenil27, su caja
como de sierra o raiguero, peña cortada de la altura de mas de diez
baras, y p.r partes veinte de ondo, sus caudales habituales cortos,
pero en llubias ynundan el rio y ciudad de Murcia en quien entra
alli, dividiendo las Jurisdiz.s de Alguazas y Cotillas es lindero de
asta el dia de el Juizio que a estado ynmutable desde el arca de
Noe.= Por enzima de este Rio pasaba vna canal p.ª regar tierras
de Cotillas y como la azequia de Alguazas es propia de los hered.s
de Alguazas, sobre cuio dominio median treinta o quarenta Reales
Ejecutorias de esa Corte, q.e litiguio el obispo y cauildo contra los
S.res de Zeuti, Villa de mas arriba. Las que emos sobre cartado
despues quando emos subzedido p.r el Rey a el cauildo.= Pareze
que dhas. canales antiguas eran para regar vn pago en q.e tenía
Jurisdiz.on la Villa de Alguazas, a lado de alla de el rrio cuio pago
le llaman Lerbe, y p.r q.e auia sido de Alguazas perdio el S.r de
Cotillas p.r Ejcutoria del Consejo de Inquisizión, dozientas thau.s
de el pago de el Lerbe, q.e posee el Real Fisco, siendo así que están
en jurisdiz.on de Cotillas a la parte de alla de el rio.=
Supuesta esta Genealogía de la Villa de Alguazas y su heredam.
tto
q.e trae el origen de la Conquista y es el mas antiguo titulo
90
de propiedad tal que en España no abra muchos q.e le parezcan:
Nos allamos con la nouedad de q.e el S.or de Cotillas actual, auia
lleuado Pleito con sus Vasallos sobre el Tanto del quanto q.e le
abian de pagar o le pagaban las tierras de su Jurisdiz.on, lo perdio
con ellos en el posesorio, y reserbandole derecho de propiedad en la
ejecutoria, a puesto demanda haziendo relazion de ella y vsando
de la reserba, y diziendo pone la demanda a los mismos con quien
litigó la ejecutoria de posesión, haziendo relaz.on tambien de que
p.r la era de 1356 Pedro Martínez Calbillo, en presencia de el Rey
D.n Alonso y con su Real facultad fundó vinculo de la Casa q.e
tenía en el reino de Murcia q.e llamaban La Alguaza de Cotillas y
Benajandin, con su Jurisdiz.on, pidio probision de emplazamiento
ordinaria, y con ella, sin mas ni mas, q.e p.r la voz de la Alguaza
de Cotillas requirio a la Justicia de Alguazas en 4 de marzo de el
año de 38, y pusieron su auto mandando emplazar a los vecinos de
Alguazas q.e poseieran tierras en Cotillas p.r q.e la prouiz.on ablaba
con los herederos en el termino y Jurisdi.on de la Alguaza y de la
Villa de Cotillas y Benajandin.
Acudio el S.or de Cotillas y obtubo segunda probision, ablando
con las Justicias de las Villas de Alguaza de Cotillas y Benajandin
y demas de estos reinos, diziendo se habia echo saber en el Lugar
de Cotillas su demanda, y q.e era tambien expresa p.ª los vecinos
de Alguazas, y q.e pena de diez Ducados se cumpliese la primera.
Respondio la Justicia de la Villa de Alguazas, que no obstante q.e
su Villa no se llama Alguaza ni Benajandin, sino es la Villa de las
Alguazas, se hiziese el emplazam.tto que demandaba, a los vecinos
de Alguazas, p.a q.e vsasen de su drcho.; pegaron el emplazam.to a
algunos vecinos de Alguazas q.e ni poseen tierras en Alguazas ni
en Cotillas, y a otros q.e son heredados en ambas partes, y dejaron
de emplazar al Conzejo y a los principales heredados q.e tienen
gruezas haziendas en Alguazas; el que no tenia hazienda en nin-
91
guna parte se desentendio, el que tenia tierras en ambas creio q.e el
emplazam.to era p.r las q.e poseia en Cotillas, los demas no supieron
palabra; y aora a uenido probisión ordinaria de menores, de 23 de
sep.e de este año, que abla con ninguna Justicia, si solo con barios
particulares heredados vecinos de Murcia, Alcantarilla, Cotillas,
Alguazas, etc., para hacer saber sentencia de vista p.r rebeldia, q.e
se reduze la sentenzia [a] hazer mas confusa q.e la demanda, y
dize así: Condenamos a los referidos a q.e luego q.e sean requeridos
con la R.l Ejecutoria q.e se despachare, buelban y rrestituian a el
Dueño de Cotillas todas las tierras q.e cada vno poseiere pertenez.es
a el Maiorazgo q.e fundo Pedro Martínez Calbillo, de q.e es po-
seedor D.n Christhobal de Bustos, con frutos desde la contestación
de la demanda; con esta probisión se a requerido a la Justicia de
Alguazas, y a dicho, en su auto de diez y siete de nob.e de este año,
q.e no obstante q.e su villa la compraron de su Mag.d y q.e no estan
comprendidas las tierras de ella en señorío alguno y que muchas
personas de las dominadas en la sentencia ni sus aszendientes no
an tenido tierras en la Jurisdiz.on de Alguazas ni en la de Cotillas,
no obstante se haga notoria la pribisión (sic) a todos los Nominados
vecinos y morad.s de Alguazas.
Supuesto este estado y q.e la demanda fue confusa, y la sentencia
tambien, an rezelado la Villa de Alguazas y sus heredados, q.e
recaiendo sentencia de reuista como la de vista con aquel supues-
to nombre de la Alguaza de Cotillas, y con la confusión de no
expresarse en la sentencia q.e tierras son las q.e declara p.r de el
maiorazgo de Cotillas, y con la cautela de emplazar y notificar a
vecinos de Alguazas tengan o no tierras y con la cautela de decir en
la segunda probision de el año de 38, q.e la demanda era clara p.r
todas las tierras de la Alguaza de Cotillas y Benajandin, enbuelta
la cautela de no dezirle a la Sala el verdadero echo, aun q.e las
Justicias de Alguazas lo an dicho en sus tres Decretos zitado; re-
92
zelan digo, justamente q.e si rrecaiere ejecutoria en estos terminos
se les pudiese atropellar a los de Alguazas, tan sin fundamento
quanto ni aun aparente motivo puede contemplarse p.ª que el S.or
de Cotillas pueda haber imajinado drcho. a un dedo de tierra de
la Jurisdiz.on de Alguazas.
Y suponiendo q.e la Villa de Alguazas y heredamiento no quie-
ren Pleito en este punto, ni tienen motibo p.ª tenerlo en la Chan-
cilleria, p.r que el Duque de Montalto, el cauildo de la S.ta Iglesia
y el Obispo de Cartax.ª aunque biniera qualquiera Ejecutoria de
la Chancillería ganada con semejante sorpresa, saben q.e solo con
dar quenta a el Rey p.r un memorial le sobraba, no solo para saber
q.e el Rei D.n Fer.do quarto y su madre la Reina D.ª María de q.en
traen causa de subzesores fueron antes en la era de 1349, q.e no el
Rei D.n Alonso en la era de 1356 y q.e la fundaz.on de Cotillas en
este año fue con su Real Facultad, y q.e el mismo Rey en la era de
1362 en q.e dejó su aguela de usufrutuar a Alguazas, la entregó a el
cauildo recobrando a Alama q.e tenia en prendas, con q.e está eui-
dente que desde ab inicio ni Cotillas pudo ser Alguazas ni Alguaza
pudo ser la Alguaza de Cotillas y q.e en lo mas moderno como ba
zitado fue testigo el S.or de Cotillas de el entrego de toda Alguazas
y posesión a sus morad.s y hered.s; es la direccion parezer en la Sala,
con poder q.e se remite, y tomando los autos con las correspondien-
tes protextas y reserbas, formar el Articulo q.e corresponda de los de
sin causar instancia exponiendo el echo q.e contiene este Memorial
y para q.e en este articulo se declare quedando conceptuada la Sala
de la mala fee de el S.or de Cotillas q.e ni la demanda fue ni pudo
ser extensiba ni menos la sentencia de vista a nada de lo q.e se
comprenda dentro de los limites de la Jurisdiz.on de la Villa de Al-
guazas y su heredamiento, y q.e en caso q.e pretenda algo sobre ello
el Marqués de Corbera dispute con el Rey si era legitima la posesion
que tenia del titulo de Conquistadora la Reina Madre de Fernan-
93
do quarto, Abuela de D.n Alonso vndezimo quien dio facultad p.ª
fundar El Maiorazgo de Cotillas, o como aora le llama la Alguaza
de Cotillas, y al mismo tiempo dio la villa de Alguazas proat ia
est al Obispo y Cauildo de Cartax.ª, todo sin perjuizio del Recurso
que el heredamiento pueda hacer, a que salga el Fiscal de Su Mag.
d
a la defensa, y sobre todo el fin vnico es conzeptuar a la Sala de
la verdad, a precaber la calunia y vna sorpresa, pero no a meterse
en pleito dilatado ni boluntario; los instrumentos que ban zitados
todo lo q.e toca a el Rey D.n Fern.do y a el Rey D.n Alonso estan en
el Archibo de la S.ta Iglesia de Cartaxena; la de Felipe Segundo esta
inserta en la escriptura de zenso q.e ai a fabor de el Marqués de
los Velez; lo demas lo tenemos en el Archivo de Alguazas, y p.r ello
se alegara todo con confianza y se prebenda si sera mejor presentar
Ynstrumentos enbiandolos desde luego p.r testimonios, o si forma-
do el Articulo combendra sacar Probizion para compulsar dhos.
instrumentos, aun q.e p.r aca pareze bastara acudir a el Cauildo
de la Iglesia con memorial p.a q.e nos den las copias y remitirlas y
con otra de el zenso a fabor de el Duque en que esta la facultad de
Phelipe Segundo bastara p.r todo y se cree que instruyendo el Artí-
culo con estos ladrillos podra la Villa y heredamiento de Alguazas
bolber la espalda sin temor a ninguna sorpresa y si arbitria el S.r.
D.n (tachado, ¿Agustin Gonzalez?) otro medio mas acomodado al
brebe expediente p.r que la Villa de Alguazas lo que piensa ganar
es salir brebe de este quento q.e en el punto principal ia sabe que no
puede perder y mas con lo que se les a informado hazia su Director
dho. S.r D.n (tachado, ¿Agustín González?) etc.”
94
Unos meses antes había terminado definitivamente el pleito que
desde 1725 se seguía con Murcia por la comunidad de pastos, por
medio de una Sentencia de Revista dada en Granada a 28 de julio
de 1739, por la que se confirmó la sentencia de vista dada en dicha
ciudad en 11 de agosto de 1733, y el Auto de siete de diciembre de
1737, determinando que Murcia y Cotillas tuviesen comunidad de
hierbas, y que el Señor de Cotillas, don Cristóbal Antonio de Bustos
Carrillo y Calvillo, y la ciudad de Murcia, pudiesen vender cada uno
las suyas desde San Miguel de septiembre hasta Nuestra Señora de
marzo. Lo cual, como sabemos, había sido apelado, por no querer
don Cristóbal dicha comunidad de yerbas.
La Real Ejecutoria expedida a consecuencia de la sentencia, deta-
lla minuciosamente todo el proceso seguido, de una parte por don
Cristóbal de Bustos Carrasco, dueño que se dice de la villa de Coti-
llas, y de la otra parte el Concejo, Justicia y Regimiento de Murcia,
sobre la propiedad de los pastos y yerbas de la dicha villa de Cotillas,
que había principiado en 10-x-1725. Entre otras cosas podemos leer
en ella que…
– Don Cristóbal dijo, que el rey don Alonso, en la era de 1303 (1265)
concedió a Murcia que sus ganados pastasen por todo el Reino…
– Que el Adelantado mayor del Reino don Juan Chacón, en 27-iii-
1498 acudió ante los Reyes Católicos, porque Pedro Calvillo, due-
ño de Cotillas, y otros Señores de otros lugares, habían hecho
dehesas y términos redondos sin facultad para ello; y obtuvo Real
Cédula manteniendo a los vecinos de Murcia en sus derechos so-
bre los pastos de dicha Villa.
– Murcia presentó entonces demanda por caso de Corte, a don Juan
López (sic por Pérez) Calvillo, dueño de dicha Villa, y obtuvo
Ejecutoria en 10-iv-1631, para que no embarazasen a sus vecinos.
– En 1721, Murcia hizo autos sobre lo mismo, pretendiendo don
Cristóbal que el pasto fuese sólo para la Villa, por ser el privilegio
95
dado a sus antecesores, posterior al de don Alonso x; y porque
en 1646 no se citó a su parte, y se dijo en la sentencia, que era sin
perjuicio de terceros. Según testimonio de la misma expedido en
20-vii-1722.
– En 11-xii-1721 se expidió Ejecutoria a favor de Murcia, pues pre-
tendía don Cristóbal, impedir que rozasen leña y pastasen.
– En 22-i-1722 se notificó a Cotillas, que no embargase a los vecinos
de Murcia, pues había detenido a algunos que cortaban romeros y
atochas.
– En 10-iv-1738, se despachó otra Ejecutoria a favor de Murcia.
– Don Alfonso de Robles, escribano de Cotillas, expidió testimonio
del título y fundación del Mayorazgo de Cotillas. Se abrió para
ello un arca que había hallado en casa de Diego Navarro, Alcalde
de dicha Villa, donde estaban archivados diversos Autos y papeles
tocantes a la Villa, y posesión por don Félix de Jumilla, apoderado
de don Cristóbal. Entre ellos, un Auto de posesión dada a don
Melchor Rodrigo de Balboa, Señor que había sido de la Villa, al
principio de la cual hay una Real Ejecutoria despachada en 4-ix-
1356 (era) por el rey don Alonso el Oncejo, a pedimento de Pedro
Martínez Calvillo, en que se decía haber hecho relación a Su Ma-
jestad de que tenía una casa en el Reino de Murcia, que se decía el
Alguaza de Cotillas y ben Handin, y quería que fuese Mayorazgo,
con tal que, el que la heredase, lo fuese con todos sus términos,
montes, pastos, yerbas, aguas, fuentes, dehesas, términos y pobla-
dos, y con todo su señorío…
– Otro privilegio confirmación del anterior, por el rey del Pedo i,
dado en León a 18-vi-1390 (1352).
– Otro privilegio confirmación del anterior, por el rey don Enrique,
a 15-xii-1393.
– Otro privilegio confirmación del anterior, por el rey don Enrique,
en Palencia a 28-viii-1403 (1365).
96
– Otro privilegio confirmación del anterior, por el rey don Juan a
15-iv-1408.
– Otro privilegio confirmación del anterior, por el rey don Juan a
21-vi-1420.
– Otro privilegio confirmación del anterior, por el rey don Felipe ii
a 21-ii-1578.
Murcia alegaba, que a pesar de ello, usó del pasto de Cotillas, y
aún del de Molina, siendo así que era eximida incluso desde el tiem-
po de la conquista de este Reino, cuando se había sacado del poder
de los infieles. Murcia, dijo además, que no hubo nunca amojona-
miento en Cotillas, con participación de Murcia y de las villas veci-
nas. Y alegó otras contradicciones, como:
– Que el arca era de dos llaves, y se había abierto con una que había
dado Félix Jumilla.
– Que Cotillas no podía usar las yerbas de Murcia, pues además, el
Rey las vendió a Murcia en 1646.
– Que en 1545, Murcia y Molina siguieron pleito por sus dehesas de
yerbas, con citación del Marqués de los Vélez, con pasto común
en ambos términos, excepto en Campo Texar, donde desde inme-
morial el Marqués y sus antecesores estaban en posesión de vender
las yerbas.
Por su parte, Cotillas dijo:
– Que pagaba al rey el Real valimiento de yerbas, como ocurrió en
23-viii-1712, en que abonó 2.439 reales, de la tercera parte de las
yerbas de Cotillas y Casas Blancas, de los años de 1710 y 1711. Y en
otras ocasiones.
– Que Cotillas vendió sus yerbas a Julián Martínez, vecino de Ta-
razona, para el invernadero del ganado de don Diego López, en
17-x-1661, por 2.600 reales.
Con lo dispuesto por dicha sentencia don Cristóbal de Bustos
abandonó este tema, pues en el fondo había conseguido lo que más
97
le interesaba, poder vender la yerba cada año durante el llamado in-
vernadero, es decir, desde 29 de septiembre (San Miguel) hasta el 25
de marzo (la Anunciación).
98
partes sobre la forma en que los primeros debían diezmar al segundo
por los cerdos que criaban. Se convino en que pagarían un cerdo por
cada diez, y en los que excediesen a dicha cantidad, abonarían un
real y cuarto por cabeza. Mucho tiempo después, dicha concordia
estaba olvida y volvieron los debates, y en juicio de conciliación que
se celebró en Cotillas el 11 de junio de 1813, se acordó respetar aquella
antigua concordia.
En varias ocasiones anteriores hemos comentado que una gran
parte de las tierras de Cotillas eran propiedad de forasteros, quienes
solían arrendarlas a otras personas bajo ciertas condiciones. Para dar
una idea general de estos pactos, daremos cuenta aquí del que se
celebró el día de San Antón de 1740, cuando José Tomás, vecino de
Cotillas, recibió en arrendamiento del presbítero don José Valverde,
72 tahúllas de tierras morerales, blancas, olivar y viña –con algunos
árboles frutales, granados e higueras–, en la huerta de la Villa, pago
llamado del Riego Nuevo y del Rincón; linde las 60 de ellas, por le-
vante, con la acequia que nombran de la Rafeta; por mediodía tierras
de Francisco Saura, Luis Cayuela y otros; por poniente, con brazal
regador que va al Rincón; y por el norte, con tierras de Rodrigo
Romero. Y las 12 restantes, también en el pago del Rincón, sepa-
radas en tres piezas, lindes por levante con Cabezos; por mediodía,
con tierras de Juan Cascales, por poniente brazal regador y por el
norte con tierras de los herederos de Rodrigo Romero. Las cuales se
regaban de 15 en 15 días, con 18 horas de agua, por dicho brazal del
Rincón y acequia de Riego Nuevo. Y un pedazo de tierras de secano,
de dos o tres fanegas, “en las que hay casa, parador y una barraca
nueva de seis andanas y cama, linde con dicho brazal, camino que
va a las Torres y Rodrigo Romero”. Por tiempo de cuatro años desde
24 de junio de 1739, en precio de 1.152 reales cada año, pagados de
por mitad en San Juan de junio y Pascua de Navidad. Con diversas
condiciones, entre las que se citan:
99
– Que las cultivará a uso y costumbre de buen labrador.
– Dará cada año al menos seis rejas, y los riegos necesarios.
– Pagará mondas y acequiajes, pero no obras nuevas, que serán a
cargo del propietario.
– Cada árbol que se seque lo ha de arrancar y llevar la leña para sí,
plantando otro en su lugar, y lo cuidará.
– Cada año llevará a la casa de don José, 1.000 granadas, 300 de
ellas alvares, y las demás cajines y agridulces.
– El último año del arrendamiento, José Tomás podrá coger los es-
quilmos de panizo, uva, oliva, granados e higos28.
– El último año del arrendamiento no podrá sembrar de panizo, la
pieza de moreras que dicen del Aljibe.
– No podrá sembrar las tierras de moreral y olivar, de trigo y cebada
para grano, sino estercolándolas, y esto cada año y vez, dejando
libres las calles.
– En caso de mal cultivo, pagará los daños que pudiesen tener las
moreras, oliveras y viña.
– Hará los reparos en la barraca y parador de las caballerías. Y las
dejará al final en perfecto estado y ensiscadas, como las recibe.
– José Tomás, que no firmó el contrato por no saber, recibió las tie-
rras con el cargo a su costa de cualquier riesgo que pudiese sufrir
de nube, piedra, hielo, escarcha, etc.
Fue un año en que las transacciones de propiedades se vieron afecta-
das por el pleito que los heredados sostenían con don Cristóbal, como
lo fue cuando José Ros y Josefa Contreras, su esposa, vecinos de Co-
tillas; y Pedro Ros, su padre y suegro, como su fiador, morador en La
Albatalía, vendieron el 27 de septiembre de 1740 a Francisco Martínez
García, vecino de Murcia, dos tahúllas, una ochava y catorce brazas,
de tierras de riego, plantadas de olivar y moreral, en la huerta de Co-
tillas y pago de Lerve, heredadas de su padre, Cayetano Contreras, en
100
la partición que se hizo ante la Justicia de la Villa y Alfonso de Robles,
escribano de su número y Ayuntamiento. Con la única carga del se-
teno que se pagaba al Señor de la Villa, “de todo lo que fructifique y
se cogiere en ellas, como en las demás tierras de la jurisdicción de la
Villa”. En precio de 872 reales. Los vendedores y su fiador, se obligaron
a que la venta sería segura, y dejan constancia que se sigue pleito en
la Real Chancillería de Granada por el Señor de la Villa contra los
heredados en la jurisdicción, sobre que se le restituyan todas las tierras
que poseen, porque en caso de que dicho pleito lo ganase el Marqués
de Corvera, se obligan a resarcirle de todo el importe de la venta, y los
gastos de pleitos y mejoras de las tierras. Se adjunta carta de pago, de
los derechos de alcabalas y cientos a Su Majestad, dada por José Galle-
go y Martín López, alcaldes ordinarios, y Marcos Vicente y José Her-
nández, regidores, todos Concejo, Justicia y Regimiento de la Villa29,
expedida en Cotillas dicho día. No consta en el recibo la cantidad que
cobran, aunque sí que la venta ha sido a 400 reales la tahúlla.
En el año 1740 aún quedaban pendientes algunas secuelas del ante-
rior debate con Murcia por las yerbas, pues en las diligencias que se hi-
cieron el nueve de marzo en aquella ciudad, tras la muerte de don Juan
Antonio Bronchalo, se citan datos sobre la aprensión de 400 reses la-
nares suyas, que le hizo el Concejo de Cotillas, para cuyo rescate había
obtenido Real Provisión, efectuando previamente el pago de una fianza,
hasta el sustanciamiento de la causa abierta. Incluso para los vecinos
se hacía difícil dar de comer a sus ganados, y tenían que arriesgarse en
los términos limítrofes, exponiéndose a ser detenidos. Es lo que le ocu-
rrió a Bartolomé Pérez, vecino de Cotillas, que el 15 de noviembre de
1741 fue denunciado ante el Alcalde ordinario por el Alguacil mayor de
29 Todos ellos seguían en sus cargos el 15 de marzo de 1741. El derecho de alcabalas solía
pagarse a las arcas reales de acuerdo con un concierto que solía hacerse anualmente, y
en el cual se fijaba una cantidad. De su cobranza se encargaba el concejo, y por tanto del
abono en Murcia de la cantidad pactada. Si sobraba algo de lo recaudado quedaba para
la corporación municipal, pero si era al contrario estaban obligados a cubrir el déficit.
101
Alguazas, por haberles aprehendido seis pares de bueyes30 en la huerta
de esta villa, contraviniendo a su orden, y les condenó en 45 reales de
vellón, que aplicó por terceras partes: 15 a dicho Alguacil mayor, como
denunciador; 15 para sí, como Juez; y los 15 restantes, de por mitad, a
penas de la Real Cámara de Su Majestad y a gastos de Justicia.
La larga duración del servicio en filas que por entonces se prestaba,
que regularmente solía rondar los siete años, hacía temer a los veci-
nos del pueblo que les tocase la suerte en alguno de los alistamientos.
Para evitarlo se intentaban múltiples estratagemas, siendo una de
las más socorridas ausentarse de la localidad, aunque algunas eran
bastante disparadas, como ocurrió con cierto mozo que se arrancó
todos los dientes, aunque lo que consiguió fue ir a la cárcel por una
larga temporada. Pero si al final eran alistados, muchos de ellos in-
tentaban la evasión a la menor oportunidad. Tenemos noticias de
que en el mes de mayo de 1743, desertó en la ciudad de San Felipe31,
Antonio José Vicente, de Cotillas, granadero del Regimiento de Mi-
licias, quien dejó abandonado en dicha ciudad su equipo, formado
por casaca, chupa, calzones, camisa, mochila, botines, zapatos, 2 pa-
res de medias, sombrero, cartucheras, frasco [de pólvora], bayoneta,
cinturón, fusil y portafusil.
102
éxito que le supuso la Sentencia de Vista, dada en Madrid a 27 de
julio de 1740, por la que se condenó a los Heredados de Cotillas a la
restitución de todas las tierras contenidas en dicho Heredamiento,
y demandadas por don Cristóbal Antonio. Cuando los vecinos del
pueblo quedaron enterados hubo una verdadera conmoción, pues
perdían las tierras que habían poseído de generación en generación, y
los sudores, trabajos y mejoras llevados a cabo en las mismas. La po-
breza de la mayor parte de los habitantes no permitió una respuesta
rápida, dado que esta vez la decisión no procedía de la Chancillería
de Granada, sino del Supremo Consejo de Castilla, a donde había
llevado su pretensión el Marqués de Corvera. No obstante, los pro-
pietarios forasteros, que eran la mayoría, y más poderosos económi-
camente, prepararon una defensa meditada con serenidad y ordena-
da hacia los puntos que más podían interesar al bien común.
El alegato fue presentado el 30 de agosto de 1741, y se iniciaba con
el siguiente párrafo: “Pretenden Señor, los Hacendados de la Villa de
Cotillas, que la Sala se sirva de reformar la Sentencia de Vista en este
Pleito pronunciada en 27 de Agosto del año pasado de 1740, por la que se
les condenó a la restitución de todas las tierras contenidas en dicho Here-
damiento, y demandadas por el Marqués de Corvera, con la restitución
de los frutos desde el día en que se tuvo por contestada la demanda, y
que se les absuelva, y de por libres de ella, imponiéndose perpetuo silen-
cio a el susodicho, y que se le condene en las costas, que se les han causado
a los referidos Heredados.”
En los 86 restantes, divididos en tres partes fundamentales, se
adoptó una táctica muy ambiciosa, que iba a tratar de desmontar
los cimientos primigenios de la fundación del Mayorazgo instituido
al parecer por Pedro Martínez Calvillo en 1318. De ello se ocupa-
ban, fundamentalmente los párrafos 2 al 30, para inmediatamente a
continuación, añadir en dos bloques las llamadas “conclusiones”. La
“Conclusión i”, párrafos 31 al 48, sintetiza en su enunciado –“En que
103
se funda, no pertenecerle a el Mayorazgo de Cotillas, de que es Poseedor
el Marqués de Corvera, las tierras de dicho Heredamiento, porque Pe-
dro Martínez Calvillo, quien se dice Fundador, no fue dueño de ellas–,
lo que muy detalladamente se analiza a continuación, presentando
diversas pruebas y testimonios, que los poseedores del mayorazgo
nunca poseyeron las tierras del término. Y aún van más lejos, pues
niegan que dicho mayorazgo se fundase alguna vez, ya que tal docu-
mento nunca ha sido presentado.
Rebatiendo al Marqués.
104
En la “Conclusión ii”, párrafos 49 al 87 –“En la que se hace ver, que los
hacendados de dicho Heredamiento son dueños legítimos, y Poseedores de
las tierras de él, y en la que se da solución a los argumentos del Marqués”–,
se van presentado numerosas pruebas y documentos en demostración
de que los heredados han sido siempre dueños de dichas tierras. Conce-
diendo a los poseedores del mayorazgo tan solo unos derechos solariegos,
que han sido los que habían venido disfrutando desde entonces, como
dejaban probado las tres reales ejecutorias que hasta entonces se habían
dictado a favor de dichos heredados. Añadiendo, que la osadía de don
Cristóbal de Bustos había llegado hasta el extremo “… de haber incluido
aún a el Concejo y Vecinos Hacendados de la Villa de Alguazas, solicitando
reivindicar las tierras de aquel término y Jurisdicción, por pertenecientes a
su Mayorazgo, para cuya exclusión presentaron dichos Heredados instru-
mentos, con que hicieron ver su dominio y posesión, aún siete años antes32 del
Privilegio del dicho Marqués, lo que le motivó a éste a desistirse y apartarse
de la referida demanda, por lo respectivo a los Heredados de Alguazas.”
La contundencia de la argumentación y pruebas alegadas por la
parte de los heredados de Cotillas hicieron tambalear la posición del
Marqués, que vio como se desvanecía lo que había conseguido por las
sentencias de 1738 y 1740. Adoptó entonces una nueva táctica, tal y
como había usado en el siglo xvi don Gómez Calvillo, que fue la de ir
comprando todas aquellas tierras que se ponían al alcance de su mano,
y que él mismo evaluaba en 125 tahúllas cuando otorgó nuevo testa-
mento en 175533; aunque por otro del año siguiente rebaja la cifra a 120.
105
Eso en cuanto a las tahúllas de la Huerta, pues respecto a las fanegas
del Campo adoptó la decisión unilateral de apropiarse de todas ellas.
La estratagema la desarrolló, en primer lugar, elevando un me-
morial al Monarca, en el que expuso era poseedor del Mayorazgo
que en virtud del privilegio del rey don Alfonso xi, dado en Medina
del Campo en 4 de septiembre de 1356 (1318), fundó Pedro Martínez
Calvillo, de la casa de Alguaza de Cotillas y Beneandin, con todas
sus tierras, dehesas y demás; añadiendo –según él–, que a dicho Ma-
yorazgo pertenecía todo el ámbito que corresponde en el Campo y
Jurisdicción de la villa de Cotillas. Y que por estar muy distante y
no haber en él habitaciones, balsas y pozos, no se abrían y laboraban
las tierras, sino solo en aquellas cortas partes que con alivio podían
los que pedían licencia para beneficiarlas a terrazgo, de cuya suerte
se obtenían cortas utilidades. Y propuso a Su Majestad, que los be-
neficios serían de mayor aumento si se diesen por cuerpos y suertes
a distintas personas, a censo perpetuo, bajo las reglas y condiciones
que se ajustasen; como algunas habían solicitado.
Con este motivo, habiéndolo representado a Su Majestad, en vir-
tud de Real Cédula de 12 de julio de 1737, se mandó que por el señor
Corregidor de Murcia, o su Alcalde mayor lugarteniente, se recibiese
información de qué utilidad a dicho Mayorazgo y sus sucesores, se
seguiría dando las tierras a terraje, con citación a don Pedro José
de Bustos y Molina, hijo primogénito de este otorgante. Lo cual se
efectuó, y elevado todo a su Real Cámara, por Real Cédula de 17 de
septiembre de 1743, dada en San Ildefonso, se le concedió licencia y
facultad para dar y vender a censo perpetuo, con cargo de luismo y
fadiga, todas las tierras de dicho campo, bajo las reglas y condiciones
expresadas en dicha Real Cédula, sacándolas a pública almoneda,
con intervención del Corregidor de Murcia o su Alcalde mayor lu-
garteniente, como no sea a menos de la quinta o sexta parte de todos
los frutos que procediesen de dichas tierras.
106
A continuación se inserta trascripción íntegra de la Real Cédula,
donde dice que el campo comprende dos leguas de latitud y una de
ancho. Que algunas personas querían tomarlas para plantar viñas,
olivares y otras plantas, fabricar casas y balsas, pagando la quinta o
sexta parte de sus esquilmos, y por cada morada una gallina al año,
y las décimas de las ventas. Que en virtud de la Real Cédula de 12
de julio de 1737, el licenciado don Pedro Gómez de Cossío, Alcal-
de mayor, hizo la información pedida, donde consta que los peritos
dicen que sin contar el regadío, en lo que se puede panificar y está
panificado, sin que entren los cabezos, lomas y declinaciones que no
se pueden cultivar con averíos, se pueden hacer muchos plantíos de
olivares, y que habrá 31.250 tahúllas de pan llevar. Y en vista de ello,
el Real Consejo, por Decreto de 17 de agosto de 1743 lo concedió. Y
en dicha conformidad Su Majestad expidió Real Cédula autorizán-
dolo, siempre que los compradores se obliguen a edificar en su parte
casas y balsas.
6. Venta de parcelas
Se convocó entonces por medio de pregones a las personas que
deseasen comprar alguna de las parcelas o suertes en que se dividió
todo el Campo de Cotillas, no tardando en comparecer algunos pre-
tendientes. Una vez decidido el terreno al que se optaba, por medio
de un agrimensor se procedía a su medición, y con certificación de
dicha medida acudían las partes, vendedor y comprador, para soli-
citarle que de acuerdo con lo dispuesto en la Real Cédula de conce-
sión sacase dichas suertes a subasta por medio de pregones, para su
adjudicación judicial al mayor postor. Las adjudicaciones y ventas se
efectuaron poco después y duraron varios meses, ante el estupor e
indignación de los heredados vecinos y forasteros que hasta entonces
las habían cultivado; por lo que, como explicaremos más adelante,
no tardaron en plantearse pleitos y litigios. Por su gran interés do-
107
cumental, toponímico y otras circunstancias, nos detendremos en
ofrecer con detalle todas las adjudicaciones de que hemos tenido
conocimiento, y que se plasmaron en sendas escrituras notariales.
1ª.- La primera escritura se otorgó el 10 de marzo de 1744, y en
ella leemos, que habiendo solicitado don Diego García Villalba, es-
cribano, vecino de Murcia, tomar a censo una suerte de 100 fane-
gas de tierra, en el Partido que se dice de las Torres; se midió y
ahitó por Cristóbal Martínez Fortún, agrimensor aprobado por el
Ayuntamiento de Murcia. La cual suerte, lindaba por Levante, con
la Acequia Mayor, y en parte con la Acequia del Riego Nuevo. Por
Poniente, con la suerte dada a don Francisco Bueno, Notario mayor
del Tribunal eclesiástico. Por el Norte, con dicha Acequia Mayor.
Y no se señala lindero por Mediodía, pues dicha suerte remata en
triángulo agudo.
La cual, sacada a subasta con intervención del Corregidor, se rema-
tó en la Lonja de Santa Catalina, el siete de marzo de 1744, a las tres
de la tarde, por no haberse presentado mayor postor. Se inserta tes-
timonio de que el 18 de enero, el Marqués y los solicitantes, pidieron
al Corregidor, se hiciese la subasta, tal y como estaba prevenido por
Su Majestad. El cual, mandó pregonarlo. Los pregones se hicieron
dicho día, y casi todos los siguientes hasta el 26 de febrero, sin que
nadie mejorase la oferta. También se acompaña de la certificación de
la medida, dada por el agrimensor, en Murcia a 15 de enero de 1744.
La venta a García Villalba se efectuó con las siguientes condiciones:
Obligación a fabricar casa y balsa, o aljibe, en el plazo de dos años,
o lo haría el Marqués a su costa.
Podrá arrancar los árboles que quiera, pidiendo antes permiso al
Señor de la Villa.
Pagará la décima en las ventas que haga, dando cuenta al Señor
para que tenga opción a quedarse con las tierras por la misma can-
tidad.
108
Las ventas tendrán que ser siempre a manos libres, y nunca a per-
sonas eclesiásticas, cofradías, iglesias, etc.
Al tiempo de hacer la recolección de las mieses, el poseedor de las
tierras hará tres partes iguales, y entonces avisará al Señor o a sus
apoderados. Y si en el plazo de 15 días, precediendo otro aviso al Se-
ñor, si no acuden a por el sexto o sextos, el dueño las podrá sacar a la
era, dejando el sexto en los bancales, ante testigos, para que siempre
conste lo que carretea a la era y lo que deja.
Si por defecto de lluvias u otra causa, no granasen los sembrados,
el dueño de las tierras podrá vender la yerba, con aviso al Señor, y le
dará el sexto de la venta de dichas yerbas.
El comprador de las tierras, tiene licencia para sembrar una fanega
de tierra para verde, para comida de su par o pares de labor, sin pagar
al Señor cosa alguna por ello; pero si siembra más, pagará el sexto
de lo que excediere.
Podrá tener ganado lanar, cabrío o cerdos, los cuales podrán pas-
tar por todo el campo de la Jurisdicción, en los tiempos en que están
abiertos los pastos, que es desde el día 25 de marzo hasta el 29 de sep-
tiembre. Y si viniese ganado forastero a herbajar, en el tiempo en que
se venden las hierbas, podrá también pastar, pero se contarán las ca-
bezas que posee y pagará a prorrata la cantidad que le corresponda.
Podrá cercar con cuatro surcos, un pedazo de rizal, para el pasto
de los pares de labor, sin pagar al Señor cosa alguna, y al dicho rizal
no podrán entrar los demás.
2ª.- El mismo 10 de marzo se vendió otra parcela de 120 fanegas
a don Francisco Bueno, Notario mayor de la Audiencia Episcopal,
bajo los siguientes linderos: Levante, Acequia de Riego Nuevo. Me-
diodía, tierras de don Cristóbal de Bustos, y margen antiguo que
corre y divide la pieza en que está la Tejera, incluso ésta en dichas
120 fanegas; y continúa dicho margen lindero hasta el camino, que
de dicho Partido de las Torres va los Porrones; y desde dicho margen
109
antiguo a la casa de los herederos de Fernando Belchí, línea recta hay
70 pasos naturales. Por poniente, más tierras de dicho Señorío, y la
Acequia Mayor; y desde dicho camino que va a los Porrones, las di-
vide un margen nuevo, que se ha hecho hasta el Zejo, y Porrón, que
caen sobre el Acequia Mayor. Y por el Norte, con parte de la Acequia
Mayor, y suerte de tierras que también se han medido, y ajustado, de
don Diego García Villalba, escribano; y las divide dichas dos suertes
otro margen nuevo, desde el quijero de dicha Acequia del Riego
Nuevo, en triángulo agudo hasta la Mayor. La certificación de Mar-
tínez Fortún está fechada el quince de enero, y el remate efectuado
en la Lonja de Santa Catalina, el siete de marzo.
3ª.- También el 10 de marzo vendió don Cristóbal Antonio de
Bustos otras 100 fanegas a don Nicolás Bozio, escribano, bajo lo
siguientes linderos: Levante, Cañada que dicen del Tarae, Camino
de Mula de por medio, y parte con Cañada que dicen del Espinar,
lomas y aguas vertientes de por medio. Mediodía, con la Jurisdicción
de esta Ciudad, cabezos y aguas vertientes de por medio. Poniente,
con las aguas vertientes del Cabezo de la Atalaya. Y por el Norte, con
tierras que se han dado a censo a don Francisco Bolmas, cabezos y
aguas vertientes de por medio.
4ª.- Dicho 10 de marzo otra venta de 100 fanegas a don Cosme
Alcolea Ruiz, Abogado de los Reales Consejos, vecino de Murcia.
Cuyos linderos fueron: Levante, Acequia de Riego Nuevo. Medio-
día, tierras de la suerte del dicho agrimensor don Cristóbal Martínez
Fortún, y en parte el camino que sube a las Pedreras; las dadas a
Francisco de Xea, y loma que sigue hasta la cumbre; Poniente, lomas
y dicha cumbre. Y Norte, en parte con el camino que sale por la casa
de Oliva, que va a dichas Pedreras; que cruza por dicha suerte de
tierras hasta dicho Mediodía, tierra dada a don Juan Ortador, y otra
loma que sigue hasta dicha cumbre.
5ª.- Y la última venta del 10 de marzo, fue de 100 fanegas adjudi-
110
cadas a Cristóbal Martínez Fortún, agrimensor, vecino de Murcia,
sitas en el Partido de los Llanos o las Torres. Levante, con Acequia
de Riego Nuevo. Mediodía, las tierras que ha tomado Francisco de
Xea, aguas vertientes de los cabezos de por medio. Oeste, con dicho
Francisco de Xea, hasta las Pedreras, o Calera. Y Norte, con las tie-
rras que ha tomado don Cosme Alcolea Ruiz.
6ª.- El ocho de abril vendió a don Francisco Xavier Bolmas y Se-
gura, un cuadrón de 40 fanegas, deslindado así: En las Cañadas,
junto al Tarae, sin los ensanches ni vertientes, un cuadrón de tierras
de pan llevar, de 40 fanegas, que linda: Levante, con las tierras que
ha tomado don Nicolás Bozio, escribano, lomas y aguas vertientes de
por medio. Mediodía y Poniente, con cabezos y aguas vertientes que
dividen las Jurisdicciones de dicha villa de Cotillas y la de esta Ciu-
dad; y con las tierras que ha tomado don José Blanes. Y por el Norte,
con las del cuerpo que se sigue y tierras de don José Prieto, y camino
de Mula de por medio. Y otro cuadrón de 24 fanegas, que lindaba
por Levante, con tierras a las que tenía hecha postura Lorenzo Baeza,
lomas y aguas vertientes de por medio. Mediodía, con las del cuerpo
antecedente, y en parte con las tierras de don Nicolás Bozio, y dicho
camino de Mula de por medio. Por Poniente, con tierras de don José
Prieto, y en parte con las de don José Blanes. Y por el Norte, con
lomas y aguas vertientes que dividen las Jurisdicciones de Mula y
Cutillas, y tierras de Lorenzo Baeza.
7ª.- El mismo día, 100 fanegas a don José Blanes Domene, vecino
y jurado de Murcia, que habían sido medidas el 21 de enero. Sitas en
lo último de la Cañada que dicen del Tarae. Lindes: Levante, tierras
de don Francisco Javier Bolmas y las de don José Prieto. Medio-
día, la Jurisdicción de Murcia, y tierras que dicen de Moreno, aguas
vertientes de por medio. Poniente, con las Jurisdicciones de Murcia
y Mula, aguas vertientes de por medio. Norte, tierras de don José
Valverde y Jurisdicción de Mula, aguas vertientes de por medio; y en
111
parte, con las de don Francisco Bolmas y de don José Prieto. Y cruza
por ellas el Camino de Mula. En el momento de ser requeridos para
firmar la presente escritura, el señor Marqués de Corvera se excusó,
por lo que don José Blanes tampoco lo hizo, aunque dijo estar dis-
puesto cuando don Cristóbal lo hiciese.
8ª.- El último día de abril, 100 fanegas a José Buendía, Maestro de
confitero, vecino de Murcia, que habían sido medidas en 8 de marzo,
en la Cañada del Tarae, bajo los siguientes linderos: Levante, las tie-
rras que toma Tomás Vicente, cruzando la Rambla hasta el Camino
de Mula. Mediodía, las tierras que ha tomado don Francisco Cam-
poo, aguas vertientes de la Loma. Poniente, las tierras que ha tomado
Félix Martínez. Y Norte, las tierras tomadas por Rosauro Antonio,
y en parte las tierras de Tomás Contreras. Requerido para firmar la
presente escritura, el señor Marqués de Corvera se excusó, por lo
que don José Buendía tampoco lo hizo, aunque dijo estar dispuesto
cuando don Cristóbal lo hiciese.
9ª.- Nueva venta el cuatro de mayo. Esta vez lote de 100 fanegas
a doña Teresa Benítez de Alnero Aguilar Catalán Pastor Ladrón de
Begara (sic), medidas el 28 de febrero. Lindes: Levante, las tierras de
Juan Ballejos, camino que viene del Saladar de por medio. Medio-
día, con dicho Juan Ballejos y en parte con las aguas vertientes del
Cabezo de la Cruz34.
10ª.- Hasta el cinco de octubre no localizamos otra venta, reci-
biendo entonces 120 fanegas de tierras a censo, don Nicolás Bautis-
ta Tomás, vecino de Murcia, que habían sido medidas el cuatro de
marzo anterior. Lindes: Levante, las tierras que toma Félix Martínez.
Mediodía, las tierras que toma don Nicolás Bozio, Camino de Mula
de por medio. Poniente, con las tierras que ha tomado don Fran-
cisco Bolmas, y en parte con las que tiene don Pedro Prieto, aguas
34 Los límites por la parte de Poniente no constan entre nuestras notas, tal vez por omi-
sión.
112
vertientes de la Loma de por medio. Norte, con aguas vertientes de
los cabezos que dividen esta Jurisdicción con la de Mula, y en parte
con la de Campos. Y está donde hay diferentes suertes dadas a censo
a Rosauro Antonio y otros.
11ª.- El ocho del mismo mes y año –última escritura que tenemos
localizada–, vendió 100 fanegas, a don Francisco Campoo Melgare-
jo, vecino de Murcia, medidas en 20 de febrero. En la Cañada que
dicen del Espinar. Lindes: Levante, con la boca de la Cañada que
sale por el Charco Negro en línea recta, hasta el Camino que va al
Puente de las Ovejas; y lo restante con tierras del Mayorazgo de don
Cristóbal de Bustos, que están sin dar a censo; cortando línea recta
el agua vertiente del Cabezo; que caen las aguas vertientes a dicha
Cañada del Espinar. Por Mediodía, con aguas vertientes que dividen
las Jurisdicciones de Murcia y de Cotillas. Poniente, con la suerte
que ha tomado don Nicolás Bozio, aguas vertientes de los cabezos
tirando línea recta a dicho camino; y lo restante hasta dicha Rambla,
quedando lo hondo por esta suerte.
113
Manifiesto contra el Marqués de Corvera.
114
llín a don Juan Ruiz Villena, presbítero, en calidad de arrendador35;
pero éste no las cultivaba por sí, sino que actuaba de administrador
y las subarrendaba a otras personas.
La situación en Granada, donde tenia buenos apoyos por ser na-
tural de dicha tierra, amistades y amigos, fue favorable al Marqués,
pero los heredados de Cotillas decidieron entonces llevar el asunto
a Madrid para litigarlo ante el Real y Supremo Consejo de Castilla.
Situación que trastocó todos los planes de don Cristóbal, que hubo
de buscar nuevos letrados que lo defendiesen. Para ello el dos de
noviembre dio poder en Murcia a favor de don José Antonio Tellería,
Agente de Negocios en los Reales Consejos de Madrid, “… donde
ha sido demandado y emplazado a instancia de varios labradores,
terrajeros, que con su licencia y permiso han labrado a terraje en el
Campo de Cotillas, pagándole de lo que han alzado y cogido, de
diez partes una, y en otras ocasiones de siete partes, una, según sus
tiempos. Como lo cobraron de otros terrajeros, sus antecesores en el
Mayorazgo. Los cuales han pedido en el Real Consejo, que se recoja
y suspenda la Real Facultad que le concedió Su Majestad, para que
pudiese establecer haciendas redondas en dicho campo y Jurisdic-
ción con las personas con quien las contratara a censo enfitéutico,
diciendo que ellos poseen la propiedad de las tierras que ha dado a
censo”. Dicho poder se lo daba para que en nombre de don Cristóbal
pidiese el cumplimiento y quedase en vigor dicha Real Facultad; y
se condenase a ellos a las costas, penas, multas y menoscabos. Aña-
diendo, que los nuevos censalistas que las recibieron, por dicho pleito
“entibiaron el ánimo en la fábrica de casas, pozos, balsas, aljibes y
agricultura de tierras”. Y que otros se habían retirado de otorgar los
contratos.
Además de lo apuntado por el Marqués, sabemos que otros pro-
pietarios de tierras empezaron a desprenderse de ellas, no sólo por la
115
situación creada, sino también para no tener que hacer frente a los
cuantiosos gastos36 derivados del pleito. Hasta tal punto se enredó la
situación en la vida local, que los vecinos llevaban a sus hijos para ser
bautizados en la parroquia de Alguazas, en cuyos libros bautisma-
les aparecen inscritos. Entre los que se desprendieron de las tierras
estaban pequeños y grandes propietarios. Entre los primeros, Ginés
Hurtado, el menor, vecino de Alguazas, que vendió al poderoso don
Juan de Llamas, dos tahúllas de viña en Las Torres, en 475 reales, con
la carga del seteno al Señor de la Villa. Y entre los segundos, nuestro
ya conocido don Diego García Villalba37, que el cinco de septiembre
de 1746 manifestó tener tratado ceder las tierras que tomó a censo
en Cotillas, a don José Hernández, vecino de Murcia y morador en
el lugar de La Raya, el cual le pagaría las mejoras, que es a lo que
únicamente tenía derecho el otorgante. Y poniéndolo en práctica se
las cedió, en precio de 1.500 reales, que le pagó por dichas mejoras.
Cesión que pudo efectuar, previa licencia que para ello le concedió
el Marqués de Corvera, según lo estipulado en el contrato de acensa-
miento, dado en Murcia el 13 de agosto del mismo año.
36 Gastos que afectaban a todos, caso de la Fábrica parroquial de Alguazas, como se com-
prueba en las cuentas presentadas en 1745 por el Mayordomo fabriquero de la parroquial
de Alguazas, el presbítero don José Hilario, que incluyó en las partidas de la Data los
gastos que correspondieron a la Fábrica en el pleito de la Villa con el Señor de Cotillas.
37 Curioso personaje, al que don Cristóbal Antonio de Bustos había nombrado Escribano
público y del Concejo de la Villa, para así tenerlo todo controlado.
116
primero en función de los alimentos que estimaba le correspondían,
y después por entender que se estaba dilapidando el cuerpo de bie-
nes de aquella fundación que tarde o temprano debía pasar a sus
manos.
Pedro José de Bustos presentó la demanda en Murcia el 19 de julio
de 1745, pidiéndole una pensión por alimentos, para mantener su
casa, ya que había contraído matrimonio con doña Nicolasa Lucas
y Zeldrán, hija legítima de don Juan Francisco Carrillo de Albornoz
–vecino y regidor perpetuo que fue del ayuntamiento de esta ciudad
y Alguacil mayor del Santo Oficio del Reino de Murcia–, y de doña
Josefa Zeldrán Afán de Ribera. Alegaba que su padre recibía unas
rentas anuales de unos 12.000 ducados de vellón, de los mayorazgos
que poseía; por lo que pedía 4.000 ducados anuales. Tras un largo
proceso se dio sentencia en Murcia el 13 de agosto de 1750, conde-
nando al padre a pasarle una pensión de 1.500 ducados cada año. De
dicha sentencia apeló don Cristóbal Antonio ante la Real Chancille-
ría de Granada, donde por sentencia de 21-viii-1751, se confirmó la
de Murcia, aunque se rebajó la pensión a sólo 1.000 ducados. Hubo
nuevas apelaciones38, y por sentencia definitiva de 16 de marzo de
1752, se confirmó la anterior, más ordenaba el pago de 28.450 reales y
11 maravedís, por atrasos desde que se puso la demanda.
El mismo día se expidió la consiguiente Real Provisión de Fernan-
do vi, dada en la Real Chancillería de Granada, que parece pondría
fin a los embargos y mandamientos a la Justicia de Cotillas, y de
otros lugares, pero en 29 de agosto de 1758 aún documentamos un
concierto entre Pedro José de Bustos y don Agustín Poey, vecino y
mercader de Murcia, para abonar al primero la cantidad pendiente
38 16-ix, Murcia.- Intentando dar un giro a lo actuado por sus representantes, el 16 de sep-
tiembre de 1751 don Cristóbal Antonio de Bustos Carrasco Balboa Calvillo y Carrillo,
Marqués de Corvera, Señor de la villa de Cotillas, Casa Blanca y las Torres, nombró
nuevo apoderado en la persona de Fernando Antonio Peláez, presbítero, Abogado en la
Real Chancillería de Granada. Firma: El Marqués de Corvera.
117
de recibir. De acuerdo con dicho concierto, en la primera quincena
del mes de mayo de 1759, don Agustín Poey recibió la cantidad de
14.666 reales y algunos maravedís, de la ejecución contra don Cristó-
bal de Bustos, cantidad que se obligó a devolver si la sentencia fuese
revocada, para lo cual fue avalado, según disponía la Ley de Toledo,
por Diego Bázquez, Procurador de los tribunales.
Así las cosas con el primogénito, su hermano Rafael de Bustos y
Molina también cargó contra su padre pidiendo su correspondiente
asignación por alimentos. La acusación de que don Cristóbal estaba
dilapidando los bienes de sus mayorazgos, motivó que la Real Chan-
cillería de Granada expidiese Real Provisión comisionando a un Re-
ceptor para que entendiese sobre varios depósitos de bienes y rentas
del Señor de Cotillas, y para entregarle la administración y renta de
Cotillas a su hijo don Rafael de Bustos. Para la entrega de dichos
bienes se hizo preciso que éste otorgase escritura de afianzamiento
en bienes libres, con aprobación de Justicia de realengo, la cual le
prestó en agosto de 1755 don Francisco de Molina Buendía, regidor
perpetuo de Blanca, que hipotecó bienes por valor de 65.000 reales.
Rafael de Bustos había casado con doña Juana de Llamas y Mo-
lina, hija de don Juan de Llamas y de doña Antonia de Molina, fi-
jando su residencia en distintos lugares, pues aparte de Murcia, en
1755 eran vecinos de Molina, y en 1756 y 1757 de Blanca. Tenía por
apoderado en Granada, para todos sus pleitos, a don Matías García
Zeballos, Procurador en la Real Chancillería; haciendo lo propio en
los asuntos de Ricote, el vecino de dicha villa Salvador Garrido. Este
hijo de don Cristóbal –al que documentamos en Ricote por el mes
de abril de 1756 vendiendo en 1.200 reales de vellón un esclavo de
21 años de edad, que había comprado anteriormente al Cura de Es-
pinardo–, se enfrentó a toda la familia de su esposa oponiéndose a
la partición de los bienes que quedaron por la muerte de don Juan
de Llamas, su suegro. A la vez seguía pleito contra su padre por los
118
alimentos que decía corresponderle, cuyo pleito ganó en el verano de
1757, por lo que doña Juana, el seis de septiembre de aquel año otorgó
escritura de fianza a favor de su esposo, hipotecando una porción de
tierras sitas en La Algaida, jurisdicción de Archena, por si la senten-
cia fuese revocada.
Posiblemente los pleitos con sus hijos, unidos a los que seguía con
los heredados de Cotillas, hicieron enfermar a don Cristóbal, que
creyó estar próximo el momento de su muerte (aunque la que falleció
fue su esposa), por lo que otorgó nuevo testamento, donde se ponen
de manifiesto su carácter indómito y sus cargos de conciencia, cues-
tiones que olvidaba tan pronto recobraba la salud. El testamento de
26 de agosto de 175539, tal y como ocurrió en el de 1734, ofrece una
semblanza pintoresca del personaje, acorde con su forma de hacer y
de sentir. Por ello merece la pena que le dediquemos un amplio repa-
so en lo tocante a estas cuestiones que hemos apuntado.
Dispone en él que su cuerpo, en carnes, sin más que unos paños
menores que tiene prevenidos, sin medias ni zapatos, se ponga sobre
una Cruz que en el suelo se hará, de ceniza, y después de fallecido
se amortajará con un hábito, el más viejo de los padres de Señor San
Diego, franciscanos descalzos, con los brazos cruzados y metidos
en las mangas de dicho hábito, como se entierran sus religiosos, sin
hacer la barba; y una vez amortajado se pondrá el cuerpo en el suelo,
sin bayeta ni tapete, y por cabecera tres ladrillos, y a cada lado una
vela parda de a ocho en libra, puestas en candeleros de barro y no de
plata ni otro metal. Y su cuerpo se colocará en la caja de los pobres
de la parroquia, con los dichos ladrillos por cabecera, y se bajará y
pondrá en el portal, dentro de la puerta de la calle. Y asistirán al en-
tierro el Cura, sacristán y cruz baja de la parroquia, con doble toque
de campanas, todo como al más pobrecito. Que sobre su cuerpo no
se hagan responsos por religiosos, comunidades, huérfanos doctri-
119
nos, ni de la Casa de Misericordia. Llevado por seis pobres ciegos, a
los que se dará seis reales a cada uno. Sin acompañamiento de músi-
ca, ni luces, salvo las dos velas citadas. Y el cuerpo sea enterrado en
la Iglesia [San Miguel], en el lugar donde disponga el Padre Cura. Y
manda a sus albaceas (el Prelado de San Diego, el Rector de la Com-
pañía de Jesús, el Guardián de San Francisco y la Madre Priora del
Convento de Santa Ana), se cumpla todo esto rigurosamente, pues
en caso contrario los cita ante el Tribunal de Dios. Encargándolo
especialmente a sus hijas Antonia María de la Piedad, Ana y María;
a sus hijos Pedro-José y Rafael Antonio; y a la Madre Priora del
Convento de Santa Ana.
Entre las diversas disposiciones que señala, está la fundación de un
“Vínculo de Dios”, con el tercio y quinto de sus bienes, con la carga
de una misa diaria hasta el fin del mundo, a las 9 de la mañana, y
cuatro novenas anuales. Dice poseer 12 cuadros traídos de Roma; un
nacimiento que compró de Francia, de hechuras perfectas de solda-
dos y de lo demás, que se compone todo de madera; y el mejor reloj
de la ciudad, que es de “Ingalaterra”.
Cita un pleito que siguió en la Real Chancillería de Granada, con
los herederos o cabezaleros que fueron de su abuela, doña Elena de
Moya, y su tía doña Isabel Ana de Bustos, hija de dicha doña Elena
de Moya, las cuales le criaron desde su tierna edad, en que faltaron
sus padres. Añade que heredó de su tío don Ramón de Moya y Ro-
bles, Capitán de a caballo, 600 ducados en tierras en Villanueva
del Arzobispo. Posee como propias y libres diversas tahúllas que ha
comprado en Cotillas, las cuales une al dicho Vínculo de Dios, y que
son: 12 en el Pago de la Acequia de la Parra, 12 en el Pago de Lerbe,
25 en el Pago del Chorro, 6 en el Pago de San Juan, 14 en dos trozos
en el Pago de la Rafa, 4 en el Pago de la Rafeta, y 42 (en tres trozos
separados) en el Pago de Riego Nuevo.
Su enemistad con el primogénito la mantiene hasta en dicho mo-
120
mento, pues hace constar que el sucesor en el vínculo es su hijo Pe-
dro José de Bustos, pero que por “su demasiada bondad y cortedad
de talentos”, tome posesión su otro hijo, Rafael Antonio de Bustos;
y que si su hijo José tiene solo hijas, y Rafael engendra hijos, pase a
estos el vínculo, y se una a lo de Cotillas. El extenso testamento (40
páginas de folio), que contiene abundantes noticias sobre cuadros,
joyas, imágenes, enseres de casa, aperos y demás, está firmado por el
otorgante de su propio puño y letra con un trazo muy inseguro.
Pero aún no había llegado el fatal momento, pues 20 días más tarde
lo encontramos recibiendo un préstamo de 1.500 reales de manos del
licenciado don Francisco Ortuño y Fernández, y acto seguido daba
poder a su hijo Rafael, para que pasase a la villa de Huéscar y a la ciu-
dad de Granada, para pedir al presbítero don Esteban Sarrabona, su
apoderado en los bienes que tiene en dicha Villa, lo que le perteneciese.
Y el 20 de octubre del mismo 1755 otro poder a Andrés Artiaga y con-
sortes, revocando el que tenía concedido a Juan de Alarcón y Torres.
La presencia en Granada de don Rafael de Bustos y Molina, era
aprovechada por José de Campos, vecino de Cotillas preso en las
Reales Cárceles, para la gestión de sus pleitos en aquella Chancillería.
No era solo éste, pues el 11 de noviembre, estando en el Convento del
Carmen Calzado, extramuros de la ciudad de Murcia, José Giménez,
asimismo vecino de Cotillas, dio poder para todos sus pleitos a don
Juan Lain de Guzmán, residente en la ciudad andaluza.
La muerte de doña Ana Teresa Molina y Ladrón de Guevara, iii
Marquesa de Corvera, acrecentó la problemática de su esposo, pues
se mostró reacio a entregar a sus hijos lo que les correspondía por
la legítima materna. Tanto Pedro José, nuevo Marqués de Corvera
por la muerte de su progenitora, como Rafael, demandaron por ello
a don Cristóbal, quien por autos dados por las justicias de Cotillas,
Murcia y Granada, se vio privado de la administración de sus bienes.
El resultado fue una providencia que se dio el 24 de junio de 1756,
121
para todo lo concerniente sobre las legítimas maternas. La confu-
sión producida por tales disposiciones judiciales, fue aprovechada
por el primogénito para posesionarse de hecho de los mayorazgos
y del mismo Señorío de Cotillas. Lógicamente don Cristóbal no se
conformó con la nueva situación y recurrió ante la Real Chancille-
ría, donde pidió Real Provisión para comunicar a los arrendadores
y administradores, que seguía siendo poseedor de sus mayorazgos;
para que don Pedro José no se entrometiese en las rentas ni en la
jurisdicción de Cotillas, y para otros efectos.
Y por un auto que dictó, así se proveyó, disponiendo la expedición
de la correspondiente Real Provisión favorable a don Cristóbal. Con
ella en su poder, el 23 de mayo de 1756 requirió su cumplimiento al
licenciado don José de la Pena, Alcalde mayor de Murcia, quién por
un auto que proveyó al efecto encomendó la misión a don José Esteve,
uno de los escribano del número de la ciudad. El citado escribano se
presentó el día 24 en el domicilio de don Pedro José, requiriendo con
la Real Provisión a Francisco Hurtado, uno de sus criados, quien dijo
que su señor había salido de casa. Nuevos intentos se produjeron los
días uno y cuatro de junio, obteniendo éste el mismo resultado, pues
le decían los criados que don Pedro José no se encontraba en casa.
Apremiado por don Cristóbal, el escribano hizo un nuevo intento
cierto día del mismo mes, y habiendo pasado a la casa de don Pedro
José a cumplimentar la citada declaración de Justicia, proveída por
el Alcalde Mayor, preguntó por él a un criado, y le contestó que no
estaba en casa. Esteve le pidió entonces que llamara al criado mayor
para entregarle un papel, conteniendo el auto dado en Granada a 23
de mayo, según una Real Provisión de la Chancillería de Granada.
Entonces se asomó doña Nicolasa Lucas –mujer de don Pedro José–,
al antepecho del corredor que cae al patio, dando vista a la puerta del
medio, en donde estaban Esteve y dicho criado; y dijo, que cómo se
entendía venir a su casa a preguntar por su marido dos o tres días sin
122
dejar razón alguna, “que hera Esteve un pícaro, que lo había de echar
a los Arsenales, y que no había de parar hasta que lo consiguiera o
pusiera en un presidio”. Esto con voces alteradas, e inmediatamente
dos esclavos, que el uno le llaman Pedro León, y al otro Juan Anto-
nio, y un tercero llamado Bautista Tormo, criador menor, se tiraron
al escribano, agarrándole de la chupa el referido Juan Antonio, Pe-
dro León del hombro izquierdo, y el nominado Bautista Tormo de la
espalda con una espada en la mano con su vaina, y éste le dijo a Este-
ve, que no pensara salir con vida. Y en este lance, relata el escribano,
“… y arrodeado de los dichos esclavos, y criado menor, el citado Juan
Antonio le arrebató de las manos el papel que llevaba de prevención
para dejar […] y entraron don Pedro y don José Campuzano, presbí-
teros, que intervinieron, y pudo salir tras dejar el papel. José Miguel
de Esteve, que contaba 26 años de edad, coaccionado por la agresión
y amenazas proferidas contra él, calló el incidente, pero como todo
termina sabiéndose, alguna información de los hechos llegó a oídas
de don Cristóbal Antonio, quien el 26 de junio presentó un pedi-
mento, sobre el fundado temor a que se resistiesen los escribanos a
practicar diligencias, que a él le convenían, por no verse atropellados
como José Esteve, que manifestó le habían acaecido inconvenientes
con los criados de don Pedro José de Bustos, su hijo.
Por un auto de siete de julio el Alcalde mayor de Murcia conminó al
Señor de Cotillas a que manifestase los sujetos que habían intervenido
en el mencionado lance con dicho Esteve. A consecuencia de ello, el 12
del mismo mes, don Cristóbal pidió se le notificase quienes eran, expi-
diéndose un auto para que el escribano lo manifestase, y éste se negó a
efectuar tal declaración. Ante la negativa, el día 14 elevó nuevo escrito
el señor Bustos, dando como resultado un nuevo decreto del citado
Alcalde mayor, que esta vez si fue cumplimentado por el escribano,
dando relación de todo lo que pasó, como antes se ha dicho.
Como no obtuvo satisfacción, el 18 de julio don Cristóbal alegó
123
que pese a lo ordenado por Granada para que don Pedro José le en-
tregase los bienes, o le pusiesen dos guardas, no lo había ejecutado.
En contestación a este requerimiento don José de la Pena requirió el
día 19 al Señor de Cotillas para que le entregase el Real Decreto de
Su Majestad, a fin de que se pusiese copia autorizada en los autos, lo
que efectuó el día 28 del mismo mes de julio, junto con un memorial,
constando de dichos escritos que por Real Provisión de 17-v-1757, se
mandó al citado Pedro José de Bustos entregase las llaves de la Casa-
parador de la villa de Cotillas, y diese cuenta formal de los bienes y
efectos producidos en Cotillas y Hellín, que había percibido desde el
día 24 de julio de 1756 hasta el presente. En la relación aparece, que
en la Chancillería recurrió don Rafael de Bustos, hijo segundogénito
de don Cristóbal, para que se asegurasen los bienes pertenecientes a
la Marquesa de Corvera, su madre; sobre cuya petición vino un re-
ceptor que participó en varias incidencias, e hizo diversos embargos.
Y por auto de 24-vii-1757 se mandó a la Justicia de Murcia, que
dando don Cristóbal fianza de estar a derecho y de satisfacer a sus
hijos sus legítimas maternas, le pusiese en el uso y posesión de sus
bienes, que se hallaban embargados y depositados, por providencias
de la Chancillería y de la Justicia de Cotillas; y que en el plazo de 30
días se finalizara el inventario, cuenta y partición de los bienes que
habían quedado por muerte de dicha Marquesa de Corvera. Con-
cediéndose que don Pedro José pudiera usar de su derecho sobre
deterioraciones de los bienes vinculados, como sobre sus alimentos y
demás, y que en 30 días presentase cuentas de los bienes y efectos de
que se había constituido depositario.
Expuso entonces don Cristóbal Antonio, que las justicias de Cotillas
y Hellín estaban erradas, creyendo que él estaba privado y desposeído
del manejo de sus caudales, y que por tanto no querían acudirle con las
rentas de los mayorazgos que le pertenecían; y al que conocían y voci-
feraban por dueño de dichos mayorazgos era a don Pedro José, siendo
124
éste solo inmediato sucesor de ellos. Y como producto de tal error reci-
bía las rentas, no habiendo providencia sobre ello. Y que solo le corres-
pondía lo de su madre, pero no los mayorazgos de Huéscar y Baza.
Aclaro lo cual, don Cristóbal había pedido Real Provisión para
comunicar todo eso a los arrendadores y administradores; y para que
don Pedro José no se entrometiese en las rentas ni en la jurisdicción
de Cotillas, etc. Y por un auto que dictó, así se proveyó como el Se-
ñor de Cotillas había solicitado.
No conforme aún, y por tener que hacer ausencia para presentarse
en nuevas instancias, el 16 de mayo de 1758 don Pedro José de Bustos,
Marqués de Corvera, otorgó plenos poderes a doña Nicolasa Lucas
Zeldrán, su mujer, para que pudiese administrar los bienes de ambos.
A su vuelta solucionó por la vía rápida un asunto doméstico que le
debió reportar algunos problemas. A tal fin, el 13 de septiembre de
1758 dijo ante escribano, que su suegro don Juan Francisco Carrillo y
Lucas, vecino de Murcia y Alguacil mayor del Santo Oficio de la In-
quisición, tenía un esclavo llamado Domingo del Rosario y Guzmán,
al que por su testamento cerrado, otorgado en Murcia a 5 de abril de
1757, y abierto con toda solemnidad el día 6 de dicho mes y año, dejó
dispuesto, que tras servir cuatro años a su hija se le diese libertad. Y
que ahora, pese a que aún no se había cumplido dicho término, se
la concedía, con la condición de que se marchase de Murcia y no
apareciese nunca por casa del otorgante.
125
ro, el de una niña abandonada poco después de nacer, a la que se
le impuso por nombre Antonia Josefa; y el segundo, en nueve de
septiembre, un niño al que se asignó el nombre de Manuel José, hijo
de Tomasa López y de padre desconocido. En Alcantarilla el día de
Navidad de 1750 le sorprendió la muerte y fuerte enterrado en ella,
José Martínez, sacristán de Alguazas y Cotillas, que estaba casado
con Teresa Lozano.
En el mes de mayo del mismo 1748 registramos en Cotillas la visi-
ta del encargado de Montes y plantíos del Departamento de Marina
de Cartagena, acompañado del escribano de dicho departamento,
Fernando Jiménez de Pineda, para hacer inventario de todos los ár-
boles existentes en el término municipal que pudiesen ser útiles a los
astilleros para la construcción de barcos. Recorrieron con las auto-
ridades locales los montes, campos y huertas, y dejaron el mandato
de que se instalase un vivero y en lo sucesivo cada vecino40 plantase
anualmente tres árboles. Los árboles que más interesaban para dicho
objeto eran los pinos, robles, álamos blancos, olmos y a veces alme-
ses41.
Los vaivenes e incertidumbres ocasionados por los diversos plei-
tos no eran marco apropiado para el fomento y estabilidad de las
explotaciones agropecuarias, motivando las ventas de heredades con
más frecuencia de la que hubiese sido conveniente, como hizo el 21
de octubre de 1752 el presbítero don José Valverde Castellanos, que
vendió al vecino de Ojós José Marín, 24 fanegas y media de tierra se-
cano panificables, sitas en el campo de Cotillas, en las que se incluía
la que llaman Vuelta de Fuentes; tierras que lindaban por Levante,
Poniente y Norte, con el Riacho de Mula, la que dicen Vuelta de Ma-
tapocas, y por el Mediodía con tierras del Convento de San Agustín,
que dividen los cabezos, yesares, y tierras de la Capellanía de Garri-
40 El padrón de 1748 refleja 99 vecinos.
41 Árbol caducifolio mediterráneo que llega a alcanzar 25 metros de altura, y cuyos frutos
en forma de cerezas son comestibles.
126
do, barrancos de por medio, y jurisdicción de la villa de Mula; cuyas
tierras bajan unidas a la referida Vuelta de Fuentes. Dicha propiedad
la adquirió Valverde de Josefa Prieto, viuda de Bartolomé la Fuente,
y de los herederos de éste, vecinos que eran ya de la villa de Mula, por
escritura ante el escribano Carlos Antonio Gilarte, en este mismo
año de la venta; quienes las habían heredado de sus padres y abuelos,
sin más carga que el deceno, que de los frutos y esquilmos de ellas
se pagaba al Señor que es o en tiempos fuere de la villa de Cotillas.
Pagó dicho Marín de precio por cada fanega, 90 reales de vellón, que
en suma total fueron 2.205 reales, aunque de los cinco de pico le hizo
gracia don José. Cantidad que no percibió el sacerdote, pues encar-
gó a Marín que los había de entregar en su nombre a don Juan de
Llamas, vecino de Archena, de quien debía exigir el correspondiente
recibo a nombre de don José Valverde.
Los litigios se ven reflejados en el documento, pues se añade ...“y
respecto de que con el Marqués de Corvera, Señor de Cotillas, se
han seguido varios pleitos con los heredados de ella, los que ha per-
dido dicho Marqués, y actualmente se está siguiendo otro en el Real
Consejo de Castilla, sobre que se recoja cierta Real Facultad que
ganó siniestramente, y suele con temeridad intentar algunos recur-
sos; si por algún acontecimiento dicho Señor u otro se entrare por
dichas tierras, se obliga el otorgante a restituir solamente los citados
2.200 reales, y no las mejoras y aumentos que en ellas hubiese he-
cho el citado Marín”. Para está cláusula condicional era preciso la
correspondiente fianza, por lo cual, “Y para firmeza de ello hipoteca
especialmente 32 fanegas de tierra secano, en la jurisdicción de Mula,
territorio de Campos, Partido del Albardinal y Esparraguera, linde
con otras tierras del otorgante, herederos de Francisco Garrido Fo-
llana, don Antonio Moreno y Juana Zapata, y el Carril de Alguazas;
las cuales heredó de sus padres”.
Cuando en febrero de 1759 don Nicolás Bautista Tomás, vecino
127
de Murcia, otorgó su testamento, dice en él, que tomó una porción
de tierras de don Cristóbal de Bustos en la villa de Cotillas, con fa-
cultad de Su Majestad, en las que fabricó una casa que le costó más
de 5.500 reales; y en plantar viñas, oliveras y otros árboles frutales, y
un pozo que abrió, le costó más de otros 5.500 reales, como consta-
ba por escritura del año 1754; “de cuya propiedad le han despojado
los heredados de dicha Villa”. Lo que hace constar por si sus hijos
quieren repetir demanda contra don Cristóbal de Bustos y don Pe-
dro José de Bustos, Marqués de Corvera, su hijo, que se obligaron
con sus bienes y rentas a la evicción y saneamiento de la venta que
le hicieron. Fueron alcaldes ordinarios de Cotillas en 1759, Matías
Vicente y Antonio Gil.
Entre los propietarios que llegan a Cotillas atraídos por las suertes
de tierras que se estaban subastando o por las que algunos malven-
dían, encontramos al vecino de Murcia don José Marfil, que en 1754
era propietario de una hacienda de más de setenta tahúllas planta-
das de viña, aparte de otra extensión de tierra blanca panificable.
También poseía una importante hacienda en Gea y Truyols, en las
vertientes de Caracolero y La Pinilla, con más de 7.000 oliveras, que
labraba con tres pares de mulas, cuya hacienda recibió su nombre y
pasó a ser denominada “Lo Marfil”.
128
sustanciado a instancias de cierto sujeto llamado José de Campos, y
en el que deponen varios testigos ante las autoridades de la Villa, se
narran una serie de presuntos hechos, que vamos a relatar ordenados
de la mejor forma que nos sea posible.
El escenario es el partido de Las Torres, lugar en el que viven todos
los protagonistas de este lance y que tiene como actores principales al
citado José de Campos y un convecino de nombre Juan Pérez. Pues
bien, según se desprende de los autos, José visitaba con frecuencia la
casa de Juan, donde este habitaba con su esposa, una hija y cierta mu-
jer de estado viuda de Juan Martínez, cuya relación con los dueños de
la vivienda no hemos podido discernir, de 36 años de edad, y que no
sabía leer y escribir, como la inmensa mayoría de sus congéneres.
En uno de los últimos días del mes de junio, que con certeza no se
pudo determinar, posiblemente a causa de que Juan estuvo rumian-
do algunas fechas sobre si dar o no cuenta del suceso al pregonero;
cuando serían sobre la una a dos de la madrugada y toda la familia
reposaba en la cama, en el silencio de la noche escuchó el dueño de
la casa algunos ruidos procedentes del patio, donde tenía algunos
carneros, lienzos42 y gallinas. Al escuchar entonces un golpe en la
puerta que daba al corral, y que más tarde se supo había sido produc-
to de un tormazo, al percatarse que no podían ser su mujer ni su hija
las cuales estaban “debajo de llave”, pensando en que algún ladrón
le quería robar o hurtar aquellos bienes, se levantó del camastro, y
cogiendo un rejón que allí tenía abrió la puerta.
Tras ella encontró a un hombre al que asió del cuello del camisón,
resultando ser el susodicho Campos, que había saltado la tapia y del
que desconocía las intenciones que tenía para hallarse allí en aquel
momento. Asegurándose más lo sujetó por un brazo, y así asido fuer-
temente, mientras con la otra mano blandía amenazante el rejón que
portaba, le preguntó:
129
–¿A qué ha entrado usted a esta hora a mi casa, y por el corral?
A lo que respondió:
–A platicar con la hija de usted.
–¿Pues qué tiene usted que platicar con mi hija?
A lo que respondió Campos:
–¿Es usted confesor para decir la verdad?
–Sin ser confesor me la ha de decir usted la verdad, y a qué ha
entrado en mi casa a deshora.
Respondiendo José:
–A platicar con la hija de usted para casarme con ella.
Entonces Juan, dando voces llamó a su hija, que estaba durmien-
do, y al escucharlas despertó y acudió a la llamada del padre. Éste,
tras reconvenirla, le preguntó:
–¿Conoces a este hombre? –Respondiendo ella:
–Sí señor, que es Campos.
Juan Pérez, dirigiéndose a José, le dijo:
–Ya tiene aquí a mi hija. Platiquen ustedes lo que quieran en mi
presencia. –Campos calló y no respondió cosa alguna, por lo que
Juan le reprendió:
–Señor Campos, mi puerta está abierta para hombres de bien, y
en horas cómodas, y no es razón que me salteasen los corrales para
los fines que deja manifestados.
Y queriéndose salir Campos por el corral, es decir, por donde ha-
bía entrado, Pérez le dijo:
–Por donde usted ha de salir es por la puerta principal.
Y no queriendo perderse con una acción violenta, permitió que
José saliese por la casa, como en efecto lo ejecutó.
Pasaron unos días, en los que nada se supo, tal vez porque el atri-
bulado Juan así lo mandó a su familia, pero en su corazón iba ru-
miando una mala idea, que le iba royendo el pensamiento, con la
130
fuerza de la duda. Pensaba el pobre hombre en su desvarío, si aquel
intento del hasta entonces amigo José, estaba dirigido a yacer carnal-
mente con su hija, o lo quería hacer con la mujer. Para salir de dudas,
empezó a inquirir alguna pista, preguntando a vecinos y personas de
su confianza.
Como no hay secreto mejor guardado que el que no se revela, y
Juan Pérez, no estuvo a la altura de las circunstancias, la noticia co-
rrió como reguero de pólvora por todo el partido, y como es natural,
no tardó en llegar a oídos del mozo salta tapias, que “sintiéndose
ofendido”, dado que no existían otros testigos que la familia de Juan,
cargándose de razones, buscó como asesor al Dr. don Vicente To-
más Caravallo, y el día primero de julio presentó ante José Jiménez,
Alcalde ordinario de Cotillas, un escrito de demanda, donde tras
presentarse diciendo que por sí regía su persona y bienes, pues su
padre se hallaba decrépito, fatuo y desmemoriado, como era público
y notorio, se querellaba grave y criminalmente de Juan Pérez y de los
demás que resultasen culpados en el trámite de la querella.
Siguió narrando, que con ocasión de tener amistad con el Juan
Pérez, varias veces había entrado y salido a las horas cómodas y re-
gulares, en las casas de su morada y habitación, y que sin causa ni
motivo, el más mínimo, el citado Pérez “ha esparcido voces y en la
actualidad lo está haciendo, de que yo en una de las noches de los
últimos días del pasado mes de junio, siendo la una o las dos, con
corta diferencia, me introduje y metí en el corral de dichas sus casas
con ánimo de quitarle furtivamente algún carnero y gallinas, robarle
su casa, o violentar a su mujer e hija para fines torpes y deshonestos,
con otras muchas expresiones de igual injuria, daño y perjuicio a mis
honrados cristianos procedimientos, opinión, crédito y fama” […]
añadiendo “que dicha noche en el citado corral me agarró del cuello
de la camisa, y teniendo como tenía un rejón, arma prohibida, en las
manos, para quitarme la vida, no lo hizo llevado de caridad, y de las
131
persuasiones y súplicas que le hice”. Finalizaba el escrito pidiendo se
condenase a Juan por haber incurrido en graves penas.
El alcalde, que era lego en asuntos judiciales, dictó un auto al es-
cribano José Sánchez Hernández, por el que ordenaba se remitiese a
Murcia la demanda, al señor don Juan del Campo, Abogado de los
Reales Consejos, que ejercía como Alcalde mayor y Gobernador de
la Villa, a quien para este asunto nombraba por su asesor. Al día si-
guiente, el Gobernador aceptó el nombramiento y se presentó en Co-
tillas para cumplir su cometido, aconsejando al alcalde que aceptase
la querella y admitiese las declaraciones de testigos que se presentasen,
lo que así cumplimentó Jiménez por un auto que dictó dicho día, y
acto seguido se le comunicó a José de Campos. El viernes seis de julio,
Campos fue presentando diversos testigos, que narraron cuanto sa-
bían, por haberlo oído directamente de alguno de los protagonistas.
Primero declaró Juana Gallego, mujer de Manuel Torres, vecina
de éste partido, y de 22 años de edad, que por ser vecina de la familia
Pérez había visto con frecuencia entrar y salir de la casa a José de
Campos; y que estando platicando con Josefa Navarro, hará ocho o
diez días, llegó Pérez a casa de la testigo y le preguntaron:
–Tío Juan, ¿qué es esto que dicen que usted ha cogido a deshora
de la noche en la puerta del corral a José Campos, que iba a entrar
dentro de la casa de usted? –Respondiendo:
–Es cierto que lo he pillado a deshora, que iba a introducirse en mi
casa, y ahora lo que yo pretendo es saber a lo que venía y entró, y
si era a forzar a mi mujer, o platicar con mi hija.
En segundo lugar se presentó como testigo Josefa Navarro, que
tras manifestar tiene habitación en la casa de Juan Pérez, narró lo
sucedió con todo detalle por haberlo presenciado personalmente. Y
dijo ser de 36 años de edad, y que no firmaba por no saber.
José Gómez, morador en las Torres, de 50 años de edad, fue pre-
sentado en tercer lugar, manifestando ante dicho Juez que por ser
132
vecino, estando en su casa llegó a ella Juana Palma, mujer de Juan
Pérez, y le preguntó:
–¿Qué voces son las que hay en este partido, que Juan Pérez ha pi-
llado en el corral a deshora a José Campos, que se iba a introducir
dentro de sus casas? –A lo que respondió Juana:
–Es cierto que mi marido lo pilló a deshora y en la puerta de mi
corral, y lo que queremos es saber a qué venía, para en su vista usar
de nuestro derecho y lo que sea justo. –Tras lo cual Juana marchó
a sus casas.
El cuarto testigo que presentó fue Jerónimo Cascales, de 64 años,
vecino de Alguazas pero residente en Cotillas. Cuenta en su decla-
ración, que estando en Murcia en las gradas del río que nombran
de Segura, que pasa por los muros de ella, hará ocho o diez días, en
compañía de don Martín Talón, vecino de Cieza; siendo como las
seis de la tarde llegó Juan Pérez, en compañía de otra persona desco-
nocida para este testigo; y al verlo le preguntó:
–¿Qué cuidado trae usted a Murcia?
–He venido a informarme de un caso que me ha acontecido con
José Campos, por cuya parte es presentado, que a éste lo he cogido
a deshora de la madrugada en la puerta de mi corral, que se había
introducido por las tapias de él, pretendiendo entrar en mi casa, y
habiendo sentido un golpe en la puerta de dicho corral, me levan-
té y lo así del cuello del camisón, y le pregunté
–¿A qué viene usted a mi casa a deshora y por los corrales?
–¿Es usted un confesor para que le diga la verdad?
–Y habiéndole estrechado para que le dijese qué fin era su venida,
respondió:
–A platicar con su hija. –Añadiendo Cascales, que por surgir en-
tonces otra conversación no hablaron más del tema.
Finalmente, en quinto lugar, se presentó por testigo Francisca Rubio,
mujer de Manuel Gómez, vecina de Alguazas y residente en ésta, de 32
133
años de edad. Contó, que estando en su casa, hará unos 15 días, llegó a
ella como a las 10 y media de la mañana, Juan Pérez, a beber un poco de
agua. Y ella le preguntó cómo andaba de pleitos. A lo que respondió:
–De los pobres van despacio, porque el Cura había errado la certi-
ficación que le había dado de pobre.
–Tío Juan, lo mejor es dejarse de pleitos, y más cuando dice que
no tiene usted testigos.
–Mi pleito es preciso seguirlo hasta el Nuncio, que ha sido mucho
atrevimiento el que José Campos, por cuya parte es presentado,
ha hecho al haber entrado a deshora de la noche por las tapias
del corral, porque habiendo sentido un golpe en la puerta de él, y
contemplado de que mi mujer y mi hija estaban debajo de llave,
colegí serían ladrones que venían a robar o hurtarme los carneros,
lienzos y gallinas del gallinero. –Tras seguir narrando lo que ya
expuesto anteriormente, con la diferencia de que asegura le res-
pondió Campos “que había ido a lo que le dio la gana”, y que él le
preguntó “si había ido a acostarse con su mujer o con su hija”, “por
no perderse lo soltó”.
Terminada la presentación de testigos, el Alcalde ordinario man-
dó dar traslado de las actuaciones a la parte solicitante, lo que tuvo
cumplido efecto el mismo día ocho; pues por aquellos años, el que
fuese domingo no era óbice para detener la acción de la Justicia. Esto
es todo lo que podemos contarles, pero añadiendo, que afortunada-
mente, en aquellos tiempos los procesos judiciales a nivel local se
sustanciaban pronto, sobre todo por que nadie quería que los gastos
de juez, escribano y peritos se fuesen incrementando.
134
una comisión nombrada al efecto se ocupó de cumplimentar lo referen-
te a Cotillas. Gracias a dichos informes, conservados aún, conocemos
con bastante aproximación numerosos aspectos de la vida local, en sus
más variadas facetas43. Por la existencia de trabajos específicos sobre el
contenido de la encuesta, no nos detendremos en su análisis, pero deja-
remos aquí algunos datos esenciales que nos ayuden al conocimiento de
la situación a mediados de siglo, sobre todo respecto a población, clases
de tierras, cultivos, producciones, precios y composición del Concejo.
La población se había cuadruplicado respecto a la de 1720, al pasar
de 25 a 102 vecinos (unas 460 personas), aumentado de modo notable
el caserío en Las Torres y prosiguiendo el abandono de la antigua
Cotillas, como se refleja en la existencia de unas cincuenta viviendas
vacías, de las 156 censadas, más unas 14 barracas. Población en su
mayor parte compuesta de jornaleros (3/4), una cuarta parte labra-
dores, y muy pocos dedicados a otras actividades, que generalmente
compaginaban con su trabajo habitual; siendo destacable la inexis-
tencia de pobres de solemnidad, cuyas causas podrían ser atribuibles
a diversas circunstancias.
El territorio estaba cultivado en su mayor parte, y de las 3.140
fanegas tan solo 723 eran de regadío (unas 4.340 tahúllas). Entre
los productos cultivados destacaba el viñedo, siguiéndole moreras y
olivar; en tanto que las tierras dedicadas a labradíos eran unas 1.130,
donde se plantaba trigo, cebada y panizo, alternando los cereales en
los secanos con una cosecha de barrilla para la obtención de sosa. La
ganadería era escasa, y generalmente complementaria en las labores
agrícolas y para el sustento de los propios vecinos; en tanto que la
43 El profesor Dr. don José López Yepes se ocupó del tema en un artículo publicado hace
décadas en el diario Línea, y más tarde en el libro Las Torres de Cotillas. Aportaciones
históricas. Ayuntamiento de Cotillas, 1994; con un trabajo denominado “Una descrip-
ción de Las Torres de Cotillas a mediados del siglo XVIII”. También es de interés, en
dicho libro, sobre todo en lo que respecta a la segunda mitad del siglo XVIII, el de José
Antonio Marín Mateos, “Datos históricos de fines del siglo XVIII e inicios del siglo
XIX”, pp. 83-85. A los cuales remitimos para un conocimiento más amplio.
135
apicultura tenía una modesta incidencia en la economía doméstica,
con 34 colmenas pertenecientes a ocho propietarios, dedicadas a la
obtención de cera y miel44, con rendimiento individual de unos 16
reales en cada anualidad.
Los precios oscilaban sensiblemente según las cosechas, registrán-
dose en la encuesta que la fanega de trigo valía 24 reales, la de cebada,
10 y la de panizo 15; la arroba de aceite 25, y la de vino 5. Los míseros
salarios oscilaban entre cuatro y cinco reales diarios, lógicamente en
aquellos que encontraban trabajo. El Señorío obtenía una renta de
aproximadamente 24.000 reales al año, de las diversas prestaciones
que sufragaban los vecinos, y en cuyo detalle no entraremos ahora
para evitar la prolijidad de lo que ya nos hemos ocupado en el aná-
lisis de diversos litigios. Impuestos añadidos eran los de tipo ecle-
siástico (diezmo, primicias y Voto de Santiago), que suponían unos
17.000 reales; y los que giraba la Hacienda real (servicios ordinarios
y extraordinarios), otros 2.500 reales.
La composición del Concejo experimentó muy pocos cambios a
lo largo del periodo que nos ocupa, y sus miembros solían renovarse
cada año el día de Todos los Santos siguiendo la costumbre establecida
por Alguazas el año 1590, cuando se eximió del señorío particular. La
composición era de dos alcaldes ordinarios, dos regidores, dos pro-
curadores (o diputados del común), un Procurador Síndico General
(que hacía las veces de defensor del pueblo), un escribano del número
y ayuntamiento (que no lo había siempre), un Promotor Fiscal, un Al-
guacil Mayor (y Alcaide de la cárcel), un Alguacil ordinario, uno o dos
alcaldes de la Santa Hermandad, y un Alcalde de la Huerta (o Alcalde
de Aguas). Habiendo desaparecido ya el cargo de sobreacequiero. Car-
gos todos ellos que designaba el Señor de la Villa, o el Gobernador en
44 Sobre el cultivo de la miel, se puede ver: Guatazales. Ricardo Montes Bernárdez. Ayun-
tamiento de Campos del Río. Murcia, 2001; y del mismo autor “Historia de la miel en
Murcia”, pub. en Estudios sobre Murcia contemporánea. Real Academia Alfonso x el
Sabio. Biblioteca de Estudios Regionales, núm. 42. Murcia, 2003.
136
su nombre. Concejo que no disponía de rentas al no poseer otro bien
que la casa ayuntamiento, que a la vez servía de cárcel y carnicería.
El traslado paulatino del vecindario al llamado partido de Las To-
rres, fue causa de sentirse la necesidad de establecer algunos servicios
de abastecimiento, pues hasta entonces la población se surtía de las
tiendas de Alguazas, con lo cual evitaban el pago de los impuestos
que cargaban los productos esenciales: carne, aceite, vino y vinagre.
Cuando a principios de 1758 se estableció en Las Torres una tabla de
carne de cabra, que vendía también vino, vinagre y aceite, el 13 de abril
de aquel año el arrendador en Alguazas de dichas especies, presentó
una protesta en el Concejo diciendo, que con motivo de la cercanía a
Alguazas de la villa de Cotillas, “y haberse nuevamente puesto en ésta
tabla de carne de cabra, con precio más bajo, por pagarse muy módi-
cos derechos, pues abastece de vino, vinagre y aceite al paraje de las
Torres, muchos vecinos de Alguazas y huerta, se surten en Cutillas y
se traen de ella cargas de vino al por mayor, lo que le ocasiona que-
branto, pues paga más de 6.000 maravedís de derechos”. Por lo que
pedía se prohibiese a los vecinos comprar en Cotillas. Petición que
fue aceptada, y se mandó publicar por los alcaldes, “y que el Alguacil
mayor lo comunique a los vecinos en sus casas como se acostumbra”.
Dicho abastecedor era José Vázquez, morador en La Ñora, que había
ofertado vender, entre otras, con las siguientes condiciones:
– La azumbre (4 cuartillos) de aguardiente a 28 cuartos, y de buena
calidad; y para urgencias de esta villa dará 1.100 reales de vellón.
– La azumbre de vino, un cuatrimestre de dicho año, a 8 cuartos;
otro cuatrimestre de dicho abasto, según eligiere él, a 10 cuartos; y
los otros cuatro meses de dicho año, también los que eligiera, a 12
cuartos de vellón.
– Y el aceite, cuatro meses, como eligiera él, a 10 cuartos, y los otros
8, a 12 cuartos de vellón. –Y la azumbre de vinagre a 8 cuartos de
vellón todo el año.
137
– La libra de carne de macho, los 3 meses que elija, a 10 cuartos; y
los otros 9, a 9 cuartos.
– La libra de cabra a 7 cuartos de vellón.
Las subastas de arrendamientos de todo tipo se prolongaban du-
rante cierto tiempo, posibilitando así que la noticia llegase a todos
los interesados y se mejorasen las posturas. Por ello era frecuente que
viniesen personas de otras localidades a los remates. El 14-vii del
mismo año, Rodrigo Riquelme, vecino de este pueblo, arrendó la
renta de minucias perteneciente del Obispo y Cabildo, en Cotillas,
por 330 reales de vellón. Cuyo remate tuvo lugar en Alguazas ante
don Juan Serrano, presbítero de ella, y los alcaldes ordinarios don
Fulgencio Tello Serrano y José Pardo.
45 La partida dice lo siguiente: “Murió en esta Parroquial del Glorioso Arcángel San Mi-
guel de la Ciudad de Murcia, oi veinte y ocho de octubre de mill setecientos cinquenta
y dos años, y fue sepultada el veinte y nueve de dicho mes, Doña Ana Theresa Molina,
muxer lexitima que fue de Don Xptoval de Bustos y Carrasco, Marqués de Cotillas, en
el Convento de San Agustín y Capilla propia de Nuestra Señora de la Rexaca, habiendo
recibido los Santos Sacramentos de Penitencia, Viático y extremaunción; dio poder para
testar ante Diego García Villalva, escribano de este mismo numero, en diez y siete de
junio de este presente año, a dicho su marido, y a Don Xptoval María de Bustos su hijo; y
por la verdad lo firmo en dicha Ciudad en dicho día mes y año.- Don Antonio Durán”.
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en diez y siete de junio del mismo año, a dicho su marido y a don
Cristóbal María de Bustos, uno de sus hijos.
Ante la previsible muerte de la Marquesa, gravemente enferma,
unos meses antes se establecieron contactos con la comunidad de
religiosas dominicas de Santa Ana, para la entrada en ella de doña
Antonia María de la Piedad de Bustos, la hija más querida del Señor
de Cotillas, quien al efecto efectuó la toma de hábito el 30 de sep-
tiembre de 1752, sin otorgar las habituales escrituras de dote, pues
según consta 46, …“no se hicieron escrituras por estar sus padres mu-
riéndose”; aunque desde este día se pagaron alimentos por ella.
La presencia de doña Antonia en el convento va a propiciar el giro
de muchas cosas. La primera de ellas es que cuando en 16 de marzo
de 1754 fallece su hermano Cristóbal de Bustos, de estado mancebo,
“habiendo recibido los Santos Sacramentos de Penitencia, Viático y
extremaunción”, su entierro se efectuó en el presbiterio de la Igle-
sia de dicho monasterio47, con asistencia del Obispo don Diego de
Roxas y Contreras. Poco después, el primero de diciembre de 1754
ingresa también doña Ana de Bustos, aunque al parecer sin ánimo
de profesar y tan solo por alejarse de su padre, permaneciendo allí,
en principio, los años 1755 y 1756.
46 Sobre las relaciones con el Convento de dominicas de Santa Ana, seguiremos funda-
mentalmente a Fr. Antonio Bueno Espinar O. P., El Monasterio de Santa Ana. Las Mon-
jas Dominicas en Murcia. Editado por Fundación Caja Murcia, Familia Dominicana en
Murcia y Universidad de Murcia. Imp. LIBERCROM, S.A., Murcia, 1990. Ejemplar
que hemos consultado por gentileza de nuestro querido amigo el Rvdo. don Francisco
Candel Crespo, a quien también agradecemos públicamente las facilidades que nos dio
para investigar en el Archivo parroquial de San Miguel Arcángel, de Murcia.
47 Inhumación que según el P. Bueno Espinar tuvo lugar el 18, aunque en el “Libro de
Entierros” dice que fue el dieciséis: “Murió en esta Parroquial del Glorioso Arcángel
San Miguel de la Ciudad de Murcia, y fue sepultado en Convento de Santa Ana, oi diez
y seis de marzo de mill setecientos cinquenta y quatro años, Don Xptoval de Bustos, de
estado mancebo, hijo de Don Xptoval de Bustos y de Doña Ana Molina, difunta, ha-
biendo recibido los Santos Sacramentos de Penitencia, Viático y extremaunción, y para
que conste lo firmé.- Don Antonio Joseph Durán”. La Priora, sor Nicolasa Navarro,
anotó que por dicho entierro, el padre pagó 188 reales.
139
En casa quedaba otra de las hijas, doña María de la Piedad de
Bustos, que desairada porque su padre no le autoriza a contraer ma-
trimonio desigual, el 13 de marzo de 1755 ingresó también, cuando
contaba 40 años de edad. Como don Cristóbal no estaba por la labor
de entregar el caudal necesario para su profesión, dote y alimentos,
doña María remitió un memorial al Obispo, que se encontraba en
Madrid, pidiéndole que gestionase el que de su legítima materna se
tomasen los bienes necesarios para sufragar dichos conceptos; a lo
que accedió don Diego por escrito de 12 de abril siguiente. Comuni-
cado a don Cristóbal Antonio, la respuesta de éste fue negativa, pues
afirmaba que la dote la quería antes de profesar, para casarse luego
que la tuviese.
El tres de mayo decidió el prelado –quien debió recapacitar sobre
lo alegado por el Señor de Cotillas–, que dicho importe quedase en
depósito hasta que profesase Sor María, pero su padre no entregó
caudales algunos, entre otras causas porque no disponía de ellos al
tener sus bienes embargados y ocupados por Pedro José, y Su Exce-
lencia ordenó el nueve de agosto que se embargasen los bienes del
Marqués y se entregase de esta manera el importe de la dote pen-
diente.
Mediante Provisión Real a su favor, emitida al efecto, obtuvo don
Cristóbal el desembargo de algunos de sus bienes, lo que permitió en
21 de julio de 1756, que ante Esteban González se hiciese la escritura
de dote, por la que la Comunidad recibió alhajas de oro y plata por
valor que alcanzase a todo lo referido. Solucionado este inconvenien-
te, cuatro días más tarde profesó sor Antonia María de la Piedad,
ante la priora sor Ángela de Guevara y de don Jerónimo Rosillo,
Gobernador General del Obispado. El 15 de agosto del mismo año,
hizo lo propio sor María de la Piedad de Bustos y Molina, ante dicha
priora y don Gabriel Pelegrín, Canónigo de la Catedral; sin que su
padre hubiese aportado cantidad alguna por ella. Cuestión resuelta
140
el 19, cuando se pusieron en el Arca del depósito de capitales las
alhajas dadas por el “Sr. Marqués de Cutillas” para la seguridad de
las dotes de las citadas sus dos hijas, religiosas profesas de velo negro.
De cuyo total de gastos pidió relación detallada el Sr. de Cotillas, por
carta del siguiente día 31.
Con dos hijas monjas profesas en el convento y con los restos mor-
tales de su hijo Cristóbal sepultados en la Iglesia del mismo, cuando
hacía poco más de un año que había otorgado su segundo testamen-
to redactó un tercero48 –a la postre el definitivo– el 29 de septiembre
de 1756 (festividad de San Miguel), que contenía importantes modi-
ficaciones y que mandó depositar en poder de la Priora del Convento.
Se redactó in escriptis o cerrado, pero al día siguiente dispuso que
antes de expirar se abriese para mejor cumplir las disposiciones. Y
aún cambió después tal cosa, pues el primero de octubre decidió que
fuese testamento abierto. Entre dichos cambios:
• En primer lugar cambia los albaceas designados en 1755, dejando
de ellos tan solo a la priora de Santa Ana: …“nombro en primer
lugar a mis amadas hijas Antonia María de la Piedad y a sus dos
hermanas María de la Piedad y Ana María de la Piedad de Bustos
y Molina, y asimismo a la Reverenda Madre Priora que fuese del
Convento de mi Señora Santa Ana, y asimismo los quatro señores
Magistrales de esta Santa Iglesia Catedral que fuesen”.
• Modifica igualmente el lugar de su enterramiento, que antes ha-
bía previsto en San Miguel, …“en el altar maior de la Iglesia y
Combento de mi Señora Santa Ana, en donde se a de enterrar mi
cuerpo en el mismo depósito en donde está el de mi amado hijo
Christobal Antonio María de la Piedad”.
• Hace importantes mandas, prácticamente de casi todo lo que pue-
de disponer, a favor de una de las religiosas (Antonia) y de su her-
48 El texto completo en: Antonio Peñafiel Ramón, Testamento y buena muerte, pub. por la
Academia Alfonso X el Sabio, B.M.B., vol. 87, 1987, pp. 186-207.
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mana Ana. “Item es mi voluntad el que a mi amada hija Antonia
María de la Piedad, religiosa Profesa en dicho Combento se le dé
diarios seis reales de vellón y a mi hija, su hermana, Ana María de
la Piedad se le den quatro reales y medio vellón diarios, debiendo
entenderse que han de ser por el tiempo solamente de sus vidas
y después de ellas se agreguen al aumento de rentas de dicho mi
vínculo de Dios. Asimismo dejo a dicha mi Antonia María de la
Piedad, y a mi Ana, su hermana, el moro Ebrayn, si viviese des-
pués de mis dias para que como dueñas lo vendan y se aprovechen
por iguales partes del valor de su venta; también dejo a mi hija
Antonia María de la Piedad mi relox de plata ligítimo de Inga-
laterra de repetizión y de faltriguera, que su precio es de treinta
doblones, en los que no he querido venderlo. Asimismo le dejo mi
escribanía toda de piezas de plata que se componen de seis piezas
que por conozidas no las señalo. Asimismo le dejo las dos serbillas
de plata de que me estoy sirbiendo, con quatro cálizes, dos gran-
des y dos pequeños, dos basas de plata grandes, más le dejo seis
cucharas, seis tenedores y seis puños de cuchillos, todo de plata
sin estrenar. Asimismo le dejo todas las hechuras que compré para
el Nazimiento, como soldados y diferentes figuras. Asimismo le
dejo y es mi voluntad para el adorno de su celda todo de quanto
se compone por oy mi oratorio, láminas y los dos crucifijos, el
grande y pequeño de marfil, espejos pequeños y grandes, más un
bufete de nogal que tengo al pié de mi cama, que se compone de
quatro cajones, dos debajo y quatro por encima bajo una media
tapa de dicho bufete. Más dos tapetes para delante la cama y una
alfombra quasi quadrada con matizes encarnados y otros colores;
más un cobertor azul de Damasco con franja de oro. Assimismo le
dejo dos bufettes pequeños, ambos de una hechura, que tengo en
el quarto ante oratorio, y en dicho quarto los quadros siguientes
que en él están, que son: el uso de un Niño Jesús con la Cruz a
142
cuestas que del señor San Joseph camina acia su madre Santísima
que está hilando; Otro de Jesús, María y Joseph, otro del Niño
Dios recién nacido, en los brazos virginales de su Madre, que le da
de comer; otro de Santa Cecilia, mas los quatro payses que están
en medio de dichos quadros de diferentes pinturas de marinería
y pespectivas; más quatro taburetes de charol y seis de nogal altos
con asientos de tafiletes de la tierra, todo lo qual sea y sirba como
principal dueña del todo lo referido, y estando en su compañía y
unidas sus hermanas con el amor y cariño que corresponde a la
obligazión del parentesco, pero desunidas solamente sea dueña
absoluta de todo lo que es mi voluntad, sea suio quanto llebo refe-
rido”.
• Una vez visto que la mayor de sus hijas –la que quería casar con
persona de más baja condición y estado– había profesado, añade,
…“Digo, que haviendo profesado mi hija maior Doña María de
la Piedad de Bustos en el Comvento de Señora Santa Ana es mi
voluntad se le den diarios tres reales de vellón con las mismas
circumbstanzias que los que dejo señalados a sus dos hermanas,
del ser por el tiempo de sus vidas, que assí es mi voluntad, que a
la dicha Doña María se le den seis cucharas, seis tenedores y seis
cuchillos con puños de plata, como las cucharas y los tenedores
y todo estrenado. También es mi voluntad que todo lo que se in-
contrase de barros finos de diferentes géneros, como de basos de
xristal, platos, jícaras, tazas de Alcora y lo mismo de la China, y
todo el chocolate, cajas de Guajácar que se repartan por iguales
partes entre las tres mis hijas”.
• Como Ana María, aunque estaba en el convento no tenía inten-
ción de profesar, su padre dispone: “Y si mi amada hija Ana María
de la Piedad tomase estado de casada con persona igual en todo
a lo distinguido de su nazimiento, que a ésta, de no tener medios
sobrados para su manutenzión, en este caso le corran los diarios
143
que le tengo consignados; pero de no concurrir en dicho casa-
miento las circumbstanzias, la menor de no ser igual a su persona
y familia, que no goze de dichos diarios, y que inmediatamente
recaigan en mi hija Antonia María de la Piedad; siendo mi volun-
tad que todo lo que les diese en vida y después de ella, de alajas de
plata o otros géneros de algún valor, los quales solamente han de
disfrutarlos como el diario por los dias de su vida, y en caso que
se hallen en urgente necesidad puedan empeñar dichas alajas en
el Monte de Piedad, de suerte que por fin de sus vidas queden sus
valores agregados a el vínculo de Dios”.
• Tampoco podía olvidar en el testamento la enemistad con su hijo
mayor, y las “faenas” que le había hecho: “Item declaro que Don
Pedro Joseph de Bustos mi primogénito, haviendo extraido to-
das las alajas y géneros de que estavan llenos cinco baules, que
se consideraron balor de quatrozientos doblones, que confesó, y
para evitar se hiziese público, ofreció (en presencia de Don Diego
Garzía Villalba y Bartholomé Guil y otras personas) dar doze mill
reales de lo que pudiera ser suio de caudal u legítimas a benefizio
igual de sus tres hermanas. Asimismo declaro que también deve
satisfacer nueve mil reales que me está deviendo de los arrenda-
mientos de las tierras, jardín y casa que se le dieron por alimentos,
y las tubo por dos años por quenta de los mil ducados, como
consta ante Pedro Villanueva, escrivano del n.º de esta Ciudad; y
asimismo quinientos reales que por esta justicia está mandado sa-
tisfazer a mi hijo Xristobal Antonio María de Bustos (que goze de
Dios) de los mejoras de dichas Haziendas, que se tassaron quando
entró en ellas el dicho Don Pedro, quien deve satisfazer asimismo
los ymportes de quatro meses que se cumplieron a muerte de la
marquesa, mi muger (que goze de Dios), de los arrendamientos y
alcabalas que han pagado, y paguen dichos arrendadores de ellas.
• Menciona algunas cosas que se había llevado el otro hijo: “Item
144
declaro que Don Raphael Antonio de Bustos, mi segundo génito
me estrajo y llevóse de mi casa un par de muletas con sillas y fre-
nos a Madrid, el que lo avisó a Don Pedro Duro, dependiente de
estas fábricas, en sesenta doblones y diez más de las sillas y frenos,
y assí esta cantidad, como la de quatro mil setezientos y zinquen-
ta reales que por orden de Don Diego Mesias, Corregidor, se le
entregaron por quenta de su legítima, consta de autos ante Pedro
Buendia, escribano de este Número.
• Relata entre otros gastos, los ocasionados en diversos pleitos li-
brados en Baza y Granada, los “quinze mil reales que, al dos por
ciento, busqué para los gastos de funeral y entierro de dicha mi
muger la marquesa, como todo consta en dhos autos de inventario,
como otras pagas que hize, como asimismo, el importe de más de
dos mil ducados que pagué de las Doblas, como así otros dos mil
ducados que de alimentos se pagaron a dicho Don Pedro Joseph
de Bustos (todas deudas contraidas en el tiempo de la vida de
dicha mi muger); como los quinientos reales que por la justicia se
le mandó pagar a don Pedro Joseph, a mi amado Hijo Christóval
Antonio María de Bustos (que goze de Dios)”.
• Las mandas que dispone para el Convento de Santa Ana son muy
importante, así como las fiestas y sufragios que ordena se celebren
en él; cuya relación, por ser muy extensa omitimos aquí, pero para
cuya satisfacción funda un “Vínculo de Dios”, a cargo de “el que
de mis hijos o hijas llevasen el señorío de Cotillas, sin que jamás
se separe del dicho mi señorio y maiorazgos que oy gozo, y si acaso
en el tiempo que vivan mis hijas alguno de sus hermanos no con-
viniese por el tiempo de la vida que le corresponda ser heredero
y se escusase o diese motivo que obligue, pasen a tomar posesión
mis hijas, por el tiempo de sus vidas y después quede para siempre
jamás agregado a el que llevase el señorio de la Casa de Cotillas”.
• Para seguridad de todo lo que deja dispuesto, desea “lograr la Real
145
Facultad que espero me conceda la Real Piedad de Nuestro Rey
y Señor Don Fernando Sexto”, para que gocen de sus beneficios
tanto su mujer e hijo, ya difuntos, como “los que oy vivimos, mis
hijas queridas Antonia María de la Piedad y María de la Piedad,
ambas religiosas profesas en el Comvento de mi Señora Santa Ana
de esta ciudad, en el que por oy se mantiene con sus dos referidas
hermanas mi más amada hija, Ana Leonisia María de la Piedad,
todas de Bustos y Molina; y aunque les queden dos hermanos, Don
Pedro José el maior y Don Raphael Antonio, su segundo ermano,
los que han procedido y proceden tan infamemente, contra mi
punto, honrra y estimazión. Y de dichas mis hijas, escandalizando
por términos tan incorrespondientes de falta de respeto y venera-
zión con que devían tratarse, faltando en un todo a las Leyes de
naturaleza espuestas por la Magestad de Dios, en cuia desgrazia los
contemplo a ambos como tan fuera de la mía, que si por sus obras
sactisfactorias y meritorias alcanzasen las Misericordias del Altísi-
mo, la grazia y perdón lo conseguirán de mi, y no de otra forma.
• Vínculo de Díos para el que establece, “que si por defecto de los
que llevasen la Casa de Cotillas, el manejo de dicho vínculo de
Dios se ponga en administrador con las seguridades y maiores
fianzas, o si al contrario, lo manejase alguno de los dichos mis
hijos o hijas, tengan un criado o sujeto correspondiente que sea
apropósito para la solizitud del augmento de rentas de dicho vín-
culo, a el que se le dará diariamente un salario a correspondencia
de la renta, pero por mucha que sea, jamás subirá a seis reales de
vellón. Ítem es mi voluntad, el que a todos los referidos a cuio
cargo esté la administrazión de dicho vínculo, se les tome quentas
todos los años por dichos mis albazeas y a la presenzia de la Reve-
renda Madre Priora del Combento de mi Señora Santa Ana, y a la
de mis hijos mientras vivan”.
• Y tras anular los testamentos y disposiciones otorgadas con ante-
146
rioridad, dejó por herederos de los restantes bienes, a partes igua-
les, a sus hijos Pedro Joseph, Raphael Antonio, María, Antonia
y Ana Maria de la Piedad de Bustos, hijos legítimos y naturales
habidos con doña Ana Teresa de Molina.
Aún viviría más de tres años, en cuyo tiempo guardó en dos baúles
los objetos y documentos que consideró de interés, los cuales detalló
en una relación que firmó el 24 de junio de 1758, y entregó a su hija
Sor Antonia, para que los conservase con ella y no los entregase a
nadie. Muestra en dicho escrito la enemistad con varios de sus hijos.
Respecto a doña Ana Leonisia escribe: «… y una bola de Plata, para
que mi Antonia se la tire a la cabeza de su hermana Doña Ana, y a el
buen golpe le arrime la estampa de Maria Santísima de la Piedad que
ba dentro, por si logramos el que ablande su dureza, y la pribe de malos
pensamientos». Y más adelante, cuando está haciendo algunas adver-
tencias a Sor Antonia, dice: «… no pueda entregar cosa alguna por
ahora, executando lo que yo le mandare dar a Dª. Ana mi hija, y esto
será en caso que no me de motivo a lo contrario…». También menciona
a su primogénito: «el haber puesto tan crecido numero de peines y plata
para quemar (para gastar) fue porque no ha dejado tal cosa de lo mucho
que habia de Dn Pedro Joseph, que de la plata para quemar pasaria de
ocho libras en limpio...». Todo hay que unirlo a lo especificado en el
testamento como tomado por su Rafael Antonio, añadiendo ahora
lo mal que se encuentra de fondos: «...estando entendida dicha mi An-
tonia que lo que incluyen dichos baules, se me ha entregado por Orden
superior por alimentos, con otras alajas de plata que estan empeñadas,
las rescatare, y con otras de mi gusto, con todos los bestidos tuyos, y de Dª
Ana, pues deseo el que reconozcays el desinteresado padre que Dios os dio,
sin que carguen a buestras lixitimas la mas mínima cosa de lo referido
(no olvidando a Dª. Maria de Bustos buestra hermana) que es quanto
debo decirte Antonia mía…».
Como escribe Bueno Espinar, un documento de 1765 describe el
147
alcance de la situación que vivía Don Cristóbal en su últimos años:
«Mas para los gastos de su profesion (de una de las hijas) que ya instaba
y no le favorecia D. Xptobal Antonio de Bustos su padre, ni este podia
a causa de que D. Pedro Joseph, su hijo primogenito, tenia la adminis-
tracion de los mayorazgos, le aprompto (adelantó) la Comunidad dos
mil ochocientos setenta y quatro Rs y doce mrs. vellon…». Ciertamente
no lo tenía fácil, pues ostentaba los títulos pero carecía del poder.
Dependía, pues, de lo que le entregaban. Por eso decía a su hija Sor
Antonia, en 1758, que lo allí contenido, en los dos baúles, lo había
recibido de orden superior por alimentos.
En estas miserias humanas y materiales le sorprendió la muerte, a
una edad avanzada para aquellos años, un día de abril de 1760, de
modo tan rápido que esta vez no le dio tiempo para disponer nada,
como refiere en la partida de enterramiento el cura párroco de San
Miguel: “Murió en esta parroquial del Arcángel San Miguel de la
Ciudad de Murcia, y fue sepultado en la Iglesia exterior del Conven-
to de Santa Ana, sito en los límites de dicha feligresía, con asistencia
de la Cruz y capa de esta Parroquia (hasta quedar concluido dicho
entierro), Don Cristóbal de Bustos, Señor que fue de Cutillas y ma-
rido de Doña Ana Teresa de Molina, ya difunta; habiendo recibido
el Santo Sacramento de la Extremaunción, porque el accidente no
le permitió tiempo para recibir el Viático y el de la Penitencia, en fe
de ello y para que conste lo firmo ut supra.- Don Joseph Zamora”. Y
aunque el párroco fija la fecha ut supra, lo cierto es que olvidó consig-
narla, salvo que se refiera a la fecha de la partida anterior, datada en
seis de marzo. Como la posterior es del 27 del mismo mes, en dicho
periodo de tiempo ocurrió el óbito. Incluso cabe la posibilidad de
que fuese el 16, por cuanto al margen aparece escrito con la misma
letra, “16 M”, que también podría suponer 16 misas.
Aparte de dicha partida, también hay datos en el archivo de las
Anas, de haber efectuado allí el sepelio, tal y como dejó dispuesto en
148
1756: «Cuenta de lo que importó los derechos de rompimiento para los
entierros de Dn Cristobal de Bustos Molina y de Dn Christobal de Bustos
Valboa, su padre, Señor que fue de la Villa de Cotillas, en la Iglesia del
Convto de Religiosas de Sra. Santa Ana de esta Ciudad, con los gastos
que se ofrecieron por ambos».
Sus restos y los de su hijo Cristóbal quedaron en lugar destacado
de la Iglesia conventual, rodeados de numerosos objetos que para
ello había donado. En compañía también de sus tres hijas, Antonia,
María y Ana, cada una de diferente condición y afecto. Antonia, que
era la preferida de su padre; María, la mayor, que siéndole imposible
contraer matrimonio desigual como ella quería, e inclinada a la par-
cialidad de su hermano Pedro José, decidió finalmente profesar en
el convento, como ya hemos relatado; y finalmente Ana Leonisia, la
que entró en el convento sin ánimos de profesar, presionada por don
Cristóbal, y que a poco de fallecer éste abandonó aquellas paredes,
creemos que para reunirse con su hermano Pedro José, concreta-
mente el 19 de junio de 1760. Pero a la muerte del susodicho, volvió
a ingresar en las Anas, permaneciendo unos tres años.
Doña María y doña Antonia siguieron en el convento, aunque
para el pago de sus dotes y alimentos se siguieron varios procesos
judiciales, en algunos de los cuales intervino el obispo de Cartagena,
que se dieron por concluidos en 1765. A partir de dicho año y hasta
1768 entregó cantidades para alimentos su hermano Pedro José, y
en 1769 ya aparece abonando dicha carga Rafael Antonio, que por
muerte de su hermano mayor había tomado posesión de todos los
mayorazgos, del Señorío de Cotillas y del Marquesado de Corvera.
Los datos de la muerte de ambas nos los ofrece también el Padre An-
tonio Bueno de la siguiente manera. “Murió Sor Antonia de Bustos
el día 26 de julio del año 1788, justamente durante la celebración de
los Actos litúrgicos en honor de Santa Ana. Había estado en el coro,
ocupada en la contemplación, desde las cinco de la mañana hasta las
149
nueve”. “Sobrevivió Sor María a su hermana poco tiempo, pues el 11
de diciembre de 1789, a los setenta y cinco años de edad, dejaba este
mundo para acceder a los brazos del Esposo”. De ella nos dicen «que
dejó muy buenos ejemplos de virtud».
150
debía otorgar fianza de que lo trataría bien. Seis días más tarde, tan
pronto llegó a Murcia la Real Provisión, el Marqués se presentó ante
un escribano y testigos, donde “juró por Dios Nuestro Señor, y a una
señal de la Cruz en forma de derecho, que trataría bien y sin sevicia
alguna al nominado Juan Bautista su esclavo”.
De que Pedro José cumpliese el juramento dado, tenemos razona-
bles dudas, pues no otra cosa se desprende del poder que para pleitos
otorgó el treinta de junio siguiente, María Montoya, “castellana nue-
va”, mujer del citado Juan Bautista. La situación de los esclavos, pese
a que había mejorado mucho en los últimos años, seguía siendo de-
plorable, pues eran tratados como un objeto más de la casa, y como
tal, vendido o cambiado a la menor ocasión propicia.
La existencia de varios padrones conocidos, pertenecientes a la dé-
cada de los sesenta del siglo xviii, nos permiten contactar una rápida
ascensión del número de vecinos. Si en 1755 habíamos reseñado 102,
en 1764 se relacionan 95 “útiles”, es decir, aptos para el trabajo; el de
1767 refleja un total de 140 vecinos y en 1768 cuatro más, con lo que
se multiplicaba por siete la cifra de 1720. Las circunstancias que inci-
dían para este aumento casi vertiginoso están reflejadas en el estudio
de José Antonio Marín Mateos, ya citado anteriormente.
Muy fatigosa para los vecinos fue la década citada de los sesenta,
por las frecuentes cargas que sobre ellos recaían exigiendo ingentes
cantidades de paja para el suministro de las tropas. Uno de dichos
repartos, girado en 1768, exigía a varias localidades contribuir con
suministro para las de Caballería y Dragones. A Cotillas le asigna-
ron 306 arrobas, pero a una localidad tan pequeña como era Ojós
le “tocaron” 354. No escapaban a ello las pedanías murcianas, pues
a Santomera, Raal y Llano de Brujas, les obligaron a que aportasen,
conjuntamente, 3.400 arrobas de paja. Al entonces alcalde ordinario,
el analfabeto José Lorenzo, le cayó literalmente el cielo encima el
17 de septiembre ante tal demanda, que para colmo era de entrega
151
apremiante. Justo un año después, siendo escribano Andrés Soriano,
pidieron otras 400 arrobas, a Alguazas le solicitaron 900, y a Molina
1.640. Tantas cargas eran insufribles para muchos vecinos, acabando
algunos de ellos en la cárcel, como le ocurrió en 1766 a uno llamado
Antonio Gregorio, que desde la prisión de Murcia, a donde fue con-
ducido, dio poderes a procurador en Granada para que le defendiese
en todos sus pleitos.
Y es que recaían sobre los sufridos vecinos múltiples plepas, por
asuntos dispares. Tal fue la resolución dada el 22 de marzo de 1770,
por el Supremo Consejo de Castilla, ordenando que Murcia y los
pueblos situados a 12 leguas a la redonda de ella, pagasen “de sus
sobras de Propios” 20 reales diarios a Pedro Ortín, por su trabajo
durante dos años tratando de extinguir la comarca de ladrones y sal-
teadores de caminos. Realmente no fue mucho lo que tocó aportar
a nuestro pueblo, pues fueron solo tres reales y seis maravedís, ya
que a la vecina Alguazas le repartieron el 10 de abril siguiente una
contribución de 11 reales.
En una fecha que no hemos podido precisar, pues no residió en la
casa familiar sita en la parroquia de San Miguel sino en la de su es-
posa doña Nicolasa Lucas Zeldrán, a finales de 1968 o principios de
1769 dejó de existir sin haber dejado descendencia, don Pedro José
de Bustos, xvi Señor de Cotillas, que había otorgado testamento en
1751 ante Pedro José Villanueva.
152
para poder empeñar los mayorazgos que poseía y dejó fundados Pe-
dro Martínez Calvillo, a fin de obtener a censo redimible, abierto al
quitar, al menos 330.000 reales; a lo que accedió el monarca borbó-
nico, por Real Cédula expedida en El Pardo el 11 de enero de 1770,
bajo la expresa circunstancia de que habría de levantar la carga de los
30.000 ducados en el plazo de 15 años, a contar desde el día en que se
otorgase la obligación. Aunque no le fue fácil conseguir tal cantidad
de dinero, como se desprende de una certificación que el primero de
julio de 1776 expidió el escribano Pedro Zomeño, informando que
aunque la cantidad había entrado en el Pósito de la Ciudad, aún no
se había efectuado la imposición.
Un préstamo de tal entidad estaba forzosamente relacionado con
la sangría dimanante de tanto pleito como libraba en diversos frentes,
y que por su prolijidad no podemos detenernos en analizar cada uno.
En 1767 empezó otro para prohibir a los vecinos que sus ganados
pastasen las yerbas del término municipal, cuya sentencia no recayó
hasta diciembre de 1774. El malestar era tan patente, que a la menor
futilidad los ánimos se exaltaban, como ocurrió en septiembre de
1769, cuando los alcaldes prendieron a diferentes personas, y entre
ellas a unos criados del Marqués por que se estaban apaleando. En-
tonces, el Señor de la Villa, llevando mucha gente consigo, quitó
las llaves al alcalde y los puso en libertad, llevándoselas consigo. Lo
mismo sucedió en otra ocasión, y en dicho septiembre, que habiendo
preso la Justicia a deshora de la noche a un hombre que iba huyendo
con una caballería, sin querer decir quién era ni a dónde camina-
ba, estando ya para encerrarlo en la cárcel, llegó en ese momento el
Marqués con una carabina en el brazo izquierdo y un par de pistolas
puestas en el costado, y acompañado de otras personas armadas, y se
llevó al preso y la cabalgadura.
Pero viendo el Marqués que no había logrado sus intentos, que
sin duda fueron los de consternar los ánimos del vecindario, dispuso
153
acudir a la Sala del Crimen de la Real Chancillería de Granada, don-
de, “y con siniestra relación y subrepticiamente”, manifestó “que los
que fomentaban los pleitos contra él eran diferentes hacendados en el
término y jurisdicción de la Villa de Cotillas, y entre ellos don Luis
Pérez y don Pascual Fernández, Presbíteros, vecinos de Alcantarilla
y Alguazas, contra quienes se siguió causa criminal ante el ordinario
de Murcia por haber vociferado y dejarse decir públicamente tenían
cinco mil pesos para molestar a mi parte con pleitos y recursos, y ha-
ber sido los principales autores de los alborotos y asonadas que hubo
en Cotillas por el año de 1769, induciendo y animando con su poder
y valimiento a los vecinos que se conjuraron y levantaron”.
Con dicha relación obtuvo Real Provisión para que uno de los Al-
caldes mayores de Murcia pasase a la averiguación de lo expuesto por el
Marqués, quien asistiéndole y también la tropa que llevaba, sitiaron las
casas de Diego González, Alcalde ordinario de aquel pueblo, y de Gi-
nés Caravaca, hacendado y agente apoderado de los vecinos; y porque
no hallaron al primero y huía el segundo, le dispararon varios tiros de
fuego, y habiéndoles embargado sus bienes se retiraron a la ciudad de
Murcia dejando al vecindario de la Villa atemorizado y atónito a la vis-
ta de semejantes atropellos y crueldades. Y porque de todo ello resulta-
ron varias condenas y providencias contra dichos presbíteros, elevaron
un recurso a su Majestad y Tribunales inmediatos a su Real Persona,
para que, aún cuando fuese dueño con título válido de Marqués de
aquella Villa, se le privase del Señorío por el capítulo de sevicia, en que
habían incurrido él y sus predecesores, en el maltrato y violencia ejecu-
tada y que ejecutaba con los vecinos, tiránicamente. Cuya resolución
se encomendó resolver al Consejo de la Gobernación de Toledo.
Declarada una lucha abierta y sin cuartel entre ambas partes, para
proseguir en el logro de sus intenciones solicitó el Señor de Coti-
llas de la Real Chancillería de Granada se le librase certificación del
contenido de los diferentes pleitos seguidos en ella por los años 1523,
154
1610 y 1626, sobre la sucesión de dicho mayorazgo de Cotillas, sus
anejos, y el del Condado de Priego de Cuenca, y los suyos, en cuyos
pleitos se hallaban originales los privilegios rodados concedidos para
dicha fundación del mayorazgo de Cotillas, con sus términos, mon-
tes, pastos, yerbas, aguas, fuentes y con todo el Señorío, jurisdicción
y demás pechos y derechos que Pedro Martínez tenía. La cual le fue
expedida el 19 de enero de 1670, por don José de Estrada y Rueda,
encargado de la escribanía de Cámara.
Enterados en la Villa de la pretensión del Marqués, el 18 de junio
de aquel año el Concejo y 36 vecinos presentaron escrito de deman-
da, en que tras hacer relación sumaria de las actuaciones seguidas
contra ellos por parte del Señorío, solicitaban la incorporación a la
Corona, por las vejaciones, molestias y malos tratamientos con que
se había fatigado a los vecinos de Cotillas. El escrito, firmado por el
licenciado don Miguel Gabaldón López y por Juan Antonio Martí-
nez, finalizaba así:
155
pedimento más útil de derecho y justicia la protección del Consejo,
imploro y pido, lo juro en forma y protesto con las costas lo demás
conveniente y necesario.
Otro sí: A Vuestra Alteza Suplico se sirva mandar expedir vuestra
Real Provisión de emplazamiento en forma, para que el Marqués
de Corvera dentro de un mes perentorio manifieste en el Consejo
originales, títulos o privilegios que tuviese de la jurisdicción, Seño-
río, vasallaje y demás aprovechamientos y regalías que está gozando
actualmente en dicha Villa y su término o confiese y declare no
tenerlos, y no habiéndolo cumplido, cese en el uso de la jurisdicción,
señorío y vasallaje, exacciones y aprovechamiento de todo ello y se
encargue por secuestro y por ahora el Concejo y vecinos y a nombre
de su Majestad, por ser de justicia que pido y juro ut supra.”
156
de Cotillas, presentó testimonio de una información recibida ante la
Justicia de dicha Villa, con seis testigos, vecinos de ella. Cotillas lo
efectuó el 19 de agosto siguiente, presentando una certificación dada
por don José de Henárez Bázquez y Roldán, Escribano de Cámara del
Crimen de la Real Chancillería, con inserción de diferentes declara-
ciones de los testigos que se examinaron en las sumarias.
Para amenizar el tiempo entre las comparecencias, continuamente
llegaban nuevas peticiones de paja para el Ejército, como la de agosto
de 1772, “repartiendo” para llevar al cuartel de Alcantarilla, Algua-
zas 675 arrobas, Cotillas, 306, Ceutí, 300 y Molina 1.230. El julio de
1774 se llevó al mismo sitio otras 650 arrobas50, la misma cantidad
que le correspondió aportar a los alguaceños.
Como más adelante expondremos al tratar sobre la Iglesia
parroquial, los diezmos de una hacienda, denominada “5ª casa”, eran
recogidos para ella en su totalidad; existiendo también otra deno-
minada “casa excusada”, cuya hacienda solo pagaban diezmo al rey,
según concesión papal a Felipe ii en 1571. En Alguazas era una de las
más significativas, la del presbítero don José Hilario. Ambos pueblos
aparecen reflejados en 1773 entre los más importantes en actividad
oleícola, y el diezmo total recogido en Cotillas ascendió a 1.775 rea-
les de vellón, que en detalle arroja los siguientes datos: 76’09 de
cereales; 1’01 de hortalizas y frutas; 14’7 de cultivos industriales
(plantas industriales y barrilla); y el 8’75 de olivo. El diezmo de
cereales refleja 12 fanegas de trigo, 10 de cebada y 2 de panizo51.
En diciembre de 1774 se dictó sentencia en el pleito por el uso de
las yerbas, que los vecinos habían entablado en1767, por la que se le
mantuvo al Marqués en la posesión de hacer redonda y vender las
50 Es curioso que cuando se hizo el reparto en Murcia se le puso a Cotillas 300 arrobas,
pero el 21 de julio se rectificó y anotaron 650. Tal vez a consecuencia de que aquel año
hubo una buena cosecha, pues no encontramos otra explicación.
51 Guy Lemeunier, “Diezmos y cosechas en el Reino de Murcia”. Pub. en Rev. MURCIA
n.° 8.
157
yerbas del campo y jurisdicción de Cotillas para venderlas a ganados
forasteros, desde veinte y nueve de septiembre a veinte y cinco de
marzo de cada año, sin que se le inquietase en ella. Y en su conse-
cuencia se mandó que la Justicia denunciase y penase a los que lo
contraviniesen, y que a los vecinos se les mantuviese en la costumbre
en que habían estado, de pastar con sus ganados en la huerta y orillas
de ella, en el mencionado tiempo, y en todo el campo en el resto del
año. Cuya sentencia, comunicada a los de la Villa, no fue apelada,
por lo que fue acusada de rebeldía, y se declaró por sentencia defi-
nitiva de veintiuno de mayo de mil setecientos setenta y seis, como
pasado en autoridad de cosa juzgada.
No es de extrañar el silencio de los vecinos, por cuanto emplea-
ban la táctica de combatir al Marqués en diferentes frentes y por
distintas cuestiones, según don Rafael, “para abrumarle con litigios
dispendiosos, y desacreditarlo ante los Tribunales en todo sentido”.
Tales manifestaciones fueron pronunciadas por cuanto el 27 y en 30
de marzo de 1775 se expusieron al Real Consejo por parte de varios
vecinos de Cotillas y su Ayuntamiento, un memorial quejándose del
abuso de los apoderados, en la deducción de la demanda de reversión,
cuando su intención iba dirigida solamente a que se moderasen los
derechos que el Señor exigía por las tierras, “siendo todo obra de la
enemistad que profesaban al Marqués, Ginés Caravaca y el presbíte-
ro don Pascual Fernández Briceño”.
Oídos los fiscales y ambas partes, la vista quedó señalada ante el
Real Consejo para el 17 de octubre del mismo año, donde se declaró,
no haber lugar al secuestro pretendido por el Concejo, vecinos y ha-
cendados de la Villa, recibiéndose el pleito a prueba por los ochenta
días de la ley, comunes a las partes, que después fue suspendido por
otros treinta. Por parte de los del pueblo se propuso practicar la prue-
ba de testigos e instrumental que creía necesaria, pero exigiendo que
durante la prueba saliesen de Cotillas y cuatro leguas en contorno, el
158
Marqués, su mujer y familia, y Nicolás Gambín su Teniente de Gober-
nador. A cuyo fin se expidió el correspondiente auto en 11 de diciembre
de 1775, que presentado por un escribano receptor que llegó para hacer
las probanzas, obligó a los citados a instalarse en Murcia capital.
Probanzas que siguiendo una táctica preconcebida se fue dilatan-
do en el tiempo, con el consiguiente enfado del citado de Bustos y
Molina, que por medio de José de Zeciaga, presentó escrito con doce
peticiones. Contestado por un auto del Consejo, dado en Madrid a
siete de febrero de 1776, accediendo a la mayor parte de lo pedido,
una de las cuales fue prorrogarle en 20 días el plazo que tenía para
hacer las probanzas, y en cuanto a la última se mandó “que evacuada
que se halle la prueba por parte de los vecinos, pueda volver el Mar-
qués y su familia a la Villa de Cotillas”. El plazo le fue prorrogado
después en otros veinte días, por auto de 27 de febrero.
Los 27 testigos presentados por Cotillas (jornaleros, labradores y
arrendadores de tierras), todos vecinos de la Villa, excepto uno que
lo era de Alguazas; prestaron declaración ante el Escribano Receptor
Comisionado, menos uno de ellos que lo hizo, tal vez por miedo,
ante el Alcalde mayor de Cieza. Fueron los siguientes:
• Gregorio Martínez, labrador y Regidor en el año 1775, de cincuen-
ta años.
• Diego González, Alcalde dos veces y Regidor una; su mujer es
prima segunda del presbítero Fernández (apoderado en este pleito),
de treinta y seis años.
• Pascual Gallego, jornalero, Alguacil mayor en los años 1769, 1773
y otro, Alcalde actual, de 43 años.
• Alonso López, labrador, de 60 años.
• José Campos, labrador y Regidor en el año 1769; primo hermano
del padre de Ginés Caravaca, de 50 años.
• Alonso Pérez, arrendador de tierras, Síndico en el año 1775, de 50
años.
159
• Pedro López Guillén, labrador, de 60 años.
• Antonio Lorente, jornalero, ha sido Regidor, Alcalde, y Alguacil
mayor, de 40 años.
• Ginés López, labrador, ha sido Regidor, Alcalde y Síndico, de 35
años.
• Sebastián Tello, arriero y dos veces Diputado del Común, de 56
años.
• José Fuentes, jornalero, y Regidor en el año 1768, de 52 años.
• Joaquín de Oliva, labrador, y dos veces Alcalde y Regidor, de 42
años.
• Juan Villanueva, jornalero, de 50 años.
• Pedro Jiménez Galera, estanquero, de 53 años.
• José Vicente, jornalero, fue Alcalde de la Hermandad y Alguacil
mayor, su edad 51 años.
• Juan Lajarín, arrendador, de 33 años.
• Francisco Vidal Molera, jornalero, de 40 años.
• Ginés Lorenzo, labrador, de 40 años.
• Vicente Contreras, jornalero, de 28 años.
• José Blaya, jornalero, de 38 años.
• Francisco Santos Lorente, jornalero, y Alcalde de Aguas, de 60
años.
• Antonio Zapata, jornalero, de 30 años.
• José Hernández, labrador, que ha sido dos años Diputado del Co-
mún, su edad 35 años.
• Antonio Contreras, jornalero, de 30 años.
• Pascual Jiménez, jornalero, de 33 años.
• Salvador Villalón, jornalero, y casero ocho o nueve años del pres-
bítero Fernández, de 40 años.
• José Pardo, vecino y labrador de Alguazas, donde ha sido Alcalde
dos veces, primo hermano de dicho presbítero Fernández, de 60
años.
160
La alegación presentada por don Rafael Antonio en siete de octu-
bre de 1778, acompañada de varios documentos, fue una de sus últi-
mas actuaciones, pues el ocho de octubre de 1780 otorgó testamento,
y falleció –tal y como había empezado a gobernar sus mayorazgos,
rodeado de pleitos–, el 16 de noviembre del mismo año, en su casa de
la feligresía de San Miguel, siendo sepultado en el Convento de San
Agustín, Capilla de la Arrixaca52.
52 “En la Ciudad de Murcia en diez y seis de noviembre de mil setecientos y ochenta años,
murió en esta Parroquial del Señor San Miguel, y fue sepultado en el Convento de San
Agustín, Don Rafael de Bustos, marido que fue de Doña Juana de Llamas, recibiendo
los Santos Sacramentos, y otorgó testamento a ocho de octubre de dicho año, por el que
mandó se celebrasen quarenta misas rezadas; y fue otorgado dicho testamento por ante
Alonso Serrano Buedo, escribano, y lo firmé.- Don Josef Sánchez”.
53 Copia de dicha posesión, existente en el Archivo del Ministerio de Justicia, Madrid.
161
no podía sustraerse, so pena de perder los derechos señoriales y juris-
diccionales. Pese a nombrar para los cargos concejiles a las personas
que creía de su confianza –en 1781 fue Alcalde José Hernández–, no
lograba el pleno apoyo del Concejo, al estar sometidos sus miembros
a la presión que ejercían los parientes y demás convecinos. Tan solo
en algunas cuestiones podían desarrollarse las actuaciones con nor-
malidad, entre las cuales podemos citar los registros de caballerías.
En el que se practicó en 1782 tan solo se registraron cinco yeguas y
una potranca, y el de 1783 reconocieron:
Pascual Vallejo.- 1 yegua y 1 potranca cerrada e inútil.
Don Pascual Fernández Briceño.- 1 yegua.
Juan Martínez.- 1 yegua, y
Juan Arnaldos.- 1 yegua, añadiendo que se le había muerto otra
que tenía.
Detenidos los procesos pendientes por la muerte de don Pedro
José de Bustos y Molina, en 1782 se emplazó a don Rafael Anto-
nio para que manifestase si quería mostrarse parte en ellos, a lo que
asintió, presentando en el proceso un ejemplar del libro Diferentes
Instrumentos, Bulas y otros documentos pertenecientes a la Dignidad
Episcopal y Santa Iglesia de Cartagena y a todo su Obispado, impreso
por orden de don Diego de Rojas y Contreras, Obispo de Cartagena,
con el objeto de demostrar, según lo contenido en el mismo, que la
villa de Alguazas del Cabildo, había sido, como lo era, distinta de la
Alguaza de Pedro Martínez Calvillo, que era de Cotillas. Pero tanto
los actores como los fiscales, coadyuvantes, despreciaron el mérito
legal de dicho libro “por no salir de la esfera de un simple traslado
sin autoridad y mérito alguno”. El Marqués presentó entonces una
certificación dada en dos de julio de mil setecientos ochenta y cuatro
por don José del Canal Páramo, Secretario Capitular de la Santa
Iglesia de Cartagena, en que manifiesta, que entre los libros existen-
tes en su Archivo, se halla uno con cubierta de pergamino, según su
162
numeración, de ciento veinte y nueve hojas, titulado “Diferentes Ins-
trumentos, Bulas y otros documentos pertenecientes a la Dignidad
Episcopal y Santa Iglesia de Cartagena” en el cual había una copia
autorizada de las constituciones de dicha Iglesia, hechas por el Ilus-
trísimo Señor Don Nicolás de Aguilar, Obispo que fue de la misma,
en el año de mil trescientos sesenta y seis.
Igualmente presentó el ocho de noviembre de 1785 una alegación
acompañada de varios documentos de Cotillas, traslados de los exis-
tentes en uno de los libros de Cartas Reales del Ayuntamiento de
Murcia, que se habían sacado el 24 de mayo de 1784 por Diego An-
tonio Callejas. Pero el alegato fue rebatido minuciosamente en cada
uno de los puntos por el Fiscal de la Nación, quien expuso “con
sólido juicio y copia de erudición, las doctrinas relativas a las recon-
versiones a la Corona, trazándose con suma exactitud una reseña his-
tórica de nuestra legislación sobre este punto”; hasta tal perfección,
que el Fiscal que actúo en 1845 en el mismo pleito, se limitó a repro-
ducir aquellos principios, aunque añadiendo los decretos nuevos que
tenían relación con el punto en litigio.
Terminado el proceso y elaborado el borrador de la sentencia de
vista, Su Majestad, habiéndola visto, le dio el visto bueno el primero
de septiembre de 1788; por lo que el 22 del mismo mes y año se hizo
pública:
163
dueño que se titula de dicha Villa de Cotillas, y José de Zeciaga
su Procurador, sobre que se incorpore a la corona el señorío, ju-
risdicción y vasallaje de la misma Villa, y cuanto se juzgue que le
pertenece legítimamente al referido Marqués, sobre su tanteo:
Visto etc. Fallamos atento a los autos y méritos del proceso, que
debemos de absolver y absolvemos al expresado Don Rafael María
de Bustos y Llamas, actual Marqués de Corvera, de la mencionada
demanda de incorporación a la Corona de la expresada Villa de
Cotillas, su jurisdicción, señorío y vasallaje, puesta en dieciocho
de junio de mil setecientos setenta por los citados Ayuntamiento y
vecinos, y repetida por los referidos Señores Fiscales Don Santiago
Ignacio Espinosa y Don José Celidonio Rodríguez, y sucesivamente
por los Señores Don Antonio Cano Manuel y Don Manuel Sister-
nes y Felin ya difunto.
Y así mismo de la subsidiaria de tanteo propuesta por las mismas
partes, a quienes imponemos perpetuo silencio. Y por esta nuestra
sentencia de vista así lo declaramos, mandamos y firmamos, con
que antes de publicarse se ponga en noticia de su Majestad.- Votó
por escrito el Señor Don Manuel de Villafañe.- Don Pedro José Va-
liente.- El Marqués de Roda.- Don José Martínez y de Pons.- Don
Manuel Fernández de Vallejo.- Don Tomás Bernad.- Don Miguel
de Alendinueta.- Don Felipe de Rivero.- Don Andrés Cornejo.
Pronunciamiento
Dada y pronunciada fue la sentencia antecedente por los Señores
del Consejo, que la firmaron, la cual pasó a las Reales manos de su
Majestad en consulta de primero de septiembre próximo anteceden-
te, y por su Real resolución a ella, que fue publicada en el Consejo
en veinte y dos del mismo, fue servido decir:
Quedó enterado y el Consejo publicará su sentencia, y así lo
acordó en este día en tres Salas, y lo he ejecutado en el mismo. De
que certifico yo Don Manuel de Carranza, Secretario de Cámara
164
del rey Nuestro Señor, de los que residen en su Consejo. Y para
que conste lo firmo en Madrid a seis de octubre de mil setecientos
ochenta y ocho.- Don Manuel de Carranza.”
165
cho tiempo después del marco escogido para el presente estudio, y
que no se sustanciaría definitivamente, como es sabido, hasta 1845.
Presumiblemente absorto en estos asuntos, don Rafael María de
Bustos y Llamas olvidaba cosas tan perentorias como obtener la co-
rrespondiente Carta de Sucesión en el título de Marqués de Corvera,
concedido a don Pedro Molina Junterón, en 1 de agosto de 1685. Por
lo que fue reconvenido en 1784, con intervención del Corregidor de
Murcia. Quien informó al Consejo, tras haber practicado las gestio-
nes que se le encomendaron, que don Rafael María tenía ya consig-
nada por medio de escritura de obligación –que trascribe junto a su
carta–, cierta cantidad para el pago de lanzas hasta fin de 1782, y el
de la media annata por sucesión en dicho título por muerte de don
Rafael de Bustos y Molina, su padre; y la de sucesión de éste por la
muerte de don Pedro José de Bustos y Molina, su hermano mayor.
En abril de 1789, otro de los grandes propietarios de tierras aban-
donaba Cotillas para librarse de tanto gasto y molestias. Se trata de
don Diego Antonio Rodríguez Callejas, escribano y secretario mayor
del Ayuntamiento de Murcia. Todo lo que tenía en nuestro pueblo, y
siete fanegas, cinco celemines y un cuartillo de secano, con una casa
de dos cuerpos, en la jurisdicción de Alguazas, partido de las Peñi-
cas, o Riacho de Mula, que lindaban por Poniente, con vuelta del
Tarae (taray, taraje o tarache); Norte, con cabezos; Levante, tierras
de don Agustín Fernández Trujillo –dichos cabezos de por medio–;
y Mediodía, con otra partida en la jurisdicción de Cotillas, Riacho
de por medio. Cuyas tierras, donde hizo casa, las había adquirido
por compra a don Jacinto Cayuela y doña María López, su mujer,
por escritura ante Fulgencio Verdú y Peñalver, escribano de Cotillas,
en 20-iv-178054. Todas esas propiedades las cambió por unas que en
Roldán poseía el presbítero de Murcia don Mateo Tomás Jumilla,
54 Dicha propiedad en Alguazas, quedó después, hasta nuestros días, nominada por “lo de
Callejas”, en recuerdo a este antiguo propietario.
166
haciéndose constar en la escritura de obligación, que las tierras de
Cotillas “pagan al Marqués de Corvera la décima, duodécima o sete-
no, según sea de costumbre, cuyo derecho se está litigando”.
No mucho después, Francisco Tomás de Jumilla, al que supone-
mos sobrino del citado presbítero, pedía permiso en 1790 para be-
neficiarse de las aguas del río Mula, en los secanos que poseía en
Alguazas y Cotillas55, cuyas tierras habían quedado insertas entre
las propiedades de un mayorazgo. Fue regidor de Murcia, por haber
casado con una viuda que poseía el título, María Josefa Escrich, a
quien se lo había legado Juan Sandoval Lisón.
El citado río Mula, a quien los naturales siempre conocieron por
el Riacho, fue pilar importantísimo para el mantenimiento de este
pueblo, único de la ribera del Segura que, como ya hemos dejado es-
crito en otra ocasión, era el único que no se beneficiaba de sus aguas.
La posibilidad del regadío le llegaba por medio de una acequia de
construcción muy dificultosa, cuyo recorrido en un gran trecho se
desarrollaba por medio de unas minas excavadas en los montes. Las
escasas aguas de este afluente del río Segura, con relativa frecuencia
se tornaban en terroríficas avenidas que destruían el cauce, cegaban
las minas y traían la desolación y el caos a los sufridos agricultores,
que tenían que hacer frente al problema con grandes dispendios y
trabajos. Una de esas grandes riadas ocurrió en octubre del año 1793,
con tanta agua que se formó un espantoso aluvión, que dañó la ter-
cera parte de los cultivos. Era una desgracia con la que no contaba
un vecino de la Villa, llamado Juan Zapata, que había arrendado
del Cabildo de la Iglesia de Cartagena el diezmo de uva y panizo
que se recogiese en los términos municipales de Alguazas y Coti-
llas, obligándose a pagar la respetable suma de 35.000 reales. Visto
el panorama y la ruina que caía sobre sí, el 24 de aquel mes y año
167
acudió suplicante a la Catedral, y postrándose ante los señores capi-
tulares pidió le concediesen una rebaja, consciente como era de que
la escritura de obligación expresaba tácitamente, que aceptaba dicho
arrendamiento a su riesgo y ventura, del cielo o de la tierra, cono-
cido o por conocer. Pero el corazón de los clérigos no se ablandaba
fácilmente cuando el tema tocaba a su bolsillo, por lo que tuvo que
reiterar la petición una y otra vez durante largo tiempo. Tanto, que
no sería hasta el 20 de junio de 1798 cuando tomaron una decisión,
consistente en perdonarle la módica cantidad de 500 reales, de los
35.500 a que se había obligado seis años antes.
Sucesos de suma importancia por estos años fueron el traslado
de la parroquial desde la Cotillas medieval, y la construcción de un
nuevo templo en el caserío de Las Torres, cuya ejecución tuvo lugar
en los últimos meses de 1795 y los primeros de 1796; de los cuales nos
ocuparemos ampliamente en el capítulo siguiente.
Para entonces el Siglo de las Luces estaba ya en las últimas y los
vecinos de Cotillas descansando en un paréntesis de sus pleitos con
el señorío de la Villa. Pero “el Amo” no descansaba, y en las largas
noches del invierno “rumiaba” nuevas batallas en los estrados. Con
la llegada de la primavera, cuando la sangre se vivifica y el cuerpo
toma nuevos bríos, don Rafael María de Bustos tomó una decisión,
y todo resuelto, se presentó ante los Señores del Cabildo, donde por
boca de su apoderado pidió formalmente un traslado de la escritu-
ra que con su antepasado Juan Pérez Calvillo (i de dicho nombre),
habían otorgado el 20 de abril de 1535. Creo que no será tarea difícil
para nuestros pacientes lectores si les dejo el liviano encargo de adivi-
nar qué nuevas aventuras llevaba en su mente nuestro personaje.
En los títulos que otorgaba designando anualmente los que elegía
para ocupar los cargos concejiles56, referidos a los años finales del
siglo, se denominaba prepotentemente, “Don Rafael María de Bus-
168
tos Llamas y Molina, Calvillo, Carrillo, Balboa, Carrasco, Ladrón
de Guevara, Marqués de Corvera y Señor de la villa de Cotillas, la
Alguazas, Torreblanca y Benahandin, Regidor perpetuo de las ciu-
dades de Murcia y Baza, Alguacil Mayor de la Inquisición de esta
última y Maestrante de la de Granada”.
169
V. L A I G L E S I A D E C O T I L L A S
DE SDE SUS OR ÍGENE S H A S TA
FINA LES DEL SIGLO X V III
1. Antecedentes
La incursión granadina cuando finalizaba el año 1450, comanda-
da por el Rey Chico en persona, tuvo efectos desastrosos para este
pueblo, como se desprende de la carta que el obispo Comontes envió
poco después al concejo de Orihuela: “Al fin él non guardó su fe e
leuolos todos por fuerça e quemó todo el lugar [Alguazas] e que-
mó a Cotillas e todas las oliueras destos lugares, talaronlo todo, eso
mesmo quemaron la torre de Pero Calvillo e derribaron algo della, e
robaron asaz que alli tenía”.
Con todo robado, destruido o quemado, talados los árboles que
no fueron calcinados por el fuego, y llevando consigo a Granada la
mayor parte de los vecinos, pues algunos de ellos huyeron hacia otros
lugares, Pedro Calvillo Carrillo tuvo que partir de cero para poner
de nuevo en marcha su señorío. En unos dos años restauró las mal-
trechas paredes e instalaciones de su fortaleza, e hizo gestiones para
repoblar una vez más el lugar, en gran parte con cristianos57. Las
condiciones pactadas con sus nuevos vasallos quedaron estipuladas
en la carta puebla que se redactó en la Navidad de 1452, de la que no
se conserva original o copia alguna, y que al parecer58 fue modificada
57 En 1427 Ferrand Pérez Calvillo también quiso traer algunos cristianos, como consta
en una carta de Juan ii: …“e que agora lo quiere poblar de otras personas, cristianos,
moros e judíos, así de mis reinos como de fuera de ellos”.
58 Dicha escritura, llamada “de Restablecimiento”, no se conserva original, ni aún un
traslado completo, por lo que siempre se puso en duda su validez, alegando que el do-
cumento solo fue un borrador de acuerdo, que finalmente no se llevó a efecto.
173
en parte –o al menos se intentó–, en tres de septiembre de 1454, da-
das las precarias condiciones que encontraron los recién venidos.
Es indudable que los cristianos de Cotillas necesitaban un sacer-
dote y un templo donde satisfacer sus necesidades religiosas, pero
en principio no parece probable que para ello se habilitase la anti-
gua mezquita, que sin duda debía existir desde hacía mucho tiempo.
Tampoco resulta aceptable como solución la pequeña capilla que pu-
diese existir en la torre-fortaleza para uso casi exclusivo de los señores
del lugar, su familia y la del alcaide, incluidos los hombres de su dota-
ción y servicio. Muy cerca estaba también la capilla dedicada a Santa
María en la torre-fortaleza de Alguazas, pero sus reducidas dimensio-
nes imposibilitaban de todo punto la concurrencia de una población
cristiana, aunque esta fuese poco numerosa. Más lejos, aunque no
demasiado para aquellos tiempos, los vecinos también podían acudir
el templo parroquial de Molina Seca, dedicado a Santa María y em-
plazado –según narra Antonio de los Reyes– dentro del recinto del
castillo y detrás de lo que fue fábrica conservera de Maximino.
De ahí la necesidad de edificar un pequeño templo, muy próximo
a la fortaleza, que debió levantarse mediada ya la segunda mitad del
siglo xv, aunque documentalmente se nos oculta su presencia hasta
el año 1489 aproximadamente, pues en el testamento que otorgó en
1507 el escribano Alonso Bernal Palomeque, declara, “que hace diez
y ocho años, cuando estaba retraído por la peste, en la Iglesia de Co-
tillas, se encontró en ella una espada”, por lo que manda se le dé a la
dicha Iglesia, ya que no conoce quien es su dueño; y ordena además,
que se le den 55 maravedís a la persona pobre que más lo necesite.
Años en los que debían coexistir en Cotillas el templo cristiano
y la mezquita, para poder dar servicio religioso a personas de am-
bas confesiones, como lo dejan claramente de manifiesto las diversas
anotaciones sobre impuestos reales, ya que en los mismos se indica la
simultaneidad de concejo y aljama, aunque debemos advertir que el
174
número de vecinos era tan reducido en las últimas décadas del siglo
xv, que los vaivenes poblacionales eran muy acusados, hasta el punto
de desaparecer a veces alguna de dichas comunidades religiosas.
Sirva como ejemplo, que en el listado de los vecinos que pagaban
el llamado “servicio y medio servicio de los moros” para los años 1473-
1474, se escribió lo siguiente: Cotillas solía ser de moros y pagaban 3.000
[maravedís], pero ahora es de cristianos. Sin embargo, en el finiquito
que otorgaron los Reyes el 18 de mayo de 1475 en Medina del Campo,
al Adelantado Pedro Fajardo, de los maravedís que percibió de cier-
tas rentas desde 1465 hasta 1474; en cada uno de dichos años consta,
“Las alcavalas de Çeptí, y Lorquí, y el Val de Ricote, y Albudeite, y
Cotillas, y Alguaça, y Alcantarilla, y Archena, y la Puebla, y el Añora,
veinte y ocho mil maravedís”. Y más adelante, “Del servicio y medio
servicio de la morería de los lugares sobre dichos, diez mil maravedís”.
Y a mayor abundamiento, si analizamos los arrendamientos de alca-
balas del periodo comprendido entre 1481 y 1500, encontramos los
variopintos datos que anotamos en el siguiente estadillo:
1481.- La renta de alcabalas de Cotillas, no se arrendó.
1482.- La renta de alcabalas de Cotillas se arrendó al Concejo e
Aljama en 3.500 maravedís.
1483.- La renta de alcabalas de Cotillas, no se arrendó.
1485.- La renta de alcabalas de Cotillas, se arrendó en 8.080 mara-
vedís.
1486.- La renta de alcabalas del lugar59 de Cotillas, se arrendó al
59 El concepto de lugar lo convierte a veces en villa el formulismo de los documentos
emanados de la cancillería real, como en el expedido en Salamanca el 11 de diciembre
de 1486, sobre reparto de peones y sueldos para la guerra contra los moros, acordado en
la junta general de la Hermandad que los reyes mandaron hacer en la villa de Fuente de
Sabuco, por el mes de noviembre. Entre los lugares se cita a Cotillas: “A vos, el conçejo de
Cotillas, un ballestero, e un lançero, e para el sueldo de ellos, ocho mill e dozientos e setenta
e çinco maravedies, e á nos de enbiar un espingardero mas de los dichos peones.”
Otro tanto encontramos en 1487, en el reparto efectuado en Córdoba el 27 de marzo,
para los gastos de la guerra: “El concejo de Cotillas, como hasta aquí, 4.200 maravedís”.
Ejemplos que se repiten en años posteriores.
175
Aljama, en 8.000 maravedís. Y 10 maravedís el millar de servicio
de rentas.
1487.- Lugar de Cotillas. Se arrendaron a la aljama en 8.000 mara-
vedís, y 10 maravedís de servicio de rentas.
1489.- Cotillas se arrendaron en 8.840 maravedís a la aljama e
moros.
1493.- Villa de Cotillas. Se arrendaron al concejo e aljama. Y en
otro párrafo dice, a Alfonso Algazi, vecino de Murcia en 9.000
maravedís y 4 pares de gallinas.
1494.- Villa de Cotillas. Se arrendaron a Juan Escarramad, vecino
de Murcia, en 14.090 maravedís.
1499.- Villa de Cotillas.
Con tales datos, nos resulta fiable suponer, que tras la conquista
de Granada en 1492, existió en Cotillas un concejo estable, que per-
mite vislumbrar cómo la localidad pasa, de ser considerada como un
lugar, a tener categoría de villa; que quedará confirmado de hecho y
de derecho cuando en el verano de 1501 los vecinos de religión mu-
sulmana –algunos de los cuales serían procedentes del antiguo reino
nazarí– se conviertan al cristianismo. Tal circunstancia permite co-
nocer la inexistencia de párroco en Cotillas, pues tal y como ocurría
en la vecina Alguazas, los feligreses eran servidos por capellanes o
clérigos que ocasionalmente acudían a ambos pueblos. El acuerdo al
respecto del cabildo catedralicio de 17 de diciembre de 1501 no deja
lugar a dudas: “Dixeron, que por quanto los clérigos que seruían
en los lugares que agora nuevamente se avían tornado christianos,
que son Campos, e Albudeyte, e el Alcantarilla, e la Puebla, e las
Alguaças, e Cotillas, e Fortuna, querían saber el salario que se les
avía de dar en cada un año por rasón del serviçio que fazían en los
dichos lugares, e en cada vno dellos; los dichos señores, es a saber,
el señor Alonso de Mariana, Prouisor, en nombre de su Señoría, e
los otros señores capitulares por Cabildo, dixeron que asentauan e
176
asentaron de salario para el clérigo que siruiese en Campos e Albu-
deyte seys mill maravedíes en cada vn año, e al clérigo que sirviese
en el Alcantarilla e la Puebla cinco mill maravedíes, e al que siruiese
en las Alguaças e Cotillas otros çinco mill maravedíes, e al que si-
ruiese en Fortuna otros çinco mill maravedíes, e así lo consintieron e
mandaron a mí Alonso Gil, Notario, que lo asentase en este su libro
de cabildos. Testigos Ginés de Bitoria e P.° González, beneficiados
en la dicha Iglesia”.
Queda claro el nombramiento de un clérigo capellán que servía a
la vez en Alguazas y Cotillas. Situación que se mantendrá algunos
años como pone de manifiesto una petición de los alguaceños al
Obispo y Cabildo, fechada el tres de enero de 1505, en la que leemos:
“Ítem, que manden poner en el servicio de la yglesia y missas, man-
dando a los capellanes que syruen o seruirán de aquí adelante, las
misas que han de dezir entre semana en esta villa y en la parte de
Cotillas”; a lo que sus interlocutores respondieron “que se proueerá”.
No tenemos constancia de lo que ocurrió con la primitiva iglesia,
sin duda endeble y de poca calidad, cuando llegado el momento de
la conversión la mezquita dejó de ser usada como tal. Solo uno de
los dos edificios debió quedar para el servicio religioso y sería el que
mejor estado de conservación presentara. Las noticias documentales
que nos han llegado, aunque escasas, permiten ir conociendo la evo-
lución a lo largo de todo el siglo xvi. En primer lugar parece ser que
no tenía campana que convocase a los fieles a los oficios religiosos,
por cuanto en tiempos del obispo don Martín Fernández de An-
gulo –que fue obispo de Cartagena desde 12-iii-1509 a xii-1510–, su
Provisor, Tristán Calvete, mandó tomar una campana de la Iglesia
Catedral, para el lugar de Cotillas, cuyo importe sería pagado de por
mitad entre el Obispo y el Cabildo.
Pronto se vio la necesidad de efectuar importantes reparaciones o
construir un nuevo templo, cosa bastante difícil dada la inexistencia
177
de cura propio que activase las gestiones y el ánimo de los vecinos,
cuya misión se encargó a Juan Cabrera, quien hacia 1528 simulta-
neaba el mismo trabajo en la villa de Albudeite. Mientras, la villa de
Alguazas había conseguido tener cura propio, al parecer desde 1527,
en la persona del abad Diego Pérez, que ejercía su labor también en
Cotillas, recibiendo como emolumentos 2.000 maravedís, 1.000 de
ellos a cargo del Obispo y otros tantos pagados por el Cabildo.
Con el traslado de los vecinos de Alguazas a un lugar nuevo, situa-
do donde hoy está, dejando el emplazamiento medieval, no quedó
más opción que edificar un nuevo templo que en principio se pensó
dedicar a San Francisco (día en que se fundó el nuevo caserío), y que
finalmente lo fue a San Onofre; quedando la primitiva iglesia de San
Sebastián como ermita. Tan pronto se ultimó la de Alguazas, dieron
comienzo las obras de Cotillas, aprovechan parte de los materiales
sobrantes en aquella. En octubre de 1537, Tudela, como comisionado
del Cabildo, y el carpintero Ramírez, tomaron en Alguazas la made-
ra necesaria para la iglesia del pueblo vecino. El siguiente paso fue la
creación de parroquia con su correspondiente párroco, cuestión que
parece quedó resuelta entre dicho año y el de 1542, asignando al clé-
rigo un sueldo de 1.000 maravedís, a pagar a medias por el Obispo y
Cabildo, cuya cantidad documentamos percibida en este último año
y los siguientes. El nombre del párroco nos es desconocido hasta 1548,
en que lo era Tomás Mellado.
El proyecto de Iglesia para Cotillas, que creemos atribuible a Juan
Cabrera –fue el mismo que sirvió de base para edificar las de La
Ñora, Alguazas, y posiblemente la ampliación de la de Albudeite–,
tenía una nave central y tres capillas en cada lateral. De su ejecución
se encargaron el albañil Pedro Martínez y el carpintero Juan Martí-
nez, debiendo comenzar hacia 1544 y quedando terminadas en 1551,
según queda de manifiesto en diversas cartas de pago:
178
1544
- Pagado a Pedro Martínez, albañil, para la obra de la Iglesia de
Cotillas, 13.766 maravedíes
-Ídem a Juan Martínez, carpintero, 8.108 maravedíes para parte
del pago de la cubierta de la Iglesia de Cotillas. Otro tanto pagó
el Obispo.
1548
- Pagado a Pedro Martínez, albañil, 8.000 maravedíes por la mitad
de los maravedíes que se le dan para la obra de la Iglesia de Coti-
llas. Otro tanto pagó el Obispo.
- Pagado a Juan Martínez, carpintero, 1.892 maravedíes, para
cumplimiento de los 10.000, pues el racionero Chacón siendo
mayordomo le dio otros 8.108, para parte del pago que le dan para
la obra de carpintería de la Iglesia de Cotillas. Otro tanto pagó el
Obispo.
- Pagado a Pedro Martínez, albañil, 10 ducados, parte de pago de la
obra de la Iglesia de Cotillas.
- Pagado a Juan Martínez, carpintero, 5 ducados, parte de pago en
lo que ha de hacer para la obra de la Iglesia de Cotillas.
1549
- Pagado en 26 de julio a Pedro Martínez, albañil, 13.483 marave-
díes, parte del pago de la albañilería y obra de la Iglesia de Cotillas.
Otro tanto pagó el Obispo.
- Pagado en 9 de abril a Juan Martínez, carpintero, 8.125 maravedíes,
de los 20.000 de los dos tercios en que se arrendó la obra de Coti-
llas, en lo que toca a la carpintería. Otro tanto pagó el Obispo.
- Pagado en 14 de abril a Pedro Martínez, albañil, 5.000 maravedíes
Otro tanto pagó el Obispo. Con ello se acabó de pagar la albañi-
lería de la Iglesia Cotillas.
179
1550
- Pagado a Juan Martínez, carpintero, 9.500 maravedíes para com-
pletar los 29.000 por la cubierta de madera que hizo para la Iglesia
de Cotillas.
1551
- Se dieron a maestre Gerónimo Quijano 10 ducados en reales para
hacer las puertas de la Iglesia de Cotillas. Otro tanto pagó el Obis-
po.
Desconocemos si el arquitecto Jerónimo Quijano, vecino que fue
de Alguazas, tuvo alguna otra intervención en la construcción del
templo parroquial de Cotillas o en la talla de alguna imagen para
la misma, pero la referencia anterior fue como consecuencia de que
en siete de julio de 1551, doña Ginesa Corella60, Señora de Cotillas,
como esposa de Juan Pérez Calvillo Carrillo (i), pidió por merced a
los señores del Cabildo, que mandasen hacer las puertas de la Iglesia
de su lugar por el perjuicio que se podría seguir. Los cuales man-
daron se le diesen 10 ducados para la obra de dichas puertas; con
la obligación de que “ella y sus vasallos no pedirán más dinero y
pagarán lo que falte”.
La suma pobreza con que debían mantenerse tanto el cura como
la fábrica parroquial, movió al mayordomo fabriquero a presentarse
el veintidós de agosto de 1553 ante los señores del Cabildo para ma-
nifestar que la Iglesia de Cotillas no tenía propios ni rentas, y que
por ello, para poder cubrir sus necesidades, pedía se destinase a ella
los diezmos pertenecientes a ellos por la quinta casa del dicho lugar,
como se hacía en otras Iglesias. Dichos señores, después de tratar
y conferir sobre la petición, así lo concedieron, y estando presente
el Provisor, también asintió a ello en nombre del Obispo. Pero era
costumbre que acuerdos de tal naturaleza fuesen tratados en tres
60 Doña Ginesa Corella Fajardo, fue hija de Simón Pérez Corella Fajardo, regidor de Lor-
ca, quien en 18 de noviembre de 1526 renunció el oficio en su yerno, por ante Bartolomé
de Borovia, escribano.
180
sesiones diferentes para adquirir la plena validez, lo que tuvo cum-
plido efecto en los cabildos celebrados el veinticinco del mismo mes
y en el de primero de septiembre, donde dieron licencia a los vecinos
de Cotillas para que pudiesen nombrar mayordomo que cobrase los
diezmos de dicha quinta casa, y que éste tuviese libro donde anotase
las entradas y gastos.
Desconocemos hasta qué año el Obispo y Cabildo estuvieron pa-
gando sueldo al cura párroco de Cotillas, pero al menos lo fue has-
ta el de 156861, percibiendo aún los mismos emolumentos de 1.000
maravedís, aunque para su sustento los señores de la Villa fundaron
años más tarde una capellanía, dotándola de ciertas tierras de culti-
vo. Tal precariedad, fue causa y motivo para que los curas no dura-
sen mucho tiempo en nuestro pueblo, sobre todo a finales de siglo.
En 1587 lo era Luis García; en 1588-1589 Francisco Sánchez; Alonso
Belver y Uclés en 1594; Alonso Vélez Pantoja en 1595, pero no llegó a
terminar el año, pues en noviembre encontramos como tal a Pedro
de Uclés.
181
de 1613, el vecindario quedó tan reducido que los residentes no eran
suficientes para mantener el curato. Lo que motivó su incorporación
como anejo al de Alguazas, por el mes de marzo del año 1616, donde
don Pedro quedó como coadjutor –pues ya era colector de las rentas
de aquella parroquia–, hasta 1640.
Como prueba del poco movimiento demográfico que registraba la
parroquial de Cotillas tras la expulsión, señalemos que en el libro de
bautismos, desposorios y velaciones que comenzó en 21 de julio de
1616 (aunque debemos señalar que le faltan las dos primeras hojas),
hay anotadas las siguientes partidas de bautismo: 1616, 2; 1617, 6; 1618,
7; 1619, 6; 1620, 2; 1621, 4; 1622, 6; 1623, 4; 1624, 9; 1625, 4; 1626, 11;
1627, 3; 1628, 10; 1629, 2; 1630, 10; 1631, 5; 1632, 4; 1633, 7; 1634, 6; 1635,
3; 1636, 7 (de ellos 2 gemelos); 1637, 6; 1638, 3; 1639, 3; 1640, 1; 1641, 3;
1642, 6; 1643, 3; 1644, 2; 1645, 4; 1646, 1; 1647, 5; 1648, 5; 1649, 5; 1650,
4; 1651, 2; 1652, 2; 1653, 4; 1654, 5; 1655, 3; 1656, 6; 1657, 1; 1658, 3; 1659,
5; 1660, 3; 1661, 2; 1662, 7; 1663, 5; 1664, 4; 1665, 5; 1666, 2; 1667, 5;
1668, 6; y 1669, 2.
Es curioso el hecho de que sería poco después de dicha supresión,
cuando se produjo la velación de don Juan Pérez Calvillo: “En la
villa de Cutillas a siete días del mes de febrero de mill seis çientos y diez
y siete años yo Pedro Casquer Clérigo Presbítero con liçencia del Licen-
ciado Juan de Lillo beneficiado y cura proprio (sic) de la dicha villa belé
en faz de la Sancta Madre Yglesia a sus mercedes de Juan Pérez Caluillo
y a doña Luz Çambrana y Aragón, señores de la dicha villa de Cutillas,
siendo testigos don Jerónimo Pérez Calvillo, Francisco García Vrones y
Esteban Sánchez, y en fe dello lo firmé ut supra.-Pedro Casquer”.
No hemos localizado muchos nombres de sacristanes en la parro-
quia de Cotillas, tal vez por no ser necesarios, ni por haber medios
con que gratificar su ocupación. En el siglo xvi solo tenemos noticias
de Juan Ballestero, que lo era en 1561; y en el xvii figura como tal
Juan Mexías, en 1616, que debió ser el último al suprimirse el curato
182
por entonces. Por tal circunstancia, cuando en septiembre de 1642
hubo que notificar a la justicia de la Villa una Real Provisión de Su
Majestad, a petición de Pedro Más, que la portaba, tuvieron que ser
llevados a Alguazas, Bartolomé de la Fuente, alcalde de Cotillas, y
Alonso Muñoz, regidor, “donde se les notificó, por no haber en ella
escribano ni sacristán”. Es indudable que desde la anexión, el sacris-
tán de Alguazas actuaría en ambas iglesias cuando fuese necesario.
Eran años muy difíciles para los escasos vecinos del pueblo, pero
pese a ello se pudieron obtener medios económicos para encargar un
nuevo retablo con destino a la vieja iglesia, sita en la antigua Cotillas,
muy cerca del Riacho de Mula, encargo que materializó Bartolomé
de la Fuente, como mayordomo fabriquero de la Iglesia, quien en
catorce de febrero de 1698, concertó con Ginés Pérez de Mena que lo
hiciese, por importe de 1.000 reales. Dicho encargo, para el cual se
había obtenido la correspondiente licencia del obispo, estaría termi-
nado para San Juan de junio del mismo año, y sería construido de
pino sargaleño, con columnas salomónicas, y sería dejado en blanco
para posterior acabado. Por cierta escritura de venta de una casa a
José Ayala, otorgada en 1693 por Lucas Vicente, sabemos que esta
vivienda lindaba por poniente con el Camino Real, y por saliente
con la Iglesia.
Para el servicio de la iglesia de la Villa durante este siglo xvii, el
párroco de Alguazas solía enviar un cura teniente o coadjutor63, que
63 Ver sobre algunos de ellos en: Jesús Belmonte Rubio, Alguazas. Iglesia Parroquial de
San Onofre y Archivo Parroquial. Edita: Parroquia de San Onofre, Alguazas (Murcia),
2005.
Para el periodo 1695-1800 menciona los siguientes: En 1695, Fr. Nicolás de la Rosa, reli-
gioso del Convento de San Agustín, de Murcia; 1698 don Juan Antonio Bustos de Lara;
Fr. Andrés Raymundo y Fr. Félix de Peñaranda, ambos carmelitas, de 1699 a 1710; Fr.
Antonio Ramos, mercedario, de 1712 a 1715, Fr. Francisco de la Fuente, del convento de
mínimos de Alcantarilla; Fr. Ignacio de Mora, del Convento de la Merced, de Murcia;
Fr. Juan Pedreño, del Convento de San Agustín, de Murcia; 1737, don Pedro Martínez
de Beteta; 1742, don José Montero Casas; 1755, don Pascual Fernández Briceño; 1798,
don Antonio Jover Yepes.
183
raramente se hospedada en el pueblo, sino que venía desde aquella
parroquia y a ella volvía al terminar su cometido. Por ello son mu-
chos los nombres de presbíteros y religiosos de diversas órdenes que
aparecen en los documentos, aunque el propio párroco acudía con
frecuencia.
3. La Patrona de Cotillas
Mucho se ha hablado y escrito sobre el origen del patronazgo
de Nuestra Señora de la Salceda y de su titularidad en el templo
parroquial de Cotillas. A veces con poco fundamento, principal-
mente a consecuencia de la falta de documentación referida a los
siglos xv al xviii, por no existir un archivo que la conserve. Las espe-
ciales circunstancias del Señorío, donde con frecuencia los titulares
del mismo arramblaban con la documentación propia del Concejo,
de la escribanía del Número y Ayuntamiento, y aún de la propia
iglesia local; con el fin de privar a los vecinos de los recursos escri-
tos necesarios para apoyarse en los numerosos litigios mantenidos, y
para usarlos en beneficio propio; unidos a los motivados por adversas
circunstancias de lluvias, inundaciones, robos, y xilófagos. A lo que
añadiremos el lamentable acuerdo tomado en 1876 por el Juez de 1ª
Instancia de Mula, ordenando a los ayuntamientos de su jurisdic-
ción el envio a don Julián Martínez Sorzano, archivero de protocolos
del Distrito Notarial del partido de Mula, los instrumentos públicos
existentes en sus archivos municipales; pues dio pie a que insensatos
fanáticos les prendiesen fuego en aquella ciudad, el año 1936, al grito
de ¡la tierra para el que la trabaja!, con el único fin de apoderarse de
ellas y de que los propietarios no pudiesen justificar sus derechos y
pertenencias. Aquel día perdimos para siempre gran parte de nuestra
historia. Años más tarde, la escasez generalizada de papel, movió
a deshacerse de los archivos municipales –entre ellos el de Las To-
184
rres de Cotillas64–, y aún provinciales, vendiendo “por cuatro perras”
aquellos tesoros documentales que albergaban, a la fábrica de Alcoy.
Pese a ello, la ingente tarea que hemos llevado a cabo durante déca-
das, investigando en diversos archivos, nos ha permitido descubrir
algunas piezas del rompecabezas.
La primera titular de nuestra iglesia parece ser que fue Nuestra
Señora de las Mercedes, pues hasta 1603 no tenemos noticias que
hablen del tema. Es entonces, el 17 de julio de aquel año, cuando
encontrándose enfermo Francisco Muñoz, alcalde ordinario de Co-
tillas, otorgó su testamento. Entre otras disposiciones, nombró por
cabezaleros o albaceas testamentarios a don Juan Pérez Calvillo, Se-
ñor de la Villa, y al clérigo Juan Campoy, y mandó “ser sepultado en
la Iglesia de Ntra. Sra. de las Mercedes, de ésta villa, en la sepultura
que allí tengo, donde están enterrados mis padres, o en la de mis sue-
gros”. No cabe posibilidad de error, pues más adelante dispone que
se entreguen sendos donativos o mandas “a la fábrica de la Iglesia de
Ntra. Sra. de las Mercedes y a la Cofradía del Rosario”. Era una per-
sona muy relacionada con la Iglesia, pues queda anotado que había
sido mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento; que debe
cierta limosna por una aclaración que hizo a unas sentencias que se
publicaron por el Sr. don Sancho Dávila, obispo, y firmó dicha de-
claración; y que don Juan Calvillo prometió a su hijo Alonso Blanco,
una pía memoria y capellanía, por lo que le pide se cumpla.
No hemos localizado más noticias al respecto hasta el 19 de diciem-
bre de 1699, en el testamento ya citado del alcalde ordinario Antón
Gil, que falleció al día siguiente y fue llevado en la caja de la parroquia
desde el pago de Las Torres de Fuentes hasta la antigua Cotillas, para
ser sepultado como había dispuesto, en la Iglesia Parroquial de Nues-
64 Recuerdamos que hacia 1960, con ocasión de impartir una charla a la juventud torreña,
un funcionario municipal me mostraba ufano la sala destinada para la ocasión, dicien-
do que había quedado libre sacando de ella, y enviando a dicha localidad alicantina,
una multitud de papel viejo que allí se custodiaba.
185
tra Señora de la Salceda. Desde entonces son numerosas las referen-
cias encontradas con dicha titular, como en el caso de Bartolomé de
la Fuente, fallecido el 18 de diciembre de 1717, que fue enterrado según
su deseo en la Iglesia de Nuestra Señora de la Salceda. Así está docu-
mentado en el que otorgó en “Las Torres de la villa de Cutillas” el 14
de febrero de 1718, Luisa Santiago, vecina de Cotillas, y moradora en
Las Torres, que dice: “sea sepultado (su cuerpo) en la Iglesia Parro-
chial de nra. señora de Salceda de esta Villa”. Del 24 de diciembre del
mismo año es el testamento de Juan Gil, vecino de Cotillas y morador
en Las Torres, que desea ser sepultado en la Iglesia de Nuestra Señora
de Salcedo. Lo mismo podemos decir del otorgado el 15 de diciembre
de 1720 por Bartolomé de la Fuente, vecino de Cotillas y morador en
las Torres, que desea ser enterrado en la Iglesia de Nuestra Señora de
la Salceda, con cuya Fábrica tiene muchas cuentas pendientes, “como
aparecerá de los libros del Padre Lector fray Manuel Silvestre, del
convento de San Agustín de Murcia, y Cura Teniente”.
Aunque escasas veces, también queda reflejado en la documenta-
ción del Archivo parroquial de Alguazas, como menciona en su libro
el señor Belmonte Rubio: “En la Villa de Cotillas, en trece del mes de
Diciembre de mil setecientos veinte y siete años: Yo, Dn. José Martí-
nez Cayuela, Beneficiado y Cura Propio de la Iglesia Parroquial del
Sr. Sn. Onofre de la Villa de Alguazas, y de ésta de Ntra. Sra. de la
Sauzeda su Anejo: Exorciscé, Baptizé y Chrismé...”
Una prueba más del uso continuado del patronazgo de Nuestra
Señora de la Salceda en este pueblo nos lo ofrece el testamento otor-
gado en Murcia el seis de junio de 1739 por Juan Manzanera, que
falleció unos días después. Por él fundo un vínculo, llamando a he-
redarlo a diversas personas, y en último lugar, a falta de todas ellas,
“a la Patrona de Cotillas que es Nuestra Señora de la Sauzeda65”. El
65 Durante mucho tiempo fue variable la denominación que recibía esta advocación ma-
riana, aunque tal vez pueda achacarse al desconocimiento de los escribanos que redac-
taban los documentos: Salcedo, Salceda, Sauceda, Saucedal, Saucera…
186
citado Juan fue enterrado en Alguazas el día de San Antonio del
mismo mes.
La devoción a esta soberana imagen también había prendido entre
los vecinos de Alguazas, donde contaba con capilla dedicada a ella
en el templo parroquial de San Onofre. En el libro de Testamenta-
les aparece en 1767 el Altar de la Salceda, y en cuatro de agosto del
mismo año falleció Francisco Rubio, vecino de Alguazas, y “quiso
ser enterrado en esta Iglesia junto al altar de la Salceda”.
187
y Cotillas, eran a partes iguales para Obispo y Cabildo. También
hemos podido obtener de ellas, por la manera en que se sufragaron
los 389 reales que nuestra iglesia abonó por los gastos ocasionados al
visitador y su séquito, que la Colecturía de misas cantadas y rezadas
satisfizo 60 reales, la Fábrica de Cotillas 5 reales, la Cofradía del
Rosario 5 reales y la Cofradía de las Ánimas 4 reales. Y en las cuen-
tas del periodo 1716-1718, entre los gastos aparecen anotados en una
partida, 30 reales “gastados en dorar la cajuela de plata que hay para
llevar a Su Divina Majestad, por viático, al anejo de Cotillas, según
orden del Señor Obispo” (don Luis Belluga).
En 1732, siendo alcaldes ordinarios de la Villa Diego González y
Tomás Vicente, a finales de junio se realizó una visita pastoral a las
iglesias de Alguazas y Cotillas, a cargo de don Juan López Bueno, Vi-
sitador y Provisor del Obispado, en nombre y por comisión del obispo
don Tomás José de Montes; quien dispuso que en ambos pueblos se
explicase la doctrina en las misas mayores. Tenemos anotada otra el
16 de enero de 1753, a cargo del Arcediano don Joaquín de Olmeda y
Aguilar, estando la Sede vacante, quien en las cuentas que tomó el 26
del mismo mes, dejó dispuesto “Que se dore el Vaso de la parroquial
de Cotillas, y se ponga a la moda”. En 22 de abril de 1753, dispuso el
visitador, que el capellán explicase la doctrina cristiana, y que todo lo
dicho sobre decencia y ornato de la Iglesia y altares de Alguazas, se
haga extensivo a la Iglesia de Cotillas, donde además se debe retejar,
y hacer inventario de la Iglesia y de las cofradías de ella.
Sobre fundaciones y pías memorias no tenemos muchas noticias
a causa de haber desaparecido el libro correspondiente, pero al folio
22 estaba anotada una Pía memoria fundada por Pedro Gómez, de
cinco misas en cada un año, la cual recayó en la noble dama algua-
ceña doña Beatriz Gironda, que pagaba por ella y otra, trece reales y
medio de vellón, anualmente, según estaba al número 122 del citado
libro de Colecturía de la villa de Cotillas.
188
En cuanto a las llamadas tercias decimales, que correspondían a la
Mesa Capitular de la Iglesia de Cartagena, suponían cada año muy
buenos ingresos para la institución eclesiástica, como se desprende
del siguiente estadillo, regulado con la media obtenida de lo recau-
dado durante el quinquenio 1765-1769:
189
ventaba los problemas de entierro y funeral llegado el fatal desenlace.
A ella pertenecía en 1772 José Fernández Briceño, vecino de Cotillas
y morador en el partido de Las Torres; que en su testamento dispuso
que le acompañasen en su entierro el estandarte de la Cofradía de
Nuestro Padre Jesús, de la villa de Alguazas, y el de las Benditas Áni-
mas de Cotillas. Y “por la mucha devoción que tiene al SSmo. Cristo
de la Expiración que se venera en la Villa de Cotillas, manda se le
haga una fiesta de vísperas, misa cantada con diáconos y sermón, y
en atención a no poderse hacer fiesta de pólvora, se gaste en cultos o
adorno de la capilla”. Pero no pudiendo olvidar sus orígenes, dispuso
también que “a Nuestra Señora del Paso, de La Ñora, se eche un día
de trabajo con dos cabalgaduras y un hombre, a costa de sus bienes,
si hubiese alguna obra en qué ocuparlos, y si no, el importe se emplee
en culto a dicha Santa Imagen”. El tal José era tío del presbítero don
Pascual Fernández Briceño.
190
tos y el haber dejado a sus sucesores un funestísimo legado de otros
nuevos, con los disgustos que llevan consigo”.
En tiempos de su hijo don Rafael Antonio de Bustos y Molina
Calvillo y Carrillo, con el que también hubo muchos enfrentamien-
tos, se intentó por éste que la Iglesia de Cotillas se independizase
nuevamente, y se edificase un templo en Las Torres, a cuyo fin di-
rigió un memorial al obispo don Manuel Rubín de Celis, que por
la abundante información que contiene no nos resistimos a insertar
con todo su contenido.
191
Divina palabra, sino es algunas veces en el tiempo de Quaresma;
ignorando los más, de la Doctrina Christiana, aún lo preciso para
salvarse; y todo esto haviendo sido dicho pueblo curato separado,
teniendo al presente más de doscientos vecinos de puerta abierta;
haviendo una Acienda propia del curato, quatro de Imágenes, sin
más gravamen que una festividad cada una; cuio costo no asciende
a quarenta rs. vn.; no vajando la limosna que contribuien estos
fieles para las Ánimas de dos mil rs. cada año; ascendiendo sus
diezmos a unas cantidades considerables, y la primicia a lo que
manifiesta el ya dicho número de sus vecinos: Por todo lo qual,
espera el Marqués que cerciorado V. S. Ilma. de lo que dexa re-
ferido, se digne dar las más eficaces providencias, para que desde
luego se nombre Párroco propio de dicha Villa, en cuia persona, no
solo concurran las zircunstancias correspondientes a este ministerio,
sino es las que necesita la actual disposición, y estado de sus vecinos,
un sachristán, y el que sin dilación se pase a fabricar en dónde se
halla la principal población Iglesia correspondiente al número de
personas que han de concurrir a ella, con los ornamentos y adornos
necesarios, y decentes: lo que así espera resolverá la piedad, virtud,
y zelo por las almas de V. S. Ilma.: Murcia 3 de Julio de 1775.- El
señor de Cotillas: Marqués de Corvera”.
192
de don Nicolás Serrano y Abadía –en virtud del poder que para ello
tenía del Marqués de Corvera–, pidió se le entregase la petición de
éste. De lo que enterado el Provisor, mandó que quedando copia, se
le entregase dicho memorial y subsiguiente mandamiento.
La razón de retirar dicha petición hay que atribuirla al intento de
hacer partícipe del proceso a los vecinos de la Villa, a cuyo fin, con-
seguida la aquiescencia del Concejo, el 10 de enero de 1776 devolvió
al obispado el memorial, acompañado de nuevo pedimento y un
poder en nombre de la Real Justicia, Concejo, Villa, Regimiento y
vecinos de Cotillas, mostrándose parte. De lo cual mandó el Provi-
sor, que con la resulta, a su tiempo se comunicase a Nicolás Serrano
las diligencias practicadas. Pero el 26 de enero presentó la siguiente
petición, en la que previendo una negativa, se solicitaba que el cura
de Alguazas pusiese en Cotillas un teniente que residiese en ella:
193
fieles del espiritual pasto de que necesitan les administre los Santos
Sacramentos custodiándose éstos en decente Templo, y deducir, y
formalizar la correspondiente demanda en razón de todo, necesi-
ten mis partes justificar en el ingreso del juicio el fundamento de
su intención, a sus nombres ofrezco información de testigos para
que sean examinados por el tenor y narrativa del memorial dado
al Sr. Obispo, con que principia el expediente, y con zitación del
Ilmo. Cavildo de esta Santa Iglesia, del fiscal general del obispado,
y del cura, y mayordomo fabriquero de la dicha parroquial de
Alguazas.
A V. S. suplico que en estos términos se sirva admitirme la di-
cha información, confiriendo para ella la correspondiente comisión
mediante el competente despacho, a que acompañe el memorial
citado, a qualquier Notario Receptor de el Tribunal, al que trahi-
ga las diligencias, evaquadas que sean, y que se me entreguen en
la forma ordinaria para los expresados fines en justicia que pido,
protexto las costas, juro, y para ello etc.
Otrosí, para los mismos fines: Suplico a V. S. que la dicha co-
misión sea, y que entienda, para que requerido el Comisionado
por mis partes, ponga así en la Villa de Alguazas, como en la de
Cotillas, los testimonios que se le señalasen, ya sean de términos, y
moxones de edificios, estado de la Iglesia, y demás particulares con-
cernientes al asumpto, o ya de qualesquiera Libros, o instrumentos,
haciendo a la persona en quien paren, y también le sea señalada,
los ponga de manifiesto; pues igualmente es justicia que pido ut
supra.- Nicolás Serrano y Avadía.- Dr. Don Félix Josef Gert de
Rueda.”
194
emplazasen a que en tiempo prudencial declarase lo que tuviese por
conveniente. En la curia diocesana parecían no tener prisa en trami-
tar el expediente, y mucho menos en acceder a lo solicitado, aunque
el 15 de abril el Provisor dictó un auto para que con citación del cura
de Alguazas, mayordomo fabriquero de su Iglesia, y de los Seño-
res Deán y Cabildo, se recibiese la información que ofrecía Cotillas.
Como es natural, las tres partes citadas pidieron se les diese traslado
del contenido de los autos, lo que no se efectuó hasta mediado el mes
de julio. Al día siguiente, es decir el 19 de julio, se leyó en sesión del
Cabildo la documentación aportada, cuyos señores dijeron quedar
enterados, pero no adoptaron ninguna resolución. Con lo cual, y
dada la poca colaboración que debieron prestar el Cura de Alguazas
y su Mayordomo fabriquero, las cosas quedaron en suspenso hasta
1793, aunque antes fueron cómplices con la decisión adoptada por el
cura don Antonio Ochando Ruiz de Alarcón, que “colocó” residien-
do en Cotillas a su teniente don Pascual Fernández Briceño, quien se
acomodó a ello pues disponía de bienes y familia en Cotillas.
Don Antonio Ochando, tras casar en Alguazas a Juana Ochan-
do Ruiz de Alarcón, con un hijo del doctor don Vicente Fenollar
–hecho ocurrido en octubre de 1789–, a finales de 1790 renunció al
curato, pero hasta 1791 no se nombró sustituto, quedando como cura
ecónomo nuestro ya conocido don Pascual Fernández Briceño.
195
desde 1776 por el que Cotillas pidió la restauración del curato perdi-
do en 1616. El siete de junio de 1793 el Provisor del obispado dictaba
un auto para que las partes implicadas informasen sobre la petición
del Concejo y vecinos de la villa de Cotillas, pidiendo le fuese resti-
tuida a su Iglesia su propio curato, separándolo del de Alguazas. Unos
días después el cura párroco, el mayordomo fabriquero de Alguazas y
Cabildo catedralicio recibían el correspondiente decreto, pero aunque
este último organismo lo vio en la sesión que celebró el 21 del citado
mes de junio, hasta el 25 de octubre no resolvió nada, y fue en el sen-
tido de que se viese en su archivo, qué datos había sobre ello.
Era indudable que el grupo capitular no estaba por la labor, ya
que la concesión no le reportaba beneficios económicos, sino que
aumentarían los gastos de gestión y recaudación de los diezmos. En
consecuencia, se procuró dilatar el proceso. Afortunadamente regía
la diócesis por entonces el obispo don Victoriano López Gonzalo,
un prelado activo y que se acercó bastante a las necesidades que
agobiaban a los pueblos; quien atendiendo a las necesidades más pe-
rentorias, tuvo en cuenta que el caserío con más población eran Las
Torres, y que en Cotillas no quedaban muchos vecinos y además
la antigua iglesia era muy reducida y angosta. En consecuencia, el
lunes siete de diciembre de 1795 concedió licencia para construir un
nuevo templo en Las Torres y concluidas las obras trasladar el culto
principal a ella.
El cronista José Ramos Rocamora –bien informado del tema pues
estaba casado en Alguazas con una sobrina del presbítero don José
Hilario Sáez, y allí acudía con frecuencia–, narra –como recoge y
amplía el cronista Marín Mateos67–, todo el proceso seguido, cuyo
sumario es: “En 7 de diciembre de 1795 el Iltmo. Sr. obispo D. Bic-
toriano López Gonzalo, obispo de Cartagena, concedió licencia para
mudar la Parroquia de Cotillas a las Torres, y en 30 días levantaron
196
la Iglesia; y cada vecino le daba de comer a los albañiles; y el día 31 de
enero 1796 dixieron la primera misa y pusieron el Sacramento”. Para
mayor información, he aquí lo escrito por José Antonio Marín:
68 Aquí advertimos un error de cifras, pues no concuerda el número de vecinos (35), con el
de almas (1.096).
197
de las Torres una ermita provisional en la que se hallaba comenza-
da69, cubriendo dos capillas y la Sacristía, formando torreta para
la colocación de campanas, y en la Capilla mayor, fijado tres al-
tares cómodos para el sacrificio de la misa, adornándolo todo con
la posible decencia, dejando un cementerio proporcionado para
que se entierren los vecinos. Con lo cual este pueblo está satisfecho
completamente a las cristianas intenciones de Nuestro Señor Jesu-
cristo, porque rinden las debidas gracias, esperando continuar en
favorecerles; y ahora ocurre, que siendo necesario se coloque el San-
tísimo Sacramentado, para lo que está preparado el pueblo, honrar
a nuestro Soberano Señor y su Dios, como es debido, para el día
que elija V.S.I., desde luego lo ponemos en su Alta Consideración
para que comisione persona que bendiga el Templo y el Eclesiástico
que haya elegido para que resida en este pueblo con el cargo de
Cura. Nombrando también sacristán que permanentemente atien-
da la Parroquia de estas nuevas obligaciones, que no habiendo
inconveniente:
Suplicamos a V.S.I. tenga a bien elegir y nombrar a Vicente Ru-
bio, Maestro de Primeras Letras en este Pueblo, hábil para este car-
go, o lo que V.S.I. juzgue por más oportuno, como acostumbra”.
Pero hemos de tener en cuenta que la parroquia poseía también
un carácter polivalente, pues además de función de centro de cul-
to (ceremonias, sacramentos...) era también lugar de encuentro de
todos los vecinos en momentos de súplicas por calamidades o de ac-
ción de gracias por haber acabado éstas. Además en el siglo XVIII el
templo seguía siendo el cementerio; a ello se destinaba la plana y las
naves de la iglesia, sin hacer distinciones entre unos y otros, aunque
69 Se advierte bien, por lo aquí reseñado, que no hubo tanta celeridad como parece en
construir la nueva Iglesia, pues tal edificio ya estaba comenzado anteriormente; y que lo
realizado en el corto periodo señalado, fue tan solo cubrir las dos capillas y la sacristía,
formar campanario, fijar tres altares en la Capilla mayor, y ultimar los restantes adornos
y detalles.
198
existiera un rango entre los que se enterraban en la capilla mayor
o en las particulares. De ahí que la ampliación o construcción del
templo no sólo se deba al aumento de fieles, sino que era preciso
ampliar la zona dedicada a sepulturas.
Ya hemos visto en el decreto de diciembre de 1795 que se dice;
“Dejando un cementerio proporcionado para que se entierren los
vecinos”. En cuanto al tipo de planta que se utilizó en las construc-
ciones del siglo XVIII consistía en una sola nave con capillas laterales
comunicadas, crucero y cabecera recta, inscrito todo en un rectán-
gulo. Generalmente estas iglesias se abrieron al culto antes de estar
acabadas. El material más rico y la acentuación plástica se dejaron
sentir sobre todo en la fachada. Fue muy frecuente dejar una plaza
o un espacio suficiente para contemplar el frente del templo, con
el fin de realzar el monumento religioso en el trazado del pueblo”
[fin de la cita].
199
7. Estado de la parroquial a finales del siglo
Pese a que la lectura de los párrafos antecedentes pueda dar la im-
presión de que la iglesia local era cosa de poca monta y de que apenas
tenía relevancia, un análisis detallado de todos los aspectos relacio-
nados con ella modifica sensiblemente tal opinión tomada a la ligera.
Hemos podido examinar los informes que en 1798 se redactaron a
petición del Tribunal de la Santa Cruzada, y dado que es una do-
cumentación de primer orden, y que hasta el momento permanecía
inédita, nos permitimos añadirla al presente estudio, sin otra varia-
ción que suprimir aquellos párrafos que no impliquen directamente
a Cotillas, y lógicamente todos aquellos que se refieren en exclusiva
a la parroquial y clero de Alguazas.
Observamos que el Cura párroco de Alguazas y Cotillas es don
Francisco Moreno, que había tomado posesión en 1795, en tanto que
el Cura Teniente es don Antonio Jover Yepes, de 25 años de edad, y
no don Pascual Fernández Briceño, pese a que éste vivía en Cotillas y
era Mayordomo fabriquero de la Iglesia de Nuestra Señora de la Sal-
ceda. También consta la existencia de dos capellanías, una de ellas
instituida por los Señores de la Villa; pero ambos titulares vivían en
la capital. Finalmente diremos que reflejan los estadillos la existencia
de tres cofradías o hermandades, que son la de Ánimas, Virgen del
Rosario70 y Santísimo Sacramento. Pero nos detendremos aquí, invi-
tándoles a conocer el estado de la parroquia en estos finales del siglo
xviii, dando un repaso a los documentos que siguen.
70 El 12 de enero de 1763, ante José Sánchez Fernández, escribano de Alguazas, don José
Martínez Cayuela, párroco de Alguazas y Cotillas, y don Pascual Fernández Briceño,
presbítero, como administrador de la Cofradía del Rosario, sita en la parroquial de Co-
tillas, permutaron ciertas tierras propias de dichos Cayuela y Cofradía (nota marginal
en el “Libro del Sogueo” de 1749).
200
i. 1798-v-27, Alguazas.- Certificación de don Francisco Moreno,
Cura Propio de Alguazas y Cotillas, de las rentas del curato, her-
mandades, capellanías y patronatos existentes en ambas Iglesias
Don Francisco Moreno, Beneficiado y Cura propio de la Iglesia Parroquial de Sr. San Onofre
de esta Villa de Alguazas, y de la de Cotillas su Anejo:
Zertifico y Juro: Que los productos de mi Curato regulados por lo perteneciente al Pié de
Altar a el quinquenio de ochenta y nueve, hasta noventa y tres ambos inclusive; y por las
primicias a juicio prudencial, según los tres años que haze poseo este Curato, es en la forma
siguiente
Reales Maravedís
Pie de Altar
*El Pie de Altar de Alguazas, y Cotillas, consiste en los matrimonios,
entierros y bautismos zelebrados en ambas Parroquiales. En el quin-
quenio expresado, resultan en derechos Parroquiales al año igual. 2.017 20
*El derecho del pie de Altar de Cantado al año igual. 700
*De diez funciones de Iglesia cada un año en ambas Parroquias. 270
Primizias
*Por setenta fanegas de trigo en cada un año a cincuenta reales. 3.500
*Treinta y seis fanegas de panizo, también anuales a quarenta reales. 1.440
*Veinte fanegas de zevada al año, a veinte reales. 400
Propiedades
*Del rento anuo de quarenta y tres tahullas que posee este Curato, las
quince en esta Villa, y las veinte y ocho restantes en Cotillas. 1.740
Bajas (de ambos curatos)
*Por veinte y cinco Misas Cantadas, paga este Curato a seis reales
cada una. 150
*Por veinte y tres rezadas anuales, a tres reales. 69
*De obras nuevas, y azequiajes, corresponden al año. 86
*De recolectar los granos de Primicia. 252
*De un Teniente en el Anejo de Cotillas. 2.000
En Cotillas ay la Hermandad de Benditas Almas, su Hermano mayor, Simón Romero.
Patrimonistas
*Don Pasqual Fernández Brizeño, Presbítero residente en ella.
Ay diferentes propiedades afectas a dos Capellanías que son de libre presentación; la una del
Señor de Cotillas, que actualmente posee don Francisco de Mérida, vecino de Murcia; y la
otra del Marqués de Beniel, que posee don Alberto Castillo, vecino de dicha Ciudad.
Y para que conste, en cumplimiento de lo mandado por el Tribunal de la Santa Cruzada,
doy la presente en esta Villa de Algua zas a veinte y siete de Mayo, mil setezientos noventa y
ocho.
Don Francisco Moreno.
201
ii. 1798-vi-14, Alguazas.- Certificación de los Propios y rentas que
posee la Hermandad de las Ánimas, de la Parroquial de Cotillas
202
iii. 1798-vi-15, Alguazas.- Rentas de la Fábrica Parroquial
de Cotillas
203
iv. 1798-vi-16, Alguazas.- Certificación de los bienes del Patrimo-
nio con que se ordenó don Pascual Fernández Briceño
Don Pasqual Fernández Briceño, Presbítero de esta Villa de las Algua zas, y de la de Cotillas su
anejo: Zertifico, que los propios del Patrimonio, con que me ordené, que están en la huerta, y
Jurisdicción de dicha Villa de Cutillas, valen de renta annual, un mil y doscientos reales, y para
que conste, doy ésta, que firmo en esta dicha Villa de las Alguazas, a diez y seis de Junio de mil
setecientos nobenta y ocho años.
Don Pasqual Fernández Briceño.
Don Antonio Jover, Presbítero, Cura theniente de la Iglesia Parroquial de la Villa de Cotillas,
Anejo de la de Alguazas: Zertifico, y Juro, cómo desde Enero de noventa y cinco, y por falleci-
miento de Don Josef Montero, Presbítero, su último poseedor, poseo una Capellanía, funda-
da por Onofre Peñalver Zapata, en dicha Villa de Alguazas, la qual consiste en quince taullas
de regadío, sitas en las Huertas de Alguazas y Cotillas, cuyo rédito y cargas es como sigue:
Reales Maravedís
Tierras
*Arrendamiento total de las quinze taullas, setecientos reales vellón. 700
Bajas
*Tiene de cargas la dicha capellanía, un zenso de sesenta y seis reales
con seis maravedís, al fisco Eclesiástico; y quarenta y seis reales y
ocho maravedís a la colecturía de cantado y rezado de la Villa de Al-
guazas, que todo importa ciento doze reales con catorze maravedís. 112 14
Líquido
Queda líquido 587 20
Asimismo, Zertifico, como tengo a mi cargo las fincas propias de las cofradías del Santísimo
Sacramento, y de la Virgen del Rosario de esta Yglesia de Cotillas, las quales con sus réditos
y baxas son del tenor siguiente:
204
Virgen del Rosario
*Arrendamiento que pagan por las taullas de la Virgen del Rosario,
mil ciento quarenta y seis reales vellón. 1.146
*Por el alquiler de una casa de la misma Virgen, ochenta y dos reales
y diez y siete maravedís. 82 17
*De una Barraca, quatro reales vellón. 4
*Intereses de un zenso, cinquenta y seis reales y diez y siete marave-
dís. 56 17
Cuyo total de todo es 1.289
Bajas
*Tiene de cargas dicha Cofradía del Rosario, ciento diez reales, im-
porte de la fiesta que se le ace anualmente. 110
*Consumo de zera, quarenta y dos reales. 42
*A la colecturía de rezado, veinte y tres reales. 23
175
Líquido
Queda en líquido mil ciento y catorce reales. 1.114
Fincas del Santísimo Sacramento
*Arrendamientos que pagan de las taullas, quatro cientos sesenta y 464
quatro. *De dos casas, ciento setenta reales vellón. 170
*Por el sitio de dos barracas, treinta reales. 30
*De un zenso, treinta y nueve reales y veinte maravedís. 39 20
703 20
Bajas
Tiene de cargas estas propiedades, de la fiesta que se ace anualmente,
y zera, ciento treinta y ocho reales. 138
Líquido: 565 20
Y para que conste, cumpliendo con lo mandado, doy la presente que firmo en esta Villa de
Cotillas a veinte y uno de junio de mil setecientos noventa y ocho.- Don Antonio Jover.
P.D.: Advierto, cómo lo restante de los productos de las fincas del Santísimo y Rosario de la
Villa de Cotillas, se me tiene consignado por el Ilmo. Sr. Obispo de Cartagena, en atención a
que sirvo de theniente a dicha Iglesia.- Jover.
205
V I. EPÍLOGO
1. A modo de conclusión
La necesidad en esta ocasión de tener que pasar casi de soslayo
–en aras de la brevedad y del espacio disponible– por tantos temas
de estudio como nos ofrece la abundante documentación existente,
no solo referida a los siglos xvii y xviii, sino a los anteriores y poste-
riores, deja abierta una puerta, para que en el futuro podamos aco-
meter otros trabajos sobre el pasado lejano y reciente de Las Torres
de Cotillas. En cuya misión es indudable que debe tener un papel
destacado la Fundación “Marqués de Corvera”, no sólo por la valiosa
documentación que atesora pese a su corta existencia, y la que se pre-
supone puede ir adquiriendo en el futuro –si, como creemos, sigue la
política iniciada de conseguir todo lo que pueda estar a su alcance y
al de las disponibilidades económicas que puedan proporcionarle la
Corporación municipal torreña y otras personas o entidades–; sino
también por la ilusión y categoría científica y humana de los miem-
bros que la componen, que no solo trabajan con ilusión y ahínco
en cuanto se les ocurre, sino que procuran y logran con persuasión
implicar a otras personas que creen pueden aportar algo de interés
para el conocimiento de la historia local y su imbricación con una
más amplia que abarqu600e la comarca próxima, y aún la del resto
de nuestra región.
Analizar el devenir del Señorío durante los siglos xvii y xviii ha
sido sin duda una labor gratificante, pues ha puesto al día nuestras
ideas, nos ha obligado a completar aquellos datos que en tiempos
209
descubrimos pero dejamos anotados de manera incompleta, y nos ha
permitido ensamblar como si de un rompecabezas se tratase, aque-
llas referencias que por sí solas no terminaban de aclararnos el pasado
histórico de este pueblo. Además, nos ha permitido conocer nuevos
amigos, que generosamente se han volcado en ofrecernos de manera
desprendida la información de que disponían, y a los cuales damos
públicamente las gracias. Agradecimiento que hacemos extensivo a
quienes confiaron en nosotros a la hora de proyectar la edición de
este libro, entre los cuales es de justicia mencionar a nuestros ami-
gos el Alcalde de Las Torres de Cotillas, don Domingo Coronado
Romero, y a don Pedro Cabrera Puche, Concejal de Educación y
Cultura.
Al acabar este trabajo, queremos exponer a modo de apretado re-
sumen, que nos han quedado claras dos ideas, las cuales entendemos,
modestamente, no pueden pasar desapercibidas, ni dejar caer en el
olvido:
En primer lugar, la certeza de que los antiguos poseedores del
Mayorazgo y Señorío de los Calvillos hicieron cuanto fue posible, y
lo lograron, para que el lugar de Cotillas, saliese de la jurisdicción
concejil de Murcia, o de la de Molina Seca –pues esto no nos ha que-
dado suficientemente claro, y tal vez se pueda dilucidar tan pronto
se permita consultar la valiosa y amplia documentación que custodia
el Archivo Ducal de Medina Sidonia, en lo que respecta a la familia
murciana de los Fajardo–; erigiéndola en una villa con jurisdicción
propia, que tuvo fundados inicios en la segunda mitad del siglo XV,
pero que se consolidó definitivamente en 1501, cuando los vecinos
de religión islámica abrazaron la fe católica y, consecuentemente, la
aljama institucional desapareció de manera definitiva.
En segundo lugar, tantísimo vecino que con nombre propio o de
manera anónima batallaron incansables, gastaron sus bienes en el
empeño, sufrieron vejaciones sin cuento, y sirvieron de creciente
210
para que este pueblo se sintiese unido, como una piña, es pos de su
libertad, de su independencia y de su progreso. Sin olvidar el funda-
mental apoyo que recibieron de muchos propietarios forasteros, que
lucharon codo con codo con los naturales de la Villa.
Pensamos por ello, que no sería mala idea proponer la erección de
un monumento a todos, que sirviese no solo para agradecerles tan
heroica gesta; sino también para que su recuerdo y acciones no pasen
desapercibidas y las tengan presente siempre, los vecinos actuales y
las generaciones futuras.
211