Declaración de las Naciones Unidas sobre
los derechos de los pueblos indígenas
Antes de su adopción por la Asamblea General, la Declaración sobre los derechos de los
pueblos indígenas fue adoptada por el Consejo de Derechos Humanos el 29 de junio de
2006.
Los esfuerzos por redactar un documento específico que abordara la protección de los
pueblos indígenas a nivel internacional se iniciaron hace más de dos décadas. En 1982, el
Consejo Económico y Social estableció el Grupo de Trabajo sobre las Poblaciones con el
mandato de desarrollar estándares mínimos para la protección de los pueblos indígenas.
Se presentó un primer proyecto de declaración a la Subcomisión de Prevención de
Discriminaciones y Protección a las Minorías, el cual fue aprobado varios años más tarde,
en 1994. El proyecto luego fue presentado a la entonces Comisión de Derechos Humanos
para su aprobación y consecuente presentación.
El proceso avanzó muy lentamente debido a que varios Estados expresaron su preocupación
en relación a las provisiones del proyecto de Declaración sobre el derecho a la libre
determinación y el control de recursos naturales en las tierras ancestrales de los pueblos
indígenas.
La Declaración fue adoptada por la Asamblea General el 13 de septiembre de 2007. Se
espera que tenga un gran efecto sobre los derechos de los pueblos indígenas alrededor del
mundo. Es un documento exhaustivo que aborda temas como los derechos colectivos, los
derechos culturales y la identidad, y los derechos a la salud, la educación, la salud, y el
empleo entre otros. La Declaración enfatiza el derecho de los pueblos indígenas de
preservar y fortalecer sus propias instituciones, culturas y tradiciones y de trabajar por su
desarrollo de acuerdo a sus aspiraciones y necesidades. La Declaración sin duda favorecerá
a los pueblos indígenas en sus esfuerzos por combatir la discriminación y el racismo.
Guiada por los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y la buena fe en el
cumplimiento de las obligaciones contraídas por los Estados de conformidad con la Carta,
Afirmando que los pueblos indígenas son iguales a todos los demás pueblos y reconociendo
al mismo tiempo el derecho de todos los pueblos a ser diferentes, a considerarse a sí
mismos diferentes y a ser respetados como tales, Afirmando también que todos los pueblos
contribuyen a la diversidad y riqueza de las civilizaciones y culturas, que constituyen el
patrimonio común de la humanidad.
Afirmando además que todas las doctrinas, políticas y prácticas basadas en la superioridad
de determinados pueblos o individuos o que la propugnan aduciendo razones de origen
nacional o diferencias raciales, religiosas, étnicas o culturales son racistas, científicamente
falsas, jurídicamente inválidas, moralmente condenables y socialmente injustas.
Reafirmando que, en el ejercicio de sus derechos, los pueblos indígenas deben estar libres
de toda forma de discriminación, Preocupada por el hecho de que los pueblos indígenas
han sufrido injusticias históricas como resultado, entre otras cosas, de la colonización y de
haber sido desposeídos de sus tierras, territorios y recursos, lo que les ha impedido ejercer,
en particular, su derecho al desarrollo de conformidad con sus propias necesidades e
intereses,
Reconociendo la urgente necesidad de respetar y promover los derechos intrínsecos de los
pueblos indígenas, que derivan de sus estructuras políticas, económicas y sociales y de sus
culturas, de sus tradiciones espirituales, de su historia y de su filosofía, especialmente los
derechos a sus tierras, territorios y recursos.
Reconociendo también la urgente necesidad de respetar y promover los derechos de los
pueblos indígenas afirmados en tratados, acuerdos y otros arreglos constructivos con los
Estados,
Celebrando que los pueblos indígenas se estén organizando para promover su desarrollo
político, económico, social y cultural y para poner fin a todas las formas de discriminación y
opresión dondequiera que ocurran.
Convencida de que si los pueblos indígenas controlan los acontecimientos que los afecten
a ellos y a sus tierras, territorios y recursos podrán mantener y reforzar sus instituciones,
culturas y tradiciones y promover su desarrollo de acuerdo con sus aspiraciones y
necesidades.
Reconociendo que el respeto de los conocimientos, las culturas y las prácticas tradicionales
indígenas contribuye al desarrollo sostenible y equitativo y a la ordenación adecuada.