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Universidad de Harvurd desde 1968— destinda las. componcntes
Peer rnc erate cineca ieee
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hace accesible al lector no especializado. Otras obras de Rudolf
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sobre la composicién en las artes vistaley> (AF 45) y-sNuevos
ensayos sobre psicolagia del Arten (AF 87)
Noma
percepcion visual
Rudolf Amheim 962 esv"sta obra a sido publicada en inglés por The University of California Pres, Berkeley California,
bajoe! tule drt and Visual Perception. 4 Psychology of the Creative Eye. The New Version.
Primera eiciénen «Alianza Forma: 1979
Primeraedicin en «Manualesy: 1999
Segunda edcidn en wAlianea Forma; 2002,
Segunda reimpresion: 2006
Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra est protegdo pola Ley, que establece
‘penas de prision y/o multa, ademis dela correspondiontesindemnizaciones por daosy per
juicos. para quienes eprodujoren,plagiaren, dstibuseren oeomunicatenpublicamente, en eda
‘en pare, una oba literara,atsticao centifica os iansTormacion, interpretaciono eect
«idm artstia fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada s través de cualquier medio, sina
roceptiva autorizacién.
1 1984, 1974 by the Regents ofthe University of California
1 Bal cast: Alianza Editorial, . 4, Madrid, 1979, 1980, 198], 1983, 1984, 1985, 1986, 1988,
1989, 1991, 1992, 1993, 1994, 1995, 1997, 998, 1999, 2002, 2008, 2006
Calle Juan fanacio Lues de Tena, 15: 28027 Madi, weet 91 393 8888
worwalianzaeditoriaes
ISBN: 84206-79740
Depésit legal: M.28 326-2006
Inmpreso en Ferinder Ciudad, SL
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Printed in Spin
‘SI QUIERE RECIBIR INFORMACION PERIODICA SOBRE LAS NOVEDADES DE
ALIANZA EDITORIAL, ENVIF UN CORREO RLECTRONICO A LA DIRECCION:
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indice
Prologon la nueva version
Introduecién.
Capitulo primero, Fi EQuILiaRO,
Laestructura oculta de un cuadrado,
{Qué son las fuerzas perceptuales?
Dos discos en un cuadrado,
Equilibrio psicol6gico y fisico.
{Por qué equilibrio?
El peso...
Ladireccién
Esquemas de equilibri.
Parte superior y parte inferior.
Derechae izquierda.
El equilibrio yla mente humana
Madame Cézanne en una silla amarilla.
Capitulo segundo. La FORMA.
La visién como exploracién activa
Captar lo esencial
Los conceptos perceptuales
{Quéesla forma?
La influeneia del pasado
Vera forma
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37
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08 Arteypercepeién visual
Lasimplicidad,
Una demostracién de la simplific
Nivelacién y agudizacién
Latotalidad se mantiene.
Lasubdivision
Por qué los ojos suelen decir la verdad.
La subdivision en las artes,
{Quées una parte?
Semejanza y diferencia,
Ejemplos tomados del arte
El esqueleto extructural
Capitulo tercero, La FORMA*
La orientacin en el espacio
Las proyecciones
iQue aspecto ese! mejor?
Elmétodocgipcio
Elescorz0
Eltrasiapo.
{Para que sire taslapo?
juego reciproco de plano y profndidad
Lacompctencia de aspoctos
Realismo y realidad
{Qué lo que parece fel ala realidad?
ia forma* como invencion
Los nveles de abstraccién
LaSouree.. :
La informacion visual.
Capitulo cuarto, EL DESARROLLO
{Por qué dibujan asi los niios?
Lateorfa intelectualista,
Dibujan lo que ven.
Los conceptos representacionales.
Eldibujo como movimiento,
Elcirculo primigenio.
Laley de diferenciacién
Vertical y horizontal
Laoblicuidad
La fusién de partes,
Eltamafo.
Los mal llamadlos renacuajos.
La raduccién a dos dimensiones.
Consecuencias pedagégicas
La génesis de la forma* en la escultura
Palosyy tabletas
Lo ciibico y lo redondo.
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Capitulo quinto. Et esracto.
Linea y contorno.
Larivalidad porel contorno
Figuray fondo
Losniveles de profundidad
Aplicaciéa ala pintura
Marcos y ventanas
Laconcavidad en la escultura
{Por qué vemos la profundidad?
Laprofundidiad mediante traslapo
La trasparencia
Las deformaciones crean espacio.
Cajas de tres dimensiones.
‘Ayuda del espacio material
Antes simplicidad que fidelidad
Los gradientes erean profundidad
acia una convergencia del espacio.
Las dos taices de laperspectiva central
Noes una proyeceién ie
El espacio piramidal
Elsimbolismo de un mundo enfocado.
Contralidad e infinitud.
Jugar con las reglas
Capitulo sexto, La Luz,
La experiencia de a luz
La luminosidad relativa
Lailuminacion
Laluzerea espacio.
Las sombras
La pintura sin luces.
El simbolismo de la luz
Capitulo séptimo, EL CoLoR
Delaluzal color.
Forma y color,
‘Cémo se producen los colores
Los primarios generativos
Adiceién y sustraccién
Los complementarios generativos
Un medio caprichoso.
Labisqueda de Ia armonia
Los elementos dela escala
Sintaxis de las combinaciones
Los complementarios fundamentales
La interaccién del color:
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36610 Arte ypercepeién visual
Matisse y FI Greco...
Reaeciones al color,
Cilido y fio
Capitulo octavo, EL. MOVIMIENTO
Los sucess y el tiempo
Simultaneidad y secuencia
Cuando vemos movimiento?,
Ladireceién
Las revelaciones de la velocidad.
EI movimiento estroboseépico z
Algunos problemas del montaje cinematogritico
Fuerzas motoras visibles.
Unaescala de complejidad
El cuerpo como instrumento,
La imagen cinestésica del cuerpo
Capitulo noveno, La DINAMICA
Con la simplicidad no basta
Ladinimica y sus interpretaciones radicionales.
Un diagrama de fuerzas.
Experimentas sobre la tensidn dirigida
El movimiento inmévil
Ladinimica de la oblicuidad
La tensidn en la deformacion.
Lacomposicién dinamica
Los efectos estrobosc6picos
Cm se produce la dindmica?.
Ejemplos tomados del arte.
Capitulo décimo, La ExPRESION:
inserta en laestructura.
Laprioridad de la expresion,
El simbolismo en el arte
Notas.
Bibliografia
indice analitico.
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su
Prélogo ala nueva version
Este libro ha sido reescrito en su totalidad. Semejante revisién puede resultar
iis natural para un profesor que para otros autores, porque el profesor esta
acostumbrado a disponer de una nueva oportunidad cada affo: una oport
dad de formular sus ideas con mayor claridad, de eliminar peso muerto y ai
dir datose ideas nuevas, de mejorar la ordenacién de su material, y en general
de beneficiarse de la recepeién otongada a su trabajo.
Hace ahora unos veinte afios que escribi la primera versién de este libro, a
‘marchas forzadas. Tenia que hacerlo en quince meses ono hacerlo. Lo eseribi
esencialmente de una larga sentada, sin levantar la vista sino rara vez. para
consultar otras fuentes que las almacenadas en mi cabeza, y dejando que las,
cemostraciones y argumentos se sucedieran unos a otros en el mismo orden
en que se presentaban a mi pensamiento. Fue un esfuerzo estimulante y muy
personal. La cordial acogida de que fue objeto el libro pudo deberse en parte a
ese entusiasmo temerario del que camina ligero de equipaje, cosa infrecuente
‘en una obra sistematica de exposicién teérica,
No obstante, al seguir ensefiando la materia del libro y observando las
reacciones suscitadas por mi presentacién del tema, se hicieron patentes al-
gunos inconvenientes del procedimiento seguido. Gran parte de Io por mi
descrito se derivaba de unos cuantos principios basicos, pero esa derivacién
ro siempre se explicitaba en el texto, ni estaban los principios mismos det
neados con el suficiente vigor. Este estilo no repugnaba a la mentalidad de
los artistas y estudiantes de arte que se aferraban a lo concreto visual y cap-
taban el sentido genérico que impregnaba el todo. Pero inclusive estos lecto-10 Arte ypercepeién visual
Matisse y El Greco.
Reacciones al color.
Cilido y fio
Capitulo octavo, EL Moviniento
Los sucesos y el tiempo
Simmultaneidad y secuencia
{Cuando vemos movimiento?
Ladireccién,
Las revelaciones de la velocidad.
EI movimiento estroboscépico
Allgunos problemas del montaje cinematogrifico
Fuerzas motoras visibles.
Unaescala de complejidad
Elcuerpo como instrumento.
La imagen cinestésica del cuerpo
Capitulo noveno. La DINAMICA
Con la simplicidad no basta.
Ladinimica y sus interpretaciones tradicionales.
Undiagrama de fuerzas.
Experimentos sobre la tensién dirigida
El movimiento inmévil
Ladinimica de la oblicuidad
Latensidn en a deformacién,
Lacomposicién dinimica
Los efectos estroboscépicas.
COmo se produce la dinémica?,
Ejemplos tomados del arte
Capitulo décimo. La ExPRESION.
Las teorias tradicionales
La expresién inserta en Ia estructura
La prioridad de la expresién,
El simbolismo en el arte.
Notas,
Bibliogratia
indice analitico,
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467
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su
Prélogo a la nueva version
Este libro ha sido reescrito en su totalidad, Semejante revision puede resultar
‘ms natural para un profesor que para otros autores, porque el profesor esta
acostumbrado a disponer de una nueva oportunidad cada aio: una oportuni-
dad de formular sus ideas con mayor claridad, de eliminar peso muerto y af
dirdatos e ideas nuevas, de mejorar la ordenacién desu material, yen general
de beneficiarse de la recepcidn otorgada a su trabajo.
Hace ahora unos veinte afios que escribi la primera versién de este libro, a
marchas forzadas. Tenfa que hacerlo en quine meses 0 no hacerlo. Lo ese
esencialmente de una larga sentada, sin levantar la vista sino rara vez para
cconsultar otras fuentes que las almacenadas en mi cabeza, y dejando que las
demostraciones y argumentos se sucedieran unos a otros en el mismo orden
cen que se presentaban a mi pensamiento, Fue un esfuerzo estimulante y muy
personal. La cordial acogida de que fue objeto el libro pudo deberse en parte a
ese entusiasmo temerario del que carina ligero de equipaje, cosa infrecuente
en una obra sistemitica de exposicién teérica,
No obstante, al seguir ensefiando la materia del libro y observando las
reacciones suscitadas por mi presentacidn del tema, se hicieron patentes al-
gunos inconvenientes del procedimiento seguido. Gran parte de lo por mi
descrito se derivaba de unos cuantos principios basicos, pero esa derivacién
no siempre se explicitaba en el texto, ni estaban los principios mismos deli-
neados con el suficiente vigor. Este estilo no repugnaba a la mentalidad de
los artistas y estudiantes de arte que se aferraban a lo concreto visual y cap-
eae eae ee ee12 Ante y percepeién visual
res, seglin Ilegué a comprender, habrian quedado mejor servidos con una or-
ganizacién mis unificada. Y ello, sin duda, me habria dejado en situacién
mais airosa ante los cientificos y pensadores que preferian algo mas sistema-
tico.
‘Ademis, hace dos décadas los principios subyacentes no se perfilaban
en mi pensamiento con la nitidez con que ahora los veo. En la nueva version
me he propuesto mostrar que la tendencia hacia la estructura mas simple, el
desarrollo a través de estadios de diferenciacién, el caracter dindmico de los,
preceptos y otros factores fundamentales se aplican a todos y cada uno de
los fenémenos visuales. No me parece que esos principios hayan sido invali-
dados por descubrimientos mas recientes. Al contrario, tengo la impresién
de que poco a poco van conquistando el lugar que merecen, y espero que
tuna insistencia mas explicita en su presencia ubicua permita que los muchos,
aspectos de la forma, el color, el espacio y el movimiento se presenten con
‘mayor fuerza ante el lector como manitestaciones de un tinico medio cohe-
rente.
En todos los capitulos hay pasajes que han resistido la prueba del tiempo,
¥, i el juicio de mis lectores coincide en algo con el mio, no es probable que
chen en falta demasiadas de las formulaciones a las que, en tanto que ustia-
rios fieles, pueden haberse acostumbrado, o tal vez haber seguido, Puede ser
que las encuentren, sin embargo, en otro punto del capitulo o incluso en un
capitulo distinto; yo sélo espero que esos traslados redunden en un cardcter
mas légico del contexto.
Si aqui una frase, alli una pagina entera, han sido recortadas o trasplanta~
das de la primera edicién, la mayor parte del texto, en cambio, es nueva, no
s6lo en la expresién sino tambien en su sustancia. Veinte aftos de atencién ac-
tiva a un tema dejan su huella. Como era asimismo de esperar, el libro ha cre-
cido. Se han acumulado reflexiones nuevas, me he tropezado con nuevos
‘ejemplos y se han publicado muchos estudios pertinentes. Aun asi, la nueva
versién no pretende, més que la antigua, constituir un repaso exhaustivo de la
literatura profesional. He seguido buscando demostraciones Ilamativas y con-
firmaciones de fendmenos visuales que tuvieran aplicacién en las artes. Al
mismo tiempo, he podado el libro de ciertas cuestiones intrincadas y digre-
siones, algunas de las cuales han sido objeto de tratamiento aparte en ensayos
ahora reunidos en mi Toward a Psychology of Art. Sil lector advierte que el
lenguaje de este libro parece haber sido desempolvado, lubricado y tensado,
sepa que esas mejoras se deben a los esfuerzos de una excelente encargada de
edicién, Muriel Bell. Debo también profunda gratitud a mi esposa, Mary, que
descifro y mecanografié la totalidad del manuscrito.
Se han conservado casi todas las ilustraciones de la primera edicién, si
bien algunas han sido sustituidas por otras mas atractivas. En conjunto, espe-
Fo que el libro azul con el ojo negro de Arp en la cubierta siga estando mano-
seado, anotado y manchado de pigmento y escayola en las mesas y pupitres
de cuantos se interesan activamente por la teoria y la practica de las artes, y
Prélogo.alanueva version 13
que incluso, bajo su indumentaria ahora mas pulcra, siga siendo admitido en
el tipo de debate profesional que las artes visuales necesitan para llevar ade-
ante su tarea silenciosa
Rudolf ARNHEIM.
Departamento de Estudios Visuales y Ambientales
Universidad de HarvardNota previa del traductor
Era importante diferenciar en este texto las dos acepciones de la palabra espa-
lola «forma» correspondientes a las inglesas shape y form, de las cuales la
primera hace referencia tnicamente a la forma material, visible o palpable, y
la segunda se refiete a la configuracién, abarcando ya lo estructural y lo no
directamente observable por los sentidos. Para ello se ha escrito «forma»
siempre que en el original dice shape, y «forma*» cuando lo que aparece es
form. E] término «luminosidad» traduce el original brightness; «matizn, hue;
«tonalidady, shade; «fijacibm, fixation; wesquema», pattern; y «armazén»
framework,
MLB.
rte corre peligro de verse ahogado por tanta palabreria, Pocas
Diriase que
veces se nos presenta una nueva muestra que podamos aceptar como arte au-
téntico, y sin embargo nos vemos abrumados por una avalancha de libro
ticulos, tesis doctorales, discursos, conferencias, guias, todo ello dispuesto a
informarnos sobre lo que es arte y lo que no lo es, sobre qué cosa fue hecha
por quién y cuando y por qué y para quién y con qué objeto, Nos atormenta la
vision de un cuerpecillo delicado sometido a diseccién por huestes de dvidos
cirujanos y analistas legos en la materia. Y nos vemos en la tentacién de supo-
ner que sila situacién del arte en nuestro tiempo es insegura es porque pensa-
‘mos y hablamos demasiado acerca de él.
Es probable que tal diagnéstico peque de superficial. Fs verdad que casi
todo el mundo juzga insatisfactorio este estado de cosas; pero, si ind
con algiin cuidado las causas del mismo, veremos que somos herederos de
una situacién cultural que es a la vez desfavorable a la creacién de arte y
propicia para fomentar formas de pensamiento equivocadas acerca de él.
Nuestras experiencias y nuestras ideas tienden a ser comunes pero no pro-
fundas, 0 profundas pero no comunes. Hemos desatendido el don de ver las
cosas a través de nuestros sentidos. El concepto aparece divorciado del per-
cepto, y el pensamiento se mueve entre abstracciones. Nuestros ojos han
quedado reducidos a instrumentos de identificacién y medicién; de ahi que
padezcamos una escasez de ideas susceptibles de ser expresadas en image-
res y una incapacidad de descubrir significaciones en lo que vemos. Logi-
camente, nos sentimos perdidos en presencia de objetos que sélo tienen sen-16 Arte ypercepeién visual
tido para una visin no diluida, y nos refugiamos en el medio més familiar
de las palabras.
El mero contacto con obras maestras no es suficiente. Demasiadas perso-
nas visitan museos y coleccionan libros de ldminas sin por ello acceder al
arte. Se ha dejado adormecer nuestra capacidad innata de entender con los,
ojos, y hay que volver a despertarla. La mejor manera de lograrlo estaria en
el manejo de lépices, pinceles, escoplos y quiza cémaras fotogrificas. Pero
también aqui los malos hébitos y las ideas equivocadas bloquean el camino
del desasistido. A menudo se le presta una ayuda de la mayor eficacia a través,
de la evidencia visual, mostrandole puntos débiles o presentindole buenos
ejemplos. Pero esa asistencia pocas veces es una pantomima silenciosa. Los
seres humanos tienen excelentes motivos para hablarse. Yo creo que esto tan
bignes cierto en el campo de las artes,
‘Aqui, no obstante, hemos de prestar oidos a las advertencias de los arti
tas y profesores de arte en contra del empleo de la palabra en el taller y en el
aula, aunque quizé ellos mismos empleen muchas para expresar su adverten-
cia. Puede ser que afirmen, antes que nada, que no es posible comunicar co
sas visuales mediante el lenguaje verbal. Hay en esto un nticleo de verdad.
Las particulares cualidades de Ia experiencia suscitada por un cuadro de
Rembrandt sélo en parte son reducibles a descripeién y explicacién, Ahora
bien, esta limitacién no afecta tinicamente al arte, sino a cualquier objeto de
experiencia, Ninguna descripcién o explicacién —ya se trate del retrato ver-
bal que hace una secretaria de su jefe o del informe que hace un médico sobre
el sistema glandular de su paciente— puede hacer otra cosa que presentar
unas cuantas categorias generales dentro de una particular configuracién. El
cientifico construye maquetas conceptuales que, sila suerte le acompaia,
flejardn lo esencial de lo que quiere entender de un fenémeno dado. Pero sabe
que la representacién completa de un caso individual no existe. Como sabe
que no hay necesidad de duplicar lo ya existente.
Tambien el artista hace uso de sus categorias de forma y color para cap-
turar en lo particular algo universalmente significativo. Ni pretende hacer
un duplicado de lo que en si es tnico, ni podria hacerlo, De hecho, el pro-
ducto resultante de su esfuerzo es un objeto o una actuacién tinicos en su
clase, EI mundo que abordamos al contemplar una pintura de Rembrandt no
Jo ha presentado jamais ningiin otro; y entrar en ese mundo significa recibir
la atmésfera y el cardcter particulares de sus luces y sombras, los rostros y
ademanes de sus seres humanos y la actitud ante la vida que todo ello co-
munica: recibirlo a través de la inmediatez de nuestros sentidos y senti-
mientos. Las palabras pueden y deben esperar a que la mente destile, de la
unicidad de la experiencia, gencralidades que puedan ser captadas por los
sentidos, conceptualizadas y etiquetadas. Deducir tales gencralidades de
una obra de arte es area laboriosa, pero no diferente en principio del intento
de deseribir la naturaleza de otras cosas complejas, como puede ser la com-
posicién fisica 0 mental de un ser vivo, El arte es producto de ciertos orga-
Introduccion 17
ismos, y por lo tanto probablemente ni mas ni menos complejo que esos
mismos organismos.
Con frecuencia sucede que vemos y sentimos determinadas cualidades en
una obra de arte pero no somos capaces de expresarlas en palabras. La razon
de nuestro fracaso no radica en el hecho de que empleemos el lenguaje, sino
«en que todavia no hemos logrado plasmar esas cualidades percibidas en cate-
gorias adecuadas. EI lenguaje no puede hacerlo directamente porque no es
tuna avenida directa de contacto sensorial con la realidad; s6lo sirve para dar
nombre a lo que hemos visto, oido o pensado. De ningiin modo se trata de un
‘medio ajeno, inadecuado para lo perceptual; al contrario, no hace referencia a
otra cosa que a experiencias perceptuales. Pero esas experiencias han de ser
primero codificadas por el andlisis perceptual para después ser nombradas.
Afortunadamente, el andilisis perceptual es muy sutil y puede llegar lejos.
Agudiza nuestra visién para la tarea de penetrar en una obra de arte hasta los,
limites de lo en tiltima instancia impenetrable.
Otro prejuicio seria el que afirma que el andlisis verbal paraliza fa crea-
cidn y comprensién intuitivas. También en hay un néicleo de verdad. La histo-
ria del pasado y la experiencia del presente ofrecen numerosos ejemplos de
ladestruccién acarreada por formulas y recetas. Pero, hemos de concluir que
en las artes ha de quedar en suspenso una potencia de la mente para que otra
pueda funcionar? ,No es verdad yue cuando se producen per tuibaciones es
precisamente cuando una cualquiera de las facultades mentales opera a ex-
pensas de otra? El delicado equilibrio de todas las potencias de una persona,
lo tnico que le permite vivir plenamente y trabajar bien, queda alterado no
solo cuando el intelecto interfiere en la intuicién, sino igualmente cuando la
sensacién desaloja al raciocinio. Fl vago tanteo no es més productivo que la
cicga adhesién a unas normas. El autoandlisis incontrolado puede ser dafino,
pero tambign puede serlo el primitivismo artificial de quien se niega a enten-
der eémo y por qué hace lo que hace
El hombre moderno puede, y por lo tanto debe, vivir con una autocon-
ciencia sin precedentes. Tal vez la tarea de vivir se haya tornado mis dificil,
peto no hay alternativa
Este libro tiene por objeto el estudio de algunas de las virtudes de la vi-
sién, en orden a refrescarlas y orientarlas. Durante toda mi vida me he ocupa-
do del arte, he estudiado su naturaleza y su historia, he trabajado en él con
ojos y manos y he buscado la compaiiia de artistas, tedricos y pedagogos.
Este interés se ha visto reforzado por mis estudios de psicologia. Todo acto
de ver cae dentro de Ia provincia del psicélogo, y todo el que haya tratado de
los procesos de crear o experimentar el arte ha tenido que hablar de psico-
logia. Algunos tedricos del arte emplean con provecho los hallazgos de los
Psicblogos, Otros los aplican unilateralmente o sin querer reconocer lo que
estin haciendo; pero es inevitable que todos utilicen alguna clase de psicolo-
ia, a veces puesta al dia, a veces de procedencia casera o restos de teorias del
pasado,18 Arte ypercepeisn visual
Por otra parte, algunos psicdlogos se han tomado un interés profesional
por las artes. Pero parece licito afirmar que, en su mayoria, sélo han hecho
aportaciones marginales a nuestra comprensién de lo que mas importa, Suce-
de esto, en primer lugar, porque a menudo los psicdlogos se interesan por la
actividad artistica principalmente como instrumento de exploracién de la per-
sonalidad humana, como siel arte fuera poco distinto de una mancha de tinta
de Rorschach o de las respuestas a un cuestionario. O bien limitan sus plan-
teamientos a lo que se puede medir y contar, y a conceptos que han elaborado
a partir de la practica experimental, clinica o psiquidtrica. Tal vez esta precau-
cidn esté justificada, porque las artes, como cualquier otro objeto de estudio,
requieren ese conocimiento intimo que tinicamente brota del amor prolonga-
do y la dedicacién paciente, La buena teoria del arte debe olera taller, aunque
su lenguaje deba ser distinto del de la charla doméstica de pintores y escul-
tores,
Lo que aqui me propongo esta sujeto a muchas limitaciones. Se refie
Uinicamente a los medios visuales, y entre ellos basicamente a la pintura, el di
bujoy la escultura. Este énfasis, desde luego, no es del todo arbitrario. Las ar-
tes tradicionales han acumutado innumerables ejemplos de la mayor variedad
y de la calidad mas elevada, c ilustran aspectos de la forma* con una preci-
sidn que s6lo es posible obtener de una artesania mental. Estas demostracio-
nes, sin embargo, apuntan a Fenomenos similares, aunque & menudo nienos
netamente manifiestos, de las artes fotogrificas y teatrales. De hecho, el pre-
sente estudio tiene su origen en un anilisis psicolégico y estético del cine lle-
vado a cabo en los afios veinte y treinta,
tra limitacién de mi trabajo es psicolégica. Todos los aspectos de lo
‘mental tienen que ver con el arte, ya sean cognitivos, sociales 0 motivaciona-
les, El lugar del artista dentro de la comunidad, el efecto de su ocupacién so-
bre sus relaciones con otros seres humanos, la funcién de la actividad creado-
ra dentro de la pugna del espiritu por la plenitud y la sabiduria, ninguna de
estas cosas constituye el foco central de este libro. Como tampoco me inter
sa aqui la psicologia del consumidor. Pero espero que el lector se sienta com-
pensado por la rica imagineria de formas, colores y movimientos que aqui le
aguarda. El establecer algiin orden dentro de esa vegetacién exuberante, el
trazar una morfologia y deducir algunos principios nos ha de dar mucho que
hacer.
Esta serii nuestra primera tarea: una descripeién de las clases de cosas que
‘vemos y de los mecanismos perceptuales que explican los hechos visuales.
‘Ahora bien, detenigndonos en el nivel superficial dejariamos toda la empresa
truncada y carente de sentido. Nada nos interesa de las formas visuales aparte
de lo que éstas nos digan. Por eso procederemos constantemente de los esque
‘mas percibidos al significado que transmiten, y, una vez que hayamos inten-
tado llegar con la mirada hasta ahi, podremos aspirar a recapturar en profun-
didad lo que perdimos en latitud al estrechar deliberadamente nues
horizonte.
Iniroduccién 9
Los principios de mi pensamiento psicoligico y muchos dg los experi
mentos que he de citar en las paginas siguientes proceden de la teoria de la
gestalt; disciplina psicolégica, debo probablemente aftadir, que no guarda re-
lacidn con las diversas formas de psicoterapia que han adoptado el mismo
nombre. La palabra gestalt, nombre comiin que en alemdn quiere decir «for-
man, se viene aplicando desde los comienzos de este siglo a un cuerpo de
principios cientifieos que en lo esencial se dedujeron de experimentos sobre
lapercepcidn sensorial. Se admite, en general, que las bases de nuestro actual
conocimiento de la percepcién sensorial quedaron establecidas en los labora-
torios de los psicélogos de la gestalt, y mi propia evolucién mental ha sido
configurada por la obra tebrica y prictica de esa escuela
Mas coneretamente, desde sus inicios la psicologia de Ia gestalt tuvo un
parentesco con el arte. De arte estan impregnados los escritos de Max Wert
heimer, Wolfgang Kohler y Kurt Koffka. Aqut y alli se alude explicitamente
alas artes, pero lo que cuenta mas es que el espiritu que subyace al razona-
miento de estos hombres hace que el artista se encuentre aqui como en su
casa, En efecto, se necesitaba algo semejante a una vision artistica de la reali-
dad para recordar a los cientificos que los fendmenos mas naturales no que-
dan adecuadamente descritos si se los analiza fragmento por fragmento, Que
una totalidad no se obtiene por agregacién de partes aisladas no habia que de-
clo al artista, Hacia siglos que los cientificos podian decir cosas valiosas
acerca de la realidad describiendo redes de relaciones mecénicas; pero en
ningiin momento habria sido posible que un espiritu incapaz de concebir la
estructura integrada de una totalidad hiciera o comprendicra una obra de art.
Enel ensayo que dio nombre a la teoria de la gestalt, Christian von Ehren-
fels seftalaba que, si cada uno de doce observadores escuchase una de las
doce notas de una melodia, la suma de sus experiencias no corresponderia a
laexperiencia de quien escuchase la melodia entera. Mucha de la experimen-
tacién posterior de los tedricos de la gestalt se orient6 a demostrar que el as-
pecto de cualquier elemento depende de su lugar y funcién dentro de un es-
uema global. La persona reflexiva que lea esos estudios no podra por menos
de admirar la aspiracién activa a la unidad y al orden que se manifiesta en el
‘mero acto de contemplar un sencillo esquema de lineas. Lejos de ser un re-
gistro mecanico de elementos sensoriales, la visién results ser una aprehen-
si6n de la realidad auténticamente creadora: imaginativa, inventiva, aguda y
bella. Se hizo patente que las cualidades que dignifican al pensador y al artis-
ta caracterizan todas las actuaciones del espiritu, Los psicélogos empezaron a
observar también que ese hecho no era ninguna coincidencia: que unos mis-
mos principios rigen las diversas capacidades mentales, porque la mente fun-
ciona siempre como un todo. Todo percibir es también pensar, todo razona-
‘miento es también intuicién, toda observacién es también invencién.
La pertinencia de estas ideas para la teoria y la practica de las artes es evi-
dente, Ya no podemos ver en lo que hace el artista una actividad auténoma,
misteriosamente inspirada desde lo alto, irrelacionada ¢ irrelacionable con20. Artey percepcién visual
otras actividades humanas. En lugar de eso reconocemos, en la clase de vi
sién exaltada que conduce a la creacion de arte superior, un desarrollo de la
actividad més humilde y comiin de los ojos en la vida cotidiana. Lo mismo
que la prosaica biisqueda de informacién es «artistica» porque lleva consigo
dar y encontrar forma y sentido, asi también el acto de concepcidn del artista
ces un instrumento de la vida, una manera refinada de entender quiénes somos
y donde estamos.
Mientras el material bruto de la experiencia se tomé por aglomeracién
amorfa de estimulos, el observador parecié libre de manejarlo a su gusto arbi-
trario. Ver era una imposicién de forma y sentido totalmente subjetiva a la
realidad; y, efectivamente, ningtin estudiante de las artes negaria que cada ar-
tista o cultura conforma el mundo a su propia imagen. Los estudios de la ges-
talt, sin embargo, hicieron ver que casi siempre las situaciones con que nos
encontramos poseen caracteristicas propias, que exigen que las percibamos,
debidamente. Qued6 patente que mirar el mundo requiere un juego reciproco
entre las propiedades aportadas por el objeto y la naturaleza del sujeto obser-
vador. Este elemento objetivo de la experiencia justifica los intentos de dis-
tinguir entre concepciones adecuadas ¢ inadecuadas de la realidad. Es mas,
cabia esperar entonces que todas las concepciones adecuadas contuvieran un
‘meollo comtin de verdad, lo que haria al arte de todas las épocas y todos los
lugares potencialmente valido para todos los hombres. Si se pudiera demos
{rar enel laboratorio que una figura lineal bien organizada se impone a todos
los observadores como basicamente la misma forma, al margen de las asocia-
ciones y fantasias que suscite en algunos de ellos por efecto de sus anteceden-
{es culfurales e inclinacién individual, se podria esperar lo mismo, al menos
cen principio, de quienes contemplasen obras de arte. Esta confianza en la va~
lidez objetiva de la afirmacién artistica vino a suministrar un antidoto muy
sario contra la pesadilla del subjetivismo y el relativismo ilimitados,
Finalmente, habja una saludable leccién en el descubrimiento de que la
Vision no es un registro mecénico de elementos, sino la aprehensién de esque-
mas estructurales significativos. Si esto era cierto del simple acto de percibir
tun objeto, tanto més habria de serlo del enfoque artistico de la realidad. Ob-
viamente, el artista estaba tan lejos como su instrumento de vision de ser un
aparato mecinico de registro. La representacién artistica de un objeto ya no
podia entenderse como transcripcién tediosa de su aspecto accidental detalle
por detalle. En otras palabras, habia aqui una analogia cientifica con el hecho
de que las imagenes de la realidad pueden ser vilidas aunque estén muy lejos
de la semejanza «realista».
Para mi fue alentador descubrir que en el campo de la pedagogta artistica
se habia Ilegado independientemente a conclusiones similares. Gustaf
Britsch en particular, cuyos trabajos yo habia conocido a través de Henry
Schaefer-Simmemn, afirmaba que Ia mente, en su lucha por una concepeién
ordenada de la realidad, procede de manera legitima y ldgica desde los esque-
mas perceptualmente mas sencillos hasta otros de complejidad creciente. Ha-
Introduccion 2
bia indicaciones, pues, de que los prineipios revelados en los experimentos de
la gestalt operaban también genéticamente. La interpretacién psicolégica del
proceso de desarrollo que se expone en el Capitulo 4 del presente libro debe
mucho a las formulaciones tedricas de Schaefer-Simmern, y asu experiencia
de toda una vida como educador. Su obra The Unfolding of Artistic Activity
puso de manifesto que fa capacidad de considerar fa vida bajo un prisma ar-
tistico no es privilegio de unos cuantos especialistas dotados de cualidades
singulares, sino que esté al aleance de toda persona mentalmente sana a la que
la naturaleza haya favorecido con un par de ojos. Para el psicdlogo esto signi-
fica que el estudio del arte es una parte indispensable del estudio del hombre.
A riesgo de dar justos motivos de desagrado a mis colegas cientificos he
aplicado aqui los principios en que creo con una unilateralidad un tanto teme-
raria; en parte porque la instalacién cautelosa de dialécticas salidas de incen-
dios, entradas laterales, reservados de emergencia y salas de espera habria he-
cho enojosamente grande la estructura y dificil la orientacion; en parte
porque en algunos casos es itil declarar un punto de vista con cruda seneillez
y dejar los refinamientos para el subsiguiente intercambio de ataque y con-
traataque. Debo también presentar mis excusas a los historiadores del arte por
utilizar su material con menos competencia de lo que tal vez habria sido de-
seable. En estos momentos es probable que el dar una visién plenamente sa-
tisfactoria de las relaciones existentes entre la teoria de las artes visuales y los
trabajos de psicologia pertinentes sobrepase las posibilidades de cualquier
persona en Solitario. Si intentamos acoplar dos cosas que, aunque relaciona-
das, no han sido hechas la una para la otra, serdn necesarios muchos ajustes y
habra que cerrar provisionalmente muchas fisuras. He tenido que conjeturar
alli donde no podia demostrar, y usar mis ojos alli donde no podia fiarme de
los de otros. He puesto especial cuidado en indicar aquellos problemas que se
hallan en espera de una investigacién sistematica. Pero, una vez todo dicho y
hecho, exclamaria con Herman Melville: «Todo este libro no es sino un
borrador: ni aun eso, sino el borrador de un borrador. Oh Tiempo, Fuerzas,
Dinero y Paciencial».
El libro trata de lo que todo el mundo puede ver. Me apoyo en la literatura
dela critica de arte y de la estética slo en la medida en que nos ha ayudado a
mi y amis estudiantes a ver mejor. He intentado evitar al lector la resaca con-
siguiente a leer muchas cosas que no sirven para nada, Una de mis razones
para escribir este libro radica en que creo que mucha gente esté cansada de la
deslumbrante oscuridad del parloteo supuestamente artistico, del malabari
mo de tdpicos y conceptos estéticos deshidratados, del escaparatismo pseu-
docientifico, de la biisqueda impertinente de sintomas clinicos, de la compl
cada medicion de minucias y los epigramas graciosos. El arte es lo mas
concreto del mundo, y nada justifica el sumir en confusién a quien quiera sa-
ber mds acerca de:
Para algunos lectores el enfoque puede parecer indebidamente sobrio y
pedestre. Se les podria contestar con lo que Goethe escribié a un amigo suyo,22 Arte y percepeién visual
Christian Gottlob Heyne, profesor de retérica en Cotinga: «Como ves, mi
punto de partida es muy préctico, y a algunos les podra parecer que he tratado
el mis espiritual de los asuntos de manera demasiado terrenal; pero se me
permitira observar que los dioses de los griegos no estaban entronizados en
el séptimo o en el décimo cielo sino en el Olimpo, y que st paso gigantesco
no era de sol a sol sino, a lo sumo, de montafia a montafian, Aun asi tal vez
convenga hacer alguna advertencia sobre cémo utilizar este libro. Reciente-
‘mente, un joven instructor del Dartmouth College expuso un assemblage que,
‘me agrada notificar, se titulaba Homenaje a Arnheim, Consistia en diez rato-
neras idénticas, colocadas en fila. En el lugar donde habria de ponerse el cebo
estaban escritos los titulos de los diez capitulos de este libro, uno en cada apa-
rato. Si la obra de este artista queria ser un aviso, gcontra qué estaba aler-
tando?
te libro puede efectivamente actuar como una ratonera si se loemplea a
modo de manual con que abordar las obras de arte. Cualquiera que haya visto
grupos de nifios guiados por sus profesores a través de un museo sabe que el
responder a las obras de los maestros es, en el mejor de los casos, dificil. En el
pasado, el visitante podia concentrar su atencién en el tema representado y
itar asi encararse con el arte. Luego, una generacién de criticos influyentes
enseiié que hasta la mera consideracién del tema era signo seguro de ignoran-
cia. A partir de entonces, los intérpretes del arte empezaron a predicar rela-
ciones formales. Pero, como quiera que consideraban las formas y colores en
tun vacio, la suya no era sino otra manera de rehuir el arte. Pues, como ya he
sugerido antes, las formas visuales no tienen otro interés que el de lo que nos
dicen, Imaginese ahora que un profesor utilizase superficialmente el método
de este libro a modo de guia con que acercarse a una obra de arte, «j Ahora,
nifios, vamos a ver cudintas manchas de rojo encontramos en este cuadro de
Matisse!». Procedemos sistemiticamente, elaborando un inventario de todas
las formas redondas y todas las angulares. Buscamos lineas paralelas y ejem-
plos de superposicién y de figura y fondo. En los cursos superiores, busca
mos sistemas de gradientes. Cuando todos los elementos estan colocados por
su orden unos tras otros, hemos hecho justicia a la obra entera. Se puede ha-
cer, y se ha hecho, pero es el iltimo enfoque del que un seguidor de la psico-
logia de la gestalt querria verse culpado.
Si se desea acceder a la presencia de una obra de arte, se debe, en primer
lugar, visualizarla como un todo. ; Qué es lo que se nos transmite? ;Cual es Ia
atmésfera de los colores, la dinémica de las formas? Antes de que identifi-
quemos el elemento aislado, la composicién total hace una declaracién que
no debemos perder. Buscamos un tema, una clave a Ia que todo haga referen-
cia, Si hay un tema representado, aprendemos sobre él todo lo que podamos,
pues nada de lo que el artista incluye en su obra puede ser desentendido por el
observador impunemente. Fitmemente guiados por la estructura del todo, tra-
tamos después de localizar los rasgos principales y de explorar su dominio
sobre los detalles dependientes. Poco a poco la riqueza toda de la obra se re-
Introduccion 2%
vela y encaja en su sitio, y, al pereibirla nosotros correctamente, empieza a
cocupar todas las potencias de la mente con su mensaje
Para eso es para lo que trabaja el artista. Pero también es propio del hom-
bre querer definir lo que ve y entender por qué lo ve. Aqui el presente libro
puede ser itl. Al explicitar categorias visuales, extraer principios subyacen-
tes y mostrar la operacion de relaciones estructurales, este panorama de me-
canismos formales no aspira a suplantar la intuicidn esponténea, sino a agu-
zarla, a reforzarla, y a hacer comunicables sus elementos. Si las herramientas
que aqui se ofrecen matan Ia experiencia en lugar de enriquecerla, algo habré
ido mal. Hay que evitar la trampa.
Mi primer intento de escribir este libro se remonta a los afios 1941-1943,
cuando con ese fin recibi una beca de la John Simon Guggenheim Memorial
Foundation. En el curso de mi trabajo hube de legar a la conclusién de que
Jas herramientas de que entonces se disponia en la psicologia de la percepcién
eran inadecuadas a la hora de encararse con algunos de los problemas visua-
les mas importantes de las artes. Asi pues, en lugar de escribir el libro que ha-
ia plancado emprendi unos cuantos estudios especiticos, principalmente en
las areas del espacio, la expresién y el movimiento, destinados a llenar algu-
nos de los huecos, Ese material fue puesto a prueba y ampliado en mis cursos
de psicologia del arte en el Sarah Lawrence College y la New School for So-
cial Research de Nueva York. Cuando, en el verano de 1951, una fellowship
de la Rockefeller Foundation me permitié tomarme una excedencia de un
afio, me sentia preparado para dar una visién del campo razonablemente
coherente. Cualquiera que sea el valor de este libro, estoy muy endeudado
con los administradores de la Divisién de Humanidades de la fundacién por
haber hecho posible que satisficiera mi necesidad de poner mis hallazgos por
escrito. Debe entenderse que la fundacién no asumié control alguno sobre el
proyecto y no es en modo alguno responsable del resultado,
En 1968 pasé a la Universidad de Harvard. E] Departamento de
Visuales y Ambientales, con sede en un hermoso edificio de Le C
fue una nueva fuente de inspiracién. En compaiiia de pintores, escultores,
quitectos, fotégrafos y cineastas, pude por primera vez dedicar toda mi activi-
dad docente a la psicologia del arte, y confrontar mis suposiciones con lo que
Veia a mi alrededor en los talleres. Los agudos comentarios de mis estudian-
tes siguieron actuando como una corriente de agua, que iba puliendo las pi
drecitas de que se compone este libro.
Deseo expresar mi gratitud a tres amigos: el profesor de arte Henry
Schaefer-Simmern, el historiador del arte Meyer Schapiro y el psicdlogo
Hans Wallach, por haber lefdo capitulos de la primera edicién en el manus-
crito y hecho valiosas sugerencias y correcciones. Agradezco también a Alice
B, Sheldon el haberme seftalado un crecido mimero de deficiencias técnicas
después de la aparicién del libro en 1954. Los agradecimientos a las institu-
ciones y propietarios individuales que me permitieron reproducir sus obras
de arte 0 citar sus publicaciones aparecen en los pies de las ilustraciones y en24 Arte percepeién visual
las notas puestas al final del volumen, Deseo explicitamente dar las gracias a
los nifios, en su mayoria desconocidos por mi, cuyos dibujos he utilizado. En
particular, me alegro de que mi libro conserve algunos de los dibujos de All-
muth Laporte, cuya joven vida llena de belleza y talento fue destruida por la
enfermedad a Ia edad de trece afios.
Capitulo primero
El equilibrio
Laestructura oculta de un cuadrado
Recorte un disco de cartulina oscura y sitielo sobre un cuadrado blanco en la
posicién que indica la figura |
La ubicacién del disco podria ser determinada y descrita me‘
cién, Una cinta métrica daria las distancia en centimetros desde el disco has-
ta los bordes del cuadrado. Se podria deducir entonces que el disco esta des-
centrado,
iante medi-
Figural
Ese resultado no nos sorprenderia, No hace falta que midamos: vimos a la
Primera ojeada que el disco esti descentrado. {Camo se «ven eso? Nos com-
ortamos como una cinta métrica, mirando primero el espacio que hay entre
el disco y el borde izquierdo para después llevar nuestra imagen de esa dis-26 Arte ypercepcién visual
tancia a otro lado, y comparar las dos distancias? Probablemente no, No seria
el procedimiento més eficaz.
Mirando la figura | como un todo, probablemente advertimos la posicién
asimétrica del disco como una propiedad visual del esquema. No vemos el
disco y el cuadrado por separado. Su relacién espacial dentro del todo es parte
de lo que vemos. Esas observaciones relacionales son un aspecto indispensa-
ble de la experiencia cotidiana en muchas éreas sensoriales. «Mi mano dere-
cha es mayor que la izquierdan, «este mastil no est derecho», «ese piano est
desafinadon, «este cacao es més dulce que el que teniamos antes».
Los objetos se perciben inmediatamente como dotados de un determina-
do tama, esto es, situados en algin punto intermedio entre un grano de sal y
‘una montafia, Sobre la escala de valores de luminosidad, nuestro cuadrado
blanco esta alto, nuestro disco negro bajo. De modo similar, cada objeto lo
vemos dotado de una ubicacién. EI libro que esta usted leyendo aparece situa-
do en un punto conereto, que viene definido por la habitacién que le rodea y
los objetos que hay en ella—y, entre ellos, sefialadamente por usted. El cua-
drado de la figura | aparece en un cierto lugar de la pagina, y el disco est
descentrado dentro del cuadrado. Ningiin objeto se percibe como algo iinico
©aislado. Ver algo implica asignarle un lugar dentro del todo: una ubicacién
ene espacio, una puntuacién en la escala de tamafto, de luminosidad o de
distancia,
‘Ya hemos aludido a una diferencia entre la medicién con una cinta métri-
a y nuestros juicios visuales. Nosotros no determinamos tamafios, distan-
cias, direcciones, uno por uno para compararlos después cosa por cosa. Lo
normal es que veamos esas caracteristicas como propiedades del campo vi-
sual total. Existe, sin embargo, otra diferencia igualmente importante. Las di-
versas cualidades de las imagenes producidas por el sentido de la vista no son
estiticas. El disco de la figura | no esta simplemente desplazado con respecto
al centro del cuadrado. Hay algo en él de desasosiego. Parece como si hubiera
estado en el centro y quisiera volver, o como si quisiera alejarse atin mas. Y
sus relaciones con los bordes del cuadrado son un juego semejante de atrac-
cidny tepulsién.
La experiencia visual es dindmica, Este tema recurrira alo largo de todo
este libro, Lo que una persona o un animal percibe no es slo una disposicién
de objetos, de colores y formas, de movimientos y tamafios. Es, quizés antes
que nada, un juego reciproco de tensiones dirigidas. Esas tensiones no son
algo que el observador aftada, por razones suyas propias, a las imagenes es
ticas. Antes bien, son tan intrinsecas a cualquier percepto como el tamaiio, la
forma, la ubicacién o el color. Puesto que tienen magnitud y direccién, se
puede calificar a esas tensiones de «fuerzas» psicol6gicas
Notese ademas que, si se ve el disco como pugnando hacia el centro del
cuadrado, esta siendo atraido por algo que no esta fisicamente presente en la
imagen. EI punto central no esti marcado por ninguna seftal en la figura 1; tan
invisible como ¢l Polo Norte o e! Ecuador, forma parte, sin embargo, del es-
Elequilibrio. 27
quema percibido; es un foco invisible de poder, determinado a considerable
distancia por la silueta del cuadrado. Esta «inducido, lo mismo gue una co-
rriente eléctrica puede ser inducida por otra. Hay, pues, otras cosas en el cam-
po visual ademas de las que impresionan la retina del ojo. Los ejemplos de
«estructura inducida» son abundantes. Una circunferencia dibujada incom-
pleta parece una circunferencia completa con un bocado. En un cuadro reali-
zado en perspectiva central, el punto de fuga puede estar determinado por las,
lincas convergentes aunque no se vea ningiin punto material de reunién. En
tuna melodia se puede «in» por induccién el ritmo regular del que se aparta
tuna nota sincopada, como nuestro disco se aparta del centro.
Estas inducciones perceptuales difieren de las inferencias légicas, Las in-
ferencias son operaciones del pensamiento que, al interpretarlos, afiaden algo
alos datos visuales dados. Las indueciones perceptuales son a veces interpo-
laciones basadas en conocimientos previamente adquiridos. Es mas corriet
te, sin embargo, que sean completamientos derivados espontineamente du-
rante la percepcién de la configuracién dada del esquema.
Una figura visual como el cuadrado de la figura 1, esté vacia y no vacia al
mismo tiempo. Su centro forma parte de una compleja estructura oculta, que
podemos explorar por medio del disco, algo asi como podemos utilizar lima-
duras de hierro para explorar las lineas de fuerza de un campo magnético.
colocamos el diseo en diversas ubicaciones dentro del cuadrado, parecerd s
lidamente asentado en algunos puntos; en otros manifiesta un tirén en una di-
reccién definida, y en otros su situacién parece confusa y vacilante.
Cuando la posiciin del disco es mas estable es cuando su centro coincide
con el centro del cuadrado, En la figura 2, lo vemos como atrafdo hacia el
contorno de la derecha. Si alteramos la distancia, este efecto se debilita lle.
ga incluso a invertirse. Podemos hallar una distancia en la que el disco pare:
ca estar «demasiado pegadon, poseido por la necesidad apremiante de apar-
tarse del limite. En ese caso el intervalo vacio entre el limite y el disco
parecerd estar comprimido, como si faltara espacio, Para toda relacién espa-
cial entre objetos hay una distancia «correcta», que el ojo establece intuitiv
mente. Los artistas son sensibles a esta exigencia cuando disponen los objetos
pictoricos dentro de un cuadro o los elementos de una escultura. Los disefia-
dores y los arquitectos buscan continuamente la distancia debida entre los
Figura?28 Arey percepeién visual
edificios, las ventanas y los muebles. Seria muy deseable examinar las condi-
ciones de estos juicios visuales de manera mas sistematica
La exploracién informal muestra que en el disco influyen no sélo los I
mites y el centro del cuadrado, sino también la armazén cruciforme de los
jes centrales vertical y horizontal, y las diagonales (véase figura 3). El cen-
tro, locus principal de atraccién y repulsion, queda determinado por el cruce
de esas cuatro lineas estructurales mis importantes, Otros puntos situados
sobre dichas lineas son menos poderosos que el centro, pero también para
ellos se puede determinar el efecto de atraccién. Al esquema trazado en la fi-
‘gura 3, lo llamaremos esqueleto estructural del cuadrado. Mas adelante mos-
traremos que estos esqueletos varian de unas figuras a otras.
Figura3
Dondequiera que se le coloque, el disco se vera afectado por las fuerzas
de todos los factores estructurales ocultos. La fuerza y distancia relativas de
esos factores determinaran su efecto dentro de la configuracién total. En el
centro todas las fuerzas se equilibran unas a otras, y por lo tanto la posicién
central se traduce en reposo. Otra posicién comparativamente reposada se
puede hallar, por ejemplo, moviendo el disco a lo largo de una diagonal. El
punto de equilibrio parece encontrarse algo mas cerca del Angulo del euadra-
do que del centro, Jo cual puede significar que el centro es mas fuerte que el
Angulo y que esa prepotencia ha de ser compensada por una distancia mayor,
Elequilibrio 29
como si Angulo y centro fueran dos imanes de fuerza desigual. En general,
toda ubicacién que coincida con un rasgo constitutivo del esquelato estructu-
ral introduce un elemento de estabilidad, que, por supuesto, puede ser con-
trarrestado por otros factores,
Si predomina la influencia desde una direccidn en particular, resulta un
tirdn en esa direccién. Cuando se coloca el disco en el punto medio exacto en-
tre centro y angulo, tiende a empujar hacia el centro.
Se produce un efecto desagradable en aquellas ubicaciones en las que los
tirones son tan equivocos y ambiguos que el ojo no puede averiguar sil disco
estd empujando en alguna direccién conereta. Esa vacilacién hace impreciso
el enunciado visual e interfiere en el juicio perceptual del observador. En las,
situaciones ambiguas el esquema visual deja de determinar lo que se ve, y
entran en juego factores subjetivos del observador, tales como su foco de
atencién o su preferencia por tal 0 cual direccién. A menos que el artista se
complazca en ellas, esta clase de ambigtiedades le induciran a buscar distri-
buciones mas estables.
‘Nuestras observaciones han sido comprobadas experimentalmente por
Gunnar Goude e Inga Hjortzberg, del Laboratorio de Psicologia de la Univer-
sidad de Estocolmo, Se unié magnéticamente un disco negro de 4 cm de di-
metro a un cuadrado blanco de 46 x 46 em. Corriendo el disco a diversas ubi-
jones, se pedia a los sujetos de la prueba que indicasen si mostraba
tendencia a empujar en alguna direccién y, en caso afirmativo, cémo era de
fuerte esa tendencia con respecto a las ocho principales direcciones del espa-
cio. La figura 4ilustra los resultados. Los ocho vectores de cada ubicacién re-
sumen las tendencias de movimiento observadas por los sujetos. Es obvio que
el experimento no prueba que la dinamica visual sea experimentada esponti-
neamente; lo tinico que pone de manifiesto es que, cuando a los sujetos se les
sugiere una tendencia direccional, sus respuestas no se distribuyen al azar,
sino que se agrupan a lo largo de los ejes principales de nuestro esqueleto:
tructural. Resalta también una tensién hacia los bordes del cuadrado. Hacia
el centro no se evidencié una atraccién clara, sino mas bien un drea de relativa,
estabilidad a su alrededor.
‘Cuando las condiciones son tales que los ojos no pueden establecer con
claridad la ubicacién real del disco, puede ser que las fuerzas visuales de que
estamos hablando produzcan un auténtico desplazamiento en la direccién del
tirén dindmico. Si se mira la figura 1, durante s6lo una fraccién de segundo,
gse ve el disco mas cerca del centro de lo que revelaria una inspeceién deteni-
dda? Tendremos muchas ocasiones de observar que los sistemas fisicos y psi-
col6gicos exhiben una tendencia muy general a cambiar en la direccién del
nivel de tension més bajo alcanzable. Esa reduccidn de la tensién se obtiene
cuando los elementos de los esquemas visuales pueden ceder a las fuerzas
perceptuales dirigidas que les son intrinsecas. Max Wertheimer ha sefialado
‘que un dingulo de noventa y tres grados no se ve como lo que es, sino como un
Angulo recto de algun modo defectuoso. Cuando dicho dingulo se presenta ta-30 Arte ypercepeién visual
Figua4
quistoscdpicamente, es decir, en exposicién breve, es frecuente que los obser-
vadores afirmen ver un angulo recto, aquejado quiz4 de alguna imperfeccién
indefinible.
El disco itinerante, pues, revela que un esquema visual se compone de
algo mas que las formas registradas por la retina. Por lo que a la entrada
de datos retinianos se refiere, todo lo que hay en nuestra figura son las lineas,
negras y el disco, En la experiencia perceptual, este esquema estimulador
crea un esqueleto estructural, esqueleto que ayuda a determinar el papel de
cada elemento pictérico dentro del sistema de equilibrio de la totalidad; sit-
vve de marco de referencia, Io mismo que una escala musical define el valor
tonal de cada nota dentro de una composicién,
Todavia de otra manera podemos ir mas alla de la figura en blanco y ne~
.gfo trazada sobre el papel. La figura, més la estructura oculta inducida por
ella, es mas que un entramado de lineas. Como se indica en la figura 3, el
percepto es en realidad un campo de fuerzas continuo. Es un paisaje dinémi-
co, en el que de hecho las lineas son crestas que descienden en ambas direc-
ciones, Esas crestas son centros de fuerzas atractivas y repulsivas, cuya in-
fluencia se extiende a través de sus entornos, dentro y fuera de los limites de
la figura.
Ningin punto de la figura se ve libre de esa influencia. Hay, si, puntos «de
reposo», pero ese reposo no significa auseneia de fuerzas activas. El centro
Elequilibrio 31
no es un «punto muertoy. No se siente tirdn en ninguna direccién cuando los
tirones de todas las direcciones se equilibran unos a otros; para €l ojo sensi-
ble, el equilibrio de un punto tal esta Ileno de tensién. Pignsese en la soga que
permanece inmévil mientras dos hombres de igual fuerza tiran de ella en di-
recciones opuestas: esta quieta, pero cargada de energia,
En resumen, lo mismo que no es posible describir un organismo vivo me-
dante una relacién de su anatomia, asi tampoco se puede deseribir la natura-
Jeza de una experiencia visual en términos de centimetros de tamaiio y dis-
tancia, grados de dngulo o longitudes de onda de matiz. Estas mediciones
estiticas sélo definen el «estimulo», esto es, el mensaje enviado al ojo por el
‘mundo material. Pero la vida de un percepto —su expresion y sentido—di-
‘mana enteramente de la actividad de las fuerzas perceptuales. Cualquier linea
trazada sobre una hoja de papel, la forma més sencilla modelada en un troz0
de arcilla, es como una piedra arrojada a un estanque: perturba el reposo, mo-
vilizael espacio, Ver es la percepcién de una accion,
Qué son las fuerzas perceptuales?
Quizé el lector haya advertido con aprensién el empleo del término «fuer-
209. ,Son esta:
{donde existen?
Suponemos que son reales en ambos ambitos de la existencia, esto es,
como fuerzas psicolégicas y fisicas. Psicolégicamente, los tirones presentes
enel disco existen en la experiencia de toda persona que lo contemple. Dado
que esos tirones tienen un punto de aplicacién, una direceién y una intensi-
dad, cumplen las condiciones establecidas por los fisicos para las fuerzas fisi-
ceas. Por esta rz6n, los psicélogos hablan de fuerzas psicologicas, si bien has-
ta la fecha no muchos de ellos han aplicado ese término, como yo lo hago
aqui, la percepciin,
{En qué sentido se puede decir que estas fuerzas existen no
periencia, sino también en el mundo material? Desde luego no estén conteni-
das en los objetos que estamos mirando, como el papel blanco en que esta di:
bujado el cuadrado 0 el disco de cartulina oscura. Claro esta que en estos
objetos actian fuerzas moleculares y gravitatorias que mantienen wnidas sus,
‘microparticulas e impiden que éstas escapen. Pero no hay fuerzas fisicas co-
nocidas que tiendan a empujar una mancha de tinta de impresor excéntrica-
‘mente situada hacia el centro de un cuadrado, Tampoco las lineas dibujadas a
tinta ejercen poder magnético alguno sobre la superficie del papel circundan-
te, :Dénde estin, pues, esas fuerzas?
Para responder a esta pregunta tenemos que recordar cémo el observador
obtiene su conocimiento del cuadrado y el disco. Los rayos de luz, emanados
el Sol ode alguna otra fuente, chocan con el objeto y en parte son absorbidos
y en parte reflejados por él. Algunos de los rayos reflejados llegan hasta las,
juerzas sélo figuras ret6ricas, 0 son reales? Y si son reales,32. Arteypercepeién visual
lentes del ojo y son proyectados sobre su fondo sensible, la retina. Muchos de
los pequeiios érganos receptores situados en la retina se combinan en grupos
por medio de células ganglionares. A través de esas agrupaciones se obtiene
una primera y elemental organizacion de la forma visual, muy préxima al ni-
vel de estimulacién retiniano. Al viajar los mensajes electroquimicos hacia
su destino final en el cerebro, son sometidos a sucesivas conformaciones en
otras estaciones del camino, hasta que el esquema se completa en los diver-
sos niveles de la corteza visual.
En qué estadios de este complejo proceso se origina el homdtogo fisiolbgi-
co de nuestras futerzas perceptuales, y por qué particulates mecanismos se pro-
duce, son cosas que rebasan nuestros actuales conocimientos. Si, no obstante,
admitimos la razonable suposicién de que todo aspecto de una experiencia
visual tiene su homélogo fisiolégico en el sistema nervioso, podremos imagi-
nar, de un modo general, la naturaleza de esos procesos cerebrales. Podemos
afirmar, por ejemplo, que deben ser procesos de campo. Esto quiere decir que
todo lo que ocurra en cualquier lugar estar determinado por la interaccién de
las partes y el todo. Si no fuera asi, las diversas inducciones, atracciones y re-
pulsiones no podrian darse dentro del campo de la experiencia visual.
El observador ve los empujes y tirones de los esquemas visuales como
propiedades genuinas de los propios objetos percibidos. Mediante la mera
inspeecién no puede distinguir el desasosiego del disco excéntrico de lo que
‘ocurre materialmente sobre la pagina del libro, como no puede distinguir la
realidad de un sue o alucinacién de la realidad de las cosas materialmente
existentes,
Poco importa que llamemos 0 no «ilusiones» a esas fuerzas perceptuales,
en tanto las reconozcamos como componentes genuinos de todo lo visto. El
artista, por ejemplo, no tiene que preocuparse porque esas fuerzas no estén
contenidas en los pigmentos que pone sobre la tela. Lo que él crea con mate-
riales fisicos son experiencias. La imagen percibida, no la pintura, es la obra
de arte, Si una pared parece vertical en un cuadro, es vertical; y si en un espe-
jo se ve espacio transitable, no hay razén para que en él no penetren image-
nes de hombres, como sucede en algunas peliculas. Las fuerzas que tiran de
nuestro disco sélo son «ilusorias» para quien pretenda utilizar su energia para
‘mover una maquina. Perceptual y artisticamente son plenamente reales
Dos
jiscos en un cuadrado
Para acercarnos un poco més a la complejidad de la obra de arte, introduci-
‘mos ahora un segundo disco en el cuadrado (véase figura 5). ,Qué resulta de
ello? En primer lugar, que algunas de las relaciones que ya antes habiamos
observado entre disco y cuadrado se repiten. Cuando los dos discos estin cer-
ca el uno del otto, se atraen mutuamente y pueden parecer casi una sola cosa
indivisible. Llegados a un determinado grado de cercania, se repelen porque
Elequilibrio
b
FiguaS
estin demasiado proximos. La distancia a que estos efectos se producen de-
pende del tamaiio de los discos y del cuadrado, asi como de la ubicacién de
aquéllos dentro de éste.
Las ubicaciones de los discos pueden equilibrarse mutuamente. Cada una
de las dos ubicaciones de la figura Sa podria parecer desequilibrada si In to
maramos por separado. Juntas forman un par simétricamente colocado y en
reposo. El mismo par, sin embargo, puede parecer muy desequilibrado si se lo
mucve a otra ubicacién (véase figura 5b). Nuestro anterior andlisis del mapa
estructural ayuda a explicar por qué. Los dos discos forman un par por su pro-
ximidad y su semejanza en cuanto a tamaio y forma, y también porque son
el inico «contenido» del cuadrado. En cuanto miembros de un par, se tiende a
verlos como simétricos; es decir, se les da igual valor y funcidn dentro del
todo. Este juicio perceptual, sin embargo, choca con otro, que se deriva de la
ubicacién del par. El disco de abajo esti en la destacada y estable posicién del
centro. El de arriba esta en una ubicacién menos estable. Asi, la ubicacion
crea una distincién entre los dos que choca con su «paridad» simétrica, Este
dilema es insoluble. E1 espectador se encuentra oscilando entre una y otra de
dos concepciones incompatibles. El ejemplo muestra que incluso un esque-
ma visual muy simple se ve fundamentalmente afectado por la estructura de
su entorno espacial, y que el equilibrio puede ser perturbadoramente ambi-
‘guo cuando forma y ubicacién espacial se contradicen,
Equilibrio psicolégico y fisico
Es hora de formular mas explicitamente qué queremos decir cuando decimos
««cquilibrio». Si exigimos que en una obra de arte se distribuyan todos los cle-
mentos de modo que resulte un estado de equilibrio, necesitaremos saber34 Ante y percepeién visual
cémo se llega a éste. Ademas, algunos lectores pueden ereer que la demanda
de equilibrio no sea mas que una particular preferencia estilistiea, psicol6gica
social. A unos les gusta el equilibrio, a otros no. {Por qué, pues, ha de ser
una cualidad necesaria de los esquemas visuales?
Paracel fisico, el equilibrio es el estado en que las fuerzas que actiian sobre
‘un cuerpo se compensan unas a otras. En su forma mas simple, se logra me-
diante dos fuerzas de igual intensidad y direcciones opuestas. Esta definicién
es aplicable al equilibrio visual. Lo mismo que un cuerpo fisico, todo esque
rma visual finito tiene un fulero 0 centro de gravedad. Y del mismo modo que
el fulcro fisico de cualquier objeto plano, por irregular que sea su forma, pue-
de ser determinado localizando el centro en que quede equilibrado sobre la
punta de un dedo, asi también el centro de un esquema visual puede ser de-
terminado por tanteo, Segiin Denman W. Ross, la manera més sencilla de ha-
cerlo consiste en mover tun marco alrededor del esquema hasta que marco y
cesquema queden equilibrados; entonees el centro del marco coincidira con el
centro ponderal del esquema.
Salvo en las formas mas regulares, ningtin método conocido de céleulo
racional puede reemplazar al sentido intuitivo de equilibrio del ojo. De nues-
tro supuesto previo se sigue que el sentido de la vista experimenta el equili-
brio cuando las correspondientes fuerzas fisiologicas del sistema nervioso se
Uistiibuyen de tal modo que queden compensadas entre si.
Si, no obstante, se cuelga de la pared un lienzo vacio, el centro visual de
gravedad del esquema coincidira solo aproximadamente con el centro fisico
que hallariamos sosteniendo el lienzo sobre un dedo. Como hemos de ver, la
posicién vertical del lienzo sobre la pared influye en la distribucién del peso
visual, y otro tanto hacen los colores, las formas y el espacio pictorico cuando
sobre el lienzo va pintada una composicidn. De modo semejante, el centro vi-
sual de una escultura no puede ser determinado por el simple expediente de
suspenderla de una cuerda. También aqui importaré la orientacién vertical
Influiré asimismo el que la escultura esté colgada en el aire 0 descanse sobre
tuna base, se alee en el espacio vacio o repose en el interior de un nicho.
Hay otras diferencias entre el equilibrio fisico y el equilibrio perceptual,
Por un lado, la fotografia de un bailarin puede parecer desequilibrada aunque
su cuerpo estuviera en una posicién cémoda cuando aquélla se tod; por
otro, a un modelo le puede resultar imposible mantener una postura que en un
dibujo pareceria perfectamente equilibrada. Una escultura puede necesitar
tuna armadura interna que la sostenga, pese a estar bien equilibrada visual-
mente, Un pato es capaz de dormir placidamente sobre una sola pata inclina-
da. Fstas discrepancias se producen porque hay factores, tales como el tama-
fio, el color o la direccién, que contribuyen al equilibrio visual de maneras
que no tienen necesariamente un paraleto fisico. El traje de un payaso, rojo
por el lado izquierdo y azul por el derecho, puede ser asimétrico para la vista
en cuanto esquema cromatico, aunque sus dos mitades, y por supuesto las del
payaso, sean iguales en peso fisico. Dentro de una pintura, un objeto fisica-
Elequilibrio 35
‘mente separado, como puede ser una cortina del fondo, puede contrarrestar
la posicién asimétrica de una figura humana, §
‘Tenemos un simpatico ejemplo de lo dicho en una pintura del siglo xv que
representa a San Miguel pesando almas (véase figura 6). Por la mera fuerza de
laoracién, una fragil figurita desnuda pesa mas que cuatro demonios grandes y
dos ruedas de molino, Desdichadamente, la oracién sélo tiene peso espiritual, y
no suministra ningiin tirén visual. Como remedio, el pintor ha utilizado un
‘manchén oscuro sobre la tinica del angel, justamente debajo del platillo que
alma devota, Poratraccién visual, inexistente en el objeto material,
cha crea el peso que ajusta el aspecto de la escenaa su significado,
Figura 636 Arteypercepcion visual
Por qué equilibrio?
{Por qué es indispensable el equilibrio pictérico” Es preciso recordar que, en
Jo visual como en lo fisico, el equilibrio es el estado de distribucién en el que
toda accién se ha detenido. La energia potencial del sistema, diria el fisico, ha
alcanzado su punto mas bajo. En una composicién equilibrada, todos los fac-
tores del tipo de la forma, la direccidn y la ubicacién se determinan mutua-
‘mente, de tal modo que no parece posible ningiin cambio, y el todo asume un
cardcter de «necesidad» en cada una de sus partes. Una composicién desequi-
librada parece accidental, transitoria, y por lo tanto no valida. Sus elementos
rmuestran una tendeneia a cambiar de iugat o de forma para aleanzar un esta-
do que concuerde mejor con la estructura total
En condiciones de desequilibrio, el enunciado artistico deviene incom-
prensible. El esquema ambiguo no permite decidir cull de las configuraciones
posibles es la que se pretende, Parece como si el proceso de ereacién hubiera
. Freud, en particular, in-
terpreté su «principio de placer» en cl sentido de que los sucesos mentales
Etequilibrio $1
son activados por una tensién desagradable, y siguen un curso conducente a
la reduccién de esa tensién. Se puede decir que la actividad artistica es un
componente del proceso motivacional lo mismo en el artista que en el consu-
midor, y que como tal participa en la biisqueda del equilibrio. El equilibrio lo-
grado en la apariencia visual no s6lo de pinturas y esculturas, sino también de
edificios, muebles y objetos de cerimica, es disfrutado por el hombre como
tuna imagen de sus aspiraciones mas amplias.
Sin embargo, la biisqueda del equilibrio resulta insuficiente para descri-
bir las tendencias controladoras de la motivacién humana en general o del
arte en particular, Acabariamos con una concepcién unilateral e intolerable-
‘mente estitica del organismo humano si nos lo imagindramos como una char-
ca de aguas estancadas, tinicamente estimulada a emprender una actividad
cuando una piedrecita perturba la equilibrada paz de su superficie, y
do su actividad al restablecimiento de esa paz. Freud es quien més cerca ha
estado de aceptar las consecuencias radicales de esta visidn. Ha descrito los,
instintos basicos del hombre como expresidn del conservadurismo de toda
materia viva, como una tendencia intrinseca a volver a un estado anterior. Ha
asignado un papel fundamental al «instinto de muerte», la pugna por regresar
a una existencia inorgénica. Segin el principio de economia freudiano, el
hombre trata constantemente de gastar la menor cantidad de energia posible.
El hombre es perezoso por naturaleza
Pero, jes esto verdad? Un ser humano dotado de buena salud fisica y
mental no se realiza en la inaetividad, sino haciendo, movigndose, actuando,
creciendo, avanzando, produciendo, creando, explorando. La extraiia idea de
{que la vida se compone de intentos de ponerse fina si misma cuanto antes ca-
rece de justificacién, De hecho, es muy posible que la caracteristica prineipal
del organismo resida en que éste representa una anomalia de la naturaleza, al
librar una batalla cuesta arriba contra la ley universal de la entropia, sacando
constantemente energias nuevas de su ambiente.
Lo dicho no equivale a negar la importancia del equilibrio. Este sigue
siendo el objetivo final de todo deseo a cumplir, de toda tarea a realizar, de
todo problema a resolver. Pero no se corre la carrera s6lo por el momento de
la victoria. En un capitulo posterior, el dedicado a la Dinémica, tendremos
ocasién de explicitar el contraprincipio activo. Sélo contemplando la interac-
cidn de la fuerza vital lena de energia y la tendencia al equilibrio podremos
egara una concepcién més completa de la dinémica que activa la mente hu-
mana y se refleja en sus productos,
Madame Cézanne en una silla amarilla
De la argumentacién precedente se sigue que el artista interpretaria la expe-
riencia humana de una manera muy parcial si permigiera que el equilibrio y la
armonia monopolizaran su obra. Debe limitarse a ayudarse de ellos en su es