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Concilio de Nicea

El concilio de Nicea de 325 d.C. fue la primera reunión ecuménica de obispos cristianos convocada por el emperador Constantino I para establecer la ortodoxia doctrinal y poner fin a las disputas sobre la naturaleza de Jesucristo, resultando en la condena del arrianismo y la afirmación de la deidad de Cristo.
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Concilio de Nicea

El concilio de Nicea de 325 d.C. fue la primera reunión ecuménica de obispos cristianos convocada por el emperador Constantino I para establecer la ortodoxia doctrinal y poner fin a las disputas sobre la naturaleza de Jesucristo, resultando en la condena del arrianismo y la afirmación de la deidad de Cristo.
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Tema: El concilio de Nicea

Objetivos:
1. Definir el término concilio ecuménico
2. Resumir la historia de los concilios ecuménicos
3. Explicar las circunstancias en las que se dio el concilio de Nicea
4. Enumerar los postulados resultantes del concilio de Nicea
Desarrollo
1. El término concilio, cuyo origen se encuentra en el vocablo latino concilium,
alude a una reunión que se lleva a cabo con el objetivo del tratamiento de
algún asunto de interés. También se llama concilio a los documentos que
surgen de dicho encuentro.
Concilio ecuménico: Los concilios ecuménicos eran reuniones oficiales de líderes
eclesiásticos de todo el mundo cristiano (la palabra ecuménico significa "que
representa la totalidad de un conjunto de iglesias"). El objetivo de los concilios era
debatir diversos temas de teología y práctica eclesiástica y tomar decisiones
obligatorias para la Iglesia en general.
Los primeros concilios ecuménicos estaban formados por cristianos de todo el Imperio
Romano. A medida que el cristianismo se extendía, los líderes que asistían a los
concilios venían de otras partes del mundo. Los primeros concilios reunían a líderes de
toda la iglesia, pero, a medida que la iglesia se dividía en varios temas de teología y
práctica, los concilios dejaron de ser verdaderamente ecuménicos. Algunas
denominaciones cristianas dejaron de involucrarse voluntariamente y otras fueron
excluidas. Por tanto, la naturaleza ecuménica de los concilios ha cambiado a lo largo
de los años, dejando de involucrar a toda la Iglesia para involucrar a personas de
todas las partes del mundo que forman parte de la Iglesia Católica Romana.

2. Historia de los concilios ecuménicos


Las decisiones de los concilios ecuménicos debían ser obligatorias para toda la
Iglesia. Ya que la mayoría de los protestantes no tienen la misma estructura jerárquica
que los católicos y los cristianos ortodoxos, y ya que enfatizan la responsabilidad
personal ante Dios para tomar sus propias decisiones respecto a la teología y la
práctica de acuerdo con la conciencia y las Escrituras, los protestantes no tienen
concilios ecuménicos.
La Iglesia Católica Romana reconoce veintiún concilios ecuménicos. Algunos dentro
de la Iglesia Ortodoxa Oriental aceptan nueve concilios; algunas denominaciones
protestantes reconocen los primeros siete de los concilios, aunque los protestantes no
consideran sus decretos del mismo modo que los católicos. A continuación, se indican
los nombres, las fechas y los temas tratados o un resumen de lo que se hizo en cada
concilio. Los concilios llevan el nombre de las ciudades donde se celebraron:

1. PRIMER CONCILIO DE NICEA (325) - Afirmó la deidad de Cristo. Se rechazó la


falsa doctrina del arrianismo.
2. PRIMER CONCILIO DE CONSTANTINOPLA (381) - Aclaró la naturaleza del
Espíritu Santo.

3. CONCILIO DE ÉFESO (431) - Aclaró la naturaleza de la persona de Cristo. Se


repudió la falsa enseñanza del nestorianismo.

4. CONCILIO DE CALCEDONIA (451) - Aclaró la enseñanza relativa a la naturaleza y


persona de Cristo, incluyendo la "unión hipostática". Se rechazó la falsa doctrina del
monofisitismo.

5. SEGUNDO CONCILIO DE CONSTANTINOPLA (553) - Confirmó las conclusiones


de los cuatro primeros concilios.

6. TERCER CONCILIO DEL CONSTANTINO (680-681) - Aclaró la naturaleza de la


voluntad de Cristo.

7. SEGUNDO CONCILIO DE NICEA (787) - Estableció directrices para la veneración


de imágenes. (Algunos protestantes rechazan este concilio, mientras que aceptan el
Concilio de Hieria del 754, que rechazó la veneración de imágenes).

El resto de los concilios son aceptados por la Iglesia Católica Romana pero no por los
protestantes:

8. CUARTO CONCILIO DE CONSTANTINOPLA (869) - Condenó un concilio que no


había sido autorizado.

9. PRIMER CONCILIO DE LETRÁN (1123) - Limitó los derechos eclesiásticos de los


príncipes laicos e hizo planes para una cruzada con el fin de recuperar el territorio
perdido a manos de los musulmanes.

10. SEGUNDO CONCILIO DE LETRÁN (1139) - Condenó los errores de Arnaldo de


Brescia.

11. TERCER CONCILIO DE LETRÁN (1179) - Condenó a los albigenses y valdenses y


emitió numerosos decretos para la reforma de las costumbres.

12. CUARTO CONCILIO DE LETRÁN (1215) - Añadió más condenas a los albigenses,
condenó los errores trinitarios del abad Joaquín y publicó otros decretos reformadores.
13. PRIMER CONCILIO DE LYON (1245) - Excomulga y depone al emperador
Federico II y autoriza una nueva cruzada.

14. SEGUNDO CONCILIO DE LYON (1274) - Dispuso la reunificación temporal de la


Iglesia griega con Roma y estableció las reglas para las elecciones papales.

15. CONCILIO DE VIENA (1311-1313) - Se ocupó de los crímenes y errores imputados


a los Templarios, los Fraticelli, los Begardos y los Beguinos. También se ocupó de los
proyectos de una nueva cruzada, de la reforma del clero y de la enseñanza de las
lenguas orientales en las universidades.

16. CONCILIO DE COSTANZA (1414-1418) - Puso fin al Gran Cisma con la elección
del Papa Martín V.

17. CONCILIO DE BASILEA/FERRARA/FLORENCIA (1431-1439) - Se trasladó de


ciudad en ciudad debido a los problemas. Resultó en la reunificación temporal con la
Iglesia griega y oficializó los siete sacramentos del catolicismo.

18. QUINTO CONCILIO DE LETRÁN (1512-1517) - Autorizó una nueva cruzada contra
los turcos, pero fue rápidamente eclipsado por los "problemas" causados por la
Reforma Protestante.

19. CONCILIO DE TRENTO (1545-1563) - Condenó las enseñanzas de Lutero y los


reformistas y reconoció oficialmente los apócrifos como canónicos.

20. PRIMER CONCILIO VATICANO (1869-1870) - Afirmó la infalibilidad del Papa


cuando habla con total autoridad.

21. SEGUNDO CONCILIO VATICANO (1962-1965) - Promovió varias reformas y


aclaraciones de la práctica eclesiástica.

Hoy en día existe también lo que se conoce como movimiento ecuménico, que intenta
unir a todos los que se declaran cristianos, independientemente de las diferencias
doctrinales. Lamentablemente, las diferencias doctrinales tienen que ver con doctrinas
importantes como la deidad de Cristo y la justificación por la fe. Los concilios
ecuménicos se celebraron para aportar claridad doctrinal, mientras que el movimiento
ecuménico trata de desdibujar las diferencias doctrinales.
3. El Concilio de Nicea:
Para hablar del Concilio de Nicea, también tenemos que hablar de Constantino.
Constantino el Grande (280-337 d.C.) fue uno de los emperadores más poderosos y
exitosos de Roma y el primero en identificarse como cristiano. Se le conoce por sus
logros económicos, políticos y militares, así como por sus reformas religiosas. Los
escritores medievales lo elogiaron como el gobernante ideal y con el que se
comparaban a todos los reyes. Con el tiempo, su reinado fue considerado cada vez
con menos entusiasmo. Los historiadores también empezaron a debatir sobre el grado
de compromiso de Constantino con el cristianismo o el grado de devoción con el que
lo seguía. Constantino fue influyente en la historia del cristianismo por su fe personal,
su política religiosa, la promulgación del Edicto de Milán y la convocatoria del Concilio
de Nicea.
Durante el reinado de Constantino, surgió una controversia sobre las enseñanzas de
Arrio, que negaba la plena divinidad de Jesús. Constantino convocó una reunión de
obispos cristianos, el Concilio de Nicea, para resolver la disputa. A diferencia del mito
popular, en esta reunión no se discutió el canon de la Biblia, ni Constantino influyó en
las decisiones del concilio. Los emperadores se veían a sí mismos como responsables
de promover formas "correctas" de adoración; el interés de Constantino no era
declarar la ortodoxia, sino dejar que los obispos la determinaran para poder imponerla.
Además, a Constantino no se le conocía por su capacidad filosófica y se perdía en
discusiones profundas de teología. Por el contrario, actuó como mediador y anfitrión
del concilio, funciones en las que destacó.
Durante los primeros 280 años de la historia cristiana, la cristiandad fue prohibida por
el imperio romano, y los cristianos fueron terriblemente perseguidos. Esto cambió
después de la “conversión” del emperador romano Constantino. Constantino “legalizó”
el cristianismo en el Edicto de Milán en el año 313. Después en el 325 d.C.
Constantino convocó al Concilio de Nicea en un intento por unificar la cristiandad.
Constantino visualizó el cristianismo como una religión que pudiera unir al Imperio
Romano, el cual en ese tiempo comenzaba a fragmentarse y dividirse. Mientras esto
hubiera parecido ser un desarrollo positivo para la iglesia cristiana, el resultado fue
todo menos positivo. Al igual que Constantino se negó a adoptar de lleno la fe
cristiana, sino que continuó con muchas de sus creencias y prácticas paganas; así
también la iglesia cristiana que Constantino promovió era una mezcla del verdadero
cristianismo con el paganismo romano.
Constantino descubrió que con la gran extensión del Imperio Romano, tan diverso y
expansivo, no todos accederían a renunciar a sus creencias religiosas y abrazar el
cristianismo en su lugar. Así que Constantino permitió, y aún promovió la
“cristianización” de las creencias paganas.
Constantino afirmaba que se había convertido al cristianismo, convocó una reunión de
obispos en Nicea para resolver algunas controversias crecientes entre los dirigentes
de la Iglesia. Los temas que se debatían incluían la naturaleza de Jesucristo, la fecha
correcta para celebrar la Pascua y otros asuntos. El debilitado Imperio Romano, ahora
bajo el gobierno de Constantino, no podía soportar la división causada por años de
discusiones "fuera de control" sobre diferencias doctrinales. El emperador veía las
disputas dentro de la iglesia no sólo como una amenaza para el cristianismo, sino
también para la sociedad. Por lo tanto, en el Concilio de Nicea, Constantino alentó a
los líderes de la iglesia a resolver sus desacuerdos internos y a convertirse en agentes
de Cristo que pudieran traer nueva vida a un imperio atribulado. Constantino sintió que
estaba "llamado" a usar su autoridad para ayudar a lograr la unidad, la paz y el amor
dentro de la iglesia.
El principal problema teológico había sido siempre el de Cristo. Desde el final de la era
apostólica, los cristianos habían comenzado a debatir estos temas: ¿Quién es Cristo?
¿Es más divino que humano o más humano que divino? ¿Fue Jesús creado o
engendrado? Siendo el Hijo de Dios, ¿es co-igual y co-eterno con el Padre, o es
inferior al Padre? ¿Es el Padre el único Dios verdadero, o son el Padre, el Hijo y el
Espíritu el único Dios verdadero?
Un sacerdote llamado Arrio presentó su argumento de que Jesucristo no era un ser
eterno, que fue creado en un momento determinado por el Padre. Obispos como
Alejandro y el diácono Atanasio argumentaron la postura contraria: que Jesucristo es
eterno, al igual que el Padre. Era un argumento que enfrentaba al trinitarismo con el
monarquismo.
Constantino instó a los 300 obispos del concilio a tomar una decisión por mayoría de
votos que definiera quién es Jesucristo. La declaración de doctrina que produjeron fue
una que todo el cristianismo seguiría y obedecería, llamada el "Credo de Nicea". La
iglesia mantuvo este credo y el emperador lo hizo cumplir. Los obispos en Nicea
votaron para hacer que se aceptara la deidad absoluta de Cristo como posición de la
iglesia. El Concilio de Nicea defendió la doctrina de la verdadera divinidad de Cristo,
rechazando la herejía de Arrio. El concilio no inventó esta doctrina. Más bien, sólo
reconoció lo que la Biblia ya enseñaba.
El Concilio de Nicea no inventó la doctrina de la deidad de Cristo. Al contrario, el
Concilio de Nicea afirmó la enseñanza de los apóstoles sobre quién es Cristo: el único
Dios verdadero y la Segunda Persona de la Trinidad, con el Padre y el Espíritu Santo.

4. Resultados del Concilio de Nicea


El Credo Niceno fue el resultado del Concilio de Nicea en 325 A.D. El credo enfatiza la
doctrina de la Trinidad en respuesta a las enseñanzas de Arrio, un clérigo que negó la
divinidad del Hijo, el segundo miembro de la Trinidad. El Credo dice así:
Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo
lo visible e invisible.
Creemos en un solo Señor Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios, engendrado del Padre
antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios de Dios
verdadero; engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, y por quien todo
fue hecho; quien, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, y
por el Espíritu Santo fue encarnado de María, la virgen, y fue hecho hombre; y por
nosotros fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y
resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, y ascendió al cielo, y está sentado a la
diestra del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su
reino no tendrá fin.
Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del
Hijo, quien junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, y quien habló por los
profetas. Creemos en la Iglesia, que es una, santa, católica* y apostólica.
Reconocemos un solo bautismo para la remisión de los pecados; y esperamos la
resurrección de los muertos y la vida del mundo por venir. Amén.

El Primer Concilio de Nicea es muy significativo porque resolvió una cuestión esencial
relacionada con la deidad y la humanidad de Jesucristo. Jesucristo fue proclamado
como eterno y divino, igual al Padre e infinitamente más grande que un ser creado. Sin
embargo, el Concilio también es importante por ser el primer intento de lograr un
consenso entre todos los cristianos a través de un debate entre representantes de
partes opuestas. Sentó un precedente para la celebración de concilios para decidir
otros asuntos doctrinales y prácticos de la Iglesia, y para convertir estas decisiones en
credos y en derecho canónico. Pasarían 56 años hasta el siguiente concilio: el Primer
Concilio de Constantinopla.

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