El huésped En el jardín cultivaba crisantemos, pensamientos, violetas de los Alpes, begonias
y heliotropos. Mientras yo regaba las plantas, los niños se entretenían buscando
Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al gusanos entre las hojas. A veces pasaban horas, callados y muy atentos, tratando
regreso de un viaje. de coger las gotas de agua que se escapaban de la vieja manguera.
Llevábamos entonces cerca de tres años de matrimonio, teníamos dos niños y yo Yo no podía dejar de mirar, de vez en cuando, hacia el cuarto de la esquina.
no era feliz. Representaba para mi marido algo así como un mueble, que se Aunque pasaba todo el día durmiendo no podía confiarme. Hubo veces que,
acostumbra uno a ver en determinado sitio, pero que no causa la menor cuando estaba preparando la comida, veía de pronto su sombra proyectándose
impresión. Vivíamos en un pueblo pequeño, incomunicado y distante de la sobre la estufa de leña. Lo sentía detrás de mí... yo arrojaba al suelo lo que tenía
ciudad. Un pueblo casi muerto o a punto de desaparecer. en las manos y salía de la cocina corriendo y gritando como una loca. Él volvía
nuevamente a su cuarto, como si nada hubiera pasado.
No pude reprimir un grito de horror, cuando lo vi por primera vez. Era lúgubre,
siniestro. Con grandes ojos amarillentos, casi redondos y sin parpadeo, que Creo que ignoraba por completo a Guadalupe, nunca se acercaba a ella ni la
parecían penetrar a través de las cosas y de las personas. perseguía. No así a los niños y a mí. A ellos los odiaba y a mí me acechaba siempre.
Mi vida desdichada se convirtió en un infierno. La misma noche de su llegada Cuando salía de su cuarto comenzaba la más terrible pesadilla que alguien pueda
supliqué a mi marido que no me condenara a la tortura de su compañía. No podía vivir. Se situaba siempre en un pequeño cenador, enfrente de la puerta de mi
resistirlo; me inspiraba desconfianza y horror. “Es completamente inofensivo” — cuarto. Yo no salía más. Algunas veces, pensando que aún dormía, yo iba hacia la
dijo mi marido mirándome con marcada indiferencia. “Te acostumbrarás a su cocina por la merienda de los niños, de pronto lo descubría en algún oscuro
compañía y, si no lo consigues...” No hubo manera de convencerlo de que se lo rincón del corredor, bajo las enredaderas. “¡Allí está ya, Guadalupe!”, gritaba
llevara. Se quedó en nuestra casa. desesperada.
No fui la única en sufrir con su presencia. Todos los de la casa —mis niños, la
mujer que me ayudaba en los quehaceres, su hijito— sentíamos pavor de él. Sólo Guadalupe y yo nunca lo nombrábamos, nos parecía que al hacerlo cobraba
mi marido gozaba teniéndolo allí. realidad aquel ser tenebroso. Siempre decíamos: —allí está, ya salió, está
Desde el primer día mi marido le asignó el cuarto de la esquina. Era ésta una pieza durmiendo, él, él, él...
grande, pero húmeda y oscura. Por esos inconvenientes yo nunca la ocupaba. Sin
embargo él pareció sentirse contento con la habitación. Como era bastante Solamente hacía dos comidas, una cuando se levantaba al anochecer y otra, tal
oscura, se acomodaba a sus necesidades. Dormía hasta el oscurecer y nunca supe vez, en la madrugada antes de acostarse. Guadalupe era la encargada de llevarle
a qué hora se acostaba. la bandeja, puedo asegurar que la arrojaba dentro del cuarto pues la pobre mujer
Perdí la poca paz de que gozaba en la casona. Durante el día, todo marchaba con sufría el mismo terror que yo. Toda su alimentación se reducía a carne, no
aparente normalidad. Yo me levantaba siempre muy temprano, vestía a los niños probaba nada más.
que ya estaban despiertos, les daba el desayuno y los entretenía mientras
Guadalupe arreglaba la casa y salía a comprar el mandado. Cuando los niños se dormían, Guadalupe me llevaba la cena al cuarto. Yo no
podía dejarlos solos, sabiendo que se había levantado o estaba por hacerlo. Una
La casa era muy grande, con un jardín en el centro y los cuartos distribuidos a su vez terminadas sus tareas, Guadalupe se iba con su pequeño a dormir y yo me
alrededor. Entre las piezas y el jardín había corredores que protegían las quedaba sola, contemplando el sueño de mis hijos. Como la puerta de mi cuarto
habitaciones del rigor de las lluvias y del viento que eran frecuentes. Tener quedaba siempre abierta, no me atrevía a acostarme, temiendo que en cualquier
arreglada una casa tan grande y cuidado el jardín, mi diaria ocupación de la momento pudiera entrar y atacarnos. Y no era posible cerrarla; mi marido llegaba
mañana, era tarea dura. Pero yo amaba mi jardín. Los corredores estaban siempre tarde y al no encontrarla abierta habría pensado… Y llegaba bien tarde.
cubiertos por enredaderas que floreaban casi todo el año. Recuerdo cuánto me Que tenía mucho trabajo, dijo alguna vez. Pienso que otras cosas también lo
gustaba, por las tardes, sentarme en uno de aquellos corredores a coser la ropa entretenían...
de los niños, entre el perfume de las madreselvas y de las buganvilias.
Una noche estuve despierta hasta cerca de las dos de la mañana, oyéndolo —Esta situación no puede continuar —le dije un día a Guadalupe.
afuera... Cuando desperté, lo vi junto a mi cama, mirándome con su mirada fija, —Tendremos que hacer algo y pronto —me contestó.
penetrante... Salté de la cama y le arrojé la lámpara de gasolina que dejaba —¿Pero qué podemos hacer las dos solas?
encendida toda la noche. No había luz eléctrica en aquel pueblo y no hubiera —Solas, es verdad, pero con un odio...
soportado quedarme a oscuras, sabiendo que en cualquier momento... Él se libró
del golpe y salió de la pieza. La lámpara se estrelló en el piso de ladrillo y la Sus ojos tenían un brillo extraño. Sentí miedo y alegría.
gasolina se inflamó rápidamente. De no haber sido por Guadalupe que acudió a La oportunidad llegó cuando menos la esperábamos. Mi marido partió para la
mis gritos, habría ardido toda la casa. ciudad a arreglar unos negocios. Tardaría en regresar, según me dijo, unos veinte
días.
Mi marido no tenía tiempo para escucharme ni le importaba lo que sucediera en
la casa. Sólo hablábamos lo indispensable. Entre nosotros, desde hacía tiempo el No sé si él se enteró de que mi marido se había marchado, pero ese día despertó
afecto y las palabras se habían agotado. antes de lo acostumbrado y se situó frente a mi cuarto. Guadalupe y su niño dur-
mieron en mi cuarto y por primera vez pude cerrar la puerta.
Vuelvo a sentirme enferma cuando recuerdo... Guadalupe había salido a la
compra y dejó al pequeño Martín dormido en un cajón donde lo acostaba Guadalupe y yo pasamos casi toda la noche haciendo planes. Los niños dormían
durante el día. Fui a verlo varias veces, dormía tranquilo. Era cerca del mediodía. tranquilamente. De cuando en cuando oíamos que llegaba hasta la puerta del
Estaba peinando a mis niños cuando oí el llanto del pequeño mezclado con cuarto y la golpeaba con furia...
extraños gritos. Cuando llegué al cuarto lo encontré golpeando cruelmente al
niño. Aún no sabría explicar cómo le quité al pequeño y cómo me lancé contra él Al día siguiente dimos de desayunar a los tres niños y, para estar tranquilas y que
con una tranca que encontré a la mano, y lo ataqué con toda la furia contenida no nos estorbaran en nuestros planes, los encerramos en mi cuarto. Guadalupe
por tanto tiempo. No sé si llegué a causarle mucho daño, pues caí sin sentido. y yo teníamos muchas cosas por hacer y tanta prisa en realizarlas que no
Cuando Guadalupe volvió del mandado, me encontró desmayada y a su pequeño podíamos perder tiempo ni en comer.
lleno de golpes y de araños que sangraban. El dolor y el coraje que sintió fueron Guadalupe cortó varias tablas, grandes y resistentes, mientras yo buscaba
terribles. Afortunadamente el niño no murió y se recuperó pronto. martillo y clavos. Cuando todo estuvo listo, llegamos sin hacer ruido hasta el
cuarto de la esquina. Las hojas de la puerta estaban entornadas. Conteniendo la
Temí que Guadalupe se fuera y me dejara sola. Si no lo hizo, fue porque era una respiración, bajamos los pasadores, después cerramos la puerta con llave y
mujer noble y valiente que sentía gran afecto por los niños y por mí. Pero ese día comenzamos a clavar las tablas hasta clausurarla totalmente. Mientras
nació en ella un odio que clamaba venganza. trabajábamos, gruesas gotas de sudor nos corrían por la frente. No hizo entonces
ruido, parecía que estaba durmiendo profundamente. Cuando todo estuvo
Cuando conté lo que había pasado a mi marido, le exigí que se lo llevara, alegando terminado, Guadalupe y yo nos abrazamos llorando.
que podía matar a nuestros niños como trató de hacerlo con el pequeño Martín. Los días que siguieron fueron espantosos. Vivió muchos días sin aire, sin luz, sin
“Cada día estás más histérica, es realmente doloroso y deprimente contemplarte alimento... Al principio golpeaba la puerta, tirándose contra ella, gritaba deses-
así... te he explicado mil veces que es un ser inofensivo.” perado, arañaba... Ni Guadalupe ni yo podíamos comer ni dormir, ¡eran terribles
los gritos...! A veces pensábamos que mi marido regresaría antes de que hubiera
Pensé entonces en huir de aquella casa, de mi marido, de él... Pero no tenía muerto. ¡Si lo encontrara así...! Su resistencia fue mucha, creo que vivió cerca de
dinero y los medios de comunicación eran difíciles. Sin amigos ni parientes a dos semanas...
quienes recurrir, me sentía tan sola como un huérfano.
Un día ya no se oyó ningún ruido. Ni un lamento... Sin embargo, esperamos dos
Mis niños estaban atemorizados, ya no querían jugar en el jardín y no se días más, antes de abrir el cuarto.
separaban de mi lado. Cuando Guadalupe salía al mercado, me encerraba con Cuando mi marido regresó, lo recibimos con la noticia de su muerte repentina y
ellos en mi cuarto. desconcertante.