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Ensayo de Filosofia

La filosofía helenística es una corriente de pensamiento que surgió en la Antigua Grecia después de la muerte de Alejandro Magno, rompiendo con la tradición de Platón y Aristóteles y enfocándose más en la felicidad individual y la conducta práctica. Estuvo compuesta por diversas escuelas como el estoicismo, el epicureísmo y el escepticismo pirrónico.

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Ensayo de Filosofia

La filosofía helenística es una corriente de pensamiento que surgió en la Antigua Grecia después de la muerte de Alejandro Magno, rompiendo con la tradición de Platón y Aristóteles y enfocándose más en la felicidad individual y la conducta práctica. Estuvo compuesta por diversas escuelas como el estoicismo, el epicureísmo y el escepticismo pirrónico.

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¿Qué es la filosofía helenística?

La filosofía helenística es una corriente de pensamiento originada en la Antigua Grecia. Estuvo


compuesta por diversas escuelas filosóficas que rompieron con la tradición filosófica de Platón y
Aristóteles.

La filosofía helenística es una corriente de pensamiento que tuvo lugar en la Antigua Grecia. Su
periodo va desde la muerte de Alejandro Magno en el 323 a.C. hasta la invasión de Macedonia por
los romanos en el 148 a.C.

Durante dicha etapa, las ciudades griegas pierden su soberanía, por lo que Atenas deja de ser el
centro cultural, político y comercial del mediterráneo. De esta forma, las ciudades-Estado dan
paso a las monarquías helenísticas; se produce una situación de inestabilidad política y se
acentúan las diferencias entre las clases sociales.

Dadas estas circunstancias, surge una corriente de pensamiento marcada por una oposición al
liceo aristotélico y la academia platónica. Pues la mayoría de los filósofos de la época priorizaron la
conducta práctica, así como el bienestar individual y social sobre el estudio metafísico.

Características principales de la filosofía helenística

La filosofía helenística está compuesta por varias escuelas que, si bien no comparten los mismos
postulados, tienen rasgos comunes entre ellas. Es por ello que se cataloga como una corriente de
pensamiento definida. A continuación, sus características principales:

La filosofía helenística posee un mayor interés por la felicidad individual y la seguridad personal,
en lugar de buscar una verdad universal.
Esta corriente del pensamiento busca la seguridad, tomando como referencia las leyes inalterables
de la naturaleza y del cosmos. Para ello, se elabora una nueva física y una nueva ética de carácter
naturalista y cosmopolita.

El pensamiento científico se centra en saberes aplicados y especializados. Es decir, los filósofos del
periodo helenístico se interesan por resolver problemas concretos, más que por una comprensión
global del universo.

Aparece un nuevo tipo de filosofía basada en la acción: filosofía como terapia.

En la filosofía helenística cambia el concepto de hombre. Aristóteles lo concebía como un animal


cívico, ya que su realización estaba ligada a la autosuficiencia de la polis. Pero hundida la polis, el
hombre empezó a concebirse como un animal social, pues su realización ahora estaba en sí
mismo, en ser parte de la humanidad y de la naturaleza.
Como la metafísica pasó a segundo plano, el filósofo no solo es alguien que sabe, sino que también
sabe [Link] la caída del pensamiento abstracto, la filosofía empieza a dividirse en tres ramas
concretas: ética, física y lógica.

Escuelas de la filosofía helenística


Como ya dijimos, la filosofía helenística está caracterizada por el surgimiento de diferentes
escuelas en las que hay muchas influencias mutuas, pero también muchas polémicas. Veamos
algunas de ellas.

Cinismo

El cinismo fue una escuela filosófica que surgió durante el siglo IV a. C. en la antigua Grecia. Entre
otras cosas, defendía que la felicidad se encontraba en una vida simple y armónica con la
naturaleza. Para el cinismo, el ser humano lleva en sí mismo los elementos necesarios para ser
feliz. Por tanto, rechazan las riquezas y cualquier forma de preocupación material. El hombre con
menos necesidades era el más libre y el más feliz.
Sus principales pensadores son Antístenes, Diógenes de Sinope, Crates de Tebas, Hiparquía,
Menipo de Gadara y Demetrio el cínico.

Cinismo no prioriza el dinero.

El cinismo no prioriza las posesiones. Al contrario, postula que la felicidad está en la austeridad.

Escuela cirenaica

Fundada en el siglo V a.C., fue una corriente que se enfocó en cuestiones de ética. Para los
cirenaicos, el bien se identifica con el placer, aunque este debe entenderse como placer espiritual.

En cuanto a su teoría del conocimiento, los cirenaicos defendían que el mismo era subjetivista
(propio del individuo) y sensualista (obtenido a través de los sentidos).

Sus principales representantes son Aristipo, Ptolomeo de Etiopía, Antípatro de Cirene, Aristipo el
Joven, Teodoro el Ateo y Hegesias de Cirene.

Epicureísmo
El epicureísmo es una doctrina filosófica originada en el siglo IV a. C. en Grecia y Roma. Defendía
que la felicidad se obtenía mediante la satisfacción inteligente de los placeres. Entendiendo a la
felicidad como ausencia de dolor o de cualquier tipo de aflicción (como hambre, tensión sexual,
aburrimiento)

Los principales pensadores de este movimiento fueron Epicuro, Metrodoro de Lámpsaco,


Hermarco de Mitilene, Amafanio, Cacio, Zenón de Sidón, Filodemo de Gadara, Lucrecio, Adriano y
Diógenes de Oinoanda.

Estoicismo

El estoicismo fue una doctrina filosófica fundada en el 311 a.C. Afirmaba que toda la realidad
debía ser estudiada a partir de tres disciplinas:

Lógica. Física. Moral.

Sus principales exponentes son Zenón de Citio, Aristón de Quios, Cleantes, Crisipo de Soli, Zenón
de Tarso, Panecio de Rodas, Posidonio, Marco Tulio Cicerón, Epicteto, Séneca y Marco Aurelio.

Escepticismo pirrónico

El pirronismo o escuela escéptica fue fundada en el siglo III a.C. por Pirrón. Esta corriente tenía
como principio poner en duda todo aquello que pudiese ser considerado verdad.

Su objetivo era alcanzar la ataraxia (ser mentalmente imperturbable), que se logra mediante la
epojé (suspensión del juicio) sobre asuntos no evidentes (es decir, asuntos de creencia).

Sus principales pensadores fueron Pirrón, Timón el Silógrafo, Enesidemo y Sexto Empírico.

Neoplatonismo

El neoplatonismo se trató de una doctrina filosófica que buscaba aunar la filosofía de Platón con la
de Aristóteles, Pitágoras, Zenon de Citio y el misticismo oriental. Su pensamiento se extendió
hasta ya entrada la Edad Media y sus principales pensadores fueron Plotino, Porfirio, Jámblico e
Hipatía.

Platón inspiró el neoplatonismo de la filosofía helenística.

Los neoplatónicos intentaron congeniar las ideas de Aristóteles y de Platón.

La filosofía helenística en su contexto


Como pudimos comprobar, la filosofía helenística se originó como consecuencia de los cambios
políticos y culturales que tuvieron lugar en la antigua Grecia, después del fallecimiento de
Alejandro Magno. Además, esta corriente se caracteriza por romper con la tradición filosófica de
Platón y Aristóteles. De ahí a que sea considerada un movimiento de pensamiento con sus propias
características definitorias. Significado de Filosofía medieval: Qué es Filosofía medieval

La filosofía medieval es todo el conjunto de corrientes de pensamiento y tratados filosóficos que


se desarrollaron desde la caída del Imperio romano (530 d. de C.) hasta el Renacimiento (siglos XV
y XVI). La principal búsqueda de la filosofía medieval era la cohesión de las creencias heredadas de
la filosofía clásica con los dogmas del cristianismo, aunque también hubo aportes muy
importantes de las creencias judías e islámicas.

Temas de la filosofía medieval: Al intentar conciliar diferentes creencias religiosas con la filosofía,
resultó natural que se intentara buscar respuestas a interrogantes como la naturaleza de Dios, la
relación entre la fe y la razón, así como la compatibilidad entre el libre albedrío y la omnisciencia
de la divinidad, entre otros temas, como la causalidad y los límites del conocimiento. Sin embargo,
para la filosofía medieval, fue complejo conciliar temas como la encarnación o la naturaleza de la
trinidad, que son la base de la teología cristiana.

El problema de los universales: En la filosofía medieval, se heredó una visión aristotélica del
problema de los universales, al plantearse que los universales (lo abstracto, el mundo de las ideas)
existe, pero no separado de lo particular (lo concreto, las cosas, los individuos), lo que también fue
conocido como “realismo moderado”. Sin embargo, durante el período escolástico, la resolución
de este problema volvió a la palestra con el nominalismo, que planteaba que los universales
simplemente no existían.

Existencia de Dios: La mayor parte de la filosofía medieval estaba dedicada a demostrar la


existencia de Dios como un ser, entidad o verdad suprema. Para ello, se recurrió a textos sagrados,
a la lógica aristotélica y al argumento ontológico como principales métodos para hallar respuestas.

Lógica aristotélica: Siendo Aristóteles un defensor de la lógica como método para aproximarse a
las ciencias y a la filosofía, fue muy natural para los filósofos medievales plantear la lógica
aristotélica clásica como una vía legítima para responder a las inquietudes que la época planteaba.
Según este método, el aprendizaje de ciertos conjuntos de silogismos permitía conectar un sujeto
y un objeto de manera correcta, por tanto, sería una herramienta útil para generar conocimiento.

Características de la filosofía medieval: La filosofía medieval estuvo fuertemente marcada por


planteamientos de orden divino. La Biblia, entonces, se convirtió en la principal fuente de
respuestas a esas inquietudes. Sin embargo, los libros sagrados del Islam y el judaísmo también
jugaron un papel esencial en la interpretación de cuestiones religiosas. Más que la generación de
conocimiento nuevo, la filosofía medieval se encargó de rescatar, reinterpretar y aplicar
planteamientos filosóficos clásicos. El surgimiento del neoplatonismo, que plantea la existencia del
Uno o Dios sobre todas las cosas, y la introducción de la lógica aristotélica en las entonces
nacientes universidades, dan cuenta de ello.

Etapas de la filosofía medieval: Existen dos grandes períodos de la filosofía medieval, la patrística y
la escolástica.

Patrística: Corresponde a la etapa primaria en la que se articuló la filosofía con el dogma religioso,
principalmente cristiano. Uno de los más destacados representantes de este período fue San
Agustín, que desarrolló una corriente que hoy en día se conoce como neoplatonismo, y que puede
resumirse como la reinterpretación de la obra de Platón bajo la óptica cristiana.

Escolástica: En esta etapa, que abarca desde el siglo XI hasta el XVI, se intenta explicar la
revelación cristiana a través de la razón. Surge como consecuencia de la creación de las primeras
universidades y la necesidad de aplicar el método científico aristotélico para dar respuesta a
planteamientos religiosos o sobrenaturales.

Santo Tomás de Aquino fue uno de los principales exponentes de la etapa escolástica al introducir
la lógica aristotélica en el pensamiento cristiano.

Filosofía medieval y judaísmo: El judaísmo también se ocupó de responder cuestiones


fundamentales a la luz de la filosofía. En ese sentido, Maimónides se ocupó de integrar la lógica de
Aristóteles para demostrar que no existe tal cosa como una separación entre la fe y la razón, ya
que la fe tiene un origen divino y la razón se sustenta en el conocimiento humano, que a su vez
deriva de Dios.

Filosofía medieval e Islam: En el Islam, se utilizaron tanto el neoplatonismo como el pensamiento


de Aristóteles para dar respuesta a inquietudes propias de la religión. La llegada del pueblo árabe
y bereber a la península Ibérica contribuyó a enriquecer la filosofía medieval gracias a las
traducciones de sus obras al latín y hebreo. Al-Kindi y Averroes fueron algunos de los pensadores
esenciales de la filosofía islámica medieval.

Principales autores de filosofía medieval: Estos son algunos de los filósofos cuyos aportes
ayudaron a enriquecer el legado medieval.
Anselmo de Canterbury (1033-1109): Fue uno de los filósofos más alineados con el neoplatonismo.
Consideraba la filosofía como una rama auxiliar para entender la fe, más que un área del
conocimiento en sí misma. Y la fe era, por tanto, la única verdad posible y la razón estaba
subordinada a ella. Además, a Anselmo de Canterbury se le atribuye la creación del “argumento
ontológico”, que plantea la existencia de Dios como “aquel del que nada más grande puede ser
pensado”. Si Dios existe en el plano mental, también existe en la realidad.

Tomás de Aquino (1225-1274): Rompiendo con la tradición agustiniana (y muy característica de la


filosofía medieval en general) de imponer la fe sobre la razón, Tomás de Aquino consideraba que
fe y razón constituían dos campos de conocimiento diferentes. Sin embargo, deja lugar para un
espacio común en el que la fe y la razón se interrelacionan.

Guillermo de Ockham (1285-1349): Fue un paso más allá que sus predecesores, al defender no
solo la existencia de la filosofía y de la teología como dos áreas independientes, sino también al
desvincularlas. Para Guillermo de Ockham, la razón es una facultad del hombre, mientras que la fe
pertenece al campo de las revelaciones divinas, así que no solo están separadas, sino que son
opuestas.

Obras de la filosofía medieval: Estos son algunos de los textos más destacados de la filosofía
medieval, ya que intentaron responder las mayores interrogantes de este período, especialmente
las de orden religioso:

Proslogion (1078): Escrita por Anselmo de Canterbury, plantea la existencia de Dios a través del
argumento ontológico. Es un resumen del Monologion, su obra antecesora, en la cual intentó
demostrar la existencia de Dios a través de la razón.

La guía de los perplejos (1190): Fue escrita por Maimónides, quien argumenta que no existe tal
cosa como una división entre la fe y la razón, puesto que ambas provienen de la misma fuente:
Dios. Aunque fue escrita en árabe, sus traducciones permitieron que la obra se conociera
rápidamente en Europa, convirtiéndose en una influencia para filósofos como Tomás de Aquino.

Suma teológica (1274): Es una de las obras más importantes de la teología y fue una influencia en
el desarrollo de la filosofía medieval. Allí, Tomás de Aquino responde diversas cuestiones
agrupadas en categorías: Dios, el acto humano, virtudes teologales, encarnación de Cristo,
sacramentos. La obra contiene otras interrogantes que son respondidas por sus discípulos, ya que
el autor murió antes de terminar su obra.
La lógica

El argumento y la lógica

Desde el Orgunon de Aristoteles, podemos entender la nocion de argumento en términos de


razones: un argumento consiste en dar razones para sustentar una tesis como verdadera o como
falsa. Al hablar de oraciones que contienen argumentos, estamos hablando de un tipo muy
especial de oraciones: oraciones enunciativas que tienen un sujeto y un predicado y que se utilizan
para afirmar o negar el predicado del sujeto.
La disciplina denominada retorica se entiende como una actividad que busca convencer de la
verdad a una determinada audiencia, mientras que la logica busca probar la verdad o la falsedad
de algo, independientemente de la audiencia. La lógica se distingue de la retorica en que pretende
probar una verdad universal que no dependa de los sujetos, en tanto que la retórica puede
convencer a un publico acerca de la verdad de algo que no esta probado como verdadero.

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos identificar dos elementos principales que constituyen un
argumento:

© Un enunciado que quiere ser probado, denominado conclusión

© Varios enunciados que sirven de sustento de lo que quiere ser probado,llamados premisas.

De esta manera, un argumento es un conjunto de premisas que sirven para sustentar una
conclusión. Esto nos lleva a un tercer elemento, importante en el análisis de un argumento: no
estamos hablando de premisas y conclusion como elementos independientes, sino de dos cosas
relacionadas en virtud de algo que llamamos inferencia. La nocion de inferencia expresa que entre
las premisas y la conclusion se da una relación lógica y, dependiendo de la naturaleza de tal
relación, tendremos diferentes tipos de argumentos.

Tipos de argumentos

Los tipos de argumentos no se diferencian en virtud del tipo de premisas o conclusión


involucradas, sino en la manera como tales elementos se relacionan entre si. Un mismo conjunto
de premisas y conclusion puede llevar a un argumento incorrecto si se toma Como un Cierto tipo
de argumento, pero a uno correcto si se considera como un argumento de otro tipo. En este
sentido, parece mas correcto hablar de tipos de evaluación de argumentos que de tipos de
argumentos propiamente dichos.
Argumentos deductivos

Un argumento es deductivamente correcto cuando la relación entre las premisas y la conclusión es


necesaria: si las premisas son verdaderas, es imposible que la conclusion sea falsa. En otras
palabras, un argumento es deductivamente correcto cuando en todas las situaciones posibles en
las que las premisas sean verdaderas, la conclusion también lo será.

Ahora bien, para que la conclusión sea verdadera, necesitamos poder asegurar que las premisas
también lo son. Los argumentos deductivos nos muestran que la verdad de ciertas cosas está
necesariamente conectada con la verdad de otras y que, por lo tanto, no se puede pretender
aceptar la verdad de unas sin comprobar la verdad de otras. Veamos un ejemplo:

Premisa 1: Colombia es un país europeo Premisa 2 : Todos los Países europeos tienen el euro
como su moneda.

Conclusión: Colombia tiene el euro como su moneda

¿Este es un argumento deductivamente correcto? Sí, aun cuando las premisas son falsas, puesto
que Colombia no es un país europeo y hay paises europeos, como Inglaterra, que no tienen el euro
como moneda. Sin embargo, el argumento es deductivamente correcto porque, aceptando que las
dos premisas fueran verdaderas, la conclusión debería serlo también. Los argumentos deductivos
no pueden demostrar la verdad de una conclusión pero sí pueden mostrar la relación de
dependencia de verdad que existe entre las premisas y la conclusión.

Argumentos inductivos

Premisa 1: Carlos Arango es un congresista colombiano.

Premisa 2: Los congresistas en Colombia son representantes a la Cámara o al Senado.

Conclusión: Carlos Arango es un senador colombiano.

Es claro que el anterior argumento no puede validarse deductivamente, pues hay una posibilidad
de que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa: si Carlos Arango fuera representante a
la Cámara. Sin embargo, tampoco puede negarse que existe alguna clase de relación entre las
premisas y la conclusión. Un argumento inductivo es aquel en que la relación entre las premisas y
la conclusión no es necesaria, sino probable. Aunque este tipo de argumentos no puede garantizar
la verdad de una conclusión, esta adquiere un cierto grado de probabilidad en su verdad cuando
las premisas son verdaderas.

La lógica suele dedicarse a estudiar los argumentos deductivos, dejando los inductivos a disciplinas
más cercanas a los estudios de probabilidad.

Argumentos inductivos

Durante un largo periodo de tiempo, se consideró que los argumentos se dividían entre deductivos
e inductivos, dado que parecía que con las nociones de necesidad y probabilidad se agotaban
todas las opciones en las que las premisas podían ofrecer sustento para la conclusión. No
obstante, parece haber una tercera posibilidad, cuyo reconocimiento y fuerza se deben
principalmente a la obra de Charles Peirce (1839-1914). Si en el ejemplo del argumento deductivo
se pone la conclusión como premisa 2 y la premisa 2 como conclusión, la conclusión no solo se
hace probable en virtud de las premisas establecidas, sino que se presenta como una buena
explicación de la verdad de las premisas. Este tipo de relación es fundamental para el desarrollo
actual de la ciencia.

Falacias argumentativas

En términos generales, falacia es sinónimo de argumento incorrecto, Dado que existen diferentes
tipos de argumentos, sería necesario un análisis particular de cada uno de ellos para descubrir en
qué condiciones serían incorrectos. Como dijimos anteriormente, la lógica se centra en un análisis
de los argumentos deductivos, por lo que nos concentraremos en las falacias que atañen a ese
tipo de argumentos. Una falacia es un argumento en el que las premisas no son suficientes para
garantizar la verdad de la conclusión. Para adentrarnos en el tema, vamos a utilizar la división
usual que se realiza entre falacias de relevancia (atinencia)

y falacias de ambigiiedad.

Falacias de relevancia

Las falacias de relevancia son aquellas en que las premisas no son relevantes para garantizar la
verdad de la conclusión; es decir, no se establecen unas verdaderas relaciones lógicas entre
premisas y conclusión.

Falacia por ignorancia (ad ignorantiam)

Este tipo de falacia se da cuando se intenta sustentar la verdad de una conclusión simplemente en
el hecho de que no se ha probado que sea falsa, o viceversa. Por ejemplo, intentar probar que los
fantasmas existen sobre la base de que no se ha probado que no existan.
Falacia de autoridad (ad verecundiam)

En algunas ocasiones es útil, y a veces necesario, apelar a una cierta autoridad en el tema en
cuestión. Por ejemplo, en una discusión sobre biología parece adecuado apelar, para mostrar la
verdad o la falsedad de una idea, a las opiniones o las tesis de Darwin. Sin embargo, sería
lógicamente incorrecto citar a una autoridad en un tema para zanjar una discusión sobre otro
tema.

Falacia contra el hombre (ad hominen)

Esta falacia se da cuando se intenta mostrar la verdad o la falsedad de una conclusión apelando a
las cualidades de la persona que la propone y no a las premisas que se dan a su favor. Este tipo de
falacia ocurre mucho en la política, donde se busca defender o desestimar las propuestas en virtud
de la opinión personal que se tiene de su defensor.

Falacia por causa falsa (non causa pro causa)

Una manera muy común de argumentar es intentar mostrar la verdad o la falsedad de una tesis en
virtud de la verdad o la falsedad de sus consecuencias. Sin embargo, es necesario tener cuidado de
que lo que se establece como consecuencia tenga en efecto una conexión lógica con la tesis que se
quiere probar. Por ejemplo, intentar prohibir conciertos argumentando que siempre que se llevan
a cabo llueve, no sería lógicamente correcto puesto que si bien puede ser cierto, no se demuestra
qué la lluvia sea una consecuencia del concierto.

Falacia por acusación popular (ex populo)

Basándose en conocimientos populares y consensos generales, esta falacia busca defender un


determinado punto de vista alegando que todo el mundo lo apoya. Un ejemplo de este tipo de
falacia es el siguiente: Acabo de ver un gato negra. Todo el mundo afirma que los gatos negros
traen mala suerte; por lo tanto, tendré mala suerte. Estos u1gumentos son falacias porque el
hecho de que muchas personas crean en algo, no quiere decir que sea cierto,

Falacias de ambigüedad

Muchas veces un argumento se considera falaz porque contiene palabras cuyo significado cambia
distintas veces en el argumento, haciendo que la conclusión no pueda justificarse mediante las
premisas.

Falacia por equívoco

Esta falacia ocurre cuando una palabra que tiene varios significados se toma teniendo un
significado en una de sus ocurrencias y, luego, teniendo otro significado en otra. Por ejemplo, si
tenemos como premisas que el doctor (como profesión) sabe mucho de medicina y que Pablo
Camacho es doctor (como sinónimo de doctorado), no podemos concluir que Pablo Camacho sabe
mucho de medicina porque el término doctor está utilizado con dos acepciones distintas.
Falacia por énfasis

Muchas veces hacer énfasis en una palabra cambia el significado de una oración. Por ejemplo, si
tomamos como premisa: no deberíamos hablar mal de nuestros amigos, el significado va a ser
diferente si se toma como una frase neutra o si se hace énfasis en las palabras nuestros amigos.

Falacia por división

Algunas veces se comete el error de suponer que las partes de una totalidad tienen las
propiedades de la totalidad misma. Un ejemplo de falacia de división sería argumentar que, dado
que el agua es transparente, sus moléculas también serían transparentes.

¿Cómo evitar las falacias argumentativas?


La lógica es una disciplina que ha desarrollado métodos, tanto formales como informales, para
detectar falacias argumentativas. Adelante vamos a tratar de identificar algunos puntos
importantes que nos permitan reconocer falacias desde una concepción informal de la lógica.

Debemos recordar que el elemento más importante para que una argumentación deductiva sea
lógica es que las premisas tengan una relación de necesidad con respecto a la conclusión. Si
siempre nos preguntamos qué tan necesarias son las premisas con respecto a la conclusión,
podremos detectar fácilmente las falacias argumentativas.

El conocimiento

Autores como Platón y Aristóteles realizaron una diferenciación entre las nociones griegas de
epistéme y techné. Epistéme era entendido como conocimiento, mientras que techné, como
técnica o habilidad práctica. Tal distinción se puede equiparar con la diferenciación
contemporánea entre saber qué (conocimiento) y saber cómo (técnica).

Tradicionalmente, la filosofía se ha centrado en la noción de saber qué, es decir, en proposiciones.


Dado que suponemos que nuestros conocimientos son algo que están en nuestra mente y que
tienen como función influir en nuestras acciones (por ejemplo, si yo sé que hoy va a llover, esa
proposición va a influir en mi mente, de tal manera que yo saque una sombrilla), la visión
tradicional del conocimiento ha causado que la mente se entienda como un dispositivo que
almacena proposiciones y que la acción se explique apelando a ciertos poderes que tienen las
proposiciones sobre nuestra voluntad. Para tratar de extraer los rasgos que caracterizan al
conocimiento, en lo que sigue vamos a centrarnos en la noción tradicional de conocimiento como
saber qué.
Comúnmente, el conocimiento se define como una creencia verdadera y justificada. Para entender
esta definición, es necesario explicar cada uno de sus elementos:

Decir que el conocimiento es una creencia recoge la noción de que el conocimiento es algo que
tenemos en tanto sujetos, que está presente en nuestra mente y que puede tener un rol en
nuestra concepción dej mundo y también en nuestras acciones.

Afirmar que el conocimiento es verdadero recoge la concepción bási. ca de que el conocimiento


es, en últimas, la búsqueda de las propo. siciones verdaderas que describen el mundo. Tendemos
a decir que nuestra relación con proposiciones como 2 + 2 = 5 puede llegar a ser, en el mejor de
los casos, la de algo que creemos falsamente pero en ningún caso diríamos que es algo que
podemos llegar a conocer.

verdadera de la que tenemos justificación intenta recoger la idea de que un conocimiento es algo
logrado que no nos viene dado por arte de magia o sin que sepamos por qué, sino que podemos
dar razón de todos sus aspectos.

Para algunos filósofos, como Edmund Gettier (1927), tal definición es incompleta. Un caso muy
interesante para pensar es el de las ilusiones verídicas: supongamos que el sujeto S está bajo el
efecto de una droga alucinógena e, inconsciente de su estado, cree que hay un árbol de manzanas
frente a él. Ahora bien, por una coincidencia, supongamos que en efecto hay un árbol de
manzanas frente a S, De este modo, la proposición hay un árbol de manzanas frente a mi podría
considerarse, con relación a S, una creencia, en tanto él la tiene, verdadera, puesto que es verdad
que hay tal árbol de manzanas, y justificada, porque él cree tal cosa en virtud de algo que está
experimentando. Empero, aunque cumpla con los parámetros que vimos anteriormente,
¿podemos realmente considerar tal caso como conocimiento?

Resulta particularmente problemático para el objetivismo cuando las condiciones de un sujeto


hacen que la experiencia de un mismo fenómeno sirva para justificar juicios diferentes. Por
ejemplo, si dos sujetos comen una porción del mismo plato, habiendo comido previamente uno de
ellos algo muy salado y el otro algo muy dulce, entonces van a tener juicios diferentes acerca del
sabor del plato que comparten. El problema siempre estará en que, por más que se asimilen las
condiciones de la experiencia, las experiencias de dos sujetos siempre serán diferentes y, si de las
experiencias depende la justificación de un juicio, no puede asegurarse que siempre se estén
justificando los mismos juicios, Por lo tanto, no se puede garantizar un único conocimiento.

El debate resulta interesante porque ambas tesis se antojan necesarias: no podemos rechazar el
objetivismo puesto que eso implicaría abandonar toda nuestra concepción científica del mundo.
Más aún, rechazar el objetivismo implicaría renunciar a la posibilidad de tener una concepción
unificada del mundo, lo cual es necesario también para explicar la comunicación. Sin embargo,
tampoco podemos rechazar la tesis del subjetivismo pues, al hacerlo, estaríamos negando la idea
de que la experiencia, que es subjetiva por definición, juega algún rol en la justificación de
nuestros juicios. Por lo tanto, es necesario encontrar una manera satisfactoria de refutar alguna de
las tesis o descubrir una forma de hacerlas compatibles.

¿Es posible el conocimiento?

En términos generales, el escepticismo afirma que no es posible justificar ningún tipo de


conocimiento. Por ende, no hay una posición general en filosofía que pueda llamarse escepticismo
sino que existen posiciones escépticas diferentes, relacionadas con los distintos tipos de
conocimiento que se acepten. Por ejemplo, si se admite la teoría de Hume acerca de la existencia
de dos clases de conocimiento, a saber, las relaciones de ideas y las cuestiones de hecho, serían
entonces posibles dos tipos de escepticismo, cada una atacando la posibilidad de realizar
satisfactoriamente los procesos de justificación adecuados para cada tipo de conocimiento.

Es importante evaluar los tipos de argumentos que justifican las posturas escépticas. Pueden
considerarse los argumentos de tipo pirrónico, que intentan postular premisas en las que se
establezca que un cierto tipo de justificación es variable, por ejemplo, varía entre sujetos, varía
entre especies, varía desde ciertas posiciones teóricas. Con base en eso, concluyen que ese tipo de
justificación es insatisfactorio y, por ende, que los conocimientos que buscan lograrse con ese tipo
de justificación no son realmente conocimientos, dado que no estarian justificados.

Si uno considera que los conocimientos acerca del mundo natural se justifican en la experiencia,
un escéptico del conocimiento podría proponer unas premisas que muestren que la experiencia es
variable, por ejemplo, que seres más grandes o más pequeños que los humanos van a tener
experiencias diferentes (la experiencia que tiene una hormiga de un terrón de azúcar es muy
diferente a la nuestra) para concluir que los conocimientos sobre el mundo natural no son posibles

Es importante aclarar que, de la manera en la que lo hemos descrito, un escéptico se diferencia de


un relativista en tanto el primero considera que el conocimiento no es posible, mientras que el
segundo argumenta que el conocimiento objetivo no puede articularse pero sí se pueden dar
distintos tipos de conocimiento.

Hay otros argumentos escépticos de tipo cartesiano. Descartes (15961650) poseía una fe ciega en
cuanto a la posibilidad del conocimiento, relacionada con ciertas concepciones metafísicas acerca
del mundo. Por esto, él queria revisar la totalidad de las proposiciones que generan el
conocimiento para evaluar si podemos tomarlas realmente como tal. Dado que es imposible
separarlas una por una para hacer esa evaluación, Descartes ideó una forma de agruparlas a todas.
Como todas nuestras creencias tienen como origen común a los sentidos, la evaluación de si los
sentidos pueden o no justificar satisfactoriamente un conocimiento va a permitir obtener
conclusiones acerca de la naturaleza de todas nuestras creencias.

El argumento escéptico cartesiano supone que, si podemos descartar a los sentidos como una
fuente fiable de conocimiento, tendríamos razones para pensar que no podemos confiar en los
conocimientos que provienen de ellos. Para construir un argumento correcto de ese estilo, es
necesario suponer una premisa que afirme que, si es posible la duda acerca de algo, ya no se
puede tomar como conocimiento. Aceptada una segunda premisa que afirme que podemos dudar
de que los sentidos sirven para justificar nuestras creencias, podemos concluir que no podemos
considerarlas como conocimiento.

La segunda premisa es obtenida por Descartes a través del siguiente razonamiento: supongamos
que estamos en las mejores condiciones para tener una experiencia, por ejemplo, en un lugar que
cuenta con perfectas condiciones de iluminación y nos encontramos en una situación física y
psicológica insuperable. En tales condiciones, tenemos una experiencia que se puede describir
satisfactoriamente como hay un florero en mi mano derecha. La postura de Descartes apunta a
que, aun en tales condiciones, podemos dudar de que la experiencia pueda justificar la
proposición de hay un florero en mi mano derecha. La experiencia no necesariamente es causada
por el hecho de que haya un florero en mi mano derecha: la experiencia podría ser una ilusión.

Las experiencias ilusorias en sí mismas no son diferentes de las experiencias verídicas. Por lo tanto,
el tener una experiencia deja la duda acerca de si está relacionada con un estado del mundo o si es
mero producto de una ilusión. De esta manera, podemos dudar del rol de los sentidos como
justificadores de nuestros conocimientos.

El argumento pirrónico supone que, si una justificación no es absolutamente universal, es


insatisfactoria. El argumento cartesiano afirma que, si hay cualquier tipo de duda sobre un proceso
de justificación, este debe descartarse. Sin embargo, aunque el escepticismo tiene argumentos
sólidos para pensar que es imposible obtener conocimientos fiables, entregarnos a una posición
escéptica del mundo sería problemático porque caeríamos en una completa vaguedad e
incertidumbre. De la misma manera, si aceptamos la postura escéptica, ¿cómo podríamos
considerar nuestras experiencias sin relegarlas todas a la ilusión?

La verdad

Verdad y conocimiento
El objetivo del conocimiento es obtener resultados verdaderos. Ahora bien, resulta problemático
determinar si se puede estar seguro de que algo es verdadero, cuál es el criterio que se utiliza para
decir que algo es verdadero y qué es la verdad. Vamos, a continuación, a examinar las diferentes
respuestas que se han dado a estas preguntas en diferentes etapas de la historia del pensamiento.

A partir de Descartes (1596-1650), hemos de diferenciar lo más claramente posible entre la verdad
o falsedad de nuestro conocimiento, por una parte; y, por otra, la seguridad que nosotros
podamos tener acerca de la verdad conocida. Del conocimiento podemos decir que es verdadero o
falso. De nuestra seguridad respecto a su veracidad se pueden indicar los siguientes estados:
ignorancia, estado de la mente en el que se admite el desconocimiento sobre un determinado
asunto; duda, estado en el que no se puede afirmar o negar la verdad de un juicio porque las
razones que están a favor y las que están en contra tienen una fuerza similar; y certeza subjetiva,
estado en el que la mente afirma la verdad de un juicio sin admitir ninguna posibilidad de
equivocación.

El problema consiste en poder afirmar la verdad de nuestros enunciados y, a la vez, nuestra


certeza sobre esa verdad. Esta situación conduce a la búsqueda de criterios que sirvan para
establecer la verdad de nuestro conocimiento.

Teorías de la verdad

Por teorías de la verdad entendemos los diversos intentos producidos, lo largo de la historia para
definir, explicar y comprender qué es la ver. dad. Existe una relación estrecha entre las teorías de
la verdad, entendi das de esta manera, y los criterios de verdad mencionados antes porque cada
teoría de la verdad se apoya preferentemente en uno de estos crite rios y lo desarrolla al máximo.
Vamos a ver las teorías de la verdad má, significativas en el pensamiento filosófico.

La verdad como correspondencia O adecuación

Esta teoría nos proporciona la estructura básica de la verdad que las demás teorías también
mantienen. La formulación clásica la proporcionó Aristóteles: “Decir de lo que es que no es, o de lo
que no es que es, eso es falso; decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es verdadero”
(Metafisica, YV, 7). La verdad se entiende como una relación especial de ajuste entre un objeto y
lo que el sujeto dice de él, a la que se denomin correspondencia o adecuación. Este es el concepto
espontáneo de la ver dad: la concordancia entre lo que se dice de algo y lo que ese algo es.

Esta correspondencia no puede ser material porque los objetos X entran en nosotros al ser
conocidos, sino que es una corresponden formal, dado que se establece entre la representación
que nos hacen del objeto y el objeto mismo. Por lo tanto, algo será verdadero cuando
representación de un obieto coincida

Esta correspondencia no puede ser material porque los objetos ny entran en nosotros al ser
conocidos, sino que es una correspondencia formal, dado que se establece entre la representación
que nos hacemo, del objeto y el objeto mismo. Por lo tanto, algo será verdadero cuando la
representación de un objeto coincida con lo que el objeto realmente es

Tomás de Aquino (1224-1274) situaba esta correspondencia forma] entre el objeto y nuestra
representación de él (el concepto), y lo expresa. ba así: “Verdad es adecuación entre el
entendimiento y la cosa”.

Ludwig Wittgenstein (1889-1951) lo hace entre los hechos y la estructu. ra lingúística formal que
los representa (la proposición): “Nosotros nos hacemos figuras de los hechos. Para conocer si la
figura es verdadera o falsa debemos compararla con la realidad. La proposición es una figura de la
realidad”.

Sin embargo, la teoría de la correspondencia se torna problemática cuando formulamos algunas


de las siguientes cuestiones: ¿cómo puede saberse lo que algo es con independencia de nuestro
decir? ¿Es posible salir de nuestro lenguaje para comprobar la conexión entre el pensamiento y la
realidad desde una posición objetiva?

La verdad como coherencia

Esta teoría fue formulada por Friedrich Hegel (1770-1831) por primers vez y más tarde se ha
expuesto en diferentes versiones. Todas coinciden en utilizar como criterio de verdad la
coherencia de la proposición, cuy3 verdad depende de su posible o imposible incorporación al
conjunto de proposiciones que tenemos ya por verdaderas: cualquier nuevo conoc+ miento, ya
sea en ciencia o en la vida cotidiana, ha de efectuarse desde sistema de conocimientos que ya
poseíamos, y lo consideraremos verda dero si podemos integrarlo en él.

Es decir, para nosotros es posible aceptar algo como verdadero sí podemos ubicarlo dentro de las
cosas que ya tenemos por verdaderas,

Se trata, por tanto, de un criterio contextual, en virtud del cual nada es verdadero o falso
aisladamente, sino que cada uno de nuestros conocímientos está esencialmente referido y
conectado con el resto del sistema del saber en el que se integra. Solo asi cobra sentido y valor de
verdad, pues, como dice Hegel, “lo verdadero es el todo”.
Por otra parte, Hegel defenderá que la verdad se alcanza históricamente: el todo que expresa la
verdad del saber es histórico y solo al final de la historia se muestra en toda su magnitud y sentido.

Teoría pragmatista de la verdad

El pragmatismo acepta la teoría de la adecuación pero la interpreta tomando en consideración la


utilidad de los enunciados para resolver los problemas vitales. William James (1842-1910), uno de
los más destacados representantes de esta teoría, entiende adecuación en el mismo sentido en
que decimos esta moto es adecuada para hacer motocrós, es decir, en el sentido de que sirve para
un determinado fin, funciona de modo conveniente en un cierto contexto o es útil para un
propósito. Por tanto, entiende la adecuación como adaptación: un enunciado es

verdadero si es apto para resolver problemas o para satisfacer necesidades.

Ahora bien, la verdad referida a la práctica es siempre provisional porque lo que es útil, es decir, lo
que es verdadero, en un momento determinado, deja de serlo en otro. Se trata, por tanto, de una
concepción dinámica de la verdad, porque esta no es una propiedad adquirida de una vez por
todas, sino consecuencia de un proceso: una idea se verifica, se hace verdadera, si la acción
muestra su utilidad o su eficacia.

Utilidad significa, por un lado, operatividad en la resolución de problemas. En este sentido, verdad
se aproxima a éxito en la acción. Por otro, utilidad significa también consecuencias beneficiosas,
de suerte que la retribución que aportan las ideas verdaderas es la única razón para seguirlas. En
este sentido, verdad se acerca a gratificación.

Teoría consensual de la verdad

Esta teoría, defendida por Charles Pierce (1839-1914) y Júrgen Habermas (1929), entre otros,
destaca la necesidad del diálogo como marco para ir descubriendo cooperativamente la verdad de
las proposiciones.

En realidad, cuando decimos que algo es verdadero estamos dando a entender que creemos tener
razones suficientes para convencer a otros interlocutores de la verdad de la proposición, siempre
que podamos dialogar libremente sobre ello, sin pretensiones externas a la búsqueda misma de la
verdad.

Por eso, las personas que tienen afán de verdad están dispuestas a dialogar con otras, sin
coacciones, sin trampas, para comprobar si pueden llegar a suscitar la adhesión de los demás
interlocutores, si pueden generar un consenso en torno a lo que tienen por verdadero.

LA REALIDAD

La realidad se basa en el estudio del mundo o universo desde diferentes perspectivas. Se


menciona que la mayoría de las disciplinas científicas estudian el mundo desde una perspectiva
parcial, enfocándose en aspectos específicos, como la biología que se centra en los seres vivos. Sin
embargo, la cosmología y la cosmogonía se presentan como enfoques que buscan comprender el
universo en su totalidad.

HISTORIA DE LA REALIDAD

Desde sus orígenes hasta la metafísica de Zubiri. La voz "realitas" fue introducida al parecer por D.
Escoto en el vocabulario escolástico. De ella deriva el sustantivo abstracto realidad con significado
de existencia. Empezó a utilizarse a finales de siglo XV, pero no logró arraigar hasta mediados del
siglo XIX. En el siglo XX se generalizó su uso en la literatura y la filosofía españolas. La importancia
del tema se advierte con sólo pensar que la filosofía de Zubiri, centrada en la palabra realidad, no
hubiera sido posible cuando esta palabra no existía o cuando no tenía arraigo suficiente en nuestra
lengua. En conclusión, toda filosofía es histórica, y la historicidad afecta no sólo a los conceptos,
sino también a las palabras que los expresan

COSMOGONÍA Y COSMOLOGÍA

La cosmología y la cosmogonía se basan en el estudio del mundo o universo concebido como una
totalidad, buscando un punto de vista que cubre todos los aspectos del universo, es decir, la
totalidad de las cosas que existen . Se menciona que la mayoría de las disciplinas científicas
estudian el mundo desde una perspectiva parcial, enfocándose en aspectos específicos.

COSMOLOGÍA MÍTICA

La cosmología mítica se basa en los mitos cosmogónicos, que son narraciones que ofrecen
información sobre el origen del universo. Estos mitos narran historias protagonizadas por
personajes fantásticos, a menudo antropomorfos, que desempeñan un papel en la creación del
universo

COSMOLOGÍA FILOSÓFICA
La cosmología filosófica se basa en el debate sobre qué constituye una explicación adecuada del
origen del universo. Se presentan modelos de explicación en entidades y leyes, así como en
transformaciones de estados. Se destaca el concepto de arché propuesto por los filósofos
presocráticos como punto de partida para explicar la existencia, aunque se señala que hay
similitudes entre estas cosmologías filosóficas y las cosmogonías míticas.

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