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Devocionario Eucarístico: Guía Espiritual

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1

DEVOCIONARIO
EUCARISTICO

2
Con licencia del Concilio Vaticano II:
«Los laicos, como todos los fieles...'tienen la facultad, e
incluso a veces el deber, de expresar su opinión acerca de
lo que mira al bien de la Iglesia». (L. G. n.º 37)

1.a Edición - Noviembre 1993


Pedidos a «Mensajeros de la Vida»
Aptdo. 580
39080 Santander

Imprime:
Demetrio del Campo
Teléfono 54 13 17
Guarnizo (Cantabria)

D. Legal: SA-495-1993
I.S.B.N.: 84-604-7188-8

3
INDICE
Pág.

C APITULO I
EL ABANDONO EUCARISTICO CAUSA DE LA
DECADENCIA DE ESTA GENERACION ................ 6
C APITULO II
EL GRAN MISTERIO............................................................. 14
C APITULO III
OTRAS CONSIDERACIONES.............................................. 26
C APITULO IV
LA PREPARACION................................................................ 43
C APITULO V
LA ACCION DE GRACIAS................................................... 51
C APITULO VI
LA COMUNION ESPIRITUAL............................................. 77
C APITULO Vil
LA VISITA AL SANTISIMO................................................. 83
C APITULO VIII
LA EXPOSICION DEL SANTISIMO................................... 91
C APITULO IX
LETANIA DE REPARACION............................................... 97
C APITULO X
LETANIA DE LA PRECIOSISIMA SANGRE ……… 103
C APITUL O XI
VIACRUCIS EUCARISTICO DE S. PEDRO JULIAN
EYMARD…………………………………………… 107

4
Pág.

C APITUL O XII
A LA EUCARISTIA POR MARIA...................................... 123
C APITUL O XIII
INVOCACIONES PARA UN ROSARIO
EUCARISTICO…………………………………………. 135
C APITUL O XIV
EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA ............................ 139
C APITUL O XV
OTRAS DEVOCIONES Y MOVIMIENTOS
EUCARISTICOS................................................................ 157
C ANTOS EUC ARISTIC OS
SEÑOR, GRANO DE TRIGO SOY..................................... 187
PANGE LINGUA - TANTUM ERGO Y GENITURI. ....... 188
ADORATE DEVOTE............................................................ 189
AVE VERUM ......................................................................... 190
UBI CARITAS........................................................................ 191
CERCA DE TI SEÑOR ......................................................... 192
VEANTE MIS OJOS ............................................................. 193
PESCADOR DE HOMBRES................................................ 194
¡OH BUEN JESUS!................................................................ 195
BENDITO, BENDITO - HOSTIA PURA, HOSTIA
SANTA ................................................................................ 196
ALABADO SEA EL SANTISIMO...................................... 197
TE ADORO SAGRADA HOSTIA - SEA POR
SIEMPRE............................................................................ 198
ALABAD AL SEÑOR - DIOS DE MI VIDA……….. 199
CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES ……… 200

5
INTRODUCCION

Dios ha permitido a la ciencia y la técnica hu-


manas realizar complejos aparatos al servicio de la
Medicina, con los que restablecer la salud corporal
de los individuos. Pero un aparato, con ser el más
perfecto y sofisticado, sería ineficaz si no fuera
acompañado del librito de instrucciones para su
manejo.

Igual ocurre en la Vida Espiritual. La Fuente de


la Salud, la Sagrada Eucaristía, puede dejar
hambrientos y sedientos, y con el alma enferma, a
quienes no se acerquen a Ella con las debidas dis-
posiciones, bien por desconocimiento del Gran
Misterio o por negligencia. Por eso, antes de ofrecer
algunas oraciones y prácticas piadosas, haremos
una serie de consideraciones que nos ayuden a
conocer mejor el Misterio Eucarístico.

Quiera la Stma. Virgen, Madre de la Euca-


ristía, bendecir esta obrita, y completar lo que
nuestra torpeza de instrumentos no haya permitido
expresar.

6
Capítulo I

EL ABANDONO EUCARISTICO CAUSA DE


LA DECADENCIA DE ESTA GENERACION

-a- «Era la Luz verdadera que, viniendo a este


Mundo, ilumina a todo hombre... Pero el Mundo no
Le conoció. Vino a los suyos, pero los suyos no Le
recibieron.» (Jn 1,9-11)

Lamentablemente, los episodios cristianos -desde


Belén hasta el Domingo de Pascua- se repiten cada
día: Jesús nace en los Altares y se llenan los
Templos de Luz; pero pasan por delante -ciegos,
sordos, insensibles y fríos- los ciudadanos. Desde el
silencio y el abandono de los Templos, Jesús llama
a las puertas de los corazones, de las familias, de las
organizaciones humanas; para todos los casos
dispone del mejor remedio, de la ayuda más eficaz.
Pero no quieren «sintonizar» con las «ondas
sonoras» del Corazón de Cristo». Y al Hijo de Dios
Le cierran las puertas de las asambleas humanas o
7
es expulsado de los corazones de los hombres que
El vino a salvar con Su Sangre; y sus Leyes -que
hablan del Amor- son pisoteadas.

Para quienes llevado s de un optimismo en-


fermizo, no saben distinguir el amanecer del ocaso
en esta generación, la frialdad cortante de los datos
estadísticos del último tercio de este siglo, podría
hacerles despertar: la decadencia espiritual es
alarmante-, el mundo se está convirtiendo en un
gigantesco desierto espiritual, plagado de alimañas:

-b- «Dos pecados ha cometido mi Pueblo: me


ha abandonado a Mí, que soy Fuente de Agua Viva,
y se ha ido a excavar cisternas, cisternas rotas, que
no pueden retener las aguas». (Jer 2,13)

El vacío que deja la ausencia de Dios, pretende


ser rellenado con vanas promesas de «Nuevo
Orden» y «Nueva Era», por aquellos que ataron con
clavos al Mesías y lo elevaron en la Cruz. Pero el
Crucificado tiene la boca y el Corazón abiertos,
para enseñar al que quiera conocer la Verdad, para
dar Vida a los que aman la Verdad, para orientar al
que mira a lo alto buscando la Verdad... Hoy grita
desde la mística Cruz que se eleva sobre el tiempo,
como ayer a Su Padre: «Hijos míos, ¿Por qué Me
habéis abandonado?».

Sí, Cristo es abandonado, marginado, deste-


rrado por esta generación. Se le expulsa del corazón

8
humano que -esclerosado por el materialismo, no
deja pasar ya las transfusiones de Sangre Divina. Se
le destierra de las Leyes, pues los hombres se han
ensoberbecido hasta el punto de pensar que Cristo
nada puede enseñarles, y no Le reconocen sus
Derechos de Creador y Salvador. El, que vino a
«establecer el Derecho en la Tierra... para Luz de
las gentes» (Is 42,4-6). El que «es Nuestra Paz» (Ef
2,14). Por eso es lógico y justo y necesario que la
Gracia, la Verdad, el Amor y la Paz huyan de las
sociedades humanas. Como dijo Donoso Cortés:

«Dando por fenecido el Imperio de la Fe, y


proclamada la independencia de la razón y de la
voluntad del hombre, el mal, que era relativo,
excepcional y contingente, se torna en absoluto,
universal y necesario».(1)
Es, en el fondo, lo que nos advierte la Palabra
de Dios: «Si Dios no edifica la casa, en vano
trabajan los que la construyen; si no guarda Dios
la ciudad, en vano vigilan los centinelas» (Sal
127,1).

Se Le margina hasta dentro de su propio Templo,


pues se Le arrincona para que no moleste a los
nuevos ídolos del Turismo, del cadáver cultural de
un Humanismo sin Dios,... Sí, el Arte Litúrgico se
prostituye cuando sirve a los ídolos citados.

1) Cartillas Política Donostiarra , Religión y Autoridad.

9
-c- «En medio de vosotros hay Uno a quien no
conocéis». (Jn. 1, 26)

Es lo que decía S. Juan Bautista a sus con-


temporáneos, y que podrían repetir todas aquellas
Almas enamoradas del Sagrario. Al Jesús que nos
vela el Rostro en la Eucaristía, Le desconocen las
nuevas generaciones pues crecen en un ambiente
corrompido por sus mayores, y en el que cualquier
aspiración sobrenatural es ahogada por los medios
de diversión de una mentalidad hedonista.

Le desconocen -y es lo más doloroso- muchos


de los que se acercan a recibirle en el Santísimo
Sacramento. Como entonces, junto al brocal del
pozo de Jacob, nos vuelve a decir hoy Jesús: «Si
conocieras el Don de Dios...» (Jn 4,10). Porque es
en nosotros en quienes debiera cumplirse la Pro-
fecía de Cristo a la Samaritana: «El Agua que Yo le
dé (producirá) en él una Fuente que salte hasta la
Vida Eterna». (Jn 4,14)

Pero muchos católicos se acercan a la Sgda.


Eucaristía, y luego sus obras no demuestran estar
fecundadas por esa Agua Viva. Y los que debié-
ramos ser Luz, Fuego de Pentecostés, Agua Viva,
Fermento, Sal... somos sólo cerillas y no cirios o
antorchas, pues quemamos lo mejor de nuestra cera
en egoísmos encubiertos, de los que no que-remos
desprender a nuestro ciego corazón. Y por nuestra
falta de Luz o por esconderla «bajo el celemín» se

10
extravían los hermanos que pasan a nuestro lado,
enfermos, hambrientos y sedientos de Dios, en
busca -quizás sin saberlo- de ese Agua, de ese Pan,
de ese Médico que da la Vida Eterna.

-d- «Quien Me coma vivirá por Mí». (Jn 6,57)

Son Palabras del mismo Cristo. Si Le


recibimos bien en la Sgda. Comunión, en nuestra
vida ha de transparentarse el Evangelio. Como San
Pablo, tendremos que llegar a sentir algún día: «No
vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal
2,20). Pues «Quien dice que permanece en El, debe
andar como El anduvo» (Jn 2,6).

Y si Cristo es la solución vital para el


individuo, lo es también para las sociedades que
este conforma. En el Antiguo Testamento se nos ad-
vertía: «Si Dios no edifica la casa, en vano trabajan
los que la construyen». Al llegar la plenitud de los
tiempos, estas Palabras se concretan más: «El Pan
de Dios es el que bajó del Cielo y da la Vida al
Mundo.(Jn 6, 33) «Yo soy la Luz del Mundo». (Jn
8,12) «Todo el que cree en Mí, no permanece en
tinieblas». (Jn 12,46). «Si no coméis la Carne del
Hijo del Hombre y no bebéis su Sangre, no
tendréis Vida en vosotros» (Jn 6,56).

Pero no recibimos este Pan con el mismo es-


píritu que el Cielo nos lo envía; la Semilla de la
Vida cae en tierra árida y no da el fruto que debiera.

11
Es imposible que miles de Misas y Comunio-
nes diarias, si fueran bien recibidas, no sean Fer-
mento suficiente y eficaz para dar la Vida a este
Mundo agonizante. Un puñado de Apóstoles, ali-
mentados con la Sgda. Eucaristía el primer Jueves
Santo, llevaron la Fe hasta los confines de la Tierra.

Han pasado los siglos. Se han multiplicado los


«apóstoles,» pero no la Luz en esa proporción.
¿Qué ocurre hoy? Se han multiplicado los
«teólogos» , los «maestros» las conferencias, las
asambleas.... pero no los fieles en el sentido
Evangélico. Numerosos intentos de reinterpretar el
Evangelio, de cambiar el «vestido» de la Iglesia, de
modernizar su Liturgia (de origen divino). Sus
frutos revelan que los métodos no estaban centrados
en Dios, pues no se toman «racimos de los
espinos».(Mt 7,16)

Como muestra, recordemos que, en los últimos


25 años, decenas de miles de almas consagradas
que se habían desposado con Cristo para ser Faros
de Luz, se han divorciado del Hijo de Dios, a fin de
emparentarse con el Mundo, en contra de la
exhortación del Apóstol: «No os acomodéis al
mundo presente» (Rom 12,2). Al mismo tiempo,
montañas de libros y revistas de dudoso carácter
teológico-pastoral, inundaron las bibliotecas para
desfigurar u ocultar la Verdad, escondiendo la Luz
del Evangelio.

12
-e- Se cumple lo predicho por S. Pablo:
«Vendrá un tiempo en que no soportarán la sana
Doctrina; antes, deseosos de novedades, se
amontonarán maestros conforme a sus pasiones, y
apartarán los oídos de la Verdad para volverlos a las
fábulas». 2Tim 4,3-5)

Por eso es urgente revisar la Liturgia y la


Pastoral Eucarísticas, con una actitud humilde y
sencilla (propia del anonadamiento Eucarístico), y a
la Luz de la Sgda. Escritura y la Tradición, para no
desviarse. «Es necesario dar marcha atrás -decía
Pablo VI- para apoyarse en la Roca Viva de la
Tradición». «Mantened las Tradiciones recibidas»
(IITes 2,15) decía S. Pablo, Y en otro lugar:
«Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
No os dejéis llevar por doctrinas varias y extrañas».
(Heb 13, 8-9)

Es urgente, pues, descubrir qué y/o quién está


cegando los canales de la Fuente de la Vida.

En otras publicaciones hemos denunciado


algunos errores litúrgicos. Ahora queremos señalar
el desconocimiento de la grandeza de este
Sacramento, y la falta de una adecuada Catequesis
de Preparación y Acción de Gracias, para asimilar
el Cuerpo y la Sangre del Señor de la forma más
provechosa para las almas y para la Sociedad.

Bien es cierto que, a veces no es culpa del no

13
saber, sino que una voluntad débil y enferma, nos
impide ser más generosos y comprometidos con
Aquel que en el Santísimo Sacramento se nos
entrega por entero. Y si no nos damos prisa en
acudir a la que es «Salud de los enfermos» para que
nos enseñe a tomar el «Pan de la Vida», se cumplirá
en nosotros lo de que «se acaba pensando como se
vive, al no vivir según se piensa».

14
Capítulo II

EL GRAN MISTERIO

1 - DIOS ES AMOR (Un 4,8)

La Sgda. Eucaristía es ante todo, un Don


Inestimable del Amor infinito del Padre Dios. Es
para nosotros un MISTERIO DE AMOR, pues no
alcanza nuestra mente a comprender tanto Amor. La
Sgda. Eucaristía

* Es Dios que nos llama...porque nos ama.

* Es Dios que nos espera...porque nos ama.

* Es Dios que se nos entrega... porque nos


ama.

* Es el Amor divino que quiere sembrarse en


nuestras almas aunque haya prendido en ellas el
egoísmo, la ingratitud,...

15
* Es Dios que multiplica su presencia, porque
me ama y quiere encontrarse personalmente, a
solas, conmigo.
* Es Dios Hijo que me une consigo para ha-
cerme también a mí, hijo del Padre.

2- LA SAGRADA EUCARISTIA ES UN
MISTERIO DE FE

La Sagrada Escritura exige de nosotros una


total confianza en Dios que nos dice: «Esto es Mi
Cuerpo» , «Esta es Mi Sangre».

Y es justo y necesario que sea un Misterio de


Fe. Si no tenemos Fe en Dios ni confiamos en Su
Palabra, es que no le amamos. Sin Amor a Dios, no
podemos unirnos a Él, que es Amor. Y si no
estamos insertados en El como los sarmientos en la
vid, no podremos gozar de la Vida Eterna.

3- LA SAGRADA EUCARISTIA ES UN MIS-


TERIO DE ESPERANZA: «El que come Mi
Carne y bebe Mi Sangre, tiene la Vida Eterna y Yo
le resucitaré en el último día». (Jn 6,54)

Nunca la imaginación humana hubiera llegado


tan lejos en busca de Felicidad, ni tan altos hubieran
sido los anhelos de nuestro corazón. Al Comulgar
recibimos la «Prenda de nuestra futura Gloria y

16
perpetua felicidad».(1) Es decir, si comulgamos
bien, por recibir el Cuerpo de Cristo Resucitado,
resucitaremos con El.

4- MISTERIO DE HUMILDAD.

- Sólo el Amor infinito es capaz de realizar una


humillación infinita. En la Eucaristía:

* El Dios Creador desciende hasta su criatura para


divinizarla.
* El Rey invita a comer a su vasallo, para servirle
e incluso lavarle los pies.
* El Todopoderoso quiere llenar de Fortaleza, a
quienes son todo fragilidad.
* El Santísimo se ofrece como Alimento a los
pecadores, que luchan para vencer al Maligno.
* El Maestro quiere hermanar consigo a sus
discípulos.

Y nosotros, que sin Dios nada valemos y nos


atrevemos a Comulgar, ¿Miraremos por encima del
hombro a nuestros hermanos? ¿Acaso no reciben
ellos el mismo Alimento Real, el mismo Pan de
Ángeles? ¿Con qué sentimientos nos acercaremos a
la Sagrada Comunión, para ser recibidos por el Dios
Altísimo? ¿Estaremos en su Santo Templo con el

2) Concilio de Trento, s.13

17
porte del fariseo? (Luc 18,11) ¡Cuánta Teología
enseñan siempre los publicanos de corazón sencillo!

5- MISTERIO DE SALVACION. La Sagrada


Eucaristía es:
* El Camino seguro para el extraviado.
* El Buen Pastor que recoge a la oveja perdida, y
la- pone sobre sus hombros para llevarla al Redil
del Padre.
* El Redentor que carga con la Cruz de nuestros
pecados, para que podamos gozar de la Libertad de
los hijos de Dios.
* La Verdad que ilumina a los que viven en las
tinieblas de la ignorancia, de la duda o de la
mentira.
* «El Médico y la Medicina».(2)
* El Agua Viva que se derrama sobre sobre la
tierra árida y sedienta de nuestros corazones, para
saciarlos y que sean fértiles en buenas obras, en
frutos de eternidad.
*El Pan Vivo que baja del Cielo, para que no
muramos en las pruebas del desierto de esta vida.

2) Poema del Hombre Dios, María Valltorta, c. 173, del tercer año
de Vida Pública.

18
6- MISTERIO DE UNIDAD. Leemos en S. Pablo:
«Porque el Pan es uno, somos muchos un sólo
Cuerpo, pues todos participamos de ese Único
Pan». (I Rom 10,17)

Este sencillo ejemplo está lleno de Luz:

Varias personas pueden tomar el mismo tipo de


alimento; pero cada una toma el suyo, para
provecho propio, distinto al de los demás. No son
las mismas las semillas de un plato, que las que
tiene el del comensal de al lado aun cuando sean del
mismo tipo. Sin embargo, al recibir la Sagrada
Comunión, todos nos alimentamos de la misma y
única Semilla de eternidad.

Los que nos acercamos a la Mesa del Señor, no


recibimos cada uno distintos Cuerpos de Cristo. Él
es Único. Por tanto, en El quedamos unidos y
vivificados. Si después de Comulgar, no arden
nuestras entrañas en deseos de extender la Fe y de
ayudar a nuestros hermanos, es que no hemos
comulgado bien.

La Misión de la Iglesia es conseguir esa Uni-


dad en Cristo, que es en el fondo, Unión con La
Stma. Trinidad. Es el cumplimiento del Testamento
de Cristo en la Ultima Cena: « Que todos sean Uno,
como Tú, Padre, estás en Mí y Yo en Ti, para que
también ellos sean en nosotros y el Mundo crea que
Tú Me has enviado» .(Jn 17,21) Y para que esta

19
Unidad sea posible, acto seguido, instituye la
Sagrada Eucaristía.

¡Qué reflexión tan importante se desprende!:


«Cuando así estamos unidos a Él, y del todo nos
entregamos a Él por la Fe que en El tenemos, Él
nos eleva hasta el Santo de los Santos. Allí nos es
dado unirnos a esos actos de Adoración intensa que
la Humanidad de Cristo tributa a la Trinidad
beatísima. Tan unidos estamos a Cristo en ese
instante, que podemos hacer nuestros los actos de
su Santa Humanidad, y tributar al Padre, en unión
del Espíritu Santo, los homenajes que más puedan
agradarle. Cristo mismo es entonces nuestra
Acción de Gracias: nuestra Eucaristía. Él es, nunca
lo olvidemos, Quien suple todas nuestras flaquezas,
todas nuestras deficiencias, todas nuestras
miserias». (3)

«Al pensarlo, el Júbilo debería invadir el


pecho cristiano... Pero debemos postramos, porque
la Adoración es deber primario y sentimiento
religioso por excelencia.» (4)

Esta grandeza a la que nos encumbra la partici-

3) Don Marmion, Jesucristo, Vida del Alma. (Ed. 1936, pags. 348-
349). Recogido por el P. Marcelino Llamera en La Acción de
Gracias Eucarística.
4) E.S. Gibert, Un solo Señor , 2 p., III (Ed. Balmes, 1974, pg.
190).

20
pación en nosotros un primer fruto de Humildad:
somos como inapreciable gota ante el Océano,
como la nada ante el Todo. Si algo somos, lo somos
por Gracia de Dios. Hermanadas entonces con el
júbilo, tendrán que brotar profundas y humildes, la
Alabanza y la Acción de Gracias.

Y como Dios es Amor, en la medida que co-


mulguemos bien, aumentará nuestra Unión en la
Caridad. Y sin necesidad de grandes campañas
ecuménicas, se extenderá la Fe y el Mundo se hará
Católico. He aquí nuestra Sagrada Misión
individual: Comulgar con Perfección para Amar
con perfección. Entonces la Nave de la Unidad
vendrá por sí sola, impulsada por el Viento del
Espíritu Santo.

Así lo entendían los Primeros Cristianos:


«Tenían un Corazón y un Alma sola; y ninguno
tenía por propia cosa alguna, antes todo lo tenían
en común».(Hech. 4,32) Y se cumplía lo que veni-
mos comentando pues «crecían más y más los cre-
yentes, en gran muchedumbre de hombres y muje-
res. (Hech. 5,15)

Todo ello era posible porque entendían que la


Sgda. Eucaristía exige la Unión entre los hermanos:
«Como este pan partido estaba antes disperso por
los montes, y recogido se ha hecho uno, así se
recoja tu Iglesia desde los confines de la Tierra en

21
Tu Reino» (5). Y en términos semejantes se
expresan los Santos Padres. Por eso el Concilio de
Trento nos enseña, recordando a S. Agustín, que la
Sagrada Eucaristía es «Signo de Unidad» y
«Vínculo de Caridad» (6).
Si todos los que comulgamos el Cuerpo y la
Sangre del Señor quedamos unidos a Él y
participamos de su Obra de Salvación, también en
El estaremos hermanados y unidos con cualquier
miembro de la Iglesia, de cualquier raza o color.
Unidos en la Fe y en la Oración; unidos en la
alegría, y en el sacrificio y el dolor; unidos en la
ayuda espiritual y moral,... y en la económica.
Como almas que al Comulgar se desposan con el
Corazón de Cristo, que también late en nuestros
hermanos: «Cuantas veces hicisteis eso a uno de
estos mis hermanos menores, a Mí me lo hicisteis»
.(Mt 25,40)
Habremos de hacernos un lavado cerebral y de
corazón, profundos, en la Fuente Eucarística.
Estamos demasiado convencidos de que «lo mío es
mío» de forma absoluta. Pero la Gran Verdad es que
Yo soy de Dios, con todo lo que llamo «mío» ; que
sólo soy Administrador de lo que poseo, y que un
día habré de dar cuentas al Dueño y Señor de todo
(Deut 8,17). Pero también es cierto que Dios no

5) Didaché, c.9.
6) C. de Trento, ses. XIII, c.8.

22
quiere violentar, bien es cierto que Dios no quiere
violentar mi libertad para que yo sea generoso. Él
nos ha dado Ejemplo en Cristo, y nos ofrece su
Ayuda para transformar nuestro corazón en entrañas
de Misericordia, y que sepamos cambiar «lo mío»
por la ayuda a los hermanos.

Algunos se acercan a la Sgda. Eucaristía y llevan


Vida de Oración, pero no abren sus corazones a las
necesidades de la Iglesia. En cuanto la Caridad
llama a sus bolsillos, se ponen tristes como aquel
joven del Evangelio. (Mt 19,21) (7)

7- MISTERIO DE PERFECCION Y SANTIDAD.

Como sabemos, los Sacramentos son Fuentes


de la Gracia y, por lo tanto, medios de
Santificación. Sin embargo, el más excelente de
todos es el de la Sagrada Eucaristía pues en El «está
el Autor mismo de la Santidad»(8).

Hay un Mandamiento en la Sagrada Escritura,


que cada vez está más olvidado en nuestros días:
«Anda en Mi presencia y sé perfecto» (Gen 17,1) dice
Dios a Abraham. «Sed Santos, porque Santo soy Yo,
Yavé, vuestro Dios». (Lev 19,3) Cristo renueva este
Mandamiento: «Sed, pues, perfectos, como Perfecto

7) Ver nuestra publicación, Bienaventurados los pobres de espíritu


.8) C. de Trento, ses. XIII, c.3.

23
es vuestro Padre Celestial» (Mt 5,48). Y San Pablo
nos lo recuerda: «la Voluntad de Dios es vuestra
Santificación» (I Tes 4,3). De hecho, se llamaban
«santos» los miembros de las primeras
comunidades cristianas (Rom 1,7). Tan claro lo
entienden los Santos Padres que San Jerónimo
exclama: «No querer ser Perfecto es un delito». (9)
Somos hijos de Dios, y el deseo de Perfección
ha de estar vivo en nosotros como un Rasgo de
nuestro Padre. No podemos conformarnos con
intentar ser «buenos» o creer que ya lo somos bas-
tante. Cristo no nos pide imposibles. Si nos propone
una Meta muy alta, nos va a dar el Medio apropiado
para conseguirla: La Sagrada Eucaristía es el
Sacramento de Santidad por excelencia. Lo
llamamos «El Santísimo», porque Dios lo es y
porque se encuentra ahí para Santificar a los que le
reciban con Amor.
¿Por qué, entonces, la Iglesia Santa no aparece
hoy iluminando a todas las naciones? Porque los
que nos llamamos Católicos comulgamos mal el
Cuerpo de Cristo. Lo hacemos sin el deseo de
Perfección y Santidad que Dios nos pide. Nos
conformamos con ser mediocres, con esa tibieza
que da «náuseas» al mismo Dios (Apoc 3,16). Los
hay que se acercan a la Mesa del Señor faltos de la
pureza necesaria (pues muchos van perdiendo el
9) S. Jerónimo, Carta 14,7.

24
sentido del pecado y comulgan sin confesar) y del
respeto litúrgico que nunca puede olvidarse en el
trato con la Divinidad. Y el Mundo sigue en
tinieblas, y se pierde la Fe, y se enfría la Caridad,
pues como dice S. Juan de Ávila: «Una de las cau-
sas por las que vienen al Mundo tantos males es
por Comulgar mal». (10)

Como exclamaba el Obispo del Sagrario


abandonado: “En el orden práctico de la Gloria de
Dios y de la vida de las almas, el mal de todos los
males es el abandono del Sagrario; y el bien, causa
y principio de todos los bienes, es la Compañía del
Sagrario».
Pensemos entonces que -aunque nos parezca
que no podemos hacer grandes obras de Aposto-
lado- si comulgamos bien, el aumento de Gracia
Santificante en nuestras almas ayudará también a la
Santificación de otras, en cualquier lugar; aun
cuando estemos tras las rejas del Claustro, o en el
lecho de la enfermedad; aun cuando nunca veamos
ese Fruto en esta vida.

10) S. Juan de Ávila, Escritos Menores , 5.

25
26
Capítulo III

OTRAS CONSIDERACIONES

1- La Sagrada Eucaristía es el Sacramento en


que, bajo las apariencias de pan y vino, se encuentra
verdadera, real y sustancialmente N. S. Jesucristo,
en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad: Perfecto
Dios y Perfecto Hombre. El mismo que nació de la
Virgen María, murió en la Cruz por nosotros,
resucito y está sentado a la Derecha de Dios.

Como dice M. M. Philipon: «El Cristo


Eucarístico se identifica con el Cristo de la Historia
de la Eternidad. No hay dos Cristos, sino uno sólo.
Nosotros poseemos en la Hostia, al Cristo de todos
los Misterios de la Redención: al Cristo de la Mag-
dalena, del Hijo Pródigo y de la Samaritana, al
Cristo del Tabor y de Getsemaní, al Cristo Resuci-
tado de entre los muertos, sentado a la diestra del
Padre,... Esta Maravillosa Presencia de Cristo en
medio de nosotros, debería revolucionar nuestra
vida... Está aquí con nosotros: en cada ciudad, en
cada pueblo,...» (1)

27
2- En la Sagrada Eucaristía se encuentra, pues,
el Cuerpo de Cristo Resucitado, espiritualizado, no
sometido a leyes materiales (gravedad, forma,
volumen...). Es el mismo Cuerpo que se aparece a
María Magdalena y le dic e: «No Me toques» (Jn
20,17); el mismo que atraviesa las paredes del
Cenáculo para llevar la Paz a los discípulos.
3- El Sacramento de la Eucaristía se realiza en
la Santa Misa. En la Consagración se produce el
cambio de toda la sustancia de pan y de vino en el
Cuerpo y la Sangre del Señor. Esta conversión -
Gran Milagro- se llama Transustanciación, y se
produce en virtud de la Palabra Todopoderosa y
Creadora de Cristo. El mismo es Quien consagra a
través de las palabras del Sacerdote: «Esto es Mi
Cuerpo»-, «Esta es Mi Sangre».

En esos momentos, el Sacerdote presta a Cristo


su voz, sus manos, su voluntad, su persona.
Podemos decir que el Sacerdote, en la Consagra-
ción, actúa en la Persona de Cristo; es «Otro Cris-
to». A partir de entonces, en el Altar, del pan y del
vino sólo quedan los accidentes o apariencias
(color, forma, olor y sabor,...)

1) Los Sacramentos en la Vida Cristiana, p. 116.

28
4- Necesitábamos que Cristo se quedara con
nosotros: «Sin Mí, nada podéis hacer” (Jn 15,5)
nos había dicho. Había preparado a sus discípulos:
días antes había multiplicado los panes, les había
hablado del Verdadero Pan del Cielo, había
caminado sobre las aguas... Él podía hacerlo:
quedarse no sólo con un pequeño grupo, sino con
todos y cada uno de sus hijos, en cualquier tiempo y
lugar. Es más, «lo deseaba ardientemente» (Luc
22,15), porque nos amó más que a su Vida. Viendo,
pues, que era conveniente, que podía y lo deseaba,
lo hizo; mejor dicho: lo hace cada día en el Santo
Sacrificio de la Misa.

Contemplando este Misterio del Amor Todo-


poderoso de Dios, exclamaba el Hno. Ginés, F.S.C.:
«Pero, ¿Es posible, Señor, que entre los bau-
tizados haya hombres tan torpes y necios, que no
sean capaces de comprender las generosidades de
tu Corazón, y se nieguen a recibirte? Cuando hay
almas que morirían de tristeza si no pudieran Co-
mulgar cada día, haya otras que ignorando u olvi-
dando la existencia de este Riquísimo Tesoro, atra-
viesan el camino de la vida como si no se hubiesen
enterado que el Dios que les creó y redimió, está
aquí en la Eucaristía, DESEANDO DARSE PARA
ENRIQUECERLOS con toda clase de bienes,... (2)

2) Hno. Ginés F.S.C., La Eucaristía, Debemos amar como Él nos


ama.

29
5- Con Jesús en la Sgda. Eucaristía, recibimos
a la Santísima Trinidad. Él lo ha dicho: «Si alguno
Me ama, guardará mi Palabra y mi Padre le
amará, y vendremos a Él, y estableceremos nuestra
Morada en él» (Jn 14,23).
¡Qué fácil debiera resultar, para un Alma
Eucarística, recogerse en cualquier tiempo o lugar!
A pesar del ruido, del cansancio, de la enfermedad;
sin necesidad de añorar Santuarios que de momento
no pueda visitar. Basta» echar una mirada, no hacia
afuera sino adentro de uno mismo, en el interior de
nuestro pecho, donde tenemos una Capilla viviente,
un Sagrario en el que habita espiritualmente nuestro
Dios. No es necesario pues, que le hablemos a
gritos; basta el leve susurro de nuestro corazón,
para consultarle todo, para mantener viva la
Presencia de Dios a lo largo del día.
6- «Cristo revive en el Comulgante su Vida
paciente, conformándole consigo, reproduciendo en
él su Vida de Redentor. Pero el Comulgante ha de
abrir su voluntad y su vida a la Gracia Eucarística.
Ha de asumir con plena aquiescencia
(conformidad) su sentido concrucificativo, sumando
su humanidad a la de Cristo para la prolongación y
complementación de su Obra Redentora» .(3)

3) P. Marcelino Llamera, O.P., La Acción de Gracias Eu-cartica ,


III, 2,2.

30
Es decir, después de comulgar hemos de salir
del Templo decididos a ser cireneos de Jesús; sin
mirar atrás; sin condiciones.
7- Aunque no es Dogma de Fe, está cada vez
más extendida la convicción de que la Stma. Vir-
gen se encuentra presente, de forma espiritual,
en la Sagda. Eucaristía. Este aspecto lo
desarrollamos en el capítulo XII.
Debemos, por tanto, acercamos a Jesús por
medio de María.
8- El Santísimo se encuentra en cada una de
las Partículas que se obtienen al dividir la Sagrada
Forma. Es Doctrina de los Santos Padres y de los
Concilios de la Iglesia.
Sta. Catalina de Siena -Doctora de la Iglesia-
nos pone un bonito ejemplo. «Supongamos que se
partiese la Hostia. Aunque fuera posible hacer de
Ella millares de Pedacitos, en cada Uno está todo
Dios y todo Hombre. A la manera del espejo, que se
divide y se parte, sin que por eso se parta la imagen
que en el espejo se representa». (4)
Por este motivo, la Sgda. Liturgia prescribe el
uso de la «Patena para la Comunión de los fie-
les».(5) Y se advierte: «Tanto el Ministro como el

4) Sta. Catalina de Siena, Diálogos P. III, c.1,1


5) Cfr. Misal Romano, n 127.

31
fiel, pongan sumo cuidado y atención a las
Partículas que puedan desprenderse de la Sagrada
Forma». (6)
Debemos, pues, escoger la manera de Comulgar que
mejor nos permita tener ese «cuidado» con el
Santísimo. Y si nos animamos, debemos ofrecer
nuestra colaboración al Sacerdote para sostener
nosotros la Patena-Bandeja, si no hay quien ayude en
el Altar. (7)

9- La Sagrada Eucaristía es un Sacramento de


Vivos; esto es, hay que recibirla en Gracia. Por ello,
quien tenga conciencia de pecado grave, ha de
acudir primero al Sacramento de la Penitencia Los
pecados han de decirse individualmente al
confesor. Incluso en la Celebración Comunitaria de
la Penitencia, este acto es imprescindible. Y aun
cuando no haya pecados graves, es conveniente
confesar con frecuencia; pues cada vez que se hace,
el Alma se purifica, aumenta la Gracia, y con Ella
las disposiciones para sacar un mayor fruto de la
Sagrada Comunión.

[Recordamos que las 5 partes del Sacramento de la Penitencia son:


Examen de conciencia, dolor de corazón «que se puede obtener
rezando bien el Señor mío Jesucristo», propósito de la enmienda o
deseo de no volver a pecar, decir los pecados al Confesor, y
cumplir la Penitencia.]

6) Instrucción Inmensae Caritatis , 4.


7) Ver nuestra publicación: Hay que poner la Bandeja al
administrar la Sgda. Eucaristía , cuarta edición española.

32
10- «Ninguno come esta Carne sin haberla
antes adorado... de modo que no pecamos adorán-
dola, antes al contrario, pecamos si no la adora-
mos.(8) Por eso la instrucción «Eucharisticum
Mysterium» dice: «Cuando los fieles comulgan de
rodillas, no se exige de ellos otro signo de reveren-
cia para con el Santísimo Sacramento, porque la
misma genuflexión expresa Adoración. Pero
cuando se comulga de pie, se recomienda enca-
recidamente... hagan una reverencia debida antes
de la recepción del Sacramento». (9)

Esto significa dos cosas para nosotros: Que


debemos hacer un Acto de Adoración al Santísimo
en el momento de Comulgar; y por otra parte, que
La Comunión de Rodillas no está prohibida (10),
antes bien, se ajusta a la Palabra de Dios en la
Sagrada Escritura, cuando el Señor nos dice por
boca del Profeta Isaías: «Ante Mí toda rodilla se
doble» (Is 45, 23). Es lo que nos han enseñado los
Santos, e incluso los Ángeles. Recordemos por ej.
al Santo Cura de Ars, a S. Pío X,... al Ángel de
Portugal enseñando a los Pastorcillos de Fátima.

11- Hay que guardar ayuno al menos durante


una hora antes de Comulgar. El agua no rompe el
8) S. Agustín, In Ps. 98.9 . Citado por Pablo VI en Mysterium
Fidei , 56.
9) Eucharistium Mysterium , 34, b. Aprobada por Pablo VI y
atada por Juan Pablo II en Inestimabile Donum , Intr.
10) Ver nuestra publicación De rodillas , Tercera edición

33
ayuno; ni tampoco los medicamentos que hayan de
tomarse a una hora fija. La prohibición afecta también
a las bebidas alcohólicas.

El Ayuno Eucarístico es también un acto li-


túrgico. Su fundamento está ya en la misma Biblia:
«Para que sepáis distinguir entre lo Sagrado y lo
profano, lo Puro y lo impuro». (Lev 10,10)

Efectivamente, es ya el comienzo de la pre-


paración al Encuentro Eucarístico, con unas dis-
posiciones de obediencia, humildad, vigilancia y
respeto, que son en definitiva una muestra de Amor a
Jesús Sacramentado, y que nos permitirá recibir
mayor Gracia en el momento de la Comunión.

12. Cuando comulgamos, se reproducen de algún


modo en nuestra Alma los Misterios de la Encamación
y del Nacimiento de Jesús en Belén. Por eso, hemos
de renovar diariamente nuestra Fe, y Comulgar
siempre con la misma ilusión que si fuera el día de
nuestra Primera Comunión.
13- Al Comulgar somos, más que nunca, Templos
de Dios, Sagrarios de la Sagrada Eucaristía, Piedras
Vivas del Edificio de la Iglesia. Esto no debemos
olvidarlo y, además, ha de notarse en nuestro
ambiente.
14- Comulga por rutina el que lo hace porque

que desea imitar a algunos fíeles, pero no tiene de-


seos de perfección. Comulga por rutina el que desea
34
convencerse de que no es malo pero, en el fondo,
desea seguir haciendo su propia voluntad. Comulga
por rutina quien no prepara su Alma con la debida
limpieza, ni le importa cometer pecados veniales, y
tarda en acercarse al Sacramento de la Penitencia.
Comulga por rutina el que, ante el anonadamiento
eucarístico de Cristo, Le recibe con tan
malentendida confianza que lo recibe sin el debido
respeto y humildad, olvidándose que está
recibiendo a su Dios.

Quienes esto hacen, se perjudican a sí mismo,


a la Iglesia y al Mundo, como ya hemos comentado.
Y es que «nuestra irreflexión y nuestra rutina
desvirtúan hasta... la eficacia de la Eucaristía.

15- Comulgamos para Adorar al Hijo de


Dios con todo nuestro corazón, para Amarle con el
mismo Amor que Él pone en nuestros corazones,
para ponernos completamente en sus manos,
desprendidos de nosotros mismos y que El reine y
dirija nuestra vida. Comulgamos para alabarle
desde lo más íntimo de nuestra alma, y darle gra-
cias: por su Cruz -y por la nuestra- por el Sacra-
mento, por tantas cosas, por tanto amor.

Comulgamos para pedirle a Jesús por aquellos


a quienes amamos; para conseguir de El la Ayuda

11) P. Marcelino Llamera, o.c.

35
en nuestro caminar, y que su Espíritu vaya
transformando nuestro corazón, hasta llegar a tener
los mismos sentimientos que el Corazón de Cristo.
(Fil 2,5)

Comulgamos porque deseamos permanecer


unidos a Cristo. Y somos conscientes de que nos
comprometemos a vivir según su Voluntad, a hacer
las obras que El haría: «Quien dice que permanece
en El, debe andar como El anduvo» (Un 2,6) Y eso
en todas las actividades humanas, incluida la
Política, como nos recuerdan los últimos Papas.
Nunca un discípulo de Jesús puede justificar su
obrar en contra de la Voluntad de Dios, a favor del
mal.

Comulgamos porque deseamos comer el Pan


de Vida de su Cuerpo, y beber el Agua Viva de Su
Sangre, de Su Gracia; y así no tener ya más hambre
de las cosas materiales -que nos esclavizan- ni más
sed de las criaturas. Por eso buscamos, en la
Sagrada Comunión, ser ilusionados con las cosas
del Cielo y desprendidos de las de la Tierra.

16- Debemos evitar toda impaciencia en la


Oración. No hemos de tener prisa cuando nos po-
nemos a hablar con el Dios Eterno, con el Dueño
del Tiempo y de la Vida.

17- LA COMUNION DIARIA es el Ideal del


Católico. A ello nos exhortan los Santos Padres.

36
Citemos por ej. a S. Agustín'. «...El Pan Nuestro de
cada día dánosle hoy. Toma todos los días lo que
todos los días aprovecha; y vive de tal modo que
todos los días merezcas recibirle» (12)

18- «La Caridad no es descortés» (I Cor 13,5).


Es más, el verdadero Amor se muestra hasta en los
detalles más pequeños: «El que es fiel en lo poco, lo
será en lo mucho» (Luc 16,10). Debemos, pues,
acercarnos con un cariñoso respeto a recibir al
Santísimo; con Amor y Humildad al tiempo; con la
Fe, que nos ilumina para que sepamos valorar lo que
estamos haciendo, y que nos invita al recogimiento
interior y exterior: sin mirar a todos los lados, sin
pensar en otras cosas, decentemente vestidos y
adoptando posturas dignas en el Templo de Dios, pues
los hay que parecen estar en una cafetería o en un
paseo público.

Por eso nos dice el Santo Cura de Ars, modelo de


Sacerdotes según Juan Pablo II: «Para acercaros a la
Sagrada Mesa os levantaréis con gran modestia,
indicando así que vais a hacer algo grande; os
arrodillaréis y, en presencia de Jesús Sacramentado,
pondréis todo vuestro esfuerzo en avivar la Fe...
Vuestra mente y vuestro corazón deben estar sumidos
en el Señor. Cuidad de no volver la cabeza a uno y

12) S. Agustín, Sermón de la Montaña , 2

37
otro lado...Después... os levantaréis con modestia,
volveréis a vuestro sitio y os pondréis de rodillas...
»(13)19- Después de Comulgar, no debemos ya
vivir para nosotros mismos sino para «Aquel que
por nosotros murió y resucitó» (2Cor 5,15), y se
hizo Alimento para nuestras almas.
Vivimos para Cristo no sólo llevando una im-
portante vida de Oración y práctica sacramental,
sino cuando amamos a la Iglesia, que es su Cuerpo
Místico:
* En labores de Apostolado, para que todos
conozcan y amen cada vez más a Dios y se salven.
* Apoyando las buenas iniciativas de los Pas-
tores.
* Practicando la generosidad con los necesita-
dos, próximos o lejanos. Hoy no existen distancias
que impidan al que ama ejercer la Caridad.
* Al reconocer a Jesús en nuestro trato con el
prójimo. Realmente después de tomar el «Pan de la
Vida» tendríamos que ser nosotros «pedacitos de
pan tierno», para los demás. Después de comer el
«Cordero de Dios», hemos de ser «corderos» entre
nuestros hermanos. Después de participar del
Sacrificio de Cristo, debemos tener un gran espíritu
de sacrificio volcado hacia los demás. Y esto ha de

13) Sto. Cura de Ars. Sermón sobre la Comunión.

38
notarse porque los tratemos con Mansedumbre,
Humildad, espíritu de servicio, de Amor, de
generosidad,... comunicándoles nuestra Fe entre
pétalos de Esperanza, de Alegría y Paz.

• Sabiendo amar y perdonar y olvidar... y


orar por nuestros enemigos.
• Cumpliendo con deseo de perfección todas
nuestras obligaciones de estado.
• Siendo fieles a alguna misión particular que
el Espíritu Santo pueda encomendar a cada
uno.

Después de recibir al que es «Luz del Mundo»,


S. Pablo nos exhorta: «Andad, pues, como Hijos de
la Luz». (Ef 5,8).

20- Acudimos a Comulgar porque, como dice


S. Juan de Ávila: «cuando comulgas se te aplica lo
que ganó Jesucristo en la Cruz; mira, pues, si es de
perder tal Ganancia». (14)

21- Acudimos a Comulgar los cansados y


agobiados, para refugiarnos en el Corazón de Jesús.

22- Acudimos a Comulgar para arrodillarnos,


como Sto. Tomás, ante Cristo Resucitado, y llenar
sus Llagas no con nuestras manos pecadoras sino
con besos de contrición.

14) S. Juan de Ávila, Sermón 40 .

39
23. Proponemos oraciones para antes y des-
pués de Comulgar (Preparación y Acción de Gra-
cias). Las hemos escogido cuidadosamente, pero no
son todas ni las únicas que podemos hacer.

El Espíritu Santo, que habita en nuestras almas


por la Gracia, nos moverá personalmente (si se lo
permitimos, si se lo pedimos) a hablar con Jesús, o
con la Santísima Trinidad, o con la Stma. Virgen,...
Estas oraciones espontáneas pueden ser las más
importantes de la Acción de Gracias.

Las que aquí proponemos son sólo un «cauce


de entendimiento» pero no deben eliminar el
diálogo particular que en cada Comunión hemos
de tener con Jesús. Y si comenzada una oración,
nuestra Alma tiene deseos de expresar ciertos
sentimientos, detengamos la Oración escrita y
dejemos que el Alma «vuele» con libertad, en el
Amor con que su Creador la envuelve.

24- Si los fieles encuentran ayuda en estas


oraciones, pero no tienen tiempo de hacer todas las
que desearían -en los silencios que el Sacerdote deja
antes y después de Comulgar- será conveniente que
se llegue al Templo con unos minutos de antelación
para la Preparación, y permanezca en el Templo
después de Misa, el tiempo que desee para la
Acción de Gracias. Lo que no debe hacerse es dejar
de seguir la Santa Misa por hacer oraciones
particulares.
40
Por otra parte, nadie debe sentirse obligado a
hacer todas las oraciones del librito. Cada uno
puede escoger las que más le llenen. También se
puede aprender un mínimo de oraciones, para hacer
siempre, y las otras recitarlas de vez en cuando.

De todas formas, cualquiera de las oraciones,


pueden hacerse en cualquier momento o lugar: con
motivo de una Visita al Santísimo, de un rato de
Adoración, o desde el rincón de nuestra casa donde
solemos orar.

41
42
43
Capítulo IV

LA PREPARACION

Un acto tan grande -el abrazo de la criatura


con su Creador, preludio del encuentro eterno
después de la muerte requiere una preparación
adecuada.

a- Podemos hablar de una preparación re-


mota que empezaría después de la última Acción de
Gracias. Una Comunión debiera preparamos para la
Comunión siguiente: Hemos de vivir ilusionados
pensando en la llegada del próximo Encuentro
Eucarístico. Con esta disposición interior nos
dedicaremos a preparar los dones que hemos de
llevar a la Gran Cita. El P. Juan Rey nos exhorta a
no acercarnos a Comulgar con las manos vacías:
«Los Magos llevaron a Jesús los Dones más
preciosos de sus tierras. Las Almas Santas hacen en
esos momentos la oblación más generosa. Los
Religiosos hacen y renuevan sus votos. Tú, ofrécele
a Jesús lo que más ha de agradarle». (1)

44
Nuestros Dones han de ser las buenas obras
que hagamos a lo largo del día. El cansancio, los
Sacrificios y penitencias, el tratar con dulzura a
quienes no nos corresponden, así como las moles-
tias y dolores de una enfermedad, son dones es-
peciales. Pensaremos: «Esto no lo voy a hacer
porque a Jesús no le gustará»', o bien: «Esto otro
no lo voy a hacer así, porque Jesús se merece lo
mejor». Y haremos el bien a todos porque sabemos
que amándoles, amamos de verdad a Jesús.

Intentaremos pulir nuestros defectos y dominar


nuestros sentidos e instintos, pues también los
hemos de ofrecer. Por eso cerraremos «el tráfico» a
cualquier alimento antes de Comulgar, al menos
durante una hora, para que también nuestro cuerpo
se revista internamente con el ayuno, y pueda
recibir a tan Dulce Huésped con las mejores
disposiciones.

Y llevaremos un montón de buenos deseos y


propósitos, que le haremos en la Acción de Gracias.

b- Existe una Preparación Colectiva. Son las


oraciones que decimos en la Santa Misa: Yo
pecador, pecador, Padre Nuestro, Cordero de Dios,

1) P. Juan Rey, Comulga con la Virgen”, Medit XXI, p, III.

45
Señor yo no soy digno,...

El rito de la Paz es importante en esta prepa-


ración. No podemos acercarnos a la Mesa del Señor
si no hemos perdonado a nuestros hermanos; si no
hemos intentado hacer las paces, en lo posible, en lo
que depende de nosotros los deseos de Paz de
nuestro corazón deben salir del Templo en esos
momentos, para abarcar a toda la Humanidad,
incluso a las Almas del Purgatorio.

c- Preparación individual.- La Sagrada Co-


munión es, ante todo, un acto personal del hombre
con su Dios. Si Cristo se hace presente en el Altar,
es para llegar personalmente al corazón de cada uno
de los fieles que allí le esperan con amor. Como
dice la canción, Cristo va a mirar a los ojos de cada
uno de los presentes y, sonriendo, va a llamarlos
por su nombre. Por eso, cada uno ha de revisar el
estado de su alma: estado de Gracia, sentimientos,
afectos, ofrecimientos,... antes de llegar al Abrazo
Eucarístico.

Cuando vamos a recibir a alguna persona im-


portante en nuestra casa, o vamos a celebrar algún
acontecimiento especial, procuramos hacer una
limpieza general e incluso, a veces, se pinta la casa.
Procuramos ordenarlo todo, quitar el polvo,... y
hasta hacemos gastos extras para adquirir algunos
detalles.

46
Pues bien, no debe nuestro corazón andar
menos solícito para recibir a Jesús, que para atender
a esos compromisos humanos. Tendremos que sacar
brillo a las virtudes que hayan prendido en nuestra
alma: Fe, Esperanza, Caridad, Humildad,
Contrición, Deseo de Perfección,... Hemos de
ofrecer nuestros «dones», que habremos adquirido
en la «tienda» del trato con el prójimo, y pagado
con la moneda del sacrificio, del servicio, de... Y
sobre todo, hemos de ofrecernos a nosotros mismos,
tal como somos, sin querer ocultar ninguna de
nuestras miserias. Podríamos decirle: «Heme aquí,
Señor, ya ves lo que soy. Hazme como tú quieres
que sea».

Podríamos orar así:

* A la Santísima Trinidad:
-”Oh Padre Eterno, como hijo pródigo que
siente el Amor de su Padre, me encuentro hoy
alegre en tu presencia. Creo que en este
Sacramento voy a recibir a vuestro Divino Hijo, mi
Señor Jesucristo. Espero en las promesas de Vida
Eterna que Él ha hecho a quienes le reciban con
Amor. Os amo sobre todas las cosas, pues he
conocido el «Verdadero Pan del Cielo», y ninguna
otra cosa puede saciarme; mi alma se encuentra
sedienta de Ti, Señor, como tierra árida y sin agua.

47
-Quisiera recibiros, Oh Buen Jesús, con las
disposiciones que lo hicieron los Santos, con la
confianza y el cariño que lo hacía tu Madre
Santísima. Soy un enfermo que busca al Médico de
la Vida, leproso que quiere lavarse en la Fuente de
la Misericordia, un ciego que anhela abrir los ojos
a la Luz de la claridad eterna, un pobre mendigo
que suplica limosna al Rey de los Cielos y la
Tierra. Cansado y herido por los caminos del
Mundo, tengo hambre y sed de Ti, Señor.

-Ven, Espíritu Santo, toma posesión de mi


alma, y disponía como tierra fértil, para que la
Semilla del Pan de la Vida que deseo recibir,
produzca en mí frutos de Santidad.

• A la Santísima Virgen María:


Virgen María, Madre de Dios, Refugio de
pecadores y Madre mía,... Nadie mejor que
Tú\conoce lo que agrada a Jesús. Como Rebeca
preparó a su hijo Jacob para obtener la bendición
de Abraham, reviste ahora el Alma de tu hijo-a...
con tus Virtudes; envuélvela con tu Oración
todopoderosa. Disponía, en fin, como Tú sabes,
para que Jesús, que nada te niega me bendiga y me
llene de Vida.

Reina de Cielos y Tierra, prepara un Trono en


mi corazón para recibir a Jesús. Y ¿Qué mejor

48
Trono que Tú misma? Por eso te pido, Oh Madre
Dulcísima, si es posible y a pesar de mi indignidad,
me prestes tu Inmaculado Corazón para recibirle
en El, y en El adórale y amarle. Sí, Madre; en tu
Corazón de Madre de Dios, podrá el mío ser
purificado por Jesús, ser transustanciado,
divinizado. Pues también yo querría exclamar con
S. Pablo: «Ya no vivo yo; es Cristo quien vive en
mí». (Gal, 2,20)

• A San José:
Bienaventurado S. José, que preparaste el
Portal de Belén para que acogiera al Niño Dios;
mira el estado de mi alma, y alcánzame las mejores
disposiciones para recibir dignamente a Jesús.
Se pueden invocar a los Santos de nuestra
devoción, o a todos los Santos. Recordemos a S.
Pascual, Patrono de los Centros Eucarísticos, a S.
Pedro Julián Eymard, y a tantos como se han
distinguido por su Devoción al Santísimo Sacra-
mento (¿No lo han sido todos?).

* Al Ángel de la Guarda:

-Santo Ángel de mi Guarda, acompáñame a


Comulgar. Sé Tú el Embajador de este hijo pródigo
que, arrepentido de corazón, quiere abrazar a su
Padre Dios.
49
-Mientras se marcha al Comulgatorio, se
pueden actualizar pensamientos o afectos evangé-
licos, y decir a Jesús como la Samaritana en el pozo
de Jacob: «Dame de ese Agua» Dame del Agua
Viva que eres Tú. O como el leproso: «Si quieres
puedes curarme» O como el ciego de Jericó:
«Señor, que vea».
-Otros acostumbran a hacer durante ese tra-
yecto, una triple afirmación de Amor, semejante a
la que hizo S. Pedro antes de recibir el Primado:
«Señor, Tú sabes que te amo. Señor, Tú sabes
que te amo. Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que
te amo». (Jn 21, 15 y ss)
-O bien actos de Fe, Esperanza y Caridad, di-
rigidos a la Santísima Trinidad.
«Creo en Dios Padre. Creo en Dios Hijo.
Creo en Dios Espíritu Santo. Espero en Dios Padre.
Espero en Dios Hijo. Espero en Dios Espíritu San-
to. Amo a Dios Padre. Amo a Dios Hijo. Amo a
Dios Espíritu Santo».
Pero, repetimos, a cada uno el Espíritu Santo le
puede inspirar los sentimientos apropiados en cada
Comunión.
-En el momento de Comulgar, la Sgda. Li-
turgia nos manda hacer un acto de Adoración ante
el Santísimo. Los que no están bien informados y
los que comulgan por rutina no lo hacen. Nosotros
50
no lo olvidemos.
-Cuando tengamos el Cuerpo de N. S.
Jesucristo en la boca, digámosle -como el Apóstol
Tomás en el Cenáculo- llenos de Fe, Humildad y
contrición:
-«Señor mío, y Dios mío».
-Luego volvemos a nuestro sitio, con la vista
recogida, pensando sólo en el Señor, en el acto tan
grande que acabamos de hacer. Mi cuerpo es ahora
un Sagrario donde Jesús quiere quedarse; es una
Custodia andante, desde la que Jesús -a través mío-
quiere manifestarse a los que me rodean cuando
salga del Templo.
Y ya en el sitio, en la postura de mayor
recogimiento (los Santos recomiendan arrodillarse),
cerrando los ojos para que nada ni nadie me
distraiga, comenzaré la Acción de Gracias, sin
olvidar que el Señor puede tener muchas cosas que
decirme y El sólo habla en el silencio.

51
Capítulo V

LA ACCION DE GRACIAS

A -Necesaria para una buena Comunión.

1- Llamamos tiempo de Acción de Gracias al


que empleamos después de Comulgar, reflexio-
nando en lo que hemos hecho, y orando con Fe viva
a Quien hemos recibido.

El «Podéis ir en Paz» que dice el Sacerdote,


indica el final de la Liturgia de la Santa Misa, del
acto comunitario; quienes no han Comulgado
pueden abandonar el Templo. Pero quienes han
recibido en su pecho al Señor, en un acto de suma
transcendencia personal, es lógico que tengan algo
más que decirle.

Explica S. Alfonso María de Ligorio:

«El tiempo que sigue a la Misa es tiempo de


negociar con Dios y de hacerse con tesoros
52
celestiales» (1).
Sin duda que S. Alfonso habría leído y medi-
tado lo escrito por Sta. Teresa:
«No perdáis tan buena ocasión de negociar
como es la hora después de haber Comulgado...
Pues si cuando andaba en el Mundo, de sólo tocar
sus ropas sanaba a los enfermos, ¿Qué hay que
dudar que hará milagros estando tan dentro de mí,
si tenemos Fe, y les dará lo que le pidiéremos pues
está en nuestra casa? Y no suele Su Majestad pagar
mal la posada si le hacen buen hospedaje... Mas si
no hacemos caso de Él, sino que en recibiéndole
nos vamos de con El a buscar otras cosas más
bajas, ¿Qué ha de hacer?... Este tal, con otros ne-
gocios y ocupaciones y embarazos del Mundo, pa-
rece que lo más presto que puede, se da prisa a que
no le ocupe la casa el Señor de él. »(2)
S. Leonardo de Porto Mauricio: «Este es el
mejor momento de tu vida para negociar con el
Señor. ¡Los que no se saben aprovechar de ese
momento, no saben lo que se pierden! (3)

El Santo Cura de Ars dice:

3) S. Alfonso María, Misa y Oficio atropellados, pgs. 422- 423.


2) Sta. Teresa, Camino de Perfección , 8,134.
3) S. Leonardo, El Tesoro Escondido de la Santa Misa , c. III,
n;10.

53
«Habiendo ya rezado las oraciones para des-
pués de la Comunión, llamaréis en vuestra ayuda a
la Stma. Virgen, a los Ángeles y a los Santos, para
dar juntos Gracias a Dios por el favor que acaba
de dispensaros» (4).
2- Es lo que nos recuerdan los Papas, como
Custodios de los Caminos de Santidad de la Iglesia:
-«Ha de procurarse que a la Sagrada Comu-
nión preceda una diligente Preparación, y le siga la
conveniente Acción de Gracias». (5)
-«Se alejan del Camino de la Verdad los que,
ateniéndose más a la palabra que al sentido, afir-
man y enseñan que, acabado ya el Sacrificio, no se
ha de continuar la Acción de Gracias, no sólo por-
que el mismo Sacrificio del Altar es de por sí una
Acción de Gracias, sino también porque pertenece
a la piedad privada y particular de cada uno y no
al bien de la comunidad.» (6)
3- Los Santos han denunciado siempre estas
desviaciones; por ejemplo, S. Juan de Ávila:
«Sentía grandemente la ligereza con que pro-
cedían algunos Sacerdotes, los cuales, en acabando
de decir Misa, apenas están dos Credos hincados de

4) Sto. Cura de Ars. Sermón sobre la Comunión .


5) S. Pío X, (Dz. 1988).
6) Pío XII, Mediator Dei . n. 30.

54
rodillas, y a veces con una sola, dando Gracias; y
con este ejemplo, ¿Qué harán los populares sino
pensar que no es menester sino Comulgar e irse a
comer o a pasear sin más mirar lo que se ha
recibido, ni dar más Gracias por tan gran merced?
» (7)
Y S. Alfonso, el Fundador de los «Redentoristas»,
exclamaba:
«¡Qué miseria y qué desorden es ver cómo se
conducen tantos Sacerdotes acabada la Misa... No
bien llegados a la Sacristía, los labios todavía teñi-
dos con Sangre Divina, y rezada de cualquier modo
cualquier breve oración, sin devoción ni atención
alguna pónense a charlar de cosas inútiles o de
negocios humanos, o salen del Templo y se van a
pasear a Jesucristo por las calles, pues aún le
llevan en el pecho».(8)
S. Leonardo proponía de 10 a 15 minutos para
la Acción de Gracias. S. Antonio María Claret,
Fundador de los «Misioneros Hijos del Inmaculado
Corazón de María», de 15 minutos a media hora.
Y Monseñor Escrivá exhortaba:
«No os alejéis del Templo apenas recibido el Santo

7) S. Juan de Ávila, Obras completas I. p. 250.


8) S. Alfonso M. de Ligorio, o. c., l.c.,p.422.

55
Sacramento. ¿Tan importante es lo que os espera,
que no podéis dedicar al Señor 10 minutos para
darle Gracias? No seamos mezquinos. Amor, con
Amor se paga». (9)

He ahí la clave: el Amor. El Amor y la Fe.


Pocos tienen prisa cuando se sientan a ver sus
programas favoritos en la televisión, reina y dicta-
dora en tantos hogares. Por si fuera poco, el vicio
del video ¡Cuántas horas de Oración roba aun entre
los que se llaman Católicos practicantes! Tenemos
tiempo de leer periódicos y revistas, de alternar con
los amigos, y de mil ocupaciones vanas que nos
buscamos; incluso los hay que, a las puertas del
Templo, no miran el reloj charlando con sus
conocidos. Pero al dar Gracias y hablar con el
«Amigo que nunca falla», con Jesús, ¡Qué prisa nos
entra!

4- Los textos que acabamos de mencionar son


testimonios que reflejan una preocupación
tradicional en la Iglesia. Así podemos leer en la
Didajé, del siglo II:
«A los profetas, permitidles dar Gracias cuan largas
quieran». (10)
Debiéramos recordárselo hoy a los responsables de

9) Mons. Escrivá. Hom. Sacerdote para la Eternidad.


10) Didaché, c. 10.

56
algunos Templos que, pasados breves minutos del
final de la Misa, comienzan a tocar palmas para
despachar a los fieles que dan Gracias.

B- ORACIONES:
a- Intimas.- Ya en el sitio, recogidos, con los
ojos cerrados para no distraernos, hablaremos con
Jesús de las cosas más íntimas. Le manifestaremos
los sentimientos que el Espíritu Santo nos
comunique. Estas oraciones espontáneas, pueden
darse también o continuarse, más adelante, después
de las oraciones que habitualmente rezamos.
b- De Adoración y Reparación.- Podemos
hacer las Oraciones que el Ángel de Portugal en-
señó a los Pastorcillos de Fátima:
-«¡Dios mío! Yo creo, os adoro, espero y os
amo. Os pido perdón por los que no creen, no os
adoran, no esperan y no os aman.» (3 veces)
-«Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre,
Alma y Divinidad de N. S. Jesucristo, presente en
todos los Sagrarios de la Tierra, en reparación de
los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El
mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su
Santísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón
de María, os pido la conversión de los pobres
pecadores».
57
ADORO TE DEVOTE

-Te adoro con devoción, Dios escondido,


oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo
y se rinde totalmente al contemplarte.

-Al juzgar de Ti se equivocan la vista


el tacto, el gusto, pero basta el oído
para creer con firmeza. Creo todo lo que
ha dicho el Hijo de Dios; nada es más
verdadero que esta palabra de verdad.

-En la Cruz se escondía sólo la Divinidad,


pero aquí también se esconde la Humanidad;
sin embargo, creo y confieso ambas cosas;
Pido lo que pidió el ladrón arrepentido.

-No veo las llagas como las vio Tomás,


pero confieso que eres mi Dios:
Haz que yo crea cada vez más en Ti, que en Ti
espere, y que Te ame.

-¡Memorial de la Muerte del Señor!


Pan Vivo que das la Vida al hombre:
Concede a mi alma, que de Ti viva,
y que siempre saboree tu Dulzura.

-Señor Jesús, Pelícano Bueno:


límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
58
de la que una sola Gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.
-Jesús, a quien ahora veo oculto,
te ruego se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu Rostro cara a cara,
sea yo feliz viendo tu Gloria. Así sea.

-Adoro Te devóte, latens Déitas,


quae sub his figúris vere látitas.
Tibi se cor meum totum súbicit,
quia Te contémplans totum déficit.
-Visus, tactus, gustus, in Te fallitur;
sed audítu solo tuto créditur.
Credo quidquid dixit Dei Fílius:
nil Hoc Verbo veritátis vérius
.
-In Cruce latébat sola Déitas;
at hic latet simul et Humánitas.
Ambo tamen credens atque cónfitens
Peto quod petívit latro pénitens.
-Plagas, sicut Thomas, non intúeor;
Deum tamen meum Te confíteor.
Fac me Tibi semper magis crédere,
in Te Spem habére, Te diligere.

-Oh Memoriále Morris Dómini,


Pañis Vivus, Vitam prestans hómini

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praesta meae mentí de Te vívere,
et Te illi semper dulce sápere.
-Pie Pelicáne, lesu Dómine,
me immúndum munda tuo Sánguine,
cuius una Stilla salvum fácere
totum mundum quit ab omni scélere.
-lesu, quem velátum nunc aspício,
oro fíat illud quod tam sitio:
ut Te reveláta cernens Fácie,
visu sim beátus tuae Glóriae. Amen

c- De Ofrecimiento:-
«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi
memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad;
todo cuanto soy y tengo. Vos me lo disteis, a Vos,
Señor, lo entrego: todo es vuestro. Disponed de mí
según vuestra Voluntad. Dadme vuestro Amor y
Gracia, que esta me basta.»
-Puede servir también, la letra de la canción
que ofrecemos en pág. 189. «Señor, aquí estoy».

d- Invocaciones:
«Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del Costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.

60
¡Oh Buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame
y mándame ir a Ti, para que con tus Santos
te alabe por los siglos de los siglos. Amén. (11)

f- A la Santísima Virgen:

1 -¡Madre!, sé que a través del Sacerdote has


introducido a tu Divino Hijo en mi pobre morada.
Me lo has dejado y temo -por mi torpeza y miseria-
contristar tu Corazón y el Suyo.
Por eso, Madre, suple con tu Amor y tu Pure-
za, con tu Confianza y Humildad, lo que falta a mis
pobres oraciones.
Tú, que por ser Esclava del Amor Divino fuiste
escogida para Madre del Señor, admíteme por
esclavo tuyo para que también sea yo lleno de
Gracia. Todo tuyo, Madre, para mejor servirle a Él
en Ti.
Madre de Jesús y Reina mía, enséñame a
amarle, a escucharle, a seguirle, a contentarle,
para

11) Disponemos de un librito con una interesante meditación de


estas invocaciones. Se titula Alma de Cristo .

61
62
que -guiado por Ti- llegue a darle gracias contigo
por siempre en la Gloria, Amén.

2- Reina del Cielo y de la Tierra, Virgen Inma-


culada, escogida entre todas las criaturas por el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, para ser asocia-
da a la gran obra de la Redención del Mundo.

Madre de Jesús, Autor de la Gracia, que hizo


del hombre el Santuario Vivo de la Trinidad: Man-
tenedme en medio de las agitaciones, las luchas y
los sufrimientos de esta vida pasajera, íntimamente
unido a las Tres Divinas Personas que moran en mi
alma.
Sed Vos, Madre Amada, la Vigilante
Guardiana del Templo de la Trinidad que está en
mí. Defendedlo contra los enemigos que lo intenten
profanar; hacedlo pacífico, silencioso y puro.

Por vuestra poderosa influencia, Oh Madre


Pura, haced que la habitación de la Trinidad en mi
alma y de mi alma en la Trinidad, sea cada día más
perfecta. Y que yo sea de tal manera purificado,
que nada obste a la consumación de mi unión con
el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Así
sea.
3- Magníficat. - Unidos a María, que se presenta
espiritualmente en nuestra Comunión, y como hijos suyos, re-
novamos el Cántico que Ella entonó al concebir en su Seno a
Jesús. De esta forma, queremos alabar a Dios con María, en María

63
y por medio de María, para expresar nuestra gratitud por la
maravilla de la Encarnación, y por la de la Comunión que
acabamos de recibir:

-Engrandece mi Alma al Señor,


y mi Espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la Humildad de su Esclava.
Por eso me llamarán Bienaventurada
todas las generaciones,
porque ha hecho en Mí maravillas el Poderoso,
cuyo Nombre es Santo.
Su Misericordia se derrama
de generación en generación
sobre los que Le temen.
Desplegó el Poder de su Brazo,
y dispersó a los que se engríen
con los pensamientos de su corazón.
Derribó a los poderosos de sus tronos
y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y a los ricos despidió vacíos.
Acogió a Israel, su Siervo,
acordándose de su Misericordia,
según lo que había prometido a nuestros Padres,
a Abraham y su descendencia para siempre.

4- Magníficat del Comulgante.- Desde nuestra


condición de pecadores redimidos por el Señor, podríamos
entonar un canto de respuesta personal del Comulgante, a
imitación del de la Stma. Virgen, y siempre de su Mano:

-Engrandece mi alma al Señor,

64
y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador
porque ha hecho obras grandes en mí el Poderoso,
cuyo Nombre es Santo:
Caí en la esclavitud del pecado
al hacer mi voluntad,
mas la confianza me hizo llamar a mi Padre.
Dios fijó sus ojos en mi corazón contrito y humillado,
me levantó del polvo, y lavó mi culpa y mi pecado. El
sabor amargo de las culpas, me hizo sentir
Hambre y Sed de Dios
y El me sentó como hijo a su Mesa, para saciarme.
Andaba yo errante y extraviado
por los caminos del Mundo,
y El, como Buen Pastor,
me rescató y colocó sobre sus hombros,
para cuidarme en el redil de su Iglesia; es más, cual
Pelícano Piadoso, con su Carne y con su Sangre
me alimenta y me da Vida.
No quiso dejamos solos:
Se quedó en la Sagrada Eucaristía,
para que le encuentre
todo el que le busca con Amor.
Y habiéndonos dado su Cuerpo y su Sangre,
para dárnoslo todo,
nos entregó a Su Madre por Madre nuestra,
para que sintamos muy dentro el Cariño
y la sonrisa de Dios.
Por eso espero ser bienaventurado
y confío a su Corazón Maternal
esta Esperanza mía.
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo,
65
como era en un principio, ahora y siempre
y por los siglos de los siglos. Amén.

g- Sentimientos de Amor a Dios.


1- Quisiera, Jesús mío, que salieran no de mis
labios sino de mi corazón, los afectos que pusieron
tus Santos en estas palabras:
-«No me mueve, mi Dios, para quererte
el Cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el Infierno tan temido,
para dejar por eso de ofenderte.
-Tú me mueves, señor, muéveme el verte
clavado en esa Cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu Cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu Muerte.
-Muéveme, al fin, tu Amor y en tal manera que,
aunque no hubiera Cielo yo te amara,
y aunque no hubiera Infierno te temiera.
-No me tienes que dar por qué te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.
2- Permíteme, Señor, que haga mías estas «Locuras
de Amor» de S. Agustín:
«Dame Amor, Vida mía, diré a voces, porque
dándome Amor, en él te goces.
Si tu Poder inmenso me cedieras,

66
te daría en mi amor cuanto quisieras.
Amarte quiero más, que no gozarte,
y gozarte, tan solo para amarte.
Escoria soy, mi amor, mas aunque escoria,
un dios quisiera ser para tu Gloria.
Pues si yo fuera dios, tanto te amara
que para serlo Tú yo renunciara.
Mas ¡Ay! Amado mío, yo me muero
de ver que nunca te amo cuanto quiero.
Úneme a Ti, querido de mi vida:
Será la nada en todo convertida.
Si pudiera, mi Bien, algo robarte,
sólo Amor te robara para amarte.
Mas si mi amor tu Gloria deslustrara,
aunque pudiera amarte no te amara.
Amate, pues de Amor eres Abismo,
por Ti, por mí, por todos a Ti mismo».
h- Oración a la Sangre de Cristo.- Puede ha-
cerse después de la Comunión, y en cualquier tiempo
o lugar:
-«Sangre Divinísima, que brotas por nosotros
de las Venas del Dios humanado, desciende
cual Rocío de Redención sobre la Tierra
contaminada, y sobre las almas a las que
el pecado hócelas semejantes a los leprosos.
Heme aquí: yo te acojo, Sangre de mi Jesús,
y te derramo sobre la Iglesia, sobre el Mundo,
sobre los pecadores, sobre el Purgatorio.
y fecunda,
Ayuda, ¡Oh Jugo
conforta, Divinísimo
limpia, enciende,depenetra
Vida! y fecunda

67
¡Oh Jugo divinísimo de vida!
Que la indiferencia y la culpa no pongan
obstáculo a tu fluir; antes, por los pocos
que te aman, por los innumerables que mueren
sin Ti, acelera y difunde sobre todos esta
Divinísima Lluvia, para que los que se lleguen a Ti
confiados durante la vida, sean por Ti perdonados
en la muerte y lleguen contigo a la Gloria de tu
Reino. Amén.»
i- Oración por el Apostolado.
-«Has venido a mí, Señor, para avivar en mi
alma la llama de la Fe, de la Esperanza y del Amor.
Sé que deseas que no esconda esa Luz que me
entregas, sino que esperas que yo también sea luz
de tu Luz», para irradiarte entre mis hermanos, y
que seas conocido y amado por todos. Enséñame y
ayúdame a hacerlo: quiero trabajar en tu Viña,
segar en tu Mies. No permitas que me venzan ni
frenen la cobardía, los respetos humanos, la como-
didad, la sensualidad, el amor al dinero,... Al con-
trario, haz que te ame sobre todas las cosas, sobre
mí mismo, sobre todo lo que no seas Tú.
-Oigo tu Voz que, desde la Cruz que se
encierra en la Sagrada Forma me dice: «Tengo
Sed». Y yo quisiera poder saciar la sed de almas de
tu Corazón Salvador. Por eso a pesar de mi
indignidad os pido, oh Jesús, me concedáis la
Gracia de salvar un Alma por cada latido de mi

68
corazón, unido a los latidos del Vuestro y a los del
Inmaculado Corazón de vuestra Santísima Madre.
Os lo suplico por vuestra Preciosísima Sangre y
por vuestra Divina Misericordia. Amén»

j- Oración de una Madre embarazada para


pedir la Santificación de su hijo.

-Oh Buen Jesús, Salvador mío, que al venir a tu


sierva la conviertes en Sagrario tuyo.
Por el Amor que tienes a tu Madre Inmaculada, te
ruego escuches la oración de esta madre pecadora:

Te ofrezco en el templo de mi cuerpo todo cuanto


soy y tengo y, en especial, el fruto de mi vientre.
Tú que, desde el Seno de María, santificaste al niño
Juan antes de nacer, déjame gozar de esta
oportunidad que no tuvieron las madres en la
Antigua alianza:
Ya que en este Sacramento me llenas de Agua Viva,
Haz que tu Sangre Divina, Salvadora, que acabo de
recibir, descienda y bañe y limpie y fecunde no sólo
mi alma, sino la del hijo que habita en mis
entrañas; para que cuando yo le dé a luz en este
Mundo, siga tus huellas presuroso y llegue a gozar,
con los seres queridos,
de la Luz de tu Reino de Amor, donde vives por los
siglos de los siglos. Amén.

69
k- De Alabanza y Agradecimiento.-
Modelos de este tipo de oración son el «Cántico de los tres
jóvenes» (Dan 3, 51-907), numerosos salmos (El 148, por
ejemplo), El Cántico de las criaturas, de San Francisco de Asís,...
pero toda alma enamorada de Dios, debe sentirse impulsada de
vez en cuando, a alabar a quien es el objeto de su amor más
profundo. Y esto, sin preocuparse de bellezas literarias. No vale
decir yo no se. Dios lee y escucha lo que sale del corazón.

1 -«¡Qué bueno eres conmigo, Señor!


siendo yo tan poca cosa, vienes a mí.
¿Qué podré yo darte, si dárteme todo es poco?
¡Oh! No permitas que me guarde nada para mí,
que en mí nada vale y todo se pierde.
Dame un corazón capaz de dárteme todo,
pues sólo Tú puedes transformar en tesoros
mis miserias:
-Tómame, tuyo soy, pues me creaste.
Tómame, tuyo soy, pues me redimiste.
Tómame, tuyo soy,
pues me das la Vida en este Sacramento.
-Gracias por crearme,
gracias por redimirme,
gracias por Alimentarme.
Gracias, Jesús,
porque eres Tú quien me mueve a amarte.
Gracias por quienes no te conocen,
y por quienes se olvidan de que Tú les amas -
Bendito, alabado, adorado y amado seas, Jesús,
por todos los hijos de los hombres.
Que todos abran sus ojos a tu Luz,
que se abran todos los corazones a tu Amor:
70
Hombres y mujeres, jóvenes, niños y ancianos. -
Que también sepamos ver y cantar, impreso en la
Naturaleza, la Grandeza, la Sabiduría y el Amor
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2 -Oración de Santo Tomás.


-«Gracias te doy, Señor Santo, Padre
Todopoderoso, Dios Eterno, porque a mí pecador,
indigno siervo tuyo, sin mérito alguno de mi parte,
sino por pura dignación de tu Misericordia, te has
dignado alimentarme con el Precioso Cuerpo y
Sangre de tu Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo.
Suplícote, que esta Sagrada Comunión, no me
sea ocasión de castigo, sino de intercesión saluda-
ble para el perdón: Sea armadura de mi Fe, escudo
de mi buena voluntad, muerte de todos mis vicios,
exterminio de todos mis carnales apetitos, y au-
mento de Caridad, Paciencia y verdadera Humil-
dad, y de todas las virtudes: Sea perfecto sosiego de
mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra
todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua
unión contigo, Único y Verdadero Dios, y sello de
mi muerte dichosa.
Ruégote, que tengas por bien llevar a este
pecador a aquel Convite inefable, donde Tú, con tu
Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus Santos Luz
verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable,
dicha consumada y felicidad perfecta. Por el mismo
71
Cristo Nuestro Señor. Amén.

l- A todos los Ángeles y Santos.-


«San/ Santa... (el Patrono de nuestro Bautis-
mo) Santos de mi devoción (...), S. José, Sto. Ángel
de mi Guarda, todos los Ángeles y Santos del Cielo,
dignaos adorar, alabar, rogar, amar y dar gracias
por mí».
m- Peticiones concretas.- No tenemos que
olvidarnos de pedir por la Iglesia, familiares,
amigos, pecadores, almas del Purgatorio,...
n- Súplicas y propósitos de perfección
individual.-
Aunque en cualquier oración pueden darse los más
variados aspectos, ofrecemos esta Oración del Papa
Clemente XI, que nos parece muy completa:
-«Creo en Vos, Señor: haced que crea aún con
más firmeza. Espero, Señor, en Vos: haced que es-
pere con más confianza.
-Señor, os amo: haced que os ame con más
fervor. Señor, me arrepiento de mis pecados: haced
que tenga de ellos mayor dolor.
-Os adoro como a mi primer Principio... Os
deseo como a mi último Fin. Os bendigo como a mí
Eterno Bienhechor... Os invoco como a Protector
bondadoso.
-Dirigidme con vuestra Sabiduría...
72
Contenedme con vuestra Justicia... Consoladme con
vuestra Clemencia... Protegedme con vuestro
Poder.
-¡Oh Dios mío! Os ofrezco todos mis
pensamientos, a fin de que sean para Vos... todas
mis palabras, para que sean de Vos... todas mis
obras, para que sean según vuestra voluntad...
todas mis penas, para que sean por vuestro Amor.
-Yo no quiero sino lo que Vos queréis... Lo
quiero porque Vos lo queréis... Lo quiero tal como
Vos lo queréis... Y lo quiero hasta que Vos lo
queráis.
-Señor, os pido que iluminéis mi
entendimiento... Que inflaméis mi voluntad y mi
corazón... Que purifiquéis mi cuerpo... Que
santifiquéis mi alma.
-Oh Señor, os pido también que sepa llorar los
pecados de mi vida pasada... Que aparte las
tentaciones que me han de venir... Que corrija mis
malas inclinaciones... Que practique las virtudes
que más me convienen...
-Concededme, Oh Dios de Bondad, vuestro
Amor... odio o mortificación de mí mismo... celo
por el bien de mis prójimos... desprecio de las cosas
del mundo...
-Haced que sepa obedecer a mis superiores... que
haga bien a mis inferiores... que mire por mis
amigos... que perdone a mis enemigos.
73
-Señor, que sepa yo vencer la sensualidad con
la mortificación... la avaricia con la generosidad...
mi tibieza, con la piedad...
-Hacedme, Señor, prudente en mis consejos...
fuerte en los peligros... paciente en las adversida-
des. .. humilde en las prosperidades...
-Señor, hacedme atento en la oración... sobrio
en las comidas... diligente en mis deberes...
constante en mis propósitos...
-Concededme que tenga la inocencia interior...
la modestia exterior... mis conversaciones
ejemplares... mi vida arreglada...
-Haced que vigile para dominar mi naturaleza
mal inclinada... que aumente vuestra Gracia... que
guarde vuestra Santa Ley... que merezca la Eterna
Salvación...
-Señor, haced que aprenda de Vos la vanidad
de las cosas terrenales... la grandeza de las cosas
del Cielo... la brevedad de las cosas de la Tierra...
la duración de las cosas eternas.
-Oh Señor, que me prepare para la Muerte...
que tema vuestro Juicio... que evite las penas del
Infierno... que consiga la Gloria del Cielo... Por
Jesucristo, Señor Nuestro. Amén.

74
o- Oración a Cristo Rey.-

Algunos devocionarios incluyen en la Acción de Gracias, la


siguiente oración a la Realeza de Jesucristo. Pensemos que en el
momento de su Pasión, ante los jueces humanos, JESUS SE
PROCLAMA REY.(Jn 18,37) Sí, coronado de espinas, con una
caña por cetro y un manto de púrpura, humillado y escarnecido, Él
era y es nuestro Verdadero Rey.
Igualmente, escondido en las humildes apariencias del pan y
del vino, Él es nuestro Rey.
«-Oh Cristo Jesús, os reconozco por Rey Uni-
versal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado
por Vos. Ejerced sobre mí vuestros derechos. Re-
nuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a
Satanás, a sus pompas y a sus obras, y os prometo
vivir como buen Cristiano. Y muy en particular me
comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los
Derechos de Dios y de Vuestra Iglesia.
-Divino Corazón de Jesús, os ofrezco mis po-
bres acciones, para obtener que todos los Cristia-
nos reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así
el Reinado de vuestra Paz se establezca en el Uni-
verso entero. Así sea.»
p- Acto de Confianza en Dios Padre.-
Podríamos decir con Carlos de Foucauld:
«PADRE, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo; lo acepto todo, con tal que
tu Voluntad se cumpla en mí y en todas tus

75
criaturas. No deseo nada más.
PADRE, te confío mi alma; te la doy con todo el
amor de que soy capaz, porque te amo y necesito
darme, ponerme en tus manos sin medida, con una
infinita Confianza, porque Tú eres mi Padre.»

q- Para terminar.- El final de la Oración,


creemos que debe ser con palabras espontáneas,
salidas del corazón. El acto puede acabar pidiendo
una bendición:

«Sagrados Corazones Eucarísticos de Jesús y de


María, dadme vuestra Santísima Bendición, y a
todos los que amo, en el Nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo. Amén»

76
77
Capítulo VI

LA COMUNION ESPIRITUAL

En cualquier momento o lugar podemos hacer


una Comunión Espiritual. Dejemos que S. Antonio
María Claret nos diga en qué consiste:

«Esta Comunión, tan sencilla como prove-


chosa, consiste, después de haber hecho un acto de
verdadera contrición, en hacer otros actos de de-
seos de recibir a Jesús Sacramentado y unirse con
El interiormente.

Esta Comunión puede hacerse muchas veces al


día, aunque sea caminando o trabajando, pues que
con Ella no se pierde tiempo ni impide ocupación
alguna corporal, y es tan del agrado del Señor, que
un día se apareció a la virtuosa Paula Marisca,
Fundadora del Monasterio de Sta. Catalina de
Siena en Nápoles, y mostrándole dos Vasos, uno de
oro y otro de plata, le dijo que en el de oro
guardaba sus Comuniones Sacramentales, y en el
78
de plata las espirituales». (1)
Las gracias que se alcanzan con esta práctica
dependen, como es normal, de las disposiciones
anímicas que tengamos: Fe, Humildad, Confianza,
Amor,... Es cierto que el Señor acude y nos
fortalece, pues todo lo puede y nos ama. Él lo ha
dicho: «Llamad y se os abrirá» (Mt 7,7). Y la
Comunión Espiritual es una llamada al Corazón de
Cristo. ¡Qué bueno sería que nos acostumbráramos
a hacerla varias veces al día!: al levantarnos, al
mediodía, al acostarnos,... en momentos especiales
(al comenzar viajes, en determinadas pruebas,...) y
siempre que sintamos deseos de hacerla.

a- Los libritos de piedad traen diversas formas


de hacer la Comunión Espiritual. A nosotros nos
parece oportuno el siguiente esquema:
1- Un Padrenuestro (el Señor mío Jesucristo o el
Yo pecador) con deseos de contrición.
2- Un Avemaría, para pedirle a la Santísima
Virgen que prepare nuestra alma y venga también con
Jesús a visitamos.
3- Un Gloria, para alabar a la Santísima
Trinidad, en la que debemos estar cada vez más
unidos por la Gracia.

1) S. Antonio M. Claret, Caí. expl., 4 p. 17p.

79
4- El Sanctus, para unirnos a nuestro Ángel y,
con todos los Ángeles y Santos del Cielo, alabar al
Señor:

«Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los


Ejércitos, llenos están los Cielos y la Tierra de tu
Gloria. Hosanna en los Cielos. Bendito el que viene
en el Nombre del Señor. Hosanna en los Cielos» .

5- Un acto de Humildad, como antes de la


Comunión Sacramental:

«Señor, yo no soy digno de que entres en mi


casa, pero una Palabra tuya bastará para
sanarme».

6- La llamada, junto con un acto de Fe,


Esperanza y Caridad con sentido reparador.
Podemos inspirarnos en la oración que enseña el
Ángel a los niños de Fátima:

«Dios mío, yo creo, os adoro, espero y os amo.


Os pido perdón por los que no creen, no os adoran,
no esperan y no os aman.

Desearía recibiros sacramentalmente, mas no


pudiendo hacerlo así ahora, os ruego por medio del
Inmaculado Corazón de María, que vengáis al
menos espiritualmente a mi corazón.»

1-Instantes de silencio, confiando en la


Bondad del Señor, esperando su Ayuda y con Fe en
80
su Presencia.

8-Despedida o pequeña Acción de Gracias.


Por ejemplo:

«Oh Buen Jesús, no permitas que me aparte de


Ti. Madre de la Divina Gracia, ayúdame a vivir en
la Presencia del señor; a ser el Templo vivo que El
espera de mí. Gracias por todo. Bendito seas por
siempre, Señor, con tu Madre Santísima.»

b- Pueden emplearse fórmulas más cortas.


Cada uno debe buscarse el modo que más le llene,
o el que espontáneamente le dicte su corazón; pero
ojalá todos nos animemos a frecuentar esta sencilla
práctica espiritual, tan recomendada por los
Santos. Ejemplos:

«Tú que lo sabes todo, Señor, sabes que te


amo. Perdona mis debilidades. Te necesito no sólo
para hacer el Bien, sino lo más perfecto, lo que más
te agrada.

Por eso te pido por medio del Inmaculado


Corazón de María: Ven a mí, dame Fortaleza, y no
permitas que me aparte de Ti.

Santo Ángel de mi Guarda, da gracias por


mí.»

81
c- «Creo, Jesús mío, que estás en la
Eucaristía. Perdona mis pecados. Te amo. Ven a mi
corazón, y sea yo siempre un Sagrario tuyo.

Padre mío Celestial, os ofrezco todas las


Misas que se celebran en el Mundo. Y en unión de
los Corazones de Jesús y de María os pido la
Gracia de...»

d- «Jesús, ven a mí. Te amo».

82
83
Capítulo VII

LA VISITA AL SANTISIMO

No hay tarjetas o modelos para visitar a los


padres o hermanos, ni para acercarse a los amigos
de verdad. Cualquier hora es bien esperada; cual-
quier noticia o petición se escuchan con interés.
Donde hay Amor, todo es fácil. Donde hay Amor
hay unión, hay alegría compartida, hay vida...
En nuestra visita a Jesús Sacramentado ha de
ocurrir algo parecido. Él es el Amor infinito, es-
condido en el Sacramento para que no tema acer-
carse mi miseria a su Grandeza. Los enamorados
aprovechan cualquier momento, cualquier excusa,
para verse. No se conforman con llamarse; quieren
estar juntos. Y nosotros, ¿No andaremos solícitos
en visitar a Quien por amarnos se ha dejado clavar
en una Cruz, y se ha «encerrado» en un Sagrario?
«Minutos de Cielo» han de ser para nosotros, los
que pasemos acompañando a Jesús en su Templo.
Desterremos las prisas: Él es Dueño del Tiempo;
suya es la Eternidad.
84
Los Santos y los Papas recomiendan esta
práctica. Algunos devocionarios proponen nume-
rosos ejemplos para -al modo de muletas- iniciar a
los fieles en la Visita al Santísimo.
• Se llama Estación Menor, a rezar un Padre
nuestro, Ave María y Gloria tres veces, alternán-
dolo con las jaculatorias:
D-«Viva Jesús Sacramentado
R-Viva y de todos sea amado».
O bien:
T)-«En todo lugar y en todo momento
R-Adorado sea el Santísimo Sacramento.»
• Si se repite cinco veces, y se añade una más
por las intenciones del Romano Pontífice, se le
llama Estación Mayor, y suele hacerse en las Ex-
posiciones del Santísimo.
Aun cuando se comenzara la Visita con estas
oraciones conocidas, han de rezarse sin prisas, pa-
ladeadas, con cariño, con Humildad, con espíritu de
entrega.
• Y si no hiciéramos más que lo de aquel hu-
milde campesino que pasaba horas ante el Señor...
«Yo le miro y El me mira», ya habríamos hecho
bastante. También los enamorados, a veces, no
necesitan hablarse.

85
• Podemos llevar a la Visita algunas devocio-
nes particulares pero, en cuanto nos sea posible,
hemos de dejar que hable nuestro corazón, expre-
sando todo lo que lleva grabado: preocupaciones,
alegrías, ilusiones, deseos de amar y bendecir al
Señor,...
• Si el tiempo nos lo permite, podríamos
aprovechar para leer despacio, meditando, algún
capítulo de algún libro de espiritualidad, o la Sa-
grada Escritura, deteniéndonos en las «sugerencias»
que vayan apareciendo en nuestra alma para
iluminarla, y que dan pie a que continúe nuestro
diálogo con Jesús, o con su Madre -que estará
presente- o con los Santos o Ángeles que queramos
invitar a la Cita. Todo esto irá calentando nuestro
corazón, y sentiremos que cada vez estamos más
unidos a nuestro Dios.
• Es lógico aprovechar la Visita al
Santísimo para hacer una Comunión Espiritual.
• Vamos a ofrecer una conocida oración:
QUINCE MINUTOS
EN COMPAÑIA DE JESUS SACRAMENTADO
«No es preciso, hijo mío, saber mucho para
agradarme mucho; basta que me ames mucho.
Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías
al más íntimo de tus amigos, como hablarías a tu
madre o a tu hermano.

86
• ¿Necesitas hacerme, en favor de alguien, una
súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de
tus padres, bien el de tus hermanos y amigos; dime
enseguida, qué quisieras hiciese Yo actualmente
por ellos.
Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir. Me
gustan los corazones generosos que llegan a
olvidarse, en cierto modo de sí propios, para
atender a las necesidades ajenas. Háblame así, con
sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes
quisieras consolar; de los enfermos a quienes ves
padecer; de los extraviados que anhelas volver al
buen Camino; de los amigos ausentes que quisieras
volver a ver a tu lado. Dime por todos una palabra
siquiera; pero palabra de amigo, palabra
entrañable y fervorosa. Recuérdame que he
prometido escuchar toda súplica que salga del
corazón, y ¿No ha de salir del corazón el ruego que
me dirijas por aquellos que tu corazón más
especialmente ama?
* ¿Y para ti no necesitas alguna Gracia?
Hazme, si quieres, como una lista de tus
necesidades, y ven léela en mi Presencia. Dime
francamente que sientes orgullo, amor a la
sensualidad y al regalo, que eres tal vez egoísta,
inconstante, negligente,.. y pídeme luego que venga
en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que
haces para sacudir de encima de ti tales miserias.
No te avergüences, ¡Pobre alma! ¡Hay en el
87
Cielo tantos y tantos Justos, tantos y tantos Santos
de primer orden, que tuvieron esos mismos
defectos! Pero rogaron con Humildad... y poco a
poco, se vieron libres de ellos.
Ni menos vaciles en pedirme bienes del cuerpo
y del entendimiento: salud, memoria, éxito feliz en
tus trabajos, negocios o estudios,... Todo eso puedo
darte, y lo doy, y deseo me lo pidas en cuanto no se
oponga, antes favorezca y ayude a tu Santificación.
Hoy por hoy, ¿Qué necesitas? ¿Qué puedo darte
por tu bien? ¡Si conocieses los deseos que tengo de
favorecerte!
• ¿Traes ahora mismo entre manos algún
proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué
te preocupa?, ¿Qué piensas?, ¿Qué deseas?, ¿Qué
puedo hacer por tu hermano, por tu hermana, por
tu amigo, por tu superior? ¿Qué desearías hacer
por ellos?
Y por Mí, ¿No te sientes con deseos de mi
Gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus
prójimos, a tus amigos a quienes amas tal vez
mucho, y que viven quizá olvidados de Mí? Dime:
¿Qué cosa llama hoy particularmente tu atención?
¿Qué anhelas más vivamente y con qué medios
cuentas para conseguirlo? Dime si te sale mal tu
empresa y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No
quisieras interesarme algo en tu favor?
Soy, hijo mío, Dueño de los corazones y dul-

88
cemente los llevo, sin perjuicio de su Libertad,
donde me place.
• ¿Sientes acaso tristeza o mal humor?
Cuéntame, cuéntame alma desconsolada tus
tristezas, con todos sus pormenores. ¿Quién te
hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién te
ha menospreciado? Acércate a mi Corazón, que
tiene Bálsamo eficaz para todas esas heridas del
tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve
por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo
perdonas, todo lo olvidas; y en pago... recibirás mi
consoladora Bendición.
¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma
aquellas vagas melancolías, que no por ser
injustificadas dejan de ser desgarradoras? Échate
en brazos de mi Providencia. Contigo estoy. Aquí, a
tu lado, me tienes. Todo lo oigo; ni un momento te
desamparo.
¿Sientes desvío de parte de personas que antes
te quisieron bien, y ahora, olvidadas, se alejan de
ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega
por ellas y Yo las volveré a tu lado, si no han de ser
obstáculo a tu Santificación.
* ¿Y no tienes tal vez alegría alguna que
comunicarme? ¿Por qué no me haces partícipe de
ella, a fuer de buen Amigo tuyo que soy? Cuéntame
lo que desde ayer, desde la última Visita que me

89
hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu
corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas;
quizá has visto disipados negros recelos, has
recibido faustas noticias, una carta, una muestra de
cariño; has vencido una dificultad, salido de un
lance apurado,... Obra mía es todo eso, y Yo te lo
he proporcionado; ¿Por qué no has de
manifestarme por ello tu gratitud y decirme
sencillamente, como un hijo a su padre: Gracias,
Padre mío, gracias? El agradecimiento trae
consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le
agrada verse correspondido.
* ¿Tampoco tienes promesa alguna que
hacerme? Leo, ya lo sabes, el fondo de tu corazón:
A los hombres se engaña fácilmente; a Dios, no.
Háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme
resolución de no exponerte ya más a aquella
ocasión de pecado? ¿De privarte de aquel objeto
que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que
exaltó tu imaginación? ¿De no tratar más a aquella
persona que turbó la Paz de tu alma?
¿Volverás a ser dulce, amable, y
condescendiente con aquella otra a quien, por
haberte falla-do, miraste hasta hoy como enemiga?
Ahora bien, hijo mío, vuelve a tus ocupaciones
habituales: a tu taller, a tu familia, a tu estudio,...
Pero no olvides la grata conversación que hemos
tenido aquí los dos, en la soledad del Santuario.

90
Guarda, en lo que puedas, silencio, modestia,
recogimiento, resignación, Caridad con el prójimo.
Ama a mi Madre, que lo es tuya también, la Virgen
Santísima... Y vuelve otra vez a Mí, con el corazón
más amoroso todavía, más entregado a mi servicio:
en el Mío, encontrarás cada día nuevo Amor,
nuevos beneficios, nuevos consuelos.»

91
Capítulo VIH

LA EXPOSICION DEL SANTISIMO

Es una celebración Litúrgica que consiste en


exponer la Sagrada Forma en un Ostensorio o
Custodia, para realzar la Presencia de Jesús Sa-
cramentado, y adorarle, orar ante El y recibir su
Bendición.

Al abrir el Sagrario el Sacerdote, los fieles,


arrodillados, entonan el «Pange Lingua», (ver pág.
190) y se continúa mientras el Sacerdote coloca al
Santísimo en la Custodia y un Acólito, situado de
rodillas ante el Altar, inciensa al Santísimo.
A continuación se reza la «Estación Mayor».
(Ver Visita a Jesús Sacramentado, pág. 84).

Puede seguirse con alguna lectura, recitado de


Salmos, Meditación y/o rezo del Santo Rosario.

92
Para terminar, puestos todos de rodillas, se
canta el Tantum Ergo (ver pg. ). Al final de éste, el
Sacerdote se alterna con los Fieles en el rezo de la
siguiente Antífona:

S- Panem de Cáelo praestitísti eis, (se añade


Alleluia, si es t. Pascual)

F- Omne delectaméntum in Se habentem.


(idem)
En Español sería:

S- LES DISTE PAN DEL CIELO,(...Aleluia, en


tiempo Pascual)
F- QUE CONTIENE EN SI TODO DELEITE.
(Aleluia, en t.P.)

El Sacerdote continúa: Oremus:


Deus qui nobis sub Sacraménto mirábili, Passiónis
tuae Memóriam reliquísti: tríbue quaésumus, ita
nos Córporis et Sánguinis tui Sacra Mystéria
venerári, ut Redemptiónis tuae Fructum in nobis
iúgiter sentiámus. Qui vivís et regnas in saécula
saeculórum. Amen.
En español significa:
Oh Dios, que en este Sacramento admirable nos
dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos
concedas venerar de tal modo los Sagrados
Misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que

93
experimentemos constantemente en nosotros el
fruto de tu Redención, Tú que vives y reinas por los
siglos de los siglos. Amén.
Después, el Acólito coloca el humeral sobre los
hombros del Sacerdote que, con este paño, abrazará
la Custodia para la Bendición.
Mientras el Sacerdote bendice con la Custodia, el
Acólito inciensa de nuevo al Santísimo, como hizo
al comienzo del Acto.
Cuando acaba la Bendición, el Sacerdote vuelve a
colocar la Custodia sobre el Altar, y puesto de
rodillas comienza la Letanía de Alabanzas en
Reparación por las blasfemias, que es repetida por
los fieles:
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Verdadero Dios y
Verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del
Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la Santísima Trinidad.
Bendita sea la Excelsa Madre de Dios, María
Santísima.

94
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su Gloriosa Asunción.
Bendito sea el Nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su Castísimo Esposo.
Bendito sea Dios, en sus Ángeles y en sus Santos.
Acto seguido, el Sacerdote retira la Sagrada Forma
de la Custodia, y la guarda en el Sagrario. Mientras
tanto se puede entonar algún canto eucarístico, la
siguiente Antífona, el Laúdate Dominum, o los que
aparecen en la pág. 187.
Antífona:
Adoremos in aeternum Sanctísimum Sacramentum.
Laúdate Dominum:

Laudáte Dominum omnes gentes;


laudáte Eum omnes pópuli.
Quóniam confírmata est super nos
Misericordia Ejus, et Véritas Dómini
manet in aetérnum.
Gloria Patri, et Filio, et Spíritui Sancto.
Sicut erat in Principio, et nunc, et semper,
et in saécula saeculórum. Amen.

En español significa:
Alabad al Señor todas las naciones;
alabadle todos los pueblos.
Porque ha confirmado su Misericordia

95
con nosotros, y la Verdad del Señor
permanece eternamente.
Gloria al Padre...

Adquiere gran solemnidad la Exposición del


Santísimo que durante horas, mensualmente,
realizan las distintas secciones de la Adoración
Nocturna, y que acaban con la celebración de la
Santa Misa.

96
97
Capítulo IX

LETANIA DE REPARACION

Esta Letanía de Reparación al Santísimo


Sacramento, puede hacerse en una Exposición, con
motivo de una Visita, o en cualquier otro momento
o lugar.

Está pensada para hacerse a coro, entre un


Director y el grupo que responde.

Señor, ten piedad


Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.

En este primer grupo de invocaciones, los


fieles responden:
TEN PIEDAD DE NOSOTROS
Dios Padre Misericordioso
Dios Hijo, Camino, Verdad y Vida para el hombre,
Dios Espíritu Santo, Amor y Luz de los corazones,
Santísima Trinidad, un sólo Dios,
98
Sagrada Hostia, Amor oculto de Dios
Sagrada Hostia, Vida Divina para los Hijos de
Dios
Sagrada Hostia, Semilla de Eternidad
Sagrada Hostia, multiplicada en el Altar para dar
Vida al Mundo
Sagrada Hostia, Que has acampado entre los tuyos
y no Te reciben
Sagrada Hostia, Levadura de Unidad entre los que
conocen tu Evangelio
Sagrada Hostia, Aniquilada sobre el Altar para dar
Fortaleza a los Humildes
Sagrada Hostia, Ultrajada por las blasfemias de los
hombres
Sagrada Hostia, Desconsiderada por los soberbios
Sagrada Hostia, Profanada por los impíos
Sagrada Hostia, Abandonada en tus Templos
Sagrada Hostia, Víctima de Reparación por los
pecados del Mundo.

CANTICO: Te Adoro, Sagrada Hostia. (Ver


pág. 200).

En las siguientes peticiones se responde:


PERDON, SEÑOR, PERDON

Por todas las blasfemias contra el Santo Nombre de


Dios,
Por la profanación de los Domingos,
Por las faltas de respeto y devoción en tu Santo
Templo,

99
Por la degradación de la Liturgia en tu Santo
Servicio,
Por la pérdida del espíritu de Adoración,
Por la frialdad con que te tratan muchos
Sacerdotes,
Por la falta de «apetito» hacia el Pan de la Vida,
Por la indiferencia de los que a diario pasan por
delante de tu Santo templo,
Por los Sacrilegios con que se profana el
Sacramento del Amor,
Por tantas Comuniones indignas,
Por el abandono de tantos Sagrarios en los que Tú
nos esperas,
Por las infidelidades de aquellos que se alimentan
de Ti,
Por los que viven alejados de la Única Iglesia que
Tú fundaste,
Porque no te amamos con todo nuestro corazón,
con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas,
Porque no amamos a nuestros hermanos como Tú
nos amas
Porque no tenemos deseos de Perfección,
Por tu amarga tristeza al ver la pérdida de tantas
almas,
Por tu Pasión Eucarística,

A continuación se responde: TE ROGAMOS,


OYENOS

100
Nosotros, pecadores,
Que nos perdones,
Que nos hagas conocer tu Amor por nosotros en el
Santísimo Sacramento,
Que nos concedas vivir en Ti, por Ti, de Ti y para
Ti, a los que nos alimentamos de tu Cuerpo y de
Tu Sangre,
Que nos permitas ser testigos de tu Amor
Sacramentado,
Que te dignes aceptar nuestra humilde reparación
Por el Inmaculado Corazón de María, la Primera
Reparadora,

Para finalizar:

Cordero de Dios, que quitas los pecados del Mundo,


-perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del Mundo,
-escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del Mundo,
-ten piedad de nosotros

ORACION:
«Oh Jesús, que eres golpeado en nuestras Iglesias a
manos de Satanás, te adoro en todas las Partículas
esparcidas y destrozadas. Tómame por tu Sagrario,
por tu Trono, por tu Altar. Me reconozco indigno
de ello, mas Tú quieres estar entre los que te aman,

101
y yo te amo por mí y por quien no te ama. Que el
dolor me empurpure como de sangre, a fin de que
llegue a ser digno ornamento para recibirte a Ti,
que quieres ser semejante a nosotros en esta hora
del poder de las tinieblas. Que mi amor sea
lámpara que arda delante de Ti, Santísimo, y mi
holocausto, incienso»- Así sea.

Invocación final:

BENDITO, ALABADO, ADORADO Y AMADO


SEAS POR SIEMPRE, JESUS, EN LOS
CORAZONES DE LOS HOMBRES QUE TU
CREASTE.

Cántico final: De rodillas, Señor, ante el


Sagrario o cualquier otro que sea de nuestra devo-
ción.

102
103
Capítulo X

LETANIA DE LA PRECIOSISIMA SANGRE

Aprobada por S.S. el Papa Juan XXIII, que


otorgó Indulgencia Parcial de siete años, por cada
vez que se rece la Letanía, y plenaria si se reza
diariamente durante un mes, bajo las condiciones de
rigor: una buena Confesión, Comulgar y orar por
las intenciones del Sumo Pontífice.
La aprobación Pontificia de la nueva Letanía
fue anunciada por el Cardenal Prefecto de la
Sagrada. Congregación. de Ritos.
El Cardenal dijo que representa el «deseo del
Padre Santo de que se extienda cada día más, el
Culto a la Preciosísima Sangre de Jesucristo,
Cordero Inmaculado de Dios, y Redentor Nuestro».
Anunció las indulgencias de la nueva Letanía, el
Penitenciario Mayor, Nicola Canali.

Señor, ten piedad de nosotros


Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
104
Promesa de Vida Eterna, Sálvanos
que libras a las almas del Purgatorio, Sálvanos
Acreedora de todo Honor y Gloria, Sálvanos

Cordero de Dios, que quitas los pecados del


Mundo,
-perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del
Mundo,
-escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del
mundo,
-ten piedad de nosotros.

Antífona:
D- Oh, Señor, nos has redimido con tu Sangre,
R- Y nos hiciste Reino de Nuestro Dios.

Oremos:
Dios Omnipotente y Eterno, que hiciste de tu
Hijo Unigénito, el Redentor del Mundo, y quisiste
ser aplacado por su Sangre. Concédenos, te supli-
camos, que adoremos dignamente el Precio de
nuestra Salvación, y que por su Virtud nos salve-
mos de los peligros de la vida presente, para alcan-
zar el gozo de sus Frutos eternamente en el Cielo.
Por el mismo Jesucristo, Señor Nuestro. Amén.
* “Sangre de Cristo se repite en cada una de las
invocaciones.

105
Dios Padre Celestial,
-ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del Mundo,
-ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo,
-ten piedad de nosotros
Santísima Trinidad, que sois un solo Dios,
-ten piedad de nosotros
Sangre de Cristo, el Unigénito del Padre Eterno,
Sálvanos
Verbo de Dios encamado, Sálvanos
Del Testamento Nuevo y Eterno, Sálvanos
Derramada sobre la tierra en la agonía, Sálvanos
Vertida copiosamente en la Flagelación, Sálvanos
Brotada en la Coronación de Espinas, Sálvanos
Derramada en la Cruz, Sálvanos
Prenda de nuestra Salvación, Sálvanos
Precisa para el Perdón, Sálvanos
Bebida Eucarística y
Refrigerio de las almas, Sálvanos
Manantial de Misericordia, Sálvanos
Vencedora de los espíritus malignos, Sálvanos
Que das valor a los Mártires, Sálvanos
Fortaleza de los Confesores, Sálvanos
Inspiración de las Vírgenes, Sálvanos
Socorro en el peligro, Sálvanos
Alivio de los afligidos, Sálvanos
Solaz en las penas, Sálvanos
Esperanza del penitente, Sálvanos
Consuelo del moribundo, Sálvanos
Paz y ternura para los corazones, Sálvanos
106
107
Capítulo XI

VIACRUCIS EUCARÍSTICO
de S. Pedro Julián Eymard

Van tan unidas la Eucaristía y el Calvario, es tan


íntima la compenetración entre ambos misterios,
que un alma eucarística no puede menos de tener en
alta estima el piadosísimo ejercicio del viacrucis.
Para S.P. Julián, era este uno de los actos más
importantes de los ejercicios.

PRIMERA ESTACIÓN

JESÚS, CONDENADO A MUERTE

V. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.


R. Porque en tu Santa Cruz, redimiste al
Mundo.

Jesús es condenado por los suyos, por aquellos


mismos a quienes ha colmado de favores.
Condénasele cual si fuera un sedicioso, a Él, que es
la bondad misma; como blasfemo, siendo así que es
la misma santidad; como ambicioso, cuando se hizo
el último de todos. Como si fuera el último de los

108
esclavos, es condenado a la muerte de cruz.
Como vino a este mundo para sufrir y morir y
para enseñarnos a hacer ambas cosas, Jesús acepta
con amor la inicua sentencia de muerte.
También en la Eucaristía es Jesús condenado a
muerte. Condenado en sus gracias, que no se
quieren; en su amor, que se desconoce; en su estado
sacramental, en que es negado por el incrédulo y
profanado por horribles sacrilegios. Por una
comunión indigna vende a Jesucristo un mal
cristiano al demonio, entrégalo a las pasiones, lo
pone a los pies de satanás, rey de su corazón; le
crucifica en su cuerpo de pecado.
Los malos cristianos maltratan a Jesús más que
los mismo judíos, por cuanto en Jerusalén fue
condenado una sola vez, en tanto que en el
Santísimo Sacramento es condenado todos los días
y en infinidad de lugares, y por un número
espantoso de inicuos jueces.
Y a pesar de todo, Jesús se deja insultar,
despreciar, condenar; y sigue viviendo en el
Sacramento, para demostrarnos que su Amor hacia
nosotros es sin condiciones ni reservas y excede a
nuestra ingratitud.
¡Perdón, oh Jesús, y mil veces perdón, por
todos los sacrilegios! Si me acontece cometer uno
sólo, he de pasar toda la vida reparándolo. Quiero
amaros y honraros por todos los que os desprecian.
Dadme la gracia de morir con vos.

109
Padre Nuestro, Ave María, Gloria.
Señor pequé, tened Misericordia de mí.
Que las almas de los fieles difuntos por la
Misericordia de Dios descansen en Paz.
Madre Santa, haz que las llagas de Cristo Jesús, se
graben para siempre en mi corazón.

SEGUNDA ESTACIÓN

JESÚS, CARGADO CON LA CRUZ


Te Adoramos, etc.
En Jerusalén los judíos imponen a Jesús una
pesada e ignominiosa Cruz, que era considerada
entonces como el instrumento de suplicio propio del
último de los hombres. Jesús recibe con gozo esta
Cruz abrumadora; apresúrase a recibirla, la abraza
con amor y la lleva con dulzura.
Así para nosotros quiere suavizarla, aliviarla y
deificarla en su Sangre.
En el Santísimo Sacramento del altar los malos
cristianos imponen a Jesús una cruz mucho más
pesada e ignominiosa para su corazón.
Constitúyenla las irreverencias de tantos en el Santo
Lugar; su espíritu, tan poco recogido; su corazón,
tan frío en la presencia del Señor, y tan tibia
devoción. ¡Qué cruz más humillante para Jesús
tener hijos tan poco respetuosos y discípulos tan
miserables!

110
Aún ahora Jesús lleva mis cruces en su
Sacramento, las pone en su corazón para
santificarlas y las cubre con su Amor y Besos, para
que me sean amables; mas quiere que las lleve
también yo por El y se las ofrezca; se allana a
recibir los desahogos de mi dolor y sufre que yo
llore mis cruces y le pida consuelo y auxilio.
¡Cuán ligera se vuelve la cruz que pasa por la
Eucaristía! ¡Cuán bella y radiante sale del Corazón
de Jesús! ¡Da gusto recibirla de sus manos y besarla
tras El! A la Eucaristía iré, por tanto, para
refugiarme en las penas, para consolarme y
fortalecerme. En la Eucaristía aprenderé a sufrir y a
morir.
¡Perdón, Señor, perdón por todos los que os
tratan con irreverencia en vuestro Sacramento de
Amor! ¡Perdón por mis indiferencias y olvidos en
vuestra presencia! ¡Quiero amaros; os amo con todo
mi corazón!
Padre Nuestro, etc.

TERCERA ESTACIÓN
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
V. Te Adoramos, etc.
Tan agotado de Sangre se vio Jesús después de
tres horas de agonía y de los golpes de la
111
flagelación, tan debilitado por la terrible noche que
pasó bajo la guardia de sus enemigos, que, tras
algunos momentos de marcha, cae abrumado bajo el
peso de la Cruz.
¡Cuántas veces cae Jesús Sacramentado por
tierra en las Santas Partículas sin que nadie se dé
cuenta!
Mas lo que le hace caer de dolor es la vista del
primer pecado mortal que mancilló mi alma.
¡Cuánto más dolorosa no es la caída de Jesús
en el corazón de un joven que le recibe indigna-
mente en el día de su Primera Comunión!
Cae en un corazón helado, que el fuego de su
Amor no puede derretir; en un espíritu orgulloso y
fingido, sin poder conmoverlo; en un cuerpo que no
es más que sepulcro lleno de podredumbre ¿Así por
ventura hemos de tratar a Jesús la primera vez que
se nos viene tan lleno de amor? ¡Oh Dios! ¡Tan
joven y ya tan culpable! ¡Comenzar tan pronto a ser
un judas! ¡Cuán sensible es el Corazón de Jesús una
primera comunión sacrílega!
¡Gracias, oh Jesús mío, por el Amor que me
mostrasteis en mi Primera Comunión; Nunca lo he
de olvidar. Vuestro soy, del mismo modo que Vos
sois mío; haced de mí lo que os plazca.
Padre Nuestro, etc.

112
CUARTA ESTACIÓN
JESÚS ENCUENTRA A SU SANTÍSIMA MADRE
V. Te Adoramos, etc.
María acompaña a Jesús en el camino del
Calvario sufriendo un verdadero martirio en su
alma; porque cuando se ama se quiere compadecer.
Hoy el Corazón Eucarístico de Jesús encuentra
en el camino de sus dolores, entre sus enemigos,
hijos de su Amor, esposas de su Corazón, ministros
de sus gracias, que lejos de consolarle como María,
se juntan a sus verdugos para humillarle, y
blasfemar y renegar de Él. ¡Cuántos renegados y
apóstatas abandonan el servicio y el amor de la
Eucaristía, tan pronto como este servicio requiere
un sacrificio o un acto de fe práctica!
¡Oh Jesús mío, quiero seguiros con María, mi
Madre, por más que os vea humillado, insultado y
maltratado, y deseo desagraviaros con mi amor!
Padre Nuestro, etc.

QUINTA ESTACIÓN

EL CIRINEO AYUDA A JESUS


A LLEVAR LA CRUZ
V. Te adoramos, etc.
Jesús aparecía cada vez más rendido bajo su
peso. Los judíos, que querían que muriese en dieron
a Simón el Cirineo que tomase el madero. Negóse
él, y menester fue obligarle para que tomara este
instrumento que tan ignominioso le parecía. Mas
113
aceptó al fin y mereció que Jesús le tocara el
corazón y lo convirtiera.
En su Sacramento Jesús llama a los hombres y
casi nadie acude a sus invitaciones. Convídales al
Banquete Eucarístico y se echa mano de pretextos
mil para desoír su llamamiento. El alma ingrata e
infiel se niega a la gracia de Jesucristo, el Don más
excelente de su Amor; y Jesús se queda solo,
abandonado, con las manos llenas de Gracias que
no quieren: ¡Se tiene miedo a su Amor!
En lugar del respeto que le es debido, Jesús no
recibe, las más de las veces, más que irreverencias...
Ruborízase uno de encontrarlo en las calles y se
huye de El así se le divisa. No se atreve uno a darle
señales exteriores de la propia fe.
¿Será posible, Divino Salvador mío?
Demasiado cierto es, no puedo menos de sentir los
reproches que me dirige mi conciencia. Sí, he desoí-
do muchas veces vuestro amoroso llamamiento,
aferrado como estaba a lo que me agradaba; me he
negado cuando tanto me honrabais invitándome a
vuestra Mesa, movido por vuestro Amor. Pésame
de lo más hondo de mi corazón. Comprendo que
vale mucho más dejarlo todo que omitir por mi
culpa una Comunión, que es la mayor y más amable
de vuestras gracias. Olvidad, buen Salvador mío, mi
pasado y acoged y guardad Vos mismo mis
resoluciones para el porvenir.
Padre Nuestro,

114
SEXTA ESTACIÓN

UNA PIADOSA MUJER


ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

V. Te adoramos, etc.
El Salvador ya no tiene Rostro humano; los
verdugos se lo han cubierto de Sangre, de lodo y de
esputos. El esplendor de Dios se encuentra en tal
estado, por lo cubierto de manchas, que no se le
puede reconocer. La piadosa Verónica afronta los
soldados; bajo las salivas ha reconocido a su
Salvador y Dios, y movida de compasión enjuga su
augusta Faz. Jesús la recompensa imprimiéndole
sus facciones en el lienzo con que ella enjuga su
Cara adorable.
Divino Jesús mío, bien ultrajado, insultado y
profanado sois en vuestro adorable Sacramento. Y
¿dónde están las verónicas compasivas que reparen
esas abominaciones? ¡Ah! ¡Es para entristecerse y
aterrarse que con tanta facilidad se cometan tantos
sacrilegios contra el Augusto Sacramento! ¡Diríase
que Jesucristo no es entre nosotros sino un
extranjero que a nadie interesa y hasta merece
desprecio!
Verdad es que oculta su Rostro bajo la nube de
especies bien débiles y humildes; pero es para que
nuestro amor descubra en ella por la Fe sus divinas
facciones. Señor, creo que sois el Cristo, Hijo de
Dios vivo, y adoro bajo el Velo Eucarístico vuestra
faz adorable, llena de gloria y de majestad; dignaos,

115
Señor, imprimir vuestras faccio nes en mi corazón,
para que a todas partes lleve conmigo a Jesús y a
Jesús Sacramentado.
Padre Nuestro, etc.

SEPTIMA ESTACIÓN

JESUS CAE POR SEGUNDA VEZ


V. Te adoramos, etc.
A pesar de la ayuda de Simón, Jesús sucumbe
por segunda vez a causa de su debilidad, y esto le
depara una ocasión para nuevos sufrimientos. Sus
rodillas y manos son desgarradas por unas caídas en
camino tan difícil, y los verdugos redoblan de rabia
sus malos tratos.
¡Oh, cuán nulo es el socorro del hombre sin el de
Jesucristo! ¡Cuántas caídas se prepara el que se
apoya en los hombres!
¡Cuántas veces cae por la Comunión hoy el Dios
de la Eucaristía en corazones cobardes y tibios, y le
dejan marcharse sin un acto de amor y de
agradecimiento! Por nuestra tibieza es Jesús estéril
en nosotros.
¿Quién se atrevería a recibir a un grande de la tierra
con tan poco cuidado como se recibe todos los días al
Rey del Cielo?
Divino Salvador mío, os ofrezco un acto de
desagravio por todas las comuniones hechas con ti-
bieza y sin devoción. ¡Cuántas veces habéis venido a
mi pecho! ¡Gracias por ello! ¡Quiero seros fiel en
adelante! ¡Dadme vuestro Amor, que él me basta!
Padre Nuestro, etc.
116
OCTAVA ESTACIÓN
JESÚS CONSUELA A LAS
AFLIGIDAS MUJERES PIADOSAS
V. Te adoramos, etc.
Consolar a los afligidos y perseguidos era la
misión del Salvador en los días de su vida mortal,
misión a la que quiere ser fiel en el momento
mismo de sus mayores sufrimientos. Olvidándose
de sí, enjuga las lágrimas de las piadosas mujeres
que lloraban por sus dolores y por su Pasión. ¡Qué
Bondad!
En su Santísimo Sacramento, Jesús no cuenta
con casi nadie que le consuele del abandono de los
suyos, de los crímenes de que os objeto. Día y
noche se encuentra solo. ¡Ah! si pudieran llorar sus
ojos, cuántas lágrimas no derramarían por la
ingratitud y el abandono de los suyos; Si su Cora-
zón pudiera sufrir, ¡qué tormentos padecería al
verse desdeñado hasta por sus mismos amigos!
Y aun siendo esto así, tan pronto como veni-
mos hacia Él, nos acoge con bondad, escucha
nuestras quejas y el relato con frecuencia bien largo
y harto egoísta de nuestras miserias, y olvidándose
de sí nos consuela y reanima. ¿Por qué habré yo,
Divino Salvador mío, recurrido a los hombres para
hallar consuelo, en lugar de dirigirme a Vos? Ya
veo que esto hiere a vuestro Corazón, celoso del
mío. Sed en la Eucaristía mi único consuelo, mi

117
único confidente: con una palabra, con una mirada
de vuestra Bondad me basta.
¡Que os ame yo de todo corazón y haced lo que
os plazca!
Padre Nuestro, etc.
NOVENA ESTACIÓN
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
V. Te adoramos, etc.
¡Cuántos sufrimientos en esta tercera caída!
Jesús cae abrumado bajo el peso de la cruz y apenas
si a fuerza de malos tratos logran los verdugos
levantarle.
Jesús cae por tercera vez antes de ser levantado
en Cruz, como para atestiguar que le pesa el no
poder dar la vuelta al mundo cargado con su cruz.
Jesús vendrá a mí por última vez en Viático
antes de que salga también yo de este valle de
destierro. ¡Ah, Señor, concededme esta Gracia, la
más preciosa de todas y complemento de cuantas he
recibido en mi vida!
¡Pero que reciba bien esta última Comunión, tan
llena de amor!
¡Qué caída más espantosa la de Jesús, que
entre por última vez en el corazón de un moribundo,
que a todos sus pecados pasados añade el crimen
del sacrilegio, y recibe indignamente al mismo que
ha de juzgarle, profanando así el Viático de su

118
salvación!
¡En qué estado más doloroso se ha de ver Jesús
en un corazón que le detesta, en un espíritu que le
desprecia, en un cuerpo de pecado entrega-do al
demonio! ¡Es ¡ay! el infierno de Jesús en la tierra!
¿Y cuál será el juicio de esos desdichados?
Sólo pensarlo causa temblor. ¡Perdón, Señor,
perdón por ellos! ¡Os ruego por todos los
moribundos. Concededles la gracia de morir en
vuestros brazos después de haberos recibido bien en
el Viático.
Padre Nuestro, etc.

DECIMA ESTACIÓN
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS
VESTIDURAS
V. Te adoramos, etc.
¡Cuánto no debió sufrir en este cruel e
inhumano despojamiento! ¡Se le arrancan los
vestidos pegados a las llagas, las cuales vuelven a
abrirse y a desgarrarse!
¡Cuánto no debió sufrir en su modestia
viéndose tratado como se tendría vergüenza de
tratar a un miserable y a un esclavo, que al menos
muere en el sudario en el que ha de ser sepultado.
Jesús es despojado aún hoy de sus vestiduras
en el estado sacramental. No contentándose con
verle despojado, por amor hacia nosotros, de la

119
Gloria de su Divinidad y de la hermosura de su
Humanidad, sus enemigos le despojan del honor del
culto, saquean sus iglesias, profanan los vasos
sagrados y los Sagrarios, le echan por tierra. Es
puesto a merced del sacrilegio, El, Rey y Salvador
de los hombres, como en el día de la Crucifixión.
Lo que Jesús se propone al dejarse despojar en
la Eucaristía es reducimos a nosotros al estado de
pobres voluntarios, que no tienen apego a nada, y
así revestirnos de su vida y virtudes. ¡Oh Jesús
Sacramentado, sed mi único bien!
Padre Nuestro, etc.

UNDECIMA ESTACIÓN
JESUS ES CLAVADO EN LA CRUZ

V. Te adoramos, etc.
¡Qué tormentos los que sufrió Jesús cuando le
crucificaron! Sin un milagro de su Poder no le
hubiera sido posible soportarlos sin morir.
Con todo, en el Calvario Jesús es clavado a un
madero inocente y puro, mientras que en una
comunión indigna el pecado crucifica a Jesús en su
cuerpo de pecado, cual si se atara un cuerpo vivo a
un cadáver en descomposición.
En el Calvario fue crucificado por enemigos
declarados, mientras que aquí son sus propios hijos
los que le crucifican con la hipocresía de su falsa
devoción.

120
En el Calvario sólo una vez fue crucificado,
mientras aquí lo es todos los días por millares de
cristianos.
¡Oh Divino Salvador mío, os pido perdón por
la inmortificación de mis sentidos, que ha costado
expiación tan cruel!
Por vuestra Eucaristía, queréis crucificar mi
naturaleza e inmolar al hombre viejo, uniéndome a
vuestra Vida crucificada y resucitada. Haced,
Señor, que me entregue a Vos del todo, sin condi-
ción ni reserva.
Padre Nuestro, etc.

DUODECIMA ESTACIÓN

JESÚS EXPIRA EN LA CRUZ

V. Te adoramos, etc.
Jesús muere para rescatarnos; la última Gracia
es el perdón concedido a los verdugos; el último
don de su Amor, su Divina Madre; y la sed de
sufrir, su último deseo; y el abandono de su Alma y
de su Vida en manos de su Padre, el último acto.
En la sagrada Eucaristía continúa el Amor que
nos mostró Jesús al morir; todas las mañanas se
inmola en el Santo Sacrificio y va a los que le
reciben a perder su existencia sacramental. Muere
en el corazón del pecador para su condenación.

Desde la sagrada Hostia me ofrece las gracias

121
de mi Redención y el precio de mi Salvación. Pero
para poderlas recibir, muera yo junto a Él y para Él,
según es su Voluntad.
Dadme, Dios mío, la gracia de morir al pecado
y a mí mismo, gracia de no vivir más que para
amaros en vuestra Eucaristía.
Padre Nuestro, etc.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN
JESUS ES ENTREGADO A SU MADRE

V. Te adoramos, etc.
Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su
divina Madre, quien le recibe entre sus brazos y
contra su corazón, ofreciéndolo a Dios como Víc-
tima de nuestra Salvación.
A nosotros nos toca ahora ofrecer a Jesús
como Victima en el Altar y en nuestros corazones,
para nosotros y para los nuestros. Nuestro es, pues
Dios Padre nos le ha dado y El mismo se nos da
también para que hagamos uso de Él.
¡Qué desdicha el que este Precio infinito quede
infructuoso entre nuestras manos, a causa de nuestra
indiferencia!
Ofrezcámoslo en unión con María y pidamos a
esta Buena Madre que lo ofrezca por nosotros.
Padre Nuestro, etc.

122
DECIMOCUARTA ESTACIÓN
JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO
V. Te adoramos, etc.
Jesús quiere sufrir la humillación del sepulcro;
es abandonado a la guarda de sus enemigos,
haciéndose prisionero suyo.
Mas en la Eucaristía aparece Jesús sepultado
con toda verdad y, en lugar de tres días, queda
siempre, invitándonos a nosotros a que le hagamos
guardia; es nuestro Prisionero de Amor.
Los corporales le envuelven como un sudario;
arde la lámpara delante de su altar lo mismo que
delante de las tumbas; en tomo suyo, reina silencio
de muerte.
Al venir a nuestro corazón por la Comunión,
Jesús quiere sepultarse en nosotros; preparémosle
un sepulcro honroso, nuevo, blanco, que no esté
ocupado por afectos terrenales; embalsamémosle
con el perfume de nuestras virtudes.
Vengamos por todos los que no vienen, a
honrarle, adorarle en su sagrario, consolarle en su
prisión, y pidámosle la gracia del recogimiento y de
la muerte al mundo, para llevar una vida oculta en
la Eucaristía.
Padre Nuestro, etc.

123
Capítulo XII

A LA EUCARISTIA POR MARIA

El tema de este capítulo podría desarrollarse


en todo un libro. Nos limitaremos a hacer sólo al-
gunas consideraciones, y reflejar algunos testimo-
nios de actualidad.
No vamos a referir oraciones, pero vamos a
decir cosas tan bonitas de Nuestra Madre que me-
rece la pena leer con detención estas líneas, y aun
meditarlas.
a- Ya hemos escrito en las observaciones de la pág.
31 que la Stma. Virgen se encuentra
espiritualmente en la Sagrada Eucaristía. Se trata
de una presencia espiritual, pero real y eficiente, ac-
tuante. Son muchos los mariólogos que lo afirman.
Recordemos por ejemplo al Cardenal Gomá,
Primado de España, en el Congreso Eucarístico
Internacional de Ámsterdam (1). Los argumentos
que esgrimía con toda belleza, venían a basarse en
1) H. Ginés: La Madre , c. XV. Ed. Fe Católica, Madrid, 79.
124
lo que nos dice el C. Vaticano II: «Ella está unida
con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo».
(2)
Hagamos alguna reflexión más:
1- En la Sagrada Eucaristía está presente la
Santísima Trinidad. A la Stma. Virgen la invoca la
Iglesia como «Arca de la Alianza» y «Templo de la
Santísima Trinidad»-, es más, la llama «Hija de
Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios
Espíritu Santo». ¿Perderá la Stma. Virgen estos
atributos precisamente en la realidad Eucarística?
Por supuesto que no.
2- Dice S. Buenaventura que Cristo está
«verdaderamente en el Sacramento como en el
Cielo». ¿No habrá de estar presente de algún modo
la que es celebrada por la Iglesia como Reina y
Señora de Cielos y Tierra?
3- «Madre de la Divina Gracia», la llamamos
en la Letanía. Pues bien, la Sagrada Eucaristía es la
Fuente de la Gracia. ¿Estará la Madre separada del
Objeto de su Maternidad? ¿Será impropio llamar a
la Virgen, Madre de la Eucaristía? No tendría
sentido.
4- En este Sacramento, Cristo se anonada hasta

2) C. Vaticano II, Sgda. Liturgia , n. 103

125
ponerse al alcance del más miserable de los
hombres. ¿Habrá de estar lejos su Madre Santísima?
Ella que defendió a su Hijo a lo largo de toda su
Vida: de Herodes, de Judas, de las turbas al pie de
la Cruz,... ¿No estará Vigilante hoy como Primera
Guardiana, Adoradora y Reparadora en el Sagrario
y/o en el Altar? Por eso afirma el P. Bernardot:
«Como estaba presente en el Calvario, está
presente en la Misa, que es una prolongación del
Calvario». (3)
5- «Este Cuerpo que consagramos, procede y es
de la Virgen», dice S. Ambrosio. Y podemos añadir:
La Sangre vertida en el Cáliz, como la derramada
en la Cruz, es Sangre de María. ¡Cómo no habría de
estar presente en el Altar, adorándola, presentándola
al Padre, ofreciéndola a sus buenos hijos,
custodiándola de sus enemigos?
6- El H. Ginés F.S.C., con su lenguaje sencillo
pero denso y rico en contenido, nos dice:
En la Comunión, «Ella es la Madre del que
entra y la Madre del que recibe»(4) ¿Cómo no iba a
estar presente? Y el P. Juan Rey, S.I. :«La Co-
munión es el momento de entrevistarse con Jesús,...
Los Magos encontraron a Jesús con su Madre... No
apartes de tu lado a la Virgen. Jesús quiere que

3)P. Bemadot, La Virgen en mi vida (Barcelona, 1947, pg. 233


4)Ver cita 1.

126
allí... Ella ha de ser la Estrella que ilumine tu
alma... A Jesús hay que ir por medio de la Virgen.
Es la Escala que El utilizó para bajar del Cielo a la
Tierra, y es la que debemos emplear para subir
hasta El». Y hace una reflexión parecida a la del
hermano Ginés: «El pecador que tiene disgustado a
Jesucristo, no encontrará mejor intermediario que
la Virgen, Madre del ofensor y Madre del
Ofendido». (5)
7- La Presencia espiritual de la Stma. Virgen
en las almas de los fieles, actuando como
Mediadora en su proceso de Santificación, es una
Verdad clave en la Mariología.(6) Recordemos, por
ej. el testimonio del Cardenal Suenens: «Con toda
la Iglesia Católica, Nosotros declaramos que la
Unión del Espíritu Santo con María so ha hecho
para todos los tiempos; que tal Alianza permanece
indisoluble para siempre y que, todavía hoy, Jesús
continúa naciendo en las almas «de Spiritu Sancto
ex María Virgine». (7)
Y si está presente en las almas de sus hijos, los
hombres, -alumbrados con dolor en el Calvario-
¿Cómo no había de estar junto a su Hijo Jesús,

5) P. Juan Rey S.I., Comulga con la Virgen , med. 21,111.


6) Cfr.P. Serafín Matellán, C.M.F., Presencia de María en la
Experiencia Mística Al final de esta obra, presenta una ex¬tensa
bibliografía. Ed. Cocuisa, Madrid, 1962.).
7) Card. Suenens, Teolog. del Apost. Legión de María , c III,
Roma 19.

127
concebido del Espíritu Santo, y abandonado -hoy
más que en Belén- en tantos Sagrarios?

8- Ella es la Madre de Dios, la Inmaculada, la


Corredentora, la Medianera, la Reina,… ¿Quién
pondrá fronteras a su acción maternal?

b- El Fundador de los PP. Sacramentinos, S.


Pedro Julián Eytnard, quiso hacer en su Congre-
gación una perenne Fiesta del Corpus, de día y de
noche. El 1 de Mayo de 1868, después de predicar
ardientemente sobre las relaciones de María con la
Sagrada Eucaristía, acabó con estas palabras: «Pues
bien, ¡Honremos a María con el título de Nuestra
Señora del Santísimo Sacramento! Sí, digamos
con Amor: «Nuestra Señora del Santísimo
Sacramento, Madre y Modelo de los Adoradores,
rogad por nosotros que acudimos a Vos».
Hacia 1904, el Superior de esta Orden, co-
munica este hecho a S. Pío X. El Papa le responde
que ese afán de S. Pedro Julián era «naturalísimo y
excelente», y añade: «Ave, Verum Corpus natum de
María Virgine». (Te saludo, Verdadero Cuerpo
nacido de la Virgen María) (8).
Por eso Santa Gema exclamaba: «¡Cuán
hermosa es la Comunión hecha en Compañía de la
Celestial Madre!» (9)

8) Mons. Feo. Trochu, Vida de S. Pedro Julián Eymard, 3 p. c.


XVI.
9) Sta. Gema. Relaciones .
128
c- En todo el mundo se publican con licencia
eclesiástica las actuales revelaciones de la Madre de
Dios al P. Gobbi, Fundador del Movimiento
Sacerdotal Mariano que agrupa ya a unos 300
Obispos, más de 60.000 Sacerdotes e incontables
seglares. En las «locuciones interiores» que este Padre
recibe, se hace referencia a la Verdad que
pretendemos reflejar en estas páginas:
«Junto a Jesús, que se inmola, se repite
también la ofrenda doloroso de su Madre Celestial,
que está siempre presente al lado de cada Altar
sobre el cual se celebra la Santa Misa, como lo
estuvo durante el largo y doloroso Viernes Santo.»
(P. Gobbi, 20 Abril-84, Viernes Santo)
Y en otro Mensaje, del que recomendamos la
lectura completa:
«Yo soy la Madre del Santísimo Sacramento. ..
Por ser Madre de la Encarnación soy también
Madre de la Redención... Soy Verdadera Madre de
la Eucaristía porque Jesús se hace realmente
presente en el momento de la Consagración... con
su Divinidad y con su Cuerpo Glorioso, aquel
Cuerpo que le fue dado por su Madre Celestial,
verdadero Cuerpo nacido de María Virgen.
Hijos, el suyo es un Cuerpo Glorioso, pero no
diverso; o sea, no se trata de un nuevo nacimiento
Suyo. En efecto: es el mismo Cuerpo que Yo le di:
nacido en Belén, muerto en el Calvario, depositado

129
“Soy verdadera Madre de la Eucaristía”
8-8-86

130
en el Sepulcro y desde allí Resucitado, asumiendo
entonces una forma nueva, su forma Divina, la de
la Gloria.
Jesús en el Paraíso con su Cuerpo Glorioso,
sigue siendo Hijo de María. Así, Aquel Cuerpo con
su Divinidad, que ustedes engendran en el momento
de la Consagración Eucarística, es siempre Hijo de
María.
Yo soy, por tanto, Madre de la Eucaristía. (8
de Agosto de 1986)
Es algo que ya atisbo en su día el Obispo S.
Andrés de Creta (s. VIII): «...¡Oh Madre de Dios!
Tu Vientre se hizo Mesa Santa que contiene el Pan
Celeste, del cual quienquiera que come no muere,
como lo dijo el que alimenta a todo. (Jn 6,50)(10)
Y el 21 de Agosto de 1987, en Vicenza:
«Yo soy la Madre de la Adoración y de la
Reparación. Al pie de cada Tabernáculo en la Tie-
rra, está siempre mi maternal presencia. Esta, a su
vez, forma un nuevo y amoroso Tabernáculo para
la solitaria presencia de mi Hijo Jesús; construye
un Jardín de Amor para su residencia permanente
entre ustedes; forma una armonía celestial que lo
rodea con todo el encanto del Paraíso en todos los
Coros Adoradores de los Ángeles, en la Celestial

10) P. Jesús Solano, Textos Eucarísticos, t. II, n.1321.

131
plegaria de los Santos, en la doloroso aspiración de
tantas almas que se purifican en el Purgatorio. En
mi Corazón Inmaculado, todos forman un concierto
de Adoración perenne, de incesante oración y de
profundo Amor a Jesús, realmente presente en cada
Sagrario de la Tierra.»
Y después de referimos los principales mo-
mentos de su Vida de Adoración, la Stma. Virgen
hace una llamada especial a los Sacerdotes:
«Deben orientar a toda la Iglesia para que
vuelvan a encontrarse delante del Tabernáculo con
su Madre Celestial, en acto de perenne Reparación,
de continua Adoración, y de incesante Oración. ¡Su
oración sacerdotal deberá convertirse toda en
Oración Eucarística!
Pido que se vuelva de nuevo, en todas partes, a
la práctica de las Horas de Adoración ante Jesús
expuesto en el Santísimo Sacramento. Deseo que se
acreciente el homenaje de Amor a la Eucaristía, y
que se destaque aun por las señales sensibles más
expresivas de su Piedad.
Rodeen a Jesús Eucarístico con flores y luces;
cólmenlo de delicadas atenciones; acérquense a Él
con profundos gestos de Genuflexión y de Adora-
ción.» (11)
11) Los pedidos de información sobre el Movimiento y los
Mensajes pueden hacerse en España a distintas provincias.

132
d- Vamos a añadir unos textos de la más bella
y delicada Literatura Mística de nuestros días: El
Poema del Hombre Dios, de María Valtorta. Esta
autora pone en boca de Sabea, la Profetisa de
Betlequi, un Canto de Alabanza a la Madre de
Jesús, después de haber adorado a su Hijo. Que
estas palabras sirvan para acercarnos más al
Misterio de la Madre de Dios, y para decidirnos a
confiar en sus Manos la tarea de nuestra
Santificación:
«...(La Sabiduría de Dios) se encarnó en un
Vientre. En el Vientre de una Mujer de Israel, más
grande que cualquier otra Mujer ante la Presencia
de Dios y de los hombres. Ella arrebató el Corazón
de Dios con sus palpitaciones de Paloma. La
hermosura de su Espíritu sedujo al Santísimo y El
la hizo su Trono.
María de Aarón pecó porque en ella existía el
pecado. Débora dictó lo que tenía que hacerse,
pero no lo realizó. Yael fue fuerte pero ensució sus
manos con sangre. Judit era justa. Temía al Señor,
Dios estaba en sus palabras, y le permitió que rea-
lizara su propósito para que Israel se salvase, más
por amor a su Patria empleó homicida astucia. La
Mujer que lo engendró sobrepuja a estas mujeres

En Madrid, por ejemplo. a la siguiente dirección: Movimiento


Sacerdotal Mariano. P. J. José Arteaga Álvarez S.D.B.
Apartado 8145. 28080 Madrid.

133
porque es la Esclava Perfecta de Dios, y le sirve sin
pecar. Toda pura, Inocente y Bella, es el Hermoso
Astro de Dios, desde que sale hasta que se pone.
Toda Bella, Resplandeciente y Pura, para ser
Estrella y Luna, Luz para los hombres, para que
encuentren al Señor. No pertenece ni sigue al Arca
Santa como María de Aarón, porque Ella es el Arca
misma. Sobre la turbia onda de la Tierra cubierta
por el Diluvio de las culpas, Ella camina y salva
porque quien se acerca a Ella encuentra al Señor.
Paloma sin mancha, vuelve y trae la rama de olivo,
Olivo de Paz a los hombres, porque Ella es la Oliva
sin igual. Está callada, pero con su silencio habla y
hace más que Débora, que Yael, que Judit. No
aconseja a la guerra, ni incita a matar, ni derrama
sangre, fuera de la inigualable suya con la que fue
hecho su Hijo. ¡Desgraciada Madre! ¡Sublime
Madre!... Judit temía al Señor, pero había vivido
con un hombre. Esta ha dado al Altísimo su Flor
inviolable, y el Fuego de Dios bajó al Cáliz de lirio
suave, y un Seno de Mujer ha encerrado a la
Potencia, a la Sabiduría y al Amor de Dios. ¡Gloria
a la Mujer! ¡Cantadle alabanzas, oh mujeres de
Israel!» (12)
Y en otro lugar de la misma Obra, la Madre de
Dios nos enseña con Palabras de una dulzura
insuperable:
12) María Valtorta, Poema del Hombre Dios, c 222, 3er año de la
Vida Pública.

134
«Yo soy la Eterna Portadora de Jesús.
Está en mi Seno... cual Hostia en la Custodia.
Quien viene a Mí, lo encuentra.
Quien se apoya en Mí, lo toca.
Quien se vuelve a Mí habla con El.
Yo soy su Vestido. Él es mi Alma.
Mucho más unido ahora
que cuando estuvo dentro de Mí
durante nueve meses.
Se le mitiga todo dolor,
florece toda su Esperanza
y mana toda clase de Gracias,
a quien viene a Mí
y pone su cabeza sobre mi Seno»

Tengamos, pues, en todo momento presente a


la Madre de Dios, nuestra Dulce Madre. En especial
cuando pensemos acercarnos a la Sagrada
Eucaristía. Nada más seguro que hacerlo de su
mano. Nada más perfecto que hacerlo en Ella. Nada
más fructífero que dar Gracias con Ella.

Que no se nos olvide que María es «Madre de


la Eucaristía». Ya hay hijos suyos que han
prendido esta Advocación en la Letanía del Santo
Rosario. Animémonos también nosotros.

135
Capítulo XIII

INVOCACIONES PARA UN ROSARIO


EUCARISTICO

Oración-. Madre, no somos dignos de que


Jesús entre en nuestra casa, pero le necesitamos.
Ven, Madre, con El y enséñanos a cantar contigo el
Magníficat, para que el Amor de Dios se desborde
en nuestros corazones cuando recibamos a tu
Divino Hijo.

-María, Madre de la Eucaristía en la


Anunciación, préstanos tu Inmaculado Corazón
para recibir a Jesús.

-María, Madre de la Eucaristía en la


Visitación, enséñanos a llevar a las almas a Jesús.

-María, Madre de la Eucaristía en Belén,


alcánzanos la Humildad de los Pastores, y la
Pobreza de Espíritu de los Magos, para ser
136
bendecidos por Jesús cuando vayamos a adorarle en
el Sagrario.

-María, Madre de la Eucaristía en la


Presentación, ofrécenos al Padre con Jesús.

-María, Madre de la Eucaristía en la huida a


Egipto, ayúdanos a defender en nuestras almas a
Jesús, huyendo de las ocasiones de pecar.

-María, Madre de la Eucaristía en Nazaret,


enséñanos a vivir sólo de Jesús.

-María, Madre de la Eucaristía buscando a


Jesús, enséñanos a encontrarle, como Tú, en el
Templo, en el Sagrario.

-María, Madre de la Eucaristía en la noche del


Jueves Santo, no permitas que traicionemos a Jesús.

-María, Madre de la Eucaristía en la


Flagelación, daños valentía para sufrir por Jesús.

-María, Madre de la Eucaristía en manos


indignas, no permitas que coronemos de espinas a
Jesús, al recibirle sin la debida Humildad y cariñoso
respeto.

-María, Madre de la Eucaristía Camino del


Calvario, sal a nuestro encuentro cuando nos veas
agobiados, y tráenos a Jesús.

137
-María, Madre de la Eucaristía al pie de la
Cruz, lávanos en la Sangre de tu Divino Hijo, para
que no nos dé muerte el Ángel Exterminador.

-María, Madre de la Eucaristía al tener a tu


Divino Hijo en los brazos, bajado de la Cruz,
recoge nuestras almas cuando acabe nuestro
peregrinar en esta vida, y daños por Viático el
Cuerpo y Sangre de tu Divino Hijo.

-María, Madre Reparadora de las deserciones


del Viernes Santo, haz que nuestras vidas sean un
acto de Amor, en reparación de tantos compromisos
ante el Sagrario, rotos al salir del Templo.

-María, Madre de la Eucaristía en el Santo


Sepulcro, enséñanos a escuchar el silencio sonoro
del Sagrario; haz que se haga presente nuestro amor
ante tantos Sagrarios abandonados.

Ayúdanos a morir con Cristo para Resucitar


con El.

-María, Madre de la Eucaristía el Domingo de


Resurrección, haz que resuciten a la vida de la
Gracia las almas por las que rogamos al pie del
Sagrario.

-María, Madre de la Alegría, en la mañana de


Resurrección, haz que seamos testigos de Esperanza
en este mundo agonizante, al anunciar que en la

138
Eucaristía se nos da una Prenda de nuestra Futura
Gloria.

-María, Madre de la Eucaristía en la Ascensión


del Señor, haz que quienes nos alimentamos del
Cuerpo y la Sangre de tu Hijo no tengamos ya
hambre ni sed de las cosas de este Mundo.

-María, Madre de la Eucaristía en Pentecostés,


alcánzanos que el Espíritu Santo renueve los co-
razones de quienes se alimentan del Santísimo Sa-
cramento, para que con ellos se renueve la Faz de la
Tierra.

-María, Madre de la Eucaristía en la Asunción,


recoge nuestras almas cuando acabe nuestro pere-
grinar en esta vida; súbelas hasta la Presencia de tu
Divino Hijo, y ante El haz de Madre y Abogada
Nuestra.

-María, Madre de la Eucaristía en tu Coronación


como Reina de Cielos y Tierra, alcánzanos llegar a la
Gloria de la Resurrección a todos los que nos
alimentamos con el Cuerpo y la Sangre de cristo
Resucitado.

-María, Madre de la Eucaristía que es Vida de la


Iglesia, haz que al ser alimentados tus hijos con el
Sacramento del Amor y de la Unidad, vuelvan a la
Casa Paterna los hermanos separados.

139
Capítulo XIV

EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Como hemos hecho al comienzo del librito,


creemos muy conveniente hacer unas considera-
ciones sobre la naturaleza y grandeza de la Santa
Misa, para que conociéndola mejor la amemos más
y saquemos un mayor provecho.

Sin pretender exponer complicaciones teoló-


gicas, pedimos a los sencillos y humildes de cora-
zón, que no teman perder el tiempo leyendo estas
páginas, antes bien, se esfuercen por leerlas al
completo, por si descubren alguna idea que les haga
bien, y así pueda aumentar en ellos la estima que
todos debemos tener hacia el Regalo más Grande
que el Padre Dios nos hace cada día.

Comenzaremos recordando las palabras que el


Fundador de Ayuda a la Iglesia Necesitada, el P.
Werenfried, nos escribía en uno de sus boletines
acerca de la Santa Misa:
140
«La forma suprema de actividad pastoral, no
es la predicación sino el Sacrificio de la Misa. En
Él se repite el Misterio de la Encarnación de Cristo
en forma tan verdadera como cuando la Palabra de
Dios se hizo Carne en el Seno de María.
En El nace de nuevo Jesús, de suerte que no-
sotros podemos adorarle de modo tan real como los
pastores en Belén.
En Él se realiza de nuevo el Sacrificio de la
Cruz llevado a cabo en el Calvario.
En El muere el Hijo de Dios tan realmente
como en el Primer Viernes Santo. No estamos ante
una imitación o recuerdo de la muerte en Cruz de
Jesús, sino exactamente ante el mismo Sacrificio,
que sólo se distingue en apariencia del Sacrificio
del Calvario.
En Él se vuelve a derramar la Sangre de Jesús
por todos aquellos que a pesar de su buena volun-
tad, se ven sometidos a la lucha contra las
debilidades y flaquezas de la propia naturaleza.
En Él es movido Dios a Misericordia en aten-
ción al Cordero que da su Sangre por nosotros, y
quita los pecados del Mundo; de forma que el
Padre vuelve a reconocer en la raza humana al
Hijo Amado en quien tiene sus complacencias.
En El alcanza la Iglesia su meta más alta:
141
alabar a Dios, ensalzarlo, adorarlo, glorificarlo y
darle gracias por su gran Gloria.
En El podemos confiar serenamente al poder
Amoroso de Dios todas nuestras preocupaciones
acerca de las personas, vivas o muertas, que nos
son queridas, y todos los problemas que nos aco-
san.

Y en El, al Comulgar, recibimos a Jesús mismo


que nos susurra: «Tened ánimo; Yo he vencido al
mundo »(Jn 16,33)
Dios no está sometido al tiempo. Él es «El que
es»', El que existe, en un Eterno Presente. La Santa
Misa es como una Ventana que se abre al margen
de la dimensión temporal para comunicarnos con
realidades atemporales, sobrenaturales: Dios salva,
de una sola vez, para toda la Historia. La Santa
Misa nos hace presente la realidad viva de: Cristo
que nos habla, Cristo que padece y muere en la
Cruz, Cristo que resucita, Cristo que nos envía al
Espíritu Santo,... Cristo que se ofrece como
Alimento a los fieles, para impulsarles a la
Santidad.

Maticemos ahora algunas cosas:


l- Es el mismo Sacrificio de la Cruz.

Cuando Cristo instituye la Sagrada Eucaristía


en la Ultima Cena, está multiplicando el mismo y
único Acto Salvador del Calvario, por encima de la

142
dimensión del tiempo, y más allá de los alcances del
entendimiento humano pecador.

Decía el Obispo del Sagrario Abandonado: «Si


no se ha inventado el aparato para ver a distancia
de siglos, se nos ha dado por la Misericordia de
Dios, una Luz para penetrar, no sólo la distancia
de siglos, sino la de la Eternidad. Se llama Fe. ¡Lo
que veo con el auxilio de esa Luz, en el Calvario y
desde el Calvario! Veo primero la multiplicación
indefinida de los Calvarios, sin derramamiento de
Sangre, pero ofreciendo al mismo Jesús, Inmolado
en innumerables Altares por toda la redondez de la
Tierra... y veo por último... el Cielo, cerrado desde
el primer pecado de Adán hasta el momento de
morir Jesús, abierto de par en par, y por sus
puertas entrando riadas de Almas selladas con
Gotas de Sangre del Sacrificio, y ocupando las
sillas vacantes que dejaron los Ángeles rebeldes...»
(1)
S. Antonio María Claret, escribe a Sta. Micaela
del Stmo. Sacramento:

«Puesta delante del Santísimo Sacramento, ya sea


manifiesto, ya encerrado en el Tabernáculo,
considere que lo ve como clavado en Cruz. S.
Miguel dijo un día a un Alma devota (el mismo San

1) Rvdmo. Sr. D., Manuel González García Si viviéramos


nuestras Misas

143
Antonio) que de esta manera era como gustaba
Jesús ser contemplado en el Santísimo Sacramen-
to». (2)

-La Santa Misa es el mismo y único Sacrificio


de la Cruz, pero se presenta de forma distinta (sa-
cramental):

«La (Ultima) Cena (Y la Santa Misa) multi-


plica no el Sacrificio Cruento de la Cruz sino su
modo de presencia; ...Si el único Sacrificio Reden-
tor está desarrollándose cuando Cristo instituye la
Cena, este mismo único Sacrificio Redentor estará
presente bajo las apariencias sacramentales». (3)

En la Santa Misa, el mismo Cristo es -como en


el Calvario- Sacerdote y Víctima; si bien en el Altar
actúa por medio del Sacerdote.

2-En la Santa Misa se nos da una Prenda de


nuestra futura resurrección.

Dice Jesús: «El que come mi Carne y bebe mi


Sangre, tiene la Vida Eterna y Yo le resucitaré en el
Ultimo Día». (Jn 6, 54)
Y para que esto sea posible El mismo nos da
los medios:

2) S. Antonio M. Claret, Epistolario , c. 48, (19 Nov. 1861).


3) Charles Joumet, La Misa, presencia del Sacrificio de la
Cruz, c.III, 3. (Ed. Desclée de Brouwer, 1959).
144
«En cada Misa viene a nosotros Cristo
Glorioso, con toda la Virtud de la Cruz, dispuesto a
aplicárnosla, a hacérnosla presente
proporcionalmente a la intensidad de nuestro
deseo». (4) Por eso exclamaba el Obispo del
Sagrario Abandonado: «¡Si viviéramos nuestras
Misas!».
3- En la Santa Misa nuestras pobres
acciones adquieren un valor eterno.- La Santa
Misa del Domingo, es el «Ascensor» que recoge
todas las Oraciones, trabajos, alegrías y
sufrimientos de las personas «de buena voluntad» a
lo largo de la semana, para juntarlos a los de Cristo,
y que así puedan subir hasta el Padre del Cielo y
tengan valor de Eternidad.
4- En la Santa Misa celebramos la Pascua
Cristiana, como revelación en positivo del cliché
de la Pascua Judía: Asistimos a la Inmolación del
Cordero de Dios -cuya Sangre nos libra de la
muerte eterna y de la esclavitud del pecado- para
encaminarnos a la Tierra Prometida: hacia las
Moradas Celestiales que el Padre creó para
nosotros.
En la Ultima Cena tuvo lugar el paso de la Era
del Pecado a la Era de la Gracia. Sólo falta que
seamos fieles en el Camino que Cristo nos marcó
con su Sangre, para llegar a la Pascua Celeste, al

4) Obra en cita anterior, c. IV, b-2.

145
abrazo definitivo con el Padre Dios, al acabar nuestra
peregrinación en la Tierra: «Si morimos con El,
también viviremos con El; si padecemos con El,
también reinaremos con Él». (2Tim 2,11-12)
5- Testigos de la Santa Misa.- En la Santa Misa,
desde el Calvario del Altar, Cristo continúa ofreciendo
su Sangre Redentora a las nuevas generaciones: a los
nuevos juanes, a las nuevas magdalenas, a los nuevos
dimas... a ti y a mí. Pero su Corazón late por todos; y
a todos nos quiere por Testigos, Apóstoles,
Discípulos, para que vayamos por el mundo
pregonando la Buena Nueva; para que digamos con
fuerza a todos: que Jesús vive, que espera que vuelvan
a su Altar los que se alejaron como ovejas
descarriadas, que en medio de ellos hay Uno a quien
no conocen...
Hoy en día, en algunos lugares, las celebraciones
folclóricas van acompañadas de comidas campestres
donde se reparten gratuitamente raciones de alimento
perecedero; y ¡cómo acuden allí! Es hora de gritar al
mundo que hay un lugar muy próximo donde se regala
un Alimento que sacia nuestra Sed, que calma nuestra
Hambre, que crea en nuestra alma una Fuente de vida
Eterna... con tal de que limpiemos bien nuestras
vasijas; aunque estén vacías El las llenará,...
De verdad que al acabar la Misa, cada uno de los
fieles debiera hacerse el propósito de volver a la
siguiente, acompañado de un hermano que todavía no
conoce bien a Jesús: Iluminar es consecuencia lógica

146
del encuentro con la Luz. Cuando Felipe escucha a
Jesús que le dice «Sígueme», el Apóstol no se
conforma con seguirle solo; vuelve acompañado de
Natanael (Jn 1,45). O como la Samaritana, que
abandona el cántaro en el pozo -acababa de probar
el Agua Viva- para ir a buscar a las gentes de la
Ciudad (Jn 4,28). Este sería nuestro mejor
Ofertorio: Señor, aquí te traigo con mi pobreza, a
este hermano que no te conoce bien, que está
enfermo, que no sabe que Tú eres Jesús,...
Y por otra parte, siendo Jesús el Agua Viva,
tiene Sed de nuestras almas. ¡Si lo entendiéramos
bien los Católicos! Él lo dijo: «¡Haced esto en
memoria mía!... ¡Id por todo el mundo!».
6- Para buscar lo más perfecto.- La Santa
Misa diaria es la vivencia de aquellos que no se
conforman con ser meros «cumplidores» del
Precepto Dominical; de aquellos que aspiran a la
Santidad, y viven a diario entregados a Dios y en su
Presencia, y el Amor y la Fe, no les permiten
separarse, ni siquiera breves días, de tan Gran
Misterio de Amor. Son los que saben que «no sólo
de pan vive el hombre», y desean dar el mejor
Alimento a sus almas; conocen cuál es el Verdadero
Pan del Cielo, el que el Padre Dios nos da cada día;
y desean no faltar nunca a la Cita, no perderse ni un
sólo día el Alimento del Padre.

147
7- Fines de la Misa:
«Cuatro son los deberes fundamentales de todo
hombre para con Dios, y que se satisfacen de un
modo pleno por Cristo -y sólo por Cristo- en la
Misa». (5) Estos deberes son precisamente los Fines
de la Misa:

a- Adoración: «Adorarás al Señor, tu Dios, y a


Él sólo servirás». (Mt 4,10)
«Este Deber, nosotros lo podemos y debemos
cumplir en múltiples ocasiones. Pero de una manera
perfecta e infinita, cual Dios se la merece, sólo por
medio de Jesucristo lo podemos hacer. Y eso lo
realiza El en la Misa»

b- Acción de Gracias: «¿Qué tienes que no lo


hayas recibido?» (ICor 4,7) «En todo dad Gracias a
Dios, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús,
quiere de vosotros»(ITes 5,15)

c- Expiación: «Si no hacéis Penitencia, todos


igualmente pereceréis»(Luc 13,3)
«Pero siendo infinita la ofensa que el pecado
hace a Dios, y siendo también infinita la distancia
de nosotros a Dios, no podemos desagraviar, re-
parar, expiar de una manera perfecta e infinita, cual
se debe a Dios. Sólo por los Méritos de la Víctima
Divina, Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero

5) F.X. Fortún, O.S.B., Esencia de la Eucaristía , 1 P., n.4. Edit.


Apostolado Mariano . el Recaredo, 44, 41003 SEVILLA.

148
Hombre, lo podemos hacer debidamente».

d- Petición: «Pedid y se os dará» (Luc 11,9)


Y cuántas cosas necesitamos pedir a Dios,
nosotros que sin El nada somos.

8- Vivir la Unidad
La Santa Misa es también un Acto de Unidad:
Los que ya están unidos a Cristo, por la Fe y la
Gracia, se unen ahora de una forma especial, con El
y por El:

-A la Santísima Trinidad: «Como Tú, Padre,


en Mí, y Yo en Tí; que ellos también sean uno en
Nosotros41. (Jn 17,21)

-Con la Iglesia Triunfante (La Stma. Virgen


María, los Ángeles y los Santos; entre ellos, nuestro
Ángel de la Guarda y nuestros seres queridos que
ya gocen del Señor),

-Con la Iglesia Purgante (Podemos ofrecer


oraciones, e incluso el mismo Sacrificio de la Misa
por las Benditas Almas del Purgatorio)

'-Con la Iglesia Militante en este Mundo, cuyos


miembros, hermanos nuestros, están necesitados
siempre de ayuda espiritual y /o material.
Unión en el Amor a los hermanos, como Cristo
nos ha amado y nos ama.

149
Unión al compartir nuestros bienes: Cuando el
Sacerdote, Padre Espiritual de nuestra Comunidad,
nos pida ayuda material, debemos ser generosos en
la medida de nuestras posibilidades.
Unión al perdonar -incluso a nuestros enemi-
gos- si queremos asistir a la Santa Misa y que Dios
nos escuche y perdone y dé su Paz.
Recordemos la Unión entre los Primeros
Cristianos que, libremente, ponían todo en común a
los pies de los Apóstoles, para que nadie pasara
necesidad. «Mirad cómo se aman», decían los de su
tiempo.

9- La Santa Misa es un Banquete de Recon-


ciliación:

El hijo pródigo, que yo soy, vuelve a Casa y el


Padre lo abraza, lo perdona. Pero no mata un
ternero cebado, como el de la Parábola, sino que
entrega a su propio Hijo a la muerte, y muerte de
Cruz... y nos lo da: «Tomad y comed, Esto es Su
Cuerpo»; «Tomad y bebed su Sangre». Para que
tengáis Vida sobreabundante; para que «ya no vi-
váis para vosotros mismos, sino para Aquel que por
vosotros murió y resucitó.»
El Convite se produce aun cuando el hermano
del hijo pródigo no desea la Reconciliación: «hay
más alegría en el Cielo por un pecador que se
convierte, que por 99 justos que no necesitan
150
penitencia» (Le 15,7). Así pues, hemos de intentar
la reconciliación con nuestros hermanos: «Si vas,
pues, a presentar tu ofrenda ante el Altar, y allí te
acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
deja allí tu ofrenda... Ve primero a reconciliarte con
tu hermano...» (Mt 5,23-25). Pero en ocasiones, la
Reconciliación es imposible cuando la rechaza una
de las partes. Por eso dice el Salmo: «Yo soy todo
Paz; pero así que les hablo se disponen a la guerra».
(Salmo 120, 7)

El Padre del Hijo Pródigo, hace una fiesta. El


Sagrado Convite de la Misa podría también tener un
carácter de Fiesta; pero no una fiesta ruidosa y
folclórica. Es una fiesta más hacia dentro que
volcada en el aparato externo. No debemos olvidar
el Precio del Banquete, el Precio del Rescate de mi
alma, de mi Liberación: es la Sangre de Cristo y su
amarga Pasión, junto con los Dolores de
Corredención de María. Nuestros pecados -¡Cómo
debemos odiarlos!- han exigido un Precio Altísimo
al Padre. No olvidemos que Cristo, místicamente, se
encuentra también en estado Sacrificial en el
Sacramento mientras haya pecadores que s a 1 v a r.
Y tengamos en cuenta que si hemos vuelto a la Casa
Paterna, no es sólo para estar de fiesta perenne, sino
para ir a trabajar a la Viña del Padre, de sol a sol.

Por eso los Santos han coincidido siempre en


alabar la Grandeza de la Santa Misa y recomendarla
a todos.

151
ALGUNAS ORACIONES PARA LA
SANTA MISA
a- De preparación.- Unos minutos antes de
que comience la Santa Misa, podemos reflexionar
sobre la Grandeza de la Santa Misa, y recitar alguna
oración. Por ej., la Oración de Ofrecimiento de la
Santa Misa que propone S. Antonio María Claret,
en una de sus Obras:
«¡Oh, Dios mío, yo os ofrezco este SACRIFI-
CIO del Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesu-
cristo, en testimonio de que Os reconozco por mi
Supremo Señor y Creador, en acción de Gracias
por todos los beneficios que Os habéis dignado
hacer, no solamente a mí sino a todas las criaturas,
en satisfacción de mis culpas y de las de todos los
hombres, en sufragio de las Almas del Purgatorio,
especialmente de las más necesitadas de vuestra
Divina Misericordia y de las que tengo obligación
y, finalmente, para alcanzar de Vuestra Divina
Piedad la Gracia de la Conversión de los pecado-
res y Perseverancia de los Justos, a fin de vivir y
morir en Gracia Vuestra. Amén.»
Una forma ideal para calentar el espíritu antes
de la Santa Misa, puede ser orar con la Sagrada
Escritura, recitando Salmos: (Ver pág. 171).
b- Antes de las Lecturas, y teniendo en cuenta
que El Señor se hace presente también en su
Palabra Revelada, en la Sagrada Escritura, podemos
decir:
152
«Abre mis oídos, Señor,
para escuchar tu Palabra.
Abre mi mente, con la Humildad,
a la Luz de tu Palabra.
Abre mi corazón
para que acoja y ame tu Palabra,
y sea mi delicia el cumplirla.
El Sacerdote, antes del Evangelio, reza en bajo
y en latín (*) la siguiente Oración:
«Purificad mi corazón y mi labios, Dios Om-
nipotente, como purificasteis los labios del Profeta
Isaías con un carbón encendido: dignaos por
Vuestra Graciosa Misericordia purificarme de tal
manera, que pueda anunciar dignamente vuestro
Santo Evangelio, Por Cristo Nuestro Señor. Amén.»
c- En el Ofertorio, sin dejar de responder al
Sacerdote, podemos orar personalmente según las
distintas ofrendas:
*A1 ofrecer el pan, y con el deseo de que
nuestra vida sea una hostia:
«Padre Santo, me ofrezco sobre la Patena, con
todo mi ser, mi Alma, mi Cuerpo, mi inteligencia, y
mi voluntad. Os ofrezco toda mi persona.
Ofrezco también sobre esta Patena, todas mis
alegrías; mis penas de hoy, mis trabajos con todas
sus fatigas; mis cruces con todas sus amarguras.
Os ofrezco también a todos los que amo; los
153
que me hacen bien y los que me lo han hecho; todos
los que se han encomendado a mis oraciones.
Por el Corazón Inmaculado de María, uno mi
ofrenda a la de Jesús, en holocausto de Amor por la
salvación y santificación de las almas religiosas y
sacerdotales, y por mi propia santificación.»

*A1 ofrecer el vino, y recordando que esa


gotita de agua debe representar a mi vida:
«Oh Dios mío, permitidme que deposite en
Jesucristo, en el Cáliz, con la gota de agua que me
representa, todos y cada uno de los instantes de mi
vida humana, para que todo sea santificado, divi-
nizado, pasado por la Sangre de Jesucristo, y por
El a la Adorable Trinidad.
Deposito también en el Cáliz, y os ofrezco la
vida y los sufrimientos de todos los que no los
ofrecen, para que sus vidas y sufrimientos estén
unidos a los de Jesucristo, que ha sufrido y muerto
por ellos.
Oh Jesús, me uno a todas las Misas que se ce-
lebren hoy a través del mundo, según las intencio-
nes de vuestro Sagrado Corazón. Os suplico me
reservéis, de cada una de esas Misas, una Gota de
vuestra Preciosa Sangre en expiación de mis peca-
dos.
Oh Corazón Divino de Jesús, dad al Mundo
numerosos y Santos Sacerdotes, para continuar la
Obra de vuestra Redención. Amén.»
d- Al llegar el lavatorio.
154
En ese momento, podríamos unirnos a la
oración que el Sacerdote hace cuando celebra según
el Rito de S. Pío V:
«Lavaré mis manos entre los inocentes y
estaré, Oh Señor, alrededor de vuestro Altar, para
escuchar vuestras alabanzas y publicar todas
vuestras maravillas.
Oh, Señor, amo el decoro de tu Casa, el Lugar
donde reside tu Gloria»... (Salmo 26)
e- En la Consagración. Decía S. Juan
Crisóstomo que el Sacerdote eleva los ojos al Cielo,
como Elias, y hace bajar no fuego sino al mismo
Espíritu Santo.
Lo mismo al elevar la Sagrada Forma que el
Santo Cáliz, debemos hacer un acto de Humildad
integral: en cuerpo (de rodillas) y en alma. Podemos
hacer nuestra la enseñanza que el Ángel de Portugal
da a los Pastorcillos de Fátima, y repetir en cada
una de las elevaciones:
«¡Dios mío! Yo creo, os adoro, espero y os
amo. Os pido perdón por los que no creen, no os
adoran, no esperan y no os aman».
f- En la Comunión. Ya hemos tratado ese
momento en el capítulo IV.
g- Después de la Santa Misa Se puede
continuar la Acción de Gracias de la Comunión, o
bien recitar algunos Salmos. (Ver pág. 184).
155
El P. Pío en la Santa Misa

156
157
Capítulo XV

OTRAS DEVOCIONES
Y MOVIMIENTOS EUCARISTICOS

1- LA HORA SANTA

Corre el año de 1674. Ante el Santísimo ex-


puesto, Sta. Margarita María de Alacoque, recibe
algunas dolorosas confidencias de Jesús. Se queja
de las ingratitudes y desprecios con que los hom-
bres corresponden a su Amor. Y añade: «Suple tú
sus ingratitudes en cuanto eres capaz de hacerlo.
Todas las noches, del Jueves al Viernes, te haré
participante de la tristeza mortal que tuve a bien
sentir en el Huerto de Getsemaní... Me acompa-
ñarás en la humilde Oración que presenté entonces
a mi Padre, en medio de mis angustias. Entre once
y doce de la noche, te postrarás conmigo durante
una hora, pidiendo Misericordia por los pecado-
res».
«A ruegos del Señor quedó establecida defi-
nitivamente la Hora Santa, conmemorativa de la
Oración de Getsemaní... Su fin principal, explica

158
Hilario Marín, está en recordar el Amor de Jesu-
cristo, demostrado en los padecimientos de su Pa-
sión Redentora, y en agradecer el Don de la Eu-
caristía, Memorial de la Pasión, que brota del
Corazón del Señor. Por sus mismas exigencias, la
Hora Santa es eminentemente Eucarística, y
esencialmente Reparadora». (1)
Practicando esta Hora Santa, recibió por pri-
mera vez los estigmas, Sta. Gema Galgani, el Jue-
ves víspera de la Festividad del Sagrado Corazón,
de 1899. En 1928, el Papa Pío XI, en su Encíclica
«Miserentissimus Redemptor», recomienda la Hora
Santa a todo el Mundo Católico.
Si no pudiera hacerse ante el Santísimo ex-
puesto, cabría hacerlo ante el Sagrario; y si aun esto
fuera difícil de conseguir, puede hacerse en el
propio hogar, como diremos a continuación.
El contenido de la Hora Santa estaría formado
por cánticos, lecturas, meditaciones, peticiones,...
Acabaría con la Bendición del Santísimo, en el caso
de que se hubiere expuesto.
2-LA ADORACION NOCTURNA EN EL
HOGAR
El P. Mateo Crawley, fue el introductor en

1) Esta y otras referencias de esta Capítulo, tomada de Un solo


señor de E. S. Gibert, 2 p. VIII.

159
España de esta Devoción que fue bendecida por el
Papa Pío XI el 20 de diciembre de 1928. Rápi-
damente fue apoyada e indulgenciada por nume-
rosos Obispos.
Este Religioso de la Congregación de los Sa-
grados Corazones, ya había sido impulsado y ani-
mado por el Papa Benedicto XV, en Carta del 27 de
abril de 1915, cuando estaba empeñado en la
Empresa de Consagrar las familias al Sagrado Co-
razón de Jesús; práctica ésta que todavía se sigue
haciendo, pero que debería relanzarse.
Realmente, ambas Devociones (Consagración
y Adoración) están unidas: En un hogar, un
Sacerdote entroniza solemnemente una Imagen del
Sgdo. Corazón de Jesús ;y luego, los miembros de
la familia -aislados o en grupo- cumplen lo que nos
dice Cristo: “Tú cuando ores, entra en tu cámara y,
cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo
secreto; y tu Padre que ve en lo escondido, te
recompensará" (Mt. 6,6) Cada uno de los devotos
de la familia, busca el momento más oportuno para
practicar esta “Hora Santa en el Hogar“, que tiene
un carácter Eucarístico y Reparador. (2)

2) Existe un Secretariado Nacional de la Entronización y


Adoración Nocturna en el Hogar. Los que se adhieren reciben el
Librito de la Hora Santa y una bonita insignia. Se puede pedir
información en España a dicho Secretariado en c/ Pedro Damián,
2, 28036. Madrid.

160
3- LAS CUARENTA HORAS

1- ¿En qué consiste?

Se trata de una Exposición solemne del San-


tísimo Sacramento, prolongada continuamente
durante cuarenta horas. Se comienza con la cele-
bración de la Misa votiva de la Santísima Eucaristía
(MR, Misas Votivas, 3), en la que se consagra la
Forma que se expondrá en la Custodia, y que se
lleva procesionalmente hasta el lugar de la Ex-
posición.
Al cabo de 40 horas, se termina dando la
Bendición a los fieles con el Santísimo Sacramento,
y después se celebra la Misa votiva por la Paz y la
Justicia (MR. Misas por diversas necesidades, 22).
Como en toda exposición, ha de darse “un
tiempo conveniente a la lectura de la Palabra de
Dios, a los cánticos, a las preces y a la oración en
silencio prolongada durante algún tiempo". (3)
También se puede celebrar alguna parte de la Li-
turgia de las Horas.

2- Algo de Historia

Es una Devoción Eucarística Tradicional. En


1527, un fervoroso Misionero Popular, Gian An-
tonio Bello ti, predicando la Cuaresma en la Iglesia
del Santo Sepulcro de Milán, propuso a los fieles

3) Ritual de la Comunión y del Culto de la Eucaristía, p. 89.


161
que permaneciesen en oración delante del Santísimo
Sacramento durante cuarenta horas continuas, para
pedir el fin de la Guerra que entonces tenía Italia
con Francia.

El tiempo de 40 horas se tomaba en recuerdo


de las 40 horas que, según S. Agustín, permaneció
Cristo en el Sepulcro. En 1539, el Papa Pablo III
indulgenció esta Práctica. S. Carlos Borroneo en
Milán, y S. Felipe Neri en Roma, predicaron estas
jornadas de Oración y Adoración. En 1592, el Papa
Clemente VIII las establece oficialmente en Roma,
mediante la Constitución “Graves et Diuturnae“:

«Nos, hemos decretado instituir oficialmente,


en esta Urbe, una cadena ininterrumpida de plega-
rias, por la cual, en diversas Iglesias y en determi-
nados días, se celebre la saludable Devoción de las
Cuarenta Horas, de forma que en cada hora del día
y de la noche, en todo el año, suba continuamente
ante Dios el incienso de la Plegaria».

Posteriormente, los Papas a través de diversas


Instituciones, así como la Sgda. Congregación de
Ritos y los CC. de Derecho Canónico, han ido
regulando su uso. (El actual, de 1983, en su c. 942).

3- Finalidad
Además de la Adoración y Alabanzas a Jesús

162
Sacramentado, en los comienzos de esta Devoción
figuran la súplica de Misericordia al Señor para
obtener el fin de las guerras.

Desde el s. XVI, la Compañía de Jesús propagó


la Devoción durante los tres días anteriores al
Miércoles Santo, para reparar los abusos y obs-
cenidades que se producían en los días de carnaval.

No cabe duda que la decadencia del Mundo


Occidental guarda estrecha relación con la crisis de
la Iglesia, y es muy oportuno volver a intensificar la
Oración y Adoración ante el Príncipe de la Paz,
Buen Pastor, Dueño de la Mies y Verdadero Rey,
Jesús Sacramentado.

Y si una sola Parroquia no es capaz de orga-


nizar las 40 horas completas, podría organizarse en
otras hasta sumar las 40, o bien hacer una
Adoración ininterrumpida a lo largo de días, se-
manas o todo el año, si se pusieran de acuerdo su-
ficiente número de Parroquias.

4- LA ADORACION NOCTURNA

En España, se instituye la Adoración Nocturna


en la noche del 3 de Noviembre de 1877, en
Madrid, por obra del Conde de Montalvo, don Juan
Montalvo y O’Farril. Eran 7 los Adoradores de
aquella Primera Vigilia. En el Congreso Eucarístico
Internacional de Madrid de 1911, 4.000 hombres y
163
jóvenes representaban a los más de 70.000
Adoradores, esparcidos por las Regiones de España.
Esta cifra, había aumentado hasta 122.000 en 1952.

Extendida por todo el mundo, trata de llevar a


la práctica el mandato de Jesús «Velad y Orad» (Me
14,38), de la mejor forma que se puede hacer: en
compañía de Jesús.

Escoge los momentos más difíciles: cuando


todos descansan, hay pequeños grupos que
sacrifican su sueño para iluminar la noche con sus
oraciones, como velas encendidas en el Amor de
Dios; o mejor, como Estrellas que rompen las ti-
nieblas que acechan al mundo, como testigos de la
Luz.

El motor de las vigilias es el Amor Reparador


que Jesús deposita en el Alma de quien comulga
bien. En la Oración del Huerto, Cristo se quejaba de
que sus Apóstoles no habían sido capaces de velar
ni una hora con El. Este lamento resonará en todas
las noches de la Historia humana, mientras quede
una sola Alma por salvar.

El Adorador Nocturno ora y ama por sí mismo


y por quienes no lo hacen. Hace oración unido a la
Iglesia de todos los tiempos, al recitar la Liturgia de
las Horas. Y recobra en estas noches todo su vigor
espiritual, para ser en todas los momentos del día
Testigo de Jesús.

164
5- LOS CONGRESOS EUCARISTICOS

Tienen sus antecedentes en las peregrinaciones


y asambleas Eucarísticas que en el año 1874 se
celebraban en Francia, promovidas por Emilia
María Tamissire, ayudada por S. Pedro Julián
Eymard, el Venerable P. Chevrier y Mons. de
Segur.

Siete años más tarde, en 1881, se celebra en


Lille (Francia) el Primer Congreso Eucarístico In-
ternacional.

Como recordaba el Papa Pablo VI, el 2 de


Marzo de 1972, el Congreso Eucarístico es «un
gran acto de Fe en la Soberanía de Amor a Cristo,
que irradia la Presencia Eucarística... un reconfir-
mar el Culto Eucarístico en toda su plenitud...»

Las líneas generales de estos Congresos, se


esbozan en el Ritual de la Comunión y del Culto a
la Eucaristía (ps. 109-111).

6- LA PROCESION EN LA FIESTA DEL


CORPUS

En el citado Ritual, se regulan las Procesiones


Eucarísticas *ps. 101-108). La del Corpus es la que
más ha arraigado en la Iglesia Universal.

“Siempre llamó la atención en la Historia del

165
Culto Eucarístico el elevado número de Milagros de
Sagradas Formas sangrantes. No se piense en
leyendas o piadosas narraciones medievales. La
Iglesia Oficial no ha sido crédula, y en ocasiones ha
declarado falsos algunos supuestos Milagros
Eucarísticos, o ha debido recomendar prudencia y
sentido crítico, como lo hizo en el Concilio de
Colonia en 1452.
De entre ese tipo de Milagros, reconocidos
como tales por la Iglesia Jerárquica, trataremos a
continuación del llamado “Milagro de Bolsena“.
Este Milagro que impresionó a toda Europa,
sucedió en 1263. Un Sacerdote de Bohemia,
llamado Pedro de Praga, estaba combatido por las
dudas sobre la Presencia real de Cristo en la
Eucaristía. Como solución a sus sufrimientos
interiores, decidió peregrinar a Roma y pedir allí,
ante la tumba de San Pedro, fortaleza en la Fe.
Se puso en camino, pero no necesitó llegar a
Roma. En su viaje tuvo que hacer noche en la
ciudad italiana de Bolsena, en la provincia de
Viterbo. A la mañana siguiente, cuando con el
corazón oprimido por sus dudas de Fe celebró la
Santa Misa en la Iglesia de Santa Cristiana, sucedió
lo inesperado: la respuesta que Dios le daba, para
que la realidad del Misterio Eucarístico le entrara
por los ojos.

166
EL MILAGRO EUCARÍSTICO
de Lanciano. Italia

167
En el Rito de la Fracción de la Forma
Consagrada, brotó de Estas, súbitamente, Sangre:
una gota, (luego) un Chorro como de una herida
abierta; un chorro que cayó en el cáliz, lo llenó, lo
desbordó, se derramó sobre los corporales.
El Sacerdote, entre la emoción y la sorpresa
intentó, temblorosamente, contener con sus manos
aquella Sangre, recogerla entre los pliegues de los
Corporales. Pero la Sangre seguía brotando a
borbotones, incontenible y llenaba sus manos, y
empapaba los manteles del Altar...
Pedro de Praga creyó volverse loco. Mientras,
como un reguero de pólvora, se propagaba el suceso
por la pequeña Ciudad, y la gente acudía corriendo
a ver el Prodigio. El sacerdote, sin saber qué hacer,
bajó los peldaños del Altar, casi como queriendo
huir. En el cuenco de sus Manos Consagradas,
convertidas en Cáliz de carne, la Sangre que había
brotado de la Sagrada Forma no podía contenerse; y
cayeron gotas a los pies del Altar, sobre las piedras
del suelo.
A unos 30 kilómetros, en Orvieto, estaba
entonces la Corte Pontificia, y la noticia llegó muy
pronto al Papa Urbano IV. El mismo, personal-
mente, inició el expediente de comprobación del
suceso: vio los corporales y mantel del Altar llenos
de Sangre, casi fresca todavía, y examinó las
manchas sobre el pavimento. Obtuvo información

168
de primera mano, del Sacerdote Pedro, de los
clérigos que estaban en la Iglesia de Santa Cristina
y de la gente que vio el Prodigio.
Una vez terminada su investigación, acordó
establecer para toda la Iglesia la Fiesta del Corpus
Christi. Mientras tanto, parte de los Corporales y
manteles del Altar, empapados en Sangre, fueron
trasladados a la Catedral de Orvieto, donde se
conservan; otra parte quedó en la Iglesia de Santa
Cristina en Bolsena, donde se veneran también las
Manchas de Sangre en el suelo, debidamente
protegidas. Actas notariales y sucesivos análisis han
certificado la autenticidad de este Milagro 41 (4)

Salgamos, pues, a las calles en el día del Cor-


pus, a pregonar que Cristo vive entre nosotros; que
debe reinar también en nuestras calles y plazas, El
que es el Verdadero Camino. Vayamos en
procesión para darle gracias por tantas maravillas
(5), por tantas cosas, por tanto Amor. Mostrémoslo
en la Custodia a quienes nos conocen y que quizás
se han olvidado de su Salvador. Y sin aver-
gonzarnos de nuestra Fe, para que no tenga El que
ignorarnos cuando nos presentemos ante el Padre
(Me 8,38).
4) Tomado del núm. 216 de María entre nosotros . Obra Cul-
tural, Lauria, 4. 08010-Barcelona (España).
5) Para informarse de Milagros Eucarísticos , pedir con este
mismo título el libro del P. Manuel Traval y Roset. Edit.
Apostolado Mariano , el Recaredo, 44. 41003 Sevilla.

169
ORACION PREPARATORIA PARA LA
SANTA MISA

Consiste en un extracto de los Salmos. Que el


recitar estos fragmentos, para orar con la Sagrada
Escritura, nos haga adquirir el gusto por los Salmos.
Por razones de brevedad los presentamos incomple-
tos, pero debiéramos habituamos a incluir el recita-
do completo, en nuestra vida de Oración.
Los números del margen se corresponden con extractos de
diversos Salmos, según se indica al final de esta Oración (*).

1 Levanto mis ojos a los montes:


¿De dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor
que hizo el Cielo y la tierra.
2 Me alegré cuando me dijeron
“Vamos a la Casa del Señor“
3 ¡Qué amables son tus Moradas,
Señor de los Ejércitos!
Mi alma ha suspirado hasta desfallecer
por los atrios de Yavé; mi corazón y mi carne
saltan de júbilo por el Dios vivo.
170
Hasta el pajarillo ha encontrado una casa
y la golondrina un nido
donde poner sus polluelos:
cerca de tus Altares, Señor de los Ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que moran en tu Casa
y continuamente te alaban.
Bienaventurado el hombre
que tiene en Ti su fortaleza
y anhela tus senderos.
Más que mil vale un día en tus atrios;
y prefiero estar en el umbral
de la Casa de mi Dios
que habitar en las tiendas del impío.
4 ¿Quién subirá al Monte del Señor?
¿Quién podrá permanecer en su Santuario?
El de manos limpias y puro corazón;
el que no alzó su alma a cosas vanas
y no juró con mentira.
5 Mas yo, fiado en la abundancia de tu Amor,
entro en tu Casa, y me prosterno
ante tu Santo Templo, en tu Temor, Señor.
6 Desde lo profundo clamo a Ti, Señor;
¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos
a la voz de mi plegaria.
7 ¡Oh Señor, a Ti clamo, apresúrate a socorrerme!
Oye la voz del que te invoca.
Sea ante Ti mi oración como incienso, y el alzar

171
mis manos, como oblación de la tarde.
Pon, Señor, Guardia a mi boca;
centinelas a la puerta de mis labios.
No dejes que se incline al mal mi corazón,
a hacer impías maldades. Con los hombres
que cometen iniquidad, no tenga yo parte
en sus suntuosos banquetes.
Que me castigue el justo es un favor;
que me reprenda, es óleo sobre mi cabeza,
que mi cabeza no rechaza.
8 Tú, Oh Dios, conoces mi torpeza
y no se te ocultan mis pecados.
No sean confundidos por mi causa
los que en Ti esperan, Oh Yahveh Sebaot.
No sean por mí confundidos
los que a Ti te buscan, Oh Dios de Israel.
9 Enséñame a hacer tu Voluntad,
pues eres mi Dios.
10 Salten de gozo y alégrense en Ti
todos los que te buscan. Digan siempre:
“Ensalzado sea el Señor”, los que aman tu
Salvación.
En cuanto a mí, pobre y menesteroso,
mi Señor cuidará de mí.
Tú eres mi Socorro y mi Libertador.
¡Dios mío, no tardes!
11 ¡Oh Señor! ¿Qué es el hombre
para que de él te cuides?

172
Es el hombre semejante a un soplo;
sus días son como sombra que pasa.
Quiero, Oh, Dios, cantarte un cántico nuevo.
Bienaventurado el Pueblo cuyo Dios es el Señor.
12 ¡Oh Señor! Tú me escrutas y me conoces.
Sabes cuándo me siento
y cuándo me levanto,
y de lejos entiendes mi pensamiento.
Escudríñame, Oh Dios,
y examina mi corazón;
pruébame y conoce mis inquietudes.
Mira si mi camino es torcido
y condúceme por las sendas de la Eternidad.
13 Ten piedad de mí, oh Dios,
según tu Misericordia,
por tu Ternura inmensa borra mi iniquidad;
lávame por completo de mi culpa,
y límpiame de mi pecado.
Pues yo reconozco mi maldad,
y mi pecado ante mí siempre está;
Contra Ti, contra Ti sólo he pecado
e hice lo que a tus ojos es malo.
14 Bendice, alma mía al Señor,
bendiga todo mi ser a su Santo Nombre.
Bendice alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus favores.
El perdona todas tus faltas,
y sana todas tus dolencias;

173
El rescata tu vida de la fosa,
te corona de Amor y de ternura.
El sacia de bienes tu existencia,
renueva tu juventud como la del águila.
Es el Señor Misericordioso y compasivo,
lento a la cólera y lleno de Amor.
No está siempre acusando
ni guarda rencor eternamente.
No nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Como se alzan los Cielos
por encima de la Tierra,
así de grande es su Amor
para los que le temen.
Tan lejos como está el Oriente del Ocaso,
aleja El de nosotros nuestras rebeldías.
Como la ternura de un padre
para con sus hijos,
así de compasivo es Dios
para los que le temen.
Pues El conoce de qué hemos sido hechos,
se acuerda que no somos más que polvo.
Bendecid al Señor todos sus Ángeles,
que sois poderosos y cumplís sus órdenes,
prontos a la voz de su Palabra.
Bendecid al Señor todos sus Ejércitos,...
Bendecid al Señor todas sus obras,...
Bendice, alma mía, al Señor.
15 Como jadea la cierva
174
tras las corrientes de agua,
así suspira mi alma por Ti, Dios mío.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios Vivo;
¿Cuándo iré a contemplar el Rostro de Dios?
16 Oh Dios, Tú eres mi Dios; yo te busco.
Mi alma tiene sed de Ti.
Mi carne languidece en pos de Ti,
como tierra árida, sedienta, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el Santuario,
viendo tu Fuerza y tu Gloria!
Pues tu Amor es mejor que la vida,
te alabarán mis labios.
Así te bendeciré toda mi vida
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Como de médula y de grosura
se saciará mi alma,
y mi boca te cantará con labios jubilosos.
17 Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Dichoso el que se acoge a Él.
18 Bienaventurado el hombre
a quien Tú educas, Señor,
al que instruyes por tu Ley.
19 y se deleita en gran manera
en (tus) Mandamientos.
20 Hazme entender tu Ley
para que la guarde de todo corazón.
Haz que pasen sin ver la vanidad mis ojos;
dame la Vida con tu Palabra.
Tu Palabra

175
es para mis pies una Lámpara,
la Luz de mi sendero.
De tus testimonios hablaré ante los reyes,
no me avergonzaré.
Tus Mandamientos
me hacen más sabio que mis enemigos
porque siempre están conmigo.
21 Los Cielos pregonan la Gloria de Dios,
y el firmamento anuncia
la obra de sus Manos.
No son discursos ni palabras
cuya voz no se perciba;
por toda la tierra corre su sonido,
y hasta los confines del Orbe, sus palabras.
22 (Pero) dice en su corazón el necio:
«Dios no existe».
23 Mi celo me consume,
porque dan al olvido
tus Palabras mis enemigos.
Se apodera de mí la indignación
porque los impíos abandonan tu Ley.
Arroyos de agua caen de mis ojos
porque no guardan tu Ley.
Apartaos de mí los malvados,
que quiero guardar
los Mandamientos de mi Dios.
24 Yo soy todo Paz, pero así que les hablo
se disponen a la guerra.
25 Apartados de mí los malvados,
176
que quiero guardar
los Mandamientos de mi Dios.
26 Conspiran contra el alma del Justo,
y condenan la Sangre Inocente,
27 los obradores de iniquidad:
los que hablan paz a su prójimo,
mientras está su corazón
lleno de maldad.
28 Me hablan con lengua de mentira,
con palabras de odio me envuelven,
Me atacan sin razón.
En pago de mi Amor se me acusa,
y yo soy sólo Oración.
Se me devuelve mal por bien
y odio por Amor.
Soy el oprobio de ellos;
me miran y mueven la cabeza.
29 Oh Señor, no enmudezcas,
cese ya tu silencio y tu reposo, Oh Dios.
Mira cómo braman tus enemigos,
y yerguen la cabeza los que te odian.
Tienden asechanzas a tu Pueblo,
y se conjuran contra tus protegidos,
dicen: «Venid, borrémosles
de entre las naciones,
no se recuerde más el nombre de Israel».
Pues todos a una se han confabulado,

177
se han ligado estrechamente contra Ti.
30 ¿Por qué se agitan las naciones
y los pueblos trazan planes vanos?
Se reúnen los reyes de la Tierra,
y a una se confabulan los príncipes
contra el Señor y contra su Cristo.
31 He aquí que tensan los impíos su arco,
ajustan a la cuerda sus saetas,
para tirar en las tinieblas
sobre los de recto corazón.
32 Oh Dios, han entrado las gentes
en tu heredad,
han profanado tu Santo Recinto,
y han reducido Jerusalén
a un montón de escombros.
33 Si los Fundamentos se destruyen,
¿Qué podrá hacer el justo?
34 ¿Hasta cuándo, oh Dios, insultará el opresor
y sin cesar blasfemará tu Nombre
el enemigo?
El enemigo blasfema del Señor,
y un pueblo insensato ultraja tu Nombre.
Mira tú Alianza, pues está la desdichada tierra
llena de violencias.
35 Cada palabra de sus labios
es un pecado en su boca.
Pero quedarán presos en su arrogancia,
y en las maldiciones y mentiras que profieren.
178
36 Lloverá sobre los impíos
carbones encendidos,
fuego y azufre, y huracanado torbellino
será la parte de su cáliz.
Porque Justo es el Señor, y ama la Justicia,
y los rectos contemplarán su Faz.
37 Teniendo al Señor por refugio,
al Altísimo por tu asilo,
no te llegará la calamidad,
ni se acercará la plaga a tu tienda.
Pues te encomendará a sus Ángeles
para que te guarden en todos tus caminos,
y ellos te levantarán en sus palmas
para que tus pies no tropiecen en las piedras.
38 En Dios está mi Salvación y mi Gloria;
Dios es mi fuerte Roca y mi Asilo.
Confía en El, oh Pueblo, en todo tiempo.
Derramad ante El vuestros corazones,
porque Dios es nuestro Asilo.
39 Cantad a Dios, ensalzad su Nombre
allanad el camino al que viene
cabalgando por el desierto.
Yavé es su Nombre. Exultad ante El.
El Padre de los huérfanos,
El Defensor de las viudas,
es Dios en su Santo Tabernáculo.
Bendito sea todos los días el Señor.
El lleva nuestra carga.
Es el Dios de nuestra salvación.

179
40 Bienaventurado aquel a quien eliges para estar
cerca de Ti, habitando en tus atrios.
Nos saciaremos de los bienes
de tu Casa,
de la Santidad de tu Templo.
41 Señor, Dios de los Ejércitos,
¿Quién como Tú? Eres Poderoso, oh Señor,
ceñido de lealtad.
Justicia y Derecho son la base de tu Trono,
El Amor y la Verdad tus heraldos.
42 Tú siempre eres el mismo
y tus años no tienen fin.
43 Sácianos desde la mañana de tu Gracia,
para que exultemos
y nos alegremos todos los días.
44 Que el Señor tenga piedad de nosotros
y nos bendiga;
haga brillar su Rostro sobre nosotros,
para que se conozcan en la Tierra tus Caminos,
tu Salvación entre todas las naciones.
Alábente, oh Dios, los pueblos,
que todos los pueblos te den gracias.
45 Todas las gentes que Tú hiciste,
vengan, Señor, a postrarse ante Ti
y honren tu Nombre.
46 Desde el levante del Sol hasta el ocaso,
alabado sea el Nombre de Dios.
47 Venid, adoremos,

180
postrémonos en su Presencia;
de rodillas ante el Señor,
que nos ha hecho.
Porque Él es nuestro Dios,
y nosotros el Pueblo que El apacienta;
el Rebaño que El guía.
« Bueno es alabar al Señor
y cantar salmos a tu Nombre, ¡Oh Altísimo!
Anunciar de mañana tu Misericordia,
y tu Fidelidad durante las noches. Florecerá el
Justo como la palmera, crecerá como el cedro
del Líbano. Plantados en la Casa del Señor,
florecerán en los atrios de nuestro Dios. Todavía
en la vejez producen fruto; se mantienen frescos
y lozanos, para anunciar lo recto que es el
Señor, mi Roca, en el que no hay engaño.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,


como era en el principio, ahora y siempre, y por
los siglos de los siglos. Amén.

Nota: Los números que aparecen en las estrofas se re-


lacionan con los Salmos (fragmentos) de la siguiente forma: 1-
121, 2-122, 3-84, 4-24, 5-5, 6-130, 7-141, 8-69, 9- 143, 10-40, 11-
144, 12-139, 13-51, 14-103, 15-42, 16-63, 17-34, 18-94, 19-112,
20-119, 21-19, 22-14, 23-119, 24-120, 25-119, 26-94, 27-28, 28-
109, 29-83 , 30-2, 31-11, 32-79, 33- 11, 34-74, 35-59, 36-11, 37-
91, 38-62, 39-68, 40-65 , 41-89, 42-102, 43-90, 44-67, 45-86, 46-
113, 47-95, 48-92.

181
DESPUES DE LA SANTA MISA

Algunos fieles ofrecen la Misa a la que han


asistido, con la siguiente oración:
«Padre Eterno, por las manos tan puras
de vuestros Ángeles y Santos,
de María Santísima
y del mismo Jesucristo,
os ofrezco el Cuerpo, la Sangre,
el Alma y la Divinidad
de Jesucristo, y me ofrezco a mí mismo,
en unión de las Hostias
de los Sacrificios de las Misas
que se elevan en este momento al Cielo,
de las que se han elevado hasta el presente y se
elevarán hasta el fin de los tiempos,
para adoraros, alabaros, amaros,
agradecer vuestros beneficios,
pediros Gracia y Misericordia
por cuantos puedan participar
de estos Sacrificios,
por nosotros y por el Mundo entero.
Así sea.

182
RECITADO DE SALMOS PARA DESPUES
DE COMULGAR O DESPUES DE LA
SANTA MISA

1 Dad gracias al Señor porque es Bueno,


2 Alabad al Señor porque es Bueno,
porque es eterna su Misericordia.
3 Bueno es alabar al Señor
y cantar salmos a tu Nombre, ¡Oh Altísimo!
Anunciar de mañana tu Misericordia,
y tu Fidelidad durante las noches.
4 El Señor es mi Pastor, nada me falta;
en prados de fresca hierba me apacienta.
Me conduce a las aguas del descanso,
y reconforta mi alma.
Me guía por senderos de Justicia,
por Amor de su Nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso,
no temeré mal alguno,
porque Tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me consuelan.
Tú preparas ante mí una mesa
en frente de mis enemigos.
Derramas el óleo sobre mi cabeza,
y mi cáliz rebosa.
La benignidad y la Gracia me acompañarán
todos los días de mi vida.
Y habitaré en la Casa del Señor
a lo largo de los días.
183
5 ¡Qué podré yo dar a Yavé
por todos los bienes que me ha hecho?
Levantaré el Cáliz de Salvación
e invocaré el Nombre del Señor,
cumpliré los votos que he hecho a Yavé
en la presencia de todo su Pueblo.
Es cosa preciosa a los ojos de Yavé,
la muerte de los que le aman.
Oh Yavé, siervo tuyo soy,
e hijo de tu Esclava.
Tú rompiste mis cadenas.

6 Oh qué bueno, qué dulce,


habitar los hermanos todos juntos.

7 Cantad al Señor un cántico nuevo


porque ha hecho maravillas.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,


como era en un principio, ahora y siempre y por
los siglos de los siglos. Amén.

Nota: La correspondencia con los Salmos (fragmentos) es de la


siguiente forma: 1-136, 2-107 , 3-92, 4-23, 5-116, 6-133, 7-98.

184
185
CANTOS
EUCARISTICOS

186
187
SEÑOR, GRANO DE TRIGO SOY
CASAJOANA

188
PANGE LINGUA
TANTUM ERGO Y GENITORE
(Melodía Gregoriana oficial)

2 Nobis datus, nobis natus


Ex intácta Vírgine,
Et in mundo conversátus,
Sparso verbi sémine,
Sui moras incolátus
Miro clausit órdine.

3 In supremæ nocte coenæ


Recumbens cum frátribus,
Observata lege plene
Cibis in legálibus,
Cibum turbæ duodénæ
Se dat súis mánibus.

4 Verbum caro, panem verum


Verbo carnem éfficit,
Fitque Sanguis Christi merum,
Et, si sensus déficit,
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides súfficit.
189
CANTOS DE COMUNIÓN
ADORO TE DEVOTE (Gregoriano)

9
.2 Visus, tactus, gustus in te fállitur,
Sed auditu solo tuto creditur.
Credo quidquid dixit Dei Fílius:
nil hoc verbo Veritátis vérius.
3 In cruce latebat sóla Deitas,
At hic latet simul et humanitas;
Ambo tamen credens atque cónfitens,
Peto quod petivit latro poenitens.
4 Plagas, sicut Thomas, non int úeor;
Deum tamen meum te confíteor.
Fac me tibi semper magis crédere,
In te spem habére, te dilígere.
5 O memoriále mortis Dómini!
Panis vivus, vitam praestans h ómini!
Praesta meae menti de te vívere
Et te illi semper dulce sápere.
6 Pie pellicáne, Iesu Dómine,
Me immúndum munda tuo sánguine.
Cuius una stilla salvum fácere
Totum mundum quit ab omni scélere.
7 Iesu, quem velátum nunc aspício,
Oro fiat illud quod tam sitio;
Ut te revelata cernens fácie
Visu sim beátus tuae glóriae. Amen

190
AVE VERUM
Gregoriano

191
UBI CÁRITAS

BENDIGAMOS AL SEÑOR
Popular

2 Conservemos la unidad /Que el maestro nos mandó /Donde hay guerra que haya
paz/ Donde hay odio que haya amor /¡Oh, padre nuestro!

3 El señor nos ordenó / Devolver el bien por mal /Ser testigos de su amor /
Perdonando de verdad / ¡Oh, padre nuestro!

4 Al que vive en el dolor / Y al que sufre en soledad / Entreguemos nuestro amor /


Y consuelo fraternal / ¡Oh, padre nuestro!

5 El señor que nos llamó /A vivir en la unidad / Nos congregue con su amor / En
feliz eternidad / ¡Oh, padre nuestro!

192
CERCA DE TI SEÑOR
Masson

2 Mi pobre corazón, inquieto está, / por esta vida,voy buscando paz./ Mas
sólo Tú, Señor,la paz me puedes dar./ Cerca de Ti, Señor, yo quiero
estar.
3 Día feliz veré, creyendo en Ti,/ en que yo habitaré, cerca de Ti./ Mi voz
alabará, tu Santo nombre allí, / y mi alma gozará, cerca de Ti.

193
VEANTE MIS OJOS

Pedrell

2 No quiero contento, / mi Jesús ausente,/ que todo es tormento / a quien


esto siente; / sólo me sustente su amor y deseo;

194
PESCADOR DE HOMBRES

2 Tú sabes bien los que tengo,/ en mi barca no hay oro ni espadas,/ tan solo
redes y mi trabajo.

3 Tú necesitas mis manos,/ mi cansancio, que a otros descanse; / amor que


quiere seguir amando.

4 Tú, pescador de otros lagos,/ ansia eterna dealmas que esperan,/ amigo
bueno que así me llamas

195
OH BUEN JESÚS
ACTOS PARA ANTES DE COMULGAR

196
BENDITO BENDITO
POPULAR
CORO

2 Creo, Jesús mío el que bien lo coma


que estás en el altar jamás morirá
oculto en la Hostia
te vengo a adorar. 5 Jesús amoroso
suspiro por Ti
3 Por amor al hombre como anhela el alma
moriste en una Cruz contigo vivir.
y al Ara desciendes
por nuestra salud. 6 Tú, el moribundo
eres el sostén
4 En la Santa Hostia si al morir comulgo
celestial manjar: A LA GLORIA IRÉ

HOSTIA PURA, HOSTIA SANTA


POPULAR
CORO

197
ALABADO SEA EL SANTÍSIMO
POPULAR
CORO

Con esperanza y fe viva⸺ llega de Amor abrasado


a comer la misma Vida,⸺ que es Jesús Sacramentado.

Llega humilde, llega ansioso, ⸺ puro, limpio y sin pecado,


verás qué dulce y sabroso ⸺ es Jesús Sacramentado.

Ay Jesús que le ofendido, ay mi Dios, que no he amado;


ay de mí, que ingrato he sido ⸺ con Jesús Sacramentado.

Ay, amante de mi vida, ⸺ dulce Esposo regalado,


ay Jesús, prenda querida, ⸺ ay Jesús Sacramentado.

198
TE ADORO SAGRADA HOSTIA

Popular

SEA POR SIEMPRE


Cumellas Ribó

199
ALABAD AL SEÑOR

2 De los cielos bajó;/ se hizo carne mortal; /a los hombres amó;/ se hizo
pan celestial.

DIOS ES MI VIDA
Coro J.M. Beobido

3. Será la llama tu caridad/ Será la leña mi iniquidad.

200
CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES

HIMNO EUCARÍSTICO

J. Busca de Sagastizábal

201
OBRAS EDITADAS POR «MENSAJEROS DE LA VIDA»

a)Eucarísticas:
-«Noli Me tangere»: Estudio sin prejuicios -con la libertad
que ha concedido a los laicos el C. Vaticano II- sobre el polémico
tema de la Comunión en la mano.
-«De Rodillas»: Desde diversos aspectos, se habla de la
importancia de esta postura litúrgica de institución divina.
-«Devocionario Eucarístico»: Recoge importantes
consideraciones acerca del Misterio de la Sagrada Eucaristía, al
tiempo que ofrece diversas oraciones para la Preparación y Acción
de Gracias en la Comunión, así como algunas Devociones
Eucarísticas conocidas.
-«Alma de Cristo»: Meditación llena de resonancias, de la
Oración que con el mismo título rezamos después de Comulgar.
«Hay que poner la Bandeja al administrar la Sagrada
Eucaristía». En esta pequeña obra, un tema para algunos
insignificante, se trata con la profundidad que tiene todo lo
relacionado con el Culto Divino, y nos trae el eco de las Palabras
de Cristo: «El que es fiel en lo poco lo será en lo mucho» (1c
16,10).
-«Respetemos el Templo Santo de Dios» (p).
-«Oración en el Día de la Primera Comunión»: Se trata de
una Oración muy completa, presentada en cartulina brillante, que
lleva una bonita ilustración del Niño Jesús, y que sirve de
Recuerdo de un Día tan señalado.
-Cartel en cuatro idiomas, sobre el respeto debido al visitar
los Templos.
b) Otros temas:
—«La Corrección Fraterna» (p).
—«Bienaventurados los Pobres de Espíritu» (p).
⸺«La Biblia condena el desnudismo» (p).
c) Numerosos adhesivos y algunas postales.
NOTA: Los títulos marcados con (p) están todavía en
preparación o en imprenta.

202
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