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Leyendas de los Mexicas en Breve

Los documentos cuentan varias leyendas mexicanas, incluyendo la creación del hombre de maíz por los dioses, el origen de Tenochtitlan como señalada por un águila en un nopal, el amor de Xóchitl y Huitzilin representado por la flor de cempasúchil, y la aventura de Tajín para ayudar a los siete truenos.

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Leyendas de los Mexicas en Breve

Los documentos cuentan varias leyendas mexicanas, incluyendo la creación del hombre de maíz por los dioses, el origen de Tenochtitlan como señalada por un águila en un nopal, el amor de Xóchitl y Huitzilin representado por la flor de cempasúchil, y la aventura de Tajín para ayudar a los siete truenos.

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“Los hombres de maíz”

Mucho tiempo antes, cuando el mundo apenas iniciaba solo existía el cielo y el mar, no había
animales, ni tierra y mucho menos seres humanos.

Al ver lo solitario que se encontraba todo, tres dioses:


Kukulcán, Tepeau y Caculhá Huracán, crearon la tierra, las
montañas, los árboles y los primeros animales, las aves y
venados que habitaban en los valles, sin embargo, los dioses
querían crear un ser perfecto que hablara, tuviera
conocimientos y los venerara, fue así como surgió la idea de
formar al hombre.

Los dioses tomaron lodo y con él formaron al primer


hombre, con sus poderosas manos moldearon su
cabeza dándole las más hermosas facciones, hicieron
sus brazos y piernas fuertes con el fin de que les
sirvieran para trabajar la tierra y aunque al principio
se sintieron felices con el resultado, el hombre de
lodo no podía realizar las actividades más básicas, no
le era posible hablar, ni caminar, cualquier
movimiento por más leve que fuera los deshacía
convirtiéndolos de nuevo en lodo.

Ante este primer fracaso los tres dioses no se rindieron y se


unieron con otros cinco y comenzaron la creación de un
nuevo hombre, esta vez hecho de madera, estos hombres podían hablar, caminar y comenzaron a
tener hijos, sin embargo, no tenían sentimientos, eran personas sin alma, sus movimientos eran
torpes, rígidos, no tenían ninguna emoción. Ante esta situación los dioses enviaron un gran diluvio
a la tierra para acabar con la vida de los hombres de madera.

Paso mucho tiempo sin que los dioses intentaran crear un nuevo hombre, después de meditar
largamente cuál era el mejor material para que el hombre pudiera finalmente pensar y sentir
decidieron tomar mazorcas de maíz y con ellas crearon una masa blanca de la cual formaron cuatro
hombres Balam Quitza, Balam Acab, Ma Hucutah e Iqui Balam, los nuevos hombres eran inteligentes
y podían correr, pensar y amar, el maíz con el que fueron creados se impregnó en su esencia, se
volvió su sangre y formó su corazón.

Al ver a su nueva creación todos los dioses quedaron satisfechos de su trabajo, los hombres de maíz
comenzaron a poblar la tierra, les enseñaron a sus hijos a respetar la naturaleza, a sembrar la tierra
y nunca olvidarse de venerar a los dioses que los habían creado.
Tenochtitlan

Cuenta una hermosa leyenda que, los pobladores


de Aztlan , al norte de lo que hoy en día es México,
tuvieron que abandonar su hogar en busca de la tierra
prometida por los dioses. Se cree que los Aztecas cuyo
nombre significa los pobladores de Aztlan,
comenzaron a emigrar en el Siglo VI (Siglo Seis)
Los futuros Aztecas o Mexicas, formados por pueblos nahuas,
por órdenes del dios de la guerra y el
sol, Huitzilopochtli tuvieron que dejar el lugar en el que
residían e iniciar una peregrinación hasta encontrar un águila
devorando a una serpiente posada sobre un nopal.

Huitzilopochtli les dijo a los mexicas que cuando


encontraran al águila sobre el nopal esa sería la señal de que habían llegado a la tierra en donde
debían de fundar el imperio más poderoso de Mesoamérica.

Haciendo caso a lo que su dios les había indicado, los mexicas iniciaron su peregrinación
convirtiéndose en un pueblo errante.

Después de años de caminar de lugar en lugar, al llegar al lago de Texcoco, divisaron a lo lejos, en
un islote en el medio del lago, a un águila posada sobre un nopal devorando a una serpiente y fue
en ese momento donde su peregrinación terminó y comenzaron a asentarse, tal y como les había
ordenado Huitzilopochtli.

Se cree que este momento de revelación divina ocurrió en el año 1323. Para el año 1325 fundaron
la gran ciudad de Tenochtitlan.

Las características del lugar fueron fundamentales para su supervivencia, ya que su aislamiento
natural les ofrecía ventajas militares y económicas. El agua y las tierras les proporcionaban grandes
beneficios también.

Al cabo del tiempo, Tenochtitlan, la capital de los mexicas se convirtió en una de las ciudades más
importantes de su época y fue la cabeza de un poderoso imperio que dominó gran parte
de Mesoamérica.
La ciudad creció tanto que llegó a tener más de 2 mil habitantes por kilómetro cuadrado y
abarcaba aproximadamente tres kilómetros cuadrados.
Dentro de la ciudad se construyeron más de 70 templos y edificaciones, la mayoría de ellos sobre
el lago. Y alrededor de toda la ciudad crearon grandes calzadas, avenidas y canales que conectaban
a toda la ciudad.
El águila posada en un nopal devorando una serpiente es uno de los símbolos más importantes de
México. Es el elemento fundamental del Escudo Nacional, así como parte esencial de la bandera de
México. Los Aztecas o Mexicas se convirtieron en uno de los imperios más poderosos e importantes
de sus tiempos.
La flor de cempasúchil
Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo existieron un par de niños que se conocieron desde su
nacimiento, la niña se llamaba Xóchitl y el niño Huitzilin.

Ambos compartieron infancia, crecieron juntos y al final su amistad se convirtió en un dulce y tierno
amor juvenil. Tanto era su cariño que un día decidieron subir a lo alto de una colina en donde el sol
deslumbraba con particular fuerza, pues se sabía que allí moraba el Dios del sol.

Hicieron todo ese largo camino sólo para pedirle a Tonatiuh que les diera su bendición y cuidado
para poder seguir amándose. El Dios del sol al verlos tan enamorados, bendijo su amor y aprobó su
unión.

Desafortunadamente la tragedia llegó a ellos de forma inesperada cuando Huitzilin fue llamado a
participar en una batalla para defender a su pueblo, y fue así como se separaron para que él
marchara a la guerra.

Después de algún tiempo, Xóchitl se enteró que su amado había fallecido en el campo de batalla. Su
dolor fue tan grande que rogó con todas sus fuerzas a Tonatiuh que le permitiera unirse a él en la
eternidad. Este, al verla tan afligida, decidió convertirla en una hermosa flor, así que lanzó un rayo
dorado sobre ella, y en efecto, creció de la tierra un bello y tierno botón, sin embargo, este
permaneció cerrado durante mucho tiempo.

Un buen día un colibrí atraído por el aroma inconfundible de esta flor llegó hasta ella y se posó sobre
sus hojas. Inmediatamente, la flor se abrió y mostró su hermoso color amarillo, radiante como el sol
mismo, era la flor de cempasuchil, la flor de veinte pétalos, que había reconocido a su amado
Huitzilin, el cual había tomado forma de colibrí para poder visitarla.

Así, la leyenda dice que mientras exista la flor de cempasúchil y haya colibríes en los campos, el
amor de Huitzilin y Xóchitl perdurará por siempre.

En el día de muertos, se cree el aroma de la flor de cempasúchil guía a las almas de los difuntos en
el camino hacia la ofrenda que les espera en el mundo de los vivos.

Esta es una clara referencia a que el aroma de esta flor guía con amor a las personas que se fueron,
y que esperamos regresen a visitarnos año con año, y así reencontrarnos con nuestros seres
queridos, tal como lo hicieron Xóchitl y Huitzilin.
Tajin y los siete truenos

Hace mucho tiempo, en la región de Veracruz, México, había un joven llamado Tajín. Era conocido
por su valentía y sabiduría, pero también por su amor por la naturaleza y su respeto por los dioses.
Un día, mientras caminaba por las montañas, escuchó un estruendo ensordecedor. Al levantar la
vista, vio siete relámpagos descendiendo del cielo y golpeando la tierra con gran fuerza. Intrigado,
Tajín decidió seguir el rastro de los truenos.

A medida que avanzaba, descubrió que los siete


truenos eran en realidad siete hermanos divinos
que habitaban en las alturas. Sin embargo,
estaban preocupados porque su poder había
sido robado por un malvado hechicero. Tajín, con
su valentía y determinación, se ofreció para
ayudarlos a recuperar su fuerza perdida.

Con la guía de los truenos, Tajín emprendió un


viaje peligroso a través de selvas densas y
montañas escarpadas. Desafiando a criaturas
místicas y superando obstáculos, finalmente
llegaron al escondite del hechicero. Con astucia y
coraje, Tajín luchó contra el malvado mago y
logró recuperar los rayos de los truenos.

Agradecidos por su valentía, los siete truenos otorgaron a Tajín un regalo especial: el poder de
convocar la fuerza de los elementos cuando más lo necesitara. A partir de ese día, Tajín se convirtió
en un guardián de la naturaleza y un protector de su pueblo, usando su don para mantener el
equilibrio entre el cielo y la tierra.

Y así, la leyenda de Tajín y los siete truenos se convirtió en un símbolo de valentía, sabiduría y
conexión con el mundo natural, recordándonos que incluso los más poderosos necesitan la ayuda y
la amistad de los demás para superar los desafíos más grandes.

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