ES3 - SM Cuadernillo 2021
ES3 - SM Cuadernillo 2021
OTROS
— “El eclipse”, Augusto Monterroso
— “El eclipse”, Augusto Monterroso (versión historieta)
POESÍA
— Selección de poesías
FANTÁSTICO
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
1. Releé la primera oración del relato. ¿Podés establecer alguna relación desagradables y reales; los otros dos quintos, en perpetuo antagonismo con
entre esa oración y la historia que se narra? ¿Qué funciones tiene ese comienzo? aquéllos, estaban representados por él mismo y su imaginación. Conradín
pensaba que no estaba lejos el día en que habría de sucumbir a la dominante
2. ¿Qué otras frases anticipan el desenlace funesto para Antonio? Copialas.
presión de las cosas necesarias y cansadoras: las enfermedades, los cuidados
3. Al comienzo del cuento, se dice que a Toñito le gustaban los juegos excesivos y el interminable aburrimiento. Su imaginación, estimulada por la
peligrosos: cuando recibe la soga el chico juega a que la soga es distintos objetos. soledad, le impedía sucumbir.
¿Cuáles de estas transformaciones de la soga son potencialmente peligrosas?
La señora De Ropp, aun en los momentos de mayor franqueza, no hubiera
¿Por qué?
admitido que no quería a Conradín, aunque tal vez habría podido darse cuenta de
4. A medida que avanzamos en la lectura del cuento, oscilamos entre que al contrariarlo por su bien cumplía con un deber que no era particularmente
pensar que la soga verdaderamente se ha convertido en un ser animado o si las penoso. Conradín la odiaba con desesperada sinceridad, que sabía disimular a la
menciones a sus acciones se refieren a lo que ésta “parece ser”. Releé desde la perfección. Los escasos placeres que podía procurarse acrecían con la perspectiva
línea 11 hasta la 41 y copiá en tu carpeta: de disgustar a su parienta, que estaba excluida del reino de su imaginación por
a) cuándo el narrador describe a la soga como una verdadera víbora, ser un objeto sucio, inadecuado.
b) cuándo nos tranquiliza, mostrando que las acciones de la soga son En el triste jardín, vigilado por tantas ventanas prontas a abrirse para indicarle
que no hiciera esto o aquello, o recordarle que era la hora de ingerir un remedio,
producto del juego de Toñito, Conradín hallaba pocos atractivos. Los escasos árboles frutales le estaban
c) cuándo no está claro si la soga es una víbora o si sus acciones son el celosamente vedados, como si hubieran sido raros ejemplares de su especie
crecidos en el desierto. Sin embargo, hubiera resultado difícil encontrar quien
resultado del juego.
pagara diez chelines por su producción de todo el año. En un rincón, casi oculta
5. Explicá por qué te parece que murió el niño. por un arbusto, había una casilla de herramientas abandonada, y en su interior
Conradín halló un refugio, algo que participaba de las diversas cualidades de un
cuarto de juguetes y de una catedral. La había poblado de fantasmas familiares,
algunos provenientes de la historia y otros de su imaginación; estaba también
SAKI orgulloso de alojar dos huéspedes de carne y hueso. En un rincón vivía una gallina
del Houdán, de ralo plumaje, a la que el niño prodigaba un cariño que casi no
SREDNI VASHTAR
tenía otra salida. Más atrás, en la penumbra, había un cajón, dividido en dos
compartimentos, uno de ellos con barrotes colocados uno muy cerca del otro. Allí
Conradín tenía diez años y, según la opinión profesional del médico, el niño no
se encontraba un gran hurón de los pantanos, que un amigo, dependiente de
viviría cinco años más. Era un médico afable, ineficaz, poco se le tomaba en
carnicería, introdujo de contrabando, con jaula y todo, a cambio de unas
cuenta, pero su opinión estaba respaldada por la señora De Ropp, a quien debía
monedas de plata que guardó durante mucho tiempo. Conradín tenía mucho
tomarse en cuenta. La señora De Ropp, prima de Conradín, era su tutora, y
miedo de ese animal flexible, de afilados colmillos, que era, sin embargo, su
representaba para él esos tres quintos del mundo que son necesarios,
tesoro más preciado. Su presencia en la casilla era motivo de una secreta y
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
terrible felicidad, que debía ocultársele escrupulosamente a la Mujer, como solía Conradín, esperando que manifestara odio y tristeza, que estaba ya preparada
llamar a su prima. Y un día, quién sabe cómo, imaginó para la bestia un nombre para contrarrestar con una retahíla de excelentes preceptos y razonamientos.
maravilloso, y a partir de entonces el hurón de los pantanos fue para Conradín un Pero Conradín no dijo nada: no había nada que decir. Algo en esa cara impávida y
dios y una religión. blanca la tranquilizó momentáneamente. Esa tarde, a la hora del té, había
tostadas: manjar que por lo general excluía con el pretexto de que haría daño a
La Mujer se entregaba a la religión una vez por semana, en una iglesia de los
Conradín, y también porque hacerlas daba trabajo, mortal ofensa para la mujer
alrededores, y obligaba a Conradín a que la acompañara, pero el servicio religioso
de la clase media.
significaba para el niño una traición a sus propias creencias. Pero todos los
jueves, en el musgoso y oscuro silencio de la casilla, Conradín oficiaba un místico -Creí que te gustaban las tostadas -exclamó con aire ofendido al ver que no las
y elaborado rito ante el cajón de madera, santuario de Sredni Vashtar, el gran había tocado.
hurón. Ponía en el altar flores rojas cuando era la estación y moras escarlatas
-A veces -dijo Conradín.
cuando era invierno, pues era un dios interesado especialmente en el aspecto
impulsivo y feroz de las cosas; en cambio, la religión de la Mujer, por lo que podía Esa noche, en la casilla, hubo un cambio en el culto al dios cajón. Hasta entonces,
observar Conradín, manifestaba la tendencia contraria. Conradín no había hecho más que cantar sus oraciones: ahora pidió un favor.
En las grandes fiestas espolvoreaba el cajón con nuez moscada, pero era -Una sola cosa te pido, Sredni Vashtar.
condición importante del rito que las nueces fueran robadas. Las fiestas eran
variables y tenían por finalidad celebrar algún acontecimiento pasajero. En No especificó su pedido. Sredni Vashtar era un dios, y un dios nada lo ignora. Y
ocasión de un agudo dolor de muelas que padeció por tres días la señora De ahogando un sollozo, mientras echaba una mirada al otro rincón vacío, Conradín
Ropp, Conradín prolongó los festivales durante todo ese tiempo, y llegó incluso a regresó a ese otro mundo que detestaba.
convencerse de que Sredni Vashtar era personalmente responsable del dolor. Si Y todas las noches, en la acogedora oscuridad de su dormitorio, y todas las
el malestar hubiera durado un día más, la nuez moscada se habría agotado. tardes, en la penumbra de la casilla, se elevó la amarga letanía de Conradín:
La gallina del Houdán no participaba del culto de Sredni Vashtar. Conradín había -Una sola cosa te pido, Sredni Vashtar.
dado por sentado que era anabaptista. No pretendía tener ni la más remota idea
de lo que era ser anabaptista, pero tenía una íntima esperanza de que fuera algo La señora De Ropp notó que las visitas a la casilla no habían cesado, y un día llevó
audaz y no muy respetable. La señora De Ropp encarnaba para Conradín la a cabo una inspección más completa.
odiosa imagen de la respetabilidad. -¿Qué guardas en ese cajón cerrado con llave? -le preguntó-. Supongo que son
Al cabo de un tiempo, las permanencias de Conradín en la casilla despertaron la conejitos de la India. Haré que se los lleven a todos.
atención de su tutora. Conradín apretó los labios, pero la mujer registró su dormitorio hasta descubrir la
-No le hará bien pasarse el día allí, con lo variable que es el tiempo -decidió llave, y luego se dirigió a la casilla para completar su descubrimiento. Era una
repentinamente, y una mañana, a la hora del desayuno, anunció que había tarde fría y Conradín había sido obligado a permanecer dentro de la casa. Desde
vendido la gallina del Houdán la noche anterior. Con sus ojos miopes atisbó a la última ventana del comedor se divisaba entre los arbustos la casilla; detrás de
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
esa ventana se instaló Conradín. Vio entrar a la mujer, y la imaginó después las mandíbulas y del cuello. Conradín se hincó de rodillas. El Gran Hurón de los
abriendo la puerta del cajón sagrado y examinando con sus ojos miopes el lecho Pantanos se dirigió al arroyuelo que estaba al extremo del jardín, bebió, cruzó un
de paja donde yacía su dios. Quizá tantearía la paja movida por su torpe puentecito de madera y se perdió entre los arbustos. Ese fue el tránsito de Sredni
impaciencia. Conradín articuló con fervor su plegaria por última vez. Pero sabía al Vashtar.
rezar que no creía. La mujer aparecería de un momento a otro con esa sonrisa
-Está servido el té -anunció la criada de expresión agria-. ¿Dónde está la señora?
fruncida que él tanto detestaba, y dentro de una o dos horas el jardinero se
llevaría a su dios prodigioso, no ya un dios, sino un simple hurón de color pardo, -Fue hace un rato a la casilla -dijo Conradín.
en un cajón. Y sabía que la Mujer terminaría como siempre por triunfar, y que sus
persecuciones, su tiranía y su sabiduría superior irían venciéndolo poco a poco, Y mientras la criada salió en busca de la señora, Conradín sacó de un cajón del
hasta que a él ya nada le importara, y la opinión del médico se vería confirmada. aparador el tenedor de las tostadas y se puso a tostar un pedazo de pan. Y
Y como un desafío, comenzó a cantar en alta voz el himno de su ídolo mientras lo tostaba y lo untaba con mucha mantequilla, y mientras duraba el
amenazado: lento placer de comérselo, Conradín estuvo atento a los ruidos y silencios que
llegaban en rápidos espasmos desde más allá de la puerta del comedor. El
estúpido chillido de la criada, el coro de interrogantes clamores de los
Sredni Vashtar avanzó: integrantes de la cocina que la acompañaba, los escurridizos pasos y las
apresuradas embajadas en busca de ayuda exterior, y luego, después de una
Sus pensamientos eran pensamientos rojos y sus dientes eran blancos.
pausa, los asustados sollozos y los pasos arrastrados de quienes llevaban una
Sus enemigos pidieron paz, pero él le trajo muerte. carga pesada.
Sredni Vashtar el hermoso. -¿Quién se lo dirá al pobre chico? ¡Yo no podría! -exclamó una voz chillona.
Habiéndola conocido casualmente hace muchos años, mi alma, desde nuestro Resulta innecesario expresar el carácter exacto de estas disquisiciones que,
primer encuentro, ardió con un fuego que no había conocido antes jamás; pero brotando de los volúmenes que he mencionado, constituyeron durante tanto
no era ese fuego el de Eros, y representó para mi espíritu un amargo tormento la tiempo casi el único tema de conversación entre Morella y yo.
convicción gradual de que no podría definir su insólito carácter ni regular su vaga
Los enterados de lo que se puede llamar moral teológica las concebirán
intensidad. Sin embargo, nos tratamos, y el destino nos unió ante el altar; jamás
fácilmente, y los ignorantes poco comprenderían, en todo caso. El vehemente
hablé de pasión, ni pensé en el amor. Ella, aun así, huía de la sociedad, y
panteísmo de Fichte, la palingenesia modificada de los pitagóricos, y por encima
dedicándose a mí, me hizo feliz. Asombrarse es una felicidad, y una felicidad es
de todo, las doctrinas de la Identidad tal como las presenta Schelling, solían ser
soñar.
los puntos de discusión que ofrecían mayor belleza a la imaginativa Morella. Esta
La erudición de Morella era profunda. Como espero mostrar, sus talentos no eran identidad llamada personal, la define con precisión míster Locke, creo, diciendo
de orden vulgar, y su potencia mental era gigantesca. Lo percibí, y en muchas que consiste en la cordura del ser racional. Y como por persona entendemos una
materias fui su discípulo. No obstante, pronto comprendí que, quizá a causa de esencia inteligente, dotada de razón, y como hay una conciencia que acompaña
haberse educado en Presburgo ponía ella ante mí un gran número de esas obras siempre al pensamiento, es ésta la que nos hace a todos ser eso que llamamos
místicas que se consideran generalmente como la simple escoria de la literatura nosotros mismos, diferenciándonos a sí de otros seres pensantes y dándonos
alemana. Esas obras, no puedo imaginar por qué razón, constituían su estudio nuestra identidad personal. Pero el principium individuationis - la noción de esa
favorito y constante, y si en el transcurso del tiempo llegó a ser el mío también, identidad que en la muerte se pierde o no para siempre -fue para mí en todo
hay que atribuirlo a la simple, pero eficaz influencia del hábito y del ejemplo. tiempo una consideración de intenso interés, no sólo por la naturaleza pasmosa y
emocionante de sus consecuencias, sino por la manera especial y agitada como la
Con todo esto, si no me equivoco, pero tiene que ver mi razón. Mis convicciones,
mencionaba Morella.
o caigo en un error, no estaban en modo algún o basadas en el ideal, y no se
descubriría, como no me equivoque por completo, ningún tinte del misticismo de Pero realmente había llegado ahora un momento en que el misterio del carácter
mis lecturas, ya fuese en mis actos o ya fuese en mis pensamientos. de mi esposa me oprimía como un hechizo. No podía soporta r por más tiempo el
contacto de sus pálidos dedos, ni el tono profundo de su palabra musical, ni el
Persuadido de esto, me abandoné sin reserva a la dirección de mi esposa, y me
brillo de sus melancólicos ojos. Y ella sabía todo esto, pero no me reconvenía.
adentré con firme corazón en el laberinto de sus estudios. Y entonces - cuando,
sumiéndome en páginas aborrecibles, sentía un espíritu aborrecible encenderse Parecía tener conciencia de mi debilidad o de mi locura, y sonriendo, las llamaba
dentro de mí -venía Morella a colocar su mano fría en la mía, y hurgando las el Destino. Parecía también tener conciencia de la causa, para mí desconocida, de
cenizas de una filosofía muerta, extraía de ellas algunas graves y singulares aquel gradual desvío de mi afecto; pero no me daba explicación alguna ni aludía a
su naturaleza. Sin embargo, era ella mujer, y se consumía por días.
palabras que, dado su extraño sentido, ardían por sí mismas sobre mi memoria. Y
entonces, hora tras hora, permanecía al lado de ella, sumiéndome en la música Con el tiempo, se fijó una mancha roja constantemente sobre sus mejillas, y las
de su voz, hasta que se infestaba de terror su melodía, y una sombra caía sobre venas azules de su pálida frente se hicieron prominentes. Llegó un instante en
mi alma, y palidecía yo, y me estremecía interiormente ante aquellos tonos que mi naturaleza se deshacía en compasión; pero al siguiente encontraba yo la
sobrenaturales. Y así, el gozo se desvanecía en el horror, y lo más bello se mirada de sus ojos pensativos, y entonces sentíase mal mi alma y experimentaba
tornaba horrendo, como Hinnom se convirtió en Gehena.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
el vértigo de quien tiene la mirada sumida en algún aterrador e insondable los árboles. Porque han pasado las horas de tu felicidad, y no se coge dos veces la
abismo. alegría en una vida, como las rosas de Paestum dos veces en un año. Tú no
jugarás ya más con el tiempo el juego del Teyo; pero, siéndote desconocidos el
¿Diré que anhelaba ya con un deseo fervoroso y devorador el momento de la
mirto y el vino, llevarás contigo sobre la tierra tu sudario, como hace el
muerte de Morella? Así era; pero el frágil espíritu se aferró en su envoltura de
musulmán en la Meca.
barro durante muchos días, muchas semanas y muchos meses tediosos, hasta
que mis nervios torturados lograron triunfar sobre mi mente, y me sentí -¡Morella! - exclamé- . ¡Morella! ¿Cómo sabes esto?
enfurecido por aquel retraso, y con un corazón demoníaco, maldije los días, las
Pero ella volvió su rostro sobre la almohada, un leve temblor recorrió sus
hora s, los minutos amargos, que parecían alargarse y alargarse a medida que
miembros, y ya no oí más su voz.
declinaba aquella delicada vida, como sombras en la agonía de la tarde.
Sin embargo, como había predicho ella, su hijo - el que había dado a luz al morir,
Pero una noche de otoño, cuando permanecía quieto el viento en el cielo,
y que no respiró hasta que cesó de alentar su madre-, su hijo, una niña, vivió. Y
Morella me llamó a su lado.
creció extrañamente en estatura y en inteligencia, y era de una semejanza
Había una oscura bruma sobre toda la tierra, un calor fosforescente sóbrenlas perfecta con la que había desaparecido, y la amé con un amor más ferviente del
aguas, y entre el rico follaje de la selva de octubre, hubiérase dicho que caía del que creí me sería posible sentir por ningún habitante de la Tierra.
firmamento un arco iris.
Pero, antes de que pasase mucho tiempo, se ensombreció el cielo de aquel puro
-Éste es el día de los días -dijo ella, cuando me acerqué -: un día entre todos los afecto, y la tristeza, el horror, la aflicción, pasaron veloces como nubes. He dicho
días para vivir o morir. Es un día hermoso para los hijos de la tierra y de la vida, que la niña creció extrañamente en estatura y en inteligencia. Extraño, en
¡ah, y más hermoso para las hijas del cielo y de la muerte! verdad, fue el rápido crecimiento de su tamaño corporal; pero terribles, ¡oh,
terribles!, fueron los tumultuosos pensamientos que se amontonaron sobre mí
Besé su frente, y ella prosiguió:
mientras espiaba el desarrollo de su ser intelectual. ¿Podía ser de otra manera,
- Voy a morir, y a pesar de todo, viviré. cuando descubría yo a diario en las concepciones de la niña las potencias adultas
y las facultades de la mujer, cuando las lecciones de la experiencia se
-¡Morella! desprendían de los labios de la infancia y cuando veía a cada hora la sabiduría o
-No han existido nunca días en que hubieses podido amarme; pero a la que las pasiones de la madurez centellear en sus grandes y pensativos ojos? Como
aborreciste en vida la adorarás en la muerte. digo, cuando apareció evidente todo eso ante mis sentidos aterrados, cuando no
le fue ya posible a mi alma ocultárselo más, ni a mis facultades estremecidas
-¡Morella! rechazar aquella certeza, ¿cómo puede extrañar que unas sospechas de
-Repito que voy a morir. Pero hay en mí una prenda de ese afecto, ¡ah, cuan naturaleza espantosa y emocionante se deslizaran en mi espíritu, o que mis
pequeño!, que has sentido por mí, por Morella. Y cuando parta mi espíritu, el hijo pensamientos se volvieran, despavoridos, hacia los cuentos extraños y las
vivirá, el hijo tuyo, el de Morella. Pero tus días serán días de dolor, de ese dolor impresionantes teorías de la enterrada Morella? Arranqué a la curiosidad del
que es la más duradera de las impresiones, como el ciprés es el más duradero de mundo un ser a quien el Destino me mandaba adorar, y en el severo aislamiento
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
de mi hogar, vigilé con una ansiedad mortal cuanto concernía a la criatura agitar el recuerdo de la muerta enterrada? ¿Qué demonio me incitó a suspirar
amada. aquel sonido cuyo recuerdo real hacía refluir mi sangre a torrentes desde las
sienes al corazón? ¿Qué espíritu perverso habló desde las reconditeces de mi
Y mientras los años transcurrían, y mientras día tras día contemplaba yo su santo,
alma, cuando, entre aquellos oscuros corredores, y en el silencio de la noche,
su apacible, su elocuente rostro, mientras examinaba sus formas que maduraban,
musité al oído del santo hombre las sílabas «Morella»?
descubría día tras día nuevos puntos de semejanza en la hija con su madre, la
melancólica y la muerta. Y a cada hora aumentaban aquellas sombras de ¿Qué ser más demoníaco retorció los rasgos de mi hija, y los cubrió con los tintes
semejanza, más plenas, más definidas, más inquietantes y más atrozmente de la muerte cuando estremeciéndose ante aquel nombre apenas audible, volvió
terribles en su aspecto. Pues que su sonrisa se pareciese a la de su madre podía sus límpidos ojos desde el suelo hacia el cielo, y cayendo prosternada sobre las
yo sufrirlo, aunque luego me hiciera estremecer aquella identidad demasiado losas negras de nuestra cripta ancestral, respondió: « ¡Aquí estoy!»?
perfecta; que sus ojos se pareciesen a los de Morella podía soportarlo, aunque,
Estas simples y cortas sílabas cayeron claras, fríamente claras, en mis oídos, y
además, penetraran harto a menudo en las profundidades de mi alma con el
desde allí, como plomo fundido, se precipitaron silbando en mi cerebro. Años,
intenso e impresionante pensamiento de la propia Morella. Y en el contorno de
años enteros pueden pasar; pero el recuerdo de esa época, ¡jamás! No
su alta frente, en los bucles de su sedosa cabellera, en sus pálidos dedos que se
desconocía yo, por cierto, las flores y la vid; pero el abeto y el ciprés proyectaron
sepultaban dentro de ella, en el triste tono bajo y musical de su palabra, y por
su sombra sobre mí noche y día. Y no conservé noción alguna de tiempo o de
encima de todo -¡oh, por encima de todo! -en las frases y expresiones de la
lugar, y se desvanecieron en el cielo las estrellas de mi destino, y desde entonces
muerta sobre los labios de la amada, de la viva, encontraba yo pasto para un
se ensombreció la tierra, y sus figuras pasaron junto a mí como sombras fugaces,
horrendo pensamiento devorador, para un gusano que no quería perecer.
y entre ellas sólo vi una: Morella. Los vientos del firmamento suspiraban un único
Así pasaron dos lustros de su vida, y hasta ahora mi hija permanecía sin nombre sonido en mis oídos, y las olas en el mar murmuraban eternamente: «Morella.»
sobre la tierra. «Hija mía» y «amor mío» eran las denominaciones dictadas Pero ella murió, y con mis propias manos la llevé a la tumba; y reí con una risa
habitualmente por el afecto paterno, y el severo aislamiento de sus días impedía larga y amarga al no encontrar vestigios de la primera Morella en la cripta donde
toda relación. El nombre de Morella había muerto con ella. No hablé nunca de la enterré la segunda.
madre a la hija; érame imposible hacerlo. En realidad, durante el breve período
de su existencia, la última no había recibido ninguna impresión del mundo
exterior, excepto las que la hubieran proporcionado los estrechos límites de su
retiro.
Pero, por último, se ofreció a mi mente la ceremonia del bautismo en aquel HÉCTOR A. MURENA EL GATO
estado de desaliento y de excitación, como la presente liberación de los terrores
de mi destino. Y en la pila bautismal dudé respecto al nombre. Y se agolparon a ¿Cuánto tiempo llevaba encerrado?
mis labios muchos nombres de sabiduría y belleza, de los tiempos antiguos y de La mañana de mayo velada por la neblina en que había ocurrido aquello le
los modernos, de mi país y de los países extranjeros, con otros muchos, muchos resultaba tan irreal como el día de su nacimiento, ese hecho acaso más cierto que
delicados de nobleza, de felicidad y de bondad. ¿Qué me impulsó entonces a ninguno, pero que sólo atinamos a recordar como una increíble idea. Cuando
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
descubrió, de improviso, el dominio secreto e impresionante que el otro ejercía comprobó que ni siquiera en ese momento dejaba la pieza: a medida que la
sobre ella, se decidió a hacerlo. Se dijo que quizás iba a obrar en nombre de ella, mujer avanzaba con su trapo y su plumero, se iba desplazando hasta que se
para librarla de una seducción inútil y envilecedora. Sin embargo, pensaba en sí instalaba en un lugar definitivamente limpio; raras veces había descuidos, y
mismo, seguía un camino iniciado mucho antes. Y aquella mañana, al salir de esa entonces la sirvienta soltaba un chistido suave, de advertencia, no de amenaza, y
casa, después que todo hubo ocurrido, vio que el viento había expulsado la el animal se movía. ¿Se resistía a salir por miedo de que aprovecharan la ocasión
neblina, y, al levantar la vista ante la claridad enceguecedora, observó en el cielo para echarlo de nuevo o era un simple reflejo de su instinto de comodidad? Fuera
una nube negra que parecía una enorme araña huyendo por un campo de nieve. lo que fuese, él decidió imitarlo, aunque para forjarse una especie de sabiduría
Pero lo que nunca olvidaría era que a partir de ese momento el gato del otro, ese con lo que en el animal era miedo o molicie.
gato del que su dueño se había jactado de que jamás lo abandonaría, empezó a
En su plan figuraba privarse primero de las salidas matutinas y luego también de
seguirlo, con cierta indiferencia, con paciencia casi ante sus intentos iniciales por
las de la tarde; y, pese a que al principio le costó ciertos accesos de sorda
ahuyentarlo, hasta que se convirtió en su sombra.
nerviosidad habituarse a los encierros, logró cumplirlo. Leía un librito de tapas
Encontró esa pensionucha, no demasiado sucia ni incómoda, pues aún se negras que había llevado en el bolsillo; pero también se paseaba durante horas
preocupaba por ello. El gato era grande y musculoso, de pelaje gris, en partes de por la pieza, esperando la noche, la salida. El gato apenas si lo miraba; al parecer
un blanco sucio. Causaba la sensación de un dios viejo y degradado, pero que no tenía suficiente con dormir, comer y lamerse con su rápida lengua. Una noche
ha perdido toda la fuerza para hacer daño a los hombres; no les gustó, lo miraron muy fría, sin embargo, le dio pereza vestirse y no salió; se durmió enseguida. Y a
con repugnancia y temor, y, con la autorización de su accidental amo, lo echaron. partir de ese momento todo le resultó sumamente fácil, como si hubiese llegado
Al día siguiente, cuando regresó a su habitación, encontró al gato instalado allí; a una cumbre desde la que no tenía más que descender. Las persianas de su
sentado en el sillón, levantó apenas la cabeza, lo miró y siguió dormitando. Lo cuarto sólo se abrieron para recibir la comida; su boca, casi únicamente para
echaron por segunda vez, y volvió a meterse en la casa, en la pieza, sin que nadie comer. La barba le creció, y al cabo puso también fin a las caminatas por la
supiera cómo. Así ganó la partida, porque desde entonces la dueña de la pensión habitación.
y sus acólitos renunciaron a la lucha.
Tirado por lo común en la cama, mucho más gordo, entró en un período de
¿Se concibe que un gato influya sobre la vida de un hombre, que consiga singular beatitud. Tenía la vista casi siempre fija en las polvorientas rosetas de
modificarla? yeso que ornaban el cielo raso, pero no las distinguía, porque su necesidad de ver
quedaba satisfecha con los cotidianos diez minutos de observación de las tapas
Al principio él salía mucho; los largos hábitos de una vida regalada hacían que
del libro. Como si se hubieran despertado en él nuevas facultades, los reflejos de
aquella habitación, con su lamparita de luz amarillenta y débil, que dejaba en la
la luz amarillenta de la bombita sobre esas tapas negras le hacían ver sombras
sombra muchos rincones, con sus muebles sorprendentemente feos y
tan complejas, matices tan sutiles, que ese solo objeto real bastaba para
desvencijados si se los miraba bien, con las paredes cubiertas por un papel
saturarlo, para sumirlo en una especie de hipnotismo. También su olfato debía
listeado de colores chillones, le resultaba poco tolerable. Salía y volvía más
haber crecido, pues los más leves olores se levantaban como grandes fantasmas
inquieto; andaba por las calles, andaba, esperando que el mundo le devolviera
y lo envolvían, lo hacían imaginar vastos bosques violáceos, el sonido de las olas
una paz ya prohibida. El gato no salía nunca. Una tarde que él estaba apurado por
contra las rocas. Sin saber por qué comenzó a poder contemplar agradables
cambiarse y presenció desde la puerta cómo limpiaba la habitación la sirvienta,
imágenes: la luz de la lamparita -eternamente encendida- menguaba hasta
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
desvanecerse, y, flotando en los aires, aparecían mujeres cubiertas por largas SILVINA OCAMPO (Argentina 1903 - 1993)
vestimentas, de rostro color sangre o verde pálido, caballos de piel intensamente
celeste... LA CASA DE AZÚCAR
El gato, entretanto, seguía tranquilo en su sillón. Las supersticiones no dejaban vivir a Cristina. Una moneda con la efigie borrada,
Un día oyó frente a su puerta voces de mujeres. Aunque se esforzó, no pudo una mancha de tinta, la luna vista a través de dos vidrios, las iniciales de su
entender que decían, pero los tonos le bastaron. Fue como si tuviera una enorme nombre grabadas por azar sobre el tronco de un cedro la enloquecían de temor.
barriga fofa y le clavaran en ella un palo, y sintiera el estímulo, pero tan remoto, Cuando nos conocimos llevaba puesto un vestido verde, que siguió usando hasta
pese a ser sumamente intenso, que comprendiese que iba a tardar muchas horas que se rompió, pues me dijo que le traía suerte y que en cuanto se ponía otro,
antes de poder reaccionar. Porque una de las voces correspondía a la dueña de la azul, que le sentaba mejor, no nos veíamos. Traté de combatir estas manías
pensión, pero la otra era la de ella, que finalmente debía haberlo descubierto. absurdas. Le hice notar que tenía un espejo roto en su cuarto y que por más que
yo le insistiera en la conveniencia de tirar los espejos rotos al agua, en una noche
Se sentó en la cama. Deseaba hacer algo, y no podía. de luna, para quitarse la mala suerte, lo guardaba; que jamás temió que la luz de
Observó al gato: también él se había incorporado y miraba hacia la persiana, pero la casa bruscamente se apagara, y a pesar de que fuera un anuncio seguro de
estaba muy sereno. Eso aumentó su sensación de impotencia. muerte, encendía con tranquilidad cualquier número de velas; que siempre
dejaba sobre la cama el sombrero, error en que nadie incurría. Sus temores eran
Le latía el cuerpo entero, y las voces no paraban. Quería hacer algo. De pronto personales. Se infligía verdaderas privaciones; por ejemplo: no podía comprar
sintió en la cabeza una tensión tal que parecía que cuando cesara él iba a frutillas en el mes de diciembre, ni oír determinadas músicas, ni adornar la casa
deshacerse, a disolverse. con peces rojos, que tanto le gustaban. Había ciertas calles que no podíamos
cruzar, ciertas personas, ciertos cinematógrafos que no podíamos frecuentar. Al
Entonces abrió la boca, permaneció un instante sin saber que buscaba con ese
principio de nuestra relación, esta supersticiones me parecieron encantadoras,
movimiento, y al fin maulló, agudamente, con infinita desesperación, maulló.
pero después empezaron fastidiarme y a preocuparme seriamente. Cuando nos
comprometimos tuvimos que buscar un departamento nuevo, pues según sus
Fuente: Borges, Jorge Luis; Ocampo, Silvina, y Bioy Casares, creencias, el destino de los ocupantes anteriores influiría sobre su vida (en
Adolfo, Antología de la literatura fantástica. Buenos Aires, Sudamericana, 3a ed., ningún momento mencionaba la mía, como si el peligro la amenazara sólo a ella y
nuestras vidas no estuvieran unidas por el amor). Recorrimos todos los barrios de
1967 (págs. 298-301) la ciudad; llegamos a los suburbios más alejados, en busca de un departamento
que nadie hubiera habitado: todos estaban alquilados o vendidos. Por fin
encontré una casita en la calle Montes de Oca, que parecía de azúcar. Su
blancura brillaba con extraordinaria luminosidad. Tenía teléfono y, en el frente,
un diminuto jardín. Pensé que esa casa era recién construida, pero me enteré de
que en 1930 la había ocupado una familia, y que después, para alquilarla, el
propietario le había hecho algunos arreglos. Tuve que hacer creer a Cristina que
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
nadie había vivido en la casa y que era el lugar ideal: la casa de nuestros sueños. - Hace tiempo. ¿Me queda bien? Lo usaré cuando tengamos que ir al
Cuando Cristina la vio, exclamó: teatro, ¿no te parece?
- ¡Qué diferente de los departamentos que hemos vivido! Aquí se respira - ¿Con qué dinero lo pagaste?
olor a limpio. Nadie podrá influir en nuestras vidas y ensuciarlas con sus
- Mamá me regaló unos pesos.
pensamientos que envician el aire.
Me pareció raro, pero no le dije nada, para no ofenderla.
En pocos días nos casamos y nos instalamos allí. Mis suegros nos regalaron los
muebles del dormitorio y mis padres los del comedor. El resto de la casa la Nos queríamos con locura. Pero mi inquietud comenzó a molestarme, hasta para
amueblaríamos de a poco. Yo temía que, por los vecinos, Cristina se enterara de abrazar a Cristina por la noche. Advertí que su carácter había cambiado: de alegre
mi mentira, pero felizmente hacía sus compras fuera del barrio y jamás se convirtió en triste, de comunicativa en reservada, de tranquila en nerviosa. No
conversaba con ellos. Éramos felices, tan felices que a veces me daba miedo. tenía apetito. Ya no preparaba esos ricos postres, un poco pesados, a base de
Parecía que la tranquilidad nunca se rompería en aquella casa de azúcar, hasta cremas batidas y de chocolate, que me agradaban, ni adornaba periódicamente
que un llamado telefónico destruyó mi ilusión. Felizmente Cristina no atendió la casa con volantes de nylon, en las tapas de la letrina, en las repisas del
aquella vez al teléfono, pero quizá lo atendiera en una oportunidad análoga. La comedor, en los armarios, en todas partes como era su costumbre. Ya no me
persona que llamaba preguntó por la señora Violeta: indudablemente se trataba esperaba con vainillas a la hora del té, ni tenía ganas de ir al teatro o al
de la inquilina anterior. Si Cristina se enteraba de que yo la había engañado, cinematógrafo de noche, ni siquiera cuando nos mandaban entradas de regalo.
nuestra felicidad seguramente concluiría: no me hablaría más, pediría nuestro Una tarde entró un perro en el jardín y se acostó frente a la puerta de calle,
divorcio, y en el mejor de los casos tendríamos que dejar la casa para irnos a vivir, aullando. Cristina le dio carne y le dio de beber y, después de un baño, que le
tal vez, a Villa Urquiza, tal vez a Quilmes, de pensionistas en alguna de las casas cambió el color de pelo, declaró que le daría hospitalidad y que lo bautizaría con
donde nos prometieron darnos un lugarcito para construir ¿con qué? (con el nombre Amor, porque llegaba a nuestra casa en un momento de verdadero
basura, pues con mejores materiales no me alcanzaría el dinero) un cuarto y una amor. El perro tenía el paladar negro, lo que indica pureza de raza.
cocina. Durante la noche yo tenía cuidado de descolgar el tubo, para que ningún
llamado inoportuno nos despertara. Coloqué un buzón en la puerta de calle; fui Otra tarde llegué de improviso a casa. Me detuve en la entrada porque vi una
el depositario de la llave, el distribuidor de cartas. bicicleta apostada en el jardín. Entré silenciosamente y me escurrí detrás de una
puerta y oí la voz de Cristina.
Una mañana temprano golpearon a la puerta y alguien dejó un paquete. Desde
mi cuarto oí que mi mujer protestaba, luego oí el ruido del papel estrujado. Bajé - ¿Qué quiere? - repitió dos veces.
la escalera y encontré a Cristina con un vestido de terciopelo entre los brazos. - Vengo a buscar a mi perro - decía la de voz de una muchacha -Pasó tantas
- Acaban de traerme este vestido - me dijo con entusiasmo. veces frente a esta casa que se ha encariñado con ella. Esta casa parece de
azúcar. Desde que la pintaron, llama la atención de todos los transeúntes.
Subió corriendo las escaleras y se puso el vestido, que era muy escotado. Pero a mí me gustaba más antes, con ese color rosado y romántico de las
casas viejas. Esta casa era muy misteriosa para mí. Todo me gustaba en ella: la
- ¿Cuándo te lo mandaste a hacer?
fuente donde venían a beber los pajaritos; las enredaderas con flores, como
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
cornetas amarillas; el naranjo. Desde que tengo ocho años esperaba conocerla - No se lo diga, entonces. La esperaré todos los lunes a las siete de la tarde
a usted, desde aquel día en que hablamos por teléfono, ¿recuerda? Prometió en la Plaza Colombia. ¿Sabe dónde es? Frente a la iglesia Santa Felicitas, o si
que iba a regalarme un barrilete. no la esperaré donde usted quiera y a la hora que prefiera; por ejemplo, en el
puente de Constitución o en el Parque Lezama. Me contentaré con ver los ojos
- Los barriletes son juegos de varones.
de Bruto. ¿Me hará el favor de quedarse con él?
- Los juguetes no tienen sexo. Los barriletes me gustaban porque eran
- Bueno. Me quedaré con él.
como enormes pájaros: me hacía la ilusión de volar sobre sus alas. Para usted
fue un juego prometerme ese barrilete; yo no dormí en toda la noche. Nos - Gracias, Violeta.
encontramos en la panadería, usted estaba de espaldas y no vi su cara. Desde
- No me llamo Violeta.
ese día no pensé en otra cosa que en usted, en cómo sería su cara, su alma,
sus ademanes de mentirosa. Nunca me regaló aquel barrilete. Los árboles me - ¿Cambió de nombre? Para nosotros usted es Violeta. Siempre la misma
hablaban de sus mentiras. Luego fuimos a vivir a Morón, con mis padres. misteriosa Violeta.
Ahora, desde hace una semana estoy de nuevo aquí.
Oí el ruido seco de la puerta y el taconeo de Cristina, subiendo la escalera. Tardé
- Hace tres meses que vivo en esta casa, y antes jamás frecuenté estos un rato en salir de mi escondite y en fingir que acababa de llegar. A pesar de
barrios. Usted estará confundida. haber comprobado la inocencia del diálogo, no sé por qué, una sorda
desconfianza comenzó a devorarme. Me pareció que había presenciado una
- Yo la había imaginado tal como es. ¡La imaginé tantas veces! Para colmo
representación de teatro y que la realidad era otra. No confesé a Cristina que
de la casualidad, mi marido estuvo de novio con usted.
había sorprendido la visita de esa muchacha. Esperé los acontecimientos,
- No estuve de novia sino con mi marido. ¿Cómo se llama este perro? temiendo siempre que Cristina descubriera mi mentira, lamentando que
estuviéramos instalados en este barrio. Yo pasaba todas las tardes por la Plaza
- Bruto.
que queda frente a la iglesia de Santa Felicitas, para comprobar si Cristina había
- Lléveselo, por favor, antes de que me encariñe con él. acudido a la cita. Cristina parecía no advertir mi inquietud. A veces llegué a creer
que yo había soñado. Abrazando al perro, un día Cristina me preguntó:
- Violeta, escúcheme. Si llevo el perro a mi casa, se moriría. No lo puedo
cuidar. Vivimos en un departamento muy chico. Mi marido y yo trabajamos y - ¿Te gustaría que me llamara Violeta?
no hay nadie que lo saque a pasear.
- No me gusta el nombre de las flores.
- No me llamo Violeta. ¿Qué edad tiene?
- Pero Violeta es lindo. Es un color.
- ¿Bruto? Dos años. ¿Quiere quedarse con él? Yo vendría a visitarlo de vez
- Prefiero tu nombre.
en cuando, porque lo quiero mucho.
Un sábado, al atardecer, la encontré en el puente de constitución, asomada
- A mi marido no le gustaría recibir desconocidos en su casa, ni que
sobre el parapeto de fierro. Me acerqué y no se inmutó.
aceptara un perro de regalo.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
- ¿Qué haces aquí? - Podríamos tal vez comprar alguna casita en San Isidro o en Olivos, es tan
desagradable este barrio - le dije, fingiendo que me era posible adquirir una
- Estoy curioseando. Me gusta ver las vías desde arriba.
casa en esos lugares.
- Es un lugar muy lúgubre y no me gusta que andes sola.
- No creas. Tenemos muy cerca de aquí el Parque Lezama.
- No me parece lúgubre. ¿Y por qué no puedo andar sola?
- Es una desolación. Las estatuas están rotas, las fuentes sin agua, los
- ¿Te gusta el humo negro de las locomotoras? árboles apestados. Mendigos, viejos y lisiados van con bolsas, para tirar o
recoger basuras.
- Me gustan los medios de transporte. Soñar con viajes. Irme sin irme. “Ir y
quedar y con quedar partirse.”1 - No me fijo en esas cosas.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
No insistí, porque iba a pura pérdida. Para conformarme pensé que el tiempo Fingí no oír esa frase atormentadora. Sin embargo, no sé por qué empecé a
compondría las cosas. averiguar en el barrio quién era Violeta, dónde estaba, todos los detalles de su
vida.
Una mañana sonó el timbre de la puerta de calle. Yo estaba afeitándome y oí la
voz de Cristina. Cuando concluí de afeitarme, mi mujer ya estaba hablando con la A media cuadra de nuestra casa había una tienda donde vendían tarjetas
intrusa. Por la abertura de la puerta las espié. La intrusa tenía una voz tan grave y postales, papel, cuadernos, lápices, gomas de borrar y juguetes. Para mis
los pies tan grandes que eché a reír. averiguaciones, la vendedora de esa tienda me apreció la más indicada: era
charlatana y curiosa, sensible a las lisonjas. Con el pretexto de comprar un
- Si usted vuelve a ver a Daniel, lo pagará muy caro, Violeta.
cuaderno y lápices, fui una tarde a conversar con ella. Le alabé los ojos, las
- No sé quién es Daniel y no me llamo Violeta - respondió mi mujer. manos, el pelo. No me atreví a pronunciar la palabra Violeta. Le expliqué que
éramos vecinos. Le pregunté finalmente quién había vivido en nuestra casa.
- Usted está mintiendo. Tímidamente le dije:
- No miento. No tengo nada que ver con Daniel. - ¿No vivía una tal Violeta?
- Yo quiero que usted sepa las cosas como son. Me contestó cosas muy vagas, que me inquietaron más. Al día siguiente traté de
- No quiero escucharla. averiguar en el almacén algunos otros detalles. Me dijeron que Violeta estaba en
un sanatorio frenopático y me dieron la dirección.
Cristina se tapó las orejas con las manos. Entré en el cuarto y dije a la intrusa que
se fuera. De cerca le miré los pies, las manos y el cuello. Entonces, advertí que - Canto con una voz que no es mía - me dijo Cristina, renovando su aire
era un hombre disfrazado de mujer. No me dio tiempo de pensar en lo que debía misterioso -. Antes me hubiera afligido, pero ahora me deleita. Soy otra
hacer; como un relámpago desapareció dejando la puerta entreabierta tras de sí. persona, tal vez más feliz que yo.
No comentamos el episodio con Cristina; jamás comprenderé por qué; era como Fingí no haberla oído. Yo estaba leyendo el diario.
si nuestros labios hubieran estado sellados para todo lo que no fuese besos De tanto averiguar detalles de la vida de Violeta, confieso que desatendía a
nerviosos, insatisfechos o palabras inútiles. Cristina.
En aquellos días, tan tristes para mí, a Cristina le dio por cantar. Su voz era Fui al sanatorio frenopático, que quedaba en Flores. Ahí pregunté por Violeta y
agradable pero me exasperaba, porque formaba parte de ese mundo secreto, me dieron la dirección de Arsenia López, su profesora de canto.
que la alejaba de mí. ¡Por qué, si nunca había cantado, ahora cantaba noche y día
mientras se vestía o se bañaba o cocinaba o cerraba las persianas! Tuve que tomar el tren en Retiro, para que me llevara a Olivos.
Un día en que oí a Cristina exclamar con un aire enigmático: Durante el trayecto una tierrita me entró en un ojo, de modo que en el momento
de llegar a casa de Arsenia López, se me caían las lágrimas como si estuviese
- Sospecho que estoy heredando la vida de alguien, las dichas y las penas, las llorando. Desde la puerta de calle oí voces de mujeres, que hacían gárgaras con
equivocaciones y los aciertos. Estoy embrujada. las escalas, acompañadas de un piano, que parecía más bien un organillo.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Alta, delgada, aterradora apareció en el fondo de un corredor Arsenia López, con tanto de ella que la vi como a una extraña. Una noche de invierno huyó. La
un lápiz en la mano. Le dije tímidamente que venía a buscar noticias de Violeta. busqué hasta el alba.
- ¿Usted es el marido? Ya no sé quién fue víctima de quién, en esa casa de azúcar que ahora está
deshabitada.
- No, soy un pariente - le respondí secándome los ojos con un pañuelo.
Desde ese día Cristina se transformó, para mí, al menos, en Violeta. Traté de
seguirla a todas horas, para descubrirla en los brazos de sus amantes. Me alejé
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Caminaban lentamente por la calle, a eso de las diez de la noche, hablando con -Pero sin embargo te casaste.
tranquilidad. No tenían más de treinta y cinco años. Estaban muy serios.
-Tenía que pensar en mi empleo, y también en mi madre, y en mi padre. Una
-Pero ¿por qué tan temprano? -dijo Smith. cosa así hubiese terminado con ellos.
-Tu primera salida en todos estos años y te vuelves a casa a las diez. -Sí -dijo Braling, mirándolo serenamente con sus ojos grises-. Pero creo que todo
va a cambiar. Mira.
-Nervios, supongo.
Braling sacó un largo billete azul.
-Me pregunto cómo te las habrás ingeniado. Durante diez años he tratado de
sacarte a beber una copa. Y hoy, la primera noche, quieres volver en seguida. -¡Cómo! ¡Un billete para Río! ¡El cohete del jueves!
-No tengo que abusar de mi suerte -dijo Braling. -Sí, al fin voy a hacer mi viaje.
-Pero, ¿qué has hecho? ¿Le has dado un somnífero a tu mujer? -¡Es maravilloso! Te lo mereces de veras. Pero, ¿y tu mujer, no se opondrá?
-De veras, Braling, odio tener que decírtelo, pero has tenido mucha paciencia con -No sabe que me voy. Volveré de Río de Janeiro dentro de un mes y nadie habrá
ella. Tu matrimonio ha sido terrible. notado mi ausencia, excepto tú.
-Nadie ignora cómo consiguió casarse contigo. Allá, en 1979, cuando ibas a salir -Me gustaría ir contigo.
para Río.
-Pobre Smith, tu matrimonio no ha sido precisamente un lecho de rosas, ¿eh?
-Querido Río. Tantos proyectos y nunca llegué a ir.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
-No, exactamente. Casado con una mujer que todo lo exagera. Es decir, después -No, no -dijo Braling serenamente-. Inclínate. Pon el oído en el pecho de Braling
de diez años de matrimonio, ya no esperas que tu mujer se te siente en las Dos. Smith titubeó un instante y al fin se inclinó y apoyó la cabeza en las
rodillas dos horas todas las noches; ni que te llame al trabajo doce veces al día, ni impasibles costillas. Tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic.
que te hable en media lengua. Y parece como si en este último mes se hubiese
-¡Oh, no! ¡No puede ser!
puesto todavía peor. Me pregunto si no será una simple.
-Es.
-Ah, Smith, siempre el mismo conservador. Bueno, llegamos a mi casa.
-Déjame escuchar de nuevo. Tlc-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic. Smith dio un paso atrás y
¿Quieres conocer mi secreto? ¿Cómo pude salir esta noche?
parpadeó, asombrado. Extendió una mano y tocó los brazos tibios y las mejillas
-Me gustaría saberlo. del muñeco.
Los dos hombres se quedaron mirando el aire oscuro. En una ventana del -¿No está bien hecho?
segundo piso apareció una sombra. Un hombre de treinta y cinco años, de sienes
-Es increíble. ¿Dónde?
canosas, ojos tristes y grises y bigote minúsculo se asomó y miró hacia abajo.
-Dale al señor tu tarjeta, Braling Dos.
-Pero, cómo, ¡eres tú! -gritó Smith.
Braling Dos movió los dedos como un prestidigitador y sacó una tarjeta blanca.
-¡Chist! ¡No tan alto!
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Braling agitó una mano. El hombre respondió con un ademán y desapareció.
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-Me he vuelto loco -dijo Smith.
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-Espera un momento.
-No -dijo Smith.
Los hombres esperaron. Se abrió la puerta de calle y el alto caballero de los finos
-Sí -dijo Braling.
bigotes y los ojos tristes salió cortésmente a recibirlos.
-Claro que sí -dijo Braling Dos.
-Hola, Braling -dijo.
-¿Desde cuándo lo tienes?
-Hola, Braling -dijo Braling.
-Desde hace un mes. Lo guardo en el sótano, en el cajón de las herramientas. Mi
Eran idénticos. Smith abría los ojos.
mujer nunca baja, y sólo yo tengo la llave del cajón. Esta noche dije que salía a
-¿Es tu hermano gemelo? No sabía que… comprar unos cigarros. Bajé al sótano, saqué a Braling Dos de su encierro, y lo
mandé arriba, para que acompañara a mi mujer, mientras yo iba a verte, Smith. -
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
¡Maravilloso! ¡Hasta huele como tú! ¡Perfume de Bond Street y tabaco -Oh, Nettie me quiere locamente. Mi tarea consistirá en que me quiera
Melachrinos! cómodamente.
-Quizás me preocupe por minucias, pero creo que me comporto correctamente. -Buena suerte, Smith. No dejes de venir mientras estoy en Río. Mi mujer se
Al fin y al cabo mi mujer me necesita a mí. Y esta marioneta es igual a mí, hasta el extrañará si desaparecieras de pronto. Tienes que tratar a Braling Dos, aquí
último detalle. He estado en casa toda la noche. Estaré en casa con ella todo el presente, lo mismo que a mí.
mes próximo. Mientras tanto otro caballero paseará al fin por Río. Diez años
-Tienes razón. Adiós. Y gracias.
esperando ese viaje. Y cuando yo vuelva de Río, Braling Dos volverá a su cajón.
Smith reflexionó un minuto o dos. Smith se fue, sonriendo, calle abajo. Braling y Braling Dos se encaminaron hacia la
casa. Ya en el ómnibus, Smith examinó la tarjeta silbando suavemente. Se ruega
-¿Y seguirá marchando solo durante todo ese mes? -preguntó al fin.
al señor cliente que no hable de su compra. Aunque ha sido presentado al
-Y durante seis meses, si fuese necesario. Puede hacer cualquier cosa -comer, Congreso un proyecto para legalizar Marionetas, S. A., la ley pena aún el uso de
dormir, transpirar cualquier cosa, y de un modo totalmente natural. Cuidarás los robots.
muy bien a mi mujer, ¿no es cierto, Braling Dos?
-Bueno -dijo Smith.
-Su mujer es encantadora -dijo Braling Dos-. Estoy tomándole cariño. Smith se
Se le sacará al cliente un molde del cuerpo y una muestra del color de los ojos,
estremeció.
labios, cabellos, piel, etc. El cliente deberá esperar dos meses a que su modelo
-¿Y desde cuándo funciona Marionetas, S. A.? esté terminado. No es tanto, pensó Smith. De aquí a dos meses mis costillas
podrán descansar al fin de los apretujones diarios. De aquí a dos meses mi mano
-Secretamente, desde hace dos años.
se curará de esta presión incesante. De aquí a dos meses mi aplastado labio
-Podría yo… quiero decir, sería posible… -Smith tomó a su amigo por el codo-. inferior recobrará su tamaño normal. No quiero parecer ingrato, pero… Smith dio
¿Me dirías dónde puedo conseguir un robot, una marioneta, para mí? Me darás vuelta la tarjeta. Marionetas, S. A. funciona desde hace dos años. Se enorgullece
la dirección, ¿no es cierto? de poseer una larga lista de satisfechos clientes. Nuestro lema es «Nada de
ataduras.» Dirección: 43 South Wesley.
-Aquí la tienes.
El ómnibus se detuvo. Smith descendió, y caminó hasta su casa diciéndose a sí
Smith tomó la tarjeta y la hizo girar entre los dedos. mismo: Nettie y yo tenemos quince mil dólares en el banco. Podría sacar unos
-Gracias -dijo-. No sabes lo que esto significa. Un pequeño respiro. Una noche, ocho mil con la excusa de un negocio. La marioneta me devolverá el dinero, y con
una vez al mes… Mi mujer me quiere tanto que no me deja salir ni una hora. Yo intereses. Nettie nunca lo sabrá.
también la quiero mucho, pero recuerda el viejo poema: «El amor volará si lo Abrió la puerta de su casa y poco después entraba en el dormitorio. Allí estaba
dejas; el amor volará si lo atas.» Sólo deseo que ella afloje un poco su abrazo. Nettie, pálida, gorda, y serenamente dormida.
-Tienes suerte, después de todo. Tu mujer te quiere. La mía me odia. No es tan
sencillo.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
-Querida Nettie. -Al ver en la semioscuridad ese rostro inocente, Smith se sintió Y en seguida, esa idea horrible. Y luego el terror y la soledad. Y luego el infierno, y
aplastado, casi, por los remordimientos-. Si estuvieses despierta me asfixiarías la desilusión. Smith se inclinó hacia ella, más y más, hasta que su oreja febril
con tus besos y me hablarías al oído. Me haces sentir, realmente, como un descansó, firmemente, irrevocablemente, sobre el pecho redondo y rosado.
criminal. Has sido una esposa tan cariñosa y tan buena. A veces me cuesta creer
-¡Nettie! -gritó.
que te hayas casado conmigo, y no con Bud Chapman, aquel que tanto te
gustaba. Y en este último mes has estado todavía más enamorada que antes. Tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic-tic.
Los ojos se le llenaron de lágrimas. Sintió de pronto deseos de besarla, de Mientras Smith se alejaba por la avenida, internándose en la noche, Braling y
confesarle su amor, de hacer pedazos la tarjeta, de olvidarse de todo el asunto. Braling. Los dos se volvieron hacia la puerta de la casa.
Pero al adelantarse hacia Nettie sintió que la mano le dolía y que las costillas se le
quejaban. Se detuvo, con ojos desolados, y volvió la cabeza. Salió de la alcoba y -Me alegra que él también pueda ser feliz -dijo Braling.
atravesó las habitaciones oscuras. Entró canturreando en la biblioteca, abrió uno -Sí -dijo Braling Dos distraídamente.
de los cajones del escritorio, y sacó la libreta de cheques.
-Bueno, ha llegado la hora del cajón, Braling Dos.
-Sólo ocho mil dólares -dijo-. No más. -Se detuvo-. Un momento. Hojeó
febrilmente la libreta. -Precisamente quería hablarle de eso -dijo el otro Braling mientras entraban en la
casa- . El sótano. No me gusta. No me gusta ese cajón.
-¡Pero cómo! -gritó-. ¡Faltan diez mil dólares! -Se incorporó de un salto-. ¡Sólo
quedan cinco mil! -Trataré de hacerlo un poco más cómodo.
¿Qué ha hecho Nettie? ¿Qué ha hecho con ese dinero? ¿Más sombreros, más -Las marionetas están hechas para andar, no para quedarse quietas. ¿Le gustaría
vestidos, más perfumes? ¡Ya sé! ¡Ha comprado aquella casita a orillas del Hudson pasarse las horas metido en un cajón?
de la que ha estado hablando durante tantos meses! Se precipitó hacia el -Bueno…
dormitorio, virtuosamente indignado. ¿Qué era eso de disponer así del dinero?
Se inclinó sobre su mujer. -No le gustaría nada. Sigo funcionando. No hay modo de pararme. Estoy
perfectamente vivo y tengo sentimientos.
-¡Nettie! -gritó-. ¡Nettie, despierta!
-Esta vez sólo será por unos días. Saldré para Río y entonces podrás salir del
Nettie no se movió. cajón. Podrás vivir arriba. Braling Dos se mostró irritado.
-¡Qué has hecho con mi dinero! -rugió Smith. -Y cuando usted regrese de sus vacaciones, volveré al cajón.
Nettie se agitó, ligeramente. La luz de la calle brillaba en sus hermosas mejillas. A -No me dijeron que iba a vérmelas con un modelo difícil.
Nettie le pasaba algo. El corazón de Smith latía con violencia. Se le secó la boca.
Se estremeció. Se le aflojaron las rodillas.
-Nos conocen poco -dijo Braling Dos-. Somos muy nuevos. Y sensitivos. No me -¿A quién?
gusta nada imaginarlo al sol, riéndose, mientras yo me quedo aquí pasando frío.
-Nada importante.
-Pero he deseado ese viaje toda mi vida -dijo Braling serenamente.
-¿A Marionetas, Sociedad Anónima? ¿Para decirles que vengan a buscarme?
Cerró los ojos y vio el mar y las montañas y las arenas amarillas. El ruido de las
-No, no… ¡Nada de eso!
olas le acunaba la mente. El sol le acariciaba los hombros desnudos. El vino era
magnífico. Braling corrió hacia la puerta. Unas manos de hierro lo tomaron por los brazos.
-Yo nunca podré ir a Río -dijo el otro-. ¿Ha pensado en eso? -¡No se escape!
-No, yo… -¡Suéltame!
-Y algo más. Su esposa. -No.
-¿Qué pasa con ella? -preguntó Braling alejándose hacia la puerta del sótano. -La -¿Te aconsejo mi mujer hacer esto?
aprecio mucho.
-No.
Braling se pasó nerviosamente la lengua por los labios.
-¿Sospechó algo? ¿Habló contigo? ¿Está enterada?
-Me alegra que te guste.
Braling se puso a gritar. Una mano le tapó la boca.
-Parece que usted no me entiende. Creo que… estoy enamorado de ella.
-No lo sabrá nunca, ¿me entiende? No lo sabrá nunca.
Braling dio un paso adelante y se detuvo.
Braling se debatió.
-¿Estás qué?
-Ella tiene que haber sospechado. ¡Tiene que haber influido en ti!
-Y he estado pensando -dijo Braling Dos- qué hermoso sería ir a Río, y yo que
nunca podré ir… -Voy a encerrarlo en el cajón. Luego perderé la llave y compraré otro billete para
Río, para su esposa.
Y he pensado en su esposa y… creo que podríamos ser muy felices, los dos, yo
-¡Un momento, un momento! ¡Espera! No te apresures. Hablemos con
y ella. tranquilidad.
-M-m-muy bien. -Braling caminó haciéndose el distraído hacia la puerta del -Adiós, Braling.
sótano-.
Braling se endureció.
Espera un momento, ¿quieres? tengo que llamar por teléfono. Braling Dos frunció
el ceño. -¿Qué quieres decir con «adiós»?
21
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Diez minutos más tarde, la señora Braling abrió los ojos. Se llevó la mano a la suavemente: "Lluvia, lluvia, gotas, impermeables para hoy..." Y la lluvia caía sobre
mejilla. Alguien la había besado. Se estremeció y alzó la vista. la casa vacía, despertando ecos.
-Cómo… No lo hacías desde hace años -murmuró. Afuera, la puerta del garaje se levantó, sonó un timbre y reveló el auto
preparado. Después de una larga espera la puerta volvió a bajar.
-Ya arreglaremos eso -dijo alguien.
A las ocho y treinta los huevos estaban secos y las tostadas duras como una
piedra. Una pala de aluminio los llevo a la pileta, donde recibieron un chorro de
agua caliente y cayeron en una garganta de metal que los digirió y los llevó hasta
el distante mar. Los platos sucios cayeron en la lavadora caliente y salieron
RAY BRADBURY perfectamente secos.
VENDRÁN LAS LLUVIAS SUAVES "Nueve y quince", cantó el reloj, "hora de limpiar".
22
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
un poco más arriba, la imagen de una pelota arrojada, y frente a él una niña, con El perro subió corriendo la escalera, aullando histéricamente ante cada puerta,
las manos levantadas como para recibir esa pelota que nunca bajó. comprendiendo por fin, lo mismo que comprendía la casa, que allí sólo había
silencio.
Quedaban las cinco zonas de pintura; el hombre, la mujer, los niños, la pelota.
El resto era una delgada capa de carbón. Husmeó el aire y arañó la puerta de la cocina. Detrás de la puerta, el horno estaba
haciendo panqueques que llenaban la casa de un olor apetitoso mezclado con el
El suave rociador llenó el jardín de luces que caían.
aroma de la miel.
Hasta ese día, cuánta reserva había guardado la casa. Con cuánto cuidado había
El perro echó espuma por la boca, tendido en el suelo, husmeando, con los ojos
preguntado: "¿Quién anda? ¿Contraseña?", y al no recibir respuesta de los zorros
enrojecidos. Echó a correr locamente en círculos, mordiéndose la cola, lanzado a
solitarios y de los gatos que gemían, había cerrado sus ventanas y bajado las
un frenesí, y cayó muerto. Estuvo una hora en el living.
persianas con una preocupación de solterona por la autoprotección, casi lindante
con la paranoia mecánica. "Las dos", cantó una voz.
La casa se estremecía con cada sonido. Si un gorrión rozaba una ventana, la Percibiendo delicadamente la descomposición, los regimientos de ratones
persiana se levantaba de golpe. ¡El pájaro, sobresaltado, huía! ¡No, ni siquiera un salieron silenciosamente, como hojas grises en medio de un viento eléctrico...
pájaro debía tocar la casa!
"Las dos y quince".
La casa era un altar con diez mil asistentes, grandes y pequeños, que reparaban y
El perro había desaparecido.
atendían, en grupos. Pero los dioses se habían marchado, y el ritual de la religión
continuaba, sin sentido, inútil. En el sótano, el incinerador resplandeció de pronto con un remolino de chispas
que saltaron por la chimenea.
"Las doce del mediodía".
"Las dos y treinta y cinco".
Un perro aulló, temblando, en el pórtico de entrada.
De las paredes del patio brotaron mesas de bridge. Cayeron naipes sobre la felpa,
La puerta del frente reconoció la voz del perro y abrió. El perro, antes enorme y
en una lluvia de piques, diamantes, tréboles y corazones. Apareció una exposición
fornido, en ese momento flaco hasta los huesos y cubierto de llagas, entró en la
de Martinis en una mesa de roble, y saladitos. Se oía música.
casa y la recorrió, dejando huellas de barro. Detrás de él se escurrían furiosos
ratones, enojados por tener que recoger barro, alterados por el inconveniente. Pero las mesas estaban en silencio, y nadie tocaba los naipes.
Porque ni un fragmento de hoja seca pasaba bajo la puerta sin que se abrieran de A las cuatro, las mesas se plegaron como grandes mariposas y volvieron a entrar
inmediato los paneles de las paredes y los ratones de limpieza, de cobre, saltaran en los paneles de la pared.
rápidamente para hacer su tarea. El polvo, los pelos, los papeles, eran capturados
"Cuatro y treinta"
de inmediato por sus diminutas mandíbulas de acero, y llevados a sus
madrigueras. De allí, pasaban por tubos hasta el sótano, donde caían en un Las paredes del cuarto de los niños brillaban.
incinerador.
23
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Aparecían formas de animales: jirafas amarillas, leones azules, antílopes rosados, Vendrán las lluvias suaves y el olor a tierra
panteras lilas que daban volteretas en una sustancia de cristal. Las paredes eran Y el leve ruido del vuelo de las golondrinas
de vidrio. Se llenaban de color y fantasía. El rollo oculto de una película giraba
silenciosamente, y las paredes cobraban vida. El piso del cuarto parecía una El canto nocturno de los sapos en los charcos
pradera. Sobre ella corrían cucarachas de aluminio y grillos de hierro, y en el aire La trémula blancura del ciruelo silvestre
cálido y tranquilo las mariposas de delicada textura aleteaban entre los fuertes
aromas que dejaban los animales... Había un ruido como de una gran colmena Los ruiseñores con sus plumas de fuego
amarilla de abejas dentro de un hueco oscuro, el ronroneo perezoso de un león. Y Silbando sus caprichos en la alambrada
de pronto el ruido de las patas de un okapi y el murmullo de la fresca lluvia en la
jungla, y el ruido de pezuñas en el pasto seco del verano. Luego las paredes se Y ninguno sabrá si hay guerra
disolvían para transformarse en campos de pasto seco, kilómetros y kilómetros Ni le importará el final, cuando termine
bajo un interminable cielo caluroso. Los animales se retiraban a los matorrales y a
los pozos de agua. A nadie le importaría, ni al pájaro ni al árbol,
Era la hora de los niños. Si desapareciera la humanidad
"Las cinco". La bañera se llenó de agua caliente y cristalina. Ni la primavera, al despertar al alba,
Se enteraría de que ya no estamos.
"Las seis, las siete, las ocho". La vajilla de la cena se colocó en su lugar como por
arte de magia, y en el estudio hubo un click. En la mesa de metal frente a la
chimenea, donde en ese momento chisporroteaban las llamas, saltó un cigarro, El fuego ardía en la chimenea de piedra y el cigarro cayó en un montículo de
con un centímetro de ceniza gris en la punta, esperando. ceniza en el cenicero. Los sillones vacíos se miraban entre las paredes silenciosas,
y sonaba la música. A las diez la casa comenzó a apagarse.
"Las nueve". Las camas calentaron sus circuitos ocultos, porque las noches eran
frías en esa zona. Soplaba el viento. Una rama caída de un árbol golpeó contra la ventana de la
cocina. Un frasco de solvente se hizo añicos sobre la cocina. ¡La habitación ardió
"Las nueve y cinco". Habló una voz desde el cielo raso del estudio: "Señora Mc en un instante!
Clellan, ¿qué poema desea esta noche?" La "¡Fuego!" gritó una voz. Se encendieron las luces de la casa, las bombas de agua
casa estaba en silencio. de los cielos rasos comenzaron a funcionar. Pero el solvente se extendió sobre el
linóleo, lamiendo, devorando, bajo la puerta de la cocina, mientras las voces
La voz dijo por fin:
continuaban gritando al unísono: "¡Fuego, fuego, fuego!"
"Ya que usted no expresa su preferencia, elegiré un poema al azar". Comenzó a
La casa trataba de salvarse. Las puertas se cerraban herméticamente, pero el
oírse una suave música de fondo. "Sara Teasdale. Según recuerdo, su favorito..."
calor rompió las ventanas y el viento soplaba y avivaba el fuego.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
La casa cedió mientras el fuego, en diez mil millones de chispas furiosas, se El calor quebraba los espejos como si fueran el primer hielo delgado del invierno.
trasladaba con llameante facilidad de una habitación a otra y luego subía la Y las voces gemían, "fuego, fuego, corran, corran", como una trágica canción
escalera. Mientras las ratas de agua se escurrían y chillaban desde las paredes, infantil.
proyectaban su agua, y corrían a buscar más. Y los rociadores de la pared
Y las voces morían mientras los cables saltaban de sus envolturas como castañas
soltaban sus chorros de lluvia mecánica.
calientes. Una, dos, tres, cuatro, cinco voces murieron y ya no se oyó ninguna.
Pero demasiado tarde. En alguna parte, con un suspiro, una bomba se detuvo. La
En el cuarto de los niños ardió la jungla. Rugieron los leones azules, saltaron las
lluvia bienhechora cesó. La reserva de agua que había llenado los baños y había
jirafas púrpuras. Las panteras corrían en círculos, cambiando de color, y diez
lavado los platos durante muchos días silenciosos se había terminado.
millones de animales, corriendo frente al fuego, se desvanecieron en un lejano río
El fuego subía la escalera, creciendo, se alimentaba en los Picasso y los Matisse de humeante...
las salas del piso alto, como si fueran manjares, quemando los óleos, tostando
Murieron diez voces más. En el último instante, bajo la avalancha de fuego, se
tiernamente las telas hasta convertirlas en despojos negros.
oían otros coros, indiferentes, que anunciaban la hora, tocaban música, cortaban
¡El fuego ya llegaba a las camas, a las ventanas, cambiaba los colores de los el pasto con una máquina a control remoto, o abrían y cerraban frenéticamente
cortinados! una sombrilla, cerraban y abrían la puerta del frente, sucedían mil cosas, como en
una relojería donde cada reloj da locamente la hora antes o después de otro. Era
Luego, aparecieron los refuerzos.
una escena de confusión maníaca, pero sin embargo una unidad; cantos, gritos,
Desde las puertas-trampa del altillo, los rostros ciegos de los robots miraban con los últimos ratones de la limpieza que se abalanzaban valientemente a llevarse las
sus bocas abiertas de donde salía una sustancia química verde. feas cenizas... y una voz, con sublime indiferencia ante la situación, leía poemas
en voz alta en el estudio en llamas, hasta que se quemaron todos los rollos de
El fuego retrocedió, como habría retrocedido hasta un elefante a la vista de una películas, hasta que todos los cables se achicharraron y saltaron los circuitos.
serpiente muerta. En ese momento había veinte serpientes ondulando por el
suelo, matando el fuego con un claro y frío veneno de espuma verde. El fuego hizo estallar la casa que se derrumbó de golpe, en medio de las olas de
chispas y humo.
Pero el fuego era inteligente. Había lanzado llamas fuera de la casa, que subieron
al altillo donde estaban las bombas. ¡Una explosión! El cerebro del altillo que En la cocina, un instante antes de la lluvia de fuego y madera, pudo verse al horno
dirigía las bombas quedó destrozado. preparando el desayuno en escala psicopática, diez docenas de huevos, seis
panes convertidos en tostadas, veinte docenas de tajadas de panceta, que,
El fuego volvió a todos los armarios y las ropas colgadas en ellos. devorados por el fuego, ponían a funcionar nuevamente al horno, que silbaba
La casa se estremeció, hasta sus huesos de roble, su esqueleto desnudo se histéricamente...
encogía con el calor, sus cables, sus nervios salían a la luz como si un cirujano La explosión. El altillo que caía sobre la cocina y la sala. La sala sobre el subsuelo,
hubiera abierto la piel para dejar las venas y los capilares rojos temblando en el el subsuelo sobre el segundo subsuelo. El freezer, un sillón, rollos de películas,
aire escaldado. "¡Auxilio, auxilio!" "¡Fuego!" "¡Rápido, rápido!"
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
circuitos, camas, todo convertido en esqueletos en un montón de escombros, qué momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros
muy abajo. diez mil dólares, además de una posible acción del gobierno, a la vuelta.
Humo y silencio. Gran cantidad de humo. Eckels miró en el otro extremo de la vasta oficina la confusa maraña zumbante
de cables y cajas de acero, y el aura ya anaranjada, ya plateada, ya azul. Era como
La débil luz del amanecer apareció por el este. Entre las ruinas, una sola pared
el sonido de una gigantesca hoguera donde ardía el tiempo, todos los años y
quedaba en pie. Dentro de la pared, una última voz decía, una y otra vez,
todos los calendarios de pergamino, todas las horas apiladas en llamas. El roce de
mientras salía el sol, iluminando el humeante montón de escombros:
una mano, y este fuego se volvería maravillosamente, y en un instante, sobre sí
"Hoy es 5 de agosto de 2026, hoy es 5 de agosto de 2026, hoy es..." mismo. Eckels recordó las palabras de los anuncios en la carta. De las brasas y
cenizas, del polvo y los carbones, como doradas salamandras, saltarán los viejos
años, los verdes años; rosas endulzarán el aire, las canas se volverán negro ébano,
las arrugas desaparecerán. Todo regresará volando a la semilla, huirá de la
muerte, retornará a sus principios; los soles se elevarán en los cielos occidentales
RAY BRADBURY y se pondrán en orientes gloriosos, las lunas se devorarán al revés a sí mismas,
todas las cosas se meterán unas en otras como cajas chinas, los conejos entrarán
EL RUIDO DE UN TRUENO
en los sombreros, todo volverá a la fresca muerte, la muerte en la semilla, la
muerte
El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente.
verde, al tiempo anterior al comienzo. Bastará el roce de una mano, el más leve
Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad:
roce de una mano.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
-Matar mi dinosaurio. les tiraremos a éstos, y tendremos más probabilidades. Aciérteles con los dos
primeros tiros a los ojos, si puede, cegándolo, y luego dispare al cerebro.
-Un Tyrannosaurus rex. El lagarto del Trueno, el más terrible monstruo de la
historia. Firme este permiso. Si le pasa algo, no somos responsables. Estos La máquina aulló. El tiempo era una película que corría hacia atrás. Pasaron
dinosaurios son voraces. Eckels enrojeció, enojado. soles, y luego diez millones de lunas.
-¿Trata de asustarme? -Dios santo -dijo Eckels-. Los cazadores de todos los tiempos nos envidiarían hoy.
África al lado de esto parece Illinois.
-Francamente, sí. No queremos que vaya nadie que sienta pánico al primer tiro.
El año pasado murieron seis jefes de safari y una docena de cazadores. Vamos a El sol se detuvo en el cielo.
darle a usted la más extraordinaria emoción que un cazador pueda pretender. Lo
La niebla que había envuelto la Máquina se desvaneció. Se encontraban en los
enviaremos sesenta millones de años atrás para que disfrute de la mayor y más
viejos tiempos, tiempos muy viejos en verdad, tres cazadores y dos jefes de safari
emocionante cacería de todos los tiempos. Su cheque está todavía aquí.
con sus metálicos rifles azules en las rodillas.
Rómpalo.
-Cristo no ha nacido aún -dijo Travis-. Moisés no ha subido a la montaña a hablar
El señor Eckels miró el cheque largo rato. Se le retorcían los dedos.
con Dios. Las pirámides están todavía en la tierra, esperando. Recuerde que
-Buena suerte -dijo el hombre detrás del mostrador-. El señor Travis está a su Alejandro, Julio César, Napoleón, Hitler... no han existido.
disposición.
Los hombres asintieron con movimientos de cabeza.
Cruzaron el salón silenciosamente, llevando los fusiles, hacia la Máquina, hacia
-Eso -señaló el señor Travis- es la jungla de sesenta millones dos mil cincuenta y
el metal plateado y la luz rugiente.
cinco años antes del presidente Keith.
Primero un día y luego una noche y luego un día y luego una noche, y luego día-
Mostró un sendero de metal que se perdía en la vegetación salvaje, sobre
noche-día-no- che-día. Una semana, un mes, un año, ¡una década! 2055, 2019,
pantanos humeantes, entre palmeras y helechos gigantescos.
¡1999! ¡1957! ¡Desaparecieron! La Máquina rugió. Se pusieron los cascos de
oxígeno y probaron los intercomunicadores. Eckels se balanceaba en el asiento -Y eso -dijo- es el Sendero, instalado por Safari en el Tiempo para su provecho.
almohadillado, con el rostro pálido y duro. Sintió un temblor en los brazos y bajó Flota a diez centímetros del suelo. No toca ni siquiera una brizna, una flor o un
los ojos y vio que sus manos apretaban el fusil. Había otros cuatro hombres en árbol. Es de un metal antigravitatorio. El propósito del Sendero es impedir que
esa máquina. Travis, el jefe del safari, su asistente, Lesperance, y dos otros toque usted este mundo del pasado de algún modo. No se salga del Sendero.
cazadores, Billings y Kramer. Se miraron unos a otros y los años llamearon Repito. No se salga de él. ¡Por ningún motivo! Si se cae del Sendero hay una
alrededor. multa. Y no tire contra ningún animal que nosotros no aprobemos.
-¿Estos fusiles pueden matar a un dinosaurio de un tiro? -se oyó decir a Eckels. -¿Por qué? -preguntó Eckels. Estaban en la antigua selva. Unos pájaros lejanos
gritaban en el viento, y había un olor de alquitrán y viejo mar salado, hierbas
-Si da usted en el sitio preciso -dijo Travis por la radio del casco-. Algunos
húmedas y flores de color de sangre.
dinosaurios tienen dos cerebros, uno en la cabeza, otro en la columna espinal. No
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
-No queremos cambiar el futuro. Este mundo del pasado no es el nuestro. Al raíces. Con la muerte de ese hombre de las cavernas, un billón de otros hombres
gobierno no le gusta que estemos aquí. Tenemos que dar mucho dinero para no saldrán nunca de la matriz. Quizás Roma no se alce nunca sobre las siete
conservar nuestras franquicias. Una máquina del tiempo es un asunto delicado. colinas. Quizá Europa sea para siempre un bosque oscuro, y sólo crezca Asia
Podemos matar inadvertidamente un animal importante, un pajarito, un saludable y prolífica. Pise usted un ratón y aplastará las pirámides. Pise un ratón y
coleóptero, aun una flor, destruyendo así un eslabón importante en la evolución dejará su huella, como un abismo en la eternidad. La reina Isabel no nacerá
de las especies. nunca, Washington no cruzará el Delaware, nunca habrá un país llamado Estados
Unidos. Tenga cuidado. No se salga del Sendero. ¡Nunca pise afuera!
-No me parece muy claro -dijo Eckels.
-Ya veo -dijo Eckels-. Ni siquiera debemos pisar la hierba.
-Muy bien -continuó Travis-, digamos que accidentalmente matamos aquí un
ratón. Eso significa destruir las futuras familias de este individuo, ¿entiende? -Correcto. Al aplastar ciertas plantas quizá sólo sumemos factores
infinitesimales. Pero un pequeño error aquí se multiplicará en sesenta millones
-Entiendo.
de años hasta alcanzar proporciones extraordinarias. Por supuesto, quizá nuestra
-¡Y todas las familias de las familias de ese individuo! Con sólo un pisotón teoría esté equivocada. Quizá nosotros no podamos cambiar el tiempo. O tal vez
aniquila usted primero uno, luego una docena, luego mil, un millón, ¡un billón de sólo pueda cambiarse de modos muy sutiles. Quizá un ratón muerto aquí
posibles ratones! provoque un desequilibrio entre los insectos de allá, una desproporción en la
población más tarde, una mala cosecha luego, una depresión, hambres colectivas,
-Bueno, ¿y eso qué? -inquirió Eckels. y, finalmente, un cambio en la conducta social de alejados países. O aun algo
-¿Eso qué? -gruñó suavemente Travis-. ¿Qué pasa con los zorros que necesitan mucho más sutil. Quizá sólo un suave aliento, un murmullo, un cabello, polen en
esos ratones para sobrevivir? Por falta de diez ratones muere un zorro. Por falta el aire, un cambio tan, tan leve que uno podría notarlo sólo mirando de muy
de diez zorros, un león muere de hambre. Por falta de un león, especies enteras cerca. ¿Quién lo sabe? ¿Quién puede decir realmente que lo sabe? No nosotros.
de insectos, buitres, infinitos billones de formas de vida son arrojadas al caos y la Nuestra teoría no es más que una hipótesis. Pero mientras no sepamos con
destrucción. Al final todo se reduce a esto: cincuenta y nueve millones de años seguridad si nuestros viajes por el tiempo pueden terminar en un gran estruendo
más tarde, un hombre de las cavernas, uno de la única docena que hay en todo el o en un imperceptible crujido, tenemos que tener mucho cuidado. Esta máquina,
mundo, sale a cazar un jabalí o un tigre para alimentarse. Pero usted, amigo, ha este sendero, nuestros cuerpos y nuestras ropas han sido esterilizados, como
aplastado con el pie a todos los tigres de esa zona al haber pisado un ratón. Así usted sabe, antes del viaje. Llevamos estos cascos de oxígeno para no introducir
que el hombre de las cavernas se muere de hambre. Y el hombre de las cavernas, nuestras bacterias en una antigua atmósfera.
no lo olvide, no es un hombre que pueda desperdiciarse, ¡no! Es toda una futura -¿Cómo sabemos qué animales podemos matar?
nación. De él nacerán diez hijos. De ellos nacerán cien hijos, y así hasta llegar a
nuestros días. Destruya usted a este hombre, y destruye usted una raza, un -Están marcados con pintura roja -dijo Travis-. Hoy, antes de nuestro viaje,
pueblo, toda una historia viviente. Es como asesinar a uno de los nietos de Adán. enviamos aquí a Lesperance con la Máquina. Vino a esta Era particular y siguió a
El pie que ha puesto usted sobre el ratón desencadenará así un terremoto, y sus ciertos animales.
efectos sacudirán nuestra tierra y nuestros destinos a través del tiempo, hasta sus
-¿Para estudiarlos?
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
-Exactamente -dijo Travis-. Los rastreó a lo largo de toda su existencia, Eckels enrojeció.
observando cuáles vivían mucho tiempo. Muy pocos. Cuántas veces se acoplaban.
- ¿Dónde está nuestro Tyrannosaurus?
Pocas. La vida es breve. Cuando encontraba alguno que iba a morir aplastado por
un árbol u otro que se ahogaba en un pozo de alquitrán, anotaba la hora exacta, - Lesperance miró su reloj de pulsera.
el minuto y el segundo, y le arrojaba una bomba de pintura que le manchaba de
rojo el costado. No podemos equivocarnos. Luego midió nuestra llegada al -Adelante. Nos cruzaremos con él dentro de sesenta segundos. Busque la
pasado de modo que no nos encontremos con el monstruo más de dos minutos pintura roja, por Cristo. No dispare hasta que se lo digamos. Quédese en el
antes de aquella muerte. De este modo, sólo matamos animales sin futuro, que Sendero. ¡Quédese en el Sendero!
nunca volverán a acoplarse. ¿Comprende qué cuidadosos somos? Se adelantaron en el viento de la mañana.
-Pero si ustedes vinieron esta mañana -dijo Eckels ansiosamente-, debían - Qué raro -murmuró Eckels-. Allá delante, a sesenta millones de años, ha
haberse encontrado con nosotros, nuestro safari. ¿Qué ocurrió? ¿Tuvimos éxito? pasado el día de elección. Keith es presidente. Todos celebran. Y aquí, ellos no
¿Salimos todos... vivos? existen aún. Las cosas que nos preocuparon durante meses, toda una vida, no
nacieron ni fueron pensadas aún.
Travis y Lesperance se miraron.
-¡Levanten el seguro, todos! -ordenó Travis-. Usted dispare primero, Eckels.
-Eso hubiese sido una paradoja -habló Lesperance-. El tiempo no permite esas
confusiones..., un hombre que se encuentra consigo mismo. Cuando va a ocurrir Luego, Billings. Luego, Kramer.
algo parecido, el tiempo se hace a un lado. Como un avión que cae en un pozo de -He cazado tigres, jabalíes, búfalos, elefantes, pero esto, Jesús, esto es caza
aire. ¿Sintió usted ese salto de la Máquina, poco antes de nuestra llegada? comentó Eckels -. Tiemblo como un niño.
Estábamos cruzándonos con nosotros mismos que volvíamos al futuro. No vimos
nada. No hay modo de saber si esta expedición fue un éxito, si cazamos nuestro - Ah -dijo Travis.
monstruo, o si todos nosotros, y usted, señor Eckels, salimos con vida. -Todos se detuvieron.
Eckels sonrió débilmente. Travis alzó una mano.
-Dejemos esto -dijo Travis con brusquedad-. ¡Todos de pie! Se prepararon a -Ahí adelante -susurró-. En la niebla. Ahí está Su Alteza Real.
dejar la Máquina. La jungla era alta y la jungla era ancha y la jungla era todo el
mundo para siempre y para siempre. Sonidos como música y sonidos como lonas La jungla era ancha y llena de gorjeos, crujidos, murmullos y suspiros. De pronto
voladoras llenaban el aire: los pterodáctilos que volaban con cavernosas alas todo cesó, como si alguien hubiese cerrado una puerta.
grises, murciélagos gigantescos nacidos del delirio de una noche febril. Eckels,
Silencio.
guardando el equilibrio en el estrecho sendero, apuntó con su rifle, bromeando.
El ruido de un trueno.
-¡No haga eso! -dijo Travis.- ¡No apunte ni siquiera en broma, maldita sea! Si se
le dispara el arma... De la niebla, a cien metros de distancia, salió el Tyrannosaurus rex.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
- Jesucristo -murmuró Eckels. -Dé media vuelta -ordenó Travis-. Vaya tranquilamente hasta la máquina. Le
devolveremos la mitad del dinero.
-¡Chist!
-No imaginé que sería tan grande -dijo Eckels-. Calculé mal. Eso es todo. Y ahora
Venía a grandes trancos, sobre patas aceitadas y elásticas. Se alzaba diez metros
quiero irme.
por encima de la mitad de los árboles, un gran dios del mal, apretando las
delicadas garras de relojero contra el oleoso pecho de reptil. Cada pata inferior -¡Nos vio!
era un pistón, quinientos kilos de huesos blancos, hundidos en gruesas cuerdas
-¡Ahí está la pintura roja en el pecho!
de músculos, encerrados en una vaina de piel centelleante y áspera, como la cota
de malla de un guerrero terrible. Cada muslo era una tonelada de carne, marfil y El Lagarto del Trueno se incorporó. Su armadura brilló como mil monedas
acero. Y de la gran caja de aire del torso colgaban los dos brazos delicados, brazos verdes. Las monedas, embarradas, humeaban. En el barro se movían diminutos
con manos que podían alzar y examinar a los hombres como juguetes, mientras el insectos, de modo que todo el cuerpo parecía retorcerse y ondular, aun cuando el
cuello de serpiente se retorcía sobre sí mismo. Y la cabeza, una tonelada de monstruo mismo no se moviera. El monstruo resopló. Un hedor de carne cruda
piedra esculpida que se alzaba fácilmente hacia el cielo, En la boca entreabierta cruzó la jungla.
asomaba una cerca de dientes como dagas. Los ojos giraban en las órbitas, ojos
vacíos, que nada expresaban, excepto hambre. Cerraba la boca en una mueca de -Sáquenme de aquí -pidió Eckels-. Nunca fue como esta vez. Siempre supe que
muerte. Corría, y los huesos de la pelvis hacían a un lado árboles y arbustos, y los saldría vivo. Tuve buenos guías, buenos safaris, y protección. Esta vez me he
pies se hundían en la tierra dejando huellas de quince centímetros de equivocado. Me he encontrado con la horma de mi zapato, y lo admito. Esto es
profundidad. Corría como si diese unos deslizantes pasos de baile, demasiado demasiado para mí.
erecto y en equilibrio para sus diez toneladas. Entró fatigadamente en el área de -No corra -dijo Lesperance-. Vuélvase. Ocúltese en la Máquina.
sol, y sus hermosas manos de reptil tantearon el aire.
-Sí.
-¡Dios mío! -Eckels torció la boca-. Puede incorporarse y alcanzar la luna.
Eckels parecía aturdido. Se miró los pies como si tratara de moverlos. Lanzó un
- ¡Chist! -Travis sacudió bruscamente la cabeza-. Todavía no nos vio. gruñido de desesperanza.
-No es posible matarlo. -Eckels emitió con serenidad este veredicto, como si -¡Eckels!
fuese indiscutible. Había visto la evidencia y ésta era su razonada opinión. El arma
en sus manos parecía un rifle de aire comprimido-. Hemos sido unos locos. Esto Eckels dio unos pocos pasos, parpadeando, arrastrando los pies. -¡Por
es imposible. ahí no!
-¡Cállese! -siseó Travis. El monstruo, al advertir un movimiento, se lanzó hacia adelante con un grito
terrible. En cuatro segundos cubrió cien metros. Los rifles se alzaron y llamearon.
-Una pesadilla. De la boca del monstruo salió un torbellino que los envolvió con un olor de barro
y sangre vieja. El monstruo rugió con los dientes brillantes al sol.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Eckels, sin mirar atrás, caminó ciegamente hasta el borde del Sendero, con el -Límpiense.
rifle que le colgaba de los brazos. Salió del Sendero, y caminó, y caminó por la
Limpiaron la sangre de los cascos. El monstruo yacía como una loma de carne
jungla. Los pies se le hundieron en un musgo verde. Lo llevaban las piernas, y se
sólida. En su interior uno podía oír los suspiros y murmullos a medida que morían
sintió solo y alejado de lo que ocurría atrás.
las más lejanas de las cámaras, y los órganos dejaban de funcionar, y los líquidos
Los rifles dispararon otra vez. El ruido se perdió en chillidos y truenos. La gran corrían un último instante de un receptáculo a una cavidad, a una glándula, y
palanca de la cola del reptil se alzó sacudiéndose. Los árboles estallaron en nubes todo se cerraba para siempre. Era como estar junto a una locomotora estropeada
de hojas y ramas. El monstruo retorció sus manos de joyero y las bajó como para o una excavadora de vapor en el momento en que se abren las válvulas o se las
acariciar a los hombres, para partirlos en dos, aplastarlos como cerezas, meterlos cierra herméticamente. Los huesos crujían. La propia carne, perdido el equilibrio,
entre los dientes y en la rugiente garganta. Sus ojos de canto rodado bajaron a la cayó como peso muerto sobre los delicados antebrazos, quebrándolos.
altura de los hombres, que vieron sus propias imágenes. Dispararon sus armas
Otro crujido. Allá arriba, la gigantesca rama de un árbol se rompió y cayó.
contra las pestañas metálicas y los brillantes iris negros.
Golpeó a la bestia muerta como algo final.
Como un ídolo de piedra, como el desprendimiento de una montaña, el
-Ahí está- Lesperance miró su reloj-. Justo a tiempo. Ese es el árbol gigantesco
Tyrannosaurus cayó. Con un trueno, se abrazó a unos árboles, los arrastró en su
que originalmente debía caer y matar al animal.
caída. Torció y quebró el Sendero de Metal. Los hombres retrocedieron
alejándose. El cuerpo golpeó el suelo, diez toneladas de carne fría y piedra. Los Miró a los dos cazadores: ¿Quieren la fotografía trofeo?
rifles dispararon. El monstruo azotó el aire con su cola acorazada, retorció sus
mandíbulas de serpiente, y ya no se movió. Una fuente de sangre le brotó de la -¿Qué? -No podemos llevar un trofeo al futuro. El cuerpo tiene que quedarse
garganta. En alguna parte, adentro, estalló un saco de fluidos. Unas bocanadas aquí donde hubiese muerto originalmente, de modo que los insectos, los pájaros
nauseabundas empaparon a los cazadores. Los hombres se quedaron mirándolo, y las bacterias puedan vivir de él, como estaba previsto. Todo debe mantener su
rojos y resplandecientes. equilibrio. Dejamos el cuerpo. Pero podemos llevar una foto con ustedes al lado.
El trueno se apagó. Los dos hombres trataron de pensar, pero al fin sacudieron la cabeza.
La jungla estaba en silencio. Luego de la tormenta, una gran paz. Luego de la Caminaron a lo largo del Sendero de metal. Se dejaron caer de modo cansino en
pesadilla, la mañana. los almohadones de la Máquina. Miraron otra vez el monstruo caído, el monte
paralizado, donde unos raros pájaros reptiles y unos insectos dorados trabajaban
Billings y Kramer se sentaron en el sendero y vomitaron. Travis y Lesperance, de ya en la humeante armadura.
pie, sosteniendo aún los rifles humeantes, juraban continuamente.
Un sonido en el piso de la Máquina del Tiempo los endureció. Eckels estaba allí,
En la Máquina del Tiempo, cara abajo, yacía Eckels, estremeciéndose. Había temblando.
encontrado el camino de vuelta al Sendero y había subido a la Máquina.
-Lo siento -dijo al fin.
Travis se acercó, lanzó una ojeada a Eckels, sacó unos trozos de algodón de una
caja metálica y volvió junto a los otros, sentados en el Sendero. -¡Levántese! -gritó Travis.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Eckels se levantó. de pesadillas y terror. Luego de un rato, como un sonámbulo, se fue, arrastrando
los pies.
-¡Vaya por ese sendero, solo! -agregó Travis, apuntando con el rifle-. Usted no
volverá a la Máquina. ¡Lo dejaremos aquí! Regresó temblando cinco minutos más tarde, con los brazos empapados y
rojos hasta los codos. Extendió las manos. En cada una había un montón de balas.
Lesperance tomó a Travis por el brazo. -Espera...
Luego cayó. Se quedó allí, en el suelo, sin moverse.
-¡No te metas en esto! -Travis se sacudió apartando la mano-. Este hijo de perra -No había por qué obligarlo a eso - dijo Lesperance.
casi nos mata. Pero eso no es bastante. Diablo, no. ¡Sus zapatos! ¡Míralos! Salió
-¿No? Es demasiado pronto para saberlo. -Travis tocó con el pie el cuerpo inmóvil.
del Sendero. ¡Dios mío, estamos arruinados Cristo sabe qué multa nos pondrán.
¡Decenas de miles de dólares! Garantizamos que nadie dejaría el Sendero. Y él lo -Vivirá. La próxima vez no buscará cazas como ésta. Muy bien. -Le hizo una
dejó. ¡Oh, condenado tonto! Tendré que informar al gobierno. fatigada seña con el pulgar a Lesperance-. Enciende. Volvamos a casa. 1492.
1776. 1812.
Pueden hasta quitarnos la licencia. ¡Dios sabe lo que le ha hecho al tiempo, a la
Historia! Se limpiaron las caras y manos. Se cambiaron las camisas y pantalones. Eckels se
había incorporado y se paseaba sin hablar. Travis lo miró furiosamente durante
-Cálmate. Sólo pisó un poco de barro.
diez minutos.
-¿Cómo podemos saberlo? -gritó Travis-. ¡No sabemos nada! ¡Es un condenado
misterio! ¡Fuera de aquí, Eckels! -No me mire -gritó Eckels-. No hice nada.
32
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
El cuarto estaba como lo habían dejado. Pero no de modo tan preciso. El mismo PASADO USTE NOMBRA EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEBAMOS AYI.
hombre estaba sentado detrás del mismo escritorio. Pero no exactamente el
USTE LO MATA.
mismo hombre detrás del mismo escritorio.
-¿No podríamos -se preguntó a sí mismo, le preguntó al mundo, a los oficiales, mecanismo automático que le permitiría utilizar el oxígeno del aire para
sobrevivir.
podríamos hacerla vivir otra vez? ¿No podríamos
- Varón - dijo la partera -. Un varoncito sano y hermoso, señora.
empezar de nuevo? ¿No podríamos...?
No se movió. Con los ojos cerrados, esperó - ¿Cómo lo va a llamar? - dijo el obstetra.
estremeciéndose. Oyó que Travis gritaba; oyó que - Octavio - contestó la mujer, agotada por el esfuerzo y colmada de esa
Travis preparaba el rifle, alzaba el seguro, y pura felicidad física que sólo puede proporcionar la interrupción brusca del
apuntaba. dolor.
El ruido de un trueno.
Octavio descubrió, como una circunstancia más del horror en el que se
encontraba inmerso, que era incapaz de organizar en percepción sus sensaciones:
debía haber voces humanas, pero no podía distinguirlas en la masa indiferenciada
A NA M ARÍA S HUA
de sonidos que lo asfixiaba, otra vez se sintió transportado, algo o alguien lo
O CTAVIO , EL INVASOR
a la Máquina,- no podríamos llevarla allá, no tocaba y movía partes de su cuerpo, la luz lo dañaba. De pronto lo alzaron por el
aire para depositarlo sobre algo tibio y blando. Dejó de aullar: desde el interior de
ese lugar cálido provenía, amortiguado, el ritmo acompasado, tranquilizador, que
Estaba preparado para la violencia aterradora de la luz y el sonido, pero no para había oído durante su convaleciente espera. El terror disminuyó. Comenzó a
la presión, la brutal presión de la atmósfera sumada a la gravedad terrestre, sentirse inexplicablemente seguro, en paz. Allí estaba por fin, formando parte de
ejerciéndose sobre ese cuerpo tan distinto del suyo, cuyas reacciones no había las avanzadas, en este nuevo intento de invasión que, esta vez, no fracasaría.
aprendido todavía a controlar. Un cuerpo desconocido en un mundo Tenía el deber de sentirse orgulloso, pero el cansancio luchó contra el orgullo
desconocido. Ahora, cuando después del dolor y de la angustia del pasaje, hasta vencerlo: sobre el pecho de la hembra terrestre que creía ser su madre se
esperaba encontrar alguna forma de alivio, todo el horror de la situación se le quedó, por primera vez en este mundo, profundamente dormido.
hacía presente. Despertó un tiempo después. Se sentía más lúcido y comprendía que ninguna
Sólo las penosas sensaciones de la transmigración podían compararse a lo que preparación previa podría haber sido suficiente para responder coherentemente
acababa de pasar, pero después de aquella experiencia había tenido unos meses a las brutales exigencias de ese cuerpo que habitaba y que sólo ahora, a partir del
de descanso, casi podría decirse de convalecencia, en una oscuridad cálida nacimiento, se imponían en toda su crudeza. Era Iógico que la transmigración no
adonde los sonidos y la luz llegan muy amortiguados y el líquido en el que flotaba se hubiera intentado en especímenes adultos: el brusco cambio de conducta, la
atenuaba la gravedad del planeta. Sintió frío, sintió un malestar profundo, se repentina torpeza en el manejo de su cuerpo, hubieran sido inmediatamente
sintió transportado de un lado a otro, sintió que su cuerpo necesitaba detectados por el enemigo.
desesperadamente oxígeno, pero ¿cómo y dónde obtenerlo? Un alarido se le Octavio había aprendido, antes de partir, el idioma que se hablaba en esa zona de
escapó de la boca, y supo que algo se expandía en su interior, un ingenioso la Tierra. O, al menos, sus principales rasgos. Porque recién ahora se daba cuenta
de la diferencia entre la adquisición de una lengua en abstracto y su integración
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
con los hechos biológicos y culturales en los que esa lengua se había constituido. lograr que se lo alimentara artificialmente: era preferible reducir a su mínima
La palabra «cabeza», por ejemplo, había comenzado a cobrar su verdadero expresión el contacto físico con el enemigo.
sentido (o, al menos, uno de ellos), cuando la fuerza gigantesca que lo empujara
- Miralo al muy vagoneta, no se quiere prender al pecho.
hacia adelante lo había obligado a utilizar esa parte de su cuerpo, que latía aún
dolorosamente, como ariete para abrirse paso por un conducto demasiado - Acordate que con Ale al principio pasó lo mismo, hay que tener paciencia.
estrecho. Avisá a la nursery que te lo dejen en la pieza. Si no, te lo llenan de suero
glucosado y cuando lo traen ya no tiene hambre - dijo la abuela de Octavio.
Recordó que otros como él habían sido destinados a las mismas coordenadas
témporoespaciales. Se preguntó si algunos de sus poderes habrían sobrevivido a En el sanatorio no aprobaban la práctica del rooming-in, que consistía en permitir
la transmigración y si serían capaces de utilizarlos. Consiguió enviar algunas que los bebés permanecieran con sus madres en lugar de ser remitidos a la
débiles ondas telepáticas que obtuvieron respuesta inmediata: eran nueve y nursery después de cada mamada. Hubo un pequeño forcejeo con la jefa de
estaban allí, muy cerca de él y, como él, llenos de miedo, de dolor y de pena. nurses hasta que se comprobó que existía la autorización expresa del pediatra.
Sería necesario esperar antes de empezar a organizarse para proseguir con sus Octavio no estaba todavía en condiciones de enterarse de estos detalles y sólo
planes. Su cuerpo volvió a agitarse y a temblar incontroladamente y Octavio lanzó supo que lo mantenían ahora muy lejos de sus compañeros, de los que le llegaba
un largo aullido al que sus compañeros respondieron: así, en ese lugar a veces, alguna remota vibración.
desconocido y terrible, lloraron juntos la nostalgia del planeta natal. Cuando la dolorosa sensación que provenía del interior de su cuerpo se hizo
Dos enfermeras entraron en la nursery. intolerable, Octavio comenzó a gritar otra vez. Fue alzado por el aire hasta ese
lugar cálido y mullido del que, a pesar de sus instrucciones, odiaba separarse. Y
- Qué cosa - dijo la más joven. - Se larga a llorar uno y parece que los otros
cuando algo le acarició la mejilla, no pudo evitar que su cabeza girara y sus labios
se contagian, en seguida se arma el coro.
se entreabrieran, desesperado, empezó a buscar frenéticamente alivio para la
- Vamos, apurate que hay que bañarlos a todos y llevarlos a las sensación quemante que le desgarraba las entrañas. Antes de darse cuenta de lo
habitaciones - dijo la otra, que consideraba su trabajo monótono y mal pago y que hacía Octavio estaba succionando con avidez el pezón de su «madre».
estaba harta de oír siempre los mismos comentarios. Odiándose a sí mismo, comprendió que toda su voluntad no lograría
desprenderlo de la fuente de alivio, el cuerpo mismo de un ser humano. Las
Fue la más joven de las enfermeras la que llevó a Octavio, limpio y cambiado,
palabras «dulce» y «tibio» que, aprendidas en relación con los órganos que en su
hasta la habitación donde lo esperaba su madre.
mundo organizaban la experiencia, le habían parecido términos simbólicos, se
- Toc toc, ¡buenos días, mamita! - dijo la enfermera, que era naturalmente llenaban ahora de significado concreto. Tratando de persuadirse de que esa
simpática y cariñosa y sabía hacer valer sus cualidades a la hora de ganarse la pequeña concesión en nada afectaría su misión, Octavio volvió a quedarse
propina. dormido.
Aunque sus sensaciones seguían constituyendo una masa informe y caótica, Unos días después Octavio había logrado, mediante una penosa ejercitación,
Octavio ya era capaz de reconocer aquéllas que se repetían y supo, entonces, que permanecer despierto algunas horas. Ya podía levantar la cabeza y enfocar
la mujer lo recibía en sus brazos. Pudo, incluso, desglosar el sonido de su voz de durante algunos segundos la mirada, aunque los movimientos de sus apéndices
los demás ruidos ambientales. De acuerdo a sus instrucciones, Octavio debía eran todavía totalmente incoordinados. Mamaba regularmente cada tres horas.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Reconocía las voces humanas y distinguía las palabras, aunque estaba lejos de Alejandro se había acostado sobre él y con su pecho le aplastaba la boca y la
haber aprehendido suficientes elementos de la cultura en la que estaba inmerso nariz, impidiendo el paso del aire.
como para llegar a una comprensión cabal. Esperaba ansiosamente el momento
De algún modo, Octavio logró sobrevivir. Había aprendido mucho. Cuando
en que sería capaz de una comunicación racional con esa raza inferior a la que
entendió que se esperaba de él una respuesta a ciertos gestos, empezó a
debía informar de sus planes de dominio, hacerles sentir su poder. Fue entonces
devolver las sonrisas, estirando la boca en una mueca vacía que los humanos
cuando recibió el primer ataque.
festejaban como si estuviera colmada de sentido. La mujer lo sacaba a pasear en
Lo esperaba. Ya había intentado comunicarse telepáticamente con él, sin obtener el cochecito y él levantaba la cabeza todo lo posible, apoyándose en los
respuesta. Aparentemente el traidor había perdido parte de sus poderes o se antebrazos, para observar el movimiento de las calles. Algo en su mirada debía
negaba a utilizarlos. Como una descarga eléctrica, había sentido el contacto con llamar la atención, porque la gente se detenía para mirarlo y hacer comentarios.
esa masa roja de odio en movimiento. Lo llamaban Ale y también Alejandro,
- ¡Qué divino! - decían casi todos, y la palabra «divino», que hacía
chiquito, nene, tesoro. Había formado parte de una de las tantas invasiones que
referencia a una fuerza desconocida y suprema, te parecía a Octavio
fracasaron, hacía ya dos años, perdiéndose todo contacto con los que
peligrosamente reveladora: tal vez se estuviera descuidando en la ocultación de
intervinieron en ella. Ale era un traidor a su mundo y a su causa: era lógico prever
sus poderes.
que trataría de librarse de él por cualquier medio.
- ¡Qué divino! - Insistía la gente.
Mientras la mujer estaba en el baño, Ale se apoyó en el moisés con toda la fuerza
de su cuerpecito hasta volcarlo. Octavio fue despedido por el aire y golpeó con - ¡Cómo levanta la cabecita! - Y cuando Octavio sonreía, añadían
fuerza contra el piso, aullando de dolor. La mujer corrió hacia la habitación, complacidos. - ¡Éste sí que no tiene problemas! - Octavio conocía ya las
gritando. Ale miraba espantado los magros resultados de su acción, que podía costumbres de la casa y la repetición de ciertos hábitos le daba una sensación de
tener, en cambio, terribles consecuencias para su propia persona. Sin hacer caso seguridad. Los ruidos violentos, en cambio, volvían a sumirlo en un terror
dé él, la mujer alzó a Octavio y lo apretó suavemente contra su pecho, descontrolado, retrotrayéndolo al dolor de la transmigración. Relegando sus
canturreando para calmarlo. Avergonzándose de sí mismo, Octavio respiró el olor intenciones ascéticas, Octavio no temía ya a entregarse a los placeres animales
de la mujer y lloró y lloró hasta lograr que le pusieran el pezón en la boca. que le proponía su nuevo cuerpo. Le gustaba que lo introdujeran en agua tibia,
Aunque no tenía hambre, mamó con ganas mientras el dolor desaparecía poco a que lo cambiaran, dejando al aire las zonas de su piel escaldadas por la orina, le
poco. Para no volverse loco, Octavio trató de pensar en el momento en el que por gustaba mas que nada el contacto con la piel de la mujer. Poco a poco se hacía
fin llegaría a dominar la palabra, la palabra liberadora, el lenguaje que, fingiendo dueño de sus movimientos. Pero a pesar de sus esfuerzos por mantenerla viva, la
comunicarlo, serviría en cambio para establecer la necesaria distancia entre su feroz energía destructiva con la que había llegado a este mundo iba atenuándose
cuerpo y ese otro en cuyo calor se complacía. junto con los recuerdos del planeta de origen.
Frustrado en su intento de agresión directa y estrechamente vigilado por la Octavio se preguntaba si subsistían en toda su fuerza los poderes con que debía
mujer, el traidor tuvo que contentarse con expresar su hostilidad en forma más iniciar la conquista y que todavía no había llegado el momento de probar. Ale, era
disimulada, con besos que se transformaban en mordiscos y caricias en las que se evidente, ya no los tenía: desde allí, y a causa de su traición, debían haberlo
hacían sentir las uñas. Sus abrazos le produjeron en dos oportunidades un despojado de ellos. En varias oportunidades se encontró por la calle con otros
principio de asfixia. La segunda vez volvió a rescatarlo la intervención de la mujer: invasores y se alegró de comprobar que aún eran capaces de responder a sus
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
ondas telepáticas. No siempre, sin embargo, obtenía contestación, y una tarde de - ¿Viste qué mirada tiene? A veces me parece que entiende todo - decía la
sol se encontró con un bebé de mayor tamaño, de sexo femenino, que rechazó mujer, que tenía mucha confianza con el médico y lo tuteaba.
con fuerza su aproximación mental.
- Estos bichos entienden más de lo que uno se imagina - contestaba el
En la casa había también un hombre, pero afortunadamente Octavio no se sentía doctor, riendo. Y Octavio devolvía una sonrisa que ya no era sólo una mueca
físicamente atraído hacia él, como le sucedía con la mujer. El hombre permanecía vacía.
menos tiempo en la casa y aunque lo sostenía frecuentemente en sus brazos,
Mamá destetó a Octavio a los siete meses y medio. Aunque ya tenía dos dientes y
Octavio percibía un halo de hostilidad que emanaba de él y que por momentos se
podía mascullar unas pocas sílabas sin sentido para los demás, Octavio seguía
le hacía intolerable. Entonces lloraba con fuerza hasta que la mujer iba a buscarlo,
usando cada vez con más oportunidad y precisión su recurso preferido: el llanto.
enojada.
El destete no fue fácil porque el bebé parecía rechazar la comida sólida y no
- ¡Cómo puede ser que a esta altura todavía no sepas tener a un bebe en mostraba entusiasmo por el biberón. Octavio sabía que debía sentirse satisfecho
brazos! de que un objeto de metal cargado de comida o una tetina de goma se
Un día, cuándo Octavio ya había logrado darse vuelta boca arriba a voluntad y asir interpusieran entre su cuerpo y el de la mujer, pero no encontraba en su interior
algunos objetos con las manos torpemente, él y el hombre quedaron solos en la ninguna fuente de alegría. Ahora podía permanecer mucho tiempo sentado y
casa por primera vez, el hombre quiso cambiarlo, y Octavio consiguió emitir en el arrastrarse por el piso: pronto llegaría el gran momento en que lograría
momento preciso un chorro de orina que mojó la cara de su padre. pronunciar su primera palabra, y se contentaba con soñar en el brusco viraje que
se produciría entonces en sus relaciones con los humanos. Sin embargo, sus
El hombre trabajaba en una especie de depósito donde se almacenaban en planes se le aparecían confusos, lejanos, y a veces su vida anterior le resultaba
grandes cantidades los papeles que los humanos utilizaban como medio de tan difícil de recordar como un sueño.
intercambio. Octavio comprobó que estos papeles eran también motivo de
discusión entre el hombre y la mujer y, sin saber muy bien de qué se trataba, Aunque la presencia de la mujer no le era ahora imprescindible, ya que su
tomó el partido de ella. Ya había decidido que, cuando se completaran los Planes alimentación no dependía de ella, su ausencia se le hacía cada vez más
de invasión, la mujer, que tanto y tan estrechamente había colaborado con el intolerable. Verla desaparecer detrás de una puerta sin saber cuándo volvería, le
invasor, merecería gozar de algún tipo de privilegio. No habría, en cambio, provocaba un dolor casi físico que Se expresaba en gritos agudos. A veces ella
perdón para los traidores. A Octavio comenzaba a molestarle que la mujer alzara jugaba a las escondidas, tapándose la cara con un trapo y gritando,
en brazos o alimentara a Alejandro y hubiera querido prevenirla contra él: un absurdamente: «¡No tá mamá, no tá!». Se destapaba después y volvía a gritar:
traidor es siempre peligroso, aún para el enemigo que lo ha aceptado entre sus «¡Acá tá mamá!». Octavio disimulaba con risas la angustia que le provocaba la
huestes. desaparición de ese rostro que sabía, embargo, tan próximo.
El pediatra estaba muy satisfecho con los progresos de Octavio, que había Inesperadamente, al mismo tiempo que adquiría mayor dominio sobre su cuerpo,
engordado y crecido razonablemente y ya podía permanecer unos segundos Octavio comenzó a padecer una secuela psíquica del Gran Viaje: los rostros
sentado sin apoyo. humanos desconocidos lo asustaban. Trató de racionalizar su terror diciéndose
que cada persona nueva que veía podía ser un enemigo al tanto de sus planes.
Ese temor a los desconocidos produjo un cambio en sus relaciones con su familia
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
terrestre. Ya no sentía la vieja y tranquilizadora mezcla de odio y desprecio por el Avancé: fue como entrar en una nube de píos, trinos, gorjeos. Y de olor denso,
Traidor, que a su vez parecía percibir la diferencia y lo besaba o lo acariciaba a cálido.
veces sin utilizar sus muestras de cariño para un ataque. Octavio no quería
De entre dos pajareras salió el hombre. Tricota agujereada, cabeza blanca. Ojos
confesarse hasta qué punto lo comprendía ahora, qué próximo se sentía a él.
curiosamente grandes y claros en el rostro ceniciento, lleno de arrugas; un rostro
Cuando la mujer, que había empezado a trabajar fuera de la casa, salía por
muy gastado, pero abierto, cordial.
algunas horas dejándolos al cuidado de otra persona, Ale y Octavio se sentían
extrañamente solidarios en su pena. Octavio había llegado al extremo de aceptar —Hace tres días... —empecé.
con placer que el hombre lo tuviera en sus brazos, pronunciando extraños
sonidos que no pertenecían a ningún idioma terrestre, como si buscara algún Y me detuve. Me miró por un momento. Miró al piso, volvió a mirarme. Ya nos
lenguaje que pudiera aproximarlos. estábamos entendiendo.
Y por fin, llegó la palabra. La primera palabra, la utilizó con éxito para llamar a su —¿Amigo suyo?
lado a la mujer que estaba en la cocina, Octavio había dicho «Mamá» y ya era Asentí.
para entonces completamente humano, una vez más, la milenaria, la infinita
invasión, había fracasado. —¿Sabe lo que..., lo que le pasó?
Volví a asentir.
No hacía frío, pero igual me subí las solapas del abrigo y hundí las manos en los —Ya todos me creen loco, sin necesidad de un cuento semejante —sacudió la
bolsillos. cabeza, tenía las manos sobre las rodillas flacas; manos de dedos largos,
delicados—. Además, ¿por qué habría de elegir mi casa para morir? El comisario
Subí cinco escalones no muy seguros, empujé la puerta, entré. no lo entendería nunca. Claro, podía haber ido al médico. O a ver al cura. Pero no,
Jaulas, pajareras por todas partes. De fabricación casera. tuvo que caminarse toda la distancia hasta aquí.
Pájaros de colores: cotorras, cardenales, pechos colorados, canarios. Pájaros Yo sólo sabía que el Jon estaba muerto. Lo dejé hablar.
grises, pájaros marrones. Grandes y chicos.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
—Aunque creo saber por qué me eligió a mí, al "Churrinche", el loco "—Gracias... —la mano le tembló cuando le puse el pájaro. Y Manolita se quedó
"Churrinche", el pajarero... Él sabía que yo era el único en todo el pueblo que lo tan quieta, tan cómoda entre los siete dedos—. Gracias... No tienes idea,
dejaría morir tranquilo y sin preguntas. De tanto andar con animales uno termina pajarero, cómo tus pájaros se parecen a los sicalos nuestros...
por amigarse, por entender a todo lo vivo, venga de donde venga...
Son tan iguales...
Me miró con los ojos claros: tenían algo de charcos de agua quieta. Yo hubiera
"Le costó levantar la mano pero igual se tomó el trabajo, quería ver bien a
hecho lo mismo que el Jon.
Manolita.
—Claro, al principio me tomó por sorpresa; yo no estaba preparado para verlo.
"—Si uno sabe mirar, un solo pájaro..., un solo sicalo..., resume todas las bellezas
Llegó del lado del río, lo sentí chapotear en el juncal; cuando subió los escalones
de los mundos...
creí que era José o el Negro, o cualquiera de los vagabundos de siempre. Tardó en
entrar, el último escalón le costó mucho trabajo; pensé que estaría borracho, no "Yo no decía nada, me daba tanta pena verlo respirar tan mal; además, cuando
le hice caso. Pero, al llegar a la puerta se apoyó en el marco, y recién entonces me uno anduvo mucho entre animales sabe en seguida cuándo alguno se muere, así
di cuenta al verle la mano, tan verde y con los siete dedos. sea un perro o una persona o..."
Se levantó, fue hasta un brasero donde temblaba una pava. El pajarero me tendió el humeante jarrito. Lo tomé con cuidado, para no
quemarme.
—¿Un matecito?
—Su amigo apoyaba ahora la mano en la mesa, y no dejaba de mirar a la cotorra.
Dije que sí con la cabeza.
Y volvió a hablar:
—Estaba que se caía —mientras hablaba puso yerba en un jarrito enlozado—. Me
"—El pájaro..., el sicalo... es los días perdidos, es la infancia... Cuidar un pájaro
di cuenta de que se moría, pero no quiso que lo acostara; insistió en sentarse ahí,
esrevivir la infancia... Por eso tú, pajarero, cuidas pájaros... No quieres
donde está usted. Y se quedó medio caído, los ojos cerrados.
desprenderte de la infancia...
—Sé que eres amigo—me dijo de pronto, marcando mucho las letras—. Por eso "—No lo sé —le dije por decir algo—. Pero... ¿y los chicos que cuidan pájaros?
hice toda la distancia hasta aquí...Sé que cuidas pájaros... Por eso vine.
"—Los chicos que cuidan pájaros... Tienes razón... Los chicos no pueden
"—¿Por los pájaros? —le pregunté. recordarla infancia... —hizo una pausa, se quedó mirando largamente a la
"—Sí... Quiero pedirte un favor... ¿Podrías prestarme uno, uno cualquiera, hasta... cotorra, que seguía quietecita en su mano; y de pronto agregó—: Los chicos que
cuidan pájaros están recordando, reviviendo, sin saberlo, los días perdidos, la
hasta que no lo necesite más?
infancia de la especie...
"Contesté que sí y le traje a la Manolita, la cotorra, que es la más mansita de
todas. Se la ofrecí. "Volvió a callar, siguió mirando a Manolita. Y mirando, también, vaya uno a saber
qué imágenes de otros tiempos, de otros lugares.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
"Pensé que alguno podría venir, la sorpresa que se llevaría al verlo allí. Me tendió la mano.
"Manolita se alborotó de pronto, aleteó, se me vino hasta el hombro. Vacilé un momento, le tendí la mía.
"La mano verde seguía igual, apoyada sobre la mesa. Sonrió al sentir la presión de los siete dedos. Me dio una palmada en el hombro,
me acompañó hasta la puerta.
"No tuve que tocarlo para saber que ya estaba muerto.
Bajé los escalones, me fui por el juncal.
"Cavé una fosa en el albardón, lo enterré en el mismo lugar donde entierro a los
pájaros que se me mueren. Ya había estrellas. Pero no, el Gelo no se veía. Demasiado distante.
"Y allí está ahora. Pensé ponerle una cruz, pero no... ¿Qué mejor cruz para él que Aunque no está tan lejos, pensándolo bien.
la misma de los pájaros, el sol de cada día?" Me levanté. Ya sabía todo lo que
Un pájaro nocturno pasó volando bajo, en vuelo silencioso.
quería sobre la muerte del Jon.
¿Un pájaro o un sicalo?
—Gracias —le devolví el jarrito enlozado.
HÉCTOR GERMÁN OESTERHELD deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás
SONDAS por fin contestar hasta el último porqué.
En algún lugar de Marte se halla ese cristal.
CIENCIA Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables
En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño arenales.
y muy extraño. Sabemos, también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo,
Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.
más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual.
consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el
sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
EXILIO
Nunca se vio en Gelo nada tan cómico.
Salió de entre el roto metal con paso vacilante, movió la boca, desde el POLICIAL
principio nos hizo reír con esas piernas tan largas, esos dos ojos de pupilas
tan increíblemente redondas.
Le dimos grubas, y linas y kialas.
Pero no quiso recibirlas, fíjate, ni siquiera aceptó las kialas, fue tan cómico ROALD DALH
verlo rechazar todo que las risas de la multitud se oyeron hasta el valle CORDERO ASADO
vecino.
Pronto se corrió la voz de que estaba entre nosotros, de todas partes La habitación estaba limpia y acogedora, las cortinas corridas, las dos lámparas de
vinieron a verlo, él aparecía cada vez más ridículo, siempre rechazando las mesa encendidas, la suya y la de la silla vacía, frente a ella. Detrás, en el aparador,
kialas, la risa de cuantos lo miraban era tan vasta como una tempestad en dos vasos altos de whisky. Cubos de hielo en un recipiente.
el mar. Mary Maloney estaba esperando a que su marido volviera del trabajo.
Pasaron los días, de las antípodas trajeron margas, lo mismo, no quiso ni
De vez en cuando echaba una mirada al reloj, pero sin preocupación,
verlas, fue para retorcerse de risa.
simplemente para complacerse de que cada minuto que pasaba acercaba el
Pero lo mejor de todo fue el final: se acostó en la colina, de cara a las momento de su llegada. Tenía un aire sonriente y optimista. Su cabeza se
estrellas, se quedó quieto, la respiración se le fue debilitando, cuando del ó inclinaba hacia la costura con entera tranquilidad. Su piel —estaba en el sexto
de respirar tenía los ojos llenos de agua. ¡Sí, no querrás creerlo, pero los mes del embarazo— había adquirido un maravilloso brillo, los labios suaves y los
ojos se le llenaron de agua, d-e a-g-u-a, como lo oyes! ojos, de mirada serena, parecían más grandes y más oscuros que antes.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Cuando el reloj marcaba las cinco menos diez, empezó a escuchar, y pocos Ella no lo vio, pero lo intuyó al oír el ruido que hacían los cubitos de hielo al volver
minutos más tarde, puntual como siempre, oyó rodar los neumáticos sobre la a dejar él su vaso sobre la mesa. Luego se levantó lentamente para servirse otro
grava y cerrarse la puerta del coche, los pasos que se acercaban, la llave dando vaso.
vueltas en la cerradura.
—Yo te lo serviré —dijo ella, levantándose.
Dejó a un lado la costura, se levantó y fue a su encuentro para darle un beso en
—Siéntate —dijo él secamente.
cuanto entrara.
Al volver observó que el vaso estaba medio lleno de un líquido ambarino.
—¡Hola, querido! —dijo ella.
—Querido, ¿quieres que te traiga las zapatillas?
—¡Hola! —contestó él.
Le observó mientras él bebía el whisky.
Ella le colgó el abrigo en el armario. Luego volvió y preparó las bebidas, una fuerte
para él y otra más floja para ella; después se sentó de nuevo con la costura y su —Creo que es una vergüenza para un policía que se va haciendo mayor, como tú,
marido enfrente con el alto vaso de whisky entre las manos, moviéndolo de tal que le hagan andar todo el día —dijo ella.
forma que los cubitos de hielo golpeaban contra las paredes del vaso.
Él no contestó; Mary Maloney inclinó la cabeza de nuevo y continuó con su
Para ella ésta era una hora maravillosa del día. Sabía que su esposo no quería costura. Cada vez que él se llevaba el vaso a los labios se oía golpear los cubitos
hablar mucho antes de terminar la primera bebida, y a ella, por su parte, le contra el cristal.
gustaba sentarse silenciosamente, disfrutando de su compañía después de tantas
horas de soledad. Le gustaba vivir con este hombre y sentir —como siente un —Querido, ¿quieres que te traiga un poco de queso? No he hecho cena porque es
bañista al calor del sol— la influencia que él irradiaba sobre ella cuando estaban jueves.
juntos y solos. Le gustaba su manera de sentarse descuidadamente en una silla, su —No —dijo él.
manera de abrir la puerta o de andar por la habitación a grandes zancadas. Le
gustaba esa intensa mirada de sus ojos al fijarse en ella y la forma graciosa de su —Si estás demasiado cansado para comer fuera —continuó ella—, no es tarde
boca, especialmente cuando el cansancio no le dejaba hablar, hasta que el primer para que lo digas. Hay carne y otras cosas en la nevera y te lo puedo servir aquí
vaso de whisky le reanimaba un poco. para que no tengas que moverte de la silla.
—¿Cansado, querido? Sus ojos se volvieron hacia ella; Mary esperó una respuesta, una sonrisa, un signo
de asentimiento al menos, pero él no hizo nada de esto. —Bueno —agregó ella—
—Sí —respondió él—, estoy cansado. Mientras hablaba, hizo una cosa extraña. , te sacaré queso y unas galletas.
Levantó el vaso y bebió su contenido de una sola vez aunque el vaso estaba a
medio llenar. —No quiero —dijo él.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
—Debes cenar. Yo lo puedo preparar aquí, no me molesta hacerlo. Tengo chuletas Su primer impulso fue no creer una palabra de lo que él había dicho. Se le ocurrió
de cerdo y cordero, lo que quieras, todo está en la nevera. que quizá él no había hablado, que era ella quien se lo había imaginado todo.
Quizá si continuara su trabajo como si no hubiera oído nada, luego, cuando
—No me apetece —dijo él.
hubiera pasado algún tiempo, se encontraría con que nada había ocurrido.
—¡Pero querido! ¡Tienes que comer! Te lo sacaré y te lo comes, si te apetece. Se
—Prepararé la cena —dijo con voz ahogada.
levantó y puso la costura en la mesa, junto a la lámpara.
Esta vez él no contestó.
—Siéntate —dijo él—, siéntate sólo un momento. Desde aquel instante, ella
empezó a sentirse atemorizada. Mary se levantó y cruzó la habitación. No sentía nada, excepto un poco de
náuseas y mareo. Actuaba como un autómata. Bajó hasta la bodega, encendió la
—Vamos —dijo él—, siéntate.
luz y metió la mano en el congelador, sacando el primer objeto que encontró. Lo
Se sentó de nuevo en su silla, mirándole todo el tiempo con sus grandes y sacó y lo miró. Estaba envuelto en papel, así que lo desenvolvió y lo miró de
asombrados ojos. El había acabado su segundo vaso y tenía los ojos bajos. nuevo.
—¿Qué es ello, querido? ¿Qué pasa? Muy bien, cenarían pierna de cordero. Subió con el cordero entre las manos y al
entrar en el cuarto de estar encontró a su marido de pie junto a la ventana, de
Él se había quedado completamente quieto y mantenía la cabeza agachada de tal espaldas a ella.
forma que la luz de la lámpara le daba en la parte alta de la cara, dejándole la
barbilla y la boca en la oscuridad. Se detuvo. —Por el amor de Dios —dijo él al oírla, sin volverse—, no hagas cena
para mí. Voy a salir.
—Lo que voy a decirte te va a trastornar un poco, me temo — dijo—, pero lo he
pensado bien y he decidido que lo mejor que puedo hacer es decírtelo en seguida. En aquel momento, Mary Maloney se acercó a él por detrás y sin pensarlo dos
Espero que no me lo reproches demasiado. veces levantó la pierna de cordero congelada y le golpeó en la parte trasera de la
cabeza tan fuerte como pudo. Fue como si le hubiera pegado con una barra de
Y se lo dijo. No tardó mucho, cuatro o cinco minutos como máximo. Ella no se acero. Retrocedió un paso, esperando a ver qué pasaba, y lo gracioso fue que él
movió en todo el tiempo, observándolo con una especie de terror mientras él se quedó tambaleándose unos segundos antes de caer pesadamente en la alfombra.
iba separando de ella más y más, a cada palabra.
La violencia del golpe, el ruido de la mesita al caer por haber sido empujada, la
—Eso es todo —añadió—, ya sé que es un mal momento para decírtelo, pero no ayudaron a salir de su ensimismamiento.
hay otro modo de hacerlo. Naturalmente, te daré dinero y procuraré que estés
bien cuidada. Pero no hay necesidad de armar un escándalo. No sería bueno para Salió retrocediendo lentamente, sintiéndose fría y confusa, y se quedó por unos
mi carrera. momentos mirando el cuerpo inmóvil de su marido, apretando entre sus dedos el
ridículo pedazo de carne que había empleado para matarle.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Era extraordinario. Ahora lo veía claro. Empezó a pensar con rapidez. Como —No me gusta asarlo cuando está congelado, pero voy a probar esta vez.
esposa de un detective, sabía cuál sería el castigo; de acuerdo. A ella le era
¿Usted cree que saldrá bien?
indiferente. En realidad sería un descanso. Pero por otra parte. ¿Y el niño? ¿Qué
decía la ley acerca de las asesinas que iban a tener un hijo? ¿Los mataban a los —Personalmente —dijo el tendero—, no creo que haya ninguna diferencia.
dos, madre e hijo? ¿Esperaban hasta el noveno mes? ¿Qué hacían?
¿Quiere estas patatas de Idaho?
Mary Maloney lo ignoraba y no estaba dispuesta a arriesgarse.
—¡Oh, sí, muy bien! Dos de ésas.
Llevó la carne a la cocina, la puso en el horno, encendió éste y la metió dentro.
Luego se lavó las manos y subió a su habitación. Se sentó delante del espejo, —¿Nada más? —El tendero inclinó la cabeza, mirándola con simpatía—. ¿Y para
arregló su cara, puso un poco de rojo en los labios y polvo en las mejillas. Intentó después? ¿Qué le va a dar luego?
sonreír, pero le salió una mueca. Lo volvió a intentar. —Bueno. ¿Qué me sugiere, Sam?
—Hola, Sam —dijo en voz alta. El hombre echó una mirada a la tienda.
La voz sonaba rara también. —¿Qué le parece una buena porción de pastel de queso? Sé que le gusta a
—Quiero patatas, Sam, y también una lata de guisantes. Eso estaba mejor. La Patrick.
sonrisa y la voz iban mejorando. Lo ensayó varias veces. Luego bajó, cogió el
abrigo y salió a la calle por la puerta trasera del jardín. —Magnífico —dijo ella—, le encanta.
Todavía no eran las seis y diez y había luz en las tiendas de comestibles. —Hola, Cuando todo estuvo empaquetado y pagado, sonrió agradablemente y dijo:
Sam —dijo sonriendo ampliamente al hombre que estaba Trabajo Práctico III —Gracias, Sam. Buenas noches.
Guión Audiovisual II Valentino Bergamasco 6 detrás del mostrador.
Ahora, se decía a sí misma al regresar, iba a reunirse con su marido, que la estaría
—¡Oh, buenas noches, señora Maloney! ¿Cómo está? esperando para cenar; y debía cocinar bien y hacer comida sabrosa porque su
—Muy bien, gracias. Quiero patatas, Sam, y una lata de guisantes. El marido estaría cansado; y si cuando entrara en la casa encontraba algo raro,
hombre se volvió de espaldas para alcanzar la lata de guisantes. trágico o terrible, sería un golpe para ella y se volvería histérica de dolor y de
miedo. ¿Es que no lo entienden? Ella no esperaba encontrar nada. Simplemente
—Patrick dijo que estaba cansado y no quería cenar fuera esta noche —le dijo—. era la señora Maloney que volvía a casa con las verduras un jueves por la tarde
Siempre solemos salir los jueves y no tengo verduras en casa. para preparar la cena a su marido.
—¿Quiere carne, señora Maloney? «Eso es —se dijo a sí misma—, hazlo todo bien y con naturalidad. Si se hacen las
—No, tengo carne, gracias. Hay en la nevera una pierna de cordero. cosas de esta manera, no habrá necesidad de fingir.»
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Por lo tanto, cuando entró en la cocina por la puerta trasera, iba canturreando Brevemente, le contó que había salido a la tienda de comestibles y al volver lo
una cancioncilla y sonriendo. encontró tirado en el suelo. Mientras ella hablaba y lloraba, Nooan descubrió una
pequeña herida de sangre cuajada en la cabeza del muerto. Se la mostró a
—¡Patrick! —llamó—, ¿dónde estás, querido?
O'Malley y éste, levantándose, fue derecho al teléfono.
Puso el paquete sobre la mesa y entró en el cuarto de estar.
Pronto llegaron otros policías. Primero un médico, después dos detectives, a uno
Cuando le vio en el suelo, con las piernas dobladas y uno de los brazos debajo del de los cuales conocía de nombre. Más tarde, un fotógrafo de la Policía que tomó
cuerpo, fue un verdadero golpe para ella. algunos planos y otro hombre encargado de las huellas dactilares. Se oían
cuchicheos por la habitación donde yacía el muerto y los detectives le hicieron
Todo su amor y su deseo por él se despertaron en aquel momento. Corrió hacia muchas preguntas. No obstante, siempre la trataron con amabilidad.
su cuerpo, se arrodilló a su lado y empezó a llorar amargamente. Fue fácil, no
tuvo que fingir. Volvió a contar la historia otra vez, ahora desde el principio. Cuando Patrick llegó
ella estaba cosiendo, y él se sintió tan fatigado que no quiso salir a cenar. Dijo que
Unos minutos más tarde, se levantó y fue al teléfono. Sabía el número de la había puesto la carne en el horno —allí estaba, asándose— y se había marchado a
jefatura de Policía, y cuando le contestaron al otro lado del hilo, ella gritó: la tienda de comestibles a comprar verduras. De vuelta lo había encontrado
—¡Pronto! ¡Vengan en seguida! ¡Patrick ha muerto! tendido en el suelo.
—¿Quién habla? —¿A qué tienda ha ido usted? —preguntó uno de los detectives.
—La señora Maloney, la señora de Patrick Maloney. Se lo dijo, y entonces el detective se volvió y musitó algo en voz baja al otro
detective, que salió inmediatamente a la calle.
—¿Quiere decir que Patrick Maloney ha muerto?
«..., parecía normal..., muy contenta..., quería prepararle una buena cena...,
—Creo que sí —gimió ella—. Está tendido en el suelo y me parece que está guisantes..., pastel de queso..., imposible que ella...»
muerto.
Transcurrido algún tiempo el fotógrafo y el médico se marcharon y los otros dos
—Iremos en seguida —dijo el hombre. hombres entraron y se llevaron el cuerpo en una camilla. Después se fue el
El coche vino rápidamente. Mary abrió la puerta a los dos policías. Los reconoció a hombre de las huellas dactilares. Los dos detectives y los policías se quedaron.
los dos en seguida —en realidad conocía a casi todos los del distrito— y se echó Fueron muy amables con ella; Jack Nooan le preguntó si no se iba a marchar a
en los brazos de Jack Nooan, llorando histéricamente. El la llevó con cuidado a otro sitio, a casa de su hermana, quizá, o con su mujer, que cuidaría de ella y la
una silla y luego fue a reunirse con el otro, que se llamaba O'Malley, el cual estaba acostaría.
arrodillado al lado del cuerpo inmóvil. —No —dijo ella.
—¿Está muerto? —preguntó ella.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
No creía en la posibilidad de que pudiera moverse ni un solo metro en aquel —Jack —dijo ella cuando el sargento Nooan pasó a su lado—, ¿me quiere servir
momento. ¿Les importaría mucho que se quedara allí hasta que se encontrase una bebida?
mejor? Todavía estaba bajo los efectos de la impresión sufrida.
—Sí, claro. ¿Quiere whisky?
—Pero ¿no sería mejor que se acostara un poco? —preguntó Jack Nooan.
—Sí, por favor, pero poco. Me hará sentir mejor. Le tendió el vaso.
—No —dijo ella.
—¿Por qué no se sirve usted otro? —dijo ella—; debe de estar muy cansado; por
Quería estar donde estaba, en esa silla. Un poco más tarde, cuando se sintiera favor, hágalo, se ha portado muy bien conmigo.
mejor, se levantaría.
—Bueno —contestó él—, no nos está permitido, pero puedo tomar un trago para
La dejaron mientras deambulaban por la casa, cumpliendo su misión. De vez en seguir trabajando. Uno a uno, fueron llegando los otros y bebieron whisky.
cuando uno de los detectives le hacía una pregunta. También Jack Nooan le Estaban un poco incómodos por la presencia de ella y trataban de consolarla con
hablaba cuando pasaba por su lado. Su marido, le dijo, había muerto de un golpe inútiles palabras. El sargento Nooan, que rondaba por la cocina, salió y dijo:
en la cabeza con un instrumento pesado, casi seguro una barra de hierro. Ahora
—Oiga, señora Maloney. ¿Sabe que tiene el horno encendido y la carne dentro?
buscaban el arma. El asesino podía habérsela llevado consigo, pero también cabía
la posibilidad de que la hubiera tirado o escondido en alguna parte. —¡Dios mío! —gritó ella—. ¡Es verdad!
—Es la vieja historia —dijo él—, encontraremos el arma y tendremos al criminal. —¿Quiere que vaya a apagarlo?
Más tarde, uno de los detectives entró y se sentó a su lado.
—¿Sería tan amable, Jack? Muchas gracias.
—¿Hay algo en la casa que pueda haber servido como arma homicida? —le
preguntó—. ¿Le importaría echar una mirada a ver si falta algo, un atizador, por Cuando el sargento regresó por segunda vez lo miró con sus grandes y profundos
ejemplo, o un jarrón de metal? ojos.
—¿Y un atizador? —No tenemos atizador, pero puede haber algo parecido en el —¿Sí? —¿Me harán un pequeño favor, usted y los otros?
garaje. —Si está en nuestras manos, señora Maloney...
La búsqueda continuó. —Bien —dijo ella—. Aquí están ustedes, todos buenos amigos de Patrick,
Ella sabía que había otros policías rodeando la casa. Fuera, oía sus pisadas en la tratando de encontrar al hombre que lo mató. Deben de estar hambrientos
grava y a veces veía la luz de una linterna infiltrarse por las cortinas de la ventana. porque hace rato que ha pasado la hora de la cena, y sé que Patrick, que en gloria
Empezaba a hacerse tarde, eran cerca de las nueve en el reloj de la repisa de la esté, nunca me perdonaría que estuviesen en su casa y no les ofreciera
chimenea. Los cuatro hombres que buscaban por las habitaciones empezaron a hospitalidad. ¿Por qué no se comen el cordero que está en el horno? Ya estará
sentirse fatigados. completamente asado.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
—Ni pensarlo —dijo el sargento Nooan. EDGAR ALLAN POE LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE
—Por favor —pidió ella—, por favor, cómanlo. Yo no voy a tocar nada de lo que La canción que cantaban las sirenas, o el nombre que
adoptó Aquiles cuando se escondió entre las mujeres, son
había en la casa cuando él estaba aquí, pero ustedes sí pueden hacerlo. Me harían
cuestiones enigmáticas, pero que no se hallan más allá de
un favor si se lo comieran. Luego, pueden continuar su trabajo.
toda conjetura.
Los policías dudaron un poco, pero tenían hambre y al final decidieron ir a la Sir Thomas Browne
cocina y cenar. La mujer se quedó donde estaba, oyéndolos a través de la puerta
entreabierta. Hablaban entre sí a pesar de tener la boca llena de comida. Las características de la inteligencia que suelen calificarse de analíticas son en sí
mismas poco susceptibles de análisis. Sólo las apreciamos a través de sus
—¿Quieres más, Charlie?
resultados. Entre otras cosas sabemos que, para aquel que las posee en alto
—No, será mejor que no lo acabemos. grado, son fuente del más vivo goce. Así como el hombre robusto se complace en
su destreza física y se deleita con aquellos ejercicios que reclaman la acción de sus
—Pero ella quiere que lo acabemos, eso fue lo que dijo. Le hacemos un favor.
músculos, así el analista halla su placer en esa actividad del espíritu consistente en
—Bueno, dame un poco más. desenredar. Goza incluso con las ocupaciones más triviales, siempre que pongan
en juego su talento. Le encantan los enigmas, los acertijos, los jeroglíficos, y al
—Debe de haber sido un instrumento terrible el que han usado para matar al solucionarlos muestra un grado de perspicacia que, para la mente ordinaria,
pobre Patrick —decía uno de ellos—, el doctor dijo que tenía el cráneo hecho parece sobrenatural. Sus resultados, frutos del método en su forma más esencial
trizas. y profunda, tienen todo el aire de una intuición. La facultad de resolución se ve
—Por eso debería ser fácil de encontrar. posiblemente muy vigorizada por el estudio de las matemáticas, y en especial por
su rama más alta, que, injustamente y tan sólo a causa de sus operaciones
—Eso es lo que a mí me parece. retrógradas, se denomina análisis, como si se tratara del análisis par excellence.
—Quienquiera que lo hiciera no iba a llevar una cosa así, tan pesada, más tiempo Calcular, sin embargo, no es en sí mismo analizar. Un jugador de ajedrez, por
del necesario. Uno de ellos eructó: ejemplo, efectúa lo primero sin esforzarse en lo segundo. De ahí se sigue que el
ajedrez, por lo que concierne a sus efectos sobre la naturaleza de la inteligencia,
—Mi opinión es que tiene que estar aquí, en la casa. es apreciado erróneamente. No he de escribir aquí un tratado, sino que me limito
a prologar un relato un tanto singular, con algunas observaciones pasajeras;
—Probablemente bajo nuestras propias narices. ¿Qué piensas tú, Jack?
aprovecharé por eso la oportunidad para afirmar que el máximo grado de la
En la otra habitación, Mary Maloney empezó a reírse entre dientes. reflexión se ve puesto a prueba por el modesto juego de damas en forma más
intensa y beneficiosa que por toda la estudiada frivolidad del ajedrez. En este
Relatos de lo inesperado de Roald Dahl.
último, donde las piezas tienen movimientos diferentes y singulares, con varios y
variables valores, lo que sólo resulta complejo es equivocadamente confundido
(error nada insólito) con lo profundo. Aquí se trata, sobre todo, de la atención. Si
ésta cede un solo instante, se comete un descuido que da por resultado una
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
pérdida o la derrota. Como los movimientos posibles no sólo son múltiples sino analista se manifiesta en cuestiones que exceden los límites de las meras reglas.
intrincados, las posibilidades de descuido se multiplican y, en nueve casos de cada Silencioso, procede a acumular cantidad de observaciones y deducciones. Quizá
diez, triunfa el jugador concentrado y no el más penetrante. En las damas, por el sus compañeros hacen lo mismo, y la mayor o menor proporción de
contrario, donde hay un solo movimiento y las variaciones son mínimas, las informaciones así obtenidas no reside tanto en la validez de la deducción como en
probabilidades de inadvertencia disminuyen, lo cual deja un tanto de lado a la la calidad de la observación. Lo necesario consiste en saber qué se debe observar.
atención, y las ventajas obtenidas por cada uno de los adversarios provienen de Nuestro jugador no se encierra en sí mismo; ni tampoco, dado que su objetivo es
una perspicacia superior. el juego, rechaza deducciones procedentes de elementos externos a éste.
Examina el semblante de su compañero, comparándolo cuidadosamente con el
Para hablar menos abstractamente, supongamos una partida de damas en la que
de cada uno de sus oponentes. Considera el modo con que cada uno ordena las
las piezas se reducen a cuatro y donde, como es natural, no cabe esperar el
cartas en su mano; a menudo cuenta las cartas ganadoras y las adicionales por la
menor descuido. Obvio resulta que (si los jugadores tienen fuerza pareja) sólo
manera con que sus tenedores las contemplan. Advierte cada variación de
puede decidir la victoria algún movimiento sutil, resultado de un penetrante
fisonomía a medida que avanza el juego, reuniendo un capital de ideas nacidas de
esfuerzo intelectual. Desprovisto de los recursos ordinarios, el analista penetra en
las diferencias de expresión correspondientes a la seguridad, la sorpresa, el
el espíritu de su oponente, se identifica con él y con frecuencia alcanza a ver de
triunfo o la contrariedad. Por la manera de levantar una baza juzga si la persona
una sola ojeada el único método (a veces absurdamente sencillo) por el cual
que la recoge será capaz de repetirla en el mismo palo. Reconoce la jugada fingida
puede provocar un error o precipitar a un falso cálculo.
por la manera con que se arrojan las cartas sobre el tapete. Una palabra casual o
Hace mucho que se ha reparado en el whist por su influencia sobre lo que da en descuidada, la caída o vuelta accidental de una carta, con la consiguiente
llamarse la facultad del cálculo, y hombres del más excelso intelecto se han ansiedad o negligencia en el acto de ocultarla, la cuenta de las bazas, con el orden
complacido en él de manera indescriptible, dejando de lado, por frívolo, al de su disposición, el embarazo, la vacilación, el apuro o el temor... todo ello
ajedrez. Sin duda alguna, nada existe en ese orden que ponga de tal modo a proporciona a su percepción, aparentemente intuitiva, indicaciones sobre la
prueba la facultad analítica. El mejor ajedrecista de la cristiandad no puede ser realidad del juego. Jugadas dos o tres manos, conoce perfectamente las cartas de
otra cosa que el mejor ajedrecista, pero la eficiencia en el whist implica la cada uno, y desde ese momento utiliza las propias con tanta precisión como si los
capacidad para triunfar en todas aquellas empresas más importantes donde la otros jugadores hubieran dado vuelta a las suyas.
mente se enfrenta con la mente. Cuando digo eficiencia, aludo a esa perfección
El poder analítico no debe confundirse con el mero ingenio, ya que si el analista es
en el juego que incluye la aprehensión de todas las posibilidades mediante las
por necesidad ingenioso, con frecuencia el hombre ingenioso se muestra
cuales se puede obtener legítima ventaja. Estas últimas no sólo son múltiples sino
notablemente incapaz de analizar. La facultad constructiva o combinatoria por la
multiformes, y con frecuencia yacen en capas tan profundas del pensar que el
cual se manifiesta habitualmente el ingenio, y a la que los frenólogos
entendimiento ordinario es incapaz de alcanzarlas. Observar con atención
(erróneamente, a mi juicio) han asignado un órgano aparte, considerándola una
equivale a recordar con claridad; en ese sentido, el ajedrecista concentrado jugará
facultad primordial, ha sido observada con tanta frecuencia en personas cuyo
bien al whist, en tanto que las reglas de Hoyle (basadas en el mero mecanismo del
intelecto lindaba con la idiotez, que ha provocado las observaciones de los
juego) son comprensibles de manera general y satisfactoria. Por tanto, el hecho
estudiosos del carácter. Entre el ingenio y la aptitud analítica existe una diferencia
de tener una memoria retentiva y guiarse por «el libro» son las condiciones que
mucho mayor que entre la fantasía y la imaginación, pero de naturaleza
por regla general se consideran como la suma del buen jugar. Pero la habilidad del
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
estrictamente análoga. En efecto, cabe observar que los ingeniosos poseen Si nuestra manera de vivir en esa casa hubiera llegado al conocimiento del
siempre mucha fantasía mientras que el hombre verdaderamente imaginativo es mundo, éste nos hubiera considerado como locos -aunque probablemente como
siempre un analista. locos inofensivos-. Nuestro aislamiento era perfecto. No admitíamos visitantes. El
lugar de nuestro retiro era un secreto celosamente guardado para mis antiguos
El relato siguiente representará para el lector algo así como un comentario de las
amigos; en cuanto a Dupin, hacía muchos años que había dejado de ver gentes o
afirmaciones que anteceden.
de ser conocido en París. Sólo vivíamos para nosotros.
Mientras residía en París, durante la primavera y parte del verano de 18..., me
Una rareza de mi amigo (¿qué otro nombre darle?) consistía en amar la noche por
relacioné con un cierto C. Auguste Dupin. Este joven caballero procedía de una
la noche misma; a esta bizarrerie, como a todas las otras, me abandoné a mi vez
familia excelente -y hasta ilustre-, pero una serie de desdichadas circunstancias lo
sin esfuerzo, entregándome a sus extraños caprichos con perfecto abandono. La
habían reducido a tal pobreza que la energía de su carácter sucumbió ante la
negra divinidad no podía permanecer siempre con nosotros, pero nos era dado
desgracia, llevándolo a alejarse del mundo y a no preocuparse por recuperar su
imitarla. A las primeras luces del alba, cerrábamos las pesadas persianas de
fortuna. Gracias a la cortesía de sus acreedores le quedó una pequeña parte del
nuestra vieja casa y encendíamos un par de bujías que, fuertemente perfumadas,
patrimonio, y la renta que le producía bastaba, mediante una rigurosa economía,
sólo lanzaban débiles y mortecinos rayos. Con ayuda de ellas ocupábamos
para subvenir a sus necesidades, sin preocuparse de lo superfluo. Los libros
nuestros espíritus en soñar, leyendo, escribiendo o conversando, hasta que el
constituían su solo lujo, y en París es fácil procurárselos.
reloj nos advertía la llegada de la verdadera oscuridad. Salíamos entonces a la
Nuestro primer encuentro tuvo lugar en una oscura librería de la rue Montmartre, calle tomados del brazo, continuando la conversación del día o vagando al azar
donde la casualidad de que ambos anduviéramos en busca de un mismo libro -tan hasta muy tarde, mientras buscábamos entre las luces y las sombras de la
raro como notable- sirvió para aproximarnos. Volvimos a encontrarnos una y otra populosa ciudad esa infinidad de excitantes espirituales que puede proporcionar
vez. Me sentí profundamente interesado por la menuda historia de familia que la observación silenciosa.
Dupin me contaba detalladamente, con todo ese candor a que se abandona un
En esas oportunidades, no dejaba yo de reparar y admirar (aunque dada su
francés cuando se trata de su propia persona. Me quedé asombrado, al mismo
profunda idealidad cabía esperarlo) una peculiar aptitud analítica de Dupin.
tiempo, por la extraordinaria amplitud de su cultura; pero, sobre todo, sentí
Parecía complacerse especialmente en ejercitarla -ya que no en exhibirla- y no
encenderse mi alma ante el exaltado fervor y la vívida frescura de su imaginación.
vacilaba en confesar el placer que le producía. Se jactaba, con una risita discreta,
Dado lo que yo buscaba en ese entonces en París, sentí que la compañía de un
de que frente a él la mayoría de los hombres tenían como una ventana por la cual
hombre semejante me resultaría un tesoro inestimable, y no vacilé en decírselo.
podía verse su corazón y estaba pronto a demostrar sus afirmaciones con pruebas
Quedó por fin decidido que viviríamos juntos durante mi permanencia en la
tan directas como sorprendentes del íntimo conocimiento que de mí tenía. En
ciudad, y, como mi situación financiera era algo menos comprometida que la
aquellos momentos su actitud era fría y abstraída; sus ojos miraban como sin ver,
suya, logré que quedara a mi cargo alquilar y amueblar -en un estilo que
mientras su voz, habitualmente de un rico registro de tenor, subía a un falsete
armonizaba con la melancolía un tanto fantástica de nuestro carácter- una
que hubiera parecido petulante de no mediar lo deliberado y lo preciso de sus
decrépita y grotesca mansión abandonada a causa de supersticiones sobre las
palabras. Al observarlo en esos casos, me ocurría muchas veces pensar en la
cuales no inquirimos, y que se acercaba a su ruina en una parte aislada y solitaria
antigua filosofía del alma doble, y me divertía con la idea de un doble Dupin: el
del Faubourg Saint-Germain.
creador y el analista.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
No se suponga, por lo que llevo dicho, que estoy circunstanciando algún misterio En realidad, me sentía aún más asombrado de lo que estaba dispuesto a
o escribiendo una novela. Lo que he referido de mi amigo francés era tan sólo el reconocer.
producto de una inteligencia excitada o quizá enferma. Pero el carácter de sus
-El frutero -replicó mi amigo- fue quien lo llevó a la conclusión de que el
observaciones en el curso de esos períodos se apreciará con más claridad
remendón de suelas no tenía estatura suficiente para Jerjes et id genus omne.
mediante un ejemplo.
-¡El frutero! ¡Me asombra usted! No conozco ningún frutero.
Errábamos una noche por una larga y sucia calle, en la vecindad del Paláis Royal.
Sumergidos en nuestras meditaciones, no habíamos pronunciado una sola sílaba -El hombre que tropezó con usted cuando entrábamos en esta calle... hará un
durante un cuarto de hora por lo menos. Bruscamente, Dupin pronunció estas cuarto de hora.
palabras:
Recordé entonces que un frutero, que llevaba sobre la cabeza una gran cesta de
-Sí, es un hombrecillo muy pequeño, y estaría mejor en el Théâtre des Variétés. manzanas, había estado a punto de derribarme accidentalmente cuando
-No cabe duda -repuse inconscientemente, sin advertir (pues tan absorto había pasábamos de la rue C... a la que recorríamos ahora. Pero me era imposible
estado en mis reflexiones) la extraordinaria forma en que Dupin coincidía con mis comprender qué tenía eso que ver con Chantilly.
pensamientos. Pero, un instante después, me di cuenta y me sentí
-Se lo explicaré -me dijo Dupin, en quien no había la menor partícula de
profundamente asombrado.
charlatanerie- y, para que pueda comprender claramente, remontaremos primero
-Dupin -dije gravemente-, esto va más allá de mi comprensión. Le confieso sin el curso de sus reflexiones desde el momento en que le hablé hasta el de su
rodeos que estoy atónito y que apenas puedo dar crédito a mis sentidos. ¿Cómo choque con el frutero en cuestión. Los eslabones principales de la cadena son los
es posible que haya sabido que yo estaba pensando en...? siguientes: Chantilly, Orión, el doctor Nichols, Epicuro, la estereotomía, el
pavimento, el frutero.
Aquí me detuve, para asegurarme sin lugar a dudas de si realmente sabía en
quién estaba yo pensando. Pocas personas hay que, en algún momento de su vida, no se hayan entretenido
en remontar el curso de las ideas mediante las cuales han llegado a alguna
-En Chantilly -dijo Dupin-. ¿Por qué se interrumpe? Estaba usted diciéndose que
conclusión. Con frecuencia, esta tarea está llena de interés, y aquel que la
su pequeña estatura le veda los papeles trágicos.
emprende se queda asombrado por la distancia aparentemente ilimitada e
Tal era, exactamente, el tema de mis reflexiones. Chantilly era un ex remendón de inconexa entre el punto de partida y el de llegada.
la rue Saint-Denis que, apasionado por el teatro, había encarnado el papel de
¡Cuál habrá sido entonces mi asombro al oír las palabras que acababa de
Jerjes en la tragedia homónima de Crébillon, logrando tan sólo que la gente se
pronunciar Dupin y reconocer que correspondían a la verdad!
burlara de él.
-Si no me equivoco -continuó él-, habíamos estado hablando de caballos
-En nombre del cielo -exclamé-, dígame cuál es el método... si es que hay un
justamente al abandonar la rue C... Éste fue nuestro último tema de conversación.
método... que le ha permitido leer en lo más profundo de mí.
Cuando cruzábamos hacia esta calle, un frutero que traía una gran canasta en la
cabeza pasó rápidamente a nuestro lado y le empaló a usted contra una pila de
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
adoquines correspondiente a un pedazo de la calle en reparación. Usted pisó una sentí seguro de que estaba pensando en la diminuta figura de Chantilly. Y en este
de las piedras sueltas, resbaló, torciéndose ligeramente el tobillo; mostró enojo o punto interrumpí sus meditaciones para hacerle notar que, en efecto, el tal
malhumor, murmuró algunas palabras, se volvió para mirar la pila de adoquines y Chantilly era muy pequeño y que estaría mejor en el Théâtre des Variétés.
siguió andando en silencio. Yo no estaba especialmente atento a sus actos, pero
Poco tiempo después de este episodio, leíamos una edición nocturna de la
en los últimos tiempos la observación se ha convertido para mí en una necesidad.
Gazette des Tribunaux cuando los siguientes párrafos atrajeron nuestra atención:
»Mantuvo usted los ojos clavados en el suelo, observando con aire quisquilloso
los agujeros y los surcos del pavimento (por lo cual comprendí que seguía
«EXTRAÑOS ASESINATOS.-Esta mañana, hacia las tres, los habitantes del quartier
pensando en las piedras), hasta que llegamos al pequeño pasaje llamado
Saint-Roch fueron arrancados de su sueño por los espantosos alaridos
Lamartine, que con fines experimentales ha sido pavimentado con bloques
procedentes del cuarto piso de una casa situada en la rue Morgue, ocupada por
ensamblados y remachados. Aquí su rostro se animó y, al notar que sus labios se
madame L’Espanaye y su hija, mademoiselle Camille L’Espanaye. Como fuera
movían, no tuve dudas de que murmuraba la palabra “estereotomía”, término
imposible lograr el acceso a la casa, después de perder algún tiempo, se forzó
que se ha aplicado pretenciosamente a esta clase de pavimento. Sabía que para
finalmente la puerta con una ganzúa y ocho o diez vecinos penetraron en
usted sería imposible decir “estereotomía” sin verse llevado a pensar en átomos y
compañía de dos gendarmes. Por ese entonces los gritos habían cesado, pero
pasar de ahí a las teorías de Epicuro; ahora bien, cuando discutimos no hace
cuando el grupo remontaba el primer tramo de la escalera se oyeron dos o más
mucho este tema, recuerdo haberle hecho notar de qué curiosa manera -por lo
voces que discutían violentamente y que parecían proceder de la parte superior
demás desconocida- las vagas conjeturas de aquel noble griego se han visto
de la casa. Al llegar al segundo piso, las voces callaron a su vez, reinando una
confirmadas en la reciente cosmogonía de las nebulosas; comprendí, por tanto,
profunda calma. Los vecinos se separaron y empezaron a recorrer las habitaciones
que usted no dejaría de alzar los ojos hacia la gran nebulosa de Orión, y estaba
una por una. Al llegar a una gran cámara situada en la parte posterior del cuarto
seguro de que lo haría. Efectivamente, miró usted hacia lo alto y me sentí seguro
piso (cuya puerta, cerrada por dentro con llave, debió ser forzada), se vieron en
de haber seguido correctamente sus pasos hasta ese momento. Pero en la
presencia de un espectáculo que les produjo tanto horror como estupefacción.
amarga crítica a Chantilly que apareció en el Musée de ayer, el escritor satírico
hace algunas penosas alusiones al cambio de nombre del remendón antes de »EL aposento se hallaba en el mayor desorden: los muebles, rotos, habían sido
calzar los coturnos, y cita un verso latino sobre el cual hemos hablado muchas lanzados en todas direcciones. El colchón del único lecho aparecía tirado en mitad
veces. Me refiero al verso: del piso. Sobre una silla había una navaja manchada de sangre. Sobre la chimenea
aparecían dos o tres largos y espesos mechones de cabello humano igualmente
Perdidit antiquum litera prima sonum.
empapados en sangre y que daban la impresión de haber sido arrancados de raíz.
Se encontraron en el piso cuatro napoleones, un aro de topacio, tres cucharas
»Le dije a usted que se refería a Orión, que en un tiempo se escribió Urión; y dada
grandes de plata, tres más pequeñas de métal d’Alger, y dos sacos que contenían
cierta acritud que se mezcló en aquella discusión, estaba seguro de que usted no
casi cuatro mil francos en oro. Los cajones de una cómoda situada en un ángulo
la había olvidado. Era claro, pues, que no dejaría de combinar las dos ideas de
habían sido abiertos y aparentemente saqueados, aunque quedaban en ellos
Orión y Chantilly. Que así lo hizo, lo supe por la sonrisa que pasó por sus labios.
numerosas prendas. Descubrióse una pequeña caja fuerte de hierro debajo de la
Pensaba usted en la inmolación del pobre zapatero. Hasta ese momento había
caminado algo encorvado, pero de pronto le vi erguirse en toda su estatura. Me
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
cama (y no del colchón). Estaba abierta y con la llave en la cerradura. No contenía bien. No sabía nada sobre su modo de vida y sus medios de subsistencia. Creía
nada, aparte de unas viejas cartas y papeles igualmente sin importancia. que madame L. decía la buenaventura. Pasaba por tener dinero guardado. Nunca
encontró a otras personas en la casa cuando iba a buscar la ropa o la devolvía.
»No se veía huella alguna de madame L’Espanaye, pero al notarse la presencia de
Estaba segura de que no tenían ningún criado o criada. Opinaba que en la casa no
una insólita cantidad de hollín al pie de la chimenea se procedió a registrarla,
había ningún mueble, salvo en el cuarto piso.
encontrándose (¡cosa horrible de describir!) el cadáver de su hija, cabeza abajo, el
cual había sido metido a la fuerza en la estrecha abertura y considerablemente »Pierre Moreau, vendedor de tabaco, declara que desde hace cuatro años vendía
empujado hacia arriba. El cuerpo estaba aún caliente. Al examinarlo se advirtieron regularmente pequeñas cantidades de tabaco y de rapé a madame L’Espanaye.
en él numerosas excoriaciones, producidas, sin duda, por la violencia con que Nació en la vecindad y ha residido siempre en ella. La extinta y su hija ocupaban
fuera introducido y por la que requirió arrancarlo de allí. Veíanse profundos desde hacía más de seis años la casa donde se encontraron los cadáveres.
arañazos en el rostro, y en la garganta aparecían contusiones negruzcas y Anteriormente vivía en ella un joyero, que alquilaba las habitaciones superiores a
profundas huellas de uñas, como si la víctima hubiera sido estrangulada. diversas personas. La casa era de propiedad de madame L., quien se sintió
disgustada por los abusos que cometía su inquilino y ocupó personalmente la
»Luego de una cuidadosa búsqueda en cada porción de la casa, sin que apareciera
casa, negándose a alquilar parte alguna. La anciana señora daba señales de
nada nuevo, los vecinos se introdujeron en un pequeño patio pavimentado de la
senilidad. El testigo vio a su hija unas cinco o seis veces durante esos seis años.
parte posterior del edificio y encontraron el cadáver de la anciana señora, la cual
Ambas llevaban una vida muy retirada y pasaban por tener dinero. Había oído
había sido degollada tan salvajemente que, al tratar de levantar el cuerpo, la
decir a los vecinos que madame L. decía la buenaventura, pero no lo creía. Nunca
cabeza se desprendió del tronco. Horribles mutilaciones aparecían en la cabeza y
vio entrar a nadie, salvo a la anciana y su hija, a un mozo de servicio que estuvo
en el cuerpo, y este último apenas presentaba forma humana.
allí una o dos veces, y a un médico que hizo ocho o diez visitas.
»Hasta el momento no se ha encontrado la menor clave que permita solucionar
»Muchos otros vecinos han proporcionado testimonios coincidentes. No se ha
tan horrible misterio.»
hablado de nadie que frecuentara la casa. Se ignora si madame L. y su hija tenían
parientes vivos. Pocas veces se abrían las persianas de las ventanas delanteras.
La edición del día siguiente contenía los siguientes detalles adicionales: Las de la parte posterior estaban siempre cerradas, salvo las de la gran habitación
en la parte trasera del cuarto piso. La casa se hallaba en excelente estado y no era
muy antigua.
«La tragedia de la rue Morgue.-Diversas personas han sido interrogadas con
relación a este terrible y extraordinario suceso, pero nada ha trascendido que »Isidore Muset, gendarme, declara que fue llamado hacia las tres de la mañana y
pueda arrojar alguna luz sobre él. Damos a continuación las declaraciones que, al llegar a la casa, encontró a unas veinte o treinta personas reunidas que se
obtenidas: esforzaban por entrar. Violentó finalmente la entrada (con una bayoneta y no con
una ganzúa). No le costó mucho abrirla, pues se trataba de una puerta de dos
»Pauline Dubourg, lavandera, manifiesta que conocía desde hacía tres años a las batientes que no tenía pasadores ni arriba ni abajo. Los alaridos continuaron
dos víctimas, de cuya ropa se ocupaba. La anciana y su hija parecían hallarse en hasta que se abrió la puerta, cesando luego de golpe. Parecían gritos de persona
buenos términos y se mostraban sumamente cariñosas entre sí. Pagaban muy (o personas) que sufrieran los más agudos dolores; eran gritos agudos y
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
prolongados, no breves y precipitados. El testigo trepó el primero las escaleras. Al »Jules Mignaud, banquero, de la firma Mignaud e hijos, en la calle Deloraine. Es el
llegar al primer descanso oyó dos voces que discutían con fuerza y agriamente; mayor de los Mignaud. Madame L’Espanaye poseía algunos bienes. Había abierto
una de ellas era ruda y la otra mucho más aguda y muy extraña. Pudo entender una cuenta en su banco durante la primavera del año 18... (ocho años antes).
algunas palabras provenientes de la primera voz, que correspondía a un francés. Hacía frecuentes depósitos de pequeñas sumas. No había retirado nada hasta tres
Estaba seguro de que no se trataba de una voz de mujer. Pudo distinguir las días antes de su muerte, en que personalmente extrajo la suma de 4.000 francos.
palabras sacré y diable. La voz más aguda era de un extranjero. No podría La suma le fue pagada en oro y un empleado la llevó a su domicilio.
asegurar si se trataba de un hombre o una mujer. No entendió lo que decía, pero
»Adolphe Lebon, empleado de Mignaud e hijos, declara que el día en cuestión
tenía la impresión de que hablaba en español. El estado de la habitación y de los
acompañó hasta su residencia a madame L’Espanaye, llevando los 4.000 francos
cadáveres fue descrito por el testigo en la misma forma que lo hicimos ayer.
en dos sacos. Una vez abierta la puerta, mademoiselle L. vino a tomar uno de los
»Henri Duval, vecino, de profesión platero, declara que formaba parte del primer sacos, mientras la anciana señora se encargaba del otro. Por su parte, el testigo
grupo que entró en la casa. Corrobora en general la declaración de Muset. Tan saludó y se retiró. No vio a persona alguna en la calle en ese momento. Se trata
pronto forzaron la puerta, volvieron a cerrarla para mantener alejada a la de una calle poco importante, muy solitaria.
muchedumbre, que, pese a lo avanzado de la hora, se estaba reuniendo
»William Bird, sastre, declara que formaba parte del grupo que entró en la casa.
rápidamente. El testigo piensa que la voz más aguda pertenecía a un italiano. Está
Es de nacionalidad inglesa. Lleva dos años de residencia en París. Fue uno de los
seguro de que no se trataba de un francés. No puede asegurar que se tratara de
primeros en subir las escaleras. Oyó voces que disputaban. La más ruda era la de
una voz masculina. Pudo ser la de una mujer. No está familiarizado con la lengua
un francés. Pudo distinguir varias palabras, pero ya no las recuerda todas. Oyó
italiana. No alcanzó a distinguir las palabras, pero por la entonación está
claramente: sacré y mon Dieu. En ese momento se oía un ruido como si varias
convencido de que quien hablaba era italiano. Conocía a madame L. y a su hija.
personas estuvieran luchando, era un sonido de forcejeo, como si algo fuese
Había conversado frecuentemente con ellas. Estaba seguro de que la voz aguda
arrastrado. La voz aguda era muy fuerte, mucho más que la voz ruda. Está seguro
no pertenecía a ninguna de las difuntas.
de que no se trataba de la voz de un inglés. Parecía la de un alemán. Podía ser una
»Odenheimer, restaurateur. Este testigo se ofreció voluntariamente a declarar. voz de mujer. El testigo no comprende el alemán.
Como no habla francés, testimonió mediante un intérprete. Es originario de
»Cuatro de los testigos nombrados más arriba fueron nuevamente interrogados,
Amsterdam. Pasaba frente a la casa cuando se oyeron los gritos. Duraron varios
declarando que la puerta del aposento donde se encontró el cadáver de
minutos, probablemente diez. Eran prolongados y agudos, tan horribles como
mademoiselle L. estaba cerrada por dentro cuando llegaron hasta ella. Reinaba un
penosos de oír. El testigo fue uno de los que entraron en el edificio. Corroboró las
profundo silencio; no se escuchaban quejidos ni rumores de ninguna especie. No
declaraciones anteriores en todos sus detalles, salvo uno. Estaba seguro de que la
se vio a nadie en el momento de forzar la puerta. Las ventanas, tanto de la
voz más aguda pertenecía a un hombre y que se trataba de un francés. No pudo
habitación del frente como de la trasera, estaban cerradas y firmemente
distinguir las palabras pronunciadas. Eran fuertes y precipitadas, desiguales y
aseguradas por dentro. Entre ambas habitaciones había una puerta cerrada, pero
pronunciadas aparentemente con tanto miedo como cólera. La voz era áspera; no
la llave no estaba echada. La puerta que comunicaba la habitación del frente con
tanto aguda como áspera. El testigo no la calificaría de aguda. La voz más gruesa
el corredor había sido cerrada con llave por dentro. Un cuarto pequeño situado
dijo varias veces: sacré, diable, y una vez Mon Dieu!
en el frente del cuarto piso, al comienzo del corredor, apareció abierto, con la
53
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
puerta entornada. La habitación estaba llena de camas viejas, cajones y objetos »Paul Dumas, médico, declara que fue llamado al amanecer para examinar los
por el estilo. Se procedió a revisarlos uno por uno, no se dejó sin examinar una cadáveres de las víctimas. Los mismos habían sido colocados sobre el colchón del
sola pulgada de la casa. Se enviaron deshollinadores para que exploraran las lecho correspondiente a la habitación donde se encontró a mademoiselle L. El
chimeneas. La casa tiene cuatro pisos, con mansardes. Una trampa que da al cuerpo de la joven aparecía lleno de contusiones y excoriaciones. El hecho de que
techo estaba firmemente asegurada con clavos y no parece haber sido abierta hubiese sido metido en la chimenea bastaba para explicar tales marcas. La
durante años. Los testigos no están de acuerdo sobre el tiempo transcurrido entre garganta estaba enormemente excoriada. Varios profundos arañazos aparecían
el momento en que escucharon las voces que disputaban y la apertura de la debajo del mentón, conjuntamente con una serie de manchas lívidas resultantes,
puerta de la habitación. Algunos sostienen que transcurrieron tres minutos; otros con toda evidencia, de la presión de unos dedos. El rostro estaba horriblemente
calculan cinco. Costó mucho violentar la puerta. pálido y los ojos se salían de las órbitas. La lengua aparecía a medias cortada. En la
región del estómago se descubrió una gran contusión, producida, aparentemente,
»Alfonso Garcio, empresario de pompas fúnebres, habita en la rue Morgue. Es de
por la presión de una rodilla. Según opinión del doctor Dumas, mademoiselle
nacionalidad española. Formaba parte del grupo que entró en la casa. No subió
L’Espanaye había sido estrangulada por una o varias personas.
las escaleras. Tiene los nervios delicados y teme las consecuencias de toda
agitación. Oyó las voces que disputaban. La más ruda pertenecía a un francés. No »El cuerpo de la madre estaba horriblemente mutilado. Todos los huesos de la
pudo comprender lo que decía. La voz aguda era la de un inglés; está seguro de pierna y el brazo derechos se hallaban fracturados en mayor o menor grado. La
esto. No comprende el inglés, pero juzga basándose en la entonación. tibia izquierda había quedado reducida a astillas, así como todas las costillas del
lado izquierdo. El cuerpo aparecía cubierto de contusiones y estaba descolorido.
»Alberto Montani, confitero, declara que fue de los primeros en subir las
Resultaba imposible precisar el arma con que se habían inferido tales heridas. Un
escaleras. Oyó las voces en cuestión. La voz ruda era la de un francés. Pudo
pesado garrote de mano, o una ancha barra de hierro, quizá una silla, cualquier
distinguir varias palabras. El que hablaba parecía reprochar alguna cosa. No pudo
arma grande, pesada y contundente, en manos de un hombre sumamente
comprender las palabras dichas por la voz más aguda, que hablaba rápida y
robusto, podía haber producido esos resultados. Imposible que una mujer pudiera
desigualmente. Piensa que se trata de un ruso. Corrobora los testimonios
infligir tales heridas con cualquier arma que fuese. La cabeza de la difunta
restantes.
aparecía separada del cuerpo y, al igual que el resto, terriblemente contusa. Era
Es de nacionalidad italiana. Nunca habló con un nativo de Rusia. evidente que la garganta había sido seccionada con un instrumento muy afilado,
probablemente una navaja.
»Nuevamente interrogados, varios testigos certificaron que las chimeneas de
todas las habitaciones eran demasiado angostas para admitir el paso de un ser »Alexandre Etienne, cirujano, fue llamado al mismo tiempo que el doctor Dumas
humano. Se pasaron “deshollinadores” -cepillos cilíndricos como los que usan los para examinar los cuerpos. Confirmó el testimonio y las opiniones de este último.
que limpian chimeneas- por todos los tubos existentes en la casa. No existe
»No se ha obtenido ningún otro dato de importancia, a pesar de haberse
ningún pasaje en los fondos por el cual alguien hubiera podido descender
interrogado a varias otras personas. Jamás se ha cometido en París un asesinato
mientras el grupo subía las escaleras. El cuerpo de mademoiselle L’Espanaye
tan misterioso y tan enigmático en sus detalles... si es que en realidad se trata de
estaba tan firmemente encajado en la chimenea, que no pudo ser extraído hasta
un asesinato. La policía está perpleja, lo cual no es frecuente en asuntos de esta
que cuatro o cinco personas unieron sus esfuerzos.
naturaleza. Pero resulta imposible hallar la más pequeña clave del misterio.»
54
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
La edición vespertina del diario declaraba que en el quartier Saint-Roch reinaba volviendo hacia ella la porción exterior de la retina (mucho más sensible a las
una intensa excitación, que se había practicado un nuevo y minucioso examen del impresiones luminosas débiles que la parte interior), se verá la estrella con
lugar del hecho, mientras se interrogaba a nuevos testigos, pero que no se sabía claridad y se apreciará plenamente su brillo, el cual se empaña apenas la
nada nuevo. Un párrafo final agregaba, sin embargo, que un tal Adolphe Lebon contemplamos de lleno. Es verdad que en este último caso llegan a nuestros ojos
acababa de ser arrestado y encarcelado, aunque nada parecía acusarlo, a juzgar mayor cantidad de rayos, pero la porción exterior posee una capacidad de
por los hechos detallados. recepción mucho más refinada. Por causa de una indebida profundidad
confundimos y debilitamos el pensamiento, y Venus misma puede llegar a
Dupin se mostraba singularmente interesado en el desarrollo del asunto; o por lo
borrarse del firmamento si la escrutamos de manera demasiado sostenida,
menos así me pareció por sus maneras, pues no hizo el menor comentario. Tan
demasiado concentrada o directa.
sólo después de haberse anunciado el arresto de Lebon me pidió mi parecer
acerca de los asesinatos. »En cuanto a esos asesinatos, procedamos personalmente a un examen antes de
formarnos una opinión. La encuesta nos servirá de entretenimiento (me pareció
No pude sino sumarme al de todo París y declarar que los consideraba un misterio
que el término era extraño, aplicado al caso, pero no dije nada). Además, Lebon
insoluble. No veía modo alguno de seguir el rastro al asesino.
me prestó cierta vez un servicio por el cual le estoy agradecido. Iremos a estudiar
-No debemos pensar en los modos posibles que surgen de una investigación tan el terreno con nuestros propios ojos. Conozco a G..., el prefecto de policía, y no
rudimentaria -dijo Dupin-. La policía parisiense, tan alabada por su penetración, es habrá dificultad en obtener el permiso necesario.
muy astuta pero nada más. No procede con método, salvo el del momento. Toma
La autorización fue acordada, y nos encaminamos inmediatamente a la rue
muchas disposiciones ostentosas, pero con frecuencia éstas se hallan tan mal
Morgue. Se trata de uno de esos míseros pasajes que corren entre la rue Richelieu
adaptadas a su objetivo que recuerdan a Monsieur Jourdain, que pedía sa robe de
y la rue Saint-Roch. Atardecía cuando llegamos, pues el barrio estaba
chambre... pour mieux entendre la musique. Los resultados obtenidos son con
considerablemente distanciado del de nuestra residencia. Encontramos
frecuencia sorprendentes, pero en su mayoría se logran por simple diligencia y
fácilmente la casa, ya que aún había varias personas mirando las persianas
actividad. Cuando éstas son insuficientes, todos sus planes fracasan. Vidocq, por
cerradas desde la acera opuesta. Era una típica casa parisiense, con una puerta de
ejemplo, era hombre de excelentes conjeturas y perseverante. Pero como su
entrada y una casilla de cristales con ventana corrediza, correspondiente a la loge
pensamiento carecía de suficiente educación, erraba continuamente por el
du concierge. Antes de entrar recorrimos la calle, doblamos por un pasaje y,
excesivo ardor de sus investigaciones. Dañaba su visión por mirar el objeto desde
volviendo a doblar, pasamos por la parte trasera del edificio, mientras Dupin
demasiado cerca. Quizá alcanzaba a ver uno o dos puntos con singular acuidad,
examinaba la entera vecindad, así como la casa, con una atención minuciosa cuyo
pero procediendo así perdía el conjunto de la cuestión. En el fondo se trataba de
objeto me resultaba imposible de adivinar.
un exceso de profundidad, y la verdad no siempre está dentro de un pozo. Por el
contrario, creo que, en lo que se refiere al conocimiento más importante, es Volviendo sobre nuestros pasos retornamos a la parte delantera y, luego de
invariablemente superficial. La profundidad corresponde a los valles, donde la llamar y mostrar nuestras credenciales, fuimos admitidos por los agentes de
buscamos, y no a las cimas montañosas, donde se la encuentra. Las formas y guardia. Subimos las escaleras, hasta llegar a la habitación donde se había
fuentes de este tipo de error se ejemplifican muy bien en la contemplación de los encontrado el cuerpo de mademoiselle L’Espanaye y donde aún yacían ambas
cuerpos celestes. Si se observa una estrella de una ojeada, oblicuamente, víctimas. Como es natural, el desorden del aposento había sido respetado. No vi
55
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
nada que no estuviese detallado en la Gazette des Tribunaux. Dupin lo justamente a través de esas desviaciones del plano ordinario de las cosas, la razón
inspeccionaba todo, sin exceptuar los cuerpos de las víctimas. Pasamos luego a las se abrirá paso, si ello es posible, en la búsqueda de la verdad. En investigaciones
otras habitaciones y al patio; un gendarme nos acompañaba a todas partes. El como la que ahora efectuamos no debería preguntarse tanto «qué ha ocurrido»,
examen nos tuvo ocupados hasta que oscureció, y era de noche cuando salimos. como «qué hay en lo ocurrido que no se parezca a nada ocurrido anteriormente».
En el camino de vuelta, mi amigo se detuvo algunos minutos en las oficinas de En una palabra, la facilidad con la cual llegaré o he llegado a la solución de este
uno de los diarios parisienses. misterio se halla en razón directa de su aparente insolubilidad a ojos de la policía.
He dicho ya que sus caprichos eran muchos y variados, y que je les ménageais Me quedé mirando a mi amigo con silenciosa estupefacción.
(pues no hay traducción posible de la frase). En esta oportunidad Dupin rehusó
-Estoy esperando ahora -continuó Dupin, mirando hacia la puerta de nuestra
toda conversación vinculada con los asesinatos, hasta el día siguiente a mediodía.
habitación- a alguien que, si bien no es el perpetrador de esas carnicerías, debe
Entonces, súbitamente, me preguntó si había observado alguna cosa peculiar en
de haberse visto envuelto de alguna manera en su ejecución. Es probable que
el escenario de aquellas atrocidades.
sea inocente de la parte más horrible de los crímenes. Confío en que mi
Algo había en su manera de acentuar la palabra, que me hizo estremecer sin que suposición sea acertada, pues en ella se apoya toda mi esperanza de descifrar
pudiera decir por qué. completamente el enigma. Espero la llegada de ese hombre en cualquier
momento... y en esta habitación. Cierto que puede no venir, pero lo más
-No, nada peculiar -dije-. Por lo menos, nada que no hayamos encontrado ya
probable es que llegue. Si así fuera, habrá que retenerlo. He ahí unas pistolas;
referido en el diario.
los dos sabemos lo que se puede hacer con ellas cuando la ocasión se presenta.
-Me temo -repuso Dupin- que la Gazette no haya penetrado en el insólito horror
Tomé las pistolas, sabiendo apenas lo que hacía y, sin poder creer lo que estaba
de este asunto. Pero dejemos de lado las vanas opiniones de ese diario. Tengo la
oyendo, mientras Dupin, como si monologara, continuaba sus reflexiones. Ya he
impresión de que se considera insoluble este misterio por las mismísimas razones
mencionado su actitud abstraída en esos momentos. Sus palabras se dirigían a
que deberían inducir a considerarlo fácilmente solucionable; me refiero a lo
mí, pero su voz, aunque no era forzada, tenía esa entonación que se emplea
excesivo, a lo outré de sus características. La policía se muestra confundida por la
habitualmente para dirigirse a alguien que se halla muy lejos. Sus ojos, privados
aparente falta de móvil, y no por el asesinato en sí, sino por su atrocidad. Está
de expresión, sólo miraban la pared.
asimismo perpleja por la aparente imposibilidad de conciliar las voces que se
oyeron disputando, con el hecho de que en lo alto sólo se encontró a la difunta -Las voces que disputaban y fueron oídas por el grupo que trepaba la escalera -
mademoiselle L’Espanaye, aparte de que era imposible escapar de la casa sin que dijo- no eran las de las dos mujeres, como ha sido bien probado por los testigos.
el grupo que ascendía la escalera lo notara. El salvaje desorden del aposento; el Con esto queda eliminada toda posibilidad de que la anciana señora haya
cadáver metido, cabeza abajo, en la chimenea; la espantosa mutilación del cuerpo matado a su hija, suicidándose posteriormente. Menciono esto por razones
de la anciana, son elementos que, junto con los ya mencionados y otros que no metódicas, ya que la fuerza de madame de L’Espanaye hubiera sido por
necesito mencionar, han bastado para paralizar la acción de los investigadores completo insuficiente para introducir el cuerpo de su hija en la chimenea, tal
policiales y confundir por completo su tan alabada perspicacia. Han caído en el como fue encontrado, amén de que la naturaleza de las heridas observadas en
grueso pero común error de confundir lo insólito con lo abstruso. Pero, su cadáver excluye toda idea de suicidio. El asesinato, pues, fue cometido por
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
terceros, y a éstos pertenecían las voces que se escucharon mientras «precipitada y desigual». Ninguno de los testigos se refirió a palabras
disputaban. Permítame ahora llamarle la atención, no sobre las declaraciones reconocibles, a sonidos que parecieran palabras.
referentes a dichas voces, sino a algo peculiar en esas declaraciones. ¿No lo
»No sé -continuó Dupin- la impresión que pudo haber causado hasta ahora en su
advirtió usted?
entendimiento, pero no vacilo en decir que cabe extraer deducciones legítimas de
Hice notar que, mientras todos los testigos coincidían en que la voz más ruda esta parte del testimonio -la que se refiere a las voces ruda y aguda-, suficientes
debía ser la de un francés, existían grandes desacuerdos sobre la voz más aguda para crear una sospecha que debe de orientar todos los pasos futuros de la
o como la calificó uno de ellos- la voz áspera. investigación del misterio. Digo «deducciones legítimas», sin expresar plenamente
lo que pienso. Quiero dar a entender que las deducciones son las únicas que
-Tal es el testimonio en sí -dijo Dupin-, pero no su peculiaridad. Usted no ha
corresponden, y que la sospecha surge inevitablemente como resultado de las
observado nada característico. Y, sin embargo, había algo que observar. Como
mismas. No le diré todavía cuál es esta sospecha. Pero tenga presente que, por lo
bien ha dicho, los testigos coinciden sobre la voz ruda. Pero, con respecto a la
que a mí se refiere, bastó para dar forma definida y tendencia determinada a mis
voz aguda, la peculiaridad no consiste en que estén en desacuerdo, sino en que
investigaciones en el lugar del hecho.
un italiano, un inglés, un español, un holandés y un francés han tratado de
describirla, y cada uno de ellos se ha referido a una voz extranjera. Cada uno de «Transportémonos ahora con la fantasía a esa habitación. ¿Qué buscaremos en
ellos está seguro de que no se trata de la voz de un compatriota. Cada uno la primer lugar? Los medios de evasión empleados por los asesinos. Supongo que
vincula, no a la voz de una persona perteneciente a una nación cuyo idioma bien puedo decir que ninguno de los dos cree en acontecimientos sobrenaturales.
conoce, sino a la inversa. El francés supone que es la voz de un español, y agrega Madame y mademoiselle L’Espanaye no fueron asesinadas por espíritus. Los
que “podría haber distinguido algunas palabras sí hubiera sabido español”. El autores del hecho eran de carne y hueso, y escaparon por medios materiales.
holandés sostiene que se trata de un francés, pero nos enteramos de que como ¿Cómo, pues? Afortunadamente, sólo hay una manera de razonar sobre este
no habla francés, testimonió mediante un intérprete. El inglés piensa que se trata punto, y esa manera debe conducirnos a una conclusión definida. Examinemos
de la voz de un alemán, pero el testigo no comprende el alemán. El español “está uno por uno los posibles medios de escape. Resulta evidente que los asesinos se
seguro” de que se trata de un inglés, pero “juzga basándose en la entonación”, hallaban en el cuarto donde se encontró a mademoiselle L’Espanaye, o por lo
ya que no comprende el inglés. El italiano cree que es la voz de un ruso, pero menos en la pieza contigua, en momentos en que el grupo subía las escaleras.
nunca habló con un nativo de Rusia. Un segundo testigo francés difiere del Vale decir que debemos buscar las salidas en esos dos aposentos. La policía ha
primero y está seguro de que se trata de la voz de un italiano. No está levantado los pisos, los techos y la mampostería de las paredes en todas
familiarizado con la lengua italiana, pero al igual que el español, “está direcciones. Ninguna salida secreta pudo escapar a sus observaciones. Pero como
convencido por la entonación”. Ahora bien: ¡cuán extrañamente insólita tiene no me fío de sus ojos, miré el lugar con los míos. Efectivamente, no había salidas
que haber sido esa voz para que pudieran reunirse semejantes testimonios! secretas. Las dos puertas que comunican las habitaciones con el corredor estaban
¡Una voz en cuyos tonos los ciudadanos de las cinco grandes divisiones de bien cerradas, con las llaves por dentro. Veamos ahora las chimeneas. Aunque de
Europa no pudieran reconocer nada familiar! Me dirá usted que podía tratarse diámetro ordinario en los primeros ocho o diez pies por encima de los hogares,
de la voz de un asiático o un africano. Ni unos ni otros abundan en París, pero, los tubos no permitirían más arriba el paso del cuerpo de un gato grande.
sin negar esa posibilidad, me limitaré a llamarle la atención sobre tres puntos. Quedando así establecida la total imposibilidad de escape por las vías
Un testigo califica la voz de “áspera, más que aguda”. Otros dos señalan que era mencionadas nos vemos reducidos a las ventanas. Nadie podría haber huido por
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
la del cuarto delantero, ya que la muchedumbre reunida lo hubiese visto. Los detallado no tardó en revelarme el resorte secreto. Lo oprimí y, satisfecho de mi
asesinos tienen que haber pasado, pues, por las de la pieza trasera. Llevados a descubrimiento, me abstuve de levantar el marco.
esta conclusión de manera tan inequívoca, no nos corresponde, en nuestra
»Volví a poner el clavo en su sitio y lo observé atentamente. Una persona que
calidad de razonadores, rechazarla por su aparente imposibilidad. Lo único que
escapa por la ventana podía haberla cerrado nuevamente, y el resorte habría
cabe hacer es probar que esas aparentes “imposibilidades” no son tales en
asegurado el marco. Pero, ¿cómo reponer el clavo? La conclusión era evidente y
realidad.
estrechaba una vez más el campo de mis investigaciones. Los asesinos tenían que
»Hay dos ventanas en el aposento. Contra una de ellas no hay ningún mueble que haber escapado por la otra ventana. Suponiendo, pues, que los resortes fueran
la obstruya, y es claramente visible. La porción inferior de la otra queda oculta por idénticos en las dos ventanas, como parecía probable, necesariamente tenía que
la cabecera del pesado lecho, que ha sido arrimado a ella. La primera ventana haber una diferencia entre los clavos, o por lo menos en su manera de estar
apareció firmemente asegurada desde dentro. Resistió los más violentos colocados. Trepando al armazón de la cama, miré minuciosamente el marco de
esfuerzos de quienes trataron de levantarla. En el marco, a la izquierda, había una sostén de la segunda ventana. Pasé la mano por la parte posterior, descubriendo
gran perforación de barreno, y en ella un solidísimo clavo hundido casi hasta la en seguida el resorte que, tal como había supuesto, era idéntico a su vecino. Miré
cabeza. Al examinar la otra ventana se vio que había un clavo colocado en forma luego el clavo. Era tan sólido como el otro y aparentemente estaba fijo de la
similar; todos los esfuerzos por levantarla fueron igualmente inútiles. La policía, misma manera y hundido casi hasta la cabeza.
pues, se sintió plenamente segura de que la huida no se había producido por ese
»Pensará usted que me sentí perplejo, pero si así fuera no ha comprendido la
lado. Y, por tanto, consideró superfluo extraer los clavos y abrir las ventanas.
naturaleza de mis inducciones. Para usar una frase deportiva, hasta entonces no
»Mi examen fue algo más detallado, y eso por la razón que acabo de darle: allí era había cometido falta. No había perdido la pista un solo instante. Los eslabones de
el caso de probar que todas las aparentes imposibilidades no eran tales en la cadena no tenían ninguna falla. Había perseguido el secreto hasta su última
realidad. conclusión: y esa conclusión era el clavo. Ya he dicho que tenía todas las
apariencias de su vecino de la otra ventana; pero el hecho, por más concluyente
«Seguí razonando en la siguiente forma... a posteriori. Los asesinos escaparon
que pareciera, resultaba de una absoluta nulidad comparado con la consideración
desde una de esas ventanas. Por tanto, no pudieron asegurar nuevamente los
de que allí, en ese punto, se acababa el hilo conductor. “Tiene que haber algo
marcos desde el interior, tal como fueron encontrados (consideración que, dado
defectuoso en el clavo”, pensé. Al tocarlo, su cabeza quedó entre mis dedos
lo obvio de su carácter, interrumpió la búsqueda de la policía en ese terreno). Los
juntamente con un cuarto de pulgada de la espiga. El resto de la espiga se hallaba
marcos estaban asegurados. Es necesario, pues, que tengan una manera de
dentro del agujero, donde se había roto. La fractura era muy antigua, pues los
asegurarse por sí mismos. La conclusión no admitía escapatoria. Me acerqué a la
bordes aparecían herrumbrados, y parecía haber sido hecho de un martillazo, que
ventana que tenía libre acceso, extraje con alguna dificultad el clavo y traté de
había hundido parcialmente la cabeza del clavo en el marco inferior de la ventana.
levantar el marco. Tal como lo había anticipado, resistió a todos mis esfuerzos.
Volví a colocar cuidadosamente la parte de la cabeza en el lugar de donde la había
Comprendí entonces que debía de haber algún resorte oculto, y la corroboración
sacado, y vi que el clavo daba la exacta impresión de estar entero; la fisura
de esta idea me convenció de que por lo menos mis premisas eran correctas,
resultaba invisible. Apretando el resorte, levanté ligeramente el marco; la cabeza
aunque el detalle referente a los clavos continuara siendo misterioso. Un examen
del clavo subió con él, sin moverse de su lecho. Cerré la ventana, y el clavo dio
otra vez la impresión de estar dentro.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
»Hasta ahora, el enigma quedaba explicado. El asesino había huido por la ventana »Le pido que tenga especialmente en cuenta que me refiero a un insólito grado
que daba a la cabecera del lecho. Cerrándose por sí misma (o quizá ex profeso) la de vigor, capaz de llevar a cabo una hazaña tan azarosa y difícil. Mi intención
ventana había quedado asegurada por su resorte. Y la resistencia ofrecida por consiste en demostrarle, primeramente, que el hecho pudo ser llevado a cabo;
éste había inducido a la policía a suponer que se trataba del clavo, dejando así de pero, en segundo lugar, y muy especialmente, insisto en llamar su atención sobre
lado toda investigación suplementaria. el carácter extraordinario, casi sobrenatural, de ese vigor capaz de cosa
semejante.
»La segunda cuestión consiste en el modo del descenso. Mi paseo con usted por
la parte trasera de la casa me satisfizo al respecto. A unos cinco pies y medio de la »Usando términos judiciales, usted me dirá sin duda que para «redondear mi
ventana en cuestión corre una varilla de pararrayos. Desde esa varilla hubiera caso» debería subestimar y no poner de tal modo en evidencia la agilidad que se
resultado imposible alcanzar la ventana, y mucho menos introducirse por ella. requiere para dicha proeza. Pero la práctica de los tribunales no es la de la razón.
Observé, sin embargo, que las persianas del cuarto piso pertenecen a esa curiosa Mi objetivo final es tan sólo la verdad. Y mi propósito inmediato consiste en
especie que los carpinteros parisienses denominan ferrades; es un tipo rara vez inducirlo a que yuxtaponga la insólita agilidad que he mencionado a esa voz tan
empleado en la actualidad, pero que se ve con frecuencia en casas muy viejas de extrañamente aguda (o áspera) y desigual sobre cuya nacionalidad no pudieron
Lyon y Bordeaux. Se las fabrica como una puerta ordinaria (de una sola hoja, y no ponerse de acuerdo los testigos y en cuyos acentos no se logró distinguir ningún
de doble batiente), con la diferencia de que la parte inferior tiene celosías o vocablo articulado.
tablillas que ofrecen excelente asidero para las manos. En este caso las persianas
Al oír estas palabras pasó por mi mente una vaga e informe concepción de lo que
alcanzan un ancho de tres pies y medio. Cuando las vimos desde la parte posterior
quería significar Dupin. Me pareció estar a punto de entender, pero sin llegar a la
de la casa, ambas estaban entornadas, es decir, en ángulo recto con relación a la
comprensión, así como a veces nos hallamos a punto de recordar algo que
pared. Es probable que también los policías hayan examinado los fondos del
finalmente no se concreta. Pero mi amigo seguía hablando.
edificio; pero, si así lo hicieron, miraron las ferrades en el ángulo indicado, sin
darse cuenta de su gran anchura; por lo menos no la tomaron en cuenta. Sin -Habrá notado usted -dijo- que he pasado de la cuestión de la salida de la casa a la
duda, seguros de que por esa parte era imposible toda fuga, se limitaron a un del modo de entrar en ella. Era mi intención mostrar que ambas cosas se
examen muy sumario. Para mí, sin embargo, era claro que si se abría del todo la cumplieron en la misma forma y en el mismo lugar. Volvamos ahora al interior del
persiana correspondiente a la ventana situada sobre el lecho, su borde quedaría a cuarto y examinemos lo que allí aparece. Se ha dicho que los cajones de la
unos dos pies de la varilla del pararrayos. También era evidente que, desplegando cómoda habían sido saqueados, aunque quedaron en ellos numerosas prendas.
tanta agilidad como coraje, se podía llegar hasta la ventana trepando por la Esta conclusión es absurda. No pasa de una simple conjetura, bastante tonta por
varilla. Estirándose hasta una distancia de dos pies y medio (ya que suponemos la lo demás. ¿Cómo podemos asegurar que las ropas halladas en los cajones no eran
persiana enteramente abierta), un ladrón habría podido sujetarse firmemente de las que éstos contenían habitualmente? Madame L’Espanaye y su hija llevaban
las tablillas de la celosía. Abandonando entonces su sostén en la varilla, afirmando una vida muy retirada, no veían a nadie, salían raras veces, y pocas ocasiones se
los pies en la pared y lanzándose vigorosamente hacia adelante habría podido les presentaban de cambiar de tocado. Lo que se encontró en los cajones era de
hacer girar la persiana hasta que se cerrara; si suponemos que la ventana estaba tan buena calidad como cualquiera de los efectos que poseían las damas. Si un
abierta en este momento, habría logrado entrar así en la habitación. ladrón se llevó una parte, ¿por qué no tomó lo mejor... por qué no se llevó todo?
En una palabra: ¿por qué abandonó cuatro mil francos en oro, para cargarse con
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
un hato de ropa? El oro fue abandonado. La suma mencionada por Monsieur que se requiere para arrancar en esa forma veinte o treinta cabellos. Y además vio
Mignaud, el banquero, apareció en su casi totalidad en los sacos tirados por el los mechones en cuestión tan bien como yo. Sus raíces (cosa horrible) mostraban
suelo. Le pido, por tanto, que descarte de sus pensamientos la desatinada idea de pedazos del cuero cabelludo, prueba evidente de la prodigiosa fuerza ejercida
un móvil, nacida en el cerebro de los policías por esa parte del testimonio que se para arrancar quizá medio millón de cabellos de un tirón. La garganta de la
refiere al dinero entregado en la puerta de la casa. Coincidencias diez veces más anciana señora no solamente estaba cortada, sino que la cabeza había quedado
notables que ésta (la entrega del dinero y el asesinato de sus poseedores tres días completamente separada del cuerpo; el instrumento era una simple navaja. Lo
más tarde) ocurren a cada hora de nuestras vidas sin que nos preocupemos por invito a considerar la brutal ferocidad de estas acciones. No diré nada de las
ellas. En general, las coincidencias son grandes obstáculos en el camino de esos contusiones que presentaba el cuerpo de Madame L’Espanaye. Monsieur Dumas
pensadores que todo lo ignoran de la teoría de las probabilidades, esa teoría a la y su valioso ayudante, Monsieur Etienne, han decidido que fueron producidas por
cual los objetivos más eminentes de la investigación humana deben los más altos un instrumento contundente, y hasta ahí la opinión de dichos caballeros es muy
ejemplos. En esta instancia, si el oro hubiese sido robado, el hecho de que la suma correcta. El instrumento contundente fue evidentemente el pavimento de piedra
hubiese sido entregada tres días antes habría constituido algo más que una del patio, sobre el cual cayó la víctima desde la ventana que da sobre la cama. Por
coincidencia. Antes bien, hubiera corroborado la noción de un móvil. Pero, dadas simple que sea, esto escapó a la policía por la misma razón que se les escapó el
las verdaderas circunstancias del caso, si hemos de suponer que el oro era el ancho de las persianas: frente a la presencia de clavos se quedaron ciegos ante la
móvil del crimen, tenemos entonces que admitir que su perpetrador era lo posibilidad de que las ventanas hubieran sido abiertas alguna vez.
bastante indeciso y lo bastante estúpido como para olvidar el oro y el móvil al
»Si ahora, en adición a estas cosas, ha reflexionado usted adecuadamente sobre
mismo tiempo.
el extraño desorden del aposento, hemos llegado al punto de poder combinar las
»Teniendo, pues, presentes los puntos sobre los cuales he llamado su atención la nociones de una asombrosa agilidad, una fuerza sobrehumana, una ferocidad
voz singular, la insólita agilidad y la sorprendente falta de móvil en un asesinato brutal, una carnicería sin motivo, una grotesquerie en el horror por completo
tan atroz como éste-, echemos una ojeada a la carnicería en sí. Estamos ante una ajeno a lo humano, y una voz de tono extranjero para los oídos de hombres de
mujer estrangulada por la presión de unas manos e introducida en el cañón de la distintas nacionalidades y privada de todo silabeo inteligible. ¿Qué resultado
chimenea con la cabeza hacia abajo. Los asesinos ordinarios no emplean obtenemos?
semejantes métodos. Y mucho menos esconden al asesinado en esa forma. En el
¿Qué impresión he producido en su imaginación?
hecho de introducir el cadáver en la chimenea admitirá usted que hay algo
excesivamente inmoderado, algo por completo inconciliable con nuestras Al escuchar las preguntas de Dupin sentí que un estremecimiento recorría mi
nociones sobre los actos humanos, incluso si suponemos que su autor es el más cuerpo.
depravado de los hombres. Piense, asimismo, en la fuerza prodigiosa que hizo
falta para introducir el cuerpo hacia arriba, cuando para hacerlo descender fue -Un maníaco es el autor del crimen -dije-. Un loco furioso escapado de alguna
necesario el concurso de varias personas. maison de santé de la vecindad.
»Volvámonos ahora a las restantes señales que pudo dejar ese maravilloso vigor. -En cierto sentido -dijo Dupin-, su idea no es inaplicable. Pero, aun en sus más
En el hogar de la chimenea se hallaron espesos (muy espesos) mechones de salvajes paroxismos, las voces de los locos jamás coinciden con esa extraña voz
cabello humano canoso. Habían sido arrancados de raíz. Bien sabe usted la fuerza escuchada en lo alto. Los locos pertenecen a alguna nación, y, por más
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
incoherentes que sean sus palabras, tienen, sin embargo, la coherencia del Era una minuciosa descripción anatómica y descriptiva del gran orangután
silabeo. Además, el cabello de un loco no es como el que ahora tengo en la mano. leonado de las islas de la India oriental. La gigantesca estatura, la prodigiosa
Arranqué este pequeño mechón de entre los dedos rígidamente apretados de fuerza y agilidad, la terrible ferocidad y las tendencias imitativas de estos
madame L’Espanaye. ¿Puede decirme qué piensa de ellos? mamíferos son bien conocidas. Instantáneamente comprendí todo el horror del
asesinato.
-¡Dupin... este cabello es absolutamente extraordinario...! ¡No es cabello humano!
-grité, trastornado por completo. -La descripción de los dedos -dije al terminar la lectura-concuerda exactamente
con este dibujo. Sólo un orangután, entre todos los animales existentes, es capaz
-No he dicho que lo fuera -repuso mi amigo-. Pero antes de que resolvamos este
de producir las marcas que aparecen en su diseño. Y el mechón de pelo coincide
punto, le ruego que mire el bosquejo que he trazado en este papel. Es un facsímil
en un todo con el pelaje de la bestia descrita por Cuvier. De todas maneras, no
de lo que en una parte de las declaraciones de los testigos se describió como
alcanzo a comprender los detalles de este aterrador misterio. Además, se
«contusiones negruzcas, y profundas huellas de uñas» en la garganta de
escucharon dos voces que disputaban y una de ellas era, sin duda, la de un
mademoiselle L’Espanaye, y en otra (declaración de los señores Dumas y Etienne)
francés.
como «una serie de manchas lívidas que, evidentemente, resultaban de la presión
de unos dedos». -Cierto, Y recordará usted que, casi unánimemente, los testigos declararon haber
oído decir a esa voz las palabras: Mon Dieu! Dadas las circunstancias, uno de los
«Notará usted -continuó mi amigo, mientras desplegaba el papel- que este diseño
testigos (Montani, el confitero) acertó al sostener que la exclamación tenía un
indica una presión firme y fija. No hay señal alguna de deslizamiento. Cada dedo
tono de reproche o reconvención. Sobre esas dos palabras, pues, he apoyado
mantuvo (probablemente hasta la muerte de la víctima) su terrible presión en el
todas mis esperanzas de una solución total del enigma. Un francés estuvo al tanto
sitio donde se hundió primero. Le ruego ahora que trate de colocar todos sus
del asesinato. Es posible -e incluso muy probable- que fuera inocente de toda
dedos a la vez en las respectivas impresiones, tal como aparecen en el dibujo.
participación en el sangriento episodio. El orangután pudo habérsele escapado.
Lo intenté sin el menor resultado. Quizá siguió sus huellas hasta la habitación; pero, dadas las terribles
circunstancias que se sucedieron, le fue imposible capturarlo otra vez. El animal
-Quizá no estemos procediendo debidamente -dijo Dupin-. El papel es una anda todavía suelto. No continuaré con estas conjeturas (pues no tengo derecho a
superficie plana, mientras que la garganta humana es cilíndrica. He aquí un rodillo darles otro nombre), ya que las sombras de reflexión que les sirven de base
de madera, cuya circunferencia es aproximadamente la de una garganta. poseen apenas suficiente profundidad para ser alcanzadas por mi intelecto, y no
Envuélvala con el dibujo y repita el experimento. pretenderé mostrarlas con claridad a la inteligencia de otra persona. Las
llamaremos conjeturas, pues, y nos referiremos a ellas como tales. Si el francés en
Así lo hice, pero las dificultades eran aún mayores. cuestión es, como lo supongo, inocente de tal atrocidad, este aviso que deje
-Esta marca -dije- no es la de una mano humana. anoche cuando volvíamos a casa en las oficinas de Le Monde (un diario
consagrado a cuestiones marítimas y muy leído por los navegantes) lo hará acudir
-Lea ahora -replicó Dupin- este pasaje de Cuvier. a nuestra casa.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
-Por supuesto que sí, señor. Mientras Dupin pronunciaba estas palabras, el marinero había recobrado en
buena parte su compostura, aunque su aire decidido del comienzo habíase
-Lamentaré separarme de él -dijo Dupin.
desvanecido por completo.
-No quisiera que usted se hubiese molestado por nada -declaró el marinero-.
-¡Dios venga en mi ayuda! -dijo, después de una pausa-. Sí, le diré todo lo que sé
Estoy dispuesto a pagar una recompensa por el hallazgo del animal. Una suma
sobre este asunto, aunque no espero que crea ni la mitad de lo que voy a
razonable, se entiende.
contarle... ¡Estaría loco si pensara que van a creerme! Y, sin embargo, soy
-Pues bien -repuso mi amigo-, eso me parece muy justo. Déjeme pensar: ¿qué inocente, y lo confesaré todo aunque me cueste la vida.
le pediré? ¡Ah, ya sé! He aquí cuál será mi recompensa: me contará usted todo lo
En sustancia, lo que nos dijo fue lo siguiente: Poco tiempo atrás, había hecho un
que sabe sobre esos crímenes en la rue Morgue. viaje al archipiélago índico. Un grupo del que formaba parte desembarcó en
Dupin pronunció las últimas palabras en voz muy baja y con gran tranquilidad. Borneo y penetró en el interior a fin de hacer una excursión placentera. Entre él y
Después, con igual calma, fue hacia la puerta, la cerró y guardó la llave en el un compañero capturaron al orangután. Como su compañero falleciera, quedó
bolsillo. Sacando luego una pistola, la puso sin la menor prisa sobre la mesa. dueño único del animal. Después de considerables dificultades, ocasionadas por la
El rostro del marinero enrojeció como si un acceso de sofocación se hubiera indomable ferocidad de su cautivo durante el viaje de vuelta, logró finalmente
apoderado de él. Levantándose, aferró su bastón, pero un segundo después se encerrarlo en su casa de París, donde, para aislarlo de la incómoda curiosidad de
dejó caer de nuevo en el asiento, temblando violentamente y pálido como la sus vecinos, lo mantenía cuidadosamente recluido, mientras el animal curaba de
muerte. No dijo una palabra. Lo compadecí desde lo más profundo de mi corazón. una herida en la pata que se había hecho con una astilla a bordo del buque. Una
vez curado, el marinero estaba dispuesto a venderlo.
-Amigo mío, se está usted alarmando sin necesidad -dijo cordialmente Dupin-. Le
aseguro que no tenemos intención de causarle el menor daño. Lejos de nosotros Una noche, o más bien una madrugada, en que volvía de una pequeña juerga de
querer perjudicarlo: le doy mi palabra de caballero y de francés. Estoy marineros, nuestro hombre se encontró con que el orangután había penetrado en
perfectamente enterado de que es usted inocente de las atrocidades de la rue su dormitorio, luego de escaparse de la habitación contigua donde su captor
Morgue. Pero sería inútil negar que, en cierto modo, se halla implicado en ellas. había creído tenerlo sólidamente encerrado. Navaja en mano y embadurnado de
Fundándose en lo que le he dicho, supondrá que poseo medios de información jabón, habíase sentado frente a un espejo y trataba de afeitarse, tal como, sin
sobre este asunto, medios que le sería imposible imaginar. El caso se plantea de la duda, había visto hacer a su amo espiándolo por el ojo de la cerradura. Aterrado
siguiente manera: usted no ha cometido nada que no debiera haber cometido, al ver arma tan peligrosa en manos de un animal que, en su ferocidad, era harto
nada que lo haga culpable. Ni siquiera se le puede acusar de robo, cosa que pudo capaz de utilizarla, el marinero se quedó un instante sin saber qué hacer. Por lo
llevar a cabo impunemente. No tiene nada que ocultar ni razón para hacerlo. Por regular, lograba contener al animal, aun en sus arrebatos más terribles, con ayuda
otra parte, el honor más elemental lo obliga a confesar todo lo que sabe. Hay un de un látigo, y pensó acudir otra vez a ese recurso. Pero al verlo, el orangután se
hombre inocente en la cárcel, acusado de un crimen cuyo perpetrador puede lanzó de un salto a la puerta, bajó las escaleras y, desde ellas, saltando por una
usted denunciar. ventana que desgraciadamente estaba abierta, se dejó caer a la calle.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Desesperado, el francés se precipitó en su seguimiento. Navaja en mano, el mono En el momento en que el marinero miró hacia el interior del cuarto, el gigantesco
se detenía para mirar y hacer muecas a su perseguidor, dejándolo acercarse casi animal había aferrado a madame L’Espanaye por el cabello (que la dama tenía
hasta su lado. Entonces echaba a correr otra vez. Siguió así la caza durante largo suelto, como si se hubiera estado peinando) y agitaba la navaja cerca de su cara
tiempo. Las calles estaban profundamente tranquilas, pues eran casi las tres de la imitando los movimientos de un barbero. La hija yacía postrada e inmóvil, víctima
madrugada. Al atravesar el pasaje de los fondos de la rue Morgue, la atención del de un desmayo. Los gritos y los esfuerzos de la anciana señora, durante los cuales
fugitivo se vio atraída por la luz que salía de la ventana abierta del aposento de le fueron arrancados los mechones de la cabeza, tuvieron por efecto convertir los
madame L’Espanaye, en el cuarto piso de su casa. Precipitándose hacia el edificio, propósitos probablemente pacíficos del orangután en otros llenos de furor. Con
descubrió la varilla del pararrayos, trepó por ella con inconcebible agilidad, aferró un solo golpe de su musculoso brazo separó casi completamente la cabeza del
la persiana que se hallaba completamente abierta y pegada a la pared, y en esta cuerpo de la víctima. La vista de la sangre transformó su cólera en frenesí.
forma se lanzó hacia adelante hasta caer sobre la cabecera de la cama. Todo esto Rechinando los dientes y echando fuego por los ojos, saltó sobre el cuerpo de la
había ocurrido en menos de un minuto. Al saltar en la habitación, las patas del joven y, hundiéndole las terribles garras en la garganta, las mantuvo así hasta que
orangután rechazaron nuevamente la persiana, la cual quedó abierta. hubo expirado. Las furiosas miradas de la bestia cayeron entonces sobre la
cabecera del lecho, sobre el cual el rostro de su amo, paralizado por el horror,
El marinero, a todo esto, se sentía tranquilo y preocupado al mismo tiempo.
alcanzaba apenas a divisarse. La furia del orangután, que, sin duda, no olvidaba el
Renacían sus esperanzas de volver a capturar a la bestia, ya que le sería difícil
temido látigo, se cambió instantáneamente en miedo. Seguro de haber merecido
escapar de la trampa en que acababa de meterse, salvo que bajara otra vez por el
un castigo, pareció deseoso de ocultar sus sangrientas acciones, y se lanzó por el
pararrayos, ocasión en que sería posible atraparlo. Por otra parte, se sentía
cuarto lleno de nerviosa agitación, echando abajo y rompiendo los muebles a
ansioso al pensar en lo que podría estar haciendo en la casa. Esta última reflexión
cada salto y arrancando el lecho de su bastidor. Finalmente se apoderó del
indujo al hombre a seguir al fugitivo. Para un marinero no hay dificultad en trepar
cadáver de mademoiselle L’Espanaye y lo metió en el cañón de la chimenea, tal
por una varilla de pararrayos; pero, cuando hubo llegado a la altura de la ventana,
como fue encontrado luego, tomó luego el de la anciana y lo tiró de cabeza por la
que quedaba muy alejada a su izquierda, no pudo seguir adelante; lo más que
ventana.
alcanzó fue a echarse a un lado para observar el interior del aposento. Apenas
hubo mirado, estuvo a punto de caer a causa del horror que lo sobrecogió. Fue en En momentos en que el mono se acercaba a la ventana con su mutilada carga, el
ese momento cuando empezaron los espantosos alaridos que arrancaron de su marinero se echó aterrorizado hacia atrás y, deslizándose sin precaución alguna
sueño a los vecinos de la rue Morgue. Madame L’Espanaye y su hija, vestidas con hasta el suelo, corrió inmediatamente a su casa, temeroso de las consecuencias
sus camisones de dormir, habían estado aparentemente ocupadas en arreglar de semejante atrocidad y olvidando en su terror toda preocupación por la suerte
algunos papeles en la caja fuerte ya mencionada, la cual había sido corrida al del orangután. Las palabras que los testigos oyeron en la escalera fueron las
centro del cuarto. Hallábase abierta, y a su lado, en el suelo, los papeles que exclamaciones de espanto del francés, mezcladas con los diabólicos sonidos que
contenía. Las víctimas debían de haber estado sentadas dando la espalda a la profería la bestia.
ventana, y, a juzgar por el tiempo transcurrido entre la entrada de la bestia y los
Poco me queda por agregar. El orangután debió de escapar por la varilla del
gritos, parecía probable que en un primer momento no hubieran advertido su
pararrayos un segundo antes de que la puerta fuera forzada. Sin duda, cerró la
presencia. El golpear de la persiana pudo ser atribuido por ellas al viento.
ventana a su paso. Más tarde fue capturado por su mismo dueño, quien lo vendió
al Jardin des Plantes en una elevada suma.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Lebon fue puesto en libertad inmediatamente después que hubimos narrado fracasado en la solución del misterio no es ninguna razón para asombrarse; en
todas las circunstancias del caso -con algunos comentarios por parte de Dupin- en verdad, nuestro amigo el prefecto es demasiado astuto para ser profundo. No hay
el bureau del prefecto de policía. Este funcionario, aunque muy bien dispuesto fibra en su ciencia: mucha cabeza y nada de cuerpo, como las imágenes de la
hacia mi amigo, no pudo ocultar del todo el fastidio que le producía el giro que diosa Laverna, o, a lo sumo, mucha cabeza y lomos, como un bacalao. Pero
había tomado el asunto, y deslizó uno o dos sarcasmos sobre la conveniencia de después de todo es un buen hombre. Lo estimo especialmente por cierta forma
que cada uno se ocupara de sus propios asuntos. maestra de gazmoñería, a la cual debe su reputación. Me refiero a la manera que
tiene de nier ce qui est, et d’ expliquer ce qui n’est pas.
-Déjelo usted hablar -me dijo Dupin, que no se había molestado en replicarle-.
Deje que se desahogue; eso aliviará su conciencia. Me doy por satisfecho con
haberlo derrotado en su propio terreno. De todos modos, el hecho de que haya
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EL VAMPIRO DE SUSSEX
Holmes acabó de leer cuidadosamente una nota que le había llegado en el último reparto de correo. Luego, con una risita contenida, que era en él lo más cercano a
la risa, me la tendió.
-Como ejemplo de mezcla de lo moderno y lo medieval, de lo práctico y lo demencialmente fantástico, creo que éste debe ser indudablemente el límite -dijo-.
-Matilda Briggs no era el nombre de ninguna joven, Watson -dijo Holmes, en tono reminiscente-. Era un buque relacionado con la rata gigante de Sumatra. Es una
historia que el mundo no está todavía preparado para oír. Pero, ¿qué sabemos de vampiros? ¿Entra eso en nuestra esfera de actividades? Cualquier cosa es mejor
que la inactividad, pero lo cierto es que parece como si nos hubieran trasladado a un cuento fantástico de los hermanos Grimm. Extienda el brazo, Watson, y
veamos
qué nos cuenta la V. Me eché hacia atrás y tomé el enorme fichero al que Holmes
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
había aludido. Lo sostuvo sobre las rodillas, y su mirada fue pasando, lenta y el rostro, pero esa expresión se fue mutando en otra de intenso interés y
amorosamente, por el registro donde los viejos casos se mezclaban con la concentración. Cuando terminó, permaneció algún rato perdido en meditaciones,
información acumulada a lo largo de su vida. jugueteando con la carta entre los dedos. Finalmente, se despertó sobresaltado
de su ensueño.
-Viaje del Gloria Scott -leyó-. Fue un feo asunto. Me parece recordar que usted lo
puso por escrito, Watson, aunque no puedo felicitarle por el resultado. Victor -Mansión Cheeseman, Lamberley. ¿Dónde está Lamberley?
Lynch, el falsificador. Veneno... lagarto venenoso, o gila. Un caso notable, ése.
-Está en Sussex, al sur de Horsham.
Vittoria, la bella del circo. Vanderbilt y el ladrón ambulante. Víboras. Victor, el
asombro de Hammersmith. ¡Vaya, vaya! ¡Querido viejo índice! Nada se le escapa. -No muy lejos, ¿eh? ¿Y la mansión Cheeseman?
Escuche esto, Watson: Vampirismo en Hungría. Y también: Vampiros en
-Conozco esa zona, Holmes. Está llena de viejas casas que llevan los nombres de
Transilvania. los hombres que las construyeron hace siglos. Tiene usted las mansiones Odley, y
Harvey, y Carriton... A la gente se la ha olvidado, pero sus hombres viven en sus
Recorrió impacientemente las páginas con la mirada, pero al cabo de una breve
casas.
lectura ensimismada dejó a un lado el enorme registro con un gruñido de
decepción. -Precisamente -dijo Holmes, fríamente. Era una de las peculiaridades de su modo
de ser, orgulloso y reservado, el que, si bien almacenaba muy rápida y
-¡Basura, Watson! ¡Basura! ¿Qué tenemos nosotros que ver con cadáveres
cuidadosamente en el cerebro toda nueva información, raras veces daba
andarines que sólo se quedan en sus tumbas si se les clava una estaca en el
muestras de agradecimiento a aquel que se la hubiera proporcionado-. Estoy por
corazón? Es pura chifladura.
afirmar que sabremos muchas más cosas de la mansión Cheeseman, en
-Pero, indudablemente -dije yo-, el vampiro no es necesariamente un muerto. Lamberley, antes de haber terminado con esto. La carta es, tal como esperaba, de
Una persona viva podría tener la costumbre. He leído algo, por ejemplo, de viejos Robert Ferguson. A propósito, dice que le conoce a usted.
que chupaban la sangre de jóvenes para apoderarse de su juventud.
-¿Que me conoce?
-Tiene usted razón, Watson. En una de esas referencias se menciona esta
-Mejor lea la carta.
leyenda. Pero, ¿vamos a prestar seriamente atención a esta clase de cosas? Esta
agencia pisa fuertemente el suelo, y así debe seguir. El mundo es suficientemente Me tendió la carta. Llevaba el encabezamiento citado. Decía así:
ancho para nosotros. No necesitamos fantasmas. Me temo que no podemos
tomarnos al señor Robert Ferguson demasiado en serio. Quizá esta nota sea suya,
y pueda arrojar alguna luz sobre lo que le preocupa. «Estimado señor Holmes,
Tomó una segunda carta que había permanecido olvidada sobre la mesa mientras »Me ha sido usted recomendado por mis abogados, pero, a decir verdad, el
había estado absorto en la primera. Empezó a leerla con una sonrisa divertida en asunto es tan extraordinariamente delicado que resulta sumamente difícil hablar
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
de él. Concierne a un amigo mío en cuyo nombre actúo. Este caballero se casó
hará como cinco años con una dama peruana, hija de un negociante peruano al
que había conocido en relación con la importancia de nitratos. La dama era muy
hermosa, pero su cuna extranjera y su distinta religión determinaron siempre una
separación de intereses y de sentimientos entre marido y mujer, de modo que, al
cabo de un tiempo, el amor de mi amigo hacia el la pudo enfriarse, y pudo
considerar aquel matrimonio como un error. Sentía que había aspectos del modo
de ser de su mujer que nunca podría explorar ni entender. Esto era tanto más
penoso cuanto que ella era la esposa más amante que hombre pueda desear, y,
según toda apariencia, absolutamente leal.
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‒ Tercer año – San Miguel
Prácticas del
lenguaje
dulce y apacible. El hombre había estado ya casado, y tenía un hijo de su primera suya era una esposa amante, y, salvo por los ataques contra su hijastro, una
mujer. El muchacho tenía quince años, y era un chico muy simpático y afectuoso, madre amante. ¿Cómo, entonces, era posible que hubiera herido a su querido
aunque desdichadamente lisiado a consecuencia de un accidente en su infancia. niñito? Le dijo al aya que estaba disparatando, que sus sospechas eran las de una
En dos ocasiones se sorprendió a la mujer en el momento de atacar al pobre demente, y que no podían tolerarse semejantes infundios contra la señora.
muchacho, sin la menor provocación por parte de éste. Una de las veces le golpeó Mientras hablaban, se oyó un grito de dolor. Aya y amo se abalanzaron juntos
con un bastón, causándole un gran moretón en el brazo. hacia el cuarto del niño. Imagínese sus sentimientos, señor Holmes, cuando vio a
su mujer levantarse de la posición de arrodillada, junto a la cuna, y vio sangre en
»Eso no fue nada, sin embargo, si se compara con su conducta con su propio hijo,
el cuello al descubierto del niño y sobre la sábana. Profiriendo un grito de horror,
un niñito que aún no ha cumplido el año. En cierta ocasión, hace cosa de un mes,
volvió hacia la luz el rostro de su mujer y le vio sangre alrededor de los labios. Era
este niño había sido dejado solo por su aya durante unos pocos minutos. Un
ella, ella, más allá de toda duda, la que había bebido sangre del pobre niño.
fuerte grito del niño, como de dolor, hizo volver al aya. Cuando ésta entró
corriendo en la habitación, vio a su ama, la señora de la casa, inclinada sobre el »Así está la cosa. La mujer está ahora confinada en su habitación. No ha habido
niño y, aparentemente mordiéndole en el cuello. El niño tenía en el cuello una explicaciones. El marido está medio enloquecido. El sabe, como yo, muy poco de
pequeña herida por la que salía un hilillo de sangre. El aya quedó tan horrorizada vampirismo, aparte del nombre. Habíamos pensado que era algún cuento
que quiso llamar al marido, pero la dama le imploró que no lo hiciera, e incluso le fantástico de tierras lejanas. Y, sin embargo, aquí, en Inglaterra, en el corazón
dio cinco libras como precio de su silencio. No dio ninguna explicación, y de mismo de Sussex... Bueno, todo esto podríamos discutirlo mañana por la mañana.
momento, no se habló más del asunto. ¿Acepta usted recibirme? ¿Querrá emplear sus notables talentos en ayudar a un
hombre aturdido? Si es así, tenga la amabilidad de cablegrafiar a Ferguson,
»Aquello dejó, sin embargo, una impresión terrible en el aya, y, desde entonces,
Mansión Cheeseman, Lamberley, y estaré en sus habitaciones a las diez.
vigiló estrechamente a su ama, y montó una guardia más cuidadosa sobre el niño,
al que quería tiernamente. Le pareció que, del mismo modo que ella vigilaba a la »Sinceramente suyo,
madre, la madre la vigilaba a ella, y que, cada vez que se veía obligada a dejar
»ROBERT FERGUSON.
solo al niño, la madre esperaba llegar hasta él. El aya guardó al niño día y noche, y
día y noche la silenciosa madre vigilante parecía estar al acecho como el lobo »P.S.-Creo que su amigo Watson jugaba al rugby en el equipo de Blackheath
acecha al cordero. Esto le parecerá increíble, y, sin embargo, le ruego que se lo cuando yo era tres cuartos en el de Richmond. Es la única referencia de orden
tome con toda seriedad, porque la vida de un niño y la cordura de un hombre personal que puedo darle.»
puede depender de ello.
-Claro que lo recuerdo -dije, dejando la carta -. El grandullón Bob Ferguson, el
»Finalmente llegó el día tremendo en que los hechos no pudieron seguir siendo mejor tres cuartos que nunca tuvo Richmond. Fue siempre un tipo excelente. Es
ocultados al marido. Los nervios del aya no resistieron; no podía seguir muy suyo el preocuparse por el problema de un amigo.
soportando la tensión, y se lo contó todo al hombre. A él le pareció aquello una
historia tan descabellada como ahora puede parecérselo a usted. Sabía que la
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer
Holmes me miró pensativamente y -Desde luego. Pero puede usted suponer lo difícil que resulta hablar así de la
meneó la cabeza. mujer que uno está obligado a proteger y ayudar. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo voy
a acudir a la policía con semejante historia? Pero hay que proteger a los niños.
-Watson, jamás lograré alcanzar sus
¿Es que está loca, señor Holmes? ¿Llevará esto en la sangre? ¿Ha conocido usted
fronteras -dijo-. Hay en usted
algún caso parecido en su carrera? Por el amor de Dios, deme algún consejo,
posibilidades inexploradas. Haga el favor
porque ya no doy más de mí.
de enviar un cable, como un buen chico:
-Es muy natural, señor Ferguson. Ahora siéntese y cálmese, y deme algunas
«Estudiaré su caso gustosamente.» -
respuestas claras. Puedo asegurarle que yo sí puedo dar muchísimo más de mí, y
¡Su caso!
que confío en encontrar alguna solución. Ante todo, dígame qué pasos ha dado.
-No debemos permitir que piense que ¿Sigue su mujer cerca de los niños?
esta agencia es un asilo de retrasados
-Tuvimos una escena terrible. Es una mujer amantísima, señor Holmes. Si alguna
mentales. Claro que es su caso. Envíele el
vez una mujer ha amado a su marido en cuerpo y alma, ésa es ella. Le partió el
cable y olvídese del asunto hasta
corazón el que yo hubiera descubierto ese secreto, ese horrible e increíble
mañana.
secreto. Ni siquiera dijo nada. No dio a mis reproches otra respuesta que una
expresión como enloquecida y desesperada en sus ojos al mirarme, luego se fue
La mañana siguiente, puntualmente a las diez, Ferguson entraba en nuestra corriendo a su habitación y se encerró en ella. Desde entonces se ha negado a
salita. Yo le recordaba como un hombre alto y flaco, de miembros sueltos, con verme. Tiene una doncella llamada Dolores que ya estaba a su servicio antes de
una veloz carrera que le había permitido burlar a muchos defensas contrarios. que se casara... Es una amiga más que una criada. Le lleva la comida.
Creo que no hay cosa más penosa que encontrarse con los restos naufragados de
-Entonces, ¿el niño no está en peligro inmediato?
un atleta que se ha conocido en su plenitud. Su fuerte estructura estaba abatida,
su pelo rubio era ralo, y estaba cargado de hombros. Temí suscitar en él -La señora Mason, el aya, ha jurado que no le dejará ni de día ni de noche. Puedo
impresiones correlativas. confiar por entero en ella. Más que por él estoy inquieto por el pobrecito Jack,
porque tal como le dije en mi nota, ha sido atacado por ella dos veces.
-Hola, Watson -dijo; y su voz seguía siendo grave y cordial -. No tiene usted
exactamente el mismo aspecto del hombre al que yo tiré por encima de las -¿Pero sin sufrir heridas?
cuerdas en Old Deer Park. Supongo que yo también debo estar un tanto
-No. Le golpeó salvajemente. Es una cosa todavía más terrible si se tiene en
cambiado. Pero han sido estos últimos uno o dos días los que me han envejecido.
cuenta que es un pobre inválido inofensivo -las duras facciones de Ferguson se
He visto por su telegrama, señor Holmes, que es inútil que me presente como
dulcificaron al hablar de su chico-. Uno pensaría que la condición del muchacho
emisario de otra persona.
ablandaría el corazón de cualquiera. Una caída en la niñez y la columna vertebral
-Es más fácil el trato directo deformada, señor Holmes. Pero, por dentro, el más dulce y afectuoso de los
corazones.
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer
Holmes había tomado la carta del día anterior y la estaba releyendo. -Una vez con un bastón, y otra muy salvajemente con las manos.
-¿Qué otros ocupantes tiene su casa, señor Ferguson? -¿No dio ninguna explicación de por qué le golpeaba?
-Dos criados que no hace mucho que están a nuestro servicio. Un mozo de -Ninguna, salvo que le odiaba. Una y otra vez dijo esto.
cuadras, Michael, que duerme en la casa. Mi mujer, yo mismo, mi chico Jack, el
-Bueno, no se desconoce esto en las madrastras. Celos póstumos, por decirlo de
pequeño, Dolores y la señora Mason. Eso es todo.
algún modo. ¿Es celosa la dama por naturaleza?
-Conjeturo que no conocía usted bien a su esposa en la época de su matrimonio.
-Sí, es muy celosa... Es celosa con toda la fuerza de su vehemente amor tropical.
-Hacía sólo unas pocas semanas que la conocía.
-Pero el muchacho... Tiene quince años, creo haber entendido, y probablemente
-¿Cuánto tiempo ha estado con ella la doncella Dolores? estará muy desarrollado mentalmente, puesto que su cuerpo está tan limitado en
la acción. ¿No dio él ninguna explicación de esos ataques?
-Algunos años.
-No. Declaró que no había ninguna razón para ellos.
-Entonces, ¿Dolores debe conocer mejor que usted el carácter de su mujer?
-¿Hicieron buenas migas en otro tiempos?
-Sí, podría decirse que sí.
-No; nunca hubo amor entre ellos.
Holmes anotó algo.
-Y, sin embargo, dice usted que es un chico muy afectuoso.
-Imagino -dijo- que puedo ser más útil en Lamberley que aquí. Es eminentemente
un caso de investigación personal. Si la dama permanece en su habitación, -En todo el mundo no puede haber otro hijo tan ferviente. Mi vida es su vida. Está
nuestra presencia no puede irritarla ni incomodarla. Naturalmente, nos absorto en todo lo que digo y hago. Holmes anotó nuevamente algo. Permaneció
alojaremos en la posada. Ferguson tuvo un gesto de alivio. un rato perdido en sus pensamientos.
-Esto es lo que yo esperaba, señor Holmes. Hay un tren excelente que sale a las -Sin duda, usted y su hijo eran grandes camaradas antes de este segundo
dos de la estación Victoria, si puede venir. matrimonio. Estaban muy cerca el uno del otro, ¿no es cierto?
-Claro que iremos. Ahora tenemos un bache de trabajo. Puedo concederle -Sí, muy cierto.
indivisamente mis energías. Naturalmente, Watson nos acompaña. Pero hay uno
-Y el chico, siendo tan afectuoso de naturaleza, estaría muy apegado, sin duda, a
o dos puntos de los que quisiera estar seguro antes de partir. Esa desdichada
la memoria de su madre.
dama, tal como lo entiendo, ha atacado, aparentemente, a ambos niños: a su
propio hijo y al del primer matrimonio de usted. -Sí, mucho.
-Así es. -Parece ser, desde luego, un interesantísimo muchacho. Otro punto acerca de
esos ataques. ¿Los extraños ataques contra el niño pequeño, y las agresiones
-Pero estos ataques toman formas diferentes, ¿no es cierto? Golpeó a su hijastro.
contra su hijo, se produjeron en los mismos períodos?
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer
-En el primer caso, así fue. Fue como si se hubiera adueñado de ella una especie Mirando a mi alrededor, vi que la habitación era una singularísima mezcla de
de frenesí, y hubiera descargado su furia contra ambos. En el segundo caso Jack fechas y sitios. Las paredes medio artesonadas podían muy bien haber
fue la única víctima. La señora Mason no tenía quejas en torno al niño. -Eso, pertenecido al caballero campesino del siglo diecisiete. Estaban ornamentadas,
ciertamente, complica las cosas. sin embargo, en la parte inferior por una línea de acuarelas modernas elegidas
con gusto, mientras que en la parte superior, donde un yeso amarillento ocupaba
-No acabo de seguirle, señor Holmes.
el lugar del roble,
-Probablemente no. Uno se forma teorías provisionales, y espera a que el tiempo
o nuevos conocimientos las desbaraten. Una mala costumbre, señor Ferguson,
pero el hombre es débil. Me temo que su viejo amigo, aquí presente, haya dado
una visión exagerada de mis métodos científicos. Sin embargo, en el punto en que
estamos, me limitaré a decir que su problema no me parece insoluble, y que
puede contar con que estaremos en la estación Victoria a las dos.
Había una gran sala central, y a ella nos condujo Ferguson. Allí, en una gran
chimenea anticuada cuyo manto de hierro llevaba inscrita la fecha 1670, brillaba
y chisporroteaba un espléndido fuego de troncos.
1
El nombre de la mansión, «Cheeseman», está formado por «cheese», queso, y «man»,
hombre. Literalmente: «hombre de queso»
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
colgaba una hermosa colección de utensilios y armas sudamericanos, que se El grandullón tres cuartos de rugby temblaba de pies a cabeza. Holmes le puso la
había traído sin duda consigo la dama peruana que estaba en el piso de arriba. mano en el hombro, tranquilizadoramente.
Holmes se puso en pie, con esa pronta curiosidad que surgía de su impaciente
-Me temo que la solución, señor Ferguson, sea cual sea, le reserva un dolor - dijo-
cerebro, y la examinó con bastante atención. Volvió con mirada pensativa.
. Se lo atenuaré todo lo que pueda. Por el momento no puedo decir más, pero
-¡Vaya! -exclamó- ¡Vaya! espero tener algo definitivo antes de salir de esta casa.
Un spaniel, que había permanecido en una cesta en un rincón, se echó a andar -¡Dios quiera que así sea! Si ustedes me disculpan, caballeros, subiré a la
lentamente hacia su amo, avanzando con dificultad. Sus patas traseras se movían habitación de mi mujer, y veré si se ha producido algún cambio.
irregularmente, y la cola le arrastraba por el suelo. Lamió la mano de Ferguson.
Estuvo ausente algunos minutos, durante los cuales Holmes reanudó su examen
-¿Qué ocurre, señor Holmes? de los objetos curiosos de la pared. Cuando nuestro anfitrión volvió, estaba claro,
por su expresión abatida, que no había hecho ningún progreso. Le acompañaba
-El perro. ¿Qué le ocurre?
una joven, alta, esbelta, de tez morena.
-Eso quisiera saber el veterinario. Una especie de parálisis. Meningitis espinal,
-El té está listo, Dolores -dijo Ferguson-. Cuídese de que su ama tenga todo lo que
pensó él. Pero se le va pasando. Pronto estará bien... ¿no es verdad, Carlo?
desee.
Un temblor de asentimiento recorrió la cola fláccida. Los ojos tristones del animal
-Está muy mala -exclamó la muchacha, mirando a su amo con ojos indignados-.
nos miraron a todos sucesivamente. Sabía que estábamos hablando de su caso.
No pide comida. Está muy mala. Necesita un médico. Me daba miedo estar sola
-¿Le vino de repente? con ella sin un médico.
-En una sola noche. Ferguson me miró con una interrogación en los ojos.
-¿Qué ve usted en ello, señor Holmes? -Entonces, iré con usted de inmediato.
-Una confirmación de lo que ya pensaba. Seguí a la muchacha, que temblaba presa de un fuerte nerviosismo, por las
escaleras y por un viejo pasillo. A su extremo había una maciza puerta lacada de
-Por el amor de Dios, ¿qué piensa usted, señor Holmes? ¡Puede que para usted hierro. Se me ocurrió, al verla, que si Ferguson trataba de llegar por la fuerza
sea un simple ejercicio intelectual, pero para mí es la vida o la muerte! ¡Mi mujer junto a su mujer la cosa no le resultaría fácil. La muchacha se sacó una llave del
una asesina frustrada! ¡Mi hijo en constante peligro! No juegue conmigo, señor
Holmes. Esto es terriblemente serio, demasiado serio.
74
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
bolsillo, y las pesadas planchas de roble crujieron sobre sus viejos goznes. Entré, y -Me quiere. Sí. Pero, ¿es que yo no le quiero a él? ¿No le quiero hasta el punto de
ella me siguió rápidamente, cerrando la puerta detrás suyo. sacrificarme antes que romper su querido corazón? Así es como le quiero. Y, sin
embargo, él podría pensar de mí... pudo hablarme de aquel modo...
En la cama había una mujer, evidentemente con mucha fiebre. Estaba consciente -Está muy dolorido, pero es incapaz de entender.
sólo a me días, pero cuando entré unos ojos asustados, pero hermosos, me
-No, no puede entender. Pero debería confiar.
miraron con miedo. Al ver a un extraño, pareció sentir alivio, y con un suspiro
dejó caer nuevamente la cabeza sobre la almohada. Avancé hacia ella -¿Por qué no habla con él? -sugerí.
pronunciando algunas palabras de confortación, y permaneció quieta mientras le
-No, no; no puedo olvidar aquellas palabras terribles, ni su expresión. No le veré.
tomaba el pulso y la temperatura. Uno y otra estaban altos, y, sin embargo, mi
Ahora váyase. No puede hacer nada por mí. Dígale solamente una cosa. Quiero a
impresión fue que su condición era más de excitación mental y nerviosa que no
mi hijo. Tengo derecho a mi hijo. Este es el único mensaje que puedo enviarle.
de auténtica enfermedad.
Se volvió de cara a la pared y no dijo más.
-Ha estado así un día, dos días. Temo que se muera -dijo la muchacha.
Volví a la sala de abajo donde Ferguson y Holmes seguían todavía sentados junto
La mujer volvió hacia mí su hermoso rostro encendido.
al fuego. Ferguson escuchó pensativamente mi narración de la entrevista.
-¿Dónde está mi marido?
-¿Cómo puedo mandarle a su hijo? -dijo-. ¿Cómo voy a saber qué extraño impulso
-Está abajo, y le gustaría verla. puede entrarle? ¿Cómo podré jamás olvidar cómo se levantó del lado de la cuna
con sangre en los labios? -se estremeció al recordar-. El niño está seguro con la
-No le veré. No le veré -y pareció entrar de nuevo en el delirio-. ¡Un diablo!
señora Mason, y debe seguir con ella.
¡Un diablo! ¡Oh! ¿Qué puedo hacer con ese demonio?
Una doncella de elegante uniforme, la única cosa moderna que podía verse en la
-¿Puedo ayudarla en algo? casa, había traído un poco de té. Mientras lo estaba sirviendo, se abrió la puerta y
un jovencito entró en la habitación. Era un muchacho que llamaba la atención:
-No. Nadie puede ayudarme. Se acabó. Todo está destruido. Haga lo que haga,
cara pálida, cabello rubio, expresivos ojos azul pálido que se encendían en súbita
todo está destruido.
llama de emoción y alegría cuando su mirada se posaba en su padre. Se abalanzó
La mujer debía sufrir alguna extraña ilusión. Yo era incapaz de imaginarme al hacia él y le rodeó el cuello con los brazos, con el abandono de una adolescente
honrado Bob Ferguson como diablo o demonio. enamorada. -Oh, papá -gritó-, no sabía que ya estuvieras de vueltas. Habría
estado aquí esperándote. ¡Oh! ¡Qué contento estoy de verte!
-Señora -dije-, su marido la quiere a usted tiernamente. Está muy apenado por lo
que ocurre. Ferguson se liberó suavemente del abrazo, con ciertas muestras de turbación.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
-Querido muchacho -dijo, dando unos tiernos golpecitos en la rubia cabeza-, he regordete estaba la pequeña señal hinchada. Sin decir nada, Holmes la examinó
vuelto pronto porque he podido convencer a mis amigos, el señor Holmes y el atentamente.
doctor Watson, para que vinieran a pasar la velada con nosotros.
Finalmente, tomó y agitó levemente uno de los pequeños puños que
-¿Es el señor Holmes, el detective? revoloteaban ante su cara.
-Sí. -Adiós, hombrecito. Has tenido un extraño comienzo en la vida. Aya, quisiera
tener unas palabras con usted en privado.
El jovencito nos miró de un modo penetrante y, según me pareció, poco
amistoso. Se la llevó aparte y le habló vehemente durante algunos minutos. Sólo pude oír
las últimas palabras, que fueron: «Espero que su inquietud no tarde en quedar
-¿Qué me dice de su otro hijo, señor Ferguson? -preguntó Holmes- ¿Podríamos
apaciguada.» La mujer, que parecía ser una criatura de la especie huraña y
ver al bebé?
silenciosa, se retiró con el niño.
-Pídele a la señora Mason que baje al niño -dijo Ferguson. El muchacho se marchó
-¿Cómo es la señora Mason? -preguntó Holmes.
con un andar extraño, bamboleante, que delató a mis ojos médicos que sufría de
una afección espinal. Volvió al poco rato, y, detrás suyo, venía una mujer alta y -No muy convincente externamente, como puede ver, pero tiene un corazón de
delgada que llevaba en sus brazos a un hermosísimo niño, de ojos negros y pelo oro, y quiere muchísimo al niño.
rubio, una maravillosa mezcla de lo sajón y lo latino. Ferguson, evidentemente
-¿Te gusta la señora Mason, Jack?- Holmes se volvió repentinamente hacia el
estaba loco por aquel niño, ya que lo tomó en sus brazos y lo acarició
muchacho, cuya expresiva cara se ensombreció. Negó con la cabeza.
tiernamente.
-Jacky tiene agrados y desagrados muy acentuados -dijo Ferguson, rodeando con
-Y pensar que alguien pueda tener el corazón tan duro como para hacerle daño
el brazo los hombros del muchacho -. Afortunadamente, yo estoy entre sus
murmuró, bajando la mirada hacia la pequeña mancha rojo vivo del cuello del
agrados. El chico apoyó arrulladoramente la cabeza en el pecho de su padre.
querubín.
Ferguson lo separó suavemente.
Fue en aquel momento cuando casualmente miré a Holmes, viéndole una
expresión singularísimamente concentrada. Su cara estaba inmóvil, como tallada -Vete ya, Jacky, pequeño -dijo; y contempló a su hijo con mirada amorosa hasta
en marfil, y sus ojos, que por un momento habían mirado a padre e hijo, estaban que hubo desaparecido-. Ahora, señor Holmes -prosiguió, cuando el chico se
ahora enfocados, con vehemente curiosidad, en algo que se encontraba al otro hubo ido-, realmente me doy cuenta de que le he metido en un problema sin
extremo de la habitación. Siguiendo su mirada, no pude suponer otra cosa sino solución, porque ¿qué puede hacer aparte de concederme su simpatía? Debe ser
que a través de la ventana contemplaba el melancólico jardín mojado. Cierto que un asunto extremadamente delicado y complejo desde su punto de vista.
había una persiana medio cerrada por la parte de fuera, obstruyendo la visión,
pero, con todo, indudablemente era la ventana lo que Holmes miraba con -Es ciertamente delicado -dijo mi amigo, con una sonrisa divertida-, pero ahora no
concentrada atención. Luego sonrió, y su mirada volvió al bebé. En su cuello se me representa complejo. Ha sido un caso propio para la deducción intelectual;
pero cuando esta deducción intelectual original se ve confirmada punto por
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
punto por numerosos incidentes independientes, entonces lo subjetivo se hace -Creo que podríamos prescindir de Dolores -dijo Holmes-. Oh, muy bien, señora,
objetivo, y podemos decir confiadamente que hemos llegado a la meta. De si prefiere que se quede, no tengo nada que objetar. Mire, señor Ferguson, soy
hecho, ya había llegado a ella antes de salir de Baker Street; el resto ha sido un hombre ocupado, con muchas visitas, y mis métodos tienen que ser breves y
meramente observación y confirmación. directos. La operación quirúrgica más rápida es la menos dolorosa. Permítame
que antes que nada le diga algo que tranquilizará su espíritu. Su mujer es muy
Ferguson se llevó su manaza a la arrugada frente. -Por el amor del cielo, Holmes -
buena, muy amante, y ha sido tratada muy mal.
dijo, roncamente-, si es usted capaz de ver la verdad de este asunto, no me
mantenga en la inquietud. ¿En qué posición me encuentro? ¿Qué debo hacer? No Ferguson se puso en pie con un grito de alegría.
me importa cómo haya llegado usted a establecer los hechos, mientras realmente
-Demuéstreme esto, señor Holmes, y estaré en deuda con usted para siempre.
los conozca.
-Lo haré, pero al hacerlo le heriré profundamente en otra dirección.
-Desde luego, le debo una explicación, y la tendrá. Pero, ¿me permite llevar las
cosas a mi manera? ¿Puede recibirnos la dama, Watson? -No me importa, si libera de culpa a mi mujer. Todo lo demás que hay en el
mundo no es nada comparado con eso.
-Está enferma, pero goza de toda su razón.
-Permítame contarle, entonces, el curso de los razonamientos que pasaron por mi
-Muy bien. Sólo en su presencia podremos aclararlo todo. Subamos a verla.
mente en Baker Street. La idea de un vampiro me resultaba absurda. Y, sin
-No me recibirá -exclamó Ferguson.
-Oh, sí, lo hará -dijo Holmes. Garrapateó unas pocas líneas en un papel-. Usted, al
menos, tiene la entrée, Watson. ¿Tendrá la bondad de entregarle esta nota a la
dama?
77
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
embargo, su observación era precisa. Usted había visto a la dama levantarse de alma entera está consumida por el odio a ese espléndido niñito, cuya salud y
junto a la cuna del niño con sangre en los labios. belleza contrastan con su propia deficiencia.
-¿No se le ocurrió que puede chuparse una herida con propósitos distintos al de -¿He dicho la verdad, señora?
extraer sangre? ¿Acaso no hubo una reina en la historia de Inglaterra que chupó
La mujer sollozaba, con la cara hundida entre las almohadas. En aquel momento
una herida para sacar de ella el veneno?
se volvió hacia su marido.
-¡Veneno!
-¿Cómo podía decírtelo, Bob? Sabía qué golpe sería para ti. Era mejor que
-Cosa corriente en Sudamérica. Mi instinto percibió la presencia de esas armas de esperara, y que lo supieras por otros labios que los míos. Cuando este caballero,
la pared antes de haberlas visto. Hubiera podido tratarse de otro veneno, pero que parece poseer poderes mágicos, me escribió que lo sabía todo, me sentí
eso fue lo que se me ocurrió. Cuando vi el pequeño carcaj vacío junto al pequeño extremadamente feliz.
arco de cazar pájaros, eso era exactamente lo que esperaba ver. Si el niño
-Creo que mi receta para el señorito Jacky sería un año de viaje por mar - dijo
resultaba pinchado con una de esas flechas impregnadas en curare o en cualquier
Holmes, poniéndose en pie-. Sólo me queda una cosa oscura, señora. Podemos
otro alcaloide diabólico, moriría a menos que se chupara el veneno de la herida.
entender perfectamente sus ataques contra Jacky. La paciencia de una madre
¡Y el perro! Si alguien fuera a usar un veneno como ése, ¿no lo probaría primero
tiene un límite. Pero, ¿cómo se atrevió a dejar solo al niño estos últimos dos días?
para comprobar que no había perdido sus virtudes? No había previsto al perro,
pero al menos lo entendí, y encajó en mi reconstrucción. ¿Entiende ahora? Su -Se lo había contado a la señora Mason. Ella sabía.
mujer temía un ataque de esa clase. Vio que se producía, y salvó la vida del niño;
y, sin embargo, no quiso contarle a usted la verdad, porque sabía cuánto quería -Exacto. Eso pensé.
usted al muchacho, y temió romperle el corazón. Ferguson estaba junto a la cama, conteniendo los sollozos, con las manos
-¡Jacky! tendidas, tembloroso.
-Le estuve observando hace unos momentos, cuando usted acariciaba al -Creo, Watson, que es el momento de marchamos -dijo Holmes, en un susurro-. Si
pequeño. Su cara se reflejaba claramente en la ventana, porque la persiana coge usted de un brazo a la excesivamente fiel Dolores, yo la cogeré del otro. Eso.
cerrada convertía al cristal en espejo. Vi en esa cara tantos celos, tanto odio cruel, Ahora -añadió, cerrando la puerta detrás suyo-, creo que podemos dejar que
como raras veces he visto en un rostro humano. arreglen entre ellos lo que queda pendiente.
-¡Mi Jacky!
Sólo tengo una anotación más sobre este caso. Se trata de la carta que escribió
-Tiene usted que afrontarlo, señor Ferguson. Es todavía más penoso por cuanto Holmes como respuesta final a aquella con que empezaba este relato. Decía así:
que ha sido un amor deformado, un amor demencialmente exagerado hacia
usted, y probablemente hacia su difunta madre, el que le ha inducido a actuar. Su
»Baker Streeet,
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
»21 de noviembre. -El mismo. Y ahora escúcheme bien, amigo Watson; ese hombre no trae nada
bueno.
«Asunto: Vampiros.
-Me parece cara conocida…
»Caballero,
-Habrá visto usted su prontuario. Esperemos.
»En respuesta a su carta del 19, me permito comunicarle que he estudiado el
caso de su cliente, el señor Robert Ferguson, de Ferguson & Muirhead, El hombre misterioso entró en el portal de nuestra casa y a poco volvió a salir;
mayoristas de té, de Mincing Lane, y que el asunto ha sido llevado a una se acercó a la puerta de una casa de enfrente, penetró en el portal y a los
satisfactoria conclusión. Agradeciéndole su recomendación, »Queda, señor, pocos instantes lo vimos reaparecer y doblar en la esquina.
sinceramente suyo,
-Voy a darle alcance-dijo mi maestro […]. Desde la ventana lo vi doblar la
»SHERLOCK HOLMES. misma esquina que el misterio desconocido del impermeable amarillo. Presa
de gran inquietud, me puse a hacer un solitario para calmar mis nervios
mientras esperaba el regreso del gran detective. Una hora después estaba ante
CONRADO NALÉ ROXLO
mí, pero tan cubierto de barro, que tardé mucho en reconocerlo. Se cambió de
LOS CRÍMENES DE LONDRES (A la manera de Arthur Conan Doyle) ropa, sin decir palabra luego tomó su violín y ejecutó una tarantela, señal de
que estaba muy preocupado. Yo guardaba un respetuoso silencio. Por fin dejó
La mañana del 16 de enero de 18…, Sherlock Holmes se sentó alegremente a el instrumento en el paragüero y me dijo:
tomar el desayuno. [...]. -Watson, ese hombre se me ha escapado.
-¿Hay algo interesante en el diario? -Lo sospechaba.
-El diario viene tan estúpido como de costumbre, pero algo me anuncia… -dejó -Veo con placer, Watson, que su inteligencia se despierta.
la frase en suspenso y se precipitó a una ventana. Observó un instante la calle y
luego me llamó: Aquellas palabras en su boca me llenaron de satisfacción, pues era siempre muy
parco en los elogios. Animado por su aprobación, me atreví a preguntarle:
-¿Qué ve usted, Watson?
-¿El barro de que venía cubierto?...
-Niebla y un policeman que se pasea tranquilo como si todos los delincuentes de
Londres hubieran sido ahorcados ayer. -Es el barro de Londres. Alguien puso en mi camino esto, resbalé y caí. ¿Sabe lo
que es esto, Watson?
-Watson, es usted un legañoso incapaz de ver nada que valga la pena. ¿No ve
usted aquel hombre, que parece ocultar algo bajo el impermeable amarillo? -Una cáscara de banana.
-¿Ese que cruza la calle y parece venir hacia esta casa? -Ahora siga usted mi razonamiento. En la casa de enfrente a la que penetró como
a la nuestra el siniestro personaje del impermeable amarillo, vive Lord Brandy,
79
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
cuyo padre fue casado en primeras nupcias con Manolita Gutiérrez, noble dama -No, señor Holmes, era el de siempre.
española, cuyo abuelo vivió largos años en la isla de Cuba. Ahora bien, la banana
-¿Le ha visto usted otras veces?
es una fruta que abunda en la isla de Cuba. ¿Ve usted la relación que existe entre
los dos hechos? -Hace un año lo veo todos los días.
Quedé un momento abismado en la admiración que me producía su claridad Holmes dio un salto en la silla y fijó sus ojos de milano en los mansos ojos de la
mental, y luego exclamé: mujer que, como hipnotizada, agregó:
-¡Ah!... -Es el lechero, hace un año que deja todos los días su botella de leche.
Estuve a punto de soltar una carcajada, pero la expresión grave del rostro de
-Ahora, dígame, Watson. ¿Qué le parece la actitud de ese policeman, ante cuyos
Holmes me contuvo.
ojos ocurren hechos criminales como el que nos ocupa y permanece indiferente?
¿No cree usted que el misterioso desconocido del impermeable amarillo debe -Traiga usted esa leche-ordenó. Cuando se la trajeron, se encerró en su
tener cómplices poderosos, tal vez dentro del mismo Scotland Yard? laboratorio, y no salió hasta bien entrada la noche. Yo comí solo, hondamente
preocupado por aquel asunto, que era uno de los más extraños casos que se nos
-Ese asunto se complica, pero si el hombre fuera inocente…
habían presentado en los cinco últimos años.
-¿Cree usted que me habría lanzado sobre su pista? No, Watson, ese desconocido
Holmes me invitó a ir al teatro y durante toda la función estuvo alegre como un
no ha podido traer nada bueno. Llame usted a nuestra patrona.
escolar. Cuando regresamos a casa me dijo:
Pocos instantes después entraba nuestra fiel hospedera secándose las manos.
-Watson, ¿Qué le dije yo cuando vimos por primera vez al misterioso personaje
[…].
del piloto amarillo?
-Señora, se trata de un asunto muy grave, están en juego la vida, el dinero y el
-Que ese hombre no podía traer nada bueno.
honor de muchas personas, y por eso le ruego que haga memoria: ¿Vio usted
hace aproximadamente dos horas a un hombre misterioso, que oculto por un -Y así es, querido Watson, he analizado la leche y contiene un treinta y cinco por
impermeable amarillo penetró sigilosamente en el portal de esta casa? ciento de agua y un quince por ciento de cal. ¿Tenía o no razón?
-Sí, señor Holmes. Una vez más tuve que inclinarme ante el genio de Sherlock Holmes.
-¿Y no notó usted nada extraño en su actitud?
80
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
AUGUSTO MONTERROSO
EL ECLIPSE
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría
salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva.
Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso
morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España
distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto
condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo
religioso de su labor redentora.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas.
Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura
universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se
esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel
conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
81
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin
la valiosa ayuda de Aristóteles.
82
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
v
e
r
SELECCIÓN DE POESÍA t
i
d
Anónimo o
.
“Romance del veneno de Moriana” D
o
Madrugaba don Alonso a poco del sol salido; n
convidando va a su boda a los parientes y A
amigos; a la puerta de Moriana sofrenaba su l
rocino: o
-Buenos días, Moriana. n
-Don Alonso, bien venido. -Vengo a brindarte, s
Moriana, para mi boda el domingo. -Esas bodas, o
don Alonso, debieran de ser conmigo; pero ya ,
que no lo sean, igual el convite estimo, y en c
prueba de la amistad beberás del fresco vino, en o
que solías beber dentro mi cuarto florido. m
Moriana, muy ligera en su cuarto se ha metido; o
tres onzas de solimán con el acero ha molido, de e
la víbora los ojos, sangre de un alacrán vivo: - s
Bebe, bebe, don Alonso, bebe de este fresco m
vino. -Bebe primero, Moriana, que así está o
puesto en estilo. Levantó el vaso Moriana, z
lo puso en sus labios finos; los dientes o
tiene menudos, gota adentro no ha ,
83
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
84
Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
“Llueve”
Llueven voces de mujer como si estuvieran muertas incluso en el recuerdo. Vosotros también llovéis, maravillosos encuentros de mi vida, ¡oh, gotitas! Y esas nubes
encabritadas se ponen a relinchar todo un universo de ciudades auriculares se escucha si llueve mientras que el remordimiento y el desdén lloran una antigua música
escucha caer los lazos que te retienen arriba y abajo
“Mi Lumía”
Mi Lu mi lubidulia mi golocidalove mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma y descentratelura y venusafrodea y me nirvana el suyo la crucis los
desalmes con sus melimeleos sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos mi lu mi luar mi mito demonoave dea rosa mi
pez hada mi luvisita nimia mi lubísnea
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Desde el fin de semana pasado, frente a las hamacas trabaja un Las tres hamacas situadas en la Plaza Belgrano del barrio La Patria, se
equipo de cinco personas provenientes de Buenos Aires, entre las que convirtieron desde hace unos meses en una de las pricipales
se encuentran antropólogos, arqueólogos y parapsicólogos, y que atracciones de la localidad y fueron cercadas por la municipalidad, luego
cuentan con la autorización de la comuna local para que desconocidos robaran una de ellas.
investigar lo que ocurre.
La primera de las hamacas en moverse con independencia de las otras
De acuerdo con la información publicada por el diario es la de la derecha, pero luego se inició el mismo proceso en la del
"Firmat", los especialistas lograron apreciar, el medio, hasta que fue robada.
sábado último por la tarde, uno de los momentos en
el que una de las hamacas se mueve sola. Sin embargo, ahora también comenzó a moverse la
de la izquierda y últimamente se alternaba con la que
Además, hasta que el alocado movimiento pendular de la hamaca fue repusieron en el medio.
cortado por un vecino un tanto reacio a creer en el fenómeno, los
porteños pudieron tomar imágenes y sonidos que, según revelaron, Fuente: Diario El Día, La Plata, 12 de septiembre de 2007.
podrían dar a pensar en alguna clase de actividad sobrenatural en el
lugar. La Hamaca se mueve......
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
El tema es que en uno de los espacios verdes de la ciudad, La razón de lo que está sucediendo no la conocemos. Lo que podemos
puntualmente Plaza Manuel Belgrano del Barrio La Patria, una de las afirmar con certeza es que sí acontece y que cientos de personas llegan
tres hamacas que se ubican sobre calle Antártica Argentina se mueve a la plaza fascinados por lo que está ocurriendo, apostándose en el
sola. lugar esperando ver lo que a todos tiene en vilo.
La mayoría se va sin poder concretarlo y vuelve al otro día con
En un primer momento las explicaciones dadas por los ocasionales renovada esperanza.
testigos tenían que ver más con la lógica, con lo científico y, en
consecuencia para unos, la causa era la velocidad y la dirección del Quizás los privilegiados sean aquellos que pasan por el lugar sin ese
viento; para otros, un campo magnético, etc. propósito, los que lo hacen naturalmente desde siempre, los que poseen
una sensibilidad especial. ¿Quién lo sabe?
Con el correr de los días todas las razones dadas dejaron de ser Los otros deberán conformarse con lo que comúnmente se dice
convincentes y fueron perdiendo credibilidad. El viento no sopla al “creer o reventar”.-
momento de mecerse la hamaca y si sopla no mueve las otras dos que
penden del mismo travesaño; la brújula de algún ocurrente vecino no Fuente: Diario Firmat, Firmat, Santa Fe, 2 de
enloquece al acercarse al lugar y continúa marcando los puntos agosto de 2007.
cardinales correctamente.
http://diariofirmat.fullblog.com.ar/la_hamaca_e
Y con ello fue creciendo la inquietud de la gente y tomando fuerza otras n_firmat_411187125745.html
versiones que dan cuenta de razones alejadas de la realidad tangible,
de lo explicable a través de los sentidos, y más cercanas a lo
paranormal.
Pero aún más.- Los firmatenses, incluso los que se resistían a creer en
lo que estaba aconteciendo, quedaron impresionados ante las
imágenes que un vecino del barrio tomó con su filmadora y
reproducidas por el canal local. Las tomas fueron hechas desde
aproximadamente 70 mts. de distancia y muestran claramente el
movimiento de la misteriosa hamaca, la cual no solo Son todos bolivianos, paraguayos:
se mece, sino que se mueve como si alguien
estuviera jugando; como cuando un niño imprime Romero también - por Martín Estévez: 25/02/2016 -
distintas velocidades para alcanzar mayor o menor
altura, o intenta hacer ochos con las cadenas.-
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Lo más importante de la noche no fueron los goles: durante el partido Por fin alguien se animó. Por fin alguien no se escudó en “el folclore del
contra Bolívar, el 10 de Racing se animó y les pidió a sus hinchas que fútbol”, en “qué querés que haga”, en “mejor no me meto”. Romero se
no cantaran una letra llena de xenofobia. Recibió una ovación. Un plantó ante una multitud y le dijo que eso no era folclore ni aliento: era
periodista de El Gráfico toma posición al respecto. un brutal acto de xenofobia,
Anoche, cerca del final del primer tiempo del partido contra Bolívar, discriminación, injusticia.
algunos hinchas de Racing comenzaron una tradicional canción: “Son Algunos pocos hinchas
todos bolivianos, paraguayos, que sólo sirven para botonear…”. siguieron cantando la
misma estupidez. La
Iba dirigida a los hinchas de Boca, próximo rival, pero ellos no estaban mayoría lo cambió por un
en el estadio. Sí había centenas de hinchas del Bolívar, que tuvieron “Romeeeero,
que sufrir una vez más la xenofobia que los obliga a vivir en Romeeeero…”.
condiciones precarias en la Argentina.
Goles hay todos los días y seguirá habiendo. Aunque Racing haya
Y había alguien más en el estadio: Oscar Romero. Racing ganaba y el goleado, lo más importante de la noche aconteció en ese instante
paraguayo la estaba rompiendo. Pero, cuando escuchó esa canción, escondido, en ese ratito que, probablemente, muchos hinchas ni
se le apagó la fiesta. Respiró hondo, miró a la tribuna popular y le hizo siquiera hayan notado. Por primera vez, un futbolista prefirió la dignidad
que no con los dedos. Que no, que no cantaran eso. Se puso el índice a la demagogia en pleno partido, con 30.000 personas mirándolo.
en los labios y pidió silencio.
El problema no es con Romero, uno de los paraguayos mejor tratados
Por fin alguien se animó. Lo hizo Oscar Romero, un pibe de 23 años en la Argentina: los hinchas de Racing son capaces de cocinarle su
que no tiene la espalda ni la idolatría de Milito o Lisandro López. Que comida favorita a cambio de un autógrafo. El problema son los miles de
sabía que, con su reacción, podía ponerse a la hinchada en contra, paraguayos (y bolivianos) que han sufrido y sufren una de las más
generar un conflicto, arriesgar su altísimo contrato en un club grande. abyectas formas de discriminación: la xenofobia. Y no son casos
aislados, de ninguna manera: anoche, en la platea de Racing, algunos
imbéciles insultaban a los hinchas del Bolívar por su lugar de
nacimiento.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Para peor, la injusticia es doble. No sólo invoca la idea de que una vamos a ser cómplices de legitimar uno de los mayores horrores: la
raza, religión o nacionalidad es superior a otra, argumento que utilizó, xenofobia.
por ejemplo, Adolf Hitler. Sino que la agresión es contra un país cuya
devastación y sufrimiento fue, en buena parte, culpa de gobernantes Faltará una pata más para que la valentía de Romero tenga premio.
argentinos. Argentinos, brasileños y uruguayos, que entre 1864 y 1870 Parece utópico, pero también parecía utópico que un futbolista hiciera lo
armaron un ejército que masacró a 300.000 de los 450.000 paraguayos que él hizo. Lo que falta es que los hinchas de Racing, que tantas
y paraguayas. Asesinaron brutalmente a dos tercios de la población, muestras de grandeza han dado en el pasado, den un paso adelante en
incluyendo niños. Después de esa Guerra de la Triple Alianza, por cada los futuros partidos contra Boca y se dediquen a cantar el resto de su
diez mujeres, en Paraguay quedaba apenas un hombre. repertorio. Pero esa no. Esa canción no. Basta de oprimir a bolivianos y
paraguayos. Ya los humillamos bastante.
Aunque parezca algo lejano, 146 años después, Paraguay no termina
de recuperarse de esa masacre. El resultado son graves problemas Si sucede, si anoche se dio el primer paso para un pequeño cambio
productivos y sociales, entre ellas un poderoso machismo que se social, si los hinchas de Racing deciden borrar esa canción espantosa
consolidó a partir de esa guerra, cuando se admitió la poligamia (se para siempre, no será una simple muestra de respeto hacia su jugador,
aceptó que un hombre tuviera varias parejas) ante el bajísimo número un paraguayo de 23 años que lleva la 10 en la espalda. Será un acto de
de hombres que habían sobrevivido. justicia.
Quizás Oscar Romero no lo sepa, pero parte de los sufrimientos que Fuente: elgrafico.com.ar/por Martín Estévez
padeció están relacionados con aquella guerra lejana. La falta de link:
dinero; la obligación de su madre de trabajar doce horas diarias; e http://www.elgrafico.com.ar/2016/02/25/C9106-
incluso la ausencia de su padre, que lo abandonó antes de que naciera, son-todos-bolivianos-paraguayos-
son consecuencias del lugar en el que la Guerra de la Triple Alianza romerotambien.php
puso a Paraguay. Una guerra que continúa en cada “cancioncita
inocente” que impulsa lo peor del nacionalismo.
ENFOQUE – Sábado 29/11/08
Alguien tenía que ser valiente y hacerlo, y lo hizo Oscar Romero. Desde
nuestro lugar de periodistas podríamos dejar todo en una simple
anécdota, transformarnos, con nuestro silencio, también en cómplices.
VEROSÍMIL
Por JOSE LUIS DE DIEGO ESPECIAL PARA EL DIA
(Muchos periodistas, no seamos ingenuos, están de acuerdo con la
existencia de nacionalidades “superiores”). Pero aquí está este texto,
En la "Poética" de Aristóteles, un texto del siglo IV antes de Cristo, el filósofo afirma,
para sumarse a los gestos de Oscar Romero y decir también: no, no con relación a la literatura: "Deben preferirse las cosas imposibles, pero verosímiles, a las
estamos de acuerdo. No, no compartimos la discriminación. No, no cosas posibles, pero no convincentes". Y más adelante insiste: "Con respecto a la poesía es
preferible algo imposible, pero creíble, que algo posible, pero no creíble". En la Historia,
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
deben prevalecer los hechos verdaderos, aunque resulten poco creíbles; en la literatura, para decepcionarse cuando no se cumplen, como el pibe que devuelve con mala cara la
los hechos verosímiles, aunque no sean verdaderos. Suele afirmarse que un hecho película de acción que alquiló porque "hay pocos tiros".
verosímil es el que tiene apariencia de verdadero. Pero, ¿a qué patrón o modelo debe
adecuarse un hecho si quiere resultar verosímil? Para contestar a esta pregunta, hay una EL GRAN PEZ
respuesta clásica que no me convence: debe parecerse a la realidad, debe tener la Hace algunos años, un estudiante del secundario me dijo que le habían dado para leer
apariencia de algo real. una canto de la "Eneida" de Virgilio y "La señorita Cora", el cuento de Julio Cortázar. Pensé
Trataré de argumentar por qué no me convence esa respuesta. que el cuento de Cortázar le iba a gustar, porque su argumento estaba muy cerca de la
Todos sabemos que en lo que solemos llamar la realidad existen muchos crímenes sin experiencia de un adolescente, y que la "Eneida" lo iba a aburrir soberanamente. Me
resolver; seguramente son más que los que se resuelven mediante la identificación y equivoqué: lo apasionaron las aventuras de Eneas y no le gustó el cuento. Otra vez, pudo
arresto del asesino. Pero supongamos que vemos una película policial o leemos una novela más el género que el parecido con la realidad. ¿Qué tiene que ver con lo que llamamos
policial en la que el crimen queda sin resolver: la decepción sería grande. Y eso no es realidad el derrotero del Dante, de la mano de Virgilio, por los círculos del Infierno? ¿Qué,
porque no tenga apariencia de realidad. No conozco ningún caso, en eso que llamamos la el monólogo de un príncipe desquiciado ante una calavera? ¿Qué, algunas de las aventuras
realidad, en que un tipo joven con plata se haya enamorado y casado con su empleada de un hidalgo alienado y terco y un escudero bruto? ¿Qué, la absurda historia de Gregor
doméstica. No sabemos entonces por qué ese hecho ocurre con tanta frecuencia en Samsa, quien una mañana, después de una noche de pesadillas, se despierta convertido en
novelas, telenovelas y películas si es que, como se nos dice, deben parecerse a la realidad un bicho?
para resultar verosímiles. Son muchísimos más, lamentablemente, los jóvenes que no Supongamos que usted va caminando y, en un baldío, ve unos bloques grandes de
pueden salir de la miseria y la marginalidad para triunfar, por ejemplo, en el deporte. En el hormigón. Y supongamos que un niño le pregunta qué es eso. Usted puede contestarle que
cine, por el contrario, son más los segundos que los primeros. Y le creemos. Algo similar son unos bloques que se utilizan para la construcción de edificios, o bien puede decirle que
ocurre con el llamado género gótico o de terror. Para varios de los amantes del género, la en el baldío vive un gigante que juega con ellos al Rasti. Parece evidente que la primera
muy promocionada película "Blair Witch Project" resultó un fiasco. Probablemente, porque respuesta se acerca más a la verdad y la segunda a la literatura. Porque la literatura no
esperaban que de la oscuridad profunda de ese bosque apareciera un monstruo que necesita parecerse a la realidad para hablarnos de los enigmas del mundo y de los avatares
justificara al género, cosa que no ocurre. Casi desde sus orígenes, la comedia ha resultado de la condición humana. Sus historias son verosímiles, aunque sabemos que no son reales,
más divertida cuanto más enredada y disparatada es su trama; nadie reclama que una y a veces no podrían serlo. De esto se da cuenta el hijo, empresario y pragmático, de "El
comedia, para hacer reír, deba semejarse a la realidad. Refiriéndose a su "Poema gran pez" (2003), la magnífica película de Tim Burton. Y cuando se da cuenta, acepta a su
conjetural", Borges dice: "Aunque desde luego, sea del todo inverosímil, porque esos padre moribundo tal como ha sido y como es, un hombre cuya historia es inescindible de
últimos momentos de Laprida, perseguido por quienes iban a matarlo, tienen que haber los relatos que la refieren. Cuando, en la película, el Dr. Bennett narra al hijo la verdadera
sido menos racionales: más fragmentarios, más casuales (...). Creo que si hubiera sido un historia de su nacimiento, agrega, al final, que él prefiere la otra historia, la de su padre, en
poema realista, (...), el poema habría perdido mucho; y mejor que sea falso, es decir, que la que justo en el día que nace su hijo, pesca el gran pez; quizás no sea verdadera pero,
sea literario". viniendo de su padre, es verosímil. Y, como la del gigante del baldío, necesaria.
Los ejemplos podrían seguir. En suma: no le creemos más al arte cuanto más se parece
a la realidad; en arte, los hechos representados son más verosímiles cuanto más respetan
las leyes de los géneros. Podría pensarse que para conocer las leyes de los géneros El sentimiento de lo fantástico*
deberíamos ser especialistas en literatura. No es cierto. Así como podemos hablar JULIO CORTÁZAR
gramaticalmente sin conocer las reglas de la gramática, también podemos tener conciencia
de los géneros sin ser expertos en ellos. Cualquiera está preparado para reconocerlos, y
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
(...) he pensado que me gustaría hablarles concretamente de literatura, de una forma cada paso, vuelvo a decirlo, en cualquier momento y consiste sobre todo en el hecho de
de literatura: el cuento fantástico. que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra
Yo he escrito una cantidad probablemente excesiva de cuentos, de los cuales la inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizado se ve
inmensa mayoría son cuentos de tipo fantástico. El problema, como siempre, está en saber bruscamente sacudido, como conmovido, por una especie de, de viento interior, que los
qué es lo fantástico. Es inútil ir al diccionario, yo no me molestaría en hacerlo, habrá una desplaza y que los hace cambiar (…)
definición, que será aparentemente impecable, pero una vez que la hayamos leído los Lo fantástico y lo misterioso no son solamente las grandes imaginaciones del cine, de la
elementos imponderables de lo fantástico, tanto en la literatura como en la realidad, se literatura, los cuentos y las novelas. Está presente en nosotros mismos, en eso que es
escaparán de esa definición. nuestra psiquis y que ni la ciencia, ni la filosofía consiguen explicar más que de una manera
Ya no sé quién dijo, una vez, hablando de la posible definición de la poesía, que la primaria y rudimentaria. (…)
poesía es eso que se queda afuera, cuando hemos terminado de definir la poesía. Creo que Ahora bien, si de ahí, ya en una forma un poco más concreta, nos pasamos a la
esa misma definición podría aplicarse a lo fantástico, de modo que, en vez de buscar una literatura, yo creo que ustedes están en general de acuerdo que el cuento, como género
definición preceptiva de lo que es lo fantástico, en la literatura o fuera de ella, yo pienso literario, es un poco la casa, la habitación de lo fantástico. Hay novelas con elementos
que es mejor que cada uno de ustedes, como lo hago yo mismo, consulte su propio mundo fantásticos, pero son siempre un tanto subsidiarios, el cuento en cambio, como un
interior, sus propias vivencias, y se plantee personalmente el problema de esas fenómeno bastante inexplicable, en todo caso para mí, le ofrece una casa a lo fantástico; lo
situaciones, de esas irrupciones, de esas llamadas coincidencias en que de golpe nuestra fantástico encuentra la posibilidad de instalarse en un cuento y eso quedó demostrado
inteligencia y nuestra sensibilidad tienen la impresión de que las leyes, a que obedecemos para siempre en la obra de un hombre que es el creador del cuento moderno y que se
habitualmente, no se cumplen del todo o se están cumpliendo de una manera parcial, o llamó Edgar Allan Poe. A partir del día en que Poe escribió la serie genial de su cuento
están dando su lugar a una excepción. fantástico, esa casa de lo fantástico, que es el cuento, se multiplicó en las literaturas de
Ese sentimiento de lo fantástico, como me gusta llamarle, porque creo que es sobre todo el mundo y además sucedió una cosa muy curiosa y es que América Latina, que no
todo un sentimiento e incluso un poco visceral, ese sentimiento me acompaña a mí desde parecía particularmente preparada para el cuento fantástico, ha resultado ser una de las
el comienzo de mi vida, desde muy pequeño, antes, mucho antes de comenzar a escribir, zonas culturales del planeta, donde el cuento fantástico ha alcanzado sus exponentes,
me negué a aceptar la realidad tal como pretendían imponérmela y explicármela mis algunos de sus exponentes más altos. (…) mientras que, en América Latina, sobre todo en
padres y mis maestros. Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que algunos países del cono sur: en el Uruguay, en la Argentina... ha habido esa presencia de lo
entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por fantástico que los escritores han traducido a través del cuento. Cómo es posible que en un
los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con plazo de treinta años el Uruguay y la Argentina hayan dado tres de los mayores cuentistas
leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia de literatura fantástica de la literatura moderna. Estoy naturalmente citando a Horacio
razonante. Quiroga, a Jorge Luis Borges y al uruguayo Felisberto Hernández, todavía, injustamente,
Ese sentimiento, que creo que se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos mucho menos conocido.
calificarlo de extrañamiento; en cualquier momento les puede suceder a ustedes, les habrá En la literatura lo fantástico encuentra su vehículo y su casa natural en el cuento y
sucedido, a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que podemos calificar de entonces, a mí personalmente no me sorprende, que habiendo vivido siempre con la
prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay sensación de que entre lo fantástico y lo real no había límites precisos, cuando empecé a
como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí, donde una sensibilidad preparada escribir cuentos ellos fueran de una manera casi natural, yo diría casi fatal, cuentos
a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, fantásticos.
lo que podemos llamar lo fantástico. Eso no es ninguna cosa excepcional, para gente
dotada de sensibilidad para lo fantástico, ese sentimiento, ese extrañamiento, está ahí, a * Conferencia dictada en la U.C.A.B.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Jaime Rest, Conceptos de literatura moderna, Buenos tanto que el relato detectivesco conoció su plenitud en el período intermedio
entre las dos guerras mundiales; en cambio, la ciencia ficción, si bien ya había sido
Aires, CEAL, 1991.
anticipada por H. G. Wells desde la década de 1890, sólo ha ido adquiriendo
CIENCIA FICCIÓN proporciones significativas en los últimos años, como resultado de las
revolucionarias aplicaciones que popularizaron los descubrimientos de la física
Si admitimos, como lo hacen algunos especialistas en la materia, que la ciencia atómica. Hasta cierto punto, algunos comentaristas opinan que la ciencia ficción
ficción se inicia con el Frankestein de Mary Shelley, cabe entonces juzgar que esta ocupa en nuestro tiempo un lugar análogo al que poseía la invención mítica
especie narrativa está íntimamente vinculada al cuento fantástico moderno y a la primitiva: nos permite asimilar por medio de metáforas adecuadas la experiencia
novela detectivesca. Surge, como ellos, en la primera mitad del siglo XIX, en virtud alienadora que tienen ciertos fenómenos –naturales o artificiales- cuyo significado
de la división que sufre la "novela gótica" y es, a semejanza de ellos, un intento de y alcance sobrepasan y anonadan al hombre común, dotado de conocimientos
superar dialécticamente por medio de la imaginación uno de los principales que resultan insuficientes para comprender o interpretar acontecimientos
conflictos ideológicos que se originan en dicho período: el enfrentamiento entre científicos que parecen insólitos, que tienen efectos deshumanizadores y que
el racionalismo secularista heredado de la Ilustración filosófica y el irracionalismo desencadenan -o se supone que pueden llegar a desencadenar- procesos de
sobrenaturalista -de estirpe medieval- que reaparece como consecuencia de la consecuencias imprevisibles para la perduración de la vida o el desarrollo de la
óptica romántica. Cada una de las formas narrativas mencionadas pretende cultura y la sociedad, según la concepción de éstas que ha tenido vigencia hasta el
resolver este problema mediante una solución particular, que en todos los casos presente. Por lo tanto, la ciencia ficción, que en su origen fue una especie a la que
se basa en la conveniente articulación entre lo misterioso y lo racional. El cuento se imputó marginalidad, hoy día cuenta con autores que la han convertido en
fantástico propone una salida ambigua que consiste en dejar que el misterio vehículo de especulaciones metafísicas o morales de notable significación para
quede circundado de vaguedad, como para que nunca pueda decidirse si el hecho nuestra época. Los tipos principales de la anécdota de ciencia ficción pueden
insólito es un efectivo síntoma del orden sobrenatural o meramente un indicio de reducirse a tres: 1) la inventiva humana pone en funcionamiento mecanismos que
locura u onirismo. El relato detectivesco propone un misterio insuperable para finalmente escapan al dominio del hombre; 2) seres inteligentes no humanos se
todos, salvo para la inteligencia privilegiada de un investigador capaz de resolver introducen en el mundo del hombre; 3) fenómenos naturales imprevistos alteran
todo con absoluta racionalidad. Por su parte, la ciencia ficción suele referir la situación del hombre en la tierra o amenazan la subsistencia de las especies
acontecimientos insólitos pero trata de otorgarles verosimilitud con el concurso vivientes. En consecuencia, cabe agregar que, así como las formas tradicionales
de los hallazgos sorprendentes que se han producido en el campo científico de la narrativa de ficción sirvieron para examinar el destino humano en el ámbito
durante los últimos tiempos. Sea como fuere, más que en los datos científicos conocido de la sociedad de su tiempo, la ciencia ficción explora las condiciones de
específicos, este tipo de narración tiene su base de sustentación en la atmósfera la existencia humana actual, perturbada por las acechanzas de factores
que ha creado el avance tecnológico, con sus viajes espaciales, experimentos de imprevistos, desconocidos o amenazadores que están ligados a la atmósfera
computación, trasplantes de órganos humanos, procedimientos para el dominio psicológica de un sorprendente adelanto de la ciencia y de la técnica.
psicológico de individuos o comunidades y para el "lavado de cerebros", a lo cual
se suman variadas hipótesis sobre la naturaleza maleable del espacio y del tiempo
TEMAS RECURRENTES DE LA CIENCIA FICCIÓN
o sobre distintos fenómenos astronómicos, meteorológicos y ecológicos. De
manera general, el cuento fantástico alcanzó su apogeo entre 1880 y 1914, en
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
¿Qué elementos de las siguientes películas hacen que pertenezcan al género • Ecología: los equilibrios ecológicos se ven seriamente dañados ante
ciencia ficción? las difíciles circunstancias por las que atraviesan las sociedades del
futuro.
1. Yo, robot
• Explosión demográfica: un importante aumento, alarmante en
2. La guerra de los mundos realidad, de los seres humanos, crea serios problemas para la
3. Volver al futuro alimentación mundial.
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
La siguiente es una definición de DISTOPÍA esbozada por Jacobo Cruces Colado. INDICACIONES PARA RESUMIR CUENTOS
1) Leer (y releer) el cuento subrayando los personajes, los eventos importantes,
«Distopía es el término comúnmente usado como antónimo de utopía y, aunque formas de expresión que te resulten curiosas o significativas. A continuación se
al igual que en la utopía se refleja una sociedad hipotética distinta a la nuestra, lo encuentran explicados algunos de estos elementos importantes:
hace con una concepción negativa. El concepto de utopía implica una sociedad,
gobierno o proyecto halagüeños, aunque irrealizables; en una distopía, por el
Tipo de narrador Si cuenta la historia de un personaje y sabe todo de ella
contrario, la vieja frase de la ciencia ficción 'esto es lo que podría ser' constituye la (omnisciente)
base de la visión de un mundo peor que el nuestro. Si emplea verbos en 1ª persona (narrador en primera
Los ejemplos de distopías son invariablemente conceptos de sociedades futuras persona)
(una sociedad con una historia distinta a la nuestra, con eventos históricos Si emplea verbos en 3ª persona (narrador en tercera
distintos, sería una ucronía, ya sea buena o mala), y contienen normalmente un persona)
fin didáctico, el de mostrar hacia dónde se dirigen los pasos del hombre si la Personajes Puede haber un personaje o muchos. En un resumen se
situación no se remedia. En muchas ocasiones este fin didáctico se alcanza a anotan solo los principales o que cumplen un rol importante
través de la sátira. Las distopías comenzaron a proliferar a finales del siglo XIX, y Protagonista en los eventos.
han continuado hasta nuestros días. Expresan miedo: el miedo a la aparición de Entre los personajes uno o dos se destacan pues en ellos está
una sociedad gobernada por una élite dirigente que aplasta al individuo, de una u centrada la historia que se cuenta.
otra manera, y protestan contra diversos sistemas políticos o sociales: socialismo, Eventos de la Presentación del personaje.
comunismo, capitalismo, fascismo, feminismo, gobierno secular, tiranía religiosa, historia contada Presentación del problema al que se enfrenta.
antiecologismo, etcétera». (se cuentan Desarrollo del problema (a veces llamado nudo).
cronológicamente) Resolución del problema.
Tiempo Es la época en que se realiza la historia (tiempo externo) o la
duración de la misma (tiempo interno)
Espacio Es el lugar donde se desarrollan los hechos.
En este (género: novela, cuento fantástico, etc.), titulado (título) del autor
(nombre del autor) un narrador (tipo de narrador) nos cuenta la historia de
(protagonista), que tras X, X y X evento( aquí ordenar cronológicamente lo que
sucedió), terminó de X manera (desenlace).
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Prácticas del lenguaje ‒ Tercer año – San Miguel
Si el cuento es muy largo, podés completar con un poco más de detalle así:
97
17Nivel: Área: LenguaPolimodalN a rrativa. Cuento
CONTENIDO: LITERATURA LOS CUENTOS FANTÁSTICOS
1. Los cuentos modernos suelen clasificarse en géneros, de acuerdo con los temas y recursos que
presentan; algunos de estos géneros son: maravilloso, de ciencia ficción, policial, fantástico, de
suspenso. ¿Conocen cuentos, novelas o películas que correspondan a estos géneros?
2. Lean los siguientes fragmentos, donde algunos especialistas sobre la literatura caracterizan al
género fantástico. Contesten las preguntas correspondientes a cada uno.
• En el cuento “La soga” de • ¿A cuál de estas especies corres - pondería el
Silvina Ocampo que aparece en cuento “La soga”?
la actividad denominada Un
Llamo obras fantásticas a aquellas que ofrecen
cuento fantástico, ¿qué
simultáneamente acontecimientos que se adjudican:
acontecimientos corre s p o
unos al campo de lo no r ma l y otros a lo de lo an o r
nden a uno y a otro campo?
ma l [. . . ]
Pero no basta con tener en cuenta lo narrado, hay
• ¿A quién/es suscita problemas que contar con el modo de presentarlo. El relato
la situación relatada en el puede presentar esa convivencia de hechos normales
cuento de Silvina Ocampo? y anormales como pr ob l e m á t i c a o como no pro-
blemática: en el primer caso tendremos la literatura
fantástica, en el segundo algunas formas de lo
maravilloso; por ejemplo, los cuentos de hadas [...]
Por problemática entiendo suscitadora de problemas,
conflictiva para el lector (y a veces también para los
personajes); de ninguna manera quiero decir dudosa
o insegura en cuanto al juicio sobre la naturaleza de
los hechos.
Ana María Barrenechea,
“Ensayo de una tipología de la literatura fantástica”, en
Textos hispanoamericanos, Venezuela-Argentina, Monte
• ¿Qué quiere decir “objetividad Ávila, 1978.
sobrenatural?”
4. A partir de este rastreo y de las preguntas que ya respondieron, escriban un breve texto en el que
justifiquen por qué el cuento “La soga” es un cuento fantástico. Recuerden que deben caracterizar el
género y luego ver cómo las características que señalaron aparecen en el cuento.
Cuando mi padre quería desacreditar algo que veía en la televisión, solía apostrofar: “es pura fantasía”. En la
conciencia de muchos sigue latiendo el concepto de que lo fantástico no entraña nada bueno. Algunos
pensadores muy serios lo descalifican presentándolo como un producto de mera evasión, entre cuyos rasgos
más salientes no dudan en situar la falta de compromiso.
Sin embargo, entre los repliegues fantásticos de su discurso muchos artefactos culturales han colado oblicuas,
sugestivas y potentes referencias a la realidad.
Existen miles de ejemplos en los que las entrelíneas resultaron más elocuentes que un texto explícito. Tomemos
uno. Era la mitad del siglo XX y mientras la industria audiovisual norteamericana pagaba las consecuencias de la
Guerra Fría con una mortificante restricción de sus agendas temáticas, el talentoso Rod Serling se dedicó a
sacudir conciencias a través de una serie que se volvería objeto de culto La dimensión desconocida. Frente al
control de contenidos dispuesto por el macartismo, ese producto televisivo semanal de treinta minutos dejó en
evidencia que la censura es estéril ante la inteligencia. Serling había descubierto que podía perforar la mordaza y
exponer libremente sus pensamientos si los ponía en boca de personajes de fantasía, colocados en contextos y
situaciones imaginarios. Si la realidad es inabordable –parece haber pensado–, la alcanzaremos a través de la
fantasía. En el trayecto fue ocupándose de asuntos tan reales como los prejuicios, los miedos, los totalitarismos, la
intolerancia. Y lo hizo desde la misma (aparente) erosión de la realidad. La ecuación de La dimensión desconocida
sostenía que las cosas que no pueden ser dichas por un republicano o un demócrata bien pueden ser expresadas
por un marciano.
En la teleserie de Serling hubo capítulos pertenecientes al género fantástico y otros que adscribían a la ciencia
ficción. No son categorías similares, como lo han señalado varios autores, de Todorov hacia aquí. Tampoco lo son
los relatos maravillosos, sobrenaturales o extraños, por mencionar parte de una tipología que, sin que se nos
escapen las diferencias, compendiamos bajo la nomenclatura general de “fantástico”.
En el ejercicio de la libertad creadora, el arte fantástico sugiere otros mundos, cambia las respuestas que daría la
realidad y pone al público ante la situación de que, aun cuando acabe rechazando la propuesta, se sienta
convidado a considerarla aunque sea fugazmente.
Hace ya más de cuarenta años, cuando escribía El espíritu del tiempo, Edgar Morin sostenía que el sincretismo
debía ser el punto de unión entre información y ficción. Esa conciliación, planteaba el teórico francés, no debía
olvidar ni a la ciencia ni a la poesía o el cine, y debía enraizarse siempre en una exigencia de inteligencia y
sensibilidad.
Nada mejor que la fantasía para obtener esa armónica integración y posibilitarnos el disfrute estético. Pero
también para desarrollar nuestra imaginación y combatir los dogmas observando la realidad bajo otro prisma.
Este ideario preside la convocatoria a las Jornadas sobre lo fantástico en los artefactos culturales, que se llevarán
a cabo del 7 al 9 de octubre próximos en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad
Nacional del Comahue. En análisis se encontrarán productos audiovisuales, sonoros, gráficos, literarios,
plásticos y de la historieta, entre otros. Los interesados pueden obtener más información en el sitio
www.fantasiayartefactos.blogspot.com
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VERBOS
Según el criterio semántico, el verbo es la clase de palabras que indica acciones, procesos o estados.
Morfológicamente, varía en modo, tiempo, aspecto, número y persona. En español existen tres modos verbales, con los
cuales el emisor puede expresar diferentes actitudes respecto de su mensaje.
El tiempo de los verbos se organiza a partir del presente, que corresponde al momento de la emisión. Así, el pretérito
expresa anterioridad y el futuro, posterioridad. Mediante el aspecto, el emisor puede mostrar si considera la acción, el
proceso o el estado como puntual (aspecto perfectivo) o si no interesa cuándo comienza y cuándo termina (aspecto
imperfectivo). Para producir textos, es importante considerar estas relaciones temporales y aspectuales para que el
tiempo del mensaje esté expresado con precisión.
imperfecto Hecho que dura o es habitual en el pasado. Lo conocí cuando estaba en Salta.
anterior
Hecho inmediatamente anterior a otro Leyó el libro no bien lo hubo
concluido. recibido.
FUTURO
simple Hecho que ocurrirá posteriormente. Viajarán mañana.
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Prácticas del lenguaje – Manuela López Corral
CONDICIONAL simple
Hecho futuro en el pasado o posible en el Dijeron que me llamarían. Pero, aun
futuro. si lo hicieran, no volvería.
compuesto
Hecho futuro, anterior a otro también Si hubiera querido avisar, habría
futuro en el pasado. llamado.
OD
OI
circunstanciales
predicativos
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