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Introducción a la Ética y su Evolución

La ética estudia la moral y la acción humana desde los orígenes de la filosofía en Grecia. El documento analiza conceptos como ética, moral y doctrinas éticas. También describe la evolución de la ética desde los primeros humanos hasta las civilizaciones antiguas en Grecia.
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Introducción a la Ética y su Evolución

La ética estudia la moral y la acción humana desde los orígenes de la filosofía en Grecia. El documento analiza conceptos como ética, moral y doctrinas éticas. También describe la evolución de la ética desde los primeros humanos hasta las civilizaciones antiguas en Grecia.
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Introducción

La ética (del griego antiguo ἠθıkή [φıλοσοφíα] "filosofía moral", del adjetivo de ἤθος
êthos "costumbre, hábito") proviene del griego "ethikos" cuyo significado es
"carácter". Ella tiene como objeto de estudio la moral y la acción humana. Su estudio
se remonta a los orígenes de la filosofía moral en la Grecia clásica y su desarrollo
histórico ha sido diverso.

Conviene diferenciar, no obstante, entre los términos ética y moral: aunque en el


habla común suelen ser tomados como sinónimos, se prefiere el empleo del vocablo
moral para designar el conjunto de valores, normas y costumbres de un individuo o
grupo humano determinado. Se reserva la palabra ética, en cambio, para aludir al
intento racional (vale decir, filosófico) de fundamentar la moral entendida en cuanto
fenómeno de la moralidad o êthos (“carácter, manera de ser”). En otras palabras: la
ética es una tematización del êthos, es el poner en cuestión los postulados sobre
los cuales se basa la acción moral, con esta crítica se logra que estos preceptos
sean más adecuados a un determinado proyecto de sociedad.

Una doctrina ética elabora y verifica afirmaciones o juicios. Esta sentencia ética,
juicio moral o declaración normativa es una afirmación que contendrá términos tales
como “malo”, “bueno”, “correcto”, “incorrecto”, “obligatorio”, “permitido”, etc., referido
a una acción o decisión. Cuando se emplean sentencias éticas se está valorando
moralmente a personas, situaciones, cosas o acciones. De este modo, se están
estableciendo juicios morales cuando, por ejemplo, se dice: "Ese político es
corrupto", "Ese hombre es impresentable", "Su presencia es loable", etc. En estas
declaraciones aparecen los términos “corrupto”, “impresentable” y “loable” que
implican valoraciones de tipo moral.
La ética puede definirse como la ciencia normativa de la rectitud de los actos
humanos según principios últimos y racionales. La ética estudia la moral y
determina qué es lo bueno y, desde este punto de vista, cómo se debe actuar. Es
decir, es la teoría o la ciencia del comportamiento moral.

En el ámbito conceptual de la ética, tenemos un círculo correlacionado entre êthos


- hábitos - actos. En efecto si êthos es el carácter adquirido por hábito, y hábito,
nace por repetición de los actos iguales, êthos es a través del hábito "fuente de los
actos" ya que será el carácter, obtenido (o que llegamos a poseer - héxis) por la
repetición de actos iguales convertidos de hábito, aquel que acuñamos en el alma.

El concepto ética en este libro se analizará desde el punto de vista de Fagothey


(1991) que establece que ésta “es el conocimiento de lo que está bien y de lo que
está mal en la conducta humana”. A diario se enjuicia moralmente un acto y se
afirma que es o no es ético, o sea bueno o malo, si este acto está a favor o en contra
de la naturaleza y dignidad del ser humano.

Según Escobar (1992) “la ética nos ilustra acerca del porqué de la conducta moral
y los problemas que estudia son aquellos que se suscitan todos los días en la vida
cotidiana, en la labor escolar o en la actividad profesional”.

Evolución de la ética

No sabemos casi nada de la vida de los seres primitivos de los comienzos de la


época glacial y de fines del período terciario: lo único que se sabe es que vivían en
pequeñas sociedades y sacaban con gran dificultad de los lagos y de los bosques
los escasos alimentos de que se nutrían, sirviéndose de instrumentos de hueso y
de piedra.

Pero ya en esos períodos el hombre primitivo tuvo que acostumbrarse a identificar


su yo con el nosotros social, elaborándose de este modo las primeras leyes de la
moral. Se acostumbró a concebir su tribu como algo de la cual él mismo constituía
tan sólo una parte, y ciertamente una parte secundaría, puesto que veía toda su
impotencia frente a la naturaleza severa y amenazadora al encontrarse aislado,
fuera de la tribu. Por esta razón se acostumbró, poco a poco, a limitar su propia
voluntad ante la voluntad de los demás, y este hecho constituye ya la base
fundamental de toda moral individual.

En efecto, sabemos que los hombres primitivos de la era glacial y de los comienzos
de la post glacial vivían ya en sociedades; en cavernas, en las hendiduras de las
montañas o debajo de las rocas; que cazaban y pescaban en común sirviéndose de
sus instrumentos primitivos. Ahora bien la convivencia y la colaboración suponen ya
la existencia de ciertas reglas de moral social.

Esta educación del hombre primitivo continuó durante decenas de millares de años
y paralelamente a ella siguió elaborándose el instinto de sociabilidad, que con el
tiempo se hizo más fuerte que todo razonamiento individual. El hombre se
acostumbró a concebir su yo solamente en relación con su grupo. A continuación
veremos la alta significación educativa de este razonamiento.

Ya en el mundo animal constatamos que la voluntad individual se armoniza con la


voluntad de todos. Los animales comunicativos lo aprenden ya a una edad muy
precoz, en sus juegos, en los cuales es preciso someterse a las reglas generales.
Así, por ejemplo, se observa que los animales al jugar no se atacan con los cuernos,
no se muerden unos a otros, no faltan al turno establecido por el juego, etc.

En cuanto a los animales adultos la absorción de la voluntad personal por la social


se nota claramente en muchas ocasiones; los preparativos de los pájaros para las
migraciones de norte a sur y viceversa, los vuelos de ejercicio por las tardes durante
algunos días antes de emprender las grandes migraciones; el acuerdo visible entre
las fieras y los pájaros durante la caza; la defensa de los animales que viven en
rebaño contra los ataques de las bestias feroces; las migraciones de los animales
en general y en fin la vida social de las abejas, avispas, hormigas, de los pájaros,
loros, castores, monos, etc. son otros tantos ejemplos de la sumisión de la voluntad
individual. En ellos se ve claramente la concordancia de la voluntad de los individuos
aislados con la voluntad y las intenciones de la comunidad y esta concordancia se
transforma no tan sólo en costumbre heredada sino también en instinto.

Ciertos naturalistas conocidos hicieron tentativas y experimentos para averiguar si


existen o no ideas morales deliberadas entre los perros, caballos y otros animales
que viven en contacto estrecho con el hombre, y obtuvieron resultados bastante
positivos. Por ejemplo, los hechos que relata Spencer en el segundo volumen de
sus Datos de la Ética conducen sugestivamente a importantes conclusiones. Hay
también numerosos hechos convincentes en la obra de Romanes sobre la
inteligencia en los animales. Pero no vamos a detenernos en ellos puesto que basta
establecer que ya en las sociedades animales, y con más razón aun en las
humanas, se elaboran inevitablemente, gracias a la fuerza de las costumbres de
sociabilidad, conceptos que identifican el yo individual con el nosotros social y a
medida que estos conceptos se transforman en un instinto social el yo individual se
somete al nosotros social.

Pero una vez llegados al convencimiento de que ha existido una identificación


semejante entre el individuo y la sociedad, aunque sólo sea en un grado reducido,
fácil es comprender que, si el instinto social era realmente útil a la Humanidad, su
consolidación y desarrollo en el hombre tenía que producirse forzosamente, ya que
se trataba de un ser que poseía el don de la palabra y la facultad de crear leyendas.
Además este instinto social hubo de servir, más tarde, para el desarrollo de un
instinto moral firme.

Una afirmación de esta naturaleza despertará probablemente ciertas dudas.


Muchos preguntarán: ¿Es posible que la sociabilidad semianimal haya podido dar
lugar a que surgieran doctrinas morales tan elevadas como las de Sócrates, Platón,
Confucio, Buda y Jesucristo sin la intervención de una fuerza sobrenatural?

La Ética tiene que contestar a esta cuestión. Buscar argumentos en la Biología para
demostrar que los organismos microscópicos pudieron, durante decenas de miles
de años, transformarse en organismos más perfeccionados hasta los mamíferos y
el hombre no es suficiente. Por lo tanto la Ética tiene que realizar un trabajo análogo
al que Comte y Spencer llevaron a cabo en la Sociología y al que muchos
investigadores han realizado en la historia del Derecho. Por lo menos la Ética tiene
que indicar cómo las ideas morales pudieron desarrollarse surgiendo de la
sociabilidad propia de los animales superiores y de los salvajes primitivos hasta
alcanzar las doctrinas morales de más elevado idealismo.

Edad antigua

Ética griega: Denominada etapa antropológica de la filosofía griega. Sobresale


Sócrates y los sofistas, quienes rechazan la tradición cosmológica y su interés por
el hombre.

Protágoras: uno de los principales sofistas, con su doctrina relativista manifestó: "el
hombre es la medida de todas las cosas" según él cada persona ve las cosas de
acuerdo a su modo de ser y sentir, nada es verdad, nada es mentira, todo es según
el cristal con que se mire.

Sócrates: (470-399 a.c.) ateniense, quien hace descansar su pensamiento en dos


divisas fundamentales: "conócete a ti mismo" (nosce te ipsum), según él el fin
último del hombre consiste en que cada quien encuentre su vocación, su virtud,
aquello para lo que ha nacido, no hay seres inferiores y que tan digno es el saber
del zapatero como el gobernante. "Sólo sé que nada sé" da importancia a la ética,
exaltando el conocimiento el cual tiene los siguientes rasgos: universal, orientado
hacia el aspecto moral, práctico, quien domina el conocimiento ejecuta el êthos, ya
que es capaz de buscar el bien último del hombre, o sea Dios, por otro lado su
intelecto será más recto y moral, virtuoso y sabio, termina diciendo que “el ocio es
ignorancia y error”.
Platón: (427 - 347 a. c.) Atenas: Platón es la figura central de los tres grandes
pensadores en que se asienta toda la tradición filosófica europea.

La circunstancia de que Sócrates no dejase obra escrita, junto al hecho de que


Aristóteles construyese un sistema opuesto en muchos aspectos al de su maestro,
explican en parte la rotundidad de una afirmación que puede parecer exagerada.

En cualquier caso, es innegable que la obra de Platón, radicalmente novedosa en


su elaboración lógica y literaria, estableció una serie de constantes y problemas que
marcaron el pensamiento occidental más allá de su influencia inmediata, que se
dejaría sentir tanto entre los paganos (el neoplatonismo de Plotino) como en la
teología cristiana, fundamentada en gran medida por San Agustín sobre la filosofía
platónica.

Aristóteles: (384 - 322 a. c.) Macedonia: Manifestó que “la felicidad es un bien
supremo y consiste en el ejercicio interrumpido de una vida activa contemplativa o
teórica, que es superior a la vida de placeres y diferente a la vida política que busca
honores, la felicidad, requiere de otras condiciones como la madurez, los bienes
externos, la libertad personal y la salud”. Destaca que el bien es una virtud que
consiste en hábitos constantes y prudentes, de allí que distingue entre virtudes
éticas (producto del hábito, el carácter, la valentía, la templanza, la mansedumbre,
la libertad, la magnificencia, la veracidad, la reserva o el pudor, etc. Y las virtudes
dianoéticas o intelectuales que son producto de la educación y se adquieren por la
experiencia y el tiempo, gracias a la razón.

Ética Helenístico-Romana

Este período se subdivide en dos a saber:

a) Periodo ético: fines del siglo IV a mediados del siglo I A.C. Comprende el
crecimiento y desarrollo del estoicismo, del escepticismo y del
intelectualismo, así como la lucha interna entre estas corrientes.
b) Periodo religioso: mediados del siglo I A.C. Hasta a fines del siglo III A.C.
En el que se destacan: Epicuro de Samos: (341 o 342 - 270 A.C.) Se le
atribuye escritos sobre la naturaleza, el amor, los dioses, la percepción, las
imágenes, la música, etc. Su ética presenta un eudemonismo (la felicidad
como supremo fin del hombre) hedonismo (identifica el bien con el placer),
considera el placer como el bien que permite alcanzar la felicidad, ultimo bien
del hombre. Clasificó los placeres en: naturales y necesarios (bienestar social
y personal), naturales pero no necesarios (permite variar o elegir entre una
cosa y otra), los placeres ni naturales ni necesarios (los insaciables: la
ambición, la sensualidad, las fuentes del mal), y los placeres corporales o
relativos al alma (la paz interior).
Edad media

Ética Cristiana: sobresale el cristianismo, es la etapa decisiva del pensamiento


humano, por su nueva concepción de hombre y mundo. Sobresale una sola religión
procedente del judaísmo, revelada por DIOS y en consecuencia la única que
pretende encerrar la verdad. Según la ética cristiana, la perfección en la vida radica
en el amor a DIOS, perfección que se logra cumpliendo fielmente la ley Divina.

Las corrientes de pensamiento que sobresale aquí son:

 Cristianismo Primitivo: hace énfasis en las enseñanzas morales de Cristo


(nobleza, sencillez y serena grandeza de Cristo), se fundamenta en la Ley
Mosaica considerado aún como el documento más eficaz que se haya
producida en la historia de la humanidad y que aun regula las relaciones
humanas. También se habla de la ética pastoral cristiana, que consiste en la
práctica de los sacramentos, espíritu de pobreza, la paz, la pureza, la justicia,
el cumplimiento de la voluntad de DIOS.
 La patrística: se da con el crecimiento de los fieles cristianos, surgen las
discusiones sobre los dogmas, que son explicados por los padres de la
iglesia, pensadores teólogos de la época como lo es San Agustín, quien
considera que el alma contiene una normativa divina que debemos seguir por
medio del amor, de allí que surge su imperativo fundamental "ama y haz lo
que quieras".
 La escolástica: época de la madurez cristiana, surgen las escuelas y las
universidades. Entre los destacados está San Anselmo, quien fundamenta
su ética en el saber y dice que "no basta en creer, si no en comprender lo
que se cree". También está, Santo Tomás de Aquino, quien fundamentó su
ética en la Summa Teológica (toca problemas relativos al fin de los valores
morales, a la obligación, a la conciencia) y en su libro tercero contra los
gentiles, manifiesta que el intelecto abre los ojos del alma; por otro lado él
trata las virtudes morales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza, etc.) Las
virtudes advierten sobre la realización del bien.

Edad moderna

Se inicia con el renacimiento (siglo XVI) hasta finales del siglo XVIII y principios del
XIX. Se caracteriza por su antropocentrismo, en todos los campos (política, arte,
ciencia, moral, etc.). Nace el humanismo autónomo y racional con los rasgos de
esta época:

 Lo Social: creación y fortalecimiento de la burguesía, el banquero, el


comerciante, reemplazaron al terrateniente y al eclesiástico y al guerrero.
 Lo Científico: la ciencia reemplaza a la religión y se convierte en el factor
principal de la nueva mentalidad humana.
 Lo Filosófico: se da primacía al uso de la razón.
 Lo Político: se logra crear los estados modernos, fragmentando la sociedad
feudal.
 Lo religioso: la iglesia deja de ser el poder central.

El más destacado es Emmanuel Kant, con la ética formal, que se encuentra


expuesta en tres obras principalmente en la fundamentación metafísica de las
costumbres, la cual está dividida en teoría de las costumbres y teoría del derecho.
No considera lo empírico, sino la razón es una ética estrictamente racional. El
manifiesta que toda significación moral emana de la voluntad y la rectitud de los
propósitos.

Concluye diciendo: "dos cosas llenan el ánimo de admiración, de respeto, siempre


nuevos y crecientes: el cielo estrellado y la ley moral sobre mi"; para él la validez
del acto moral está en la voluntad y no en la acción misma. Es decir en el sujeto y
no en la acción misma, de allí que no hay actos buenos o malos, sino que bueno o
malo es el sujeto que lo ejecuta. Dice: “el hombre no es una cosa, no es algo que
pueda usarse, debe ser considerado en todas las acciones como un fin en sí”.

Edad contemporánea

Es la edad actual: sin límites cronológicos definidos y con un pensamiento en


gestación, donde se destacan algunas corrientes como:

 El Existencialismo: manifiesta que el hombre es lo que él se hace.


 El Anarquismo: dice que toda forma de gobierno y principios religiosos
limitad la libertad natural del individuo.
 El Pragmatismo: resalta al Homo Faber, aquel hombre que está para actuar
más que para teorizar, la acción del hombre es asunto de la ética, el término
Moral abarca la vida del hombre.
 El Marxismo: la moral es el reflejo de las relaciones sociales en desarrollo y
expresada por las clases progresistas, fundamenta los principios comunistas
de la moral de la ayuda mutua, la camaradería.
 El Colectivismo y el neopositivismo: intenta liberar la teoría de la moral del
dominio de la metafísica y concentrarse en el análisis del lenguaje moral, en
los términos de lo recto, lo justo, lo bueno, la obligación etc. Los cuales sólo
pueden ser aprendidos mediante la práctica conjunta.
La ética como ciencia teórica y práctica
Algunas teorías recientes consideran a la ética ciertamente como un estudio
interesante pero que nunca podrá ser catalogado como un conocimiento científico.
En efecto, la ética se ocupa de los juicios de valor, estos juicios han sido calificados
como meras expresiones de preferencia personal y de actitud subjetiva, de modo
que todo estudio objetivo científico de los mismos debería rechazarse como vano.

Estas posturas dan ejemplos de cómo en las matemáticas o en geografía todos los
científicos están siempre de acuerdo en lo fundamental, en cambio las opiniones
nunca serán unánimes en relación al deber ser o la vida buena. Así por ejemplo
algunos aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo
más útil es lograr que los demás vivan para el logro de los propios intereses, otros
consideran que lo único importante en la vida es tener dinero a cualquier costo, otros
argumentan que el dinero sin salud y sin amor y tranquilidad no vale nada, pareciera
que en lo único que se puede estar de acuerdo en torno a la ética es en que nadie
está de acuerdo.

Quienes así se expresan, al negar el carácter científico que le corresponde a la


ética, se encuentran todavía bajo la influencia del modo de pensar del siglo XIX
iniciado por Auguste Comte y conocido como positivismo, el cuál restringe el
conocimiento científico a hechos y relaciones entre hechos. Para el positivismo el
método científico es un método de medición matemática exacta, en tanto que la
virtud y el vicio, al nunca poder ser medidos, no podrá ser ciencia un análisis sobre
las virtudes y vicios en la conducta humana, por otra parte al ser el comportamiento
humano demasiado imprevisible sólo queda a la ética ocuparse de las diferentes
opiniones acerca del deber ser.

La ética ha enfrentado muchos ataques en su historia de 2 500 años. Es razonable,


pues, esperar que sobreviva a los intentos de desacreditarla. Lo primero es
establecer una definición de ciencia para después juzgar si la ética es una ciencia.

Ahora bien, si se define la ciencia de modo que sólo se aplique a las ciencias físicas
y experimentales, entonces la ética no podrá ser una ciencia. Ya en la antigua
Grecia Aristóteles tenía alguna intuición de esta problemática cuando advertía que
la ética no podía ser catalogada como una ciencia exacta. Con todo, aunque no sea
una ciencia exacta, la ética puede designarse como ciencia en el sentido amplioy
filosófico del término.

La palabra ciencia en el sentido de cualquier cuerpo de conocimientos


sistematizados sigue siendo de uso corriente y no cabe duda que la ética bajo este
aspecto es una ciencia. En cuanto a la definición de la ciencia como el conocimiento
cierto de las cosas en sus causas la ética, descubre explica y
demuestra las reglas de la conducta apropiada, y al igual que toda otra ciencia, trata
de establecer sus conclusiones con precisión demostrativa, por tanto, la ética es la
ciencia de lo que debe ser. Por tanto, si se designa a la ética como una ciencia, no
es en el sentido de las ciencias experimentales, sino en el de las ciencias filosóficas.

Ahora lo que conviene es pasar al análisis de cómo la ética es, a la vez, una ciencia
teórica y práctica. Las ciencias son teóricas, si su objeto está en la mera
contemplación de la verdad, y prácticas si se orientan también hacia la acción.
Puesto que la ética tiene por objeto orientar al ser humano en su actuar y vivir como
es debido, es una ciencia práctica y normativa, que se sitúa en algún punto cercano
al de una ciencia puramente teórica.

Es claro que la ética al estudiar el acto humano y las condiciones para que éste sea
un acto moralmente bueno, hace afirmaciones teóricas pero no para quedarse en
una ciencia especulativa y teórica puesto que estas afirmaciones se propone ser
una ciencia normativa de la vida humana. Por otro lado la ética no es una ciencia
puramente práctica que busque soluciones transitorias y válidas para un período de
tiempo sino que el análisis de la ciencia ética profundiza en la esencia de la
naturaleza humana.

Resumiendo, la ética no es una ciencia que busque el conocer por el conocer ni el


hacer por el hacer, la ética es una ciencia del conocer para el hacer, esto quiere
decir que no trata de un conocimiento experimental porque aunque analice el
comportamiento humano señala la normatividad de lo que se debe hacer y lo que
se debe evitar.

Por último cabe mencionar la relación de la ética con la religión, tema que forma
parte de una larga historia de relaciones entre la fe y la razón. La dificultad no se
encuentra tanto del lado de la razón, que empezó a especular mucho antes del
advenimiento de la fe cristiana en la historia. En este sentido la ética filosófica
constituirá un estudio valioso de aquello que la razón humana puede enseñar que
es la vida buena para el hombre y si al mismo tiempo la ética reconoce una
aceptación del conocimiento proveniente de un origen superior no habrá ninguna
polémica entre la ética y la religión, esta actitud no convierte a la ética en una ciencia
dependiente, sino que conserva adecuadamente su autonomía dentro de su propia
esfera, fuera de la cual no debería ostentar pretensión alguna.

La ética como indagación de los principios últimos y racionales

Cuando se habla de que la ética busca la rectitud de los actos humanos, es decir,
que éstos sean conformes con lo bueno, lo bello, lo verdadero, lo santo, etc., es
porque la ética (aun cuando sea una parte práctica de la filosofía) especula sobre
todo aquello que subyace o se oculta detrás de los hechos o las apariencias.

Por eso la ética intenta adherirse a "principios" que expliquen los actos humanos
según un punto de partida, un fundamento o una causa. Este principio u origen de
los actos que trata de determinar la ética es siempre "último y racional", al tratar de
ir hasta las raíces más profundas para alcanzar una mejor interpretación de su
significado. Si un hombre comete un crimen, las leyes y el derecho lo castigarán
porque el acto que realizó está prohibido; en cambio, la ética indagará las causas
psicológicas, políticas, sociales, ideológicas, económicas, religiosas, pasionales e
instintivas que impulsaron ese acto.

Estas razones últimas significan un criterio más amplio para juzgar los actos
humanos a partir de un análisis exhaustivo. Por eso la ética recurre y se relaciona
directamente con otras ramas del conocimiento y de la cultura como la metafísica y
la antropología filosófica, y de manera incidental con la religión, el derecho, la
psicología, la política y la biología, entre otras. Un presupuesto básico de la ética es
que es autónoma (de autós, sí mismo; y de nómos, ley), es decir, que no está
subordinada a lineamientos rígidos y tajantes presentes en otras disciplinas, aunque
pueda tomar de ellas lo que juzgue necesario.

En este sentido, la ética no puede ser heterónoma (de héteros, otro; y de nómos,
ley), es decir, que sigue al pie de la letra las leyes, normas o principios dados por
otros conocimientos, ideologías o religiones. La ética debe darse a sí misma, con
entera libertad, sus propios principios, aunque alguna parte de ellos se hayan
nutrido con otras formas del saber cultural. Podemos destacar las relaciones de
la ética con otros saberes de acuerdo con los siguientes aspectos:

a) Ética y Metafísica: La ética como disciplina filosófica que procura encontrar


principios y normas de carácter universal, debe obtenerlos de la realidad
misma. La ética desciende de las abstracciones generales al orden de lo
concreto y lo práctico. No puede edificarse sobre imaginaciones subjetivas ni
sobre conveniencias meramente individuales y utilitarias, sino que debe
fundarse en la propia realidad del ser.
Cuando Tomás de Aquino refiere que las propiedades del ser son lo bueno,
lo bello y lo verdadero, indica una naturaleza de la realidad a la cual deben
adherirse las acciones humanas. La conducta humana tendrá que ser
igualmente buena, bella y verdadera. La ética, al no poder partir de la nada
para formular sus propuestas, se vincula estrechamente con la "metafísica"
(de metá, más allá; y de fysis, naturaleza, realidad).
La metafísica es el conocimiento de lo que es común y esencial a todo lo
existente, o de los caracteres que todo ser tiene y no puede dejar de tener.
También puede entenderse como la indagación de los fundamentos
permanentes que componen la realidad en medio del cambio.
La metafísica estudia el ser en general y constituye un saber que está más
allá de la experiencia, al abordar temas como la naturaleza de Dios, las
características y el destino del alma humana, así como el origen y fin del
universo. También se utiliza la palabra "ontología" (de óntos, ser; y de lógos,
tratado), para referirse al ser en general, abarcando desde el ser más
excelente hasta los seres más insignificantes, o los seres cuya composición
es de naturaleza espiritual o material.
b) Ética y Antropología Filosófica: Aun cuando la ética no está atada a otras
formas de conocimiento, tampoco es una disciplina aislada y completamente
pura. De esta manera, la ética tiene más afinidades con unas ramas del saber
que con otras. En este caso guarda una proximidad con la "antropología
filosófica" (de ánthropos, ser humano; y de lógos, tratado).
La ética, a la hora de regular la conducta, presupone necesariamente una
concepción del hombre y de la esencia o naturaleza humana. Antes de
elaborar una teoría sobre los actos humanos, debe haber una teoría que
responda a la pregunta qué es el hombre y cuál es el sentido de su existencia.
Por tanto, la ética es una teoría sobre la acción del hombre que lleva implícita
la respuesta a la incógnita de "ser hombre".
La antropología filosófica estudia una serie de problemáticas como la
existencia corpórea del hombre, su dimensión social e histórica, la libertad,
la felicidad, la muerte como misterio fundamental de la existencia y la
inmortalidad personal, entre otros. En este sentido, las posibles respuestas a
esas preguntas, nos llevan a edificar un conjunto de valores éticos, religiosos,
cognoscitivos, estéticos, volitivos, vitales y sociales como fin primordial de
nuestra vida.
c) Ética y Religión: La ética, aun cuando se nutra con otras ramas del
conocimiento, siempre es independiente al emitir sus puntos de vista. En
cambio, existen una serie de morales de índole religiosa que están
subordinadas a determinadas creencias, ritos y tradiciones. La moral
religiosa es el resultado del acatamiento de dogmas de fe (verdades únicas
e inamovibles) y no de una razón que busca probar y cuestionar las cosas.
Por eso se habla de morales religiosas como "moral judía", "moral cristiana",
"moral musulmana", etc., para referirse a un conjunto de comportamientos
consecuentes con lo que la divinidad les ha revelado; mientras que el término
ética se suele utilizar para las morales racionales o filosóficas, como en el
caso de la "ética platónica", la "ética aristotélica", la "ética kantiana", etc.
Tanto la moral religiosa como la moral racional, pueden diferir o coincidir en
sus conclusiones. Lo importante estriba en reconocer que el hombre religioso
cumple con unas reglas que le son dadas por la religión a la que pertenece,
mientras que el hombre que es poseedor de una ética sigue reglas de
conducta que son dadas por su propia razón. En este orden de cosas, la
razón y la fe, a pesar de que son distintas, no son mutuamente excluyentes.
Por tanto, la ética no se cierra a la trascendencia, a la religión y a la fe. Sin
embargo, se permite revisar y cuestionar presupuestos religiosos que no son
consecuentes con un auténtico desarrollo de la naturaleza humana, como
pueden ser formas de culto en donde existan sacrificios humanos,
superstición, intolerancia, fanatismo, enajenación o búsqueda del poder
político y económico usando como mascarada la religión.
d) Ética y Derecho: Estas disciplinas coinciden en su carácter obligatorio y
regulador de las relaciones humanas. Pero una de las diferencias más
ostensibles es que en la ética las obligaciones son internas, pues pertenecen
a la esfera privada del yo, mientras que en el derecho son externas, pues las
obligaciones están dirigidas hacia los otros.
Kant hace la importante distinción entre legalidad y moralidad: la primera son
deberes impuestos por la legislación jurídica y son solamente externos; la
segunda implica una idea universal del deber, que es enteramente interna En
este sentido, hay que distinguir el ámbito externo de la acción coercitiva,
como propio del derecho, y el ámbito interno de la intención o de la
conciencia, como propio de la ética.
La exterioridad del derecho y su naturaleza rigurosamente coercitiva suscitan
un carácter imperfecto e incompleto de la acción legal frente a la acción
moral. Sin embargo, el derecho cuenta con un respaldo institucional y con
estructuras de poder que sancionan la transgresión a la ley; la ética en este
sentido se halla desvalida, pues la observancia de sus principios depende de
la interiorización que cada sujeto libre haga de ellos.
La única sanción es el remordimiento o la necesidad de la conciencia por
resarcir la ruptura de alguna norma moral. Por eso la ética vive en la
intemperie y se realiza al margen del aparato coercitivo de los estados
políticos, cuyo derecho está establecido para que las leyes se cumplan
muchas veces a través de la fuerza y la represión.

Hay que indicar que en esta aparente "debilidad" de la ética, puede radicar su
"fuerza", pues los seres humanos actuamos más efectivamente por convicción,
siguiendo valores éticos aprendidos en la experiencia e inculcados mediante una
buena educación, que por la estricta imposición externa. Así, por ejemplo, si no
botamos basura en lugares públicos y cooperamos por la preservación de la flora y
la fauna, es porque nuestra formación cultural le asigna un valor a lo ecológico y ello
nos mueve a actuar voluntariamente hacia ese fin y no porque la ley lo dicte.

Una inversión educativa de los estados en la ética genera mayor eficacia en el


desarrollo humano y la estabilidad social, que una legislación escrita con letras de
oro. Por eso el derecho debe derivarse de los principios éticos que están fundados
en la naturaleza humana y no ser meramente casuístico. Ahora bien, el objeto
jurídico del Estado es la seguridad de sus miembros, pero esto no se alcanza si las
estructuras políticas carecen de una subordinación al ideal ético de la justicia, que
es no sólo una categoría jurídica, sino también un ideal de perfección moral en el
seno de la comunidad. El derecho no se fundamenta en sí mismo o por sí solo, pues
las normas del derecho sin una base en la vida moral y virtuosa, son enunciados
vacíos.

El carácter normativo de la ética


El carácter normativo de la ética tiene como fundamento un aspecto esencial de la
naturaleza humana, a saber: que el hombre es un ser imperfecto pero
perfectible. Si además de ser imperfectos, fuéramos imperfectibles, no tendríamos
ningún problema moral, al no estar obligados a desarrollar todas nuestras
potencialidades. Por eso los principios éticos tienen una dimensión imperativa, pues
son mandatos u órdenes que nos damos para movernos a la realización de actos
que mejoren nuestra condición humana. Porque somos seres incompletos
buscamos perfeccionarnos y dirigir nuestras acciones hacia lo que debe ser. Este
deber se nos presenta como una necesidad de plenitud, de cristalizar al máximo
todas nuestras capacidades. Por tanto, en la ética el deber se manifiesta como la
conciencia de que no se es, pero que se puede llegar a ser. Por eso se trazan metas
o fines dados por la razón y se ejecutan a través de actos que perfeccionan y
ennoblecen al hombre.

La ética queda plasmada como la exigencia de perfección integral de la naturaleza


humana, lo cual implica la búsqueda de la excelencia como seres individuales,
familiares y sociales. Como ya se ha señalado, muchas veces los fines y deberes
no surgen como fruto de una reflexión propia, sino que son elegidos e impuestos de
antemano por la colectividad. Incluso suelen constituir patrones de conducta que
disminuyen y empobrecen el ser propio del hombre, al limitar todas sus capacidades
sólo a aquellas a las que una determinada época demanda, como puede ser el
"éxito" económico.

El hombre, como animal que habla y piensa, también está supeditado a los apetitos,
sentimientos, emociones, estados de ánimo, prejuicios o acondicionamientos
sociales y psicológicos, que lo inhiben de promocionar su dimensión
específicamente humana. Por eso se hace indispensable que hagamos un análisis
racional y crítico, el cual reexamine los fines y deberes vigentes, ya sea para
eliminarlos, fortalecerlos o crear nuevas posibilidades. Para ello no es suficiente la
razón por sí sola, sino también un coraje y una tenacidad para rectificar formas de
pensamiento y conducta que la mayoría de las personas, por costumbre o por temor
al riesgo y a la soledad, no estarían dispuestas a cambiar
División de la ética
Cuando se habla de la ética como ciencia normativa sobre la rectitud de los actos
humanos según principios últimos y racionales, se trata de una "ética general" que
se mueve principalmente en el campo de la metafísica y la antropología filosófica, y
que intenta explicar cuestiones como la libertad, la naturaleza del bien y del mal, la
virtud y la felicidad, entre otros. Por otra parte, existe la "ética especial" o "ética
aplicada" que pretende llevar a la práctica los fundamentos generales de la ética.
Sin embargo, la ética como tal es una sola y esta clasificación no obedece más que
a fines didácticos.

El terreno donde se concretan estos principios es en el plano individual, familiar y


social. A nivel social la ética puede subdividirse en diversas ramas, como por
ejemplo: "ética internacional", "ética económica" y "ética profesional", entre otras.
En el caso de la ética profesional, puede hablarse de "ética para ciencias de la
salud", "ética para ciencias de la comunicación colectiva", "ética para educación",
etc. Para estos efectos, cabe apreciar la división de la ética según el gráfico
siguiente.

ÉTICA

CA ÉTICA
GEN

Ética
Ética Familiar Ética Social

Ética Ética Ét ca

ÉTICA Ética para


Ética Médica
Fundamentación de la ética
Las categorías básicas que permiten la elaboración de un pensamiento ético son la
Libertad y la Responsabilidad.

La Libertad

La capacidad del hombre de auto determinarse, de asumir la dirección de su vida,


y de ejercer esta capacidad en una acción concreta, lo determina como hombre libre
y en cuanto libre, un sujeto ético. La posibilidad de la autodeterminación introduce
lo ético en lo que se refiere al hombre.

La libertad es la capacidad del ser humano para obrar según su propia voluntad, a
lo largo de su vida y esa libertad lo hace responsable de sus actos. Es una
dimensión meramente humana pues los animales no poseen el razonamiento para
hacerse responsables de sus actos.

Los seres libres son autónomos y responsables de sus actos. La libertad no es la


ausencia de límites sino, es decir, el ser humano que es libre decide establecer sus
propios límites al actuar de manera responsable.

La libertad es un valor indispensable para la Ética, pues le da sentido al estudio de


la moral, en este sentido se puede afirmar que la moral no existe sin libertad. La
libertad es un derecho natural de la persona sin importar sexo, edad, o cualquier
otra diferencia.

Para que haya una acción moral, es necesario que junto a la acción voluntaria
(libertad de voluntad) haya una elección (libertad de elección o libre albedrío). La
libertad por lo tanto, no es una acción física sino una cuestión moral (es intrínseca
a la acción moral) y en el ámbito de la moral no solo hay libertad, sino que, no puede
no haberla.

La libertad moral es la posibilidad de ejercer una acción moral. No consiste solo en


la posibilidad de elegir, sino que en la medida de esa elección, que contribuya al
crecimiento verdadero de la persona. Esa elección no solo se refiere al
enfrentamiento de posibilidades elegibles, sino además, significa una elección sobre
sí misma a favor o en contra del bien o de la verdad. Por lo tanto el referente de la
libertad humana no es la ley sino la verdad, ya que sólo por medio de ésta, se
encuentra la misma libertad. La verdad orienta la libertad, la encamina a su plenitud
y permite la convivencia humana.

Libertad es la facultad de disponer de sí mismo; de obrar (o no obrar) por sí mismo


acciones deliberadas. Estas alcanzan su perfección cuando se realizan en virtud del
bien supremo. Caracteriza los actos propiamente humanos, actos voluntarios y
responsables del autor, es decir, hace al ser humano responsable de los actos de
que es actor voluntario (es propio del hombre actuar deliberadamente).

Libertad humana significa responsabilidad del sujeto (que a su vez supone


libertad). La mayor o menor libertad del sujeto implica mayor o menor
responsabilidad conductual.

El derecho al ejercicio de la libertad es una exigencia inseparable de la dignidad del


hombre. En la medida que la persona hace más el bien, se va también haciendo
más libre.

Hasta que el hombre no llegue a encontrarse definitivamente con su último bien,


que es Dios, la libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y de por
lo tanto crecer en perfección, o de flaquear y de pecar. La libertad hace al hombre
responsable de sus actos en la medida que éstos son voluntarios. El progreso de la
virtud y el conocimiento del bien hacen crecer el dominio de la voluntad.

La Responsabilidad

La responsabilidad significa la ejecución reflexiva de los actos, ponderando las


consecuencias del bien y del mal en cuanto a alcanzar cuotas mayores de
humanización, crecimiento individual y social.

Proviene del latín responsum del verbo responder, se refiere a la habilidad humana
de responder. Ser responsable es ser consciente de que él es causante directo o
indirecto de un hecho. La responsabilidad se considera una virtud humana.

El ser responsable es capaz de cumplir con sus obligaciones pone cuidado y


atención en lo que hace o decide. Es la capacidad que permite asumir un
compromiso y atenerse a sus consecuencias.

La responsabilidad es un valor que está en la conciencia de la persona, que le


permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de sus actos,
siempre en el plano de lo moral.

Las personas que aceptan la vida con mayor responsabilidad tendrán mejores
expectativas de tener éxito. Serán más estables en su trabajo, llegarán a alcanzar
con más claridad sus objetivos, serán felices en lo que hagan y tendrán relaciones
apropiadas con sus semejantes. No se puede hablar de libertad sin hablar de
responsabilidad, pues una persona es libre en la medida que se hace responsable
de sus actos.
En el campo cristiano se estima la ausencia de principios seguros, que garanticen
las relaciones justas entre los hombres, de no ser por la existencia de una verdad
trascendente, por medio de la cual, el hombre conquista su plena libertad. De no
reconocer esta verdad trascendente, triunfa la fuerza del "poder interesado" que no
respeta el derecho de los demás.

Racionalidad ética
La ética es una consecuencia de la razón, ya que dentro de la racionalidad busca
descubrir el significado auténtico de la realidad humana. Sólo la razón da válida
cabida al discurso ético.

De la acción humana, se constatan sentidos que se convierten en fines conseguidos


por previa aceptación de preferencias. Las preferencias éticas son elegidas
racionalmente con imparcialidad y bajo estricta "pureza original". Sólo así se puede
configurar la justicia como imparcialidad racional, criterio por medio del cual se
orienta éticamente la historia humana. Además, la racionalidad ética se concreta en
el principio de responsabilidad.

De lo anterior se deduce que la ética se mueve dentro de la racionalidad crítica


(organizada mediante el diálogo entre las personas), orientada a descubrir el
auténtico significado de la realidad humana. La ética dialógica puede ser la base
para construir y vivir la racionalidad ética en el momento presente.

Ética y moral, desde la etimología


Hemos dicho que la palabra ética proviene del griego êthos y significaba,
primitivamente, estancia, lugar donde se habita. Posteriormente, Aristóteles afinó
este sentido y, a partir de él, significó manera de ser, carácter. Así, la ética era como
una especie de segunda casa o naturaleza; una segunda naturaleza adquirida, no
heredada como lo es la naturaleza biológica. De esta concepción se desprende que
una persona puede moldear, forjar o construir su modo de ser o êthos.

¿Cómo se adquiere o moldea este êthos, esta manera de ser? El hombre la


construye mediante la creación de hábitos, unos hábitos que se alcanzan por
repetición de actos. El êthos o carácter de una persona estaría configurado por un
conjunto de hábitos; y, como si fuera un círculo o una rueda, éste êthos o carácter,
integrado por hábitos, nos lleva en realizar unos determinados actos, unos actos
que provienen de nuestra manera de ser adquirida. Construimos nuestra manera
de ser o êthos.

La palabra moral traduce la expresión latina moralis, que derivaba de mos (en plural
mores) y significaba costumbre. Con la palabra moralis, los romanos recogían el
sentido griego de êthos: las costumbres también se alcanzan a partir de una
repetición de actos. A pesar de este profundo parentesco, la palabra moralis tendió
a aplicarse a las normas concretas que han de regir las acciones.

Así, pues, desde la etimología, hay poca diferencia entre ética y moral: una y otra
hacen referencia a una realidad parecida. Pero hoy, pese a que a menudo se usan
de manera indistinta como si fuesen sinónimos, se reconoce que tienen significados
divergentes.

Ética: ¿por qué estas normas?

La moral da pautas para la vida cotidiana, la ética es un estudio o reflexión sobre


qué origina y justifica estas pautas. Pero las dos, si bien son distinguibles, son
complementarias. Del mismo modo que teoría y práctica interaccionan, los
principios éticos regulan el comportamiento moral pero este comportamiento incide
alterando los mismos principios. A menudo los conflictos de normas morales que
aparecen cuando tenemos que tomar decisiones son el motor que nos impulsa a
una reflexión de nivel ético. Es por ello que Aranguren, reconociendo la vinculación
entre teoría y práctica, llama a la ética moral pensada y a la moral, moral vivida.

Estamos a nivel moral cuando: Estamos a nivel ético cuando:


Cumplo una promesa hecha ayer Razonamos que los pactos han de
pese a que hoy me doy cuenta de que cumplir siempre, del contrario, en
su cumplimiento me crea problemas. lugar de acuerdos entre amigos,
tendríamos que hacer contratos
legales.
Ayudo voluntariamente a un Me pregunto sobre qué tiene más
compañero de clase si bien me valor moral, la intención que inspira
arriesgo a herir su orgullo. un acto o los resultados que con él se
obtienen.
Decido si tengo que ser o no sincero Reflexiono sobre valores,
con un compañero de clase que preguntándome si el valor de la
parece quiere ser amigo mío. autenticidad es preferible el valor de
la amistad.
Rechazo robar la calculadora de un Tengo presente la máxima o regla de
compañero de clase sabiendo que oro: "No hagas a los demás lo que no
nadie me ve. quieras que te hagan a ti".
Formulación de los principios morales

 El razonamiento moral culmina con la formulación de principios éticos.


 El juicio moral es el acto mental que afirma o niega el valor moral frente a
una situación o comportamiento. Por medio del juicio moral se pretende la
búsqueda de la verdad.
 El juicio moral se pronuncia sobre la presencia (o ausencia) de un valor ético,
en una situación o comportamiento concreto.

Principios

Los principios morales se entienden como direcciones del valor. Por ejemplo " ama
a tu prójimo como a ti mismo", es decir, “lo que quieras para ti, hazlo a los demás”.

Los principios éticos orientan y dirigen al sujeto. Se visualizan, en una realidad


concreta sus consecuencias, identificando la presencia de un valor.

Necesidad de Normas

La norma establece el contenido del comportamiento (mientras que el principio


dirige las actitudes). Las normas morales son necesarias para discernir lo que está
bien y lo que está mal. Desde el punto de vista moral, se entiende por norma la
obligación del valor moral.

Toda persona necesita conocer los límites precisos de respetar. Para ello utiliza
mediaciones (valores morales) que se apliquen al comportamiento concreto.

En la aplicación de la norma existen dos posturas:

La deontológica, que postula la validez de la norma, independientemente de las


consecuencias. Deja lugar para las excepciones o recurre a principios
interpretativos que asumen la importancia de las circunstancias concretas para
resolver problemas éticos conflictivos (ejemplo de excepción: matar en legítima
defensa, la guerra justa, la pena de muerte).

La ética cristiana, que privilegia la atención al objeto moral y que defendiendo la


postura deontológica, no rechaza considerar la teleología interior del obrar en
cuanto orientado a promover el verdadero bien de las personas, sino que reconoce
que éste sólo se pretende realmente cuando se respetan los elementos esenciales
de la naturaleza humana.
La Teleológica, que se atiene a las consecuencias previsibles. Cae en el
"consecuencialismo" si desconoce el discurso objetivo de la norma porque reduce
a la ética a una apreciación subjetiva a partir de las solas circunstancias, negando
la posibilidad de elaborar un discurso capaz de orientar al sujeto en las distintas
situaciones.

También se hace la distinción entre la actitud moralmente buena o mala de la


persona, y que depende de la voluntad o falta de voluntad de tender hacia el bien;
y del comportamiento moralmente recto o erróneo, que depende del juicio en virtud,
del cual una acción debería o no cumplirse.

El enfoque de la ley natural


El concepto de ley natural es polisémico. Se refiere bien sea al enunciado de
regularidades de relaciones físicas, químicas, biológicas, económicas o sociales,
bien a un principio de acción, o bien a una relación de obligación entre personas; el
último tipo de relaciones puede dar lugar a un conjunto de enunciados de tipo moral,
o de tipo legal. En algunos medios, y en algunas épocas, ha predominado el
significado de ordenamiento moral, de acuerdo con el cual las normas que
gobiernan el comportamiento humano se derivan dela naturaleza de los seres
humanos y del mundo; en otras el sentido más comúnmente aceptado ha
correspondido a una de las leyes del mundo físico.

El concepto de ley natural presenta tres aspectos fundamentales para la Filosofía


Política: uno, es un elemento de conservadurismo en la medida en que plantea la
existencia de determinados principios fundamentales que rigen a los hombres en
todos los tiempos y lugares; dos, es un elemento de radicalismo al afirmar que todos
los hombres están sujetos a la misma ley, lo que, tarde o temprano, conducirá a
afirmar su igualdad básica; y tres, la condición de legitimidad de las leyes positivas
está implicada y supuesta en la postulación misma de la ley natural de la que, en
último término, ellas son derivadas, o a la que están subordinadas.

La discusión sobre el concepto de ley natural puede convertirse fácilmente en una


disputa entre sordos. Aún más, parece condenada a serlo, por el hecho mismo que
sus proponentes parten de un postulado que, aunque generalmente aceptado, es
bastante discutible: la existencia de un ser que rige el universo como soberano
absoluto. Así, estrictamente la discusión derivaría no sobre el concepto de ley
natural sino sobre el problema de la postulación de un ser cuya existencia no puede
ser probada.

De acuerdo con este enfoque, existen siete valores fundamentales que se


identifican con la esencia del ser humano:
1. La vida. Respeto a todo lo que tiene vida (humana, vegetal, etc.).
2. La amistad. Amor al prójimo.
3. El conocimiento. Derecho a la instrucción.
4. Belleza. Participación en lo que uno considera bello y alimenta el
espíritu.
5. Alegría. Tener buen ánimo
6. Religión. Participación activa de la espiritualidad y purificación del
alma.
7. Racionalidad práctica. Ejercicio de una vida consecuente en la
búsqueda delos valores fundamentales.

Participar de estos valores fundamentales, hacen del hombre un ser más


pleno, máshumano. Atentar a los mismos significa ser menos humano, se
actúa anti- éticamente; se contradice la voluntad divina pretendida para cada
ser.

Toda persona esta llamada al compromiso con estos valores fundamentales.


De dicho compromiso se derivan cuatro principios (éticos) de justicia
personal a seguirpor todo hombre:

1. No contrariedad. No actuar directamente en contra de un valor


fundamental.
2. Libertad. A mayor libertad mayor es el compromiso con los
valoresfundamentales.
3. Reacción. Toma de medidas para evitar acciones contrarias a estos
valores.
4. Bien común. Contribuir al bien común facilitando la participación
de losdemás de los valores fundamentales.

Estos principios son independientes de la cultura y tradición en la que se


está inserto.

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