CONFERENCIA DE BERNARD PORCHERET
en el Máster ‘ACTUACIÓN CLÍNICA EN PSICOANÁLISIS Y
PSICOPATOLOGÍA’.
Curso 2021-2022.
¿Qué quiere decir hablar?
“El hombre piensa con ayuda de las palabras. Y es en el encuentro entre las palabras y su
cuerpo dónde algo se esboza”1.
Este encuentro es siempre singular; por ello cada quién habla su propia lengua. En efecto,
la percusión del cuerpo vivo por el lenguaje es traumática. Llamaremos al desamparo que
se sigue de ello acontecimiento de goce.
¿Cómo va a responder el sujeto? ¿Qué defensa va a poner en marcha, inconscientemente?
clásicamente, el fantasma es la defensa del sujeto. Es inconsciente, y condiciona la relación
del sujeto a su subjetividad, a su cuerpo, y a los otros, es decir, a lo social. Cada sujeto
conservará entonces una forma singular de servirse de la lengua común, para decir algo
completamente distinto de lo que ésta supone decir cotidianamente. El sujeto alcanza así,
de forma no sabida, a decir su fantasma. A través de su modo de vida, es decir de su modo
de goce, y por supuesto a través de sus formaciones del inconsciente, sus chistes, lapsus y
actos fallidos… sus sueños, sus síntomas… usará las palabras en las que se ha bañado2;
aquellas que ha triturado a su manera: las “homofoniza”, las “equivoquiza” de una forma que
resulta cada vez singular3.
Habla de hecho su propia lengua, hecha de detritus, de aluviones, todos esos depósitos
cargados de malentendidos. inventa una forma cada vez única de hacer escuchar su dolor
de existir. y sabemos que el poeta hace de ello su arte, operando torsiones sobre la lengua,
desbaratando la sintaxis. transmite sus concreciones, es decir esas palabras que insisten,
cargadas de un valor íntimo. es un término de Michel Leiris4, este poeta que era amigo de
Lacan. Hace así pasar, en su práctica de escritura, un goce singular.
1
Lacan, J. (1988). Conferencia sobre el síntoma. En: Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Manantial. p. 125.
2
Ibid, p. 129. Ahí Lacan emplea el término ‘moterialidad’, que en francés fusiona ‘mot’, palabra; y ‘materialidad’. “He visto muy
bien a niños muy pequeños, aunque más no fuese a los míos. El hecho de que un niño diga quizá, no todavía, antes de que
sea capaz verdaderamente de construir una frase, prueba que en él hay algo, un colador que se atraviesa, por donde el agua
del lenguaje resulta que deja algo al pasar, algunos detritos con los cuales él va a jugar, con los cuales tendrá que
arreglárselas. Es eso que le deja toda esta actividad no refleja — vestigios, a los cuales, más tarde, porque él es prematuro, se
adjuntarán los problemas de lo que va a asustarlo. Gracias a lo cual va a hacer la coalescencia, por así decir, de esta realidad
sexual y del lenguaje.”
3
E. Laurent, « L’impossible nomination, ses semblants, son sinthome », Cause du désir n°77.
4
M. Leiris, Biffure, Gallimard.
1
Querer decir.
Lacan procederá a una relectura del descubrimiento freudiano que abre la vía de las
relaciones del sujeto con la palabra, elaborando su teoría del inconsciente.
Interroga de entrada la palabra del sujeto “en la medida en que esta no consiste solamente
para el sujeto en decirse, ni aun en afirmarse, sino en hacerse reconocer”5. Busca hacer
reconocer la parte de su deseo “en las interferencias y las pulsaciones que hacen converger
sobre él los ciclos del lenguaje” que lo precedieron, y lo “engendraron por el hueso y la
carne”6.
El querer decir del sujeto de los primeros seminarios es, en efecto y tal como lo recuerda
Jacques-Alain Miller, “deseo de reconocimiento por parte de un Otro en mayúsculas, y
posteriormente querer decir al Otro, o a partir del Otro (...); “la palabra es”, aquí, “siempre
tomada en una (...) estrategia hacia el Otro, siempre descifrable como una estrategia de
sentido”7.
El equívoco.
La dimensión del equívoco es esencial para la palabra humana. Al principio, Lacan se
apoya en la lingüística estructural. El equívoco se apoya en la disyunción del significante y
del significado, disyunción entre lo que se escucha y lo que se dice. Lo que quiere decir que
el significante no significa nada, es independiente con respecto a la significación. Hay por
tanto el universo material del significante, y el universo de la significación. La significación
fálica, producto de la efectuación de la metáfora paterna, es una significación absoluta que
condiciona este universo de la significación. Este término de ‘Bedeutung del falo’, indica
Lacan en la conferencia previamente citada, “deben traducirlo por significación al no poder
darle un equivalente. Bedeutung es diferente de Sinn, del efecto de sentido, y designa la
relación con lo real”8.
Clínicamente, se trata de localizar los puntos de capitón que impiden un deslizamiento
incesante de un universo al otro. Es la imagen de las dos superficies de un colchón: hace
falta un capitonado para que éste tome forma.
El poder de evocación de la palabra desborda con creces su dimensión de comunicación, y
su poder de nominación muestra que el significante puede operar en lo real al modo de una
reja de arar para crear significaciones nuevas: El acto de palabra tiene efectos reales.
5
Lacan, J. (2012). Discurso de Roma. En: Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós. p. 150.
6
Lacan, J. (2007). Función y campo de la palabra y del lenguaje. En: Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI. p. 270.
7
Miller, J.-A. (2012). Monólogo de la apalabra. En: La fuga del sentido. Buenos Aires: Paidós. Traducción propia del traductor
del texto.
8
Lacan, J. (1988). Conferencia sobre el síntoma. p. 130.
2
¿Quién habla? La enunciación.
El tema de la enunciación se presenta entonces en primer plano. Y el texto de los Escritos
titulado Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente viene a marcar este
lugar del sujeto de la enunciación que corre por debajo. ¿Quién habla cuando se trata del
sujeto del inconsciente? Y es que esta respuesta no sabría venir de sí mismo, puesto que
no sabe lo que dice, ni siquiera sabe de qué habla, como la experiencia del análisis en su
conjunto nos lo enseña. Este lugar no está indicado en el enunciado sino por un Yo (Je), el
cual no siempre está presente, o puede tener equivalentes. Pero este Yo es más bien
impersonal. En francés, quedará indicado de forma más singular por un ne, el ne expletivo
según los gramáticos. Por ejemplo en la oración: “temo que venga” (en francés “Je crains
qu’il ne vienne”).
¿Quién habla? ¿De qué habla eso? ¿A quién habla ello? Hace falta a menudo un tiempo
para que un niño, primeramente atravesado por la palabra del Otro, pueda afirmar su propia
enunciación.
El objeto a.
Su clínica le llevará a Lacan a dar cuenta teóricamente del hecho de que todo no pasa por
el significante; ese significante que es, de hecho, la muerte de la cosa. Hay un resto
insumiso del que testimonia primero la angustia (Seminario 10); pero también los lazos
amorosos. No todo queda mortificado, hay que dar cuenta de lo viviente. Esto reintroduce la
dimensión pulsional por la cual Freud había luchado tanto, con el fin de imponerla. Lacan
inventa el objeto a, qué es una localización, una elementarización del goce, de la Cosa. En
los seminarios siguientes, Lacan extrae las consecuencias: declina una lista limitada de
objetos pulsionales: el pecho, la mirada, el objeto anal, y la voz9.
El objeto viene a mediatizar, temperar, la relación entre el sujeto y el Otro. Lo cual quiere
decir que salimos de la tragedia, en la cual el destino de cada héroe (Sófocles, Claudel) es
la muerte asegurada. Esta elaboración llevará a Lacan a concluir en el seminario 16, titulado
De un Otro al otro, que “el goce constituye la sustancia de todo lo que hablamos en el
psicoanálisis”10.
Esto le llevará a redefinir la relación entre el significante y el goce: es primitiva, y el S1, el
significante amo, tiene un doble estatuto: por un lado marca el cuerpo, lo mortifica, lo signa
así con una pérdida de goce; pero por otro lado, por su insistencia, su repetición,
conmemora una irrupción de goce. Así, la singularidad del sujeto no remite a nada más que
a este S1, imborrable como si se tratara de un sello, de un blasón11.
9
Lacan, J. (1987). El Seminario, libro 11, ‘Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis’. Buenos Aires: Paidós.
10
Lacan, J. (2008). El Seminario, libro 16, ‘De un Otro al otro’. Buenos Aires: Paidós. p. 41.
11
Lacan, J. (2007). Juventud de Gide o la letra y el deseo. En: Escritos 2. Buenos Aires: Siglo XXI. p. 719.
3
La estructura de los discursos.
“La esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabras”, escribirá Lacan en la
pizarra en la apertura de su Seminario 1612. Lacan esbozará en ese momento el concepto
de discurso en tanto éste precede la palabra, la cual es siempre más o menos ocasional.
El año siguiente, en El reverso del psicoanálisis13, desarrollará la estructura de esta
afirmación. “Lo que prefiero (...) es un discurso sin palabras”14. Y es que en verdad es ahí
dónde advendrá, o no, la palabra: “en realidad, puede subsistir muy bien sin palabras”15.
Sin palabras… pero no sin lenguaje. Por el instrumento del lenguaje se instauran un cierto
número de relaciones estables, en el interior de las cuales puede inscribirse algo que es
más amplio, que va más allá de las enunciaciones efectivas. Ninguna necesidad de éstas
para que nuestra conducta, nuestros actos eventualmente, se inscriban mediante el marco
de ciertos enunciados primordiales.
Lacan se separa entonces muy radicalmente de la lingüística, que no puede dar cuenta del
goce. Recurrirá a la lógica, la cual pasa por el escrito, por la letra. Es así cómo podrá dar
todo su valor al objeto a, escribiendo el discurso del Amo junto a tres discursos más. Lacan
elabora estos cuatro discursos a partir de la experiencia analítica, de lo que ésta le enseña.
Son los discursos que fundan el lazo social.
Lacan escribirá en la pizarra 4 fórmulas16:
DU DM DH DA
Su estructura comporta cuatro términos. En efecto, cuatro términos siempre son exigibles
para dar cuenta de una estructura subjetiva. Lacan lo venía diciendo desde El mito
individual del neurótico, texto antiguo que precede a su primer seminario (1953).
12
Lacan, J. (2008). El Seminario, libro 16, ‘De un Otro al otro’. p. 11.
13
Lacan, J. (1992). El Seminario, libro 17, ‘El reverso del psicoanálisis’. Buenos Aires: Paidós.
14
Ibíd., p. 11.
15
Ibíd.
16
Ibíd., p. 29.
4
Estos cuatro términos son: $, el sujeto Barrado; S1, el significante amo; S2, la batería
significante o el saber; y el pequeño a, el elemento de goce resto de la operación.
Obedeciendo a una trayectoria lógica, vendrán a ocupar cuatro lugares: los de la verdad, el
agente, el otro, y la producción. Este encadenamiento lógico encontrará su límite en la
impotencia, o en el imposible. El saber, S2, será puesto en el centro, en el banquillo, y
ocupará un lugar diferente según el discurso en cuestión.
Esto llevará a Lacan a escribir el discurso del amo antiguo en el cual S1 está en el lugar de
agente; y el saber en el lugar del otro, del lado del esclavo por ejemplo (si nos referimos a la
dialéctica del amo y el esclavo). Este discurso es a su vez el discurso del inconsciente,
donde el sujeto es pilotado sin saberlo por términos-amo, significantes del ideal del yo.
Propondrá después el discurso propio del amo moderno, aquél “al qué llamamos capitalista”
dirá, y dónde el S2 se encuentra en el lugar de agente. Lo nombrará discurso universitario,
siendo a la vez el discurso del burócrata.
En el discurso histérico, la división del sujeto está en lugar de agente, y el saber es lo que
se produce.
Finalmente respecto del discurso analítico dirá que a está en lugar de agente, y el saber en
el lugar de la verdad. Lo que ahí se apunta es la producción de los S1, estos significantes
del Ideal del yo que pilotan inconscientemente al sujeto, ese saber que no se sabe. Su
producción, su caída, aliviará al sujeto de su peso.
Cada discurso queda marcado bajo la barra, es decir al nivel del inconsciente, por una
ruptura de su circuito, por una impotencia, la cual enmascara una imposibilidad estructural.
Todo discurso es del semblante.
Cuando hablamos, olvidamos dos dimensiones: 1) la del escrito que está contenido en la
palabra misma, lo que comúnmente queda inadvertido; 2) la del decir, que Lacan
desarrollará el año siguiente en su seminario, y respecto del cual propondrá en El
atolondradicho La fórmula siguiente: “que se diga queda olvidado detrás de lo que se dice
en lo que se oye”17.
En el seminario 18, Lacan precisa que la imposibilidad de estructura concierne a la relación
sexual: no es posible escribirla, no hay al respecto programa, algoritmo sexual. Al contrario,
justamente por el hecho de que no hay relación sexual, no hablamos si no de eso.
Que no haya relación sexual en el sentido del escribir, es algo que repercute sobre la
palabra. “la relación sexual es la palabra misma”18.
17
Lacan, J. (2012). El atolondradicho. En: Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós. p. 473.
18
Lacan, J. (2009). El Seminario, libro 18, ‘De un discurso que no fuera del semblante’. Buenos Aires: Paidós. p. 77.
5
Es el motivo por el cual enuncia que todo discurso es del semblante. Pondrá así en
oposición el semblante y lo real. De un lado, lo que designa con el término semblante es el
semblante de lo simbólico y lo imaginario; del otro, sitúa lo real del goce. No pudiendo
escribirse la relación sexual, todo discurso es semblante; es decir, que da vueltas en torno
de lo real desconociéndolo. Se trata aquí del real en juego en el psicoanálisis, un real
diferente del real de la ciencia. Si la metáfora paterna se apoya en la lingüística, la
estructura del discurso se apoya en la lógica; ésta es otra versión de lo que encuadra, limita,
y bordea el goce produciendo el objeto a. Ella se soporta de la Bedeutung fálica, es decir,
de ese agujero de lo real como imposible.
Hay de lo Uno.
En el seminario 19, …o peor, Lacan escribe en la pizarra la frase que inaugura la lección 16
de su seminario: “Que se diga, como hecho, queda olvidado tras lo dicho, / en lo que se
escucha”19. Olvidamos que detrás de lo que se dice hay un acto, el acto de decir. Lacan
dará un estatuto propio al significante S1 en tanto que solo, afirmando: “hay del Uno”.
Indicará: “A mi lo que me interesa es el significante como Uno, y el único interés del
significante son los equívocos que de él pueden surgir”20. Es decir: cuando este Uno solo
viene a articularse al saber, esto es con un S2, en una cadena significante. El S1 domina, el
S2 depende de él: el S2 es siempre siervo de un S1.
La lalengua y el lenguaje, querer gozar.
Desde Aún, su vigésimo seminario, el goce estará en primer plano en las elaboraciones de
Lacan. el significante es necio, y será su causa. El acontecimiento lenguajero produce
correlativamente un acontecimiento de goce. La palabra se despega de un querer decir
inclinándose hacia un querer gozar. La apalabra es un monólogo, sin diálogo ni
comunicación. Por ejemplo: el bebé goza de su balbuceo.
Cabe decir que, de forma más extensa, esto es válido para todos; podemos decir que el
goce de la palabra refuerza tendenciosamente la vertiente del monólogo, el bla bla bla.
Este monólogo del Uno solo reposa en esta propiedad de la lengua, la de ser un factor de
goce independiente del diálogo. El concepto de lalengua designa esta vertiente del goce, y
se diferencia del lenguaje, el cuál es estructurado. Lacan dice que el lenguaje es una
elaboración de saber sobre lalengua.
19
Lacan, J. (2009). El Seminario, libro 19, ‘...o peor’. Buenos Aires: Paidós. p. 217.
20
Ibíd., p. 204.
6
Extraerá entonces todas las consecuencias del encuentro contingente de la lengua y del
cuerpo. Es este traumatismo de lalengua lo que llama el troumatisme (indicando con este
neologismo el agujero, trou en francés). Se desprende de ello que la lengua traumatiza,
agujerea; y, cosa paradójica, es por medio de la lengua misma que el sujeto deberá elaborar
defensas, bordear este agujero del traumatismo. Aquí reside en efecto todo el interés
clínico: ¿cómo se las ha apañado inconscientemente cada sujeto para construir una
defensa respecto del trauma?
O bien, cuando nos topamos con un sujeto más bien sin defensa, ¿cómo podemos estar a
su lado para ayudarle a inventar defensas, a construir un borde de goce?
La pulsión está por tanto en el principio del ser hablante, lo que Lacan enuncia tal que así
en su seminario 23: “ es el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”. Jacques-Alain
Miller indica en su último curso que el uno solo es el núcleo del hecho de que haya discurso.
Discurso que es a su vez necesario para que haya ser, es decir para que el sujeto pueda
inventar sus ficciones. Se deduce de ello que el significante en tanto que existe como real
preside y condiciona todos los equívocos, es decir todos los semblantes del ser en el
discurso.
Este querer decir a partir del seminario Aún, y con la introducción del concepto de lalengua,
cederá por tanto su lugar a un querer-gozar “en el que es la pulsión y no la significación lo
que es concebido como el principio, el motor del ser hablante”.
Hemos arrancado entonces esta conferencia con el sentido… para alcanzar finalmente el
goce, ahí donde la palabra no se dirige ya al Otro. Esta aserción trastoca todas las certezas
comúnmente admitidas respecto de una comunicación adecuada, o también todas las
bondades terapéuticas de una palabra por fin libre.
¡Pero ojo! Está elaboración de la palabra como querer gozar no inválida la del querer decir.
Insistamos en esta paradoja: si el psicoanálisis se apoya sobre la palabra, ¿cómo puede
poco a poco ir secando el sentido, para que un sujeto pueda construir, desimaginarizar, y
atravesar finalmente su fantasma, con el fin de aliviarle del peso excedente de goce que
comporta? O lo que es lo mismo: permitirle cernir mejor su real, es decir reducir su síntoma
hasta su hueso, hasta el resto incurable.
Lacan indicará que la lingüística no puede ser sino una metáfora, que se fabrica para no
funcionar. No anda: lo cual quiere decir que ella no apunta lo real, que da vueltas alrededor.
Sin embargo, prosigue Lacan, a fin de cuentas nos interesa mucho ya que el psicoanálisis,
la cura analítica en sí, se despliega en esta misma metáfora. Hay por tanto una relación
compleja entre lingüística y psicoanálisis.
En la experiencia analítica el lugar del equívoco es en efecto fundamental. Ya que, sea cual
sea su modalidad, permite entrever el agujero de lo real. Jacques-Alain Miller lo enuncia del
siguiente modo: “el equívoco hace resonar el vacío, el agujero, que tiene por borde la letra.
Aísla en el síntoma la letra de goce”21.
21
J.-A. Miller, curso de L’orientation lacanienne del 28/3/2007.
7
Se trata entonces de una orientación muy alejada de las psicoterapias, que se regulan por
el sentido. La orientación lacaniana es una orientación hacia lo real. apunta a contrariar el
sentido sexual que siempre desborda. El deseo del analista, el acto analítico, qué es un
deseo de pura diferencia, consiste en desecar el río asociativo de la buena manera,
haciéndolo escasear.
¿Puede enseñarse el psicoanálisis?
En 1978, en respuesta a un pedido de Jacques-Alain Miller, Lacan escribe una muy breve
nota, publicada en la revista Ornicar, con el título Lacan por Vincennes22.
Este breve texto fue destacado por Jacques-Alain Miller en la conclusión del último
congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (hace 3 o 4 semanas), con el objetivo
de orientar el futuro Congreso de 2024. Dice ahí Lacan: “Cómo hacer para enseñar lo que
no se enseña: en esto precisamente Freud se abrió camino. Él pensó que nada es más que
sueño, y que todo el mundo (si es lícita semejante expresión), todo el mundo es loco, es
decir, delirante. (...) ¿Se superará en Vincennes la antipatía entre los discursos, el
universitario y el psicoanalítico? Por supuesto que no. En ese lugar se la explota, por lo
menos desde hace cuatro años, en que yo me ocupo. La enseñanza se renueva
confrontándose con su imposible, se constata. (...) La experiencia se proseguirá pues. En
Vincennes, mientras se le dé libertad”23.
Jacques-Alain Miller hizo un comentario que viene al caso para lo que nos ocupa hoy. Lacan
indica: “Hay cuatro discursos. cada uno se cree la verdad. Solo el discurso psicoanalítico es
una excepción. Sería mejor que éste domine, se podría concluir, pero justamente este
discurso excluye la dominación; en otras palabras, no enseña nada. No tiene nada de
universal: por eso no es materia de enseñanza”.
Retomemos las fórmulas de los cuatro discursos:
DU DM DH DA
22
« LACAN POUR VINCENNES, TRANSFERT À SAINT DENIS ? », revue Ornicar ? n°17/18,1979, pp. 278. 1978-10-22. Hay
traducción al español en la revista Lacaniana 11.
23
Ibíd.
8
Habíamos indicado antes que el lugar que ocupaba el saber en los diferentes discursos
debía ponerse en relieve. Veamos cómo:
El discurso de la histérica (DH) hace del sujeto ($) el amo del amo. Domina al dominador y
le pone al trabajo reproducir un saber (S2, abajo a la derecha). Este saber no es siervo del
amo, queda más bien del lado de la invención. El amo es convocado a producir saber. Es en
ello que el discurso de la histérica tiene afinidad con el discurso de la ciencia.
En el discurso universitario (DU) el saber está en lugar de agente, es dominante. Es saber
expuesto.
En el discurso del analista (DA) el saber se sitúa a la izquierda y bajo la barra. Es por tanto
supuesto. En el discurso del analista, un elemento a, fuera de significante, está en el lugar
de agente. Pero por naturaleza, si lo podemos decir así, este elemento fuera de significante
no está llamado a dominar, sino que está hecho para causar el deseo. Ahora bien, sabemos
que el deseo no se deja dominar, es rebelde a todo mandato, corre como una liebre,
escapa siempre y no puede decirse como tal.
S2, el saber, está situado a la izquierda y debajo de la barra, y es en eso que es supuesto,
explícito. Sostiene la instancia de la causa del deseo de la que el analista se hace el
semblante. Vemos entonces que el saber no domina ahí al sujeto, que se sitúa arriba y a la
derecha. Es por tanto posible enseñarse, pero por un saber que tiende a los encuentros
aleatorios, sin ley. No tiene nada de universal, en ningún caso es para todos, no vale si no
para uno solo, para el Uno todo solo. Es solamente para él que la interpretación puede dar
lugar a un saber, el cual se desvanece en el momento mismo en que se pretende
universalizarlo, hacerlo valer para todos. No vale por fuera de la cura misma.
Una modulación: Lacan dice que el discurso del analista no sabría ser materia de
enseñanza. En efecto, el discurso del analista, cómo tal, es la práctica del psicoanálisis. Por
otra parte, tenemos las teorías y la historia del psicoanálisis, los debates que suscita, y que
se van depositando. Hay por tanto una división entre la práctica, y la teoría y los debates del
psicoanálisis. El campo de la teoría y de los debates encuentra un lugar en la universidad.
Ahora bien, la práctica del psicoanálisis no se enseña, a lo sumo se supervisa; tratándose
cada vez de un caso singular, el cual no se deja llevar a lo universal. Pero por supuesto que
ciertos casos, cuando la cosa se presta así, pueden ser elevados a la dignidad de un
paradigma. Por ende, nada de lo que puede enseñarse del psicoanálisis en la universidad
permite ahorrarse un psicoanálisis personal. Habrá que poner de su parte como analizante.
Entonces: ¿cómo hacer para enseñar eso que no se enseña? Aquí Freud labró su camino,
nos dice Lacan. En efecto, el primero asumió la carga de enseñar lo que no se enseña, es
decir la práctica del psicoanálisis, y lo hizo pagando con su propia persona, brindando sus
sueños y ahondando en sus formaciones del inconsciente para hacer avanzar el
psicoanálisis. Lo que vale para él no vale para todos. Tampoco para Lacan. Los rasgos por
los cuales su práctica se distinguía le valieron la exclusión de la Asociación Psicoanalítica
Internacional; esos rasgos no valían sino para él mismo.
9
Jacques-Alain Miller plantea el problema: imitarlo o no es la responsabilidad de cada quien.
Podemos esperar de un analista que no funcione por imitación del líder, por identificación.
Ello en la medida en que hacer explícitas sus identificaciones inconscientes para separarse
de ellas es justamente lo que su propio análisis puede enseñarle.
Esto es: cómo puede cada analista ser enseñado por su propio análisis, si lo lleva por lo
menos lo bastante lejos para que de él se deduzca el deseo del psicoanalista. Este deseo
es, cómo lo he indicado más arriba, el deseo de la pura diferencia. El deseo del analista
podrá ponerse en acto en la cura con un analizante. Podrá igualmente conducir al analista a
enseñar, a hacerse responsable del psicoanálisis en la sociedad.
Puedo terminar señalando que, si bien como lo indica la teoría lacaniana las mujeres se
cuentan una por una, pues bien, también los analistas se cuentan uno por uno. Y añadiría:
no hay analista sin Escuela analítica, una escuela que da su lugar al estilo de cada quien, y
reúne a dispersos descabalados.
10