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Independencia y Constitución en 1816

El documento analiza por qué la Asamblea del Año XIII declaró la independencia de Argentina pero no sancionó una constitución. Plantea que las disputas regionales e interprovinciales sobre el modelo de país centralizado o federalizado llevaron a una guerra civil que postergó la constitución hasta 1853.

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Independencia y Constitución en 1816

El documento analiza por qué la Asamblea del Año XIII declaró la independencia de Argentina pero no sancionó una constitución. Plantea que las disputas regionales e interprovinciales sobre el modelo de país centralizado o federalizado llevaron a una guerra civil que postergó la constitución hasta 1853.

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INDEPENDENCIA Y (SIN) CONSTITUCIÓN.

INTERROGANTE
Si la idea de la convocatoria de la Asamblea del Año XIII era la declaración de la
independencia y la sanción de una constitución, ¿por qué solo logró alcanzar su primer
objetivo y se postergó por más de 35 años el segundo punto?
HIPÓTESIS
Debido a la inestabilidad política de la corona española durante la primera década del
siglo XIX, precisamente en 1808 luego de la usurpación del trono español por parte de
los Bonaparte y el encarcelamiento de rey felón Fernando VII, las Provincias Unidas del
Río de la Plata pudieron llevar a cabo la revolución de mayo en 1810 para librarse del
yugo español. Luego del alzamiento revolucionario, en 1813, se propuso como objetivo
del territorio poder declarar oficialmente la independencia del dominio extranjero y
sancionar una constitución con el fin de poder construir un Estado-nación
institucionalizado. Para ello, hubo un derrotero político-social de 6 años hasta el
Congreso de Tucumán y la declaración de independencia el 9 de julio de 1816. Sin
embargo y nuestra hipótesis radica en esto, a lo largo de ese período y a posterior de la
independencia, se presentaron diversos proyectos de “país” que fueron los que
enfrentaron a los distintos sectores que integraban las Provincias Unidas del Río de la
Plata y que desembocaron en una larga guerra civil que se mantendría a lo largo del
siglo XIX. Tanto la inestabilidad política como la falta de consenso representada en las
disputas regionales e interprovinciales fueron las causas de que la sanción de la
constitución se postergara hasta 1853, pues si bien hubo intentos previos (como en 1819
y en 1826), ninguna logró la unificación entera del país, aunque esto tampoco lo logrará
la constitución de 1853, ya que Buenos Aires la rechaza y se separa de la Confederación
argentina.
ARGUMENTO A FAVOR
El Congreso de Tucumán es un punto relevante e importante en la década revolucionaria
de 1810, pues se buscaba crear un país nuevo sin vínculos con España. La oportunidad
se abría hacia 1808 cuando estalla la crisis política en España debido a la doble
abdicación forzada de Carlos IV y Fernando VII. Napoleón Bonaparte pone bajo su
influencia al reino de España, delegando el poder en su hermano, José Bonaparte. Pero
de primera habría expresiones de lealtad al rey por parte de todos los sectores sociales
del virreinato, reconociendo como legítimo a la Junta Central (instalada en Aranjuez y
luego trasladada a Sevilla); aunque surgirían ideas que quedarían truncas al final, como
la de formar juntas de gobierno en cada ciudad o crear una regencia a cargo de Carlota
Joaquina (hermana de Fernando VII), lo que fue conocido como el “proyecto carlotista”.
Sin embargo, frente a la ocupación total y efectiva del territorio ibérico en 1810 por
parte de las tropas francesas, la reacción en el Río de la Plata fue diferente, pues no
reconocieron al Consejo de Regencia como tal; y, luego de la convocatoria a un Cabildo
abierto del 22 de mayo , el día 24 se impuso una junta de gobierno, que fue rechazada
para dar lugar, el día 25, a una nueva junta sin presencia de un virrey, pues “al no haber
más [un] monarca legítimo, la soberanía volvía a los pueblos (...) hasta que el rey
retornase” (Di Meglio, 2016).
“Los años 1810-1816 están signados, precisamente, por la controversia respecto de la
necesidad, conveniencia y/u oportunidad de declarar formalmente rotos los vínculos
coloniales con la metrópoli española” según Ansaldi (1996;35). El primer objetivo fue
el autogobierno, eligiendo sus autoridades y manejando su economía; pero Mariano
Moreno propuso derribar el orden vigente para instalar la libertad, la razón y la justicia
universal (aunque se declaraba a favor de Fernando VII), creando el sector radical e
independentista, que convivió con el sector moderado y autonomista de Saavedra,
grupos que estaban de acuerdo en luchar contra los contrarrevolucionarios, iniciando un
periodo de guerra civil. A raíz de los conflictos y la derrota de una facción del ejército
revolucionario, en 1811 se reemplaza a la Junta por el Primer Triunvirato, integrado por
Chiclana, Sarratea y Paso. Como respuesta, dos grupos independentistas se unieron por
una causa en común, la independencia: por un lado, la Sociedad Patriótica (al mando de
Monteagudo) y, por otro, la Logia Lautaro (cuyos líderes fueron San Martín y Alvear).
Fusionados, tomaron el poder en octubre de 1812, instalando el Segundo Triunvirato,
que impulsó la convocatoria de la Asamblea del Año XIII, la cual buscaba la
declaración de la independencia y la sanción de una constitución. Estos objetivos no los
lograría paradójicamente, pues era una asamblea revolucionaria y republicana, y la
asamblea de 1816 era de carácter conservador y monárquico (Ansaldi, 1996), pero
dieron el primer paso hacia la emancipación, como la adopción de los nuevos símbolos
patrios, la libertad de vientres de esclavas, el cese de la nobleza, entre otros. En su
convocatoria, la Asamblea tuvo el rechazo del centralismo hacia los artiguistas de la
Banda Oriental porque los diputados del caudillo Artigas habían redactado una serie de
instrucciones para la formación del gobierno en donde impusieron su idea federalista y
de la creación de una Confederación, ideales expuestos en la Constitución Oriental de
1813 que fue rechazada por la Asamblea. Esto alejó a la Banda Oriental federal del
proyecto centralista bonaerense, aunque Artigas nunca pronuncia su intención de
separar el actual territorio del Uruguay de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
A su vez, la situación en Europa se volvía a favor de España, pues el avance
napoleónico se iba retrayendo, provocando su derrota y posterior caída. Para marzo de
1814, Fernando VII había regresado al trono y no estaba dispuesto a negociar con los
revolucionarios americanos, pero la Logia obtenía cada vez más poder, fortaleciendo el
centralismo porteño; para concentrar aún más ese poder y ante la indefinición de la
Asamblea, el Triunvirato fue reemplazado por el Directorio, siendo elegido Posadas
como primero en el cargo de director supremo. El problema principal de la Logia era la
presencia del proyecto revolucionario impulsado por José Artigas en la Banda Oriental,
quien primero apoyó las decisiones porteñas, pero luego se opuso al centralismo,
planteando un sistema confederal en el cual las provincias fueran igualitarias. El
proyecto artiguista fue respaldado por Entre Ríos, Corrientes y Misiones, a lo que luego
se sumarían Santa Fe y Córdoba, formando la Liga de los Pueblos Libres, bajo el
protectorado del caudillo oriental.
A fines de 1814, Alvear fue nombrado director supremo al ser rechazado por los
oficiales en su designación como nuevo jefe del Ejército Auxiliar, quienes mantuvieron
a Rondeau. Alvear arremetió con sus tropas contra Santa Fe, pero éstas se rebelaron y al
mando de Álvarez Thomas, fue forzado a renunciar en abril de 1815, disolviendo la
Asamblea y la Logia Lautaro perdió poder e influencia. El jefe del ejército, Rondeau,
fue nombrado como el nuevo director supremo, asumiendo en su favor Álvarez Thomas,
por encontrarse en el norte, pero la autoridad centralista se encontraba muy debilitada.
Frente a los reveses realistas, San Martín tenía como proyecto la liberación efectiva del
territorio a través de la conformación de un ejército militar que expulsase a los realistas
de la región y atravesase la Cordillera de los Andes para impedir la resistencia y avance
español (y luego la posterior liberación de Chile y el Perú por vía marítima). Gracias a
la presión del General y de la debilitada Logia, se propuso un nuevo congreso, pero
eligiéndose Tucumán como lugar indicado, frente al rencor que había hacia Buenos
Aires y su endeble poder. Este congreso tenía y debía declarar la independencia y
sancionar una constitución para organizar el país, pues el regreso del rey al trono y la
enviada de tropas europeas para apagar los focos revolucionarios insurgentes atentaban
contra todos los proyectos autonomistas.
“La historia de los primeros cinco años que siguen a la crisis del Antiguo Régimen, es la
de los fracasos de los movimientos que buscaron hacer de esa crisis el punto de partida
para una reformulación radical del orden vigente” dice Halperín Donghi (1985;132).
Luego de la declaración de la independencia en 1816, la rivalidad entre los adeptos al
centralismo porteño y los representantes del modelo federalista se agudizó. Los distintos
intereses de los proyectos desembocaron en el rechazo a la Constitución de 1819: de
corte unitaria, fue redactada principalmente por representantes de la provincia de
Buenos Aires y ganó detractores por su imposición de la centralización del poder (pues
los líderes provinciales querían optar por un sistema más federal que otorgarse más
autonomía a las provincias) y la falta de consenso y representación del Interior. Se
destaca la importancia de los conceptos de ciudadanía y soberanía; y el centralismo se
evidencia principalmente en el siguiente artículo:
ARTÍCULO 85: Todos los empleos no exceptuados en la Constitución, serán
nombrados por el poder Ejecutivo.
Estas vicisitudes llevaron a que no fuera aplicada de manera efectiva y se buscara una
alternativa que pudiera satisfacer a todas las partes involucradas. Sin embargo, sumado
a un contexto interregional convulsivo, desembocaron en la Anarquía del año XX,
destacada por “arrasar con el monaquismo, el incipiente Estado central, el proyecto
artiguista y con la propia revolución” (1996;46). La crisis comienza con la batalla de
Cepeda y la firma del Pacto del Pilar (1820) en donde se expone en su primer artículo
que la forma ideal de gobierno debe ser una Confederación. La anarquía concluye en
noviembre con el Tratado de Benegas, donde Martín Rodríguez y Estanislao López
firman que “habrá paz, armonía, y buena correspondencia entre Buenos Aires, Santa Fe,
y sus Gobiernos” (24 de noviembre de 1820).
El gobierno de Martín Rodríguez, de la mano de la reformas del ministro de Gobierno,
Bernardino Rivadavia, convoca al Congreso General Constituyente de 1824-1827 que
tuvo sede en Buenos Aires y en sus tres años de vigencia impulsó cuatro principales
resoluciones:
- La Ley Fundamental, de carácter federal, fue sancionada en enero de 1825 y
establecía que las provincias guardaban absoluta soberanía hasta que la
Constitución fuera promulgada, pudiendo aceptarla o rechazarla (según
Zubizarreta, 2014). Además, dicta que el Gobierno de Buenos Aires tiene a su
cargo el Poder Ejecutivo Nacional para manejar las relaciones exteriores.
- En febrero de 1826, fue promulgada la Ley de Presidencia, la cual instituye a
una persona a llevar el mando de todas las provincias conjuntas, por lo que
Bernardino Rivadavia asume como presidente de las Provincias Unidas del Río
de la Plata. Esto ocurre por la necesidad de unificar el poder político de las
provincias frente a la rispidez del contexto de la guerra contra el Imperio del
Brasil (favoreciendo a la facción unitaria), sin esperar a una Carta Magna que
sustente la ley y pasando el Congreso a ser el Parlamento nacional, que termina
de eclipsar el poderío del gobernador bonaerense Las Heras.
- La Ley de Capitalización dictada en marzo de 1826 decreta la capitalización de
Buenos Aires (es decir, como un distrito federal), que abarca todo el territorio
entre Ensenada y el Partido de las Conchas. A su vez, fraguaba el poder político
de la provincia de Buenos Aires, dividiéndola en dos: del Salado, con capital en
Chascomús y del Paraná, con capital en San Nicolás. Esta ley refuerza el
proceso del centralización del Estado y el avance del sector unitario.
- En julio de 1826, el Congreso aprueba la Constitución que establece un
sistema republicano, consolidado en unidad de régimen unitaria, pero que fue
rápidamente rechazada por todas las provincias, pues “ya la Constitución de
1819 empeoró la situación del Estado, causando caos y desembocando en la
crisis de 1820” (expuesto en las Consideraciones sobre la Constitución Unitaria
de Manuel Dorrego en la sesión del 29 de septiembre de 1826) y no que
ocurriera lo mismo que años atrás, además de que iba en contra de la Ley
Fundamental (porque atentaba contra el pacto recíproco de unión -basado en la
soberanía de las entidades-).
Esta serie de leyes de índole unitarias hace fraccionar al Partido del Orden,
principalmente por la desestabilización de la representación del grupo de los
hacendados; por lo que, el posterior partido federal se distancia y esto, sumado a la mala
negociación del presidente con el Imperio del Brasil por la guerra, hacen caer el
gobierno de Rivadavia en junio de 1827.
La principal oposición al proyecto centralista también venía de Buenos Aires, pero no
de los letrados y comerciantes unitarios porteños, sino del caudillo bonaerense Juan
Manuel de Rosas, que representaba los intereses de la clase hacendada y de las clases
populares. El Pacto Federal de 1831 establecía la creación de una Comisión
Representativa en Santa Fe, a la cual cada provincia adherida enviaría un delegado con
la autoridad para negociar tratados de paz, declarar guerras, organizar el ejército,
designar al general al mando, determinar la cantidad de tropas que cada provincia
contribuiría, invitar a otras provincias a formar una federación y coordinar, a través de
un Congreso Federativo, la administración del país bajo un sistema federal, así como su
comercio interno y externo, y la soberanía, libertad e independencia de cada provincia.
A pesar de sus disposiciones, el Pacto Federal no se llegó a cumplir. En 1834, en la
Carta de Hacienda de Figueroa en San Antonio de Areco (20 de diciembre) se figura el
pensamiento de Rosas en la conformación de la estructura de país: traza un recorrido del
proceso organizativo del sistema, a partir de la derrota unitaria en la década anterior y
coloca en igual de condiciones a todos los Estados Federados pues todos deben aportar
para el fondo nacional. Rosas consideraba que redactar una Constitución en ese
momento era prematuro y que debía priorizarse la estabilidad y la consolidación interna
del país antes de establecer un marco constitucional. Luego del derrotero político del
gobierno autoritario de Rosas (representado de obras como El Matadero, en donde el
clima de opresión, la violencia descontrolada y la brutalidad descrita en la obra se
interpretan como una crítica hacia el régimen rosista y sus métodos dictatoriales) y las
intervenciones extranjeras durante la década de 1840, Alberdi desde el exilio instó a la
intelectualidad exiliada a colaborar con el Restaurador para redactar la Constitución.
Rosas no respondió a la propuesta, pero algunos líderes federales, especialmente Justo
José de Urquiza, mostraron interés en ella.
Alberdi en abril de 1852, luego de la batalla de Caseros y la caída de Rosas, redacta el
documento Bases y puntos de partida para la organización política de la República
Argentina. En él, expone los principales basamentos sobre la idea de país bajo una
política atada al liberalismo y sintetizada en el lema “gobernar es poblar”, pues “la
victoria del Monte de Caseros no coloca por sí sola a la República Argentina en
posesión de cuanto necesita. Ella viene a colocarla en el camino de su organización y
progreso, bajo cuyo aspecto considerada es un evento tan grande como la revolución
de mayo...”. En 1853, se sanciona la Constitución en Santa Fe, basada en la estructura
estadounidense, estableció un sistema federal y representativo, definió la separación de
poderes, consagró derechos y garantías individuales, y sentó las bases para la
organización del país como nación soberana e independiente.
ARGUMENTO EN CONTRA
Di Meglio considera que dos factores influyeron en la postergación de la sanción de la
constitución: el primero se centra en una cuestión externa radicada en la influencia de la
derrota de Napoleón en Europa. La segunda causa la basa en las derrotas militares de los
ejércitos locales que acontecieron en Alto Perú, Montevideo y Asunción. A pesar de que
en 1853 se sancionó definitivamente la constitución, no fue aceptada por Buenos Aires y
se separa del territorio de la Confederación argentina por sus disidencias políticas. Por
lo que podemos decir que continuaba esta diferencia de intereses y la conformación de
dos proyectos políticos que querían tomar el control total del país, pero que, sin
embargo, no atentó contra la sanción de la constitución y ésta se mantuvo en vigencia
desde entonces más allá de su rechazo por parte de Buenos Aires. El punto interesante
en esta cuestión de un fortalecimiento de las provincias del Interior que sí quedaron bajo
la Carta Magna de 1853 y que luego en 1861 aceptaría la inclusión de Buenos Aires a la
Confederación -ya como República Argentina- a través de una reforma de la
constitución en la cual de unifican las políticas en favor de todo el territorio.
DEBATE
Antonio Gramsci plantea el concepto de “crisis orgánica” como una falla general en
materia sociopolítica y económica cuando las estructuras de una sociedad no satisfacen
las necesidades de la misma. El historiador Raúl Fradkin analiza este concepto y
argumenta que no termina de explicar las crisis sociales y económicas originadas por
diversas circunstancias históricas y geográficas, sino que se centra en teorías de índole
abstractas y universalistas. Fradkin comenta que la visión gramsciana minimiza la
realidad social y que no siempre lleva a una transformación y/o una reconstrucción de la
estructura política de la sociedad. El autor sugiere que Gramsci hace énfasis en el
liderazgo político y la hegemonía cultural en la resolución de los problemas de las crisis
y esto pasa por alto las luchas populares y los movimientos colectivos; por lo que habría
que centrarse en todos los factores que intervienen, tanto económicos, políticos,
culturales, para que las crisis salgan de este período de incertidumbre.
BIBLIOGRAFÍA

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